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El Regreso del Club de los Inadaptados (SagaxAfro) El Regreso del Club de los Inadaptados (SagaxAfro) (0.382 s)

El Regreso del Club de los Inadaptados (SagaxAfro)

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El 12/09/10 a las 09:09:10
El Regreso del Club de los Inadaptados (SagaxAfro)

Resumen: justo cuando los inadaptados (léase Kanon, Afrodita, MM, Shun y Jabu) creían que por fin tendrían algo de paz (sí, cómo no) empiezan a suceder cosas extrañas en el Santuario de Atenea, hay problemas con dragones chinos en el Santuario de Poseidón... y los cinco ¿amigos? se encuentran frente a un nuevo misterio, que involucra a (toda) la descendencia del dios Ares y la extraña desaparición de la diosa Niké.

Pareja principal: Saga x Afrodita (el Caballero, no la diosa).
Parejas secundarias: hum... Shaka x Misty, Ikki x Esmeralda, Shun x June y algunas otras que irán apareciendo por el camino.

Tipo: multichapter.
Clasificación: PG13, si no me equivoco.
Advertencias: este va a ser uno de esos fics largos, largos, con demasiados personajes y más mitología de lo que se recomienda como dosis diaria para una buena salud mental. Sorry, últimamente me salen así.

Se trata de la continuación de otros dos fics, no es indispensable haberlos leído, pero si alguien quiere echarles una ojeada, son "Shoguns" (pueden encontrarlo aquí o aquí) y "El Club de los Inadaptados" (pueden encontrarlo aquí o aquí).

Estado: en progreso. Capítulo veintiuno.
Ultima Actualización: 14 de octubre de 2012.
 
Autora:
Daga Saar.

Razón: después del fic anterior a este, me sobraron ideas y tuve que usarlas en algo para no volverme loca.

Personajes.
Principales:
Kanon, Saga, Afrodita, Máscara Mortal, Shun y Jabu.      
Secundarios:
todos los que quepan del anime y el manga.        
Incidentales:
ídem.  
Originales:
uno que otro.

Comentarios adicionales: hay una pequeña galería de ilustraciones en mi página, pueden verla aquí. Con cuidado, eso sí, porque contiene spoilers.


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FECHA El 27/02/11 a las 05:02:12 IP GUARDADA Enviar Privado Añadir Amigo · Enviar Privado Enviar Privado · Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
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Marievolo:

:D ¡Se agradece!

Hum, si tienes problemas con la cocina, tendremos que enviarte a estudiar con el Chef del palacio, dicen que es muy bueno enseñando a cocinar.

¿Cómo, lees fanfics antes de irte a clases? XD

------------------------------------

Hékate:

Pues sí, Angie lleva años tratando de irse y de llevarse a Afrodita con él, porque quiere alejarlo de la mala influencia de Arles. Pero una cosa es que quieran irse y otra es que logren hacerlo.

------------------------------------

Mariion:

No, los inadaptados no se separan, no temas, puede que se alejen un poco unos de otros, pero siempre acabarán volviendo.


FECHA El 27/02/11 a las 05:02:13 IP GUARDADA Enviar Privado Añadir Amigo · Enviar Privado Enviar Privado · Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
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9. A todas partes hay tres leguas de mal camino

Capítulo nueve

A todas partes hay tres leguas de mal camino

 

O, lo que es lo mismo

Empieza la búsqueda

 

Casa de Géminis

 

Saga comprendió que ya era de día y que estaba despierto, pero no quería moverse de donde estaba. Se sentía realmente cómodo y eso era poco frecuente.

No había querido contárselo a Kanon, pero, desde el regreso, le estaba costando más de lo razonable volver a acostumbrarse a la cama individual que le había correspondido desde que ellos dos tuvieron edad suficiente como para abandonar la cuna.

Le avergonzaba tener que admitir que se había habituado a dormir en una cama más ancha y con un colchón (mucho) más suave. Las espartanas tradiciones de la Casa de Géminis, que decretaban el uso de colchones mal rellenos de paja (duros e incómodos), no ayudaban en nada al proceso de reajuste.

Pero esa noche había dormido excepcionalmente bien, a pesar de la cama dura… y tal vez podría dormir unos diez minutos más.

Se acurrucó nuevamente, enredando (casi sin darse cuenta) la mano derecha en el cabello de la persona que tenía abrazada. Su mano izquierda encontró cómo colarse bajo la camisa de la pijama y acarició una piel sedosa que (por alguna extraña razón) le parecía perfectamente familiar; algo en el fondo de su mente proclamaba “¡mío!” con orgullo y todo en el universo estaba bien en ese momento, porque aquello era verdad. Sí, era agradable estar así… apartaría esa cascada de rizos claros y tiraría un poco de la camisa de la pijama de su pareja para descubrirle el hombro derecho y darle un beso ahí, algo que le garantizaría la primera sonrisa del día…

Saga abrió los ojos de par en par al tiempo que daba un respingo.

¿A quién diablos estaba abrazando?

La cama era demasiado estrecha y él estaba muy cerca del borde. El movimiento brusco lo hizo caer al suelo, arrastrando consigo las mantas.

Afrodita lo contempló desde la cama, intrigado.

-¿Tuviste una pesadilla o algo así?

-Uh… no…

El golpe que acababa de darse en la espalda contra la otra cama bastó para que entendiera que no había caído de su cama, sino de la de Kanon, pero eso no ayudaba en nada para remediar lo ridículo que estaba empezando a sentirse.

-Estas camas son un crimen de lesa humanidad –declaró Afrodita, que ya estaba en pie y buscaba algo en su maletín-. Juraría que son más estrechas que las camas normales. Y creo que deberías ir pensando en conseguir un colchón decente. Sería un buen regalo de cumpleaños para Kanon, ¿no crees? Hace unos días me comentó que esta cama le da tanto dolor de espalda que ya está empezando a sentirse viejo.

¿Sería posible que no se hubiera dado cuenta? Sin poder moverse de donde había caído, Saga lo observaba perplejo ir de aquí para allá, alistando la ropa que iba a ponerse ese día. Finalmente, Afrodita entró al baño, pero, antes de cerrar la puerta, miró a Saga por encima del hombro.

-Kanon no me advirtió que tuvieras la costumbre de cambiarte de cama a media noche.

-No es… no es algo que acostumbre.

-Menos mal. Porque casi me matas del susto.

-Lo siento.

-Disculpa aceptada. Que no se repita.

-No… claro que no.

Mientras Afrodita se bañaba, Saga tomó una decisión. Tenía que hablar muy seriamente con el Patriarca.

 

Palacio del Patriarca (específicamente, la cocina)

 

Jabu y Shun nunca habían entrado antes en la cocina del palacio, así que estaban más curiosos e interesados que avergonzados.

El jefe de cocineros (a quien tuvieron que aprender de inmediato a llamar Chef correctamente, a pesar de que el acento de ambos no era el más adecuado para la “f” final) era casi tan grande como Aldebarán y resultaba ligeramente aterrador verlo con un cuchillo en la mano, pero sus movimientos eran precisos y exactos, y estaba muy acostumbrado a enseñar.

Los dos jóvenes no tardaron mucho en encontrarse a gusto siguiendo sus instrucciones. Afortunadamente para ambos, tenían conocimientos básicos de cocina (lo indispensable como para no morir de hambre en caso de tener que cocinar para ellos mismos).

Aldebarán, por el contrario, sí lucía un tanto incómodo, aunque no parecía tener ningún problema para cocinar. Mu estaba preocupado y distraído, por lo que cometía errores con frecuencia, de manera que fue el único al que el jefe de cocineros regañaba constantemente.

Shun se concentró en trabajar rápido y bien, lanzando una mirada a su alrededor de cuando en cuando. Por lo que había podido contarle Seiya la noche anterior, lo más normal era que cada adulto de la Orden cocinara para sí, exceptuando a los que vivían en el palacio y realizaban labores administrativas. Después de todo, la dieta de un caballero activo era similar a la de un atleta de alto rendimiento y variaba según la especialidad: Aldebarán, cuyas técnicas tenían bastante que ver con la fuerza muscular, no comía lo mismo (ni en la misma cantidad) que Shaka, quien ejecutaba ataques psíquicos. Pero todos tenían derecho de comer en el palacio cuando así lo quisieran (no siempre había tiempo para cocinar) y cuando alguien estaba castigado en la cocina, el número de comensales se incrementaba, probablemente para reírse un poco a costillas de la pobre víctima, que además de ayudar a cocinar tenía que encargarse también de servir las mesas en el comedor general.

Así pues, probablemente verían muchas caras conocidas a la hora del desayuno.

 

El Areópago

 

Eris caminó entre las ruinas del palacio de su padre sin mirar a derecha ni izquierda, con los labios apretados y la expresión firme y orgullosa apropiada para una hija de la Guerra. Había retrasado todo lo posible el presentarse ante las nuevas dueñas del castillo y no tenía intención de darles el gusto de ver lo mucho que la perturbaba la forma en que habían redecorado el lugar.

-Ah, aquí estás –masculló Dino.

-¿Quién está aquí? –preguntó Penfredo.

-Dame acá –dijo Enio al tiempo que le arrebataba el ojo a Dino para ponérselo y mirar a Eris-. Oh, pero si es nuestra querida Eris.

-Dámelo –exigió Penfredo, alargando la mano. Enio refunfuñó un poco antes de entregarle el ojo-. Ah, sí, la preciosa Eris.

Eris se tensó de inmediato. Cada vez que Penfredo mencionaba lo bonita que era, se trataba de un presagio de torturas y humillaciones. Las Grayas, que jamás habían sido jóvenes, no perdonaban la eterna juventud y belleza de las divinidades que habían tenido el privilegio de probar el néctar y la ambrosía.

Tampoco en esa ocasión se equivocó la diosa de la Discordia. Penfredo la miró fijamente una vez más y sonrió, una mueca horrible en su boca desdentada.

-¿Es así como saludas a tus amas, muchacha? ¡Arrodíllate, como corresponde!

Sin una protesta, Eris puso ambas rodillas en tierra e inclinó la cabeza, imperturbable. Últimamente se estaba volviendo fácil mostrarse dócil y obediente. Demasiado fácil para su gusto. Con la mirada fija en el suelo pudo ver que su larga cabellera rubia estaba ensuciándose con la sustancia oscura y maloliente que embadurnaba el piso de mármol, antes resplandeciente de blancura.

-Te tomaste tu tiempo en volver –dijo Penfredo.

-¡Quiero verla! –chilló Dino.

-¡Yo primero! –replicó Enio.

Penfredo bufó, molesta. Estaban echándole a perder el dramatismo que quería usar. Entregó el ojo a Dino y dejó que ella y Enio se pelearan, mientras seguía hablándole a Eris.

-¿Tu pequeño Polemos ha logrado hacer algo?

-Está cumpliendo con su misión, Señora. Vigila los pasos de Atenea y siembra cizaña entre sus súbditos. El niño es hábil y leal, un buen sirviente.

-Más vale que así sea. Todavía es lo bastante joven y tierno como para que su sangre y su grasa sirvan para unas cuantas pociones interesantes.

Eris sintió que la sangre le hervía. Ya bastante malo había sido tener que golpear ella misma a Polemos como para tener que escuchar a aquella bruja amenazando con matarlo. No se cansaba de agradecer al Hado Misterioso porque los otros niños habían podido escapar a tiempo.

-Polemos cumplirá con su misión, Señora, no tiene de qué preocuparse.

-Más vale que así sea. ¿Tienes algo que informar?

-Solo que el segundo Caballero de Géminis abandonó la Orden de Atenea para reintegrarse a la de Poseidón. Polemos cree que ahora que Saga de Géminis está solo, resultará más fácil enemistarlo con los demás. Ya ha puesto en marcha algo que provocará un conflicto grande entre él y el Patriarca.

-Excelente. Puedes retirarte.

-Gracias, Señora.

Eris salió de lo que había sido el salón del trono de su padre sintiéndose completamente asqueada. Había mentido al contarle a Atenea sobre las supuestas negociaciones entre las Grayas y su familia. No había habido negociación alguna. Ares ciertamente estaba desesperado por encontrar a Niké, pero no era un suicida y sabía que las malvadas brujas no tenían ningún motivo para querer ayudar a un hijo de Zeus, especialmente no después del trato que les había dado Perseo, un simple semidiós medio hermano de Ares.

No, Ares nunca había tenido intención de acudir a ellas, eran las Grayas quienes le habían tendido una emboscada y, de alguna manera, se las habían arreglado para hacerlo prisionero.

Muerto a traición el humano que debía ser su reencarnación en ese ciclo (algo que las Grayas habían logrado hacer en todos los ciclos desde su triunfo sobre Hades mucho antes de que el avatar destinado en cada ocasión llegara a cumplir dos meses de edad), al dios de la Guerra no le había quedado más remedio que usar constantemente su cuerpo original desde hacía milenios, con todos los riesgos, el desgaste y el consecuente debilitamiento que eso entrañaba. Así era como las Grayas se habían adueñado del Areópago y así era como conseguían que los Areidas mayores las obedecieran: tenían a Ares como rehén, atrapado en algún rincón de su propio palacio al que sus hijos no podían llegar para liberarlo.

En la entrada del ruinoso edificio principal, encontró a su hermano Deimos, el Espanto, con la misma mala cara que tenía desde la desaparición de los niños. Por mucho que quisiera negarlo, todos los Areidas sabían que Deimos era un blando de corazón (por algo era el que siempre iniciaba la fuga de los que perdían en los combates) y la inquietud por los pequeños lo martirizaba más que al resto.

-¿Estás bien, Eris? –preguntó con ansiedad.

Al parecer, también se preocupaba por ella.

-Sí, esta vez solo fueron palabras.

No, no iba a mencionar las amenazas contra Polemos, sería añadirle más peso a la carga de su hermano. Tratando de pensar en cosas menos desagradables, Eris tomó distraídamente su cabello para acomodarlo un poco y volvió a la realidad de golpe al sentir en sus manos la suciedad que lo había manchado. Miró con verdadero horror aquella cosa y tardó unos segundos en recobrar la compostura.

-Deimos… ¿Serías tan amable de conseguirme unas tijeras?

-¿Para qué?

-Si esto de rendirles pleitesía va a convertirse en una costumbre, creo que será mejor que me asegure de que mi cabello no se ensucie por arrastrarlo por el suelo.

Deimos miró con pena su propia cabellera, casi tan larga como la de ella. Como de costumbre, Eris se enfocaba en el lado práctico de las cosas.

-…Cuando tienes razón, tienes razón –murmuró, y fue a buscar las tijeras.

 

Casa de Virgo

 

Shaka contempló con asombro y deleite el loto que acababa de florecer ante sus ojos.

Al momento de dejar caer la semilla en el estanque de la habitación más resguardada de su casa, no había pensado mucho en cómo sería la planta en caso de que germinara, había asumido que sería un loto más. Las hojas eran completamente normales… pero el capullo lo había sorprendido mucho, ¡era enorme! Y la flor, al abrirse ese día, confirmaba que no había sido una ilusión: era inmensa, probablemente tenía metro y medio de diámetro y parecía lo bastante fuerte como para soportar el peso de una persona o quizá dos.

En algún momento había llegado a pensar que sus padres no le tenían afecto, después de todo, su cabello rubio y su piel y ojos claros lo hacían completamente distinto a ellos, lo que ocasionaba las burlas del resto de la aldea… pero ese loto… ¿Cuánto esfuerzo les habría costado encontrar una semilla de algo tan maravilloso como esa planta?

Estaba profundamente conmovido y decidido a comunicarse con ellos tan pronto como le fuera posible. Tenía que darles las gracias.

Probablemente se sorprenderían de que hubiera tardado tanto en sembrar la semilla… ¿Y si llevaban años pensando que había sido tan ingrato como para olvidarse de su regalo?

Sí, tenía que comunicarse con ellos.

 

Casa de Capricornio

 

Shura buscó a su aprendiz en todos los lugares habituales. Luego en los menos habituales. Finalmente lo encontró en un rincón bastante escondido, llorando.

No era la primera vez que contemplaba semejante espectáculo, que siempre lo hacía llenarse de dudas sobre su capacidad como Maestro.

Arles siempre había rechazado sus solicitudes para que se le asignara un discípulo, sin molestarse en explicarle por qué. De modo que para el Caballero de Capricornio había sido una humillación terrible no solo el que Mu y Kamus recibieran ese honor antes que él sino que además miembros de la Orden de rangos inferiores (caballeros de Plata y Bronce) llegaron a ser Maestros mucho antes todavía.

Llegó a pensar que Saga le negaba esa distinción por envidia, y luego de la batalla de las Doce Casas, pensó que había sido porque sospechaba que en el fondo siempre sería leal a Atenea.

Ahora, viendo lo infeliz que parecía estar su discípulo la mayor parte del tiempo, no podía dejar de preguntarse si el falso Patriarca simplemente lo consideraba inadecuado como Maestro. Después de todo, había mantenido en su puesto a Albiore de Cefeo, pese a las muchas veces que aquel pacifista había chocado con él por sus métodos, y había confirmado a Seiya como Caballero de Pegaso aunque buena parte de la Orden quería negarse a reconocer su triunfo ante Casio.

Polemos, el primer aprendiz que había llegado al Santuario luego del regreso (también el único hasta el momento), era un estudiante dócil y aplicado. Shura no acababa de entender por qué tanta gente parecía detestarlo.

Las vagas explicaciones que le había dado Aldebarán la noche anterior, cuando llegó acompañándolo a una hora en la que Shura ya estaba empezando a volverse loco de preocupación, no lograron más que hacerlo sentirse todavía peor.

¿Cómo era posible que Polemos no pudiera hacer amistad ni siquiera con Kiki?

