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—¿Con quien me engañaste?
—¿Importa eso?.—Investigó el Pegasus arrepentido por su arrebato, se hubiese mordido la lengua antes de confesarlo.—¿Y que pretendes que haga?... —La voz comenzaba a quebrársele ante la mirada de su pareja—Si tu no me pones un dedo encima... Estas todo el día trabajando, y en tus francos prefieres estar con tu hermano.—Ahora sí las lagrimas comenzaba a descender por sus mejillas—Ni tampoco me vas a negar que tu tuviste lo tuyo.
—Desde ya que no te lo voy a negar.—Ikki se sintió contagiado por las lagrimas de su pareja, por eso fijó su vista al frente y se cruzó de brazos, endureciendo sus facciones y así evitar llorar.
—No sé para que te convencí de venir aquí.—Susurró el menor abatido.
—Bueno... Si están aquí... —Dijo la rubia—Mas allá de todas las peleas y de las infidelidades, es porque aun les importa recuperar la relación. ¿Verdad?
—¿Y esto es necesario?—Cuestionó Ikki duramente.
—Dímelo tu, Ikki.—Dijo la doctora con suma calma.—¿Crees que es necesario o no?
—Pues... —¿Que decir? Se preguntó el mencionado.—Por supuesto.
—¿No te sirve saber los motivos que tuvo Seiya para actuar de esa forma? ¿Y que hay de los tuyos? Tu también los tuviste.
—Desde ya... El nunca tiene ganas de nada, y a decir verdad fue solo una vez, y no me gustó.
—Seiya... —Se dirigió la dama al castaño—Hace unos minutos estabas a punto de decir algo...
—Sí... Que no es el problema que haya sido mi primer novio o no... Eso es estúpido.—Atacó dirigiendo por ese instante su mirada al otro, quien aparentaba ignorarlo.—¿Cuantas parejas están juntos desde jóvenes? Y no se llevan a las patadas como nosotros.
—Cada pareja es un mundo... —Manifestó la rubia.—Cada persona es un "mundo". Dime, entonces, ¿Cuando crees que comenzó? Si es que lo recuerdas, porque... Es decir... —Tomó un sorbo de agua del vaso que tenía sobre su escritorio—Muchas veces uno no recuerda el día exacto, la hora exacta, ni el momento exacto. La inestabilidad en una pareja se da de manera paulatina, no es de la noche a la mañana, sin embargo es evidente que hay un motivo, o defectos, o cosas que ya no se toleran en el otro.
—Es que yo sé perfectamente cuando comenzaron a estar las cosas así.—Interrumpió Seiya con seguridad.—Hay muchas... Muchísimas cosas de Ikki que no tolero, no es el señor perfecto por mas que pretenda serlo, aun así siempre lo amé, y lo respeté... Con sus defectos y virtudes.
—Desde hace un par de años que me perdiste el respeto, porque si tratarme como me tratas es respetarme, estas equivocado.
—¡Tu tampoco me tiras flores!
—Después hablaremos de las cosas que le molestan a cada uno del otro, pero prefiero que me digas, Seiya...
—Sí... —Continuó mas calmo—Él empezó a tratarme como si fuese un estorbo desde él día en el que le dije que NO quería adoptar un bebé... Claro, como no le sirvo para tener hijos y le da lastima darme una patada porque no tengo donde caer muerto, me trata como a un sirviente.
Ikki lo miró con sus ojos bien abierto, aquella afirmación era algo que no esperaba oír ni en mil años.
—¿Tu crees que yo... ?—Se señaló el pecho—¿Te trato mal porque no quieres tener un hijo conmigo?
—¡Admítelo!.—Pidió riendo cínicamente—Te hubieses casado con una mujer...
—Te recuerdo que a diferencia tuya yo soy homosexual.—Se enfureció el peliazul incorporándose levemente en su asiento—Además es contigo con quien elegí pasar el resto de mi desgraciada vida, es LOGICO que quiera tener un hijo CONTIGO. ¡No con la vecina!.
—¡JA!—Bufó el menor, comenzando a sentirse nuevamente abatido.
—Entiéndame por lo menos usted.—Pidió Ikki dirigiéndose a la señorita Rouault—Este año voy a cumplir treinta y nueve... Quiero ser padre, NECESITO ser padre.
—Bueno, pero no hay edad para serlo, más en el caso de ustedes, que tienen la posibilidad de adoptar.—Señaló la mujer—Además, Seiya debe tener sus razones para no querer hacerlo.—Lo observó al joven de mirada apesadumbrada, esperando a que los diese por su cuenta.
