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Bueno pues, al final, hay un 5º capítulo y, tengo pensando algo más breve en forma de epílogo. Se que no comentaís pero me gusta saber que me leeis... << IMAGEN >> Registrese en el foro o acceda para poder ver la imagen jejejejejejeje
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WHEN WE STAND TOGETHER.
Shiryu bostezó ostensiblemente mientras entraba en la cocina rascándose la coronilla. Su cara de sueño era un poema. Se acercó sin mirar a uno de los armarios, sacó unas bolsitas de te, después colocó la tetera y encendió la vitro. Cogió su taza y esperó... Todo esto sin decir una sola palabra. Sin parecer percatarse de que no estaba solo en la estancia. Giró la cabeza cuando vio como una mano arrastraba hasta ponerla delante suyo en la encimera la caja de galletas de limón. Todo el mundo sabía que eran sus favoritas. Al fin y al cabo el envío mensual del dulce que Sunrei hacía desde Rozan era uno de los pocos momentos en que el caballero del dragón mostraba signos de nerviosismo.
Lo del chino y esas galletas hubiera sido digno de un estudio psicológico.
Gracias... - murmuró en voz baja y, volvió a bostezar.
¿No has dormido bien? - le preguntó el dueño de la mano que se las había acercado. Volvió a mirarle.
No mucho...
¿Y eso? - porqué tanta insistencia se preguntaba. No quería responder porque el sueño le hacia sentirse malhumorado. Se mordió la lengua pero cuando notó que el otro iba a volver a hablar bufó.
Ikki ocupa la habitación contigua a la mía. - Un golpe seco como de objetos golpeándose se oyó en la cocina. Shiryu miró a su rubio interlocutor y luego desvió la mirada hacia la otra persona que, sentada a la mesa, daba buena cuenta de un tazón de cereales. Que el mismo estuviera salpicado de grumos a su alrededor y que la cuchara se encontrase en el suelo daba clara muestra de lo que su sentencia había provocado. Sonrió para sí sarcásticamente. Cogió la taza, vertió el agua hirviendo, un puñado de los dulces y se dirigió hacia el exterior de la habitación. Antes de salir se volvió hacia ambos. - Voy a intentar pegar el ojo... procurad no ser tan efusivos si se os vuelven a calentar las hormonas... - Y ya había atravesado la cancela cuando añadió algo. - Ikki, Hyoga... me alegro mucho de verdad y espero, de corazón, que seáis todo lo felices que os merecéis. Eso sí... dejadme dormir.
Ikki y Hyoga se miraron. El moreno no pudo evitar una carcajada ante el inusitado tono sonrojado de la cara del otro.
Y yo que pensaba que desconocías lo que era la vergüenza... - añadió mientras recogía el cubierto del suelo. Hyoga le fulminó con la mirada.
Guarda tu afilada lengua para mejores menesteres...
¿Mejores menesteres? ¿Cómo cuales... - le miró al mismo tiempo que relamía los restos de chocolate que los cereales habían dejado en sus labios. Hyoga sonrió torvamente, se acercó al otro para inclinarse sobre su oído y susurrarle algo. Ikki notó como un tremendo calor cuyo epicentro se ubicó en cierta parte recorría a inusitada velocidad sus venas. El cisne se separó y se le quedó mirando.
Y, ahora, si me disculpas tengo cosas que hacer... - Le guiñó un ojo mientras salía el también del lugar. Ikki se quedó clavado en la silla. Ese hijo de su madre se había ido dejándolo con la única posibilidad de darse una ducha fría.
Shun le estaba poniendo de los nervios. Que su hermano pretendiese fingir que no le estaba mirando cuando realmente no le quitaba los ojos de encima era como pretender que él mismo no le bufase a alguien en algún momento del día. Una imbecilidad.
Pero si algo era el más joven de los caballeros era persistente y tenaz. Hasta llegar a ser extenuante. Y enervante hasta límites insospechados.
¿Quieres algo? - le preguntó finalmente.
¿Has visto a Hyoga irse esta mañana?
Hemos desayunado juntos. Se ha ido temprano a clase... - fue su escueta respuesta.
¿Y no te ha dicho cuando iba a volver?
