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¿El nervio sofisticadamente educado del príncipe de Lampedusa; o.., como, sí, yo mismo, la catarsis incandescente del maestro Visconti?
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¿Recuerdan?; el príncipe (¡sublime, irrepetible Burt Lancaster!) sube a ver a ¡aquel cura!, ¡su cura!; allá, en las alturas del palacio, desde donde puede verse TODO, ¡hasta las estrellas! Necesita, no confesarse!, sino hablar en voz alta..; porque, acaba de dar ya ¡hasta su íntimo placet..! (a su adorado sobrino -¡qué gloriosamente hermoso está Alain Delon!, ¿recuerdan?-) a aquello de que "las cosas tienen que cambiar para que todo siga IGUAL". Necesita, ¡oh, sí!, EXPLICARSE..; más que nada, claro.., a sí mismo..; pero, ¡ay!, es un príncipe, ¿saben?
Le busca la boca al cura..; que, ¡resistiéndose muchísimo!, al final hasta osa llamarle "filoliberal"...
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-"¡Y, para colmo, DESPOJARÁN de sus bienes a la Santa Madre Iglesia Católica, Apostólica y Romana!; ¿QUÉ será de esta inmensa multitud de pobres y necesitados de los cuales cuidamos?, ¿habéis pensado en ello, Excelencia?, ¿CÓMO podréis evitar que la masa desesperada no ARRASE con todo lo que, con lo que hacéis, pretendéis conservar?"
-"NO os veo justo, padre... Nosotros/as NO somos inmortales, a mi clase NADA le asegura la más mínima permanencia. Nuestra antigüedad, nuestra estirpe, nuestra cuna, por muy alta que esté, NO nos asegura que podremos seguir en nuestra privilegiada situación indefinidamente; otros/as, más antiguos y más nobles que nosotros/as, han pasado y están olvidados/as. En realidad, NO creo que nada que podamos hacer pueda, a la postre, darnos más de un siglo o dos, como mucho... Vosotros, padre, en nuestra situación, para SOBREVIVIR, haríais lo mismo. No os estremezcáis ni me miréis de está manera, padre..; ¡parecéis bobo! Pero, en cualquier caso, padre, es público y notorio que la Santa Madre Iglesia Católica, Apostólica y Romana tiene una EXPLÍCITA promesa de INMORTALIDAD por parte de Dios Nuestro Señor mismo. Pase lo que pase, sean cuales sean las vicisitudes, NADA podrá acabar JAMÁS de los jamases con la Santa Madre Iglesia Católica, Apostólica y Romana. ¿O no, padre? Así pues, ¿de qué tenéis miedo?"
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La conversación se vuelve demasiado movediza para ¡aquel cura!; y, el príncipe (está, al fin y al cabo, físicamente MUY satisfecho -la noche anterior la ha pasado en Palermo, en los brazos de una moza joven y experta que NO se hace la señal de la cruz cuando la besa y...-) tiene, et voilà!, caridad...
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-"No me hagáis demasiado caso, padre..; venid aquí conmigo, a estos magníficos ventanales... Mirad cuánta BELLEZA; y, nosotros/as -quizá sin merecerlo, sin duda...- estamos en la cima. Disfrutemos del lugar donde los inescrutables designios de Dios Nuestro Señor nos han situado HOY...”
Desde detrás de sus sopotocientas ENORMES e, ¡infeliz!, hasta pecadoramente mezquinas prevenciones pueblerinas, el cura, ¡aquel cura!, ¿recuerdan, damas y caballeros?, ¡sin enterarse, como toca y procede en alguien como él, de la misa la mitad!, da pie a una de las miradas MÁS inolvidables del príncipe (¡oh, sí; el maestro Lancaster es el príncipe!), a uno de los momentos MÁS iluminadores, MÁS, en fin, cruciales, mes amis/es, ¿recuerdan?, diciéndole -¡desde lejos..!-, mientras se seca, nervioso, el fétido SUDOR que no consigue tapar con el perfume que le sisa de vez en cuando al príncipe (que, GOZA como un enano cada vez que le dice: “padre, deberíais bañaros más a menudo...”):
-“Pues..; recordad el sábado, cuando os confeséis, que debéis responder, además del pecado de la carne de ayer noche, de un pecado de espíritu, Excelencia...”
¡Ay, mes amis/es!; para quienes aspiramos a ser tenidos/as por honrados/as miembros/as de la Santa Madre Iglesia Católica, Apostólica y Romana significa PASMO y VERGÜENZA infinita que algunos preclaros y distinguidos príncipes de ella, ¡algunos de nuestros preclaros y distinguidos príncipes!, en lugar de, por ejemplo, recordar, ¡hasta, si cabe, DISPLICENTEMENTE!, desde todos y cada uno de los púlpitos, que es pura demencia, pongo por caso.., maquinar leyes ¡ni más ni menos que para acabar con la Santa Madre Iglesia Católica, Apostólica y Romana!, que es propio de ORATES esperar ¡dinamitar! o ¡sabotear! o ¡silenciar! la Palabra de Dios Nuestro Señor ¡o el plan del Eterno!, que, en definitiva, deben abandonar TODA esperanza quienes, ¡por medios humanos!, pretenden liquidar el Evangelio porque tal cosa es, simple y llanamente (¡tenemos una EXPLÍCITA promesa del Altísimo in person!) imposible, en lugar de eso, damas y caballeros, gastan sus energías llamándonos ¡a la lucha! por conservar, ¡yo qué sé..!, unos determinados dineros, cierta así como posición, el monopolio de una palabra (v.g., sin ir más lejos, matrimonio), el usufructo de determinados privilegios...
Algo me dice que, desde las alturas, la cara del fiscal del Tribunal Eterno NO mira como el magistral Burt Lancaster, ¡tan y tan caritativo!, miraba a ¡aquel cura!; en el fondo, como saben, un infeliz que no se enteraba de la misa la mitad...
NO, claro, como otros.
Siempre, en cualquier caso, a su disposición,
Jaume de Ponts i Mateu jaumedeponts@terra.es
Tortosa (Baix Ebre)
-Catalunya/UE-
30/12/2005, 21'59 hs. p.m.