Se sentó junto al niño e intentó colocar una mano en su hombro. Como de costumbre, Polemos se apartó un poco para evitar la muestra de afecto. Esa era otra cosa que lo preocupaba. Estaba convencido de que en algún momento (mucho antes de llegar al Santuario) el niño se había convencido de que un adulto sólo lo tocaría para maltratarlo.

-Estoy seguro de que las cosas no son tan graves como parecen ahora, pequeño.

Polemos sacudió la cabeza. Shura lo intentó de nuevo.

-¿Puedes decirme por qué peleaste con Kiki anoche?

Era evidente que el Caballero de Capricornio seguiría insistiendo hasta conseguir una respuesta, suya o de alguien más, por lo que Polemos se resignó a contarle una versión resumida de lo ocurrido la noche anterior. A medida que hablaba, Shura iba poniéndose más y más serio.

-Hiciste lo correcto –dijo, con completa seguridad-. La actitud de ellos ocho fue irresponsable, ¡merecen un castigo mucho más severo!

-El Patriarca Shion y Atenea…

-Son demasiado benevolentes. ¡Y ese Kiki! Es menor que tú, pero inició su noviciado mucho antes, ¡ya debería conocer el reglamento! Y si así fuera, sabría que hiciste lo correcto. ¡No tenía ningún derecho a atacarte! E hiciste bien en no responder cuando te golpeó, no habría sido un combate justo.

Polemos estaba boquiabierto. ¿Era que Shura no se daba cuenta de que el simple hecho de ser mayor que Kiki no lo hacía más fuerte ni más hábil en combate?

-M-Maestro, Kiki estaba ofuscado, él no se comporta así normalmente…

-Tanto peor. ¿Qué clase de Caballero llegará a ser si no puede mantener la cabeza fría durante una emergencia?

-Eh…

-Pues Kiki y su Maestro van a escuchar unas cuantas verdades. Hablaré con ellos.

Polemos intentó detenerlo, pero su reacción fue demasiado lenta y Shura ya había salido de Capricornio para cuando intentó alcanzarlo.

-¡No, no! ¡Pero qué locura! –el niño se retorció las manos desesperado-. ¡¿Por qué estas cosas pasan incluso cuando no lo estoy intentando?!

Tenía desde su nacimiento el don de poner en marcha conflictos a su alrededor. Bastaba con que se detuviera a observar a otros niños jugando para que éstos iniciaran un pleito sin haber notado siquiera su presencia. Resultaba todavía peor cuando intervenía, porque cada frase suya, por inocente que fuera, era como echar leña al fuego.

Cuando lo hacía intencionalmente, provocaba tragedias.

Cuando era involuntario, los resultados solían ser auténticas pesadillas.

 

Palacio del Patriarca (específicamente, la oficina del susodicho)

 

-¡No necesito niñeras! –exclamó Saga.

-Es por la tranquilidad de la Orden, un pequeño sacrificio –respondió Shion. Estaba un tanto sorprendido de que Saga no hubiera intentado expresar su descontento en una forma más diplomática, al menos al principio. Simplemente había llegado a su despacho, había cerrado la puerta y había soltado esa frase como… ¿cuándo fue la última vez que Shion y Febe habían pedido que alguien vigilara a sus hijos mientras ellos salían?

Saga tomó aire y contuvo la respiración unos segundos antes de contestar.

-No quiero a los amigos de Kanon vigilándome –especialmente no, después de haberse puesto en vergüenza ante Afrodita de aquella manera.

-Es justo. Entonces, que te vigilen tus amigos. Hazme una lista.

Shion empujó hacia Saga una hoja de papel y una pluma, y destapó el tintero.

Pasaron unos segundos lentos y silenciosos sin que Saga hiciera el menor intento por tomar la pluma.

Podría haber anotado a Aioros, pero eso sin duda atraería problemas con Aioria. Así pues… ¿quién quedaba?

-Tiene que haber otra solución, Maestro –murmuró por fin.

-Bueno… puedo vigilarte yo.

Primero lo miró con incredulidad y luego Saga se sentó y apoyó la frente en una mano.

-¿No hay otra opción? –preguntó.

-¿No te agrada mi compañía?

-Usted sabe que no es eso.

-¿No?

-Es… complicado.

-Ajá. ¿Soy demasiado viejo como para comprender, aunque me lo expliques despacio?

-No he dicho semejante cosa. Y tampoco es que no quiera estar con usted. Es que… desde que regresamos, es mi compañía la que no resulta agradable. Me he vuelto fácil de irritar en una forma que no me conocía y últimamente parece que cada vez que abro la boca es para ofender a alguien, incluso sin proponérmelo. Kanon hizo mal al imponerle mi presencia a sus amigos. Ellos me vigilan por hacerle un favor, pero la amistad tiene sus límites y no quiero que se enojen con él por mi causa. Tampoco puedo pretender que usted cargue conmigo, ya tiene muchas responsabilidades y yo también tengo labores que no puedo dejar de lado mientras usted realiza las suyas, adaptar nuestros horarios para que coincidan las 24 horas… sería desorganizar los de todos los demás en el Santuario.

Eso último era bastante cierto.

-En ese caso, tendremos que buscar otra salida –Shion meditó un poco, mientras contemplaba con atención el aspecto abatido de Saga. Su primogénito trataba de disimularlo, pero la ausencia repentina de Kanon estaba afectando su equilibrio, ya de por sí demasiado precario.

El estrés de lidiar con personalidades tan variadas como las de los inadaptados tampoco podía ser bueno para él. Saga no estaba acostumbrado a abrirse con nadie, mucho menos con cuatro personas al mismo tiempo. La idea de Saori no era tan mala a fin de cuentas, pero habría que hacerle uno o dos retoques.

Saga se sobresaltó al advertir que Shion se estaba comunicando con alguien por medio del cosmos, pero Shion fingió no haberlo notado. Sí que estaba nervioso.

Unos minutos después, se escucharon unos discretos golpes en la puerta.

-Adelante –dijo Shion.

Afrodita entró y saludó al Patriarca con formalidad.

-Afrodita de Piscis –dijo Shion sin mirarlo mientras hojeaba los horarios-, ¿tienes responsabilidades aparte de las horas de guardia asignadas a la Doceava Casa?

Afrodita se sintió intrigado. No era común que el Patriarca le preguntara algo que debía saber mejor que él.

-Es deber del Caballero de Pisics proteger la Doceava Casa, los accesos al Palacio y el Palacio mismo. Pero, antes que todo, su misión es proteger al Patriarca como éste protege a Atenea reencarnada. En virtud de lo anterior, el Caballero de Piscis no tiene responsabilidades domésticas en la Orden aparte del turno de guardia que le corresponde, el mantenimiento de su propia Casa y la educación de sus discípulos, si los tiene, esto con el fin de que esté disponible en todo momento si el Patriarca llega a necesitarlo –recitó, tratando de no pensar en las muchas veces que Ixión lo había obligado a leer en voz alta esa parte el reglamento hasta aprendérsela, bajo la amenaza de una severa golpiza.

Shion había dejado los papeles para mirarlo con sorpresa.

-¿Te sabes eso de memoria?

¿Qué tendría de sorprendente?

-Es deber del Caballero de Piscis conocer a fondo los decretos de Atenea y los lineamientos de la Orden, así como las leyes y costumbres que rigen la diplomacia tanto entre los dioses griegos como entre éstos y los distintos panteones, con el fin de que pueda servir como asistente del Patriarca en cuestiones diplomáticas y del gobierno de la Orden –citó de nuevo.

-¿Estás diciendo que memorizaste todo el reglamento? –preguntó Saga, un poco alarmado.

-Tanto como eso, no. Sólo lo referente a Piscis.

-No deja de ser extraordinario –dijo Shion-. Bueno, Afrodita, tengo una misión para ti.

-Usted dirá.

-Ayer acordamos que tú y tus tres amigos se turnarían para estar con Saga estos días, pero necesito ocupar a Cáncer, Andrómeda y Unicornio en otras labores, por lo que creo que será mejor que te encargues de acompañarlo a partir de hoy y hasta nuevo aviso.

Afrodita palideció.

-¿Yo? –dijo, con un hilo de voz.

-¿Estás bien? –preguntó Shion, preocupado.

El Patriarca abandonó su lugar para acercarse al Caballero de Piscis, que empezaba a lucir un tanto descompuesto. Afrodita intentó retroceder, pero se encontró con Saga, que también se había acercado a comprobar si estaba enfermo.

-Tr-tranquilos, no es nada. Sólo me sentí mareado por un momento, ya estoy bien.

-Tal vez debería reconsiderar lo de tu castigo –dijo Shion, no le gustaba para nada lo fría que se sentía al tacto la piel de Afrodita-. En la lavandería…

-¡No! –exclamó Afrodita-. Estoy, bien, en serio, Maestro Shion. Prefiero absolutamente cualquier otra cosa que tener que hacer la colada. Además, el ama de llaves ya empezó a organizar la limpieza con todo el entusiasmo del mundo, no puedo desertar ahora.

-Hum. Veremos –Shion tomó nota mental de advertir tanto a MM como al ama de llaves que estuvieran atentos; a la menor señal de que Afrodita se sentía mal, habría que enviarlo a descansar-. ¿Tienes alguna objeción a lo que acabo de pedirte?

-Será un alivio mental para todos el que yo me haga cargo de acompañar a Saga. Nos inquietaba cómo íbamos a explicarle al Fénix que su hermanito pasaría cada cuarta noche en la Casa de Géminis de aquí hasta mayo.

-Bien, en ese caso, todo arreglado. Pueden retirarse –dijo Shion, con una sonrisa satisfecha que hizo desear a los otros dos poder borrársela de la cara.

Shion los miró salir y dejó que su sonrisa se hiciera todavía más amplia. Las cosas debían estar volviendo a su cauce natural… porque esos dos probablemente no se habían dado cuenta todavía, pero se habían vestido ese día con colores que combinaban.

Como solían hacer Pólux y Apolodoro.

Sí, la cercanía les haría bien.

-¡Angello me va a matar! –exclamó Afrodita tan pronto como estuvieron fuera de la oficina.

-¿Por qué? –preguntó Saga.

-…Cierto, Saga, muy cierto. Te va a matar a ti primero y cuando termine contigo tal vez se apiade de mí y me perdone la vida. ¿Cómo se te ocurre pedirle a ese demente que sea yo quien te cuide en exclusiva?

-¡No hice tal cosa! Le pedí que no me asignara cuidadores.

-Oh, y obtuviste el resultado contrario de lo que esperabas lograr.

-…Más o menos.

Afrodita suspiró.

-¿Qué voy a hacer contigo, Saga?

-Si tanto te disgusta mi compañía, ¿por qué no te opusiste? ¡No sería la primera vez que te rebelas contra una orden suya!

Afrodita apretó los labios en un gesto colérico y le lanzó una mirada de ira que sorprendió a Saga. Luego de unos instantes en esa situación extraña, ambos apartaron la vista al mismo tiempo.

-Será mejor que vayamos a desayunar –dijo Afrodita, en un tono mucho más sosegado.

-Cierto –murmuró Saga.

Mientras caminaban hacia el comedor, Saga repasó por enésima vez los pros y los contras de las medidas tomadas por Atenea para mantenerlo acompañado. Con el nuevo añadido de que Afrodita tendría que pasar con él todo el día, los contras pesaban todavía más que al principio, lo cual ya era mucho decir.

Las cosas habían salido al revés de como esperaba, lo cual era algo frecuente con Shion y una de las cosas que más irritaban a Saga contra el Patriarca. ¿Por qué no podía permitirle solucionar las cosas de la manera más directa y sencilla? No, Shion siempre tenía que darle cien vueltas a todo y dejar al revés todas las cuestiones que Saga le planteara. En eso se parecían él y Kanon.

¿Y Afrodita? ¿Por qué fingía estar de acuerdo delante de Shion para luego armarle un berrinche a él? ¿Qué culpa tenía Saga si el Patriarca se comportaba como si ya estuviera senil? Bien sabían los dioses que Shion tenía edad más que suficiente para eso…

No, las cosas no iban a cambiar nunca mientras Shion estuviera al mando y Saga haría bien en enfocarse en el problema que tenía más a mano, Afrodita. El Caballero de Piscis acababa de dejarle muy claro que le fastidiaba profundamente tener que ser su niñera. Bien, eso podía comprenderlo, nadie en su sano juicio querría semejante misión.

Y, aunque le dolía (mucho más de lo que era capaz de admitir), tendría que hacer todo lo posible para que ese mal trago se redujera al mínimo indispensable. Saga era orgulloso y en ese momento no tenía más opción que aferrarse a su orgullo y decirse a sí mismo que no iba a obligar a nadie a hacerle compañía, a pesar del insomnio y de las pesadillas. Su orgullo tendría que bastarle para sobrevivir.

Así pues, tenía que darle a entender a Afrodita que no lo necesitaba y que tampoco lo quería cerca. Era algo que tenía que lograr lo más pronto posible, antes que de la cercanía del Caballero de Piscis se volviera indispensable para él; alejarlo por iniciativa propia sería menos doloroso que esperar a que lo abandonara, o al menos eso pensaba.

Iba tan ensimismado que no prestó atención a lo que lo rodeaba, por lo que se sorprendió bastante cuando al llegar al comedor Afrodita se movió casi a la velocidad de la luz para detenerlo con un brazo y luego, de inmediato, escudarlo con su cuerpo como si estuvieran atacándolos.

Sorprendido, aprovechó la ventaja que le daban sus cinco centímetros más de estatura para mirar por encima del hombro de Afrodita lo que estaba pasando.

En el amplio salón revestido de mármol y adornado con estatuas, murales y mosaicos… estaba llevándose a cabo una guerra de comida.

-Pongámonos a cubierto –dijo Afrodita.

-Tenemos que detenerlos –respondió Saga.

-Prefiero dejar que se detengan solos…

Un proyectil perdido (un tazón de cereal, con leche y fresas cortadas en prolijas rodajitas con forma de flores) se estrelló contra el pecho de Afrodita, dejando una mancha blanca y rosa en su ropa.

-No creo que se detengan antes de haber destrozado el lugar –dijo Saga, al tiempo que sujetaba a Afrodita por la cintura y lo obligaba a retroceder unos centímetros, lo suficiente como para apartarlos a ambos de la trayectoria de lo que parecía ser una tostada con mermelada de piña.

-¡Oye, suelta!

Afrodita sujetó las muñecas de Saga en un intento por conseguir que lo soltara, pero Saga vio venir hacia ellos otro tazón volador, lo abrazó con más fuerza y se volvió hacia la pared para impedir que el proyectil golpeara a Afrodita en la cara. El tazón se estrelló contra su espalda y pudo sentir cómo el cereal, la leche (y las florecitas de fruta) empapaban su cabello y escurrían por su espalda.

-Ouch –murmuró Saga.

-Se supone que soy yo el que te protege a ti… -protestó Afrodita.

Un par de panqueques acababan de golpear a Saga en un hombro.

-Será mejor que los detengamos. Al ama de llaves no le hará gracia ver esto.

-Oh, ratas, y yo tendré que ayudarla a limpiar… ¡Ah!

Una jarrita de cerámica destinada a contener crema se hizo pedazos contra la pared cerca de ellos y uno de los fragmentos alcanzó a Afrodita en la frente.

Saga pudo ver un hilillo de sangre deslizándose por la piel de Afrodita. En otra situación tal vez le habría intrigado el cambio en el color que había provocado el alicorno (la sangre seguía siendo roja, pero tenía un brillo tornasolado que quedaba totalmente fuera de lugar), sin embargo en ese momento sólo pudo prestar atención a la cólera que sintió al verla.

Los demás Caballeros se detuvieron en seco al percibir un cosmos furioso elevándose con la fuerza de una tormenta.

-¡BASTA AHORA MISMO! –gritó Saga, sin ninguna necesidad, porque para ese momento ya todos lo contemplaban boquiabiertos.

Debajo de una de las mesas, donde habían buscado refugio cuando no fue sólo comida sino también vajilla y cubiertos lo que empezó a volar en todas direcciones, Kiki le dirigió una mirada acusadora a Polemos, aunque el hecho de que ambos estaban cubiertos de yogur y granola le restaba bastante del efecto que quería lograr.

-¿Esto también lo provocaste tú?

-No lo hago a propósito –confesó Polemos, sintiéndose patético-. Es involuntario la mayor parte del tiempo.

-Bah –Kiki se limpió con el dorso de la mano un chorrete de yogur que empezaba a resbalar por su cara-. ¿No se supone que tienes diez años? ¡Hablas como si todavía mojaras la cama!

-¿Eh?

-¡Mira lo que hiciste, caramba! Yo al principio no tenía control sobre la telequinesis, y cuando me enojaba hacía verdaderas tormentas dentro de la casa de mi Maestro en Jamir,  pero el señor Mu me enseñó a controlar eso. Tu Maestro debería enseñarte lo mismo.

-No es igual, lo mío no es telequinesis… y el Maestro Shura no sabe que puedo hacerlo…

-¡Pues deberías decírselo! ¿No te das cuenta de que lo estás metiendo en problemas?

Polemos bajó la cabeza. ¿Shura en problemas? Sin duda, sobre todo porque todos tenían que haber visto cuando perdió la paciencia debido a que llevaba rato discutiendo solo (porque Mu no parecía entender una palabra de todo lo que le estaba reclamando) y finalmente agarró un tazón con cereal (el desayuno de Dohko, por cierto) y se lo vació en la cabeza al Caballero de Aries, con lo que empezó la guerra de comida.

-¡Oh, no me digas que te vas a poner a llorar! –exclamó Kiki, fastidiado-. ¿No te da vergüenza ser tan llorón?

-No puedo evitarlo…

-Y dale con eso –Kiki arrugó la nariz-. Pues está decidido.

-¿Qué cosa?

