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*~Letanía~*  [Angst y Religioso??] *~Letanía~* [Angst y Religioso??] (0.378 s)

*~Letanía~* [Angst y Religioso??]

FECHA El 24/01/11 a las 01:01:38 IP GUARDADA
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El 22/01/11 a las 04:01:32
*~Letanía~* [Angst y Religioso??]

Titulo: Letania

Autor: Yasu_Altea Razon:  O.o Ocios???? Dedicatoria: Para Leto y toda su secta Shakaioriana, espero que disfruten del Fic XDD.

Personajes.

Principales: Shaka, Aioria Pareja principal: Aioria x Shaka

 

Tipo: Capitulos
Clasificación: MAYORES DE 18 AÑOS
Estado: En proceso

Ultima Actualización: 23/01/2011   Advertencias: Universo Alterno, RELIGION Angst Términos legales  Y para evitar peleas de religión y ofensas -w- favor de  NO leer si se creen catolicos de hueso colorado o les ofenden las religiones y esos temas.

 

Comentarios adicionales:

 XDD ME VAN A EXCOMULGARRRRRRRRRR! yo lo sé, lo sé XDD. Empezé este fic considerando la situación bastante peculiar que se me vino a la mente cuando recorde a la Guardia Suiza un día que andaba de ocios, y aún más cuando recorde cual era el trabajo y posición del Camarlengo. La mayoria de los términos que se usan existen tanto en el momento del Conclave como despues del mismo, o durante el mismo. Hay situaciones que en realidad no se si existen o si procedería hacerlo; asi que ante todo. Esto lo hice con respeto a todas las religiones, lo hice como algo de regalo para leto y las chicas de su secta Y en ningun momento pretendí ofender, divulgar o lástimar alguna religión.


Resumen:

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El papa acaba de fallecer debido a su edad; sin embargo el Colegio Cardenalicio a puesto en tela de Juicio el Celibado del Carmarlengo que debe de cuidar la Sede Vacante. Y esto a provocado tambien poner en peligro la vida del Comandante de la Guardia suiza.



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RESPUESTAS AL MENSAJE - Respuesta/-s
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El 22/01/11 a las 04:01:32

Capitulo I.

“La ruptura”.

Toda roma estaba echa una locura no únicamente por el gran suceso del Conclave, sino también por aquellos que arrastraron a crear esta situación. Los rumores, chismes, las situaciones e inconformidades se encontraban a la orden del día; la guardia suiza resistía todo aquello que pudiera dentro de sus límites, pero sin su comandante a veces dejaban mucho que desear; y él por desgracia se encontraba “sumergido” en una situación bastante escandalosa como para poder salir en apoyo o resistencia de sus guardias.

Al interior del conclave; los ojos de todos los obispos y cardenales se encontraban posados en una vieja pintura del papá recién fallecido con un pequeño rubio a su lado. Nuevamente, el alma caritativa, dulce y ante todo paternal del representante de San Pedro en la tierra hacia acto de presencia en aquella fecha resolutiva. Su camarlengo, al cual jamás le obligó a cambiarse el nombre, pero sin embargo, si le cultivo una religión distinta a aquella de su origen y tierra natal se encontraba encerrado en la habitación junto al cuerpo de su padre; con la frente pegada a aquella rugosa y fría mano; conteniendo las lágrimas que deseaban escapar de sus ojos a causa del doble dolor y sufrimiento que había provocado a las personas que más quería, amaba y respetaba en aquellos momentos.

Al comandante de la guardia suiza que en aquellos momentos se encontraba siendo juzgado a puerta cerrada por una aberración de la naturaleza humana; por algo que dios en su momento castigo a dos ciudades enteras, salvando únicamente a aquellas personas que valían y merecían le pena. Para él camarlengo el dolor y culpa que sentía en aquel instante era terrible; pero muy dentro de su propio reconocimiento, de aquello que había aprendido y sobre todo, de aquello que su “padre” le había enseñado era siempre “confiar en lo que su corazón sentía” y por encima de todo existía algo que le lograba arrebatar la tenue pero sincera sonrisa de sus labios.

