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La revolución socialista es un primer esfuerzo para sacudir el sistema -y hemos podido observar, aquí mismo, qué magníficos resultados han sido obtenidos. Pero no podemos ignorar que después de la toma del poder, el sistema -por disminuido que se encuentre- existe todavía, que tiende a reconstituirse y que el más grave peligro corrido por la revolución se encuentra en el interior de sí misma.
Las necesidades prácticas imponen que el conjunto de los problemas no puedan ser encarados simultáneamente, el sistema aprovecha la tregua que se le concede no solamente para mantener lo que controla todavía sino para tratar de reconquistar lo que ha perdido.
Es por ello que los surrealistas hacen suya la tesis marxista de la Revolución Permanente, genialmente desarrollada por León Trotsky, tesis de la dificultad, de la exigencia y del rigor. Saint-just ya había dicho: "Los que hacen revoluciones a medias. no hacen más que cavar su propia tumba."
Las necesidades humanas son infinitas; la satisfacción de las necesidades humanas es infinita; el proceso de satisfacción de las necesidades humanas es infinito. La satisfacción de una necesidad contiene la invención de una necesidad nueva. El sistema trata, cada vez que puede, de frenar este proceso -de presentar la satisfacción de una necesidad como suficiente- es decir, de fijar la Revolución. El sistema es:
-La explotación del hombre por el hombre. -La explotación del hombre de color por el hombre blanco.
-La opresión de la mujer por el hombre.
-La opresión del niño por el padre.
-La represión a todos los niveles: en la escuela, en el cuartel, en los asilos de alienados.
-El sistema es la policía.
-El sistema es la religión, la explotación de la credulidad por los curas, para someter mejor el hombre al pretendido Dios y, al mismo tiempo, a sus explotadores sociales.
-El sistema es la idea estrecha de la patria -que supone la superioridad de una nación sobre otra, por lo tanto de una categoría de hombres sobre otra, justificando las guerras.
-El sistema es la guerra -no, desde ya, la guerra civil o la guerra de los pueblos colonizados- sino la guerra entre potencias imperialistas, la masacre de la juventud en provecho de los intereses capitalistas o en provecho de los estados.
-El sistema es la propiedad privada, es el capital, es el beneficio comercial. -El sistema es la burguesía -la antigua y la nueva- la burguesía del dinero y la de la función,la casta de mercaderes y la casta de funcionarios.
-El sistema es la familia -que restringe, desde su nacimiento, el horizonte del hombre -que le enseña sus deberes sin informarle sus derechos -que le impone, como una obligación sagrada, preferir un hermano a otro hombre cualquiera, incluso si ese hermano es un bruto innoble -que lo fuerza a respetar a su padre y a su madre -y ese respeto forzado es el primer contacto del niño con la escuela de la sumisión y el infortunio.
A los lazos artificiales de la familia, el revolucionario opone los lazos de la amistad, creados por la libre elección de cada individuo, basados en la reciprocidad y que pueden ser rotos unilateralmente a cada instante.
El sistema es el trabajo, o más exactamente el valor moral absoluto atribuido al trabajo. En el caso de Cuba, que una sociedad revolucionaria, construyendo el socialismo, se vea en la obligación de exigir a sus miembros un aumento de trabajo y que ese trabajo sea lo más justamente repartido entre todos e igualmente remunerado, no hay nada que sea más legítimo.
Pero el trabajo en sí no podría constituir un fin para el hombre y el objetivo del comunismo es poner un término a la infame maldición cristiana: "Te ganarás el pan con el sudor de tu frente." El sistema es, en el interior del hombre, la manera en que siglos de civilización han forjado su espíritu.
Es el predominio de las facultades concientes sobre las facultades inconscientes, , es el velo de indiferencia o desprecio arrojado sobre el sueño, o más generalmente sobre la imaginación, en provecho de la realidad inmediata condicionada por la percepción física.
Es el racionalismo, doctrina que pretende excluir de las actividades del espíritu todo lo que escapa al control de la razón. Es el realismo en el arte, reproducción servil de lo que ya ha sido percibido por los sentidos. Es el rechazo de la aventura, la búsqueda del orden, del equilibrio, de la seguridad. Es el conformismo y, pueden estar seguros, existe también un conformismo «.revolucionario" que consiste, en política, en aplicar a la letra esquemas teóricos sin tener en cuenta la movilidad de lo real, y en el arte en adornar los slogans y en hacer propaganda.