No... si quieres tener un horario de sus entradas y salidas, hermanito deberías pedírselo. - mentalmente Ikki se dijo así mismo que eso era algo que él mismo tendría que hacer. Ahora era Shiryu quien le echó una fugaz mirada desde la butaca donde leía un enorme libro de filosofía.
Hermano... - volvió a insistir el joven. - tampoco sabrás a que hora es su última clase. Estaba pensando acercarme a recogerle y pedirle que me acompañe a la biblioteca del paraninfo...
Existen los teléfonos móviles, Shun... y desde cuando me interesa la vida del ruso. - Shun se levantó con una sonrisa bailando en sus labios.
No sé... - el delgado caballero de Andrómeda se inclinó para coger el mando de la televisión. - ayer no os vi discutir, hoy habéis desayunado juntos... pensé que quizá habíais hablado.
Pues no...
Bueno pues le llamaré a ver si quiere venirse conmigo... lo mismo consigo que se sociabilice algo más. Este chico se nos va a morir soltero y sería un verdadero desperdicio. - Ikki sintió el pelo de la nuca erizársele.
Deja de hacer de casamentero... creo que el rubio es muy capaz de buscarse entretenimiento el solito.
¿Eso crees?
Sí, Shun, eso creo...
Pues no veo porque has de creer eso... teniendo en cuenta que apenas te has dignado a conocerle lo suficiente...
Sí, le conozco. Lo bastante para saber que es ya un adulto al que supongo que no le gustará que nadie decida por él con quien sale y se va a la cama... deberías darle un poco más de crédito, no en vano se supone que eres su mejor amigo, ¿no, Shun? - Ikki volvió a desviar la mirada hacia Shiryu quien a estas alturas ocultaba su rostro tras el volumen... notó como los hombros del dragón temblaban ligeramente. - Chino... ¿te estás riendo? - su tono sonó frío y amenazador. Pero no obtuvo respuesta. Suspiró profundamente dispuesto a alejarse de aquella conversación de locos... Estaba claro que detrás de todas aquellas palabras estaba... la definitiva mirada curiosa de Shun. Y al margen de cadenas, aquella mirada era el arma más poderosa del caballero de Andrómeda. Así que hizo lo único sensato que podía... huir.
Encontró otro obstáculo. En forma de joven de 20 años con cabellos castaños y ojos de color chocolate. Seiya estaba apoyando en la barandilla de mármol que rodeaba la parte trasera de la mansión sirviendo de separación entre la terraza y el comienzo del enorme jardín que ocupaba la propiedad. Tenía la vista fija en el horizonte. No, definitivamente aquel no era un buen lugar para esconderse. Iba a darse media vuelta para cambiar sus pasos cuando le oyó.
Mu le dijo que no podía circunscribir su cariño a un solo caballero. Que como Atenea debe amarnos a todos por igual. Hace tanto de aquellas palabras... y aún no me he acostumbrado. Ikki, ¿puedo preguntarte una cosa? - el joven Pegaso se volvió hacia él con la esperanza de detener su camino. El Fénix se detuvo pensando que el chico no era más que un año mayor que su hermano. Que, en verdad, era casi tan hermano como Shun.
Claro...
¿Cómo has hecho para encontrar el valor?
¿Me estás preguntando tu por el valor? ¿Tú, el caballero de Pegaso vencedor de dioses?
No, Ikki, te lo pregunta Seiya Kido, el chaval de 20 años enamorado de una diosa. ¿De dónde has sacado el valor para no temer a un no por respuesta? - el moreno miró al chico. Estaba claro, todos lo sabían. El ruso y él debían ir pensando en insonorizar sus respectivos cuartos.
Me di cuenta de que le tenía más miedo a vivir sin saber qué podría pasar. A vivir imaginando que me hubiera respondido con un sí... miedo a pensar que hubiera podido renunciar a la única persona que me hace verdaderamente feliz.
¿Te hace feliz? - Ikki sonrió. En el fondo Seiya sería siempre un niño lleno de pureza e inocencia. Tan sincero por dentro como por fuera. Eso era realmente lo que le hacia tan único y especial. Le adoraba. Aunque jamás lo reconociese ante nadie.
No existen palabras suficientes para describir lo que me hace sentir, pony.
Si Atenea os dijera que no podéis estar juntos, que la orden de caballería prohíbe una relación como la vuestra. Que prohíbe que sus caballeros amen...
