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EL CISNE DE FUEGO
CAPITULO 1. Siete años…
Lo primeros rayos de sol de esa mañana fueron colándose por la ventana de aquel piso, iluminando la vieja cama vacía con las cobijas completamente revueltas, la foto sobre la mesa donde cinco jóvenes muchachos sonreían, creando un camino hasta la puerta del baño inundada por el sonido del correr del agua
Dentro de la regadera Ikki dejaba que las gotas frías viajaran por su anatomía, relajando sus adoloridos músculos, lavando la soledad que se le pegaba a la piel.
Enjuago la espuma en su melena y se quedo unos instantes mas antes de girar las llaves, tomo la toalla a su lado y elimino el exceso de agua, para después colocarla en su cintura y regresar a su habitación.
EL moreno se sentó a la orilla de la cama, encendió un cigarro que fumo lleno de nostalgia. “Siete años” dijo su cabeza que no dejaba de merodear el pasado, desenterrando los recuerdos mas felices y amargos.
Se llevo una mano a los ojos deteniendo las lágrimas que buscaban salir, después de tanto tiempo seguía batallando con aquellas emociones “tan normales” del hombre, estaba cansado de ellas y solo deseaba que desaparecieran.
Apretó los dientes, se levanto como una fiera, dejo caer su puño sobre la pared con toda la fuerza que tuviera, una punzada de dolor recorrió cada una de sus fibras, obligándolo a cubrir sus nudillos heridos con la otra mano. Recargo su espalda en la pared y fue deslizándose hasta sentarse en el piso, sentía los dedos entumidos mientras el resto de su brazo se acalambraba.
Cerró los ojos esperando que esa terrible sensación desapareciera, saco el aire de sus pulmones recriminándose una vez más su estupidez, por la cual tendría inutilizada la mano por varios días.
Paso varios minutos sin moverse, el dolor punzante que iba en aumento le recordaba que ya no era el valiente caballero de hace unos años, si no un simple hombre con una vida normal, sin batallas, sin dioses que proteger, sin compañeros con quien pelear, solo un hombre sin amigos, sin familia.
Un bufido salio de sus labios, no quería arrepentirse de su decisión, no podía, sabía que solo era un día difícil, algo “normal” que debía suceder, tenía que levantarse y seguir. Él había tomado esa resolución, abandonar la orden, a sus compañeros, a sus amigos, a su hermano sin impórtale las consecuencias.
<<No mirar atrás>> le dijo a la nada
El peliazul se incorporo al fin, fue hasta el pequeño botiquín que mantenía cerca de la cama, se coloco una venda protegiendo el daño que se había hecho y resoplo al tomar el frasco lleno de dosis de realidad.
Tomo un par de pastillas para calmar el dolor que trago con dificultad, como extrañaba ese suave candor que le producía su cosmo cada vez que era herido, solo necesitaba un poco de concentración y estaba listo para la siguiente batalla, ahora pasaba días enteros sufriendo los estragos del dolor, ya no sabia que era peor sobrellevar el daño o las reacciones de su cuerpo que le provocaban los medicamentos.
Lleno sus pulmones de aire y llevo con dificultad la mano vendada hasta su hombro izquierdo, dejo que sus dedos acariciaran el tatuaje que se posaba sobre su omoplato, un ave fénix el único rastro que quedaba del grandiosos caballero de Athena que alguna vez fue.
Resignado comenzó a vestirse, con pantalones caqui tipo militar, una playera sin mangas cubriéndola con una camisa color arena, se colocó unas botas de campo, bebió un poco de jugo que conservaba en el refrigerador, tomo la fotografía de la mesa guardándola en uno de sus bolsillos y salio a paso firme de aquel lugar.
Manejo cerca de una hora distrayendo sus pensamientos en el paisaje que engalanaba los costados de la carretera, estaba inquieto, desde que se levanto no conseguía quitarse de la cabeza la imagen de cierto cisne, como una premonición de que algo iba a pasar, idea que le parecía por demás absurda.
Desvió su camino por un paso empedrado hasta pasar una reja que mantenía un cartel de “TLETONATIUH Solo personal autorizado”. Llegó a una explanada repleta de vegetación, bajo del vehiculo sin préstale mucha atención a los ciervos que lo contemplaban curiosos detrás de una malla ciclónica, fue directo a la pequeña cabaña que tenia enfrente. Entro en busca de sus cosas, camino hasta el locker mas cercano, saco la fotografía de sus pantalones le dio un último vistazo en medio de un suspiro y la dejó en la parte mas alta, tomo la caja de pesca que estaba en el piso, recogió una radio de la mesa y regreso a la puerta.
<<Buenos días medico… >> hablo un hombre delante de él
<<Tetsuo…>> saludo el peliazul
<<Y ahora… ¿a ti que te paso?… ¿a quien golpeaste?>>
El moreno no le puso muy buena cara al comentario de aquel hombre, resoplo fastidiado y busco esquivarlo. Tetsuo observo su actitud y negó con la cabeza, el tiempo que tenía tratándolo le era más que suficiente para conocer sus reacciones, varias de las canas que pintaban su cabellera lo corroboraban.
