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*Demonia suspirando de nostalgia* Buenas, señores. Esta vez tengo el placer de presentarles una versión re-escrita y revisada a fondo de un one-shot de una de mis parejas incestuosas favoritas de Saint Seiya: Saga y Kanon. No lo sé muy bien, pero en un arranque de inspiración, quise reescribir un poquito este one-shot, corrigiendo los errores, reformulando un poquito los diálogos y eso, para hacerlo realmente presentable.
Las advertencias, como corresponde:
1- El elenco de esta historia pertenece a esa genial serie llamada Saint Seiya, de Masami Kurumada. Solo los tomé prestados para fines perversos, jejejeje.
2- Esta historia contiene Yaoi. Si, Yaoi, llámese dos hombres guapos de animé danzando horizontalmente en una cama. Si no les gusta, pues no lean y ya.
3- Violación, llámese sexo SIN CONSENTIMIENTO de la víctima (Se incluyen efectos especiales), incesto (Llámese sexo entre dos consanguíneos) y fisting (inserción anal del puño) Si son muy sensibles, pues NO LEAN.
4- Críticas... Hechas de buena manera, y constructivas. Críticas hechas de mala manera (Llámese con groserías) así como con pequeños dejos de “superioridad”, serán desechadas, por muy certeras que hayan sido. No tengo paciencia con los sabelotodos que vienen a criticar a los demás con aires de superioridad y condescendencia, como si lo supieran todo. Es muy desagradable. Así mismo, rectifico además que cualquier crítica que implique un juicio directo o indirecto contra la mentalidad, orientación o lo que sea de la autora, en el mejor de los casos, ignorada y en el peor de ellos, burlada con todo mi sarcasmo.
Bueno, sin más nada que agregar… ¡Disfruten! *Demonia esfumándose del lugar*
Atentamente,
Selene18 “The Spicy” Darkside & Zuster
Immoral brothers
— ¡Kanon! — Ordenó la voz — ¡Regresa aquí de inmediato!
El aludido no obedeció, sino que continuó corriendo todo lo que su aun poco entrenado cuerpo le permitía. A lo lejos, una figura venía con igual velocidad tras él.
— ¡Kanon! ¡Regresa aquí, no huyas!
Pero el muchacho seguía corriendo como si el mismísimo diablo lo persiguiera; y así era: ser perseguido por su hermano y por el diablo bien podrían ser la misma cosa.
El joven —cuyo nombre, en efecto, era Kanon— logró ocultarse tras unas rocas. Se llevó las manos a las sienes, en un intento desesperado por aferrarse a la cordura.
<<Detente… Ya deja de perseguirme… ¡¡¡Olvídame!!!!>> Pensaba, ya al borde de la locura y desesperación.
— Kanon… ¡No podrás esconderte de tu hermano!
Eran dos hermanos, efectivamente, los que se hallaban en ese instante persiguiéndose uno al otro.
Uno de ellos era Saga, caballero dorado de Géminis, maestro y tutor suyo. De los dos, había sido el que había tenido éxito ganando la codiciada armadura dorada. Y fue entonces que le encomendaron la tutela de Kanon, su hermano gemelo, a fin de convertirlo en un sucesor digno.
Ambos eran idénticos, como dos gotitas de agua, como reflejos de un espejo. De hecho, para distinguirse uno al otro, tenían que vestirse diferente. Saga vestía la armadura, y Kanon, las ropas de entrenamiento.
Desde la victoria de Saga al obtener la armadura dorada, Kanon se había tornado rebelde, y reacio totalmente a entrenar bajo la tutela de su hermano.
<<Vamos Saga, vete, vete, ve a entrenar a otro imbécil, no a mi…>>
—Kanon— Dijo Saga, respirando hondo —Voy a contar hasta diez, y si no sales de donde sea que estés, te vendré a buscar yo mismo, y créeme, no te gustará para nada.
— ¡Vete, demonios! ¡Desaparécete! ¡No quiero tener que verte la cara!
— ¡Pues tendrás que vérmela, te guste o no!— Gritó Saga, con un dejo de altanería — ¡Así que sal de ahí, pequeño cobarde!
— ¡Pues búscame, imbécil de mierda!— Gritó Kanon, y continuó corriendo. Saga corrió nuevamente tras él, saltando rocas y peñascos ágilmente.
