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¿Sólo amigos?
Saga x Shaka
Bebió frustrado el jugo de naranja que había sacado de la máquina dispensadora de golosinas y refrescos, miró hastiado como su “amigo” platicaba TAN gustoso con el nuevo paleontólogo encargado del área de paleobotánica que reciente había llegado hace dos semanas. Aioria Akkros, tez morena, griego como él, con dos coquetas gemas verdosas que disfrutaban del recorrido por el cuerpo espigado de SU amigo….
Porque era su amigo.
Saga así lo había decidido.
Tiró la lata en los contenedores de PET, el sol de Grecia era demasiado fuerte y los días de agosto demasiado calurosos; Paleontólogo de profesión, con treinta y tres años a cuestas, Saga Anastopoulus se preguntaba si había decidido bien el terminar su relación con Shaka Zadillat, el cual –hasta hace tres semanas– había sido su pareja por tres años. Y es que Saga dudaba de que era lo que quería… Osea, estaba bien con Shaka, se sentía a gusto y daba gracias a Zeus que Shaka también fuese paleontólogo, quien más que un colega para entender lo que su trabajo requería.
Tiempo. Sacrificios. Esfuerzo.
Eso era un pro a su relación. Pero últimamente tenía muchas dudas… Se veían casi todo el día en el trabajo, explorando los campos en búsqueda de fósiles nuevos. Desde que Saga daba clases de maestría en la universidad de Grecia había conocido a Shaka como estudiante, hace ya nueve años; después de eso habían comenzado una relación amistosa, hasta el punto de compartir el departamento. Saga le había ofrecido su vivienda por la situación económica que vivía el hindú. Fue así como empezaron a entablar una relación de colegas amigos. Pronto Shaka entró a trabajar para la misma compañía en que trabajaba Saga, pasando la mayoría del tiempo juntos, conviviendo, trabajando, haciéndose más unidos hasta el punto de llegar a lo inevitable.
La atracción física. El sentimiento compartido, necesitado que buscaban aquellos dos hombres.
Pero recientemente, no sabía si su relación iba por buen camino; para Saga la situación aparentemente iba bien… eran ya tres años saliendo, viviendo bajo el mismo techo, compartiendo comidas y cenas, el sexo también estaba bien, más que bien. Pero…
¿Por qué siempre encontraba peros?
No sabía. Quería a Shaka, seguro que lo quería, pero su loca cabeza siempre sacaba a relucir la tonta rutina que tenían. No quiso hablarlo… prefirió romper la relación y quedar como amigos.
Eso era lo que le había dicho a Shaka.
–Seamos amigos...
¿Amigos? Ya no estaba tan seguro si quería ser SOLO su amigo.
Entró el camper que le habían asignado, llevándose la sorpresa de una no tan deseada visita.
– ¿Qué haces aquí Afrodita?
Saga se regresó a abrir la puerta de su camper, y es que estar a “solas” y “encerrado” con Afrodita, no era una opción viable en el campo de trabajo. Afrodita Larsson, el geólogo a cargo de las excavaciones – y su jefe – era conocido por su excéntrica belleza que atrapaba, tanto a hombres como mujeres, pero para Saga, su jefe era algo que prefería evitar.
El sueco se encontraba en el sillón de piel tomando el té que había preparado en la cocineta de Saga.
– ¿Cómo va tu relación de “amigos” con Shaka?– A saga le pareció una burla más que una pregunta.
–Bien.– contestó con un dolor de estómago, un retortijón que le indicaba que ese “Bien” no era del todo cierto. –Somos dos personas maduras, profesionales… ¡Somos amigos! ¿Qué va? ¡Grandes amigos!
¿A quién quería engañar?
Se moría de celos de tan solo pensar en que Shaka pudiera comenzar una relación con Aioria.
– ¡Grandes amigos! Wao…– Afrodita le vio con aquellos cielos coquetos. –Entonces como TU amigo, Shaka debió decirte que hoy saldría con Aioria– una sonrisa sardónica, un guiño con forma de secreto. –Creo bajarán al pueblo para tener una “velada romántica”.
Dejó caer la taza del té al lavabo. Rota. Deforme. Con fragmentos que no podían volver a ser restaurados. ¿Así justo sería la relación con Shaka?
– ¿Estas libre esta noche? – no pensó, automáticamente Saga dejó salir aquellas palabras.
Una sonrisa triunfal en los labios del menor.
