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Nieve de Navidad (mpreg, lemon) Finalizado Nieve de Navidad (mpreg, lemon) Finalizado (0.386 s)

Nieve de Navidad (mpreg, lemon) Finalizado

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El 20/07/11 a las 12:07:19
Nieve de Navidad (mpreg, lemon) Finalizado Nieve de Navidad (mpreg, lemon) Finalizado

Resumen: Ikki ha perdido a su ser mas amado en circunstancias poco usuales y no deja de culparse de ello. Hyoga se niega a una vida amorosa por el pasado de sus padres. Ambos descubrirán que la vida no se acaba para nadie por una desgracia.

Pareja Principal: Ikki-Hyoga.

Tipo: Tragedia, Drama, Angst

Clasificación: No menores de 18 años

Autor: Ella

Razón: Navidad, aunque ya se pasaron las fechas. Regalo para Ale Bonilla, espero estés bien :D

Personajes Principales: Ikki, Hyoga

Personajes Secundarios: Shun, Io, Isaac.

Personajes Incidentales: Sorrento, Seiya, Shiryu, Shaka.

Estado: Finalizado

Última actualización: 25 de febrero del 2012

Comentarios adicionales: Nada en este fic es feliz, esta lleno de tragedias y haré papilla a Shun, seré muy cruel, asi que si no te gusta eso, no es recomendable que lo leas, si es al contrario,ojala te guste n.n



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FECHA El 29/12/11 a las 10:12:59 IP GUARDADA Enviar Privado Añadir Amigo · Enviar Privado Enviar Privado · Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
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El 20/07/11 a las 12:07:19

Lo estaba publicando en otra pagina, espero que les guste

Fue una temporada navideña, esas fechas donde el sentimentalismo se respira en el aire, el amor, la unión familiar. Todos esos bellos sentimientos existentes en cada persona. Pero también está esos dolores de cabeza, esos reportajes donde se dice que los suicidios abundan, pues por culpa de esos sentimientos, donde también se encuentra la tristeza, se recuerdan a muchas personas a veces con amor, y otras con pesar.

Se encontraron por primera vez por azares del destino. En aquellos momentos la nieve caía, blanca y pura como la conciencia de un recién nacido. Parecían las plumas de un ángel que subía al cielo en un vuelo agitado y precioso. ¿O es que acaso eran lágrimas? Tal vez. Las lágrimas de ese bello ángel que no podía elevarse por más que lo intentaba. Pero había alguien que lo ataba…

“Algo que me ataba a la existencia terrenal. No podía irme, descansar en paz si esto se estaba dando tras mi muerte.”

“Él estaba en un puente poco concurrido, muy cerca de donde se encontraba nuestra residencia. Llevaba días con el mismo semblante ensombrecido y no me gusta verlo así. Siempre era intenso, explosivo, pero nunca estaba triste, al menos nunca me di cuenta de eso. Pero no podía quitarle esa tristeza, a pesar de hablarle día y noche, de consolarlo en sueños, siempre despertaba igual o con peor ánimo.”

No había nadie alrededor que evitara una de sus locuras, esas locuras que el 24 de diciembre provoca en la gente. El recordaba esas mismas épocas de hacía un año, cuando aún lo tenía a su lado y pensaban que estarían así por mucho tiempo más.

“Jamás lo había visto tan caído, tan desanimado, ni siquiera cuando perdimos a nuestros padres.”

*Flash Back*

-Niisan- decía un pequeño de cabellera verde esmeralda, con voz ronca, cubierto con muchas mantas- Niis…- se interrumpió por un ataque de tos. Se arqueo a causa del dolor que esto le provocaba en el estómago. Tenía días así, casi tres semanas y parecía no mejorar.

-¿Llamaste, Shun?- entró a la habitación un joven de cabellera azul, lo llevaba revuelto dándole un aire rebelde a su cuerpo musculoso de espalda ancha.

-Si- asintió con una hermosa sonrisa tomando la taza de chocolate caliente que le ofrecía- siéntate conmigo, ya comenzó el especial navideño.

-Pero, ototo, lo repiten todos los años ¿No te has cansado de verlo?- sonrió dándole un beso en la mejilla y arropándolo.

-Anda, lo vemos siempre juntos, es como nuestra tradición- dijo inocentemente jalándolo del brazo, logrando que callera sentado junto a él.

-¿No podríamos hacer otra cosa?- insistió. El joven ya estaba cansado de ese especial que duraba tres horas, sabía que su pequeño hermano le insistiría hasta que accediera, pero tenía que intentarlo, ese condenado reno de nariz roja hecho de felpa le daba escalofríos.

-Por favor, Ikki, la idea no es verlo, sino estar juntos como una familia- se abrazó fuerte de su brazo sin permitirle retroceder, verían esa película juntos, le gustara o no- papá decía eso, a mí tampoco me gusta- admitió con una pequeña risa divertida- Rudolph me da miedo.

Ikki rio ante la mención, era algo que compartían por más estúpido que fuera. Terminó por sentarse a su lado después de preparar más chocolate caliente y comprar algunas galletas de chispas de chocolate. Al mayor no le hacía mucha gracia comer tanto dulce, tenía una cantidad límite de consumo pero a su hermanito le fascinaba y lo hacía todo por él. Se abrazaron juntos entre las mantas calientitas. El silencio solo era interrumpido por los accesos de todos repentinos del pequeño.

-Niisan- susurró despacio cuando la película estaba en su mejor momento.

-Dime- contestó en su mismo tono de voz.

-¿Cuándo me vas a llevar a las montañas?- de inmediato captó su atención, dejo de lado al reno extraño que intentaba salvar la navidad para fijarse en su hermanito que comía una galleta sin apartar la mirada del televisor.

-¿Quieres ir a las montañas? ¿Para qué?- cuestionó al no tener ninguna idea en la cabeza. Lo único que conseguiría en un lugar así sería una enfermedad grave, dado sus bajas defensas y su historial clínico. Además a su hermano le gustaba la primavera, las flores, el cantar de las aves, la brisa fresca del viento… no entendía que quería en las montañas donde nevaba todo el tiempo.

-Quiero ver nieve verdadera caer- sonrió mostrándole sus ojos brillantes- ¿Me llevarás?

-¿Crees que solo cae nieve en las montañas?- rio divertido, no necesitaban ir tan lejos para eso- aquí también nieva algunas veces.

-Pero nunca he visto nevar en la vida- se levantó de nuevo para enfrentarlo cara a cara. De nuevo lo manipularía con su mirada de ángel- quiero ver nieve y no quiero esperar ¡Por favor, niisan!

-Shun, el clima de las montañas es malo para tu salud- explico serio tomando sus manitas calientes por sostener la taza de chocolate- no quiero que enfermes más.

-Podrías llevarme el otro año, en estas fechas, cuando estemos de vacaciones- rogo al borde de las lágrimas- como regalo de cumpleaños, por favor.

-Tu cumpleaños es en septiembre- arqueó una ceja ante tamaño disparate.

-Podríamos adelantarlo- sonrió pícaro.

-Dirás aplazarlo, tu cumpleaños número catorce está más próximo que la siguiente navidad.

-Pero yo me refería a adelantar el regalo del cumpleaños número quince- lo abrazó con fuerza. Era un pequeño pillo, ya tenía planeado pedirle eso.

-¿Entonces el siguiente año recibirás dos regalos de cumpleaños y uno de navidad?- asintió emocionado meneando la cabeza contra su pecho, mientras el mayor acariciaba sus cabellos suspirando. Nunca podía decirle que no y esta no era la excepción- está bien, pero tienes que tener un buen promedio el próximo año o el viaje se cancela.

-¡Gracias, niisan!- sí, todo por ver esa sonrisa en su rostro todo el tiempo.

*End Flash Back*

“Pero ese viaje nunca llegó, la tragedia nos hizo sus víctimas una semana antes de que pasara. Ahora estaba en el puente, sosteniendo entre sus manos los boletos del tren que nos llevaría a esas vacaciones prometidas, también llevaba un paquete envuelto en un colorido papel. Ese debía ser mi regalo de navidad. El mío lo dejé bajo mi cama, nunca pude entregárselo”

A lo lejos venia una figura,  se movía lentamente, parecía que alguien se acercaba. Aunque era cuestión de instantes para que el hombre en el puente se decidiera finalmente a concluir con lo que ya venía pensando desde hacía tiempo.

“Me parecía que lo hacía a propósito, la figura iba cada vez más despacio, parecía que no llegaría nunca”

Cuando pasó a su lado, él no lo notó, seguía pensando, recordando y culpándose. Pero el joven que iba pasando percibió que algo extraño se traía, pues lo miro con desconfianza unos segundos. Aunque después siguió su camino, no le dio importancia e ignoró lo que pasaría después.

“Rogué para que no se alejara y fui escuchado, pues de nuevo se dio la vuelta.”

-Oye- lo llamó captando su atención, pero no le importó, después de una mirada rápida volvió su vista a las corrientes heladas del rio- ¿Vas a lanzarte?

-Tal vez- susurró mirando al cielo

-Te invito un trago- sonrió dándole la espalda, pero él no lo siguió- ¿Vas a venir?

-Supongo- se alejó de la orilla y caminó detrás del desconocido que sonrió ante esto. Una mirada esmeralda los miraba aun desde el puente, su sonrisa era un misterio.



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El 20/07/11 a las 12:07:19

Advertencia: Violación

Capítulo 1.- Noche buena.

Ambos se alejaron del puente para entrar a una cafetería cercana. Él no era de licor, nunca lo había sido, decía que era solo una manera cobarde de escapar de los problemas y la verdad lo era, así como lo que estuvo a punto de hacer.

Dentro de la cafetería no se decían nada. Se miraban de vez en cuando tomando un poco de las bebidas calientes que habían pedido, pero nada más.

“El tiempo siguió pasando y yo los contemplaba desde cerca, sentado en la mesa siguiente. Cerca de mi había más gente como yo. Espíritus errantes había muy pocos, ellos eran simplemente espíritus que volvían cada cierto tiempo para estar con sus familias y demás seres queridos. Una de las pocas salidas que teníamos”

“Pero yo no estaba de visita, tenía permiso, eso era cierto, pero no para permanecer un día o dos, sino hasta poder descansar en paz. Supongo que es lo que llaman ‘asunto pendiente’. Cuando pasó, aquel día subí junto a mis padres que me recibieron con un abrazo fuerte y lágrimas de felicidad. No lo niego, quería quedarme con ellos, pero al ver lo que pasó, con su mente, con mi cuerpo, no podía. Noté su alteración, una perturbación que supuse lo llevaría a cometer ese acto que no es perdonado en el más allá y se convertiría en un espíritu errante para la eternidad… no lo podía permitir. Mi espíritu comenzó a desaparecer lentamente, mi aura se volvió oscura pues yo no era feliz a pesar de estar con mis padres. Así que me fue otorgado el permiso de volver hasta que fuera feliz.”

“Ahora estoy aquí, tengo cerca de una semana en este estado. Le he vigilado día y noche, escucho su llanto, sus lamentos. Miro sus ojos día tras día y no sé qué más hacer. En ocasiones también yo me pongo a llorar y sé que lo siente, pues su ánimo cae. Por eso no me lo permito, sonrío para él la mayoría del tiempo, le cuento al oído los días felices que teníamos juntos, pero nada parece funcionar”

-¿Cómo te llamas?- preguntó finalmente el desconocido.

-Ikki Kassay- Había mentido, no quería revelarle nada a quien solo lo había invitado para aplazar lo inevitable.

-Un gusto Ikki, soy Hyoga Haysu- Era rubio, de mirada fría y profunda, pero su aura no era oscura. Me cayó bien desde el principio-¿Qué haces solo en navidad?

-¿Qué hacías tú?-Esquivó la pregunta recostándose con los ojos cerrados.

-Solo paseaba, hace mucho que no nieva y me gusta la nieve-  el chico suspiró mirando la nieve desde dentro, en su mirada se percibía la nostalgia, aunque no se podía saber qué era lo que en estos momentos extrañaba tanto y con tan hermoso semblante, pues a diferencia de él, no estaba ensombrecido ni perdido en depresión.

Ikki miró también en su dirección pero desvió la mirada en un instante en medio de un gruñido antes de levantarse para alejarse.

-¿Tienes algo más que hacer hoy?- lo alcanzó el muchacho rubio caminando a su lado.

-Nada en realidad

“No quiero que lo deje solo, acompáñalo Hyoga, invítalo a salir, haz algo, pero si lo dejas solo sé que estará conmigo en poco tiempo y aunque lo deseo con todo mi ser, no debe ser tan pronto, no de esta manera”

-Bien, estoy un poco aburrido ¿Quieres venir?- él se sorprendió y lo miró atentamente, pero luego sonrió satisfecho.

­-Sí.

Juntos caminaron por las calles blancas de la ciudad. No fue mucho lo que avanzaron, un par de cuadras más adelante se detuvieron frente a un edificio bastante elegante. Para Ikki fue impresionante que se encontrara tan cerca de donde vivía, pues no era precisamente un buen vecindario.

Subieron al elevador hasta el noveno piso donde entraron al piso del hombre. Era grande, espacioso, con un gusto exquisito, aunque sus colores eran muy fríos, aun así se respiraba un aura de tranquilidad. Él se sentó en uno de los sofás mientras su anfitrión salió por una puerta lateral a la derecha donde estaba la cocina. Al poco tiempo volvió con dos humeantes tazas de chocolate caliente, pero su invitado hizo a un lado la suya y continuó explorando el lugar con detenimiento.

“Solo espero que no vuelva a sus mismos pasos, pues eso solo lo llevará a un mismo final”

De pronto un animal salto junto a sus pies. Él alzo a esa cría con una de sus manos y la contempló largamente ante la mirada atenta de Hyoga. Finalmente la colocó en su regazo y comenzó con sus caricias a lo que la criatura respondió con agrado, acurrucándose en ese cómodo lugar.

“Era muy hermoso, de haber podido lo hubiera estrechado entre mis brazos”

-¿Te gustan los conejos?-preguntó finalmente el hombre rubio sorbiendo un poco de la bebida caliente, pero él no contestó- Veo que no te gusta el chocolate- Pero seguía sin decir nada- ¿Qué hacías en el puente?

Él suspiro hastiado y bajó la mirada, no dejaba su labor sobre el pelaje blanco del animalito. Se veía tan cómodo, tan feliz. Por un momento recordó el semblante de otra criaturita a la que le otorgaba los mismos mimos y los recibía de una manera similar.

-¿Dónde vives?- continuó insistente, parece que no se daba por vencido. Él debería al menos responder a su hospitalidad y contestar a sus preguntas, pero ni siquiera parecía escucharlo- ¿Vives con alguien? ¿Tienes un lugar al cual volver?

-No me gustan los animales, no me gusta el chocolate y vivo donde pueda quedarme- contestó rápidamente mirándolo furioso.

-Bien-  contestó sorprendido ante su reacción- si quieres quedarte aquí está bien. Parece que será una navidad muy helada y…- calló de pronto al verlo levantarse y caminar lentamente junto a él donde se acuclillo para tomarlo del cabello- ¿Qué es lo que haces?

Inesperadamente lo besó. Hyoga se sorprendió e intentó alejarlo, pero él no se lo permitió, lo sujetó con fuerza, mordió sus labios logrando que los separara y así entrar a su boca, que se resistió al principio, pero que poco a poco comenzó a corresponder. Él se posicionó sobre el rubio, que seguía sentado, coloco sus rodillas a ambos costados de él para no aplastarlo, pero sin darle la suficiente libertad para que se resistiera. El anfitrión, sin darse cuenta ya no tenía sus manos quietas, jugaban con el pecho de su invitado mientras éste acariciaba su espalda acercándolo a su cuerpo. El beso terminó tal como inició, pero Hyoga seguía perdido en las sensaciones que había recibido con el simple beso de un desconocido.

-¿Es esta la navidad que quieres tener?- dijo burlón al observar el rostro sonrojado de Hyoga, este abrió los ojos para lanzar puñales con ellos al mirar esa sonrisa de lado.

-¿Qué es lo que pretendes?- gruño empujándolo para alejarlo de él.

-Nada en especial- contesto despreocupado regresando a su lugar.

-No vuelvas a intentarlo- advirtió caminando a la cocina para salir del alcance de su mirada.

Caminó al refrigerador se plantó allí sujetando la puerta. Llevo una de sus manos a sus labios, nervioso. El tacto de sus labios lo tenía aún muy presente. Hacía mucho que no tenía un acercamiento de ese tipo con alguien, desde hacía exactamente  tres años. Debía admitir que le agradó.

