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Capítulo 2: Asumir un nuevo inicio
– ¿Y ustedes, qué hacen acá? – pregunta Saori plantada en la puerta de entrada.
– Qué hacen las armaduras de oro acá, sería la gran pregunta, Saori – responde Saga muy desencajado.
– Justamente de eso iba a hablarles mañana…
– Si, mañana se le dice ahora – respondió Kanon malhumorado – estás cosas tendrían que estar en el Santuario, pero te ahorramos la parte más difícil de juntarnos a todos para contárnoslo y hablá – lo dijo mientras le acercó una silla para que se sentara
– Si algo llegase a pasar aquí ¿ustedes creerían que van a poder ir al Santuario para buscar sus armaduras? – retruca la joven diosa
– Se supone que las armaduras vienen a nosotros – respondió Kanon – al menos que tengamos que mandarles una invitación para que vengan a salvarnos ¿no te parece?
– No tratés de hacerte el gracioso, Kanon – lo reprendió su gemelo
– No me quiero hacer el gracioso, Saga. Pasa que se está batiendo(3)cualquiera y tampoco me parece muy común que las armaduras estén acá.
– Las armaduras están acá para estar mucho más cerca de sus dueños, Kanon – le responde Saori – eso es obvio.
– Pero yo quiero saber el por qué…
– Es sólo para que no se olviden de quienes son realmente ustedes, sé que les prometí una vida completamente normal, pero aún así tienen que estar alerta. Mi gran premio fue el alejarlos del Santuario, el cual provoca una cierta carga de presión. Pero eso no significa que se van a poder librar de sus armaduras.
– Entonces… – concluye Saga resignado – esto no es una vida normal…
– La es, Saga. Sé que van a saber entenderme. Ustedes son los más grandes del grupo y espero su comprensión, sé que también Aioros lo hará…
– Bueno, bueno – dice Kanon cortando el hilo del diálogo – pero esto no es un jardín de infantes para que nosotros tres seamos los coordinadores
– ¡Kanon! Cortala con faltarle el respeto a la princesa Saori – lo vuelve a reprender su gemelo
– Listo, chabones – le contesta su gemelo con cara de resignado – yo me rajo(4) de acá, hablamos cuando todos estén juntos.
Kanon salió bastante molesto de la habitación extraña con miles de preguntas en la cabeza y pensaba a cada paso que daba – “que bueno que ya no ande en cosas raras yo, sino esta sería la mejor oportunidad de mi vida… ¡Todas! ¡Todas las armaduras! Esto es demasiado…”– y entró a su habitación, encontrándolo a Shura muy entretenido mirando todas las cosas que había en la recámara…
– ¡Ah bueno! – exclama Kanon – ¿ahora que no sos más caballero pensás ser chorro(5)?
– No, Kanon. Ya miré las habitaciones de todos… y curiosamente ustedes se perdieron de la súper guía que nos hicieron por toda la mansión, ahora cuando no sepas cómo ir al baño vas a ir a preguntarnos… aunque… – Shura piensa un segundo – ¿dónde estaban ustedes?
– Creo que después de la cena Saori les va a decir qué cosas están metidas en esta casa y ustedes ni cuenta se dieron… pero ni por cosmo-energía
– ¿Eh?
A la hora de la cena, todos muy modernamente vestidos, estaban ansiosos esperando a que Saori les contara eso que Shura (de puro chismoso) les había contado a todos los caballeros.
Todos se miraban, no volaba ni una mosca. Las mucamas estaban sorprendidísimas con el comportamiento de los muchachos, quizás porque habrán tenido un preconcepto de que los chicos eran salvajes o vaya a saber uno qué sucedía por la mente de cada una de ellas.
