|
7. Encuentros Inesperados
Una exclamación de sorpresa abandonó los labios de Isaac al contemplar la imponente mansión hacia la cual avanzaba el Volvo negro de Radamanthys.
Ya habían avanzado un par de metros desde el regio portón que delimitaba los terrenos a los que se estaban adentrando y ahora podía contemplar la majestuosa vivienda que se alzaba ante su mirada en todo su esplendor.
Se notaba claramente que el dueño no había escatimado en costos, así como también se notaba el sutil toque oriental que había querido darle a la vivienda. Además, tampoco había limitado gastos en los jardines, donde abundantes arbustos muy bien cuidados de diversos tipos y una gran variedad de flores rodeaban la espléndida morada, dándole un toque bastante exótico a todo el entorno.
Radamanthys condujo por el pequeño camino que conducía a la entrada principal, lugar donde ya los estaba esperando una mujer joven de largos cabellos negros con reflejos púrpura, piel ligeramente bronceada y ojos violáceos de aspecto altivo.
Los 2 recién llegados bajaron del auto en cuanto estuvieron a la altura de la mujer y para Isaac no pasaron desapercibidas las múltiples heridas que surcaban la piel de la joven en las zonas que dejaba al descubierto la entallada ropa deportiva de color negro que utilizaba.
-El demonio volvió a salirse del infierno- exclamó ella con una fría sonrisa de lado fijando su mirada en los ojos dorados de Radamanthys.
-También es un gusto verte de nuevo, Behemont- la saludó el recién llegado devolviéndole la sonrisa y la mujer soltó una carcajada.
-Hace años que nadie me llama de esa manera, Radamanthys. Pero claro, tú siempre tan formal- comentó con expresión entretenida, aunque no tardó en ponerse más seria- Si me llamas así supongo que vienes por negocios- agregó viéndolo con fijeza.
-No precisamente- se limitó a responder el rubio encogiéndose de hombros- Es más bien un asunto familiar en el que necesito un poco de ayuda-
La mujer arqueó una ceja, al parecer bastante interesada ante aquellas palabras, pero antes de que dijera algo más, notó la mirada que Isaac había mantenido sobre ella desde que bajara del coche y fijó sus ojos en el rostro del chico.
-Eres el hijo del Kraken, ¿no es así?- le preguntó recorriéndolo con la mirada e Isaac asintió con el rostro procurando mostrarse sereno, aunque los penetrantes ojos de la morena le resultaban un tanto intimidantes- Te pareces a tu madre- le dijo suavizando un poco su expresión y el muchacho se respingó ante esa inesperada comparación, pero ya no pudo contestar nada, pues la mujer ya había regresado su atención a Radamanthys- Entonces… ¿un asunto familiar?- le preguntó con curiosidad mal contenida- ¿Por qué piensas que aquí podremos ayudarte?-
-Porque creo que tu jefe cuenta con los recursos para ayudarme en una búsqueda-
-Mi… jefe tiene mejores cosas que hacer que andar buscando cosas perdidas- declaró la joven frunciendo el ceño ligeramente.
-No es una cosa lo que busco, se trata de una persona- le aclaró el rubio con tranquilidad.
-¿Una persona?- nuevamente la estilizada ceja de la morena se arqueó revelando su curiosidad.
-Un niño al que un idiota sin escrúpulos vendió hace varios años-
La mujer guardó silencio a la vez que observaba con interés al hombre frente a ella y finalmente dejó escapar una risa despectiva.
-Para esos asuntos debiste acudir con Minos- le espetó cruzándose de brazos y adoptando una expresión un tanto desdeñosa- Pero claro, Minos no te debe favores, ¿verdad?-
Radamanthys esbozó una fría sonrisa cargada de cinismo y la morena resopló al mismo tiempo que volteaba los ojos.
-Si ya terminamos con el interrogatorio, supongo que podemos pasar- opinó el rubio con fría tranquilidad, pero lejos de dejarlos pasar, la morena se plantó ante él aún cruzada de brazos y recorriéndolo con la mirada de arriba para abajo y de regreso, consiguiendo que Radamanthys soltara una carcajada- ¿Me quieres registrar?- le preguntó con una sonrisa socarrona parándose con las piernas ligeramente separadas y con los brazos abiertos ante ella.
-Es una gran tentación dejar que una chica hermosa te toque, ¿verdad, Radamanthys?- interrumpió en eso una voz grave y varonil que venía del pasillo que accedía a la mansión.
Las miradas de todos los presentes quedaron fijas en el recién llegado que acababa de salir a su encuentro: un hombre de piel bronceada, cabellos negros y ojos rojizos que vestía jeans y playera negra, quien veía al rubio con una fría sonrisa en la cara.
-Aiacos- exclamó Radamanthys imitando el gesto del dueño de la casa.
-¡Cuánto tiempo sin vernos, Rada!- saludó el pelinegro observando con atención al visitante- Es una verdadera sorpresa tenerte por aquí-
Ambos hombres se sostuvieron la mirada analizándose detalladamente en silencio hasta que el moreno volteó a ver a la mujer.
