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Fire With Fire *RAS* Cap. III Fire With Fire *RAS* Cap. III (0.442 s)

Fire With Fire *RAS* Cap. III

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Fire With Fire *RAS* Cap. III

Titulo: Fire With Fire

Autor: AthenaExclamation67

Razón: Evento Reloj De Arena de “La Secta Shakaioriana”

Dedicatoria: Para todo el que guste de leerlo.

 

Personajes

 

Principales: Aioria & Shaka.

Secundarios: Aioros, Saga, Shura, Shion, Death Mask y Afrodita.

 

Pareja Principal: Shaka & Aioria

Parejas Secundarias: Aioros & Saga, Aioria & Shura.

 

Tipo: Multichapter, Universo Alterno.

Clasificación: Nc-17

Advertencias: Angst, Rape, Lime, Lemon, Violencia, Muerte.

 

Estado: Capitulo III

Última Actualización: 05/05/08

Cap. I - Aioria 03/05/08 (3.259 palabras)

Cap. II - El Santuario 05/05/08 (2.969 palabras)

Cap. III - Heridas 07/05/08 (2.715 palabras)

Comentarios Adicionales: Solo que espero que les guste.

Resumen: Aioria conoce el amor después de un lío terrible en el que se mete por culpa de un desengaño amoroso.

 



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Cap. I - Aioria 3.259 palabras.

Fire With Fire

By AthenaExclamation67

 

 

Mi nombre es Aioros, y la historia que van a oír, es la de cómo mi hermano pasó de ser alguien que no dejaba de meterse en líos, a encontrar de repente y sin buscarla la felicidad.

Pero primero tendría que superar alguna que otra dificultad…

 

Cap. I – Aioria.

 

Todo era perfecto en mi vida, hijo único, todas las atenciones eran para mi, pero esa alegría me duraría bien poco, más concretamente ocho años. Un buen día, mis padres me dieron la gran noticia…

-          Aioros, tendrás un hermanito.

La sensación que invadió mi pequeño cuerpo, no sabría bien como describirla, estaba emocionado, al fin tendría alguien con quien jugar y pelear, pero todo eso cambió, después de que el pequeño Aioria naciera, nadie más se acordó de mi cuando él cumpliera los cuatro años. Celos de hermano, el típico síndrome del “principito destronado”. Nada más lejos de la realidad, yo era pequeño par entender, solo tenia doce años, pero un día en el que mi padre me encontró llorando solo en mi cuarto lo pude averiguar todo.

-          ¿Aioros hijo, que te ocurre, por que lloras? – preguntó alarmado.

-          ¡Porque no puedo jugar con él como antes hacia! – le grité.

Cuando mi padre empezó a explicarme todo, no lo quería creer. Mi pequeño e indefenso hermanito estaba muy enfermo, tenía algo llamado Leucemia y estaba devorando su medula.

-          Pero si es muy pequeño papá, todavía no ha podido hacer nada para merecer esto – le dije.

-          Si hijo, pero la única solución es un transplante y no nos dieron muchas facilidades.

Después de esa conversación, entendí mucho mejor la situación y supe que en algún momento llegaría la oportunidad para poder ayudar a mi hermanito, y así fue. Un buen día, mi padre vino a hablar conmigo, yo ya era un muchachito y Aioria un precioso aunque enfermo niño de cuatro añitos.

-          Hijo… Tú eres la ayuda que necesita tu hermano – me dijo mi padre llorando – tu medula podría…

No deje que mi padre acabara de hablar.

-          Sí, lo haré papá – afirmé.

Había estado leyendo varios libros y sabía lo que había, lo que tendrían que hacer, pero ni aún así, dudé. Mi padre se abrazó a mi cuerpo temblando y después de una larga charla con mi madre, quedó todo arreglado.

A los pocos días, llegaron los resultados de las pruebas que me hicieron y se confirmo la evidencia de la compatibilidad y transplantaron parte de mi medula a Aioria. Tras el difícil proceso de rehabilitación y toda la recuperación, regresamos por fin a casa y pudimos volver a ser una familia medianamente normal, con sus dos hijos y por suerte, ambos al fin sanos.

 

Los años siguientes los recuerdo llenos de felicidad, Aioria jugando y saltando completamente recuperado y sus estudios marchando, un poco problemático por su carácter impulsivo y fuerte, pero por lo demás, un chico normal. Por mi lado, empecé en la universidad, elegí la carrera de derecho, algo que siempre me entusiasmó, poder defender a la gente inocente, era algo que siempre me había llamado la atención de una forma sorprendente.

Éramos todos muy felices, mis padres unos empresarios de buen nombre, vivíamos en una gran casa, no nos faltaba de nada, pero toda esa felicidad no iba a durar mucho más…

Recuerdo perfectamente el día…

Me hicieron salir de mi clase de derecho mercantil para ir al despacho del decano, y allí me informaron de la situación dos hombres uniformados.

-          Muchacho, lamentamos informarte de que tus padres han sufrido un terrible accidente. Los médicos trataron de ayudarles, pero el golpe fue brutal y murieron casi en el acto.

En ese instante, todo mi mundo se derrumbo…

“los médicos trataron de ayudarlos”

“el golpe que recibieron fue brutal”

“murieron casi en el acto”

No podía dejar de oír como esas frases se repetían en mi cabeza. Recuerdo que no fui capaz de llorar, mis ojos quedaron secos, y mi corazón encogido, simplemente pensaba en que le diría a mi hermano de catorce años y en como saldríamos adelante a partir de ese momento.

Tomé mis cosas y salí del despacho del decano después de tener que oír como me daban el pésame y me fui a buscar a mi hermano. Los agentes, se ofrecieron a llevarme, pero preferí ir solo y llevarlo para casa y allí explicarle.

-          ¡Aioros! – me dijo como siempre entusiasmado – viniste a buscarme.

-          Si vamos Aioria, hay cosas de las que tenemos que hablar.

Después de ir hasta casa caminando yo cabizbajo y Aioria saltando por todos los lados, casi tuve que obligarle a sentarse para poder hablar con él. Inspiré fuerte y comencé a explicarle, su cara fue cambiando, sus ojos quedaron inexpresivos, vacíos, como si su cuerpo no tuviera vida, al igual que los míos en el momento que recibí a noticia. Salió corriendo escaleras arriba y me dejó solo en el sofá, en esa sala que para nosotros ya jamás sería la misma. Aquella en la que jugábamos con nuestros padres, donde nos divertíamos sin preocuparnos de lo que sucederá al día siguiente, estábamos siempre protegidos por ellos… ¿Qué pasaría ahora con nosotros? No teníamos más familia.

En los días posteriores al accidente, Aioria no me habló, solo me insultaba o se limitaba a ignorarme, hacerme desplantes, incluso el día del funeral de nuestros padres, tuve que llevarlo a la fuerza a que se despidiera de ellos fue todo un drama, pero se hubiera arrepentido toda su vida de no haberlo hecho.

Para nuestra suerte, mi padre lo tenia todo organizado por si algo pasaba, y así fue, su hombre de confianza, gran ayuda para nosotros, se ocupó de la empresa hasta el día de hoy lo sigue haciendo.

