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FÁCIL (CAMUS “LA HACE PIOLA”)(NC-17)
(POV de Milo)
DIA 1
Hoy es otro día igual que tantos otros, uno de ésos en los que estoy tirado boca arriba en la cama de mi cuarto mirando hacia el techo, con un calor que sofoca y una rutina que, por no decir otra cosa, apesta. No es que me queje de mi ahora tranquila vida en el santuario, es sólo que esta rutina me persigue como si fuera mi sombra y...
- Milo, déjame pasar.
Esa voz... ¡vaya sorpresa! Si no es nada más ni nada menos que la voz de mi compañero de armas y rival de amores: Saga de Géminis. Me asomo por la ventana de mi templo y lo diviso ahí abajo, esperando a que lo autorice a atravesar mi casa zodiacal y, no es que yo sea fisgón por naturaleza, pero podría decirse que mi colega lleva una cara que se aleja bastante de su impavidez habitual.
- Vamos, bicho, déjame pasar ya.
Parece tener prisa en llegar a su templo ¿Por qué será? Cualquiera diría que ha visto un fantasma y que viene apurado antes de que lo pille el diablo... por cierto, ¿no son esas unas tremendas ojeras las que se ven bajo sus ojos?
- Milo – los dedos del tercer guardián golpetearon con impaciencia y nerviosismo sobre la piedra caliza de mi templo -, sólo quiero que me digas un “sí” como lo dicta el protocolo, no que me escoltes tú mismo por el interior de tu templo.
- ¿Se puede saber de dónde vienes? - esas ojeras... era claro que venía desde arriba, pero quería saber EXACTAMENTE de dónde, y lo que menos quería escuchar era que estuvo en el templo de Acuario y que había pasado la noche con el mismo hombre que nunca me había dado a mí esa oportunidad.
- Vengo del templo del patriarca ¿Contento?
Mis sospechas se iban abajo y no por la posible autenticidad de sus palabras sino porque, si Camus y él hubieran tenido “algo” -cosa que espero no suceda jamás-, el siempre gallardo caballero de Géminis estaría con una sonrisota de oreja a oreja y no traería consigo semejante cara de espanto. Así que no me quedó más remedio que acceder.
- Está bien, Géminis, pasa de una vez.
No pude verle la cara, pero sentí su cosmos pasar como una saeta por el interior de mi templo hasta llegar a la salida... y lo único que pude percibir en él fue susto y confusión.
- Este tipo está más loco que una cabra.
Y sin prestarle más atención, me estiré sobre mi cama y me dormí.
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2 DÍA
Son las siete de la mañana de un sábado cualquiera y aún no puedo creer que esté despierto a esta hora.
Después de asearme como es debido, salgo de mi casa zodiacal en dirección al templo del patriarca, caminado gracias a la fuerza de la inercia más que por otra cosa. Al llegar a la puerta del templo principal, diviso con mis ojos entrecerrados al resto de mis compañeros los cuales, a excepción de Shaka, Mu y Camus, parecen tan adormecidos como yo.
- Buenos días, Escorpio. Me sorprende verte de pie a esta hora.
Quien me dirige la palabra no es otro que el dueño de mis fantasías más recónditas -y, dígase de paso, eróticas- : el siempre frío e impasible Camus de Acuario. Abro los ojos por la sorpresa, pues esta especie de Adonis terrenal tiene la bonita costumbre de ignorarme y, como si fuera poco, de ponerme en ridículo con un sarcasmo indirecto cada vez que puede. Y ahora, como si no pasara nada, me habla con un tono bastante jovial y hasta podría decirse que me sonríe: me taño los ojos para cerciorarme de que todo esto no sea una alucinación provocada por la falta de sueño.
- ¡Hola, Camus! Este... ¿Cómo estás?
- Bien, muy bien, gracias.
Echo una rápida vista a toda la estancia, buscando la alta silueta de mi rival ¡Ajá! Ahí está en una esquina junto a Shura y aprovecho entonces de lanzarle una mirada triunfadora... sin embargo, la sonrisa desapareció de mi cara al ver en él una reacción que no esperaba: al verme junto con Camus, la cara de Saga volvió a ponerse tan o más pálida que la de ayer y, en vez de confrontarme como otras veces, no tardó en desviar la mirada.
