olgamar
Caballero de Bronce

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El 21/08/09 a las 03:08:16 |
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Shaka siguió con los ojos cerrados, aun a pesar de que había sentido la presencia del caballero que tenía delante de él. Siguió así, no por pose, sino porque tenía los ojos rojos e hinchados de tanto llorar, y no era cuestión de que nadie lo notara.
Kanon espero pacientemente a que Shaka abandonara su meditación, si es que realmente estaba meditando, que lo dudaba muchísimo. Se estremeció al recordar la escena que lo esperaba al llegar a su templo, bueno, al templo de Géminis, teóricamente de su hermano, pero en la práctica…también porque el pasaba prácticamente el dia entero en el templo de Leo. Saga estaba dando vueltas enfurecido, con el pelo totalmente gris. Vio un atisbo de lo que había sido cuando ocupo el puesto de Patriarca en el Santuario. Y cuando se fue, en estampida, perdiéndose en el horizonte, él hizo lo más sensato. Ir a buscar a Shaka, que era la única persona que podría haber llevado a su hermano a ese estado, y la única que podría sacarlo.
- ¿Qué quieres, Kanon?
La voz bien modulada de Shaka lo saco de su ensimismamiento, haciéndolo fruncir el entrecejo ante la nota de dolor que destilaba. Normalmente Shaka no dejaría ver sus sentimientos de esa manera, la pelea entonces debió de ser de aúpa.
- ¿Qué ha pasado?- preguntó finalmente separando su espalda de la columna donde se había apoyado.
- ¿Qué quieres decir?- replicó abriendo sus hermosos ojos azules.
Ahora sí que Kanon se asustó. ¿Qué narices habían hecho esos dos? Los normalmente tranquilos y hermosos ojos turquesa del hindú se hallaban enrojecidos, transmitiendo tal cantidad de dolor que tuvo que hacer un esfuerzo considerable para no doblarse allí mismo.
- No hay nada más que veros- consiguió decir- Saga se ha vuelto a reencarnar en “soy la caña del Santuario, haced lo que os digo u os mando a otra dimensión sin billete de vuelta” y tu…
Su voz fue muriendo, en un claro gesto de “no te voy a decir lo que pareces porque me mandas al otro barrio de un solo ohm”
- Yo…¿Por qué debería yo preocuparme porque tu hermano haya vuelto a la mala senda?
Paso intencionadamente por alto la alusión a su aspecto.
- Bueeeno, pues porque lo amas, él te ama a ti, y no quieres que la desgracia se vuelva a abatir sobre este Santuario. Más o menos.
- Podrías tener razón- sonrió tristemente el rubio- excepto en eso de que él me ama a mí.
- ¡Vamos Shaka!- el antiguo general marina no se podía creer lo que estaba oyendo- ¿de dónde sacas esas historias? Saga podrá tener sus defectos, que yo, como su gemelo, conozco perfectamente, pero te ama con locura.
- ¿Ah, sí?- la ironía era totalmente palpable- entonces, si según tu, tantísimo me ama, ¿Qué hacia besándose con Aioria esta tarde?
Una punzada de dolor atravesó a Kanon al escuchar esa afirmación.
- ¿C-con Aioria?
- Si
- ¿C-cuando?
Shaka frunció el ceño, inquisitivo ante la repentina palidez del gemelo.
- Esta tarde, sobre las seis, en el templo de Leo.
El color volvió de nuevo al rostro de Kanon, mientras dejaba escapar un inaudible suspiro de alivio.
- Esto…ese era yo, Shaka- definitivamente, su gatito solo estaba con él.
- ¿T-tu?
- Si
- P-pero…¿Cómo se que no es una mentira para ayudar a Saga?
- Mira que llegas a ser retorcido, por el amor de Atenea. Sabes la respuesta tan bien como yo…¿Por qué te niegas a admitirlo?
El rubio lo miro confundido. Pero tuvo que admitir que realmente Kanon tenía razón. Incluso esa tarde, con la imagen aun fresca en su retina, algo dentro de él, en lo más profundo, sabía que no era Saga. Que su amor no le engañaría de esa forma.
- Gracias, Kanon- le sorprendió dándole un beso rápido en la mejilla.
Acto seguido, salió como una bala a la noche para buscar a Saga y arreglar las cosas. Le costó encontrarlo, pero por fin le vio en la playa, sentado en la arena. La luna iluminaba su cabello…dioses, gris, tal y como había dicho Kanon. El dolor y la culpa inundaron a Shaka. ¿Y si era demasiado tarde? ¿Y si Saga se había perdido de nuevo por su culpa? Por culpa de esos celos arrolladores que tomaron posesión de su sensatez esa tarde.
- ¿Querias algo más, Shaka? ¿No te bastó todo lo que me dijiste esta tarde?
Un par de lágrimas rodaron por la piel blanca del guardián de Virgo. Se le oía tan…destrozado, tan herido…tan lejano.
- El pelo gris no te sienta, bien, te hace parecer mayor- dijo nervioso intentando bromear un poco.
- Ya- ni siquiera se giro a mirarle.
- Saga…- no pudo seguir, la voz se le quebraba. Así que se dejo caer de rodillas delante de él, para poder mirarle a los ojos y transmitirle sus sentimientos.
Porque entre ellos siempre era así. Ninguno de los dos tenía mucha facilidad para expresar sus sentimientos, pero leían perfectamente los ojos del otro. Pasaban mucho tiempo sin hablar, solo demostrándose lo profundo de su amor con caricias, con cercanía, con miradas y con gestos.
Shaka se ahogaba en ese momento. No sabía que palabras usar, ni creía que la voz le fuera a salir. Así que utilizo sus expresivos ojos turquesa para pedir perdón. Para intentar explicar los celos inexplicables que había sentido esa tarde. Para intentar no perder a quien era la persona más importante de su vida. Más importante que incluso él mismo.
Y parecía que lo conseguía, porque ante su atenta mirada, el gris del pelo de Saga fue desapareciendo, dando paso de nuevo a su cabellera azul, esa que tanto adoraba. Y los ojos esmeralda se fueron ablandando, ante el reconocimiento de que el amor que sentía el Virgo por él era tan grande que llegaba a nublar su razón.
- Ay, Shaka- solo pudo decir antes de avanzar su rostro para besar los labios que se le ofrecían.
Sus brazos rodearon de inmediato el cuerpo de su pareja, haciéndolo caer en su regazo.
- Yo también te amo- fueron las únicas palabras que rompieron ese silencio mágico en el que ambos se envolvían.
Y allí estuvieron, abrazados, envueltos por la oscuridad, mirando las estrellas, y demostrándose sin palabras su mutuo amor.
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