Esa noche se iba a divertir como nunca.
***
Shaka se preparaba para la salida de esa noche con Aioria, aquel joven de su misma edad, y el cual, había llegado apenas un par de semanas atrás; le agradaba el chico, de personalidad risueña, con dos gemas coquetas que no perdían oportunidad de observarle y regalarle algún guiño cada día. Se divertía mucho con el, siempre tenía algún comentario que le hacía sonreír o soltar alguna carcajada por los chistes que le contaba. Atento además… Aioria era un hombre encantador, acomedido y muy bueno en su área.
Le encantaba.
Pero… pero Aioria no era Saga.
Tenía que admitirlo, por mucho que Aioria le llamase la atención, y le atrajese de forma física –por que no podía negar que Aioria además de todas las buenas cualidades que poseía, también tenía un físico atractivo, más aquel par de sentaderas que día a día ejercitaba con 500 sentadillas – y que decir de aquellos ojos verdes.
Ese era el problema.
Esos benditos ojos verdes, esmeraldas a su gusto, que siempre traían un brillo especial… Pero no… Esos ojos verdes solo le hacían recordar los verdes jades de Saga. SU amigo Saga, el que antes había sido SU pareja, y ahora solamente eran AMIGOS. ¿Por qué eran amigos, no?
Shaka dudaba si quería seguir siendo su amigo.
Frustrado se cambiaba de ropa, había escogido un pantalón casual de vestir color hueso con una camisa color beige de rayas verticales, rosa y azul pastel con vistas plateadas. Esa misma que le había regalado SU amigo Saga, cuando eran pareja, justo un cumpleaños anterior. Saga no era bueno para los regalos, siempre le regalaba algo –a los ojos de los demás – de muy mal gusto, pero para Shaka no era así… Amaba los malos gustos de Saga. Amaba a Saga.
Suspiró cansado.
Se cambió desganado.
Colocó sus sandalias café a sus blancos pies, y el cabello dorado lo ató en una cola floja que se acomodó de lado. Se sintió un poco mareado a la sublime luz de lámpara de su camper. Desde hace días que se había sentido así más no quería incomodar a nadie con lo que seguramente una noche de descanso arreglaría.
Una vista en el espejo, se veía bien… Un poco más pálido, mas delgado, pero bien.
¡A quien quería convencer!
Estaba menos, del todo bien. Los mareos eran por culpa de que no comía a sus horas, seguramente la anemia había surgido de nuevo; mucho se había descuidado en sus años de estudiante, apenas había tomado su peso ideal cuando empezó a vivir con Saga. Una de las cosas que extrañaba de su relación, era cuando Saga le preparaba sus comidas.
Tomó la almohada entre sus brazos, apretándola, sentándose en el sofá de aquel lugar, asfixiando el rectángulo de tela y plumas de garza como si se tratase de Saga.
¡No quería ser su amigo!
Aunque también sabía que ya no podían ser algo más que amigos. Saga había sido rotundo aquella vez que había terminado con él. Por más que se preguntaba que cosas habían salido mal, o algo que le haya molestado de él mismo, o alguna otra cosa que fuese factor importante para la ruptura… Pero nada. No encontraba la causa que había descubierto Saga. Quiso preguntarle, reclamarle los muchos por qué, pero no pudo… Solo aceptó ser su amigo.
Otro enorme suspiro.
Ya de nada valía las causas… Saga de seguro buscaría alguien más mientras el tendría que intentar por otro lado… Esa noche Shaka pensaba en darle una oportunidad a Aioria.
Se levantó de su asiento botando la almohada, echándose un ultimo vistazo al espejo; sonriendo… A pesar de todo lo vivido en las últimas semanas lucía encantador. Se puso la bufanda color hueso, estando a punto de recoger su dinero un llamado a la puerta escuchó.
Era Aioria.
Un pase.
Y el castaño de esmeraldas de aurora entró, ofreciéndole una afable sonrisa, por demás encantadora. Sus celestes se agrandaron al verle, sonriéndole de igual forma, tomando su cartera y salir junto a él.
***
– ¿Estás seguro que aquí es? –Saga se hallaba tomando del cappuccino que había pedido en aquel Café –de los únicos– que se hallaba en el pueblo. Estaba sentado en una mesa apartada de las demás del local junto a Afrodita, que reía divertido ante la vestimenta del griego.