Escucho una risa a sus espaldas y se giró de inmediato encarando con vergüenza a su invitado, que se encontraba apoyado en el marco de la puerta despreocupadamente con una sonrisa de triunfo en los labios.

-¿Se puede saber que es tan divertido?- se giró de nuevo ocultando su sonrojo.

-Tu expresión- contestó con un dejo de vanidad-  Te gustó ¿verdad?

-Estás loco, no sé por quién me tomas pero no voy a permitir que…

Su invitado le corta la palabra poniendo sus labios sobre los del rubio sellándolos con un nuevo beso forzado, beso que es inmediatamente correspondido por Hyoga, aferrándose a sus ropas. Era violento, cruel, lo mordía en ocasiones pero era algo que no le disgustó, se aterró al escuchar sus propios pensamientos, estaba disfrutándolo.

-¡Ey!- reclamo cuando las manos de él bajaron a su pantalón, acariciando su miembro por sobre la tela- ¿En qué estás pensando?- Lo apartó de un empujón que lo hizo caer para salir de su alcance, colocándose del otro lado de la cocina. Ikki se levantó y se miraron tensos unos segundos, hasta que comenzó a acercarse de nuevo.

-No hay mejor remedio para el frio- comentó simplemente, pero Hyoga retrocedía con cada paso.

-¿Pero de qué demonios estás hablando? ¡Sal ahora mismo de mi casa!- gritó histérico al ver que cada vez se le acababa el espacio.

Ikki rio con ganas confundiéndolo, pero al dejar ese estallido de loca felicidad con un gesto incito al rubio a mirar entre sus piernas, con vergüenza Hyoga cubrió su erección, pues en realidad las caricias de ese extraño le fueron placenteras

-Deja de comportarte como una virgencita y admite que te gustó.

-¡Lárgate!

Pero en lugar de alejarse, volvió a acorralarlo contra la pared sin darle tiempo de intentar nada. Volvió a abordar sus labios de manera salvaje y aunque intentó resistirse al principio, volvió a ceder a la insistencia de su lengua  y dejó que entrara en su boca. Ambas bailaban, compartían sus sabores. Hyoga dejo de empujar a su atacante, para comenzar a acariciar su espalda, mientras él lo aferraba del cabello y del cuello. Con sus piernas lo incitó a abrir las suyas  y el rubio obedeció casi al instante, permitiendo que sus miembros entraran en contacto a lo que respondió con un suspiro al comprobar que el cuerpo de quien lo besaba se encontraba igual o más despierto que el suyo.

De un tirón se encontraba sin playera, no vio venir eso. Abrió los ojos como platos y quiso resistirse, pero él no se movía, nunca creyó encontrarse en esa situación, si escapó de aquel lugar fue para evitar precisamente eso y ahora se encontraba atrapado, tan temeroso que la fuerza se le había ido. Con rapidez lo despojó de su ropa sin que pudiera hacer nada y eso lo frustraba.

Se movió contra su miembro desnudo y no pudo evitar la exclamación que salió de sus labios, ese desgraciado lo estaba haciendo disfrutar y ni siquiera lo conocía. Cuando tomó su hombría con sus manos se sintió enloquecer. Ardía como nunca. Se mordió los labios para evitar gemir cuando comenzó a estimularlo de arriba abajo mientras besaba sus hombros, pero era simplemente imposible.

-¿Te gusta?- susurró con voz ronca en su oído.

-¡Bastar…!- no pudo concluir pues un gemido escapó de su boca cuando un dedo invasor entró en él desprevenidamente- ¡Detente! ¡Me duele!

Volvió a abordar sus labios acallando sus gemidos y quejas con su boca mientras no se dejaba de mover en su interior con su dedo anular. Era dolorosamente placentero, no lo entendía. Su otra mano continuaba con la tarea en su miembro. Sentía que iba a estallar muy pronto si no se detenía.

-Es muy pronto, Hyoga- abrió sus ojos cuando lo llamó por su nombre, pero solo alcanzaba a ver su pelo junto a su rostro, pues aun besaba su cuello. La mano en su miembro se había detenido y ahora subía por su cintura acariciando sus costados.

-¡Ah!- esta vez fueron dos dedos los que se movían y el dolor, que momentáneamente iba disminuyendo volvió a él- ¡Para ya!- rogo desesperado, pero no se lo podía quitar de encima, sentía sus fuerza menores a las del conejo que aun caminaba por la habitación sin preocupación.

-Pero apenas comienzo- se burló tomando sus pezones con su boca y meter un tercer dedo en su entrada. El grito esta vez fue más sonoro pero en lugar de conmoverlo o hacerse arrepentirse, lo incitaba a seguir adelante, más furioso, más rápido. Sus dedos giraban, entraban, tocaban algo en él que lo hacía debatirse.

Lentamente lo sintió relajarse y disfrutar realmente del vaivén que marcaban sus tres dedos dentro. Le dio la vuelta lentamente aprisionándolo aun contra la pared. Acercó su miembro palpitante a su cuerpo que respiraba agitado por el calor que sentía. Estaba turbado.

-¡No!- pidió asustado intentando darse la vuelta, pero el agarre en su cintura era demasiado fuerte. No pudo hacer nada, cuando sintió la caricia en su entrada supo que se había acabado. Su invitado suspiró cuando poco a poco iba entrando en él que grito ante la intromisión de su miembro. -¡Me duele!- rogaba entre gemidos cediendo ante las caderas furiosas de quien lo embestía. Las piernas le fallaban, no las sentía, si no fuera por las manos de su agresor ahora estaría en el suelo.

-¿Eras virgen?- preguntó en medio de una risita de burla, lamiendo su oreja, pero sin detenerse

-Desgraciado- sollozó pero calló al instante al volver la caricia en su hombría.

-Dilo- rugió furioso dando mordidas en su espalda mientras él comenzaba a sangrar, logrando con esto que se deslizara con mayor suavidad en esa estrecha cavidad que le brindaba tanto placer- ¡Di que te gusta!

-¡Cállate!- gruño mordiendo su mano derecha. No quería demostrárselo, pero le gustaba. Clara muestra de ello era la erección que estaba a punto de estallar entre las manos de quien lo ultrajaba.

-Di lo que sientes- ordeno aumentando el ritmo de sus arremetidas así como el de las caricias en su boca.

-Siento que… me parten en dos- contestó al fin dejando sus lágrimas.

-No seas embustero- lo arrojó al suelo saliendo de él en un solo movimiento que le dolió incluso más. Sin embargo, en un abrir y cerrar de ojos estuvo de vuelta sobre él. Tomo sus piernas y las llevo a sus hombros dejándolo una vez más expuesto- solo mírate la cara- entró de nuevo de una sola embestida continuando inmediatamente con el vaivén.

Hyoga por su parte, solo atinó a apoyarse con fuerza de los hombros de él para volverse loco de placer y dolor. Sus caderas obedecían sin reclamos al ritmo marcado por Ikki y su cuerpo respondía al más mínimo estimulo  que le brindaba. Sus quejas se convirtieron sin darse cuenta en gemidos de placer que a su vez, paulatinamente fueron gritos de placer intensos. Un escalofrió, desconocido hasta ese entonces para él, lo recorrió de pies a cabeza cuando su esperma se depositó en la mano de Ikki, con esto su entrada se contrajo en espasmos, logrando que Ikki se vaciara en su interior. Sus entrañas ardieron al contacto con ese líquido espeso y blanquecino.

El cuerpo de su invitado cayó suavemente sobre su cuerpo, respirando con dificultad, aun enfundando en él. Él tampoco podía respirar, sus ojos se mantenían cerrados y su boca abierta.

Ikki se levantó después de breves segundos, lo miro con una expresión que lo confundió. Suspiró al tomar unas servilletas de la cocina y limpiarse con éstas la mano y miembro, colocándose las ropas adecuadamente.

-Fue divertido- dijo simplemente, dándose la vuelta para salir de allí.

-Espera- lo detuvo apenas había dado un paso afuera de su departamento- ¿Te irás así nomás?- preguntó incrédulo, levantándose como podía, pues aun sentía el escozor en las entrañas.

-¿Qué esperabas?- rio estrepitosamente cerrando la puerta.

Hyoga quedó pasmado mirando la puerta. Poco a poco las lágrimas volvieron a sus ojos y se dejó caer al suelo, cansado, humillado… no solo por lo que él le hizo, sino porque aun recordaba sus besos… y lo hacía con un sentimiento cálido en el pecho.

Ikki seguía caminando bajo la nieve blanca que se derretía apenas lo tocaba. Se había aprovechado de alguien que solo intentó ayudarlo. Sin él a su lado se estaba convirtiendo en alguien no tan distinto a quien tanto odiaba. Era ahora un abusador.  Se detuvo a unas calles de allí. Se giró preocupado mirando en la dirección del edificio, no estaba acostumbrado a huir de los problemas de esa manera, ¿Qué pensaría su pequeño de lo que acababa de hacer?

“¿Qué debería pensar? Hiciste lo mismo que él”

Se dio la vuelta y volvió sobre sus pasos. No sabía que podía hacer algo así, se dejó llevar de nuevo y como en aquella ocasión no pudo evitarlo. No iba a causar otra muerte por su incapacidad de calmarse cuando era necesario. Al menos debía asegurarse de que estaba “bien”. Con un semblante afligido llego de nuevo al edificio, pero solo miraba la fachada, no sabía si debía entrar o no, tal vez ya había llamado a la policía… aunque conocía que merecía ser castigado.

Lentamente subió hasta su piso donde entró sin pensarlo mucho. No había nadie en la sala, y las tazas de chocolate seguían en la mesa. Recorrió el lugar con la mirada pero no veía al chico. Supuso que debía seguir en la cocina. Con un suspiró entró hasta el lugar, allí seguía ese hombre de cabellos rubios al que había herido tanto. Estaba dormido profundamente, en un sueño negro a decir por su expresión.

Con delicadeza lo levantó en brazos, la sangre aún estaba fresca y terminó con el abrigo manchado de carmín. Caminó por la casa, no sabía dónde se encontraba la habitación y había al menos cinco opciones de puertas. Miró todas las habitaciones hasta encontrarse con su recamara, era cómoda, tenía una cama junto a una gran ventana que daba al rio, una cálida chimenea que en esos momentos estaba apagada, muchos adornos elegantes y modernos, además de un pequeño sofá junto a una mesita de centro donde estaba postrado un libro, abierto totalmente.

Depositó el cuerpo desnudo del joven en las sábanas  color arena y estas se mancharon levemente, aún seguía sangrando y tenía que hacerla parar. Fue al baño donde tomó algunas toallas para limpiar la sangre. Cuando regresó a la habitación Hyoga ya estaba despierto y miraba confundido el lugar sin entender como había llegado allí, pero cuando vio a Ikki regresar palideció por completo.

-Volviste- susurró casi sin voz sin saber realmente que decir o pensar.

-Toma- le lanzó las toallas sin acercarse más, ahora que lo veía despierto no se atrevía a hacerlo- tienes que limpiar la sangre.

Hyoga bajo la mirada tomando las toallas, estrujándolas entre sus dedos reprimiendo el llanto. No se volvió a mover esperando a que saliera de su casa ya que se había asegurado de que seguía con vida o tal vez lo que quería era que no llamara a la policía, de cualquier manera no lo iba a hacer, sería demasiado vergonzoso enfrentarse a desconocidos, relatar lo que le sucedió… demasiado humillante.

-Hyoga- tembló ante su voz, se sorprendió, de nuevo lo llamaba por su nombre.

-No voy a llamar a la policía, si es lo que te preocupa puedes irte- no supo como su voz pudo salir tan clara pero sobre todo segura y fría.

-Perdona- dijo con suavidad, no estaba acostumbrado a pedir disculpas, sin embargo debía hacerlo.

-No importa- cortó intentando levantarse, pero no lo consiguió.

-Lo que te hice fue…

-¡No importa!- estalló con lágrimas en los ojos- ¡Maldito bastardo! ¡Simplemente quería estar acompañado en Navidad!

Bien, ese era su problema. Fue su culpa haber invitado a un extraño a su casa cuando lo único que sabía era su nombre, nada más. Pero cuando lo vio en el puente, su cabello azul le recordó a quien fuera su tutor muchos años, aunque estaban más cortos. Por su semblante adivinó que pronto terminaría en las aguas heladas, si hubiera sido así lo hubiera salvado, pero conocía a la perfección la corriente de un rio congelado, no iba a poder hacer mucho, ni siquiera por su propia vida.

-Acompañado en Navidad- susurró mirando la nieve a través de la ventana- supongo que no soy buena compañía en estos tiempos- sonrió tristemente para darse la vuelta y salir, dejándolo solo.

Se recostó sobre las colchas, no le importó mancharlas. Tampoco siguió derramando lágrimas. Solo durmió.

Dejen comentarios por favor, todos los dias habrá una actualización, ojala les guste ;)



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Online Laries_cam
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El 28/01/11 a las 10:01:17

Hola Ella!! :D

Creo que no te había visto por esta sección o_oU De igual forma, bienvenida por estos lares ñ_ñ (si ya has publicado, solo ignorame D/:!!! y dime que más has publicado de este par nvn)

Me ha gustado mucho tu fic ovo  tengo una gran manía por la tragedia >_<!!! por alguna razón la adoro aunque me haga sufrir en el proceso u.ú  soy maso XDU

Ahora, pasando a la historia, pobre Ikki ;w; con complejo de suicida...  recordando a su hermano ._.U???  hemm, asumo que lo que esta escrito en cursiva son los pensamientos de Shun muerto 9.9  que tristeza pasar así la navidad ToT

Dejando a un lado mis condolencias por Ikki u.u ... que hijo de culo Q(>.<Q)!!! como pudo violar así al pobre pato ;o;??  si cosito mosho solo queria compañía 9.9 *pero no te preocupes a Ikki lo amo y lo perdono aunque sea un completo puñetas con el ganso de hielo :3* solo espero que remedie ese error <_<U *aunque lo haya disfrutado por momentos XD*

A todo esto... porque Hyoga esta solo o.ó??? ← me has dejado con dudas.

Ains, no te imaginas, me ha gustado mucho tu fic ^_^ y lo mejor de todo es que has prometido actualizaciones a diario O.O!!!... así que te tomo la palabra :D andaré por aquí merodeando para seguir leyendote :P  Mi querer saber que va a pasar u-u Y respecto a los post, soy un tanto... acosadora u////u  cuentas con el mio ñ.ñ (solo espero que no te fastidien D:)

XOXO  L'sages owo


FECHA El 30/12/11 a las 07:12:08 IP GUARDADA Enviar Privado Añadir Amigo · Enviar Privado Enviar Privado · Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
Online Ella!!
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El 20/07/11 a las 12:07:19

Hola Laries Cam, muchas gracias por comentar, la verdad es mi primer fic en esta sección, aunque he publicado tres mas (AfroxDM. Shaka&Shun. Hyoga&Shun) pero de ellos es nuevo asi que:Gracias por la bienvenida n.n.

Que alegria que te gustara mi historia, a mi tambien me gusta la tragedia :P solo de eso escribo, te lo aseguro... asumes bien, Shun está con Ikki y esos son sus sentimientos... xDD lamento eso de la violacion (que volverá a pasar, me confundo en eso :P pero ya luego se entienden)... la situacion de Hyoga se va aclarando capitulo a capitulo,asi que espero seas paciente n.n... si, actualizaré seguido, al menos los capis que ya tengo escritos, pero no podrá ser posible este fin porque me voy de viaje :P... lo siento

Me encantan qu me acosen, si no publicaba nada aqui era porque sentia que no me apoyaron mucho en mis otros fics asi que... deje de publicar, pero este es un favor para una lectora y me alegra que al menos una de ustedes comente 9u9 asi que adelante ÒuÓ acosame!!! ^0^

Bueno espero te guste la contnuacion ;)

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Capítulo 2.- Navidad.

Al abrir los ojos sentía algo extraño en su ser, sofocado, como si algo lo aplastara aunque sabía que no era así. Respirar era algo que en esos momentos le parecía extraño, se escuchaba a sí mismo, inhalar y exhalar, como el silbido del viento azotando contra su casa en las frías noches de su tierra natal, miraba las cortinas que se movían con el frío que venía desde afuera. Se perdió en el movimiento de las corrientes bailantes, como el movimiento de las olas y las nubes blancas en el cielo. Parecía que alguien lo incitaba por detrás de las cortinas, lo llamaba en susurros cantarines y una sonrisa de blancos dientes, blancos cabellos y piel.