—Desde ya...
—¿No quieres tener hijos conmigo? ¿No quieres darle la posibilidad a un chico, que fue abandonado por sus padres, como nosotros, a gozar de una vida digna y llena de amor?
—No se trata de eso Ikki.—Se quejó el castaño—Por supuesto que me gustaría, pero ¿te has detenido a pensar un segundo en la idea?... —Lo miró fijo, taladrándolo con la mirada—No se trata de un perro, de algo que podemos comprar en la esquina, y que si no lo queremos, lo tiramos. ¡Se trata de una vida!. Yo no sé si estoy preparado para hacerme cargo de una criatura, no sé si estoy capacitado o si realmente tengo ganas de sacrificar un montón de cosas solo porque tu tienes un capricho. Si estás entrando en la crisis de los cuarenta, hazte un corte nuevo, ve al gimnasio, consíguete un novio mas joven que tu, pero no pretendas adoptar a un niño a la ligera sin pensar en todo lo que eso implica.
El santo del Phoenix se quedó boquiabierto. Había mucho de razón en las palabras de su pareja, pero algo, en concreto, no le pareció acertado:
—Estas equivocado. No se trata de ninguna puta crisis. Seiya, te amo, carajo.—Los ojos se le llenaron de lagrimas—Quiero llegar a viejo, quiero tenerte a mi lado en ese momento, que me cambies los pañales cuando empiece a cagarme encima, y hacerlo contigo. ¡Quiero tener un hijo contigo! Y dado que los dos somos hombres esta es la única posibilidad que tenemos. Además... Se trata de adoptar, ¿Te piensas que ese tema, para mi, es algo que tomo a la ligera?.—Rió, de pura lastima—A nosotros, que nos faltó el cariño de una familia, que tuve la suerte de tener un hermano, y tu una hermana... ¿Te piensas que hablo de adoptar como cuando hablo de comprar un coche nuevo?—Frunció su frente, dolido—Vete a la mierda, entonces.
—Bueno... —Cortó la dama oportunamente, observando su reloj—Nos hemos pasado, y tengo otros pacientes esperando afuera. Si gustan les puedo dar un turno para el miércoles que viene a esta misma hora.
Ambos guardaron silencio, Seiya tragó saliva y asintió. En cualquier caso podían cancelarlo. Pero visto y considerando la situación, quizás lo mejor era continuar con las sesiones.
—Gracias por todo lo que ha hecho hoy.
—Yo no hice nada.—Sonrió la muchacha anotando en su agenda el nuevo turno—Fueron ustedes los que hablaron.
—Sí, pero de no haber venido... —Intentó refutar Ikki.
—No necesitan de un consultorio para hacerlo.—Comentó la mujer poniéndose de pie para acompañarlos hasta la puerta—Les propongo algo: Durante esta semana hablen.
—Hablamos siempre.—Dijo el Pegasus—Pero terminamos discutiendo a los gritos.
—Me refiero a que intenten expresar su sentir. Si a ti, algo que hizo Ikki te molesta, díselo, de buenos modos, pero no te lo guardes, y convérsenlo para llegar a una solución, intenten ponerse en el lugar del otro, en como se siente en ese momento. Por dar un ejemplo: Si Ikki hace algo que te resulta, de su parte, egoísta, remárcaselo de buenos modos, y tu Ikki intenta ver que puedes hacer para no hacerlo sentir mal a Seiya. Y los mismo tu—Aclaró dirigiéndose nuevamente al Pegasus—Si Ikki se queja de algo que hiciste o dijiste, intenta ver porque lo hiciste y trata de ponerte en el lugar de él.
—Si.—Dijeron los dos como buenos alumnos obedientes.
—Insultarse y menospreciar al otro no les va a ayudar a mejorar la relación—Finalizó la doctora—Les deseo buena suerte, y hasta el miércoles.
Ambos se despidieron sintiendo que dejaban atrás una mochila cargada de concreto. Y eso que solo habían estado alrededor de treinta y cinco minutos nada más dentro de ese consultorio. Y a decir verdad no habían hablado mucho, pero lo poco que lo hicieron, las pocas palabras expresadas, les sirvió a ambos para recapacitar.
Empatía... Era lo que comenzaban a experimentar. Seguido de culpas y reproches íntimos hacia sí mismos.
"No tuve que hacerle eso"
"No tuve que tratarlo mal"
"No tuve que gritarle"
"No tuve que decirle eso"
"Es mi culpa"
"El me ama"
"Siempre me amó... Siempre nos amamos"
Sentados en el coche se dirigieron las mirada, para luego sonreír redimidos, Ikki puso el coche en marcha y en silencio sepulcral se dirigió al departamento. Ya comenzaba a hacerse de noche.
