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Una vez que se desvaneció por completo, el fénix pudo ver a través de aquella puerta.
Shiryu empuñaba la espada de Libra mientras el hielo del ataúd en que el siberiano estaba preso se derretía.
Está reviviendo- susurró para si mismo mientras observaba a Shun cubrir aquel cuerpo con su propia anatomía. Entonces el peliverde miró hacia la nada, pero sabiendo que Ikki observaba desde el más allá.
Lo haré por ti, hermano. Lo cuidaré mientras regresas…- manifestó antes de hacer explotar su cosmos y acabar con la visión que el mayor poseía de la situación.
Shun…- musitó.- ¿Cómo lo sabes?... ¿Cómo has podido verme?- cuestionaba confuso el guerrero de fuego.
¿No lo deduces Ikki?- inquirió una voz a sus espaldas.- Él también es un caballero de Virgo, por eso sus facultades psíquicas son muy superiores.
¡Shaka!- se giró furioso el moreno.
Ya, Ya… me venciste allá abajo, no hay porque pelear de nuevo- le dijo el dorado tratando de apaciguar aquel irritable carácter.
¿Qué estás haciendo aquí?- le preguntó cortante.
Vaya que eres orgulloso- le dijo con una sonrisa- ¿Acaso ya te adueñaste de los territorios de la muerte?-
No me provoques- le amenazó invocando su poder de fuego.
Ya te lo dije caballero… no pienso pelear contigo otra vez; lo que me ha traído hasta aquí es la curiosidad- le habló con suspicacia.
La curiosidad mató al gato- contestó despóticamente el guerrero.
Eres indomable- comentó con picardía.- Bueno, eras…- agregó.
¡No me tomes el pelo!- gritó agitado.
Bueno, yo solo digo lo que vi…- rió- ¿o me vas a negar que te agrada demasiado el alumno de Camus?.
El fénix se puso rojo y demasiado nervioso como para dar una respuesta que zanjara el asunto. Además, si Shaka llevaba allí el suficiente tiempo, no serviría de mucho negar las cosas. No obstante, primero el orgullo, así que tendría que obligarlo a decir que le gustaba el cisne.
Es justo lo que pienso hacer- le dijo el mayor haciéndole saber que leía sus pensamientos.
Ese ruso me es indiferente…- contestó el peliazul haciéndose el desentendido.
Ya lo veremos…- le respondió Shaka mientras usaba su mano derecha y abría un ligero espacio en el tiempo para observar lo que acontecía en el santuario- observa esto detalladamente-.
El fénix se acercó y entonces tuvo una vista panorámica de los hechos en la casa del Escorpión. Hyoga le había entregado el cuerpo de Shun a los demás y estaba frente a frente con el caballero dorado que custodiaba esa casa. Hacía lo que podía, pero el veneno era demasiado fuerte, y poco a poco clavaba sus dolorosos aguijones en aquella piel dorada por la que se sentía tan atraído.
Ikki no se dio cuenta en que momento empezó a rodear todo su entorno con una agresiva aura de fuego mientras gritaba indicaciones para Hyoga e improperios para Milo.
Levántate… golpea el flanco izquierdo, lánzate ahí, salta…- se le oía decir a la vez que se agarraba el cabello entre sus manos y mostraba demasiada ansiedad-.
Shaka reía divertido confirmando su teoría. Aquel extraño y poderoso caballero también era un ser humano, y uno muy particular que ya había seleccionado su próxima víctima. El glorioso fénix estaba al borde de la desesperación mientras sentía que su corazón se le escapaba por la boca.
Shaka, hay que ayudarlo- le decía.
No, él debe afrontar esto sólo; además- agregó.
¡¿Además qué?!- le preguntó alterado.
Hyoga no recuerda nada de lo que pasaron aquí. Cuando eres revivido tu vida continua desde el punto en que la dejaste… todo lo que el rubio recuerda es que durmió un largo sueño desde que Camus lo congeló hasta que Shiryu lo liberó con la armadura de Libra- aclaró el dorado. El moreno lo pensó un momento para luego responderle francamente.
No me importa sino recuerda estos momentos, no debe morir a manos del Escorpión…- le contestó resuelto a no permitir que se extinguiera la llama vital del cisne.
¿Tan poco confías en su poder?- cuestionó. E Ikki cerró la boca contemplando como el casi aniquilado cuerpo del rubio, completamente invadido por el tóxico, se erguía en una última explosión de cosmos. No pudo ver claramente debido a la intempestiva velocidad que desarrolló el ruso, pero ambos, incluso Shaka, quedaron estupefactos al observar la armadura de oro completamente congelada.
Shaka, es técnicamente imposible congelar esas armaduras- le dijo Ikki.