Enfundado en una gabardina color negro, con gafas oscuras y el cabello escondido en una boina negra; claro, los cabellos que podría guardar, porque el que conociera a Saga diría que ese hombre era, Saga… vistiendo algo ridículo.
–Aquí es Saga… Cálmate, no tardaran en llegar.
Y mientras eso pasaba, Afrodita Larsson se encontraba viendo el hermoso panorama que un español le estaba dando a dos mesas de dónde estaba con su acompañante. Sin duda un hombre hermoso el de cabello azabache, con aquellos ojos como la noche. Descarado, mandó un guiño coqueto mientras Saga insistente tamborileaba sus dedos en la mesa de madera.
–Tardan mucho.
–Aioria debió cogerlo antes de llegar aquí.
El recrujir de sus muelas denotaron demasiada molestia, imaginarse que Shaka se encontrara gimiéndole a aquel, seguramente inexperto, le hacía reventar el hígado; sus ojos incendiaban el mas puro cáliz de fuego. ¡Hervía! no midió la fuerza destructora de su mano, solo sintió como el café –frio– se derramaba en su palma junto a unos pequeños vidrios que se incrustaron en su piel.
– ¡Válgame Saga! ¿En que diablos piensas?
Afrodita rápidamente sacó un pañuelo de su bolsillo, pidiendo ayuda inmediatamente a un mesero para que le trajese el boquitín de primeros auxilios.
–En como debe de estar cogiéndole. ¡¡DIABLOS!!
– ¡Cálmate Saga! – hasta ahorita se daba cuenta de la magnitud de su comentario. Conocía al griego, un hombre demasiado temperamental y bipolar, antes preferiría salir con el albino historiador que con su paleontólogo. –Será mejor que vayas al baño y te laves mientras te llevan el alcohol.
Hizo caso. Tenía que refrescarse, lavarse y calmarse antes de que Shaka llegase con el idiota paleo botánico o como sea que fuere sus especialidad.
No lejos de ahí, a la entrada del café recién ingresaban Aioria y Shaka. La noche lucía despreocupada para aquellos dos. Joviales, frescos, habían escogido una mesa apartada del resto de los demás, que les diera privacidad a esa noche que parecía estupenda a los ojos de ellos dos. El sueco no había perdido de vista a la pareja, reconocía el andar de Shaka y lo había localizado en cuanto había cruzado la línea de la entrada principal. El café se dividía en dos, el área cerrada y el área libre donde las mesas estaban cubiertas por una sombrilla.
–Luces hermoso…
El comentario de Aioria llegó a la vista de Larsson y es que para nada había aprendido a leer los labios. Fue entonces que se le ocurrió una brillantísima idea. Necesitaría ayuda… Y el español parecía ser el indicado para llevar a cabo su plan.
–Gracias Aioria.
Se sentía bien, pero no podía evitar sentirse algo nervioso y hasta cierto punto incómodo por la coquetería de Aioria. Decidió relajarse. Esa noche aceptaría lo que le sucediera. Quería salir del enorme hoyo en donde estaba estancado.
***
¡Pero que suerte! Tantos meses viniendo a aquel lugar y no había detallado en aquel hombre de nombre Shura que por cosas del destino había terminado siendo el dueño del local. Afrodita sonreía gustoso mientras le platicaba al español de la desdicha de su amigo y la ayuda que necesitaba en esos instantes y que solo él, como dueño, podría ayudarlo. Y parecía que su coquetería daba resultados.
–Veamos si entendí– el de cabellos azabache se escuchaba hablar con aquel sensual acento que al sueco tenía encantado –Lo que me pides es que cambie a aquella pareja de allá a tu mesa que compartes con tu amigo– El sueco asentía con la cabeza, rozando un tanto sus dedos con la mano blanca del español –Pero dime… ¿porque te puedo tutear?
–Tutéame lo que quieras.
–Será un placer– y sin deberla ni pensarla, el ibérico besó la mano sueca –Deberé decirles que esa mesa ya estaba reservada y las demás que estén desocupadas por igual…
–Gracias Shura… estaré agradecido contigo eternamente.
–No agradezcas Afrodita… mejor comparte conmigo un café mañana.
Sonrió gustoso. No solamente había obtenido su cometido, sino que una cita mañana en la mañana tendría con su tan buen acompañante. Y quien sabe, también podría haber una comida el viernes y hasta una cena a la luz de las velas.