Llevaron un buen rato corriendo, hasta que Kanon se encontró de frente a un callejón sin salida, que era nada menos que la cárcel de Cabo Sunion.
<<No es posible… esto es de pesadilla…>> pensó aterrorizado ante la jugarreta que le había hecho el destino <<Debo estar soñando…>>
—Al encontrarte aquí, me has dado una estupenda idea, “hermanito”…— Dijo una voz a espaldas de Kanon. Éste volteó bruscamente; se hallaba frente a Saga, finalmente, sin oportunidad de escape.
Saga lucía una sonrisa macabra; se acercó a Kanon, quien estaba en vilo contra la pared, y le tomó el brazo. La reacción del otro fue revolverse ante el agarre.
— ¡Qué demonios te crees que haces!
—Nada, “hermanito” guapo y precioso. Solo pienso hacer esto…— Abrió la puerta de Cabo Sunion y arrojó a Kanon adentro.
—De aquí no podrás escapar, Kanon— Le dijo Saga —Morirás ahogado en esta cárcel cuando la marea suba. Sentirás poco a poco la desesperación que conlleva el tener que luchar para no ahogarte…
<<Eres un maldito… como te odio…>> Pensaba Kanon, mirándole fijamente. Pero Saga prosiguió.
—Como te dije, Saga, eres el diablo encarnado. Deja de darte baños de pureza luego que te diga que destruyamos a Atenea y conquistemos el mundo. —dijo Kanon, en un intento de avergonzar a su hermano.
—Pues tendré que castigarte por semejantes palabras, “hermanito”. —declaró Saga, sonriendo cínicamente.
Kanon vio como su hermano se acercaba peligrosamente, y comenzó a alejarse de él.
—No, no, mantente lejos de mí ¡lejos!
—No hay escapatoria, Kanon…— replicó Saga, sonriente —O aprendes a respetarme, o te castigaré y te dejaré aquí para que luego te trague la marea.
Mientras le decía esto, Saga paseó sus ojos afilados por los peñascos de la cárcel. Reparó en un par de cepos que había en la pared, y su sonrisa se hizo mucho más ancha; acorraló a Kanon justamente en donde estaban los cepos.
—Lo siento, Kanon, pero si fueses más obediente, no te castigaría…— Saga le acarició el mentón —Pero no me dejas otra opción. Es una pena.
Su hermano retiró la cabeza cuando éste le tocó.
— ¿Qué demonios te pasa? ¡No me toques!
—Cálmate, porque tu castigo apenas empieza…— Acarició los labios de su hermano con un dedo. Kanon reaccionó temblando —Pero aun hay oportunidad de cambiar de opinión, y así no te castigaré.
Saga no obtuvo respuesta alguna de su hermano.
—Muy bien, Kanon. Veo que después de todo lo aceptas…— De sus labios, bajó otra vez hasta su barbilla y luego a la garganta, recorriéndolo todo con el dedo índice. Kanon soltó una exclamación y se sonrojó —Y luego de esto no querrás dejarme, ni faltarme el respeto.
Saga sonrió al mirarle; Kanon estaba reaccionando muy bien. Tomó sus muñecas y las sujetó con los cepos, para luego acariciar su brazo. Mientras lo hacía, esbozaba una sonrisa, aquella que a Kanon le helaba la sangre.
—No Saga, no quiero hacer eso. No está bien, una cosa es entrenar, y otra es, es…
— ¿Es qué?— Luego de acariciar sus bíceps subió hasta el pecho, acariciándolo a palma abierta. Kanon respondía temblando visiblemente.
—Esto forma parte del entrenamiento, “hermanito”— siseó Saga, excitado. Acercó su boca a la de Kanon y mordisqueó un poco sus labios.
<< ¿Qué diablos haces, Saga? ¡Esto es un delito!>>
—Esto no está bien, tú, tú por desgracia eres mi hermano. No puedes, ¡no puedes hacer eso!
—Claro que puedo, Kanon, “hermanito”— cuando Saga afirmó esto, su cabello se tornó gris, y sus ojos enrojecieron, como los del propio demonio ojos.
<<Maldita sea, ¡en buen momento!>> pensó Kanon, aterrado con la idea de vérselas a solas con semejante criatura.
— ¡Pero esto es incesto, demonios! — Gritó desesperado — ¡No puedo!
