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Penetrada en mi auto por un mocoso chantajista Penetrada en mi auto por un mocoso chantajista (0.016 s)

Penetrada en mi auto por un mocoso chantajista

FECHA El 08/05/10 a las 06:05:23 IP GUARDADA
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El 15/12/07 a las 05:12:35

Penetrada en mi auto por un mocoso chantajista

Mi vida no ha sido muy feliz durante el matrimonio, a excepción de los primeros meses cuando todo era felicidad, pero bueno, yo juré estar en las buenas y en las malas y eso es lo que importa.

 

A mis años me considero una mujer que ha logrado realizar varias cosas que quería alcanzar en la vida. Hoy en día me dedico a realizar las labores del hogar, me siento tranquila haciéndolo, aunque hace tiempo me he dado cuenta que el matrimonio no es la gran cosa, eso no quiere decir que no ame a mi esposo.

 

 

Antes de comenzar a relatarles todo lo que me pasó quisiera darle las gracias al dueño del correo que creó la conexión entre todorelatos y EL CIRCULO, gracias a esa persona podemos contar nuestras historias sin que nadie sospeche de nuestras identidades.

Quiero aclarar que todo esto es una historia real, todo esto sucedió y lo estoy contando como una forma de quitar este peso que llevo encima, nada es inventado, todo es real.

 

Resulta que mi esposo y yo vivimos en una casa de su madre, desde que nos casamos. A mí nunca me ha disgustado que vivamos ahí, porque nunca he tenido problemas con ella, siempre nos hemos llevado bien. Un día mi esposo me dijo que iban a llegar de visita a casa su hermana con su pequeño. Me llené de alegría al saber que los volvería a ver después de tanto tiempo.

 

Lo que pasa es que ella era de esas mujeres madres solteras que me caen bien por el empuje que tienen para salir a delante. Desde hace 4 años que había sido la última vez que los había visto, que fue la vez que le me dediqué a mimar al niño con regalos y toda la cosa. Me gusta recibir a las visitas de la manera más amable posible.

 

 

El día que llegaron fuimos de compras, me dediqué a hacerle pequeños regalos a la madre y a su hijo, me agradaban tanto que los traté de una manera muy cordial.

Lo que ocurrió ese día fue que me encontré con un ex pretendiente de mis años de universidad, Sebastián, aquel con el que mi esposo había tenido que competir para ganarse mi amor. Pero ahí no acabó todo, ocurrió que cuando lo vi fue en un momento en el que Carla, la madre, estaba en el baño y yo estaba con el pequeño Gabriel escogiendo unos zapatos.

 

Él me miró y me dijo que desde hace tiempo deseaba encontrarse conmigo, y que hoy era su día de la buena suerte. También me dijo que desde hace años había regresado a Lima y que nadie le había querido dar mi dirección.

 

La conversación prosiguió durante unos minutos, lástima que yo ya tenía que irme porque tenía una cita con el doctor, él no perdió la oportunidad de pedirme el teléfono pero yo no se lo di, por lo que él me dio el suyo y me dijo que lo llamara para conversar un poco. Finalmente yo le di el teléfono y cuando Carla Salió del baño yo ya me había despedido de él. Fue un susto cuando veía que Carla iba a regresar de un momento a otro pensar que nos iba a ver juntos.

l día siguiente lo llamé para quedar en conversar uno de esos días, para recordar tantas cosas que habíamos pasado juntos en la época en la que habíamos sido enamorados. Aunque primero lo pensé muy bien, porque no se vería bien que una mujer casada como yo se estuviera citando con un hombre a escondidas de su esposo, luego pensé que era normal que dos amigos se tomaran un tiempo para conversar, y para despejar cualquier duda lo invité a ir a casa.

 

Ese día olvidé decirle a mi esposo que él vendría a cenar, y cuando se lo iba a decir me llamó desde su trabajo para decirme que se iba a tardar porque tenia bastante trabajo y que mejor no lo esperara a cenar, porque no podía llegar temprano. Carla salió como a las 5 de la tarde y me encargó que le cuide a Gabriel. No era tarea difícil, así que decidí no decirle nada a nadie de la visita que tenía esa noche.

 

Convencí a Gabrielito para que se vaya al cuarto de huéspedes y una vez que Sebastián llegó y tocó la puerta sentí que era incorrecto haberlo invitado y era peor no haberle dicho nada a mi esposo, pero mejor me dediqué a pasar el momento y a disfrutar de la velada con, mi ahora amigo, Sebastián. Lo recibí, y él al verme puso una cara de sensualidad que me hizo recordar muchas cosas, recordé nuestras citas de años atrás, en las que la habíamos pasado tan bien.

 

 

 

Luego de un rato de haber empezado la cena él comenzó a mandarme piropos como que bella estas esta noche, y cosas que me gustaban y poco a poco me fue recordando esas tardes que pasábamos juntos estudiando. Me llené de erotismo al ver que estaba en la casa en la que vivía con mi esposo, que era una mujer casada y que no debería dejar que se acercara tanto a mí, en eso sentí sus labios rozar los míos.

 

Sin darme cuenta él ya me estaba besando y yo no oponía resistencia, sin darme cuenta su mano estaba en mi pierna derecha, acariciando mis muslos, me sentí excitada y muy avergonzada de la escena que estaba viviendo. Mis manos no respondían a las órdenes de mi cabeza y pronto me dejé llevar por lo que sentía y lo dejé seguir, aunque la culpa me estaba matando, estaba excitada como no lo había estado en mucho tiempo.

 

 

Sebastián estaba siendo muy listo al aprovecharse de la situación y subió su mano a la parte superior de mis muslos, casi llegando a la parte de mi prenda íntima, pasaba su mano por todo mi muslo y luego subía y bajaba. Era excitante sentir esa mano, me volvía loca. En una de esas subió su otra mano a mis pechos y los comenzó a acariciar muy suave por encima del vestido. Después de un rato yo ya no hacía ningún esfuerzo por rechazarlo y comencé a sentirme más a gusto.

 

 

Siempre con el miedo que implica estar haciendo algo prohibido, sentía que estaba disfrutando al máximo de lo que estaba pasando, recordé a mi esposo, que estaría trabajando a esas horas, pero luego de un rato ya ni me acordaba, estaba recordando buenos momentos al lado de Sebastián y el miedo me hacía sentir la angustia de estar traicionando a mi esposo, debería haberlo rechazado y darle una bofetada, pero no lo hice y me estaba gustando lo que me hacía.

 

 

Me siguió besando y ahora apretaba mis pechos con sus manos, después metió sus manos por debajo de mi blusa para acariciarlos por encima del sostén que traía ese día, fue lo más rico que me habían hecho en los pechos en mucho tiempo, y cuando comenzó a llevar sus manos al broche de mi sostén sentí que ya era demasiado, no podía permitir que se aprovechara tanto y me quitara el sostén.

-No, eso no…

-No tengas miedo ¿no me dijiste tú misma que no hay nadie en casa?

-No te olvides de mi sobrinito Gabriel.

-Pero él está arriba durmiendo, no te preocupes.

-Espera yo soy una mujer casada…

-Solo vivamos el momento….

-Pero nos puede ver.

 

Luego de ese intercambio de frases no pude seguir resistiendo sus embates y su persistencia, me entregué completamente al diluvio de caricias que en ese momento él me ofrecía. No supe cómo reaccionar y eso terminó entregándome en los brazos de él, ya en ese momento estaba súper excitada y con ganas de más, mi gran debilidad se había puesto de manifiesto, yo me recosté un poco hacia atrás para recibir sus caricias y besos mientras él me comía los pechos y con una mano se las ingeniaba para masturbarme por encima del calzón, con toques sutiles.

 

Estaba sudando y él comenzó a subirme el vestido, no sé cómo llegamos a tanto, lo que en ese momento importaba era que me sentía tan excitada que era capaz de todo, incluso de tener sexo ahí, pero la idea de ser vista por el pequeño me asustaba tremendamente.

