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Simples Apariencias [Cap. 7  //  04-11-11] Simples Apariencias [Cap. 7 // 04-11-11] (0.394 s)

Simples Apariencias [Cap. 7 // 04-11-11]

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El 07/11/09 a las 07:11:19
Simples Apariencias [Cap. 7 // 04-11-11]

 

Titulo: Simples Apariencias Autor: Altarf Traductor: Ninguno Beta: Ninguno Razon: Tiene tiempo que quería escribir un fic yaoi y por fin tuve el tiempo y la inspiración para empezar uno que me convenciera n_n     Personajes Principales: Milo y Camus             Secundarios: Shion, Saga, Kanon, Sorrento, Shaka, Aioria, Shura, Dohko, Aioros, Mu, Julián Solo, Radamanthys          Incidentales: Alberich, Aldebarán, Orfeo, Hagen, Isaac, Hyoga, Natasha, Aphrodite, DM, Aiacos, Minos, Lune, Mime, etc.   Pareja principal: Milo x Camus Parejas secundarias: Aioria x Shaka, Saga x Kanon (Aunque esta no creo que sea definitiva en la historia y me reservo por ahora las que vendrán después XD), Dohko x Shion, Julián x Sorrento, Aioros x Shura   Tipo: Romance, Drama Clasificación: NC-17   Advertencias: AU, OoC, Angst (Rape, Lime y Lemon más adelante)   Estado: Capítulo 7 (En progreso) Ultima Actualización: 04/11/11 Comentarios adicionales: Pues este es el primer fic yaoi que escribo y de verdad espero que resulte de su agrado; ya por ahí me dirán qué les parece la historia n_n   Resumen: Camus es un joven con un pasado borroso que trabaja como "acompañante" para los más exclusivos y acaudalados clientes del "Barón" Alberich Zinnecker, pero para cumplir la fantasía de algunos de ellos tendrá que hacerse pasar por un estudiante en un prestigioso colegio donde  las apariencias lo son todo y donde conocerá buenos amigos y... quizás incluso el verdadero significado de amar a alguien.

 


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El 07/11/09 a las 07:11:19

Capítulo 6

6. Roces

 

                Un tenso silencio reinaba en el estudio de Alberich Zinnecker, sólo interrumpido por algunos ruidos que llegaban desde la calle.

                El Barón Amatista se encontraba de pie ante el ventanal de la estancia, con la mirada perdida en la distancia mientras Shion estaba sentado ante el escritorio de su jefe, conteniendo el aliento sin siquiera darse cuenta de ello mientras esperaba que el pelirrojo contestara la cuestión por la que había acudido a él.

-Puede asistir a la excursión- respondió finalmente y Shion respiró con cierto alivio al escucharlo- Pero regresará aquí en cuanto termine- agregó el mayor volteando hacia el peliverde, quien no pudo evitar sentir una ligera opresión en su pecho.

-Con todo respeto, señor Alberich, esa salida podría ser muy provechosa para… “fines laborales”- protestó haciendo acopio de todo su autocontrol para mostrarse imperturbable.

-¿En serio?- exclamó Zinnecker esbozando una fría sonrisa cargada de escepticismo- Entonces explícame, Shion, ¿de verdad crees que salir a pasear con un grupo de adolescentes ayudará a Camus a mejorar su “desempeño laboral”?-

                El tibetano podía notar el toque de burla que brillaba en los ojos del Barón y su fría sonrisa le causaba cierto nerviosismo, pero sabía bien que Camus jamás tendría otra oportunidad de sentirse como un chico normal si no aprovechaba la excursión al Museo Arqueológico Nacional que su grupo organizaba, así como la invitación a tomar un café con sus compañeros después de ella. El galo ni siquiera le había visto sentido en preguntarle a Alberich si podría asistir, pero Shion no quería rendirse sin por lo menos hacer el intento.

-No son unos adolescentes cualquiera, Barón- declaró mostrando toda la diplomacia de la que podía hacer gala- Por lo que tengo entendido, entre esos compañeros se encuentra el hijo del embajador Windfield y también el hijo del señor Stathopoulos que, como sabe, podría llegar a Primer Ministro en un futuro no muy lejano; y ambos jóvenes son los herederos únicos de esas reconocidas e influyentes familias-

                Alberich Zinnecker no contestó nada, pero que hubiera dejado de sonreír con burla le pareció una buena señal al peliverde.

-¿Estás seguro de eso?-

-Completamente. Son apellidos que llaman de inmediato la atención en ésta ciudad-

                El Barón volvió a dirigir su mirada hacia fuera y Shion contuvo de nuevo el aliento, recordando además que había un tercer compañero con un apellido llamativo, pero por supuesto, nunca le mencionaría eso al nórdico, no cuando ese apellido relacionaba directamente al joven con un reconocido fiscal.

-Bien, puede ir- una sonrisa triunfal casi se le escapa a Shion al escuchar esas palabras, pero por suerte supo ocultarla antes de que Zinnecker volteara a verlo- Pero irá con escolta y estará vigilado todo el tiempo. No podemos permitir que mi sobrino vaya sin guardaespaldas, ¿cierto?-

                El peliverde asintió a sabiendas de que no podría discutir ese punto.

-Sólo espero que Thor y Fenrir no espanten a los muchachos- comentó conservando un aire imperturbable e imaginando quiénes conformarían la escolta del francés- Sabe que Thor impresiona con su tamaño y que a Fenrir lo desquician los lugares concurridos- agregó como no queriendo la cosa.

-Ya me encargaré de pensar quiénes irán con Camus- declaró el Barón tomando asiento frente al tibetano y hundiéndose en su cómodo sillón- Pero cambiando el tema, creo que debo felicitarte, Shion-

-¿Felicitarme?- exclamó el aludido visiblemente confundido.

-Impresionaste bastante a Merak- explicó Alberich esbozando una fría sonrisa socarrona- Por lo visto aún conservas tus… encantos-

Shion arrugó el ceño ligeramente a la vez que desviaba la mirada. Ni siquiera se había molestado por las palabras del mayor, lo que le incomodaba era tener tan pronto noticias de su última cita.

-No es un cliente cualquiera, ¿sabes? La verdad es que me sorprendió mucho que llegara mostrando interés en mi “Agencia”-

-¿Por qué?- preguntó el peliverde sintiendo una súbita preocupación que supo disimular a la perfección.

-Hagen Mettert es una persona bastante reservada, siempre lo ha sido. Un magnate nórdico excéntrico y misterioso-

-No creo que sea el único- se atrevió a decir el peliverde dirigiéndole una mirada significativa al mayor quien rió de buena gana ante el comentario.

-No, seguro que no, pero por eso mismo sospecho que algo oculta- declaró fijando sus ojos color olivo en los ojos rosas del peliverde, quien le sostuvo la mirada sin mostrar nada de la agitación que esa aseveración le había provocado- ¿Te dijo a qué se dedica?-

-Algo comentó de pequeños negocios de diversa índole por todo el mundo-

-¿Sólo dijo eso?- insistió con mirada escrutadora y el tibetano asintió sin dar señas que delataran que mentía- ¿Y qué te pareció?-

-Me pareció un necio aburrido, gruñón y prepotente- contestó Shion con toda la tranquilidad del mundo a la vez que se encogía de hombros, consiguiendo que el Barón se carcajeara ruidosamente.

-Vaya, vaya, por lo visto él también te impresionó bastante - a Zinnecker le tomó unos instantes contener por completo la risa y antes de continuar tomó aire y se acomodó en su asiento, fijando de nuevo su mirada en el menor- Quiere verte de nuevo, pronto, parece que lo cautivaste-

-¿Eso es malo?-

-No, sólo no dejes que sea él quien te cautive-

-Es sólo un cliente más- le aseguró Shion impasible mientras procuraba alejar de su mente la idea de que el rubio era parte de una investigación en contra del Barón y también intentando no pensar en las brillantes esmeraldas que cierto fiscal amigo suyo tenía por ojos.

-Me alegra oír eso, ya que si se sigue mostrando igual de interesado es posible que continúes viéndolo muy seguido… y eso me agradaría bastante- el peliverde observó con gesto interrogante al mayor y éste esbozó una fría sonrisa en respuesta- Averigua todo lo que puedas de sus negocios, siempre es bueno encontrarle su talón de Aquiles a una persona como Merak-

                Shion asintió sin que su expresión se modificara en lo más mínimo, pero por dentro no podía experimentar más incertidumbre al considerar que quizás esa cercanía que el Barón buscaba terminara convirtiéndose en su propio talón de Aquiles en más de un sentido.

 

----------

 

París, Francia

 

                Isaac no pudo evitar hacer un gesto al ver la fachada del pequeño restaurant al que habían llegado. El barrio en el que se encontraban no era precisamente acogedor, pero ese lugar de vidrios mugrientos y sin luces parecía abandonado. Sin embargo, le bastó la mirada que su tío le dirigió para comprender que ese era sin lugar a dudas el sitio que buscaban, así que tras respirar profundamente caminó siguiendo los pasos de Radamanthys hacia el interior del local.

                Bajaron una angosta escalinata sumidos en una oscuridad casi total y al final de la cual un hombre fornido y mal encarado custodiaba una puerta. Radamanthys intercambió algunas palabras con él en otro idioma y éste los dejó pasar tras saludar al rubio como si fueran viejos conocidos.

                La amplia estancia a la que entraron no tenía nada que ver con el austero aspecto del lugar. Al fondo se encontraba un pequeño bar muy bien surtido con finas bebidas y el resto del espacio era ocupado por varias mesas dispuestas con elegancia y sobriedad, características que eran resaltadas por la araña de cristal cortado que colgaba del techo iluminando la habitación.

                Sólo algunas mesas se encontraban ocupadas por unos pocos concurrentes y los recién llegados pudieron sentir de inmediato todas las miradas fijas en ellos mientras avanzaban hacia una mesa semioculta en un rincón, donde un hombre joven y peliazul que vestía de forma informal pero elegante se encontraba comiendo una apetecible pasta sin prestarle atención a los visitantes.

