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Hechizo Hechizo (0.377 s)

Hechizo

FECHA El 19/03/11 a las 10:03:50 IP GUARDADA
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Online Kaori Subaru
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El 16/07/07 a las 10:07:13
Hechizo

Titulo: Hechizo

Autor: Kaori Subaru

Razón: Andaba de ociosa xD

Dedicatoria: A todas aquellas que gusten de la pareja, especialmente a las chicas de Toxic ^0^

Y muy especialmente a Mario, a Letito, a Yasu y a Cass *wwwww*

Espero que les guste, aunque sea chiquito, poquito ;w;

Personajes:

Principales: Aioros & Saga Secundarios: Ninguno Incidentales: Ninguno Pareja principal: Saga x Aioros

Tipo: Romance, Angst, AU

Clasificación: PG-13

Advertencias: AU

Estado: Finalizado

Última Actualización: Marzo 19 de 2011

Comentarios adicionales: Ninguno por el momento, sólo espero que lo disfruten, ahh! Y aguas! Que destila miel xDDDDDDDDDD

Resumen: El tiempo pasa incluso aunque parezca imposible, incluso a pesar de que cada movimiento de la manecilla del reloj duela como el latido de la sangre al palpitar detrás de un corazón ausente. El tiempo transcurre de forma desigual, con saltos extraños y treguas insoportables, pero pasa. Incluso para mí.



 
 

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FECHA El 19/03/11 a las 11:03:10 IP GUARDADA Enviar Privado Añadir Amigo · Enviar Privado Enviar Privado · Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
Online Kaori Subaru
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El 16/07/07 a las 10:07:13

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Sin duda a veces lo mejor es dejar ir a la persona que amas… 

Eso es lo que es mejor para él… No se estanca, cambia y se depura, aunque yo me quede en este lugar en donde él aún existe…

 

Sus brazos se enredaron en torno a él, ciñéndose lo más que podían en contra suya.

Intentando contener la furia. Los árticos irises  se endurecieron haciendo que el rictus de fiereza se acrecentara aún más. Sus ojos se enfriaron y el azul cálido se volvió hielo. Sostenía a Saga firmemente, cerrando las manos con fuerza, sin poder contener la intensidad de su agarre.

 

¿Había escuchado bien? ¿Era verdad?

-Si quieres puedes hacerlo, pero después de esto todo terminará…

¿Esas palabras tan frías de verdad brotaron de los labios de Saga?

 

No todavía, no podía terminar de esa manera. Le quemaba como ningún otro, le había devorado el alma y ahora ya no había lugar que no hubiese llenado.

Rugió con potencia, mordiendo el cuello del peliazul, que apretaba los labios con fuerza en un intento inútil por hacer que sus labios callasen los guturales sonidos que emergían de los aterciopelados pliegues de su garganta.

 

La última vez que esos feroces dientes lo atormentaban de esa manera, después de eso regalaría sus sentimientos al viento para que Aioros aceptase esa beca en el extranjero…

Aioros, que es tan resplandeciente como el sol, no podía quedarse atado a un mundo de sombras y desperdiciando su verdadero talento. No lo permitiría de ninguna manera y si para hacerlo, debía terminar de esa manera, lo haría sin dudar.

 

Le diré que ya no lo amo, así él podrá ser liberado de este hechizo…

 

Las manos de Aioros arrancaron con impaciencia la impecable playera de blanco algodón, dejando expuesta ante él la suave piel color canela. Contuvo la respiración.

Él allí, tan quieto e imperturbable, como la estatua forjada en mármol en honor a algún dios pagano del amor…

 

¿Ya no lo amaba?

Los labios carnosos arroparon los suyos con apremio, introduciendo salvajemente la voraz lengua, en un intento por desarmarlo, consiguiendo por fin el acceso codiciado. El dulce hálito lo llenó todo. Intensificó el contacto, gimiendo entrecortadamente en medio de la lucha intensa de lenguas enredándose y calmando toda ansia.