 

De pronto sentí una de sus manos posarse a escasos centímetros de mi entrepierna y acariciar como nuca nadie me había acariciado antes, la excitación se convirtió en arrechura y quería que él siga tocándome, llegó al borde de mi calzón, la parte que cubre mi vagina y yo ya estaba humedeciéndome de tanto placer, me tocó con los dedos por encima del calzón y comenzó a sobarme, en ese momento quería explotar de tanto placer, me estaba masturbando sin siquiera tocarme la piel, se sentía riquísimo tener sus dedos encima de mi intimidad, yo estaba sudando y él me estaba manoseando a sus antojo.

 

Por suerte, y dejándome con las ganas y una gran excitación, llegó mi cuñada, tocó la puerta y de inmediato nos separamos, yo me subí y me volvía a abrochar el sostén, me acomodé la ropa y abrí la puerta. Los presenté y a los pocos minutos él dijo que ya se tenía que ir. Por supuesto que Carla nunca sospechó nada pues siempre me había conocido con una moral intachable de mujer de un solo hombre y de su casa.

 

 

El susto me lo llevé unos minutos después, cuando al quedarme sola en la sala se abrió la puerta del closet y vi salir de ahí a Gabriel, la sangre se me heló y pensé rápidamente que él lo sabía y lo había visto todo, pero no me desesperé.

 

 

 

l pasar los días Gabriel no dijo nada acerca del tema, creí que era probable que no hubiera visto nada, pero la duda me estaba matando, en esos días su mamá tuvo que viajar a provincia y yo me quedé cuidando de él, así que decidí esperar a que me dijera él mismo qué es lo que había visto.

 

 

Pasaban los días y nada de nada, pero un día de esos tantos, casi a las dos de la mañana escuché que se abría la puerta del cuarto en donde dormía Gabriel pensé que quizá había tenido una pesadilla o algo así. Me desperté y esperé que viniera a mi cuarto, eso era lo que él hacía siempre, hace años cuando me quedaba cuidándolo y él estaba más pequeño siempre venía a mí cuando tenía pesadillas en la noche.

 

 

Esta vez él abrió despacio la puerta de mi cuarto y al verme despierta me dijo": ¿Puedo quedarme a dormir contigo tía?". Por supuesto que le dije que sí, pues siempre se había quedado a dormir en mi cuarto cuando tenía pesadillas o no podía dormir. Recuerdo que al despertar al día siguiente me quedé sorprendida al ver que su mano estaba un poco más arriba de mis rodillas, hasta ese entonces él no se había atrevido a poner sus manos ahí en las noches anteriores que había dormido en mi cuarto.

 

 

Pero no le di la mayor importancia al asunto, creí que de repente lo había hecho entre sueños y sin darse cuenta de lo que hacía. Ese día por la mañana estábamos viendo televisión y de pronto apareció el anuncio de la nueva película que estrenaban ese día, él se quedó viendo y luego me dijo que lo llevara. Le dije que ese día no iba a poder, pero que si esperaba a mañana lo podía llevar. Quedó todo listo para que sea un día de semana, en el que no iba tanta gente al cine y él estaba de acuerdo.

 

 

Llegó el día tan esperado para él y lo llevé al cine, de pronto me di cuenta en la entrada del cine que la película no era tan inocente como parecía, había carteles de escenas de la película que contenían escenas bastante fuertes y por un momento creí que no lo iban a dejar pasar. Al entrar me di cuenta por qué es que los cines bajan los precios de la entrada esos días, la gente no iba al cine esos días y parecía casi vacío, a excepción de algunos señores que estaban ahí.

 

 

 

a oscuridad y la comodidad del ambiente me hicieron sentir en confianza y sentirme como en casa, había atrás de nosotros un grupo de señores de edad avanzada y nada más. Llegamos con gaseosas y canchita para comer mientras veíamos la película.

 

 

Ese día yo llevaba puesta una minifalda que me hacía lucir las piernas, cosa que no hacía desde hace tiempo. Gabriel se quedó viéndome las piernas cuando llegamos al cine, pero no era cosa de mucha importancia.

 

 

Al correr lo minutos y avanzar la película llegó una escena en la que un hombre le tocaba las piernas a una chica, no supe que pensar cuando sentí la mano Gabriel subiendo por mi rodilla y palpando con la yema de sus dedos mis piernas. Cogí su mano y la llevé a su asiento. Pasó un rato más y volví a sentir su mano sobre mis piernas, esta vez le sentí el gusto a las caricias, pero al mismo tiempo separé su mano de mis piernas pues no era correcto que él me estuviera tocando ahí.

 

La película duraba más de dos horas y al parecer Gabriel iba a seguir insistiendo, en una de esas yo lo miro de reojo, sin voltear la cara y veo que me esta mirando las piernas. Me sentí contrariada, no supe que decirle y a los pocos minutos volvió a poner su mano sobre mí. Esta vez le dejé que lo haga un rato más, después de sentirme excitada recordé que no estaba bien y de nuevo me saqué su mano de encima.

 

 

Gabriel se fue al baño un rato, quien sabrá a hacer qué y después regreso con una sonrisa inocente que hizo que me olvidara de lo anterior.

 

Pero Gabriel iba a seguir con su manoseo sobre mí, al rato probó y fue más audaz y llevó su mano más arriba que las otras veces, sentí miedo al pensar que nos estaban viendo y volteé con mucho nerviosismo para atrás, felizmente no nos estaban viendo y Gabriel seguía subiendo.

-Gabriel, saca tu mano de ahí. Parece que no me entiendes.

-Pero a ti te gusta.

-No, y no está bien.

-Si mi esposo te ve así se molestaría.

-¿Y cómo el señor de la otra vez te las tocaba y no le dijiste nada?

-Es que… era…

-¿Ya ves?, déjame que te toque.

 

Me sentí nerviosa y descubierta por él, un chiquito que me tenía en sus manos, no tuve otra opción que quedarme callada por un buen rato, no sabía que decirle para que me entienda que estaba mal lo que estaba haciendo. Volvió a la carga y esta vez llegó a límites insospechados, llevó su mano a mi entrepierna y yo me quería morir del placer, por última vez le dije que sacara sus manos y él me dijo que entonces le iba a decir a mi esposo lo que había visto.

 

-No, como sé te ocurre-Le dije con voz entrecortada

-Entonces déjame tocarte.

-No, ya para.

-Entonces le digo.

-No...

 

Poco a poco la expresión de desaprobación en mi rostro fue desapareciendo, no tenía otra salida y no se me ocurría nada en ese momento, agaché mi cabeza un poco y no supe que decir, un silencio obligado se apoderó de mí.

 

Sin decirle una sola palabra le dije que sí (el que calla otorga), él me acarició la concha por encima del calzón, jamás creí que podría recibir tanto placer en un cine, y con ese pequeño, estaba mojada, completamente mojada, y ya no me importaba nada, volteé para ver si no nos miraban y luego me incliné en mi asiento, estaba temblando, me daba un miedo inmenso el saber que en cualquier momento nos podían ver.

 

 

Ya quería tener esa manito entrando en mi ropa interior, pero la idea me parecía aberrante, ¿qué me estaba pasando?, en ese momento no sabía por qué deseaba tanto esas cosas, pero el hecho es que las estaba deseando. Me avergüenza admitirlo, pero por unos momentos perdí la vergüenza y no opuse ninguna resistencia a sus caricias.

 

En la parte de atrás del cine no se veía que alguien notara algo, pero me paré y me fui al baño, solo eso me pudo salvar de seguir siendo manoseada al antojo de ese niño. Al llegar al baño no supe que hacer con la calentura que éste me había provocado y di rienda suelta a mi imaginación y me puse a pensar que sería si yo le permitía seguir con esas caricias. No supe que pensar, lo cierto era que cuando volviera me iba a seguir tocando, eso era lo que iba a pasar.

 

 

Luego salí a seguir viendo la película y como de costumbre el pequeño siguió con sus metidas de mano a mis piernas. Luego de un rato me volvía a excitar, pero esta vez la película estaba por acabar, terminé súper excitada y con ganas de más, pero claro está que no le iba a decir que me gustaba.

 

 

Salimos del cine, yo con la vagina húmeda, y me pidió ir a un restaurante que quedaba cerca, uno donde siempre íbamos con toda la familia. Llegamos y pedimos lo que se nos antojó.