Seiya no hacía mas que suspirar en su asiento, rememorando las palabras del Phoenix en la sesión, y este por su parte, prestándole atención al camino y buscando la forma de iniciar una charla con el Pegasus sin terminar vociferando groserías.
El primer intento seria el difícil:
—Hey... Sei... ¿Estas bien?
El mencionado sonrió con melancolía... Hacia un buen tiempo, de hecho no recordaba la ultima vez, que el Phoenix le preguntaba aquello, de esa forma tan particular que indicaba verdadero interés por saber la respuesta.
Tan sencillo y cotidiano que es preguntarle a alguien si está bien.
—No lo sé... ¿Y tu?
—Tampoco...
Ambos rieron divertidos y permanecieron callados todo el trayecto de regreso al hogar. Silencio que a diferencia de los que solían tener cotidianamente, no era incomodo o pesado, por el contrario, era reconfortante.
Finalmente llegaron:
—¿Que quieres cenar?—Investigó el castaño dejando su campera sobre el perchero, escuchó como su pareja cerraba la puerta con llave; esperó su respuesta, que nunca llegó.
Ikki lo abrazó por la cintura y hundió su cabeza en su cuello, quedándose unos segundos así, disfrutando del aroma del Pegasus que tanto le agradaba en un pasado y que cada vez le costaba más recordar en el presente.
—Yo tampoco tengo hambre.—Dijo el menor, solo por decir algo.
El Phoenix lo hizo girar para tenerlo de frente y juntando coraje pronunció:
—Lo lamento... Lamento haberte presionado con eso de adoptar.
—Esta bien, Ikki.—Sonrió Seiya colgándose de su cuello—Entiendo tus motivos para querer hacerlo, pero también entiende mis razones... Mis miedos para no querer hacerlo.
El peliazul juntó sus labios con los del Pegasus, quien sintió una barba incipiente, apenas perceptible al ojo humano, raspándole sutilmente. Cuanto extrañaba eso. Aparentemente ambos se dieron cuenta de que no recordaban la ultima vez que se habían besado, pues se quedaron en esa situación, algo turbados. Ikki le obligó al castaño, con su lengua, a abrir su boca, y así recibirlo.
Se fundieron en un apasionado beso, sedientos uno del otro... Añorándose, besándose como nunca antes, acabaron acostados en el sillón, con la ropa a medio quitar. El Phoenix sobre su amante, mordisqueando su cuello, intentando quitarle por las buenas o por las malas, su camiseta verde.
—¿Ves?... —Dijo el castaño incorporándose rápidamente para ser él quien le quitase la camisa a su hombre, arrancándosela prácticamente de prepo—Si adoptamos, no podremos hacer esto en cualquier rincón de la casa.
—Y en ese caso te la entierro en el cuarto, con la puerta cerrada.—El peliazul desabrochó el botón del jean del menor notando la incipiente erección de este.—Ahora en este momento lo único que quiero es enterrártela aquí y ahora.
—Espera, espera... —Solicitó Seiya cuando sintió las manos desnudas de Ikki sobre su miembro tibio—Hace mucho que no lo hacemos.—¡Y carajo que era cierto! Ya comenzaba a sentir la necesidad de hurgar en un libro de anatomía, o en el kamasutra gay, que era más práctico en este caso .—Voy a acabar muy rápido, y no quiero.
—No importa... Yo también estoy igual... Tenemos toda la noche por delante.
—Mentiroso.—Gimió el Pegasus gateando hasta llegar con su boca al miembro apresado del Phoenix, mordió apenas sobre la fina tela del pantalón de vestir sin romper el contacto visual—Mañana tienes que trabajar, no podremos estar toda la noche así.
—Mañana me pido el día.—Aclaró con efusividad incorporándose para quitarle de malos modos el pantalón hasta dejarlo completamente desnudo.
Seiya se arrodilló en el sillón, con una sonrisa sensual en sus labios, tomó su propio miembro y se lo masturbó apenas, sintiendo sobre su piel la mirada lasciva de su hombre y sus morenas manos acariciando su lampiño pecho, aun trabajado y en forma pese al inclemente paso del tiempo.
Y es que a pesar de los años, tanto el Pegasus como el peliazul no dejaban de ser hombres infartantes... Mas aun que se encontraban en la plenitud de su vida. En ese momento, Ikki se dio cuenta de lo afortunado que era teniéndolo al castaño a su lado, y este a su vez, cuando su pareja terminó de quitarse la ultima prenda, expresó su sentir:
—Que bueno que estas, hijo de puta... Quiero que me la entierres hasta el fondo.
