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EL CAFÉ
By AthenaExclamation67
Aioria vagaba por las calles, sin rumbo, sin sentido, totalmente cansado de llorar, deprimido y amargado. La perdida era tan grande, no conseguía entender por que había tenido que pasar, por que precisamente a él, una persona tan buena, como podía ser que su querido hermano hubiera muerto.
Todos trataron de animarle, incluso le ofrecieron que se quedara acompañado en alguno de los otros templos para no estar solo, pero ninguno de sus amigos lo conseguía, su pesar era muy grande, no escuchaba ni a su diosa. Solo se limitaba a llorar desconsolado por todos los rincones, a aislarse y si alguien trataba de acercarse a él para ayudarlo, él se encargaba de alejarlo aún usando la fuerza si era necesario.
Todos empezaron a alejarse del joven, todos lo querían y lamentaban no poder ayudarle pero empezaban a temer al muchacho.
Cierto día, todos recordaban como al pasar por su casa cuando se dirigían al Templo del Patriarca, el Caballero de Aries, resultó gravemente herido cuando se adentró en las dependencias de la Casa de Leo, pero no tenía otro remedio, era el único camino, no había otro lugar para pasar.
A raíz de este incidente, Aioria, fue quedando solo, únicamente Shaka permaneció a su lado, incondicionalmente, sin reproches, cada vez que él intentaba alejarlo de su lado, él lo ignoraba y permanecía allí.
Shaka sabía que llegaría el día en que Aioria abriría los ojos, se daría cuenta de que estaba echando a perder toda su vida y alejando a todos los seres que quería y que le querían, el día en el que se derrumbaría y necesitaría un hombro sobre el que llorar; y el pensaba estar ahí para él, no se apartaría de su lado, por más que lo insultara o incluso si le llegaba a pegar.
La situación con el resto de los Caballeros Dorados era extremadamente tensa, Shion, hizo llamar a Shaka para hablar…
- Shaka – le habló, es necesario que le hagas reaccionar, solo tú puedes acercarte a él, parece que se ha acostumbrado a tú tozudez de querer ayudarle. Es imposible que esto siga así, cualquier día alguien más va a resultar herido y eso no lo voy a permitir, si es necesario lo expulsaré de aquí, no podrá volver a vestir su armadura.
- ¡No! – Gritó. Shion, no puedes hacerme esto, quiero decir, hacerle eso. Aioria moriría sin su armadura. Creo que es por lo único que sigue vivo, luchar por Athena.
- Bien Shaka – dijo tristemente, te doy hasta mañana, si todo sigue igual, tomaré una decisión drástica.
El Caballero de Virgo volvió a sus aposentos muy angustiado, no podía dejar que el ser al que más amaba en todo el mundo se fuera a destruir a si mismo por la actitud que estaba tomando en su vida.
Se quitó su túnica y se metió en su baño, necesitaba relajarse, aclarar su mente e imaginar, pensar que iba a hacer para que Aioria saliera del infierno en el que estaba sumido.
Shaka terminó de bañarse, se arregló y salió de su casa en dirección a la de Aioria, sabía que algo debía hacer, pero todavía no había decidido el que.
Entró sin llamar, lo cual era habitual, en los últimos días solo él se atrevía a pasar por allí. El lugar estaba oscuro, fuera empezaba a anochecer y allí no había ninguna luz encendida, por un momento dudó que el León se encontrara en el lugar.
- ¿¡Aioria!? – Gritó para anunciar su llegada.
Nadie respondió, solo se vio un relámpago que atravesó la sala y alcanzó de lleno a Shaka. El joven saltó por los aires quedando tendido en el suelo.
- ¡QUE TENGO QUE HACER PARA QUE ME DEJES TRANQUILO! – Chillaba, si tengo que matarte lo haré Shaka, ni dudes que así será.
- Eres un estúpido arrogante – rebatió. Vas a quedarte solo. ¡Crees que ese le gustaría a Aioros! A mi no me vas a echar.
- A mi hermano ni lo nombres – le gritaba, no eres digno de pronunciar su nombre.