-Quíone- susurró sonriendo, recordando esa vieja leyenda que le contaran cuando niño.

Escuchó un susurró un poco más audible, parecía más un lamento que otra cosa. Con una sonrisa escuchó esa vocecita en su cabeza. Era suave y en su timbre de voz se percibía la inocencia y humildad. Sin duda se estaba volviendo loco, al menos, si las voces que aparecerían una a una iban a ser así de agradables, pues les daba la bienvenida.

El pecho, le costaba expandir sus pulmones. Tuvo que hacer uso de su boca para inhalar y aun así no podía hacerlo con completa libertad. Solo entonces se dio cuenta de la brisa fría que azotaba contra su cuerpo desnudo proveniente de las ventanas abiertas de su habitación. Un escalofrío lo invadió al sentir un suave toque en su cabello, no sabía si era del viento o de alguien más.

Como pudo se incorporó para ir a la ventana y cerrarla. Un estornudo escapo de su pecho. Eso era: dormido desnudo y con la ventana abierta con un ambiente helado había conseguido pescar un resfriado.

Estaba dispuesto a volver a la cama y seguir durmiendo, pero la mancha que acababa de percibir se lo impidió. No era tanta como para alarmarse, pero si era un recordatorio de lo que había pasado hacia unas horas. Se quedó helado unos momentos mirándola, con los ojos abiertos como platos, con el corazón a mil por hora e hiperventilando. Apartó la mirada asqueado apretando las mandíbulas con demasiada fuerza, intentando contener las ganas de llorar, de gritar.

Iba a tomar un baño, lo necesitaba y lo quería, para borrar los rastros de saliva, de esperma y la sangre seca entre sus piernas. Salió de su habitación decidido rumbo al baño, pero se erizó al ver en uno de sus sofás un cuerpo dormido, de cabello azul, piel bronceada. Roncaba estrepitosamente estando, literalmente, desparramado en lo que había tomado como cama. ¿Tanto temía que llamara a la policía?

Se lo que mi niisan piensa, no teme ir a la cárcel, nunca lo ha temido… pero sabe cuando comete un error.

La rabia lo invadió en ese momento, deseaba matarlo, pero no lo haría. Tampoco lo despertaría, o de seguro repetiría  sus actos de la noche anterior. Solo esperaba que siguiera dormido cuando terminara su baño, así saldría y podría escapar, pero no así, no sucio. Tenía que ver a sus amigos y no podían darse cuenta de su estado.

Al cerrar la puerta del baño entro rápidamente a la ducha abriendo los grifos lo más que pudo. El agua golpeaba su cara con fuerza, pero eso era mejor, fría, demasiado. Le recordaba el ambiente helado de su tierra natal, lo relajaba más que un baño con agua tibia. Podía pensar en las aguas heladas de los ríos cuando se sumergía para pescar un poco, o bañarse en ellos. Cuando estaba en paz junto a sus padres. Aunque no contaban con lujos materiales podían seguir adelante. Pero escapó, como quisiera tenerlos con vida y con bien.

Cuando escapó no esperaba esto, ser atacado de la misma manera y en su propia casa. Suponía que sus padres tenían razón, era demasiado confiado. Lo que le pasó fue simplemente su culpa, debió dejar que ese bastardo se ahogara en las aguas del rio, que acabara con su vida si era una bestia tan desalmada. La culpa la tenia él por salvarlo.

Al salir del baño su agresor ya no estaba en el sofá. Se tensó en el instante, no lo quería despierto, debió escapar en cuanto pudo. Escudriño los rincones de su departamento desde la puerta del baño, no lo veía, tal vez se había ido del lugar o a una de las habitaciones. Con miedo caminó por la sala  hasta que llegó a su cuarto, pero cuando entró lo vio de pie junto a la ventana, sosteniendo entre las manos el libro que leía antes de que saliera el día anterior.

-Vine a ver si ya estabas despierto- dijo sin mirarlo aun, dando vuelta a una de las paginas del libro- como no te vi aquí supuse que estabas en el baño.

-Lárgate- susurró apenas, pero Ikki solo lo miró con un semblante que le pareció afligido- No sé que estas haciendo aun en mi casa.

-Solo quería asegurarme de que estabas bien- comentó dejando el libro sobre la mesa y acercándose mas a él.

-No se te ocurra tocarme- retrocedió palideciendo, no quería vivir eso de nuevo y no lo iba a permitir, esta vez se defendería.

Ikki sonrió ante sus palabras, negó con la cabeza un par de veces, y colocando sus manos en su cintura siguió con su avance. Hyoga siguió retrocediendo hasta que se topó con la pared. Cerró los ojos lleno de terror ¿Dónde habían quedado sus intenciones de defenderse? Permaneció con los ojos cerrados mucho tiempo, extrañado por no sentir mas el avance de Ikki abrió los ojos para encontrarlo frente a él, con esa sonrisa de lado, sintió la sangre hervir de vergüenza, parecía que se burlaba del miedo que le tenia. Iba a reclamarle, cuando Ikki se abalanzó sobre el, sosteniendo su mentón con sus manos para después besarlo de manera salvaje. No supo como pero comenzó a corresponder, con sus manos sosteniendo la toalla con las que había salido de su ducha, sus labios comenzaron a moverse casi con la misma fogosidad con la que Ikki lo besaba. Sintió el sonrojo en las mejillas cuando el comenzó a acariciarlas. El aire le faltaba, no recordaba la misma sensación en los besos que le había dado la noche anterior, no era muy distinto lo que sentía, pero si era muy parecido.

Ikki se apartó relamiéndose los labios, con una sonrisa al saber que fue correspondido. Hyoga apartó la mirada cuando se supo observado y descubierto. Cuando miró a Ikki en el puente le pareció atractivo, por eso lo invitó a tomar algo, y de igual manera a su casa, también fue por esa razón dejó que lo besara la noche anterior, pero para nada quería llegar tan lejos… jamás deseó que Ikki lo poseyera, él no era de ese tipo, solo quería entablar una amistad con él.

-Creo que estás enfermando- habló Ikki sacándolo de sus pensamientos.

-¿Qué?- pregunto abriendo los ojos. Él ya se había apartado y salió de la habitación.

-En estas fechas es común- siguió hablando, caminando a la cocina, donde entró sin ninguna preocupación. Hyoga lo miraba desde la puerta de su habitación- pero con un poco de miel, ajo y limón todo estará mejor.

Mi niisan me cuidaba siempre, él sabe de esto pues yo lo necesité todo el tiempo. Desde que nací fui muy delicado de salud. Eso fue algo que preocupó mucho a mis padres y a mi hermano, tenían miedo de que algún día enfermara de gravedad. Pero no era ese mi destino, ni el de mis padres verme morir por estos padecimientos… el destino fue aun más cruel con todos.”

Hyoga no lo podía creer, parecía como si no le importara lo que había pasado hacia apenas una horas, el perdón que le había pedido dejó de tener importancia, solo lo dijo… no sabia porque lo había dicho, pero no lo sentía en realidad, eso lo puso mas furioso. Caminó decidido a la cocina, en cuanto llegó lo recibió un recipiente con una infusión de aspecto extraño.

-Esto te servirá, su sabor es un poco desagradable, pero es efectivo- su despreocupación cada vez lo confundía más. Enfadado dio un manotazo al recipiente que se estrello contra el suelo, vaciándose todo su contenido.

-¡¿Quién demonios crees que eres?! ¡Lárgate ahora!- gritó furioso con los puños fuertemente cerrados.

-Te lo dije, solo quiero que estés bien.

-¿Cómo debía estar después de lo que me hiciste?

-Dijiste que no te importaba- comentó en un susurró del cual pudo percibir que de verdad lo lamentaba.

-¡Desgraciado!

-De cualquier manera el daño ya te lo hice- se dio la vuelta y de nuevo preparaba ese brebaje, pero no se quedaría así, no lo iba a dejar escapar solo por el hecho de que el pasado ya no podía cambiarse- por mas que te pida perdón no vas a recuperar lo que te quité- su voz se fue apagando, en un momento sujetaba el cuchillo con demasiada fuerza, había fallado, había deshonrado la memoria del ser mas querido para él con ese acto tan cruel, lo sentía en el alma… pero no podía hacer nada- no importa cuanto haga, jamás se borrará ese hecho de tu memoria, ni cuanto lo sienta pues lo que hice es imperdonable…

Hyoga estaba callado, escuchándolo atentamente, miraba su puño cerrado contra el mango del cuchillo y el temblor en este, pero sobre todo los ojos de quien lo ultrajara, pues aunque no derramaban lágrimas en su brillo se veía la culpa que sentía. Ya no sabia si seguir recriminando, se notaba claramente afectado… y él tenía razón, no importaba cuanto lo lamentara, no cambiaria nada.

-Además- continuó suavizando su expresión y mirándolo a la cara, el cinismo regresó a sus pupilas- no lo hice tan mal ¿Cierto? Al menos lo disfrutaste.

-¡Eres un hijo de mierda!- Salió de la cocina y camino de nuevo a su cuarto sintiéndose frustrado.

Ikki tomó el cuchillo con el que hacia picadillo el ajo y lo lanzó contra a alacena, dejando una marca en él. Lo estaba haciendo mal, no podía dejar una huella en la memoria de Hyoga, él no quería eso.

*Flash Back*

Estaba preocupado, estaba anocheciendo y su pequeño hermano no daba señales de vida. Había llamado a la policía pero los estúpidos le había dicho que tenia que esperar al menos cuarenta y ocho horas para reportar a alguien desaparecido. Desgraciados, no entendían que en dos días  podía pasarle lo que fuera a un niño como lo era Shun. No quería pensar en lo peor, trataba de tranquilizarse diciendo que la batería de su celular se había agotado, por eso no le contestaba y que se había ido a casa de un amigo sin avisarle nada… quería creer que estaba bien, pero tenía un mal presentimiento.

De pronto la puerta de su casa se abrió y tras de ella apareció ese niño que lo tenia tan preocupado.

-¡Shun!- llamó, no por reclamo sino que en esa palabra dejó salir su angustia. Una sonrisa estuvo a punto de salir de sus labios, pero al ver su aspecto palideció- ¿Qué fue lo que te pasó?

Shun estaba con la mirada en el suelo. Sus ropas estaban muy sucias y mal acomodadas. No llevaba el abrigo que se colocara antes de salir, tampoco llevaba su maleta ni zapatos. Su cabello, que normalmente llevaba peinado e impecable estaba alborotado, con rastros de lodo en él.

-Shun- volvió a llamar pues el aludido no se movía, ni decía nada- Dime… ¿Qué te pasó?- se le hizo un nudo en la garganta, no sabia si quería saberlo- ¿Shun?

-Me asaltaron, niisan- contestó en un susurro, pero no levantó la vista- estoy cansado- Sin más siguió caminando directo a su habitación, pero no se lo permitió. Lo tomó de los hombros y lo obligó a mirarlo a los ojos… le dolió ver un golpe en su frente, casi en la sien sobre su ojo izquierdo.

-¿Quién fue?- la sangre se le estaba subiendo a la cabeza, estaba furioso y mataría a quien se había atrevido a hacerle eso a su única familia- ¡Dime quién fue y te juro que lo mataré!- pero los ojos de Shun se abrieron como platos. Pudo ver, por la humedad de sus pestañas, que había llorado mucho, eso le partió el corazón- Dímelo, Shun

-No se, niisan.

Ikki lo soltó y lo observó caminar a su habitación, ya no insistió mas. Le hubiera gustado hacerlo.

*End Flash Back*

No, no le haría a Hyoga lo mismo que le hicieran una vez a quien amaba. Tenia que remediarlo.

Cuando Hyoga llegó a su habitación quedó parado frente a la chimenea. El actuar de ese hombre lo tenía confundido, a veces parecía demasiado afectado por algo, se lo decía por su actitud y por el hecho de haberlo encontrado en circunstancias tan… poco usuales. Pero otras… era como si se tratara de un lobo herido… a veces a la defensiva, en otras ocasiones deseoso de un poco de atención… pero sobre todo él se mostraba muy reservado y solitario. Se sorprendió pensando en que le gustaría saber que era lo que había dañado a ese lobo tan fuerte y fiero.

Se tensó cuando sintió que alguien lo tomaba por detrás, rodeo su cintura con sus brazos y apoyaba su cuerpo contra el suyo, que se encontraba semidesnudo, solo cubriendo lo absolutamente necesario con la pequeña toalla del baño.

-¡Quítate!- intentó apartarlo pero su agarre no se lo permitió.

-Te mostraré que no es tan malo- susurró a su oído logrando que el bello de su nuca se erizara.

-¡No te atrevas!- dijo apenas con voz temblando de pies a cabeza.

Pero al parecer de nuevo ignoraría sus ruegos, pues inmediatamente comenzó a besar su cuello, uno de sus brazos seguía en su cintura para que no se apartara y la otra comenzó con las caricias en su muslo derecho. Intentaba apartarlo, pero por la posición en la que se encontraba le era muy difícil, por no decir imposible. Además de que al sentir el toqueteo en su miembro se quedó de piedra de nuevo… de nuevo lo sometería.

-Relájate, Hyoga- susurró lamiendo su oreja y el solo gimió.

Su miembro despertó ante sus atenciones, no sabía porque no hacia nada por quitárselo de enzima, eso solo le decía que siguiera a pesar de que sabía que el rubio era lo menos que quería. Pero aun así siguió adelante, si tanto daño le hizo la noche anterior, ahora lo remediaría con un momento de placer, tal vez no era suficiente, pero no sabia que mas hacer. Además su cuerpo lo llamaba a gritos, era simplemente espectacular, sus brazos, su torso, sus piernas largas y bien torneadas… y no solo su cuerpo, también su rostro, era delicado, pero fiero a la vez, sus ojos azules y cristalinos, como el mismo hielo lo atraían, sin mencionar que el hecho de que se resistiera a admitir que lo había disfrutado le resultaba excitante.

Perdió el aire de pronto. Hyoga le había propinado un codazo directo al estomago y con ello logró liberarse, pero al encontrarse tan cerca de la cama cayó directamente en ella, la toalla quedó en las manos de Ikki. Avergonzado, el dueño de la casa intentó cubrirse la desnudez, sonrojado y temeroso. Ikki no pudo reprimir una expresión de angustia al ver esos zafiros azules tan temerosos.

Sin embrago, ignorando esto, simplemente se lanzó sobre él, sujetando sus manos sobre su cabeza.

-¡Aléjate, por favor!- rogó llorando al fin.

Ikki apoyó su frente contra su pecho y suspiró, lo estaba haciendo mal, debía admitir que Hyoga le gustaba, pero había ido demasiado rápido, primero era conocerse, y en definitiva no le había dado su mejor perfil.

-¿Por qué no admites que te gustó?- susurró contra el pecho de Hyoga que subía y bajaba a causa de su acelerada respiración. Pero Hyoga no contestó, solo sollozó. Ikki sonrió por eso, estaba consiguiendo lograr que lo admitiera, pues antes le había contestado que se largara o se callara. Solo debía continuar y seria el mismo el que le pediría que lo poseyera de nuevo.

Con esa idea en la cabeza continuó con las caricias, esta vez Hyoga no dijo nada, simplemente arqueo la espalda cuando tomó su miembro endurecido con sus manos. Sintió que sus manos se engarrotaron cuando tomó con su boca uno de sus pezones al igual que sus rodillas se flexionaron para darle mas espacio, pero no dejaba de sollozar, quería lograr que lo sintiera por completo.

-Déjate llevar, Hyoga- no sabia que pensar, cada vez que decía su nombre, con ese timbre de voz tan profundo, se sentía estremecer… no sabia que pensar ante esto- También puedo darte placer.

-¿Por qué querrías darme placer?- preguntó en un suspiró cuando acaricio su entrada con uno de sus dedos, provocándolo.

-¿Por qué me invitaste a tu casa?- abrió los ojos sorprendido, ni siquiera él podía decir a ciencia cierta porque lo hizo- Me gustas, Hyoga.

-Vaya manera de demostrarlo- gruñó resentido.

Ikki continuo descendiendo por su cuerpo, dejó un rastro de saliva mientras lamia sus pectorales, deteniéndose en su ombligo donde jugueteo un rato. Sus dedos seguían haciendo círculos alrededor de lo que de nuevo deseaba poseer, pero esperaría ahora, hasta que se lo pidiera.