-Buona sera- saludó Radamanthys en cuanto estuvo al lado del peliazul, quien de inmediato dejó su comida y centró sus ojos cerúleos en el rubio, inspeccionándolo con la mirada- ¿El señor Donovan Massolo?-

-Donovan Massolo se quedó en Sicilia hace mucho, signore Radamanthys- contestó el italiano esbozando una sonrisa un tanto cínica- DeathMask a su servicio. Qué honor conocerlo-

                Con un gesto los invitó a tomar asiento y bastó que chasquera los dedos para que un mesero se acercara de inmediato a ellos para ver qué necesitaban.

-¿Toman algo?- les ofreció a los recién llegados-  Aquí tienen un vino toscano realmente bueno que deberían probar-

                Radamanthys aceptó la invitación con un gesto y el mesero se movió con rapidez para dejarles pronto unas copas con el vino mencionado. Ni bien se hubo retirado cuando el rubio y el peliazul volvieron a cruzar miradas mientras el primero saboreada el contenido de su copa tras sopesarla y aspirar su aroma.

-Un buen vino en verdad- declaró dejando la copa sobre la mesa.

-Por supuesto, pero dudo que uno de los temibles Jueces haya venido hasta aquí sólo para probar un vino extranjero- comentó el peliazul con una sonrisa retorcida y el rubio esbozó una sonrisa de lado ante sus palabras.

-¿Jueces?- murmuró Isaac sin comprender a qué se refería el italiano.

-Radamanthys, Minos y Aiakos eran los Jueces del Inframundo a en la Mitología Griega- le explicó el peliazul jugueteando con la pasta que quedaba en su plato- Pero hace varios años los 3 desgraciados se escaparon del Infierno y han estado vagando por la tierra- agregó con expresión divertida fijando sus ojos azules en los dorados del mayor- Es una pena que se hayan separado a últimas fechas-

 -Todo lo que no cambia desaparece- se limitó a contestar Radamanthys sin que la sonrisa de lado se hubiera borrado de su rostro- Pero ese es un tema que tampoco hemos venido a tratar aquí-

 -Cierto- asintió el peliazul- Il bello ragazzo dijo que necesitaban hablar conmigo de un niño-

 -¿Sabe algo de él?- le preguntó de inmediato Isaac sin poder ocultar del todo su ansiedad.

                 El italiano suspiró por respuesta y se quedó unos instantes en silencio pensando sus palabras ante la atenta mirada de los visitantes.

 -Lo recuerdo- declaró con aire un tanto ausente- Un bello bambino, molto bello- una sonrisa carente de emoción se dibujó en su rostro antes de continuar- Siempre pensé que otra razón importante para que Aphro lo detestara tanto era que las personas no ponían tanta atención a su belleza cuando ese niño estaba cerca, no era fácil ignorarlo-

 -¿Hace mucho que conoce a Aphrodite?- le preguntó Radamanthys siguiendo el curso de sus palabras.

 -Casi de toda la vida. El viejo Dubois y el imbécil de mi padre eran amigos, socios en muchos negocios de TODA índole- explicó recalcando la palabra- Si ellos iban a Italia, paraban con nosotros y si nosotros veníamos a Francia, parábamos con ellos. Me tocó ver al niño en un par de ocasiones, aunque sólo viajó con el viejo en el último viaje en el que lo dejó en Sicilia con nosotros-

                 Isaac y Radamanthys se tensaron ante esas palabras y el peliazul sonrió al notar la reacción de ambos.

 -¿Se quedó con ustedes?- lo interrogó el peliverde animándolo a continuar.

 -Sólo fue de paso. Dubois no lo dejó en nuestra casa para que lo cuidáramos. Fue un simple negocio más- aclaró con una amarga sonrisa.

 -¿Un… negocio?- la incredulidad en la voz de Isaac era notoria y Radamanthys suspiró con aire resignado, ya se imaginaba que las cosas tomarían ese rumbo.

 -¿Entonces la trata de blancas también está entre sus actividades?- le preguntó al peliazul con rostro impasible.

 -¡Feh! Mi Catálogo de Servicios es bastante amplio, pero vender personas no es lo mío- contestó el italiano encogiéndose de hombros- Sólo era un mocoso en aquél entonces-

 -¿A quién se lo vendieron?- cuestionó el rubio con mirada seria.

 -Lo ignoro- respondió DeathMask recargándose en el respaldo de su asiento- Sólo sé a qué país se lo llevaron-

 -Eso no sirve de mucho- protestó Isaac con evidente decepción.

 -¿Seguro?- preguntó el peliazul recuperando su sonrisa retorcida y fijando su mirada cerúlea en las orbes doradas de Radamanthys- Yo diría que el señor Juez está de suerte-

 -¿De qué habla?- quiso saber éste arrugando el entrecejo.

 -Volverá a casa con su familia, signore de la Mitología… Griega- explicó haciendo la mímica de enmarcar la última palabra con sus manos y con ello, los ojos de Radamanthys se abrieron a todo lo que daban.

 -¿Grecia?- exclamó visiblemente sorprendido y luego de ver que el peliazul asentía con la cabeza una sonrisa se dibujó en su rostro- Entonces quizás verdaderamente estemos de suerte-

 -¿Suerte? Grecia debe tener más de 100 mil Km2 de superficie y más de 10 millones de habitantes- se quejó Isaac con rostro confundido.

 -Miles o millones, da igual cuando los Jueces del Inframundo están de tu lado en la búsqueda, ¿o no inflexible Radamanthys?- dijo el italiano sin despegar su mirada del rubio.

 -¿Cuál es el precio de ésta información, Massolo?- le preguntó aquél al italiano viéndolo con fijeza.

 -Digamos que simplemente supo llegar con la persona adecuada para pagar la información por adelantado, signore, pero ya sabe lo que dicen: “Favor con favor se paga”- le contestó el aludido con una cínica sonrisa en la cara.

 -Lo tendré en cuenta- le aseguró Radamanthys poniéndose de pie y extendiendo su mano hacia él a la vez que Isaac casi saltó de su asiento a la par de su tío.

                 DeathMask estrechó la mano del rubio sin levantarse de su asiento y ambos forasteros abandonaron el restaurante de nuevo seguidos por las disimuladas miradas del resto de los presentes.

                 Isaac siguió en silencio al mayor hasta que ambos estuvieron a bordo del Volvo negro del rubio.

 -¿En serio iremos a Grecia sin tener ni idea de con quién puede estar ese chico?- le preguntó a su tío abrochándose el cinturón de seguridad mientras el aludido encendía el vehículo.

 -Oíste lo que ese lunático dijo, ¿no?-

 -¿Sobre eso de que los Jueces del Inframundo están de nuestro lado en la búsqueda?- exclamó arqueando una ceja- ¿Eso tiene sentido?-

 -Lo tiene- le aseguró dirigiéndole una mirada de reojo- Aiakos y Minos están en Grecia-

 -Los jueces- susurró el peliverde comprendiendo las cosas- ¡Tus amigos de la universidad!-

 -Sí… aunque espero no tener que recurrir a ambos… porque con uno quizás tengamos que hacer primero un largo ajuste de cuentas- dijo más para sí mismo mientras aumentaba la velocidad del auto, con una fría sonrisa en el rostro.

 

----------

 

Atenas, Grecia

 

                Aioros estacionó su auto cerca de la entrada del Magno Colegio de San Cirilo y San Metodio. Aún faltaban varios minutos para la hora de salida de la reconocida escuela, pero de cualquier forma su agenda para ese día se encontraba bastante holgada y podía darse el tiempo para esperar por su hermanito.

                 Un par de lujosos autos se encontraban estacionados por allí también en espera de otros jóvenes estudiantes y uno de ellos, el que estaba justo delante suyo, captó de inmediato la atención del castaño.

                 Aioros sólo había visto ese vehículo en una ocasión previa, pero confiaba lo suficiente en su memoria como para estar seguro que las placas de ese Mercedes plateado pertenecían al mismo auto en el que hubiera visto marcharse a cierto joven francés y se habían quedado tan grabadas en su mente debido a que se relacionaba directamente con el primer caso en el que su tío le permitía ayudarlo.

                 El mayor de los hermanos Tsartsaris se quedó largo rato observando con atención aquél coche mientras diversas ideas rondaban su mente y aún se encontraba abstraído en sus pensamientos cuando la puerta del lado del chofer de ese auto se abrió y por ella bajó un joven de piel blanca y cabello oscuros que portaba el uniforme de chofer y mismo que tras estirarse un poco, sacó un cigarrillo de la bolsa y comenzó a fumar recargándose en su vehículo ante la atenta mirada de Aioros, que no podía despegar la vista de aquella escena.

                 Era un chofer joven, muy joven, y distaba mucho del tipo de empleados que el griego imaginaba que Zinnecker tendría en un puesto como aquél, por lo que despertó de inmediato su curiosidad. Sabía que debía ser muy prudente con todo lo referente al nórdico y sus negocios pero algo había en ese chico que hizo que Aioros sintiera la necesidad de acercársele, así que tras reflexionar el modo en que procedería, abrió la puerta de su auto y bajó para estirarse tal y como el otro joven lo había hecho.

                 Fue un verdadero alivio para el castaño estirar sus músculos luego de haber pasado la mañana en el estudio de su tío revisando algunos papeles, así que no tuvo que actuar para realizar aquél acto de manera llamativa, sonriendo ligeramente al notar que el joven chofer lo observaba de reojo sin moverse de su sitio.

 -Lindo día, ¿cierto?- le preguntó obsequiándole una encantadora sonrisa y fijando sus ojos en el blanco rostro del empleado.

 -Lo es- se limitó a contestar el aludido tras dejar escapar el humo del cigarrillo de su boca y desviando la mirada hacia el cielo despejado.

 -Esa cosa puede matarte- continuó Aioros viendo fijamente el cigarro que continuaba entre los dedos de su interlocutor.

 -Otras cosas podrían hacerlo mucho antes que los efectos de un cigarrillo cada varios meses- respondió el moreno sonriendo con ironía.

                 El joven Tsartsaris suspiró por respuesta. Podía notar el tono cortante que el chofer empleaba al contestarle, pero algo en esa última aseveración le había sonado inquietante y no quería retirarse tan pronto.

