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La Clave Para Enamorarte [CAPÍTULO 7] La Clave Para Enamorarte [CAPÍTULO 7] (0.387 s)

La Clave Para Enamorarte [CAPÍTULO 7]

FECHA El 20/02/11 a las 12:02:39 IP GUARDADA
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El 19/02/11 a las 09:02:31
La Clave Para Enamorarte [CAPÍTULO 7]

Titulo: La Clave Para Enamorarte

Autor:AzocarDeEscorpio

Traductor:Nadie ¬¬

Beta:De momento, nadie (Las correcciones son bienvenidas)

Personajes.

Principales:  Aioria y Shaka

Secundarios: Aldebarán, Mu, Shura, Ikki, Seiya, Aioros, Shun y El Gran Arles         

Incidentales: Saori Kido

Originales: La Vendedora de Frutas del Quiosco, El Mesonero del Restaurante, La Recepcionista del Hotel

Pareja principal:Aioria y Shaka pues!

Parejas secundarias:Aioros  yJulián, Ikki y Seiya, Saori y Arles (vale un poco de heterosexualidad ¿no?), Mu y Shura

Tipo: Romance Con Chispas de Comedia

Clasificación: No sé de esto. Alguien me ayuda con este punto -,-?

Advertencias:

Estado: 7 de 12 Capítulos Publicados

Ultima Actualización: 13 de marzo de 2011

 

Comentarios adicionales: Basada en la canción "La Clave Para Conquistarte" de Axel, pensé en Shaka y Aioria cuando la escuché, bella la rola...

Perdón por no haber actualizado el 21 de febrero, pero pasó de todo. Tenía que subir el 4, pero lo subí 2 veces!!!!

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Y por eso ahora tengo que subir a juro hoy el 5!!! Se me va a explotar el cerebro
<< IMAGEN >> Registrese en el foro o acceda para poder ver la imagen
Listo! Y mi cerebro sigue completito!

Listo! 6 y 7 Subidos! Perdón la tardanza, pero es que me alejé por una semana un poco de todo, tuve vacaiones por los carnavales, y por ello no estuve tan presente en SSY, pero ahora sí, vine repotenciado, dos capitulos en un día!!

Resumen: De cómo nació  el gran amor shakaioriano (según yo), y como se preparó la primera cita de Aioria y Shaka, y las peripecias de todo un mundo de %$&$s y @#@$%s que va a querer arruinarla, ¿Vencerá el amor? O no...


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RESPUESTAS AL MENSAJE - Respuesta/-s
FECHA El 20/02/11 a las 04:02:55 IP GUARDADA Enviar Privado Añadir Amigo · Enviar Privado Enviar Privado · Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
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El 19/02/11 a las 09:02:31

Capítulo I: Tú Sabes Bien Que No Lo Imaginé

Finalmente había terminado. Una dura jornada de entrenamiento y ejercitamiento físico recién culminaba para Aioria. Últimamente estaba haciendo sus rutinas más devastadoras que nunca; por más fuertes que sean, 2 horas de trote, 1 de lagartijas, 2 de flexiones y 3 de ejercicios aeróbicos matan hasta a los caballeros dorados. Ahí estaba, bañado en sudor y con el cuerpo lleno de leves magulladuras producto del fuerte desafío que representaba la vida del bronceado caballero de la 5ta casa del Santuario. Cansado, se dirigió a su ducha y se fue a lavar. Se pone una liviana pijama y, de una vez, se lanza rendido a su cama.

La noche se hace larga y tediosa. Pasa 1 minuto, otro más, otro más, y se hacen de golpe una hora. Todavía Aioria no podía conciliar el sueño. No podía dejar de pensar en tantos fantasmas del pasado que lo agobiaban: tantos recuerdos que habían marcado su ya desgraciada vida con la tragedia familiar de un "traidor" dentro del Santuario, se hacían más y más pesados dentro de su espíritu, y no le permitían dormir. Tantos nombres de tantas personas que habían acariciado sus pechos, tantas manos pasearon por su cuerpo apasionado, y tantas veces había hecho juramentos de amor eterno que fueron rotos como simples promesas.  Tantos nombres se le venían a la mente en ese momento. Mu , Shura, Afrodita, e inclusive, Shak... ¡Maldición! De nuevo su mente lo había engañado. Es que se hace tan grande, fervoroso y ardiente ese sueño, que en ocasiones se escapaba del ámbito de la fantasía y se hacía, aunque fuera por unos segundos, parte de algo tangible, algo que a lo mejor pudiere pasar en verdad, pero no, no era así. Solamente había sido un desliz producto de su gran estupidez. Es entonces que las lágrimas no se hacen esperar, y resbala una por sus bronceadas mejillas. Salada y brillante como el mar, esa gota de agua salada encapsulaba una gran tristeza y frustación, ya oriunda de muchas noches de vacío, confusiones y lamentos.

Aioria muchas veces había soñado con que Shaka fuera suyo, con que fuera su novio, con tenerlo en las noches de frío como esta entre sus fornidos y musculosos brazos, acariciar esas finas hebras doradas, casi opacantes del brillo de su armadura de Virgo, esos delicados hilos del más puro y precioso oro que eran sus largos, lisos y hermosos cabellos. Asimismo, anhelaba poder mirar esos ojazos azules que desde hacía rato lo traían loco, esos dos lagos cristalinos que se hacían profundos e infinitos como el silencio que los separó en aquel primer encuentro, cuando por fin Aioria había logrado ganarse la armadura dorada de Leo, llegó ese día a su casa y la exploró toda. Ya al final, se asomó a la fachada de su casa vecina y ahí fue que lo vio. Encontró ese ángel que se hacía hombre frente a él. Un celestial par de diamantes, posados en un delicado y tierno rostro, casi como el de una mujer, enmarcados en unas bellas pestañas, que hacían juego con un largo, largo bosque de pelo amarillo que salía desde su cabeza, a modo de aureola. Sí, cayó a primera vista cuando lo vio.

Quizás si Shaka nunca hubiera dado pie a falsas ilusiones, el bronceado hombre no estuviera sufriendo en aquel momento. Porque sucedió que, en aquella oportunidad, en aquel mismo día en que Aioria conoció al querubín que lo llevaría a la gloria con su gran amor, ternura y cariño (en cada sueño de las noches que de ahí en adelante serían la vida del caballero de Leo), cruzaron sus miradas ambos, y entonces sintieron algo. Algo indescriptible, incomparable a nada que alguna vez uno de los dos hubiera conocido en este mundo. Esa curiosa sensación de tener el estómago lleno de mariposas cuando se ve a alguien que a uno le gusta. Ese dolor que se siente cuando los cachetes se llenan de sangre, hasta ponerse rojos como un tomate de tanto deseo de ser besados por los labios del causante del enamoramiento contenido en ellos. Esa estupidificación que sucede solamente una vez en la vida, que nos impide razonar de manera correcta, y solamente nos da lugar al embobamiento. Era oficial de todos los modos y perspectivas que se le viera, Aioria y Shaka habían conocido el amor por primera vez. Pero era muy pronto, así que no supieron como llevar los sentimientos ni la situación.

Inmediatamente apartaron sus campos visuales el uno del otro. En parte, Shaka sintió pena por Aioria, que rápidamente se tornó entristecido cuando su mirada se fue hacia los suelos y sus hombros se encogieron, y decidió hacer algo, pero no podía ser algo demasiado femenino, pues no era ningún okama, ni demasiado rudo, porque no sería lo pretendido, tenía además de cuidar que fuera lo suficientemente sutil como para no generar una gran molestia en caso de no ser correspondido, pero debía tener la cantidad exacta de explícitez como para permitir a cualquiera que estuviere interesado en escuchar la frase "me gustas" si bien no oírla, asumirla como supuesta, darla como propia para la situación. Rápidamente, Shaka quiso llamar la atención de Aioria, pero no quería ser descortés, además, no podía llamarlo por su nombre, pues no sabía ni cómo se llamaba tan precioso joven. Todo lo que hizo fue derrumbar una columna de su casa, y generar un estrépito tan fuerte que hizo a Aioria mirar hacia arriba, y en ese momento, Shaka sonrió. No como se sonríe para una foto, ni como se le sonríe a esa persona que te encuentras en la calle pero que no recuerdas su nombre o te molesta tanto que no quieres ni saludarla. Shaka dio una auténtica sonrisa, con sus labios curvados de una forma tan bonita que incitaba a besarlos, y dejando entrever su blanca y bonita dentadura, complementando todo con sus bellos ojos color cielo que miraron directamente a Aioria, sin apuntarlo como lanzas. Aioria inmediatamente le sonrió. Así permanecieron unos cuantos segundos. No se movieron sus miradas ni se inmutaron sus sonrisas, solamente se quedaron viendo, hasta sentirse tan estúpidos ambos que tuvieron que continuar. Y así había sido aquel primer encuentro, que también fue el único, sin más palabras que las emitidas por el silencio, que había unido en aquellos momentos sus dos corazones. Shaka se hizo novio muy rápido de Mu, el  de Aries. ¿Qué fue, entonces lo que pasó entre ellos? Aioria se esperanzó con que entre los dos pudiere haber algo más que amistad, y hasta ese día,lo creía. Aunque también pudo haber sido un simple gesto de buena educación, y por sus mismos deseos, Aiora se lo pudo haber imaginado...

-No, no... Shaka, tú sabes bien que no lo imaginé -pensó Aioria, mientras, con aún mayor frustración, clavaba sus uñas en la almohada que ahogaba su llanto.


FECHA El 21/02/11 a las 07:02:59 IP GUARDADA Enviar Privado Añadir Amigo · Enviar Privado Enviar Privado · Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
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El 19/02/11 a las 09:02:31

Capítulo II: Algo Especial Entre Tú Y Yo

Amanecía, y el sol dejaba pasar sus tibios rayos por entre las cortinas de la casa del rey de la selva. Ahí se encontraba, aún abrazado a su almohada como si esta lo hubiera podido salvar del naufragio de llanto por el que pasó la noche anterior. Estaba destrozado: sus ojos se encontraban hinchados y llenos de ojeras, aún las sábanas estaban mojadas por tantas lágrimas que había derramado en su encuentro con la soledad. Sus labios estaban partidos de tanto que se los había mordido en la noche. La madera de su cama, toda arañada, delataba la gran ira que Aioria había tenido que desquitar en su colchón durante tantas horas: horas de anhelos insaciables, de desgracias cotidianas, de desgarros habituales, y de mucha, mucha, mucha nostalgia. No provocaba ni siquiera levantarse de la cama ese día, pero de pronto, sonó una voz que despertó al felino caballero:

-Aioria, Aioria ¿Estás ahí?

-No hay nadie- respondió aún con la voz empañada de grisácea tristeza

-Oh vamos, sal. ¿Que tienes?

-Nada que te importe

-Sabes que te puedo ayudar, soy tu amigo y puedes contar conmigo

-Está bien, ya voy Shura.

Era el caballero de la décima casa del santuario, que quería ver a su ardiente amante cuate de toda la vida una vez más. La verdad era que el moreno de encantadores ojos verdes no quería ver a nadie ese día, pero no le podía decir que no a la persona con la que tantas veladas de pasión compartió, es por ello que decidió salir, sin mayor molestia en arreglar su vestimenta (para lo que le importaba). Si fuera Shaka, a lo mejor se hubiera lavado la cara y puesto su armadura, pero como era solamente Shura, no tuvo mayores molestias en cuidar su aspecto personal.

-Te ves muy apuesto recién levantado. ¿Para que te bañas antes de salir?-dijo el español, con dobles intenciones y mirada lasciva.

-Para no andar hediondo a desodorante de Aldebarán por la calle- dijo Aioria divertido, mientras sacudía los cabellos de Shura como si fueran los de un niño chiquito, sin darse cuenta de la malicia de Shura. Esto, la verdad le molestó en gran medida al macho cabrío, que no quería que lo vieran como a un chiquillo, sino como a un hombre.

-Y sigues con lo del mal olor de las axilas de Aldebarán, Mu nunca debió de regar ese chisme por las 12 casas para vengarse de su ex, que tan cínicamente lo traicionó con Saori aquella muchacha totalmente desconocida para nosotros, Jejejeje- acotó Shura, tratando de sustraerle tensión a la conversación, lo cual dado la fuerte expresión en el rostro de Aioria no dio resultados muy satisfactorios.

-La verdad es que te veo mal, no has querido volver a tus andanzas, y hoy definitivamente veo que algo malo estás pasando. Cuéntame amigo, ¿Qué es?-dijo Shura, metido como una gaveta y salido como un balcón

-No, realmente no quiero hablar de eso- comentó Aioria mientras perdía su mirada en el suelo

-Oh vamos, confía en mí, ¿o es que no me tienes confianza?

-No, no es eso Shura, es que hay cosas que ni los mejores amigos se pueden contar, porque son propias de las personas, y nadie más tiene derecho a saber de ellas- dijo el morenazo, algo reservado mientras llevaba sus dedos a su frente y gesticulaba una negación.

-Anda dímelo, por favor, dilo...-acotó Shura dulcemente

-Está bien, supongo que puedo confiar en tí, ¿no es cierto?- dijo Aioria, mientras cerraba todas las ventanas de la casa para contarle el gran secreto al rumiante, que sorprendido veía como recorría el cabellos ocres todas sus cortinas y las entrejuntaba de forma hermética, como si definitivamente no quisiera ni que una mosca fuera testigo de lo que le iba a confiar.

-¡Por supuesto!- respondió prontamente Shura, quien estaba expectante de la emoción de saber lo que le iba a contar el dueño de la casa en la que se encontraban.

-Bien- suspiró Aioria mientras tomaba asiento en un cómodo sofá de color marrón a juego con su pelo- La verdad es que desde hace rato estoy sintiendo cosas muy extrañas por Shaka, de hecho, desde el primer día que nos conocimos siento lo que estoy sintiendo por él. Es algo mayúsculo, no hallo como describírtelo, no se compara a nada que haya experimentado anteriormente, creo que estoy enamoradísimo de ese chico.

Shura quedó loco. Inmediatamente soltó su taza de café en la mesa, la cual detuvo su caída y no permitió que se derramara el líquido marrón. Pero Shura si había sufrido un derrame, de sentimientos. Sentía como era desplazado en el corazón del león por la virgen (aunque Shura nunca estuvo dentro de Aioria, al menos no en sentido figurado precisamente...) Y no pudo evitar tener una reacción histérica ante el pobre caballero de Leo.