 

Pero antes de eso, quiero pertenecerle una vez más…

 

Se abrazó con fuerza al cuello del castaño, que parecía bramar con fuerza a causa de la excitación, la cual era absolutamente certera y sólo podía pertenecerle a una sola persona; A él; A Saga.

 

 

Los pantalones del peliazul fueron arrancados con urgencia y en un segundo estuvo desnudo y palpitante sobre la cama, enredándose con el lino y el algodón cuyos poros estaban infectados absolutamente con el aroma de él.

Aioros

 

Una vez más es suficiente…

 

Los pectorales del color de la canela relucieron con el brillo cegador del crepúsculo, que se colaba en todas direcciones a través del ventanal y le daba un brillo dorado a la ansiada dermis.

Sus ojos helados se derritieron mientras Saga le miraba y  la esmeralda se convirtió una vez más en líquido fundido que se derramaba en los suyos y lo quemaba con una intensidad sobrecogedora. Miró detenidamente a su ansiado amante.

 

Ese era Aioros su Aioros, aquel hombre apasionado y portentoso que sabía ser dulce y gentil al mismo tiempo. Luminoso como el astro rey que reinaba en su camino.

 

El castaño avanzó lentamente hasta el borde de la revuelta cama, inclinándose posteriormente sobre el cuerpo anhelado.

-Dime que no lo deseas—susurró contra el oído de Saga, apartando las hebras color añil, casi púrpura de su cincelado rostro, el cual ya lucía manchones difusos, apenas visibles de carmesí en las mejillas.

Este no respondió con palabras, los ojos conmovidos hablaban por sí mismo.

 

Aioros se inclinó sobre su cuerpo perfumado a vetiver y bergamota, reprimiendo un gemido que murió en su pecho antes de posar los entreabiertos labios en la clavícula del portentoso hombre que lo esperaba con los brazos abiertos, recorriéndola lentamente con la lengua, para finalizar mordiendo la piel al llegar al lustroso hombro.

 

Cuando la mano reposó en la ancha espalda, sintió un estremecimiento absoluto, que inhibió cualquier pensamiento que no fuese el de  pertenecerle una vez más. Luchaba contra sus instintos, sin embargo no podía ganarles, no quería ganarles de ninguna manera.

 

Los ásperos dedos se entrelazaron con los suyos, y los labios dejaron caer una vez más su cálido aliento que barrió inmediatamente con cada uno de los pensamientos de duda que aún flotaban en el aire. Tomó los labios entreabiertos, saboreando el dulce sabor que estos desprendían. El corazón palpitó en un profundo golpeteo, y la sangre que lo llenaba corrió con más fuerza, al mismo tiempo que las manos comenzaban una vez más el reconocimiento de su cuerpo.

Cada músculo poderoso se adaptó con precisión a cada curvatura del cuerpo del otro, como si fuesen dos piezas que habían sido fabricadas únicamente para aquella tarea.

 

Mesó sus cortos cabellos castaños con total desesperación, cuando él atrapó uno de los botones, que se erguían con fastuosa rapidez a causa de sus breves ataques, logrando el estremecimiento absoluto del peliazul.

Las largas hebras añiladas se pegoteaban al rostro debido al sudor, al mismo tiempo que el castaño recorría su espina dorsal con las manos, ciñendo con posesividad la cintura angosta y deliciosa que se le regalaba con imperiosa convicción.

Su cuerpo entero se convulsionó de placer al sentir la mano cerrándose en torno a su abotagada hombría. Contuvo la respiración, mientras se mordía los labios con fuerza hasta hacerlos sangrar. El aroma masculino llenó la habitación y el viscoso líquido se derramó copiosamente, pringando los dedos del griego semidiós.

 

Una sonrisa surcó los labios de Aioros, llevándose los manchados dedos a la boca, perforando a su amante con los ojos. Las desperdigadas hebras azuladas bailotearon de un lado al otro, llenado las sábanas que aún no tenían la oportunidad de extrañarlo.

