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.:Ya no estas:.
Siempre, a la misma hora en que la tarde se vuelve gris y sus sombras parecen cobrar vida, se le podía apreciar parado a la orilla de un triste lago. Se le notaba melancólico y rodeado por un nimbo de desconsuelo y profundo dolor; sus ojos esmeraldas se perdían en las profundidades de las engañosas aguas y en momentos pareciese querer terminar con aquello que su alma era incapaz de sobrellevar.
Te busco y no te encuentro
En aquel lugar que solíamos ir
En cada rincón anhelo verte
Y en cada ser que llega
Con desesperación te veo venir
–Y anhelas en vano. Ya deberías haberlo aceptado, él esta muerto y nada podrá cambiarlo. Lo sabes, así que deja ese estúpido sentimiento de lado. Me irrita.
Pero, ya no estás
Quizá jamás
Volvamos a contar las horas,
Los minutos, los segundos
Para vernos una ves más
–Sabes... tu estúpida actitud comienza a fastidiarme. En verdad no entiendo cómo, aún después de muerto, le puedes seguir amando. Es ridículo.
Para Arles podía resultar ridículo, incomprensible y quizá inconcebible, pero para él, Saga, era tan posible como el hecho de albergar un dios en su cuerpo.
Cerró sus ojos ante la terrible opresión que su corazón sentía y, dejando escapar un suspiro nostálgico, trajo a su mente todos aquellos momentos que compartió con el arquero.
Nunca más te sentarás ahí
Para verme llegar y estrecharme
Ya jamás volveré a sentir
Tus brazos redondearme
–No deberías pensar tanto en él, seguro que en estos momentos se ha olvidado por completo de ti. Y no lo culpo con tanto espectro lujurioso suelto en el inframundo; ya debe de estar gozando en la cama de alguno.
“Te amo Saga” era lo único que llenaba su mente en aquellos momentos...
“Aioros” escapó de sus labios en un murmullo casi inaudible “perdóname, por favor, perdóname”. Sus palabras pronto cesaron y lagrimas brotaron sin control alguno del par de esmeraldas. Su cuerpo desfalleció sin fuerza alguna, simplemente, no podía aceptar su perdida. ¿Cuánto más podría resistir?, ¿cuánto tiempo tendría que sufrir por aquel amor que no pudo defender?.
“Si tan solo hubiese confiado más en ti”...
Esperaba, presentía
Que el final pronto llegaría
Pero olvidar aquellos minutos
Que me prestó la vida, con tu presencia
Jamás podría
–-Te diré algo gracioso. Confianza había, demasiada me atrevo a decir, sin embargo no me cruzaría de brazos para ver como te deshacías de mi. Tú me perteneces. Te guste o no serás mío, tarde o temprano, tu mente desaparecerá y yo podré tener un cuerpo hermoso, elegante y sobre todo poderoso; no habrá valiente que intente enfrentarme y el que lo haga morirá tal como paso con tu amado Aioros.
“Ni siquiera los Dioses están por encima del destino” dijo estirando su brazo para sumergir su mano en las frías aguas del lago “El destino es caprichoso y no hay algo que odie más que la sangre de un inocente derramada”...
Una fuerte punzada se apoderó de su cabeza, y en acto reflejo apartó su mano de las traicioneras aguas para posarla sobre su rostro.
“Saga” escuchó una vez que hubo pasado el dolor.
No podía ser cierto...
El atardecer había desaparecido y ahora el cielo nocturno gobernaba por encima de él. Las estrellas oscilaban temerosas y la luna enternecida, por tan bello caballero, no pudo más que regalarle una suave caricia.
“Saga” una vez más su mente le hacía una mala jugada o quizá...
Se acercó hasta el lago como pudo y admiró por un momento su reflejo, resultaba lamentable verse en tal estado, sin embargo su reflejo comenzó a cambiar.
“¡Aioros!”.
“¡Aléjate del lago!” exclamó furioso el dios “¡Maldita seas Athena, juró que te haré pagar por esta osadía. Tú y cada miserable que te siga les obligaré a rendirme cuentas“.
“Yo...”
“Sabes que no fue culpa tuya”.
Saga le miró a los ojos, tan llenos de amor, con esa añoranza reflejada que le resultaba imposible mentir.
“Pronto estaremos juntos otra vez” pensó mientras una leve sonrisa se dibujaba en su rostro.
Pues para mi fuiste la luz
Cuando entre sombras vivía
Mi esperanza, mi ilusión, alegría
Sólo en tus ojos florecía
Sus ojos se cerraron y aquellas esmeraldas desaparecieron para dar paso a un par de enrojecidos ojos. La tierna sonrisa, que esta hacía un momento existía, se torno mezquina y triunfal y pronto el reflejo del arquero desapareció. Ahora era un imponente hombre de cabellos grises quien se admiraba en las turbias aguas.
La luna fue cubierta rápidamente por las tétricas nubes manchadas de negro y las doce campanadas no se hicieron esperar, una tras otra, hasta que una voz, como salida de ultratumba, rompió con cualquier ruido que se elevaba sobre de él.
“Un poco más y seguro te ahogabas en este lago” dijo sin apartar la vista del enorme reloj que se alzaba en el santuario. “Lo ves hermanita... al final siempre me salgo con la mía“.
Y vuelvo día tras día
A aquel lugar
Sólo para recordar
Que existes, aunque lejos
Tu huella es para mí la cercanía
De algo que fue único en mi vida.
Fueron las últimas palabras que brotaron de sus labios antes de que su conciencia se dejara dominar, ya no era el hombre melancólico, sino una persona totalmente diferente.
Dio la media vuelta y alejándose de aquel lugar emprendió marcha al Santuario...
–Es hora de irnos Saga, este día es perfecto para que comience una guerra y yo pienso ser el protagonista de la misma.
Una estridente carcajada se dejó escuchar y el reloj del santuario resplandeció en un total de doce pequeñas llamas azules.
La guerra estaba a punto de comenzar.
Fin
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