-¿Tú eres idiota o qué ? ¿No ves que ese prostituto ha andado con Mu desde siempre? Te está haciendo sufrir, y nunca, escúchame bien Aioria, nunca se fijará en tí, ¡porque es un insensible, un frío y un estúpido!- gritó el caballero de Capricornio, con sus pupilas extrañamente brillantes (las únicas pupilas de la serie que no tenían gran detalle en la luz reflejada en ellos, a lo mejor porque la imperante oscuridad del alma de Shura destruía toda la luz, y solo podía devolver negrura al exterior)

Aioria rompió en llanto. Sus hermosas por de más esmeraldas se estaban llenando nuevamente de esas aguas saladas que componían el mar de la infelicidad, pero cayendo a torrentes. En parte, lo que Shura le estaba diciendo era verdad. Shaka no cambiaría a su carnero por nada ni por nadie. ¡A poco y se iban a separar solamente para que Aioria fuera feliz junto al caballero de la doncella! Realmente dolía, pero era la verdad, y duélale a quién le duela, la verdad lastima, pero nunca ofende. Shura inmediatamente se dio cuenta de que se había llevado por sus emociones (demasiado intensas hace unos segundos como para un razonamiento coherente con respecto a sus actos) y decidió acercarse con cierta prudencia a Leo, y posó una mano en su hombro, con mucho cariño. Un gesto lleno de compañerismo y ternura, que hizo que el bronceado caballero levantara la frente nuevamente, para posarse en los ojos de Shura, ya no destellantes de ira, sino apaciguados y fríos como siempre.

-Cálmate amigo, era solamente un impulso. Todo lo que te quiero decir, con las agrias palabras que te dije hace unos momentos y, destaco, nunca debía haberte dirigido, es que Shaka está encerrado en sus ideologías y búsquedas espirituales, es decir, congenia mucho más con alguien pacífico y tranquilo como lo es Mu, que con una persona como tú, Aioria. La pasividad a veces es complementada con la actividad, pero en la mayoría de los casos, la pasividad es un lastre para la actividad, y por ello la pasividad casi siempre, al menos en términos de pareja, se complementa con mucha más pasividad. ¿Entiendes lo que te digo?-decía Shura, sobando la espalda de Aioria como si el pobre se hubiera caído desde una gran altura.

-Sí, Shura, gracias.-Aioria abrazó a Shura con un solo brazo por la espalda, como buenos camaradas, pero con algo de cariño suave y tierno, sin esas palmadas que caracterizan el machismo de los camaradas. Era tan increíble contar con una amistad sincera, que estuviera con uno en las buenas yu las malas sin importar las circunstancias en que ninguno de los dos se encontrara, solamente tomando en cuenta el hermoso nexo amistoso que une a las dos personas , y que constantemente incita a realizar grandes demostraciones de solidaridad y  también a hacer uno que otro sacrificio, para ayudar a tus compañeros. Eso es lo que se llama, propia y verdaderamente, Amistad. Y que hermosa amistad era la del caballero del macho cabrío para Leo. Realmente, Aioria estaba poniendo en ese brazo que sostenía el cuerpo de Shura, una gran cantidad de afecto, casi como si fuera Shaka, pero nunca podría abrazarlo como si fuera Shaka. Si ese fuera el caso, pondría fuertemente los dos brazos alrededor del cuello de Shaka, y posaría su nariz en sus cabellos del color del Sol, y los olería, aspirando su suave aroma de lotos y dejaría que él también lo abrazara por sus bien formados deltoides. Se acariciarían un buen rato, como el viento mima a las olas del mar, así mismo Aioria mimaría las anchas espaldas del rubio, y se sostendrían el uno al otro, como dos pilares. Sí, era hermosa la amistad de Shura, pero el nunca podría reemplazar el  lugar del corazón que Aioria únicamente reservaba para el caballero de la sexta casa del santuario.

-Ya, Aioria, desahogate, yo te ayudaré a olvidar...- consolaba Shura al felino, mientras pasaba sus manos por los hombros de Aioria, como el gran camarada que era del leoncillo. Pero Aioria no estaba decidido al olvido.

Eso quedó definitivamente en evidencia, cuando pasó lo que pasó esa mañana en aquella sala, lo que nunca debió ni siquiera haber pensado Shura. Esa infamia, esa suciedad, esa cochinada, esa, esa... esa maldita y desgraciada lisura que se atrevió a cometer el caballero de Capricornio. Había metido la mano por los pantalones de la pijama de Aioria, y empezaba a masajear por fuera el miembro del viril caballero...

-¡Maldita prostituta!-gritó Aioria, de nuevo con llanto descendiendo de sus esmeraldas, pero esta vez de rabia. En ese mismo momento, lanzó su popular golpe de relámpago y lanzó a Shura por una ventana de su casa.

-¡Y no te atrevas a volver, ramera! ¿oíste?-vociferó Aioria desde la ventana por la cual lo expulsó, y rápidamente la cerró, pero esta vez con las puertas de la ventana. Se lanzó a llorar al piso. ¿Es que en este maldito y desgraciado mundo no había nadie que hiciera nada por ninguna persona como gesto de pura y gran amistad? ¿Todo en este mundo se realiza por intereses carnales? ¿Que hay de la gran amistad de hace rato? ¿Todo había sido una buena y premeditada imporvisación de consuelo para llevarse a Aioria a la cama? En realidad, Shura se había acostado con Aioria, es verdad, pero todo eso ahora era parte del pasado, e inclusive ambos se atrevieron a realizar un macto de mutua no-provocación, por cuanto crecieron y se dieron cuenta de que este tipo de relaciones es sucia, cochina y solamente es merecedora del más grande cuarto del infierno. Era algo que no iba a repetirse más nunca en la vida, porque no era lo correcto. Y ya realmente Aioria veía a Shura como si nunca hubiera pasado nada de ese tipo realmente entre ellos. Pero él quiso revivirlo. Fue tan cruel, que todo lo que podía hacer Aioria era llorar nuevamente, y lamentarse con un cojín como único oyente...

De repente, bueno, después de 2 horas de inconsolable llloriqueo, se dio cuenta de que no podía seguir viviendo así, el mundo estaba lleno de hombres y mujeres atractiv@s, y solamente tenía que buscar a un clavo para sacar al otro clavo que en esos momentos desangraba su corazón. Shaka no era la única persona en el mundo, era joven y ahora es que le quedaba vida a Aioria. Entonces se lavó el rostro, se puso su ropa, unos jeans desgastados y una camisa manga corta que realmente destacaba sus ya gruesos músculos, y se dispuso a salir a un centro comercial de las cercanías del pueblo (bueno, ni tan pueblo ya en esos tiempos, después de la meurte en el Muro de los Lamentos pasaron muchas cosas, como la globalización, hasta que Saori los resucitó con su poder que al fín aprendió a usar).

-¡Shaka, te olvidaré así sea lo último que haga!

Pero existen ocasiones en las que el destino es necio, y se niega a cambiar lo que ya escribió. Esta era una de esas, porque para desgracia de Aioria, no iba a poder cumplir con su enunciado. La vida se empeñaba en juntarlos: en ese mismo momento, estaban en el centro comercial al que se dirigía Aioria, los caballeros más delicados de rostro de todo el santuario (Mu y Shaka) buscando ropa nueva en una casa de modas que abrió Afrodita (luego de ser despedido del santuario por el incidente con los caballeros de bronce, tuvo que abrir un negocio propio para rebuscarse el dinero, y lo idóneo para él era el mundo del glamour de la ropa de moda (sin comentarios)). Mu andaba dentro de los vestidores, y Shaka andaba cuidándole la ropa afuera. El rubio decidió revisar, por azares del mismo destino, el bolsillo del pantalón del caballero de Aries, y encontró un papel que cambiaría todo. Estaba escrito en él el número de teléfono de Aldebarán.

¿No que ese número ya estaba borrado de la agenda de Mu? ¿En qué le podría interesar al hombre de los caballeros lilas tener un número telefónico de alguien que ya era oficialmente pasado? A menos que no fuera del todo un pasado... Solamente había una salida, pero la mente de Shaka no quería hallarla, empezó a explorar todas las alternativas posibles: necesitaba el número para algo importante, puramente del trabajo: no, no era necesario, cualquier cosa se hablaban por la ventana... Podía ser el pantalón de alguien más, pero tampoco, era el característico pantalón verde oliva que usaba debajo de su armadura, y ese color no era frecuente. ¿Y si el papel era de Afrodita? No, tampoco, Afrodita anda metido en un invento ya con Arles, Seiya e Ikki, no iba a lanzarse ahora encima al caballero de Tauro ¿o sí?, ¡No! no se podían dar más vueltas al asunto: Mu lo estaba engañando. Los cristales color celeste de Shaka se empaparon y, brillantes, gritaron al vestidor de Mu:

-¿Con que éstas te traías, no es así Mu?

-¿A qué te refieres, amor?

-¡Explícame por que tienes un número de Aldebarán en tu bolsillo!

-¿No lo había sacado anoche cuando lavé el pantalón? No Shaka, es un malentendido, un accidente...

-¡Ningún accidente, el único accidente en tu vida, fui yo!

-Mira mi catire, no lo veas así...

-¡Sí, sé feliz con tu toro, yo me largo!

En ese momento, Shaka lanzó el cesto de la ropa de Mu y salió corriendo a la calle, con sus lágrimas recorriendo su piel tersa y blanca como un lienzo, a la vista de todo el mundo. Mu, desesperado, salió a perseguir a Shaka desnudo de los vestidores, y de la tienda de Shaka, Afrodita, a todas estas se queda viendo en la puerta de su local, saca su Blackberry, se conecta al Twitter y atina a decir:

-¡Esperen a  que los caballeros de bronce sepan este chisme, me van a amar!

Shaka se da cuenta de que es perseguido de forma frenética por Mu, y acelera la velocidad de sus pasos, y empieza la frenética carrera de Mu por alcanzar a Shaka, y la frenética carrera de Shaka por escapar de toda la pesadilla que estaba viviendo. ¿Cómo era posible que tanto tiempo de noviazgo pudiera derrumbarse por una nota en un pantalón? Pero la evidencia era clara, y la situación mucho más, no había escapatoria para los pensamientos del rubio: Mu y Aldebarán nunca se habían olvidado. Todo esto lo distraía mientras volteaba a cada arato mientras corría a ver qué tan lejos iba Mu. Hasta que chocó con un matamoscas eléctrico y se hizo una permanente que ni Kiely Williams en sus años mozos, pero siguió corriendo de Mu apenas se recuperó de la descarga. En eso, la vendedora de frutas del local C-7 los ve: un muchacho de cabellos rubios erizados como en los años 70, siendo perseguido por un chico desnudo por todo el centro comercial gritándole su amor, y se indigna, diciendo:

-¡Ay mijo, estos homosesuales y sus inventos que cada día me ponen pior!

Entonces llama a la policía. Mientras, ya Shaka casi alcanzaba la salida del centro comercial, pero Mu salta, y está a punto de agarrar una de sus piernas, cuando...

¡Zas!

Resultado: Mu es hecho preso por nudismo y perturbación de la paz, además de atentar contra la moral y las buenas costumbres. Shaka pudo escapar del hombre, pero no del sentimiento. No aguantaba más. Se sentó y empezó a expulsar sus penas, en forma del más amargo llanto. Si dicen que las lágrimas son la sangre del alma, el alma de Shaka requería una transfusión urgente en esos momentos. No tenía a nadie, era un chico muy solo, y ahora, Mu le hacía esa barbaridad, no, no era justo. Eso era todo lo que atinaba Shaka a decir mientras lloraba. Nadie en el mundo lo podría sustituir: Mu era especial, o quizás, no tanto. Algo extraño estaba pasando en la mente de Shaka, la traición de Mu estaba desencadenando sentimientos muy extraños dentro del caballero de Virgo, y no solamente las fuertes confusiones que agobiaban en ese momento su mente. Los recuerdos empezaron a venir a su iluminado pensamiento, todos ellos luchando entre sí como la espuma del océano lucha en una tormenta marina de la noche más oscura en altamar. De golpe, lo recordó. Tuvo de nuevo ese sueño que había querido enterrar desde hace mucho tiempo, esa idea que no abandonaba su cerebro, esa divina aspiración que se negaba a salir de su cabeza, el fuerte propósito que nunca lo dejó ser 100 por ciento feliz al lado del lemuriano. Shaka no pudo evitar pensar de golpe en una mirada color limón que lo enamoró desde el primer momento que la vio, en un bien formado y musculoso cuerpo que lo enamoró desde el primer momento, y en un porte y galantería sin igual, que hicieron que sus rodillas temblaran con tan solo una mirada. Estaba pensando en Aioria.

En ese momento, el destino permitió que sucediera. Se encontraron, Aioria iba entrando al centro comercial, y de golpe, se queda como si hubiera visto un fantasma cuando volteó hacia los bancos al lado de la entrada principal. Ahí estaba Shaka, tan hermoso como siempre (salvo lo de los pelos erizados), pero esta vez su semblante no era alegre, como el de aquella sonrisa que tanto recordaba en los brazos de Morfeo, estaba muy triste. Aioria sería capaz de matar a cualquiera que hubiera sembrado esa infelicidad en lo más profundo de su amado, pero realmente no se podía atrever en ese momento: ni siquiera se conocían. Pero ¿cómo demonios pretendía conocerlo y mucho menos protegerlo si ni siquiera se había atrevido a hablarle a su idílico amor?

¡Ya basta de huir! Era el momento: ahora o nunca. Sí, se podía equivocar, lo del primer día pudo haber sido una buena cortesía, pero en ese instante ello no importaba, si se ponía a dudar se le iba a ir la vida sentado esperando una seguridad que nunca llega a la vida de nadie. Aioria entonces, tuo que inhalar profundo, y sin pensarlo, fue hacia Shaka y, finalmente le pudo hablar, sin atrever a tocar con sus impuras manos tan sacra guapura, diciendo:

-Shaka, ¿te pasa algo?