-Ya que no eres capaz de decirle a tu Maestro que tiene que enseñarte a controlar… lo que sea que estás haciendo, yo le diré a mi Maestro que te enseñe.

-¡¿Qué?!

Polemos supo, sin la menor sombra de duda que un nuevo conflicto acababa de empezar a gestarse en el momento en que esa idea nació en la mente de Kiki.

¿Cuánto tardaría Kiki en darse cuenta de que esa “brillante idea” también había sido provocada (involuntariamente) por Polemos?

 

Casa de Géminis

 

-Te digo que fue espectacular, en serio –insistió MM-. Tú no lo viste porque estabas ocupado limpiándote la sangre de la cara, por eso no sabes de lo que te perdiste…

-¿Tanto así? –dijo Afrodita, con un tono que a todos (menos a MM) les sonó bastante irritado.

-Pues… sí –confirmó Jabu, luego dirigirle una mirada inquieta a Saga, que fingía ignorarlos.

El comedor estaba cerrado mientras lo limpiaban, por lo que quienes no vivían en el palacio tuvieron que comer en sus casas ese día. “Casualmente” todos los inadaptados decidieron almorzar en Géminis.

Afrodita había pasado verdaderos apuros para conseguir que la comida (originalmente planeada para dos) alcanzara para todos, y el relato de MM (en su opinión, bastante exagerado) sobre la forma en que Saga había dado fin a la guerra de comida estaba empezando a crisparle los nervios, ya bastante tensos desde la conversación con Shion en la mañana.

-Sí que estás de mal humor hoy, Lucy –dijo MM, añadiendo sin darse cuenta la gota que derramó el vaso.

-No estoy malhumorado –replicó Afrodita, con una sonrisa digna de una portada de revista-. Es que me duele la cabeza… Angie.

MM palideció y dejó de sonreír inmediatamente, cosa que no pasó desapercibida para los otros.

-¿“Angie”? –dijo Shun.

-Te diré algo que quizá te salve la vida alguna vez –dijo MM, muy serio-. Si lo oyes llamarme “Angie” y yo no dejo de hacer inmediatamente lo que sea que lo esté molestando, busca refugio. Sólo lo hace cuando está realmente enojado.

-Tomo nota.

El cosmos de Shaka anunciándose en la puerta Este hizo que Saga se levantara para ir a recibirlo, no parecía que estuviera simplemente pidiendo permiso para cruzar.

-¿Puedo ayudarte en algo, Virgo? –preguntó Saga formalmente.

Shaka lucía un tanto incómodo, cosa bastante rara.

-No estoy muy seguro, pero no sabía a quién acudir –luego de un último titubeo, Shaka empezó a explicarse-. Deseo comunicarme con mis padres, en India. Les escribo regularmente, pero mis cartas tardan meses en llegar y yo necesito hablarles hoy…

-¿Y eso me incluye, cómo?

-Eh… Quizá no… Yo… Escuché que tu hermano tiene un teléfono y pensé que quizá él…

-Kanon ya no está en el Santuario y su teléfono está con él.

-Oh.

Saga dio por terminada la entrevista e iba a entrar de nuevo a su Casa cuando se detuvo sorprendido al ver que Afrodita estaba a pocos pasos, mirándolo con una cara que… sólo podía ser de desaprobación.

-Espera, Virgo –dijo Afrodita cuando Shaka, alicaído, se preparaba para volver sobre sus pasos.

-¿Piscis?

-¡Angello! ¡Ven acá! –exclamó Afrodita.

MM acudió con una prontitud que intrigó a Saga. ¿Todavía estaría bajo los efectos del “Angie”?

-¿Ocurre algo?

-Shaka necesita hacer una llamada. Préstale tu teléfono.

-¿Eh? ¿Por qué no le prestas tú el tuyo?

-El mío está en Piscis y no voy a subir hasta allá a buscarlo ahora porque tendré que volver a subir otra vez en quince minutos, para ayudar al ama de llaves. Tú eliges: le prestas el teléfono o lavas los platos.

MM sacó de inmediato el teléfono y se lo dio a Shaka, que contempló un poco desconcertado el aparato. No se parecía en nada al último que había visto… unos cuantos años atrás.

-¿Sabes cómo usarlo? –preguntó MM.

-Pues…

-Dame. ¿Tienes el número?

Shaka le mostró una tarjeta donde estaba anotado el número, y lo observó marcar.

-Está timbrando –dijo MM, al darle otra vez el aparato.

Afrodita sonrió y volvió a entrar.

-¿A dónde vas? –preguntó Saga.

-A lavar los platos.

-Deja. Tú cocinaste, los lavaré yo.

-¿Eh?

¿Por qué se sorprendía tanto de que se ofreciera a lavar los platos? Al final ninguno de los dos tuvo que hacerlo, porque cuando llegaron a la cocina encontraron a Shun y Jabu terminando de limpiar y ordenar.

MM contempló intrigado a Shaka hablar en… ¿Hindi? ¿Sánscrito? ¿Bengalí? No tenía idea de cuál podía ser su lengua materna y, por supuesto, no entendía una sola palabra, pero parecía emocionado.

-Gracias –dijo Shaka, bastante más sereno, al devolverle el teléfono.

-No hay de qué.

-Te pagaré el costo de la llamada, por supuesto…

-Olvídalo, el haberme librado de lavar los platos es más valioso que una llamada internacional.

Shaka no pudo contener una risa suave.

-Haces honor a tu nombre, Angello. De todos modos, quiero compensarte…

MM sintió un escalofrío y empezó a retroceder.

-¡No! ¡Para nada! Sólo fue una llamada, no tiene importancia.

Shaka se quedó donde estaba, un poco desconcertado por la huida de MM, luego se encogió de hombros y regresó a la Casa de Virgo.

-¿Qué sucede? ¡Estás pálido! –dijo Afrodita, preocupado, cuando vio llegar a MM con el aspecto de alguien que acaba de ver un fantasma.

-Pues… probablemente entendí mal, pero por un momento casi estuve seguro de que Shaka de Virgo coqueteaba conmigo –declaró MM, para sorpresa de todos.

Luego de unos instantes de perplejidad, Afrodita y Saga estallaron en carcajadas en forma simultánea.

-¿De qué se ríen? –preguntó Shun.

-¡Sería… el tercero! –logró decir Afrodita.

-¡No! ¿En serio? ¿Quién fue el segundo? –preguntó Saga entre carcajadas.

-¡Misty!

Shun y Jabu miraron interrogantes a MM, que había pasado de blanco a rojo (pero no de vergüenza, sino de cólera) en cuestión de segundos.

-¿Qué es tan hilarante? –se arriesgó a preguntar Jabu.

-Ah… -Afrodita se secó las lágrimas y trató de ponerse serio-. Angello tiene un problema con los sujetos rubios de cabello largo.

-¿Uh?

-No soy gay –dijo MM, sombrío-, pero ya me ha pasado dos veces que se me declare un hombre, sin previo aviso y sin estarlo buscando. Los dos han sido rubios de pelo largo. Creo que tengo derecho a ponerme un poco paranoico si de entre todos los miembros de la Orden es precisamente Barbie quien de pronto empieza a reírme un chiste malo, como si le pareciera simpático.

Eso bastó para que Saga y Afrodita dejaran de reír.

-¿Se rió de una de tus chistes? –dijo Afrodita, incrédulo.

-Y me llamó “Angello”.

-Oh, esto es grave.

-¿Ves lo que saco cuando me obligas a hacerle favores a los demás, Afrodita?

-Sí, me doy cuenta. Tranquilo, no volveré a pedirte que ayudes a nadie.

-Amén –gruñó MM.

 

Palacio del Patriarca (específicamente, el salón del trono, una semana después)

 

Saori contempló lo que quedaba de su orden sagrada.

Doce Caballeros de Oro, tres Amazonas de Plata, diez Caballeros de Bronce y dos aprendices.

-Amigos, tengo una misión que encomendarles.

 

Palacio del Patriarca (específicamente, el quinto sótano)

 

Pasada una semana desde la guerra de comida, Aldebarán, Mu, Kiki, MM, Shun, Jabu y Afrodita habían cumplido sus respectivos castigos, solamente Saga seguía luchando por organizar el sótano.

Se había negado tajantemente a aceptar ayuda, por lo que aquella mañana Afrodita se encontraba sentado en una caja, leyendo, mientras Saga catalogaba el contenido de un viejo baúl.

De cuando en cuando, el Caballero de Géminis miraba de reojo al de Piscis, que parecía completamente absorto en la lectura de “El maravilloso viaje de Nils Holgersson a través de Suecia”.

Encontrar unos cuantos volúmenes de obras selectas de Selma Lagerlöf (“Nils Holgersson”, “La saga de Gösta Berling”, “El carretero de la Muerte” y algunos otros) fue toda una sorpresa para Saga, que tampoco se esperaba el que Afrodita fuera a apoderarse de los libros como un gato que salta sobre un ovillo de lana.

Por lo menos no parecía que le molestara el que Saga continuara siendo un estorbo en su vida.

La noche anterior, Shion los había llamado aparte para comunicarles que ese día Atenea asignaría misiones especiales al resto de los Caballeros, pero que ellos dos tendrían que esperar a que Saga completara su castigo antes de poder participar en la búsqueda que estaba organizando la diosa.

Era humillante, pero eso mismo provocó que Saga se negara todavía más tercamente a aceptar ayuda, no iba a dar esa muestra de debilidad… y estaba desconcentrándose. Reprimiendo un gruñido de frustración, volvió a la tarea de sacar objetos, examinarlos, etiquetarlos y anotarlos en el inventario.

Afrodita se apartó por un momento de la venganza de los patos silvestres contra la zorra por haberlos atacado a traición y miró fugazmente a Saga. Estaba cubierto de polvo de pies a cabeza, hasta sus pestañas estaban grises. Aunque había dedicado los primeros días en el sótano a barrer, sacudir, tirar basura, quitar telarañas y exterminar ratones, cada caja que abría contenía su propio microuniverso de polvo y suciedad, por lo que ese día, como todos los anteriores, cuando Saga estuviera listo para regresar a Géminis, Afrodita se le adelantaría en los últimos tramos de la escalinata y tendría preparado el baño para cuando él entrara a la Tercera Casa.

Había sido demasiado fácil volver a caer en la vieja rutina de anticipar los deseos y necesidades de otra persona y Afrodita no podía dejar de reprenderse a sí mismo por eso. Sabía que no era justo comportarse con Saga como si estuviera acompañando a Arles. No era saludable tampoco. Y era cruel para ambos, aunque Saga ni siquiera se diera cuenta de los conflictos internos de su acompañante forzoso.

Esmirra no era una zorra joven. Había burlado repetidas veces la persecución de las jaurías y oído el silbido de las balas. Permanecía  oculta en el fondo de su madriguera mientras los podencos rastreaban los hoyos subterráneos, próximos a darle caza. Pero la angustia que experimentara durante estas persecuciones no era comparable a la que sentía ahora, cada vez que fracasaba en sus intentos.

Al comenzar el juego, a primera hora de la mañana, apareció tan hermosa la zorra Esmirra que los mismos patos maravilláronse al verla. Esmirra amaba el esplendor; su piel era de un rojo subido, con el pecho blanco, negro su hocico y su cola como una pluma de avestruz. Pero en la tarde de aquel día, la piel de Esmirra colgaba en mechones revueltos, bañada en sudor; sus ojos habían perdido toda brillantez, y su lengua, anhelante, asomaba por fuera de la boca llena de espumarajos.

Por la tarde Esmirra fue víctima de una especie de delirio provocado por el cansancio. Por todas partes veía patos volando. Saltaba sobre las manchas de sol que había en el suelo y sobre una pobre mariposa recién salida de su crisálida.

A todo esto los patos silvestres no dejaban de volar por el bosque y de atormentar a Esmirra, que no les inspiraba ninguna piedad, a pesar de que aparecía aniquilada, temblorosa, loca. Y allí continuaban aun comprendiendo que Esmirra casi no podía verles, pues saltaba sobre las sombras que los patos proyectaban en tierra.

Sólo cuando Esmirra cayó desvanecida sobre un montón de hojas secas, impotente e inerte, a punto de expirar, decidiéronse los patos a abandonar su juego.

-Zorra: de hoy en adelante sabrás lo que cuesta atacar a Okka –gritaron a su oreja, dejándola al fin.

Apartó la vista del libro una vez más, sacó una carta que llevaba cuidadosamente doblada en un bolsillo y la leyó de nuevo por quinta o sexta vez.

Mauricio y Paola expresaban una vez más su preocupación por Arturo y Antares. Los dos niños cuya atención les había confiado cuando apenas tenían unas pocas semanas de nacidos tenían ahora, a los nueve años, una serie de problemas de conducta que sólo parecían agravarse. Principalmente Antares, que era el líder y arrastraba consigo a Arturo.

La carta era para pedirle que no se comunicara todavía con los niños, los dos adultos temían que pudiera ser contraproducente.

Él mismo no estaba muy seguro de qué pensar al respecto. Nunca había tenido que tratar con niños y mucho menos con niños problemáticos. Antes de llegar al Santuario de Atenea, había sido el único niño en el Parnaso; los otros hijos de su padre, sus medio hermanos, eran todos muchos mayores que él y, hasta donde podía recordar, prácticamente se peleaban por consentirlo y mimarlo. En la Orden, aterrado e indefenso a lo largo de los primeros años, se había refugiado en la protección que podía brindarle MM y Saga, huyendo tanto de la crueldad de Ixión como de las burlas de los aprendices más jóvenes. Había permanecido en ese refugio hasta terminar el noviciado y obtener el título de Caballero de Piscis, luego de eso no había buscado contacto con nadie más, porque su universo giraba alrededor de Arles.

Había sido la absurda apuesta entre Apolo y la diosa Afrodita lo que lo había forzado (muy en contra de su voluntad) a ampliar su “zona segura” para incluir a Shun, Jabu y Kanon. Quizá también era consecuencia de eso el que (justo ahora) quisiera (o, más bien, sintiera la necesidad de) buscar a aquellos niños que hasta entonces le habían parecido una carga pesada e injusta, que rechazaba con vehemencia.

Tenía apenas trece años cuando llegaron a su vida, Ixión acababa de morir y MM y él apenas estaban empezando la adolescencia (de la que MM no parecía haber salido aún). Si no hubiera encontrado entonces quién los cuidara por él… habría tenido que entregarlos a la Orden y la sola idea lo hacía sentir escalofríos. Tantos aprendices habían muerto durante el gobierno de Arles… ¿esos dos habrían podido sobrevivir? ¿Se habrían convertido en algo como MM y como él?

No importaba cuántos problemas tuvieran ahora, estaban mejor lejos del Santuario, llevando vidas normales.

Pero ese impulso de buscarlos… no era un simple capricho. Era el don de Apolo comunicándole que la situación era diferente ahora. Si quería mantener a Arturo y Antares lejos de la Orden y del infierno que suponía vivir, luchar y morir (y revivir y luchar y morir de nuevo) por los ideales de Atenea, tenía que ir a buscarlos, antes de que las estrellas tuvieran la ocurrencia de convocarlos al Santuario, como los guerreros predestinados que probablemente eran (por lo menos Antares, de Arturo no estaba seguro… pero a donde iba Antares, ahí iba también Arturo).

Salvarlos de su destino implicaba alejarse también de Saga… y enterrar definitivamente a Arles.


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El 12/09/10 a las 09:09:10

Límites del Santuario

 

Luego de empacar apresuradamente, Shura se dirigía a paso rápido a la entrada de las Doce Casas, donde debía reunirse con sus compañeros para partir de inmediato a España. ¡Una misión!

Estaba sorprendido y entusiasmado por aquella oportunidad de servir a Atenea. Sin embargo, le inquietaba la compañía que tendría en el viaje.

No tenía ninguna queja contra Shiryu, pero le incomodaba un poco tenerlo cerca durante unos días. Respetaba y apreciaba al Dragón de Bronce, pero éste había sido testigo de su mayor vergüenza y humillación, su caída de la Gracia, la mancha en su honor… pero encontraría la manera de comportarse con dignidad. Después de todo, Shiryu era un joven amable y discreto que no le había echado nada en cara, mientras que otros no habrían desperdiciado la oportunidad de humillarlo.

Cáncer ya era otra cuestión.

No habían sido amigos de niños (había muchos aprendices en aquel entonces y MM había sido un paria desde siempre, no habían cruzado más que unas pocas palabras entre los seis y los trece años), ni de adolescentes y, aunque habían sido aliados del falso Patriarca, había sido en forma separada: jamás tuvieron que realizar una misión juntos.

En cuanto a Nachi del Lobo, aún no había podido formarse una opinión. Era solamente uno de los Caballeros de Bronce secundarios, “los otros cinco” y no habría podido recordar quién era si el Patriarca no se hubiera tomado el trabajo de mencionar su nombre y título al asignar las misiones a unos grupos extrañamente conformados, por cierto.

En definitiva, no era el equipo que él habría escogido para una misión fuera del Santuario, pero no tenía duda de que todo estaría bien mientras él se encontrara al mando.

Sonrió satisfecho al ver que era el primero en llegar. Los demás miembros de la Orden no tardaron mucho en llegar también a la entrada y el aire se llenó de despedidas, los únicos que faltaban ahí eran Géminis y Piscis, que debían estar en alguna parte del sótano completando el inventario.

-Bueno, vámonos –dijo Shura a su equipo.

Los dos de Bronce obedecieron de inmediato, pero MM no se movió de donde estaba y Shura empezó a sentirse irritado de inmediato.

-¿Qué esperas, Cáncer?

-Ya voy –MM se estiró con pereza-. Antes de lanzarnos a lo desconocido, ¿tienen todos listo el pasaporte?

-Sí –dijeron Shiryu y Nachi al mismo tiempo.

-¿Qué? –dijo Shura.

