japonés en el mundo islámico -de haber habido alguno, of course...- habría, al menos, encontrado ecos de su tierra... Las competiciones de principescos perfumistas en, v.g., el justamente célebre y aclamadísimo "源氏物語,Genji Monogatar" o "El relato de Genji" (*) de aquella enigmática dama紫 式部,Murasaki Shikib(^) de finales del X y principios del XI {recomendaría leer también las allanadísimas percepciones al caso de auctoritas de la talla de, v.g., el profesor (¨) Ivan Ira Esme Morris (pág.s 74 y ss. de s/. "The Word of the Shining Prince" -Alfred A. Knopf, 1964, London-) y el profesor (·) Richard John Bowring (págs. 2 y ss. de s/. "Murasaki Shikibu: The Tale of Genji" -Yale's Un. Press, 1968-; una experiencia, créanme.., casi religiosa...} recuerdan, en el mundo de la época, las recetas para vinagres aromáticos y afeites expuestas por el jardinero de محمد بن عباد المعتمد -o, "Abû al-Qâsim Muhammad, 'al-Mu'tamid', ibn 'Abbad" (más, si acaso, en, v.g., la nota pie de página (`) de m/. modestísima nota titulada "¡vamos!", sita (19/10/2008, 03'10 hs. a.m.) en el hilo titulado "de la ("Kristo", dixit) "nación andaluza"..." del sub-foro denominado ""España", una MENTIRA: los datos" del foro "de LA patria, damas y caballeros..." del area en torno a mi PATRIA)-, soberano sevillano (hay, en las ilustraciones de esta modestísima nota, damas y caballeros, diversas vistas de la MARAVILLA de los jardines árabes en la piel de toro; dicho sea de paso, sí...).
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¡Oh, sí! محمد بن عباد المعتمد -o, "Abû al-Qâsim Muhammad, 'al-Mu'tamid', ibn 'Abbad"-
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compartía con el prota de "源氏物語,Genji Monogatar" (*), damas y caballeros, un aspecto epiceno o común, la afición a la JARDINERÍA, el talento por la poesía y un, digamos.., cierto sofisticado y altivamente elegante apetito así como homoerótico... Claro que, si se lleva demasiado lejos, este paralelo se quiebra: las habitaciones del nipón 大内裏 (-), con sus frágiles y como que hasta vaporosos tabiques y su parquísima decoración proporcionaban espacios impecablemente austeros donde vivir, tan apartados como quepa imaginar, mes amis/es, del ATESTADÍSIMO sibaritismo de un interior islámico.
La diferencia más conspicua era (lo sigue siendo, bien sûr...) de ESCALA.
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Como todos los países largos y estrechos, el Imperio del Sol Naciente {más, si acaso, en, v.g., el hilo denominado "1º -Imperio del Sol Naciente" del aparte denominado "una a una" del apartado denominado "PÚRPURA a todos los efectos" del sub-foro de "datos" del foro "de la soberna MAJESTAD..." del área de EDADES} abarca una gran diversidad de climas pero ocupa una superficie relativamente reducida. El mundo islámico ha sido hasta hace bien poco la civilización MAYOR -es decir, la más ampliamente dispersa- del orbe entero. Hasta hace relativamente pocos siglos, los musulmanes ocupaban villas de recreo en el hoy sur portugués y fértiles oasis en el infinito sahariano, se congregagan en grandiosas e hiper-estables comunidades mercantiles, con miles y miles de habitantes, en países hindús, tierras chinas y el archipiélago malayo. Una franja continua de territorio bajo gobierno musulmán se ha extendido hasta hace como quien dice cuatro días desde, más o menos, la mitad de la piel de toro y el Atlántico, por África del Norte y el Mare Nostrum occidental, hasta el norte de la península índica y el que los classiques llamaban "Ερυθρά Θάλασσα" (=). El famoso geógrafo sirio محمد بن أحمد شمس الدين المقدسي (`) visitó allá por el X este mundo en detalle, desde su tierra natal a las remotas cimas afganas, con la fácil convicción de su UNIDAD cultural y el prejuicio cortesano de su URBANIDAD esencial. El mundo islámico que conoció se extendía cual un pabellón bajo la tienda del cielo, erigido como para una grandiosa ceremonia, adornado con grandes y ricas ciudades en el rol de príncipes, a las que servían chambelanes, señores y soldados, cuyos papeles los representaban, respectivamente, las capitales de provincia, las ciudades y las aldeas.