Shaka enmudeció. Miró hacia arriba y se volvió una pila de hielo, casi tan fría como la tumba que Camus le hizo a Hyoga. No podía ser, Aioria estaba frente a él, no solamente con el aspecto bien parecido de siempre, sino que además estaba hablándole, ¡Le hablaba! y además, sentía en su voz un dejo tierno, cariñoso, algo que nunca había sentido antes ni siquiera en las palabras que Mu le dirigía. Pero no se sentía digno de tanto amor, y menos con el afro que se hizo corriendo de Mu, no podía decir nada. Aioria se sentó a su lado, ya superado el miedo más difícil de vencer, que era el de hablarle, en parte por lo reconfortante que resultaba el azul del iris de Shaka, y le dijo con una bella sonrisa en el rostro:

-Puedes contar conmigo.

Finalmente, Shaka respondió:

-Mi novio me engañaba.

Aioria fue esta vez el que perdió el habla. ¿Cómo iba a ser esa gran locura? Sus oídos lo habían engañado seguramente, iba a pedirle que repitiera la frase, pero vio las lágrimas corriendo por los cachetes de Shaka y fueron éstas las que le confirmaron la alegre noticia. Es decir, si bien el sufrimiento ajeno nunca debe ser causa de felicidad para nadie, esas palabras encerraban una gran esperanza para Aioria, es decir ¿todo acabó entre Mu y él? Eso le dejaba grandes posibilidades de conquistarlo.  Pero tenía miedo, así que empezó, diciéndole:

-Pero no te pongas así, no te merecía.

-¿De verdad piensas eso?

-Sí, no tiene idea de lo que tenía...

No pudo seguir manteniendo la distancia, se precipitó arriesgando el todo por el todo, no importaba si recibía un beso o un puñetazo como respuesta, solamente quería sentir su piel aunque fuera por unas milésimas de segundo, nada más importaba que la satisfacción de esa meta, que solamente anhelaba su puro y noble espíritu;  Aioria tomó la mano de Shaka, siendo traicionado por sus sentimientos, y con la mano que le quedaba libre, posó la palma de ésta en el pecho del guardián de la 6ta casa del santuario, sintiendo inmediatamente los latidos acelerados del rubio. Aioria no pudo evitar sonreír con la sonrisa más sincera de su vida, inclusive de manera más alegre que la primera vez que conoció a Shaka, con una sonrisa más brillante que las estrellas del cielo. ¡Shaka sí sentía algo por él! Era demasiado bueno para ser verdad, pero la tensión arterial no miente, además de los tan sonrosados pómulos del hermoso santo de oro. Habían esperanzas.

"Definitivamente, hay algo especial entre tú y yo, Shaka..."


FECHA El 22/02/11 a las 09:02:26 IP GUARDADA Enviar Privado Añadir Amigo · Enviar Privado Enviar Privado · Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
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Capítulo III: Una Amistad... Fue Todo Hasta Ayer

Hay solo una palabra para aquellas oportunidades como la que Aioria y Shaka estaban aprovechando en aquel momento: mágico. Realmente, no había nada en ningún recóndito lugar del Universo que se pudiera asemejar siquiera a todo el caudal de felicidad que corría por las venas de los dos muchachos, euforia desatada, libre como un caballo que sabiéndose libertado trota con total determinación hacia el horizonte, tratando de llegar al punto en el cual el Sol y el final del mundo se cruzan. Esto tenía que durar todo lo posible, en un largo trecho de vida no volverían a experimentar esto, que era quizás una especie de “primer beso” entre dos hombres que se amaban como los retoños de los cerezos aman la primavera.

Pero por otra parte, algo no era correcto para el rubio caballero de Virgo, que no podía evitar sentirse con culpabilidad en ese momento. Es decir, ¿Con qué autoridad moral se atrevía a juzgar a Mu por haberlo traicionado, si él ahí se encontraba, afuera de un centro comercial, ante todas las personas que pasaban, agarrado de la mano con otro hombre a no más de media hora de haber terminado con su antigua pareja?

Ello no podía ser correcto desde ninguna perspectiva: ni la moral, ni la ética, ni la sentimental. Pero, por otro lado, se sentía tan bien ser sostenido por esas ásperas manos, que si bien eran rústicas en textura y rudimentarias al contacto, tenían una cosmoenergía llena de ternura, calidez y cariño. No recordaba haber percibido un cosmos así con ninguno de los caballeros que había conocido hasta ese momento. Estaba sintiendo por primera vez lo que es establecer el primer contacto con la persona amada, cosa que nunca había podido alcanzar al lado de Mu.

Además de ello, también tenerlo tan cerca de su corazón, siendo capaz de escuchar inclusive las pulsaciones de su sistema circulatorio, era una situación que no quería desaprovechar el chico de ojos azules. Esa aura desprendida de la persona de Aioria curaba todas las heridas de su dolido espíritu. Pero, el respeto era el respeto, y por ello no podía seguir sosteniendo la mano del león. Apenas volvió del Nirvana en el que se encontraba, Shaka retiró violentamente su mano de la de Aioria, mientras con un gesto más discreto apartaba su tórax del alcance del bronceado.

-Gracias, es un gran consuelo lo que acabas de decir, Aioria...

Sí, disimulando como si no hubierta tenido la mas minima idea de las pretensiones de Aioria con aquel gesto. A lo mejor, Shaka funcionaba al revés que Aioria: mientras que Aioria veía lo que quería ver hasta en lo imposible, Shaka daría evasivas y pesimismos hasta a la mismísima esperanza aunque ésta se personificara y se sentara en su frente. A lo mejor era parte de un remordimiento pasaero la sensación que agobiaba a Shaka en aquel momento, y por ello rechazó de aquella forma al bronceado.

Aioria se sintió decepcionado por la respuesta del rubio. ¿Era acaso posible que estuviera equivocado? También pudo haber sido que el guardia de virgo se sintiera asustado o tensionado con esa cercanía a la cual él lo había arrinconado, y por ello se le subió la tensión. Eso no decía nada. El mundo se vino abajo para el caballero de Leo. Nada era cierto. Sólo una cosa: él estaba perdido en sus ilusiones. Era triste, pero es que no se puede vivir en una nube. Aioria quiso dar grandes evidencias de fortaleza, y solamente por orgullo no se permitió llorar, pero sus ojos, deseosos de gritar la verdad reprimida dentro de Aioria, se volvieron de agua, mientras el brillo de los faroles del centro comercial se reflejaba en ellos como si fueran espejos, espejos coloreados del más bello de los verdes, un verde que fue capaz de perforar el azul de las pupilas de Shaka, y un verde que se clavó en lo profundo de sus pensamientos, torturando a su espíritu, haciéndolo sentir culpable por la gran falta que había cometido contra su amado. O también podía ser una basura en el ojo o una reacción natural del organismo por no parpadear en muchos instantes de tiempo. Pero, ¿y si Shaka se equivocaba? Prefirió entonces, con leve prudencia y con la duda haciéndole vibrar la lengua, dirigirle unas suaves palabras a Aioria:

-Eres una bella persona...

Esas 4 palabras desplomaron al pobre muchacho, que había atravesado una montaña rusa de sentimientos en ese momento. De la alegría a la tristeza, y luego, de la tristeza, ¡de nuevo a la alegría! La verdad no sabía ya que hacer. El encuentro entre ambos se estaba haciendo muy torpe, pero la verdad es que algo muy extraño les pasaba a los dos cuando se hablaban. Era la primera vez que uno le dirigía la palabra al otro, nunca habían podido, porque el mundo los había separado mucho. Shaka, con Mu, y Aioria, con infinidad de personas... Pero Shaka era tan puro, solamente se había atrevido a querer a una persona, para no lastimar demasiado sus más arraigados sentimientos, mientras Aioria, él había engañado a su supuestamente grande amor hasta con sus propias manos, dejándose atrapar en las tardes en que la soledad tienta dentro de las redes del placer solitario, unos tentáculos que difícilmente lo soltaron cuando empezó a dar tumbos en todas las camas del santuario, pero nada podía matar lo de Shaka. Realmente, solamente consiguió ahondar sus culpas fundiéndose en cuerpo con Shura, porque si bien sus físicos se unieron numerosas veces, su alma nunca quedó prendada con la del macho cabrío. Aunque Shaka lo veía con una rigurosidad mucho mayor: se sentía sucio, por solamente el simple hacho de amar a una persona, y atreverse a prodigarle las frases más rebuscadas a otra. Esas frases sólo pertenecían a Aioria, y siempre sería así.

No tenían mucha idea ninguno de los dos de lo que estaban haciendo en aquel momento, porque la verdad es que ni siquiera sabían que decirle al otro, tantas veces soñando hablarse, pero nunca se había dado la ocasión, y ahora que la Providencia permitió cumplir el sueño, ¿Por qué demonios ninguno de los dos era capaz de decir una miserable palabra? Sus labios estaban sellados por los nervios. No se estaban dando cuenta, pero solamente se quedaban mirándose a los ojos, desde el cumplido de Shaka, no habían ni siquiera movido un dedo, únicamente sus párpados, que humedecían sus ojos para no resecar las bellas imágenes que estaban percibiendo en esos momentos...

Él era tan delicado, tan distinto a los demás... No había ni un solo cabello fuera de lugar, todos ordenados, dentro del desorden ocasionado por las eventuales batallas de entrenamiento, su cara, perfectamente blanca como una vasija de porcelana, impecable, libre de toda mancha, salvo ese lunar, ese lunar... que en vez de disminuir o anular su felicidad, solamente conseguía aumentarla, y elevarla a un exponente infinito. Sus labios delgados, casi intangibles, finos como todo en ese hermoso hombre, que dignamente se hacía llamar "el más cercano a Dios", porque si hay un Dios allá arriba (que lo hay) debía tener un grado elevado de inspiración al concebir el rostro del caballero de virgo.

Su cuerpo, frágil y quizás un poco afeminado,  realmente incitaba a envolverlo, a protegerlo y a cuidarlo de todos los peligros, aunque Shaka no tenía que hacer uso de la fuerza bruta para defenderse. Bastaba una palabra de esa bella y perfecta boca, para hacer lo imposible, y para hacer que Aioria cediera a su voluntad, así le pidiera su muerte misma. Una piel blanquecina como la nieve, pero no fría, sino más bien tibia, como un vaso de leche caliente.

Por otro lado, él era tan, tan... tan imperfecto. Rústico y ordinario de piel, porque no se la cuidaba tanto como a los músculos que bajo ella albergaba. Su rostro, con leves marcas como resultado de un fortísimo entrenamiento cotidiano, tenía un leve grano, escondido en su frente, tan cerca del cabello que nunca se llegó a ver, pero lo tenía. Tenía una mancha en su piel, no era digno. Pero cualquier persona desearía tener a alguien como Aioria a su lado, más que por su cuerpo, por su espíritu, noble, bondadoso, incapaz de acumular odio o rencor contra cualquier persona, ni siquiera contra Arles, el  asesino de su amado hermano.

Los músculos de Aioria, lo hacían en medio de su imperfección y falta de suavidad... perfecto. Esto era lo que pasaba por la mente de Shaka, mientras veía la camisa poco holgada que el moreno estaba utilizando en ese momento, y es por ello que, sencillamente... lo amaba. Si tenía defectos, eran minimos, y rápidamente compensados por su fuerza, sus ojazos, su boca que tanto desearía besar, por sus fuertes brazos, sus ágiles piernas, su hermoso tronco, su pureza de alma, que si bien había sido embadurnada de inmundicia por las continuas sesiones de sexo sin amor, realmente seguía brillando dentro de él en forma de la más grande nobleza.

Uno seguía pensando torpemente y divagando  en ideas sin sentido con respecto a cuán apuesto era el otro, hasta que llegaron Ikki y Seiya al centro comercial, y se dirigieron hacia los dos, saludándolos:

-Hola Seiya! -dijo Aioria

-Hola Ikki...-procedió Shaka a decir, aún con un mínimo rastro de la tristeza, que fue disipada por Aioria

-¿Te pasa algo, Shaka?- preguntó Fénix, mientras apuntaba con mirada acusadora al aludido

-Mu lo traicionaba...-completó Aioria

-Ah, con que era cierto lo de Aldeb...-iba a decir Ikki, cuando de golpe sintió el Meteoro Pegaso de Seiya que le quemó la espalda y lo hizo callarse inmediatamente. Ante la mirada atónita de los caballeros dorados, Seiya disimuló y ayudó a Ikki a levantarse de la caída

-No se asusten, fue un trauma que me quedó de lo de Hades...

-Bien, siempre y cuando no te pase eso en la tienda de ropa de Afrodita...- comentó Aioria con una sonrisa en el rostro. Todos rieron.

-¿A dónde van?-preguntó Shaka

-A... al parque de diversiones-interrumpió Seiya...

-¿Podemos acompañarlos?-preguntó Aioria

-No...-respondió Seiya, pero no pudo terminar su respuesta, porque Ikki les dijo:

-Sí! Sería grandioso que nos acompañaran!

-Gracias por el ofrecimiento, pero no estoy de ánimos- cortó Shaka

-Entiendo-dijo Ikki

-Nada, de eso, ven con nosotros Shaka, no te dejaré caer en la depresión post-desamor, ¡la tristeza se saca con alegría!- reconvino Aioria al rubio, aprovechando la emoción del momento para, sin pensarlo, porque si seguía pensando en hacerlo o no iba a enloquecer, poner una mano en el hombro de su sueño dorado, de una forma algo suave.

El shock fue instantáneo. Ahora su hombro era tocado por su mano. No, no era digno de recibir esa muestra de afecto de alguien tan bonito como Aioria. Shaka se sentía como alguien que está siendo demasiado valorado cuando no merece tanto amor. Es decir, una vez más sus cuerpos se unían, y si bien no había contacto mayor al de dos amigos, ese simple toque desencadenó un orgasmo en el corazón del chico de ojos azules. Estaba en la gloria. Lo estaba tocando, y cuando un hombre toca a otro, significa que es alguien, amigo, gran amigo, pareja ¿Qué demonios importaba? ¡Era alguien para Aioria! Se hizo un poco notorio que se sonrosaba con la presencia de Aioria, y por ello tapó un poco su rostro con sus cabellos. Pero ya la voluntad de Shaka se encontraba subyugada al dueño de los cabellos ocre tostado. No le podía decir que no, aunque no le agradaban las multitudes de gente, y mucho menos en la situación sentimental en la que se encontraba, pero eso no le importaba, todo lo que quería era quedar bien con aquella persona, sin importarle nada las circunstancias que pudiere involucrar ir para allá. No le gustaba del todo la idea, pero la virgen había sido devorada por los encantos del león.