Dejaría la orden, Seiya. Renunciaría a Saori, a Atenea aunque me partiese el corazón hacerlo...
¿Por...
Porque siempre he creído que luchaba, entre otras cosas, por el derecho a que la gente simplemente ame. Por ese precioso don que tiene la humanidad. El mayor regalo que los dioses concedieron a los hombres. Si ellos nos impiden ponerlo en practica, sentirlo entonces no son los dioses por los que daría la vida. Y, desde luego no renunciaría a Hyoga por ellos. - Los ojos de los dos caballeros se cruzaron en una mirada de reconocimiento. - Seiya es peor vivir con la incertidumbre... Saori es Atenea, Atenea debe amarnos a todos por igual... Saori tiene derecho a amar a la persona de la que está enamorada. Y aunque parezca más que difícil estoy convencido que se las apañará para diferenciar sus deberes como diosa de sus deseos como humana. - Le miró de nuevo en silencio. - No renuncies a intentar ser feliz, pony. - Dando la conversación por concluida se dispuso a bajar las escalinatas pero se vio interrumpido por la voz del chico.
Ikki... - se volvió hacia él. - Te mataré sino le tratas bien. Si le haces daño acabaré contigo. - El Fénix se quedó frío ante las palabras del castaño. - y... dile a Hyoga que le haré lo mismo si se le ocurre hacertelo a ti. - Seiya clavó sus ojos en el suelo, algo azorado. - Recordad una cosa...
Dime, Seiya.
Que durante muchos años creí haber perdido a Seika para siempre. Que no quiero arriesgarme a perderos a vosotros. - Luego levantó el rostro con la ilusión brillando en su rostro. - Estoy muy orgulloso de los dos. - Ikki se acercó a él y sin tan siquiera pensarlo atrajo el cuerpo del joven Pegaso hacia el suyo.
Y yo estoy orgulloso de que me permitas ser tu hermano mayor. Y estoy seguro de que Hyoga siente lo mismo por ti. - Separaron el abrazo. - Y ahora dejemos esta azucarada conversación, tengo un rubio al que llamar y un hermano al que decirle que desde hace unas horas tiene a su mejor amigo como cuñado. - Seiya asintió mientras los dos entraban juntos en la casa y separaban sus caminos en el interior.
Saori le sonrió antes de desaparecer hacia su despacho seguida por su fiel Tatsumi. Ikki siguió su camino. Oyó el teclear antes siquiera de abrir la puerta. Cuando lo hizo se detuvo en el umbral. El rubio estaba sentado con las piernas cruzadas en la silla de su escritorio. Entre sus labios y, sostenido por sus dientes, un lapicero. Sus ojos fijos en un libro que reposaba en su regazo, con el ceño fruncido. Levantó una mano y se la pasó por el cabello, despeinándolo...
Tan atractivo. En cualquier situación. Incluso cuando tan solo estaba enfrascado en sus estudios. Se acercó a él, que levantó los ojos olvidando momentáneamente su quehacer. Le sonrieron. Le devolvió el gesto inclinándose sobre él y depositando un suave beso en la coronilla del muchacho.
Cuando sea la hora de comer vendré a avisarte. - Hyoga asintió. Volvió a salir, cuando pasó por delante de la habitación de su hermano empezó a sonar la desagarrada y sensual voz de una cantante de moda de la que Shun se había declarado fan incondicional, una tal Adele sino recordaba mal. Ahora le llegó el turno de apoyarse en el quicio de la puerta del pequeño mirando como esta vez era este quien parecía ocupado en algo. Tenía un sin fin de papeles encima de la cama. Pasaba de unos a otros sin parecer tener muy claro qué hacer con ellos. Debió oírle porque se volvió.
¿Me ayudas? - le preguntó. Ikki asintió y se acercó. Toda aquella documentación tenía el membrete de la Universidad de Tokio.
¿Te has decidido ya?
En ello estoy... creo que me inclino por la literatura... pero no estoy seguro de que sea la adecuada...
¿Por?
¿De qué le servirá a la Fundación un futuro licenciado en literatura?
¿De qué le servirá a la Fundación un futuro caballero descontento con su vida? Haz lo que pienses que te va a hacer feliz, Shun... y, sinceramente, creo que estudiar literatura es lo que más se adecua a ti... - se miraron.