—Si puedes— Saga lo calló besando de lleno sus labios; mientras lo hacía, acariciaba insistentemente su torso. Cuando sus manos hallaron la parte baja de la camisa, se la subió para descubrirle los pectorales.
— ¡Basta! ¡No necesito que me sigas desgraciando la vida más de lo que lo haces! ¡Primero me quitas la armadura de Géminis y luego me haces esto! ¡Eres de lo peor!
—Silencio, Kanon. Primero que nada, yo la gané por que yo entrené mientras TU te dedicabas por ahí a holgazanear y a hacer planes absurdos de matar a Atenea— Acarició con las yemas de sus dedos cada músculo del pecho de Kanon —Mientras yo arriesgaba mi salud corporal y mi vida entrenando, tú te dedicabas a saltarte los entrenamientos…—
Saga pellizcó con fuerza los pezones, halándolos hacia fuera. Kanon soltó un grito de dolor.
—En este momento, YO soy tu tutor. Estoy aquí para entrenarte y convertirte en un caballero, y un hombre digno. —declaró el caballero de Géminis, desafiante —Así que cállate y aguántate todo.
Kanon no se dio por vencido y retrucó:
—Gran cosa, cogerme para hacerme un hombre. Gran cosa Saga. ¿Y hasta ahí te llega tu supuesto gran “título” de tutor?
—Esto forma parte del entrenamiento, mi “querido” hermano— Aflojó el agarre en los pezones y los tironeó más suave —Si obedeces tranquilito, quizás no te deje aquí a merced de la voraz marea. Estarías luego comiendo, y calentando mi cama…
— ¿Calentar tu cama? ¡Estás demente Saga!
— ¡Silencio!— Ordenó Saga. Recorrió con sus dedos las aureolas, de vez en cuando pellizcando la delicada piel. Kanon reaccionaba gimiendo desesperadamente.
—Así me gusta, hermanito, sumisito y tranquilito…— Pegó su cuerpo aun mas al de Kanon, haciéndole sentir su evidente erección. A su vez, Saga lo pudo sentir. A pesar de que decía que no, su cuerpo decía lo contrario.
—Sabes Kanon, el cuerpo humano es lo más honesto que existe. Tu mente puede tramar mil mentirillas, pero tu cuerpo rara vez mentirá…— Contempló con malicia los pezones ahora erectos y tiesos — ¿Lo ves? Mírate.
Kanon bajó la mirada, y vio la terrible realidad. De hecho sus tetillas resaltaban erguidas en sus amplios pectorales, ahora húmedos por el agua que rodeaba el lugar.
— ¿Lo entiendes ahora? Lo estás disfrutando, te niegues o no…— Saga colocó ambas manos en los costados de Kanon, de modo que sus pulgares presionaran sus pezones. Su hermano cerró los ojos, visiblemente excitado.
—No, maldito seas. Quita, quita tus asquerosas manos de mí…— su voz era sibilante e incapaz de disimular la excitación en ella. —Me repugnas.
— ¿Oh? Lo dices tú, pero veamos qué dice tu cuerpo, Kanon…— Las manos de Saga ahora bajaron por todo su humanidad, delineándolo suavemente. Mientras lo hacía, acercaba sus labios a los de Kanon y los lamía, incitándolo a abrirlos. Pero este se negó, y ladeó la cabeza. Saga sonrió con ironía.
—Qué mal hermanito eres, tú como que quieres quedarte en esta húmeda celda, engrilletado para que te ahogues sin poder siquiera luchar por tu vida ¿no es así?— Recorrió los labios de su hermano con los dedos —Pero como soy bueno, voy a darte plazo para pensarlo un poco más.
Saga tomó con algo de rudeza el rostro de Kanon y le obligó a mirarle: la expresión, entre rebelde, asustada e iracunda de su hermano, casi le provocaba un orgasmo instantáneo. Y había algo aun más delicioso: sus mejillas estaban sonrosadas. Saga se las lamió con lujuria, a lo que Kanon reaccionó abriendo los labios para protestar; fue entonces cuando Saga lo besó profundamente. Cuando halló la lengua de su hermano, la acarició con la suya, frotando ambas puntas. Notaba como la resistencia de Kanon iba desmoronándose poco a poco. Saga podía sentir como bajaba las defensas, y con ellos sus ojos, que caían y adquirían una expresión característica.