-Está bien, iremos-dijo Shaka, algo desanimado.

Cuando llegaron a la feria, se divirtieron como nunca los 4 caballeros, se montaron en todas las atracciones, comieron comida chatarra, y volvieron a montarse en todas ellas hasta que Seiya vomitó todas las hamburguesas que se había comido. Y, luego de eso:

-Y los chicos de Bronce, Shaka?

-Por allá, Aioria, en el... TUNEL DEL AMOR?

Los caballeros dorados, observaron plerplejos a Ikki y seiya, montándose en la rosada atracción, y mientras sus siluetas se disipaban en la oscuridad interna que imperaba en  la caverna , vieron  como sus manos se juntaban y entrelazaban. A la primera vuelta vieron a Ikki y a Seiya besándose en toda la boca.

-QUÉ?!-exclamaron los caballeros dorados a la vez

-Verán-dijo Seiya- Ikki gustaba de mí y yo de él, pero solamente hasta hoy, cuando ustedes se nos acercaron, se nos ocurrió decírselo a la gente...

-¿No tenían solamente una relacion de amistad?-interrogó Shaka

-Una amistad... Fue todo hasta ayer entre nosotros- dijo Ikki, mientras compartía un beso con el chico de ojos cafés

-Pero ¿No nos van a dejar de hablar por eso o sí?- interrogó Seiya

-Para nada, creo en las diferencias-dijo Aioria...

Se atrevieron, Shaka en ese momento se sentía tan admirado de los muchachos, que se sintió cobarde por no atreverse a hacer lo mismo con su felino, gritar a los cuatro vientos cuanto lo amaba, cuanto lo quería y cuanto lo deseaba. Pero tenía mucho miedo, pero ¿Miedo a qué?, sería el miedo al rechazo. Pero algún día llegaría la hora de decírselo todo al hermoso caballero de Leo, y, lo quisiera o no, tendría que ver si es correspondido. Ya la hora de los caballeros del Fénix y Pegaso había llegado.

¿Cuándo sería la hora de Aioria y Shaka?


FECHA El 25/02/11 a las 06:02:09 IP GUARDADA Enviar Privado Añadir Amigo · Enviar Privado Enviar Privado · Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
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El 03/08/07 a las 09:08:38

HAAAAAAA

que va a pasar con shakita y Aioria haaa y mas haaa se atrevera Shakita a ir con su amado leon sera valiente se acobardara en el ultimo segundo haaa y mas haaaa

esta muy bueno espero ver la continuacion prontp 

besitos


FECHA El 25/02/11 a las 10:02:52 IP GUARDADA Enviar Privado Añadir Amigo · Enviar Privado Enviar Privado · Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
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El 19/02/11 a las 09:02:31

Capítulo IV: Si Hoy Te Pienso, Siento Fuego

alma_de_angel:

Me alegra que te guste mi historia!

Ya me estaba decepcionando de que nadie respondiera! Pero tú me has remotivado!

Seguiré escribiendo, y este capítulo va dedicado a tí, espero que te guste! Ya sé que en ocasiones la historia se vuelve muy seria hasta el punto de lo empalagoso, pero trataré de relajar este capítulo con otra cosa además del infinito amor AioriaShaka. Te parece?

Saludos

 

Ya algunos días habían pasado desde aquel día en que fueron presentes en la declaración de amor de los caballeros de bronce, y todavía los recuerdos de aquel día seguían tan vivos como en el primer momento. Shaka se acariciaba todavía el corazón, gustando de rememorar aquel gesto que valió  tanto para él como el más caro de los anillos de compromiso: cuando la mano de Aioria halló reposo en el seno de su corazón. Pero, ¿cómo se atrevía a hablar de compromiso sin previamente haber sido, al menos, novio del sexy león? Eso no tenía lógica, pero ya ni la lógica le importaba al hindú. Únicamente podía pensar en Aioria y en cuanto quería repetir aquel momento, del cual ninguno de los dos se atrevía a hablar, si bien se entabló una mayor relación entre los dos, así fuera de amistad... pero relación al fin. Eso era un progreso. Pasaron de una sonrisa a un diálogo continuo, diario, no solamente a quedarse viendo como dos idiotas.

Él lo saludaba desde abajo, y Shaka gustosamente respondía desde arriba. Era algo maravilloso lo que sentían al escuchar la voz del otro. El sonido más melodioso para los oídos de Aioria, era la dulce tonada de la voz de Shaka, autoritaria y seria, pero no por ello dejaba de derretirlo. Shaka, al escuchar a su amado hablando, sentía que la más íntima fibra de su ser era acariciada por la ronca sonata que salía de las cuerdas vocales de Aioria.

Sin embargo, no se atrevían a tocar el tema de las parejas. A lo mejor querían que el silencio se hiciera un cómplice presente siempre, es decir, ante la ausencia se hiciera implícito el elemento de que "no importa nadie más, solamente tú me importas, y nadie más tiene mayor prioridad en mi vida que tú". Querían que el silencio con respecto al tema hablara, y se atreviera a decir lo que ellos solamente por temor al rechazo no decían, pero tenían que decirlo.

Dentro de poco no iban a aguantar más. Sabían que tarde o temprano tendrían que confesarse su amor, y realmente ya se agotaba la paciencia de ambos. Pero es que uno pensaba que el otro era tan lejano, tan inalcanzable, tan perfecto, que era demasiado como para merecer siquiera aspirar a estar junto a él. Realmente es triste cuando dos personas se aman así y no se atreven a comunicarlo...

Mientras tanto, recordemos un poco al abandonado Mu, que con éste, ya llevaba 3 días detenido. Y nadie se acercaba a buscarlo. Pidió el teléfono de prisión para llamar un momento a Aldebarán, pero lo único que escuchó fue la contestadora. Shaka, ya ni querría saber de él, y si seguía agravándose  la acusación (la vendedora cubana del C-7 iba a tribunales a declarar todos los días el mismo cuento) en una semana estaríua en un juicio en el cual sería declarado irremediablemente culpable, y condenado a ir a prisión, por poco tiempo, pero mejor no decimos que le hacen a los chicos con cara de nena en la cárcel. Pobre Mu, menos mal que en ese momento, se oyó una voz ya conocida:

-Vengo por el pobre diablo de la celda 4

-¿Tiene la fianza?

-Aquí tiene su cochina fianza

-Bueno, pase adelante.

El eco de unos sonoros pasos se agigantaba a lo largo de todo el pasillo de la comisaría en la que yacía el lemuriano, mientras una sombra proyectada por una vela se engrandecía a medida de que las dos personas se acercaban. En unos breves instantes, vio frente a sí a Shura, el caballero de Capricornio, con todo y armadura, y como el oficial abría su puerta para dejarlo ir, al mismo tiempo de que le susurraba al oído:

-Llámame...

Mu estaba anonadado. ¿Para qué Shura lo iba a sacar de la cárcel, cuando nadie en las 12 casas se acordaba de él en esos momentos? ¿Realmente querría algo con él? No, no lo creía, Shura solamente tenía ojos para Aioria, y eso no era un secreto para nadie dentro del santuario, ni siquiera para el más despistado, pero ahí estaba, con su fría mirada y su boca sonriente en un rictus muy extraño, como si de una falsa risa o una alegría hipócrita se tratase. Se atreve finalmente a preguntar:

-Shura, ¿por qué viniste hasta acá?

-¿No has escuchado que en el hospital y en la cárcel es que sabes quienes son tus amigos?

-Ah , bien... Te lo agradezco, dame tu número de cuenta y te retornaré lo de la fianza...

-Por ello, ni te preocupes, que buenas oportunidades tienes para pagármelo...

-¡Te digo que soy un tipo decente, y no me vendo por nada barato!

-De eso no me cabe la menor duda-comentó el español sarcásticamente y aguantándose una leve risilla que empezó a cosquillearle entre la lengua y el paladar, al mism otiempo que sacaba de su bolsillo una foto impresa en computadora, que tenía al caballero de los cabellos lila corriendo desnudo por todo el centro comercial. Mu, con los ojos como platos, contestó:

-Fue Afrodita, verdad?

-¡Gracias a Athena por el Twitter!

-Me las pagará, ese sucio....

-Al menos el no inventa chismes....

-¡Lo del sobaco de Aldebarán ya es pasado!

-Bueno, bueno, está bien... No vine acá por nada, y no te preocupes, no te cobraré con lo que tú pensabas que te iba a cobrar, solamente pretendo que hagamos un pequeño negocio-aclaró  el de cabello negro, mientras entrecerraba sus ojos en señal de desconfianza y juntaba sus manos como si estuviera acariciando un gato

-¿Cuál es el punto? Si me vas a cobrar lo de la fianza como un crédito olvídate, que eso es peor que la estafa inmobiliaria de las empresas privadas que había ahorita en Venezuela y que Chávez...

-¡No me refiero a dinero, tonto!, y será mejor de Chávez no hablemos, que le tengo una rabia a ese mono de cuchitril....

-Con mi presidente no te metas! ¿Entonces de que negocio hablabas?

-Mira Mu, ambos hemos sufrido recientemente una pérdida amorosa, si sabes a lo que me refiero...

-No hay problema, ya capté.... ¿Y qué pasó con Aioria?

-Bueno, el motivo es... que Aioria se enamoró de Shaka y me dejó, y tuvo el descaro de golpearme con su ken! Y creo saber ya por qué Shaka te dejó a la primera prueba que encontró...-aseveró Shura, buscando acentuar aún más la discordia existente entre esta sarta de triángulos amorosos que progresivamente se iban haciendo más y más enredadizos...

-¡Con que esa era la causa!-exclamó Mu cínicamente, al mismo tiempo que sentía que los ojos se le encendían en llamas...

"Shaka, con su carita de serafín, había resultado ser un demonio de fornicación y adulterio! ¿Cuántas noches no se me habrá negado por irse a revolcar con la bestia esa? Ahora entiendo por qué llegaba que no valía un duro de sus entrenamientos y nunca está dispuesto a tener merequetengue conmigo luego de las nueve y media de la noche..."malpensaba Mu, mientras un torrente de imágenes ardientes se le posaban en su cabeza y lo atormentaban, sin llegar a entender cómo no lo había pensado antes.

-¿Y ese silencio, Carnero?

-Nada Cabra, es que me puse a pensar unas cosas...

-¿Ves cómo todos los puntos encajan en la historia?

-¡Sí, ya veo... Tenemos que hacer algo para separarlos!

-¡En esa es que andaba maquinando, y por eso necesito de tu ayuda!

-¿Cómo?

-Verás, he logrado entramar un complejo plan que no solamente hará que se separen, sino que también logrará que vuelvan cada uno a los brazos de sus respectivos novios, o sea nosotros, y verás que Shaka volverá a tí de rodillas rogando perdón, mientras que Aioria llorará en mi pecho toda la noche, a lo mejor en lo tibio de mi cama...

-Ya párale, mejor cuéntame el plan!

-Ahí te va- El caballero de la décima casa se acercó a la oreja del caballero de Aries, y , a medida de que le iba mandando ideas a través de su boca a su oído, las pupilas de Mu se iban dilatando notablemente, habiendo llegado al punto de empezar a botar baba por la boca, y a aguantar una maliciosa risa por todo lo que le andaba contando el hispano.

-¡Shura, deberías escribir telenovelas!

-¡Algo tengo que hacer cuando no tengo a Aioria en mi cuarto para no atrofiármelo de tanta masturbación!

-Ese detalle estaba de más, pero me gusta la idea general, ¿Cuándo empezamos a ejecutar tu maligno plan?

-Pronto, Mu, más pronto de lo que seguramente tú te imaginas-comentaba el de los ojos negros, mientras juntaba sus dedos correspondientes de las dos manos y se llevaba los pulgares al frente de la nariz, en una pose que ni el mejor de los supervillanos pudo haber perfeccionado. Su mirada tomaba un matiz de aún mayor oscuridad a medida de que iba realizando mentalmente su estratagema,

"Shaka, te arrepentirás de haber sido tan bonito de cara, Jajajajajajajajajajajaja!"

Mientras tanto, en el santuario, Aioria había decidido ir a visitar a su amigo que nunca lo defraudaría, su hermano Aioros. Realmente Saori había sido una gran persona por revivir a su hermanito mayor, al fin podían compartir todo lo que la vida anterior no les había podido permitir. Pero Aioria, sin quererlo, se había distanciado de él, y se quedaba encerrado en su casa pensando en Shaka, así que ese día, decidió dedicárselo a su hermano, que además tampoco estaba tan solo en la vida...

El caballero del arco y la flecha desde hace tiempo era feliz al lado de Julián Solo, que ya había convertido su poder  a la bondad, de una forma parecida a lo que le sucedió al resucitado Arles, el cual había sido totalmente curado de su lado más malvado, y por ello por fin entendió sus verdaderos sentimientos hacia Saori, y se había olvidado de lo de la muerte de Aioros, y es más, le pidió disculpas públicamente con un ponquecillo de las disculpas... Finalmente, estaba al frente de la novena casa. Tocó el timbre, y abrió Aioros.

-Aioria, hermano, tiempo sin verte! - Le rodea la espalda con un brazo y le alborota los cabellos a Aioria-¿Cómo está ese león, y las chicas?-ah, otra cosa, Aioros desconocía totalmente acerca de la homosexualidad de Aioria, no porque lo fuera a discriminar si lo descubriera, porque él mismo lo era, pero en realidad Aioria nunca le hablaba de esas cosas. Pero todo había cambiado, ahora el caballero de Leo se sentía totalmente seguro de lo que estaba haciendo en aquellos instantes, así que nada iba a volver a quedar en secreto entre los dos hermanos.

-Aioros, me alegro de que sigas tan alegre como siempre, pero te tengo que decir una cosa...

-Lo que quieras-dijo Aioros, mientras lo convidó a pasar a su casa. Sobre la mesa estaban servidas dos tazas de café, listas para empezar a ser tomadas. También había una bandeja con galletas de chocolate y dos platos con sandwiches servidos. Se sentaron y empezaron a comer. Entre comida y comida, empezó a indagar el hombre-cuadrúpedo:

-¿Y qué me ibas a contar?

-Bueno, Aioros... he venido pensando si debo decírtelo o no, pero realmente no se me hace fácil confesártelo, porque son cosas que la familia de uno no debe conocer, pero por otro lado, si en la amistad no deben haber secretos, cuánto más deben ser sinceros los hijos de la misma sangre entre sí?

