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"Máscaras en el rostro"
“ Te conocí hace ya varios años, no se como penetraste en mi corazón, ni como despertaste en mi este deseo de protegerte y tenerte siempre a mi lado…me convertí en tu amigo, en tu confidente, y ahora tras los estragos que ha dejado esta guerra sigo aquí fiel, leal a ti…ya no soy tu amigo, ni tu confidente, me he convertido en parte de ti, sin embargo este nuevo designio que significa ser Patriarca te ha apartado de mí y me ha exiliado a estar lejos de tí”
Se encontraban en la enorme biblioteca cuando cansado el librano se dispuso a penetrar aquella barrera que por varios días y noches le alejaba de aquel codiciado hombre.
Se acercó sigilosamente colocándose a escasos centímetros por detrás del lemuriano, este pareció no percatarse de ello ya que no interrumpió su labor de revisión, así permanecieron en silencio por varios minutos hasta que el ariano se decidió por uno de los libros del anaquel, lo tomó con suavidad dando un paso hacia atrás sin percatarse de la cercanía del librano, razón por la cual chocó de espaldas con este.
Sentir el contacto accidental del ariano provocó que una marea inmensa de sensaciones saliera a flote por un momento nublando su razón y dando paso al mero impulso, a sus mas secretos deseos. Percibió aquella sensación de nerviosismo y pena en el mas alto y como si este hecho fuese un insistente lenguaje corporal le rodeó con sus fornidos brazos de forma sútil, como sólo aquél lo ameritaba.
Este último al sentirse presa del chino intentó en un acto fallido retirar el brazo que ceñia su cintura, más lo único que consiguió fue que ese mismo brazo le tomará la mano extendiéndola y llevándola hacia los labios de su captor, el cual conteniendo aquella frustrante desesperación se limito a besarla repetidas veces.
Se sentía presa de la situación e impotente a realizar cualquier acción que lo liberase del agarre, se encontraba desubicado pero extrañamente encantado. Finalmente dejo de resistirse al contacto permitiendo que aquellas manos furtivas recorrieran su menudo cuerpo.
Cerró los ojos tensando cada músculo de su cuerpo pues para él aquello era en extremo extraño, sentiáse apenado y vulnerable frente a aquel hombre, que aunque tan joven como él resultaba un experto. Estaba conciente de que le había otorgado el permiso de conocerle emocional y físicamente, sin embargo aun le resultaba tormentosamente difícil.
El chino se percató de este hecho, más ya había previsto que algo asi sucedería, y mas comprensivo que decepcionado tomo al ariano por los hombros girándolo hacia sí, este último apenado se negaba a dirigirle su amatista mirada y encararle de frente.
-Shion, si no te sientes cómodo, prometo no volver a hacer esto…sé que es mi culpa, sé que esto que siento es asunto mío, y que el amor que por ti siento es algo prohibido…me sobrepasé, no debí hacerlo…por favor perdóname, perdona mi osadía; concluyó entrecortadamente el librano convencido de que el ariano no toleraría mas acercamientos de ese tipo, retiró sus manos de los hombros de este llevándolas a sus costados, esperando paciente la probablemente agresiva reacción de Shion.
-La culpa no es tuya, es mía…me siento extraño, mi cuerpo no esta acostumbrado a sentir esto…no es tu culpa Dhoko; se excusó por lo bajo dándole la espalda y saliendo apresuradamente de la estancia, evitando que el chino notara aquellas traicioneras lágrimas que ahora empañaban sus hermosas amatistas.
Le vió alejarse comprendiendo que era su deber enseñarle a confiar nuevamente y a dejarse llevar por sus sentimientos. Y sin mas le siguió. Le encontró sentado al pie de la majestuosa estatua de Athena, hundía el rostro entre las piernas y sollozaba en silencio.
Ante sus ojos aquel joven lucia irreconocible, se le veía vulnerable y acosado por una inseparable soledad. Se acercó a él y llevando una de sus manos hacia su cabeza, alació sus cabellos repasándolos con tierna delicadeza.
No logró reprimir aquel llanto que fluia cual caudal sin cauce, resultado de la confusión que desde hacia ya varios días era presa, se culpaba a sí mismo por saberse débil, por haber sucumbido a ese ridículo sentimiento, se sentía un estúpido…se reprochaba el no haber logrado mantener sobre su rostro aquella jareta de desconsideración que todos conocían, ahora se sentía incapaz de sostener aquella máscara, de montar nuevamente aquella falsa y absurda actuación. Las fuerzas le abandonaban, lo mismo que su inseparable arrogancia. Se sentía desnudo, descubierto, aquellas lágrimas no reflejaban mas que el ferviente anhelo de no saberse olvidado, abandonado, deseaba alejarse de aquella persistente soledad que dia a dia le perseguía, sin embargo intentar escapar de ella era equivalente a traicionar el juramento que meses atrás sellara con la Diosa.