-¿Te gustó la película tía?

-Mas o menos, tengo que decirte algo.

-¿Cuándo venimos otra vez?

-Escúchame: podemos venir las veces que podamos, pero no le debes decir a nadie lo que viste ese día.

-Que bien, ¿y yo que gano con no decir nada?

Era obvio que el chiquillo sabía algo del arte de negociar, me sorprendió con esa frase y no tuve otra salida que decirle que podíamos repetir más jornadas como la de ese día. Puso una sonrisa y se quedó callado un momento. Parecía que todo estaba arreglado y disfrutamos de la comida tranquilamente.

 

Pasaron unas pocas semanas y la visita se hizo más larga que de costumbre, mi cuñada acordó con nosotros quedarse un tiempo más en nuestra casa y yo estaba de acuerdo.

No habíamos vuelto a hablar de lo que había pasado ese día en el cine y el día se acercaba, esa tarde mi cuñada y mi esposo había salido y me volví quedar a solas con el pequeño. Estábamos viendo televisión y de pronto tuve la necesidad de ir al baño, por coincidencia él también quiso ir al mismo tiempo que yo y salió como una flecha para llegar antes que yo y así lo hizo.

 

 

Esperando afuera recordé que ese día en la televisión no había nada interesante que me llamara la atención, pensé que sería bueno ir al cine pero recordé que quizá mi sobrino iba a querer manosearme otra vez. Luego de un rato llegué a la conclusión de que no era tan mala idea dejar que me explorara un rato, todo en forma de pago por su silencio. Esa tarde la pasé de maravilla, toda esa excitación fue lo máximo, en el cine nadie se dio cuenta de lo que pasaba y al final le di en premio un beso muy cerca de la boca. Se quedó contento.

 

Para mi mala suerte, al llegar a la casa estaba Sebastián con su carro estacionado afuera. Nos saludamos y me convenció de recibirlo en la casa. Gabriel sabía que esa noche iba a poder ver algo más, pero yo lo olvidé por desgracia. Lo mandé al desvío y le dije que fuera con sus nuevos amigos a divertirse, incluso le di una propina para que se quedara contento.

-Gabriel, anda a jugar, vienes en una hora-Le dije mientras le daba una jugosa propina.

-Gracias por la propina tía.

-Ya te dije que si te portas bien te va a ir bien.

-Ahora sí te creo.

Una vez que creí que estábamos solos comencé a conversar con Sebastián, en la conversación salió a relucir lo de la otra noche, cuando me besó por casi todo el cuerpo. Rápidamente se puso caliente la conversación y ya estaba excitada de nuevo. Él, no desaprovechó la oportunidad y me calentó con palabras que más parecían de una pareja con una inmensa actividad sexual, ya no sabía que hacer y en una de esas me comenzó a abrazar.

 

Sentí su cuerpo apretar el mío y no supe poner un alto, los recuerdos de mi vida antes de casada me volvían a la mente y me dejé llevara por el momento, cuando me di cuenta nos estábamos besando y el ya tenía sus manos en mi cuerpo, acariciándolo y haciéndome sentir cada cosa.

 

Para terminar de empeorarla nuevamente me dieron ganas de tener sexo, y eso era lo peor que le puede pasar a una mujer casada cuando su marido no está en casa y se encuentra acompañada de un hombre tan atractivo, estaba perdida y ya no había nada que me pueda salvar, salvo mis últimos intentos de resistirme.

-Sebastián, no esta bien lo que estamos haciendo.

-Vamos, déjame seguir, yo sé que te gusta.

-No esta bien, mejor vete-Le dije con una voz que ya reflejaba mi lucha interna entre el si y el no.

-No te preocupes.

-No, para ya, aquí no…

-Entonces vamos a tu cuarto, ahí nadie nos verá.

 

 

e convenció de ir a la recámara donde duermo con mi esposo, me llevo dándome una serie de besos que me ponían a un grado de excitación cada vez más elevado, ya no pude resistirme y me dejé llevar por mis deseos.

 

En unos instantes estuvimos en la recámara y no demoró en quitarme la ropa, aprovechando para ir manoseándome todo lo que quería, era imposible resistirme a sus caricias, las estaba disfrutando al máximo.

 

En pocos instantes yo estaba solamente en calzón y sostén y sentada en la cama, él se bajó el pantalón, dejando a mi vista y a escasos centímetros una verga de aproximadamente 20 centímetros y bastante gruesa, pasé saliva y me quedé viéndola, me parecía increíble estar ahí, en la cama de mi esposo, en ropa interior y nerviosísima por lo que estaba haciendo.

 

-Ahora me toca a mí…

-¿Crees que puedas hacer algo?-Me dijo, invitándome a probar su miembro.

-Ay, no sé, nunca lo he hecho…

-Siempre hay una primera vez-Me dijo, haciéndome recordar que esa era la frase que yo siempre repetía.

 

 

Era más que obvio que me tocaba usar mi boca para seguir con esa sesión de lujuria, me ponía muy nerviosa estar haciéndolo en el cuarto de mi casa, pero a la vez le daba ese toque picante que nunca me hubiera imaginado que tendría. Llevé mi mano hacia la cabeza de su verga, era bastante gruesa y larga, al principio me dio miedo, pero luego le agarré más confianza, acerqué mi boca y comencé a oler lo que tenía enfrente de mí.

 

 

Luego de un rato que estuve masturbándolo y viendo cómo se moría de placer pensé seriamente en llevármelo a la boca, momento exacto en el que se oyó el sonido de un carro estacionándose afuera, escuché cómo la puerta del cuarto se movió un poco… ¿Qué habría pasado ahí?, me pregunté, pero ese no era momento para preguntarse nada, con mucha osadía, se la lamí, la probé y la masturbé con la mano.

 

 

Luego de escasos segundos de hacer esto me la llevé a la boca y la estuve chupando como una loca, creo que nunca en mi vida había estado con esa calentura. La llevaba de adentro hacia fuera, de afuera hacia adentro de mi boca y con la lengua la lamía dentro de mí. Se sentía su sabor, si mi marido hubiese sabido que se la estaba chupando a otro, yo, que siempre me había negado a hacérselo a él, se hubiera muerto de la envidia.

Seguidamente comencé a masturbarlo al mismo tiempo que se la chupaba, con mi mano derecha se la corría primero despacio, después rápido, cambiando de ritmo según se me antojaba. En esos momentos experimenté por primera vez que se siente cuando una mujer tiene en la boca una verga, lo había visto tantas veces en los videos que trae mi esposo a la casa y recién ahora lo estaba practicando, era una cosa de locos.

 

 

Al pasar unos pocos minutos Sebastián un pudo seguir conteniendo la eyaculación que le provocaba mi boca, mi lengua y mis manos.

-Ahhhhhh…Hummm…

-Tiene buen sabor-Dije con una sonrisa al levantar la cabeza y verlo a la cara.

-Que rico lo haces…

-¿Quieres más?-Le dije viéndolo lascivamente al levantar otra vez la cara por un instante.

-Ah… claro…tú sigue…

-Hum… que rica esta tu pinga, me gusta, y está bien grande…

-Ya era hora de que la probaras sin miedo.

-Que rico sabe tu pinga Sebastián- Le dije son una sonrisa cómplice que fue correspondida por él, fueron palabras que se me salieron sin pensar, quizá fue el subconsciente que me traicionó y sacó a relucir mis más bajos instintos.

 

 

Bajé a los huevos y también los probé, era una verdadera perra en ese momento, ni yo me reconocía. Como nada es eterno, y menos el placer, se vino en mi boca, nunca había tenido leche en mi boca, pero esa fue la primera vez, como dato anecdótico puedo decir que un pequeño chorrito de semen resbalaba por mi labio inferior. Sebastián se quedó viéndome y yo lo miré también, un mutuo acuerdo se veía en nuestras caras, el deseo de que esto no se acabe ahí.

 

-Ay, yo quiero mas lechita-Le dije, en un tono muy sensual, como ya dije, no yo misma me reconocía en esos momentos. Sebastián me miró con una cara de deseo y lujuria que jamás había visto en mi marido.