Ikki rompió a reír por el arrebato del menor, y sus ruegos no se hicieron esperar. Lo tomó de la cintura y lo acostó boca arriba sobre el sillón sin borrar su sonrisa lujuriosa. Mientras Seiya percibía las intenciones de su amante al tomar su propia corbata, pidió con la voz ronca de deseo:
—Y quiero que me duela ¿Está claro?
—Tu no mandas aquí, pendejo.—Exclamó el Phoenix jocoso tomando las muñecas de su amante para atárselas, un nudo sencillo, bastante flojo que era incapaz de cumplir su labor, teniendo en cuenta que solo las cadenas de Andrómeda podrían contra la fuerza de un Santo.
El peliazul hundió su cabeza entre las piernas entre abiertas de Seiya y comenzó a lamer su miembro con energía. Apretó entre sus labios, con fuerza, el glande, liberando algunas gotitas, y descendió pecaminosamente hasta sus testículos. Cuando el Pegasus sintió la fogosa lengua del mayor abriéndose paso hasta su orificio, no pudo ni quiso evitar exhalar un gemido. Un gemido escandaloso, con toda la intención de que los vecinos supiesen lo que estaba pasando allí, en el departamento donde dos hombres vivían juntos.
Ikki dilató con su lengua y saliva la entrada del castaño lo suficiente como para que entrase un dedo... Luego siguió con la tarea, para que fuesen dos; tuvo que utilizar saliva extra para el tercero, y el cuarto... aquello fue más difícil.
—Será mejor que consiga un lubricante.—Expresó el Phoenix pero su pareja negó rotundamente.
—Introduce uno mas.—Rogó el menor abriendo más sus piernas y encorvando su espalda de placer... Sentir esos dedos dentro de él, bailoteando, era demasiado.
Y lo que más le gustaba de todo, era que pese a lo morboso que a veces era el sexo con su peliazul, ambos, en sus corazones, no dejaban de sentir que hacían el amor en toda la expresión de la palabra.
Ikki obedeció, intentando meter uno más, pero aquello era técnicamente imposible, además el dolor en el rostro de su amante le hizo dudar profundamente de seguir adelante... Como pudo, se las ingenió: Dejó correr su saliva entre sus dedos y volvió a la carga, introduciéndolos de nuevo. Con ayuda de Seiya, el cuarto dedo se abrió camino y se unió a los otros tres.
—Si quieres que te meta otro... No tendré más opciones que ir en busca del aceite...
—¡Ah!... Ya, penétrame... Luego buscas el lubricante.—No quiso, mas allá del morbo, que su pareja dejase de tocar su cuerpo.
La mera idea, el solo pensar en que este se alejaría de él unos insignificantes segundos para ir en busca del pote, le desesperaba.
El Phoenix retiró sus dedos y con un hábil movimiento, tomó las caderas del Pegasus y lo elevó, sentándolo sobre sus piernas. Impaciente, el castaño rápidamente se ubicó en su lugar; le hubiese gustado tomar el miembro de su hombre y guiarlo hasta su orificio, pero la jodida corbata no le permitió hacerlo, por eso mismo se deshizo del nudo con extrema facilidad.
—¡Hey! ¡No te di permiso para que te desates!.—Retó falsamente el peliazul palmeando sonoramente la nalga morena del menor dejándola roja con tan solo un cachetazo.
El pene de Ikki se apoyó, por sí solo, como si estuviese imantado, a la entrada de Seiya. La penetración fue tan fácil que en cuanto quisieron darse cuenta ya estaban acoplados. El Pegasus se aferró al cuello de su hombre, se pegó al cuerpo de él, y comenzó a mover sus caderas como un poseso, gimiendo al sentir el delicioso roce de su pene con el vientre del Phoenix.
No supieron si duraron un minuto o segundos... Pero estaban tan excitados antes de la penetración, que en un parpadeó, el big bang explotó. Demasiado juego previo, demasiado tiempo sin tocarse, sin sentirse, sin amarse...
El peliazul, luego de sentir como su propio semen bañaba las entrañas del castaño y a su vez, el de éste, ensuciaba su ombligo, abrazó con profundo amor al menor, sonriendo apenas.
Se quedaron un rato así, en aquella comunión, en aquel abrazo íntimo, jadeando cada vez menos, hasta que finalmente el pulso y sus corazones se regularizaron, y la calma llegó.