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Las ciudades estaban unidas no sólo por los elementos visibles de una cultura común -la veneración de el Profeta, la adhesión al texto coránico, el empleo o el conocimiento del árabe, la fuerza unificadora de la peregrinación mecana...-, sino también por el comercio y en muchos casos por obligaciones políticas recíprocas. La estricta unidad política que antaño caracterizara al mundo islámico ya NO fué observada, claro.., porمحمد بن أحمد شمس الدين المقدسي (`) porque había sido DEVASTADA por una forma de cisma político: la proclamación en la piel de toro y en tierras egipcias de califatos rivales, por dinastías que se arrogaban la auctoritas espiritual, recibida de el Profeta mismo, y que antes había estado localizada únicamente en la metrópoli bagdadí o en la capital damascena. En la mayor parte de las tierras hoy iraníes y kurdas, mes amis/es, la usurpación o la forzada entrega de la potestas a "dinastías menores" convertían en nominal el dominio califal. El Sucesor del Profeta, el comandante de los fieles, se convirtió, poco a poco, en un "venerable fantasma"...
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Pero, ¡ah!, sobrevivía el sentido de la CORTESÍA y los viajeros como محمد بن أحمد شمس الدين المقدسي (`) podían sentirse como en su casa por todo el دار الإسلام (´), o dondequiera que fueran, como en un "JARDÍN del Islam", para emplear, mes amis/es, una imago popularísima, aún hoy día, entre los poetas...
Un jardín cultivado, rodeado de muros contra el mundo, que ofrece a sus privilegiados ocupantes sombras y sabores del mismísimo Paraíso (los cambios en la agronomía habidos a lo largo de la Historia en el mundo islámico hacen que la metáfora del jardín encaje muy bien, pues las crecientes cosechas de trigo, arroz y azúcar demandan refrescantes corrientes de regadío estival).
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En una civilización que se ve a sí misma como un JARDÍN, la jardinería siempre ha sido, naturalmente, un ARTE; y, además, apreciadísimo... La literatura que lo describe abunda, v.g., en tierras andalusíes, antes y después de la peóca omeya; allí floreció una verdadera escuela de respetadísimos cortesanos jardineros, del todo SIN paralelo en ninguna parte del Occidente de la época. Se conocían entre sí y leían las obras unos de otros. Se ocupaban de la agricultura práctica; pero, se interesaban muy mucho sobre todo por las delicadas formas de alto coste y escaso provecho, que conferían, cette éclosion!, PRESTIGIO al fino gusto principesco. IGNORAN en sus obras, claro.., la agricultura de secano y el pastoreo (que, por otra parte, era lo que sostenía la economía entonces...). Tenían por común origen la protección del trono, tenían en común la exquisita y meticulosa formación en los feraces jardines experimentales de hiper-poderosos sibaritas sevillanos y toledanos; que, los empleaban en cualquier proyecto que pudiera realzar el LUJO, desde preparar abonos hasta inventar recetas para aromatizar el foie-gras. Eran hombres infinitamente eruditos, familiarizados con lo esotérico y, quizá, hasta con lo oculto... Eran infinitamente hábiles jardineros prácticos. Así, el (') famosísimo jardinero real en la musulmana corte toledana cuando esta ciudad cayó en manos de la salvaje horda cristiana en 1085, escribió casi exclusivamente basándose en sus propias experiencias directas (pero, es posible que cualquier mancha en sus impecables y cuidadísimas uñas probablemente se debiera más a la tinta que al humus..; no sé...).
