By AthenaExclamation67
Regresábamos a casa, tras nuestras vacaciones románticas cuando nos tuvimos que esperar ya que nuestro vuelo salía con retraso.
Permanecimos 30 minutos de más esperando cuando por fin…
Sras. Y Srs., pueden embarcar por la puerta nº 4.
Por favor, pasajeros con destino a Athenas embarquen por la puerta nº 4. Procederemos a embarcar primero de las filas 30 a 20.
Los altavoces repetían esas cargantes frases, todavía no habíamos subido al avión y ya tenías ganas de llegar.
-Vamos Aioria, nos toca – te dije mientras me mirabas ofuscado – acaban de llamar a las siguientes filas.
Subimos al avión yo feliz y tu algo agobiado, la azafata nos rogaba que tomáramos asiento lo más rápido posible.
Nos sentamos en nuestros asientos 11A y 11B, otra vez nos tocó encima del ala, pero me daba igual con el simple hecho de estar a tu lado para mi era suficiente.
No se como fue, pero te vi mirándome de un modo diferente, lujurioso, lascivo.
-¿Qué me ves? – te pregunté
Y a la oreja me susurraste tu plan, algo peligroso.
-Vamos Shaka, di que sí – me rogabas.
No se porque accedí, pero tu idea me gustaba.
Te levantaste tu primero, y te marchaste hasta el cuarto de baño, yo esperé unos minutos, y fui hasta allí donde tú me esperabas.
Cuando llegué, toqué a la puerta suavemente y cuando abriste me estiraste hacia adentro donde me besaste apasionadamente.
Yo te correspondía encantado, la constante idea de que nos descubrieran, no se por qué, pero me excitaba.
Desabrochaste mi cinturón y abriste la cremallera de mi pantalón mientras me besabas, cuando deslizaste tus manos en su interior, creí que estallaba.
Bajaste mi pantalón hasta que tocó el suelo, para después hacer lo mismo con mi ropa interior.
Me diste la vuelta dejándome de espaldas a ti y adiviné tu intención.
Después de bajarte la cremallera y mostrarme tu miembro muy hinchado, suavemente preparaste mi entrada para introducir tu sexo muy excitado.
Con delicadeza, empezaste a penetrarme, de pronto una turbulencia nos sorprendió y como un rayo en mi entraste.
Me sentía morir, tu miembro me desgarraba, pero no te dejé parar, en el fondo me gustaba, tomaste mi sexo con tus manos y sin dejar de moverte, lo masturbabas.
Con tanta turbulencia y meneo, ambos terminamos y regresamos a nuestros asientos.
Sin darnos cuenta, salimos abrazados, nadie nos vio, suspiramos aliviados.
Cuando regresamos a nuestros asientos, Saga lo había adivinado, fue cuando nos dijo…
¡DEGENERADOS!