—Me encanta tu expresión hermanito. De solo mirarte casi siento un orgasmo…
— ¡Deja de mirarme sucio bastardo! — Masculló Kanon.
—No, no, no, no. Así no debes hablarme Kanon…— le dijo Saga, agitando un dedo frente a sus ojos.
— ¡Sólo suéltame!— Su hermano cerraba las piernas para que Saga no viese la dureza que entre ellas podía apreciarse. Pero para desgracia, los ojos de su hermano fueron rápidos, muy rápidos. Tomó los tobillos de Kanon y los elevó, separándolos en contra de la voluntad de este, consiguiendo con ello gruñidos de protesta.
— ¿Pensabas acaso que no apreciaría lo excitado que estás con todo esto? ¿Crees acaso que no se lo mucho que te está gustando?
Kanon vio con los ojos fuera de órbitas como Saga le sostenía sin esfuerzo alguno ambos tobillos en alto con una sola mano. Ahora sentía su dedo recorrer la silueta del abultamiento que comenzaba a hacerse notar.
—Puedo palpar perfectamente donde se encuentra cada cosa. — recorrió el cuerpo del miembro oculto tras la tela —Aquí esta tu pene…— Bajó un poco mas —Y aquí tus testículos…
Saga sonrió un poco, haciendo su mejor imitación de “ternura” fraternal.
—Verte a ti es verme a mí. Somos el reflejo de un espejo…— se relamió obscenamente, y toda imitación de ternura quedó eclipsada —aunque me pregunto a qué debes saber. Seguro que delicioso, aunque quisiera comprobarlo por mi mismo.
—¡NO! ¡NO CON LA BOCA, SAGA, ESO ES SUCIO!— Gritó Kanon, asqueado al darse cuenta de las intenciones de su hermano. Pero Saga no le hizo caso y lamió suavemente el abultamiento entre sus piernas, consciente perfectamente de la parte que estimulaba con la boca. Kanon se esforzaba por no gemir, aunque la sensación era tan agradable, demasiado agradable.
—Veamos si resistes esto…— Posó los labios en el bulto donde estaban los testículos y mordió con suavidad, chupando a través de la tela, humedeciéndole la entrepierna de cálida saliva. Kanon dejaba salir jadeos pesados. Una pequeña inspección le permitió a Saga notar que el arrebol del rostro de Kanon se estaba acentuando, tomando un precioso color rojo carmesí. El dorado dejó salir un gemido ronco.
—Así me gusta, Kanon… Aunque lo niegues, tu cuerpo reacciona a mis manos -TUS manos- y lo que mas me gusta es que reacciona con intensidad…— Dio un mordisco en el punto donde se unía el pene con los testículos —Ahora pasemos a algo mas…. interesante.
Las manos de Saga casi parecieron transformarse en garras cuando éste cruelmente comenzó a desgarrar los pantalones de su hermano, dejando tan solo retazos adheridos a sus pantorrillas y en ciertas partes de sus muslos. Quedó varios segundos observando la erección que fue librada de su cautiverio de tela; era enorme como nada que Saga hubiese visto en sus veintiocho años de vida.
— ¿Y aun tienes la desfachatez de llamarme bastardo cuando tu también eres uno que disfruta que lo toquen, eh?...
—No me mires…
—Si te miro, y tu erección es enorme, “hermanito” — La sonrisa de Saga se ensanchó macabramente —Y crecerá aun más cuando sientas mi boca trabajarla.
— ¡Noo! — Exclamó Kanon al sentir sus labios envolver su erección. Eran cálidos y húmedos. Podía sentirla creciendo más y más.
— ¡BASTA! ¡BASTA! — Exclamaba Kanon, negando con la cabeza. Entre más fuerte era la excitación, mas vehemente era su negación a la misma.
—No, no, aun no termino…— Saga levantó el pene hacia arriba y probó los testículos, del mismo modo que lo hizo cuando Kanon aún tenía el pantalón puesto. Los mordía suavemente, halando la delicada piel, para luego acogerlos en su boca y succionarlos. Kanon pensó que iba a enloquecer.
— ¡Saga! ¡No!
—No importa cuanto lo niegues, ni con cuanta vehemencia. Tu cuerpo no te oye, sólo me presta atención, así que ahórrate saliva.
Saga volvió a abrir las piernas de Kanon, sosteniéndoselas así. La visión de su hermano expuesto, con la erección al aire, lo estaba excitando casi al borde de la locura.