-Violate, a los amigos no se les hace esperar afuera- le dijo con voz tranquila y haciéndoles a los invitados una señal que los invitaba a pasar mientras que la morena se limitó a voltear los ojos con expresión de fastidio.
Los 4 avanzaron en silencio por un pasillo exquisitamente adornado hasta llegar a una confortable sala de estar que al igual que el resto de la vivienda mostraba ese sutil toque exótico y oriental.
Isaac había ido apreciando maravillado la decoración del lugar y una nueva exclamación de asombro se escapó de sus labios al llegar a la sala, donde un enorme tapiz que mostraba una vista panorámica del Himalaya cubría una de las paredes.
-La vista que había en donde nací era incluso mejor que la que muestra ese tapiz- le dijo Aiacos deteniéndose a su espaldas.
-¿Dónde nació?- repitió el peliverde fijando su mirada en el moreno, quien ya había ido a sentarse a un mullido sofá de la estancia, con Violate de pie a sus espaldas, y luego su ojo se dirigió a Radamanthys, quien había tomado asiento en el lado opuesto de la sala- No lo entiendo- exclamó captando la atención de ambos hombres- Ninguno es griego y si se conocieron en la universidad, eso quiere decir que estudiaron en el Reino Unido, ¿por qué los conocen como los “Jueces del Inframundo”?-
Los mayores intercambiaron miradas y una ladina y cómplice sonrisa no tardó en aparecer en sus rostros.
-Es una historia bastante larga, Isaac; ya habrá ocasión para hablar de ello- respondió el rubio- Ahora tenemos otros asuntos que debemos tratar- declaró fijando sus orbes doradas en el pelinegro.
-Sí, ya irás descubriendo la clase de familiares que tienes, muchacho- asintió Aiacos con una sonrisa socarrona- Pero como dijo Rada, ahora es tiempo de hablar de… ¿personas perdidas? Eso fue lo que alcancé a escuchar-
El rubio suspiró profundamente antes de explicar el motivo por el que se encontraban allí, narrando con brevedad la historia de Natasha y su hijo y los descubrimientos hechos en París. Su explicación duró apenas un par de minutos y Aiacos y Violate siguieron con atención sus palabras en silencio.
-¿Puedes darme una mano con esto?- finalizó el de ojos dorados centrando su vista en el moreno.
-Tendría más facilidad en conseguirte una bazuca, Radamanthys; Minos tiene mejores contactos para esa clase de… “negocios”- contestó Aiacos encogiéndose de hombros.
-Preferiría acudir con Minos sólo como último recurso- sentenció el rubio con serenidad.
-¿Aún no lo perdonas?- preguntó el moreno como no queriendo la cosa y viéndolo con detenimiento.
-No quiero deberle favores- corrigió Radamanthys sin inmutarse ante la interrogante, aunque arrugando un poco el ceño, y captando la atención de Isaac- Minos es un tipo al que es mejor no deberle nada- le explicó.
-Totalmente cierto- asintió Aiacos a lo dicho por el otro- Bien, pues entonces veremos qué podemos hacer, así que dame los detalles que deba saber…-
----------
El barrio de Kolonáki se encontraba bastante concurrido aquella tarde. El cielo estaba despejado y el clima era ideal para salir de paseo. Los alumnos del Magno Colegio de San Cirilo y San Metodio no habían tenido mayores contratiempos durante su excursión al Museo Arqueológico Nacional y ahora Camus iba en el Mercedes plateado que Alberich había dispuesto para su uso sin poder creer que en realidad se dirigía a tomar un café con sus compañeros de escuela. Todo parecía un sueño… y le daba pánico despertar de pronto.
-¿Estás bien?-
La profunda y varonil voz hizo que el joven francés se respingara a la vez que dirigía su mirada hacia el espejo retrovisor, por donde unas resplandecientes esmeraldas lo observaban con atención.
Camus le sonrió al apuesto griego enfundando en un traje negro que iba sentado en el asiento delantero, pensando nuevamente que todo ese día parecía un sueño, pues aún cuando el Barón pudo haber nombrado a varias personas como sus guardaespaldas había terminado optando por Shura… y Saga.
Zinnecker había dicho que esa era una manera de mostrar los dotes de sus empleados, además de que sabía que Saga no haría nada en su contra mientras su hermano quedara a su disposición, pero fuera como fuera, el galo se sentía más tranquilo con el gemelo mayor cerca, más aún cuando notó las miradas que Argol Thalassinos le dirigía de vez en vez durante la excursión en el museo.
-Estoy bien- contestó por fin Camus- Es sólo que aún me cuesta creer que todo esto sea real- explicó con una tímida sonrisa que Saga devolvió viéndolo con ternura.
-Sólo disfruta éste día al máximo, Camus, y no te preocupes por nada más- le dijo viéndolo por el retrovisor y el francés asintió con el rostro para después volver a fijar su vista en las calles por las que transitaban.
Saga siguió observándolo unos instantes más por el espejo retrovisor hasta que sintió sobre él la mirada de reojo de Shura, a quien volteó a ver consiguiendo que el hispano girara el rostro por completo hacia la calle por la que conducía.