Pues ahora sabemos que no- le respondió mientras volteaba a verlo- has elegido a uno de los más rudos- le soltó con una sonrisa, haciendo que el fénix mirara hacia otro lado, aún sin ceder.
Por lo menos volveré a verlo al rato…- se consoló mientras esperaba a que otra puerta dimensional se abriera y le devolviera al rubio. No obstante, Milo usó su poder para prolongarle la vida y acabar con sus ilusiones.
Ikki, aguanta las ansias. Lo verás pronto, aún hacen falta cuatro casas- le habló al oído mientras desaparecía y le dejaba el sinsabor de verse completamente al descubierto.
De todas formas, con todo y lo desagradable que resultaba, esas palabras tenían algo de cierto. Lo vería pronto. De repente se descubrió extrañándolo, se descubrió pensando en él y queriendo verle. Sin querer, la figura de Esmeralda regresó a su cabeza. Era rubia, era elegante, era sensible; sin embargo, ahora no parecía estar hablando solo de ella… parecía que fuera Hyoga quien en realidad ocupara ese espacio.
Era a él a quien se refería, y aunque la chica era demasiado importante, el cisne estaba desplazándola con apenas unas cuantas horas de estar compartiendo aquel espacio.
El fénix retomó su marcha, sabiendo que era cuestión de tiempo para encontrarse con el místico guardián que rondaba esos parajes. Mientras lo hacía, imaginaba muchas cosas que haría cuando volviera la tierra. Invitaría a cenar a Hyoga, verían una película, comerían palomitas de maíz con cerveza, y cuando lo tuviera suficientemente ebrio le declararía su amor.
Si, ese era un gran plan, tenerlo completamente fuera de sus esquemas para que no recordara ese momento tan cursi en que le dijera que lo amaba. Porque lo amaba, eso no lo dudaba. De otra forma no estaría extrañándolo tanto, ni recordando que Esmeralda le pareció atractiva porque guardaba un especial parecido con alguien, pero no sabía quien.
Se rió en medio de la semi penumbra, prácticamente iluminando todo con su alegría. Sin embargo, de la nada apareció Shaka, con la correspondiente incertidumbre que eso le generaba al moreno.
Mira esto- le dijo a la vez que lo llevaba hasta el sitio en el que de nuevo había abierto una ventana hacia la pelea. Era el pobre rubio quien protagonizaba una lucha. En esta ocasión, con la armadura hecha polvo, sostenía una gran masa de cosmos congelante mientras reunía fuerzas y la enviaba contra su gran maestro.
Ikki rió al ver la sorpresa que se llevó Camus cuando el joven bronceado le devolvió la técnica y casi lo deja frito (o congelado). Lo siguiente que sucedió fue un arranque de ira por parte del acuariano que lo condujo a ejecutar su más grande técnica.
Pero para desconcierto suyo, el ruso también adoptó aquella mística posición e hizo gala de su séptimo sentido. El fénix sonrió complacido al ver el verdadero poder del cisne y la maestría con que se desenvolvía en batalla.
Ya cierra la boca- le dijo Shaka.
Ya quisieras tú que alguien como él te pusiera cuidado- le respondió con arrogancia.
¿Y es que Hyoga te ama mucho?- cuestionó con ironía.
Aún no lo sabe, pero dame un par de minutos y te aseguro que lo descubrirá- le contestó con un gesto de presunción, único en él. El rubio sólo sonrió, conociendo de sobra los sentimientos del joven estudiante de Camus.
Shaka lo encontró a él antes que a Ikki, y lo transportó a una zona en la que el tiempo era más lento. Estando allí se había encargado de practicarle un incisivo interrogatorio acerca de sus sentimientos por el moreno, ya que a la hora de morir junto con el fénix, logró descubrir una gran atracción oculta hacia él.
El dorado sabía que ahora debían encontrarse, pero no estaba seguro de que tan positivo sería para Ikki verse rechazado… podría incluso llegar a no desear ser revivido, y con esto, Athena perdería una demoledora fuerza de batalla, que seguramente necesitaría en el futuro.
Claro que a ciencia cierta, fuera del motivo netamente caballeresco, aquel oscuro bronceado había despertado en Shaka un sentimiento paternalista que nadie antes logró crear. Fue aquel chico, inexperto y esquivo, quien le mostró una verdad que estaba frente a sus ojos y le comprobó que no era tan perfecto como creía.
Luego de esa serie de preguntas se vio ante un conmovido cisne, que le revelaba no solo un gusto profundo por el guardián del fuego; aquel joven estaba perdido de amor por él, lo amaba hasta los tuétanos y escondía todo eso para no defraudar a su maestro y ahorrarse una vergüenza.
Es más, el rubio hasta había ideado un plan de fingir que se desmayaba para estar entre los brazos del peliazul y poder robarle un beso y morir en paz. Era de lo más cómico verlos a ambos ocultando sus sentimientos.
