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Capítulo 17: Ausencias – Los fragmentos perdidos – Tercera parte
Pasó algún tiempo antes de que despertaran. Shura le pidió al patriarca que lo enviara nuevamente a la ciudad de D., tenía la sensación de que se encontraría algo importante ahí, sin embargo Shion se negó sin pensarlo siquiera. El de capricornio se alejó molesto, y cuando estuvo lo suficientemente lejos golpeó una columna en uno de los campos de entrenamiento.
- Ja, entre tú y Milo acabarán con el santuario… - dijo Aioria, poco tiempo antes había sido el escorpión quien, después de una discusión con Camus, había destrozado una columna en otra parte del santuario.
Shura observó al de leo para toparse con la nada agradable sorpresa de que estaba al lado de Shaka. Sintió celos, pero a diferencia de Saga, él no era de los que armaban escenas, tan solo prefería alejarse. El rubio sintió que algo había hecho mal y, disculpándose con Aioria, lo dejó para poder ir tras Shura.
***
Seat observó a Saga delante de él. Estaba sentado en el suelo y veía directamente a los ojos del de géminis.
- ¿Lo amas? – preguntó con desprecio.
- … See… - pudo haber mentido, pero no quiso hacerlo. Notó el odio en los ojos de Seat y se preguntó cómo es que había cambiado tanto en ese tiempo.
- Lo mataré… voy a matarlo… en serio… - parecía fuera de sí, caminó con determinación hasta la puerta pero Saga lo detuvo.
- No, no le harás nada… Si quieres tomar la vida de alguien… puedes tomar la mía, pero a él no le harás daño… - Seat abrió la boca pero fue incapaz de decir algo, le dolía y no entendía por qué. Había perdido la capacidad de sentir amor hacia el de géminis pero no dejaba de sentir celos.
- ¿Tanto lo amas? – dijo cerrando los puños con fuerza.
- Sí… - dijo Saga y se alejó cuando vio que Seat se veía más calmado.
- Debo matarlo – ya no sabían si lo hacía por la profecía o por celos.
- Yo lo detendré… si algo ocurre, te prometo que lo detendré… - Seat asintió.
- Lo siento Saga… - musitó antes de golpear el cuerpo del de géminis con tanta fuerza que lo dejó inconsciente.
Despertó casi media hora después con un fuerte dolor de cabeza. Buscó a Seat con la mirada pero fue inútil y una sensación de temor recorrió su cuerpo, tenía que llegar al santuario antes que el de acuario o Camus estaría en graves problemas. No sabía en ese momento, que no era la primera vez que Seat recorría los alrededores del Santuario. Sonrió un breve instante mientras abría uno de sus portales, a pesar de la situación, se sentía feliz al saber que tendría la oportunidad de reencontrarse con el francés.
***
Caminaron en silencio hasta llegar a un bar. Shaka accedió no muy convencido y solamente porque Shura le había dicho que tan solo serían un par de copas, pero el par de copas se convirtieron en muchas copas y Shura terminó ebrio, con Shaka esforzándose por comprender lo que decía.
- ¿Conoces… la leyenda del… anillo… Nibelungo?
- Es un anillo mágico – respondió dejando que pasara uno de sus brazos sobre su hombro para ayudarlo a llegar a su templo – hecho con oro de Rin y… si lo tienes puedes dominar al mundo entero… pero… que yo sepa es solo una leyenda… sería problemático si una sola persona pudiera hacer lo que quisiera con solo tener el anillo, ¿no crees?
Las palabras de Shaka resonaron en su mente y Shura se reincorporó avanzando unos cuantos pasos para después caer súbitamente.
- Espera, ¿qué haces?
- Una… persona podría… hacer cualquier cosa con… el anillo…
- See, esa es la magia del anillo… -dijo como si fuera obvio – Shura… bebiste demasiado… tus heridas no han sanado por completo… será mejor que descanses… puedes quedarte aquí… - dijo con nerviosismo, estaban a las afueras del templo de virgo y saber que faltaban cuatro templos más para llegar al de capricornio le parecían infinitos.
- El maldito bastardo tenía razón.
- ¿De qué hablas?
- Saga… Seat no era Seat… - incoherencias de ebrio – pensó Shaka y no le dio importancia a las palabras de Shura – Pero… yo sentí su cosmo… desaparecer… - se recargó en una pared como si fuera presa de un gran dolor.