 -Supongo que estás nervioso o preocupado- volvió a atacar sin conseguir que el otro volteara a verlo- Si sólo fumas de vez en cuando, y a solas, imagino que lo haces en momentos de tensión-

                 Shura arrugó el ceño ante aquellas palabras. Sí, estaba preocupado por el sitio al que debía llevar a Camus en cuanto saliera del colegio; tenía que verse con un cliente conflictivo y eso lo inquietaba, pero ya estaba decidido a no permitir que ese hombre lastimara al menor… no de nuevo, y no iba a dudar en emplear cierto paquete que llevaba en la cajuela si era necesario.

 -Parece que acerté- la voz del griego hizo que Shura saliera de sus pensamientos y volteara a ver al castaño, quien seguía regalándole una amigable sonrisa- Algo te preocupa-

 -El señor ha acertado- declaró con un suspiro y ésta vez fue Aioros quien hizo un gesto ante la forma en que se había referido a él.

 -No me digas “Señor”, me haces sentir viejo- protestó con un gracioso puchero.

 -¿Prefiere que le diga “Joven”?- a pesar de que el rostro y el tono de voz de Shura permanecían inmutables, en realidad estaba haciendo un verdadero esfuerzo por no reírse de las expresiones que el castaño hacía.

 -¿Cuántos años tienes?-

 -19-

 -¡Ja! Soy apenas un par de años mayor que tú, así que no hay necesidad de tantos formalismos- declaró Aioros convencido.

 -Como usted diga, señor-

 -¡Oye!- Aioros abrió la boca para seguir protestando, pero terminó resoplando con expresión frustrada- ¿Siempre eres tan necio?-

 -Sólo sé cuál es mi sitio. Quizás usted debería recordar el suyo-

 -¿Y cuál se supone que es mi sitio?-

                 Shura no respondió a aquella interrogante. En lugar de ello, se limitó a observar fijamente a Aioros, recorriéndolo de los pies a la cabeza y deteniéndose apenas el tiempo suficiente en ciertos puntos para darle a entender al griego que su fino calzado, su ropa de marca y su costoso reloj no pasaban para nada desapercibidos.

 -Entonces piensas que soy sólo un niño rico- se quejó Aioros haciendo una mueca ante el escrutinio al que había sido sometido.

 -Un señor bastante rico, en realidad- lo corrigió Shura con toda la tranquilidad del mundo dejando al griego con la boca abierta.

 -Eres cruel, ¿lo sabías?- protestó viéndolo con mirada sentida.

                 Una sonrisa terminó por dibujarse en el rostro del español ante aquella queja y Aioros no tardó en imitarlo al percatarse de ello.

 -¡Vaya! ¡Sabes sonreír!- exclamó con entusiasmo.

 -¿Le afecta eso en algo?- interrogó Shura arqueando una ceja y el griego se limitó a encogerse de hombros.

 -No sé si el hermético señor Zinnecker sepa sonreír también y me preocupaba que Camus tuviera que lidiar incluso con un chofer amargado como tú… comprenderás-

                 Shura ni siquiera se molestó por el comentario, la alusión a Zinnecker y Camus lo había descolocado por completo y Aioros pudo notar sin dificultad su turbación.

 -Eres el chofer de Camus, ¿cierto? Mi hermano Aioria se ha hecho amigo de él en el colegio-

 -¿Aioria?-

 -Aioria Tsartsaris, no sé si Camus lo habrá nombrado en alguna ocasión, pero mi hermanito le ha tomado afecto en éste corto tiempo. Por cierto, yo soy Aioros Tsartsaris- se presentó con su mejor sonrisa impresa en el rostro.

                 Shura no correspondió el gesto. Los nombres de ambos hermanos no le resultaban desconocidos pues recién un par de días atrás Camus le había contado que el mayor le había ofrecido su ayuda.

 -Los sobrinos del fiscal Tsartsaris- dijo finalmente el español, recobrando la seriedad de su rostro.

 -Los mismos- asintió Aioros sin que su sonrisa hubiera desaparecido- Aunque prefiero que me reconozcan por mí mismo y no por las profesiones de mis familiares-

 -¿Por qué su interés en el joven Camus?- le preguntó al castaño casi cortando lo que él decía y Aioros se limitó a encogerse de hombros.

 -No debe ser fácil estar en otro país, lejos de la familia. Y no es por nada, pero tu jefe no tiene la mejor de las reputaciones en la ciudad. Sólo pensé que era bueno que Camus supiera que tenía alguien con quien contar si tenía alguna dificultad- Shura desvió la mirada ante esas palabras y el griego le sonrió con amabilidad- Tú también eres extranjero, ¿verdad? Tu acento te delata, aunque no consigo dar de dónde es- declaró llevándose la mano al mentón con rostro pensativo.

                 El hispano observó al griego mientras él parecía reflexionar seriamente sobre el origen de su acento y una sonrisa volvió a dibujarse en sus delgados labios sin que se lo propusiera.

 -España-

                 Aioros volteó a ver con cierta sorpresa al joven chofer, pero éste ya había desviado la mirada de nuevo hacia el cielo. Aún así, el castaño podía notar sin problemas que su expresión se había suavizado y su última respuesta, aunque corta, ya no había sonado para nada hostil, lo que lo hizo sonreír con nuevos ánimos.

 -¿También estás lejos de tu familia?- le volvió a preguntar en tono amable.

 -¿Siempre es tan entrometido?- le devolvió la pregunta el español con falsa exasperación y Aioros se rió de buena gana en respuesta.

 -Parece que ya están saliendo- dijo de pronto el mayor señalando hacia la salida del colegio, por donde empezaban a salir los estudiantes- Debo encontrar a mi hermanito porque tenemos un compromiso y hay que irnos pronto- explicó viendo su reloj- Pero no me has dicho tu nombre-

 -Si se queda esperándolo no llegará a su compromiso- le respondió Shura con una ligera sonrisa burlona.

                 Aioros rodó los ojos pero en lugar de contestarle algo más, sacó su billetera y de ella una tarjeta de presentación.

 -Por si cambias de opinión y quieres presentarte o si simplemente necesitas alguien con quien conversar- le dijo arrojándosela al hispano y ya avanzando hacia la salida del colegio.

                 Shura atrapó la tarjeta al aire y luego de que el castaño se alejara, fijó su mirada en ella esbozando una amarga sonrisa. Él no podía ponerse en contra del Barón Amatista, por mucho que deseara ya no tener que mancharse las manos de sangre en su nombre para proteger lo que quedaba de su familia. Él era un desgraciado peón que no merecía ninguna ayuda, un asesino que consideraba que la mejor forma de misericordia que alguien podría tenerle… era la muerte.

 

 

                 No muy lejos de donde el español se encontraba, aún dentro del Magno Colegio, en el área de la biblioteca, 3 jóvenes se encontraban buscando algo de información para un reporte que debían entregar. Sin embargo, el toque de salida hizo que comenzaran a recoger las cosas preparándose para retirarse del colegio.

 -Entonces…- comenzó a hablar un apuesto rubio, rompiendo el silencio en el que habían caído mientras recogían sus cosas- Aceptarán la invitación de Milo después de la excursión al Museo, ¿cierto?- les preguntó a sus acompañantes fijando en ellos sus ojos de cielo.

                 Camus suspiró profundamente sin levantar la mirada de su mochila, mientras que Mu pareció de pronto muy interesado en acomodar los libros que tenían en las manos.

 -Sólo iremos a tomar un café- insistió Shaka con tono tranquilo.

 -En Kolonáki- murmuró Mu aún ocupado en lo que hacía, teniendo bien presente que los locales de ese barrio estaban fuera de sus recursos monetarios.

 -El lugar le pertenece a la familia de Milo, así que por los costos no te preocupes y por el transporte tampoco, pueden irse conmigo saliendo del Museo. Si se nos hiciera tarde, puedo llevarte a tu casa saliendo-

                 El pelilila acomodó el último libro en su lugar y suspiró profundamente antes de voltear a ver al rubio con una dulce sonrisa.

 -No te darás por vencido hasta que acepte, ¿verdad?-

 -No- contestó el aludido con toda la tranquilidad del mundo- Si ustedes no vienen, será otra tarde en compañía de Aioria y Milo, y por mucho que ellos me agraden, eso sólo significa pasarla haciendo de mediador entre ellos cada que se les ocurra discutir por algo, o sea cada 5 minutos-

                 Mu sonrió por lo dicho por su amigo y volvió a suspirar de nueva cuenta.

 -Haré lo posible por convencer a mis padres, pero no te aseguro nada-

 -Perfecto- aceptó Shaka con una radiante sonrisa y luego sus ojos se fijaron en el joven galo que aún le evitaba la mirada- ¿Camus? ¿Tú qué dices?-

 -Al señor Alberich no le gusta que salga por las tardes- susurró con voz apenas audible- Dice que no es prudente hacerlo cuando hay muchas personas en la ciudad que estarían encantadas de causarle algún daño- declaró pensando que de ser familiares, sin duda la verdad no estaría muy lejos de sus palabras.

 -Shiva y Ágora estarán todo el tiempo cerca de nosotros- protestó Shaka haciendo alusión a sus guardaespaldas- Mi padre no me permitiría ir a ningún lado de otro modo y ellos no dejarán que estemos en ningún momento en peligro, puedes decirle eso al señor Zinnecker, al menos has el intento de convencerlo-

 -Está bien- suspiró en tono de derrota- Intentaré convencerlo- aseguró esbozando una ligera sonrisa que para nada coincidía con la sensación de vacío que lo embargaba.

                 Shaka se dio por satisfecho con esa respuesta y los 3 chicos se dispusieron a retirarse de la biblioteca, pero cuando ya iban hacia la salida, Camus recordó que había olvidado una libreta y se regresó por ella tras despedirse de sus amigos.

                 El francés no tardó en encontrar el objeto que buscaba en una silla de la mesa donde habían estado trabajando y acababa de guardarla con sus cosas cuando una voz lo hizo levantar la mirada.

 -Hola- lo saludó un joven de cabellos castaños y ojos color índigo que lo observaba con atención recargado en el librero más cercano.

 -Hola- devolvió el saludo con timidez el galo acomodándose sus cosas sin quitarse de la cabeza que en algún lado había visto antes esos ojos que lo recorrían de arriba para abajo, como valorándolo con la mirada.

                 El recién llegado se acercó a Camus aún viéndolo fijamente y el francés se quedó en su sitio procurando lucir tranquilo, aunque algo en la actitud de ese chico lo ponía en alerta.