Él pescador de hombres conoció al capitán de la guardia suiza, el pescador de hombres un par de horas antes le había quitado a su camarlengo el peso de aquella carga que correspondía por ser su secretario, su ayudante…su todo; solo el hecho de que el anillo papal jamás tocara la hoja era lo que le impedía marchar libre a salvaguardar la integridad del aquel salvaje capitán de la guardia.

Su dogma le impedía culpar a las ovejas descarriadas que levantaron aquellos falsos, la vida si bien cierto cómoda y extremadamente austera evitaba que tuviera demasiado contacto y aprecio por las cosas materiales. Fuera de aquella habitación dos guardias permanecían a la espera de cualquier cosa que fuera necesaria de resolver; él por su parte temía inmensamente su trabajo.

Aparto la frente de aquella fría mano y apoyando las dos manos sobre de la cama de aquel pescador, se irguió. Dejando que por breves instantes sus rubios cabellos acariciaran sus mejillas, cubrieran sus ojos y continuaran siendo cortinas hasta tomar entre sus manos aquella almohada violeta que sería su reclinatorio. Cerró un instante los ojos permitiéndose un momento de tranquilidad mientras caminaba a un pequeño buro; al tenerlo frente a él retiro un cajón, sacando del interior una caja de madera labrada con el escudo del vaticano. Al interior, brillaba con mortecina luz, un martillo de plata.

Con aquellas dos cosas simples entre sus manos, él caminaba lento, temiendo y ante todo deseando detener el tiempo; aunque él viviera para siempre capturado en la ilusión de aquello que jamás debió de ser. Pronto sus rodillas tocaron el borde de la cama; cerro nuevamente los ojos, bajo el rostro y permitió que sus labios se abrieran incontables veces rezando aquellas oraciones que su padre le hubiera enseñado. Presa del temor, se apartó un poco para colocar aquella almohada en el piso, arrodillándose…

Una llamada…

Y sus delgados labios rezaron nuevamente por tres minutos…

Segunda llamada…

Reiteradamente sus labios rogaron por tres minutos…

Tercera llamada…

Pasaron tres minutos después de su jaculatoria…y volvió a desear que el tiempo se extinguiera; al no recibir respuesta, tomo una vela encendida cerca de donde se encontraba, y colocándola bajo el puente de la nariz espero que aquella flama se moviera en dirección opuesta; pero aquello jamás sucedió. Nuevamente, la esperanza se había esfumado. Tomo con su elegante mano el martillo de plata y dio tres golpes ligeros en la frente de San Pedro.

Todo aquello que conocía se colapsaba con el sonido del martillo; pronto llegaría el momento de destruir el sello papal y el anillo del pescador; ahí se terminaba su idea de emancipación…el resto del tiempo, aunque solo fuera dos días, sería el tormento. Lentamente los dedos del supremo sacerdote fueron quedando vacíos, mientras entre sus delgados dedos el rubio sostenía aquello que estuvo destinado a dar libertad; aquello que ya no podrá liberarlo.  

-El papa realmente ha muerto…-

Su voz era segura y confiada sin importar que por dentro su alma estuviera quebrada. Su palabra ahora era sentencia, su voz era la voz que el estado más pequeño escucharía anunciando la muerte de su representante máximo. Caminando con tranquilidad hasta la chimenea más cercana, contemplaba aquel anillo colocado en la palma de su mano.

“Shaka”.

Así le habían llamado sus padres naturales; así le seguía llamando él a pesar de no ser un nombre tan religioso. Miro de reojo a su espalda, deseando que aquel cuerpo inerte se levantara y le impidiera arrojar aquello al fuego; mas aquello jamás sucedió…y con parsimonia elevo las manos dejando caer al ardiente calor su último vestigio de sueño, su última oportunidad; firmando su sentencia de muerte.

-El conclave debe iniciar…-fue un simple susurro su voz, seguramente nadie le había escuchado; lo había pronunciado para sí solo en una especie de lamento. Simples palabras con un gran poder de significado. La mirada del mundo estaría en aquel estado; y él, no se sentía con la fuerza suficiente para poder encausar aquella situación.

-Camarlengo…-

El cargo resultaba agotador en estos momentos.

-Retírense por favor- pidió mientras se ajustaba su traje de cardenal. Aún recordaba los comentarios del día que el sumo pontífice lo nombre su camarlengo. “Aún es demasiado joven”, “Aún es un niño”.  Leves comentarios nacidos del vaticano; pero fuera, cuando se dio a conocer su origen las palabras eran aún más severas. “Recogido de la calle”, “Abandonado por sus padres”, “Mancillado por los vagos”.