-Pasaporte, del francés passeport, licencia o despacho por escrito que se da para poder pasar libre y seguramente de un pueblo o país a otro. Siendo europeos tenemos menos problemas que estos dos para movernos por la Unión, pero de todos modos es mejor tener a mano los documentos por si a algún policía se le ocurre preguntar quién eres y por qué vas por ahí con una caja de oro sólido al hombro. Por lo menos tendrás cédula de identidad o aunque sea la licencia de conducir, ¿no?

-Yo… no tengo documentos de identidad… -confesó Shura, aturdido.

-Vale, entonces no podremos salir hoy –MM recogió la urna de su armadura y empezó a subir las gradas de nuevo.

-¡¿Qué crees que haces?! –exclamó Shura.

-Yo no voy a ninguna parte con un indocumentado. Da mala fama.

-¡Ningún documento te impidió viajar a China para tratar de matar a Dohko de Libra!

MM giró lentamente y sacó de un bolsillo una pequeña libreta azul que mostró a Shura con expresión seria.

-¿Quieres revisar el visado de entrada y salida de mi único viaje a China? Puedes llamarme “asesino” si te da la gana, pero por lo menos existo desde el punto de vista legal y no iré a ningún sitio contigo hasta que tengas tus papeles en regla.

-¿Eso no es…? –empezó Shiryu, que se detuvo con brusquedad al darse cuenta de que estaba pensando en voz alta.

-¿No es qué? –replicó MM sin mirarlo, tenía los ojos fijos en Shura, que no sabía qué cara poner.

-¿No es… algo imprudente? Ibas a ejecutar a mi Maestro. ¿Por qué dejar rastros de tu identidad? Habría sido más seguro para ti entrar y salir de China ilegalmente.

-Mi misión era cumplir la sentencia en contra de un miembro rebelde de la Orden, un desertor que se negaba a obedecer al Patriarca.

-¡Saga no era el verdadero Patriarca! –

MM chasqueó la lengua y miró a Shiryu por primera vez.

-La afirmación correcta sería “Arles no era el Patriarca elegido por Atenea”. Si repasas los lineamientos de la Orden, verás que la sucesión fue legítima aunque el método que empleó Arles fue un tanto… arcaico. Pero entiendo lo que quisiste decir. Bien, resulta que eso lo sabía yo, lo sabía Afrodita y lo sabía Shura. ¿Lo sabía tu Maestro?

La pregunta sorprendió a Shiryu.

-Él nos advirtió que Sa… que Arles era enemigo de Atenea.

-¿Y nada más? ¿Lo llamó “usurpador” en algún momento?

-Pues… no exactamente…

-Entonces lo reconoció como legítimo, pero desobedeció sus órdenes y conspiró en su contra. El castigo que contempla la Orden para un caso así es la muerte y yo fui enviado a ejecutarlo. Mi misión era legítima a ojos del resto de los Caballeros. ¿Por qué iba a entrar y salir de China escondiéndome como un criminal?

MM guardó el pasaporte y subió un par de gradas más antes de detenerse y mirar a Shiryu una vez más.

-Si tu Maestro sabía que Shion había sido asesinado y que Atenea no estaba en el Santuario, ¿por qué esperó trece años antes de hacer algo al respecto? Tanto peca el hacedor como el consentidor, según me han dicho. En fin, volviendo a lo nuestro, Capricornio, será mejor que vayas a buscar al Patriarca y le digas que busque tu acta de nacimiento y solicite tus documentos al gobierno griego, o al español, o al que corresponda, porque, como ya te dije, yo no voy a ninguna parte con un indocumentado.

Estupefacto, Shura lo contempló alejarse.

A sus espaldas, Shaka, Ikki e Ichi partían hacia India en busca de la espada Chandrahas.

Kamus y Ban se dirigían a Francia para buscar la espada Joyeuse.

Milo, Jabu y Shaina iban a Argelia para buscar la espada Ascalón.

Mu y Aoiros buscarían en España la espada Durandarte.

Marin y Hyoga marchaban a Irlanda en busca de la espada Claíomh Solais.

Seiya y Geki iban también a España para localizar la espada Lobera.

Aioria y Shun iban a Asgaard en busca de la espada Tyrfing.

June y Dohko iban camino de Inglaterra para buscar la espada Galatina.

Y Shura estaba atascado con “su” equipo en el Santuario, hasta que lograra averiguar en qué baúl había guardado su difunto Maestro cualquier documentación que sirviera para identificarlo.

No podía dejar de pensar que MM había hecho eso a propósito.

 

Continuará…

 

 

Notas sobre gastronomía mitológica, literatura sueca y apodos:

 

El néctar y la ambrosía: son la bebida y el alimento de los dioses griegos. Por lo general se dice que el néctar se bebe (como vino, incluso mezclado con agua como acostumbraban los antiguos griegos) y la ambrosía se come, aunque los propios mitos se contradicen al respecto de vez en cuando. El caso es que el néctar y la ambrosía era lo que permitía a los dioses ser inmortales y eternamente jóvenes. Si llegaran a faltar, los dioses envejecerían y morirían.

Por lo anterior, el puesto de copero de los dioses (el encargado de mezclar, escanciar y servir el néctar en los banquetes del Olimpo) era de suma importancia. Lo ejercieron en algún momento Hebe (la diosa de la Juventud), Hefesto (hasta que los demás dioses protestaron diciendo que un copero tan feo les quitaba a todos las ganas de beber, pobrecito) y Ganímedes, luego de que Hebe perdiera definitivamente el empleo por haber resbalado y caído de mala manera delante de todos los comensales.

 

La siguiente cita está tomada de Néctar y Ambrosía, de W. H. Röscher, publicado en 1883:

 

“Tanto el néctar como la ambrosía eran tipos de miel, en cuyo caso su poder de conferir la inmortalidad sería debido al supuesto poder curativo y limpiador de la miel, y porque la miel fermentada (hidromiel) precedió al vino en el mundo Egeo. (…) el néctar y la ambrosía originalmente no eran más que diferentes formas de la misma substancia: la miel, considerada como un rocío, como maná caído del cielo, que se usaba como comida y bebida.”

 

El texto intercalado en cursiva (la novela que lee Afrodita en el quinto sótano) corresponde a “El juego de los patos”, el final de la tercera parte de “El maravilloso viaje de Nils Holgersson”, de Selma Lagerlöf, un libro estupendo de la primera mujer que ganó el premio Nobel de Literatura. Ella era educadora y lo escribió en principio para enseñarle geografía a los niños suecos, pero es una magnífica novela de aventuras, de qué significa crecer, madurar y hacerse responsable de los propios actos, y también sobre la amistad y la lealtad. Se los recomiendo ampliamente.

 

El que Afrodita llame “Angie” a MM es culpa de Hékate-sama… y el que MM se refiera a Shaka como “Barbie” es culpa de Miss-José (que por cierto, tiene EXCELENTES dibujos y parodias de la serie en su página de Deviantart).


FECHA El 27/02/11 a las 05:02:56 IP GUARDADA Enviar Privado Añadir Amigo · Enviar Privado Enviar Privado · Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
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El 16/12/10 a las 04:12:03

Miau!!!!!

Estoy feliz, feliz, feliz....

Me encantó como despertó Saga, y Dita bien que se dio cuenta pero lo dejo pasar...

Polemos, pobrecitos los areidas, los tienen amenazados... o.n yo les ayudo a liberar a Ares-chan, tienen que recuperar a los peques... y salvar a Polemos....
Y sus cabellos, ¡no lo hagan!... aunque bueno tienen la eternidad para que les vuelva a crecer 

Bueno quizás si deba a ir tomar clases de cocina al Santuario... pero a como soy, a mí me mandarían a comprar... es que ver comida, pues desaparece, aunque sea mucha

Y Shion (es su venganza por ser asesinad, ¿eh, Saga?) castiga tambien a Dita, ¿que culpa tiene Dita de que Saga sea taan... Saga

Shaka se me hizo tiernisimo... y MM paranoico, creo que ya sé quien le gusta a MM miau miau miau (ja ja ja)

Shura debe de raccionar y cuidar bien a ese pequeño, y todos deben de intentar de hacer algo con esa habilidad de Polemos, o sino todos van a sufrir...

El quinto sótano tiene de todo, pobre Saga, aunque eso le sirve para que Afro se termine de componer, y todos los demás de viaje: aunque MM yo creo que tambien lo hizo aproposito para poder vigilar un poco más a Dita y Saga

¿Y ya nos vas a explicar quienes son Antares y Arturo? quiero saberlo, por favor

Pd. Y sí, leo fanfics antes de ir a la escuela, para ir inspirada... y no aburrirme tanto ¬.¬, es que esos maestros....

Nos leemos, cuidate, Daga-sama, abrazos de gatitos (como solo un gatito puede darlos) 

Miau miau miau miau miau

Ahora si a ver los nuevos de LC


FECHA El 27/02/11 a las 09:02:07 IP GUARDADA Enviar Privado Añadir Amigo · Enviar Privado Enviar Privado · Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
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El 22/07/10 a las 05:07:34

 

GRACIIIIIIIIIIAS :3  ... otro capitulo exelente n___n

Polemos, polemos u.ú ... su poder es muy distinto al de cualquier otro y por extraño que suene hay personas que en realidad si lo tienen ._. yo no se como le hacen, pero solo hace falta que habran la bocota y queda la "embarrá" <-- por no decir una groceria xD. Estoy segura que vienen muchoooos problemas más *O* eso me emociona :B ¡mas mas! xD

Angelo *---* Loviu<3 ..  Puede ser más sensato y paranoico de lo que pensaba xD .. es que no crei que pudiera actuar asi frente a Shaka por ser rubio XDDDD me encanto esa escena ¡no tiene precio! jajjajajajajjaja pobrecito, se anda pasando rollos y shaka solo le queria devolver el favor :/ ... La pareja que insinuaste no es muy común, (de hecho la pareja principal que hay aqui tampoco lo es xD) pero la historia tiene algo que hace que me de lo mismo la pareja ._. y que hasta me llame la atención o.o !

No puedo estar más de acuerdo con lo que le dijo DM a Shiryu, ¡dejo a todos con la boca habierta!, pero es verdad. Sea como sea, ahi los unicos que sabian la verdad eran ellos tres, el resto aceptaba que era el patriarca y si no hacian caso entonces merecian ser llamados traidores, porque para ellos Arles si era el patriarca y entonces debian obedecer u.ú ... Muy buenas conclusiones Angye xD <3

Aaaw *O* Saga y afrodita cada vez estan más cerca (: ¡ya durmieron juntos! XDDDDDDD .. ok, no paso nada, pero igual duermieron juntos n__n  .. hasta se visten con ropa que convina ;D 

Pucha :/ queria ver que haria Ikki cuanod se enterara que su hermano dormiria en casa con Saga XD Pero esta bien, asi dejo que mi mente trabaje y se imagine la escena que nunca paso xD

Ya me voy .. no más chachara.. como siempre exelente capitulo ;D

Nos estamos leyendo en el prox CAP! ♥


FECHA El 09/03/11 a las 03:03:59 IP GUARDADA Enviar Privado Añadir Amigo · Enviar Privado Enviar Privado · Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
Online hekate-sama
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El 03/08/07 a las 04:08:21

¡Me gusta! ¡Me gusta! ¡Me gusta!

*¡¡¡Hékate baila feliz!!!*

Como siempre, lo leí, no al otro día de que lo subiste, sino el mismo día, pero la vagancia es mi compañera y hasta hoy no se alejó de mi lado.

Es común que mientras vaya leyendo, me diga "ah, esto le voy a comentar" "¡y esto otro!" Y así... Pero después me olvido todo. Es como estar en un sitio, como por ejemplo, una biblioteca, con un montón de títulos que siempre quisiste leer al alcance de tu mano, y vas por uno, y enseguida ves otro, y vas por aquél, y te recuerdas del otro y vas en pos de ése, y así y te olvidas los que agarraste y después los recuerdas y vuelves a ellos, y luego no sabes ni dónde dejaste el que tenías en la mano, XDDDDDDDDDDDDDDD.¡¡¡ Todo me gusta!!!

El pequeño Polemos, mira, me lo como, pobreshito,¡¡ y Shura queriéndolo ayudar!! Fue muuuuy tierno. Y hablando de Shura: ¡¡¡¡es un indocumentado!!!! Ahh, este DM... ¡qué salidas que tiene! Pero está bien cerciorarse de cada detalle, no va que después lo apresan y no lo dejan salir...

Debo decir que han sido muy buenos los argumentos del Cangrejo en relación a su misión a China y con respecto a Arles. Mu y Dohko en ese entonces, eran traidores.

Por otra parte, esa Grayas... Sé que has dicho que son tres de tus personajes mitológicos preferidos, pero dan ganas de pegarles una patada!

¿Qué más?............................ Saga y Afrodita: sangrado nasal, ahí me desmayé, sólo de saber que sin darse cuenta se visten combinando colores, y que Saga semidormido, aun no despierto del todo, sintió cómo Afrodita era suyo, ¡ahhhhh! Conmoción total, * . *

 

Sé que me estoy olvidando de muuuucho, como por ejemplo,de Arturo y Antares, ¿qué problemas conductuales tendrán? ¿Y cómo lididará Afrodita con ellos? ¿Y quiénes son realmente!

Otra cosa, la lectura de Afrodita: siento que si leo eso, me voy a poner a llorar, te lo aseguro, soy de preferir historias con humanos y no animales, T-T, pero tendré en cuenta tu recomendación.

Ehh, sip, ya me acordé: ¡¡DM y los rubios de pelo largo!! Jajajajajaja. Pero... creo que me perdí de algo: Afrodita le dice que Shaka sería el tercero, el segundo fue Misty... ¿¿¿Y el primero????

 

¡¡¡Ay, qué desorden de comentario!!! Te juro que me encantó el cap. Pero, ¿cómo es eso de que es mi culpa que Afro llamé a DM "Angie"? Seguro que en algún momento le dije así, >///<, jajajaja.

Espero que continues con la historia. Leí que conseguiste un trabajo, por lo que debes estar más atareada ahora, pero esperamos pacientemente, como niñas buenas ^ ^.

¡¡¡Mucha suerte con el nuevo trabajo y con todo!!!

Cariños,

Hekis.


FECHA El 13/04/11 a las 05:04:26 IP GUARDADA Enviar Privado Añadir Amigo · Enviar Privado Enviar Privado · Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
Online Daga_Saar
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El 12/09/10 a las 09:09:10

CapĂ­tulo diez (parte 1)

Capítulo diez

Hay burlas que parecen veras

 

O, lo que es lo mismo

Entre llegadas, investigaciones y recados

 

Algeria

 

Milo estaba malhumorado ese día. No le hacía ninguna gracia aquella misión, no por el objetivo, sino por la compañía. Kamus y Mu estaban más acostumbrados a tratar con niños, ¿por qué Shion le había encargado a él precisamente que cuidara al Caballero del Unicornio?

Ciertamente, Shaina también estaba con ellos para colaborar en la búsqueda de la espada Ascalón, pero eso no ayudaba mucho. Por lo que sabía de la muchacha, en cada una de sus últimas misiones (contra los Caballeros de Bronce, contra Poseidón…) le habían dado unas buenas palizas, por lo que probablemente tendría que protegerla a ella también si las cosas se ponían feas.

Luego de haber escuchado uno que otro chisme (y no pocas burlas) acerca de Jabu, había esperado encontrarse con una versión más joven de MM o de Ikki, pero Jabu lo había sorprendido (e intrigado) manteniéndose silencioso todo el camino hasta Algeria, solamente había hablado lo indispensable y parecía ensimismado.

¿Eso sería un rasgo de carácter, como los largos silencios de Kamus, o el muchacho se sentí intimidado en presencia de un Caballero de Oro que no era un renegado? Quizá era hora de romper el hielo.

-¿De qué signo eres?

-Escorpión.

¿El mismo signo que Milo? ¿Se lo habrían asignado por eso?

-¡Hubiera jurado que eras virgo! –exclamó Milo entre risas.

-¿Por qué?

Iba a contestar con una broma tonta acerca de unicornios y vírgenes, pero se detuvo apenas a tiempo. Jabu lo miraba con una expresión en la que podía leer con facilidad que sabía exactamente qué clase de chiste rondaba por su mente, y no le hacía gracia. Por lo visto Shaina también lo había notado, porque la vio sacudir la cabeza como sugiriéndole que guardara la broma para otra ocasión.

-Eh, bueno… tu predecesora era virgo.

-Daena de Unicornio, sí, me han hablado de ella. Mi Maestro fue alumno suyo y también mi Guía la conoció.

-¿“Guía”?

Jabu hizo un gesto vago.

-Eso dije… ¿No tienen guías todos los Caballeros de Atenea?

-Pues es la primera vez que escucho al respecto.

-Tal vez la Casa de Escorpión no los necesita –respondió Jabu, curiosamente diplomático.

-Bueno… ya estamos aquí –Milo contempló la ciudad, algo desorientado. No había entendido qué le había dicho Jabu al taxista que los había recogido en el aereopuerto Houdari Boudemienne (el unicornio era el único de los tres que hablaba árabe), pero los había dejado en las afueras de Argel, la capital de Algeria, que aún desde esa distancia le parecía demasiado grande al Caballero de Escorpión, demasiado acostumbrado a considerar “grande” a Rodorio. Aquella ciudad, de aproximadamente dos millones y medio de habitantes, superaba todo lo que conocía luego de pasar su vida entera en el Santuario, …había esperado casitas de adobe-. Dondequiera que sea. Supongo que lo primero será preguntar…

-¡Jabu! –un hombre de unos sesenta años y cabello casi completamente blanco caminaba hacia ellos, seguido de algunos jóvenes y unos cuantos… ¿camellos? Milo y Shaina pudieron percibir el cosmos característico de un Caballero de Bronce.