- ¿Estás bien? – preguntó el rubio ayudándole a incorporarse y luego lo llevó hasta el sofá – Te iré a preparar un poco de té – musitó.
- Espera… NECESITO decirte algo… - Shaka se detuvo – Hay algo que debes saber de Saga y de mí…
Le contó a grandes rasgos la historia, incluso le contó sobre su breve y esporádica relación con Saga. El rubio lo escuchó con toda la atención del mundo pero en su mente tan solo estaba la idea de que Shura y Saga habían tenido un romance. “Por eso siempre hablaba de él” – pensó Shaka en algún momento de la conversación.
- El patriarca debería saberlo.
- ¿Qué?
- ¿Qué sucedió con ese tal Swom? – sí, también estaba celoso de él.
- No lo sé, perdí contacto con él…
- Si el maestro de Camus en verdad tenía ese anillo, es poco probable que haya muerto, pero de alguna forma encontraron su cuerpo…
- Pero sentimos su cosmos desaparecer – Shaka nunca conoció al maestro de Camus, así que no podía opinar al respecto - No sé qué hacer.
- Cualquier cosa que decidas, yo te apoyo – musitó Shaka antes de desviar la mirada hacia el suelo.
Shura lo observó y acarició su rostro antes de tomarlo por la barbilla para hacer que lo viera a los ojos, adoraba su mirada, a decir verdad, adoraba cada centímetro de su cuerpo. Se acercó lentamente a él, tanto que el rubio percibió el etílico aroma de sus labios. Shura aprisionó su cuerpo entre sus brazos mientras exploraba su boca con suavidad, era húmeda y dulce, era muy diferente a lo que se había imaginado, era muchísimo mejor.
- Ahh… lo siento… - intentó disculparse Shura mientras ponía su mano derecha sobre su nuca.
- Me gustas… - dijo de pronto Shaka y las palabras paralizaron al español quien lo miró algo desconcertado.
- ¿Eh?
- Es decir… - ya no pudo respirar y comenzó a estrujar sus manos como siempre hacía cuando estaba nervioso – Me… me gustas mucho… ahh… - se preguntó de dónde rayos salían las palabras y por qué no podía controlar lo que decía – Tengo que irme… - se puso de pie con el rostro enrojecido y sin atreverse a ver al español a los ojos.
- Espera… - dijo tomándolo de la muñeca cuando pasó a su lado – Estamos en tu templo... No te vayas...
***
Camus buscó algo para cenar, afortunadamente para el francés, Shura había pasado por su templo en algún momento del día y le había dejado comida, seguramente hecha por Aioros.
- Te soltaré si prometes no hacer ruido – el francés sintió su cuerpo inmovilizado al mismo tiempo que una mano cubría su boca, y no supo qué le sorprendió más, si el no haberse percatado de ese cosmos que invadía su templo o el reconocer al dueño de esa voz - ¿Entendiste? – asintió para luego toparse de frente con él – Te he extrañado muchísimo.
- Saga… - pronunció su nombre, pero sonó vacío, sin alma.
El de géminis abrió un portal y tomándolo del brazo lo arrastró con él para aparecer en lo que había sido su antigua habitación.
- ¿Quién eres? – preguntó el francés, sus ojos veían a Saga, podía sentir su cálido cosmos, sin embargo, su sentido común le decía que no debía entusiasmarse y que la persona que tenía en frente no era más que un impostor – Saga está muerto, ¿quién eres?
- Cam… - musitó antes de abrazarlo, había esperado tanto tiempo ese encuentro que ahora tenía la impresión de que lo estaba imaginando, y necesitaba sentirlo entre sus brazos para convencerse de que era real – No recuerdas nada ¿cierto? – preguntó al notar la tensión del francés. Era lógico, había utilizado el Satán Imperial en su contra. No lo rechazaba, pero tampoco le había correspondido.