Desde que su vida giro entorno a la calle pensó que el mundo siempre sería cruel y devastador para los jóvenes, infantes y para aquellas personas adultas. Sin embargo, cuando él le acogió bajo su protección, cuando comenzó a estudiar le teología y todo cuanto estaba relacionado con ser padre, cardenal y camarlengo descubrió un mundo completamente distinto.  Aunque siempre existían las penas, el dolor y esa clase de sentimientos; descubrió que existían personas donde realmente vivía un ser cariñoso, respetuoso, confiable…

-Aioria…-y después del papa; el comandante de la guardia Suiza, fue el segundo en conocer que despertó en él, aprecio. Tenía un carácter a veces un tanto impulsivo, a veces explosivo; pero era una persona que siempre le hacía sonreír, alguien que cuidaba a todos sus soldados, que visitaba a las familias de los mismos, una persona con el corazón más noble que había conocido después de quien le salvo de la calle.  Y fue por eso que le gusto.

Aquel nombre escapo en un susurro de sus labios; mientras sellaba el recinto del papa, impidiendo de aquella manera que alguna persona pudiera entrar al interior. Ahora seguramente el consejo cardenalicio se encontraba ya en el sitio del conclave, cerrados sin permitir el paso a nadie, nombrando a los candidatos a sucesión del  difunto papa.

-Señor- una figura anciana pero de aspecto relativamente tranquilo se dirigió inmediatamente a Shaka.  

-Señor Vicario- resumió la posición de aquel cardenal en una simple palabra- se ha constatado la muerte del papá- extendió un documento- el certificado de deceso.

El Vicario se persigno un par de veces, rezo en silencio y tomo el documento.

-¿Dónde se encuentra el Decano de los Cardenales?- la voz era firme, sus ojos celestes lucían agotados, apagados e inquietos como la mar. Enfrentarse al decano de los cardenales ahora mismo era lo que temía.

-En su despacho; ha suspendido el Concilio Ecuménico- agregó con pasividad.

-Iré a verle entonces, por favor Informe a la congregación de Cardenales del vaticano comenzar a realizar la programación de misas; en breve estaré con ellos para informarles de los deseos de sepultura de nuestro señor. 

Una leve inclinación de cabeza por parte de ambos; el primer anciano se retiró. Él desde aquel lugar donde se encontraba era capaz de contemplar todo aquel lugar a donde pertenecía, y un tanto distante de aquella ventana, se encontraba el refugio de la guardia suiza. Los soldados como siempre firmes e inmóviles contemplaban simplemente con los ojos a la gente comenzar a congregarse ante el plañidero de las campanas de la Santa Sede que pronto se unían la de las Iglesias cercanas a la misma en el doloroso anuncio del fallecimiento.

Y mientras miraba a esas incontables personas congregándose, algunas arrodillándose, otras, apoyadas contras las vallas, muchas más paradas con el rostro agachado conteniendo en sus manos rosarios; se preguntaba… ¿Cuántas de aquellas personas estarían rezando por su vida?, ¿Por la del comandante de la guardia Suiza?

“Shaka”

Cerró con tranquilidad sus ojos apoyando al frente contra el muro más cercano. Lentamente la mano derecha se iba levantando hasta clavarse un poco en aquella roca fría, mientras sus largos cabellos le cubrían el rostro y la encaprichada lágrima que corría por su mejilla; ahora su mente no estaba en aquel lugar, en la procesión de personas que se reunía…

No, su mente ahora no encontraba un recuerdo más reconfortante que él último que hubiera tenido con el comandante de la guardia.

Hace una semana, se había reunido con él a escondidas de todos los cardenales, pero con permiso del Pescador de Hombres en uno de aquellos tantos  edificios arquitectónicos de la plaza Navona. En una habitación completamente reservada para ambos, sabiendo ambos que literalmente sería imposible esconderse para siempre.