Aioria, se convirtió en un muchacho muy rebelde, más de lo que habitualmente era, se metía constantemente en líos, me hacia enloquecer y me llamaban constantemente de su instituto para hablarme de él.

Yo me planteé muy seriamente la decisión que había tomado, no sabia si hice bien en quedar a l cargo de Aioria, pero nunca hubiera dejado que me separaran de él.

Cierto día, todo cambió, su tutor del instituto, me llamó a la universidad muy angustiado, Aioria, hacia días que faltaba a clase y tuve que salir a buscarlo. Después de recorrerlas calles durante horas, por la tarde lo encontré, fumando y bebiendo con unos amigotes de su clase.

La rabia y la ira que sentí me hicieron perder el control y le pegué, se que no debí, pero le di una bofetada que me dolió más a mi que a él. Salí corriendo, maldiciéndole, odiándole y deseando haber muerto en lugar de mis padres, que pasara dos años,  dos años que desde que nuestros padres habían muerto no sucedía. Aioria, reaccionó.

-          Lo siento – me dijo frenando mi marcha al subir hacia mi cuarto – solo vives preocupándote por mi y nada más que se darte preocupaciones. Lo lamento.

En ese momento, al oír sus palabras, salió todo el dolor que venia guardando desde que mis padres murieron, todo lo que me tuve que contener para hacerme el fuerte y mantener el tipo para que Aioria no se hundiera más, fluyó a modo de lagrimas y desesperación. Trate de contenerlas, trate de que no me viera llorar, pero todo fue inútil cuando m abrazó. Rompí a llorar como un niño pequeño que se cae y raspa sus rodillas empezando a sangrar, ese era yo.

Esa noche hablamos mucho, y me prometió cambiar, y yo recé para que así fuera, para que ese adolescente cerrado empezara a confiar más en mi, como antaño y pudiéramos volver a llevar una vida normal.

 

Los siguientes años, pasaron rápidamente, con nuestros altibajos al recordar a nuestros amados padres, pero sin problemas alarmantes, la empresa iba bien, Aioria ya había cumplido los 22 años y estaba sacando excelentes calificaciones en sus estudios. Yo, después de terminar mi carrera y trabajar en varios buffets de abogados, pude empezar a trabajar como fiscal en un juzgado. Me apasionaba, me mantenía siempre en constante excitación con los altercados que siempre se formaban con los detenidos y aunque esté mal decirlo, era divertido. Claro esta, que nadie nunca salía herido por la excelente seguridad del edificio.

Disfrutaba al máximo defendiendo a los inocentes, algo que como ya dije, siempre me había gustado, para mi un sueño que se realizaba a diario. Las pruebas para poder acceder a ese cargo público, no fueron fáciles, pero con ayuda de Aioria, todo salió redondo y logre quedar entre los primeros consiguiendo así una de las plazas.

Aioria por su parte, terminó sus estudios de Relaciones Publicas y tras varias entrevistas, encontró trabajo en un casino, “The Capricornius", muy bien pagado y con un horario excelente.

Siempre iba y venia feliz, contento, entusiasmado, lo cual a mi me tranquilizaba, verlo así, establecido, era algo que en pocas ocasiones había soñado.

 

En uno de esos días locos, después de un juicio agotador, me sucedió algo que realmente quedaba fuera de mis planes, llegó el amor, y no solo para mí, también para Aioria.

En mi caso, fue con un inspector de policía, alguien que solía venir a declarar por petición mía ya que yo me encargaba de los juicios de su comisaría. Saga, ese día, fue el último en testificar y después de dar por terminado el juicio, me dijo si quería acompañarle a cenar. No me pareció raro, más bien el tipo me agradaba, me provocaba una extraña sensación siempre que lo veía, un hormigueo en el estomago, así que con hormiguitas incluidas, accedí.

Durante la cena, pude comprobar que a parte de ser un hombre sumamente atractivo, era muy inteligente, sabía llevar una conversación y el tiempo se nos pasó en un instante, se fue volando para ser más exactos, así que tras subirnos a su coche, un sedan azul marino metalizado precioso, me llevó a mi casa.

Durante el recorrido, seguimos charlando y cuando llegamos, mí corazón extrañamente se aceleró, no quería bajar de ese coche, deseaba seguir en compañía de ese hombre encantador que despertaba en mi cosas que jamás antes había experimentado.

-          Bueno, gracias por todo, lo pasé muy bien – le dije con una sonrisa extendiendo mi mano para estrechar la suya.

Saga, sonrió y tras agarrar mi mano y aferrarla con fuerza, tiro de mi hacia su cuerpo y sin pensárselo me besó. Todo empezó ahí para nosotros dos, pero eso no  fue todo lo que sucedió en esa noche, Aioria el inocentito (eso creía yo) estaba con alguien en casa, cuando baje del coche de Saga después de besarnos y sobarnos y buen rato, entré y escuche unos extraños ruidos, gemidos que venían de su habitación, cuando subí y pegué la oreja a la puerta (no era de metiche) para comprobar que estaba bien, bajé al sofá y tras ver como amorosamente se despedía de su invitado, encendí la luz dándole un susto de muerte y con cara de enojo (fingida) le dije…

-          ¡Te parece bonito! – exclamé tratando de contener la risa - ¡Aioria, esto no es un picadero!

-          Aioros… Yo… Yo… - Trató de hablar.

Al ver su cara, no pude más y me caí al suelo de la risa, que gracioso que estaba tratando de explicar, de darme alguna excusa razonable que jamás creería.

-          ¡Aghhhh, eres idiota! – me dijo al tiempo que se me tiraba encima para pelear conmigo como cuando éramos pequeños mientras me reía de él.

 

Al cabo de unos meses, llego el momento de las presentaciones, organizamos una cena en casa para conocernos los cuatro. Algo rico para comer, un buen vino para beber, un poco de Brandy para acabar la velada y luego cada cual que se entretuviera del modo que más le apeteciera.

Llegó la hora indicada, y Saga llegó como siempre él era, puntual, vestido con ropas informales pero tan guapo como siempre, se hicieron las presentaciones correspondientes y solo nos quedó esperar a que llegara la pareja de Aioria, nada más y nada menos que su jefe.

Buen ojo mi hermanito, pero el susodicho, nunca apareció, por más que le llamó, nunca contestó al teléfono.

El pobre, quedó decepcionado, pero al final conseguimos animarle y pasamos la noche hablando y explicando anécdotas. Aioria al fin se acostó y Saga y yo quedamos solos frente a la chimenea, sentados en la alfombra.

-          Dime Aioros… ¿Algún día me explicarás lo que sucedió?

Enseguida entendí la pregunta, y el gesto alegre de mi cara cambió a uno algo ligeramente triste, un gesto que Saga se encargó de hacer que cambiara cuando terminé de explicarle los sucesos trágicos de mi vida haciéndome pasar la mejor noche de mi vida hasta ese día.

Por la mañana, nos fuimos juntos, el me dejó en el juzgado y después se fue hasta la comisaría que esta justo al lado.

