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Capítulo 3: El que se enamore primero pierde.
Su segundo encuentro fue en un centro comercial, al rubio le pareció extrañísimo, por lo regular sus clientes lo citaban en lugares escondidos, no a plena luz del día y con tanta gente como testigos. Tomó asiento en una banca que estaba cerca de un expendio de helados de fruta, miró su reloj, tenía escasos 5 minutos y se lamentó no haber llegado más temprano, realmente le apetecía algo frío.
- ¿Quieres un helado? – Hyoga volteó a verlo algo sorprendido, no esperaba encontrarse al fénix en aquel lugar.
- Ikki…
- ¿Entonces? – insistió el mayor mientras se sentaba a su lado.
- Oye… no quiero ser grosero pero… justo ahora estoy esperando a alguien… - si el cliente en cuestión llegaba de pronto y lo encontraba hablando con alguien más seguramente lo malinterpretaría, y el rubio estaba demasiado consciente de lo que eso podría significar una vez que estuvieran en la cama.
- Lo sé, me estás esperando a mí. Ven, te invito un helado… - y se puso de pie así, sin más. Hyoga esbozó una sonrisa incrédula y lo siguió.
- Espera… - el fénix se detuvo, podía ver la incertidumbre en los ojos del rubio, seguramente se preguntaba si esta vez harían algo más que ver la televisión, intentaban leerse mutuamente pero no lo conseguían, había demasiado que ocultar y ninguno quería ser el primero en bajar la guardia.
- ¿De qué quieres tu helado? – Hyoga volvió a sonreír y un casi imperceptible “já” abandonó sus labios.
- Té Verde… - Ikki ni siquiera sabía que existía el helado de té verde – No, espera… mejor manzana… y coco… o… kiwi, sí, mejor kiwi… - el fénix lo miraba fijamente incomodándolo sobremanera - ¿De qué vas a pedir tú? – y entonces el mayor descubrió algo que venía sospechando desde que habitaban la mansión, el rubio era incapaz de elegir entre muchas opciones.
Como los diez de bronce vivían en la mansión, el desayuno por lo regular contaba con más de cinco opciones y el cisne siempre terminaba cogiendo lo mismo que Shiryu y eso porque el pegaso siempre lo acusaba de copiarse de él (lo cual no estaba muy lejos de la verdad).
- Dos de stracciatella – ordenó el fénix cuando fue su turno.
- Sabes… lo que me gusta es que el chocolate que usan es muy puro, así que contrasta mucho con el sabor de la vainilla que suele ser muy suave… - y siguió hablando del helado y el fénix lo escuchó con atención cuando iban camino a una mesa.
***
Kanon era muy inseguro aunque aparentaba lo contrario, por algún motivo creía que Saga era muy atractivo pero (aunque eran físicamente iguales) no pensaba lo mismo cuando se veía al espejo. Se la pasaba bromeando todo el tiempo así que los que estaban a su alrededor lo describían como alguien muy feliz. Le gustaba el jugo de naranja y los reality shows, siempre sonreía en las fotos y hacía comentarios que no se relacionaban con lo que los demás estuvieran hablando. Era distraído, invadía el espacio personal de los demás constantemente, no le gustaban las galletas de ningún tipo y era pésimo bailando aunque lo disfrutaba mucho. Tenía 38 años. Solo lloraba cuando estaba muy feliz y era casi un adicto a los abrazos. Amaba a Death Mask inmensamente, aunque el sentimiento no parecía ser recíproco. Le gustaba cantar.
- Nunca vas a decir que me amas, ¿cierto? – preguntó mientras volteaba con toda la experiencia del mundo las panquecas dulces que tenía sobre la sartén.
- Kanon, es domingo, no empieces con esas cosas tan temprano – el menor de los gemelos lo observó algo decepcionado, ya ni siquiera se hacía ilusiones y a veces sentía que seguía haciendo la misma pregunta una y otra vez tan solo para ver si en una de esas, Death Mask se distraía y le daba una respuesta distinta, en el fondo sabía que no sería así.