-Es verídico tu argumento, te escucho-comentó el alado caballero, mientras cruzaba las piernas como un 4 en su silla y devoraba rápidamente su sandwich, mientras Aioria se atiborraba la boca de las galletas. Realmente se veía tan niño llenándose los cachetes de dulce, para horas más tarde quejarse tirado en el piso de un gran dolor de barriga... No, no había crecido mucho desde que los dos eran unos chiquitines en la época de la crisis del maestro Arles y el asesinato de Shion. Pero así quería mucho a su hermano, niño y todo... No pudo evitar soltar el sandwich cuando escuchó:

-El asunto es que me enamoré de Shaka.

-Emmm, bueno- Aioros cambió el rostro inmediatamente. Sabía el sufrimiento para un hombre que significaba que le gustara otro hombre, porque le había pasado lo mismo a él en infinita cantidad de veces, y no quería tal sufrimiento para su hermano. ¿Y si se enamoraba de alguien a quien le gustaran solo las mujeres? ¿Y si la persona lo golpeaba? ¿Y si lo engañaba? ¿Qué si lo hacían infeliz? No, no quería que su hermano atravesara todo el llanto que él había pasado, sin saber que ya el león había vivido eso en carne propia muchísimas veladas antes...-puede ser de familia, pero, ¿Estás seguro? Amar es una palabra muy grande, puede que solamente te guste su aspecto físico, o que tiene cara de niña, pero, por favbor piénsalo muy bien antes de hablarme en vocablos así de absolutos.

-Aioros, he tenido cientas de noches pensando en esto, y sí, sí es amor- Sagitario conocía la firmeza de Aioria, y el hecho de que cuando afirmaba algo, era porque su corazón no mentía. Estaba totalmente seguro de estar entregando su corazón al rubio. Aioros se conmovió por la seguridad de sus palabras, y solamente como última prueba, le preguntó:

-Hermano, ¿Qué te pasa al ver a Shaka?

-Es difícil de explicar, no sé si decirte que mi mirada se desvía hacia otro lado al siquiera tropezar esos ojos de arándanos, que tienen en su azul pintado la profundidad del mar, tienen en su brillo la luz del mismísimo Sol, y en sus pupilas, que bellas se clavan en mis ojos, solamentee veo lo perfecto de la creación de Dios

Aioros suspira, pero reanuda la conversación:

-¿Y qué sucede cuando escuchas su voz?

-Otra pregunta muchísimo más compleja, percibo como si las puertas del cielo se abrieran , y de golpe las nubes abrieran su paso a un querubín que descendiera desde lo alto, y se atreviera a regalarme su melodía, para posarla en mi indigno oído, y rápidamente, levanta mi espíritu y lo hace llegar hasta el mismo paraíso.

En esta ocasión, Aioros no puede evitar apoyar su cabeza en su puño, y su brazo en la mesa, mientras con la mano libre se lleva el café hasta los labios, cuando se da cuenta de que se está quedando embobado con las descripciones del felino, recobra la compostura, pero aún con la voz enternecida se atreve a formular su última pregunta:

-¿Qué sientes cuando lo piensas?

-Si hoy lo pienso...-se quedó tratando de imaginar a la imagen de Shaka frente a él, hasta que lo logró.

Vio sus ojos hermosos, su boca delineada por el más fino pincel, su piel tersa como la nieve que blanca y casta cae en el invierno. No pudo evitar tener calor, y en ese momento empezó a sudar en frío, y su tensión se disparó, mientras sus pupilas se dilataban y perdían en el horizonte, asumía la pose anterior de Aioros y, sin mirarlo siquiera, confesó:

-Siento fuego en mi corazón- mordiendo sus labios cuando lo decía.

No le cabía la menor duda a Aioros, no entendía muy bien como su hermano le estaba pintando todo, pero al instante se vio a sí mismo reflejado en la imagen de Aioria, el día que por primera vez fijó sus ojos en los de Julián, que lo miró directamente a la cara, con esos zafiros que se hicieron la prenda por la cual empeñó su alma y su corazón. Realmente recordó con Aioria que se siente cometer torpezas, perder la cabeza y voltear a ver a la persona amada así se esté desarmando una bomba en ese momento, perderlo todo por una persona y estar dispuesto a arriesgarlo todo por una ilusión, no había un tecnicismo en el mundo capaz de describir en su plenitud esa sensación, ni palabra en todo el diccionario que pudiera encasillar aquel sentimiento tan puro y profundo, eso...

 

Era amor.


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Capítulo V: ¿Cómo Explicar Qué Me Sucedió?

¿Cómo explicar qué me sucedió?

Esa era la única interrogante que daba vueltas y vueltas en la cabeza del caballero de Leo, mientras murmuraba sentado en el sillón de Aioros, que perplejo seguía ante la respuesta anterior de parte de su hermano menor. No podía creer que realmente su pequeño estuviera enamorado ya, y con un amor tan fuerte como el que a juzgar por los términos que empleó el felino para describirlos sentía. Pero una cosa era el mundo de sorpresa y estupefacción que atrevesaba a Aioros mientras fijamente seguía viendo a Aioria, que se quedó también en un lapsus, pensando en todo lo que le había confesado esa mañana a su hermano mayor. ¿Todo espo pudo pasar por su mente y salir de sus labios? No, realmente  Aioria no solía hablar así. Su habla era ruda, rústica, e impertinente en ocasiones, si bien nunca vulgar o soez; siempre conservando su nobleza hasta en el uso de sus palabras. No era secreto para nadie que Aioria tenía la lengua menos malhablada de todo el santuario. Pero nunca tenía la locuacidad que en la conversación con Aioros llegó a desarrollar. Finalmente, Aioros se atrevió a retomar la conversación, acotando:

-Eso fue, lo más tierno que he escuchado de ti

-Em, gracias- comentó Aioria con una sonrisa en los labios.

-Pero Julián me dijo cosas mejores anoche

-¿Ah?

-Nada, nada, en ocasiones se me sale el uke...

-¿Qué me aconsejas?

-Tienes ahora que saber lo que piensa él de tí

-¿Y cómo lo sabré?

-Sólo hay una manera de saberlo, y tú sabes cuál es...

Aioria quedó petrificado, como si hubiera mirado el escudo de Medusa. Pero lo que había percibido no era los ojos de la horripilante monstruosidad, sino la necesidad que tanto temía admitir: había que confesarle a su dulce y virginal Shaka, que lo amaba con toda su alma, con todo su corazón y con todas sus fuerzas. Pero es que una cosa era pensarlo, y otra decirlo. Como un dicho popular reza por ahí: "Del dicho al hecho, hay un largo (larguísimo) trecho". Esta era la situación perfecta para aplicar tal refrán. Daba demasiado miedo, ese miedo que invade alguna vez en la vida a todas las personas, el miedo a lo desconocido. Podía pasar una de dos cosas: o era correspondido o, sencillamente, no lo era. En este tipo de siruaciones las medias tintas no existen. No era necesario saberlo, no, ¡Se engañaba a sí mismo! claro que era algo elemental saber si sus sentimientos también eran sentidos por el caballero de la doncella, o sencillamente él lo veía como a un gran amigo que en un momento de debilidad lo ayudó a salir del gran abismo que representó una traición de un amor que ya se tornaba debilitado, casi inexistente, como si nunca Mu hubiera entrado a la vida de Shaka, ni Shaka a la de Mu. Eso es el tipo de cosas que el tiempo se encarga de arrastrar consigo, y solo hicieron falta 3 días. Habían pasado meses desde que se encendió en Aioria el amor por Shaka, y éste nunca se pudo apagar. Eso por ley tenía que tener algún significado más allá que el de la plena admiración, y la verdad Aioros sabía que así era, porque sino, no hubiera animado a su hermano a hacer similar locura de amor, como lo animó a continuación, cuando Aioria rotundamente quiso posponer aquel inevitable momento:

-¿Y si me rechaza?

-Nunca lo sabrás, en esta vida, el que no arriesga no gana...

-Bien, pero pienso que aún no es el momento...

-¿Y cuándo demonios es que se lo piensas decir?

Ante este comentario, no hubo ninguna respuesta que partiese del entendimiento de Aioria. La verdad estaba siendo ofuscada por el gran temor existente dentro de sí. La única opción que cumplía con los basamentos de la lógica en aquella situación, era la de hablar con Shaka, pero es que el solo hecho de estar, frente a frente, mirándolo a los bellos diamantes que parecían sus iris azules, escuchando su dulcísima voz a su frente y sintiendo su hermoso y cálido aliento que le hablaba de frente, honestamente y sin rodeos, le hacía caerse de bruces y tener la necesidad de apoyarse en la poltrona de Aioros, que divertido ya empezaba a captar el predicamento del caballero de Leo. Es entonces que, habiendo terminado de tomarse su café, se paró  y se dirigió a recoger la (vacía) bandeja de galletas, mientras se dirigía a la cocina, volteó, y con esa mirada del hermano mayor que sabe más que el menor, le dijo sin soberbia al tierno rey de la selva:

-Aioria, querido hermano, ¿tú sabes qué es lo contrario al amor?

-¿El odio?

-No. Lo contrario del amor es el miedo.

-¿El miedo?

-Sí, el miedo.

-¿Por qué haces mención del miedo? El amor construye, el odio destruye, ¿no es así? ¡Lo contrario del amor es el odio!

-No siempre el odio es capaz solamente de devastar todo lo que se encuentra a su paso. El odio solamente desea satisfacerse a sí mismo, pero nunca puede quedar satisfecho, porque es la más baja de las pasiones del ser humano. Primero un hombre glotón se saciará, y primero una ninfómana aborrecerá el sexo, antes de que el odio no desee hacer más el mal. El odio también es capaz de realizar magníficas obras, de esforzarse y crear auténticos prodigios, en ocasiones con mayores ganas que el amor mismo, pero realmente, el odio todo lo que desea, es seguir sembrando el enemigo del amor, que es el que verdaderamente lo destruye: el miedo. Nunca se alcanzará a odiar a una persona si anteriormente de verdad la amabas, pero si le temes, hasta el más fuerte amor se queda como un poema escrito en las arenas de la vida. El odio es vacío y estúpido, no es capaz de nada. Es como una besta que anda ciega por la selva, asesinando a todo, inclusive a su propia manada, pero realmente sólo es odio porque aún no ha visto la luz. El miedo ya conoce la luz, pero como le tiene miedo, no se atreve a verla ni aunque de ello dependiese su vida. ¿Entiendes, hermanito?

-Nunca lo hubiera pensado así...

-Pero créeme cuando te digo que así es, y el miedo realmente me quitó muchas oportunidades en el amor

-¿Miedo , tú, Aioros?

-Sí. Resulta que hace un buen tiempo, yo estaba perdidamente enamorado de un chico, llamado, bueno, el nombre no importa. Todos los días entrenábamos juntos, y luego de nuestro arduo entrenamiento, compartíamos leche y pan ante una fogata. Nos bañamos juntos un día, el uno al otro, y fue lo más bonito que yo haya vivido hasta ahora. De hecho, le pido a Julián que respete ese recuerdo, y me permita en las noches hablarle de ese chico y de cuánto lo quería, y él escucha emocionado todas nuestras vivencias y chistes malos. Nunca me atreví a decirle que me gustaba, porque la verdad parecía de todo menos gay. Hasta que un día lo ví llorando porque lo iban a forzar a casarse con la hija del Emperador de Atenas. Yo, para no importunarlo, solamente me atreví a consolarlo y a ayudarlo a escapar. A la mañana siguiente, me decidí a decírselo, y lo busqué, y no lo encontré. Me puse a recorrer toda Grecia para encontrrlo, y finalmente, lo hallé. Estaba ahorcado por la hija del Emperador-mientras recordaba, a Aioros se le resbaló una lágrima por sus mejillas, y se dejó Abrazar por su hermano, que se le acercó y lo envolvió.

-Nunca me contaste eso

-Estabas muy chico, y ¿qué ibas a pensar de tu hermano mayor?

-Bueno, supongo que en ese momento no te hubiera entendido...

-¿Ves el daño que me hizo temer?

-Sí...

-A lo mejor, si no hubiera sido tan necio y tan estúpido, le hubiera dicho todo y hubiéramos continuado juntos hasta el día de hoy. Yo lo hubiera ayudado a escapar, y me hubiera embarcado con él a lo lejano, hasta ponerlo a salvo. Luego volvería al santuario a cumplir mis deberes, y lo hubiera visitado cada fin de semana, pero ya no vale la pena desear torcer lo que ya ha sido forjado por los años, es solamente malgastar energía y saliva. Así que solamente me queda su recuerdo, pero por suerte tengo a Julián, que me ha ayudado a comprenderlo todo, y que realmente, él está en un lugar mejor en estos momentos... Yo no quiero que te pase a ti lo mismo, querido hermanito, y por ello me gustaría que te atrevieras a dirigirle, si no una pregunta, al menos escupirle en la frente el "me gustas" que a lo mejor el desea oír tanto como tú, sólo atrévete a romper el hielo, y verás que no te arrepentirás...

-¿Y si no le gusto?

-Aioria, no digas tonterias. Tú sabes que cualquier persona moriría por ser tu pareja, porque eres un chico guapo, como tu hermano mayor...

-Aioros...

-Está bien, está bien, pero tú entiendes el mensaje.

-Pero Aioros, en estos momentos tengo demasiadas dudas como para que mis pensamientos funcionen como debería pensar la cabeza de un ser humano, tantas preguntas circundan por mi cerebro, y al mismo tiempo no puedo quitarme este gran temor que sigo portando encima de mí.¿Cuáles palabras debo emplear? ¿Cómo se lo debo decir? ¿En qúe tono se lo tengo que decir? Ni siquiera tengo la más mínima idea del tono de voz que se utiliza para ese tipo de confesiones y yo...

La boca de Aioria es tapada con un dedo de Sagitario, que con una sonrisa le dijo:

-Si con tus palabras me convenciste de tu gran amor, entonces deja que hable en ese momento tu corazón.

Prontamente, el caballero del arquero procedió a retirarse de la sala, y a dejar a Aioria solo con sus pensamientos. Y no tardó en asumir la posición del pensador. Era verdad todo lo que le había dicho Aioros. Tenía que hacer algo, o la vida se le iba a ir por entre los dedos como los granos de un reloj de arena, e iba a morir sin nunca haberle hablado a Shaka. Tenía que decirle todo, pero ¿Con qué palabras? Ninguna declaración parecía suficiente cuando del caballero rubio se trataba.