-Yo te puedo dar más lechita, solo tienes que hacer lo que yo te diga…

-Si, si quiero que me des más lechita…-En esos momentos ya había perdido la vergüenza.

-Te voy a dar lechita por todos lados.

-Ay que rico…

 

Me estaba comportando como una verdadera puta, y eso no era todo sino que quería probar de una vez lo que era el sexo extramatrimonial en todas sus formas.

Me sentía muy cachonda, me saqué el sostén delante de él y me dijo que tenía unos lindos pechos que se veían más bonitos cada vez que los veía, yo ya no aguantaba y me eché en la cama, levantando los pies, al mismo tiempo que me quitaba el calzón con las dos manos delante de él, que se quedó viendo impresionado todo mi cuerpo y en especial mi parte íntima que estaba cubierta de mis pelos pélvicos, era muy erótica la escena que estaba viviendo.

 

Me quedó viendo y al verlo así le dije:

-¿Qué esperas? ¿A que viniste? ¿Solamente a ver?-Me dijo que no, moviendo la cabeza.

-Ahora vas a sentir lo que es una verga de verdad.

-Huy que miedo-Le dije en un tono algo gracioso.

-Mira que grande es.

-Ay amor…clávamela hasta el fondo antes de que venga mi marido-Le dije poniendo una cara de mañosa que nunca en mi vida me imaginé poner.

 

 

Ya estaba hecha, no había marcha atrás y ahora me tocaba recibir algo a cambio por tanta chupada, él estaba con el arma durísima otra vez y me estaba mirando con unos fuertes deseos que se reflejaban claramente en su cara.

 

En su cara se veían unas ganas tremendas de meterme su miembro, eso era muy excitante, se podía ver su cosa grandota y dura que acababa de tener en mi boca con unas gotas de semen cayendo, ahora tendría que soportarla en mi interior. Me sentí abrumada por un momento y con muchas ganas de tenerla dentro ya.

-Ahora me vas a decir que quieres.

-Quiero tu pene, de una vez…

-Siempre supe que eras una tigresa…

-Vamos, dame lo que quiero, ¿o tengo que mandarte una carta de invitación?

-Abre las piernas y comienza a rezar-Me dijo medio en broma y yo sonreí con lascivia.

 

Ahora el se estaba quitando toda la ropa, quedó completamente desnudo en cuestión de segundos, se veía con muchas ganas de hacérmelo. Se echó encima de mí y yo lo recibí en lo que hasta ese entonces había sido un lecho de amor y fidelidad, creí que nunca lo haría, pero ahí estaba yo, dispuesta a todo con tal de satisfacer mis deseos de sexo. Era increíble pero era cierto.

 

 

Nos besamos y me separó las piernas que en un acto inconsciente yo mantenía aún cerradas, en mi última muestra de fidelidad a mi marido, que era una extraña manera de seguir siendo fiel. Entonces fue que sentí como acomodaba la cabeza de su cosota en la entrada de mi vagina, con solo hacer contacto hacía que me moje más de lo que ya estaba.

 

Luego de unos instantes seguimos besándonos y dándonos piquitos, ya para ese entonces estaba empujando su cosota adentro de mí, sentí su cabeza empujando entre mis labios para abrirse paso, a lo que yo reaccionaba abriendo más las piernas para mayor comodidad, mi cuerpo estaba sudando y la cama comenzaba a moverse, finalmente logró meterme la cabeza y ahí fue cuando empezó mi tortura y placer extremo.

 

 

Comenzó a meter y sacar la mitad de su miembro con una lentitud que me enloquecía, sentí como se estremecía mi cuerpo cuando mi concha recibía un nuevo inquilino que no era el mismo de siempre, no era el pene de mi marido, y se me humedecía la zorra cada vez más.

 

Sentí la necesidad de abrazarlo y lo hice, llevando mis manos a su espalda y apegándome más a el, sentí el contacto de nuestras pieles completamente desnudas y calientes, con el sudor que se sentía al contacto.

-Papito dame más…

-Ah…ah…ah…

-Si quieres métemela toda, te doy permiso…

-Si…si…

-Anda de una vez, cáchame bien, déjame bien cachada…

 

 

Lo dije en broma, no pensaba que eso me iba a caber dentro.

Parecía incansable, seguía taladrando mi concha y me di cuenta que lo que pretendía era metérmela toda, que horror si me la mete toda, pensé. Pero luego de experimentar las primeras sensaciones de placer ocasionadas por esa cosota estuve decidida a soportarlo, ya no importaba si me dejaba la zorra más abierta, el placer que me estaba dando era difícil de explicar con solo palabras, me dolía muchísimo pero a la vez quería más y me gustaba más que cuando me lo hacía mi esposo.

 

Luego de los primeros dos minutos logró colocar toda su verga en lo más profundo de mi ser, me dolía harto y empecé a gritar y a gemir del dolor y placer, mis gemidos se escuchaban por todo el cuarto y estoy segura que por toda la casa, y es que con ese tamaño cualquiera se pone así, comencé a arañarle la espalda y a besarlo con todo y lengua, nos besamos con la lengua y nos acomodamos apretándonos más.

 

Todo el olor a sudor y a sexo se sentía en todo el cuarto y yo seguía recibiendo más y más.

-Más…más…más…

-Ah…ah…que apretada eres…-Me decía con una voz jadeante que me ponía más caliente.

Mientras él me la metía y sacaba a su ritmo, yo tuve que seguirle el paso y moverme al compás de él. Era lo máximo en placer que había experimentado hasta ese entonces y era la primera vez que lo hacía sin mi esposo. Sentía su respiración en todo mi cuello y mi cara, era excitante y me estaba cachando de una forma increíble, cada vez más fuerte.

 

 

Hasta ese entonces yo no sabía qué era tener sexo de verdad, gozar al máximo y ser penetrada tan rico. En esos momentos Sebastián empezó a metérmela con más fuerza y a hacérmelo más rápido. Lo besé, al mismo tiempo que jadeaba inconteniblemente, que placer me estaba dando, que rico se sentía, y que dolor también.

-Ah…ahhh….

-Hasta el fondo…hasta el fondo-Le decía con voz jadeante y entrecortada.

 

 

Miré para abajo por un momento y miré como entraba y salía su pene en mi concha, salía y de nuevo empujaba y se abría paso entre mis labios vaginales y volvía a salir y luego a entrar, que rico era todo eso.

 

Se veía en su cara el esfuerzo que hacía por seguir el ritmo de la penetración fuerte y rápida que me estaba haciendo, yo quería explotar de tanto placer y por momentos no sabía como responder a tanto placer que me estaba dando.

-Ya…

-Hum…

-Así… no pares.

-Uf…ah…ah…

 

Era cierto que las grandes duelen más y si no me creen pueden comprobarlo algún día. A mí me gustaba bastante esta nueva forma de tener sexo y no iba a dejar que solo fuera una vez. De pronto Sebastián comenzó a dar indicios de una inminente eyaculación, y contrario a lo que haría la mayoría de las mujeres yo quería sentir algo nuevo.

-Vacíate adentro…

-Si…

-Adentro, no la saques…

-Muévete más…

Nuestros cuerpos empezaron a temblar y justo en el momento que sentí humedecerse mi vagina con su semen dejé que se me vinieran los líquidos que estaba aguantando desde hace rato.

-Ahhhhhhhhh…

-Hummmmm…

-Que rico….hum….

Por fin se mojó dentro de mí, nos mojamos los dos y fue increíble, las sábanas estaban húmedas y nos echamos, estábamos muy cansados por el esfuerzo y nos abrazamos, él me besó y yo le correspondí, solo sentíamos que estábamos juntos y descansamos un rato. Pero la cosa no iba a acabar ahí, de un momento experimenté un sentimiento de culpa, pero felizmente se me dio por pensar solo en el presente, la jornada estaba empezando y él y yo queríamos más.

-Por qué no viniste a Lima cuando me dijiste.

-Hace años te llamaba, pero tu madre me decía que no querías saber de mí.

-Eso es mentira, yo te esperaba.

-Entonces todo fue una farsa.

-Me quedé con el que ahora es mi esposo porque nunca regresaste.