Aioria, se fue a trabajar y a la vuelta estaba radiante, como si nada hubiera pasado, parece ser que su jefe tuvo un altercado y no pudo asistir a la cena que habíamos organizado. Días después, la cosa cambió, Aioria, llegó a casa muy enfadado, iracundo, rabioso y como no podía ser de otra manera, la pagó conmigo y con Saga que estaba en casa.

-          ¡Mira, los tortolitos! – nos contestó después de que le saludáramos.

-          ¡Aioria! – espeté - ¡Un poco de respeto! ¿Qué te ocurre?

Saga, caballerosamente se despidió y se marchó para que pudiéramos hablar.

-          Llámame después para saber que estás bien – me dijo al tiempo que se despedía con un beso y luego desaparecía su silueta.

Miré a Aioria enfadado, después de joderme la noche, le exigí que me explicara lo que le había pasado. Después de tratar de esquivar mis preguntas, al fin habló y casi me arrepiento de que lo hiciera, por que nunca quise volver a ver llorar de ese modo a mi querido hermano pequeño.

Me explicó que su jefe, Shura, le engañaba, que lo encontraba besando a alguno de sus matones y que cuando le exigía algún tipo de explicación, solo se limitaba a decirle que eran muestras de afecto, que no buscara ningún doble sentido a lo que veía, que lo que hacía era una exageración. Aioria, no podía aguantar más la situación, le dolía demasiado, cada beso que él no recibía y otro lo hacía sentía como si se le clavara un puñal en el pecho.

-          Aioria… ¡Tienes que dejarle! – le dije – No puedes dejar que te tome el pelo así, es enfermizo, ¿acaso no te ves? Dime algo hermanito… ¿Te has acostado con él?

-          No – me contestó – hace poco que estamos juntos, y yo no me veo preparado. No es tan malo como tú lo ves – un día casi lo hicimos, pero al final, le llamaron y todo quedó en caricias y besos, nada más.

Su respuesta me alivió, el creía que no era malo, pero si estaba enamorado de Shura, no vería un elefante aunque lo tuviese delante. Por lo menos yo respiré un poco más tranquilo al saber que no se había entregado por completo a  la sabandija esa. Después de charlar un rato más, se fue a dormir y yo le pedí a Saga que le investigara, necesitaba información sobre ese tipo. Empezaba a dudar de él y quería saber si era trigo limpio, si todo lo que poseía estaba en regla. Desgraciadamente, descubrimos de un modo sorprendente que no todo estaba tan bien.

Al día siguiente, Aioria se fue a trabajar, decidido a dejarle, a no querer saber nada más de él. Solo lo justamente necesario, trabajo y nada más, pero al llegar al despacho de Shura para poder hablarle, la imagen dantesca que se encontró le hizo enloquecer.

Shura se encontraba con dos de sus matones, los de mayor confianza, Death Mask y Afrodita haciendo algo más que besarse, una cama redonda, formando un trío en el suelo del despacho.

-          ¡Pero tú eres un cerdo! – gritó Aioria y después se marchó dando un portazo.

Recorrió casi todo el pasillo pero algo le detuvo, no pensaba volver a ese lugar y fue a comunicárselo aunque tuviera que volver a verlo en esa postura. Deseaba decirle que se podía meter su trabajo por donde no brillaba el sol y justo cuando llegó a la puerta del despachó para recitarle un verso de insultos y palabras malsonantes oyó una conversación…

-          Deshaceros de él, me esta rompiendo los huevos demasiado con tanto reproche, no lo aguanto más – se oyó a Shura al otro lado - ¡Matarlo! – añadió.

Aioria quedó petrificado, las llaves de su coche resbalaron de sus temblorosas manos revelando su ubicación, alertando a Shura y sus matones de que había oído todo y dando inicio a una persecución. Corrió por todo el casino, tratando de escabullirse, de esconderse en algún lugar mejor, pero esos dos hombres conocían mejor el lugar que él mismo, así que optó por la única solución factible que encontró, correr, todo lo que sus piernas le permitieran y así poder huir a un sitio donde resguardarse de aquellos dos.

Se escabulló entre las ruletas y máquinas tragaperras que se encontraban sin ningún visitante por la temprana hora, solo estaban allí las señoras que limpiaban el casino y pronto  se oyeron disparos que hábilmente Aioria esquivó. Una de las señoras, no tuvo la misma suerte y cayó muerta de un disparo en el cuello ante los ojos horrorizados de Aioria que sin poder ayudarla volvió a correr y tras entrar en el metro y darles esquinazo llegó a mi trabajo exhausto, sudando y con una cara de espanto que asustaría al mismo diablo.

-          ¡Aioros, ha ocurrido algo terrible, han matado a una mujer, y quieren matarme! – dijo y luego que conseguí tranquilizarlo me lo explicó.

Rápidamente, cogí mis cosas y fuimos a ver a Saga donde después de explicarle lo sucedido, nos dijo lo que había averiguado sobre Shura en su investigación. El hombre, era un mafioso, un blanqueador de dinero, con varias acusaciones de las que había salido airoso gracias a los sobornos o a las extrañas desapariciones de los testigos. Un tipo peligroso que no dudaba en quitar de en medio a todo el que pudiera molestarle.

Eso me preocupó, más aún, me asustó y Saga después de realizar unas llamadas, propuso una solución, a mi entender algo descabellada, pero después de explicarla detenidamente, no me desagradó.

La idea, ni más ni menos, era la de esconder a Aioria en un lugar muy lejano, esa era la parte que menos me gustaba del plan, pero no teníamos otro remedio, si Aioria seguía en la ciudad, seguro que Shura lo encontraría y acabaría con su vida sin dudar.

Después de pasar por casa y recoger unas cuantas cosas, nos fuimos al aeropuerto y tomamos el primer avión que salía hacia El Tibet, allí quedaría Aioria, en un Santuario al cargo de un gran amigo de Saga que se encargaría de cuidarle y de informarnos de cualquier cambio.

El viaje fue largo y pesado, más si contamos que Aioria renegó todo el camino, pero parece que se resigno y aceptó la situación, aunque no de muy buen grado. Yo roge al cielo para que nadie averiguara el paradero de mi hermano y que tuviera educación y se comportara, que no le amargara la existencia a nadie en ese lugar que como Saga me había comentado, no habían monjes, era un sitio de retiro para poder meditar y encontrar la paz.

 

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Cap. II - El Santuario (2.969 palabras)

Mi nombre es Shion, y después de que Saga me llamara con su extraña petición nada volvió a ser igual para nosotros, el Santuario, mi remanso de paz donde me encargaba de mantener el orden entre todos los habitantes quedó completamente desestructurado después de que Aioria llegó.

 

Cap.II – El Santuario.

 

Paseaba tranquilamente por los jardines, los extensos jardines de las afueras del Santuario cuando vino hasta mi uno de mis más leales compañeros de retiro. Shaka, alguien introvertido, que por culpa de su pasado solo hablaba . Conmigo. No confiaba en nadie más, pero eso en ese lugar no importaba, aquí la gente venía a liberarse de las tensiones sufridas, de los daños inflingidos, a meditar, a encaminar nuevamente sus vidas y seguir hacia delante o quedarse allí sin más.