A lo mejor, decirle "te amo" sería suficiente. No, descartada totalmente la idea y arrojada al cesto de las estupideces ma´s grandes jamás cometidas  o pensadas en ser cometidas por un caballero dorado. Esa frase tan comercial y ya vaciada por la explotación. Películas, chocolates, bombones, osos de peluche, globos de helio, fotografías, tarjetas de presentación, inclusive las que Publisher hace automáticamente contenían la maldita frasecilla. ¿Cómo le iba a decir Aioria a su adorado caballero dueño de su corazón, unas palabras que hasta una fría máquina autómata era capaz de articular? No, el te amo nunca bastaría para describir lo que sentía por Shaka. Todo ello quedaba reducido a nada al lado de su hermoso caballero de la virgen, este sentimiento era profundo e incontable, también inestimable e incalculable, como el Universo mismo. Pero, un ¿Te amo? ¡Por favor! Hasta a un bebé se le hubiera ocurrido algo, a lo mínimo 10 veces más brillante. Siguió cavilando dentro de su materia gris, buscando arrojar algún resultad que en verdad fuera significativo y utilitario, y no una tontería sin valor, sentido ni significado...

Quizás un "me gustas" hubiera sido indicado. Al menos, no trataba de describir lo grande e indescriptible, como era el amor del leoncillo por el ojos azules. Intentaba con esas palabras, nada más expresar que le gustaba su aspecto físico y su personalidad, o al menos, se sentía atraído por uno de estos elementos, o por los dos en conjunto, sin añadir mayores especificidades que solamente añadirían más dificultades a una coyuntura que ya de por sí, era muy difícil de determinar. Parecía la frase perfecta para dedicársela al tan perfecto caballero de virgo. Luego pensó en todo lo que habría seguido a la declaración, e inmediatamente se arrepintió al divisar lo ambigua que era su oración de confesión. Si, era directa e indirecta a la vez, y por ello no representaba un gran compromiso o riesgo para nadie. Pero precisamente, ese era el problema. No trataba de describir sentimientos, solamente significaba que le agradaba, pero mucho. También podía significar que sencillamente era un hombre muy atractivo, y podría ser correspondido por un "también me gustas", pero no de sentimientos, sino sencillamente de admiración entre dos caballeros. Tenía que intentar echarle un poco más de neuronas a la situación se acababan sus ideas, hasta las malas, y esto lo estaba desesperando cada vez más. Ahondando y ahondando en sus pensamientos, pudo concebir una última idea:

También un "te quiero mucho" podría ser una iniciativa indirecta. Tampoco era riesgoso, y además de ello, hablaba si bien no algo directo, si decía algo de una aproximación  sentimental. Dos hombres no se dedican un te quiero todos los días, después de todo, ¿no es así?. ¡Todo esta vez sí que sería perfecto! "Shaka, te quiero mucho" y recibiría la respuesta deseada "también te quiero Aioria", y de esta forma, Shaka sabría sus sentimientos, pero sin saber del gran amor de Aioria, y por ello no habían peligros significativos dentro de esa sola frase. ¡Pero pensándolo bien, era demasiado imperfecta aquella idea, contenía los errores de las dos anteriores, pero juntos y encima de todo empeorados! En primera instancia, un te quiero mucho es menos aún que decir un "te amo", y por tanto, si un te amo, no abarcaba la suficiente cantidad de cariño como para decirle a su hindú todo lo que llevaba dentro por causa suya, y realmente podía ser correspondido por cualquier amigo, es verdad, tenía que ser rudo y veraz consigo mismo: si lo aceptan ¡que sea de verdad! y si lo rechazan ¡De la misma manera que sea de verdad!. En segunda instancia, no decía con un te quiero mucho lo mismo que diría con el me gustas, esto porque no describe que le parece bello, por tanto se podría quedar en un simple cariño de amigos de una forma muy fácil y común.

Nada bastaba. Nada era suficiente! ¿Tan pobre era el idioma español acaso? ¿No había una miserable frase capaz de encapsular las tres cosas a la vez? ¿Por qué? Aioria ya estaba que se arrancaba los vellos púbicos de la frustración que sentía por no poder hallar nada que le pudiera servir para decirle a Shaka el tan esperado comunicado. Tenía que recordar las palabras de Aioros, "que te salga del corazón", "que te salga del corazón, "que te salga del corazón"... Hasta que tuvo la idea. Pero de golpe, pensó en algo, sí, era la perfecta idea. Eso bastaría para decirle a Shaka todo, era arriesgado, pero al mismo tiempo quería decir todo lo que el caballero de Leo quería decir en ese momento. No pudo evitar brincar de la alegría, mientras se incorporaba rápidamente de su respaldo, solamente ello sería suficiente. Entonces, diligente, si npausa pero sin prisa, tomó nuevamente el pomo de la puerta de la casa de Aioros, y volteó a mirar hacia el interior de la novena casa en la cual se encontraba, y lanzó un último grito antes de irse saltando de alegría por las escaleras en bajada, ¡directo a la casa de Virgo!:

-¡Gracias, Aioros, hermanito, te quiero!

Aioros, con una sonrisa divertida, se asomó a la ventana de su casa, y mientras Aioria se alejaba muy alegremente de aquella la residencia de su hermano, él le dedicó unos segundos de su tiempo, mientras murmuraba uno que otro presentimiento que se avecinaba a su psique, a lo mejor por el instinto de hermanos que une a los dos:

"Suerte, Aioria, me alegra que hallaras el punto que te quería decir con toda nuestra conversación. Pero tengo un mal aguero, así que me adelantaré a tí..."

Y rápidamente, buscó el atajo, sí el mismo que esta Marín había utilizado para llegar rápidamente hasta Piscis. Nunca entendió por qué sandeces no se habían ido los 4 caballeros por ahí, y así llegaban todos vivitos y coleando hasta la casa del maestro. También pensaba en lo que pudo haber sido entre la hermana de Seiya y su hermano. Hubieran sido cuñados, y el pegaso sería su concuñado, pero el destino así no lo quiso, ¿Que se le podía hacer, nada verdad?

Mientras, en la casa de Virgo, Shaka adaba, como de costumbre, ocupado en sus meditaciones, tratando de alcanzar un nuevo grado en su lenta progresión hacia le Nirvana, pero para llegar allá sabía que tenía que desprenderse de todos sus deseos y afectos materiales dentro del mundo. Pero había un deseo que no se podía apagar, un amor que rápidamente había dado frutos en su corazón, y se negaba rotundamente a salir de su ser, quizás porque en el fondo, Aioria era todo lo que Shaka había buscado en su vida y más, y era por ello que no quería ni necesitaba desprenderse de su amado leoncillo, y no requería de más para decirle que lo amaba. El nirvana tendría que esperar unos intentos más, de momento, su mente y su corazón estaban invadidos por el moreno, y no es que esta sensación le molestara, por el contrario, la prefería antes que alcanzar la mismísima felicidad y perfección de vida. No, la perfección esta encarnada en Aioria de Leo. No había nada más perfecto que su rostro,  ni nada más bien formado que sus musculosos brazos, pecho, abdominales y piernas. No era necesario el Nirvana aún dentro de la vida del caballero de la sexta casa.

Algo perturbó la perfecta concentración del rubio, un olor tenue, que cada vez empezaba a cobrar mayores fuerzas. Pero qué extraño, no sentía la cosmoenergía de nadie, si hubiera alguien, en ese momento pudo haberlo fulminado con tan solo una palabra que saliera de su lengua, literalmente. Seguía sin sentir a nadie, así que empezó a relajarse más aún, mientras el olorcillo se hacía más y más difícil de ignorar, pero ya a Shaka no le importaba ya nada mucho, porque se empezó a sentir desganado y cansado. De repente, sintió el aroma del formol invadiendo sus fosas nasales, y que lentamente ingresaba en todo su ser, todo se empezó a ver borroso, al mismo tiempo que veía aproximarse a dos caballeros de identidad misteriosa, por el mismo efecto que la droga estaba realizando en su interior. Se rindió y, vencido por el narcótico, cayó dormido.

A la mañana siguiente, Aioria, ya decidido a jugárselas todas, se dirigió hacia la casa contigua a la suya. Feliz,saltando como en la tarde del día anterior. Porque ya tenía con toda su certeza lo que iba a decir. Realmente tenía muchísimo buen ánimo ese día ,inclusive se atrevió a saludar nuevamente a Mu, que extrañamente le devolvió una sonrisa que no denotaba nada agradable para el caballero de Leo, pero él solo prefirió ignorarlo y continuó su acelerada marcha hacia su casa vecina... ¿Esperen un momento, la casa del carnero no quedaba cuatro casas más abajo? Eso no podía significar nada bueno, así que procedió a acelerar sus pasos y, en un segundo, llegó a la casa de Virgo, que tenía su puerta cerrada con llave. Eso solo asustaba más a Aioria, que empezó a golpear y a forcejear con la puerta. Shaka no era de los que se encerraban en su casa con llave, eso era cosa nada más de DeathMask  y de Aioros en los momentos en los que Julián entraba de noche a su casa, así que una de dos: y estaba empezando a temer que fuera lo segundo que su cerebro le decía en aquellos instantes, cuando finalmente logró violentar la puerta y encontró una dantesca escena.

"Lo que me temía"

No, no podía ser. Sus pupilas lo engañaban.

Esta vez, era Shaka el que, envuelto en extrañas, terribles y comprometedorísimas circunstancias, el que se preguntaba, ante la desprendida hacia el suelo mandíbula de Aioria ¿Cómo explicar qué me sucedió? Estaba en la cama totalmente desnudo, enredado entre las sábanas, y en los brazos de Mu.

-Aioria!-exclamó  Mu, fingiendo sorpresa

-¡Cállate Carnero carroñero, que tú aquí estás de más!

-Shaka, puedo explicarlo, no, no puedo...-acotó Shaka con tristeza, porque era la verdad. No era culpable, pero nada podía explicar, todo en su mente se hacía tan borroso...

-¡No hay nada que explicar!-gritó Aioria, con la voz quebrada, mientras salía corriendo de la casa.

Shaka corrió persiguiendo a Aioria por todas las escaleras, hasta que decidió usar el Tesoro del Cielo para paralizarlo de las piernas. Se acercó a él ,y lo miró a las verdes y bellas pupilas. No había un perdón o un discúlpame capaz de redimirlo. Copiosamente rodaban por los pómulos, las mejillas y la barbilla de los dos hombres gotas azules de tristeza y de impotencia, por no poder explicarle lo que había sucedido en aquel momento. Se sentía tan mal en aquel momento, porque había traicionado ,así fuere sin su consentimiento, todo el conjunto de cosas que juró nunca iba a hacer en la vida, entre ellas, fornicar sin amor. Solamente sus lágrimas servían de justificación en aquel momento, en el cual se sentía como la peor de las basuras que puede pisar el planeta Tierra, no había nadie más vil y cruel que él por la traición que había cometido. Aioria moría de ganas, aún después de todo lo que supuestamente había hecho Shaka con Mu, de proclamarle sus sentimientos, y de sus labios iba a salir la palabra requerida por el felino en aquel momento, pero Shaka, desesperado y como última opción, decidió apresurarse y robarle la palabra que iba a articular en ese momento.


Por última vez se preguntó a sí mismo: ¿Cómo explicar que me sucedió? Solamente pasó, así como es un hecho que dos más dos da cuatro, y así como es una afirmación siempre cierta que las flores nacen en la primavera y los árboles se deshojan en otoño, era también todo un hecho lo que había pasado hace unos segundos, y en ese momento seguía sucediendo, pero que ninguno de los dos se atrevía a siquiera pronunciar. Solamente era lo cierto: estaba presente, era lo único seguro en aquel lugar en aquella hora: la única esperanza que lentamente nacía dentro de sus espíritus: y a esa esperanza fue que los chicos se aferraron, porque sentían que si se soltaban de ellas  iban a terminar muriendo de pena. Era algo que tenían que tomar o dejar, y dejarlo estaba dejando de hacerse una opción realmente válida, porque todo lo que Aioria y Shaka necesitaban en ese momento, era sentir que eran vivos, que no eran seres muertos, que sufrían ,que disfrutaban, que podían sentir sus cosmos elevándose hasta un exponente infinito, mientras ellos también ascendían en un plano muy distinto al físico hacia lo alto de las estrellas en las cuales ya estaba dibujado su destino desde hace milenios, a lo mejor inclusive antes de la creación de la Tierra y el Universo, Dios había creado el destino de los dos caballeros de bronce, y había decretado con fuerza de ley que se amaran hasta el infinito, y se persiguieran a lo largo de toda su vida, hasta que llegado el momento oportuno, se encontraran y juntos se hicieran uno solo, se fusionaran en esencia espiritual y se convirtieran en la más sublime de las criaturas, en el más grandioso de los ideales, y en la materialización del sentimiento más grande, un sentimiento que se dibujaría en el lienzo de sus pieles, y se trazaría delicadamente con sus apasionadas bocas, que querían devorarse la una a la otra como bestias salvajes en aquel magnánimo momento, en el que se olvidaron de que do más dos es cuatro, de que las flores nacen en primavera, de que los árboles se deshojaban en el otoño, y solamente se centraban en esa esperanza: en esa única opción, en esa esperanza, en esa elevación infinitesimal de sus cosmos, en esa sensación de estar vivos, de  sufrir, de disfrutar, de ascender hasta lo más alto, en esa única palabra que ambos necesitaban declamarse. La palabra declamada fue un beso.

Eso, al fin, era un primer beso.

Ya no habían más dubitaciones, no más dudas, no más pensamientos culposos, no más arrepentimiento, no había ninguna forma de deshacer lo que acababan de hacer en ese momento, y ambos lo sabían, pero para nada les interesaba o les llamaba la atención la idea de un arrepentimiento que no tenía razones para ser en aquel momento, en el que si desearían no haber hecho alguna cosa, esa cosa sería el haber perdido tanto tiempo pensando y recapacitando lo que harían, pues todo quedaba más que claro, por fin. No tenían más temor, el miedo por fin había muerto, así como lo que estuvo a punto de hacer la mala intención de Mu, que ya muy olvidado había quedado dentro de la casa de Virgo. Realmente, ¿Quién puede atestiguar o declarar que realmente pasó algo dentro de esa casa de lo cual se pudieran avergonzar los caballeros del carnero y la virgen? Nadie, y en Derecho, si no hay testigos, realmente no se puede declarar nada con respecto a un hecho. Él solamente prefería creer y creer en la inocencia de Shaka, dado que una diaáfana mirada como esa no podía mentirle cada vez que se posaba en sus opacadas esmeraldas, cada vez que, con lágrimas en los ojos, trató de decirle jurando y perjurando hace unos instantes que nada había pasado entre el cabellos lilas y él.