 -Así que tú eres Saphir- murmuró el castaño con una desdeñosa sonrisa en el rostro.

                 El escaso color de las mejillas francesas desapareció ante aquella simple oración a la vez que los ojos de zafiro de Camus se abrían a todo lo que daban, consiguiendo que el otro joven se riera ligeramente debido a su reacción.

 -¿Sorprendido, ramerita?- le preguntó el castaño viéndolo con una fría sonrisa y acercando su mano para acariciar la tersa piel del pálido rostro que tenía ante sí, disfrutando del estremecimiento que provocó en el galo.

 -¿Cómo…?- Camus apenas y podía hablar, sentía la boca más seca que nunca.

 -Mi padre está fascinado contigo- explicó el castaño dándose la vuelta- La verdad es que no entiendo por qué- comentó volteando a ver al francés por encima del hombro con expresión altiva- Pero ya me encargaré de averiguarlo, así que no dudes que pronto volverás a tener noticias mías- le aseguró ya alejándose hacia la salida.

 -¡Espere!- el castaño se detuvo y de nuevo volteó a ver al francés con un expresión soberbia.

 -Tranquilo, muñeco. Tus amiguitos no se enterarás por mí de qué clase de escoria eres. A mí tampoco me conviene que se sepa que el bastardo de mi padre es un pedófilo que se tira a rameras de tan poca monta- declaró viéndolo con verdadero desprecio aunque pronto volvió a sonreírle de forma desdeñosa- Pronto veremos si por lo menos en la cama compensas lo poca cosa que eres-

 -¿Quién es usted?- le preguntó Camus haciendo uso de todo su autocontrol para que su voz no temblara tal y como sentía que sus piernas lo estaban haciendo.

 -Argol Thalassinos- se presentó el griego con una sonrisa arrogante- Y te aseguro que me encargaré de que jamás en tu vida olvides este nombre…-


FECHA El 24/05/11 a las 08:05:27 IP GUARDADA Enviar Privado Añadir Amigo · Enviar Privado Enviar Privado · Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
Online Cam!lle Alexei
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El 15/02/11 a las 08:02:10

=(

Hola!

Soy nueva en tu fic xP me alegra que hayas actualizado pronto. Me asusté cuando mencionaste que en menos de un año @_@

Oye! ¿qué te hizo Camus para que lo trates tan feo? T_T Para ser sincera, no acostumbro leer fics en dónde Camus es "acompañante xxx". Me causa un vacío horrible en la pancita el imaginarmelo en "esas situaciones" con unos viejos asquerosos y degenerados. ¡Me dan unas ganas tremendas de asesinarlos lenta y dolorosamente por atreverse a tocar a mi ángel de hielo! ¬¬

Pero bueno... muy a pesar del constante malestar que me causa xD debo aceptar que la trama me atrapó. Redactas muy bien y has sabido ir armando la historia muy bien. Todos los personajes tienen un por qué para estar ahí. ¡Uff! yo sólo deseo con todo el corazón que al final, esas parejitas que se han comenzado a formar tengan un futuro juntos. Después de tanto sufrir, claro que se lo merecen. Los gemelos, Shion, Shura y todos ellos merecen la oportunidad de ser feliz. Obviamente Camus mucho más! xP

¡Me da miedo pensar en qué reacción va a tener Milo cuando sepa sobre la vida de Camie! T.T espero que pueda comprenderlo, de otra forma, me temo que el hielito va a sufrir mucho con el rechazo del bichito... =( Porfis ya no hagas sufrir mucho a Camus!! mira que ya ha habido demasiado dolor en su corta existencia ¡apiádate de él! ><

Me voy =) pero seguiré pendiente de tu historia.

Au revoir! ^^

 

Pd.- Y ese Argol que ni se atreva a ponerle un dedo encima a Camus! >< ya de por sí se merece lo peor por haberle dicho tan feo a mi copito ¬¬




 

FECHA El 31/05/11 a las 10:05:52 IP GUARDADA Enviar Privado Añadir Amigo · Enviar Privado Enviar Privado · Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
Online vendetta_007
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El 16/11/09 a las 06:11:52

oh dios me encanto lo de los tres jueces jajajajaja no se me imagine los tres chiflados jajaja pero me encanto la idea de usarlos espero que esten a favor de camus, mendigo argol grrrrrrrr ¬¬ 

shionnnnn ya quiero que se encuentre con dohko

ah! va a haber aioros x shura? jajajaja es que los vi como posible parejas jojojojo

me va gustando la historia pero me hace sufrir pobre de camussssss y la de los demas que tambien sufren por tener un jefe asi que feito espero que pronto sean felices

nos vemos

y bravo por la continuación


FECHA El 04/11/11 a las 11:11:10 IP GUARDADA Enviar Privado Añadir Amigo · Enviar Privado Enviar Privado · Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
Online Altarf
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El 07/11/09 a las 07:11:19

¡Hola, nuevamente!

            Ya sé, ya sé, otra vez me tarde mucho, ¡¡perdón!! ToT Juro que hago lo posible por no tardarme tanto, pero no soy dueña de mi tiempo, snif T^T

             Ejem, en fin, pues aquí les traigo un capítulo más esperando que resulte de su agrado. Muchísimas gracias a los que dejan sus posts non

Cam¡lle Alexei: ¡Hola! ¡Wa! ¡Qué gusto tener una nueva lectora! XD Mil disculpas por las demoras, pero como les decía gozo de muy poquito tiempo libre y es difícil distribuirlo T^T Cof, cof, cambiando el tema, ¿que qué me hizo Camus? Mmm... pues nada, ¡¡pero es que es tan bello y rape-able que todo el mundo lo desea!! *¬* Ejem, es decir, tú sabes, no es que quiera que sufra siempre, ¡claro que no! Pero mi mente dramática se pone a trabajar y le va a poner muchas trabas antes de dejarlo ser feliz u.u (Inserte suspiro) En fin, desde luego que le deseo un final feliz a él y a todas las parejitas, pero esta cabecita perversa y maquiavélica que poseo no hace las cosas fáciles para nadie, ¡wuajajaja! Cof, cof, no le hagas caso a esa risa malvada n_nU Hablando de otras cosas, me alegra que te haya gustado mi redacción, uno hace lo que puede n//n Como te decía antes, aún le esperan muchas cosas difíciles a Camuchis y compañía pero te prometo que no todo será negro para el copo, ya lo verás n.n ¡¡De nuevo mil gracias por tu post!! ¡Ojala que el nuevo capítulo resulte de tu agrado! Saludos n_n

Vendetta: ¡¡¡Hoolaaa!!! ¡¡Ya volví... otra vez!! XD ¡Ey! ¿Cómo que los Jueces te recuerdan a los 3 chiflados? ¬¬ Chica, no me digas eso, ¡ahora me río cada vez que pienso en ellos y tengo que ponerme seria para escribir esta historia! XD Ejem, pero bueno, algo de razón hay en esas palabras, esos 3 están bien zafados n.n Y sobre si estarán del lado de Camus... supongo que sólo el tiempo lo dirá u.u Cambiando el tema, paciencia, ya habrá más Dohko x Shion y en cuanto al Aioros x Shura, ¿será? No sé, supongo que es una posibilidad XD ¡Muchas gracias por seguir al pendiente de mi historia! Ojalá el nuevo capítulo te agrade. Que estés muy bien. Saluditos n_n

               Espero que el capítulo 7 no les resulte demasiado tedioso... o confuso, tengo mis razones para incluir lo que en él ocurre, pero pues ya me dirán qué les parece. De corazón espero que disfruten la lectura y si se animen a dejar algún post, son muy bien recibidos n_n


FECHA El 04/11/11 a las 11:11:24 IP GUARDADA Enviar Privado Añadir Amigo · Enviar Privado Enviar Privado · Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
Online Altarf
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El 07/11/09 a las 07:11:19

Capítulo 7

 

7. Encuentros Inesperados

 

                Una exclamación de sorpresa abandonó los labios de Isaac al contemplar la imponente mansión hacia la cual avanzaba el Volvo negro de Radamanthys.

                Ya habían avanzado un par de metros desde el regio portón que delimitaba los terrenos a los que se estaban adentrando y ahora podía contemplar la majestuosa vivienda que se alzaba ante su mirada en todo su esplendor.

                Se notaba claramente que el dueño no había escatimado en costos, así como también se notaba el sutil toque oriental que había querido darle a la vivienda. Además, tampoco había limitado gastos en los jardines, donde abundantes arbustos muy bien cuidados de diversos tipos y una gran variedad de flores rodeaban la espléndida morada, dándole un toque bastante exótico a todo el entorno.

                Radamanthys condujo por el pequeño camino que conducía a la entrada principal, lugar donde ya los estaba esperando una mujer joven de largos cabellos negros con reflejos púrpura, piel ligeramente bronceada y ojos violáceos de aspecto altivo.

                Los 2 recién llegados bajaron del auto en cuanto estuvieron a la altura de la mujer y para Isaac no pasaron desapercibidas las múltiples heridas que surcaban la piel de la joven en las zonas que dejaba al descubierto la entallada ropa deportiva de color negro que utilizaba.

-El demonio volvió a salirse del infierno- exclamó ella con una fría sonrisa de lado fijando su mirada en los ojos dorados de Radamanthys.

-También es un gusto verte de nuevo, Behemont- la saludó el recién llegado devolviéndole la sonrisa y la mujer soltó una carcajada.

-Hace años que nadie me llama de esa manera, Radamanthys. Pero claro, tú siempre tan formal- comentó con expresión entretenida, aunque no tardó en ponerse más seria- Si me llamas así supongo que vienes por negocios- agregó viéndolo con fijeza.

-No precisamente- se limitó a responder el rubio encogiéndose de hombros- Es más bien un asunto familiar en el que necesito un poco de ayuda- 

                La mujer arqueó una ceja, al parecer bastante interesada ante aquellas palabras, pero antes de que dijera algo más, notó la mirada que Isaac había mantenido sobre ella desde que bajara del coche y fijó sus ojos en el rostro del chico. 