-          Señor, Shion, tiene una llamada importante – me dijo, después me miro a los ojos, sonrió y se marchó sin decir nada más.

Atravesé los jardines y después de sentarme en el gran sillón de mi despacho, tomé el teléfono y atendí la llamada.

Era mi gran amigo Saga, nos conocíamos desde la infancia y me llamaba pidiéndome un gran favor. Necesitaba que escondiera al hermano de su pareja, que cuando llegara, me explicaría todo con más detalles.

Tras acceder a su petición, dispuse una de las cabañas para que el muchacho estuviera cómodo y se sintiera mejor.

Organicé una cena para nuestros invitados, hacía algunos años que no nos veíamos, así que no vi ningún inconveniente en celebrar el reencuentro a pesar de la situación.

Después de largas horas de viaje, llegaron, Saga estaba radiante como siempre, su pareja, Aioros, a la cual fui presentado, un hombre guapo, educado, que sin hablar demasiado con él me dio la sensación de que debía de ser muy inteligente. Y para finalizar, Aioria, un impertinente de tres al cuarto que no sabía lo que era la humildad y que yo sin ningún tipo de problemas estaba decidido a enseñarle a comportarse con los demás.

-          Hola, un gusto conocerte – le dije cuando fuimos presentados.

Su respuesta, nunca obtuve una, me miró de arriba abajo y después desvió su mirada para otro lado. Aquello me dejo pasmado, y el pobre de su hermano quedó rojo por el bochorno. Se disculpó y me dio las gracias por adelantado.

-          Discúlpale por favor, no suele ser así – me dijo Aioros.

-          No te preocupes, yo me encargo – le contesté.

Después, les acompañé hasta la cabaña donde viviría Aioria, donde se quedó con su hermano descansando y me fui con Saga que mientras paseábamos me puso al corriente de toda la peliaguda situación.

-          Shion… Si algo le ocurre, Aioros se muere, siempre estuvo muy pendiente de su hermano, lo ama con locura, no viviría sin él. Tienen un vínculo, una unión desde que murieron sus padres que es envidiable.

Entendí perfectamente, Saga estaba muy preocupado, no era de extrañar, ese tipo, Shura, era alguien a quien temer y mejor alejarse de su lado. Volvimos del paseo y nos fuimos a cenar, Saga y Aioros se tenían que ir muy temprano y no demoraríamos en acostarnos. El hermanito quedaría allí solo y ellos regresarían a sus respectivos trabajos para no levantar sospechas por si eran vigilados.

Cenamos tranquilamente con las caras de preocupación por parte de algunos, y la de indiferencia de otros y después de presentarle a los residentes del Santuario, nos fuimos sin excepciones a dormir.

 

Por la mañana, Saga y Aioros se levantaron muy temprano y tras despedirse de Aioria que se dio la vuelta y siguió durmiendo, vinieron a despedirse y a darme las gracias una vez más. Después, los acompañe hasta la gran puerta del Santuario y me despedí de ellos para después regresar tranquilamente paseando y viendo como el sol se alzaba iluminando todos los bellos jardines, resaltando la hermosura de todo aquel majestuoso lugar.

Shaka ya se había levantado, como siempre, muy madrugador, un muchacho joven y con un trágico y lamentable pasado que después de una serie de sucesos, se encerró en si mismo y no volvió a confiar en nadie más. Un chico extremadamente hermoso, de una belleza que no pasaba desapercibida a ningunos ojos, pero eso a el le daba igual, solo se preocupaba de meditar, evadirse del mundo y quedarse en el suyo propio, uno que había construido, uno en el que no expresaba ningún sentimiento por miedo a volver a ser herido.

Recuerdo el día en que llegó a mí, destrozado, sin expresión en su mirada, completamente introvertido, lo que me costó que poco a poco confiara en mí y me hablara con calma.

Cuando conseguí que me lo explicara, recé por él, para que el rencor y la ira desaparecieran de su alma, le aconseje y traté de ayudarle lo mejor que pude, y así empezó nuestra amistad. Silenciosa amistad, ya que Shaka rara vez hablaba, solo si la ocasión lo requería, lo expresaba todo con su mirada. Todo el que llegaba a conocerlo bien, sin saber su triste pasado, lo aprobaba y entendía, era un chico muy agradable a pesar de ser tan cerrado.

Me acerqué hasta él y nos fuimos a desayunar para después empezar a realizar algunas de las tareas mejor dicho entretenimientos que en el santuario se realizaban y que nos ayudaban a procurarnos alimento.

Cuando ya llevaba un rato recogiendo las hojas secas que caían de los árboles, Aioria decidió levantarse y reclamar su desayuno. Esa fue mi oportunidad para vengarme del  desplante y la mala educación del muchacho.

-          Mira chico – le expliqué – son las doce de la mañana, aquí hay unos horarios, si no los cumples tus privilegios te serán revocados, solo podrás disponer de lo que te encuentres por ahí o de la buena voluntad de los residentes del Santuario. La disciplina es imprescindible para el correcto funcionamiento de este remanso de paz.

Al parecer, al muchacho no le hizo ni pizca de gracia mi explicación y en el momento que pudo, hizo lo que se le antojo. Esperó a que todos volviéramos a nuestra tarea y tras observar unos minutos que no existiera ningún peligro entró en la cocina y devoró todo lo que en ella encontró. Debía estar famélico por que terminó con todos los fiambres que había para pasar la semana, con los que comíamos las diez personas que habitábamos allí, y de paso también se comió todos los dulces que encontró. Después, obviamente, se fue a dormir, el atracón que se pegó debió producirle sueño y se encerró en su habitación.

Cuando el pobre cocinero llegó hasta mis habitaciones, alarmado, creyendo que había entrado un ladrón, caí en la cuenta de que ahí no había ningún ladrón, si no más bien un ratón, uno enorme que se había puesto morado y nos había vaciado la despensa.

Fui hasta su cuarto, abrí la puerta de un golpe y depuse de cargarlo sobre mi hombro sin que se inmutara y siguiera durmiendo, lo arrojé a la primera fuente que encontré a modo de escarmiento.

-          ¡Estas loco! – me gritó.

-          Te dije que había ciertas reglas, y lo que pasaría si no las cumplías – contesté – ahora cámbiate, te asignaré tus tareas que cumplirás para ayudarnos a reponer todo lo que te acabas de comer.

Su tarea era sencilla, nada que le complicara la vida, solo tendría que ir al huerto y recoger algunas verduras para la comida y la cena durante su estancia en el Santuario.

El muchacho lo aceptó, no podía creer que no hubiera opuesto resistencia ante mi imposición. Así que me lo llevé hasta la huerta y le expliqué como debía realizar su tarea para que las siguientes verduras crecieran correctamente. Lo dejé allí, rodeado de las maravillosas plantas que nos procuraban las hortalizas y vegetales que comíamos y me fui. Decidí darle una oportunidad a ver que sucedía. La cosa era muy simple, debía recoger unos cuantos tomates, arrancar unas zanahorias y cortar unas lechugas para la ensalada de la cena. Solo eso, así de fácil.