El sistema es el odio a la poesía, porque proviene de lo desconocido, de lo mas profundo del hombre, y propone verdades inaceptables para nuestros espíritus todavía demasiado sometidos.
El sistema es la lógica occidental y el principio de no-contradicción que obliga a elecciones absurdas entre lo subjetivo y lo objetivo, entre el mundo interior y el mundo exterior, entre la locura y la razón, entre el individuo y la colectividad.
El sistema es el temor a la sexualidad y su represión, el temor al amor y su represión.
Pero el sistema es móvil: se transforma, evoluciona, se adapta a la realidad, posee sus medios de autodefensa y sus artimañas.
Frente al sistema, la voluntad revolucionaria debe diversificarse, el pensamiento revolucionario interrogarse sobre sí mismo. Por ejemplo, pensamos que Mar tenla razón, políticamente y tácticamente, al decir, en sus tesis sobre Feuerbach, que el mundo no debía ser explicado tanto como transformado. Tenía la necesidad histórica de concentrar el esfuerzo del pensamiento, en la elaboración de una infraestructura indispensable para la formación de la Asociación Internacional de los Trabajadores.
Pero pensamos que Marx se equivocó, filosóficamente hablando -y al declararlo, tenemos la certeza de ser mucho más marxistas que algunos expertos-, porque el mundo jamás es idéntico a sí mismo, se transforma a cada instante-parcialmente, al menos-, y tras cada transformación parcial el trabajo de explicación se vuelve necesario.
La revolución, para los surrealistas, es la exigencia común de todos los hombres espiritualmente libres. Si es evidente que ella debe ser el resultado de una weltantschauung única, la praxis supone una diversificación del trabajo, de los métodos y de las responsabilidades.
El rol de los intelectuales, en el trabajo revolucionario, es el de representar los principios y discernir, en los actos de los políticos, lo que se aparte por táctica, a título provisorio, de lo que sea su abandono puro y simple. No obstante, aún cuando la distancia, frente a los principios, haya sido justificada, táctica o estratégicamente, el intelectual revolucionario debe reafirmar estos principios.
En cada revolución, sin embargo, existe esa suerte de intelectual que renuncia a la libertad de su espíritu para transformarse en cortesano del nuevo poder. Considero que un intelectual cortesano, cualquiera sea el régimen en que ejerza sus talentos de adulador, no tiene cosa alguna que ver con la inteligencia y que de hecho, en una sociedad revolucionaria, es un falso servidor de la revolución. En el plano de la expresión artística, la sumisión del artista a las directivas políticas constituye el verdadero obstáculo para todo encuentro positivo entre la revolución y la cultura.
Consideramos que nuestro deber de intelectuales y de artistas revolucionarios, es denunciar claramente una confusión que hace correr al espíritu mismo de la revolución los más graves peligros: en la medida misma en que el arte y la literatura reproduzcan mecánicamente los slogans, las voces de mando o las peripecias diversas de la revolución, se erigirán en subproductos de la actividad general revolucionaria y falsearán profundamente las relaciones entre cultura y revolución.
Ya que ¿cómo concebir honestamente una unión entre la cultura y la revolución, si se establece desde un principio una jerarquía de valores, si se plantea que la cultura deba limitarse a repetir, a través de sus medios más o menos elegantes, más o menos sofisticados, más o menos artísticos, las directivas, por justas que fuesen, que los dirigentes políticos, con la convicción que los anima, tuviesen a bien de dictar al pueblo?
El verdadero artista, por el contrario, sabe que participa de la revolución no de manera formal, sino en un nivel más profundo que sólo él puede alcanzar. Sabe que si el sistema ha sido vencido en los planos económico, social y político por las masas y sus dirigentes, aún subsiste en otros planos, especialmente en el plano de la realidad psíquica interior, donde las fuerzas regresivas, con sus tabúes, fantasmas e instancias autopunitivas, deben ser transgredidos a todo momento.
Es al exaltar la potencia de sus sueños, al descender en las regiones enigmáticas de la subjetividad, expresando por todos lo que individualmente tienen de único los artistas, como los poetas sirven auténticamente a la revolución y preparan sin demagogia la indispensable articulación entre esos dos procesos diferenciados: el desarrollo revolucionario del arte y el desarrollo revolucionario de la sociedad.
