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A veces pienso
A veces pienso, pienso y pienso. Y es cuando me pregunto ¿Qué pienso? ¿En los albores de la existencia? No –sonrío traviesa-, no es eso lo que reclama mi atención. Es algo más pueril, quizás podría decir. Menos elevado, más mundano.
Tú me miras, y lo olvido todo, se va el pensar, el sonreír, se esfuma el todo. Y al final mis pasos lentos, a tu cintura me guían. Atando mis brazos a tu fuerte hombría.
¡Mi vida entera por ver tus ojos en mi cuerpo! Mis manos con la tuyas, atadas fuertemente, entregas sublimes… olvidando la empresa que nos reúne y convoca.
¿Y que me dices? Nada entiendo, quizás estoy sorda, siega… y cualquier cosa que no seas tú mismo, es nada, es vacío, inexpugnable y pérfidamente solitario y a su vez umbrío.
A veces me atas y otras me arrojas, me atraes y te mofas… todo en perfecta danza, perfecta entrega, de contradicciones eternas y a veces etéreas. Y me olvidas en un segundo, como yo te alego sin demora.
Caricias vagas, espontáneas, jamás forzadas. Somos distinto, perfecto contraste. El guerrero, la sirvienta, y a pesar de ello… quien gobierna. Mi eterno lacayo, a pesar de no ser más yo que una esclava.
A veces pienso, pienso y pienso… en ti, en nada, en las sombras de mi melena y en la luz de la tuya otrora. ¿Qué quieres decirme? Una vez más no comprendo.
Tu estrella celeste se apaga, presurosa sin tardanza; te vas lejos, los sigues, no te siento… ¡te imploro, no vayas! ¡No me dejes! En las sombras, frías, burlescas… odiosas.
Recuerdo un día, lejano… quizás no tanto, tus ojos dorados me miran, sorprendidos, ¿Qué pensabas? Nunca lo supe.
- Minos de Grifo –te llamé, tridente en mano y voz de trueno.
- Señora Pandora –me respondes, tu voz gruesa me atraviesa, me golpea me embeleza; te inclinas… respeto muestras.
No hay más palabras, se paga el eterno bisbiseo del último círculo, y entre las sombras, un beso, pasional, anhelado… por siempre deseado.
Se ahogan nuestras voces, en los brazos del abismo.
Ya sé por qué Lamentos es el nombre del terrible muro… pues solo desolación entrega a quien le visita sin recibir divinidad arcana.
Ni el recuerdo de tus cabellos me queda, y el recuerdo me atormenta, viene a mi… del mismo modo que tú te alejas… y le odio.
Mi fin esta cerca, lo siento, pero no me aterra… espérame, allá donde estés, que pronto contigo estaré.
Fin.
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