Aquella noche se había reunido con él para poder comunicarle la noticia de que el papa le liberaría de su posición y existía la posibilidad de que ya libre pudiera marcharse de Roma y viajar a su ciudad natal; donde aguantaría hasta que el comandante de la guardia pudiera salir. Su corazón dio un brinco cuando se sintió en los reconfortantes brazos de aquel moreno, el sentimiento de seguridad, de cariño, de amor que sentía en aquellos brazos era un bombardeo completo para sus emociones y para el cuerpo provocándole constantes estremecimientos que no provocaban más que una sonrisa  divertida en aquellos labios  deliciosos.

Llevaban años de conocerse, meses de verse a escondidas y jamás había pasado de aquel simple abrazo que seguía provocando esos arranques emocionales en él. Aquella noche, para ambos había sido imposible contenerse más ahí de ese simple abrazo…

-Camarlengo- la voz del Decano de los Cardenales le saco de sus pensamientos que le alteraban el corazón, le erizaban la piel y le hacían crear una hoguera interna en su cuerpo, como aquella noche.

Impulsivamente levanto el rostro, dejando escapar unas gotas saladas de sus ojos que no conmovieron el corazón metálico de aquel hombre que se encontraba frente a él juzgándolo simplemente con la mirada.

-Cardenal Izzo- e impulsivamente se limpió la lágrima de sus ojos, se apartó los cabellos de la cara y recupero la compostura-…marchaba ahora mismo a su despacho para informarle la muerte del papa e igualmente esperar que hiciera el resto del trabajo correspondiente.

Aquellos verdes ojos no parecían tener esperanza alguna, parecían muertos desde hace mucho tiempo, casi desde el momento que lo conoció; y era precisamente aquella mirada que él pretendía  esquivar. 

-…hubiera esperado entonces que se presentara en el despacho Camarlengo, pero conociendo la situación por la que atraviesa, considere que sería imprudente de mi parte dejar que continuara sin antes tener conocimiento de esto-

Extendió un sobre con el sello del consejo cardenalicio. Shaka lo tomo entre sus manos temblorosas; sospechando el contenido del mismo. Sus manos trémulas apretaban el papel a cada palabra que iba leyendo, sus lágrimas volvían a nacer de sus celestes ojos como lluvia y sentía sus piernas a punto de quebrarse de no ser porque se apoyaba contra el muro.  Soltó el papel como si le quemara las manos, irguió el rostro e imagino muchas cosas para hacerle a aquel hombre; dejando que la lástima se apoderara de cada una de sus acciones.

-Quiero verlo- agregó mirándole a la cara-

-Lo verá a su momento señor Camarlengo, pero como especifica aquella carta de los cardenales primero debemos de realizar el examen médico; no podemos permitir que un cardenal “NO CELIBE” continúe dirigiendo la Sede Vacante, y mucho menos podríamos permitir que usted juzgue al acusado principal si ha participado dentro de esa violación sagrada al voto de castidad; comprenderá el punto de vista de los cardenales… ¿no es así?, después de todo usted también es uno de los mismos…bastante joven en realidad; pero eso no resta que conozca las reglas que debemos de seguir para poder determinar su “valor “ como camarlengo aún en estos momentos.

Apretó los puños con fuerza mirando con dolencia a aquel hombre. Abrió sus labios a punto de decir algo que para él no estaba permitido, así que prefirió morderse los labios.

-Está bien- la ofensa ya había sido hecha y sugerida con aquella auscultación médica, negarse sería demostrar que ellos se encontraban en lo cierto; y él jamás mentía-…estaré en el consultorio del médico en 30 minutos, tan solo necesito arreglar los últimos asuntos que conciernen a la sepultura del papa que es exclusivo de mi deber; tanto como Camarlengo como por voluntad propia del difunto.

-Bien y para que no exista duda también se analizara la reacción del otro acusado; por lo tanto lo tendremos igualmente en el mismo lugar que usted; claro…lo haremos con toda la decencia que nos fuere posible; si usted es célibe como afirma entonces sería una desconcertante falta de respeto para nosotros exhibir de aquella manera su cuerpo, sin embargo…debemos de tener a Aioria presente para observar su reacción.

Nuevamente se mordió los labios la sola idea de que presenciaran aquella maldita aberración medica le destruía lo último que le quedaba de orgullo y respeto por la iglesia que aquel muerto le había hecho respetar. La presión de sus dientes había roto ya un poco sus labios que sangraban, sus dedos se encontraban enterrados contra la palma de su mano y ya todo estaba dicho y hecho; el trabajo del Decano era solo informarle en un acto de burla de la peor de las penas que tendría que pagar.