-Solo disfrútalo, esto va a gustarte.

Hyoga gimió pues con destreza y suavidad Ikki lamia la extensión de su miembro. Iba de arriba abajo sin dejar un solo centímetro por probar. Pero se obligaba a callar sus gemidos mordiéndose los labios. Sus manos ya habían liberado las suyas, pero en lugar de apartarlo solo pudo llevar una de ellas a su cabellera y la otra se aferraba a las sabanas. Casi enloquece cuando lo engullo por completo con su boca, prodigándole las mismas caricias de la noche anterior, pero esta vez era mas delicado, mas suave… tal vez era verdad que quería darle placer.

Cuando sintió que iba a explotar él lo dejó de nuevo, aun más ansioso que la vez anterior. Abordó sus labios, lo cual agradeció pues le era casi imposible acallar sus gemidos. Ikki comenzó a frotarse contra su cuerpo, sus miembros desnudos chocaban y compartía la humedad con la que contaba el suyo al de Ikki. Ni siquiera se dio cuenta cuando el comenzó a desnudarse.

No supo describir la sensación que recorrió su cuerpo al experimentar ambas hombrías frotándose la una a la otra, pues se había dado cuenta, el comenzaba a moverse para hacer mas fuerte y placentero el contacto. Cuando libero sus labios dejó que todas esas sensaciones salieran de su cuerpo en forma de gemidos, mientras Ikki seguía con sus besos en su cuello. Ya no lo resistía mas, lo necesitaba.

-Ikki. Ikki- llamó en medio de jadeos. Su cuerpo ardía, estaba sumamente ansioso.

-Dime- pudo percibir su sonrisa contra sus clavículas.

-Hazlo- pidió con los ojos cerrados, sumamente sonrojado. Lo había logrado, también había hecho caer lo ultimo que le quedaba de dignidad.

-¿Qué quieres que haga?- lo sabia, pero tenia que pedírselo, con las palabras exactas, así no tendría manera de decir que no lo había disfrutado.

-Hazme… hazme el amor- Ikki se apartó de él un momento, miró su rostro atentamente con el ceño fruncido.

“Hazme el amor” no solo sexo, mucho mas que solo sexo consentido. Su corazón latió preocupado, los ojos de Hyoga no se habían abierto y eso era mejor. Simplemente suspiró antes de dirigir su hombría hinchada y caliente dentro de él. Lento, seguro y mucho más agradable para Hyoga, aunque lo que él quería era entrar de una sola estocada y comenzar con el vaivén. Pero le había pedido hacerle el amor…

El cuerpo dentro de él comenzó a retorcerse, se movía ante su paso en sus entrañas. Mantenía los ojos fuertemente cerrados y se quejaba, eran jadeos leves, pero le estaba doliendo. Aun así no se detuvo, continuó con su paso, hasta que se supo dueño de él nuevamente. Los músculos de su ano se contraían y lo apretaban dolorosamente, pero aun así era sumamente glorioso estar dentro. Cuando dejó de quejarse y su respiración se acompasó un poco comenzó a moverse.

Su pene entrando y saliendo lo dejaba fuera de todo sentido común. En un momento tocó un punto exacto que lo hizo arquear la espalda. Comenzó a salivar de más y su garganta ahora le resultaba demasiado estrecha para poder respirar.

Ikki se dio la vuelta y lo tomó de un brazo para llevárselo consigo y hacer así que se sentara sobre su miembro para auto-penetrarse.  No espero mucho, apoyándose en su abdomen comenzó a subir y bajar con el mismo ritmo que Ikki llevaba. El mientras tanto gemía junto a él acariciando sus muslos con suavidad.

-Muévete Hyoga- Hyoga abrió los ojos y miro directamente a los orbes añil que vigilaban sus expresiones- ¿Aun dices que no lo disfrutas?

No pudo evitar llorar ante sus palabras, por un momento pensó en lo que le dijera momentos antes, que le gustaba, en su disculpa… pero lo único que había hecho con esa nueva posesión fue seguir con la humillación, simplemente lo había engañado para quitarle la voluntad también y él como un idiota había caído. Los sollozos se hacían audibles y se combinaban con sus gemidos. Sorprendentemente Ikki se incorporó y lo abrazó acariciando su espalda mientras que con sus piernas continuaba ayudándolo con el baile.

-Tranquilo- susurró en su oído- no es tan malo- Hyoga no entendió esas palabras, pero cuando menos se dio cuenta volvió a besarlo. Con sus dedos secaba las frías lágrimas que salían de sus ojos- no mentí cuando dije que me gustas, solo quiero enmendar el daño.

Sin decirse nada mas siguió entrando y saliendo de su cuerpo hasta que con una embestida mas fuerte que las anteriores se corrió dentro del cuerpo del rubio y este lo hacia en medio de ambos, humedeciendo sus vientres.

Hyoga se dejó caer sobre Ikki. Se apoyó sobre su pecho, cansado. Ikki dejó de acariciar sus muslos para hacerlo a un lado, dejándolo boca arriba sobre la cama, tomó sus manos y de nuevo las colocó sobre su cabeza para besarlo, fuerte, salvaje, como siempre. Pero le correspondió, Hyoga también jugó con su lengua y eso lo lleno de un sentimiento que no supo describir, cercano a la felicidad.

-¿Dirás que te gustó esta vez?- cerró los ojos y suspiró, no lo diría, no le daría esa victoria también- Está bien.

Se levantó y tomó sus ropas. Se vistió rápido y salió pronto de la habitación. Entró en pánico, no quería que se fuera, no aun, no así. Se levantó como pudo, pues la incomodidad entre sus piernas no había desaparecido. Cuando salió de la habitación, lo vio como supuso junto a la puerta de está. La puerta principal.

-Espera ¿A dónde irás?

-A casa, supongo- susurró con la mirada en el suelo. Suspiro para después levantar sus ojos y mirarlo con una sonrisa que le pareció demasiado triste- Feliz Navidad.

“¿Feliz navidad, niisan? Realmente es feliz para todos... quisiera que fuera así”

No dijo nada. Solo miró cuando la puerta se cerró y escuchó el *click* de la puerta. Como entró se había ido. Y por alguna extraña razón se sintió frustrado.

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Espero les haya gustado, nos vemos mañana con la actualización ;)

Saludos ^0^



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El diablo, tu divino maestro de dibujo
En tus sueños proclama la divinidad de tu embrujo,
Y mandrágoras cortas con tus manos de brujo
Ruelas (anónimo)
FECHA El 30/12/11 a las 09:12:38 IP GUARDADA Enviar Privado Añadir Amigo · Enviar Privado Enviar Privado · Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
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El 28/01/11 a las 10:01:17

Hola Ella!!  

Que bien que actualizaste :D ... OMG  y que actualización ovo!!

Veamos... definitivo, el silencio otorga u.ú  y el ruso no puede negar que le gustó Ikki ^v^ *ni quien lo niegue owo!!*

El moreno es complicado, pero tan lendo, después de todo si regresó y se quedó para verificar como estaba Hyoga, eso ya es algo <_<U... me encanta como manejas su personalidad, ese cambio drástico de muestra desde sentirse apenado y culpable hasta pasar en instantes a ser alguién desalmado, salvaje y... engreido (?) *no es esa la palabra que lo describe pero por allí va el asunto* su lógica me parece razonable, ya lo desfloró y no se puede hacer nada por ello ._.U  por lo menos le dió placer... con algo se empieza no o.O?

Respecto al ruso, hemm, por supuesto que es alguien bastante confiado O.O!! invitar a un desconocido asi por asi no es algo muy inteligente...  hemm sigo con dudas, ahora hay mas D:!! de quien huye o.o???

Ainsh... estaré esperando por la conti nvn ojojojojo me alegro que no te moleste el acoso. a veces siento que saco de quicio @//-//@U  pero zip, es muy importante eso de comentar, hemm, see, a veces parece que esto esta medio abandonado o.o pero no te desanimes ;') tu sigue escribiendo, que se te da muy bien ^_^

 

Felíz año nuevo *-*!!! espero tengas felices fiestas ;')

Abrazos L'sages owo


FECHA El 31/12/11 a las 09:12:15 IP GUARDADA Enviar Privado Añadir Amigo · Enviar Privado Enviar Privado · Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
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El 20/07/11 a las 12:07:19

Que bueno que te guste Laries_Cam, la verdad se me complica escribir sobre Ikki, porque no se xD pero se me hace complicado :P (ya lo desfloro xDDDD) pues si tienes razon, ya le dio placer tambien... con lo de las dudas, no te preocupes que faltan que aparezcan mas xD asi son mis fics :P la mayoria n.nU

Bueno, estoy a punto de irme :P asi que subo la conti de una vez.

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Cumpleaños

Después no volvió a verlo, pasaron las semanas, casi treinta días desde que lo había asaltado en su propia casa de esa manera. De alguna manera se sentía ansioso. Lo recordaba en el puente, con esos ojos tan tristes, después su expresión cuando dijo que lo sentía mientras se aferraba al cuchillo. Se preguntó si ese hombre había conseguido por fin su propósito y no volvería a verlo. Una sonrisa de burla hacia si mismo se pintó en su rostro. Se llamó idiota muchas veces. Lo había violado, no solo una, sino dos veces. ¿Por qué quería verlo?

Pero no podía evitarlo, se sentía preocupado. La actitud de ese lobo solitario lo tenía sumamente nervioso. Miraba las noticias todos los días, no es que no lo hiciera antes, pero en esta ocasión ponía especial atención a aquellas que se referían a los accidentes o decesos en esas fechas. Pero no vio nada alarmante, muy pocos accidentes y ningún muerto. Pero si se había lanzado al rio, era muy improbable que lo encontraran.

-¿Aquí está bien?- una voz lo sacó de sus pensamientos. Inmediatamente miró a quien conducía la camioneta en la que viajaban, sus ojos verdes lo observaban atentamente desde el espejo retrovisor esperando una respuesta. No sabía que tanto tiempo llevaba pensando.

-S-si, estaciónate aquí, Shiryu, por favor.

-¿Estás bien?- se giró para mirar esta vez al joven que viajaba en los asientos traseros junto a él, de cabellera verde y ojos del mismo color.

-Si, descuida, Isaac- no, la verdad era que no estaba bien. Estaba desquiciado.

-Vamos, Hyoga, se cumplen veintiún años solo una vez en la vida- animo el otro acompañante de cabellos castaños y ojos grandes y marrones con una gran sonrisa en los labios- ¡esta noche nos vamos de farra!

-¡Por supuesto que no!- se alarmó Shiryu- eres demasiado joven, Seiya, no puedes beber aun.

-¡Shiryu!- hizo berrinche el aludido cruzándose de brazos con un puchero en la cara- eres peor que la santa inquisición. Tengo veinte años, puedo beber si quiero, no eres mi padre.

-La edad legal para ingerir bebidas alcohólicas son los veintiún años, te falta todavía casi un año- aclaró señalándolo.

-¡Persignado!- insultó inclinándose al frente y tomando esa mano para bajarla- son solo unos meses, no pasa nada.

-No cambien el tema- intervino el joven de cabellos verdes sonriendo con malicia para después mirar a Hyoga que no prestaba mucha atención- ya dinos Hyoga, ¿Conociste a alguien? Tienes un par de semanas un tanto distraído.

-¡Verdad!- Seiya dejó su berrinche para acompañar al otro joven que no dejaba esa sonrisa de lado, mientras que Shiryu solo lo miraba atento, curioso, pero sin demostrarlo mucho- ¿Quién es? ¿Lo conocemos?

-¿Que?- esquivo la pregunta muy avergonzado, cosa que se notaba en su cara roja- No sé de que hablan.

-No seas mentiroso- rio divertido Seiya, levantándose del asiento y colocándose entre ellos dos para pasar un brazo sobre sus hombros- seria interesante verte enamorado, en estos años no te he conocido una pareja, de seguro eres un tierno oso de peluche- tomó sus mejillas con una de sus manos, obligándolo a alzar sus labios en una mueca graciosa y Seiya hizo lo mismo mientras hablaba.

-¡Déjame en paz!- lo empujó con una sonrisa, divertido por esto.

-¿Y?- insistió Isaac, no lo dejaría escapar- ¿Cómo se llama?

-No estoy enamorado- contestó finalmente desviando la mirada- solo están imaginando cosas.

-Es una pena- se sorprendió ante esas palabras dichas por el conductor, de nuevo lo miraba atento desde el espejo retrovisor- una pareja te ayudaría al fin a quitarte esa barrera fría que siempre quieres poner.

-Lamento decepcionarlos- suspiró mirándolos a todos, esta vez los tres tenían la misma mirada de Shiryu- pero no tengo intenciones de tener una pareja todavía.

Dejaron de insistir. Shiryu seguía buscando un lugar para aparcarse en el estacionamiento del bar al cual lo habían invitado para celebrar su cumpleaños. Estaba seguro que era una trampa más para que conociera a alguien. Pero lo que les dijo era verdad: no tenia intención de tener aun a alguien a su lado, románticamente hablando.

No quería algo así para él, las relaciones sentimentales eran falsas, no existía el verdadero amor entre parejas, solo era una falsa ilusión. Atracción sexual. O compasión. Pero el amor como muchos románticos lo describían era solo fantasía, imaginada por el anhelo de que existiera, pero no era así, no había nadie que lo diera todo por el ser que decía amar, no existía el enamorado protector. Lo había comprobado y nadie lo haría cambiar de parecer.

Finalmente se detuvieron y bajaron del vehículo. No le gustaban este tipo de lugares, había demasiada gente y se sentía asfixiado, frustrado. Por esa razón no acompañó a ninguno en sus celebraciones de Navidad. No entendía como era que sus acompañantes lo hicieran al menos una vez a la semana. Si los acompañaba esta vez era porque sus intenciones eran  la de festejar su cumpleaños, aunque hubiera preferido hacerlo frente a su televisor o su libro.

-¡Ven, Hyoga!- lo tomó del brazo su efusivo amigo para correr con el a cuestas hasta una mesa.

Era realmente como un zombie, ni siquiera se dio cuenta cuando habían entrado al bar. No debió ser muy difícil, dado que la pareja de Isaac era el dueño. La mesa ya estaba reservada, y mientras ellos bebían unos tragos, Isaac se desvió un momento para saludar al cantinero y preguntar por su novio.

No quería estar allí y su cara se lo decía a sus amigos, pero estos no le harían caso, estaban empeñados en actuar como casamenteros para él. No negaba que muchos de los allí presentes eran sumamente atractivos, y mas de uno había intentado invitarlo a bailar, pues reconocía que él también lo era, pero no estaba interesado para nada.

-¡Demonios, Hyoga!- pegó un golpe a la mesa Seiya, quien claramente estaba afectado por el alcohol- No me arruines la diversión.

-Lo lamento- dijo simplemente para después levantarse y dirigirse un momento al baño.

Dentro se miró un momento en el espejo. Estaba agotado, tenía que trabajar el día siguiente y necesitaba al menos un par de hora de sueño. Pero el auto era de Shiryu y no podía irse y menospreciar su intento de celebración.

“Me gustas, Hyoga” las palabras de Ikki vinieron a su cabeza. Mirándose al espejo se fijo en sus ojos. Era atractivo tal vez eso era lo que motivo a Ikki a hacerle aquello, y aunque fuera verdad o no, no podía quitarse esas palabras de la mente. De nuevo se preguntó por su paradero mirando su cabello rubio, como lo llevara uno de sus padres y sus ojos como los de su abuelo… era la viva imagen de la familia Castalia, hermosa, de rasgos finos… por mas lejos que quisiera irse, llevaba en el espejo los recuerdos de Siberia, la sonrisa lujuriosa de quien era su padre biológico y el grito de su otro padre cuando ese infeliz terminaba con su vida. Justo ese día, tres años atrás. Tal vez por eso no podía disfrutar de su cumpleaños como sus amigos lo deseaban. Pues para ellos era su aniversario de nacimiento, pero para él también era el aniversario de la muerte de sus padres. De los tres.

Suspiró antes de salir, no sin antes echar un vistazo para asegurarse de que se habían secado y no quedaba ningún rastro de sus lágrimas. Pues aunque no quería que lo afectara, el recuerdo, la mirada vacía de todos ellos le dolía. Al salir solo estaba Seiya en la mesa, recostado sobre esta cubriendo su rostro con uno de sus brazos y con un tarro de cerveza en su mano. Parecía que dormir. Se acercó a él y lo movió con delicadeza para que reaccionara. Lo hizo poco después, pero estaba realmente aturdido.