No era un secreto en la mansión que ellos 2 no simpatizaban. Saga no conocía los motivos del español para trabajar con Alberich, pero sabía bien las clases de encargos que solía hacerle y no podía verlo con buenos ojos. Shura por su parte en realidad no tenía nada en contra del gemelo, pero entendía que su presencia le resultara molesta y no hacía nada por congraciarse con él. Aún así, ambos apreciaban a Camus y ninguno estaba dispuesto a permitir que alguien le arruinara el día al francés.
No tardaron en llegar al punto que habían acordado los jóvenes para la reunión. Se trataba de un agradable café de aire acogedor decorado con muy buen gusto y elegancia sin llegar a ser ostentoso. Shaka y Mu ya se encontraban allí en la entrada del local y Camus se dio prisa para alcanzarlos en cuanto el Mercedes se detuvo, siendo seguido por las atentas miradas de sus “guardaespaldas”.
-¡Sabía que vendrías!- exclamó Shaka con una radiante sonrisa al ver llegar al galo, quien se limitó a sonreír por respuesta aún sin creerse que en verdad estaba allí con ellos.
-Ahora sólo nos queda esperar que Milo y Aioria terminen pronto su castigo- comentó Mu, consiguiendo que los otros 2 suspiraran profundamente al recordar el motivo por el que los griegos sin duda llegarían tarde.
-No puedo creer que Milo en serio se desnudó el torso para compararse con las esculturas del Museo- murmuró Camus luciendo un adorable sonrojo en sus mejillas al recordar los definidos pectorales del peliazul.
-Sólo a Aioria se le ocurre retarlo a hacer algo semejante- se quejó Shaka cubriéndose el rostro con una mano y negando con la cabeza ante la sonrisa divertida de Mu- Pero bueno, en lo que ellos llegan, nosotros podemos pasear un poco-
Los otros se mostraron conformes con la idea del rubio y los 3 comenzaron a avanzar sin prisa por el exclusivo barrio en el que se encontraban, deteniéndose apenas unos minutos frente a los escaparates de algunos locales que captaban su atención, y siendo seguidos de cerca tanto por Shura y Saga como por otros 2 hombres, uno alto y de cabellos color vino y otro más menudo y de cabellos oscuros que eran los guardaespaldas de Shaka.
-No sé cómo pueden caminar como si nada sabiendo que vigilan cada uno de sus pasos- comentó de pronto Mu al ver por el escaparate de una tienda el reflejo de los 4 guardaespaldas ubicados estratégicamente para vigilar a sus protegidos sin llamar demasiado la atención.
-Te acostumbras- se limitó a contestar el anglo-hindú con su atención puesta en los artículos que ofrecía la tienda ante la que se encontraban.
Camus se limitó a suspirar profundamente pensando que si bien nunca antes había salido con guardaespaldas, en realidad sí sabía lo que era vivir siempre vigilado… y él no terminaba de acostumbrarse ni de resignarse a ello.
Y el galo seguía hundido en sus pensamientos cuando un ruido bastante particular lo hizo sobresaltarse.
-¿Escucharon eso?- les preguntó a sus acompañantes, quienes lo observaron confundidos por su reacción.
-¿Qué cosa?- le devolvieron la pregunta ambos al mismo tiempo.
-Es que…- los ojos de zafiro del galo recorrieron su entorno buscando la fuente del ruido que creía haber escuchado y de pronto se topó con las miradas de Saga y Shura que desde la distancia lo observaban con atención- Me pareció escuchar un grito-
Tanto Shaka como Mu observaron también a su alrededor buscando lo que el francés podía haber escuchado sin que sus miradas captaran algo más que la gente que como ellos paseaba por el barrio conversando y los encargados de algunos locales que ofrecían promociones a los transeúntes.
Camus resopló a la vez que negaba con el rostro. Seguramente había sido su imaginación, pero por un momento habría jurado que escuchó el grito de un niño. Y ya se disponía a culpar en voz alta a sus ideaciones cuando lo escuchó de nuevo: un grito agudo cargado de temor.
-Eso sí lo escuché- declaró Shaka interrumpiendo los pensamientos del galo y fijando sus ojos de cielo en una callejuela a poca distancia de donde se encontraban.
Los 3 jóvenes intercambiaron miradas y sin mediar palabras se dirigieron a prisa al callejón del que había provenido el grito.
Se trataba de un callejón angosto, sucio, salida trasera de varios de los locales del barrio, sin nada que ver con el glamour que envolvía a Kolonáki. Las risas y voces de las calles más concurridas parecían perderse poco a poco a medida que avanzaban por ese lugar donde sólo el eco de sus pasos apresurados retumbaba en las paredes… hasta que un nuevo grito llegó hasta ellos.
Ninguno de los 3 logró entender el idioma en el que había sido pronunciado, pero sí comprendieron la nota desesperada que lo impregnaba y eso les hizo avanzar más deprisa hasta que quedó ante ellos la escena que lo provocaba:
Dos sujetos fornidos y mal encarados tenían arrinconado a un niño rubio que los veía con una mezcla de miedo e ira en sus ojitos de un pálido color azul mientras ellos lo observaban con rostros burlones sin ninguna buena intención tatuada en las caras.