Pero ese mocoso impertinente…

Como me hizo enfurecer. Cortó las plantas de cuajo, sin ningún miramiento, destrozó toda la huerta, no dejó una sola tomatera en pie y lo mismo hizo con zanahorias y cebollas. Cuando lo tuvo hecho, las llevó a la cocina y le dejó todo el desastre al cocinero, lleno todo de tierra, ensuciando todo lo que el pobre hombre acababa de recoger de la anterior jugarreta del chiquillo.

Cuando el cocinero vino y me volvió a contar de las fechorías del mocoso me encontraba con Shaka, paseando tranquilamente. Empezó a explicarme la nueva noticia y lo ira recorrió mi cuerpo de pies a cabeza.

-          ¡Ese muchacho se va a enterar! – grité.

Arremangue mi sudario y fui hasta su habitación, tiré la puerta abajo y lo lleve arrastras para que recogiera todo el desaguisado que había montado de vuelta. Shaka, se reía mientras me veía como lo vigilaba furioso. Le obligue a ayudar al cocinero, a preparar la cena ante mi atenta y amenazante mirada y sorprendentemente, Shaka también se quedó allí, aunque él se limitaba a sonreír, algo que hacia mucho tiempo no pasaba.

-          ¡Negrero! – me llamó.

-          Si hicieras las cosas como una persona de tú edad, no tendría que obligarte a repetirlas – le contesté.

Terminó lo que hacía y se volvió en silencio a su cabaña hasta la hora de la cena. Supongo que a descansar, solo llevaba un día allí y ya le había amargado la existencia a casi todos, en especial a mí. Debía estar cansado de romper los kinotos a todos.

Shaka, tenía un extraño  brillo en sus ojos, un brillo que parecía demostrar felicidad, raro en él, sus ojos azules siempre permanecían cerrados, privándonos a todos de su belleza, meditando por largas horas.

En cierta forma, Aioria, me recordaba mucho a Shaka, cuando él llegó al Santuario fue mucho peor. La rabia que tenía, toda la ira que su hermoso cuerpo tenía estuvo destrozando todo el Santuario al menos por un mes hasta que conseguí que se abriera y se calmara un poco.

Cuando llegó al hora de la cena, quise probar algo, así que le pedí algo a Shaka…

-          Shaka, ve a buscar al muchacho para que venga a cenar con todos nosotros.

-          ¡¿Queeeeeeeeeeeeeee?! – exclamó – no, no. Ve tú – me dijo todo sonrojado (¡Zas! justo lo que pensé).

No quiso ir, por más que traté de convencerle al final fui yo el que fue hasta la cabaña de Aioria para decirle que era la hora de cenar.

El corto trayecto que nos separaba de nuestro destino, me sirvió de mucho, me tomé el atrevimiento de darle un consejo. Quise tratar de ayudarle.

-          Aioria… Se por lo que estas pasando, y por lo que ya has tenido que pasar. Pero comportándote como un chiquillo mal criado lo único que consigues es ponerte en evidencia y de paso, dejar mala tu hermano – le dije mientras caminaba cabizbajo.

Tras mis palabras, esperé una reacción, nuestros inicios no fueron buenos, así que no veía por que en esta ocasión seria mejor. Quizás algún grito por mi atrevimiento, algo que nunca sucedió. Llegamos al comedor, se sentó y después de terminar de comer su cena, se despidió y se fue a dormir sin armar ningún otro jaleo.

 

Los días siguientes, fueron completamente normales, hasta a mi me costaba creerlo, parecía que el león furioso que era Aioria cuando llegó, se estaba poco a poco convirtiendo en uno más tranquilo y amable con todos. Uno de esos días, Aioria vino para preguntarme algo, algo que nunca me hubiera imaginado, esa fue la prueba definitiva de que el muchacho insolente había madurado, se preocupaba por alguien más que no era él.

-          ¡¿Shion?! – me llamó después de tocar a la puerta de, la cual abrió y al ver que le hacia un gesto para que pasara, entró y la cerró tras él.

-          Dime… ¿necesitas algo? – pregunté curioso.

-          Verás, quisiera saber… - dijo algo sonrojado para luego seguir con su explicación – he observado a Shaka, el muchacho rubio, bueno a todos – especificó al ver que ponía cara de “ que haces espiando a mi protegido” – y es muy misterioso. Si no esta contigo, siempre anda solo, incluso creo haberle visto llorar cuando se queda viendo las puestas de sol… ¿le ocurre algo? – preguntó.

-          Aioria… si deseas saber lo que le ocurre, o lo que alguna vez le ocurrió a Shaka, deberías averiguarlo tú mismo. Estaría mal de mi parte que te revelara sus secretos sin su permiso. Eso rompería la confianza que tiene conmigo ¿no crees? – le dije mientras me observaba con los mismos ojos que tienen los niños al ver un juguete que les gusta y desean tener.

Quedó pensativo unos instantes y se levantó rápidamente, dejándome algo sorprendido.

-          Esta bien, muchas gracias – añadió y se fue por el mismo camino de donde había venido.

Por la ventana de mi cabaña pude verlo llegar tal cual león sigiloso que acecha a su presa sin ser advertido al lado de Shaka que se encontraba sumergido en su mundo, ese en el que nunca nada le hubiera ocurrido, meditando, igual que hacia siempre.

Aioria lo miró a sus ojos que permanecían cerrados y se sonrió a si mismo, se sentó frente a él en el pasto y quedó embobado por largo rato, hasta que Shaka abrió los ojos para contemplar la puesta de sol y pegó un brinco del susto que le vino al ver al otro muchacho tan cerca suyo mirándolo tan fijo. Me reí ante tal chistosa escena, acción que no deje de repetir mientras veía como el pobre de Shaka, trataba de darle esquinazo a Aioria que le seguía por todo el camino.

Los días siguieron pasando, con los dos muchachos persiguiéndose. Si Aioria no estaba con Shaka, el otro lo buscaba, aunque Shaka nunca lo hubiera admitido. Siempre que le bromeaba haciendo alusión de que buscaba a Aioria, rotundamente lo negaba. Aioria no tenía ningún problema en admitirlo, la atracción era mutua, aunque ninguno de los dos se había atrevido a dar el siguiente paso.

Hacía ya un mes y medio que Aioria estaba con nosotros y cada vez más cerca de Shaka, ese chico alegre que estaba logrando algo que ni yo mismo había conseguido. Shaka empezaba a relacionarse más con todos, se estaba volviendo un muchacho más sociable y jovial, al igual que el otro mocoso.

Esa noche, cuando terminamos la cena, ambos se fueron juntos a pasear, a disfrutar de la vista magnifica de todas las estrellas que se dibujaban en el cielo. Parecía que cada vez sus cuerpos caminaban más juntos, incluso creí ver algún que otro roce de manos, algo que me alegraba mucho, ya era hora de que esos dos muchachos tuvieran un momento feliz en sus vidas.