Desde que en ciertos países el arte de propaganda ha llegado a ser una obligación, no ha producido más que monstruos de fealdad y vulgaridad. Por cada "Guernica", cuántos miles de pinturas o esculturas semejantes a los que una revista rusa, publicada aquí en lengua española, experimenta la necesidad de reproducir todavía actualmente, y que son, por su nulidad, insultos al arte y a la revolución. Quiero terminar con este grave problema trayendo a colación, como ejemplo concreto, el caso de nuestro amigo Wifredo Lam. ¿No es él un auténtico revolucionario, y no participa, con su brillo artístico y sus convicciones ideológicas, del engrandecimiento de la revolución cubana? ¿No es, por otra parte, uno de los cinco o seis grandes pintores vivientes en el mundo?
En consecuencia, planteo la cuestión: ¿Lam ha cambiado la dirección de su obra desde 1959?¿Ha renunciado a explorar, cada vez con mayor rigor, con mayores riesgos, con un sentido cada vez más agudo de la aventura, el maravilloso universo interior que nos revela, en la medida de su inspiración, para nuestro regocijo y nuestro encanto,) desde hace treinta años?
Afirmo que si Lam hubiese cambiado de orientación, si se hubiera puesto a proclamar, en sus cuadros, los beneficios de la revolución, de la manera como se ve, desgraciadamente, un poco en todas partes, hubiese dejado de ser un artista y también de servir a la idea revolucionaria.
Afirmo también que es un honor del gobierno revolucionario de Cuba y un signo de su sabiduría, el de estimar a Wifredo Lam tal como es y no como los indecisos burócratas, obnubilados por la eficacia inmediata, hubiesen querido transformarlo.
El surrealismo no es una doctrina, ni una filosofía, ni una escuela. No pretende detentar verdad absoluta alguna. Sus principios fundamentales son confrontados día a día con la realidad, con la vida, con la evolución del mundo y los progresos del conocimiento. Es por ello que sus principios no son dogmas: determinan un conjunto de constantes y variables que protegen al surrealismo contra toda esclerosis. Ciertamente, en ningún caso, estaríamos dispuestos a renunciar a la triple fascinación del amor, la poesía y la libertad, la única capaz de dar un sentido a la existencia humana.
Pero nos corresponde no dejar inmovilizarse la idea del amor, la idea de la poesía y la idea de la libertad. Es en nombre de una exaltación permanente de estas ideas, es por medio de una reivindicación incesante de una vida que no sea más que amor, poesía y libertad, que el surrealismo combate al sistema bajo todos esos aspectos y se reclama de los espíritus más diversos, pero que tienen en común, en cada situación, época y lugar determinados, haber puesto en cuestión al sistema en alguna de sus ramificaciones.
Y es así por cuanto ha sido formado, en el curso de los siglos, en el interior del mismo pensamiento occidental, es decir en el interior de la infraestructura del sistema un pensamiento de contra corriente, en el cual el surrealismo encuentra sus razones de ser.
Si no hubiera tenido que improvisar prácticamente esta exposición, hubiese podido retomar punto por punto la definición de sistema precedente, mostrando todo aquello que el pensamiento libre ha podido oponerle, ya sea por medio del discurso filosófico, la experimentación científica, la acción revolucionaria, la dinamita del humor negro, la tempestad lírica, los destellos turbadores del erotismo.
Hubiese, finalmente, podido mostrar de qué manera el surrealismo es la síntesis audaz de todas esas manifestaciones del pensamiento y la acción. Y al mismo tiempo, hasta qué punto representa un esfuerzo de la conciencia para reafirmar ese combate incesante, cuidando dejar en manos de cada uno el uso de sus armas específicas.
Podría sintetizar recordando que el surrealismo nació históricamente en Francia, entre 1922 y 1924. Algunos jóvenes, que habían podido escapar de la carnicería de la guerra imperialista, concibieron una revuelta sin límites contra todos los ideales y maneras de pensar de la burguesía; en un principio emprendieron la aventura dadaísta pero, a impulsos de André Breton, vieron de ponerle rápidamente un término, ya que ésta les parecía puramente negadora y negativa.
En esa época, por cierto, André Breton había leído a Freud, prácticamente desconocido en Francia, y aquélla lectura le había hecho comprender las posibilidades ¡limitadas del pensamiento en la medida en que pudiese sustraerse al control de la conciencia.