- Bienvenidos sean a esta nueva reunión, Santos de Oro. Es hora de discutir asuntos importantes...
Shion es sorprendente ¿Quién es capaz de tener sus cinco sentidos en orden a las siete y algo de la mañana, y más aún para discutir “asuntos importantes”? Yo no, por supuesto y, una vez sentados alrededor de la gran mesa de reuniones, mis ojos se cierran de vez en cuando y lo único que alcanzo a entender son frases entrecortadas en el discurso de nuestro patriarca...
- Est....mos aquí reun... ara dicuti... os import...es... asuntos que...
...y así hasta las doce del día, hora bendita en la que por fin nos libera de ese suplicio ¡Que no se le ocurra preguntarme algo acerca de todo lo que habló! Cuando todos nos retirábamos hacia nuestros templos, me encuentro nuevamente con la poco habitual sonrisa de Camus.
- Podría apostar a que no escuchaste nada de lo que se habló en la reunión.
- Pues... no ¡Jajaja!
Caminamos escaleras abajo hablando sobre cosas sin importancia -lo que dijo Shion,el clima, etc.- y, cuando llegamos a la entrada de su templo, fue él quien cambió el rumbo de la conversación:
- Oye, Escorpio...
- Milo, llámame Milo.
- Bien... Milo – ensayó con mucha dulzura ¡Sentí que me derretía! -, han sido muchas las veces que me has invitado a salir y yo te he rechazado, pero ahora... dime ¿esa invitación sigue en pie?
Ni yo mismo podía creerlo ¿Camus estaba aceptando aquella invitación que yo ya creía totalmente rechazada? Me quedé mirándolo con la boca abierta, tan atontado que casi no noto su semblante triste.
- Está bien – estaba dándose la media vuelta, dispuesto a subir las escaleras hacia su cuarto -, se que el haberte rechazado tantas veces ha hecho que dejes de interesarte en mí y...
- ¡No! ¡Espera! - lo detuve de inmediato ¡Esta es la oportunidad de mi vida y no la dejaré escapar! - ¡Claro que sigue en pie! Es sólo que me sorprendiste.
- ¿De veras? Y entonces... ¿te gustaría que saliésemos esta misma noche?
¿Esta noche, ya? ¡No puedo creer en la suerte que tengo!
- ¡Sí, por supuesto!
- Muy bien, a las diez te pasaré a buscar a tu templo ¿te parece bien?
- ¡Me parece excelente!
- Pues bien, a las diez entonces. ¡Hasta pronto!
Y con una sonrisita, se fue al interior de su templo.
Yo voy al mío propio casi trastabillando de la emoción. Sin embargo, mientras corro a toda velocidad, había algo que me parecía extraño y era la actitud tan sorpresiva de Camus, esa “accesibilidad” repentina de su parte hacia mi persona: ¿simple golpe de suerte? ¡Quién sabe! Lo verdaderamente importante es que esta noche al fin tendré la oportunidad que esperaba desde hace tanto tiempo y no la voy a dejar escapar.
EN LA NOCHE (Templo de Escorpión)
Hace apenas un par de segundos que son las diez en punto, pero yo he estado esperando desde hace horas parado en el umbral de mi templo, atisbando de vez en cuando hacia las casas superiores por si lo veo llegar... A propósito ¿Qué le diré? ¿Adónde lo llevaré? He estado con tantos hombres y mujeres que ya perdí la cuenta, aventuras fáciles que duraron tanto como el poco tiempo que me costó obtenerlas; pero él es algo tan distinto a lo que siempre he tenido que no se cómo debo actuar... me imagino que Camus debe saber que he tenido más de alguna “aventurilla” por ahí, pero quisiera poder tratar con él sin evidenciar que me he metido casi con la mitad de toda Grecia...
- Hola, Milo ¿En qué piensas?
Como me han sacado bruscamente de mis cavilaciones, me doy vuelta de la manera más desgarbada y estúpida que me es posible – qué accionar más “sobrio” de mi parte ¿no les parece?-, tanto que mi cara casi da de jeta con la muralla, pues estaba paseando cerca de la pared. Él parece divertido por mi confusión, mirándome fijamente con una pícara sonrisa que nunca antes me imaginé ver plasmada en su cara, siempre tan seria.
