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Esto... disculpen los siglos de demora << IMAGEN >> Registrese en el foro o acceda para poder ver la imagen . Bueno, este capi... está dedicado a Hawk, que ya no lo he visto, bueno, el otro día lo vi en el msn pero yo estaba usurpando la compu de mi madre (porque mi compu se murió T^T) así que no tuve oportunidad de hablarle << IMAGEN >> Registrese en el foro o acceda para poder ver la imagen , pero bueno, este capítulo tiene un casi lemon que ni me salió jajajajaja, pero bueno, hice el intento, es que ando en cosas lemonezcas en dos RPG's y como que se me fueron las ideas << IMAGEN >> Registrese en el foro o acceda para poder ver la imagen . Les ofrezco una disculpa por tardar tanto y les puedo asegurar que dentro de poco pondré el último capítulo (a menos que quede algo largo, entonces lo divido en dos).
Capítulo 11 - Reconciliación
Entró a la húmeda habitación y avanzó lentamente hasta la pequeña cama donde se encontraba Camus, era la primera vez en una semana que se acercaba a él. Lo había confinado ahí desde el día en que había regresado aunque lo visitaba en cada oportunidad que tenía. Sus visitas no duraban mucho, se limitaba a observarlo de lejos porque si se acercaba demasiado, Camus simplemente se alejaba con algo de temor y... él no podía entenderlo, no podía entenderlo ni podía soportarlo tampoco, para Milo era casi incomprensible que Camus se rehusara a verlo siquiera. Recordó el día posterior a su regreso, cuando el enojo había desaparecido por completo y no quedaba rastro alguno de la ira del día anterior, había intentado acariciar el rostro del menor y éste simplemente cerró los ojos con las pocas fuerzas que le quedaban, un terrible sentimiento de culpabilidad se apoderó de su pecho y se extendió hasta su abdomen provocando ligeros temblores en todo su cuerpo, el aire dejó de llegar a sus pulmones... y eso no le agradó.
- ¿Me extrañaste? – Era inútil que esperara una respuesta y lo sabía, así que se conformó con esa fría mirada que tan bien conocía ya – Ven, es hora de que te des un baño.
El terror invadió el cuerpo de Camus mientras recordaba la forma en que Milo lo había sumergido una y otra vez dejándolo sin oxígeno. Mordió inconscientemente su labio inferior.
- No te haré nada.
Después tan solo sintió como era conducido fuera de esa oscura habitación rumbo al enorme cuarto de baño, donde ya estaba preparada la tina. Camus se quedó de pie observando como Milo tomaba asiento en una especie de banco que estaba a su lado.
- ¿Te... te vas a quedar aquí?
- See, no quiero que intentes escapar... de nuevo – sonrió cuando vio esa expresión de enfado y desconcierto en Camus, aunque en el fondo sabía que lo que realmente le hacía sonreír de esa forma era el hecho de que Camus le hablara.
Quería decir que él no había intentado escapar, aunque en la situación actual ganas no le faltaban. Pero había pasado una semana encerrado y la idea de un baño tibio le parecía por demás agradable.
- ¿Podrías... podrías voltearte mientras me desvisto? – no pudo evitar sonrojarse cuando hizo esa pregunta y fijó su mirada en el suelo.
- Jajaja Camus.. – se acercó – este cuerpo es mío, no hay ni un rincón de él que no me pertenezca – delineó con uno de sus dedos la suave piel de Camus produciéndole escalofríos - ¿Entiendes? Puedo hacer contigo lo que yo quiera – lo tomó de ambas muñecas para atraerlo hacia su cuerpo.
- Dijiste que no harías nada – no era un reclamo, no se escuchaba como un reclamo sino que su voz cansina parecía decepcionada.
- Mentí...
Se formó uno de esos silencios que duelen, de esos que anuncian el final de algo y por un instante sus miradas se toparon, entonces Milo soltó a su presa...
- Está bien... me voltearé si eso quieres...
Y Camus sonrió.
***
- ¿No ibas a ir con Shiryu? – Hyoga no respondió y siguió observando la fruta que estaba en un tazón sobre la mesa – Hyoga... ¿qué tienes? – se había estado portando extraño los últimos días - ¿Ikki te regañó de nuevo? – el rubio negó con la cabeza mientras el mayor ubicaba lo que atraía la mirada de Hyoga - ¿Tienes hambre? ¿es eso?
- ¿Eh? Noo, -negó rápidamente algo avergonzado - no tengo hambre es solo que… - se preguntó si debía pedirle información o ayuda a Aioros, confiaba en él y todo pero… al final sabía que seguía estando del lado de Ikki.