-Maestro –Jabu lo saludó con toda informalidad y lo presentó a los otros dos-. Mi Maestro, Denali de Sextans. Milo de Escorpión y Shaina de Ofiuco. Me tomé la libertad de contactar al Maestro Denali cuando supe que nos enviaban aquí.

 

Casa de Géminis

 

Saga salió del baño con el cabello todavía húmedo pero sin ganas de hacer más por remediar eso que el escurrirlo lo suficiente como para que dejara de gotear. Según sus cuentas, estaba tardando más de lo que debería en el inventario del quinto sótano. A ese paso tardaría hasta… ¿junio o julio? Realmente no deseaba que Kanon llegara de repente (en ningún momento había dicho qué día de mayo iba a visitarlo) y lo encontrara cumpliendo un castigo como ese.

Conociéndolo, no terminaría de reírse nunca.

Tenía que apresurarse, así que iba decidido a comer aprisa y volver al palacio lo más rápido posible, pero se detuvo en la entrada del comedor al ver que MM estaba ahí, muy bien acomodado en su silla. Por supuesto, la silla en cuestión no tenía grabado el nombre de Saga ni nada por el estilo, pero hasta Kanon le respetaba ese espacio, ¿por qué tenía Cáncer que sentarse justo ahí?

-¿Dónde está Piscis? –preguntó Saga, decidido a no darle el gusto de reclamarle la silla.

-En la cocina, obviamente. Está terminando de hacer el almuerzo.

Y MM, evidentemente, acababa de terminar de poner los platos. Saga se sentó en la silla que normalmente ocupaba Kanon y lo miró con fijeza.

-¿Te tomaste el trabajo de avisarle que comerás aquí? –preguntó con voz gélida. Le molestaba sobremanera que se autoinvitara a comer, y más si no le decía a Afrodita primero.

-Nunca he tenido necesidad de anunciarle que voy a visitarlo.

-Es una falta de consideración de tu parte aparecerte aquí para almorzar sin siquiera advertirlo. Resulta muy molesto para Afrodita tener que estar corriendo a última hora para que la comida alcance.

-Problema que no suele tener en la Casa de Piscis, ahí la despensa siempre está suficientemente llena porque él sabe desde hace años que yo llego sin previo aviso en cualquier momento. No es mi culpa que tú seas tan tacaño como para obligar a tu hermano a hacer verdaderos malabares con el presupuesto para no tener que pasar hambre mientras estuvo aquí y someter ahora a Afrodita a las mismas estrecheces económicas.

-¿De qué estás hablando?

-¿Kanon no te lo dijo? Desde que lo pusiste a cargo de los quehaceres domésticos en Géminis, le dabas para las compras exactamente la misma cantidad de dinero que le daba tu madre… hace trece años. Existe algo llamado “inflación”, ¿sabías?

Eso dejó estupefacto a Saga. Ese efecto secundario de las lagunas en su memoria nunca se le había ocurrido.

-Él no…

-¿Nunca protestó? Bueno, tú nunca le preguntaste –MM apoyó los codos en la mesa y se adelantó para mirar con enojo a Saga-. Y Lucy tampoco te lo va a decir, ¿sabes? Agradece que me tienes a mí para mantenerte informado sobre los hechos de la vida, antes de que los hechos de la vida te exploten en la cara.

A eso Saga no supo qué responder.

 

La India

 

-Les gustará mi aldea natal, es un bonito lugar –dijo Shaka.

Aunque se esforzaba por lucir calmado, en realidad estaba bastante nervioso. Hacía catorce años que había salido de La India y no se le había permitido volver a su aldea hasta entonces. Cierto, su Maestro y él pasaban parte del año en ese país de Asia, entrenando, pero regresar a casa y visitar a sus parientes había sido imposible. Resultaba más difícil a cada segundo mantener su expresión tranquila.

Ikki se abstuvo de comentar que la aldea de Shaka no se diferenciaba en casi nada a todas las otras aldeas por las que habían pasado desde su llegada ahí.

Calles estrechas, mal trazadas, ruido, colores, movimiento, voces, polvo, calor, vacas aquí y allá… un simple pueblito rural… ¿en día de mercado? ¿O había alguna fiesta?

Para variar, Shaka iba con los ojos abiertos e Ikki sonrió para sus adentros. Por muy grande que fuera su dominio del cosmos, no sería nada prudente caminar por ese terreno desigual a ojos cerrados. Además, tenía la ligera impresión de que el Caballero de Virgo estaba ligeramente desorientado, y no sería raro. Trató de imaginarse a sí mismo visitando su pueblo natal después de tantos años y tuvo la seguridad de que no sería capaz de reconocerlo aunque recordara el nombre del lugar y fuera capaz de localizarlo, dos cosas que sabía bien que no podría. ¿En qué parte de Japón habían nacido él y Shun? Apenas lograba recordar que el viaje a Tokio para encontrar a Mitsumasa Kido había durado una eternidad, o quizá era que todo se veía diferente a través de la memoria de un niño.

En cualquier caso, la aldea se veía pobre, pero activa y alegre. Le gustó, aunque le sorprendió no ver personas rubias por ahí. No sabía mucho de La India al momento en que Shion les indicó a dónde debían ir, ni tuvo tiempo para investigar demasiado mientras cargaba a Shun de advertencias, que éste aceptaba con una sonrisa (una sonrisa que le decía con meridiana claridad al hermano mayor que todo lo que estaba diciendo le entraba por un oído y salía por el otro), pero había esperado que hubiera ahí más gente parecida a Shaka… tal vez no así de rubios, ¿pero por qué estaba empezando a tener la impresión de que la piel blanca y los ojos claros del Caballero de Virgo eran una verdadera rareza por ahí? ¿Tendría Shaka algún grado leve de albinismo o sus padres eran extranjeros?

El contraste de tela roja y una cabellera negra igual de larga que la de Shaka lo distrajeron de sus pensamientos. Aquella chica debía pasar mucho tiempo cepillando una melena como aquella…

…Y entonces la chica cambió de dirección, por lo que pudieron verla de frente… y resultó que no era una chica.

Era igual a Shaka.

Bueno, no exactamente igual.

Era igual a como sería Shaka de haber tenido piel morena y cabello y ojos negros. Y si en lugar del bindi rojo usara tres líneas verticales color ceniza.

-¡Birendra! –gritó Shaka.

El aludido lo miró con sorpresa.

-¿Shaka?

Ikki e Ichi observaron con asombro a Shaka dejar la urna de su armadura en el suelo con toda calma y tranquilidad para luego avanzar los pocos pasos que los separaban de su versión morena y abrazarlo con fuerza.

-Parientes, supongo –dijo Ichi, innecesariamente.

-Este es mi primo Birendra –dijo Shaka, sin soltarlo todavía.

Birendra miró inquisitivo a los dos Caballeros de Bronce.

-¿Quiénes vienen contigo?

-Dos de mis hermanos de armas, Ikki del Fénix e Ichi de Hidra.

Mientras seguían a Shaka y su primo hasta la casa de su familia, Ikki no podía dejar de darle vueltas a un detalle curioso: Shaka era el único Caballero de Oro que conocía que, cuando tenía que presentar a alguno de los Cinco (o de los otros cinco) no hacía énfasis en la diferencia entre Caballeros de Bronce y Caballeros de Oro.

 

Casa de Géminis

 

-Sírveme más –dijo MM.

-Sírvete tú –respondió Afrodita.

-A él sí le sirves –protestó MM.

Saga se quedó mirándolos, con el tenedor a medio camino entre el plato y la boca y una expresión de sorpresa absoluta que ninguno de los dos llegó a advertir, porque estaban enfrascados en su discusión.

No se había dado cuenta hasta ese momento, pero MM tenía razón: durante el tiempo que estuvo cuidando a Aioros, cuando Afrodita iba a cocinar para ellos, y ahora que estaba haciéndole compañía en Géminis, el Caballero de Piscis se tomaba siempre el trabajo de servir su plato y llenar su vaso.

También le había servido la comida a Aioros, pero Sagitario había estado convaleciente entonces. En los últimos días, en cambio, no solo MM sino también los otros inadaptados habían comido ocasionalmente en Géminis, pero Afrodita dejaba que ellos se sirvieran solos.

Y él había aceptado ese trato diferente como si fuera lo más natural.

¿Por qué? No era su costumbre y Kanon ciertamente le habría armado un escándalo de haber pretendido en algún momento que le sirviera en esa forma.

Que alguien más le sirviera debería resultarle incómodo, incluso vergonzoso. Pero ni siquiera le había llamado la atención, no solo porque Afrodita actuaba como si le pareciera correcto, sino porque además parecía saber siempre con exactitud qué le gustaba a Saga y cuánto quería comer.

¿Sería telépata, como Shion y Mu? Era frecuente que los telépatas desarrollaran el hábito de explorar las mentes ajenas por el puro afán de agradarle a todos, cosa que Saga detestaba profundamente.

Pero no, no podía ser así… Saga empezó a sentir que le dolía la cabeza, seguramente por el esfuerzo de comprender…

Un eslabón de su cadena de recuerdos eligió ese momento para regenerarse en forma espontánea.

~***~

Para comer, Arles usaba una media máscara que dejaba al descubierto la parte inferior de su rostro. Cierto, Afrodita sabía que Saga había suplantado al Patriarca y usaba el nombre “Arles”, pero no había visto a Arles sin la máscara y no sabía de la transformación que sufría Saga cuando su otro yo tomaba el control. Para él, Saga y Arles eran una única persona.

Arles estaba sentado a la mesa en los aposentos privados del Patriarca. Afrodita estaba de pie junto a su silla mientras comía, como un sirviente. Saga, que presenciaba ese recuerdo como si lo viviera por primera vez, calculó que el Afrodita de su memoria debía tener cuando mucho doce años. Era muy pronto como para que ya tuviera la armadura de Piscis, pero no quedaba duda de que la obtendría o moriría en el intento, porque ya había vencido a todos sus rivales, incluyendo a Misty, que era su competidor más cercano. Así que esa debía ser la época en la que había empezado a asumir algunas de las funciones propias del guardián de la Doceava Casa, cuando Arles le había revelado su secreto y se había asegurado su lealtad.

Una mujer entró entonces, rompiendo el silencio con una risa alegre.

A primera vista, podría pasar por hermana de Afrodita, pero un examen más cuidadoso revelaba detalles que no coincidían, como el hecho de que se teñía el cabello. Saga sabía que además se había hecho algunas operaciones para cambiar ligeramente la forma de su nariz y de su mentón. Sabía también que Afrodita la detestaba y que eso a Arles no le importaba en lo más mínimo. Tampoco le importaba ella, pero seguía recibiéndola en el palacio cada vez que la diosa Afrodita la enviaba a informarse sobre el progreso del niño que había confiado a la Orden de Atenea, porque no quería correr el riesgo de enfadar a la diosa… y porque Dido, una de las sacerdotisas de la diosa del Amor y la Belleza, le parecía sumamente divertida.

-¿Por qué no le das la tarde libre a tu sirviente, cariño?

Arles rió de buena gana.

-¿No reconoces a tu propio pupilo, Dido?

-¡No me digas que es Lucien! ¿Cómo conseguiste que se lavara la cara y se peinara un poco? Hubiera jurado que era una misión imposible. ¡Si hasta lleva ropa limpia!

-Lucien es el próximo Caballero de Piscis y sabe que debe estar a la altura de su dignidad.

-¿Ah, sí? Pues hubiera podido engañarme. Hasta hace un momento creí que aborrecía su propia imagen y hacía todo lo posible por empeorarla. ¿Pero por qué está sirviéndote como si fuera uno de los criados?

-El Caballero de Piscis es el guardián personal del Patriarca, Lucien solamente cumple con su deber y lo hace gustoso. ¿Verdad, Lucien?

-Sí, Santidad.

-¿Lo ves, Dido?

La mujer hizo un moín que parecía una imitación burlona de gesto petulante habitual en Afrodita.

-¿Y es común que un guardaespaldas cocine para su patrón?

A Saga le intrigó que estuviera enterada de eso. Se suponía que era un secreto. Arles, por su parte, se limitó a sonreír.

-He llegado a un punto en el que no comería nada que no hubiera cocinado Lucien. Estoy rodeado de traidores.

-Yo no te traicionaría jamás, cariño.

-No, tú solamente me venderías a cualquiera que te pagara más que yo. Es una suerte para mí que sea yo quien paga el salario de los otros clientes que tienes en este Santuario. El culto de tu ama y señora debe dejar buenas ganancias si eres igual de popular en todos los lugares que visitas.

Dido rió a carcajadas y se sentó a la mesa.

-La prostitución sagrada es solo uno de los aspectos del culto y solo unas pocas sacerdotisas tenemos el permiso de la diosa para practicarla. Por regla general, todas las ganancias son para los templos, nosotras no podemos quedarnos con nada… Claro que en ningún momento he reportado que gano algo extra aquí cada vez que me envían a visitar a Lucien. Bueno, niño, ya que estás ahí como un mesero, sírveme.

-Sírvete tú –espetó Afrodita, ofendido.

Arles sonrió con malicia.

-No seas grosero. Dido es mi invitada, sírvele.

-¡Pero, Santidad…!

-¿Otra vez discutiendo mis órdenes? Necesitas un poco de humildad para templar ese carácter tuyo, la soberbia saca lo peor de ti, Lucien.

Afrodita se esforzó por ocultar su contrariedad y obedeció en silencio. Arles continuó comiendo, sonreía de rato en rato cuando Dido se dedicó a burlarse de Afrodita y solo la detuvo cuando advirtió que iba a tocarlo.

-No te atrevas a ponerle la mano encima –siseó con enojo repentino.

Dido se quedó inmóvil. Mientras Afrodita se apartaba de ella a toda prisa, la mujer miró con seriedad al Patriarca; ya otras “invitadas” de Arles habían cometido el error de pensar que el arcaico protocolo de los Caballeros de Piscis las autorizaba a maltratar a Afrodita, y no todas habían sido lo suficientemente listas como para darse cuenta a tiempo de que Arles lo protegía como una loba a su cachorro; las más atrevidas no habían vivido para contarlo, pero Dido era diferente: la risa hueca y la actitud despreocupada eran solo una pose, porque bajo su apariencia burlona y superficial se escondían una mente aguda y una voluntad de hierro. Dido era ante todo una mujer de negocios.

Quizá era por eso que Arles la encontraba atractiva, y no porque le pareciera graciosa.

El Cortejo de la diosa Afrodita le había encargado tarde y mal la misión de supervisar la educación de Afrodita. Ixión ya había muerto para cuando ella lo visitó por primera vez y, para colmo de males, lo que pudo haber sido una amistad entre ellos empezó realmente mal porque Dido, que admiraba desde niña a Dione, la madre de Afrodita, había hecho más de la cuenta tratando de parecerse a ella. Afrodita, que no recordaba a Dione ni tenía retratos suyos, interpretó equivocadamente la semejanza artificial de Dido como un insulto hacia él.

A pesar de todo, y aunque no desperdiciaba oportunidad para hacerlo rabiar, Dido se preocupaba por él… muy a su manera.

-Imagino entonces que no querrás prestármelo por una noche –dijo de repente, logrando casi que Afrodita se atragantara al escucharla.

-Solo si él quisiera. Y no querrá. ¿Verdad, Lucien?

-Es verdad, Santidad.

-Lástima. Voy a dar una fiesta y necesito un buen cocinero… Tendré que seguir buscando.

-Si ya terminaste, espérame en la alcoba.

-Como ordenes, cariño.

-No soporto a esa mujer –dijo Afrodita tan pronto como Dido salió.

-¿Detecto celos en un futuro Caballero de Atenea?

-¿Celos? No. Fastidio, irritación, disgusto…

-Qué lástima, ella te tiene afecto.

-Oh, por favor…

-¿Por qué no te agrada, Lucien? No es su culpa tener buen gusto.

-¿Buen gusto?

-Dicen que la imitación es la forma más humilde de la alabanza.

Afrodita guardó silencio por unos instantes y luego le dirigió una mirada extraña.

-¿Por qué quieres que me lleve bien con ella?

-Ella me agrada.

-…¿La amas?

-¿Por qué quieres saber eso?

-Es que no comprendo… Yo no podría compartir a la persona amada con… otros cuatro clientes fijos y un número indeterminado de ocasionales.

-¡Pero qué bien enterado estás! –Arles rió sin sarcasmo ni burla, una carcajada alegre y sincera, antes de seguir hablando con seriedad-. Estoy totalmente de acuerdo contigo: yo tampoco podría compartir a la persona amada.

-Pero entonces…

-¡Por supuesto que no la amo! Mi relación con ella es laboral… Te sorprendería toda la información que le ha sonsacado a sus otros clientes, en especial a Laertes de Tauro y a Alexis de Escorpión.

-¿Le pides información sobre sus otros clientes? ¡Saga, eso es…!

-¿Asqueroso?

-Iba a decir “poco elegante”.

-Puede que tengas razón. Por cierto… -Arles sujetó a Afrodita por el cabello y lo obligó a inclinarse hacia él-. Te lo he dicho ya tres veces: no me llames Saga. Soy Arles.

-Sí… señor.

-Así me gusta –Arles sonrió y lo soltó-. La comida estuvo deliciosa. ¿Seguro que quieres estudiar Botánica? Podrías llegar a ser un gran chef.

Afrodita enrojeció y sonrió con timidez. Arles le ofreció la copa en la que había estado bebiendo.

-Brinda conmigo, Lucien.

La sonrisa de Afrodita se transformó en un gesto de preocupación.

-El primer deber de un Caballero de Piscis es velar por la seguridad del Patriarca. Su Santidad ha bebido bastante hoy, y yo debo mantenerme sobrio.

Arles dejó escapar otra carcajada.

