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La primera impresión fue la de gritar:
— ¡Oh, cielos! —
La segunda tesar la quijada y apretar con fuerza los dientes.
El impacto fue brutal. Suspendido su pensamiento en otra dimensión, y la ira carcomiendo las raíces de sus neuronas, apenas y lograba cuestionarse “¿Qué había sucedido en su alacena?”
El horrido quejido de Mu Arius despuntó por todo su derredor, perturbando el silencio que disfrutaba Kanon Genius en las plácidas instancias de su alcoba. El gemelo no tarde y despertó de manera abrupta. Con los ojos hinchados y sin bacilar, acudió al llamado de su amante.
— ¿Qué es lo que pasa? — Su estado en alerta lo obligaba actuar con cautela y precaución.
La pregunta resultó bastante enfadosa para la impaciencia del lemuriano. Incluso el peli-lila llegó a razonar si la intención de Kanon fue la de burlase o simplemente el cinismo era su temple natural.
— ¿Qué qué es lo que ha pasado? — Mu enfatizó su disgusto a regañadientes. — Se puede saber… ¿Porqué hay tantas frutas y verduras en Mi abastecimiento?
El moreno retrocedió sobre sus pasos, con el temor jorobándole la espalda. Se enfrentaba a un depredador carnívoro.
—Y-yo— Tartamudeó, débil. —Voy a empezar hacer dieta.
El enojo (que tiempo atrás estreñía la expresión de Mu Arius) se transformó a una imparable risa.
— ¿Tú? — Lo señaló, jocoso y con el afán de echarle la burla — ¿Hacer dieta? ¡Por favor, Kanon! No es momento de hacerme de reír.
El gemelo sintió que su ego fue ultrajado. Ardido y con coraje reclamó su humillación.
—Sí, así es; como lo oyes— Alzó el mentón altivo. —Este papacito va hacer dieta, guste o no.
—Pero, amor. — Cobró ternura la voz del lemuriano. — Sí así como estás luces muy bien.
—No es cierto. Estoy que me sobran unos kilos de más
Mu Arius apretó los labios a fin de no estallar de la risa. Observó a su pareja de pies a cabeza.
— ¿De dónde que yo no veo nada fuera de su lugar?
— ¿Es que acaso estás ciego, para no darte cuenta que me cuelgan unos horribles “rollos” a mis costados? — Se apretó una delgada capa de pellejo en la parte izquierda de su cintura.
El lemuriano afirmó menando la cabeza con tentadora lasciva.
—Yo no veo nada, creo y tendrás que desnudarte.
Kanon (que se daba por inocente palomilla) con un torpe manejo de manos, prenda por prenda, se deshizo de su pijama.
—Míralo, que aquí está. — Se volvió tantear el lugar que aparentaba ser un rollito de grasa.
Mu, con un delicado compás en sus pasos, se aproximó al acomplejado cuerpo de su amante. Paladeándolo con la yema de sus dedos, tuvo tacto suave con ese “Kilito de Más” que mortificaba el físico de Kanon. La piel del gemelo se erizó, al grado que el radar de sus hormonas se activó deliberando un sinfín de sensaciones.
—Definitivamente… — Resopló Mu, estrechando su cintura contra la del moreno. — Y ¿sabes? — Murmuró cerca del oído del mayor. — Haciendo el amor quemaremos esos kilitos de más.
" Prefiero mantener mi cuerpo en ayunas por una semana, que vomitar siete veces por día.
Quizás el daño sea el mismo, pero no existe mejor regócijo que sentirse vacía por dentro sin haber tenido que meter el dedo por la boca."
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