- ¿Estabas contando hormigas en la pared?
- Ho... hola! Esteeee... no! Y... - ¡Genial! Ahora la estoy haciendo de tartamudo- Yo... yo estaba... yo...
Y ahí quedó mi discurso, pues mi vista se ha quedado fascinada en la camisa de suave tela y en los pantalones de cuero que lleva Camus: negros y ajustados a más no poder, dejando en evidencia su bien moldeado trasero. Me quedé hipnotizado mirando la exquisita curva que se formaba más abajo de su espalda, bajo el cuero reluciente debido a la tirantez del mismo... Un momento ¿Desde cuándo Camus se viste con este tipo de ropa? Esas son prendas que usualmente irían con MI estilo o con el de Kanon, que es casi tan puto como yo -si es que no lo es más-, pero Camus es... bueno, mejor me dejo de especulaciones, pues éstas quizás se deban a que nunca imaginé bajo su armadura otra cosa que no fueran una sotana o un cinturón de castidad.
- ¿Nos vamos ya, Milo?
- ¡S-sí!
Y nos vamos juntos rumbo a la ciudad, hablando de cosas triviales, o más bien, intentando hablar, pues yo tartamudeo como si me hubieran puesto una matraca bajo la lengua. A este paso, Camus creerá que soy disfásico.
EN LA NOCHE (Centro de la ciudad)
Llegamos a la ciudad, la cual rebosa de fiestas y jolgorios como cualquier sábado en la noche, y yo no puedo estar más feliz con esta belleza francesa tomada de mi brazo. Caminamos juntos entre la gente y lo veo divertirse pero creo que, siendo esta la primera vez que salimos, debiera de preguntarle si es que quiere hacer algo en particular.
- ¿Deseas beber algo, comer, o quizás asistir a alguna función?
- ¿Quieres que yo elija?
- Sí.
- Pues... - su dedo índice se posó sobre sus labios y giró sus ojos hacia arriba ¡Qué inocente se ve! - ...Puedo llevarte a un sitio que conozco.
- Muy bien – Ok, de inmediato me imaginé un concierto de música clásica o un sitio de manteles blancos, con luces de velas y música de arpas como lo más osado posible. No era mi estilo, pero por él era capaz de aguantar cualquier cosa -, iremos adonde tú quieras.
Sonrió complacido y me dejo guiar por las calles, entrando de pronto a un callejón que me parece familiar, quizás demasiado familiar... seguimos caminando y noto que el callejón se va ensanchando hasta convertirse en una enorme calle iluminada, llena de trastiendas y música, algo que no tiene la más mínima relación con el concierto de música clásica que me había imaginado. Mi memoria comienza a procesar datos a una velocidad vertiginosa, hasta el momento preciso en que mis ojos reparan en una vitrina de luces rojizas, en donde una muchacha saludaba alegremente hacia donde nosotros estábamos... una muchacha rubia en tanga roja y con los senos al aire.
- ¡¡¡¿Q-qué?!!!
¡Por eso este lugar me parecía tan familiar! Como saliendo de una nebulosa, el recuerdo que buscaba apareció desfilando ante mis ojos, mostrándome el ya lejano día de otoño en que vine con Albiore de Cefeo a este mismo lugar y juntos nos ligamos a una chica rusa... la misma que está ahora en esa vitrina.
Ya me imaginaba la reacción de mi acompañante al dilucidar mi relación con esa chica ¡Adiós a mi única oportunidad con Camus! Con los nervios de punta y con una sonrisa realmente estúpida en mi cara, levanto mi mano temblorosa en ademán de saludarla y seguir caminando antes de que él se diera cuenta de su presencia (¿qué otra cosa podría hacer ya?), sin embargo...
- ¡Hola Nina! ¿Qué tal el trabajo hoy?
Me volteo y veo con estupefacción a Camus saludando a esa chica como si la conociese de toda la vida ¿Qué demonios fue lo que me perdí? Los miro a uno y al otro sucesivamente, tratando de comprender.
- Muy bien, cariñito -la tal Nina habló de lo más coqueta, moviendo los hombros y los senos con toda soltura- ¿Por qué no has venido a visitarnos? ¡Las chicas y yo ya te dábamos por muerto!