-Ya veo, y siempre lo sospeché, yo tampoco nunca te olvidé.

-¿De verdad?

-Si, lo que pasa es que…

 

La conversación prosiguió y por supuesto que yo no quería que se volviera aburrida, de un momento pasé mi mano por su entrepierna que estaba cubierta por la sábana y constaté que se le estaba endureciendo de nuevo la verga. Le dije que por ahora los dos ya teníamos vidas diferentes y que ni pensara en la posibilidad de que yo me separe de mi esposo, él estuvo de acuerdo nos besamos de nuevo.

-Ay, la tienes bien grande…

-Si, mira lo que te perdiste.

-Ay, no seas malo.

-Pero el tiempo perdido a veces se puede recuperar.

-Creo que sí…

-Veo que se te está haciendo agua la boca.

-Creo que tienes buena vista…-le dije sonriendo.

 

A los pocos minutos ya estaba de nuevo con su verga entre mis manos y acariciándosela ya no me daba miedo que iba a pensar de mí, acababa de ser su mujer y por eso ya había tomado más confianza. Acerqué mi cara a su miembro y me percaté de que estaba rojo, seguramente por lo que habíamos estado haciendo con tanta pasión.

 

 

-¿Alguna vez lo has hecho por atrás?

-No, nunca…Le dije mientras comenzaba a lamer el glande.

-Pero siempre hay una primera vez.-Al instante sonreí.

-Así que quieres hacérmelo por el culo, eres bien mañoso.

-¿Solo yo?-Me dijo mientras le seguía lamiendo la cabeza.

-Ja ja ja…

Mientras me decía cosas así como que es normal el sexo oral y otras cosas me fue calentando de nuevo, y me acariciaba de una forma que me excitaba.

-¿Ya?-Me dijo.

-¿De verdad quieres meterme esa cosota por ahí?

-Si, no te preocupes te va a gustar…

-Ay, si, como no…

 

 

La conversación proseguía y se me vino a la mente la idea de cumplir una de las fantasías que muchas tienen, cabalgar, me pareció que era hora de que yo tome la iniciativa y que fuera yo quien manejara y tuviera el control. Pero para eso debería quedar como una mujer que tiene mucha experiencia en eso, y para mí no era fácil hacerlo.

 

Poco a poco la lujuria se fue apoderando de mí al ver que su sábana se levantaba en la parte de su entrepierna y que cada vez se hacía más grande. Lo miré a la cara y me dijo que no me avergonzara, que si ya la había tenido bien adentro no había por qué avergonzarse. Le di la razón y me dediqué a verlo sin ningún reparo.

 

Luego de unos pocos minutos la acaricié por encima de la sábana y me decidí a probarla de nuevo, ante su mirada de complacencia. La tomé entre mis manos, todavía no sabía cómo esa cosa tan grande había podido caber dentro de mí, pero la lamí y otra vez se la estuve chupando. Al final no se vino porque paré antes e inicié mi travesura de montarme encima, me descubrí de la sábana que tenía encima y quedé otra vez desnuda delante de él. Me quedó mirando.

-Que bella eres.

-¿Así te parece?

-Así nos parecía a todos los chicos de la universidad.

-Ay, ahora que me lo recuerdas, había muchos chicos que me invitaban a salir.

-Lo que pasa es que eres atractiva, me gustas toda.

-Y imaginaste verme así cuando regresaste a Lima?

-La verdad es que lo he deseado desde que te conocí. Siempre fuiste la más bonita.

-Imaginaste tirar conmigo en la cama de mi esposo?

-Ja, ja ja ja-Sonrió de una manera extraña, que me hizo recordar lo lejos que habíamos llegado. En uno de los espejos del cuarto se veía la escena que ocurría en ese momento.

Yo estaba calatita, se veían mis pechos bien redonditos y el comienzo de mi zona púbica, se veían mis bellos vaginales y mis caderas, toda yo, sin nada encima.

-Te voy a dar un regalito.

Dicho esto, me subí sobre sus muslos, abriendo bien las piernas que estaban próximas a recibir de nuevo esa pinga tan dura y gruesa. Me acomodé bien y luego de unos instantes tenía esa cosa tan enorme en mis manos, acomodando su punta en la entrada de mi zorra. Para ese momento mi intimidad ya estaba húmeda otra vez y la calentura se había apoderado de mí por haberme imaginando esa escena tan erótica.

Sin más alargue, comencé a montar como si fuera una experta en esas artes y ya sentía la mitad de ese monstruo entrar y salir de mí como pedro en su casa. La arrechura se había apoderado de mí y otra vez no era yo la que hacía eso, sino mis impulsos sexuales.

Miré en el espejo y se vio la escena que tanto me había imaginado por tanto tiempo, cuando veía esas películas a solas después que mi marido se había ido a trabajar, era increíble estar viviéndola, y de ahí en adelante solo me dediqué a disfrutar lo rico que era eso.

-Ahhh…

-Hummm…

-Toda, cómetela toda…

-Eso quiero, pero es muy grande….

-Ahhh….

-Solo baja todo lo que puedas…

Así lo hice y volvía asentir que la concha se me partía en dos cuando me incrusté toda esa pinga hasta la base.

-Ahhh….ayyyy…..que rico….

-Hummm….

Mis gemidos y nuestras respiraciones se escuchaban por toda la casa, ya que eran muy fuertes.

Seguía gimiendo y después de unos minutos sentí cómo mi cuerpo comenzaba a experimentar un temblor que se apoderaba de mí y de él, sin más preámbulo nos mojamos juntos, el con mi líquido y yo con su leche, que llegó muy adentro de mis entrañas.

 

Estuvimos un rato acostados y le dije que ya debía irse, que en cualquier momento llegaba mi esposo, nos metimos a la ducha donde me pedía como loco que se la chupara calatita y le di el gusto, ya cuando estaba saliendo de la casa me dio un beso antes de cruzar la puerta y me acarició la concha por encima de la ropa.

No podía creer lo que acaba de hacer, me había acostado con otro hombre, y en mi lecho de matrimonio, no sabía cómo iba a poder mirar a los ojos al hombre que me prometió fidelidad para toda la vida.

Ese día me quedé en la cama metiéndome el dedo de tan solo recordar todo lo que había hecho, descubrí un nuevo mundo de recuerdos vividos otra vez con tan solo querer recordar. Estaba segura que desde ese día las cosas ya no serían iguales y que a la larga iba a perder mucho, pero en ese momento no sabía qué.

La mujer que se creía perfecta hasta hace poco, había caído, presa de la lujuria y el deseo de experimentar sensaciones nuevas. Sin duda ya no era la esposa fiel de antes, y no tenía cómo justificar lo que había hecho, pero nadie me iba a quitar lo bailado, todo el placer de esa tarde no se borra así nomás. A veces me sentía sucia, pero con ganas de seguir con esa locura.

 

Con el pasar de los días Sebastián me fue llamando seguido y yo no le contestaba, pero un día si lo hice y nos citamos para un jueves, todo debía ser ultra secreto y ya estábamos lunes. Me ponía nerviosa cuando tenía que hablar con mi esposo de temas de fidelidad cosas relacionadas.

 

Al día siguiente, ya casi cuando iba a amanecer, escuché la puerta de mi cuarto abrirse poco a poco, se veía una imagen algo así como sigilosa, era Gabrielito que estaba entrando. Ese día mi esposo se había quedado dormido en la sala, viendo televisión, como otras noches, y no subía al cuarto hasta que amanecía, yo no lo despertaba porque quizá se podía molestar.

-Tía, para dormir aquí.

Como por mí no había habido problema nunca, años antes dormía con él cuando tenía pesadillas, acepté de lo más normal.

-Lo que pasa es que he tenido una pesadilla.

-No te preocupes, duerme aquí.

Eran como las tres de la mañana y en verdad estaba con un sueño que no me dejaba pensar, ahora recuerdo que si en ese momento hubiera tenido la lucidez de una persona sin sueño le hubiera dicho que no.

Era obvio que él iba a tratar de tocarme las piernas y manosearme todo lo que pudiera, ya no era el niño inocente de tiempo atrás y yo lo recordaba porque ese día había tomado pastillas para el sueño, por lo que no podía pensar en otra cosa que no fuera dormir

.