-¿Dónde esta Shiryu?- cuando entró al baño estaba junto a él, no en mejores condiciones, así que le preocupaba que se hubiera quedado dormido en otro lugar.

-Presente, profesor- una mano se asomó por el otro lado de la mesa. La rodeo y allí estaba a quien consideraba el mas responsable de todos, hecho un ovillo y medio inconsciente.

-¿Se supone que tu cuidarías de Seiya?- incrédulo lo ayudo a sentarse en la silla donde quedo casi recostado.

-Lo estoy cuidando- bufó su aliento alcohólico hasta él que no pudo disimular una mueca- ¿Verdad, mi amor?

-¡La lagartija que te parió!- se levantó tambaleándose de su lugar ayudado por Hyoga- puedo cuidarme solo, no eres…

Calló sobre la silla derramando la cerveza de su tarro y comenzó a roncar casi de inmediato. Hyoga maldecía en su mente ¿Quién se supone que lo llevaría a casa ahora? Shiryu estaba dormido también sobre la silla y no le sorprendería que Isaac estuviera en iguales condiciones en la barra. Definitivamente la peor celebración de todas.

Se dio la vuelta para buscarlo, no tuvo que buscar mucho, estaba en la barra platicando con un joven de cabellos rosados. Se veían muy sonrientes. En cuanto Isaac lo vio se levantó para recibirlo.

-Hyoga, ven- extendió una de sus manos para invitarlo, su acompañante se levantó también, por un momento lo miró confundido, mas después le sonrió. Era una persona muy hermosa, sus ojos eran carmín y muy limpios. Eso le dijo que era una gran persona- Te presento a Io.

-Mucho gusto- saludo con un apretón de manos- yo soy…

-Hyoga- terminó con una sonrisa Io, en sus palabras pudo percibir un extraño acento que no pudo identificar- Isaac habla mucho de sus amigos. ¿Qué tal estás aquí? Me dijo que vienes del norte.

-Bien, después de tres años me he acostumbrado al clima y a la vida de Japón.

Io solo lo miró un par de segundos más, pero después de una extraña sonrisa se giró para subir al segundo piso. Confundido un poco aun por sus ojos cerezas sacudió la cabeza para quitarse esa turbación. Cuando de nuevo miro a Isaac este negaba con una sonrisa en los labios mirando la puerta por donde su novio había desaparecido.

-Disculpa eso- se disculpó sentándose de nuevo e invitándolo a él para que hiciera lo mismo, lo que Hyoga aceptó- a veces actúa así, pero es un chico muy simpático.

-No te preocupes, no pasa nada- la verdad era que si estaba un poco confundido, era como si lo disculpara de algo, un daño que le hubiera hecho, pero no lo había conocido hasta ese momento.

-Por cierto ¿Qué pasó? ¿Se te ofrecía algo?

-Oh si- después de la perturbación, de nuevo vino el enfado- Necesito que alguien me lleve a casa, y Shiryu no puede- con su dedo pulgar señaló a sus acompañantes. Seguían en el mismo lugar, Seiya con la cara contra la mesa y Shiryu… de nuevo en el suelo.

-¡Vaya!- dijo muy divertido- cada vez caen mas rápido.

-¿Cómo? ¿Siempre hacen eso?- preguntó perplejo viéndolo, de seguro con una mueca muy divertida en la cara, a decir por la carcajada que Isaac soltara al verlo.

-Si- contestó simplemente para levantarse y dirigirse a sus amigos.

-¿Por qué lo permites? ¿Te gusta verlos vomitando alcohol?- lo siguió, intuía que intentaría llevarlos al auto para hacerlo después a sus respectivas casas. No sabia como hacia esto cada vez que salían.

-¡Oye!- exclamó divertido tomando a Seiya en brazos- no soy su padre, pueden hacer lo que quieran. Pero prefiero que sea en este bar, aquí al menos puedo ver que estén bien después de sus excesos.

-¿Y los llevas a sus casas?- levantó a Shiryu de nuevo del suelo y lo ayudó a caminar, pues de los dos era el que podía permanecer consciente.

-No, Io los aloja en una de las habitaciones en el segundo piso.

 Sin decir más caminaron con sus amigos a cuestas hasta la puerta por donde antes, el joven de cabellos rosas había desaparecido. No fue fácil llegar, dado que el lugar estaba muy lleno. Pero se las arreglaron para seguir. Cuando cruzaron las puertas Hyoga se quedó sin palabras. El ambiente fuera del bar era muy suave. Estaba tapizada completamente de terciopelo azul marino, no había ninguna ventana, mas que la que estaba al final del pasillo, de estilo gótico en color negro, después de subir las escaleras. Tampoco ninguna luz que lo iluminaba, sino varios trípodes que contenían carbón encendido, dándole un aspecto sombrío y ostentoso, pero a la vez lleno de mucha paz y tranquilidad.

-Tu novio es demasiado excéntrico- dijo cuando entraron a una de las habitaciones, en casi las mismas condiciones, tapizada completamente de verde, y muebles en los mismos tonos. Una sola ventana de cristales pintados con el mismo color, en medio de la pared frente a la puerta. La cama, inmensa, cubierta también por el mismo color, pero un poco más oscuro, con un dosel cónico muy hermoso.

-¿Lo crees?- sonrió divertido ante su cara embobada, era realmente una habitación hermosa… hermosa y escalofriante.

-¿Tu vives aquí con él?- no veía la vida en un lugar así. De seguro se volvería loco en muy poco tiempo.

-Claro, Io no es mi novio, es mi esposo- eso lo dejó pasmado. Isaac tenía su misma edad, era menor por un par de semanas. A los veinte años eran pocas las personas que ya se encontraban casadas… y lo conocía desde hacia dos años.

-¿Desde cuando están casados?- dejó caer a Shiryu con delicadeza en la cama, justo después de que Isaac hiciera lo mismo con Seiya que no se había levantado aun.

-Cinco años- contestó como si fuera lo mas natural del mundo. Hyoga no se lo podía creer. Eran demasiado jóvenes cuando se unieron en matrimonio- no me mires así, en nuestra cultura es normal que los jóvenes se casen antes de los quince años.

-¿Tu cultura?

-Si, ¿No lo sabias? Soy gitano, Io también lo es, aunque de un grupo distinto al mio.

-¡Oh vaya!- eso lo sorprendió, debía conocer mas de sus amigos, aunque ellos tampoco conocían mucho de él.

-¿ Maiṁ apanē dōsta kē sātha ēka pala bāta kara sakatā hūm̐ ?- dijo de pronto Io desde la puerta con una expresión extraña.

-Zarūra, śahada, lēkina ḍarō mata, ṭhīka hai?- sonrió Isaac. No entendió nada de lo que se dijeran, eso lo molestó, era como si guardaran un secreto, y por la mirada que le dirigiera Io, ese secreto lo involucraba a él.

Isaac salió de la habitación, Hyoga iba a seguirlo pero su esposo, con un ademan de su mano le pidió que se quedara y obedeció, a pesar de que lo ponía nervioso, se quedo en la habitación verde. Cuando la puerta se cerró, inmediatamente después, el joven de cabellos rosados se acercó y colocó una mano en su hombro.

-Hyoga- dijo con una sonrisa. Lo estaba cansando, no por su amabilidad, sino por esa sonrisa de compasión, como si fuera una madre intentando proteger a su hijo- ¿Cuánto tiempo mas?

-¿No se a que te refieres?- el joven cerró sus ojos y su sonrisa desapareció. Su semblante se ensombreció precipitadamente, ahora prefería la sonrisa.

-No es tu culpa- dijo en un susurro. La escasa iluminación de la habitación, junto al susurro de sus palabras lo estaba asustando. Le daba el semblante de un ser oscuro, místico. Le gustaban esos temas, pero enfrentarse a ellos era algo distinto. Io lo estaba preocupando- Tu sangre no determina quien eres.

-¿De que estás hablando?

-Solo piénsalo- su extraño acento no dejaba de resonar en sus tímpanos. “Un gitano”- No eres culpable de lo que les pasó.

Sin más salió de la habitación. Los ojos de Hyoga se negaban a parpadear, eso fue por demás extraño. Ni siquiera sabía como interpretarlos. ¿Se refería a Seiya y a Shiryu? ¿Por dejarlos beber tanto? Bueno, si deseaba haber evitado eso, pero no se sentía culpable ¿A que se refería entonces? De pronto se sintió vigilado en esa habitación, se asustó y rápido como había entrado, salió de allí. Casi corriendo hasta bajar las escaleras y llegar de nuevo a la barra, donde se encontró a Isaac que hablaba con el barman.

-Hola- saludo de nuevo, dándole una señal al sujeto que solo asintió- ¿Qué tal la charla con Io?

-Tu nov… esposo es muy extraño- pensó que se ofendería, pero al contrario soltó una tremenda carcajada.

-No eres el primero que lo dice- se sentó de nuevo y Hyoga lo imitó tomando la cerveza que le ofrecía- No te preocupes, a veces exagera.

No dijo nada mas, bebió la cerveza con suma tranquilidad pensando aun en las palabras que dijera esa extraña persona. “No eres culpable de lo que les pasó” creía saber a que se refería, pero era imposible, no le había contado nada de su pasado a nadie y mucho menos ese acontecimiento hacia tres años, Io no podía saber nada al respecto.

Levantó la mirada de pronto, y justo frente a él se encontraba la mirada carmín de Io. No sonreía pero su mirada seguía siendo la misma. Incomodo desvió la vista. Se quedó helado de pronto. Del otro extremo de la barra se encontró con unos cabellos azules. Se quedó pálido, pero era casi imposible, era demasiada casualidad. Encontrarlo allí, en ese momento… debía ser otra persona.

Pero para su desdicha o satisfacción, pues no supo describir el brinco que dio su corazón, ese hombre levantó su cabeza, que hasta esos momentos se encontraba apoyada en ambos brazos cruzados frente a él, para dirigirse al barman.

-¡Oye!- llamó con una voz muy rasposa a causa del alcohol- te pedí… otra.

-Es suficiente Ikki- dijo muy seguro este, limpiando un vaso de cristal- estas demasiado perdido.

-¡Yo decido eso!- se levantó tambaleante golpeando la mesa- El dinero es mío, ¿Qué te importa a ti?

-Deberías irte a tu casa o pasarás otra noche en una jaula- amenazó sin inmutarse, quitándole el vaso de las manos y dándole la espalda.

-Vamos Baian- rogó sentándose de nuevo- necesito otra.

-Perderte en el alcohol no resolverá nada- acusó, está vez con un semblante afligido.

“Nunca resolvió nada niisan, y eso lo sabías ¿Por qué quieres destruirte ahora?”

Ikki desvió la mirada. No quería compasión, podía llevar sus penas el solo y de la manera que quisiera. A fin de cuentas había sido su culpa y si decidía perderse y morir lentamente a nadie debería importarle. Que hicieran oídos sordos, así como él lo había hecho.

*Flash Back*

Llegó a su casa sumamente cansado. Antes no le importaba tener que estar todo el día metido en el local, administrando el negocio que su padre le había dejado a él y a su hermano. Nunca le importó pues sabia que al llegar la sonrisa feliz de su hermano lo recibiría llenando a él también de esa felicidad inocente. Lo que daría porque volviera esa sonrisa. Pero desde aquella vez, hacia casi un par de meses, cuando sufrió el asalto, con dificultad salía de su habitación para otra cosa que no fuera ir a la escuela.

Se dirigió a la cocina, pues sabía que su hermano había preparado algo, como siempre. Su nueva actitud no evitaba eso, pues el bondadoso corazón de ese pequeño sabía que llegaba hambriento. Pero esa noche no había nada en la estufa ni en el refrigerador. Eso no era común.

Preocupado caminó a la habitación del pequeño, al entrar todo estaba oscuro, ninguna luz lo iluminaba. Con el alma en un hilo encendió la luz esperando encontrarlo dormido y para su alivio así fue, hecho un ovillo debajo de las sabanas se encontraba respirando dificultosamente un cuerpecito. Pero su respiración lo preocupó, así que se acercó a la cama para revisarlo. Lo libero un poco de las sabanas blancas y tocó su frente para revisar su temperatura. ¡Estaba hirviendo!

-¡Shun!- intentó despertarlo sacudiéndolo un poco, pero él solo se quejó quedito pidiendo disculpas. Apartó las sabanas para darle un baño de agua fría como siempre hacia cuando tenía fiebre, pero se quedó pálido al ver una gran mancha de sangre entre sus piernas.

Asustado corrió con él en brazos hasta que encontró un taxi que lo llevó al hospital más cercano donde lo internaron de inmediato. Había perdido mucha sangre, pero estaría bien. Lo que mas le había dolido y roto el corazón en miles de pedazos era la causa de ese sangrado: un aborto mal practicado… su pequeño se había practicado un aborto de manera clandestina… y había sufrido mucho daño por ello.

*End Flash Back*

Él lo sabia de cierta manera, desde esa noche del “asalto” Shun no había vuelto a sonreír, no quería acercarse a él y se daba cuenta cuando lloraba en el baño, mojaba la cama, tenia pesadillas. Él lo había intuido, pero no lo quería creer y por ello lo ignoró… dejó a su hermano solo en su dolor. Ahora debía pagar, que lo dejaran perderse, merecía sufrir, pasarla peor que su hermanito.

“Niisan… no tienes la culpa, yo la tuve, busque la salida fácil, yo solo quería que siguieras queriéndome… yo quería protegerte”

-Ikki- volvió a llamarlo Baian tomando una de sus manos- te llamaré un taxi.

-¡No lo necesito!- se volvió a levantar apartándose- si tu no quieres darme mas bebida iré a otro lugar.

Caminó tan derecho como pudo directo a la puerta. En una ocasión estuvo a punto de caer, pero unos brazos lo sostuvieron antes de que eso pasara. Confundido se dirigió a esa persona, esperando ver los ojos azules de Baian, pero en lugar de esos se encontró con unos orbes distintos, aunque también azules, estos eran más claros, más cristalinos.

-¡Hyoga!- murmuró intentando tocar su rostro para asegurarse de que era real. No pudo disimular una sonrisa al saberlo real- Me extrañabas ¿verdad?

No le contestó, solo soltó un gruñido antes de encaminarlo a una mesa donde lo ayudó a sentarse. Cuando estuvo allí lo miró desde arriba, con una expresión indescifrable.

-¿Lo conoces?- preguntó Isaac llegando junto a Hyoga que solo asintió.

-De muchas maneras ¿Cierto, pequeño?- sonrió de lado. A pesar de estar casi ahogado en alcohol no perdía su actitud estúpida y segura.

-Vamos, Ikki, debes irte a casa- pidió Isaac intentando acercarse.

-Nada- negó dando un manotazo al brazo que intentaba ayudarlo- en casa ya no hay nada, quiero ir a otro bar- de nuevo se levantó y quiso caminar, pero cayó a la silla por un empujón propinado por Hyoga- ¿Sigues molesto?- sonrió de lado recostándose en la mesa.

-Yo lo llevaré a su casa- dijo por fin el rubio acercándose para ayudarlo a ponerse de pie.

-De acuerdo- suspiró Isaac, aliviado porque alguien se hiciera cargo de él- toma las llaves de Shiryu, yo se lo explicaré, no creo que se queje- Hyoga las tomó sin oponerse en lo mas mínimo.

-Gracias, Isaac- sonrió un poco pasándose uno de los brazos de Ikki por sus hombros para llevarlo hasta el auto.

Salieron juntos mientras Isaac los observaba con un semblante serio. Pronto Io llegó hasta él y lo abrazó dándole un beso en la mejilla. También los veía, pero su semblante era serio.

-¿Qué le dijiste?- preguntó sin dejar de ver la puerta por la que habían salido.

-Tiene una gran sombra sobre sus hombros- susurró cerrando sus ojos- del mismo peso que la que lleva Ikki… hay dolor, pero sobre todo culpa.

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Bueno, mañana me voy de viaje temprano asi que la actu estara hasta el lunes en la noche -u-...