—Sabes que viene a continuación, ¿no?— Acarició el ano con un dedo; luego introdujo la punta del mismo, trayendo quejidos de dolor por parte de Kanon.
— ¡DUELE, CARAJO!
Saga lo miró irónico.
—Oh caramba.— Dijo éste, con una mueca que fingía culpa —Imagínate si dices eso cuando sólo te he metido un solo dedo. No quiero pensar en cómo gritarías si sintieras mi puño.
— ¡ESTÁS LOCO!— Kanon se asustó con la sola idea de que su hermano le metiera la mano completa en ese lugar.
—No te preocupes… Para cuando llegue ese momento, estarás palpitando de placer. Te haré sentir la dureza de mi mano…— Dicho esto, se quitó los guantes de la armadura y quedó con ambas manos desnudas. Luego introdujo el dedo completamente, hasta la base, moviéndolo rápidamente.
Kanon ya estaba al borde del llanto. Veía con frustración que su hermano no le escucharía. Cerró los ojos y las lágrimas se deslizaron solas, en contra de la voluntad de su dueño.
Saga sólo se limitó a sonreír, mientras hundía un segundo dedo hasta la base. Le estaba excitando tanta estrechez en Kanon. Incluso le tentaba penetrarlo fuertemente y hacerle sangrar.
Inspeccionó el rostro de su gemelo, y notó que estaba contraído de placer. Oh si, y luego el muy maldito afirmaba que no le gustaba ninguna de las atenciones que Saga le estaba prodigando.
—Vuelvo y repito, Kanon, creo que esto te gusta…
Movió rápidamente los dos dedos e introdujo un tercero sin previo aviso. Kanon se quejó aun más.
—Vete haciendo a la idea que sentirás muy pronto mi mano yendo muy adentro de ti…— Le dijo Saga, con una mueca —Ya lo he decidido. Haré eso antes de hacerte mío…
Mío… Mío…
<<¡No!>> Pensó Kanon.
— ¡Jamás seré tuyo!
— ¿No? Pues ya lo eres. Eres MI hermano, eres sangre de MI sangre. Eres mío de las mil y un maneras, Kanon…
Y por desgracia era verdad.
— ¡Que no soy tuyo! ¡Nunca!
—Si lo eres…— Susurró Saga, metiendo el cuarto dedo. Contempló excitado como la abertura iba cediendo para darle cabida a sus dedos, y la cara de sufrido placer que Kanon ponía, mirándole desde arriba. Saga le alzó la pierna para meter ya el quinto dedo, hasta media mano.
Llegados a este punto, Kanon comenzó a gritar de dolor.
— ¡Como duele! ¡Ya frena esto, frena esto!
Su gemelo, como siempre, no le escuchaba, tan solo limitándose a sonreír perversamente. Ya con la mano dentro del cuerpo de su hermano, cerró los dedos, formando un puño, y lo forzó aún más. Pudo ver con lujuria como resbalaban unos tenues, pero largos hilos de sangre.
—Puedo sentir el calor de tu interior, y ver cómo sangras…— Susurraba, relamiéndose los labios —Siénteme dentro tuyo…
Ya con la mano metida hasta la muñeca, inició un vaivén suave, provocando que el cuerpo contraído de Kanon se moviese. Su gemelo negaba con la cabeza, pálido como alabastro.
—Basta… Saga, demonios…
—Aún no terminamos…— Le dijo este, con los ojos rojos mirándole fijamente. Sacó el puño, poniendo cierta brusquedad en el gesto. Al ver el dolor retratado en los ojos de Kanon, sonrió ampliamente.
—El dolor te sienta de maravilla, Kanon— Le dijo, guiñándole un ojo. Recorrió el cuerpo de Kanon, de arriba abajo: la erección seguía allí, palpitando. Los hilos rojos de sangre resbalaban por sus piernas, y todo coronado con el delicado sonrojo en sus pómulos y en el puente de su hermosa nariz.
—Serás mío…— Susurró. Con una mueca perversa, se sacó el miembro por entre el pantalón y el faldón de su armadura, y alzando las piernas de su gemelo, lo penetró de golpe, haciéndolo gritar.
— ¡YA BASTA, DEMONIOS! ¡ESTOY HARTO DE TODO ESTO!