- ¿Entonces qué es? – se sentó a su lado, esperando con la paciencia que sólo él tenía.
- Aioros tú… - tomó un poco de aire e hizo varios intentos por seguir hablando hasta que sintió la tibia mano del arquero en su frente.
A cierta distancia los observaba Shura, no pudo dejar de sentir algo de nostalgia cuando vio cómo Aioros colocaba su mano en la frente de Hyoga, era casi una costumbre, aunque lamentablemente lo hacía con todo mundo, si veía que Shiryu estaba algo pálido, que Shun no quería comer o que Ikki estaba de buen humor, lo primero que hacía era eso, era como si le atribuyera todas las cosas raras que sucedían a algún estado febril. Aunque lo cierto es que él mismo se aprovechaba de ese hábito y en ocasiones ponía cara de cansancio solo para sentir su cálido contacto.
- … me dejarías llevarme esa manzana? – dijo con rapidez, como si la pregunta acabara de llegar a su mente.
- Claro
- Gracias… te veo más tarde
El rubio salió casi corriendo de la cocina dejando desconcertado a Aioros.
- ¿Todo por una manzana? – musitó para si mismo mientras sonreía. Al menos ya se ve tranquilo - pensó
- Aioros – se quedó inmóvil cuando escuchó su nombre y se giró lentamente para confirmar sus sospechas, se trataba de Shura, ¿por qué tenía que verse increíblemente hermoso por las mañanas? – tengo que hablar contigo.
- Tengo muchas cosas que hacer, pero si es algo del trabajo puedes discutirlo con Ikki y yo hablaré con él más tar…
- SABES QUE NO ES DEL TRABAJO!!! – Aioros lo miró sorprendido – ... lo siento – lamentaba gritarle pero no encontraba otra forma de comunicarse con él, ya no sabía qué más hacer para que lo escuchara y seguía sin entender los motivos de su distanciamiento.
Se recargó en la pared y se fue deslizando hasta quedar sentado en el piso, quizá todo esto era una pérdida de tiempo, tal vez todos los roces y las miradas que pensó que significaban algo no habían sido nada más que producto de su imaginación, existía la posibilidad de que Aioros ni siquiera estuviera enfadado y que simplemente se sintiera incómodo con él... se sintió mal, tanta cercanía no lo había llevado a ningún lado, y fue entonces que sintió el tan esperado contacto.
- ¿Te sientes bien? – No puedo evitar leer la preocupación en los ojos del arquero y pensó que esa sería su última oportunidad, ya no le importaba si lo mandaba al diablo o si le dejaba de hablar para siempre, ya no tenía nada más que perder.
- Aioros, no me dejes...
- ¿De qué estás... - Aioros no podía estar más desconcertado, ¿“no me dejes”? En primer lugar nunca habían estado juntos.
- Yo... no sé como puedes sacar a las personas tan rápido de tu vida, pero yo no puedo – tomó la mano derecha de Aioros y lo atrajo hacia su cuerpo haciendo que perdiera el equilibrio y quedara de rodillas con una de las piernas de Shura entre las suyas – yo no puedo tan solo ignorarte como tú lo haces... – lo tomó de la cintura en un abrazo que en verdad necesitaba, recargando su cabeza sobre el pecho del castaño, escuchando ese palpitar que lo ponía más nervioso.
- Espera Shura...
- Yo te necesito... siempre te he necesitado y... no te pido que me ames, tan solo déjame estar cerca de ti... por favor – musitó.
Era patético, era patética la forma en que se aferraba al cuerpo del arquero, también lo era la manera en que le pedía estar a su lado, ahora solo era cuestión de tiempo para que escuchara alguna risa burlona o para sentir las manos de Aioros alejándolo de si, pero por más que esperó, esto jamás pasó. Sintió como Aioros se movía un poco, quizá buscando una posición más cómoda y correspondió al abrazo, dejó que sus manos jugaran con su cabello y después levantó el rostro de Shura.
- Supongo que si puedo seguir hablando con Ikki también puedo hacer lo mismo contigo ¿cierto? – dijo con una frialdad que nunca había visto en él, incluso podría decirse que se escuchaba un poco cruel de su parte.
- ¿Qué?
- Vamos Shura, no pensarás que voy a creerte ¿o si? – le dolía la manera en que se dirigía a él, pero después de todo, él había estado consciente de los planes de Ikki, es más, él mismo le había ayudado a llevar a Hyoga y a su hermano a la hacienda, ¿cómo podía creerle entonces si había estado de acuerdo con cada una de las acciones que él no aprobaba?