- Son los deberes del santuario, preciosa, me tienen ocupado.
- Bien, bomboncito ¡Pero no vuelvas a perderte!
- No lo haré, mon cherìe!
Y seguimos caminando o, para ser más exacto, Camus me lleva arrastrando por la calle, pues yo no dejo de mirarlo de lo confundido que estoy. Él sigue caminando de lo más tranquilo como quien se pasea por su casa, en dirección a un vistoso local que se ve al fondo a unos metros de un grupo de travestis.
- ¡Hey, tú!
Escucho una voz fingidamente femenina a nuestras espaldas, una voz que vuelve a remover mi memoria y a traer un nuevo recuerdo. A veces no se porqué siempre me sucede esto, pero pareciera que el destino se empeña en mariconearse conmigo, y digo esto porque el Drag Queen de peluca rosada, que es dueño de aquella voz, forma parte de esos recuerdos... y no precisamente de los relacionados con los días de entrenamiento en el santuario, sino de uno en el que Aioria y yo estábamos tan ebrios que confundimos unas pelucas de colores con las plumas del traje de unas cabareteras...
- ¡Camie, cariño, al fin nos visitas!
Ahora sí estaba seguro de que ALGO andaba mal. El tipo ése -o tipa, ¡qué se yo!- se lanza a los brazos de Camus y lo besa empalagosamente en las mejillas. Y mi acompañante no parece sorprendido o asustado, sino muy divertido.
- ¡Hola Zuliana (*)! - levanta la vista y agita la mano hacia el grupo de Drags que se quedaron atrás - ¡Hola, chicas! - las mencionadas lo saludan teatralmente.
- ¡Uy, pero qué bombón te trajiste ahora!
“Zuliana” me mira de una forma muy indiscreta, la cual no logró afectarme sobremanera por la costumbre de que siempre me miren así. El que me ha dejado pasmado ha sido el mismísimo Camus, el que rodea con un brazo mi cadera y con la otra juega con un rizo de mi cabello.
- ¿Verdad que sí? - desliza un dedo por mi mandíbula, con una mirada que echaba fuego y que yo jamás creí que pudiera tener – Lo traje para divertirnos esta noche.
Y sin preverlo yo siquiera, me da un apretón en el trasero, con una fuerza tal que me levanta del piso.
Algunas noches soy fácil
¡No acato límites!
Algunas noches soy fácil
¡No acato límites!
¿Dónde está MI Camus? Observo al chico que se despide de los transformistas y no puedo creer que sea el mismo caballero dorado del cual todos destacan su rectitud y sobriedad intachables, su frialdad y puntillosidad características y su moral a toda prueba ¿Dónde está el hombre que desprecia a sus pretendientes -yo entre ellos- porque los considera unos primates idiotas y poco civilizados que sólo buscan sexo? Me cuesta trabajo asimilar la idea de que el distinguido y refinado caballero de Acuario, el que ha sido considerado como un chico inocente y casto tanto para mí como para Saga, se codee con las putas y los travestis de un suburbio que bien podría ser considerado como uno de los famosos “Barrios Rojos”. Por cierto ¿Qué haría el santo de Géminis en mi lugar?
Tiempo atrás lo salpicabas todo con tu encanto
Te he visto reducir hombres al llanto
Y a la fortuna despreciar
Me vuelve a tomar del brazo y me conduce a esa especie de local nocturno que, para mi desgracia, también me parece familiar. Entramos y nos vemos envueltos en un ambiente asfixiante, una mezcla de alcohol y perfumes de procedencia indefinida, lleno luces de colores, strippers y de gente con caras que me parece haber visto en más de una ocasión... ¡Pero qué importa ya! El asunto es que aquí están pasando cosas bien raras y todas van de la mano de Camus.
- ¿Quieres tomar algo?
Él me ha sentado en la barra de local y el cantinero se nos ha acercado. El tipo ese -poseedor de una cara que, más que la de un humano, se asemeja bastante a la de un mandril- nos mira con cara de querer aguantarse la risa mientras sostiene un lápiz y una libretita en sus manos regordetas.
- Pues... no se, una caipiriña, quizás.
- Ok. Alonso (**), trae una caipiriña para él y un “jote” (***) para mí.