—Cállate— le dijo Saga, acelerando el ritmo —Cuando terminemos aquí, ya no dirás eso…—
A pesar de que le había introducido el puño completo, le parecía vagamente que su hermano no había perdido estrechez. Incluso le parecía sentía como lo apretaba.
Delicioso, delicioso.
Saga estudió con cuidado su expresión. Notó que a su hermano le estaba costando mantener su expresión rebelde, ya que otra amenazaba con dibujarse en su rostro, riñéndose entre ellas: la expresión de placer.
— ¿Nunca te dije que tu rostro lo dice todo?
Sujetó a Kanon por la cintura, sin dejarlo de penetrar. Acarició con su dedo índice su rostro, delineando el perfil. Luego acercó su boca y mordisqueó el labio inferior de su hermano, saboreándolo.
En cuanto a Kanon, éste cada vez perdía control de su cuerpo. Los gritos y gruñidos, que antes era lo que profería, eran reemplazados poco a poco por gemidos de placer contenido.
<<No puede ser, Saga esta usándome como le da la gana. Y yo aquí solo gimiendo como la propia perra…>> Pensaba Kanon, sin dejar de salir de su asombro. Repentinamente, Saga rompió los cepos con un puñetazo, liberando a Kanon.
— ¡Eh, que haces!
No le respondió. En cambio, lo acostó violentamente en una roca, sobre su estómago. Una vez posicionado así, Saga se le abalanzó encima, apoltronándose sobre su espalda y reiniciando la violación.
—Tu boca dice no, pero tu cuerpo grita “¡Sí, sí!”…— Susurró Saga, lamiendo la oreja de Kanon. Tomó el lóbulo entre sus dientes y lo haló, mientras aplicaba una fuerte estocada que hizo gemir y jadear a su hermano.
—Puedo sentir como te contraes, puedo sentir tu estremecimiento. Puedo acariciar cada poro de tu piel, erizado ante mis dedos…— El ritmo bajó un poco, manteniéndose suave, pero firme y constante, provocando mas gemidos en Kanon. Incluso su expresión facial había cambiado: la de placer ganó la riña con la de rebeldía.
Saga, con un largo brazo, envolvió la cintura de Kanon, mientras le masturbaba con la otra: Sus dedos varoniles recorrían el miembro endurecido, estimulando la punta. El otro sentía la presión que ejercían esos dedos, y en el placer que otorgaban…
<<No, no puede ser. Me ha vencido…>> Pensó Kanon, derramándose abundantemente en la mano de Saga.
—Mmmm, hermanito, cómo lo has disfrutado…— Ronroneó Saga, en su oído –Y espera a que sientas esto…
Kanon tembló violentamente, mientras que Saga, presa del inminente orgasmo, aceleraba la penetración. Y cuando finalmente esparció el cálido fluido en su interior, su consanguíneo gritó. Pudo sentir como el semen entraba violentamente, para luego regurgitar hacia fuera, corriendo por sus piernas. Ambos cayeron exhaustos, jadeando como animales.
— ¿Vendrás, no es así?— Inquirió Saga, colocando a su hermano bocarriba para besarlo –Olvídate de esta prisión, pues tienes una cama que calentar…
Kanon se dejó hacer, sin oponer mucha resistencia.
<<No no… No quiero…>> pensó, reacio, sin agradarle la idea de transformarse además en alguna suerte de esclavo sexual.
—No te preocupes…— Susurró Saga, aprovechando la marea para lavar un poco el cuerpo de Kanon. Luego se quitó la capa de la armadura y le cubrió un poco. El otro se dejaba hacer, aun sin oponer resistencia.
<<¿Cómo esto pasó?>>
Saga también aprovechó la marea para lavar sus manos y colocarse nuevamente los guantes de su armadura. Luego miró a Kanon con una sonrisa de lado.
— ¿Estás listo…?
El otro asintió en silencio, sosteniendo la capa en torno a su cuerpo desnudo; Saga abrió un portal, con un vasto movimiento de sus manos.
—Esto nos llevará a Géminis. Sígueme.
Mientras entraba en el portal, la resignación comenzó a abrazar a Kanon ¿Por qué se había dejado vencer así? ¿Por qué? Era increíble como su cuerpo podía traicionarle.
Un momento… ¿Su cuerpo solamente era el culpable?
Pero a esa interrogante Kanon prefería no saber la respuesta. Después de todo, hay cosas que es mejor no saberlas.
Fin
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