Este cuento lo escribí como explícacion a una maqueta surrealista de una ciudad en acetato que realice el año anterior. A merced de sus comentarios,
Yan.
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Fue desde que comencé a idear este agasajo que en mi mente rondaba la idea de una ciudad.
Claro que de ninguna manera podría ser una ciudad sujeta a convencionalismos, con sus gamas de grises reflejando la moderación y acatacion de una sociedad.
Esta debía ser una ciudad distinta que al verla no imagináramos ni un pasado, ni un futuro, solo un hoy. Ese paradójico concepto de vivir el hoy, y al vivir el mañana volverá a ser hoy. Ya la premisa era una empresa seudo imposible, ¿cómo desterrar recuerdos y anhelos del inconsciente colectivo del medio general? Y si, definitivamente en este lugar no cabria una mínima gota de mediocridad. Su habitante debería ser muy especial.
En un comienzo logre crear una ciudad, pero su complejidad era tal, que supuse que su habitante no querría vivir entre puentes, túneles y laberintos. Además, la idea del hoy se veía olvidada y atosigada por la necesidad de encontrar una nueva salida, al ser tan cansadora esa tarea, inevitablemente se caería en la postergación del mañana, de ese modo, se perdería la impronta.
Después de examinar el primer boceto, quedando ampliamente descartado, decidí charlar con su futuro habitante. Platique con un señor “hecho en la tierra” que me sugirió que esta vez olvide los grises, je, entre nos, estaban totalmente descartados. En mi vida no existen, como el debía descansar deseba llevarlo a este lugar donde debería olvidar las moderaciones y mitigar toda ansia de neutralidad.
Esta nueva ciudad poseeríainterconexiones, miles, así cada habitante podría comunicarse fácilmente, o bien, callar tranquilamente en un rincón templado.
A la hora de construirla consulte con mi hermoso ingeniero que amaba los cálculos, estadísticas y planificaciones. Ergo, le dije que la impronta era alejarse de toda vulgaridad y hacer una ciudad a la altura de las circunstancias, es decir, de su habitante.
Pensó en el cartón, pero realmente, era muy monótono. Le dije “pues esfuérzate aún más, esta ciudad la habitara un ser muy especial”. ¿Por qué no de metales?, respondí, “es muy peligroso,se podría lastimar”. ¿Y que tal madera?, je, “si queres madera anda a vivir a un bosque” retruque al unísono con el ingeniero que sarcásticamente refuto conmigo su propuesta.
Así, decidí descartar su titulo y doctrina para poder diseñarlo a mi parecer, siempre pensando en el ser que habitaría la ciudad. Decidí darle colores, para olvidar sus gamas neutras, al verla lo primero que exclamaría seria “joder, Yan, siempre te sales con las tuyas”, y si, siempre, pero mi concepto no era otro más que un “siempre es hoy”.
El acetato funcionaria perfecto, cuando el sol se posara sobre los cielos de la ciudad, esta, brillaría cual diamante.
Pero solo de este material seria muy frágil, y no lograría resguardar a mi hombrecito de tormentas. Porque sí, aun viviendo en el hoy, los temporales acechan y atedian el día.
Decidí ayudarme con cartón blanco que recogí en una vuelta por mi universo, la idea era magnifica. Ese blanco daría la sensación de tranquilidad y paz que el tanto necesitaba, su opacidad traería resguardo aún en sus días mas reservados.
El hombre descanso en un rincón de mi ciudad, quizás, un hombre alado extraña la tierra.