Esa escena tocó una fibra sensible en Camus. Ver a ese niño en esa situación le trajo a la mente muchos malos recuerdos… recuerdos de hechos que no le deseaba a ninguna otra persona.
-¡¡¡SUELTENLO!!!-
El grito abandonó su garganta antes de que hubiera siquiera pensado lo que hacía, consiguiendo que los maleantes desviaran la mirada de su pequeña presa para posarla en los 3 jóvenes que los observaban, pero lejos de mostrarse preocupados por ello, los 2 hombres intercambiaron una sonrisa ladina. Y es que quizás los chicos los superaban en número, pero ellos eran más altos y robustos y no se dejarían intimidar tan fácilmente.
-Pero mira nada más lo que nos trajo el viento- exclamó uno de los hombres acercándose al galo y dirigiéndole una mirada cargada de lujuria.
Camus lo vio con repulsión, regalándole al sujeto una mirada glacial de sus zafiros. ¡Cómo odiaba que lo miraran de esa forma! Notó que el hombre alzaba la mano hacia su níveo rostro y tuvo el impulso de golpearlo; sabía que quizás su fuerza no sería suficiente para infringirle algún daño pero sólo deseaba poder hacer algo, ¡por una vez en su vida no quería dejar que las cosas simplemente sucedieran!
Lo siguiente pasó muy rápido. El brazo del fulano ese fue detenido a escasos centímetros de la blanca piel francesa por las manos de alabastro de Shaka, que adelantándose hacia él lo sujetó de la muñeca y realizando un veloz movimiento lo hizo girar por los aires para lograr arrojarlo a sus espaldas, dejándolo tirado sobre unos botes de basura antes de que algún otro de los presentes hubiera podido reaccionar.
Mu, Camus, el pequeño rubio y el otro tipo se quedaron con las bocas abiertas ante lo que el rubio acababa de hacer y aún no acababan de salir de su asombro cuando nuevos y apresurados pasos que llegaban por el callejón se dejaron escuchar.
-¡¡Joven Shaka!!-
Los guardaespaldas del rubio, Saga y Shura llegaban a toda prisa por el callejón, lo cual hizo reaccionar al segundo malhechor, quien de inmediato salió corriendo en dirección opuesta.
-¡Shiva detén a ese hombre!- le dijo Shaka al moreno y luego se dirigió al más alto de sus protectores- Ágora, por favor, ve que éste sujeto no vaya ningún lado y habrá que llamar a la policía también-
Ambos hombres hicieron de inmediato lo que el rubio pedía, mientras que Camus, saliendo por fin de su asombro, se apresuró a llegar hasta el pequeño, que se había quedado agazapado entre la pared del callejón y algunos botes de basura.
-¿Estás bien?- le preguntó el francés al niño, quien se acurrucó más en su lugar viendo con desconfianza al galo.
Camus lo observó con ternura y comprensión y le regaló una tenue pero dulce sonrisa.
-Está bien, ya pasó todo- le dijo con tono amable.
El infante se limitó a estudiarlo en silencio y, sin moverse de donde estaba, se estiró un poco para ver cómo, por detrás del francés, Ágora se llevaba a uno de los sujetos que lo molestaban mientras los demás lo observaban también manteniendo la distancia y luego de nuevo su mirada quedó fija en el sereno rostro de Camus, quien se había agachado un poco para quedar más a su altura.
-Ya estás a salvo- le dijo el galo sin dejar de sonreírle de manera tranquilizante.
El niño se perdió unos momentos en los zafiros de Camus y su rostro se contrajo en un sutil puchero mientras algunas lágrimas se congregaban en sus ojitos azules.
El francés abrió la boca para pedirle que no llorara pero antes de que hubiera emitido palabra alguna, el pequeño rubio se levantó de su lugar y en un rápido movimiento se abrazó a su cuello hundiendo su carita contra el pecho del galo.
Los ojos de Camus se abrieron por completo, sorprendido ante aquella inesperada reacción. Nadie lo había abrazado jamás de esa manera, con tanta fuerza, con tanta necesidad de protección. Correspondió el abrazo apenas siendo consciente de lo que hacía y estrechó con cuidado al infante experimentando una extraña pero agradable sensación que invadía todo su ser. Se sentía bien estando así, a pesar de que ni siquiera tenía idea de quién era ese niño que se abrazaba a él con fuerza.
Ninguno de los 2 supo bien cuánto tiempo permanecieron así, pero para ambos ese gesto resultó reconfortante a pesar de no conocerse. Ninguno de los presentes los interrumpió y todos se limitaron a observarlos en silencio, hasta que el pequeño aflojó un poco su agarre y Camus terminó de romper el abrazo para ver el rostro del niño.
-¿Estás mejor?- le preguntó sujetando el pequeño rostro entre sus manos.
El chiquillo ladeó el rostro viéndolo sin comprender y el francés arrugó un poco el entrecejo sospechando algo.
-¿Hablas griego?- volvió a preguntarle pronunciando cada palabra con lentitud.
La única respuesta que obtuvo fue una mirada interrogante del pequeño y justo en ese momento notó que Shaka y Mu se paraban a su lado con su atención centrada en el infante.