Estiro el brazo obstruyéndole el paso, clavo sus castaños ojos en la retadora mirada que recibió, le arrebato la caja de pesca que sostenía en la mano sana y se encamino hacia el jeep al lado de la cabaña
<<Con esa mano no puedes hacer mucho… además te buscan en la puerta de visitantes…>> comentó muy tranquilo
<<A mi?...>> pregunto extrañado
<<Si niño… a ti… o conoces otro Ikki por aquí…>>
Ikki bufo completamente irritado, ese hombre tenia la manía de darle ese tipo de contestaciones que le crispaban los nervios, lo peor era aceptar que le agradaban.
<<Muévelas campeón!!!...>>
<<Primero invítame unos tragos y después hablamos viejo...>>
<<It´s alive!!!... Bendito sea!!!… siempre supe que no era un caso perdido… anda mocoso… sube… no tenemos todo el día…>>
El peliazul engancho la radio en su cinturón y con gran lentitud camino hasta el asiento de copiloto del jeep.
<<Serénate anciano… no quiero que te de un infarto…>>
Tetsuo dejo salir una carcajada al escucharlo, piso al fondo el acelerador dejando una gigantesca humadera detrás, manejó sobre un sendero de terraseria, mientras hablaba animado dando indicaciones, recordatorios y comentarios señalando las distintas divisiones que pasaban.
De vez en vez miraba de reojo a su acompañante, como disfrutaba ese recorrido matutino, aun cuando él era el único que hablaba la mayoría de las veces, el mutismo del menor era tan habitual como la salida del sol o las encarnizadas discusiones que llegaban a tener. Ese muchacho tenia un genio de los mil demonios, pero estaba convencido que solo era la enorme pasión que le recorrían las venas.
<<Siete años…>>
El mayor cerro de inmediato la boca al escuchar las palabras que se le acababan de escapar, por suerte el peliazul estaba distrito, volvió a mirarlo tomando una bocanada de aire, desde el primer momento que lo conoció pudo leerlo como si de un libro abierto se tratara, la soledad y tristeza que se escondían detrás de su brava mirada, su desesperación por entender un mundo que no comprendía, el como buscaba apartar los fantasmas que le quitaban el sueño. Odiaba verlo de esa forma tan decaída, era como si el tiempo se detuviera y lo arrastrara al pasado.
Recordar nuevamente aquel muchacho huraño de 17 años que llego buscando un refugio, lleno de amargura, cargando un saco de sueños rotos y un par de prendas, sin anhelos, ni dinero al que decidió darle una oportunidad.
Tetsuo resoplo dejando atrás esa imagen, pensó que solo era un mal día, a lo largo de todos esos años había sido testigo de su tenacidad para salir adelante, todas las horas que pasaba bajo el sol arreglando las jaulas, la dedicación a los animales, las noches en vela estudiando.
Sin embargo todas sus ideas se esfumaron al sentir la tensión que atrapo a su acompañante, volteo extrañado buscando alguna explicación, el moreno tenia clavada la mirada en las dos figuras que lo esperaban.
Detuvo el jeep al llegar a una puerta de la que sobresalía un cartel de bienvenida, Ikki bajo del vehiculo sin darle tiempo de decir nada, entendiendo que lo mejor era seguir su camino solo.
EL peliazul espero unos segundos sintiendo como se alejaba el jeep, saco un cigarro y lo encendió, cualquiera que lo viera no se extrañaría al ver aquella arrogancia característica del antiguo caballero de Athena, la realidad era que el moreno estaba sorprendido de ver a aquellas figuras, su cabeza no dejaba de preguntarse que hacían ahí, revolviéndole el estomago con todas las respuestas posibles.
Los músculos se le tensaron a ver la sonrisa maliciosa que se asomaba de los labios de Milo, mientras sentía como la mirada de Kamus se transformaban en millones de cristales de hielo que buscaban atravesarlo. Disimuladamente lleno sus pulmones de aire y camino sin dejarse amedrentar hasta quedar a unos pasos de ellos
<<Tanto tiempo fénix…>> hablo el escorpión
…..
<<Se te ve bien muchacho…parece que la vida normal te ha sentado bien…>>
<<¿Qué quieren?...>> interrumpió el menor
<<Vaya se ve que no cambias…>> comento el acuariano
<<No creo que estén aquí para saber de mi vida…>>
<<Tu siempre tan perceptivo…>>
…..