Feliz año a todos, pasenla con moderacion y que todos sus deseos se cumplan

Saludos ;)



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El diablo, tu divino maestro de dibujo
En tus sueños proclama la divinidad de tu embrujo,
Y mandrágoras cortas con tus manos de brujo
Ruelas (anónimo)
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El 28/01/11 a las 10:01:17

Hola Ella!! ^¬^U

Que gusto ver otra actualización *-*!!! cada vez se pone más interesante la historia ovo

Tan lindo el ruso, esta preocupado por Ikki, claro es todo un encanto ^///^ Pero, pobre el rubio, que triste que su pumpe coincida con la muerte de sus padres 9.9 aunque estoy a favor en algo, es más preferible celebrarlo pegada a un libro >o<!! *hasta la fecha, nunca se me ha hecho TwT aunque igual, si festejo XDU* 

Adoro que aparezca Isaac y la participación de los borrachines ♥♥♥ el detalle de Io gitano es bastante mono :3 más porque es clarividente <.<??? bueno, eso me pareció. Me atrapan los rollos místicos owo  hemm, pero me confundió, de que no tiene que sentirse culpable el rubito o.o??? 

Por fin se encontró con Ikki *^*!!!  algo bueno tiene que salir de ese encuentro nvn  quien quita y en su borrachera confiese la verdad :P!!!  XDDD

Ains... definitivo, la intriga en la historia es sumamente increible, tiene esos pequeños espacios que dejan con ganas de mássssssss!!!... y eso es lo que quiero >o<!! dame conti!!!

 

XOXO  L'sages ovo

 


FECHA El 04/01/12 a las 02:01:05 IP GUARDADA Enviar Privado Añadir Amigo · Enviar Privado Enviar Privado · Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
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El 20/07/11 a las 12:07:19

Hola de nuevo, ya se que dije diario, pero ayer estaba taan cansada -o-... pero bueno, aqui esta la conti

Yo tmb estoy de acuerdo con él, de hecho, por eso lo puse xD pero yo no celebro, ya todos saben que no me gustan las celebraciones -w- ... jajaja, los borrachines xDD que bueno que te gustaran... Io clarividente??? bueno, depende de que definas la clarividencia xDD... pero creo que si, por alli va la cosa, a mi me encantan tambien esos temas, por eso le gustan a Hyoga... de lo que se siente culpable, todavia falta algo para que se sepa... asi que esperas algo bueno eh?? bueno.. tal vez si, solo tienes que leer para saberlo n.n

Bueno, va, espero te guste la conti y lo que pasa :P

Saludos ;)

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30 días.

Dentro del coche solo se escuchaba el murmullo del viento al chocar contra los vidrios. El roce de los neumáticos al rodar sobre el asfalto, el ronroneo quedo del motor y las respiraciones de los chicos que en él se transportaban.

Ninguno había dicho nada después de una pregunta por la dirección de uno de ellos y la respuesta de otro. Uno no hablaba pues aun se preguntaba a si mismo, cómo carajo se había ofrecido para hacer eso y como en muchas otras ocasiones se llamaba estúpido. Él otro estaba demasiado confundido aun como para preguntar algo. No había bebido mucho, pues el alcohol no le caía muy bien, pero ahora era lo único que lo hacia olvidar… si, claro, como si de verdad lo hiciera olvidar, solo lograba hacerlo sentir peor, sus sentimientos se incrementaban. Sobrio podía pensar las cosas un poco mejor, ebrio solo recordaba la mirada entristecida de su hermano cuando se fuera, cuando lo había dejado solo.

Miraba por la ventanilla del auto el pasar de los edificios, el espectro de la luz de la luna que se encontraba tan pálida como siempre. Antes era un placer para él y su hermano contemplarla. Le decía a Shun que bien podía ser el hijo de ese espíritu protector, Selene, pues era tan blanco como sus rayos luminosos. Su padre, quien lo llevó en el vientre, solía llamarlo “usagi” en honor a la leyenda antigua donde se decía que la luna resguardaba a un conejo muerto por los cazadores. En esos momentos le gustaba creer que su hermanito también se encontraba en los brazos de ese espíritu, feliz.

Papá decía que tu eras el fénix que había descendido de los rayos del sol, poderoso como el astro rey… éramos el universo de ellos, el sol y la luna, vigilando su mundo. Palabras de nuestro padre… ¿Dónde quedó tu poder, niisan?”

-Llegamos- dijo quien lo llevaba a donde menos quería estar ahora. No había estado allí desde que aquello ocurriera. Dormía en su local, que llevaba semanas cerrado pues no podía atenderlo… además, en ese local podía estar mas cerca de su hermanito- ¿Vas a bajar?

-Claro- la voz de Hyoga sonaba molesta, no esperaba menos.

Abrió la puerta del copiloto e intentó salir del auto, pero apenas puso ambos pies sobre la acera y dejó de apoyarse en el auto cayó al suelo, sobre la acera helada de la que ni siquiera hizo intento de levantarse, simplemente se dio la vuelta para mirar las nubes que volaban en dirección al sur y comenzó a reír como un completo desquiciado mientras de sus ojos escapaban algunas lagrimas tibias que aterrizaban en el hielo.

En las nubes oscuras veía sus penas, veía el dolor que pasara su familia, esa pena que hubiera hecho suya de haber podido, todo por evitarle las lagrimas. Se maldecía, porque no solo había ignorado su dolor, sino que él mismo había sido causante de su propia muerte al actuar de manera apresurada, por dejarse llevar por la ira. Su hermano no habría tenido que sacrificarse si él hubiera pensado mejor las cosas.

-¡Demonios!- exclamó Hyoga llegando a su lado y ayudándolo a incorporarse- ¡Vamos, pon un poco de tu parte!- gruño, pues Ikki no tenia la mínima intención de ponerse en pie.

-¡No!- se quejó logrando que el rubio soltara su brazo- ¡No quiero entrar a esa casa! Llévame a otro bar.

-Pareces un maldito niño- de nuevo hizo otro intento por levantarlo, dando un tirón mas fuerte a su brazo- ¡Levántate!

Obedeció. Se puso en pie y caminaba apoyado en Hyoga, pues no podía avanzar sin tambalearse. Todo estaba borroso, con trabajo podía ver a Hyoga muy cerca de su rostro.

Como pudo Hyoga lo llevó a su casa. Era un lote de casas pequeñas y humildes en un barrio muy peligroso. No estaba muy lejos del edificio donde vivía, podía caminar una hora y llegar sin problemas. Era impactante el cambio de escenario en tan poco recorrido.

Subieron lentamente los seis escalones hasta llegar a una puerta de madera común. Estaba cerrada con llave y ante la negativa de Ikki por darle las llaves, tuvo que sentarlo en el suelo junto a la puerta para poder hurgar en sus bolsillos. Finalmente, en su chaqueta encontró un llavero repleto. Pacientemente probó cada una hasta que dio con la indicada después de poco tiempo.

Con Ikki sobre él se adentró a la casa. Encendió la luz encontrándose con una sala realmente desordenada. Un juego de sofás, en colores que iban del marrón al verde, estaban distribuidos cómodamente en el espacio, pero sobre estos había ropa, los demás muebles estaban destruidos o fuera de su lugar, claramente podía percibirse que fueron arrojados en un arranque de furia. Junto a la sala, casi siendo una misma habitación, estaba la cocina. Había una olor a podrido que creía venia de allí. A juzgar por el aspecto de ambas habitaciones Ikki no se había pasado por allí en semanas.

Siguió caminando, esquivando vidrios rotos, que pertenecían a un espejo de cuerpo completo que se encontraba tirado cerca de la puerta, y haciendo a un lado trozos de madera que se interponían en su camino. Juntas había dos puerta, debajo de un traga-luz, a la derecha un corto pasillo que daba a otra puerta. Una de las puertas juntas daba al baño y la otra, afortunadamente era una habitación, tan desordenada como lo estaba lo demás. Dejó caer a Ikki sobre la gran cama en el centro y una nube de polvo subió de allí lo que lo sorprendió.

Inmediatamente Ikki comenzó a roncar y él se giró para salir. Antes de hacerlo se topó con un pequeño librero donde había miles de adornos diferentes y portarretratos. Curioso los miró uno a uno. En ellos veía a Ikki realmente feliz. Unas eran de cuando era mas joven, tal vez de quince años, junto a dos hombres, uno de cabellera azul añil como la suya y otro de cabellos azul turquesa al igual que sus ojos, un lunar debajo de su ojo izquierdo, era un hombre muy hermoso. Ellos debían ser sus padres.

Las fotografías cambiaban. En unas era demasiado joven, sonrió divertido al ver una donde aparecía con unos dos años de edad, desde tan corta edad podía verse que seria un hombre de duro carácter, pues luchaba furiosamente para evitar que su padre de cabello añil lo vistiera. Una le llamó especial atención, Ikki tenía al menos 8 o 9 años y cargaba en sus brazos un pequeño bebé de cabellos verdes y piel muy blanca. Se parecía al hombre de cabellos turquesas. Pero Ikki sonreía ampliamente, se le notaba feliz al ver el rostro dormido de ese bebé que le pareció muy lindo. Un sentimiento cálido lo inundo al ver la expresión de Ikki, para ese rostro infantil, ese bebé no solo era un hermano menor, era al parecer una razón de existencia. En su mirada veía el aprecio casi divino por esa pequeña criatura que no debía tener mas de un mes de haber venido al mundo

A partir de allí se fijó en las demás fotografías, pero no volvía a aparecer ese bebé o el joven en el que debía haberse convertido, eso le pareció raro. Desconfiado se giró para mirar a Ikki que aun dormía con semblante afligido. Fue cuando vio un montón de papeles en el suelo, arrinconados. Se acercó más curioso aun y se sorprendió al ver que eran trozos de fotografías. En todas ellas alguien había sido recortado, eliminado por completo de esas imágenes donde Ikki y sus padres sonreían. Fotografías familiares, otras sencillas donde solo tomaban algo, o celebraban cumpleaños… pero esa persona desconocida no se encontraba. De nuevo miró a Ikki… ¿Quién era esa persona? ¿Era el bebé que cargaba en la otra fotografía? ¿Era el causante de los intentos de Ikki por destruirse?

Con un suspiro, sabiendo que sus preguntas no se responderían se incorporo para dejarlo solo. Cuando llegó a la sala ese olor a putrefacción lo inundó. Le dio tremendo asco así que decidió mirar que era eso que olía tan mal. Busco en el fregadero, en el refrigerador hasta que vio una olla sobre la mesa circular de madera. Levantó la tapa descubriendo lo que antes debió ser una sopa, pero que ahora tenia un aspecto grumoso lleno de burbujas. Casi devuelve el estomago ante el repugnante aroma y aspecto del contenido. Tomó el recipiente y salió con el en las manos para arrojarlo afuera donde la olla de cristal se hizo añicos.

Curioso por saber que mas había allí que estuviera en desorden y deseoso por conocer más de Ikki decidió husmear en la habitación que había visto al fondo del pasillo después del baño y la habitación en donde había dejado al dueño de la casa.

Al abrir la puerta se encontró con una habitación igual de desordenada. Había un televisor hecho trizas por una silla que aun se encontraba en el lugar del impacto. La cama estaba revuelta. Muchos muñecos de peluche hechos trizas, también esa habitación olía mal. Buscó en ella hasta que encontró el origen de esa peste. Era un cuerpecito, un pequeño animal, que tal vez llevaba el pelo blanco, a juzgar por los restos ya que de ese animal, que parecía un conejo, solo quedaba huesos y piel seca. En el piso de la habitación había papeles de todo tipo, pero al revisarlos se dio cuenta de que solo eran hojas de libros y cuadernos. También había ropa, pero toda ella estaba despedazada y parecía que había sido hecho con las manos, pues los trozos de tela eran irregulares.

Sintió una opresión en el pecho al imaginar la rabia con la que esos objetos habían sido destruidos. Si Ikki lo había hecho, además de los recortes de fotografías, eso significaba que quien dormía en esa habitación le había hecho mucho daño… o que lo quería demasiado y lo había perdido.

Salió de allí con el corazón latiéndole de angustia. No sabía qué, pero algo había en esas evidencias que habían provocado que se compadeciera de ese lobo que roncaba estrepitosamente en la habitación. Tal vez su vida no había sido tan dura como la de ese hombre… o podría ser que sus penas se igualaran… pero le costaría saber que había herido tanto ese rostro sonriente de las fotografías para convertirlo en ese hombre solitario.

*Flash Back*

-¿Está seguro?- preguntó con un nudo en la garganta al hombre de bata blanca que le daba el diagnostico de su hermano y como respuesta solo recibió un asentimiento- ¿Puedo verlo?

-Por supuesto, está despierto ahora.

Con el alma en un hilo se dirigió a la habitación que sabia le pertenecía. No lo había visto desde que ingresara. Lo habían operado para detener el sangrado interno, pero no pudieron hacer nada más. Aun no se lo habían dicho a Shun, pues consideraban que debía ser Ikki quien lo hiciera ya que la noticia debía darse con mucho tacto pero ¿Cómo hacerlo? ¿Cómo decirle a un niño de trece años que no podría tener hijos jamás? ¿Cómo hacerle entender que por mas que lo intentara no volvería a concebir por culpa de esa decisión apresurada?

Al entrar a la habitación Shun se encontraba sentado, pero su mirada la mantenía en sus blancas manos que se encontraban posadas sobre su regazo. Dio pasos pequeños hacia la cama pero se detuvo cuando percibió que un par de lágrimas caían sobre esos dedos delgados y blancos. No pudo acercarse más, no era bueno para enfrentar el dolor de la gente ni para consolar, mucho menos con su pequeño hermano pues de solo verlo sufrir a él también se le formaba un nudo en la garganta y los ojos se le llenaban de lágrimas.

-Niisan- llamó en medio del llanto y no pudo moverse- por favor- rogó levantando la mirada.

Esos ojos rotos casi lo hace caer rendido al suelo para rogarle perdón. Le había fallado a su hermano, de mil maneras distintas. No quería acercarse, no sabia si quería abrazarlo… no se sentía merecedor de protegerlo.

-¡No me odies, niisan!- rogó desesperado, apenas pudo entenderlo en medio de sus angustiados sollozos- ¡no me odies!

-¡No, Shun!- se acercó para abrazarlo con fuerza e inmediatamente su pequeño se aferró a su pecho en medio de espasmos- ¡No llores!

-¡Perdóname! ¡No sabia que hacer! ¡Tenia miedo!- decía contra su pecho mientras copiosas lagrimas mojaban su camisa aun manchada de su sangre, con los ojos cerrados Ikki también derramó lagrimas silenciosas, no sabia que hacer, no tenia palabras para consolarlo- ¡Yo no quería que me dejaras de querer! ¡Yo no quería que te avergonzaras de mí! ¡No me odies, por favor! ¡Yo te quiero mucho!

¿Cómo no iba a pensar eso? Si Shun sabía lo estricto que él era respecto a esas cuestiones, lo duro que había juzgado a su vecino por quedar encinta con 16 años de edad y sin una pareja para ayudarlo. Era obvio que Shun imaginara que le recriminaría por ello. Tampoco él sabía que hubiera hecho, pero ahora sabia que se arrepentía de no haber podido ser un consuelo para su hermano, muy al contrario lo creía un duro juez de la vida, y ese pensamiento lo había llevado a hacerse la peor de las cosas. Todo era su culpa.

-Tranquilo, usagi- la mención lo hizo callar de inmediato, se separó de su pecho para poder mirarlo a los ojos. Esas esmeraldas alegres volvieron a tener un poco de ese brillo perdido y en sus labios por poco se dibujo una sonrisa- eres mi pequeño hermano, Shun, y te amo mas que a nadie.

-¡Niisan!- inicio con las lagrimas volviendo a acurrucarse en su pecho, no podía callar, su llanto era evidencia suficiente para hacerle entender lo desmoronado que estaba emocionalmente- ¡Maté a mi bebé! ¡Ikki, soy un asesino! ¡Soy un asesino!- se acusó casi histérico y lo único que pudo hacer en esos momentos fue apretarlo mas entre sus brazos.

*End Flash Back*

Cuando abrió los ojos aun sentía el estremecimiento de esa pesadilla. Las lágrimas de su hermano las sentía frescas sobre su pecho así como su llanto era claramente percibido por sus oídos. Se incorporó y lo que vio lo dejó desconcertado. Esa habitación, esa casa. No debía estar allí, ese era el lugar que compartía con su hermano y sin él allí era más lúgubre que un cementerio. El estremecimiento, la soledad, la angustia, la culpa lo invadía más entre esas paredes llena de recuerdos de su corta vida juntos.

“Corta, es cierto, pero hermosa ¿Por qué dejas que las cosas malas le ganen a las buenas? Si en esta casa también fuimos muy felices, crecimos juntos, tuvimos la dicha de ser hermanos… no manches esos bellos momentos con las penas, niisan, es mas bello recordar lo feliz que éramos”

Se levantó como pudo, aun tenia mucho alcohol en la sangre y afuera aun estaba oscuro, pero no nevaba, no había nevado desde ese día trágico. La nieve blanca. Conejo blanco. Asesinado por cazadores. Asesinado por él mismo.