Shura lo observó molesto, le había expuesto sus sentimientos y una vez más era rechazado.
- Esta bien, ya no te molestaré más – separó con suavidad el cuerpo de Aioros del suyo y salió de la hacienda, tenía demasiadas cosas en que pensar.
Por su parte, Aioros se quedó ahí, en el suelo, sabía o al menos creía que estaba haciendo lo correcto, ¿entonces por qué le dolía tanto?
***
El idiota de Ikki tenía razón, podría haber pasado toda la tarde caminando por la plantación pero la única salida visible estaba custodiada por dos tipos, que no se veían muy amigables... tenía que haber otra salida, hasta donde sabía, la mayoría de los trabajadores vivían ahí, todas las casas que se alcanzaban a observar estaban dentro del todavía terreno que Ikki poseía, entonces, no podía solo existir una salida, tenía que haber alguna otra porque sino todo sería un caos... pero lo cierto era que la única vez que había salido fue por ese enorme portal cuando había ido a recoger a Shun junto con Aioros y Shiryu,
- Ahh – tanto pensar le había dado hambre, sacó la manzana que le había dado Aioros y se recargó en el tronco de un árbol desde donde no podía ser visto. Si planeaba escapar tendría que llevar más alimentos la próxima vez.
***
Pasaron cerca de veinte minutos en silencio, Milo se distraía leyendo un libro aunque estaba más pendiente de lo que Camus hacía en la tina y éste parecía no darse cuenta, estaba demasiado concentrado en sus pensamientos y ocasionalmente se sumergía por completo hasta que el oxígeno comenzaba a faltarle, entonces salía para tomar aire y volverse a sumergir.
- Camus… no hagas eso ¿quieres? – pero Camus no parecía escucharlo, o al menos no le estaba prestando atención – Cam… ahh – suspiró mientras se acercaba con una toalla – Ya, suficiente baño por hoy – lo tomó por los brazos y comenzó a secar su cuerpo, aunque más bien parecía estarlo acariciando, usando de excusa una toalla.
- Ahh – un leve gemido escapó de los labios de Camus cuando las caricias se hicieron más intensas.
Le gustaba tenerlo abrazado mientras lo tocaba, el cuerpo de Camus era demasiado sensible quizá a cualquier roce, disfrutaba y sinceramente extrañaba ver ese rostro levemente sonrojado que hacía todo lo posible por no dejar ver su excitación, tenía que aceptar que en los últimos días había sido una tortura saber que Camus se encontraba a unos cuantos metros de distancia y que no se le podía acercar, ya fuera porque o se sentía demasiado culpable o se sentía molesto y temía volverlo a lastimar.
- Espera voy a… ahh - haciendo caso omiso, Milo siguió estimulando todas las zonas que le resultaban erógenas hasta que sintió como su hermoso acuariano apretaba sus brazos y recargaba un poco su cuerpo sobre el de él.
Con mucho cuidado, le colocó el albornoz viendo con remordimientos algunas de las marcas que él mismo le había hecho a Camus. Lo abrazó con fuerza y aspiró el aroma de su cabello.
- Vístete… estaré afuera – dijo antes de salir.
Aunque le pareció extraña la actitud del escorpión, no se molestó en pensarlo mucho, de cualquier forma, su carácter siempre había sido así de voluble, Milo simplemente era una persona inconstante, era como si no pudiera albergar más de un sentimiento a la vez. Más tarde tuvo que regresar a la oscura habitación, había pensado que todo volvería a ser como antes pero estaba equivocado, el confinamiento no había terminado y la única explicación que obtuvo a cambio fue un “No quiero hacerte daño”, aunque eso le parecía ridículo a estas alturas, ya no había nada que el escorpión pudiera hacer para dañarlo y que no hubiera hecho ya.
***
Seguía observando por la ventana de su despacho a pesar de que el objeto de atención se había escabullido entre los arbusto, se preguntó qué demonios tramaba ese rubio, ¿en verdad pensaba que conseguiría escapar? La seguridad de la hacienda era perfecta y aunque los empleados podían salir a cualquier hora, había especificado a los guardias que no permitieran por ningún motivo la salida del rubio, a menos que él, y solamente él dijera lo contrario, así que no se preocupó demasiado por las acciones de Hyoga, sabía que de cualquier forma no podría escapar, así que solo sonrió cuando lo vio escondiéndose. Más tarde enviaría a alguien a buscarlo para cenar.