Es por que es ahora que recién lo pienso bien que no pude evitar mucho de lo que pasó esa madrugada. Pasaron pocos minutos y comenzó a acariciarme las piernas. Recordé ya lo había hecho antes y que seguro que lo iba a hacer de nuevo. No tardó en acariciar con más confianza al ver que yo no ponía ninguna resistencia. Me quedé helada la ver que quizá esa iba a ser la constante de toda la noche.

 

Mi esposo estaba en el primer piso de la casa y yo estaba siendo manoseada por un pequeño que se estaba aprovechando de mi agradecimiento por su silencio. Procuré hacerme la dormida para que no pensara que yo estaba de acuerdo con sus caricias, pero él seguía subiendo su mano hacia mi entrepierna.

 

Ese día estaba durmiendo con un camisón muy transparente, ese fue otro de mis errores, tenía puesto un calzón chiquito que se notaba a leguas por la transparencia del camisón y un sostén que resaltaba mis redondos pechos. Mi culo estaba como para toda una noche de sexo sin parar, por algo me había comprado esa ropa interior especialmente para lucirla para mi esposo, que estaba dormido en el primer piso de la casa.

Quiera o no, Gabriel ya me había visto con esa ropa tan sugestiva y era seguro que me estaba deseando, yo no tenía otra escapatoria que seguir dejando que me tocara las piernas, pero ya estaba acercándose demasiado a mi zona íntima y eso me ponía nerviosa y me estaba excitando la situación en la que me encontraba.

-Gabriel, deja de tocarme.

-Es que te ves tan bonita…

-Si, pero deja de tocarme.

-¿Y cómo le dejas a ese señor que te toque?

-Solo fue una vez, así que ya no molestes…

-Yo sé que no fue solo una vez…

-¿Qué?

-Yo los miré hace días en el cuarto.

-Pero, que dices, eso no es verdad.

-Sí es verdad, tengo fotos, les tomé fotos y se las voy a dar a mi tío.

 

Me quedé helada en ese momento, había sido descubierta, y todo por confiarme demasiado, me había visto y ahora sí que estaba perdida. Mi matrimonio estaba condenado al rompimiento y no había nada que yo pudiera hacer.

 

-Pero si me dejas tocarte puede que no le de las fotos.

-¿Cómo sé que existen tales fotos?

-Si quieres te enseño una.

 

Fue a su cuarto muy rápidamente y me trajo un sobre, rápidamente se acostó a mi lado y se tapó con la sábana, lo que traía eran fotos que había escaneado por la computadora y ahora me las enseñaba sin ningún pudor. La luz que yo acababa de prender de la meza de noche iluminaba las fotos que me delataban. En ellas aparecía mi cuerpo desnudo y con otro hombre que no era mi esposo.

 

Pensé que quizá se apiadaría de mí si le decía que le iba a dar una buena propina, pero luego me di cuenta que quizá querría algo más.

 

Ya no había nada que hacer, estaba en sus manos y en ese momento tomé la decisión de convencerlo de cualquier forma de que no le diera esas fotos a mi esposo. Estaba en las manos de un mocoso.

-Tú sabes que eso esta mal…

-Gabriel, no le enseñes esas fotos, por favor.

-Por favor te pedí cosas que tú no me quieres dejar hacer.

-¿Qué cosas? Pídeme lo que quieras, no te voy a negar nada.

 

Su cara expresó una satisfacción que se me hizo extraña, como que había ganado algo que yo no me imaginaba. Después me miró a los ojos y me dijo:

 

-Quiero cacharte.

-¡¿Quéeeee…?¡¡¡

-Quiero meterte mi pene...

-Pero estas loco, soy tu tía.

-Mira que le doy las fotos a mi tío.

-Yo soy tu tía, como vas a querer hacerme eso.

-Pero si no lo haces le digo a mi tío, y de verdad lo voy a hacer.

 

 

No tenía otra escapatoria que ofrecerle un regalo que le gustara un montón, la bicicleta que tanto quería se la podía dar yo. Me dijo que su mamá se la había comprado esa tarde.

 

-Por favor Gabriel, mi vida se destruye si mi esposo se entera.

-Solo te estoy pidiendo una cosa muy fácil para ti-Me dijo mientras acariciaba mis muslos, muy cerca de mi entrepierna.

-Anda, dime que sí. Muchos hombres afuera quieren estar contigo, pero yo voy a ser el único.

-Pero Gabriel, no esta bien que me pidas eso.

-Entonces le voy a decir ahorita mismo a mi tío que vea esto-Me dijo mientras se levantaba.

-¡Nooo…¡

-Sueltame, mi tío va a saber.

-Espera.

En un momento de desesperación lo tomé de la mano y le dije:

-Primero anda a ver si tu tío sigue dormido…

Esas fueron las palabras que cerraron mi entrega total a cambio de un silencio del que dependía mi vida. Me dijo que venía enseguida, como cuando se iba a comprar algo a la tienda. Sentí un gran alivio cuando se fue a ver si su tío estaba bien dormido. No sé como explicarlo pero al mismo tiempo sentí que se me cargaba otra cruz que tenía que padecer.

En esos escasos momentos mientras esperaba que regresara no sabía cómo era que había aceptado dejar que se acueste conmigo. Escuché sus pasos de regreso, sigilosos y casi imperceptibles, se abrió la puerta de nuevo y yo estaba en la cama esperando.

-Ya lo ví, esta durmiendo, no se va a dar cuenta…

-Gabriel no sé…

 

Ya estaba embarcada en eso y no había marcha atrás, me sentí muy angustiada por lo que iba a hacer y lo cierto es que quería que pase rápido. Llegó y se echó en cama como si nada hubiera pasado, como si no me estuviera chantajeando.

 

 

Desde hace tiempo me miraba el trasero y yo ni le daba importancia, debí haber recordado con anterioridad que mis amigos hombres me contaban que desde niños habían deseado a las mujeres de su familia, de repente así me hubiera dado cuenta que ese chico me había echado el ojo desde que llegó.

-¿Ya tía?

-Espera.

Se metió por debajo de la sábana y me comenzó a tocar la intimidad por encima del camisón.

-Bájate el calzón-Nunca me voy a olvidar de esas palabras.

-Espera, no te apures.

-De una vez.

 

Hasta ese momento no había notado que en su familia los hombres la tienen grande desde pequeños, así me lo había contado mi esposo, claro que mi esposo no la tenía tan grande.

-Espera, primero unos besitos.

-Ya, siempre he querido besarte en la boca.

-No te la creas que solo es para que no me sienta tan mal.

-De todas maneras siempre me has gustado tía.

Me decía cosas así y se acercó a mi boca, juntamos las nuestras y nos dimos piquitos, como estaba encima de mí noté que su bulto estaba bien hinchado y que se sentía su dureza en mi vientre. Nos seguíamos besando y le dije que lo que íbamos a hacer era cosa de mayores y que solo porque se trataba de él yo iba a dejar que pase lo que iba a pasar.

-Tía estoy enamorado de ti.

-¿En serio?

-Sí, desde hace años, solo que no sabía cómo decírtelo.

-Pero me lo hubieras dicho, de repente lo hacíamos-Le dije un poco en burla para relajarme.

-Ya tía, quítate la ropa.

-Primero sal un ratito-Le dije apartándolo suavemente.

 

Me llevé las manos a los bordes de mi ropa interior y me la bajé hasta los muslos, se quedó viéndome como si estuviera soñand

Un beso para todos...


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El 15/12/07 a las 05:12:35

Salí de mi casa muy temprano al día siguiente, necesitaba encontrarme conmigo misma y el ambiente en mi casa no me ayudaba, había evitado a toda costa que el mocoso me penetrara por atrás el día anterior porque no me sentía segura. Había preparado todo esa mañana para ir a nadar en un club como a las 9 de la mañana.

Pero primero debía quitarme el gran peso que estaba cargando, estaba en la iglesia, rezando, a mi costado estaba una anciana con su nieto.

