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BESO ROBADO
Shaka lo empujó violentamente contra la pared, tanto, que el golpe dejó a su contrincante sin aire en los pulmones, y el golpe en su malva cabeza lo aturdió momentáneamente. Ya no había tiempo para seguir jugando. Shaka tenía prisa.
Mu obvió la punzada de dolor en la región de su nuca, no tenía pensado soltar los puños que sujetaba con fuerza, impidiendo así que el rubio consiguiera suficiente espacio para poder lanzar otro golpe. Forcejearon durante lo que les pareció una eternidad, las manos muy apretadas, los cuerpos muy rígidos, los brazos tensos como un arco, los dos concentrados al máximo.
Aprovechando una súbita oscuridad Mu hizo lo que mejor sabe hacer, tomar ventaja del adversario, y con un ágil movimiento pateó el estómago del hermoso rubio proyectándolo hacia delante. La estrategia no sirvió para acabar con el agarre, Shaka le asió con brío renovado y los dos rodaron por el suelo peleando por conseguir una posición de privilegio.
Shaka acabó la pugna y raudo se sentó a horcajadas encima de su hermoso contrincante, reteniendo sus brazos con vigor, sin permitir que se revolviese para ganar la posición, y en ese momento, bajo el parpadeo de la luz fluorescente, por primera vez, Mu fue consciente de la presencia física de su antagonista, del calor de su cuerpo, firme y húmedo por el sudor del envite, de cómo el peso del lindo rubio comprimía su estómago sobre el suelo frío, del ritmo agitado de su respiración, de la pasión de sus ojos azules... como si en vez de un enemigo fuese un amante, y sonrió conocedor de su situación. Podía acabar con esto en menos de un segundo, solo tenía que ajustar la cantidad de plasma suficiente para noquear al lindo rubio y salir huyendo.
Pero decidió olvidarlo todo y disfrutar de la sensación, se dejó llevar por esa excitación incipiente, por la presión que empezaba a subir desde su bajo vientre, por el ardor de su centro y por el bombeo de su corazón, que era la única cuenta atrás que le interesaba, la única que quería escuchar. Se sintió un poco como Romeo la primera vez que vio a Julieta, y tuvo la certeza que ahora que el cronometro había llegado a cero, nada a partir de ese momento sería igual, si no que todo iría a peor... a mucho peor.
De un ágil movimiento, Mu tomó los estilizados brazos de Shaka y cambió de posiciones quedando esta vez él sobre Shaka. Tomó con fuerza sus muñecas sobre su dorada cabeza y se inclinó sobre este para robarle un beso, luego salir huyendo de allí, dejando a Shaka más confundido que otra cosa.
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