Dhoko era el culpable, sus atenciones y constantes y persistentes acercamientos habían logrado fracturar aquella coraza de indiferencia que durante años se había dedicado a forjar, hasta el momento había resultado impenetrable, le había mantenido a salvo de las tentaciones carnales y del daño que pudieran producirle las personas, gracias a ella se había mantenido firme cumpliendo cada designio de su Diosa, siempre fiel a ella…y en consecuencia ocultando aquella sublime nobleza y encantadora inocencia; era el producto de años de incesante trabajo, era el resultado de su condición como máxima autoridad en el Santuario. Se había reinventado: fuerte, seguro de sí mismo, firme, inflexible, astuto y controlador de toda situación, ¿cómo era posible, siquiera creíble que un ligero toque o unos sencillos halagos a su persona derrumbaran esa impenetrable muralla?.
Ahora se sentía a merced de aquel hombre, impotente al no poder controlar la situación, para él representaba un territorio no explorado, ajeno a su conocimiento, por primera vez en mucho tiempo se sentía un completo ignorante, sólo restaba la opción de dejarse llevar y aprender del chino, este hecho le disgustaba tanto como la revisión de molestos documentos, su cuerpo no terminaba por aceptar y adaptarse a la situación.
A cada roce, toque o simple complacencia su cuerpo terminaba reaccionando en sobremanera, dando crédito de su nada expresiva inexperiencia.
-Su Ilustrísima, Shion no es tu culpa…eso es normal, esta relación no es del todo lícita, es mi culpa por haber reaccionado de esa forma, me deje llevar…no debí asustarte, permíteme mostrarte que hablo en serio; dicho esto tomo el albo rostro del nuevo Patriarca entre sus manos y con ambos pulgares enjugó sus cristalinas lágrimas.
Sentía estrujársele el corazón dentro del pecho al descubrirle de esa forma, sentía ser el culpable de sus lágrimas, pretenderlo empezaba a resultar un camino de descubrimiento hacia el verdadero corazón de Shion y por él estaba dispuesto a entregarse por completo a esa desafiante misión.
-Me siento como un pianista frente a un quirófano…no sé que debo hacer, siento miedo, pena; se excuso en un tono apenas audible.
-¿Miedo, pena?...¿pero de qué?; sonrió profiriéndole una suave caricia sobre el mentón.
-De, de no saber que hacer cada vez que te acercas a mí, miedo de no saber interpretar ese lenguaje corporal …me siento como un idiota, no quiero perderte pero tampoco puedo ni debo dejarme llevar por esto que ahora siento…ahora soy el Patriarca…le pertenezco a la Diosa; respondió apenado ante estas últimas palabras a la par que nuevas lágrimas brotaban de sus ojos.
Esto entristeció al librano, podía sentir el dolor en alma de Shion, lo sabía presa de una situación que él no había elegido, lo sabía miserable con esa nueva posición, ejerciendo el alto mando, separado de una vida común en la que pudiera ser felíz, le miró enternecido deleitándose con aquel encantador rostro fresco y terso, ahora presa de la resignación e impotencia que su nueva condición ameritaba. Y esta vez teniendo frente a sí a ese Shion vulnerable, le tomó por ambas manos levantándole del suelo, acto seguido entrelazó su mano izquierda con la derecha del este, dedujó que de esta forma el lemuriano comenzaría a aceptar el contacto, poco a poco le enseñaría a sentirle, no lo presionaría, comprendía mas que bien el hecho de despertar en Shion ese deseo dormido que ahora se veía forzado a nunca experimentar, él estaría a su lado y de ser posible compartiría con él la ira de su Diosa, no le abandonaría, le cuidaría y amaría por siempre.
-¿Te he dicho cuanto había soñado con poder tomar tu mano entre la mía y sentir su finura y delgadez?
-No, no lo habías hecho.
-¿Sabes que adoro contemplarte?...así, sencillo, cálido y sensible…sin esa fría máscara de indiferencia que cubre tu rostro y que define tu posición y condición como máxima autoridad…así…simplemente Shion.
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