-¡Mi querido Lucien! –exclamó-. No has fallado una sola prueba de todas las que te he puesto. ¿Qué haría yo sin ti?

Luego de apurar el vino que quedaba en la copa, Arles fue a reunirse con Dido. Saga ya sabía lo que pasaría a continuación: Afrodita recogería todo, limpiaría y luego vigilaría pacientemente hasta que Dido se marchara y Arles le diera permiso a él para retirarse.

~***~

-Saga, ¿estás bien?

La voz de Afrodita lo devolvió al presente.

-Sí, estoy bien… -vio que Afrodita, sin perder ese gesto preocupado, estaba a punto de servirle más ensalada y lo detuvo de inmediato-. Deja, yo puedo hacerlo.

-¿Eh? Pero…

-No soy un inválido, Afrodita –replicó Saga con brusquedad.

Se dio cuenta de que lo había lastimado, pero quizá era mejor así.

 

El Santuario de Poseidón

 

-¿Todavía están en eso? –preguntó Julián con aburrimiento.

-Todavía –confirmó Krishna.

Luego de dudar un poco, Julián buscó donde sentarse y se unió a Krishna, Eo y Tethys, que seguían con mayor o menor atención el combate entre Sorrento y Kanon.

Aquello había empezado como un intercambio de palabras airadas que degeneró en pelea. Ya era media tarde y aquellos dos continuaban peleando sin que ninguno diera señales de fatiga.

 

Algeria

 

Denali estaba algo intrigado.

Casi un año antes habí visto partir a un Jabu muy distinto del que regresaba. Arrogante, egocéntrico y con la cabeza llena de sueños… Jabu no fue el mejor de sus discípulos, ni por la fuerza, ni por la inteligencia, ni por el carácter, de modo que Denali se sorprendió mucho cuando Enki le anunció que ese niño precisamente había sido escogido entre todos los aspirantes para ser el siguiente Caballero de Unicornio. Cuando le planteó sus dudas, Enki simplemente sacudió la cabeza y le dijo que esperara, que Jabu era un niño en ese momento y aún tenía ilusiones de llegar a ser un gran héroe para “su Señorita”, pero que las cosas cambiarían cuando alcanzara la madurez necesaria para comprender cuál era el papel de los Caballeros de Unicornio en la Orde de Atenea.

Al parecer, Enki tenía algo de razón, porque Jabu volvía serio y formal, casi sombrío, pero el cambio no le gustó a Denali, que de inmediato echó de menos la Jabu de antes… vanidoso y terco, sí, pero siempre alegre, no apagado y lacónico.

El Caballero de Escorpión rehusó con algo de incomodidad la oferta de hacer el viaje a lomos de uno de los camellos, y prefirió caminar.

Milo era fuerte y resistente, tal y como se esperaba de un Caballero de Atenea, pero no estaba acostumbrado a hacer caminatas largas bajo el sol del desierto, por lo que no pudo menos que sentirse agradecido cuando llegaron al oasis.

En medio del verdor y bajo la sombra de grandes árboles, un manantial destellaba con cada rayo de sol que lograba colarse entre el espeso follaje.

-¡Ah, qué bien! –exclamó Milo-. ¡Agua!

Dejó la urna de su armadura en el suelo y ya iba a recoger agua con ambas manos cuando Jabu lo detuvo.

-Espera, por favor. Tenemos una costumbre aquí. ¿Maestro?

Denali negó con la cabeza y sonrió.

-Ahora eres el Caballero de Unicornio, te corresponde a ti ser el anfitrión.

Jabu titubeó unos instantes, pero asintió y fue hasta un grupo de piedras que no parecían diferentes de las tantas que rodeaban el manantial, y regresó con un vaso de algo que parecía ser alabastro.

Se arrodilló a la orilla del agua y llenó el vaso con cuidado.

-Porque te das generosa sin pedir nada a cambio, por tu pureza y por la vida que nos concedes, te damos gracias.

Una vez dicho eso, se puso en pie y le ofreció el vaso a Shaina, que se apartó un poco de ellos para poder quitarse la máscara y beber unos tragos antes de devolverle el vaso. Después, Jabu volvió a llenarlo y se lo ofreció a Milo, que bebió intrigado. En tercer lugar, el Caballero de Unicornio dio de beber a su Maestro y luego a cada uno de los jóvenes que los habían acompañado desde Argel. Finalmente bebió él.

-Este es un manantial de cristal, no encontrarán agua más pura que esta en todo el mundo, al menos no por medios naturales –explicó Jabu-. De este manantial depende todo el oasis y quienes lo habitan, humanos o no. Por eso tenemos la costumbre de darle las gracias al agua antes de beberla.

-Oh, entiendo. Lo tendré en cuenta –dijo Milo.

Jabu sonrió a medias y se dirigió a Denali.

-¿Enki vendrá esta noche o la próxima, Maestro?

Denali iba a responder, pero lo detuvo el sonido de animales al galope.

-¿Caballos? –preguntó Milo. ¿Por qué se veían tan sorprendidos los dos Caballeros de Bronce y los jóvenes algerianos?

-No… Escorpión, Ofiuco, lo que van a ver en un par de minutos es un secreto. ¿Pueden darnos su palabra de que no dirán nada a nadie?

Milo frunció el ceño. De acuerdo, había intentado ser amable con el mocoso, ¿pero quién se creía que era para plantearle exigencias?

-Yo no doy mi palabra a la ligera, Unicornio, dime primero de qué se trata.

Shaina guardó silencio, quizá tratando de no empeorar el asunto. Jabu apartó la mirada y se limitó a aguardar. Si Milo no quería hacer promesas a la ligera, sería mejor dejarlo.

Ante los ojos asombrados de Milo y Shaina no tardó en aparecer un grupo… de unicornios.

No se parecían a los de las estatuas, tapices o pinturas que habían visto antes. Tenían la estampa y la velocidad de caballos árabes y no había uno solo blanco en aquel grupo que fácilmente podía alcanzar los cien entre adultos y crías. En su mayoría eran castaños, grises o negros, sin manchas ni variaciones de tono. No daban la menor impresión de ser frágiles o delicados; Milo percibió con claridad que eran capaces de enfrentarse a leones, por eso su mente se negó a usar la palabra “rebaño” para definir a aquel grupo: eran una manada de unicornios. Fuertes, feroces, orgullosos.

-Solamente unas pocas personas en el mundo saben que todavía quedan unicornios en Algeria –dijo Jabu, sacándolo de su ensimismamiento-. No se lo he mencionado ni siquiera a la Señorita Saori.

¿En serio? Eso consiguió que Milo lo mirara intrigado. Según le habían dicho, el Unicornio de Bronce bebía los vientos por la reencarnación de Atenea. ¿Y le había ocultado una maravilla como esa?

-¿Por qué el secreto? –preguntó Shaina.

-Cada parte de sus cuerpos es valiosa para magos, alquimistas y médicos –explicó Jabu-. Aunque son muy capaces de defenderse por su cuenta, no queremos exponerlos al riesgo de los cazadores furtivos. Por eso les pido que guarden el secreto. Hay unos pocos más en Europa, en América y en algunas partes de Asia, pero ningún grupo tan numeroso como la Manada del Manantial. No queremos que se extingan.

-Cl… claro… -murmuró Milo-. Tienes mi palabra de honor de que no se lo contaré a nadie. Además, ¿quién iba a creerme?

-Te sorprenderías. ¿Ofiuco?

-Por supuesto. Pueden confiar en mí, no diré nada al respecto.

Los unicornios se detuvieron frente a ellos y cinco se separaron de la manada para acercarse al grupo de humanos.

-¡Ha vuelto Jabu! –exclamó uno, de color gris oscuro, dirigiéndose al resto de la manada-. ¡Y vuelve sano y salvo!

Los otros unicornios piafaron y relincharon, cosa que Milo y Shaina decidieron interpretar como exclamaciones de alegría.

Jabu saludó en árabe a los cinco unicornios y se los presentó como Alkaid (el gris), Akbar (un macho castaño), Tamar (una hembra gris plata) y Tábata (una hembra negra, bastante más joven que los otros cuatro), eran los líderes de la manada. El quinto unicornio, de un gris azulado casi negro (curiosamente, el mismo color de la armadura del Caballero de Unicornio) era Enki, el Guía de Jabu.

-¿A quiénes traes contigo? –preguntó Alkaid.

-Amigos y aliados, miembros de la Orden de Atenea. Shaina, Amazona de Plata de Ofiuco, y Milo, Caballero de Oro de Escorpión.

-¿Ofiuco? –exclamó Tamar con voz risueña-. ¿Tu dama es la Domadora de Serpientes? ¡Oh, Jabu, no podía ser más apropiado!

-¡Eh! ¡No es mi dama! –protestó Jabu, adquiriendo un interesante color rojo tomate.

-¿No? –dijeron los cuatro líderes al mismo tiempo, sorprendidos.

-Les dije que era demasiado pronto –dijo Enki, con fastidio-. ¡Apenas tiene catorce años! Déjenlo vivir un poco, caramba.

Akbar sacudió la cabeza.

-Me disculpo en nombre de mis compañeros, Amazona, no es común que un Caballero de Unicornio traiga a este oasis en particular, nuestro lugar más sagrado, a alguien ajeno a nuestra existencia, a menos que sea para presentarnos a su dama… -Akbar miró calculadoramente a Milo-. Hum… o a su…

-No termines esa frase –advirtió Alkaid-. La chica no es su dama y, por la cara que están poniendo los dos, dudo mucho que el joven sea su caballero.

-Para nada. Solo somos amigos, ¿verdad, Jabu? –exclamó Milo, apartándose de él un par de pasos, por si acaso.

Enki resopló, divertido.

-Jabu sin duda tendrá una buena razón para haberlos traído, pero primero lo primero. Sírvenos de beber, muchacho.

-Por supuesto.

Luego de recitar una vez más el agradecimiento al agua, Jabu se concentró y su cosmos empezó a brillar levemente. Un remolino se formó en la superficie del manantial, luego se transformó en una columna de agua que repentinamente se separó del resto. El agua, girando y adoptando formas caprichosas, flotó hasta una piedra (que había sido tallada y pulida hasta ser capaz de servir como abrevadero) y se depositó ahí sin que se derramara una sola gota.

-¡Presumido! –dijo Enki entre risas-. ¡Finalmente lograste hacerlo!

-Soy demasiado vago como para resignarme a hacerlo con el balde –replicó Jabu, encogiéndose de hombros, pero sin poder ocultar una sonrisa orgullosa que brindó algo de tranquilidad a Denali. Sí, ahí quedaba todavía bastante del Jabu presuntuoso de siempre.

-Debo admitir que es un truco muy vistoso, casi diría que es elegante –dijo Tábata-. ¿Puedes servirle así el agua al resto?

-Seguro.

Había otras piedras talladas de igual manera aquí y allá bajo la sombra de los árboles. Los unicornios observaron atentamente mientras Jabu las llenaba una por una, y esperaron a que la última estuviera lista antes de empezar a beber.

-¿Podemos preguntarles ahora si saben dónde…? –empezó Milo.

-No –interrumpieron Jabu y Denali.

-¿Eh?

-Aquí las cosas se hacen a otro ritmo –explicó Jabu-. Hemos compartido el agua con los unicornios. Ahora compartiremos el pan y la sal con mi Maestro y con la gente del oasis. Enki nos buscará cuando sea el momento apropiado.

 

El Santuario de Poseidón

 

-Ya volvimos –dijo Baian, que regresaba acompañado por Caza, cargados ambos con palomitas de maíz y botellas de refrescos y de agua.

-Cuando dije que sólo nos faltaban las palomitas, estaba bromeando –dijo Tethys.

-Lo sabemos, pero no por eso deja de ser una buena idea –Baian se encogió de hombros-. Además, tengo la vana esperanza de que el olor de las palomitas les recuerde que ninguno de los dos ha almorzado.

Julián aceptó una gaseosa y de vez en cuando robaba lagunas palomitas de las de Tethys o las de Baian. No le sorprendía la pelea (tanto Kanon como Poseidón le habían advertido que era inevitable algo así antes de que se restableciera la concordia entre los Shoguns), pero no había esperado que resultara tan larga. ¿Era un combate de los Mil Días?

Le sorprendía, también, el que Kanon todavía no hubiera hecho trampa. Julián, nacido como heredero de una gran empresa y educado para sobrevivir en el mundo de los negocios, apreciaba tan bien como Kanon lo valioso que es para un guerrero (o para un líder capitalista) aprovechar las debilidades de un rival, y ya había perdido la cuenta de las oportunidades que el Shogun del Atlántico Norte había dejado pasar a lo largo del día. ¿Por qué no ponía fin a aquello con un simple golpe a traición? A fin de cuentas, era Sorrento quien había iniciado el pleito sin que mediara provocación alguna.

Poseidón no solo había perdonado a Kanon, sino que lo había elogiado por su astucia y lo había recibido oficialmente en su Orden como el primer Shogun, cuya autoridad estaba por encima de la de los demás. El que Sorrento insistiera en pelear con él cuando ya todos los demás parecían haberse reconciliado, ¿no era cuestionar las decisiones de Poseidón? ¿Por qué toleraba Kanon algo así?

“Creo que su educación tiene algo que ver” susurró Poseidón en su mente. “En la Orden de Atenea, cualquier guerrero puede desafiar al líder para tratar de tomar su sitio.

“Pero entonces… ¿si Kanon pierde…?”

“No pasará nada. Se permite en otras órdenes, como en la de Ares, la de Artemisa y la de Hermes, por ejemplo, pero no en nuestra Orden, ni en la de Zeus o en la de Hades, porque nosotros preferimos que se respete nuestra autoridad. Si Kanon pierde, lo único que ganará Sorrento es un castigo de parte nuestra, por insubordinado. Si todavía no hemos intervenido tú y yo es porque estamos dándole una oportunidad a Kanon para que resuelva el problema.”

 

El Santuario de Atenea (específicamente, el quinto sótano del palacio)    

 

Saga levantó la cabeza, intrigado, al sentir la presencia de Aldebarán de Tauro.

-¿No deberías estar en una misión, como los demás? –preguntó cuando el guardián de la Segunda Casa entró al sótano, mirando a su alrededor como evaluando el estado del inventario.

-Supongo, pero pedí permiso al Maestro Shion para retrasarme unos días aquí, tiempo que aprovecharé ayudándote con este trabajo.

-No necesito ayuda.

-¿No? Claro, no lo necesitas, es cierto. Sin embargo, la Orden necesita que termines lo más pronto posible, así que vas a tener que tolerar mi ayuda, por mucho que te guste estar encerrado aquí.

Saga frunció el ceño, dejó lo que estaba haciendo y se plantó frente a Aldebarán, con las manos cerradas en puños y una expresión que daba a entender con toda claridad que se proponía sacarlo a la fuerza, de ser necesario.

Afrodita soltó el libro que leía y se puso en pie de un salto. En un pestañeo estaba junto a Saga, lo bastante lejos como para no estorbar sus movimientos, pero lo bastante cerca como para intervenir si empezaba una pelea. Aldebarán le sonrió y lo saludó con un movimiento de cabeza.

-Fuera de aquí –dijo Saga, con un tono severo y frío.

-Nah, lo siento, Saga, el que va para afuera eres tú.

-…¿Qué?

-Oh, ¿no te lo dije? Mmm, cierto, no te lo dije. Tu padre te mandó llamar, está esperándote en su despacho.

El espectáculo de Saga de Géminis boquiabierto por el asombro y sin saber qué responder era algo completamente inusual para Afrodita.

-¿Mi padre, dices? –logró articular finalmente-. ¿Cómo que mi padre?

Aldebarán rió de buena gana, como si Saga acabara de decir algo muy gracioso. Luego sacudió la cabeza, sujetó al Caballero de Géminis por la cintura, lo levantó como si no pesara nada y lo depositó fuera de la puerta de esa parte del sótano.

-La próxima vez que quieras dar una orden con gesto majestuoso, mírate en uno de tus espejos, usas exactamente la misma postura y ademanes que el Maestro Shion, se nota de sobra de quién fuiste aprendiz. Apúrate, sabes bien que no le gusta que lo dejen esperando.

Dicho eso, Aldebarán cerró la puerta, dejando fuera a Saga, que titubeó unos segundos (casi un minuto) antes de decidirse a subir las escaleras y averiguar si Shion realmente lo estaba llamando.

-Eh… se supone que yo debo acompañarlo –dijo Afrodita con voz tímida y mirando con preocupación la puerta cerrada.

-No tardará mucho, solo van a hacerle un par de encargos –de todos modos, Aldebarán abrió la puerta, seguro de que para entonces ya Saga estaría como mínimo a la mitad de las escaleras-. Tendrá que ir a Atenas, y me figuro que vendrá a recogerte antes de irse. No te preocupes, mientras llega él y aparecen por aquí Cáncer, Shura, Shiryu y Nachi, que se supone también van a ayudar, ¿qué tal si me explicas el sistema que está usando para el inventario? Así tardaremos menos cuando los cinco estemos trabajando mientras ustedes cumplen los encargos del Patriarca.

Afrodita enarcó las cejas.

-Ninguno de ellos es muy amigo de Saga que digamos, ¿por qué van a ayudarlo a terminar antes su castigo?

-Bueno, tu amigo Angello armó un escándalo bastante chistoso el otro día porque Shura no tiene pasaporte. Shura le pidió ayuda al Maestro Shion, el Maestro Shion no sabe cómo conseguirle uno, y va a tener que encargarle a Saga que arregle eso. A cambio, el equipo de Shura tendrá que reemplazarlo aquí durante el tiempo que le tome resolver ese asunto. Según mis cálculos no serán ni dos días, pero mientras tanto habremos avanzado algo.

-¿Y tú? ¿Qué interés tienes en esto? ¿Ayudarlo solo porque sí es la razón por la cual no partiste con los demás?