-Eres el hijo del Kraken, ¿no es así?- le preguntó recorriéndolo con la mirada e Isaac asintió con el rostro procurando mostrarse sereno, aunque los penetrantes ojos de la morena le resultaban un tanto intimidantes- Te pareces a tu madre- le dijo suavizando un poco su expresión y el muchacho se respingó ante esa inesperada comparación, pero ya no pudo contestar nada, pues la mujer ya había regresado su atención a Radamanthys- Entonces… ¿un asunto familiar?- le preguntó con curiosidad mal contenida- ¿Por qué piensas que aquí podremos ayudarte?- 

-Porque creo que tu jefe cuenta con los recursos para ayudarme en una búsqueda- 

-Mi… jefe tiene mejores cosas que hacer que andar buscando cosas perdidas- declaró la joven frunciendo el ceño ligeramente. 

-No es una cosa lo que busco, se trata de una persona- le aclaró el rubio con tranquilidad. 

-¿Una persona?- nuevamente la estilizada ceja de la morena se arqueó revelando su curiosidad. 

-Un niño al que un idiota sin escrúpulos vendió hace varios años- 

                La mujer guardó silencio a la vez que observaba con interés al hombre frente a ella y finalmente dejó escapar una risa despectiva.

 -Para esos asuntos debiste acudir con Minos- le espetó cruzándose de brazos y adoptando una expresión un tanto desdeñosa- Pero claro, Minos no te debe favores, ¿verdad?-

                 Radamanthys esbozó una fría sonrisa cargada de cinismo y la morena resopló al mismo tiempo que volteaba los ojos.

 -Si ya terminamos con el interrogatorio, supongo que podemos pasar- opinó el rubio con fría tranquilidad, pero lejos de dejarlos pasar, la morena se plantó ante él aún cruzada de brazos y recorriéndolo con la mirada de arriba para abajo y de regreso, consiguiendo que Radamanthys soltara una carcajada- ¿Me quieres registrar?- le preguntó con una sonrisa socarrona parándose con las piernas ligeramente separadas y con los brazos abiertos ante ella.

-Es una gran tentación dejar que una chica hermosa te toque, ¿verdad, Radamanthys?- interrumpió en eso una voz grave y varonil que venía del pasillo que accedía a la mansión. 

                Las miradas de todos los presentes quedaron fijas en el recién llegado que acababa de salir a su encuentro: un hombre de piel bronceada, cabellos negros y ojos rojizos que vestía jeans y playera negra, quien veía al rubio con una fría sonrisa en la cara. 

-Aiacos- exclamó Radamanthys imitando el gesto del dueño de la casa. 

-¡Cuánto tiempo sin vernos, Rada!- saludó el pelinegro observando con atención al visitante- Es una verdadera sorpresa tenerte por aquí- 

                Ambos hombres se sostuvieron la mirada analizándose detalladamente en silencio hasta que el moreno volteó a ver a la mujer.

 -Violate, a los amigos no se les hace esperar afuera- le dijo con voz tranquila y haciéndoles a los invitados una señal que los invitaba a pasar mientras que la morena se limitó a voltear los ojos con expresión de fastidio.

                 Los 4 avanzaron en silencio por un pasillo exquisitamente adornado hasta llegar a una confortable sala de estar que al igual que el resto de la vivienda mostraba ese sutil toque exótico y oriental.

                 Isaac había ido apreciando maravillado la decoración del lugar y una nueva exclamación de asombro se escapó de sus labios al llegar a la sala, donde un enorme tapiz que mostraba una vista panorámica del Himalaya cubría una de las paredes.

 -La vista que había en donde nací era incluso mejor que la que muestra ese tapiz- le dijo Aiacos deteniéndose a su espaldas.

 -¿Dónde nació?- repitió el peliverde fijando su mirada en el moreno, quien ya había ido a sentarse a un mullido sofá de la estancia, con Violate de pie a sus espaldas, y luego su ojo se dirigió a Radamanthys, quien había tomado asiento en el lado opuesto de la sala- No lo entiendo- exclamó captando la atención de ambos hombres- Ninguno es griego y si se conocieron en la universidad, eso quiere decir que estudiaron en el Reino Unido, ¿por qué los conocen como los “Jueces del Inframundo”?-

                 Los mayores intercambiaron miradas y una ladina y cómplice sonrisa no tardó en aparecer en sus rostros.

 -Es una historia bastante larga, Isaac; ya habrá ocasión para hablar de ello- respondió el rubio- Ahora tenemos otros asuntos que debemos tratar- declaró fijando sus orbes doradas en el pelinegro.

 -Sí, ya irás descubriendo la clase de familiares que tienes, muchacho- asintió Aiacos con una sonrisa socarrona- Pero como dijo Rada, ahora es tiempo de hablar de… ¿personas perdidas? Eso fue lo que alcancé a escuchar-

                 El rubio suspiró profundamente antes de explicar el motivo por el que se encontraban allí, narrando con brevedad la historia de Natasha y su hijo y los descubrimientos hechos en París. Su explicación duró apenas un par de minutos y Aiacos y Violate siguieron con atención sus palabras en silencio.

 -¿Puedes darme una mano con esto?- finalizó el de ojos dorados centrando su vista en el moreno.

 -Tendría más facilidad en conseguirte una bazuca, Radamanthys; Minos tiene mejores contactos para esa clase de… “negocios”- contestó Aiacos encogiéndose de hombros.

 -Preferiría acudir con Minos sólo como último recurso- sentenció el rubio con serenidad.

 -¿Aún no lo perdonas?- preguntó el moreno como no queriendo la cosa y viéndolo con detenimiento.

 -No quiero deberle favores- corrigió Radamanthys sin inmutarse ante la interrogante, aunque arrugando un poco el ceño, y captando la atención de Isaac- Minos es un tipo al que es mejor no deberle nada- le explicó.

 -Totalmente cierto- asintió Aiacos a lo dicho por el otro- Bien, pues entonces veremos qué podemos hacer, así que dame los detalles que deba saber…-

  

----------

  

                El barrio de Kolonáki se encontraba bastante concurrido aquella tarde. El cielo estaba despejado y el clima era ideal para salir de paseo. Los alumnos del Magno Colegio de San Cirilo y San Metodio no habían tenido mayores contratiempos durante su excursión al Museo Arqueológico Nacional y ahora Camus iba en el Mercedes plateado que Alberich había dispuesto para su uso sin poder creer que en realidad se dirigía a tomar un café con sus compañeros de escuela. Todo parecía un sueño… y le daba pánico despertar de pronto.

 -¿Estás bien?-

                 La profunda y varonil voz hizo que el joven francés se respingara a la vez que dirigía su mirada hacia el espejo retrovisor, por donde unas resplandecientes esmeraldas lo observaban con atención.

                 Camus le sonrió al apuesto griego enfundando en un traje negro que iba sentado en el asiento delantero, pensando nuevamente que todo ese día parecía un sueño, pues aún cuando el Barón pudo haber nombrado a varias personas como sus guardaespaldas había terminado optando por Shura… y Saga.

                 Zinnecker había dicho que esa era una manera de mostrar los dotes de sus empleados, además de que sabía que Saga no haría nada en su contra mientras su hermano quedara a su disposición, pero fuera como fuera, el galo se sentía más tranquilo con el gemelo mayor cerca, más aún cuando notó las miradas que Argol Thalassinos le dirigía de vez en vez durante la excursión en el museo.

 -Estoy bien- contestó por fin Camus- Es sólo que aún me cuesta creer que todo esto sea real- explicó con una tímida sonrisa que Saga devolvió viéndolo con ternura.

 -Sólo disfruta éste día al máximo, Camus, y no te preocupes por nada más- le dijo viéndolo por el retrovisor y el francés asintió con el rostro para después volver a fijar su vista en las calles por las que transitaban.

                 Saga siguió observándolo unos instantes más por el espejo retrovisor hasta que sintió sobre él la mirada de reojo de Shura, a quien volteó a ver consiguiendo que el hispano girara el rostro por completo hacia la calle por la que conducía.

                 No era un secreto en la mansión que ellos 2 no simpatizaban. Saga no conocía los motivos del español para trabajar con Alberich, pero sabía bien las clases de encargos que solía hacerle y no podía verlo con buenos ojos. Shura por su parte en realidad no tenía nada en contra del gemelo, pero entendía que su presencia le resultara molesta y no hacía nada por congraciarse con él. Aún así, ambos apreciaban a Camus y ninguno estaba dispuesto a permitir que alguien le arruinara el día al francés.

                 No tardaron en llegar al punto que habían acordado los jóvenes para la reunión. Se trataba de un agradable café de aire acogedor decorado con muy buen gusto y elegancia sin llegar a ser ostentoso. Shaka y Mu ya se encontraban allí en la entrada del local y Camus se dio prisa para alcanzarlos en cuanto el Mercedes se detuvo, siendo seguido por las atentas miradas de sus “guardaespaldas”.

 -¡Sabía que vendrías!- exclamó Shaka con una radiante sonrisa al ver llegar al galo, quien se limitó a sonreír por respuesta aún sin creerse que en verdad estaba allí con ellos.

 -Ahora sólo nos queda esperar que Milo y Aioria terminen pronto su castigo- comentó Mu, consiguiendo que los otros 2 suspiraran profundamente al recordar el motivo por el que los griegos sin duda llegarían tarde.

 -No puedo creer que Milo en serio se desnudó el torso para compararse con las esculturas del Museo- murmuró Camus luciendo un adorable sonrojo en sus mejillas al recordar los definidos pectorales del peliazul.

 -Sólo a Aioria se le ocurre retarlo a hacer algo semejante- se quejó Shaka cubriéndose el rostro con una mano y negando con la cabeza ante la sonrisa divertida de Mu- Pero bueno, en lo que ellos llegan, nosotros podemos pasear un poco-

                 Los otros se mostraron conformes con la idea del rubio y los 3 comenzaron a avanzar sin prisa por el exclusivo barrio en el que se encontraban, deteniéndose apenas unos minutos frente a los escaparates de algunos locales que captaban su atención, y siendo seguidos de cerca tanto por Shura y Saga como por otros 2 hombres, uno alto y de cabellos color vino y otro más menudo y de cabellos oscuros que eran los guardaespaldas de Shaka.

 -No sé cómo pueden caminar como si nada sabiendo que vigilan cada uno de sus pasos- comentó de pronto Mu al ver por el escaparate de una tienda el reflejo de los 4 guardaespaldas ubicados estratégicamente para vigilar a sus protegidos sin llamar demasiado la atención.