- ¿Sabes qué leí el otro día en internet? – D.M. lo dejó hablar porque le gustaba escuchar su voz – ¿Recuerdas el concursante que te dije que era mi favorito en el universo entero? Pues resulta que perdió popularidad cuando uno de los jueces le dijo que no tomaba las cosas en serio y que… - y siguió parloteando indignado para sonreír al final – Supongo que habrá que votar más por él la siguiente semana. Votaré y votaré hasta que mis dedos sangren… o… hasta que llegue el recibo del teléfono de este mes… - el italiano sonrió.
- Me daré una ducha.
- Te amo… - dijo con el corazón latiendo con fuerza, siempre sentía escalofríos cuando hablaba de amor, no por decirlo sino por esperar una respuesta que sabía que no llegaría. Era un instante que se extendía por toda la eternidad en su interior, una prolongada tristeza, algo que siempre dolía sin importar qué.
- ¿Qué te parece si… más tarde salimos…? – dijo con una sonrisa desde la puerta de su habitación.
- Me encantaría… - dijo con toda la sinceridad del mundo – Pero… tengo que terminar varios encargos…
- Está bien…
D.M. creía que Kanon siempre estaría ahí por y para él, el problema es que era cierto, no importaba cuántas veces el menor de los gemelos se propusiera alejarse, siempre terminaba buscándolo, era el que daba el primer paso, el que llamaba, el que iba a los lugares a los que el italiano quería ir, lo seguía fielmente porque lo amaba, porque pensaba que si se quedaba a su lado el tiempo suficiente, un día D.M. se daría cuenta de que había estado ahí desde siempre, que todo lo que algún día podría sentir le pertenecía y que quiza sería capaz de corresponderle. Tenía tantos planes para el futuro, había tantos lugares a los que quería ir, tantas cosas que hacer, y de pronto se encontraba ahí, atado a la esperanza de un amor que quizá no estaba hecho para él.
Y fue en ese preciso instante, en que decidió, de un momento para otro cambiarse de departamento, tal vez necesitaba eso, quizá si se alejaba lo suficiente un día dejaría de amarlo.
Buscó su móvil y envió tres mensajes de texto, todos decían lo mismo, les pedía que le llamaran a su departamento, solo que colocó 3 horas distintas. Luego borró todo lo que tenía en su móvil y lo dejó en el departamento del italiano. Y así fue como salió de su vida.
***
- Vaya, tu casa es muy grande… - le dijo a Ikki.
- ¿Dónde vives tú? – Hyoga sonrió, para sorpresa de Ikki, sonreía más veces de lo que creía.
- No tengo permitido revelar esa información – el fénix no pudo reprimir la carcajada.
- Estás mintiendo, ¿cierto?
- No, es en serio, no podemos dar esa clase de datos.
- ¿Qué otra cosa no te dejan hacer?
- Pues… no podemos hacerlo sin preservativos… no podemos hablar de ningún cliente y… ya, creo que eso es todo.
- ¿Ah si? ¿Y qué cosas no puedo hacer yo contigo? – la forma en que lo dijo le hizo sentir extrañamente incómodo. Había algo seductor en el fénix, aunque él no se diera cuenta de ello.
- No puedes traer a un tercero a menos que lo hayas especificado cuando hiciste la contratación, tampoco puedes lastimarme, y si te digo que te detengas lo tienes que hacer.
- ¿Por qué elegiste este trabajo?
- Ahh - tomó aire - primero empecé como acompañante y una cosa llevó a la otra y… supongo que necesitaba dinero rápido… ¿Tienes algo en qué vaciar esto? – cuando pasaron por el área de comidas del centro comercial, les habían ofrecido muestras de lasagna, el fénix en realidad no estaba muy acostumbrado a comer en locales así que Hyoga le propuso cocinar algo para él, antes de llegar a la casa del mayor, pasaron por los ingredientes, y aunque el fénix creía que terminarían ordenando pizza, decidió darle el beneficio de la duda al rubio.