Para ese entonces ya el dueño personalmente había ido a la mesa de Shaka y Aioria a disculparse con ellos, molestos, en especial Aioria, había refutado del mal servicio que tenían. Estaba a punto de pararse y llevarse a Shaka cuando el español alegó que podrían ocupar una mesa compartida y en cuanto se desocupara otra se la darían. No muy convencido Aioria aceptó, pero Shura refutó que la cena de hoy corría por la casa.
–Es la última vez que vengo a este café.
Eran llevados a una de las mesas del exterior. Shaka lucía un poco desganado por el pequeño inconveniente. No le parecía la idea de tener que compartir la mesa y menos con unos desconocidos. Mientras se iban acercando a la mesa indicada, el rubio vio la silueta conocida de su jefe, llevándose la sorpresa que compartirían mesa.
– ¡Vaya Shaka! Qué grata sorpresa.
Afrodita prontamente se paró de su lugar, más que nada buscando al paleontólogo que se le había escapado varios minutos atrás. Ya era mucho tiempo y no se aparecía Saga. ¡Falta que a ultima hora se le hubiera escapado! Y el tanto que había batallado por tener esa oportunidad de arruinarle la noche a Aioria y Shaka.
–Jefe…– Shaka se encontraba asombrado por el encuentro con Afrodita –No sabía que saldría esta noche.– tomaron asiento, reparando el rubio en los dos café que le tenían servido en la mesa. – ¿Viene con alguien? – Y no era de esperarse, su Jefe tenía la fama de nunca salir solo.
–Así es Shaka– el de celeste miró de soslayo a Aioria, gesto que al castaño no le pasó desapercibido. –No tardará en venir, tuvo un inconveniente y fue al baño.
No hubo más palabras. Los dos jóvenes habían pedido solo unos capuchinos y una ensalada.
Pasaron no más de diez minutos cuando Saga había salido del baño. Se maldecía por ser tan estúpido en esos momentos, ya la idea de llegar a espiarles no le convencía; con la mano vendada y las vendas un poco manchadas, estaba a punto de irse, pero reparó en el enorme desplante que le haría a su Jefe, por tanto lo único que haría sería ir a su mesa, disculparse con el e irse a su camper.
Necesitaba dormir.
Eso iba pensando cuando de pronto vio que su mesa estaba ocupada por otros dos. Aceleró el paso sin percatarse de sus dos nuevos compañeros.
– ¡Aquí está! – Afrodita movió el brazo apurando a Saga. – ¡Apúrate Saga!
Y no había llegado, cuando Shaka había volteado bruscamente para ver a SU amigo. Apretó la servilleta… ¡Con que saliendo con Afrodita! Mordiéndose los labios del desagrado no hizo más que voltear la cara hacia Aioria que le veía un tanto confuso ante la llegada del peli azul.
Para Saga no había pasado inadvertida esa mirada. ¡Dios! Si le conocía cada mínima expresión que tenía el hindú. Y juraba que en aquella mirada había reproche, incluso celos. No sabía si tragarle la tierra o desaparecer y mudarse tal vez a Marte.
–Cariño– Afrodita le tomaba del brazo –Shaka y Aioria compartirán mesa con nosotros… ¿No te importa, verdad?
Solo una difuminada sonrisa fue lo que hicieron sus labios. Veía a Afrodita, de ahí veía a Shaka, Saga sudaba nerviosamente. No fue, sino hasta que se escucho la voz de Aioria la que vino a devolverle el alma a su cuerpo.
–Creo mejor nos retiramos.
Inmediatamente Saga volteó a ver al castaño, atravesándole con sus poderosas jades. ¿Se quería llevar a Shaka? ¡Nunca! No se lo iba a permitir; y antes de que Shaka dijera que si, Saga se le adelantó.
–Por mi no hay problema. Este café es el mejor lugar del pueblo y a Shaka siempre le ha gustado lo mejor… ¿O no es así Shaka? – era una clara referencia a Aioria. Saga no iba a permitir que le quitasen a Shaka, aunque el mismo fuese el primero que le alejase.
El humor de Shaka empeoraba a cada segundo de ver la sonrisa del peli celeste. Empezaba a detestar su presencia, lo único que le importaba era encajarle un buen golpe en la quijada a su ex pareja.