Me fui a descansar, mientras les observaba por la ventana que era ahora mi puesto de vigilancia para saber que Aioria no estaba en peligro. Preferí mantener las distancias, sabia bien que Shaka le ayudaría si se veía en apuros, le había entrenado yo mismo, así que estaba en muy buenas manos. Shaka sabía luchar muy bien.

A los pocos minutos, una llamada de teléfono me obligó a retirarme unos minutos de mi puesto de vigilancia. Una llamada que dio paso a una serie de sucesos que jamás nadie pudo desear que hubieran ocurrido.

-          ¿Diga? – pregunté al descolgar el auricular

-          Shion – exclamaron – soy Saga, tenéis que ir con mucho cuidado. Algo ha sucedido – me dijo muy preocupado.

-          ¡¿Saga?! Tranquilo, explícame – le dije, y vaya que si lo hizo.

Cuando empezó a hablar, creí que estaba exagerando, pero a medida que me explicaba empecé a preocuparme.

Habían tenido un problema en la comisaría, una fuga de información, y un infiltrado de Shura en el departamento que había descubierto el paradero de Aioria.

Por suerte, gracias a un confidente de Saga se enteraron al llevarles este un aviso que se estaba filtrando a todas las mafias.

 

“Buscamos a nuestro hijo perdido, vivo o muerto. Se recompensará”.

Decía el cartel.

Cuando Saga me dijo que conocían la ubicación del Santuario, nos pusimos en alerta y empezamos a registrar todo el lugar. Todos y cada uno de nosotros, teníamos experiencia luchando, así que no teníamos de que preocuparnos si éramos atacados.

No dije nada a los tortolitos, estaban paseando felices en dirección a la cabaña de Shaka y como no encontramos rastro alguno de invitados inesperados, preferí no romperles la magia del momento con algo que todavía no había sucedido.

Cuando todos los que buscaban volvieron a darme sus informes, quedamos más aliviados. Ya era seguro que en el lugar no había ningún extraño, así que avisé a Saga para que tranquilizara a Aioros diciéndole que no habíamos encontrado ningún peligro.

 

Desde ese momento, todos quedamos advertidos salvo Shaka y Aioria que serían avisados al día siguiente. Regresamos a nuestros dormitorios y cuando llegué al mío pude ver algo que aún hoy cuando lo recuerdo hace que mi corazón vaya más rápido.

Aioria había acompañado a Shaka hasta su cabaña. Se volteó después de despedirse para irse pero justo cuando iniciaba su marcha hacia su cabaña fue detenido. Shaka le agarró del brazo, obligándolo a girarse y sin que Aioria lo sospechase, le besó. Un beso apasionado y tierno que fue el principio de su relación. Cuando Shaka aflojó el beso, hasta que finalmente se separó, los miré muy sorprendido, nunca hubiera dicho que Shaka daría ese paso, más bien podía fácilmente haber sido al revés, Aioria si que era un atrevido, aunque parecía tímido en ese sentido.

Aioria sonrió de oreja a oreja, se abrazaron y tras un corto pero dulce beso de despedida se marchó feliz dando saltos hasta su cabaña.

 

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El 21/11/07 a las 06:11:01

Cap. III - Heridas 2.715 palabras

Mi nombre es Shaka, y después de que le conociera, toda mi vida cambió. Sacudió mi interior, logrando introducirse en mi mundo, ese que era únicamente mío. Revolucionándolo, haciendo que mi corazón sintiera de nuevo, que volviera a latir con la pasión de un nuevo y dulce amor. Aioria me devolvió a la vida, una en la que ahora juntos, superamos nuestro dolor.

 

Cap. III – Heridas.

 

Aioria sonrió feliz, de oreja a oreja tras nuestro primer beso. No se como me atreví, pero algo, un impulso me llevó a hacerlo. Estaba tan lindo con sus bellos ojos verdes brillando, reflejándose en ellos las estrellas que no me pude contener, cuando ya se estaba marchando, lo agarré de un brazo y le besé.

Una sensación maravillosa invadió mi cuerpo, fue como probar un rico helado de chocolate y que después tú boca quedé impregnada de ese dulce e intenso sabor. Un impulso del cual solo nos separó la falta de aire para luego abrazarnos y compartir nuestro calor. Después un corto pero intenso beso de despedida  y se marchó feliz para su habitación.

Me quedé mirando como su silueta se perdía al atravesar la puerta de su cabaña y después de que se despidiera de mí agitando sus brazos entré en la mía donde por un rato me senté en el suelo y mirando fijamente a las estrellas, di gracias por ese día tan lleno de emociones que hacia mucho no sentía.

Me levanté y me fui a dar un baño antes de dormir para relajar todo mi cuerpo como hacia cada día. Cuando terminé y después de ponerme algunas ropas, saqué la cabeza por la ventana de mi dormitorio y un horrible presentimiento se apoderó de mí. Algo no estaba funcionando como debía. Traté de calmarme, me decía a mi mismo que no podía ser, que ese día tan feliz no podía torcerse y acabar de otra forma que no fuera esa. Pero cuando alcé mi cabeza para volver a observar la luna y las estrellas, mis ojos quedaron abiertos por completo. La luna tenía un manto rojo que la cubría, signo inequívoco de que va a ocurrir alguna tragedia. Mi cuerpo al verlo se agitó y el corazón me latía muy deprisa, algo nuevo se avecinaba, algo malo que yo mismo descubriría.

 

>> Flash-Back <<

 

Aioria entró en su cabaña y cuando encendió la luz algo, mejor dicho, alguien que no esperaba le sorprendió.

-          Hola Aioria… Nos ha llevado más de un mes encontrarte – dijo Death Mask – no sabes lo furioso que está Shura – añadió.

-          Si, si. Como intuirás, hemos venido a acabar contigo – dijo Afrodita riendo – te has convertido en un lastre muy pesado para todos nosotros.

Aioria frunció el ceño de rabia, le habían venido a estropear ese día que había sido tan maravilloso. Esos dos hombres asquerosos que se revolcaban con el que él un día creyó que sería su verdadero y único amor. Apretó los puños con rabia y quedó quieto, esperando a ver que pasaba. No tenia idea de cómo habían llegado hasta el Santuario, pero si iban a matarlo, al menos trataría de defenderse y pelear.

-          Mira Masky… - se burló Afrodita – parece que el gatito tiene ganas de pelear – dijo y seguidamente dejó escapar una sonrisa sarcástica.

-          Pues si quiere pelea… Pelea tendrá – renegó Death Mask – eso solo nos entretendrá un minuto más.

Miró a Aioria con los ojos inyectados en sangre y se le acercó apretando y lanzando uno de sus puños contra él que hábilmente esquivó y con un rápido gesto, le clavó uno de los suyos en el mentón a Death Mask que escupió unas gotas de sangre y enfureció.

-          Aghhh, estúpido – se quejó – ahora solo has conseguido que tu muerte sea peor – vamos Afrodita, sujétalo. Vamos a probar lo que Shura dejó escapar tan fácilmente.

