§.: Apartado :.§
Noche. Hermosa. La moneda de plata ilumina como princesa en la sábana negra, tapizada de infinitas estrellas. El viento sopla, fuerte, galante. Sus fosas se impregnan del aroma a rosas, su piel se encrespa al sentir el rocío de las tinieblas... Observa...
Los ámbares enfocan la silueta perdida entre el laberinto del jardín.
Una sonrisa, tal vez macabra.
Sus manos quitan el antifaz, sus dedos desabrochan un poco más la camisa blanca. Hace calor, siente bochorno.
Minos se adelanta a la entrada, Radamanthys está atrás. Voltea, le ve, le sonríe.
- Quién lo atrape primero, se queda con la presa... Y además...- ve, ve, fuego, demasiado... relame sus labios durazno... -Somete al otro. ¿Que dices hermano mío?
Carcajadas que rompen el silencio de la velada cálida. Da un paso, otro. Detiene su andar al llegar junto a su albino hermano. Observa los rasgos finos. Hermosa muñeca de porcelana. El ámbar detrás del oro del antifaz, refulge.
- ¿Por una vez deseas saber lo que es estar arriba, dukke? - Risa siseante. Boca hambrienta que atrapa labios rosados. Maltrata, hiere. Beso profundo, desde la más remota unión de sus almas inmortales. Amor incestuoso.
Se aleja. Paladea el sabor del Grifo. Acomoda el antifaz. Mirada de reojo que se clava en el menor.
-Lo siento, esta noche no será, lille brör. La rosa cerulea, mía será. Lágrimas de sangre derramará, por su osadía. - entra en el laberinto. Sereno. Hay una presa que acechar. - Lo compartiremos, y mientras te sacias en su interior, yo reclamaré tu cuerpo, como siempre ha sido, y siempre será.
El beso es húmedo, placentero, casi fiero... Como todo él. No puede evitar relamarse sus labios con el sabor metálico de la sangre en su fina carne labial. Se adentra un poco más al laberinto yendo a paso lento, contando los pasos, viendo la sombra de él, de su hermano... Poco a poco se van alejando. - No cantes victoria tan pronto hermano.... Esta noche será minoche, voy a someterte y a someter a aquel que se nos escurrió... Te guste o no... Soy el amo de las marionetas ¿Acaso no recuerdas?... Tu mismo me lo dijiste.... "Es hora de ser el amo de las marionetas"
Y entonces de pronto se insmisculle en los jardínes del lugar, perdiéndose ante la vista del otro... Empezar a respirar profundo, oliendo el aroma a rosas...
"Te tengo"
Caminaba, despacio, disfrutando del aire nocturno. Olvidando la molestia causada por el rubio de antifaz dorado, su mera presencia, le molestaba. Era algo totalmente irracional, pero no podía evitarlo. Caminaba sin rumbo, a donde el laberinto de arbusto le conducía, a veces, llegaba a un camino sin salida, y tenía que volver sobre sus pasos. Quería llegar al centro, en donde se encontraba una especie de kiosko. De pronto, un viento frío hizo que la piel de su torso desnudo se erizara. Se detuvo y miró hacia atrás, sentía que alguien lo seguía, pero no divisó a nadie en la oscuridad. Luego dirigió su ojos, al cielo nocturno. Las estrellas estaban extrañamente opacas, ocultas detrás de un velo de finas nubes. -Esto no me gusta... mejor salgo de aquí.
Claro que aquello era más fácil decirlo que hacerlo.
Se había adelantado, dejando así sin más a su "hermano" esperando ser el la persona que atrapara suculenta presa; tenía sed de sangre, de teñir la plateada noche de carmín, de empañar la silueta de blanca esencia. Caminó seguro, con paso lento por el laberinto, sintiendo el olor a rosas surgir entre tanta hierba fresca, era él... No había duda de que era él. Con sutileza se desplazó haciendo crujir las hojas secas en el suelo, pasando la palma de su mano albina entre los arbustos, hacía ruido, hacía frío. Y su presa no se encontraba lejos.... ¿Ganaría a Radamanthys? Eso estaba por verse, podría decirse que era probable, y más probable, que aquel muchacho lo prefiriera a él. Se le notaba en la mirada. - La noche está a mi favor.
Las sombras envolvieron a su albino hermano. Tan seguro, tan altanero. Labios que se estiran en una sonrisa. Ironía. Siendo juez y general, sabía que en la guerra y las conquistas todo se permite.
Pasos que lo llevaron al interior del laberinto. Muros de arbustos se levantaban a su alrededor, a sus pies, una pluma blanca del disfraz, de la rosa pretenciosa. -Antes, que mi dukke, te atrape, estarás gimiendo bajo mi cuerpo. - levanta la pluma. Perfume delicioso, que agudiza los sentidos. Flexión de rodillas. Impulso justo, para elevarse sobre la primera pared vegetal. En un camino sin salida, metros adelante, divisa a la presa. Minos está cerca. Cae, y vuelve a saltar. ¿Trampa? No, solo ventaja, de quien se sabe un buen estratega.
-Ya eres mío... Son, míos.
Próximo, estás tan próximo...