Cuando llegó a la sala se quedó quieto al ver un cuerpo recostado en el sofá de tres piezas. El corazón le brincó de angustia, de miedo y también de esperanza. Hubo una milésima de segundo en la que pensó que todo eso había sido una cruel pesadilla, le peor de la humanidad y que todo seguía tal y como debía ser. Pero la esperanza duró apenas una fracción de parpadeo y le dio pasó a la misma desesperación que sintiera en esos treinta y dos días.

Se acercó a ese cuerpo para averiguar quien había irrumpido en su casa. Se llevo una mano al pecho al ver el rostro sereno de Hyoga. Miró su cuerpo atentamente, dormía con los labios abiertos, no roncaba, pero hacia ruidos extraños. Sus piernas estaban abiertas, una de ellas caía por el borde del sofá y aterrizaba en el piso, mientras que la otra se apoyaba en el respaldar del sofá. Sus manos estaban cruzadas sobre su pecho, tal vez tenia frio…

No pudo evitar sonreír de manera picara al recordar la manera en como le había quitado ese frio hacia unas semanas. No seria difícil volver a hacerlo, se encontraba en una posición perfecta, así que, sin más miramientos se acercó lentamente a sus labios entreabiertos para acallar esos ruiditos que ahora le parecían graciosos. Pero antes de unirlos en un beso una pregunta vino a su cabeza ¿Qué hacia Hyoga allí? ¿Cómo había dado con su casa?

Poco a poco recordó en medio de la bruma su encuentro en el bar y su ofrecimiento a llevarlo allí. En medio de la seminconsciencia causada por el alcohol le había dicho donde vivía. Pero eso no explicaba el hecho de que estuviera allí.

-¡Ikki!- susurró entre sueños.

Inmediatamente sintió el ardor en los ojos. Lo llamaba en un suspiro, no de angustia, era de anhelo. No quería eso, no iba a formar un lazo nuevo con alguien más. No quería enamorar ni enamorarse, ni siquiera quería quererlo. Entonces ¿Por qué se sintió sumamente feliz al verlo dormir en él sofá?... ¡No! Nadie podía sentir nada por él y él no debía sentirlo por nadie más, eso lo llevaría a la destrucción pues él no era capaz de sentir eso, no estaba dispuesto a corresponder cualquier sentimiento, no era capaz.

Hyoga comenzó a quejarse y abrió los ojos, tal vez se sintió observado. Se movió inmediatamente ante su mirada. Se sentó sin perderlo de vista, en sus ojos vio algo nuevo, diferente, casi podía decir que había aparecido un nuevo odio por alguna razón, pero no era hacia él… aunque no podía estar seguro.

-¿Qué haces aquí?- preguntó con un tono de voz que le pareció por demás frio. Antes halaba con burla, en el puente con cansancio, en su casa con molestia, pero ahora… parecía como si estuviera asustado.

-De nada- contestó con ironía, estúpido, después de tomarse las molestias de…

-¿Por qué estas aquí?- lo tomó del cabello tirando de él para hacer su cabeza hacia atrás, logrando que gimiera de dolor, pero no perdió esa mirada desafiante- Pudiste irte y dejarme aquí ¿Por qué te quedaste?

Vio el carmín que invadió las mejillas del rubio y sintió como este quiso apartar la mirada pero su agarre no se lo permitió. No iba dejar que eso sucediera, no iba a dejar que cualquier tipo de estúpido sentimiento, por mas leve que fuera, naciera en otro para su persona. Sonrió de lado al imaginarse la manera en como lograría que consiguiera odiarlo… y al parecer esa sonrisa  lo estremeció. De seguro iba a dar resultado.

“No manches los momentos, niisan. Sentirlo no es tan malo si te corresponden”

Sin meditarlo más se arrojó sobre él besando su cuello. Lo mordió tan fuerte como pudo y se apartó hasta que sintió el sabor metálico de su sangre la cual lamió como un lobo hambriento. Hyoga no sabia que hacer, con los ojos abiertos de par en par no pudo reaccionar cuando lo mordió, simplemente se limitó a quejarse a pesar de que el dolor crecía cada vez mas. Infeliz, parecía que quería arrancarle un bocado de piel. Cuando no resistió mas el dolor clavo sus uñas a su espalda y estuvo a punto de gritar, pero Ikki se detuvo para después lamer la herida, y eso le ardió como nunca.

Intentaba empujarlo, aló de sus cabellos, removió las piernas, intento patearlo y darle puñetazos, pero no se apartaba. Comenzaba a desesperarse, de nuevo estaba intentándolo y a juzgar por sus acciones y su aliento alcohólico, además de la mirada que le dirigiera hacia unos minutos, esta vez iba a ser más desagradable que la primera… y no quería eso, no se había quedado para eso. Lo hizo por que estaba preocupado, la casa, sus palabras, su ojos dolidos, todo le dijo que él no se encontraba bien. Estúpidamente se preocupo de un carnívoro, y aunque quiso hacer las cosas bien y ayudarlo, el animal rescatado se alimentaria de él.

-¡Ikki!- rogó cuando comenzó a desgarrar sus ropas sin ningún tipo de miramientos- ¡No lo hagas!

-¿Por qué no?- sus ojos estaban desencajados, parecía un demente- Para esto te quedaste ¿verdad? Te hice gozar como nunca aquella vez ¿Cierto? ¿Quieres repetirlo?

-No, por favor- sus manos, aunque fueron inútiles hasta ese momento, fueron sujetas sobre su cabeza. Aun intentaba apartarse luchando contra él, iba a rogar una vez más, lo que fuera, pero no quería que aquello se repitiera, pero los labios de Ikki lo callaron.

Su lengua entro a su boca de manera desesperada. Lo abordó de manera salvaje y no le permitía respirar. Ikki pensaba en hacerle daño, tanto como le fuera posible, que odiara hasta su nombre. Lo conseguiría así tuviera que destruirlo por dentro y por fuera, haría uso de toda su fuerza en la empresa. Ya sabia cuanto pudo haberlo odiado Hyoga aquella primera vez, a pesar de que intentó darle placer, pues ahora infringiéndole solo dolor odiaría hasta a sus padres que de seguro se retorcían en su tumba ante sus acciones, su fracaso… pero ya no podía fallarles mas.

Cuando dio por terminado el beso Hyoga inhaló una gran bocanada de aire recuperando el aliento que él le había quitado.

-Por fa…- de nuevo fue callado, pero no por sus labios, sino por una de sus manos mientras la otra aun sostenía sus manos sobre su cabeza.

Ni siquiera se dio cuenta de cuando había perdido los pantalones y su ropa interior. Cuando menos lo pensó Ikki ya estaba entre sus piernas, con los pantalones abiertos lo suficiente como para dejar libre su pene endurecido de excitación.

Las lagrimas acudieron sin permiso a sus ojos azules cuando sintió una sola embestida con la que Ikki de nuevo lo hacia suyo y al mismo tiempo destruía sus tejidos. No esperó, casi al instante comenzó a moverse dentro. Quiso gritar, quejarse, pero había perdido la voz. El dolor experimentado era único, ni siquiera sentía las piernas, no sentía las manos ni las mordidas que Ikki daba a su cuello y hombros, solo sentía el ardor en su recto, sus músculos contraerse para apararlo y que poco a poco cedían ante el intruso.

No había cerrado los ojos de los cuales seguía cayendo su pena en forma de lágrimas. Él no se había quedado para eso, él solo quería ayudarlo, por segunda ocasión intentó hacerlo, pero de nuevo pagaba su bien con mal.

Ikki se apartó de su cuello cuando sintió que ya no se quejaba y observó esos profundos lagos cristalinos que se desbordaban de sus ojos. Sonrió ante eso, lo había conseguido, logro herirlo lo suficiente para que dejara de pensar estupideces con él… eso era lo que quería ¿no? ¿Entonces porque se sentía tan mal? Una ultima embestida y dejó dentro de él todo su ser. Mientras aun se descargaba seguía embistiendo brutalmente contra su entrada de la que se escapaba parte de su semen acompañado de sangre.

-¿Lo disfrutaste?- se burló aun dentro de él, sujetando su boca y manos, mirándolo fijamente a sus zafiros húmedos.

Salió lastimándolo también, intentando que la sangre entre sus piernas no le importara, pero se le encogió el corazón, mas aun al escuchar los sonoros sollozos de quien acababa de violar. Usando toda su fuerza de voluntad salió de allí dejándolo desnudo sobre el sofá de tres piezas.

Hyoga lo vio marcharse, pero antes de eso vio su mirada afligida. A pesar de lo que acababa de hacerle aun sentía compasión por él, pues a pesar de que quiso ser duro pudo apreciar que quien mas sufría era Ikki.

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Bueno, espero les haya gustado un poco :P y que no les moleste Ikki n.nU

Saludos ;)



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El 28/01/11 a las 10:01:17

 

Hola Ella!! ^o^

 

Hemmm. tu actualización me dejó en shock o_o!!!  no esperaba esa actitud del morocho... Pobre, Shun lleva poco tiempo de muerto

OMG  Ikki está demente D:!!! como pudo hacerle eso al pobre cisne ;o;  si solo quiere ayudarlo >v<!!! que no niegue que siente algo por el rubio... (pollo maldito *mira feo al fénix <_<*   a la próxima lo agarro a escobazos XD) 

Anteriormente supuse que Shun habia muerto por el legrado ._.  (creo que no lo comente) me sorprendió que sobreviviera a eso, ains, sigo con dudas >o<!! quien lo violó, de que murió o,o???

Dicen que la curiosidad mató al gato, pero eso!!! pobre Hyoga TTwTT la está pasando perras... humm, aún así no lo odia *u*  aparte de comprensivo es llevado por mal 9.9

Creeme, me tienes super enganchada con tu fic ^////^  las descripciones, la historia y el desarrollo va genial. Se me hizo muy fácil imaginarme ese lugar, todo abandonado y hecho trizas. 

Quiero más conti o/-/oU o moriré por la intriga (¿?)  X//D

 

XOXO  L'sages owo


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El 20/07/11 a las 12:07:19

Hola Laries Cam :)

Je! lo que hace Ikki todavia pasa un par de veces mas :P... asi que preparate (y el tambien, no le vayas a romper la cabeza con la escoba xDDD) siii, intuia qe pensarian que de eso habia muerto, pero noooo :P. Su muerte es dentro de aun mas capis n.n... asi como quien lo violó :D ¿Tu quien crees que es?

Hyoga es raro xD no puede odiar a Ikki porque el tambien sintio esa pena al morir sus padres, parece que lo comprende :P... y se deja <.<U a él tambien le gusta que no se haga

n////n que bueno que te guste la historia, y que pudieras entender la descripcion de la habtacion hecha trizas ...

Espero les guste la conti

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Primavera

El viento era agradable esa tarde. Golpeaba su rostro fino y mantenía sus ojos cerrados imaginando su propio paraíso. No había nada en su mente mas que la sonrisa de sus padres, de quienes lo cuidaron y amaron hasta el día de su muerte. De la misma manera que ese día a los tres les gustaba sentarse a la sombra de un árbol y sentir la brisa helada y el olor a nieve.

La primavera estaba llegando a Japón, se respiraba en el aire, el aroma de las flores de los cerezos del parque en donde se encontraba inundaba sus sentidos. En Siberia, la primavera era muy distinta, siempre fría. Aunque también allá los arboles reverdecían y la nieve se derretía un poco, el clima seguía siendo inferior a los cero grados. Sentir una brisa que él consideraba cálida era agradable a pesar de que muchos aun cargaban con abrigos.

No pudo evitar una sonrisa en el rostro al recordar las celebraciones que tuviera con sus padres con ese día. Caminaban en el camino de grava, salían de la casona en la que eran empleados y visitaban el lago juntos. Pasaban todo el día en compañía del otro, un día aun frio, no tanto como los demás, pero el calor de su familia lo mantenía sereno, feliz. El amor que sus padres decían tener el uno con el otro era demasiado bello. Una vez soñó con un amor así, incondicional, protector y cálido…

Pero después toda esa visión cambió. Su mundo rosa, a pesar de que no era una vida fácil, se vino abajo con unas simples palabras que escuchó cuando no debió. Por un acto de su propio padre y el gritó de otro al intentar detenerlo… ese día su mundo se acabó. La traición de quien resultaba ser solo un padre adoptivo, la sumisión y cobardía de quien lo llevó en el vientre y la burla y crueldad de quien había dado su semilla. Todo en un mismo día, verdades y abandono, la huida ante el terror de lo que sus manos habían hecho. Él mismo era la persona que mas odiaba en el mundo porque llevaba en las venas la sangre de quien le había arrebatado la alegría. Era hijo de la familia Castalia.

-Hola, Hyoga- llamó una voz con acento muy cerca de él. Al abrir los ojos se encontró con una mueca de compasión y unos ojos de cereza.

-Io- se incorporó de inmediato para saludarlo- Hola- No lo había visto desde el día de su cumpleaños, no había vuelto al bar con sus compañeros porque no deseaba pasar otro momento como ese, con sus amigos ahogados en alcohol.

-¿Qué haces aquí?- preguntó sentándose en la banca donde antes él también se encontraba y Hyoga volvió a hacerlo.

-Disfruto de la brisa, nada en especial, solo pierdo el tiempo- dijo tranquilo volviendo a cerrar los ojos.

-No has vuelto al bar- dijo sonriente tomando una de sus manos, eso lo puso nervioso, sumado a la sonrisa que le dirigiera.

-Bueno, no me gustan esos lugares- dijo sincero, siendo un poco precavido al retirar la mano de Io de la suya, pero en lugar de que se sintiera rechazado por esto, lo cual era lo que quería dar a entender sin ser grosero, Io sonrió más ampliamente.

-Es una pena- suspiró. Le daba miedo ese sujeto, su mirada de compasión era estremecedora. “Un gitano”

-Bien, creo que debo…- iba a decir que estaba por irse, pero de sorpresa quien lo acompañaba apoyó su cabeza en su hombro derecho y se puso rígido ante el contacto.

-¿Te gusta la primavera?- susurró de manera que él pudo escucharlo.

-S-si, solía hacer un campamento en Siberia en estas fechas- tenia miedo, se estaba comportando de manera extraña, no estaba acostumbrado a que le coquetearan y no sabía si eso era lo que intentaba Io.

-¿Eras feliz en esos días?- pudo sentir en su voz que su animo decaía, hasta esos momentos le pareció que, aunque era demasiado tranquilo, Io desbordaba felicidad, no infantil, no falsa ni superficial, sino una felicidad creada por la paz del espíritu, como si no hubiera sufrido nunca en su vida. Sin duda había tenido una infancia sin contratiempos.

-Podría decirse- susurró cerrando sus ojos, escuchando la risa de sus padres aun demasiado presente en sus tímpanos. Era algo que nunca iba a olvidar y no era que quisiera hacerlo.

-En Chile, mi país natal, apenas ha comenzado el otoño. Creo que me siento nostálgico- dijo suspirando- antes íbamos a la playa en mi cumpleaños, el clima aun era u agradable, pero ahora si lo hago moriría de frío.

-Es una pena, es terrible estar lejos de tus recuerdos y familia- lo sabia, soñaba con sus vientos fríos, con la nieve, el fuego y el abrazo para entrar en calor.

-No estoy lejos de mis recuerdos ni familia, todo lo llevo en el corazón, además Isaac está conmigo- se apartó para mirarlo, estaba levemente sonrojado, eso le aclaró que de verdad lo amaba, extraño, pues a los quince años muy poca gente sabe lo que quiere y las relaciones terminan en corto tiempo. Con eso también se sintió mas relajado, no sabia porque actuaba así ni el motivo de su sonrisa, pero ahora sabia que no intentaba seducirlo- ¿Y tu, Hyoga? ¿Estas lejos de tus recuerdos?

Bajo la mirada con una sonrisa triste. No, no lo estaba, todo lo llevaba mas allá del “corazón”, de esa metáfora cursi de mantener todo tan cerca de ti como podías, él llevaba todo en su ser literalmente. En su rostro, ojos, cabello y en su cuerpo, sangre, tejidos y órganos. No iba a olvidar aunque quisiera intentarlo.