Me paré y fui al confesionario, esperé unos cinco minutos y quedó libre para mí. Una vez que estaba al frente del cura no tuve el valor suficiente para decirle lo que me había pasado.

Era terrible estar así, salí de nuevo, estaba muy deprimida por lo que estaba viviendo, ya casi de salida me topé otra vez con la anciana, intercambiamos unas palabras, antes de irse me dijo:

-Parece mentira que un angelito como usted tenga pecados que confesar, parece usted una santa, me hace recordar a mi nieta.

El niño que iba con ella me miraba y sonrió un poco al escuchar las palabras de su abuela.

Ya cuando estaba afuera saqué de mi bolso un pañuelo para secarme las lágrimas que de un momento a otro se me escaparon.

-¡Señora…!

Volteé y a unos pasos estaba aquel chico con quien estaba la anciana.

-Señora, su llave se le cayó dentro.

Intenté disimular mi estado de ánimo.

-Oh, gracias…

Me despedí y tomé un taxi hasta el club, no quería manejar ese día así que no había sacado el coche, llevaba una falda muy delgada por el calor, color azul, por arriba solo me cubría una tela también delgada.

Demoré un poco en acercarme a la puerta, en eso veo un auto estacionarse y de ahí bajar a una familia de 5 personas. Entre ellos el niño de la iglesia.

Que coincidencia me dije a mí misma, con lo bien que me había caído y ahora me lo encontraba aquí.

Una vez que llegué a la piscina me quedé viendo el agua, solo había llegado yo, algo raro, pasaron apenas unos minutos y empezó a llegar gente. Yo me senté en una de las sillas que estaban acondicionadas para las personas.

Me quedé pensando en mi esposo, en Sebastián, en "Gabrielito", en mi juramento frente al altar de siempre ser fiel a mi esposo, me dio una pena terrible saber que había hecho algo muy malo.

Me dispuse a quitarme la pequeña falda que cubría la parte inferior de mi bikini.

-Hola, ¿Qué haces por acá?

-Vine con mi familia.

-¿Y tu abuela?

-Ella era mi bisabuela.

-Oh… pensé que era tu abuela

Nos miramos y era obvio que me caía muy bien, había algo en él que hacía que le tomara aprecio.

-¿Y tu mamá?

-hummm… hummm…

La expresión de su cara era de tristeza, le cambió tan rápido que me dio miedo haber dicho algo imprudente, era obvio que lo había dicho.

-Mi madre falleció.

Que pena sentí en ese momento, había tocado una llaga que aún estaba abierta seguramente, me sentí culpable. Me acomodé bien en la silla reclinable para tomar el sol, en unos minutos estaría en la piscina. Le pedí que no se fuera. Traté de alegrarlo pero era inútil, no pensé que le pudiera chocar tanto, debía hacer que vuelva a exhibir esa sonrisa tan linda.

No me imaginé que una pregunta le iba a cambiar así el ánimo, pero como ya a esa hora hacía bastante calor me quité la faldita de una vez, no saben cómo se puso, me vio de pies a cabeza, él pensó que yo no me daba cuenta.

Al parecer tenía la misma debilidad que todos los hombres, recordé a Gabrielito en ese momento, me parecía que quizá esa podría ser una forma de reanimarlo. Aunque no me parecía muy bien, esa, era la única salida que veía.

-¿Alguna vez has puesto bronceador?

-Sí. A mi mamá.

Ahora si que la fregué me dije.

-A mi mama le gustaba broncearse, me llamaba a mí o a mi papá porque decía que los otros hombres son mañosos.

-O sea que tú no eres mañoso, que lindo.

Pero bien que me había visto y hasta me atrevería a asegurar que se le estaba parando, aunque mi bikini no era muy pequeño porque así nomás no uso pequeños, este se veía muy bien, la gente estaba en lo suyo, quité lo que cubría la parte superior del bikini y de nuevo se quedó viendo.

Respiré un poco, como que me estaba liberando de su tristeza, me caía tan bien que tenía ganas de abrazarlo. Ya estaba echada boca abajo y comenzó a echarme el protector, sus manos suaves pasaban por mi cuerpo acariciándolo, como se lo hacía a su mamá me explicó.

No sé cómo explicarlo pero al estar en tan poquita ropa me vino una excitación que no podía explicar, algo desconocido, recordé lo vivido con Sebastián y Gabriel, era extraño sentir eso en ese momento.

-Más despacio, vas bien, así.

-Que bien que le guste.

Las horas empezaron a transcurrir y no podía sacar de mi mente las escenas ni la excitación.

-¿Que edad tienes?

-Catorce.

-¿Ah que bien, y tu papá?

-Está del otro lado de la piscina.

Que raro se sentía, pensaba en ir a casa para que me cogiera Gabriel con esa pichulaza, luego veía que estaba muy lejos de casa para llegar rápido, no sé por qué se me daba por abrir las piernas.

-¿Señora y es usted casada?

-Sí, mi esposo trabaja todo el día por eso no me acompaña.

-¿Qué edad tiene usted?

-A una mujer nunca se le pregunta la edad.

Pensaba por momentos que podía controlar mi excitación.

La horas pasaron rápidamente y ya eran como las 3 de la tarde cuando llegó una parejita dándose besos, de lo más calientes, la chica tendría como 16, él 18 o más, se notaba que tenían muchas ganar de estar solos.

Recuerdo que estuvieron así por más de una hora.

El momento cumbre de todo fue cuando yo estaba por salir de la piscina, los vi del otro lado besándose, en una de esas apretadas, me di cuenta que la chica se inclinaba poco a poco formando un ángulo de 40 grados entre su nuca y el final de la piscina, el chico estaba frente a ella, se besaban y hubiera jurado que la estaba comenzando a penetrar.

Lentamente el chico subía y bajaba, ella lo abrazaba y el agua cubría lo que parecía ser un coito.

En ese momento el calor de mi cuerpo comenzó a aumentar, mis pezones se pusieron duros, duros de verdad, sentí mis piernas acalorarse a pesar de estar en la piscina.

Debía hacer algo, urgente, aunque sea debía satisfacerme yo sola, debía ir al baño y es que nunca había visto algo así, tirando en la piscina, qué calor me daba.

Salí de la piscina, no sin antes darles la última mirada a ese par de calentones. Eran como las 4 y 50 de la tarde y ya se había retirado la gran mayoría de las personas, solo quedaba la parejita, unas señoras que se estaban vistiendo para irse y la familia del chico que también se iba.

Caminé despacio, llegué a la puerta del baño y me dirigí a los inodoros, el baño estaba completamente vacío, entré a uno de ellos y me senté sobre uno, sin quitarme el bikini, toqué mis muslos, pensaba en lo que estaban haciendo ese par.

De pronto sentí unos pasos lentos acercarse a mi sitio, pensé que era cualquier persona, llega a mi sitio y abre la puerta, era el niño que me acompañaba, me sorprendió su presencia y no tuve tiempo para reaccionar, sin perder tiempo se metió donde yo estaba y juntó la puerta.

Me llevé un gran susto cuando lo vi entrar, él me miró y puso seguro a la puerta.

-Oye no puedes estar aquí, vete.

Mi cara era de asombro y él lo notó, estaba completamente sorprendida por lo que estaba ocurriendo.

Me paré, pero me tomó de la cintura y me sujetó.

-Me gustas, por favor déjame estar contigo.

-Oye, no seas atrevido, vete…

-Eres muy hermosa, te quiero…

-Por favor sal… puede venir alguien…

Me sostenía de forma que su cara quedó viendo a mis pechos y el resto de su cuerpo pegado al mío, yo no sabía qué hacer, podía sentir su pene bien parado debajo de su ropa.En ese momento solo me dejé llevar por lo que sentía y me había provocado él.

-Que quieres, dime.

-Quítate todo.

Al escuchar eso mi respiración se detuvo, de solo pensarlo me excitaba mucho, me imaginé haciéndolo en el baño por un segundo.

-No sé...

No terminé de hablar y el bandido se bajó el short, quedó su miembro colgando enfrente de mí, me puse nerviosa, estaba bien parado y tieso, se me acaloró la cara.