¿Mis diarios...
Me parecieron fascinantes y fue un placer leerlos. Tienes mucho talento, hermanito. - Shun enrojeció. Le pasó un brazo por los hombros.
Literatura, entonces... - Shun suspiró cogiendo los papeles de admisión a esos estudios. - ¿Y tú...
¿Yo?
¿Qué vas a hacer con tu vida? ¿Vas a quedarte?
No podría volver a separarme de ti... he de vigilar que esa novia tuya no te distraiga demasiado de los libros...
June no...
O que tu la distraigas demasiado a ella de sus deberes... - Shun apoyó la cabeza en el hombro de su hermano mayor. - Por cierto, tenemos que organizar una salida...
¿Para cenar nosotros dos? - Inquirió el más joven. Ikki hizo un gesto negativo con la cabeza.
Con ella y con... Hyoga...
¿Una cena de parejas? - Sí, definitivamente las paredes de esa mansión estaban construidas de papel. Ikki sonrió ante la forma tan natural en la que su hermano aceptaba el hecho de que el otro estuviera saliendo con su mejor amigo. Ante la manera tan sencilla de asumir el amor entre dos de sus compañeros caballeros.
Es la definición más exacta, sí.
A June le encantará.
¿Y a ti?
No veo que haya forma de que no me guste veros a ti y a Hyoga, a dos de las tres personas que más quiero, felices y enamorados el uno del otro... Pero, al margen de eso... ¿qué vas a hacer con tu vida?
¿No puedo únicamente pasarme los días amando a ese puñetero rubio?
Por mucho que suene tentador, la verdad es que creo que Saori podría catalogar esa elección como una forma de vida contemplativa de las que dijo que NO estaba dispuesta a sufragar... - Río el chico de pelo tan claro que casi parecía de un irreal verde.
Sí, supongo que nuestra diosecilla no vería con buenos ojos que decidiera elegir esa actividad como carrera profesional. En fin... la verdad es que ella me ha ayudado a entrar en el Instituto Nacional de Sismología y Vulcanología de la Fundación.
Terremotos y explosiones volcánicas...
Hemos provocado tantas de esas catástrofes que creo que ayudar a intentar evitar algunas puede ser una forma efectiva de compensar el daño que le hemos hecho a este planeta...
Pero... sucedieron mientras luchábamos para salvar vidas...
Cierto, Shun pero eso no merma el dolor de las vidas que se perdieron a consecuencia de ellas... quizá pueda ayudar a evitar que se produzcan más. Creo que conozco la piel de este planeta como si fuera la mía... - su hermano pequeño le miró en silencio.
Lo harás muy bien... - habló finalmente. - estoy convencido de que tu ayuda será grande y bien empleada. - Vio a su hermano pequeño reír por lo bajo.
¿Qué te parece tan divertido?
¿Cuando sucedió...
¿El qué...
¿Cuando te conquistó? - Ikki se sonrojó furiosamente ante esa pregunta. Shun estalló en carcajadas.
¿Te parece bonito reírte así de tu hermano mayor?
Bonito no sé pero muy divertido, ya lo creo... - el moreno atrapó la cabeza de Andrómeda bajo su brazo y le revolvió el pelo con saña. - ¡¡¡Ikki!! - exclamó otra vez entre risas el muchacho. Le soltó y le vio separarse unos pasos de él... Una amplia sonrisa volvió a aparecerle en el rostro. - No dejaré de preguntar hasta que respondas... lo sabes... - Ikki suspiró elevando los ojos hacia el techo.
Se aprovechó de mi virginal inocencia en las duchas... - Y un nuevo ataque de carcajadas, los ojos del más joven caballero de Atenea húmedos de lágrimas de hilaridad. Y entre risas le oyó exclamar.
¡Ese es mi cisne! - e Ikki no lo pudo evitar uniéndose a las risas de su hermano. Volvió a pasarle un brazo por los hombros atrayéndolo hacia él.
Cuidado, Shun... no es tu cisne... es única y exclusivamente mío. - Le susurró en el oído.
Y tu de él...
Y yo de él.
Y con una sonrisa de complicidad salieron los dos rumbo al comedor. Y desde la habitación del rubio ruso sonaba una nueva canción de moda, When we stand together...
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