–Siempre me ha gustado lo mejor Saga– respondió atravesándole con la mirada, una mucho muy afilada. –Pero a veces de tanto probar lo mejor te llegas a aburrir– un sorbo de su café. –Y después de tanto tiempo te das cuenta que eso que tanto te gustaba ya no te sabe igual…– una sonrisa especial para Aioria, de nuevo una mirada desquiciante para Saga. –Y decides probar nuevas cosas y te vas enterando que esas cosas, aunque no la parezcan, son mejores…– todo un bello montaje para finalizar con una sonrisa amigable y encantadora.
Y Saga que quería agarrar de una vez a Shaka y cogerlo en el cuarto de hotel más cercano para demostrarle que cosas eran mejores.
Pero se contuvo… Tomando un sorbo de café para tranquilizar su mente. Viendo lo bien que la estaba pasando su Jefe a cuestas suya.
–Lo que es del César… al César.
No hubo más palabras, tal vez porque Saga había querido dejar esa discusión ahí. No sabía si había ganado o no ese duelo, de lo único que estaba seguro es que ni Aioria, ni nadie le arrebataría a Shaka. La cena pasó entre miradas escuetas entre los “amigos”… Las conversaciones se tornaban referentes al trabajo, los nuevos descubrimientos y el avance que ya tenían. Saga presumía de todas las experiencias que tenia, llevándose los vitoreos de Afrodita, mientras Shaka aludía al joven castaño, lo mucho que había logrado en su poca experiencia. Había llegado el momento del postre; se encontraban degustando un napolitano entre los cuatro.
–Deberíamos llevar uno para comerlo en la mañana Shaka…– Aioria le había convidado una cucharada del flan. Sonrojado había aceptado el presente en sus labios, justo estaba por comer el pequeño trozo de la cuchara cuando Saga había soltado un golpe en la mesa. Esto daba como resultado la camisa manchada del rubio por el napolitano.
– ¿Qué diablos te pasa? – ese había sido Aioria el cual trataba de limpiar la camisa a Shaka y observaba de manera fulminante al mayor de ellos.
–Una cucaracha. – una sonrisa cínica de parte de Saga; Afrodita no pudo reprimir la carcajada que en esos momentos molestó tanto al hindú.
–Tendrás que desechar esta camisa Shaka– el moreno no le había creído nada, pero era mejor ignorarle y atender lo verdaderamente importante.
–No creo que sea…
–¡¡No la puede desechar!!
Saga había interrumpido a Shaka. Estaba enojado. ¡Enfadado! Primero Shaka se atrevía a salir con el inexperto de Aioria, se atrevían a coquetear en sus narices, lucirse ante él, ¡Saga Anastopoulus! Restregándole que ya no tenía cabida en su vida, restregarle lo empalagosos que podían llegar a ser… ¡Y el solo se limitaba a verlos! Habría escapado desde hace mucho antes si Afrodita no le tuviera agarrado del brazo.
– ¿Pero que dices? – Aioria prontamente se había exaltado. Parándose, retándole con la mirada que el no podía decidir nada sobre Shaka. ¡Había perdido su oportunidad! –Porque Aioria sabia la relación ya finiquita– y el gustosamente estaba gozando la suya.
–Shaka no va a desechar esa camisa. – y al mismo tiempo Saga se paraba de su asiento. Dejando a un notable enojado Shaka por su argumento.
– ¿Y quien te crees tu? ¡Pedazo de animal!
– ¡La persona que le regaló esa camisa a Shaka!
– ¡Que mal gusto tienes viejo! Lo mejor que le pudo pasar a esa camisa horrenda fue mancharse.
Y no supo que le había enojado más. Si la actitud tan inmadura de Saga al imponerle autoridad o si el comentario tan inatinente de Aioria con referencia a su camisa. ¡Era su camisa! Shaka la adoraba, que importaba que el estilo y los colores fueran horribles ¡La adoraba! Así hubiese sido un verde limón chingame la vista se la hubiera puesto.
Tomó su cartera, parándose de inmediato y viendo a los dos hombres de manera fulminante.
–Una cosa les voy a decir… Saga – estaba cabreado… Saga leía claramente que si por Shaka fuese le mandaría al polo norte desnudo… –No decidas donde no te llaman… y ¡Tu Aioria! –el castaño se habían tensado al escuchar la voz del rubio. –Si tanto te desagrada mi camisa ¡Jódete! Porque es MI camisa, si a ti no te gusta pues no salgas conmigo ¡No tengo porque cambiar mis gustos por nadie! ¡Menos lo haré por ti!
Aioria no supo que decir. Afrodita solo ponía su mejor sonrisa viendo como Shaka se largaba del lugar.