- Saga está muerto – insistió aunque comenzaba a dudar – yo vi su cuerpo…
- Cam, soy yo… puedo explicarte todo, solo tienes que confiar en mí… Estuvimos juntos infinidad de veces… y… me daban celos del chico escorpión, un día te lastimaste el tobillo entrenando con Aioros y de regreso vimos a Shaka entrenando con Heze… No llegué a tiempo para tu combate con el rubio pero el chico escorpión se interpuso entre ustedes y tiempo después te enfrentaste al hermano de Aioros… Y yo sé, que aunque no seas capaz de aceptarlo ahora, me has amado tanto como yo a ti… - lo atrapó nuevamente entre sus brazos antes de besarlo. Camus forcejeó un poco, pero la sensación le resultaba tan familiar que terminó cediendo, reconoció el sabor de sus labios, el aroma de su piel inundando sus sentidos, era él, era Saga. Pasaron algunos segundos antes de que mordiera los labios del mayor recibiendo una queja – Ahh…
- No has cambiado – dijo ocultando muy bien lo que sentía en ese momento y se dirigió a la puerta - ¿Qué quieres? – Saga sonrió, quería muchas cosas, en especial, lo quería a él.
- ¿Estás molesto? – preguntó acercándose al francés.
- ¡¿Qué si estoy molesto?! ¿¡Cómo demonios explicas esto?! ¡Nos engañaste! ¿Tienes idea de cómo me sentí? Y… regresas como si nada…
- Tenía sospecha acerca de la muerte de Seat… - la ira de Camus pareció disiparse por un instante para dar paso a otra sensación igual de intensa.
- Sé de lo tuyo con Seat – musitó antes de sentarse en su antigua cama. Saga contuvo la respiración un instante y en su mente maldijo a Shura, supuso que había sido él quien le había hablado a Camus de su relación con su antiguo maestro.
- Primero quiero que sepas algo… - dijo colocando las manos sobre los hombros del francés, se trataba de una mera excusa para tener contacto con él.
- ¿Lo amabas? – preguntó Camus con tanta seriedad que fue imposible para Saga suponer qué pasaba por su mente.
- ¿A quién? – el de acuario se alejó de Saga, si seguía tan cerca de él terminaría golpeándolo por cínico y por idiota.
- ¿Por qué terminaron? – see, quería saber todos los pormenores y detalles incómodos.
- Éramos jóvenes, teníamos toda la vida por delante… - se acercó nuevamente a él.
- No valía la pena quedarte con él… ¿eso pensaste?... – el mayor no entendía, ¿qué quería escuchar Camus?, parecía decepcionado de que la relación con Seat no hubiera funcionado y al mismo tiempo parecía celoso de que hubiera existido dicha relación – No te creo… - dijo desviando la mirada.
- Éramos jóvenes – repitió, entonces notó una leve mueca de enfado en el hermoso rostro del francés.
- ¡Yo era joven!… - dijo con reproche – Me dejaste por eso, ¿cierto?... – el silencio de Saga fue como una repuesta que enfurecía a Camus – Eres un malnacido Saga…
- No fue por eso… tenía que irme…
- ¿A dónde? ¿Por qué? Todo este tiempo me he preguntado por qué te acusaron de traición… pero nadie dice nada… es como si quisieran borrarte…
- Estuve investigando de la muerte de Seat… Shion jamás me habría dejado ir, así que tuvimos que planear algo… Shura pensaba ir en mi lugar… así yo podría seguir cuidando de ti, pero… era claro que no te hacía ningún bien, te lastimaba todo el tiempo y tú… eras demasiado joven… aún lo eres – intentó tomar sus manos pero el menor se alejó sin remordimientos.
- ¿Y te diste cuenta después de todo lo que pasó?
- No – negó con la cabeza – me di cuenta muchas veces… me di cuenta TODO el tiempo, pero te deseaba… eras… como una droga… no podía ni quería dejarte.
- ¿Cuál es la diferencia entre tu relación con él y tu relación conmigo? – entonces Saga supo que no se trataba tan solo de su imaginación, Camus en verdad estaba celoso del pasado.
- Cam… lo mío con Seat era como lo tuyo con Milo – el de acuario lo miró algo desconcertado, ¿cómo demonios se había enterado de su relación con Milo? Lo cierto era que Saga supuso que solo sería cuestión de tiempo para que el francés terminara con el escorpión, se notaba el interés de este último por el de acuario y a pesar de que no estaba seguro era algo que intuía - Nos deseábamos, todo era lindo, nos queríamos mucho, pero… pero no estábamos destinados a estar juntos… - Camus puso los ojos en blanco – porque yo estaba destinado a estar contigo… desde antes de conocernos.
