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LA TIENDA
AthenaExclamation67
Estaba trabajando en mi tienda con mi querido compañero, el lindo Shun.
Me acuerdo el día que hizo la entrevista…
- Hola – me dijo tímidamente – disculpa, es que tengo una entrevista.
Después de hacerle rellenar el formulario de rigor, llamé a las oficinas y mis compañeras me informaron que mi jefe, el “Sr. Duende” podía recibirle.
Volvió al cabo de mas de media hora (a mi jefe le gusta hablar) y se presentó.
- Hola, soy Shun – decía sonriente – mañana empiezo a trabajar aquí.
Enseguida conectamos y yo era muy feliz por que es muy aplicado y le encanta tratar con la gente.
Le di su horario y al día siguiente llegó, fresco como una rosa y dispuesto a aprender todos los entresijos de la tienda.
Enseguida nos pusimos manos a la obra y le expliqué todo, después le ordené que entrara al almacén para que viera como estaba todo organizado y que revisara si había algún zapato por sacar y poner a la venta.
De eso hace ya unos años y él siempre me recuerda como le marcó y por eso siempre odia los zapatos de hombre. Y para colmo, él creía que tardaría en atender pero no fue así, dado que mostraba ganas y muy buen hacer al cabo de unas horas le pase una venta para poder valorarle.
Siempre nos acordamos de ese incidente, y se encarga de recordarme que lo deje “traumatizado”, jejejejeje.
La relación es perfecta, estamos muy a gusto los dos, solo nos falta encontrar el amor, yo hubiera sido la mujer más feliz del mundo de poder compartir mi vida con el, pero no tenía nada que hacer. Un día me confeso que le atraía más su mismo sexo y lo comprendí perfectamente.
En fin, no tenía nada que hacer y me resigné.
Un día que estábamos trabajando, entró un cliente, que belleza… Rubio, ojos azules, piel morena, camisa ajustada… ¡IMPECABLE! El divino esta de toma pan y moja, vamos para comérselo.
Avisé a Shun como un rayo, no podía perdérselo, siempre hacíamos eso, no avisábamos cuando entraba algún bombón. Ese día no fue una excepción y me tocó avisar a mí.
- Madre mía – me susurro en la oreja.
El muchacho observaba los zapatos y accesorios hasta que levanto la vista y nos vio. Sus ojos se abrieron como platos y yo rauda y veloz fui a atenderle. Y a que no saben lo que pasó…
- ¿Me presentas a tú compañero? – me rogó con ojitos de cordero degollado.
- ¡¿Queeeeee?! – Tampoco tenía nada que hacer con él.
Esa noche quedaron y se volvieron inseparables.
Shun me presentó a Hyoga al día siguiente (así se llama el rubito) cuando vino a recogerle después del trabajo. Se fueron juntos y realmente se les veía muy felices. ¡Lo que son las casualidades…!
Ahora están pensando en ir a vivir juntos y Shun que es muy explicito en ciertas cosas esta rebosante de alegría por el acontecimiento, y en verdad, yo me alegro por ellos.
- Fin -
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