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Mi despedida final
“Y las palabras vuelan, como el tiempo se destruye en un susurro, como la vida se desvanece en un lamento, como el sueño se pierde en el olvido, como la lluvia cae en el fuego… y cuando mi paz se pierde ante vuestra presencia.
Yo he de llorar, sufrir y gritar tu nombre, mientras mi cuerpo se pierde en la sombra que proyecta tu silueta, y mis lamentos son sofocados por tus carcajadas, al tiempo que mi desesperación fluye en un río de lagrimas que brotan del infinito lago de mi dolor, y sólo eres un espectador de la tragedia de mi historia, de mi inútil intento de plantarme ante el mundo, sólo eres mi privado espectador…
¡Con quien sueño cada mañana! por quien escribo mis lamentos, por quien lloro en silencio, quien duerme en mis sueños lucidos, aquel que vigila mi conciencia sin dejarla salir de su estupor, en la constante decadencia del olvido, del frió y triste olvido que envuelve mi alma y aprisiona mi razón. Eres tú quien me encierra en tinieblas, mi juez y verdugo, me condenaste con tu indiferencia a mi insondable destino, uniéndome al dolor, aprisionándome en este silencio. Dejándome mudo ante mi futuro, aislándome de lo que un día me rodeo y que ahora ya no conozco.
Por ti perdí el feliz recuerdo de un día de abril, me arrebataste la alegría que se acunaba en la primavera de mi existir y me dejaste solo y desconcertado en el invierno constante que me ha tocado vivir.
Desde aquel fatídico día en que tu sonrisa nublo la luz del sol, tu faz se convirtió en mi razón de existir, tus caricias fueron la fuerza que me revive de la muerte que tu presencia causa, tu involuntario clamor al amor, daña mi percepción ante la virtud de la unión por la seda en el corazón.
Cada vez que te tengo ante mí no sé qué decir, no puedo articular una canción de adoración, no puedo mover mis miembros cansado por la indiferencia de tu actuar, mis ojos se entrecierran ante tu luz, me ciega tu indiferencia hacia mí, me hieren tus palabras… dirigidas a un amigo, confidente, consejero, redentor. Como sea que me definas, solo soy un camino hacia tu iluminación personal, y nada más. Significo tanto como un trozo de papel al que le cuentas tus problemas o tu dolor.
En mi sólo yace la fuente de la infinita desesperación, pues luz ya no puedo entregar, porque tu desmedida necesidad de atención me ha arrebatado hasta lo que guardaba para mí, eso tan personal que ni yo conocía del todo, pero lo tomaste y usaste sin preocuparte por el daño que podrías causar. Dejándome abatido y desolado, solo ante mi triste recuerdo de un yo mejor, cuando solo me bastaba la sonrisa de alguien para ser feliz, cuando no eras parte de mi vida, cuando esta aún no se transformaba en lo que ahora es: un constante avanzar y sufrir por una mirada de tus ojos, que me daría la vitalidad que me hace falta, pero tú no te percatas de mi necesidad y solo sigues con tu camino en el que no hay cabida para mi, en donde solo soy un despojo del pasado, un insignificante recuerdo que el tiempo te regalo, y que ahora después de que me has arrebatado todo, me lanzas a un baúl en la esquina del olvido.
Este es mi adiós Aioria, esta es mi despedida final, siento que es mi momento de desaparecer… adiós para siempre mi querido Santo de Leo.
Shaka de Virgo”.
Un escalofrió recorrió su cuerpo al leer estas palabras, sintió sus emociones agolparse y pugnando por salir en cada fibra de su cuerpo y fue cuando lo comprendió todo y a la vez nada, cuando por primera vez supo lo que debía hacer pero no donde debía, en fin, supo lo que su cuerpo siempre supo, pero su mente luchaba por ocultar… él, amaba a Shaka.
Corrió, corrió tan rápido como sus piernas lo permitieron para alcanzar lo que siempre fue un imposible, lo que según él siempre estuvo vedado para sus ojos, el templo de Virgo.
Recorrió cada parte del lugar, las habitaciones y el jardín de los sales, gritando el nombre de quien más amaba, pero de él en ese lugar ya no quedaba nada, se había marchado y sólo había dejado una nota y un corazón donde se agolpaban un sin fin de emociones que clamaban sus presencia para verse libres y bañarlo en una suave estela de amor.
- Shaka… - desesperado trato de sentir el cosmos del rubio, sin éxito.
Y lo vio como en una visión, vio los recuerdos surgir de la nada, recuerdos de un ángel cayendo al acantilado y… corrió, corrió más rápido que la vez anterior, saliendo de la sexta casa y atravesando los cinco templos restantes ignorando por completo a sus guardianes, corrió en busca del ángel, SU ángel… corrió por él a los acantilados del Santuario.
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Él caminaba con paso firme, mientras sus cabellos bailaban al son del viento, mientras de sus ojos manaban lágrimas de dolor, y en su mente solo había un pensamiento rodeado de la más absoluta confusión… Aioria.
Mientras su mente seguía divagando, y su alma continuaba con su caminar cansado, sus pies se detuvieron al borde de lo que para el significaba el fin.
Seguía pensando en el pero ya no había caso, en su corazón se grababa con fuego y dolor la palabra amistad como un karma imposible de pagar – Solo eso soy – repetía una y otra vez – Sólo, su amigo – corrían las lagrimas sin freno por sus mejillas – Y ya no lo puedo soportar más – abriendo sus brazos, cual ángel extiende sus alas para emprender el vuelo.
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Aioria corría para detener a su ángel, mil veces cayo y mil veces se puso de pie para continuar con su desenfrenada travesía, hasta que por fin vio la conocida silueta enmarcada por cabellos dorados agitados por el viento, que con los brazos abiertos parecía querer emprender el vuelo – ¡SHAKA! – grito su nombre, pero el choque de las olas contra las rocas sofocaron sus gritos en un segundo.
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Sin esperar más emprendió el vuelo, ignorante de lo que sucedía a su espalda. Sin mirar atrás arrojo su cuerpo a los brazos del viento – Adiós, Aioria… - susurro tan despacio que apenas él alcanzo a oír sus palabras.
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Desapareció justo cuando estaba a punto de tomar su delicada mano y atraerlo hacia si – ¡SHAKA! – volvió a gritar su nombre mientras lo veía caer a las profundidades.
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- Pensar que aun ahora mi mente me engaña, haciéndome creer que tus labios gritan mi nombre – se dijo mientras se acercaba a su final.
Y desde arriba un Aioria impotente lo veía desaparecer de su vida tan rápido como había entrado.
FIN
Comentario agregado en 2007: “Sé que no es muy bueno y por eso quiero darles las gracias por darse el tiempo de leerlo”.
Fecha y hora de publicación en Mi@: 12/Feb/2007 12:20 GMT-7.
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