-Do you speak English?- la suave voz de Shaka sonó a sus espaldas atrayendo la atención del niño, pero sólo consiguieron que éste otra vez los viera sin comprender.
-Parlez vous francais?- volvió a intentar Camus en su idioma natal.
De nuevo los ojitos azules del niño quedaron fijos en el galo y para sorpresa de todos, negó ligeramente con el rostro.
-Je parle… un peu… de francais- le contestó con voz titubeante y con peculiar y marcado acento.
Camus le sonrió y luego intercambió miradas con sus amigos, quienes también sonrieron al ver que por lo menos podrían entenderse un poco con el pequeño.
-Je suis Camus- se presentó el francés señalándose a sí mismo- Ils sont Shaka et Mu- agregó presentando a cada uno de los aludidos a quienes el niño observó con atención antes de volver a fijar sus ojos en el galo- Comment t’appelles?-
-Je m’appelle Hyoga- contestó el pequeño rubio tras tomar una buena bocanada de aire.
-Enchanté, Hyoga- le dijo Camus obsequiándole una dulce sonrisa que el infante devolvió con renovados ánimos.
-Deberíamos salir de éste lugar para hablar más a gusto- sugirió en eso Shaka recorriendo el lugar con la mirada- Además, Aioria y Milo ya deben estar esperándonos-
Mu y Camus asintieron a lo dicho por el rubio y el segundo se dirigió de nuevo al infante extendiendo una mano hacia él.
-Viens. Tout est bien-
Hyoga sujetó la mano del francés y caminó con él y los demás de regreso a la cafetería, donde efectivamente ya se encontraban Milo y Aioria esperando por ellos.
-¿Dónde estaban?- exclamó Milo en cuanto los vio llegar, saliendo a su encuentro.
-¿Quién es el niño?- preguntó por su parte Aioria al notar la presencia del pequeño rubio, quien sin soltarse de la mano de Camus se acercó más a su cuerpo, escondiéndose parcialmente tras él al sentir la mirada de los 2 griegos.
Los 3 jóvenes intercambiaron miradas entre ellos y emitieron un suspiro colectivo.
Algunos minutos después, los 5 chicos y el infante se encontraban sentados alrededor de una mesa del local en espera de algunas bebidas y bocadillos mientras Shaka ponía al corriente a los 2 griegos de lo que había pasado.
En cuanto el rubio terminó de hablar, las miradas de todos volvieron a quedar puestas en el pequeño que a su vez los observaba en silencio acurrucado contra Camus.
-Debieron dejarlo con la policía- opinó Milo rompiendo el silencio en el que se habían quedado.
-Ágora y Shiva están afuera del café aún esperando que lleguen para entregarles a los hombres que molestaban al niño- explicó Shaka con un suspiro.
-Y no podíamos dejar al pequeño solo en el callejón- agregó Mu con su habitual serenidad -Además, parece que se siente muy a gusto con Camus- finalizó obsequiándole una sonrisa al infante, quien no se había movido ni un centímetro de donde estaba.
-Se le pega como lapa- murmuró el joven Stathopoulos viendo con el ceño fruncido al niño.
-No me digas que te dan celos por un inocente niño, Milo- exclamó Aioria viendo con burla a su compatriota.
-¡¡Cierra la boca, gato súper desarrollado!!- lo calló de inmediato el aludido con un ligero sonrojo en sus mejillas y fulminándolo con la mirada.
-No empiecen- intentó calmarlos Shaka con aire de hastío- Tenemos cosas más importantes de qué preocuparnos por ahora-
Camus había estado acariciando suavemente la espalda del menor mientras los demás hablaban para terminar de tranquilizarlo y en ese momento sintió que el pequeño se enderezaba en poco en su sitio a la vez que suspiraba.
-Etes-tu mieux?- le preguntó pronunciando lentamente las palabras y regalándole una cálida sonrisa que el chiquillo correspondió para después asentir con el rostro a la pregunta- Quel-âge as-tu?-
El niño se quedó pensativo unos instantes ante la última pregunta, intentando recordar la respuesta en el idioma en el que le hablaban, pero terminó enseñándole 9 deditos al galo.
-Entonces, este pequeño no habla griego ni inglés y apenas entiende un poco de francés- recapituló Aioria viendo al menor.
-Hyoga- el pequeño centró sus ojitos azules en los de Shaka en cuanto éste le hablo- D’ou viens-tu?-
-Rusia- fue la respuesta, pronunciada con un marcado acento.
Todos se quedaron viendo al infante con rostros sorprendidos y sin saber qué decir.
-¿Acaba de decir que viene de Rusia?- preguntó Milo saliendo de su asombro.
-Así parece- asintió Shaka haciendo una ligera mueca.
-No hablas nada de ruso entre los idiomas que conoces, ¿verdad, Shaka?- le preguntó Aioria entiendo el por qué del gesto de su vecino.
-Hablas griego, inglés, francés, no sé cuántos dilectos hindúes, ¿pero ni una pizca de ruso?- se quejó Milo ahogando un sonrisa traviesa, consiguiendo que el rubio lo fulminara con la mirada.
-Madura, alacrán- le espetó Aioria al peliazul viéndolo con malos ojos.
