|
LA CHIMENEA
By AthenaExclamation67
Después de una suculenta cena, encendiste la chimenea.
- Es para que se caliente el salón amor – me dijiste sonriendo.
- De acuerdo – te contesté – mientras yo lavaré los platos, ¿Qué te parece?
No esperé a que me contestaras, me limite a hacerlo. Recogí la mesa y te dejé allí organizando la hoguera.
No pude evitar quedarme un rato mirándote, tan fuerte y tan bello. – Mi Aioria – pensé – gracias Buda por tu presente.
El día que tú entraste en mi vida Aioria, cambió por completo desde ese momento.
Te observaba manejando con destreza las cerillas y la leña y cuando noté que te girabas, salí de allí corriendo.
No quería ser tan obvio, tú ya sabías que te amaba con locura, pero me dio vergüenza, me había quedado embobado por completo.
Parece ser que terminaste rápido tu labor y viniste a ver como estaba yo.
Me encontraba lavando los últimos platos sumido en mis pensamientos cuando tú me sacaste de ellos.
- ¿Qué tal va todo Shaka? – preguntaste mientras me rodeabas la cintura por detrás con tus fuertes brazos.
Solo alcancé a girarme y sonreírte agradeciendo ese hermoso abrazo.
Con tus manos, tomaste el lazo que sujetaba mi delantal despojándome de él y dejaste que cayera al suelo.
Obligaste con tus manos en mi cintura a que me volteara y te viera de fente y allí mismo me regalaste un beso. Un eso que me dejó sin aire, sin aliento. Yo me abracé a tu cuello y volé por momentos…
Cuando quise darme cuenta, me levantabas con tus fuertes brazos y me apoyaste dejándome sentado sobre la encimera.
Levantaste mi camiseta para besar después todos mis músculos y mis pezones, yo no pude más que gemir por el placer.
Enrosque mis piernas por tu cintura como si fueran serpientes que atrapan a sus presas y dejé que me llevaras así hasta la chimenea dónde habías preparado nuestro nidito de amor.
Suavemente me dejaste caer sobre los cojines que muy delicadamente habías colocado sobre el suelo.
Me desnudaste por completo dejando todo mi cuerpo a tu merced. Quise hacer lo mismo contigo pero no lo logré.
Apresaste mi cuerpo como un feroz león agarra a su presa y con tus caricias empezaste a hacer que enloqueciera…
Pasabas tus calidas garras por toda mi piel, cada rincón era explorado hábilmente por ellas, cuando estas se detuvieron tras mi nuca para besarme otra vez.
Descendiste lentamente besando y acariciando todo mi pecho hasta que llegaste al objeto de tu deseo que no tardaste en complacer.
Lo lamías y degustabas como el niño que prueba un caramelo por primera vez.
La pasión que ponías al saborear mi miembro, tus suaves caricias sobre su piel, hicieron que estallara haciéndote probar mi miel.
Sonreíste complacido y subiste hasta mi boca dónde me regalaste tus besos otra vez.
Viendo que estaba agotado y que casi me dormía con tus susurros y mimos, tomaste una manta, nos tapaste, me recostaste sobre tu pecho y juntos dormimos hasta el amanecer.
Fin…
|