Era cierto que jamás había podido olvidarse de Saga, era un pensamiento constante, sin embargo, nunca le había pasado por la mente que pudiera estar “destinado” a estar con él, le parecía una idea muy romántica, y ese era un lado que no conocía de Saga. Le preguntó acerca de la caja y el francés fue hacia lugar que tiempo antes había sido su alacena y quitó una de las tablas que había en el fondo, no sabía cuándo utilizarían esa habitación así que ocultó la caja lo mejor posible.
Saga se sorprendió que en todo ese tiempo Camus no hubiera intentado abrir la caja, no supo si se trataba de la curiosidad apagada del francés o si tan solo era muy firme en sus promesas, nunca sería capaz de comprender todo lo que significaba para Camus que la caja se mantuviera cerrada, era como mantener la esperanza, de que un día, tarde o temprano, Saga regresara. Pensaba que si cumplía su promesa de no abrirla, el de géminis cumpliría la suya de regresar.
En el interior había una fotografía de Aioros, Saga y Seat.
- ¿Qué? ¿Quieres presumir que una vez también fuiste joven? – el rostro desconcertado de Saga le hizo sonreír levemente. Tenía mucho tiempo de no sonreír.
- Niñato – lo miró con cierta sospecha - ¿Te has estado juntando con Shura?
- A veces – al menos se sentía aliviado de que el francés no hubiera perdido por completo su capacidad de expresión.
Bajo la fotografía estaba la carta que Seat le había enviado a Saga. Camus titubeó al leerla pero Saga lo instó a que lo hiciera. La carta finalizaba pidiéndole a Saga que cuidara de Camus y le advertía de que quizá lo seguirían al santuario.
- ¿Seguirme al santuario? – preguntó sin entender mucho de la carta.
- Ellos no saben a quién están buscando con exactitud – a decir verdad, el “ellos” se había reducido a Seat en poco tiempo.
- ¿Ellos? – pensó en decírselo en ese instante, quiso decirle que Seat no estaba muerto pero que ya no era la persona que ellos conocían, sin embargo, un sonido los alertó. Camus había estado sintiendo un cosmos muy familiar y extraño al mismo tiempo, así que rogó porque no fuera nada importante.
- Espera Camus, hay algo que necesito decirte – en realidad no solo era una cosa, eran varias, y en ese momento no supo por dónde empezar.
- ¿Qué cosa? – Saga lo observó, se veía tan adulto, su expresión era fría y distante. Extrañaba los días de antes y comprendió de pronto que se había perdido de una parte importante de la vida de Camus, así que sentía un terrible dolor de solo pensar que ya no podría recuperar el tiempo perdido.
- Te amo… - quizá debió relatarle la verdad acerca de Seat, pero las palabras brotaron por sí solas, el dolor en su pecho era tan insoportable que tan solo sintió que debía decírselo. Camus intentó decir algo, pero de nuevo el sonido a las afueras lo alertó y salieron para encontrarse con él, con Seat.
- Hola Camus… haz crecido mucho… - el francés retrocedió un par de pasos y su espalda chocó contra el cuerpo de Saga - ¿Qué sucede? Parece que has visto un espectro…
***
Se habían quedado en silencio un rato. Esa era la gran diferencia entre Shaka y cualquier otra de sus relaciones, con el rubio todo era tranquilo, no había discusiones ni sonrisas sarcásticas, todo era lo que tenía que ser y nada más. Disfrutaban su compañía y adoraban tanto sus voces como el silencio entre ellos, acompañados por el imperceptible sonido de su respiración.
- A mí también me gustas – musitó Shura de pronto - Mucho.
Shaka sonrió.
- Y muero de celos cada vez que te veo con Aioria… y odio que sea tu vecino – Shaka lo miró divertido – y muchas veces me ha pasado por la mente cambiar de templo con Dohko, para estar cerca de ti…
- Mientes…
- No, lo digo en serio… - la expresión de Shaka cambió de pronto y Shura comenzó a preocuparse - ¿Qué pasa?
- ¿Sientes eso?
- Siento amor por ti – dijo con una sonrisa intentando quitar la tensión que en segundos se había formado.
- Saga… - musitó, porque a diferencia de Shura, Shakasí era capaz de sentir el cosmos a grandes distancias por muy débil que éste fuese.
- ¿Qué?
- Vamos… - salieron corriendo lo más rápido que pudieron.
Continuará…
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