<<Bien… Athena quiere verte… nos ha mandado a buscarte…>> explico Kamus
El peliazul dejo caer el cigarro de su mano y lo piso, giro sobre sus pies y comenzó a alejarse
<<No me interesa… pierden su tiempo…>>
No dio dos pasos cuando se vio atrapado entre los dos caballeros, miro sobre su hombro al acuariano que no parecía haberse movido, regreso la mirada al escorpión que aun conservaba su postura holgada. Estaba en una clara desventaja, pero no se iba a dejar intimidar por ello, hizo un segundo intento de salir, pero al hacer el primer movimiento sintió como su espalda se estrellaba contra la puerta.
<<Creo que no entendiste niño… déjame acláratelo… no te estamos preguntando…>> replico el espartano completamente serio
Ikki trato de soltarse, quiso apartar inútilmente las manos de Milo que lo sujetaban de la camisa, entre mas esfuerzo hacia, mas sentía como le aprisionaba el pecho dificultándole el respirar. Sus pies fueron perdiendo el piso paulatinamente al ser levantado como una pluma.
<<No lo hagas mas difícil fénix…>> aclaro Kamus
<<Yo… ya… no… tengo… nada… que… ver… con ella… o… con ustedes…>> respondió pataleando buscando librarse
<<¿Dos contra uno?... esto si que promete…>> interrumpió una voz
Milo y Kamus voltearon topándose con aquel hombre de cabello canoso y ojos castaños que se mantenía recargado en uno de los árboles sonriéndoles.
<<Tet…suo…>>
<<Pero señores… por favor… continúen… por mi no se preocupen… lo menos que quiero es interrumpirlos…>>
El escorpión lo miro de pies a cabeza, volteo con el menor soltando el amarre, palmeo un par de veces su hombro y se separo caminando rumbo al acuariano.
<<Esta noche… en la Mansión… no nos hagas venir a buscarte nuevamente…>>
El peliazul tomo grandes bocanadas de aire al sentirse liberado, llevo una mano al pecho mientras que con la otra se sujetaba de la pared, viendo partir a sus agresores.
Siete años atrás…
Shun subía lo más rápido posible rumbo a la explanada que antecedía la sala del Gran Patriarca, Shyru y Seiya corrían a su lado, el ataque al Santuario los había tomado por sorpresa.
Por ordenes del Sumo Sacerdote los caballeros de bronce debían proteger a Athena mientras los 12 guardianes del santuario detendrían a los invasores, sin embargo la gran cantidad de enemigos los obligo a separase.
El peliverde estaba preocupado, lo último que supo fue que su hermano y el cisne se encontraban resguardando a la diosa, después sintió una enorme explosión de dos cosmos que se apagaron inmediatamente, uno de ellos era el del ave fénix.
Los tres caballeros cruzaron la última puerta que los llevaría hasta la explanada, pero se detuvieron en seco, delante de ellos se encontraba Hyoga completamente erguido portando la armadura del cisne rodeado por una estela rojiza, tenia la mirada perdida en los pedazos de armadura que yacían a sus pies.
<<Hyoga… te encuentras bien…>> Pregunto el dragón
……..
El pelinegro se acerco al rubio que parecía en un trance, toco su hombro intentándolo hacer reaccionar, en ese momento el pálido cuerpo del cisne se desplomo inconciente en sus brazos
<<Hyoga!!!!... vamos Hyoga… reacciona!!!…>> pedía sin éxito alguno
Seiya y Shun se miraron preguntándose que demonios había sucedido en aquel lugar, voltearon a su alrededor buscando a los demás. El castaño fue el primero en moverse al ver como detrás de un montículo de piedras se incorporaba Saori socorrida por Shion. Ambos se veían confundidos, como si al igual que ellos desconocieran lo sucedido.
El menor de todos estaba desesperado, no había señales del peliazul, comenzó a llamarlo con la voz entrecortada, su cabeza solo podía imaginarse lo peor al notar que los restos de armadura a los pies del cisne pertenecían al fénix.
Volteo al sentir que algo al fondo se movía, se acerco en un par de zancadas encontrándose al moreno en un estado deplorable, trato de auxiliarlo pero quedo helado al sentir aquel grito ahogado que salio de su garganta, como si lo desgarraran por dentro.
Ikki entreabrió los ojos topándose con las esmeraldas de Andrómeda, intento decirle algo pero el dolor parecía que lo carcomía, jamás había experimentado algo semejante, la cabeza le comenzó a dar vueltas cuando su hermano lo ayudo a sentarse, recargo una mano en el piso y busco sostenerse de él con la otra, intento enfocar su alrededor sin mucho éxito
<<Hy…ga….Hyo…ga… es…ta…>> balbuceo con dificultad
<<Tranquilo Ni san… Shyru esta con él… Todos están a salvo…>>
<<P…er…dm… Sh..un… Per…d…o…na…me>> repetía el mayor
El peliverde no entendía que trataba de decirle, no sabía por que se disculpaba, lo que le importaba en ese momento es que estaba muy mal herido y que por alguna extraña razón no podía sentir su cosmo, hizo un intento en vano de averiguarlo pues el moreno había perdido el conocimiento.
CONTINUA…
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