Aioria se estremeció, esa frase no le gustó para nada.

Death Mask se acercó de frente, acorralándole contra Afrodita dejándole en medio de los dos e impidiéndole la huida. Death Mask lo agarró del cuello con sus fuertes manos y lo apretó dejándolo casi sin aire, sin aliento, obligándolo a abrir su boca casi por completo la cual mordió haciendo que sus labios rápidamente sangraran y luego la besó. Después mientras seguía besándole sin compasión, encogió uno de sus brazos y le golpeó fuertemente en la boca del estomago dejándolo sin sentido tirado en el suelo.

De un brinco, adolorido por culpa del golpe y gracias a un cubo de agua fría que le tiraron encima, se despertó. No conseguía moverse y sentía mucho frío, y no tardó en descubrir la razón. Esos dos cerdos lo habían desnudado y maniatado a la cabecera de la cama. Giró su cabeza tratando de ver donde estaban sus captores y cuando los vio besarse tuvo que cerrar los ojos para no verlos en acción.

-          Sois unos cerdos – dijo al volver a abrirlos – soltadme  y dejad que me defienda ¡Cobardes! – dijo furioso.

-          Bla… Bla… Bla… Ya me cansaste con tanta palabrería. Voy a darte algo con lo que puedas entretenerte y de paso librarnos de oír tu estúpida voz – dijo Afrodita.

Después se bajó el cierre y soltó el botón de su pantalón para poder desnudarse, algo en lo que Death Mask le ayudó rodeándole con sus brazos y acariciando su sexo después que le sacó el bóxer ante la mirada de asco de Aioria.

-          No pongas esa cara – dijo Afrodita – ahora tú podrás probarlo.

Aioria frunció el ceño y trató de evitar que Afrodita se sentara sobre su cuerpo desnudo, cosa que no consiguió al sujetarlo Death Mask por las piernas y entonces Afrodita cómodamente se posiciono delante de él con su miembro erguido apuntando hacia la boca de Aioria al cual tomo bruscamente de sus cabellos con una mano y con la otra estranguló su cuello para obligarle a abrir la boca.

-          Si se te ocurre morderme, te rompo la mandíbula, tú verás – le amenazó.

Sin más, penetró brusca y profundamente en la boca de Aioria que en un acto reflejo la cerró por el asco y lo mordió.

-          ¡Ahhh! – se quejó Afrodita – si eso es lo que quieres…

Le pegó un puñetazo con su puño derecho en las costillas que provocó que Aioria se doblara lo poco que podía y posteriormente por el golpe vomitó.

-          Así esta mejor – susurró Afrodita a su oído – repítelo y será peor.

Afrodita estaba por repetir de nuevo su acción cuando Death Mask lo detuvo.

-          Espera Afrodita, pasémoslo bien los dos…

Death Mask se desnudo, desató a Aioria que todavía se dolía por el golpe en las costillas y lo levantó jalándolo del pelo. Le obligó a hacer lo que deseaba tomándolo fuertemente de su miembro, apretándolo y retorciéndolo provocándole un dolor muy intenso.

Una vez lo tuvo de pie, Aioria trató de escapar. Cuando notó que Death Mask aflojaba su agarre alzó sus manos poniéndolas sobre los hombros del otro y le clavó una de sus rodillas en el estomago que lo soltó cuando tuvo que apoyarse de rodillas en el suelo por el golpe. Aioria se abrazo su estomago para calmar el dolor y corrió como pudo hacia la puerta pero hubo un pequeño detalle que olvido.

-          ¿A dónde te crees que vas? – dijo Afrodita que lo detuvo haciéndole la zancadilla y provocando que cayera de bruces al suelo junto a Death Mask.

Este, lo tomo del cuello y lo amenazó.

-          Ahora sabrás lo que es el dolor… - le dijo cogiéndole un brazo que retorció poniéndolo detrás de su espalda – si se te ocurre otra locura te lo parto en dos.

Death Mask escupió sobre su mano libre y extendió toda esa saliva por su miembro para después guiarlo hasta la virgen entrada de Aioria que lo vio y apretó los ojos y dientes temiéndose lo peor.

Death Mask acercó la punta de su sexo hasta que lo rozó y sin pensarlo ni un segundo lo  penetró sin compasión. Desgarrándolo, haciendo que en su mínimo espacio de movimiento se retorciera de dolor. Death Mask, arremetía una y otra vez con fuerza haciendo que cada vez que su miembro salía para volver a entrar bruscamente en Aioria, las  gotas de sangre mezcladas con sus fluidos seminales salían al exterior.

Afrodita se relamía viendo la salvaje escena de la cual pronto participó. Volvió a tomar la cabeza de Aioria levantándola por sus cabellos lo más que pudo y volvió a penetrar en la boca de Aioria que solo se limitaba en tratar de encerrarse en otro mundo y creyendo que la muerte habría sido una mejor opción.

-          Ojala me hubieran matado, así no tendría que haber sufrido tal vejación – pensaba una y otra vez.

Death Mask arañaba la espalda de Aioria mientras lo penetraba, haciéndola sangrar a la vez que Afrodita con sus manos guiaba la cabeza de Aioria para que su sexo entrara más rápido y salvajemente en su boca.

Lo estaban dejando lleno de magulladuras y arañazos, añadidos a alguna contusión que creía le habría roto alguna costilla a causa de los puñetazos.

Sin remedio, las lágrimas resbalaron por las magulladas mejillas de Aioria por culpa del dolor y de la humillación.

Se aguantaban los gemidos para no ser descubiertos, besándose, inclinándose para poder alcanzar sus bocas penetrando en el cuerpo de Aioria más profunda y dolorosamente. Death Mask empezó a embestir con más fuerza, sin piedad, sintiendo que le llegaba el clímax, el sufrimiento y el dolor que le causaban a Aioria lo excitaba.

Afrodita no quedaba rezagada y cuando notó que estaba por terminar sacó su hinchado miembro de la boca de Aioria para masturbarse y terminar bañando su cara con la eyaculación.

Aioria, giró su cara para evitarlo cosa que a Afrodita no le gustó.

-          Mmmm… Desagradecido – dijo soltando sus cabellos y dándole una fuerte bofetada que provocó que la boca de Aioria volviera a sangrar.

Aioria inclinó su cuerpo por el dolor de ese nuevo golpe cosa que ayudó a Death Mask a que aumentara su excitación, ahora su miembro entraba con más facilidad y con mayor profundidad y después de clavar fuertemente las uñas en las caderas de Aioria con un par de movimientos más se corrió inundando el interior de Aioria hasta que todo su semen rebosó y se retiró de las entrañas del muchacho que quedó estirado en el suelo, dolorido, humillado y destrozado por completo.

-          ¡Ahhh! – exclamó – Shura no sabe lo que se va a perder. Que trasero… - añadió.

Death Mask, se arregló sus ropas al igual que Afrodita y luego de levantarse empezaron a propinarle una paliza a Aioria que yacía en el suelo medio desmayado sin poder defenderse. Recibió golpes en sus piernas costillas y cabeza por un buen rato hasta que notó que los dos matones paraban y abrió lo más que pudo sus verdes ojos para ver que era lo que le preparaban.