Shaka con sus ojos cerrados esperaba tranquilo el veredicto de Atenea; Afrodita se miraba por medio de las copas de cristal, se veía que no había perdido el egocentrismo; Aldebarán lo miraba a Shaka y pensaba “¿Cómo hace este chico para poder comer con los ojos cerrados?”; Aioros y su hermano miraban para todos lados; el resto en silencio, hasta que Milo corta aquella paz:
– Perdonen, chicos, yo no me aguanto más la intriga. – mira a Saori – Atenea ¿qué es lo que nos tenés que decir?
– ¿Porqué Saga y Kanon se enteraron primero de ello? – acota Mephisto (6)
– No pienso dar nunca más una pista – dijo Kanon ofendido
– Muchachos – empezó Saori, dejando los cubiertos en la posición correcta en el plato – lo que Kanon y Saga vieron antes que ustedes fueron las armaduras doradas
– ¡¿QUÉ?! – gritaron todos al unísono menos los gemelos, Shaka y Mu
– Como se lo había explicado hoy a los dos anteriormente, las armaduras doradas estarán acá para estar cerca de sus dueños, eso les brindará protección y hará que su cosmo siempre brille.
– Con todo eso que decís estás sugiriendo que correremos peligro algún día ¿me equivoco? – interfiere Afrodita
– Eso fue lo que yo le dije – acotó Saga – pero según ella vamos a tener una vida “normal” – e hizo un gesto como marcando comillas
– Ustedes van a llevar una vida normal, pero no saben lo que les depara el destino, chicos, las armaduras estarán acá por las dudas. Aunque pienso que ustedes quieren sacar una razón mucho más profunda porque no se atreven a abandonar por un instante su condición de caballeros… – hubo silencio, y dirigió la mirada hacía las damas de compañía que tenía – Dorothy, ¿podés traerme lo que te pedí? – la chica rubia le entrega a Saori un cofrecito y ésta lo abre descubriendo una pequeña llave doraba con un diamante en el medio – los gemelos entraron de pura suerte a la habitación donde están las armaduras, porque acá yo tengo la llave, y solamente para una emergencia las podrán usar. El Santuario está pasando por una etapa de transición y les aseguro que sus amadas armaduras volverán allí, pero por el momento sáquenselas de la cabeza y les ruego que vivan una vida normal, vivan un nuevo inicio, chicos. Es muy importante esta nueva oportunidad que se les presenta.
– Es muy difícil tratar de llevar algo normalmente después de mucho tiempo, pero quiero entender tu intensión y así será… – concluyó Aioros.
– Odio rebobinar pero… si así lo quieren… – suspiró Camus y la cena concluyó allí.
Al finalizar la cena, los chicos brindaron, Aldebarán empezó a contar chistes para pasar el rato y luego de eso, Mephisto propuso que todos vayan a su habitación para mirar una película. Saori entretanto se había ido a dormir, para ella fue un día muy movido y quería juntar fuerzas para el día próximo, tenía que organizar un encuentro con los caballeros de bronce.
Mientras todos se iban acomodando en la habitación de Aldebarán y Mephisto, Saga quedó completamente en un estado pensante… lo que pasaba por su cabeza era muy simple: si las armaduras de oro iban a estar ahí, y alguna vez tenían que ser usadas… ¿quién la usaría? ¿Cómo es posible que haya dos portadores al mismo tiempo? Por más que quería sacárselo de la cabeza le era imposible, ese tema no era el más importante, y tenía ganas de pasarla bien. Pero de pronto otra pregunta se le pasó por la cabeza y sin querer la hizo en voz alta:
– ¿Qué pasó con Dohko y Shión? – los chicos se dieron la vuelta para mirarlo
– ¡Uh, nene! ¡Cortala! – protestó Milo tirándose en uno de los sofás
– ¡uy! Se me escapó… no quería realmente decirlo…– se justificó el peliazul
– Ya fue(7) ya… miremos la película – terminó el escorpiano
– No, no. Esperá. – lo detuvo Mu – Saguita tiene razón, o sea, si a todos nos revivieron, entonces ellos también…
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