El león volvió a lanzar su ataque, pero Shaka lo esquivó y saltó encima de Aioria, tirándolo al suelo quedando sobre él.
- ¡Aioria! Reacciona – le decía sacudiendo el cuerpo del muchacho contra el suelo. No puedes seguir así. Hazlo por ti mismo, por Aioros, el se moriría de verte así.
Shaka se apartó y quedó de rodillas al lado del joven Caballero de Leo. Este se incorporó y quedó de rodillas, una gota de sangre surco la mejilla de Aioria.
- ¡Por Athena! Estas sangrando – se levantó para ir corriendo a coger algo para curarlo.
La mano de Aioria lo detuvo, no lo dejo salir corriendo hacía dónde quería.
- Espera, no te vayas – le dijo. Tú también no, por favor.
Aioria rompió a llorar, ya no podía más. Estaba sucio después de la pelea, todas sus ropas estaban manchadas y su cuerpo permanecía de rodillas en el suelo cubierto de polvo.
- León – vamos levanta. Le dijo ayudándole a ponerse en pie. Estás hecho un desastre. Vamos, ve a lavarte y cambiarte de ropa. Yo prepararé algo de comer.
Aioria miró Shaka, sus ojos todavía derramaban algunas lágrimas, de pronto sintió un gran temor a que se fuera mientras se estaba cambiando, su pecho se agito y se sintió raro, extraño, no sabía porque, pero necesitaba que él estuviera ahí, cerca de él.
- Está bien – dijo, pero no te vayas, ¿vale?
Shaka sonrió y pensó para si mismo… si tu supieras la verdad, pero, como atreverse, como osar a decirle la verdad, lo amaba, si, más no como a un amigo, el lo quería más allá que a Buda, con todo su corazón, con toda su alma, pero ¿era ese el mejor momento? Definitivamente, el creía que no.
El rubio tomo el mentón de Aioria haciendo que este se ruborizara y con un calido beso en la frente le dijo…
- No te preocupes, no voy a marcharme, cámbiate tranquilo, estaré aquí cuando vuelvas.
Le dedico la mejor de sus sonrisas y lo acompañó hasta una de sus habitaciones para dejarlo allí iniciando su tarea de cambiarse, él se fue para el salón y preparó algunas cosas, conocía muy bien la ubicación de todos los utensilios y alimentos, en los últimos días había pasado largas horas allí, cuidando de él, amándole en silencio, observándole…
Tomo unos platos de un armario junto con unas tazas y las colocó ordenadamente en la mesilla auxiliar que quedaba junto a los sofás, después, abrió un cajón y sacó los correspondientes cubiertos para el tentempié, habiendo dejado lista la mesa, se fue para la cocina mientras oía como su amado leoncito se bañaba.
Ya en la cocina, preparó café y calentó un poco de leche, sacó unas cuantas bolsas con cosas que él mismo se había encargado de comprar en los cuales había fruta y varios tipos de queso.
Lavó la fruta para después pelarla y cortarla y la dispuso toda perfectamente en una fuente, el queso lo sacó del envoltorio dejándolo en un plato junto con unas cuantas tostaditas de pan para acompañarlo.
El aroma de café recién hecho empezaba a inundar todo el templo, Aioria ya podía percibirlo, se estaba secando su esbelto y maculado cuerpo fruto de años de entrenamiento cuando oyó que Shaka lo llamaba.
- ¡Venga Aioria! Ya está todo listo – dijo el de virgo.
El leoncito se apresuró, se puso un bóxer y una simple bata corta que dejaba su torso desnudo ligeramente descubierto y salió caminando un poco más rápido de lo normal hacía el salón.
Todo lucía muy bien, en el lugar preciso y en el sitio indicado, se dirigía a la cocina justo cuando el rubio salía con la cafetera rezumando ese rico olor a café recién hecho y una jarra con leche caliente en la bandeja.
Shaka quedó estupefacto ante la visión que presenciaban sus ojos, Aioria semi-desnudo, el agua que todavía residía en sus cabellos resbalaba por su perfecto torso musculazo el cual se podía ver por la abertura de la bata. El corazón de Shaka casi se le salía del pecho de lo fuerte que latía, trataba de calmarse, un gran calor empezaba a apoderarse de su cuerpo.