No, no requería explicaciones: lo amaba y punto.


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El 19/02/11 a las 09:02:31

Capítulo VI: Sólo Al Verte, Se Enciende Mi Mirad

Ninguno quería desprenderse del otro. Estaban cautivados en el arrebatado embeleso de sus labios, que implacables se azotaban como la marea alta azota las rocas del acantilado de la isla de la pasión. La inhibición de los caballeros, ya lejos había quedado, en una esquina dentro del templo de Virgo. Shura y un recién entrando Mu observaban, incrédulos, como su plan había fracasado grandísimamente. Querían evitar que todo sucediera, pero más bien actuaron como un catalizador y eso, ese beso, era el producto de la mezcla de dos reactivos, hasta hace unos momentos inmiscibles, cuando inicia esa reacción química exotérmica, exolumínica y todo lo que empezaba por exo, llamada amor. Se decidieron por fin a mirarse nuevamente abriendo, Shaka sus cielos, y Aioria sus esmeraldas, mientras aquel mágico acontecimiento llegaba a su ocaso, para apagarse entre no menos dulces y afectivas sonrisas, que más bien amenazaban con encender una vez más las llamas del frenesí entre los dos chicos, hasta que Aioria se atrevió a decir:

-Esto ha sido...

-Por favor, no hables más. Tenías que saberlo.

-¿Saber qué?

-Que te amo

-¿Qué?

-Lo que has escuchado, que te amo, que te quiero, que te adoro! Llámalo como quieras, pero yo no puedo callarlo más! Sé que debes sentirte decepcionado, o utilizado, porque he utilizado mi llanto y mi ruptura con Mu para acercarte más y más hasta mí, soy un canalla, no tienes que decírmelo, Aioria, ya lo sé!-Shaka gritaba, mientras enjugaba sus pestañas

-Shaka...

-¡No me odies, por favor, no me odies!

-Pero...

-No debí ser tan aprovechado, te amo Aioria, lo siento, perdón por haber malinterpretado nuestra amistad!

Y una vez dichas estas palabras, Shaka tapó su cara con su antebrazo y, llorando, corrió y corrió hasta desvanecerse de la vista por la lejanía. Aioria se había quedado perplejo. ¿Qué fue todo eso? ¿Acaso le dijo Shaka que...? ¡Le gustaba! El caballero de Leo saltó tres o cuatro veces chocando los talones de la felicidad que en ese momento se derramaba de la comisura de su sonrisa y de sus ojitos que, un poco más tarde de los brincos estaban cerrados, soñaban aún con el maravilloso milagro que habían atestiguado, se llevó una mano a la boca, como si se fuera a evaporar el encanto que dejó la virgen en sus labios, y luego la posó en su mejilla, para más tarde guardarla en el lado izquierdo del peto de su armadura. Su mirada, dirigida hacia el infinito, desprendía una luz mucho más grande que los rayos del sol que se reflejaban en la gema de su casco, al tiempo que una sonrisa despistada y tierna se dibujaba suavemente en su rostro. Lo único malo, es que no había durado tanto como para alcanzar a decirle que sentía lo mismo por el rubio.

Estaba tan molesto consigo mismo, por no haber sabido sacar provecho de la oportunidad para decirle que también lo amaba, que no pudo evitar lanzar su casco al suelo y pisotearlo con sus dos pies, como cierto personaje de cierta comedia mexicana hacía con su sombreo cada vez que Doña Florinda lo cacheteaba, pero su frustración no era con nadie más que con él mismo. Quizás Shaka se sintió culpable por el beso porque si tuvo intención en hacer lo que hizo con Shura, pero realmente prefería no aceptar esa idea. Era demasiado aberrante. Más bien prefería pensar que se había entristecido porque creía que no era correspondido. Y tenía razón.

Desde el recibo de la casa de Virgo, no se podía escuchar nada que no fuera el eco de unos lamentos, que se asemejaban al llanto de un inocente niño, saliendo desde la alcoba principal, cuya puerta estaba descuidadamente abierta. Pero qué más daba en ese momento para Shaka dejar su puerta abierta, habían preocupaciones mayores en aquel instante que un hurto a su cuarto, no podía desvanecerse de su mente la expresión del, no bello, bellísimo moreno mientras sus facciones se tornaban en ininteligibles cuando el muy descarado del rubio se atrevió a llevarse su boca a la suya, después de una posible noche de pecados con la cabra. No estaba muy seguro de nada, pero realmente era lo más factible, o ¿Shura tendría razones para meterse a su cama y tener un colchonazo con él? No debió hacer lo que hizo. Más nunca lo haría, se juraba cuando sus gemidos eran disipados por la profundidad del vacío de la sexta casa.

Por otro lado, ciertos caballeros de las constelaciones rumiantes del zodíaco hacían honor a sus guardianes el carnero y la cabra, al tiempo que redigerían su rabia en un indignado silencio. Shura, apoyado contra una columna de ornamento de las escaleras hacia la casa de Aries, mientras Mu, reposando en un banco con el puño apoyando la mandíbula. Hasta que Mu se atrevió a hablar:

-Maldita sea, fracasamos

-Oh, al fin te das cuenta…

-No me trates así, soy sensible…

-Bueno, está bien, mariquita…

-¿Cómo dices?-regañó Mu, al tiempo que preparaba su Stardust Revolution

-Nada, nada…

-Espera un momento, Mu, ¡tengo una idea!

-Acéptalo Shura, todo terminó, perdimos…  

-Nada de eso, más bien esto solo ha empezado

-¿A qué te refieres?

-Ya lo verás Mu, ya lo verás, solo confía en mí…

Volviendo al templo de la doncella de las 12 casas, el dueño de los ojos azules más seductores del zodíaco seguía mordiendo sus labios para ahogar sus gritos de furia contra su propia persona, hasta que de repente sintió una voz a la que ya se encontraba acostumbrado. La voz que lo había acompañado virtualmente desde su nacimiento, era su gran maestro, su guía.

-Shaka, ¿qué ocurre?

-Lo peor de mi vida!

-Especifica, por favor…

-Se lo dije todo

-¿A quién?

-A Aioria, no pude resistirme, pero es que… no estoy seguro…

-¿De qué?

-De algo que pasó entre Mu y yo anoche

-Si no estás seguro, no ha sucedido en tu corazón, ni para los efectos de esta conversación, y dime, ¿qué tenía que ver lo acontecido con Mu con Aioria?

-Es que… yo ya no lo amo (A Mu), pero creo haberme acostado con él… Me siento tan…sucio…-no pudo continuar y ahogó unos quejidos más en sus sábanas mientras amargas gotas de salado mar mojaban la cama, Buda le dijo entonces:

-No ha pasado nada

-¿Qué dices, maestro?

-Que nada ha acontecido. Un alma tan pura como la tuya no puede cometer tal bajeza

-¡Pero lo hice!

-No Shaka, tú no has hecho nada…

-¿Eso crees?

-No lo creo, lo sé…

-Bueno, pero igual hice algo malo, aunque no me hubiera acostado con Mu

-¿Por qué?

-Besé a Aioria, y de la vergüenza me vine llorando hasta acá

-¿Y esperaste a escuchar su opinión?

-No tengo esa fuerza maestro…

-¿Entonces  cómo esperabas un buen resultado?

-Hnm?

-Así es, querido discípulo. Si nunca das la cara a las penas, serás tarde o temprano arrasado por las malas rachas de la vida. Sé que cuesta ser Hombre y dar la cara cuando hay tanto sentimiento de por medio, pero si te dejas llevar por ese sentimiento, sufrirás. Enfréntalo: si te ama, sé feliz, pero si no, asegúrate de aguantar y continuar la vida… Tú eres capaz, me lo ahs demostrado en otras oportunidades

-¿Tanta confianza en mi tienes, maestro?

-¡Claro que sí!

-Gracias, tus palabras me son consuelo! Maestro… maestro… ¿maestro?

La alcoba nuevamente era llenada por la soledad que antes tenía. Pero ya Shaka se sentía un poco más reforzado como para enfrentar a Aioria, el hombre que lo tenía así. Después de todo, ¿no era el caballero más cercano a Dios? No podía seguir llorando como una niña asustada temiéndole al monstruo del clóset, tendría que salir al campo de batalla y pelear con honor. Decidido a vencerse a sí mismo, se dirigió a paso firme y seguro hasta la casa de Leo, y estaba dispuesto a enfrentar el rechazo de ser necesario, si ese era el precio a pagar para poder seguir adelante con la vida. Pero sabía que su maestro le había mentido. No podría seguir con su vida si Aioria le decía que no. Era cuestión de vida o muerte, la distancia era una especie de muerte en vida, lo mantenía dentro de este mundo, pero el precio a pagar era la zozobra de la duda y la desconfianza, y solamente se dio cuenta de lo agónica que podía llegar a ser esa duda mientras le empezaron a temblar los pies y sus rodillas se tornaban débiles en la puerta de la casa de Leo. Era horrible, prefería morir a seguir viviendo así. Con el mayor acopio de voluntad que un hombre tendría que hacer en su vida, tocó a la puerta…

-Aioria!

Nada. Eso era todo lo que resonaba en el aire, en las paredes, en el techo, pero no se iba a rendir tan fácilmente, porque Aioria lo tendría que atender, no se iría de ahí hasta lograr su cometido. Nuevamente cogió una bocanada de aire, y gritó:

-Aioria!

Aún se podía sentir ese hondo y profundo vano sonido que se reverberaba por las paredes y el techo del león. Y aún así nadie salía a abrir la puerta. Ni siquiera se escuchaban pasos. De nuevo vociferó:

-Aioria!

No se sentía ni un movimiento proveniente del interior de la quinta casa. Dicen que la tercera es la vencida, pero aún así ese teorema de la vida se vio descartado en esta situación. Era algo definitivo. No había nadie. Shaka tendría que sentir esa incertidumbre y soportarla unas horas más. Pero no estaba dispuesto a moverse ni un solo paso de aquel pórtico.

El felino y bronceado chico, como cosa rara, se había ido casas arriba a visitar a Aioros. Ya llegando a la puerta de Sagitario, y aún tratando de comerse todo el aire de la Tierra de tanto correr, tocó la puerta con violencia. Un recién levantado de la cama Aioros se acercó hasta la entrada de su templo. Estaba sudado y casi desnudo, salvo por la sábana que cubría su intimidad. Esas no son fachas para salir de la casa de uno, eso ya se da por supuesto, pero la verdad es que como era solamente su hermano menor, no tenía nada que esconder. Hubiera podido hasta salir desnudo, pero hubiera sido demasiado indecente.

-Aioros, ¿estás amanecido?

-Deja el chalequeo, Aioria

-Ajajajaja!-rió el leoncillo, mientras divertido le quería quitar la sábana a Aioros, que agarraba con fuerza su cobertor de Car’s

-Aioria, no seas ocioso! ¿Viniste a desnudarme acaso?

-No, vale…-decía mientras cínico logró quitarle la tela a Aioros. Estupefacto, gritó:

-Tu madre!

-La tuya!

-Me da igual, es la misma!-ambos rieron. Pararon cuando Aioria se percató de una mancha de sangre en la sábana que hace unos segundos le había logrado arrebatar a su hermano mayor, y le preguntó:

-¿Y eso?

-Es que al fín lo logré

-¿Qué?

-¡Yo fui el seme en la cama anoche!

-Ah, jaja! Ese es mi hermano!-dijo Aioria en tono machista, mientras chocaba la mano de Aioros

-¡Con razón Julián siempre quería serlo! Pero yo decidí ser el activo en la relación, y dije que si no, no habría nada de merequetengue anoche

-¿Y como fue?

-Fabuloso!

-Pero por el charco de sangre que hay en este cobertor, yo me atrevo a decir que no podrá sentarse en unas 6 semanas

-Ya era hora de que pagara, yo siempre era el que terminaba malogrado después de tanto sexo… Bueno, cambiando el tema-le arrebató de nuevo la sábana a Aioria y se cubrió sus vergüenzas-¿A qué viniste?

 -Es por… Shaka.

-Me lo imaginaba. ¿Qué pasó ahora?

-Nada…

-¿Entonces?

-¡No, debió ser “algo”!

-¿Por?

-Se lo iba a decir, y de golpe, me besó!

-Felicidades! eso significa que siente lo mismo por ti! Y eso que tiene de malo?

-Que él piensa que no lo quiero!

Aioros se echó a reír. Aioria se molestó y le lanzó un codazo.

-Perdón, es que no lo pude evitar… pasó lo mismo que contigo!

-Bueno, pero ¿qué crees que deba hacer?

-Nada…

-¿Cómo que nada?

-Nada… sólo esperar… nada conviene después de ese beso.

-¿Qué?- Aioria empezó a ahorcar a Sagitario, que ya azul gritó

-Era broma!-el león lo soltó

-¿ENTONCES?-gritó Aioria, histérico ya

-¡Por supuesto que tienes que ir y decírselo, tarado!

-Pero, no puedo…

-¿Sigues con eso?

Aioria no podía contestarle como debía porque estaba obnubilado dentro del complejo sistema de información que sobrecargaba a su cerebro con la sola idea de confesarle a Shaka a juro con palabras, lo que sentía. Si Shaka pudo ¿por qué él no podía? Pero si con un pensamiento se ofuscaba como en esos momentos estaba de ofuscado, ¿Qué más podría pasar con tenerlo al frente, y torpemente tratar de confesar su amor?

“¿Cómo podré, si sólo al verte se enciende mi mirada?”