– ¡Vamos hombre! Ve tras tu rubia.
Y no bien había esperado a que Afrodita le diese una nalgada cuando ya el griego mayor salía en busca de Shaka. Aioria iba a hacer lo mismo sino es que Afrodita le sentenció.
–Un paso más Akkros y pierdes tu empleo.
¡Claro! El también era el Jefe y tenía el poder de lo que quisiera.
***
Shaka caminaba furioso por el lugar. Lo único que deseaba era llegar a su camper y recostarse; ya el dolor de cabeza le tenía más que molesto. No se explicaba como había terminado aquella noche. ¡Mataría al primero que se le cruzara en su camino!
– ¡Shaka espera! ¡Shaka detente!
Saga le había alcanzado, tomándole del brazo para atraerle fuertemente y detener su caminata. El hindú, pese a lo que creía, solo se quedó parado con la vista gacha. Estaban al borde una laguna, la cual era la máxima atracción del pueblo.
–Tienes que escucharme Shaka.
Levantó su mirada. Penetró con tus ojos.
– ¡Por él me terminaste! – más que por la tonta camisa, estaba furioso por ver a Saga con Afrodita. – ¡Dímelo Saga! ¿Me terminaste por Afrodita?
Tenía unas enormes ganas de llorar. Saga no sabía que decirle… Creo que era hora de sincerarse con Shaka.
–Déjame explicarte…
– ¡Solo dímelo carajo!
Le abrazó… Shaka forcejeó… Los dos cayeron a la laguna. Y en medio de ella, Saga intentaba calmar a Shaka… Había lágrimas frustradas por tantas semanas, había lamentos que no les había dado pauta para que saliesen; Shaka solo quería asestarle un buen golpe en la cara a Saga, uno de tantos y los cuales le debía.
– ¡Eres un idiota Saga! ¡Pudiste decírmelo! ¿Querías mejor sexo? ¡¡LO HUBIERAS DICHO!! ¿Estabas aburrido de mí? ¡CARAJO! ¡ME LO HUBIERAS DICHO! Te hubieras evitado toda esa farsa de querer ser amigos… ¡JA! ¡AMIGOS! Tú y yo no podemos ser amigos…
– ¡No es eso Shaka! Yo… ¡Yo no quiero ser tu amigo! Tienes razón no podemos…
– ¡Entonces que carajo buscas! ¡DEJAME EN PAZ! ¡Vete a coger a Afrodita! Y a mí dejam…
No sabía… No quería.
Un beso…
Reencarnado. Viviente. Desesperante. Agobiante.
Shaka forcejeó para que le dejase, Saga no dio tregua.
Y ahí en la laguna enclaustrada en una fosa. Ahí, donde la luz de luna reflejaba su magnificencia en el espejo oscuro… Ahí se dejaron llevar.
Un beso. Como tantos de aquellos. Hermoso, lleno de todo, sin rencores, sabor a salado, a metálico y a quereres.
Después un hilo de saliva que unía a las dos bocas.
Luego las mejillas sonrojadas del de la india. El abrazo del de ojos color jade.
–Tenía dudas…– Saga habló quedamente, acariciando la melena dorada y mojada… –No sabía a dónde iba nuestra relación… – ya Shaka lucía mas calmado entre los brazos fuertes del griego –Pensé que la monotonía empezaba a agobiarme… no sabía, ni quería… yo…
– ¿Por qué no me lo dijiste? Lo hubiéramos hablado…
–Nunca fui bueno para las relaciones Shaka… tú eres lo más real que tuve, que tengo… si seguíamos así tenia miedo de echar a perder todo.
– ¿Y el amor Saga? ¿No es suficiente?
Silencio…
Saga se veía reflejado en los zafiros de Shaka… ¿Por qué siempre a su lado todo parecía sencillo? Acarició sus cabellos, pasando su flequillo detrás de la oreja, sonriéndole, estrechándole para no dejarle ir.
– ¿Podremos intentarlo?
–Siempre que haya amor… Aunque por lo más mínimo que sea… siempre podremos.
Dos sonrisas que se hicieron una.
Las manos entrelazadas de nuevo.
–Shaka…
– ¿Sí?
–Yo y Afrodita… digo… Nada de nada.
– ¿Sólo amigos?
La sonrisa se hace verdadera.
–Mejor dejémosle en colegas.
Al final las risas lo dijeron todo.
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