 -Te acostumbras- se limitó a contestar el anglo-hindú con su atención puesta en los artículos que ofrecía la tienda ante la que se encontraban.

                 Camus se limitó a suspirar profundamente pensando que si bien nunca antes había salido con guardaespaldas, en realidad sí sabía lo que era vivir siempre vigilado… y él no terminaba de acostumbrarse ni de resignarse a ello.      

                Y el galo seguía hundido en sus pensamientos cuando un ruido bastante particular lo hizo sobresaltarse.

 -¿Escucharon eso?- les preguntó a sus acompañantes, quienes lo observaron confundidos por su reacción.

 -¿Qué cosa?- le devolvieron la pregunta ambos al mismo tiempo.

 -Es que…- los ojos de zafiro del galo recorrieron su entorno buscando la fuente del ruido que creía haber escuchado y de pronto se topó con las miradas de Saga y Shura que desde la distancia lo observaban con atención- Me pareció escuchar un grito-

                 Tanto Shaka como Mu observaron también a su alrededor buscando lo que el francés podía haber escuchado sin que sus miradas captaran algo más que la gente que como ellos paseaba por el barrio conversando y los encargados de algunos locales que ofrecían promociones a los transeúntes.

                 Camus resopló a la vez que negaba con el rostro. Seguramente había sido su imaginación, pero por un momento habría jurado que escuchó el grito de un niño. Y ya se disponía a culpar en voz alta a sus ideaciones cuando lo escuchó de nuevo: un grito agudo cargado de temor.

 -Eso sí lo escuché- declaró Shaka interrumpiendo los pensamientos del galo y fijando sus ojos de cielo en una callejuela a poca distancia de donde se encontraban.

                 Los 3 jóvenes intercambiaron miradas y sin mediar palabras se dirigieron a prisa al callejón del que había provenido el grito. 

                 Se trataba de un callejón angosto, sucio, salida trasera de varios de los locales del barrio, sin nada que ver con el glamour que envolvía a Kolonáki. Las risas y voces de las calles más concurridas parecían perderse poco a poco a medida que avanzaban por ese lugar donde sólo el eco de sus pasos apresurados retumbaba en las paredes… hasta que un nuevo grito llegó hasta ellos.

                 Ninguno de los 3 logró entender el idioma en el que había sido pronunciado, pero sí comprendieron la nota desesperada que lo impregnaba y eso les hizo avanzar más deprisa hasta que quedó ante ellos la escena que lo provocaba:

                 Dos sujetos fornidos y mal encarados tenían arrinconado a un niño rubio que los veía con una mezcla de miedo e ira en sus ojitos de un pálido color azul mientras ellos lo observaban con rostros burlones sin ninguna buena intención tatuada en las caras.

                 Esa escena tocó una fibra sensible en Camus. Ver a ese niño en esa situación le trajo a la mente muchos malos recuerdos… recuerdos de hechos que no le deseaba a ninguna otra persona.

 -¡¡¡SUELTENLO!!!-

                 El grito abandonó su garganta antes de que hubiera siquiera pensado lo que hacía, consiguiendo que los maleantes desviaran la mirada de su pequeña presa para posarla en los 3 jóvenes que los observaban, pero lejos de mostrarse preocupados por ello, los 2 hombres intercambiaron una sonrisa ladina. Y es que quizás los chicos los superaban en número, pero ellos eran más altos y robustos y no se dejarían intimidar tan fácilmente.

 -Pero mira nada más lo que nos trajo el viento- exclamó uno de los hombres acercándose al galo y dirigiéndole una mirada cargada de lujuria.

                 Camus lo vio con repulsión, regalándole al sujeto una mirada glacial de sus zafiros. ¡Cómo odiaba que lo miraran de esa forma! Notó que el hombre alzaba la mano hacia su níveo rostro y tuvo el impulso de golpearlo; sabía que quizás su fuerza no sería suficiente para infringirle algún daño pero sólo deseaba poder hacer algo, ¡por una vez en su vida no quería dejar que las cosas simplemente sucedieran!

                 Lo siguiente pasó muy rápido. El brazo del fulano ese fue detenido a escasos centímetros de la blanca piel francesa por las manos de alabastro de Shaka, que adelantándose hacia él lo sujetó de la muñeca y realizando un veloz movimiento lo hizo girar por los aires para lograr arrojarlo a sus espaldas, dejándolo tirado sobre unos botes de basura antes de que algún otro de los presentes hubiera podido reaccionar.

                 Mu, Camus, el pequeño rubio y el otro tipo se quedaron con las  bocas abiertas ante lo que el rubio acababa de hacer y aún no acababan de salir de su asombro cuando nuevos y apresurados pasos que llegaban por el callejón se dejaron escuchar.

 -¡¡Joven Shaka!!-

                 Los guardaespaldas del rubio, Saga y Shura llegaban a toda prisa por el callejón, lo cual hizo reaccionar al segundo malhechor, quien de inmediato salió corriendo en dirección opuesta.

 -¡Shiva detén a ese hombre!- le dijo Shaka al moreno y luego se dirigió al más alto de sus protectores- Ágora, por favor, ve que éste sujeto no vaya ningún lado y habrá que llamar a la policía también-

                 Ambos hombres hicieron de inmediato lo que el rubio pedía, mientras que Camus, saliendo por fin de su asombro, se apresuró a llegar hasta el pequeño, que se había quedado agazapado entre la pared del callejón y algunos botes de basura.

 -¿Estás bien?- le preguntó el francés al niño, quien se acurrucó más en su lugar viendo con desconfianza al galo.

                 Camus lo observó con ternura y comprensión y le regaló una tenue pero dulce sonrisa.

 -Está bien, ya pasó todo- le dijo con tono amable.

                 El infante se limitó a estudiarlo en silencio y, sin moverse de donde estaba, se estiró un poco para ver cómo, por detrás del francés, Ágora se llevaba a uno de los sujetos que lo molestaban mientras los demás lo observaban también manteniendo la distancia y luego de nuevo su mirada quedó fija en el sereno rostro de Camus, quien se había agachado un poco para quedar más a su altura.

 -Ya estás a salvo- le dijo el galo sin dejar de sonreírle de manera tranquilizante.

                 El niño se perdió unos momentos en los zafiros de Camus y su rostro se contrajo en un sutil puchero mientras algunas lágrimas se congregaban en sus ojitos azules.

                 El francés abrió la boca para pedirle que no llorara pero antes de que hubiera emitido palabra alguna, el pequeño rubio se levantó de su lugar y en un rápido movimiento se abrazó a su cuello hundiendo su carita contra el pecho del galo.

                Los ojos de Camus se abrieron por completo, sorprendido ante aquella inesperada reacción. Nadie lo había abrazado jamás de esa manera, con tanta fuerza, con tanta necesidad de protección. Correspondió el abrazo apenas siendo consciente de lo que hacía y estrechó con cuidado al infante experimentando una extraña pero agradable sensación que invadía todo su ser. Se sentía bien estando así, a pesar de que ni siquiera tenía idea de quién era ese niño que se abrazaba a él con fuerza.

                Ninguno de los 2 supo bien cuánto tiempo permanecieron así, pero para ambos ese gesto resultó reconfortante a pesar de no conocerse. Ninguno de los presentes los interrumpió y todos se limitaron a observarlos en silencio, hasta que el pequeño aflojó un poco su agarre y Camus terminó de romper el abrazo para ver el rostro del niño.

-¿Estás mejor?- le preguntó sujetando el pequeño rostro entre sus manos.

                El chiquillo ladeó el rostro viéndolo sin comprender y el francés arrugó un poco el entrecejo sospechando algo.

 -¿Hablas griego?- volvió a preguntarle pronunciando cada palabra con lentitud.

                 La única respuesta que obtuvo fue una mirada interrogante del pequeño y justo en ese momento notó que Shaka y Mu se paraban a su lado con su atención centrada en el infante.

 -Do you speak English?- la suave voz de Shaka sonó a sus espaldas atrayendo la atención del niño, pero sólo consiguieron que éste otra vez los viera sin comprender.

 -Parlez vous francais?- volvió a intentar Camus en su idioma natal.

                 De nuevo los ojitos azules del niño quedaron fijos en el galo y para sorpresa de todos, negó ligeramente con el rostro.

 -Je parle… un peu… de francais- le contestó con voz titubeante y con peculiar y marcado acento.

                 Camus le sonrió y luego intercambió miradas con sus amigos, quienes también sonrieron al ver que por lo menos podrían entenderse un poco con el pequeño.

 -Je suis Camus- se presentó el francés señalándose a sí mismo- Ils sont Shaka et Mu- agregó presentando a cada uno de los aludidos a quienes el niño observó con atención antes de volver a fijar sus ojos en el galo- Comment t’appelles?-

 -Je m’appelle Hyoga- contestó el pequeño rubio tras tomar una buena bocanada de aire.

 -Enchanté, Hyoga- le dijo Camus obsequiándole una dulce sonrisa que el infante devolvió con renovados ánimos.

 -Deberíamos salir de éste lugar para hablar más a gusto- sugirió en eso Shaka recorriendo el lugar con la mirada- Además, Aioria y Milo ya deben estar esperándonos-

                 Mu y Camus asintieron a lo dicho por el rubio y el segundo se dirigió de nuevo al infante extendiendo una mano hacia él.

 -Viens. Tout est bien-

                 Hyoga sujetó la mano del francés y caminó con él y los demás de regreso a la cafetería, donde efectivamente ya se encontraban Milo y Aioria esperando por ellos.

 -¿Dónde estaban?- exclamó Milo en cuanto los vio llegar, saliendo a su encuentro.

 -¿Quién es el niño?- preguntó por su parte Aioria al notar la presencia del pequeño rubio, quien sin soltarse de la mano de Camus se acercó más a su cuerpo, escondiéndose parcialmente tras él al sentir la mirada de los 2 griegos.

                 Los 3 jóvenes intercambiaron miradas entre ellos y emitieron un suspiro colectivo.

 

                Algunos minutos después, los 5 chicos y el infante se encontraban sentados alrededor de una mesa del local en espera de algunas bebidas y bocadillos mientras Shaka ponía al corriente a los 2 griegos de lo que había pasado.