FECHA El 14/03/11 a las 05:03:13 IP GUARDADA Enviar Privado Añadir Amigo · Enviar Privado Enviar Privado · Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
Online AzocarDeEscorpio
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El 19/02/11 a las 09:02:31

Capítulo VII: No Puedo Seguir Viviendo Así

-Hermano, hermano… Aioria!-Aioros, preocupado por su hermano, le lanza una galleta a la cara a ver si reacciona, ya pensando en la posibilidad de un ACV por tanto tiempo quieto que llevaba el guardián de la 5ta casa. Al instante, Aioria reacciona y abre la boca para tragarse la galleta.

-Eres un pozo sin fondo-dijo Aioros, mientras lo miraba moviendo la cabeza

-Y tú un demente lanzagalletas! ¿Por qué me arrojaste eso, aunque está deliciosa?

-Ya me estabas alterando con ese rostro que tenías ahorita

-¿Cuál rostro?

-¡A poco y no te diste cuenta!

-¿De qué?

-¡Ay de nada Aioria!-le lanza un cojín, que fácilmente es esquivado-mira, no te hagas el loco que yo me he dado cuenta de que no has respondido: ¿Le vas a contar o yo tengo que contarlo también como el chismoso hermano mayor?

-No, no, mejor yo lo cuento!-aseveró desesperado Aioria. Recordó la última vez que Aioros le quiso hacerlas de Cupido. Todo el santuario terminó pensando que estaba enamorado de Shaina, incluido el mismo Casios, que tuvo que matar en aquella sangrienta lucha bajo el Satán Imperial de Arles, todo porque Aioros leyó mal una carta y no entendió cuando escribió Shura, y lo leyó como Shaina. ¡Qué bochornoso fue eso! No pudo evitar entrecerrar los ojos y mirar con perspicacia a su ahora también mejor amigo y confidente amoroso.

-Oye, ya te dije que de lo de Shaina no tuve la culpa yo, fue el cartero!

-Claro que no! Fuiste tú con tu lengua larga!

-Bueno, mejor cambiemos el tema… Mira, se hace tarde, y tienes que ir a gritarle a Shaka tus sentimientos, ¡ya vete!-dijo apresurado Aioros, al tiempo que conducía de forma acelerada a Aioria hasta la entrada de Sagitario. Al tiempo que Aioria se alejaba de la novena casa y se dirigía a Escorpio, se podían escuchar unos gritos de placer provenientes desde el templo que acababa de dejar, y a su hermano a viva voz expulsar de su garganta el nombre de Julián. El felino, se volteó y lanzó una sonrisa hacia la casa de su hermano:

-Ese Aioros…

Y al recordar lo que tenía que hacer, se volvió hacia su camino y continuó, tratando de hacer caso omiso a la corriente de presentimientos, sentimientos y postsentimientos que pasaban raudos por su cabeza. ¿Y si está molesto? ¿Y si era mentira y era sólo para desilusionar a Mu o por una simple venganza? No, Shaka no era capaz de ello. Ya iba pasando por la casa de Libra y no podía parar de atormentarse con tantas ideas. ¿No sería el día de los inocentes? ¿No habría escuchado mal? ¿No lo habría soñado más bien? ¿Shaka se habría emborrachado?. Llegó a Virgo. Pasó sin pedir permiso, porque ya se hacía costumbre para Shaka olvidar cerrar con llave. Bueno, llegó hasta el final de la sexta casa, y no había nadie. ¿Estaría en su casa? Empezó, con marcha fugaz, a recorrer el camino hasta su casa. ¿Y si más bien iba a Aries? ¿O si se había reconciliado con Mu? Su Shaka, ¿De nuevo con otro? Mientras se entretenía cada vez más en sus pensamientos, no recordó mirar los escalones rotos, del ken que le lanzó a Shura, y de golpe, cayó por las escaleras cuando andaba por llegar a su correspondiente templo y, torpemente resbaló hasta Leo. Vio a su amado rubio ahí, al frente de su casa, esperando en su clásica posición de meditación. No pudo evitar embobarse con esa belleza que emanaba su luminoso ser mientras sus rubios cabellos bailaban al ritmo de la cosmoenergía que se desprendía del caballero dorado, y se levantó antes de que abriera los ojos y lo viera en esa incómoda situación. Sólo alcanzó a saludarlo con un discreto:

-Oh, hola

-…-Shaka no respondía y permaneció cabizbajo.

-¿Shaka, por qué tan callado?

-…

-No temas hablarme, no te comeré…

-…-Esta vez, Aioria se desesperó y se acercó hasta su amado rubio y lo tomó por la barbilla, redireccionando su mentón justo hacia su cara, al tiempo que le decía con un hermoso tono mientras dulcemente lo miraba:

-Shaka, por favor háblame, y permíteme el privilegio de ver tus lindos ojos, que son los más bonitos que yo alguna vez haya visto en esta vida, y dame el regalo de la contemplación de tu por siempre perfecto rostro

-¿Hablas en serio?-rápidamente cambió su posición Shaka, mientras alzó su carita

-Yo nunca hablo en broma, y deberías saberlo tú mejor que nadie, Shaka de Virgo

-Bueno, está bien… Sólo quiero pedirte perdón por la confesión de hace unas horas, pero es que no pude aguantarme realmente

-No te tienes que disculpar

-¿Ah?

-Lo que escuchaste, no me molestó lo que me dijiste, más bien, fue lo mejor que me han dicho en la vida…

-¿Qué estás queriendo decir?-Shaka entendía, pero al mismo tiempo no podía entender toda la información que estaba llegando a sus oídos de una sola bocanada de palabras, de una sola frase.

-¡Qué ya no puedo seguir viviendo así!

-¿Cómo así?

-Shaka, no seas evasivo, ¡TAMBIÉN TE AMO!

-¿Qué?

-¡¡¡¡¡¡¡TE AMO, TE AMO, TE AMO, TE AMO, TE AAAAAMOOO!!!!!!

Shaka perdió el habla. No pudo decir nada ante la confesión de Aioria. Su maestro tuvo la razón cuando le dijo que también sentía algo por él, pero nunca pensó que iba a ser tan explícito, o tan hermosa la expresión de Aioria al decírselo, que abrió los brazos, como preparándose para abrazar a un elefante. Sólo atinó a tartamudear:

-Mmm, No, no, no te entiendo…

-Te amo, Shaka, y no como amigo, sino como mucho más, me enamoré de todo lo que se llama Shaka, amo todo lo que huele a ti, amo todo lo que sabe a ti, y amo todo lo que se oye como tú…

-No lo puedo creer, repítemelo por favor, para por fin creerlo

-Shaka… Shaka, yo te amo

-¡Oh, Aioria!

Ya no aguantaba más. Lo abrazó con la fuerza con la que un desahuciado se aferra a la vida con las cadenas de la esperanza. Era increíble, su más grande sueño se estaba haciendo realidad: en los brazos de Aioria, no como un amigo, no como un compañero, no como un hombro de apoyo, sino como todas las cosas a la vez, o no… eso era distinto, pero tan amoroso, tan lleno de ternura y cariño, que la palabra amor tenía un calibre demasiado pobre como para alcanzar a definir la mitad de lo que era este carmín que teñía el rostro de los dos, y se combinaba con los amarillos cabellos de Shaka, el verde de las pupilas del león y los mares de la mirada del hindú, haciéndose un arco iris, el más hermoso de todos, que se posó en el cielo de sus corazones. Aioria sentía lo mismo, pero era un hombre más de actos que de palabras, y lo iba a demostrar. Ya era hora, eso era amor. Aioria empezó a besarlo por el cuello, e iba a besar sus orejas y morderlas, hasta que Shaka lo detuvo con la mano.

-Oye ¿que pasó?

-¡Aioria, Nada de sexo!

-¿Cómo es la cosa?

-No quiero tener relaciones sexuales contigo, aunque te amo con una intensidad ardiente que podría quemar al mismísimo Sol

-¿Pero te refieres a un no por ahora, verdad?

-No, ¡yo soy asexual!

-¿Cómo es la cosa?

-Lo que escuchaste, y si me amas, me respetarás…

-Por mi no hay problema, pero…

-Eres igual a todos, siempre tan básico!

-¿Por qué?

-¿Todo lo que querías era tener sexo conmigo, no?

-No,Shaka, lo estás malinterpretando todo…

-¡Nada de eso, te descubrí!

-¡Shaka, eres tan obtuso como una escuadra!

-¡Piensa lo que quieras, pero vete de mi casa!

-¡Shaka, sólo quería demostrarte mi amor con actos!

-¡Pues ve a demostrarle tu amor con actos a Shura!

-¡Debería!

-¡Vete de mi casa, pervertido lascivo, VETE!

-¿Sabes qué? ¡Vete a freír monos!

Shaka huyó nuevamente de la escena de los hechos, dejando a un desolado Aioria en el pórtico de su casa, de broma con una idea de lo que había hecho. Shaka no era gay, ¡era asexual! No sabía que decir… Pero lo pensó, y entendió. No podía creer que pudo ser tan insensible, ¡Aioria le hizo a Shaka lo mismo que Shura le hizo a él!  Era tan miserable… Mientras tanto, el hindú dialogaba con su ya Dr. Corazón, Buda.

-Shaka, ¿no crees que fuiste demasiado delicado?

-¡No, para nada… no lo fui!

-Pero es lo natural que iba a pasar si te quería

-Para mí, eso no es natural!

-¡Está bien, para ti no, pero para él sí lo es, porque es lo acostumbrado en este mundo! Además, hay más homosexuales que asexuales ¿cómo él iba a saber que tú eras asexual?

Shaka enmudeció.

-Además de eso, a Mu no te le negaste, ¿o sí?

-Te dije que nunca más habláramos de eso!

-Sí te lo tengo que recordar porque no es mentira y tú sabes eso a la perfección

-Es que es un recuerdo muy doloroso… yo lo hice por desesperación, y porque quería que no me dejara, pero por más nada, no fue que eso fuera algo que me encantara, sólo por él lo hice, y no lo volveré a hacer

-Pero ¿Por qué no con Aioria?

-¡Porque sencillamente es algo cochino para mí! Y yo cometí ese error con Mu, pero me juré a mí mismo después del incidente en el centro comercial que más nunca me volvería a pasar nada ni siquiera remotamente parecido a ello.

-Pero, yo creo que eso no le molestó a Aioria…

-¿Por qué lo piensas, maestro?

-Por la manera en la que contaste todo…

-¿Ah?

-¡Shaka, pareciera que la meditación no te ha dado nada de sabiduría! ¿Es que acaso no te das cuenta de tu error?

-¿Cuál error?

-¡Qué nunca dejas hablar a nadie!

Una vez más, el rubio no pudo hacer más nada que callar y tornarse cabizbajo.

-A lo mejor, ¡te iba a decir que no le importaba!

-¡Ups!

-Sí, ¡Ups!, Metiste la pata, Shaka, ¡Y en grande!

-¿Ahora qué haré?

-¿Ya qué vas a hacer? ¡Ve a pedirle perdón a ver si te lo concede!

-Pero maestro…

Sintió una vez más el vacío que caracterizaba el abandono de Buda. Sin perder tiempo, empezó a trabajar para seguir el consejo de su mentor. Se puso su armadura y se dirigió hasta la entrada de su casa. Cuando iba a salir, quedó mudo. Al frente, estaba Aioria, rodeado de un valle de rosas blancas y rojas, todas agrupadas en el suelo, diciendo: “TE AMO, SHAKA”. Ese rosal debió haber costado el empeño de su armadura, pero no, porque el griego la estaba usando. Con algo de temor, murmuró:

-Aioria, ¿Qué significa todo esto?

-¡Qué te pido perdón, mi doncel!

-¡No, perdóname tú a mí, por no haberte escuchado antes!

-¡Mi ángel!

-Mira, Shaka, ¿Crees que ya tengo tu confianza de nuevo?

-Déjame pensarlo ¡sí!

-¿Puedo besarte una vez más?

-¡Adelante, león!

-¡Grr!

-Shaka, te quiero llevar a salir. ¿Aceptas?

-¿Una cita?

-No, todavía no, tú te mereces tantas cosas, que un paseo en la playa no merece llamarse cita para ti

-Bueno, ¿una salida?

-Sí, y ya sabes que en la playa!

-¿A qué hora?

-¡Al mediodía, te espero!

-¡Chao!

-¿Y mi beso?

-Ah, ¡está bien!

-¡Hasta luego, mi amor!

Sin percatarse de ello, una sombra los estaba vigilando, acechando desde detrás de una de las imágenes de la casa de Virgo, al mismo tiempo que su fría voz se escuchaba, diciendo:

-“Así que van a la playa… Yo me encargaré de que sea… Inolvidable…”


FECHA El 08/07/11 a las 08:07:57 IP GUARDADA Enviar Privado Añadir Amigo · Enviar Privado Enviar Privado · Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
Online midori_tauro
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El 07/08/07 a las 03:08:45

KONNICHIWA!!! KONNICHIWA!!!

KONNICHIWA CHICO YAOI!!!

ES MUY CURIOSO VER A CHICOS ESCRIBIENDO Y OPINANDO EN EL FORO... UHMM... ¡¡¡QUÉ BIEN QUE TODAVIA EXISTA GENTE SIN PREJUICIOS!! BUENO, LEÍ TU PRESENTACIÓN Y VINE CORRIENDO PARA ACÁ... JAJAJAJA, ESTUDIAS INFORMÁTICA,AJAJAJA, ME DA RISA PORQUE MI ESPOSO ES INGENIERO EN INFORMÁTICA,JAJAJA SÓLO QUE SOMOS ORGULLOSAMENTE MEXICANOS... BUENO.. BASTA DE REÍR...

NO TE PREOCUPES SI CASI NADIE TE VIENE A VER, ES NORMAL... AL PRINCIPIO... YA VERÁS CÓMO TE HAGO PUBLICIDAD Y VIENE UNA QUE OTRA AMIGA.. JAJAJA, QUE BUENO QUE NO TE DA ASQUILLO SENTIR AMOR HACIA LOS HOMOSEXUALES... DE HECHO, COMO MUJER TE DIGO QUE ME ENTERNECEN... NO SÉ SI SEA PORQUE YO SEA BISEXUAL O ALGO ASÍ... JAJAJAJA, YA ESTOY DICIENDO ESTUPIDECES OTRA VEZ, JAJAJA.

APARTO LUGARCITO PARA VOLVER A VERTE Y LEERLE A MI ESPOSO TU FIC. A AMBOS NOS ENCANTA ESTE FORIN Y CREO QUE TU HISTORIA VA PARA LARGO...

JANNA!!! MATTA NE!!!


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