¡Oh!; la jardinería, mes amis/es, es una forma MARAVILLOSAMENTE efímera del ARTE monumental..; y, ¡ay!, sólo quedan en los jardines "moros" supervivientes, ¡no del esplendor de la gloria!, sino del canto del cisne, en parques granadinos o en palacios sevillanos, los más leves indicios de los idílicos ambientes que crearon aquellos ARTISTAS para sus cultivadísimos patronos... El modo de vida del cual el jardín formaba parte puede verse fácilmente, sin embargo, con la imaginación estimulada por el arte "moro"; que, a finales del X, alcanzó sus formas MÁS delicadas y su aspecto MÁS opulento.
¿ ¿No han estado nunca, damas y caballeros?¡Oh!; mundanas y ostentosas, las ruinas del palacio de un califa, en los hoy arrabales cordobeses, provocan, ¡oh, sí!, un sentimiento de hondísima tristeza, de fatal, fatalísima MUTABILIDAD, que a mí, ¿a ustedes también, damas y caballeros?, me recuerda al 大内裏 (-), a pesar de las, digamos.., exquisiteces de la actual restauración (prefiero no hacer comentarios...). El palacio califal seguía la tradición establecida por predecesores desaparecidos... Cada cambio en el trono se conmemoraba suntuosa y solemnemente. El prestigio de los gobernantes exigía que se demolieran los palacios heredados y que se SUPERARAN con otros nuevos. Cuando, en 929, el soberano cordobés decidió asumir el título de CALIFA, concibió un palacio que reflejara la nueva naturaleza de su altísima auctoritas; antes activo, pragmático y personalista, su monarquía se volvió retraída, sacra e invisible. Antaño siempre en movimiento, este príncipe peripatético, que confiaba en su presencia física y su fuerza militar para asegurarse la obediencia de hiper-distantes provincias, se retiró detrás de un enorme y bellísimo velo protector, más allá del cual sólo podían pasar, digamos.., cuatro gatos o menos. Gobernó, desde entonces, mediante la proyección de una imago de inenarrable MAGNIFICENCIA fuente, en última instancia, de miedo.
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En 936 se empezó la construcción del nuevo palacio, en un vasto espacio al noroeste de la urbe cordobesa, que entonces, como saben, era la MAYOR y más RICA ciudad del mundo occidental... Cerca de VEINTE MIL obreros levantaron unas CINCO MIL columnas para construir la MARAVILLA, que alojaba a una masa, en constante aumento, de como CINCO MIL esclavos y un harén espectacular de cerca, según se decía.., de SIETE MIL mujeres. Para mantener a esta corte, las caravanas llevaban al palacio, ¡diariamente!, cerca de SIETE MIL kilos de carne. Era, a la vez, un lugar de plaisir y la sede de la potestas. El hermosísimo efebo favorito del califa aportó a tanta y tanta belleza unos delicados y floridos versos anacreónticos que se grabaron en la base de la columna al lado mismo de la almohada califal, firmados con su apodo de -en castellano- "Pequeño Pendiente"...
Un cadí cuenta, anonadado, en una carta a un pariente que, felizmente, nos ha llegado que el califa ¡había cubierto el tejado de TODO el palacio con plata y ORO! Pero, pese a todo este sibaritismo, como ustedes saben, el Grande confesó (¡oh, vanitas vanitatis et omnia vanitas!) al final de su vida que le sobraban ¡dedos de una mano! para contar los días en que había sido verdaderamente feliz...
Ni los como que ya MILAGROS de sus 14 maestros jardineros al mando de 34 jefes, 92 especialistas, 251 operarios y 580 obreros (los aprendices y esclavos NO están contados en la relación al caso correspondiente...) consiguieron, voilà la débâcle!, un día más (para, si acaso, más, damas y caballeros, quizá pueda hasta interesarles el modestísimo hilo "del califa 'Abd al-Rahmân III, el Grande...", sito en el sub-foro de "Oriente" en el foro "de la llamada 'Edad Media'..." del área de EDADES)...