Aldebarán le dedicó su sonrisa más cálida antes de contestar.

-Es cierto que me quedé atrás con la única intención de ayudarlo. Pensé que habría menos probabilidades de que se negara a aceptar mi colaboración entre menos Caballeros hubiera en el Santuario para enterarse de eso. Es demasiado orgulloso como para pedir ayuda aunque se estuviera ahogando, pero así lo conocimos y así lo aceptamos todos, ¿no?

-¿Y cuál es el interés? –insistió Afrodita.

-Cumplir una vieja promesa.

El Caballero de Piscis ladeó la cabeza y entrecerró los ojos, inquisitivo. Sin dejar de sonreír, Aldebarán tomó el cuaderno en el que Saga estaba anotando el inventario.

-¿Una promesa a quién? –preguntó Afrodita sin moverse de su sitio.

-Galatea –replicó Aldebarán con naturalidad.

-Oh… -ese nombre sirvió para que Afrodita mirara al Caballero de Tauro como si todo lo que pensaba acerca de él acabara de dar un vuelco en ese instante-. ¿A pesar de todo lo que pasó cuando ella dejó el Santuario?

-Esa fue su decisión. La mía fue, y sigue siendo, cumplir con la palabra dada.

Afrodita le sonrió. Una sonrisa abierta, sincera, que muy pocos habían visto en el Santuario hasta ese momento.

-Héroe. Entonces, ¿te explico cómo funciona el inventario?

-Por favor.

-De acuerdo, empecemos con lo de las etiquetas…

Cuando Saga bajó de nuevo al sótano, bastante molesto por el encargo que le haría atrasarse todavía más con su castigo, encontró no solo a Aldebarán sino también a Shura, MM, Shiryu y Nachi trabajando de firme y a toda velocidad en el inventario. Afrodita, que parecía estar esperándolo, se despidió del Caballero de Tauro y fue hacia él nada más verlo en el umbral.

-¿Partimos de inmediato a Atenas?

-Primero tenemos que cambiarnos de ropa –le respondió Saga, mirando intrigado-. Algo que no llame mucho la atención en el mundo exterior.

-Ah, sí, tengo algo apropiado.

-Bien… ¿Ellos…?

-Le expliqué todo a Aldebarán, él le explicó a ellos, él queda a cargo.

-¿Seguro?

-No habrá problema, he estado vigilándolos y lo hacen bien, no habrá desastres a menos que les dé por jugar, y Aldebarán se encargará de que no lo hagan.

A Saga le pareció un tanto intrigante el que Afrodita usara el nombre del Caballero de Tauro como si lo contara entre el número de sus amigos, pero Shion había sido muy claro al decirle que era urgente arreglar lo del pasaporte de Shura antes de que él y MM se declararan mutuamente la guerra, así que decidió guardarse sus dudas y quejas para más adelante.

De momento, era prioritario establecer de nuevo la comunicación con algunos contactos en el gobierno griego.


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CapĂ­tulo diez (parte 2)

La India

 

Shaka siguió a Birendra con algo de dificultad. Su primo casi no le había dejado saludar a sus padres y tíos antes de llevárselo casi a rastras para hablar en privado. Debía ser un asunto muy privado, porque ya se habían alejado de la aldea y estaban adentrándose en la selva.

-¿A dónde me llevas?

Sin responder, Birendra apartó unas plantas y le mostró la entrada a una cueva. La entrada era tan pequeña que casi tuvieron que pasar a gatas, pero la cueva en realidad era bastante grande. Un río subterráneo cruzaba la cueva sin salir ahí a la superficie, pero en el centro del recinto se había formado un embalse en el cual brillaba, iluminado por los rayos de sol que llegaban hasta ahí desde alguna abertura en el techo, un loto… bastante similar al que había dejado Shaka en el Santuario.

Birendra se detuvo a la orilla del embalse y contempló el loto con una mueca de enojo.

-No me fue sencillo decidirme a mostrarte esto, primo.

-Tú también tienes un loto…

-Oh, ¿entonces, ya sembraste tu semilla?

-Hace poco. Mi loto es de otro color. De hecho, nunca había visto uno de este color… ¿desde el principio fue así de rojo?

-Sí, desde la primera flor. Sembré la semilla hace dos años. Florece puntualmente una vez cada seis meses. Siempre una flor de este tamaño. Se mantiene tres meses así antes de secarse y empezar con otro capullo.

-Asombroso. ¿Tus padres o los míos te han comentado algo sobre estas plantas?

-No, y eso me preocupa. Hay algo malo con esta flor.

Shaka no podía creerlo. ¿Qué podía encontrar de malo su primo en el maravilloso regalo que le habían dado sus padres?

 

El Santuario de Poseidón

 

-Esto está empezando a volverse aburrido –dijo Kanon. Sorrento gruñó, irritado. Kanon se encogió de hombros y siguió hablando-. ¿Vamos a seguir así todo el día?

-¡Cállate y pelea!

Kanon le ofreció la sonrisa burlona más irritante de su repertorio y eso logró que Sorrento terminara de perder la cabeza: el Shogun de Siren atacó con todas sus fuerzas, pero olvidándose por completo de protegerse al mismo tiempo, tal y como Kanon esperaba que sucediera en cualquier momento.

Lo esquivó fácilmente (como había estado haciendo a lo largo del día) y aprovechó aquel instante de furia ciega para adentrarse en la mente de Sorrento sin encontrar el menor obstáculo.

Lo que encontró ahí lo sorprendió tanto que tuvo que retirarse a toda prisa.

Los demás no notaron nada. Solo vieron un ataque fallido luego del cual Kanon y Sorrento quedaron frente a frente, mirándose con expresión de sorpresa antes de que Sorrento se alejara de ellos a toda prisa.

-¿Terminaron? –preguntó Julián cuando Kanon llegó hasta el grupo de espectadores, caminando un poco más despacio de lo habitual.

-No… todavía falta.

Kanon tomó dos botellas de agua y una bolsa de palomitas antes de marcharse, siguiendo a Sorrento.

-¿Van a continuar? –preguntó Tethys, preocupada.

-No creo… -Julián sonrió de pronto-. Según Poseidón, ya no hay riesgo de que se maten entre ellos hoy, aunque eso no es garantía de que vayan a hacer las paces.

 

Atenas

 

Helena Chrysomallis estaba a la mitad de su segundo mandato como Primera Ministra de Grecia.

Los primeros meses de su primer mandato habían sido una montaña rusa intelectual y emocional, porque uno de los primeros secretos de Estado que debían ser puestos de conocimiento de cada nuevo gobernante era la existencia de las Tierras Místicas y de los dioses que las habitaban.

Las relaciones con el Santuario de Atenea habían sido… complicadas, por no decir “sumamente tensas” los últimos diez años o algo así. Por eso, el anuncio de que dos representantes de Atenea estaban ahí para comunicarle algunos asuntos la alarmó de inmediato. No todos los embajadores de Atenea habían sido fáciles de tratar, pero compuso su mejor sonrisa y se preparó mentalmente para recibirlos.

Se sintió algo aliviada cuando los hicieron pasar a su oficina. Conocía al más joven, generalmente era más razonable y cortés que la mayoría. En cuanto al otro…

-¡Señor Seadragon! ¡Qué sorpresa! Me informaron que tenía una visita de parte de la diosa Atenea, pero no me mencionaron a Poseidón. ¿O viene en representación de Julián Solo?

Saga quiso responder y no pudo. Solamente atinó a dirigirle una mirada incrédula. Afrodita dejó escapar una risa breve y se adelantó para saludarla.

-Señora Ministra, siempre es un placer verla.

-Caballero de Piscis, bienvenido una vez más.

-No sabía que conociera a Kanon.

-Hará unos tres años. Un excelente negociante, sería un buen estafador si se lo propusiera.

-No tiene idea de lo acertada que está. Permítame presentarle a la otra mitad del “set”, este es Saga de Géminis, el hermano gemelo de Kanon.

-¿Gemelos?

-Hum. Sí, somos gemelos –confirmó Saga, visiblemente incómodo-. Es un honor, señora Ministra.

La voz y la actitud eran completamente distintas, para sorpresa de Helena, no cabía duda de que era una persona distinta. Sin embargo, Saga era la tercera persona que conocía con esos rasgos y esa edad…

-El placer es mío, Caballero de Géminis. Pero, dígame, Kanon, Arles y usted… ¿son trillizos?

Debía haber dicho algo inconveniente, porque Saga se puso blanco y Afrodita perdió la sonrisa.

-Pasaron tantas cosas los últimos meses… probablemente no llegó a enterarse y por eso es bueno que nos hayan encargado transmitirle las últimas noticias, Señora Ministra –dijo Afrodita, con un tono ligeramente evasivo-. Arles falleció.

Helena comprendió de inmediato que aquel giro tenía el propósito de permitirle a Saga no contestar su pregunta, y se adaptó de inmediato a eso. Por lo visto, el (indudable) parentesco que tenía con Arles (otro embajador habitual de Atenea) debía ser un asunto delicado.

-Lamento escuchar eso. Por favor, transmítanle mis condolencias a su familia.

-Así lo haremos.

Afrodita sonrió, dando por terminado ese asunto, pero Saga, luego de meditarlo unos instantes, decidió que lo más correcto era responder la pregunta, aunque fuera a medias. El que la anciana dama le diera el pésame por Arles era completamente surreal, pero no era justo que Afrodita cargara con todo el peso de la conversación.

-Gracias. Arles… no era mi hermano, pero creció con Kanon y conmigo. Su muerte produjo una serie de cambios en el Santuario y en la Orden de Atenea, y el Patriarca Shion nos envió a Afrodita y a mí para informarle de los últimos acontecimientos.

Con suerte, no tendría que añadir nada más sobre Arles y la Ministra asumiría que eran primos. ¿Trillizos? La idea resultaba escalofriante.

-Soy toda oídos –dijo Helena, sonriente y preparándose para todo.

 

El Santuario de Poseidón

 

Estúpido, estúpido, estúpido…

Sorrento no podía acabar de creerlo: había estado tan concentrado en lograr golpear a Kanon que había descuidado sus escudos mentales.

Lo había visto usar técnicas psíquicas docenas de veces, sobre todo cuando tenían que lidiar con los complots de los parientes y tutores de Julián. ¿Cómo había podido descuidarse de esa manera?

-Toma.

Y acababa de descuidarse otra vez, como un principiante: Kanon estaba ahí, como salido de la nada (o de la Otra Dimensión), ofreciéndole una botella de agua.

-No quiero nada de ti.

Eso le ganó otra sonrisa burlona.

-Es Baian quien te la envía. ¿Quieres que le diga que despreciaste un regalo suyo?

Otro golpe a su maltrecha dignidad. Sorrento le arrebató la botella y bebió rápidamente la mitad del contenido.

-Despacio, hombre, que vas a provocarte un cólico.

Kanon se sentó a su lado y puso entre ambos la bolsa con palomitas de maíz antes de abrir la segunda botella y beber lentamente, a sorbos. Sorrento miró intrigado las palomitas.

-Baian las preparó –dijo Kanon, que lo observaba de reojo-. Pero tuvo piedad de nosotros: les puso poco aceite y el mínimo de sal. Eso sí, están un poco quemadas.

-Me gustan quemadas –confesó Sorrento.

-También a mí. Nunca las había comido quemadas antes de conocerlo, ¿y tú?

-Tampoco.

Hubo un largo silencio durante el cual solo se escuchó el crujir de la bolsa cuando alguno de ellos sacaba un puñado de palomitas.

-Y, dime, ¿cuándo te le vas a declarar? –preguntó Kanon.

Sorrento se sorprendió a sí mismo al darse cuenta de que podía responderle sin enojo ni rencor. Tal vez se debía al cansancio.

-Solamente tiene ojos para ti.

-Te equivocas.

-“Kanon dice”, “Kanon opina”, “voy a preguntarle a Kanon”. Kanon, Kanon, Kanon…

-No hay nada como ser una mala influencia.

-Sé que te juró lealtad. Aquella vez… en Canadá.

-Lo hizo, incluso dijo que a partir de ese momento me consideraría su Maestro y su única familia, nunca dijo que además fuera su interés romántico.

-Ni falta que hace.

-¿Seguro? Tengo la impresión de que para él soy el padre que no recuerda o el hermano mayor que nunca tuvo, solamente eso. Fui la primera persona en ver algún potencial en él, eso es todo.

-¿Y qué es él para ti?

-Un fastidio con patas, igual que tú.

-Estoy hablando en serio.

-También yo. Baian, Isaac, Tethys, Julián y tú me llovieron del cielo sin que tuviera la menor intención de buscarlos. A ver… a Isaac lo trajeron las corrientes marinas, a Baian lo conocí cuando trató de robarme la billetera…

-¡¿Qué?!

-Tethys nos seguía a todas partes, la empresa de Julián hizo quebrar la mía para que él pudiera quedarse con el astillero y tú apareciste un día para contemplar cómo se construye un barco. A Krishna, Eo y Caza los conocí ya adultos, pero a ustedes cinco, mal que bien, fui yo quien terminó de criarlos. Me cortaría las venas si alguna vez los considerara distintos a mis hermanas menores.

-¿Cómo que hermanas?

-Tengo tres hermanas menores. Bueno, tuve, ahora solo queda una, pero hermanos solamente tengo uno y es mi gemelo. ¿Con qué esperas que los compare a ustedes?

Sorrento resopló.

-Entonces… ¿no hay nada entre ustedes?

-Ni lo habrá jamás. Tienes mi palabra.

-…Gracias, Kanon.

-De nada.

Hubo otro largo silencio, durante el cual casi se terminaron las palomitas.

-Y, dime, ¿cuándo te le piensas declarar?

-Estoy muerto de cansancio –respondió Sorrento, enojado-, pero todavía soy capaz de liarme contigo a golpes otro rato.

-Está bien. ¿Quieres que se lo diga yo?

-¡¿Estás loco?!

Kanon le sonrió con malicia y Sorrento comprendió que había perdido cualquier ventaja que pudiera tener.

-Te lo advierto, Sorrento, mi silencio es caro.

-Yo… ¡si te atreves a decirle algo…! ¡Deja de sonreír así en este instante!

-Está bien –Kanon tomó el último puñado de palomitas-. Pero, en mi calidad de Maestro y hermano postizo de Baian, voy a hacerte una advertencia.

-¿El famoso “si lo lastimas te lo haré pagar”? –replicó Sorrento con sarcasmo.

-No, pequeño e ingenuo saltamontes, eso se sobreentiende. Lo que quiero que sepas es que Baian, a pesar de sus poses de macho y de sus intentos por ser pandillero…

-¡¿Qué?!

-¿No lo sabías? Pídele a Krishna que te cuente cómo fue que Baian empezó a trabajar en el astillero, su versión es más divertida que la mía. En fin, lo que trato de decirte es que Baian trata de parecer maduro y astuto, pero en realidad es sumamente ingenuo… y un tanto inocentón. Jamás llegará a darse cuenta de que te gusta a menos que tú mismo se lo digas, en la forma más directa posible y sin darle margen para que malentienda otra cosa. Puede leer las mentes ajenas, pero no es capaz de captar sutilezas, indirectas ni dobles sentidos. ¿He sido claro al respecto?

-¿Debo asumir que tampoco me consideras muy sutil que digamos?

-Chico listo, lo captaste a la primera y no tuve que dibujarte un diagrama. Tal vez haya esperanza contigo.

-Eres un engreído detestable y un mal nacido, ¿lo sabías?

-Lo de engreído detestable, sí, lo sé, y a mucha honra, gracias –Kanon dejó de sonreír-. Lo de mal nacido, sin embargo, no te lo acepto.

-…¿Kanon? –la expresión repentinamente seria de Kanon inquietó a Sorrento, que en realidad no había tenido intención de ofenderlo, por primera vez en todo el día.

-Para que lo sepas, soy hijo legítimo y de buena familia. El que sea la oveja negra es un asunto aparte. Y tú, mi estimado Sorrento, no deberías tirar piedras teniendo tejado de vidrio.

Sorrento se puso en pie de un salto.

-¡Tú…! ¿Cómo sabes eso?

-Oh, por favor, no sobreactúes. Sabiendo la clase de desgraciado tramposo que soy, ¿pensabas que no iba a investigarte tarde o temprano? Lo que no me explico es por qué te avergüenza ser hijo de una mujer soltera. No eres el único por aquí.

Sorrento dudó un poco y luego volvió a sentarse.

-¿Quién… más?

-Ah, ¿curiosos estamos, Siren?

-Kanon…

-Krishna, Isaac y Julián.

-¿Cómo? ¿Julián?

-Los padres de Krishna vivieron 30 años juntos y nunca se casaron. El padre de Isaac murió en un accidente sin saber que su novia estaba embarazada. Y nadie tiene la menor idea de quién fue el padre de Julián. Su madre nunca quiso decirlo y se llevó el secreto a la tumba –Kanon hizo una mueca burlona-. Algunos hablan acerca del hijo de otra familia importante, dueños de una empresa rival… yo apostaría por el hijo mayor del jardinero que tenían los Solo en aquel entonces.

¿Aquello sería cierto o Kanon lo había inventado?

-¿Cómo es que sabes todo eso? ¿Ellos te lo contaron? …¿O leíste sus mentes?

-Ni lo uno ni lo otro, sino todo lo contrario. En el momento en que Julián empezó a mostrar interés en el astillero, sus tutores hicieron investigar a todas las personas con las que tuvo contacto ahí. Un procedimiento de rutina –Kanon bebió otro trago de agua y continuó-. Cuando Empresas Solo absorbió el astillero y nosotros empezamos a trabajar como guardaespaldas de Julián, encontré nuestros expedientes. Averiguaron hasta el tipo de sangre de Caza y que Isaac es alérgico al polen (algo que él mismo no sabe todavía). De la única que no averiguaron gran cosa fue de Tethys, pero sí tenían muchas fotos suyas de cada vez que la llevamos a pasear a tierra. Hasta de las veces que la llevamos al teatro de títeres. Algunos directivos llegaron a creer que era hija mía y que solo esperábamos a que Julián empezara a interesarse en las niñas para presentársela y “atraparlo”.