                 En cuanto el rubio terminó de hablar, las miradas de todos volvieron a quedar puestas en el pequeño que a su vez los observaba en silencio acurrucado contra Camus.

 -Debieron dejarlo con la policía- opinó Milo rompiendo el silencio en el que se habían quedado.

 -Ágora y Shiva están afuera del café aún esperando que lleguen para entregarles a los hombres que molestaban al niño- explicó Shaka con un suspiro.

 -Y no podíamos dejar al pequeño solo en el callejón- agregó Mu con su habitual serenidad -Además, parece que se siente muy a gusto con Camus- finalizó obsequiándole una sonrisa al infante, quien no se había movido ni un centímetro de donde estaba.

 -Se le pega como lapa- murmuró el joven Stathopoulos viendo con el ceño fruncido al niño.

 -No me digas que te dan celos por un inocente niño, Milo- exclamó Aioria viendo con burla a su compatriota.

 -¡¡Cierra la boca, gato súper desarrollado!!- lo calló de inmediato el aludido con un ligero sonrojo en sus mejillas y fulminándolo con la mirada.

 -No empiecen- intentó calmarlos Shaka con aire de hastío- Tenemos cosas más importantes de qué preocuparnos por ahora-

                 Camus había estado acariciando suavemente la espalda del menor mientras los demás hablaban para terminar de tranquilizarlo y en ese momento sintió que el pequeño se enderezaba en poco en su sitio a la vez que suspiraba.

 -Etes-tu mieux?- le preguntó pronunciando lentamente las palabras y regalándole una cálida sonrisa que el chiquillo correspondió para después asentir con el rostro a la pregunta- Quel-âge as-tu?-

                 El niño se quedó pensativo unos instantes ante la última pregunta, intentando recordar la respuesta en el idioma en el que le hablaban, pero terminó enseñándole 9 deditos al galo.

 -Entonces, este pequeño no habla griego ni inglés y apenas entiende un poco de francés- recapituló Aioria viendo al menor.

 -Hyoga- el pequeño centró sus ojitos azules en los de Shaka en cuanto éste le hablo- D’ou viens-tu?-

 -Rusia- fue la respuesta, pronunciada con un marcado acento.

                 Todos se quedaron viendo al infante con rostros sorprendidos y sin saber qué decir.

 -¿Acaba de decir que viene de Rusia?- preguntó Milo saliendo de su asombro.

 -Así parece- asintió Shaka haciendo una ligera mueca.

 -No hablas nada de ruso entre los idiomas que conoces, ¿verdad, Shaka?- le preguntó Aioria entiendo el por qué del gesto de su vecino.

 -Hablas griego, inglés, francés, no sé cuántos dilectos hindúes, ¿pero ni una pizca de ruso?- se quejó Milo ahogando un sonrisa traviesa, consiguiendo que el rubio lo fulminara con la mirada.

 -Madura, alacrán- le espetó Aioria al peliazul viéndolo con malos ojos.

                 Milo le enseñó la lengua al de ojos de jade mientras que, al otro lado de la mesa, Hyoga tiró suavemente de la ropa de Camus para que éste volteara a verlo, pues tenía puesta la mirada en sus amigos.

 -Je ne… comprends pas- articuló con algo de dificultad y viendo con ojos de desamparo al francés.

 -Lo sé- susurró en respuesta el galo viendo con ternura al pequeño y acariciando suavemente sus cabellos.

 -Dijo que no nos entiende- explicó Shaka al ver las caras interrogantes de los demás.

                 Todos se quedaron pensativos intentando aclarar sus ideas para poder ayudar al niño y de pronto, Hyoga lanzó una exclamación a la vez que abría bien grandes sus ojos, como si acabara de recordar algo de suma importancia.

                 Los chicos se le quedaron viendo mientras el pequeño rubio rebuscaba en los bolsillos de sus jeans y de su chaqueta, sacando de ellos algunas golosinas y envolturas que iba dejando sobre la mesa hasta que finalmente halló lo que buscaba: una hoja de bloc doblada en 2.

                 Hyoga la tendió la hoja a Camus y el francés la desdobló ante la atenta mirada de los demás, fijando sus zafiros en el membrete que mostraba.

 -Hotel Lycabettus- leyó el galo.

 -¡¿Lycabettus?!- exclamaron al mismo tiempo los 2 griegos para luego intercambiar miradas entre ellos.

 -Ese hotel no está muy lejos de aquí- aclaró Aioria fijando su mirada en el infante.

 -Je vo… voyage… avec mon frère- le dijo el pequeño rubio a Camus señalando la hoja que acababa de darle.

 -Comment apelle tu frère?- le preguntó Shaka siguiendo lo que decía.

 -Isaac Novikov-

 -¿Quién es Isaac Novikov?- preguntó Milo atento a la conversación.

 -Su hermano- respondieron al mismo tiempo Shaka y Camus.

                 Hyoga llamó la atención de todos haciendo la mímica de escribir con una pluma imaginaria y Mu, captando lo que deseaba, le cedió su bolígrafo con el que el chiquillo escribió un número en la hoja membretada señalándoles a los chicos el nombre del hotel y luego el número.

 -¡Ese es el número de habitación!- exclamó Milo al mismo tiempo que tomaba la hoja y sacaba su celular.

                 El griego habló unos minutos con alguien para después informarles a sus amigos que una persona ya iba en camino de recoger a Hyoga.

                 La policía llegó antes que ese sujeto, pero Shaka se encargó de las aclaraciones pertinentes explicándoles a los agentes todo lo que habían entendido de la situación y lo que ellos habían observado, por lo que los hombres que molestaban al pequeño fueron llevados en custodia y ni bien habían abandonado el lugar, cuando una joven de largos y lacios cabellos rubios y ojos celestes entró al local buscando a alguien con mirada ansiosa y siendo seguida de cerca por un chico de alborotados cabellos de un tono rubio cenizo y ojos ambarinos.

 -¡June!- exclamó el pequeño rubio levantándose de donde estaba y dirigiéndose a la muchacha.

 -¡Joven Hyoga!- exclamó a su vez ella corriendo hacia el niño para abrazarlo fuertemente a la vez que lo reprendía en ruso entre gimoteos por haberse escapado solo del hotel.

 -¿Isaac Novikov?- le preguntó Milo al joven de ojos ambarinos que había avanzado hasta ellos.

 -No, mi nombre es Valentine y trabajo para el tío del joven Isaac; June es la niñera del joven Hyoga- se presentó el aludido haciendo una ligera reverencia ante los chicos y luego señalando a la joven que seguía abrazando con fuerza al infante- Muchas gracias por haberlo cuidado, se nos perdió de vista cuando fue a recorrer el hotel, pero ya habíamos volteado el lugar y sus alrededores buscándolo y temíamos que le hubiera pasado algo malo-

 -Por fortuna, Shaka, Camus y Mu lo encontraron antes de que pasara algo qué lamentar- le contestó Aioria señalando a los menores.

 -Estamos en deuda con ustedes, no sé cómo podríamos pagarles la ayuda que nos brindaron- intervino la rubia ya más tranquila y hablando un griego bastante fluido aunque con un marcado acento.

 -No tienen nada que agradecer- aseguró Mu con humildad.

 -Es verdad, es algo que cualquiera hubiera hecho- agregó Shaka tranquilamente- Sólo cuiden mucho a Hyoga para que no se repita ésta historia-

                 Ambos jóvenes asintieron a las palabras del rubio y luego, la chica le susurró algo al oído al niño y éste volteó a verlos con una tímida sonrisa.

 -Gra… cias- les dijo en un griego balbuceante y todos le sonrieron en respuesta.

 -Bien, pues muchas gracias de nuevo. Nosotros nos retiramos- declaró Valentine señalando la salida y June asintió, pero el pequeño rubio se soltó de su agarre y se dirigió hacia donde estaba Camus.

 -Merci- le dijo con una radiante sonrisa para luego abrazarlo ante las sorprendidas miradas de June y Valentine.

 -De rien- le contestó el galo correspondiendo el abrazo.

                 Los otros chicos, incluyendo a Milo, observaron aquél gesto con una sonrisa. Desde la entrada del local, Saga tampoco pudo evitar sonreír ligeramente al observar la expresión de Camus en esos momentos, pero tampoco pudo evitar pensar que aquella conducta no era muy común en el francés, que por lo general solía mostrarse más reservado. Quizás era porque se había sentido identificado con el pequeño extraviado, pero el caso era que parecía que habían creado un nexo especial entre ellos en ese lapso.

                 Saga intentó quitarse esas ideas de su cabeza en cuanto los foráneos abandonaron el café y desde su puesto siguió observando a Camus y a los otros chicos. Era agradable verlo sonreír con ellos aunque esos jóvenes no supieran la pesada carga que el galo llevaba sobre sus hombros. ¿Lo aceptarían igual si supieran lo que era realmente? No podía esperar mucho de los que él consideraba 3 niños ricos pero, ¿aplicaba lo mismo para el joven becario pelilila… que se parecía tanto a Shion?

                 Mu volteó en ese momento, como sintiendo sobre él la mirada del gemelo mayor y los ojos de ambos se encontraron por unos momentos. Las esmeraldas de Saga analizaban al pelilila intentando desentrañar el por qué de su parecido con cierto peliverde, pero lejos de molestarse por tal escrutinio, el menor le digirió una dulce sonrisa al griego y volvió a centrar su atención en la conversación de sus amigos, dejando a Saga un tanto sorprendido… y con una agradable sensación en su interior.

  

 

                Ya algo lejos de allí, a bordo de un lujoso vehículo que los regresaba al hotel en el que se quedaban, June iba sermoneando a Hyoga por habérsele escapado dejándola más que preocupada por su bienestar, pero el pequeño rubio parecía ir perdido en sus pensamientos, con sus ojitos puestos en la ventanilla del auto.

 -¡Hyoga! ¿Me estás escuchando?- se quejó la rubia al sentirse ignorada.

 -Sí, June, lo siento- se disculpó el pequeño en su idioma natal- Pero es que estaba aburrido-

 -El joven Isaac te dijo que saldrían a pasear más tarde-

 -Lo mismo dijo en París- suspiró el niño con rostro triste.