Milo le enseñó la lengua al de ojos de jade mientras que, al otro lado de la mesa, Hyoga tiró suavemente de la ropa de Camus para que éste volteara a verlo, pues tenía puesta la mirada en sus amigos.
-Je ne… comprends pas- articuló con algo de dificultad y viendo con ojos de desamparo al francés.
-Lo sé- susurró en respuesta el galo viendo con ternura al pequeño y acariciando suavemente sus cabellos.
-Dijo que no nos entiende- explicó Shaka al ver las caras interrogantes de los demás.
Todos se quedaron pensativos intentando aclarar sus ideas para poder ayudar al niño y de pronto, Hyoga lanzó una exclamación a la vez que abría bien grandes sus ojos, como si acabara de recordar algo de suma importancia.
Los chicos se le quedaron viendo mientras el pequeño rubio rebuscaba en los bolsillos de sus jeans y de su chaqueta, sacando de ellos algunas golosinas y envolturas que iba dejando sobre la mesa hasta que finalmente halló lo que buscaba: una hoja de bloc doblada en 2.
Hyoga la tendió la hoja a Camus y el francés la desdobló ante la atenta mirada de los demás, fijando sus zafiros en el membrete que mostraba.
-Hotel Lycabettus- leyó el galo.
-¡¿Lycabettus?!- exclamaron al mismo tiempo los 2 griegos para luego intercambiar miradas entre ellos.
-Ese hotel no está muy lejos de aquí- aclaró Aioria fijando su mirada en el infante.
-Je vo… voyage… avec mon frère- le dijo el pequeño rubio a Camus señalando la hoja que acababa de darle.
-Comment apelle tu frère?- le preguntó Shaka siguiendo lo que decía.
-Isaac Novikov-
-¿Quién es Isaac Novikov?- preguntó Milo atento a la conversación.
-Su hermano- respondieron al mismo tiempo Shaka y Camus.
Hyoga llamó la atención de todos haciendo la mímica de escribir con una pluma imaginaria y Mu, captando lo que deseaba, le cedió su bolígrafo con el que el chiquillo escribió un número en la hoja membretada señalándoles a los chicos el nombre del hotel y luego el número.
-¡Ese es el número de habitación!- exclamó Milo al mismo tiempo que tomaba la hoja y sacaba su celular.
El griego habló unos minutos con alguien para después informarles a sus amigos que una persona ya iba en camino de recoger a Hyoga.
La policía llegó antes que ese sujeto, pero Shaka se encargó de las aclaraciones pertinentes explicándoles a los agentes todo lo que habían entendido de la situación y lo que ellos habían observado, por lo que los hombres que molestaban al pequeño fueron llevados en custodia y ni bien habían abandonado el lugar, cuando una joven de largos y lacios cabellos rubios y ojos celestes entró al local buscando a alguien con mirada ansiosa y siendo seguida de cerca por un chico de alborotados cabellos de un tono rubio cenizo y ojos ambarinos.
-¡June!- exclamó el pequeño rubio levantándose de donde estaba y dirigiéndose a la muchacha.
-¡Joven Hyoga!- exclamó a su vez ella corriendo hacia el niño para abrazarlo fuertemente a la vez que lo reprendía en ruso entre gimoteos por haberse escapado solo del hotel.
-¿Isaac Novikov?- le preguntó Milo al joven de ojos ambarinos que había avanzado hasta ellos.
-No, mi nombre es Valentine y trabajo para el tío del joven Isaac; June es la niñera del joven Hyoga- se presentó el aludido haciendo una ligera reverencia ante los chicos y luego señalando a la joven que seguía abrazando con fuerza al infante- Muchas gracias por haberlo cuidado, se nos perdió de vista cuando fue a recorrer el hotel, pero ya habíamos volteado el lugar y sus alrededores buscándolo y temíamos que le hubiera pasado algo malo-
-Por fortuna, Shaka, Camus y Mu lo encontraron antes de que pasara algo qué lamentar- le contestó Aioria señalando a los menores.
-Estamos en deuda con ustedes, no sé cómo podríamos pagarles la ayuda que nos brindaron- intervino la rubia ya más tranquila y hablando un griego bastante fluido aunque con un marcado acento.
-No tienen nada que agradecer- aseguró Mu con humildad.
-Es verdad, es algo que cualquiera hubiera hecho- agregó Shaka tranquilamente- Sólo cuiden mucho a Hyoga para que no se repita ésta historia-
Ambos jóvenes asintieron a las palabras del rubio y luego, la chica le susurró algo al oído al niño y éste volteó a verlos con una tímida sonrisa.
-Gra… cias- les dijo en un griego balbuceante y todos le sonrieron en respuesta.
-Bien, pues muchas gracias de nuevo. Nosotros nos retiramos- declaró Valentine señalando la salida y June asintió, pero el pequeño rubio se soltó de su agarre y se dirigió hacia donde estaba Camus.
-Merci- le dijo con una radiante sonrisa para luego abrazarlo ante las sorprendidas miradas de June y Valentine.
-De rien- le contestó el galo correspondiendo el abrazo.