 

Sólo un poco más y el hechizo se despedazaría…

 

Besó a Aioros como nunca antes lo había hecho, pues sabía que nunca más tendría la oportunidad de quemarse en su abrumador calor. Hundiendo la lengua dentro de su boca, enredando la de él contra la suya, gimiendo gustoso cuando al fin se vio profanado… no, después de esa noche ya no más.

Su piel dorada y quemante ya no lo arroparía del frío, ni lo calcinaría de pasión en noches como aquella, todo se acabaría con la culminación del acto, que de tan apasionado y animal, comenzaba a tener pinceladas de rito primitivo.

 

Cuando al fin se sintió lleno de él, su vista se nubló completamente a causa de las silenciosas lágrimas que eran derramadas. Un vacío en su pecho, como si le hubieran arrancado algo de tajo y hubiesen dejado en su lugar un profundo agujero imposible de sanar con nada, abriéndose y expandiéndose a cada instante que pasaba en sus brazos.

Se sentía mareado y le costaba concentrarse, a pesar de la apabullante oleada de placer que estremecía su cuerpo. Procuró acompasar la respiración, ya que si no lo hacía, se aferraría a él, y sabía de sobra que sus planes se resquebrajarían sin oportunidad de volver a formarse.

 

El jadeo sofocado fue silenciado por el pecho griego, en donde se había refugiado, aspiraba febrilmente el adictivo aroma, combinándose la masculino esencia de su sudor, con la fresca nota de corazón de su perfume.

¡Cómo extrañaría aquello!

 

Las respiraciones frenéticas calmaron un poco su estrepitoso ritmo, poco a poco, hundiéndose en un silencio mortuorio al que ninguno de los dos deseaba entrar.

Saga sabía de sobra que debía ser él.

 

-Es todo entonces. Se terminó—la sonrisa que le devolvió fue cínica, desconocida.

El castaño se precipitó hacía él vertiginosamente.

 

-¡¿Sigues con eso?! ¡Ya te lo dije, no te dejaré ir!

 

-No es realmente amor… No es verdadero amor ¿Crees que sólo por capricho puedes retener a una persona?

 

Salió de la habitación, así como de su vida, alejándose, más y más. Continuó caminando sin pensar en nada. No podía hacer nada más, debía alejarse, porque si no lo hacía todo habría acabado.

 

El amor, la vida, su sentido, todo se había quedado allí en esa habitación.

 

 

 

-»¦«- ==============================  -»¦«-

 

 

 

Despertar…

 

El tiempo pasa incluso aunque parezca imposible, incluso a pesar de que cada movimiento de la manecilla del reloj duela como el latido de la sangre al palpitar detrás de un corazón ausente. El tiempo transcurre de forma desigual, con saltos extraños y treguas insoportables, pero pasa. Incluso para mí.

 

-¿Te enteraste?

-¿De qué?—preguntó ella acomodándose los rizos color caramelo sobre sus perfectos hombros envueltos en el delicado abrigo color chocolate.

-Aioros Kirgyakos  la está pasando fatal allá en Inglaterra, dicen que le quitarán la beca porque su desempeño ha sido extremadamente pobre.

-Es una lástima, con lo bien que pintaba. Todos apuntaban a que sería el próximo genio viviente—respondió la chica de los bucles castaños antes de darle un sorbito a la humeante taza de café.

-Si, verdaderamente. Los rumores dicen que desde un principio se le vio ausente, sumido en un letargo mortecino del que nunca despertó. Todo parece indicar que la inestabilidad emocional lo derrumbó, seguro no pudo con la presión.

 

Un sobresalto volcó el ausente espacio donde había de hallarse su corazón.

 

Dejó caer la tacita blanca, derramando su contenido sobre la mesa de la cafetería de la universidad, manchando también sus ropas a causa de la temible impresión.