Dejó su mente en blanco, vacía, tratando de recordar algún momento feliz antes de que lo asesinaran.

-          Shaka… - pensó antes de quedar completamente inconsciente.

 

>> Fin Flash-Back <<

 

No conseguía sacar esa sensación de mi cuerpo, traté de meditar y ni con eso. Eran demasiados los indicios de que algo andaba mal. La luna teñida de rojo, el mal estar físico. Malestar que se incrementó al oír como alguien me llamaba mientras meditaba. Un susurro, una ligera voz que llegó a mi mente y mi piel se erizó al creer reconocerla.

Era la voz de Aioria, estaba casi seguro, pero era imposible, Shion me habría avisado si algo hubiera pasado, quizás lo estaba imaginando.

Ese susurro resonaba en mi cabeza dejándome completamente aturdido, intranquilo, así que después de ponerme algún calzado salí en su busca para ver si estaba bien.

Mi paso rápido, se convirtió en una carrera al ver las luces encendidas, era bastante tarde y debería estar durmiendo. Llegué a la puerta de su cabaña con mi corazón latiendo acelerado el cual se paró unos segundos al oír las voces de unos extraños inesperados.

-          Bien… Ahora que ya nos divertimos con él – pronunciaron – ya podemos matarle. Una pena, me gustaría volver a tirármelo…

Esas palabras me resultaron familiares, enfurecí al oírlas y entre en la cabaña tirando la puerta de una patada y dejando a esos cerdos sorprendidos.

Uno de ellos, el de piel más morena, se acercó de forma amenazante, pobre tipo, no sabía lo que hacia, recibió un fuerte golpe de mi diestra en su nariz que se rompió y cayó tirado en el suelo tirado por el dolor respirando con dificultad al inundársele la boca con su propia sangre. El otro, de piel más pálida y apariencia más debilucha se acercó a ayudarlo. Giré mi cabeza para localizar a Aioria y después de verle en ese deplorable estado, me fui hasta el asaltante y poniendo mis manos, una a cada lado de su cara le retorcí el cuello, rompiéndoselo y matándolo en el acto, dejando que cayera sobre el cuerpo de su compañero que se estaba muriendo ahogado en su propia sangre.

Me fui hasta el maltrecho cuerpo de Aioria y después de volver a observarlo de nuevo viendo como su cuerpo yacía estirado en el suelo, comprobé que no estuviera muerto.

Al ver que aún respiraba, tomé la manta que cubría su cama y enrolle su cuerpo con cuidado y me lo llevé hasta mi cabaña para cuidarlo.

Recorrí todo el camino lo más rápido que pude, sin importarme si era visto o no por alguien y cuando entré lo dejé estirado en la cama. Me fui hasta el cuarto de baño y llené un pequeño balde con agua templada, cogí unos desinfectantes para sus heridas y unas toallas suaves para poder limpiarle.

Con mucho cuidado, separé la manta de su cuerpo y lo lavé lenta y cuidadosamente, tratando de no lastimarlo más, intentando averiguar si tenía algún hueso fracturado mientras despojaba a su cuerpo de cualquier resto de su sangre y del semen de esos degenerados. Mientras lo limpiaba, pude ver con horror todo el daño que le habían provocado, los huesos no estaban rotos, pero su cuerpo estaba lleno de arañazos, cortes y morados.

Tenía el labio inferior partido, al abdomen todo amoratado, su espalda llena de arañazos, las piernas con cortes y el ano desgarrado.

Una atrocidad sin duda lo que le habían hecho pero el daño físico se curaría pronto, el psicológico sería el que costaría más de ser superado.

Volví al baño, vacié el balde y dejé la toalla secando para posteriormente regresar a su lado y curar minuciosamente sus heridas. Tomé  el desinfectante y tras mojar una gasa ligeramente con el producto la pasé con cuidado por cada rasguño y cada corte para desinfectarlo. Su cuerpo se estremeció en un acto reflejo de dolor y soplé ligeramente sobre su piel para tratar de aliviarlo con mi aliento calido. Ante ese contacto, su piel se erizó indicándome que su cerebro no estaba dañado cuando su piel respondía a los estímulos, a los cuidados.

Terminé con el desinfectante y cubrí las heridas con un poco de crema cicatrizante, una que nosotros mismos elaborábamos en el Santuario y que siempre daba muy buenos resultados. Cuando estuvo bien curado, incluso su intimidad, lo arropé con las mantas de mi cama y lo deje que descansara mientras recogía todos los productos y los devolvía a su lugar.

Me senté y quedé mirándolo, pensativo llegando a mi mente antiguos y horribles recuerdos de mi pasado que se dispersaron cuando vi que Aioria se movía muy inquieto y balbuceaba palabras sin sentido.

Se quejaba y agitaba sus brazos como tratando de alejar a sus agresores, seguro que estaba soñando, así que me levanté y tras arrodillarme a un lado de la cama cogí sus brazos y los hice bajar sin fuerza para que no se sintiera amenazado.

Besé su frente y acaricie su cara suavemente y poco a poco quedó completamente dormido en calma. Eso me tranquilizó y lentamente mientras vigilaba como Aioria descansaba, mi cuerpo cayó rendido por el sueño sujetando las manos de Aioria mientras ya más tranquilo descansaba.

-          Shaka, Shaka – me despertaron.

Era Shion que tocaba a mi puerta para avisarme de que algo pasaba…

 

******************************

 

 



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Muchas gracias por seguir adelante con tu fic, esperamos de corazón poder seguir leyendo mucho más de él... Y ÁNIMO CON LA ESCRITURA!!!, que ahora eres candidato a las preceas especiales, así como para ser el ganador definitivo de este concurso *W*, Mucha suerte, y gracias por tu participación constante.

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El 21/08/07 a las 03:08:00

Linda Marion!!! woooow!!! Ya lo leiii!!
Lo lei hasta el tercer capitulooooo que barbaroooooooooo!! XO

Linda marion, te luciste jojojojojojoj y eso que no te gustan esas escenas eh? --.--
wooow! Que torturante fue la violacion, genial XD
Y Shaka con su corazoncito compungido percibio algo malo y fue a ver a su gatito O-O

Maldita Piraña y Cangrejo asesino XO se pasaron de lanzaaa!!!
jojojo pero menos mal que no mataron a Aioria, si no, nos quedamos sin historia jojojojo

Estuvo divertida al inicio, las mañosadas de Aioria al llegar al Santuario jajajaja
Y las divertidas de Shaka al verlo, jajajajajja AAAAAAAHH y su pirmer beso!!!

Ahora que ya saben donde esta Aioria... Que pasara? oooh esta interesante,
Ya kiero sabeeeeeeeeeer!!! Waaaaaaaaaaahhh!!! XD bueno linda, me calmo, me siento y espero actualizacion, sentadita y bien portada n-n

Te kiero! Besitos, me ha gustado mucho tu historia n-n

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