- Bien, Camus. Por cierto, -le guiñó un ojo a mi compañero - gracias por el favor concedido.
Así que éste también conoce a Camus y, para variar, mi acompañante le hizo un “favor”. No quiero ponerme a imaginar a qué tipo de favor se refiere, porque el tono de voz que usó ese sujeto para enfatizar esa palabra no me gustó nada. Por otra parte, de Camus ya no se qué pensar ¿Qué habrá pasado con él? Si bien esta mañana me sentía dichoso y afortunado de que al fin me prestara atención, ahora su actitud me sorprende sobremanera y hasta podría decir que me da un poco de miedo. Además, a él me lo imaginé siempre tomando champagne o cualquier otra cosa por el estilo, menos “jote”.
- Camus...
- ¿Si?
- ¿Te sientes... bien?
- Yo estoy perfectamente.
Y, antes de que yo alcance a reaccionar, se sienta en mis piernas y me besa.
Hoy rayas el mediodía casi descosida
Sos un flamenco con el ala herida
Con la intemperie te arropás.
Voy a ser sincero: no me estoy resistiendo ni un poquito. Puedo notar que las luces del lugar se están apagando y el ambiente se vuelve más oscuro, cosa que yo aprovecho para rodear la cintura de Camus con mis brazos; no es que yo sólo pueda actuar con las luces apagadas, sino porque no quiero dar pie a la posibilidad de que alguien de mi oscuro repertorio de amantes (que con la suerte que tengo, bien más de alguno podría andar por aquí) me sorprenda y se ponga a recordarme delante de Camus todas las cosas que hicimos en vaya a saber uno dónde. Por suerte, nadie parece interesado en lo que hacemos, ya que el animador del club anuncia una especie de show improvisado y todo el mundo traslada su atención hasta el escenario.
- Bichito ¿Te gusta que te bese?
¡Vaya pregunta! Sería idiota si le respondiera que no, así que me limito a asentir con la cabeza Otra cosa ¿Me llamó “Bichito”? No es un apodo que me gustara cuando los chicos del santuario me lo adjudicaran para burlarse de mí, pero el sólo hecho de escucharlo de esa boquita hace que se vuelva mi apodo predilecto.
- Entonces, si te gusta que te bese, te gustará que te haga otras cosas más.
Sus manos se deslizaron por mi pecho, sacando de su ojal los botones superiores de mi camisa; yo mismo empiezo a ayudarlo en la causa, desabotonando lo que queda y permitiendo que sus manos recorran mi espalda y caderas a gusto. Yo tampoco me quedo atrás y meto mis manos bajo su camisa de seda que tanta tentación me da de rasgarla; subiendo por su pecho, mis manos tropiezan con unas salientes endurecidas que mis dedos se encargan de entretener y mimar...
Como yegua derramaba su esplendor,
Éramos salvajes, sin frenos para el amor
Y en la misma fantasía
Se fundía y se reía de los dos.
…El cantinero nos trae las bebidas. Camus vierte un poco de la suya en el hueco que se forma sobre mi clavícula para beberla de ahí, cierro los ojos y siento su lengua deslizarse por mi piel impregnada por el alcohol, escucho los ruidos húmedos que hacen sus labios al absorber. Tomo mi caipiriña y tomo un sorbo de ella, manteniendo el licor en mi boca hasta besarlo y dejarlo en la suya, dándole libertad a mis manos de avanzar hasta el final de su espalda y apresar entre ellas su bien formado trasero. Por un momento creí que él se detendría y castigaría mi atrevimiento, muy por el contrario, se dispone a hacer lo mismo conmigo, con la diferencia de que él desliza sus manos por debajo de mis pantalones con una osadía que yo nunca le creí capaz.
Algunas noches soy fácil
¡No acato límites!
Algunas noches soy fácil
¡No acato límites!
El ambiente se aviva un poco a punta de gritos, silbidos y aplausos. Como estaba tan entretenido con Camus, no me di cuenta de que lo que estaba causando tanta jarana era un stripper que bailaba en un caño. No se distinguían sus rasgos faciales, pues el ambiente seguía sumido en la semi oscuridad; aún así, su escultural silueta, su larguísimo cabello y la pequeñísima zunga que llevaba por única prenda eran perfectamente visibles y podría decirse que, si no estuviera ahora con Camus, ya me hubiese acercado a ese bailarín para hacerle proposiciones de las más indecorosas.