- Adelante – dijo cuando llegó hasta sus oídos el suave golpeteo en la puerta.
- Ikki, aquí está lo que me pediste…
Aioros estuvo casi a punto de preguntarle “¿Te sientes bien?” y es que le parecía muy extraño ver al grandioso Ikki sonriendo de la nada, sin embargo, hacer esa pregunta le pareció algo imprudente y la cambió por un “¿Pasó algo grandioso y no me enteré?” acompañada de una de esas sonrisas amables que solo a él y quizá a Shiryu le quedaban tan bien.
- Aioros… tú eres bueno con las personas ¿cierto?
- Pues… no lo sé, ¿a qué te refieres con ser bueno?
- See, tú eres amable y no batallas para acercarte a alguien… ¿cómo lo haces? ¿tienes alguna estrategia? – dioses, era tan extraño ver a Ikki pidiendo consejos que estuvo a punto de tocar su rostro y verificar que no tuviera fiebre.
- … no, no realmente, ser amable no es tan difí…
- Quiero que me ayudes a acercarme a Hyoga – lo interrumpió Ikki, quien de un momento a otro se sentía extrañamente optimista.
- ¿Para qué quieres hacerlo Ikki? – El peliazul lo observó con un gesto de interrogación - ¿No crees que ya le hiciste mucho daño?
- See, lo sé… Shura también me advirtió que forzándolo no conseguiría nada, pero es solo que… - en ese momento Aioros dejó de escuchar los motivos de Ikki y se concentró en la última frase.
- Espera… ¿qué dijiste?
- Que estaba molesto y que…
- Noo, no, no, antes de eso… Shura te advirtió que si forzabas a Hyoga no ibas a lograr nada… - dijo para sí mismo y las palabras que había escuchado tiempo atrás cobraron otro significado.
“Ya sabías que esto iba a pasar”, entonces, no era que Shura hubiera contribuido de alguna forma a los planes de Ikki sino que tenía sus sospechas y había dicho esa frase como un “Te dije que no lo hicieras” Dioses, y ahora se sentía estúpido y terriblemente miserable, lo había rechazados al menos tres veces, había tomado todos esos sentimientos y esas declaraciones, y los había arrojado lo más lejos posible… tan solo no le había creído. Tuvo que sentarse para no salir corriendo en busca de Shura.
- Ikki… ¿tú planeaste lo de Hyoga?
- Noo… ya te lo dije, en ese momento ni siquiera estaba pensando – sintió una mezcla de alivio y preocupación que no supo como describir.
- Tal vez podrías empezar por ser un poco más amable y no discutir con él cada cinco minutos… si se me ocurre algo más te lo haré saber – se puso de pie, no habría soportado estar inmóvil durante más tiempo.
- Claro. Bien, iré por Shun – dijo poniéndose de pie.
- ¿Quieres que vaya por él o que envíe a Shiryu?
- No, yo lo haré – había cierto rubio al que se quería topar.
***
- Camus… - entró sin siquiera tocar la puerta.
- Ahh, me asustaste – esa era una de las cosas que amaba de Camus, la forma en que se perdía en sus pensamientos y la enorme capacidad de concentración que a él le habría gustado tener.
- Veo que ya casi terminas de leer el libro que te traje.
- See… - musitó.
- Te traje de cenar – por extraño que pareciera, Camus habría preferido bajar a cenar con él, en lugar de tener que hacerlo en ese lugar - ¿Qué pasa? – tomó con ambas manos su rostro, pero el menor desvió la mirada. Paradójicamente esa era también una de las cosas que más odiaba de Camus… la forma en que se perdía en sus pensamientos - ¿qué tienes?
- Nada…
- Bien, entonces, come.
Camus asintió, le habría gustado decir que no tenía hambre puesto que una de las jóvenes que trabajaban en la enorme mansión, le había llevado algo para merendar, pero no quiso enfadar a Milo y se limitó a comer lo mínimo como era su costumbre.
***
Abrió los ojos con lentitud, esperaba encontrarse en el pasto cerca de la entrada de la hacienda pero para su sorpresa estaba en la habitación de Ikki. Localizó un pequeño reloj que estaba sobre la mesita de noche y se dio cuenta de que había dormido gran parte de la tarde.