-Bien…- fue lo único que escapo de sus labios, mientras el Decano se daba la media vuelta y marchaba en dirección al consultorio donde se le haría el examen médico. Shaka, no pudo más que marcharse en dirección a donde el difunto padre, le había encomendado que viera su sagrada sepultura.

 




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Capitulo II.

“El pecado”.

Escuchaba las campanas llorar la muerte del sucesor de San Pedro y en vez de que las lágrimas acompañaran su rostro, lo que más teñida su mirada, era la rabia, furia y molestia ante lo que estaba sucediendo ante sus ojos. No comprendía como el Decano del Consejo Cardenalicio se había enterado de aquellos meses que él y Shaka se habían visto a escondidas, aún no comprendía quien de sus guardias había sido el traidor o si acaso alguno de los cardenales había provocado aquella situación.

Su seguridad ahora era lo que menos le importaba, conocía las reglas que había quebrado y también conocía el resultado de las mismas; pero tristemente para su desconocimiento las que correspondían al Camarlengo estaban un poco vetadas de su conocimiento; y estaba seguro de que el papa jamás hubiera delatado a su pupilo; no cuando él mismo se había permitido autorizar la abdicación del mismo para poder salir de roma, y permitirle volver a su tierra natal después de que supiera la verdad de lo que ocultaba el corazón de aquel rubio.

-MALDICIÓN- un grito recorrió toda la prisión donde se encontraba encerrado; durante todo el tiempo que fue comandante de la guardia le costó mucho trabajo evitar lanzar maldiciones cuando se frustraba, y ahora poco le importaba las miradas que pudiera ganarse maldiciendo a la iglesia y a los malditos que metieran a Shaka en este predicamento. Golpeaba de manera insistente las paredes, los barrotes y a veces pateaba las piedras que estaban sueltas con la firme intención de desahogar su molestia.

Se detuvo en su andar hasta terminar con la espalda apoyada contra los barrotes de su prisión, mirándose la palma de la mano donde mantenía un rosario apretado con fuerza. Fue el primer regalo que Shaka le diera cuando lo conoció; aquel rosario era la cosa que más apreciaba y jamás se lo había quitado; y lo ocultaba aún bajo el cuello de su uniforme.  Y cada vez que deseaba verlo cerraba los ojos y tomaba el rosario entre sus manos para poder imaginar aquel instante en el cual, Shaka le había regalado aquel divino objeto.

Tenían ambos alrededor de 15 años; se habían encontrado en la fuente de Bernini; aquella que representaba a los cuatro cauces más grandes del mundo. Aquel rubio, aún estudiante de la escuela de Teología, se había detenido en aquel segmento de la fuente que representaba al Ganges. A primera vista, al moreno le había llamado inmensamente la atención aquellos largos cabellos rubios, aquella piel de marfil y ante todo que mirara con admiración en aquella dirección que representaba al rio más grande de Asia. Movido por la curiosidad, se había acercado a aquel joven; y al verle lucir las prendas de padre se sintió un tanto reacio a continuar con su investigación, pero, ciertamente estaba encantado con el irreal aspecto de aquel hombre.

-…dicen que es uno de los ríos más grandes del mundo; por eso la fuente de Bernini, es de los monumentos más importantes de la piazza Navona -  espero a tener alguna respuesta de aquel hombre y sonrió cuando le vio voltearse. Si definitivamente aquel hombre debió de haberse escapado de alguna pintura de la capilla Sixtina, o de alguna pintura de Boticelli; era hermoso, como cualquiera de aquellas imágenes que representaban al ángel Gabriel- Me llamo Aioria- agrego mientras extendía su mano para poder estrechar la que seguramente la darían.

-Shaka- estrecho la mano del otro hombre aunque sin una sonrisa en los labios-…viví cerca del Ganges, por eso es que me he detenido un breve momento en este lugar; quería recordar mi vida en la India.

Y los ojos esmeraldas de Aioria se vieron perdidos por un largo tiempo en aquellos ojos azules, movidos de manera inquietante por aquellos viejos recuerdos que parecían dominar en ese instante las aguas; sus ojos parecían el mar agitado ante la proximidad de una tormenta.