- Vaya, realmente te ves mejor (^.^) – sonrió. Siéntate voy a por azúcar, ya vengo.
Esa sonrisa provoco una extraña sensación en Aioria, ya no era la primera vez que se sentía así, cuando Shaka cuidaba de él, aunque a regañadientes, en el fondo le gustaba que estuviera ahí, pero esta vez había algo más, un extraño hormigueo recorría su estomago y todo su cuerpo.
Shaka regreso con el azúcar mientras el leoncito estaba tomando asiento en uno de los sofás mientras observaba lo que el otro hacía.
Primero, sirvió unos cuantos trozos de fruta y algo de queso, un trocito de par y se dispuso a servirle el café.
Aioria, miraba atentamente lo que Shaka hacia, veía como tomaba una de las tazas delicadamente para después echar un poco de café (no mucho, no se debe tomar café por las noches que después no se puede “dormir” ^.^) para después añadir la leche, lo hacía todo con delicadeza, como si le fuera la vida en ello.
- ¿Cuánto azúcar quieres? ¿Dos cucharaditas, tres? Preguntó.
- Dos gracias. Le contestó.
Fue en ese momento y no otro, en ese preciso instante Aioria lo supo, mientras caía el azúcar en la taza del café, cayó en la cuenta por primera vez que se había enamorado de él. Shaka poco a poco se había introducido en su vida y en su corazón.
- Te amo Shaka. Confesó sin pensarlo. No se como he podido estar tan ciego y no darme cuenta antes, pero te quiero. Yo no se si tú sentirás lo mismo, me has cuidado, te has preocupado tanto por mí, no te has separado de mi lado ni un momento. Yo…
Shaka no cabía en sí del asombro, por fin había escuchado las palabras que solo en sus buenos sueños había oído, aquellas que tanto anhelaba oír.
- León tontito – habló mientras se sentaba a su lado. Yo a ti también, no sabía si algún día te darías cuenta, estabas muy cerrado a todo y a todos que nunca pensé que podría llegar a ti.
Shaka se aproximó más a Aioria, tomo sus mejillas entre sus manos y le besó, dulce y calidamente, haciendo que el león suspirara, este se atrevió a poner las manos en su cuello y regalarle caricias enroscando sus dedos por su cabello.
Aquel contacto los excitó más, profundizando más aún aquel beso hasta que tuvieron que separarse por la falta de aire.
Fue un instante el que estuvieron separados hasta que Aioria se abalanzó sobre Shaka y ambos pasaron la noche juntos amándose por primera vez y durmiendo placidamente hasta la mañana siguiente.
Por la mañana Shion se acerco a ver que tal iban las cosas por la Casa de Leo, la actitud del caballero le tenia muy preocupado, no quería tener que tomar medidas drásticas, pero si no quedaba otro remedio…
Entró al templo, todo parecía extrañamente tranquilo, se dirigió a la habitación de Aioria y no lo encontró allí, se extrañó, tampoco estaba Shaka que no se separaba de él, quizás el muchacho habría sido capaz de hacer una locura, salió corriendo para alertar a los demás caballeros cuando…
Justo cuando salía por la puerta del templo vio algo que le pareció algo raro. ¿Qué es eso, un pie? Se fue hacia el salón y cuando llegó al lugar no pudo evitar soltar una sonora carcajada despertando así a los bellos durmientes que estaban desnuditos y tirados en la alfombra del salón uno encima del otro.
Shaka se tapó como pudo y se refugió tras las espaldas de Aioria, el cual se puso su bata por encima de sus partes nobles. Ambos permanecieron en el suelo mirando a Shion colorados como tomates.
- Vaya chicos, me había preocupado pero ya veo que estáis bien. Se rió a carcajadas.
Los dos chicos al ver la reacción del Patriarca se miraron y también se pusieron a reír.
Shion se fue dejando a los enamorados solos “recogiendo” (seee, seguro) y se fue a dar la buena noticia a los otros dorados de la mejoría de su compañero y de que había una nueva pareja en el santuario. ^.<
- FIN -
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