 -No es prudente salir de esa manera, menos aún en una ciudad que no conoce- intervino Valentine desde el asiento del conductor y dirigiéndoles una mirada por el retrovisor- Creí que el señor Radamanthys se lo había explicado-

 -Yo no quería venir- susurró el infante haciendo un mohín- Si Isaac y mi tío tenían pensado dejarme encerrado en el hotel de cada ciudad que piensan recorrer debieron permitir que me quedara con mi mamá-

                 Los 2 mayores vieron con algo de pena al pequeño rubio. Ambos sabían de la enfermedad que quejaba a su madre y también estaban enterados de que ella le había pedido a su hijo mayor que lo llevara consigo para que no tuviera que verla mientras ella se iba consumiendo.

 -Marín la cuidará muy bien hasta que volvamos- le aseguró June revolviéndole los cabellos y dirigiéndole una dulce sonrisa- Pero a ella no le hará gracia saber que desobedeciste al señor Radamanthys y al joven Isaac para escaparte, ¡esos hombres con los que te topaste pudieron hacerte daño!-

 -Menos mal que esos chicos llegaron a tiempo- comentó Valentine notando el rostro arrepentido del pequeño.

                 Hyoga sonrió ante esas palabras, más aún al recordar cómo Shaka había mandado a volar a uno de los hombres y también al recordar lo bien que se había sentido cuando Camus lo abrazó.

 -June… ¿verdad que los ojos de Camus se parecían a los de mi mamá?- le preguntó a su niñera recordando algo que le había llamado la atención.

 -¿El chico al que abrazaste?- le devolvió ella la pregunta intentando recordar al joven del que hablaba- ¿Eso te pareció? ¿Te recordó a la señora Natasha?-

 -Los ojos de mamá son un poco más oscuros que los míos, igual que los de Camus y él hablaba francés como ella- le explicó el pequeño.

                 June le sonrió pensando que la semejanza que mencionaba el infante se debía más bien a que extrañaba a su madre, pero se ahorró sus comentarios. Ya había llegado al hotel y Valentine acababa de detenerse en el estacionamiento del lugar.

 -No sé ustedes, pero creo que sería mejor guardar en secreto esta… pequeña aventura- comentó el chico apagando el motor del vehículo.

 -O sea que no quieres que el señor Radamanthys sepa lo que pasó para que tu cuello no corra peligro, ¿no es así?- le preguntó June torciendo los labios.

 -Yo sólo decía- se defendió él volteando a verla con malos ojos- Pero bueno, si tú quieres contarle que el joven Hyoga se te perdió y terminó a varias calles de aquí sólo y a merced de lo que pudiera pasarle, supongo que él te entenderá; ya sabes que es muy paciente y comprensivo- agregó con sarcasmo.

                 La rubia pasó saliva con dificultad mientras que Hyoga ahogó una sonrisa al ver la preocupación de su rostro, pero se quedó callado en cuanto Valentine fijó en él sus ojos ambarinos.

 -Y seguro que el señor Radamanthys también estará encantado de escuchar cómo usted desobedeció sus órdenes de portarse bien, obedecer a June y esperarlos en la suite- le dijo viéndolo significativamente, logrando que el niño soltara una risita nerviosa.

 -Supongo que éste puede ser nuestro pequeño secreto- opinó el infante y June asintió sin dudar ni un segundo, con lo que Valentine exhaló notándose bastante aliviado. 

 

-----------------

 

                En otra parte de la ciudad, un flamante Maserati se detuvo en uno de los más exclusivos restaurantes de toda Atenas y desde que su conductor puso un pie en el establecimiento, cada uno de los empleados del local se esforzó por dejarle la mejor de las impresiones.

                 El gerente en persona lo recibió con la mayor de las atenciones y lo condujo a la mesa que había reservado para reunirse con otra persona que ya lo estaba esperando.

                 Aquél hombre de largos cabellos azules y ojos de mar se dejó guiar por el lugar, sintiendo sobre sí  las miradas de más de uno de los concurrentes, pero él se mostró imperturbable hasta llegar a su puesto en un rincón un tanto apartado del resto de las mesas, donde ya se encontraba otro hombre de cabellos rojizos y ojos color olivo.

                 Ambos caballeros se limitaron a sostenerse la mirada mientras el gerente se despedía de ellos quedando a sus órdenes, pero ni bien se quedaron solos, una fría sonrisa se dibujó en los labios del recién llegado mientras se acomodaba en su asiento.

 -Tiempo sin vernos, Barón- saludó al otro con fría cortesía.

 -Efectivamente- contestó el aludido devolviéndole el gesto- Fue una grata sorpresa tener noticias suyas… Poseidón-

                 Julián Solo ensanchó su sonrisa al escuchar ese sobrenombre que se había ganado hacía ya algunos años.

 -Supongo que se preguntará por qué le pedí que nos reuniéramos-

 -¿Tendrá quizás algo que ver con la propuesta que me hizo sobre Opal?- interrogó Alberich fijando sus ojos en su interlocutor.

 -¿La ha considerado?- le devolvió la pregunta el peliazul.

 -Mmm… no, no del modo en que usted me la planteó la última ocasión-

 -Claro- suspiró Julián ahogando una sonrisa irónica- Me dejó bien claro sus condiciones al respecto, Barón, y aunque estoy seguro de que no se ha dicho la última palabra sobre el tema, lo cierto es que en ésta ocasión no he venido a hablar de ello-

 -¿No?- inquirió Zinnecker con expresión curiosa, entrelazando los dedos de sus manos por arriba de la mesa- Entonces, ¿de qué ha venido a hablar conmigo el día de hoy, Poseidón?-

 -Necesito un acompañante- explicó sin más rodeos el griego- Pero alguien a quien no conozcan mis amigos y familiares. Alguien listo, capaz de seducir a otros con tal maestría que pueda sacarles incluso sus secretos. Por eso pensé en sus joyas, Barón Amatista-

 -¿Intentando robarle secretos a otra empresa, Emperador de los Mares?- le preguntó con expresión burlona el mayor.

 -Ese es asunto mío, Herr Barón. Pero dígame, ¿cree tener a alguien que cumpla ese papel?- insistió el peliazul sin inmutarse por las palabras del otro.

 -Por supuesto, sólo dígame qué otras características debe tener su acompañante y veremos cuál de mis… joyas sería su mejor opción-

 -Si cree que cualquiera pudiera cumplir el rol que necesito, sorpréndame por favor, Barón- solicitó con expresión un tanto desafiante.

                 Alberich Zinnecker chasqueó la lengua sin mostrarse molesto y de un pequeño maletín que llevaba consigo sacó una moderna tablet en la que buscó alguna información para después mostrársela a su interlocutor.

                 Julián Solo recibió el aparato y su vista se posó de inmediato en las fotos de unos apuestos jóvenes retratados en poses bastante sugestivas.

                 Recorrió la galería de imágenes sin prisa, estudiando los rostros de esos chicos con atención y sin mostrarse verdaderamente interesado en ninguno de ellos.

 -¿Nada lo convence?- le preguntó Zinnecker al ver que volvía a colocar el dispositivo sobre la mesa.

 -Mmm… no sé; sin dudas posee una valiosa colección de joyas, Barón, pero no estoy seguro de que sean lo que busco. Es decir, algo más… puro, inocente, podría cumplir mejor el papel que necesito-

 -Ya veo, pero eso tiene solución- declaró Alberich tomando la tablet y buscando otros datos en ella- ¿Quizás algo como esto?- le preguntó devolviéndole el artefacto.

                 Julián sintió un vacío en su interior al ver la última fotografía, aún cuando su rostro no reveló nada de sus emociones.

 -Una verdadera belleza- comentó sin despegar su mirada de la imagen que el aparato le mostraba- ¿Por qué no está con las demás fotografías?-

 -Tengo mis motivos, sólo se lo mostraría a alguien de… confianza-

                    El joven griego esbozó una sonrisa cargada de ironía pero no despegó sus ojos del rostro que la tablet mostraba. De verdad había deseado estar equivocado sobre una duda que tenía encima desde varios días atrás pero mientras más buscaba en su memoria más seguro estaba de sus conjeturas y ahora, con semejante evidencia en sus manos, ya no tenías más dudas al respecto…

 

 


FECHA El 11/11/11 a las 10:11:02 IP GUARDADA Enviar Privado Añadir Amigo · Enviar Privado Enviar Privado · Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
Online neomina
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El 30/12/09 a las 06:12:24

¡Hola!

Había empezado a leer este fic hace tiempo ya, pero le había perdido la pista... Soy terrible para seguir los fics por capítulos :P

Me he puesto a leer estos últimos que subiste, pero creo que voy a volver a empezarlo desde el principio, porque siento que me he perdido algo... Te confieso que me duele a horrores la situación de Camus :( Pero, curiosamente, porque no me gusta leer historias donde los protagonistas sufren y sufren, aquí  estoy :D. Tienes muy buena narrativa, a nivel formal, me refiero y eso es muy de agradecer :) Y, en cuanto al contenido, también estás haciendo un gran trabajo;  a pesar de la sórdida situación de los pobres muchachos has conseguido que no resulte morbosa la historia. Entre ellos son una especie de pequeña familia y resulta hasta tierno verlos juntos. Gracias por no caer en el morbo fácil y demostrar que se pueden contar historias duras sin regodearse en lo truculento :).

Bien, ahí me voy a empezar de cero. Te debo más de un comentario :P

¡Un saludo!



         

FECHA El 19/12/11 a las 09:12:01 IP GUARDADA Enviar Privado Añadir Amigo · Enviar Privado Enviar Privado · Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
Online vendetta_007
Obsesionado Yaoi



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El 16/11/09 a las 06:11:52

oh como sufróoooooooooooo en serio sufró por camus, jajajaja a mi se me hace muy dificil hacerlo sufrir en mis fics, soy débil con él,

y que hermoso que Hyoga sea su pequeño hermanito y se lo encontró T-T ta lindoooooo!!!!!!!!!!!!!!1

y no me digas las miraditas de Saga y Mu, quieres que me de un ataqueeeeeee, en serio tienes que continuarlo por favore, ya no quiero que sufra mi

camus pero creo que le falta todavia mucho a la historia para que llegue a ser feliz

 

estaré esperando la continuación
 

* . *


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