-¿Qué te trajo a Roma?-

-Estudiar Teología-

-No es habitual que alguien quiera estudiar teología y mucho menos que parezca estudiar para ser padre-

-Bueno…- se quedó callado un momento – en realidad me rescato el papa actual de una vida llena de “tribulaciones”  en la India, cuando llegue a Roma me ofreció estudios normales para un chico, pero mientras más pasaba el tiempo y convivía con él, con algunas personas y lo veía ayudar a otras a cambio de nada…pensé que podría lograr algo y hacer lo mismo;  fue entonces cuando le dije que deseaba estudiar para sacerdote; pero él se negó rotundamente a permitirme ese deseo.

-¿Entonces?-

-Comencé a estudiar por mi propia cuenta y presente mi examen de acceso al seminario con autorización de él; si entraba continuaría mis estudios para sacerdote, si fallaba, pues entonces continuaría mis estudios como alguien normal, sin intentarlo nuevamente.  Para mi bien accedí; no quedo de otra para él que permitirme el acceso a la escuela, y aquí estoy-fue su simple respuesta.

-Me alegra entonces que este en algo que realmente te agrada-

-¿Y tu?-

-Bueno, yo aún soy estudiante; dentro de algunos años presentare mi examen de acceso a la universidad; y cuando tenga título me gustaría acceder a la Guardia Suiza del Vaticano.

-¿Por qué la guardia suiza?-

-Siempre me ha gustado proteger las cosas que son importantes, en este caso el papa es una figura importante para el sustento de su religión, y en su momento también es una manera de agradecimiento, porque cuando él era Padre de la iglesia de mi pueblo, salvo a mi familia de una extinción segura.

-¿Y rezas?-

Un leve rubor domino las mejillas de Aioria, si bien es cierto que quería pertenecer a la guardia suiza, jamás le paso por la cabeza que debía de aprender a rezar.  Así que negó con la cabeza a aquella pregunta.  La sonrisa del rubio volvió a adornar su rostro; y saco de uno de los bolsillos de su ropas un rosario. Tomo las manos de Aioria y coloco el rosario. Cerró las manos de Aioria, y luego atrapo ambas entre las suyas finas y delgadas. Recargo la cabeza contra sus manos.

-Bien…sigue entonces- agrego mientras sus labios en susurros iban pronunciando todas y cada una de las oraciones que le habían enseñado, las que aún aprendía y también la manera tan particular con la cual le habían enseñado a rezar-…a veces Aioria, no tienes que saber todas las oraciones al pie de la letra…reza con el corazón; y estoy seguro de que él te escuchara-

Y precisamente ahora eso se encontraba haciendo; como aquella vez cuando lo conociera. Tenía el rosario atrapado entre sus manos, dejando únicamente el crucifijo colgado fuera de ellas; los ojos cerrados apretados con fuerza, mientras sus labios se movían al compás de su corazón acelerado que solo buscaba que tanto sus palabras como sus latidos fueran escuchados por el Altísimo, pidiendo pudiera salvar la vida del Camarlengo.

-Comandante-la pronunciación de su cargo lo saco de su concentrado rezo; volteando a ver inmediatamente a aquellos que le servían.  No los miro ni con molestia, ni con rabia…mientras recordaba a Shaka y su regalo; concibió que las pobres almas descarriadas, que no conocían la verdadera fe y el peso de aquello en lo que se creían solo merecían paz para poder aceptar aquello que pesaba sobre de ellos-…solo venimos a avisarle que pronto el Decano del Consejo cardenalicio estará acá, antes de hablar con usted habló con el camarlengo.

-¿Qué saben de él?-

-Solo lo que todos…se está encargando de la sagrada sepultura del papa…- agrego un segundo soldado.

-Pero cuando se nos había ordenado subir a vigilar la puerta del sumo pontífice; vimos al camarlengo hablando con el Decano; uno parecía bastante angustiado mientras que el cardenal decano parecía estar…extrañamente feliz de la reacción del camarlengo- completo el primero que antes interrumpiera a Aioria.

-¿Y no saben que hablo con él?-

Ambos guardias negaron con la cabeza; el moreno solo pudo suspirar.

-Gracias por haber venido a avisarme.