- Anda, acércate si quieres.
Me sobresalto a escuchar eso ¿No es Camus quien me está incitando a acercarme al stripper? Lo miro desconcertado, pero él parece muy entusiasmado con lo que me dice y hasta podría decir que hay un extraño brillo en sus ojos.
- ¡Vamos, que yo no me enojo!
El bailarín se desliza felinamente por el caño; de vez en cuando, camina o gatea sobre el escenario dejando que la gente del público lo toquetee y le ponga billetes en su ajustada prenda sin que él deje de realizar su baile: de hecho, sólo logran tocarlo por unos segundos antes de que él siga bailando.
Bien, como ganas no me faltan y además Camus me incita, me acerco al borde de la pista y espero mi momento para actuar.
- Anda, ponle un billete.
Camus parece más entusiasmado que cualquiera, el único que se la gana es el cantinero ese, que salta como mono para ver si puede “agarrar” del bailarín algo más que un cabello, mientras que éste lo esquiva hábilmente. Ahora que observo con más detenimiento, noto que TODOS están igual de eufóricos que él ¡Mejor así! Pues yo seré el que gane esta extraña competencia.
- Muy bien – me tomo el resto de la caipiriña de un solo trago -, aquí voy.
Lo observo bailar y moverse en el caño, bajar de él y arrodillarse en el piso. Extiendo un billete para hacerme notar hasta que lo veo venir gateando hacia mí, su andar se me hace semejante al de un gato, sensual y elegante. Se detiene por unos instantes cerca de mí y yo extiendo mi mano al borde de su ropa interior para dejar ahí el dinero, y antes de que se levante ¡Zas! Me agarro de lo primero que tengo a mi alcance: sus partes íntimas. La gente del lugar comienza a aplaudir, mientras que algunos (incluido el cantinero) se lamentan a viva voz el no haber sido ellos quienes lo pudieran atrapar. Como dije antes, no se le puede ver la cara, pero se nota a leguas que el tipo está tan desconcertado que ha quedado inmovilizado en la misma posición en que lo sorprendí. No quito mi mano, al contrario, me pongo a palpar el gran bulto (sí, era grande, muy grande) que tenía apresado, palpando con los dedos la superficie, siguiendo toda su longitud.
- Hey, Milo – el caballero de Acuario miraba todo con mucho interés - ¿Cómo se siente?
- ¡Bien, muy bien!
Hoy quizá, la sutileza me guardó un rescate
Me fui avivando en otro par de escapes
Me vine sabio en boicotear.
Aprieto un poco a mi prisionero y escucho un gemido por parte del bailarín, éste se desliza hacia atrás hasta que su espalda queda apoyada en el caño.
- ¡Ay, qué tímido!
- Sí ¿No es tierno?
Habiendo pasado unos segundos, el bailarín vuelve gateando hacia mí pero ahora con más lentitud, como si en realidad no quisiera acercarse. La gente comienza a incitarlo para que se apure y yo le pregunto a Camus qué es lo que sucede.
- ¡Jajaja! Tan concentrado estabas que no escuchaste al animador al inicio del baile. Verás, el que lograba tocar y detener el baile de este chico, lo tendría a su disposición por lo que resta de la noche y, para iniciar esta especie de contrato, tú tienes que besarlo. Por eso viene otra vez..
- ¿En serio?
Lo miro incrédulo, pero como el chico está delante de mi, me acerco y lo beso en los labios, adentrando mi lengua en su boca poco a poco... ¡Mmhh, éste besa muy bien! Es bastante hábil, me atrevería a decir que es más versado que yo. Debo decir que mis manos son un poquito traviesas, casi automáticas por la costumbre de actuar sin remordimientos cuando se trata de sexo, incluso a veces cobran vida propia, tal y como ahora que una de ellas se está deslizando por debajo de la ropa interior del stripper, reclamando lo que antes tenía por prisionero. Él vuelve a gemir, esta vez dentro de mi boca y yo comienzo a excitarme tanto que no noto cuando se encienden las luces. Sólo ahí abro los ojos de nuevo y...
- ¡¡¡¿¿¿SAGA???!!!
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