-Rayos.

-Algo así dije yo entonces.

-¿Y de ti, qué averiguaron?

-Mi edad aproximada. Que mis documentos como ciudadano canadiense eran falsos. Que pagué por ellos con tres diamantes pequeños, pero de buena calidad. Dedujeron por mi acento que soy griego “de algún lugar cercano a Atenas”. También dedujeron que fui educado en mi casa por excelentes maestros privados, que, sin embargo, no lograron hacerme aprender álgebra ni trigonometría. E hicieron que un par de psicólogos forenses elaboraran mi perfil –Kanon dejó de sonreír-. Excelentes profesionales, hicieron un listado exacto de todas mis filias y fobias. Después de leerlo fue que decidí ir a terapia por lo de mi fobia a nadar.

-Pero… tú nadas muy bien…

-Señal de que la terapia funcionó. Debería llamar a mi loquera un día de estos, debe creer que estoy muerto o desaparecido y todavía le debo las dos últimas sesiones. En fin, ¿quieres leer tu expediente?

-Me gustaría… ¿Puedo leer también el de Baian?

-No, a menos que él te dé permiso. Por escrito.

-…¿Por qué me cuentas todo esto? –preguntó Sorrento, poniéndose serio.

-Porque si vas a ser mi segundo al mando, necesitas estar bien informado.

¿Qué?

-¿Yo? ¿El segundo? ¿Te volviste loco? ¡Jamás estamos de acuerdo en nada!

-Precisamente por eso creo que serías un buen abogado del diablo. Ah, no, ese soy yo. Serías un buen subcomandante. Necesito alguien que pueda señalarme mis errores y contradicciones… y si es alguien en quien confía el resto de la Orden, tanto mejor.

Sorrento frunció el ceño y bebió un poco más de agua mientras meditaba cómo responder.

 

Atenas

 

-Es una dama encantadora –comentó Afrodita.

Saga se limitó a asentir. Poner a la Ministra al día sobre los cambios en el Santuario y en la situación política de los dioses griegos y los distintos panteones había tomado más tiempo de lo que le habría gustado, pero al menos ya estaba encaminado también lo del pasaporte de Shura, un día o dos más y podrían entregarle el documento.

Estaban en camino a la estación del tren para regresar a la Acrópolis de Atenas, donde estaba una de las entradas al Santuario, cuando algo captó la atención de Saga.

-¿Qué ocurre? –preguntó Afrodita al notar que se había detenido.

Saga señaló un cine que estaba justo cruzando la calle.

-Estamos a tiempo de entrar a ver esa película.

-…¿Qué?

Minutos después, Afrodita estaba sentado en una butaca del cine, intentando comprender lo que pasaba. Hasta ese momento, Saga había tenido mucha prisa por completar los trámites de Shura, visitar a la Ministra y volver al Santuario, y ahora de repente quería perder dos horas en un cine.

Saga no estaba muy seguro de por qué se había empeñado en ver la película. En un principio le llamó la atención el título, que anunciaba con orgullo que el filme estaba basado en la “Medea” de Eurípides, uno de sus autores favoritos, luego le pareció extrañamente familiar la actriz principal, que miraba fríamente al público desde los pósters promocionales, aunque estaba seguro de no haber visto en su vida a aquella mujer de cabello y ojos negros.

O quizá su deseo de entrar tenía algo que ver con aquella ida al cine que Afrodita y Aioros empezaron a planear y nunca concretaron.

Sin embargo, Saga no llegó a enterarse de si la película era buena o mala, porque pocos minutos después de que se apagaran las luces, la somnolencia que le había estado incomodando los últimos días (demasiadas noches de sueño inquieto e insuficiente) cayó sobre él con toda pesadez y se quedó dormido sin darse cuenta.

Afrodita sintió cuando Saga apoyó la cabeza en su hombro y supo el momento exacto en el que pasó de la vigilia al sueño, pero no se movió ni dijo nada. Sabía que Saga estaba teniendo problemas de insomnio y si podía aprovechar ese rato para dormir, tanto mejor. Ya le contaría después sobre la película.

Si le preguntaba, claro.

El padre de Afrodita era severamente adicto a todas las formas de arte y el Caballero de Piscis tenía recuerdos curiosamente claros de representaciones teatrales en el Monte Parnaso. En aquellas ocasiones había estado sentado junto a su padre y éste (que podía recitar de memoria todos los parlamentos de “Edipo Rey”, la “Orestíada” completa y “Medea”) le explicaba las partes difíciles (que, teniendo en cuenta el detalle de que Afrodita tenía tres o cuatro años, eran casi todas).

Eurípides era algo especial para su padre, que alababa siempre la belleza del lenguaje y la profundidad de los sentimientos en sus obras.

-En una época en las que las mujeres eran consideradas inferiores a los hombres (y eso cuando se les consideraba seres humanos), Eurípides tuvo en cuenta lo que podían pensar y sentir –le había dicho en una ocasión, precisamente mientas veían a la Corte de Apolo representar “Medea”-. Él dejó el razonamiento y la acción para sus personajes masculinos, pero lo que es realmente importante, lo que proviene del alma y que, por lo tanto, es lo más difícil de representar, lo verás en sus personajes femeninos. Por eso quiero que prestes atención a Medea. Ella tiene es mujer y es madre, y Jasón la traiciona en ambos aspectos: primero al abandonarla por otra mujer y luego al pretender desterrarla y quedarse con los hijos de ambos. Puedes sentir su dolor en cada palabra.

-Pero ella mató a sus hijos –dijo Afrodita, que ya conocía el argumento por habérselo escuchado algunas veces a su abuelo, que estaba sentado cerca de ellos.

-No sabremos nunca si tenía razón o no al hacerlo. Puede que la princesa de Corinto hubiera sido una segunda madre para sus hijos y que los hubiera criado bien, por amor a Jasón, o puede que Medea estuviera en lo cierto y Jasón se olvidaría de ellos al punto de que hasta los esclavos los tratarían mal y sus vidas correrían peligro. Ella decidió de vengarse del traidor en lo que pudiera lastimarlo más: tomando las vidas de los hijos de ambos, y ahí triunfó la mujer despechada sobre la madre herida. Por eso los dragones que tiran de su carruaje al final de la obra y las alusiones a su origen divino: al destruir a su descendencia, Medea pierde buena parte de lo que la hacía humana. Pero antes de llegar a ese punto, en lo que vas a escuchar ahora, su dolor es auténtico. Observa a la actriz, es difícil para alguien que no ha sufrido realmente transmitir a la audiencia la emoción exacta. Una mala actuación convierte a toda la obra en una caricatura, una burla. Pero una buena actuación llega hasta el alma y te hace capaz de comprender el dolor de Medea.

Afrodita volvió al presente cuando en la pantalla la actriz que interpretaba a Medea empezó a elevar poco a poco la voz mientras discutía con Jasón.

-Tal es mi desesperada situación que me aborrecen los amigos a quienes no debí hacer mal y tengo por enemigos a quienes solo dispensé beneficios, como sucede contigo. Soy por tu causa la esposa más feliz y envidiable de la Grecia y tú un portentoso y fidelísimo marido; tú eres el autor de mis desventuras, tú me obligas a huir de aquí desterrada, sin amigos, sola con mis hijos, también solos. ¡Preclara gloria para el nuevo esposo, reducir a sus hijos y a su salvadora a la condición de mendigos! ¿Por qué, ¡oh, Zeus!, has permitido que los hombres distingan el oro verdadero del falso y no has impreso una señal en el cuerpo para que no se confundan los malos con los buenos?

Afrodita asintió, aprobando el estilo y la intensidad de la actriz. Dido definitivamente lucía mejor desde que había dejado de teñirse el cabello y había abandonado los lentes de contacto coloreados. Y, sorpresa inesperada para Afrodita, sabía transmitir al público las emociones de Medea. El padre de Afrodita no habría tenido la menor queja sobre su interpretación, y él estaba empezando a sentirse seguro de que esta película realmente la consagraría a nivel internacional. Finalmente se había cumplido el sueño de Dido…

…Aunque era bastante irónico que se cumpliera precisamente con “Medea”. Afrodita, que desde los doce años no había perdido oportunidad para llamarla “bruja” cuando Arles no pudiera oírlo (y regañarlo después), no podía dejar de preguntarse si la facilidad con la que Dido representaba el dolor de la madre herida y traicionada tenía alguna relación con la forma en que la antigua sacerdotisa de la diosa del Amor y la Belleza había tenido que abandonar a Arturo y Antares al huir de las Tierras Místicas.

 

El Santuario de Atenea

 

Dos días después, arreglados por fin todos los asuntos legales, Shura, MM, Shiryu y Nachi emprendieron de nuevo el camino.

Shura había recuperado el buen humor, pero lo volvió a perder cuando escuchó a Shiryu y Nachi proponer ideas sobre la forma más eficiente de entrar a hurtadillas a un museo y robar algún objeto sin ser vistos. No pudo evitar llamarles la atención y advertirles que una conducta semejante era inapropiada para un Caballero de Atenea.

El silencio sorprendido de los dos Caballeros de Bronce lo puso sobre aviso de que algo andaba mal, pero fue la actitud de su compañero de Oro lo que terminó de confirmárselo.

MM levantó la mirada al cielo.

-Como decía mi profesor de Historia Universal I, “¡ilumínalo o elimínalo!”.

-¿Estás tratando de burlarte de mí, Cáncer? –era obvio que sí, pero no tuvo más remedio que preguntárselo.

-No, es sólo que a ratos me cuesta asimilar que seas así de bruto.

-¡Cáncer!

-A ver… ¿Cómo te lo explico, que sea sencillito?... ¿Tienes alguna idea de dónde están Colada y Tizona, las espadas que debemos encontrar?

-No, pero supongo que podremos ave…

-Resulta que yo sí lo sé.

Eso era una verdadera sorpresa.

-Me alegra que vayas a ser de alguna utilidad después de todo.

-Tizona está en el Museo de Burgos, en Burgos, si me perdonas la redundancia. Colada está en la Real Armería, en Madrid. Están en museos, ¿me entiendes?

-¿Qué tiene que ver?

-No me entiendes. ¿Quiénes son los dueños de lo que haya dentro de un museo propiedad de la ciudad o del país donde se encuentra? –MM habló con un tono de exageradísima paciencia que acabó de fastidiar a Shura.

-Me imagino que los ciudadanos del país en cuestión.

-¡Correcto! Ergo, Colada y Tizona pertenecen a todos y cada uno de los españoles. Tus compatriotas, pues. ¿Ya me entendiste?

-…No. No tengo la menor idea de a dónde quieres llegar con esto.

MM miró con desesperación a los dos Caballeros de Bronce, que parecían algo angustiados.

-Para decírtelo en dos platos: no hay manera de que nos vayan a vender, prestar o alquilar esas espadas: tendremos que robarlas –dijo por fin.

-¡Eso es absurdo! ¡Atenea no nos enviaría a algo tan innoble como robar!

MM se frotó el puente de la nariz.

-Shura, muchacho… Atenea nos envió a robar.

Por segunda vez en pocos días, Shura se quedó sin saber qué responder.

 

Continuará…

 

Notas sobre antroponimia, cosmética india e hindú y teatro griego:

 

Didoes un nombre griego y significa “fugitiva”.

Birendraes un nombre indio, significa “rey de guerreros”.

El bindi: es decir, el curioso puntito rojo que usa Shaka en la frente… en La India normalmente lo usan las mujeres ooU No logro imaginarme por qué Kurumada le puso uno a él. Quiero decir, existen otros adornos, llamados “tilakas” (singular “tilaka”, pronúnciese “tilak”) que las personas de algunas partes de Asia usan en la frente y que antiguamente en La India servían para identificar las castas, pero que en la actualidad se usan más para señalar a qué grupo religioso se pertenece, de cuál dios en particular se es devoto o como un homenaje cuando se está en presencia de una persona importante. Tanto hombres como mujeres indios pueden usar tilakas, pero solamente las mujeres usan bindis. Y, por el tamaño y la forma, lo que usa Shaka no parece un tilaka, sino un bindi ooU Lo peor de todo es que me parece que incluso se me ha ocurrido cómo justificar eso en el fic y que quede coherente (¡horror, imaginación hiperactiva al ataque!). Bueno, en realidad estoy pensando en el anime, no sé si el puntito en cuestión aparece también en el manga o si es una malvada broma de los animadores XD

La palabra “bindi” viene del sánscrito y significa “punto” o “gota”, y puede ser hecho con maquillaje, con un adhesivo o con una joya pequeña. Originalmente, el bindi distinguía a la mujer casada (el rojo simboliza valor, alegría y amor), pero ahora lo usan sobre todo las mujeres jóvenes y es una cuestión de gustos y de moda, porque el símbolo actual de la mujer casada es un tilaka con la forma de una línea vertical de bermellón en el nacimiento del cabello.

En cualquier caso, la ubicación del bindi de Shaka corresponde con uno de los chakras (puntos de energía del cuerpo), el sexto (“anja”), donde se supone que reside la “sabiduría oculta”. Se supone que el bindi concentra la energía y favorece la meditación.

Las tres líneas de ceniza que usa Birendra son un tilaka que lo identifica como un devoto del dios Shiva.

De las obras teatrales citadas en este capítulo: “Edipo Rey” es de Sófocles, la “Orestíada” (compuesta por “Agamenón”, “Las coéforas” y “Las Euménides”) es de Esquilo y “Medea” es de Eurípides.


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El 12/09/10 a las 09:09:10

Marievolo:

 

Shion (poniendo cara de extrañeza) desea que te comunique que él no se rebaja a realizar venganzas, él se limita a equilibrar el cosmos, por aquello del karma. ;D

Dita no tiene la culpa, claro, pero cuando estás cerca de una persona problemática, siempre sales afectado, aunque sea de rebote.

Ya casi les explico bien sobre Arturo y Antares, pero ellos empezarán a salir en el fic después de concluido el asunto de las espadas.

 

-----------------------------------

 

Mariion:

 

De nada, para servirte =3

Sí, yo también conozco gente como Polemos. En mi familia hay muchos (la frase más notable de algunos de mis parientes es: “¿Por qué se enojó? ¿Fue algo que dije?”). Nunca tienen intención de causar guerras, solo tienen el infortunio de decir la peor palabra en el peor momento posible… y con toda la inocencia imaginable.

Angello tiene buenas razones para huir de los rubios, más adelante se sabrá un poco más al respecto.

Bueno, esta vez no veremos a Ikki en modo “hermano mayor furioso”, pero sí habrá oportunidad más adelante (esperemos que no haya muertos ni heridos).

 

----------------------------

 

Hékate:

 

¡Me alegra que te guste! =D

No, las Grayas no son de mis favoritos (lo de “simpáticas” era una ironía XD), en realidad me parecen de las cosas más aterradoras que pudieron inventar los griegos (y eso que a ratos están a la altura de Lovecraft y sus amigos).

Estoy trabajando en un dibujo de la guerra de comida, a ver si logro combinar bien los colores de la ropa de Saga y la de Afrodita ;D

El primero de los rubios de pelo largo que han acosado a MM fue un profesor de la universidad en la que estudiaron Afrodita y él. Le decían “Gilderoy”, ¿puedes adivinar por qué? Misty no habría sido tanto problema para MM si su exprofesor no lo hubiera traumado tanto.

Sí, llamaste “Angie” a Angello, me pareció tan buena la idea que tuve que secuestrarla ;D

¡Muchas gracias por los buenos deseos!

 

 


FECHA El 13/04/11 a las 03:04:20 IP GUARDADA Enviar Privado Añadir Amigo · Enviar Privado Enviar Privado · Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
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El 16/12/10 a las 04:12:03

MIAU (grito de felicidad de un gatito)

Estuvo genial lo de Sorre y Kanon, Baian es lo más inocente que deben tratar, entonces...

Pobre Saga, ya los confundían con trillizos -.-U, pero bueno eso de ir al cine con Dita, aprovechado X3

Shura es torpe y tambien demasiado inocente, ¿como no entendió a la segunda?

Y Dido me cayo bien, y si no malinterprete es la madre de Antares y Arturo ¿no?

Y por favor digale a Shion-sama que: (incerte tono de fangirl) si Shion-sama le creo, usted no se rebajaría a venganza... pero ¿los quiere empatar, verdad?, por que si es así cuenta con mi apoyo XD

Bueno Dita es celoso, desde pequeño defiende lo que es suyo ·lease Saga/Arles· jojojo, eso de juntarse con problematicos si que acarrae problemas -.- si lo sabre yo ...

Jabu, creo que ya esta en edad para tener a SU dama o SU caballero, Si no importa mucho es sexo XDDD

Pobre Angello, entiendo que tenga ese pege con rubios, ¿a quien no le gusta un sádico y guapo caballero dorado?

Alde, como siempre es fabuloso, lo amo (a pesar de sus cortas apariciones) pero bueno es el más lindo del santuario, como siempre

¿Tethys la hija de Kanon? No suena mal, pero Kanon no esta tan grande como para tener una hija de 16 o la hubiera tenido a los 12. 0.0 En definitiva los socios de Julián eran muy tontos. Pero emparejar a Tethys con Julián, tienes mi apoyo

 

Nos leemos pronto, cuidate mucho Daga-sama

Abrazos de gatito apresurado (ya debo de desayunar) Sigo leyendo fics antes de ir a clases X3, ahora si estoy feliz

Besos


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