Calma que duró un suspiro, pues cuando el Pegasus le recordó a su amante que aun tenían algo pendiente, lubricante de por medio, Ikki se puso a tono otra vez arrastrando al castaño hasta el baño para darse una ducha reparadora juntos.
Allí lo hicieron de nuevo... Solo que Seiya insistió tanto, que el Phoenix no pudo mas que cerrar la boca, dejar de quejarse, y abrir las piernas. Luego terminaron en la cama, rendidos y extasiados.
Si no lo habían hecho en un mes, en una noche habían recuperado el tiempo perdido, sin lugar a dudas.
Los despertó la mañana, y el molesto "bip" del despertador que el peliazul había olvidado apagar antes de caer rendido de sueño, o mejor dicho, antes de caer inconsciente. Porque si le preguntaban a Seiya, él no recordaba cuando, pero en algún momento de la noche, se desmayó.
—No Ikki... —Se quejó el Pegasus cuando sintió a su amante sobre su cuerpo buscando sus labios—Aun no me cepillé los dientes.
—No me importa.—Dicho y hecho, quebró todas sus defensas y lo besó igualmente.
—Asqueroso.
—Yo también te amo.—Bromeó Ikki haciéndose a un lado.
Se contemplaron mutuamente en la claridad del día. Seiya sonrió e intentó decir algo que había estado pensando en esos últimos minutos, aunque era algo apresurado de su parte, no era nada extraño viniendo de él ser así de atolondrado.
—Ikki... estuve pensado...
—¿Si?
—Si para ti es tan importante adoptar...
—No lo digas.—Interrumpió el Phoenix rápidamente al entender la intención del Pegasus.
—Déjame hablar.—Solicitó el castaño.
—No quiero que me digas que si, solo para hacerme feliz.
El menor se incorporó en la cama y suspiró:
—No digo que tiene que ser ya.—Explicó con calma—Ni que nos levantemos ahora y salgamos corriendo a comprar un niño en la verdulería.
—Igual, esas cosas llevan su tiempo.
—Por eso... —Seiya sonrió apenas, cerrando momentáneamente sus ojos—Un año... Dame un año para hacerme a la idea. A partir de ese año, podremos comenzar con el papeleo.
—Bien, acepto esa condición.
—Quiero también que consultemos antes a un psicopedagogo, psicólogo o lo que sea...
—Otra vez con esa gente rara... Psh, están mas locos que uno y tu pretendes...
—Escúchame Ikki Kido, te estoy hablando en serio.
—Te escucho Seiya Kido.—Bromeó nuevamente, sentándose en la cama para prestarle mas atención a su pareja.
—Si vamos a ser padres, tendremos que tomar esto con responsabilidad.—Realizó una pausa y con seriedad acotó—Quiero asegurarme bien... No me gustaría arruinarle la vida a una criatura solo por el deseo de ser padres; por eso debemos asesorarnos con un especialista, para saber como afrontar esta situación.
—Creo que entiendo.
—Ajá... —Asintió el Pegasus—No seremos una familia "tipo"... Esa niña tendrá dos padres, no una madre y un padre... Y ese es mi mayor miedo, y por eso quiero...
—Un momento...—Ikki frunció su frente extrañado.—¿Dijiste "Niña"?.—Remarcó curioso.
—Ah... esa es la tercera, ultima y más importante condición... tiene que ser una niña.—Rió ante el gesto de su compañero, quien arqueó sus cejas como diciendo irónicamente: "Ah, ¿si?"
—Bien... Para mi es perfecto, yo también quiero una niña.
Seiya besó la mejilla del peliazul y se levantó al grito de "el sexo me da mucha hambre", y mientras preparaba el desayuno para los dos, Ikki se dio un baño. Una nueva mañana empezaba para ellos... Un "nuevo mañana"; y aunque hubo y seguirían habiendo discusiones, desplantes, peleas, y palabras hirientes, comprendieron que más allá de todo el daño, el amor que sentían el uno por el otro, podía curar toda herida, las del pasado, las del presente y las del futuro.
Que ya no eran adolescentes y no sentían ese amor juvenil de antaño, también pudieron comprenderlo... Ambos entendieron que el amor muchas veces cambia de forma y de estado, pero que está; siempre y cuando ambas partes luchen para mantener esa llama encendida.
FIN
Carajo que el amor da trabajo. ¡ES! un verdadero trabajo (en equipo xD)
Gracias por leer.
2 de mayo de 2009
Merlo, Buenos Aires, Argentina (Entrando en la paranoia de la fiebre porcina)
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