De allí las numerosas experiencias en escritura y dibujo automáticos, los relatos de sueño, los juegos en los que el azar intervenía para arruinar el principio de causalidad, todas aquellas tentativas para recuperar lo que Breton había denominado, en su primera definición del surrealismo, el funcionamiento real del pensamiento.
A todos aquellos que actualmente fingen asombrarse por la lentitud del surrealismo en este punto preciso del automatismo psíquico, me basta responderles que no nos encontramos sino en el despuntar de esta toma de conciencia de los recursos del inconsciente, en el despuntar de su explotación sistemática y que a nuestras espaldas tenemos milenios en el curso de los cuales el pensamiento consiente ha ejercido su insolente supremacía.
También agregaré que debemos combatir las desviaciones exteriores con fines literarios y, en el interior, contra la instalación de los estereotipos. Finalmente, conviene insistir en el hecho de que la importancia acordada al inconsciente no implica en modo alguno la desconsideración o el rechazo de las facultades concientes, sino solamente la desaparición de su hegemonía.
Freud no sólo es esencial al surrealismo por haber dilucidado la zona psíquica donde nace y se recrea la imaginación, sino también, por haber demostrado el rol fundamental que juega la sexualidad en la existencia. En gran parte, los surrealistas se apoyaron en Freud para exaltar las potencias del amor, es decir del amor electivo y carnal entre el hombre y la mujer.
El aborrecimiento incondicional del surrealismo hacia las religiones se debe, antes que nada, a que siempre ellas han intentado, sutilmente o por la fuerza, de obstaculizar ese amor, rebajar a la mujer y estigmatizar la sexualidad.
El surrealismo no podía dejar de cruzarse con la revolución social y política. Desde 1925, ya constituido el movimiento, suscribió un tract de una extrema violencia, tomando posición contra la guerra emprendida en Marruecos por el colonialismo francés.
Debemos reconocer que el entusiasmo suscitado por la revolución rusa fue bastante tardío, pero no serían los administradores del traidor Aragon los que pudiesen lamentarlo: Aragón, surrealista, escribía en 1924 que a escala de las ideas, la revolución rusa era, cuando mucho, una pequeña crisis ministerial, y para hablar del gobierno bolchevique, inventó la expresión de "Moscú-la chocha".
Con su permiso, trataré de resumirles las relaciones entre los surrealistas y el Partido Comunista Francés. Me acabo de enterar que la historia del surrealismo, de Maurice Nadeau, ha sido editada aquí, en lengua española, a iniciativas de la I.C.A.I.C. Esta historia, discutible en algunos aspectos, es en todos los casos irreprochable en cuanto a las posiciones políticas del surrealismo hasta 1939.
Recordaré simplemente que en el seno del partido francés, los surrealistas fueron constantemente vistos con desconfianza porque estaban en la 1 vanguardia artística y porque era de buen tono no favorecer sino a los literatos sin genio y formalmente retrógrados del tipo Barbusse.
André Breton, director de "La revolución Surrealista", no consideraba reprochable la publicación de los dibujos de Picasso, considerados en aquélla época por el partido como incomprensibles. Aragón y Sadoul, enviados al Congreso de Escritores Revolucionarios en Kharkov para defender las posiciones surrealistas en el arte y la literatura, regresaron luego de haber firmado una moción que condenaba estas mismas posiciones.
Esto no les impidió a los surrealistas, en 1934, firmar conjuntamente con la totalidad de las organizaciones obreras el "llamado a la lucha", y manifestarse el 12 de febrero, con el pueblo de París, para cerrarle el paso al fascismo.
Sin embargo, poco después, la ruptura con el Partido Comunista Francés llegó a ser absoluta, en ocasión de la apertura, en Moscú, del proceso Zinoview. Se sabe muy bien lo que ha sido la contrarrevolución stalinista, la masacre de los compañeros de Lenin y de decenas de miles de revolucionarios, en Rusia y en España, por la GPU, durante la guerra contra Franco.
Es inútil abrir una polémica sobre los hechos conocidos por todos. Actuando en Francia, los surrealistas consideran que el Partido Comunista Francés es uno de los más retrógrados partidos comunistas del mundo y que sigue siendo, hoy en día, el obstáculo principal para todo renacimiento del ideal revolucionario en la clase obrera.
El Surrealismo es una manera de expresar & vivir El *Arte* Arte William.
*arte william* escultor y escritor neo surrealista
http://movimiento-neo-surrealista.foro.ws/
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