Su corazón pareció detenerse por una fracción de segundo. Su rostro palideció, mientras las pulsaciones luchaban por regularizar su ritmo en vano.

 

¿Por qué?

¿Acaso no sabían que el mundo había dejado de tener significado para él el día en el que Aioros  se fue?

¿Fue en vano?

 

Todas esas lágrimas y el vacío en su estómago que se retorcía y se expandía con dolorosa agonía cada vez más y más ¿Fue por nada?

No pudo evitar el fluir de las lágrimas. Sólo se dio cuenta de que estaba lleno de ellas cuando la salada humedad llegó hasta sus labios.

 

¿Y el hechizo que había lanzado con sus últimas fuerzas? ¿Se había evaporado?

 

Se levantó estrepitosamente de la silla, enredándose con sus piernas largas y trastabillando un poco, componiéndose casi milagrosamente antes de extraer la cartera del bolsillo interno de su chaqueta de gamuza color miel.

 

Desperdigó unos cuantos billetes sobre la mesa, mientras cerraba la prenda para cubrir la escandalosa mancha de café que presumía el blanco suéter de punto.

 

El golpe helado del viento refrescó ligeramente el ardiente fervor de su piel acanelada, ahora mucho más pálida que en antaño. El gélido beso de la intemperie puso su cerebro sutilmente en su lugar, sin embargo el estrepitoso latido no cesaba a pesar del frío. Se sentía ardiendo. Ardiendo como si fuera a calcinarse en cualquier instante.

 

Sin saber por qué, las piernas desoyeron el pedido del cerebro y por instinto echaron a correr. Correr, correr con todas sus fuerzas, exhalando el calor quemante que cada vez le envolvía más, como una nube de fuego de la que no podía deshacerse por más que corriera.

 

Cierto… el instinto era poderoso, tanto.

 

Aioros giró lentamente los ojos, hasta chocar con los ojos de Saga, que aún continuaban derramando claras lágrimas.

La bufanda negra enredada en su cuello y las manos enclavadas dentro de los bolsillos de la chaqueta. Sentado en aquella, la que solía ser su banca. Donde primero lo besó.

 

-¿Por qué?—sus labios temblaron mientras se acercaban. Los ojos griegos no eran del cristal líquido y cálido, sino de una piedra dura y fría en color azul muy obscuro.

 

Saga se precipitó hasta él.

Aún las lágrimas brotaban, aún las manos temblaban.

 

-¡¿Por qué?! ¡¿Dime por qué haces esto?! ¡Inventa una excusa, y abruma al mundo con tu talento! ¡Y...—en  ese instante se resquebrajó completamente, sujetó firmemente  la tela de la bufanda que envolvía la garganta del castaño que permanecía quieto, como si fuese una estatua, una sublime y perfecta estatua.

-No valía la pena existir en un mundo en donde no estabas tú—Aioros susurró entrecerrando los ojos, agachando la mirada, evitando a cualquier costa el escrutinio de los ojos de aquello a lo que se aferraba tan intensamente.

 

El peliazul se abrazó a él con fuerza, sintiendo como el corazón se descongestionaba y la sangre volvía a fluir vertiginosamente, como si un catalizador la hubiese hecho ir con más rapidez de lo que lo había hecho los últimos  meses.

 

-Tenía que hacerlo o de lo contrario…

 

»-No me interesa la beca en Inglaterra, mi lugar es aquel en el que tú estás…

 

-Sabía que harías algo como esto, por eso tenía que terminar contigo. Mentí y lo siento mucho porque te lastimé, y lo siento también porque fue un sacrificio que no valió la pena. Lamento que a pesar de todo no pudieras convertirte en un afamado pintor.

 

Hundió el rostro en el hombro de Aioros. El aroma inconfundible de su perfume llenó sus fosas nasales. Lo tenía nuevamente y no era uno de esos sueños en los que él se desvanecía en una nube de humo.