Ikki me va a matar – pensó, no había hecho nada de lo que se suponía que tenía que hacer ese día, no había ayudado a Shiryu ni a Aioros, tan solo se había pasado la mañana y parte de la tarde vagando, tenía que salir de esa habitación y al menos fingir que estaba trabajando, sabía que si había algo que Ikki odiaba era la irresponsabilidad. Buscó con la mirada sus zapatos y en eso se abrió la puerta.
- Ahh… señor… yo
- Shiryu está en la cocina… - se acercó al rubio – Aioros dijo que solo tomaste una manzana en la mañana así que, supongo que tienes hambre – habló pausadamente, era la primera vez que lograban comunicarse sin que hubiera gritos de por medio, sin embargo, no creía en esa actitud pacifista de Ikki y no pudo evitar verlo con desconfianza y molestia. Ikki sonrió, no sería fácil que el rubio confiara en él – y ahora ¿qué pasa?
- Nada – dijo entrecerrando los ojos.
- No sé por qué siempre tienes que pelear conmigo – acarició el rostro del menor ante la mirada atónita de éste y después pasó su mano para tomarlo por la cintura, acercando su cuerpo y finalmente lo besó con dulzura. Mordió levemente su labio inferior y comenzó a introducir su lengua explorando su boca mientras sus manos acariciaban la delicada espalda del rubio por debajo de la ropa.
Su sentido común le decía que tenía que alejarse de él pero su cuerpo simplemente no respondía, se encontraba demasiado sorprendido para hacer cualquier movimiento, por leve que éste fuera.
- Será mejor que bajes – le dijo aún muy cerca de sus labios y luego sintió otro beso más suave, un simple contacto que lo dejó algo confundido.
***
Frotó sus manos un par de veces y se asomó cautelosamente por la puerta, nunca en toda su vida se había sentido tan nervioso. ¿Qué debería decir? “Shura… lo lamento” Se recargó en una de las columnas desde donde solo alcanzaba a ver el humo de su cigarrillo. ¿Por qué a Ikki no se le había ocurrido pedirle un consejo antes? Si lo hubiera hecho un día antes, incluso unas horas antes, él no habría rechazado al capricornio y ahora no tendría que buscar la manera de acercarse. Recordó la forma en que lo había visto antes de irse y le dolió, sabía que de haber sido él el que hubiera sido rechazado, no habría podido soportarlo.
“Tal vez debería esperar hasta mañana para hablar con él…” – pensó antes de retroceder un par de pasos, pero una voz ronca lo hizo detenerse.
- ¿Necesitabas algo?
No supo cómo es que se había dado cuenta de su presencia, se mantuvo en silencio porque no sabía que decir, le parecía en cierto grado ridículo tener que ser él quien ahora buscaba la manera de congraciarse con Shura.
- No… bueno yo… - había mantenido la vista en el suelo porque temía lo que pudiera encontrar si lo veía a los ojos… no, definitivamente no estaba preparado para hablar con él, no sabía como.
- Si es del trabajo, puedes discutirlo con Ikki, yo hablaré con él después – si el dolor que había sentido minutos antes le parecía horrible, esto era simplemente insoportable, vio como Shura se alejó rumbo a su habitación, y sintió que de un momento a otro sus piernas ya no lo sostendrían.
- Espera! – alcanzó a tomar su mano justo cuando abría la puerta – lo lamento – cuando vio la fría mirada de Shura supo que esas palabras no serían suficientes para que lo disculpara – por favor no me veas así…
Algo en su interior se contrajo cuando escuchó la voz temblorosa del arquero, pero todos sus rechazos habían sido demasiado dolorosos y no estaba dispuesto a seguir soportándolo, así que acercándose al cuerpo de Aioros, musitó cerca de su oído.
- ¿Y qué hay de todas las veces en que tú me miraste así? ¿Eh?
- Yo… - lo comprendía, había sido un cretino y ahora pagaba por ello.
Tomó algo de aire y aprovechó la cercanía del capricornio para abrazarlo y unir sus labios en un beso que no estaba siendo correspondido. Contrario a lo que había pensado, Shura ni siquiera se inmutó, ¿acaso le parecía demasiado normal ese beso? Estaba poniendo su alma en ello y no parecía funcionar. Un par de segundos después sintió como Shura lo tomaba por los brazos y entraban ambos a la habitación.
- YA DEJA DE JUGAR CONMIGO Y CON LO QUE SIENTO POR TI!!! – se veía realmente alterado, tanto que por un instante sintió algo de miedo.