Los otros chicos, incluyendo a Milo, observaron aquél gesto con una sonrisa. Desde la entrada del local, Saga tampoco pudo evitar sonreír ligeramente al observar la expresión de Camus en esos momentos, pero tampoco pudo evitar pensar que aquella conducta no era muy común en el francés, que por lo general solía mostrarse más reservado. Quizás era porque se había sentido identificado con el pequeño extraviado, pero el caso era que parecía que habían creado un nexo especial entre ellos en ese lapso.
Saga intentó quitarse esas ideas de su cabeza en cuanto los foráneos abandonaron el café y desde su puesto siguió observando a Camus y a los otros chicos. Era agradable verlo sonreír con ellos aunque esos jóvenes no supieran la pesada carga que el galo llevaba sobre sus hombros. ¿Lo aceptarían igual si supieran lo que era realmente? No podía esperar mucho de los que él consideraba 3 niños ricos pero, ¿aplicaba lo mismo para el joven becario pelilila… que se parecía tanto a Shion?
Mu volteó en ese momento, como sintiendo sobre él la mirada del gemelo mayor y los ojos de ambos se encontraron por unos momentos. Las esmeraldas de Saga analizaban al pelilila intentando desentrañar el por qué de su parecido con cierto peliverde, pero lejos de molestarse por tal escrutinio, el menor le digirió una dulce sonrisa al griego y volvió a centrar su atención en la conversación de sus amigos, dejando a Saga un tanto sorprendido… y con una agradable sensación en su interior.
Ya algo lejos de allí, a bordo de un lujoso vehículo que los regresaba al hotel en el que se quedaban, June iba sermoneando a Hyoga por habérsele escapado dejándola más que preocupada por su bienestar, pero el pequeño rubio parecía ir perdido en sus pensamientos, con sus ojitos puestos en la ventanilla del auto.
-¡Hyoga! ¿Me estás escuchando?- se quejó la rubia al sentirse ignorada.
-Sí, June, lo siento- se disculpó el pequeño en su idioma natal- Pero es que estaba aburrido-
-El joven Isaac te dijo que saldrían a pasear más tarde-
-Lo mismo dijo en París- suspiró el niño con rostro triste.
-No es prudente salir de esa manera, menos aún en una ciudad que no conoce- intervino Valentine desde el asiento del conductor y dirigiéndoles una mirada por el retrovisor- Creí que el señor Radamanthys se lo había explicado-
-Yo no quería venir- susurró el infante haciendo un mohín- Si Isaac y mi tío tenían pensado dejarme encerrado en el hotel de cada ciudad que piensan recorrer debieron permitir que me quedara con mi mamá-
Los 2 mayores vieron con algo de pena al pequeño rubio. Ambos sabían de la enfermedad que quejaba a su madre y también estaban enterados de que ella le había pedido a su hijo mayor que lo llevara consigo para que no tuviera que verla mientras ella se iba consumiendo.
-Marín la cuidará muy bien hasta que volvamos- le aseguró June revolviéndole los cabellos y dirigiéndole una dulce sonrisa- Pero a ella no le hará gracia saber que desobedeciste al señor Radamanthys y al joven Isaac para escaparte, ¡esos hombres con los que te topaste pudieron hacerte daño!-
-Menos mal que esos chicos llegaron a tiempo- comentó Valentine notando el rostro arrepentido del pequeño.
Hyoga sonrió ante esas palabras, más aún al recordar cómo Shaka había mandado a volar a uno de los hombres y también al recordar lo bien que se había sentido cuando Camus lo abrazó.
-June… ¿verdad que los ojos de Camus se parecían a los de mi mamá?- le preguntó a su niñera recordando algo que le había llamado la atención.
-¿El chico al que abrazaste?- le devolvió ella la pregunta intentando recordar al joven del que hablaba- ¿Eso te pareció? ¿Te recordó a la señora Natasha?-
-Los ojos de mamá son un poco más oscuros que los míos, igual que los de Camus y él hablaba francés como ella- le explicó el pequeño.
June le sonrió pensando que la semejanza que mencionaba el infante se debía más bien a que extrañaba a su madre, pero se ahorró sus comentarios. Ya había llegado al hotel y Valentine acababa de detenerse en el estacionamiento del lugar.
-No sé ustedes, pero creo que sería mejor guardar en secreto esta… pequeña aventura- comentó el chico apagando el motor del vehículo.
-O sea que no quieres que el señor Radamanthys sepa lo que pasó para que tu cuello no corra peligro, ¿no es así?- le preguntó June torciendo los labios.
-Yo sólo decía- se defendió él volteando a verla con malos ojos- Pero bueno, si tú quieres contarle que el joven Hyoga se te perdió y terminó a varias calles de aquí sólo y a merced de lo que pudiera pasarle, supongo que él te entenderá; ya sabes que es muy paciente y comprensivo- agregó con sarcasmo.
La rubia pasó saliva con dificultad mientras que Hyoga ahogó una sonrisa al ver la preocupación de su rostro, pero se quedó callado en cuanto Valentine fijó en él sus ojos ambarinos.