Por eso Shaka rió todo el tiempo mientras los veía a escondidas… desde cuando “accidentalmente” se encontraron en la misma dimensión y caminaron juntos, hasta el momento en que Hyoga fue devuelto a la pelea.
No tardaría mucho en regresar, pero ese momento sería épico.
Camus atacó con todo lo que tenía, pero el rubio le respondió con un poder más que superior. Era un cosmos que prácticamente multiplicaba el suyo, y aún con la armadura dorada sobre su anatomía, el cero absoluto cegó su vida. Hyoga lloró en silencio por su tutor, para caer muerto una vez más…
Ikki fingió su conmoción ante tal muestra de gallardía, camuflándose detrás de un gesto de indiferencia, como si aquella proeza del cisne fuera algo muy natural; no obstante, esa máscara se disolvió en el mismo momento en que Shaka transportó al rubio hasta allí.
Ambos se contemplaron por un segundo, para luego sonreír ampliamente, y sin pronunciar una sola palabra, el ruso apresó la boca del peliazul salvajemente.
Sus almas no guardaban ningún tipo de pudor o abstencionismo porque allí, en el otro mundo, no necesitaban dar muchas explicaciones. Al fin se detuvieron para dar paso a un cruce de miradas que jamás creyeron posible que ocurriera.
Te felicito, maestro de los hielos- le dijo Ikki mientras acariciaba su espalda.
Ni te fijes, son gajes del oficio- le respondió el otro mientras reía sin terminar de creérse aquello que ocurría- ¿Cómo es posible que me estés besando?.
No sé- le contestó acariciando sus sedosos cabellos- supongo que la soledad en este abismo termina trastocando hasta los gustos-.
Espero que no tengamos que volver muy pronto… mientras estaba allí, sin recordarte, sentía un enorme vacío sin explicación- le dijo el ruso.
Entonces- le susurró a la vez que tomaba entre sus manos el crucifijo de plata- esto deberá recordárnoslo…- y una vez más lo besó, dándose gusto con aquellos labios que le pertenecían solo a él. Lo abrazó con toda la fuerza que pudo y así, sintiéndose un solo espíritu, sellaron el pacto de recordarse cuando tuvieran que regresar.
Shaka envió a Ikki a la pelea final, a la vez que Saori condujo los espíritus de Shiryu, Shun y Hyoga para que ayudaran a Seiya en el encuentro con el Gran Patriarca.
Todo terminó en la masacre de los caballeros de oro, pero los cinco pudieron sobrevivir. Fueron llevados a un lugar de reposo, en donde debieron descansar para reponer las energías derrochadas. Allí, Shun se dio cuenta de la extraña empatía entre su hermano y su mejor amigo, pero no dijo nada.
Ni siquiera ellos lo entendían bien, pero por alguna extraña razón, ya no querían herirse o insultarse. Incluso llegó el momento en que Hyoga le paso la sal a Ikki y este le respondió con un sincero gracias.
Esa misma noche, el rubio salía del baño sin su camiseta y portando la Cruz del norte en todo su esplendor, reluciendo en el blanco y musculado pecho de su dueño. El fénix necesitó entrar y se toparon de frente. Ambos se vieron envueltos en un profundo silencio.
Hyoga…- le dijo Ikki sin poder despegar la mirada de la cadena.
Dime- contestó el rubio dirigiendo sus pupilas hasta la joya que heredó de su madre.
¿Me creerás si te digo que acabo de sentir unas tremendas ganas de verte borracho?- le dijo el moreno preso de la estupefacción ante ese inesperado pensamiento.
Si, si te creo- le respondió el ruso también asombrado- yo acabo de querer fingir que me desmayo…-
Luego de unos segundos de silencio y unas cuantas miradas de confusión, al fin uno musitó palabra.
Supongo que es efecto de la medicina- habló Ikki.
Talvez, aunque podríamos intentar beber un trago un día de estos, si es que acaso se terminan las batallas- le respondió con serenidad Hyoga.
Bien, entonces saldremos de la duda en otro momento…- agregó el peliazul sin prestarle ya mucha atención al tema.
Que pases buenas noches Ikki- le dijo el cisne mientras se dirigía a su habitación, cavilando una vez más sobre su secreta partida a Asgard y la extraña sensación de que había olvidado hacer algo importante.
Que pases buenas noches Hyoga- le contestó el moreno entrando a la suya, repasando una vez más la lista de personas que podrían parecerse a Esmeralda… no sabía porque ahora necesitaba con más afán tener el nombre del ser que su mente guardaba con referencia a ella pero con una añoranza mucho mayor, sin embargo no pudo concentrarse del todo.
Sabía que ahora estaba en medio de su pelea como Caballero de Fénix e incluso a eso debía dedicarle un tiempo después; por el momento la prioridad era Athena.
FIN
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