- Noo… no es…
- ¿Qué quieres ahora Aioros? – lo tomó por los hombros y lo empujó contra la pared obteniendo una leve queja del arquero - ¿Ah? ¿Quieres que siga detrás de ti solo para seguir despreciándome?... – se alejó un poco y comenzó a caminar de un lado a otro – No quiero ¿entiendes?... no… no quiero que me hables solo porque tienes que hacerlo… solo porque eres el siempre amable Aioros que se lleva bien con todo mundo… - sus palabras estaban cargadas de amargura – no quiero que me tengas lástima… - ya vete por favor – se sentó en el suelo escondiendo su rostro.
Aioros se acercó a él, tomó sus brazos con sumo cuidado, siempre lentamente, tenía miedo de que cualquier movimiento brusco lo hiciera sentirse violentado.
- Shura… de verdad lo lamento, he sido un idiota todo este tiempo – colocó sus rodillas a ambos costados y consiguió que el capricornio lo viera a los ojos, luego se fue acercando y volvió a besarlo.
- No hagas esto… por favor… - musitó.
Haciendo caso omiso de las palabras de Shura, comenzó a besar su cuello mientras acariciaba su cabello. “Lo siento” – musitó cerca de su oído y regresó a sus labios, en un nuevo intento por ser correspondido, fue introduciendo su lengua, acariciando la del capricornio mientras sus manos se colaban bajo su camisa, llegando hasta sus tetillas para acariciarlas con suavidad, consiguiendo un leve gemido.
- ¿Qué… qué significa esto Aioros? Ahh.
- Siempre creí que debíamos estar juntos – dijo con una voz que a Shura le pareció de lo más sensual.
Se fueron desprendiendo de la ropa sin cambiar de posición, Aioros se movía de tal manera que ambos miembros se tocaban excitándolos a ambos. Shura flexionó un poco las piernas mientras comenzaba a explorar el cuerpo de Aioros, le parecía tan hermoso, la manera en que mordía su labio inferior antes de emitir un leve gemido. Con su dedo medio logró ubicar su entrada y comenzó a introducirlo con lentitud.
- Aahh! – acalló sus gemidos con sus labios y acarició su miembro hasta que la incomodidad de la intromisión se disipó y pudo introducir otro dedo en esa tibia y estrecha cavidad.
Fue el arquero quien movió un poco su cuerpo y apuntó el miembro de Shura hacia su entrada, descendiendo poco a poco, un dolor punzante recorrió todo su cuerpo y sintió que no sería capaz de continuar, pero las suaves caricias que le daba el capricornio, aunado con los besos y las palabras dulces intercaladas con gemidos y ligeros espasmos, hicieron que el dolor disminuyera. Cuando estuvo completamente dentro se quedó inmóvil, recargando ligeramente su cuerpo sobre el de Shura, antes de que ambos comenzaran a moverse lenta y suavemente. Shura abrazó a Aioros inclinando un poco su cuerpo hacia atrás, jugaba con la punta de su miembro que estaba completamente húmeda, estar de esa forma con Aioros, sintiendo la suavidad de su piel y la forma en que su miembro era apresado en su interior, era mucho más placentero que todas sus fantasías, esto era… simplemente indescriptible.
***
Leyó la lista de ingredientes por décima vez, no conocía ni la mitad de éstos pero sabía que eran necesarios si quería que Syd preparara uno de los exquisitos postres que ocasionalmente solía hacer, una de las ventajas de ser el hermano menor, aunque fuera por un par de minutos, era que Syd cuidaba más de él que él mismo. Siempre había sido algo distraído y no solía tomar las cosas muy en serio, a diferencia de su hermano.
Pasó delante de una tienda donde vendían bocadillos. Quizá debería llevarle algunos a Syd, bueno, después de que encuentre esto… - pensó – ri…cota… ¿qué demonios es eso? Ricota…
- Ricota… - dijo para sí mismo cuando sintió que alguien jalaba su brazo izquierdo - ¿Qué demon…? – fijó su mirada en la persona que estaba delante de él.
- Ha pasado algún tiempo ya… ¿no crees?...
- Estás equivocado…
- ¿por qué? ¿Porque eres Bud?... – desvió la mirada, aunque sabía que no era Syd tenía ganas de acariciar su rostro – No busco a tu hermano si eso es lo que piensas.
- ¿Entonces qué quieres?
- Busco información y… creo que tú me puedes ayudar… - sonrió.
Continuará...
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Bueno, se aceptan dudas, comentarios, sugerencias, críticas, amenazas y similares. De nuevo muchas gracias por seguir este fic aunque ya me haya tardado miles de horas en actualizar. Nos vemoooos.
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