-Y seguro que el señor Radamanthys también estará encantado de escuchar cómo usted desobedeció sus órdenes de portarse bien, obedecer a June y esperarlos en la suite- le dijo viéndolo significativamente, logrando que el niño soltara una risita nerviosa.
-Supongo que éste puede ser nuestro pequeño secreto- opinó el infante y June asintió sin dudar ni un segundo, con lo que Valentine exhaló notándose bastante aliviado.
-----------------
En otra parte de la ciudad, un flamante Maserati se detuvo en uno de los más exclusivos restaurantes de toda Atenas y desde que su conductor puso un pie en el establecimiento, cada uno de los empleados del local se esforzó por dejarle la mejor de las impresiones.
El gerente en persona lo recibió con la mayor de las atenciones y lo condujo a la mesa que había reservado para reunirse con otra persona que ya lo estaba esperando.
Aquél hombre de largos cabellos azules y ojos de mar se dejó guiar por el lugar, sintiendo sobre sí las miradas de más de uno de los concurrentes, pero él se mostró imperturbable hasta llegar a su puesto en un rincón un tanto apartado del resto de las mesas, donde ya se encontraba otro hombre de cabellos rojizos y ojos color olivo.
Ambos caballeros se limitaron a sostenerse la mirada mientras el gerente se despedía de ellos quedando a sus órdenes, pero ni bien se quedaron solos, una fría sonrisa se dibujó en los labios del recién llegado mientras se acomodaba en su asiento.
-Tiempo sin vernos, Barón- saludó al otro con fría cortesía.
-Efectivamente- contestó el aludido devolviéndole el gesto- Fue una grata sorpresa tener noticias suyas… Poseidón-
Julián Solo ensanchó su sonrisa al escuchar ese sobrenombre que se había ganado hacía ya algunos años.
-Supongo que se preguntará por qué le pedí que nos reuniéramos-
-¿Tendrá quizás algo que ver con la propuesta que me hizo sobre Opal?- interrogó Alberich fijando sus ojos en su interlocutor.
-¿La ha considerado?- le devolvió la pregunta el peliazul.
-Mmm… no, no del modo en que usted me la planteó la última ocasión-
-Claro- suspiró Julián ahogando una sonrisa irónica- Me dejó bien claro sus condiciones al respecto, Barón, y aunque estoy seguro de que no se ha dicho la última palabra sobre el tema, lo cierto es que en ésta ocasión no he venido a hablar de ello-
-¿No?- inquirió Zinnecker con expresión curiosa, entrelazando los dedos de sus manos por arriba de la mesa- Entonces, ¿de qué ha venido a hablar conmigo el día de hoy, Poseidón?-
-Necesito un acompañante- explicó sin más rodeos el griego- Pero alguien a quien no conozcan mis amigos y familiares. Alguien listo, capaz de seducir a otros con tal maestría que pueda sacarles incluso sus secretos. Por eso pensé en sus joyas, Barón Amatista-
-¿Intentando robarle secretos a otra empresa, Emperador de los Mares?- le preguntó con expresión burlona el mayor.
-Ese es asunto mío, Herr Barón. Pero dígame, ¿cree tener a alguien que cumpla ese papel?- insistió el peliazul sin inmutarse por las palabras del otro.
-Por supuesto, sólo dígame qué otras características debe tener su acompañante y veremos cuál de mis… joyas sería su mejor opción-
-Si cree que cualquiera pudiera cumplir el rol que necesito, sorpréndame por favor, Barón- solicitó con expresión un tanto desafiante.
Alberich Zinnecker chasqueó la lengua sin mostrarse molesto y de un pequeño maletín que llevaba consigo sacó una moderna tablet en la que buscó alguna información para después mostrársela a su interlocutor.
Julián Solo recibió el aparato y su vista se posó de inmediato en las fotos de unos apuestos jóvenes retratados en poses bastante sugestivas.
Recorrió la galería de imágenes sin prisa, estudiando los rostros de esos chicos con atención y sin mostrarse verdaderamente interesado en ninguno de ellos.
-¿Nada lo convence?- le preguntó Zinnecker al ver que volvía a colocar el dispositivo sobre la mesa.
-Mmm… no sé; sin dudas posee una valiosa colección de joyas, Barón, pero no estoy seguro de que sean lo que busco. Es decir, algo más… puro, inocente, podría cumplir mejor el papel que necesito-
-Ya veo, pero eso tiene solución- declaró Alberich tomando la tablet y buscando otros datos en ella- ¿Quizás algo como esto?- le preguntó devolviéndole el artefacto.
Julián sintió un vacío en su interior al ver la última fotografía, aún cuando su rostro no reveló nada de sus emociones.
-Una verdadera belleza- comentó sin despegar su mirada de la imagen que el aparato le mostraba- ¿Por qué no está con las demás fotografías?-
-Tengo mis motivos, sólo se lo mostraría a alguien de… confianza-
El joven griego esbozó una sonrisa cargada de ironía pero no despegó sus ojos del rostro que la tablet mostraba. De verdad había deseado estar equivocado sobre una duda que tenía encima desde varios días atrás pero mientras más buscaba en su memoria más seguro estaba de sus conjeturas y ahora, con semejante evidencia en sus manos, ya no tenías más dudas al respecto…
|