- ¿Y te gusta?
- Supongo que me deja ser libre.
- Sí claro – dijo con sarcasmo mientras sacaba lo que parecían ser unas esposas de tela de la pequeña maleta que llevaba el rubio.
- Son de velcro… se quitan fácilmente, uno nunca sabe con qué se va a topar y es mejor estar preparado.
El aroma de la salsa comenzaba a inundar la cocina.
- ¿Puedo ver lo que traes? – el rubio asintió mientras el fénix se encontraba con condones, un tubo de lubricante y otros accesorios que ni siquiera sabía para qué servían o en dónde se ponían. Luego se topó con el móvil del rubio y le pareció gracioso que lo llevara despreocupadamente en la mochila en lugar de tenerlo a la mano como el resto de las personas normales - ¿Si veo lo que tienes encontraré fotos de tu pareja?
- No salgo con nadie… Haz un video.
- ¿De qué?
- De ti o de lo que quieras.
- De acuerdo, este es… el pato – Hyoga se rió, sin importar el tiempo que pasara, seguía cargando con ese apodo que le había puesto el fénix cuando eran adolescentes - Haciendo… lasagna, está remojando una…
- Pasta… en realidad podría hacer la masa yo mismo - presumió - PERO es tardado y no quiero que termines comiendo palomitas… - el fénix lo miró sin contener la risa, ¿cómo es que recordaba esa anécdota el rubio?
- Oye, eso solo fue una vez y porque Seiya y Kanon habían arrasado con la despensa.
Siguieron bromeando incluso después de comer. Aquel día Ikki obtuvo mucha información de Hyoga, supo, por ejemplo, que adoraba cocinar y que era bueno en ello, que había intentado dejar el trabajo una vez pero que su pareja de aquel entonces le insistía en que debían juntar más dinero para poder poner un restaurante juntos. Así que el rubio dejó la escuela de cocina mientras juntaba el dinero suficiente, incluso, y esto le sorprendió mucho al fénix, un famoso restaurante ubicado en una lujosa zona residencial, había sido pagado por completo por el rubio, aunque cuando terminó con su relación no recibió nada a cambio por la inversión, y había tenido que empezar de cero.
- Creo… que en dos o tres años podré juntar lo suficiente para regresar a la escuela… ese tipo de carreras son costosas por los materiales…, no sé, quisiera también poner mi restaurant así que, por eso necesito MUCHO dinero – lo último lo dijo más para sí mismo – Ahora yo tengo una pregunta… ¿por qué el fénix habría de contratar los servicios de alguien como yo?
- Soy gay… - dijo con naturalidad. Jamás en la vida creyó que pudiera decirlo así, como si nada.
- Lo supuse cuando me contrataste – se rió Hyoga - ¿Has tenido novio?
- No, es… complicado… la empresa que dirijo es muy importante y… si saliera en serio con alguien sería… no sé lo que la gente pensaría de ello, habría… rumores y… no sé, no creo estar listo para eso…
- ¿Y sales con chicas? – las preguntas de Hyoga eran directas, quizá por ese motivo le respondía con la mayor sinceridad posible.
- No, tampoco es que tenga mucho tiempo disponible… ¿Y tú?
- No salgo con nadie de momento, no es bien visto que trabaje en una casa de citas… de hecho, a estas alturas dudo que encuentre a alguien a quien no le importe eso… así que… espero que el tiempo pase rápido para recuperar mi vida normal.
- A tu ex pareja no le importaba…
- No, pero ella era feliz mientras yo pusiera dinero para el negocio…
“Ella”… el fénix pareció desconcertarse un poco, pensaba casi ciegamente que el cisne también era homosexual, así que, sin saber por qué, le dolía un poco que no fuese así.
Continuará…
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