-Comandante…solo queríamos decirle también de que cuenta con todos nosotros; creemos completamente lo que usted y el Camarlengo Shaka han dicho.

A pesar de la situación, la sonrisa de los labios de Aioria se hizo presente, sus hombres siempre eran sinceros, y confiaba en las palabras que ahora le decían.

-Gracias; ahora por favor regresen a sus puestos…custodien la habitación con el honor que corresponde a la guardia, desde acá estaré pidiendo por ustedes-.

-Nosotros por usted comandante-

Se despidieron con las manos, y ambos soldados subieron, ascendiendo a la habitación del papa, por otro camino distinto al cual llevo el Decano Cardenalicio. No paso mucho tiempo de que los soldados dejaron a su comandante para que apareciera el Decano.

-Comandante- dijo con seriedad mientras le extendía un documento.

Aioria lo tomo entre sus manos sin decir o responder nada, comenzando a leer con celeridad el contenido; abriendo los ojos ampliamente cuando su vista llego a la línea que enunciaba

“…y la asistencia del Comandante, se exige necesaria en el momento del examen médico del Camarlengo, debido precisamente a que debe de analizarse la reacción…”

Y aquello lo hizo literalmente explotar todo lo que se había contenido; era una enorme ofensa para Shaka y también para lo que él representaba; como aquellas bestias se atrevían de tal manera a dudar de la integridad de un camarlengo.

-¡Te voy a matar  si te atreves a eso, maldita Sabandija!-y guiado por la rabia no midió sus palabras dejando que estas se convirtieran en presa de su ira; no pensando en que eso era algo que esperaba el otro.

-Si solo eso has intentado leyendo la carta… ¿Qué sucederá cuando observes el examen?, ¿acaso pretendes impedirlo porque sabes que es verdad?; considerando que eso es una falta de enormes proporciones en un Camarlengo, el castigo que pesara si es así puedo asegurarte que es algo que no podrás imaginarte…-

-¡TE MATARE SI TE ATREVES!-

-Sigue hablando necedades en el templo de Dios Comandante; esto es indebido para ti y con cada una de tus reacciones solo estas confirmando lo que haremos- se acercó y abrió la reja, sacando del interior de una de sus mangas una pequeña aguja-…no te atrevas a más o agredirme Aioria, porque no es solo ahora tu seguridad la que está en juego…sino también la de tu “amante” Camarlengo.

Se mordió los dientes, él no importaba tanto, lo que más deseaba era ayudar a Shaka a salir de ese maldito predicamento en el cual se había metido  y descubrir, quien había sido el desgraciado que había creado toda esa encrucijada.

-Vamos, caminada…debes de estar presente al momento del examen- y aquella sonrisa se hizo presente en sus labios cuando comenzó a imaginarse lo que debía de suceder.  Por otra parte, Shaka permanecía parado solo en una habitación completamente blanca frente a una bata que le habían dado para cambiarse. A su espalda se encontraba una puerta que conducía directamente a la camilla donde le harían su examen.

Sus labios temblaban de la rabia, sus ojos estaban completamente inundados de lágrimas que no deseaba acariciar sus pálidas mejillas; si él viviera…todo esto jamás hubiera sucedido, si hubiera sellado la abdicación tampoco hubiera ocurrido.

“¿Te arrepientes ahora de ser quién eres?”

Una simple pregunta que significaba mucho para determinar la libertad de Shaka, una pregunta que él papa le hizo el día que determino que debía de ser liberado. Aquel día su respuesta seria la misma que hiciera ahora…

-No-

Una sonrisa amable en aquel momento apareció en los labios del papa.

“Dios quiere a los que se arrepienten de sus actos, dios quiere aún más a sus ovejas que se descarrían”.

Así que con aquel pensamiento, con la sonrisa de Aioria presente en su cabeza, se desnudó por completo, se colocó la bata blanca y camino hacia la puerta. Cuando esta se abrió, un médico le esperaba ya al interior. Recorrió con la mirada la habitación divisando un enorme vidrio donde seguramente estarían ahí el resto de los consejeros y también seguramente Aioria. Cerró los ojos y tratando de no pensar en nada…se desnudó, dejando caer la bata ahora para terminar recostado, boca arriba sobre una sábana blanca.