 

El griego de los rizos castaños era incapaz de articular las palabras que se formaban en su cerebro, se agazapaban en grupos numerosos, y eran tantas que se estrellaban las unas contra las otras y les era imposible encontrar escape alguno. Tan solo podía hacer eso que añoró durante las extenuantes y frías noches de soledad. Abrazarle con todas sus fuerzas y llenar sus manos de él.

 

-La noche en la que me despedí de ti… cuando giré el rostro para verte por última vez, vi en tus ojos que verdaderamente habías creído en mis mentiras ¡como si hubiera una manera en la que yo pudiera existir sin necesitarte!—sollozó contra su pecho, enredándose con la negra bufanda, sintiendo el recorrer de aquellas manos ardientes que tanto necesitaba.

 

El hechizo que hice con mis últimas fuerzas no dio resultado… y así se rompió, como una frágil burbuja, a la que olvidé blindar para proteger su débil interior del aplastante exterior…

 

 

 

-»¦«- ==============================  -»¦«-

 

 

Observó detenidamente la respiración tranquila de Aioros, a pesar de que su exhausto cuerpo, satisfecha la pasión, le pedía un receso. Inclusive contuvo la necesidad de parpadear. Necesitaba aprenderse nuevamente el rostro amado y convencerse de que era verdad, que estaba allí y que no se desvanecería.

 

La sonrisa que podía eclipsar al sol desapareció en el momento en el que nosotros nos separamos. Mentí al creer que él estaría mejor sin mí, sin importarme las consecuencias lo alejé de mi lado, inclusive sé que fue egoísta de mi parte… ese egoísmo fue impulsado por la parte oscura de mi corazón…

 

-Sin embargo, si tú estás aquí, si tú me amas, creo que es suficiente para aferrarme y no dejarte ir nunca más.

 

Se acurrucó lentamente en el espacio que los aplastantes brazos del castaño le dejaban, cerrándose con fuerza e inconcientemente alrededor de él. Podía sentir el tibio aliento de él chocando contra su piel.

 

Sonrió levemente.

 

Tú eres todo lo que necesito para existir.

 

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FECHA El 19/03/11 a las 04:03:47 IP GUARDADA Enviar Privado Añadir Amigo · Enviar Privado Enviar Privado · Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
Online Yasu_Altea
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El 22/01/11 a las 04:01:32

Uhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh

* la que en cuanto vio que era un fic paso y pico XDDDD imaginando que era de esa pareja*.

WWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA

Kaori!!; que sentido!!. Me gusta mucho los conflictos de tu Saga XDDD O.o usualmente el mio es mas "ligth" XDDD jajajajajajajaja; y debo de considerar que me has regalado una idea para un fic tambien, por ahí entre algunos pensamientos que Saga le dedica a Aioros. Me gusta ^^ ta genial, sobre todo que Aioros se lo creyera wajajaajajjajaja.



FECHA El 22/03/11 a las 07:03:23 IP GUARDADA Enviar Privado Añadir Amigo · Enviar Privado Enviar Privado · Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
Online Kaori Subaru
Caballero de Oro



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El 16/07/07 a las 10:07:13

Yasu

xDDDD

Eres una especie de… hechicera? xDDDDD

Dime los números del melate *wwwwwwwwww*

*saca su libretita de anotaciones importantes y se le queda viendo a Yasu con ojos de cachorro a medio morir *w*

xDDDDDDDDDDDDDDDDD

Aich no! xD

Casi se corta las venas con galletas de animalitos xD

En realidad creo que fue muy egoísta por no luchar lo suficientemente fuerte por aquello que amaba y simplemente lo dejó ir, tan tonto él T^T

 

Awwww!!! Una idea para un fic? En serio? A mí me gusta mucho, mucho como escribes, así es que te voy a acosar, quizás no por msn, pero si por face o por acá xDDDDDD

Si, se la creyó, Aioros es una ternurita T0T

xDDDDD

Gracias por leer :D

Besos



 
 
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