-¡Es tan triste!- exhaló incorporándose de pronto el hombre de cabellos rosas- hay gente tan lastimada en el mundo.

-¿Cómo?- indagó levantándose y caminando junto a él que ya comenzaba a apartarse- ¿A que te refieres?

-Algunos dicen que sus penas son demasiado para ellos, otros dicen que pueden soportarlas solos- meditó con los ojos cerrados, pero sin detener su avance- muchos quieren ser fuertes, pero de esa manera solo demuestran lo lastimados que están y que en realidad, no pueden solos.

-¿De quien hablas?

-Ahora que estábamos hablando de ir al mar, me gustaría ir ¿Me acompañas?- pasar mas tiempo con ese gitano no le parecía la mejor de las ideas, pero quería saber mas. La curiosidad mató al gato.

-De acuerdo- asintió mirando al frente, no era mucha la distancia hasta las playas, podrían ir caminando y con ese clima a él también le pareció una agradable idea caminar por la arena. La mayoría del camino lo recorrieron en silencio. Sentía de vez en cuando la mirada insistente de Io, pero no decía nada. Eso llegó a desesperarlo, pero no iba a preguntar nada.

-¿Te has enamorado, Hyoga?- pregunto de pronto cuando quedaban escasos metros para poder ver el mar y lo tomaba de la mano para apresurar su paso.

-No- fue cortante, frio. Pero la sonrisa del esposo de Isaac solo se ensanchó.

-¿No te gusta el amor?

-No.

-Pero es bueno tener a alguien a tu lado, la sonrisa de alguien que te quiere mucho te ayuda a salir de las penas- no contestó a eso, no tenia nada que decirle a un hombre que acababa de conocer, sin embargo el continuó hablando- a veces las personas no valoran lo que tienen alrededor por recordar, por sentirse culpables - una lagrima corrió por su mejilla al decir esas palabras pero sonreía aun así, con el viento meciendo sus mechones rosados miraba las aguas tranquilas del mar- pero el pasado es el pasado, hay cosas bellas en el mundo además de las lagrimas, porque eso también es bello, Hyoga

-Io- las lagrimas ahora caían abundantes por sus mejillas. Se había detenido y abierto los ojos mirando un punto fijo en el vacío, tal vez recordando.

-El dolor es hermoso porque no solo te hace sentir mal, sino que te libera de ello, una lagrima es capaz de liberar una vida de pesares…pero si lo guardas termina convirtiéndose en una pesadilla eterna. ¿Sabes lo que es la vida Hyoga?

-Bueno… la vida es…- se quedó callado pensando, tenia cierta idea de lo que es la vida, mirando el mar, ahora sentía que no era como él pensaba- Científicamente implica las capacidades de nacer, crecer, reproducirse y morir- Io se quedó callado pero después de instantes soltó una larga risotada contagiosa, no sabia porque se reía, pero él no pudo evitar sonreír, su risa era clara, transparente e inocente, ni siquiera pudo sentirse ofendido a pesar de que parecía que se burlaba de él.

-Si buscaste un concepto para la vida, quiere decir que no sabes lo que es- su sonrisa se borró, así como muchas de las cosas que decía, eso tampoco lo entendió- la vida es solo eso: vivir. Así que, vive Hyoga.

-No te entiendo.

-Puedes sentirte culpable toda la vida por cosas sin sentido, decir que no hay nada adelante y cerrar los ojos, para no ver que si lo hay, negar que te duele… pero eso es de cobardes, decir que no te importa el pasado es de cobardes y dejarte vencer por él es aun peor- lo decía como un susurro caminando frente a él, pero sin soltar su braco, solo alcanzaba a ver su cabello, pues caminaba con la mirada en el suelo. De pronto se soltó y continuó con su avance con una sonrisa aun más ancha en su cara, pero se detuvo de pronto a pocos pasos y lo miró a los ojos. Parecía que en esos ojos cerezas veía el universo mismo- hay gente que no sabe eso, por eso tenemos que decírselos.

-¿Por eso me lo dices a mi?- tal vez ya estaba entendiéndolo todo, Io solo dedujo que escapó de Siberia para olvidar y quería ayudarlo, pero no era necesario, eso no fue así. Su acompañante volvió a sonreír de manera extraña, casi con nostalgia. Definitivamente parecía que estaba hecho de miles de sonrisas, de diferentes tipos, pero nunca quitaba esa mueca de su rostro por más de cinco minutos.

-Tus padres te querían mucho ¿verdad?- de detuvo en seco al escuchar esas palabras. Io también lo hizo al notar que dejó de avanzar. Esa sonrisa, desgraciada sonrisa que no podía dejar de ver así como sus profundos ojos brillantes- Ellos se amaban mucho, Hyoga, sin importar lo que pasó, ellos se amaban, pero por sobre eso estabas tú.

-¿Por qué dices eso?- repentinamente sentía la boca seca, las piernas le temblaban y ahora el viento húmedo lo sentía más sólido, como una caricia… estaba asustado.

-No me hagas caso, me gusta pensar en voz alta- se disculpó desviando la mirada y fijándose en las olas del mar- me gustaría nadar, pero también tengo frío.

Siguió caminando pero ya no lo siguió. Se quedó parado sobre la arena mirándolo fijamente. Remojaba sus pies descalzos en el agua que besaba la arena. Por un momento sintió ganas de llorar, era como escuchar a su padre, sentir que estaba siendo perdonado. Pero esa sensación solo duró segundos, pues pronto se sintió muy enfadado, él no quería ese perdón, si se perdonaba él, tenia que hacerlo con su sangre y definitivamente no quería eso. Iba a odiar su sangre hasta que la muerte le llegara.

Se dio cuenta de que Io miraba algo fijamente a su derecha y por inercia hizo lo mismo. De nuevo maldijo su destino, maldijo a Io por traerlo allí y definitivamente a quien estaba recostado contra la cerca de madera blanca que separaba la arena del asfalto. Cuando volvió a mirar a Io no supo por qué pero tuvo la sensación de que había sido una trampa, a juzgar por su expresión y de que inmediatamente después se alejó de la arena y de la playa. Pero era imposible que él supiera que ese sujeto estaba allí, acababan de llegar… o podría será que él le había pedido que lo trajera a ese lugar para que lo viera.

Desde esa noche en la que lo había poseído por tercera vez y lo había herido como nunca no había vuelto siquiera a pensar en él.

“¿A quien engañas?” lo había hecho, aunque solo fuera para maldecir el haberlo conocido, pero no había dejado de pensar en él en mucho tiempo, no podía quitárselo de la cabeza y eso es lo que estaba mal con su mente. Ya no le importaba que tan herido estuviera esa fiera, no tenía ningún derecho a hacerle todo aquello. Lo mejor que podía hacer era dejar todo eso atrás así que se dio la vuelta para alejarse, le vendría bien unas cuantas horas de sueño.

Cuando se dio la vuelta dio un último vistazo al hombre en la cerca de manera fugaz. Al dar un primer paso le pareció ver sentado junto a él a un pequeño de cabellos verdes. Inmediatamente volvió a mirarlo para darse cuenta de que seguía solo. Eso lo hizo estremecer, inmediatamente después recordó la fotografía donde aparecía ese bebé de cabellos verdes. Se quedó mirando ese cuerpo mas tiempo del necesario, se veía más delgado y parecía sucio. De pronto también él lo miró y se sorprendió al ver sus ojos apagados y unas grandes ojeras púrpuras bajo éstos.

-Hyoga- leyó en sus labios, pero él, sonrojado por que lo descubrió observándolo, solo frunció el ceño para alejarse de nuevo sin volver a mirarlo.

Ikki lo vio marcharse, eso era bueno. Sonrió para volver a bajar la mirada y cerrar sus ojos. Tenía tantas ganas de recostarse y dormir como nunca lo había hecho. Estaba cansado de sus pensamientos, de sus recuerdos, no había vuelto a visitar el lugar de reposo de su hermano porque ya no quería seguir sintiéndose así. Quería olvidarlo todo, pero algo no se lo permitía, había ocasiones en las que le parecía escuchar su voz mientras dormía, soñaba con él, con su sonrisa… el espectro de su hermano no lo dejaba descansar, parecía que iba a atormentarlo hasta el fin de sus días pues lo sabia culpable.

Pero si no se había animado a eso aun era porque no iba a desperdiciar la vida de Shun de esa manera, si él lo quería vivo, pues vivo iba a permanecer y esperaría la muerte pacientemente para poder abrazarse. Parecía que lo único que podía hacer ahora era quejarse por estar vivo, pero no haría nada por ello.

“¿Vivo? ¿De verdad es vida lo que tienes ahora? Te veo muerto, te siento muerto y ya no sé que hacer para traerte a la vida, mis palabras no son suficientes. Yo también te quiero aquí, niisan, pero no tan pronto, no de esa manera… tienes que vivir primero”

-¿Qué hay después del invierno?- escuchó una voz a su espalda y se giró para darse cuenta de que el dueño del bar donde que solía beber estaba apoyado en la cerca del otro lado.

-Lárgate- se levantó y comenzó a andar con la mano en los bolsillos, no necesitaba otro de sus estúpidos discursos.

-Anda, dime ¿Qué hay después del invierno? ¿Qué es lo que Shun hubiera dicho?- inmediatamente se dio la vuelta y lo tomó del cuello apretándolo con fuerza, pero Io no se inmutó, no era la primera vez que lo hacia, pero el maldito bastardo se empeñaba en mencionar su nombre para hacerlo reflexionar cuando no quería seguir pensando en él. Quería hacerlo callar- ¿Qué pensaría Shun al darse cuenta de que quieres un invierno eterno? A Shun le gustaba la primavera.

-También le gustaba la nieve- contestó comenzando a llorar, recordando su ultimo comentario antes de que la luz de sus ojos se apagara.

-¿Por eso lo congelaste? Antes tu corazón era de fuego, Ikki, el hielo no está hecho para ti- lo soltó y el cayó al suelo de donde no se movió, solo lo miró- ¿Qué hay después del invierno?

-La primavera- contestó con lágrimas en los ojos.

“La primavera es mi estación favorita, no solo por las temperaturas, sino por la vida que renace después de estar sepultado bajo la fría nieve del invierno. Quiero pensar, Ikki, que tu invierno llegará pronto a su fin, ese invierno que yo causé por mi egoísmo, por no saber protegerte y protegerme a mi, no pensé en ti, yo… simplemente no podía vivir sin ti.”

-El amor, Ikki, el calor- contestó Ikki levantándose y mirándolo con la pena profunda de sus pupilas.

Ikki se dio la vuelta y lo dejó solo. Sentía su mirada en su espalda. Siguió caminando sobre la arena, sin dejar de llorar hasta que se apartó o suficiente y se dejó caer en las aguas golpeando el suelo. Como odiaba a ese sujeto, lo hacia recordar y no entendía porque lo hacia. Si para él era divertido verlo sufrir por su recuerdo no iba a dejar que lo viera llorar. Por eso ahora que se encontraba lo suficientemente lejos y que no había nadie en esa playa comenzó a llorar como no lo había hecho en mucho tiempo.

-Perdóname, Shun, no supe como protegerte, no supe ser un buen padre.

“No tenias que ser mi padre, solo mi hermano mayor. Soy yo quien debería pedirte perdón. Fui egoísta contigo, solo pensé en mi bienestar… Ojalá…”

-No merezco volver a sentir la primavera sin ti, no puedo dejar que el invierno se acabe porque tengo miedo… no quiero que vuelva a pasar.

“Si tanto daño te he hecho… ojalá nunca hubiéramos sido hermanos”

-Ojalá nunca hubieras nacido, no hubieras sufrido tanto si no hubieras sido mi hermano.

Permaneció sobre la arena sin poder contener las lágrimas por largo tiempo hasta que ya no pudo mas con la debilidad que cargaba desde hace tiempo y se quedó dormido. Sobre las aguas del mar en donde sus lagrimas se perdieron con la infinidad.

Cuando abrió los ojos se encontraba sobre una cama blanda y se sentía tremendamente mal. El pecho le ardía y sentía que lo oprimían. Los ojos los sentía en llamas y le molestaba demasiado la luz que daba directamente a sus ojos. Se quejó desde el pecho pues el cuerpo no podía contestarle. Tal vez estaba muriendo finalmente.

-¿Quién eres tu?- escuchó una voz muy cerca de él, casi susurrando

Cuando giró un poco el rostro se dio cuenta de que conocía esa habitación. Sus paredes color arena, la chimenea frente a la cama, la ventana y sus cortinas elegantes, la mesita donde antes había un libro abierto y ahora había una pila de ellos. ¿Estaba soñando? Se dio cuenta de que no era así cuando miro a alguien que estaba sentado en un sofá cerca de la puerta, tenia una fotografía en las manos y parecía hablarle a esa imagen.

-¡Hyoga!- susurró sorprendido. El aludido lo miró y se sonrojó furiosamente para acercarse y extenderle lo que tenía en las manos. Como pudo se movió para tomarlo y al verlo palideció.

-Lo siento, lo tomé de tu casa, pensé que querrías tenerlo contigo, se ve que lo querías mucho- Desvió el rostro y el portarretrato cayó sobre las sabanas, pero Hyoga volvió a tomarlo confundido mirándolo atentamente.

-¿Cuándo la tomaste?

-Aquella noche- una respuesta sencilla, pero que le trajo el recuerdo de sus pupilas heridas por su culpa cuando quiso ayudarlo.

-¿Por qué sigues regresando?- pregunto intentando levantarse, pero cada uno de los huesos le dolía.

-Simplemente quería ayudarte. En la playa te vi muy mal y me dio la impresión de que estabas enfermo- colocó la fotografía donde él llevaba en brazos a Shun y se sentó de nuevo en el sofá.

-Tonterías, nunca me he enfermado- no que él recordara, siempre había contado con una excelente salud, por eso le tocaba a él cuidar de Shun… Shun, por mas que quisiera olvidarlo siempre terminaba repitiendo su nombre.

-Eso no es lo que dijo el medico, según él estas muy grave de salud- giró el rostro para observarlo, ¿Había llamado a un medico?

-Te he hecho mucho daño, Hyoga, ¿Por qué quieres ayudarme?- sonrió con tristeza y suspiró negando con la cabeza.

-Hay personas que me han herido más y aun así, al verlos…-se detuvo de pronto y apretó sus puños, eso lo confundió- no quiero que vuelva a pasar, que al saber herido a alguien, me de cuenta de que debí hacer algo para ayudarlo.

-¿Eres masoquista?- sonrió burlón riendo bajito- ¿Te has enamorado de mi a pesar de lo que te hice?- inmediatamente él se puso de pie y se dio a vuelta para salir de la habitación, de seguro quería ocultar el sonrojo en sus mejillas, pero fue demasiado tarde.

-Eres muy engreído- dijo simplemente antes de salir y dejarlo solo.

Tomó el portarretrato entre sus manos y miró a su hermanito cuando había llegado a su casa después de permanecer tres meses en el hospital por complicaciones en el parto. Siempre fue muy pequeño, nunca tuvo la estatura que debería tener y parecía tan frágil. Lo único que provocaba al verlo era protegerlo, no sabia como alguien se había atrevido a hacerle daño.

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Bueno, que opinan, este capi, segun mi oinion, es uno de los mas sentimentales ): por lo que dice Shun a Ikki y viceversa

Bueno, dejen comentarios porfavor

Saludos ;)



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Cygnus_Lucy Cygnus_Lucy
Fecha El 25/10/12 a las 07:10:54
Cygnus_Lucy Cygnus_Lucy
Fecha El 25/10/12 a las 07:10:51
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Seis aã±os atrã¡s ~hs~  
Cygnus_Lucy Cygnus_Lucy
Fecha El 31/07/12 a las 07:07:50
Cygnus_Lucy Cygnus_Lucy
Fecha El 31/07/12 a las 07:07:08
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Hanabi (ikkixhyoga) oneshot *hs*  
yonjuukyuu yonjuukyuu
Fecha El 23/07/12 a las 10:07:04
yonjuukyuu yonjuukyuu
Fecha El 25/07/12 a las 05:07:53
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Prison break  
Dukaryon Dukaryon
Fecha El 23/04/12 a las 10:04:21
Laries_cam Laries_cam
Fecha El 24/04/12 a las 01:04:44
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Fragmentos [~drabbles del 1 al etc(â¿?)~] hbd lari  
Aquarius_no_kari Aquarius_no_kari
Fecha El 26/03/12 a las 03:03:54
Laries_cam Laries_cam
Fecha El 09/05/12 a las 09:05:49
481 4