Fue entonces cuando el examen dio comienzo. Acercándose el médico a revisar meticulosamente toda aquella piel. Al ser tan blanca, era bastante fácil distinguir si había contusiones, moretones, mordidas o cualquier otra cosa que a simple vista pudiera indicar alguna clase de golpes físicos.  Tras asegurarse que por el exterior no se encontraba nada, entonces procedió a revisar la pelvis de Shaka. Tomo muestras para corroborar que efectivamente no hubiera algo que pudiera enlazar el vello del camarlengo con el vello de Aioria; porque a través de los contactos físicos, era posible la mezcla igual de ambos.

Tomo las anotaciones necesarias y luego le pidió a Shaka que se volteara nuevamente; colocándose éste boca abajo para que nuevamente la mirada y las manos del médico recorrieran la espalda, los brazos, el cuello, las piernas, los muslos…todo aquello que pudiera ser revisado.  Las anotaciones continuaron y luego le pidió ponerse de pie.

Obediente el camarlengo se irguió y cerró los ojos. Sintiendo los guantes fríos tocarle algunas partes de la piel, levantándole los brazos, revisando meticulosamente las manos, sus uñas, y cuando la mirada del doctor llego a su miembro, no pudo más que estremecerse ante la idea de que pudieran tocarlo.

Sin recato alguno el medico sujete el miembro del rubio, lo levanto para revisar por toda la extensión, miro el glande de cerca, los testículos; pidiéndole nuevamente que se acostara boca abajo en la camilla para luego  pedirle que apoyara las rodillas en la misma y levantara la pelvis. Era el momento del examen más penoso que Shaka podría imaginarse.

Se mordía los labios, aferraba las manos a la camilla y apretaba los ojos. Mientras obedecía las órdenes del médico sin resistirse o poner objeción alguna. Del otro lado del vidrio, Aioria apretaba con fuerza los puños hasta sangrarse la palma de las manos, golpeando las paredes mientras observaba a su amado camarlengo siendo objeto de una ofensa aún más grande que las mentiras que circulaban. Lo observo…sus ojos se apretaban más y más fuerte conforme el médico invadía su cuerpo; aquella mano seguramente estaba fría, y la sola idea de que alguien estuviera provocando dolor, angustia y desarrollando tensión  en aquel virginal cuerpo lo estaba matando; y deseando matar a aquellos malditos que estaban disfrutando de aquel espectáculo tan burlesco.

Por otra parte Shaka apretaba los dedos contra la sábana blanca, ante la invasión de su cuerpo se resistió tratando de cerrar las piernas y de contraer los músculos; pero aquello solo provoco que algunas lágrimas escaparan de sus ojos, provocando que se tensara y aquello impidiera el avance del examen médico. Abrió los ojos y profirió un largo gemido que todos escucharon; y aquello provoco aún más lágrimas en los ojos del rubio y más rabia en los ojos del Comandante.

Retiro su dedo del interior del cuerpo de Shaka, el médico le tendió la bata y espero a que se la pusiera. Los ojos del médico se mantuvieron sobre el cuerpo del camarlengo al verlo caminar; ayudándolo cuando lo vio a punto de caer y llevándolo con cierto rectado a la habitación donde se había desnudado. Saliendo en pocos instantes con el dictamen que correspondía para presentárselo a todos los que habían observado el examen.

-Llévense a Aioria a su prisión; él no tiene por qué escuchar el resultado de esto…cuando sea sentenciado sabrá cuál será su suerte-  y ante aquellas palabras,  un grupo de gendarmería que pertenecía al vaticano, sujeto a Aioria y a pesar de todo el forcejeo que daba, fue arrastrado nuevamente a su prisión.

El parte médico fue entregado al Decano del colegio Cardenalicio. Y un sentimiento de rabia se apodera de aquellos ojos.

-Como podrá constatar Señor Cardenal; no existe signo de actividad sexual en el Camarlengo; ni reciente,  mucho menos continua como le hacen suponer o como dicen que existe, lamentablemente si desea verlo a sí…mi examen médico fue el primero que acabo con el celibato del camarlengo; ahora con su permiso debo de volver a mi trabajo.

Tomo la carpeta que le había extendido al Decano para terminar saliendo de aquel lugar, dejando a aquel hombre haciendo el coraje del siglo.



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