En actitud, débil, de rechazo volteé la cara para no mirar su grueso pene, pero lentamente fui cediendo hasta verlo completo. Si quería verme desnuda no se iba a poder porque nunca me atrevería a hacerlo, pero como me caía tan bien y por querer hacer una travesura hice algo incorrecto.

-Está bien, solo te dejaré ver esto.

Dicho esto levanté la parte superior del bikini, mis pechos quedaron al aire y él los vio, acercó sus manos y los toco suavemente. Al sentir sus manos donde nunca me hubiera imaginado que llegarían a estar mi excitación era evidente y el estar en un sitio tan reducido y con ese peligro me hacía vibrar. Llegó a besar mis pechos, no sabía qué estaba haciendo ahí, debí haberme ido.

El aire que sentía por mis pechos me hacía sentir más duros los pezones.

-Quítate todo.

-No, que pena, puede venir alguien.

Pero otra vez me interrumpió, bajó sus manos a mi trasero, se mandó completamente y empezó a quitarme el bikini, me sentí tan bien que al momento de querer evitarlo no tuve fuerzas. El aire esta vez rozaba mis nalgas, nunca me había sentido así.

-¿Cómo hiciste para entrar aquí?

-Ya todos se fueron, el portero viene a cerrar en una hora.- Me decía mientras tocaba mis nalgas.

-Saca tus manos de ahí...-Le dije mientras sostenía mi bikini que el atrevido se empeñaba en tirar abajo.

-¿Cómo te atreves?

-Hago lo que quieras pero déjame verte...

-Ay, como te comportas, le voy a decir a tu familia.

-Mi familia ya se fue, yo siempre me quedo a seguir nadando, hasta la pareja que estaba besándose en la piscina se fue.

-¿Estas seguro?-Le dije al momento que bajaba la guardia y él llevó mi truza un poco más abajo.

-Claro que sí, yo vi cuando se iban.

El calor de mi cuerpo era insoportable, es muy sucio decirlo pero en verdad quería quedarme calata y que me metan el miembro hasta el fondo, como extrañaba a Esteban, Gabriel y a mi esposo. Me quedé muy quieta al saber que sí estaba dispuesta a hacer una locura en ese momento, mi cuerpo lo reclamaba.

-Ay no, debo irme ya...

De un impulso lo hice a un lado, subí mi bikini superior e inferior, abrí la puerta y salí rápidamente con la idea que si hubiera permanecido unos segundos más ahí ya estaría siendo penetrada por este casi desconocido niño.

De hecho cuando caminaba hacia mi silla no pensaba en otra cosa, mi bolso estaba en su lugar, solo debía cambiarme e irme.

Me senté y deseé en verdad estar en casa.

Caminé hacia otro baño más alejado que recuerdo usaba, pero estaba cerrado, debía regresar al primer baño. Cuando regresaba a la silla él estaba esperándome. No quería admitirlo pero en verdad quería tener sexo esa tarde, mi cuerpo ya no resistía y él estaba dispuesto.

Ya sentada otra vez empezamos a conversar.

-¿Siempre haces lo mismo?

-No, solo cuando te vi entrar al baño me dejé llevar.

-Te ibas a ganar unas cachetadas bien fuertes.

-Te digo la verdad: Me muero por ver tu cuerpo desnudo, te he estado viendo todo el día y tienes un cuerpo maravilloso...un cu...

-Anda dilo, las cosas como son, qué palabra ibas a pronunciar... no me molesto te lo prometo - La verdad es que quería escuchar que me tratara así.

-Tienes un culo riquísimo- Me miraba a los ojos y yo a él.

-¿Sí, y qué más?

-Tienes buenos pechos, tu culo está para romperlo...

-Así que eso piensas... ¿Dime, tú quieres romperme el culo?-Ya estaba excitada por estar hablando estas cosas, sentía cómo se endurecía el clítoris.

No podía creer que yo acababa de decir esas cosas: "quieres romperme el culo", me sentía mareada.

Me miró a la cara de nuevo, pensó dos veces para decirlo...

-Sí...

-Pues es una pena porque ya me voy, piensa en mí, quizá nos volvamos a ver algún día.

-Pero yo quiero hacerlo ya.

-¿Me quieres romper el culo ahora?-Me excitaba escucharlo y decirlo.

-Si, atrás hay un cuarto yo tengo las llaves.

Que atrevido pensé, es decir que si yo le decía que ya este chiquito se me tiraba encima.

Sin decir nada me fui a los servicios, entré a un baño, que era el mismo de hace un rato y ni cerré la puerta. Ya me imaginaba que el muy pillo vendría detrás de mí y así lo hizo. Al sentirlo abrí despacio la puerta, él se dio cuenta y entró de inmediato. Se me pegó como chicle y otra vez tenía mis manos sosteniendo mi bikini para que no se deslizara por mis piernas y luego al suelo. Sentí su bulto pegado a mi entrepierna, no me quedaban fuerzas para seguir resistiendo, mi bikini ya estaba dejando ver el inicio de mis bellos, estaba caliente y de pronto me vino a la mente esta frase:

-¿Y por qué no?

La frase retumbaba en mi cabeza mientras sentía cómo el calzón de baño bajaba por mis muslos y llegaba a mis rodillas… Me había quedado casi desnuda enfrente de ese simpático adolescente, mostrando mis intimidades, parecía como si estuviera soñando o estuviera inconsciente.

-¿Qué quieres hacer?

-Anda, aunque sea la cabecita…

En mi cabeza no dejaba de sonar la misma frase: ¿Por qué no?... ¿Por qué no?... ¿Por qué no?... ¿Por qué no?... ¿Por qué no?...

Subí mi bikini y a él lo separé un poco de mí, sentía cómo el pecho me latía, qué nervios.

-Quizá te pueda dar otra cosa… siéntate.

Obedeció y ahora pude ver su grueso miembro muy bien, estaba bien duro, nada mal, alrededor de los 15 centímetros.

-Cierra los ojos y no me veas-Así lo hizo.

-Me agaché y lo observé, ya no resistía y acerqué mi boca hacia la cabecita, lo toqué con mi mano derecha, estaba bien caliente y parecía una piedra.

Todas las cosas que me pasaban por la cabeza, he debido volverme loca, solo así puedo explicar que en pocos segundos mis labios recorrían el glande de esa estaca, recordaba cómo se cachaban a la niña de la piscina, cómo lo disfrutaba ella, cómo hubiese querido estar en su lugar.

-¡Vamos, chúpalo…!

Al momento que me imaginaba siendo clavada en la piscina la cabeza de su pene entraba entre mis dos labios, sentía su sabor, ese líquido pre-seminal manchaba mi boca y me hacía sentir un olor a sexo que me arrechaba más.

Se me humedecía la intimidad y mis labios ya llegaban a la mitad de su pene, luego subía para luego bajar.

-¡Que rico, tan bonita y me la estas chupando!

Sentí su cuerpo vibrar por el contacto con mi boca, se estremecía con cada chupada que le hacía.

-Ohhhh….. ahhhh…. Así….

Yo no podía hablar con la boca llena, solo escuchaba que su respiración se agitaba mucho, igual que la mía.

¿Cómo puedo estar haciendo esto?- Qué me estaba pasando me preguntaba yo misma.

Me acomodé mejor y esta vez me la metí completa a la boca, suavemente, como si estuviera acariciando su miembro con toda mi boca, lo sentía tan tieso que mi vagina moría por tenerla dentro ya mismo. Sentí la cabeza llegar a mi garganta. Atravesada por la boca era una excitación tremenda la que sentía.

De hecho que estaba arrecha y con ganas de que me cacharan, lo deseaba como munca.

¿Y ahora cómo se lo pido?... ¿Qué debo hacer?

Estuve así un rato (cinco minutos), al ver que ya no aguantaba más y se vaciaba me la saqué de la boca y lo masturbé con la mano (¿Qué estoy haciendo? Yo misma me preguntaba). Sentí toda esa leche en la mano, ay… dije, lo besé en la boca y aprovechó para apretarme a su cuerpo, agarrarme el culo e insinuarme que me le entregue de una vez.

-No – Dije

-Solo la cabecita- Me decía al oído.

-¿Lo prometes? – Le dije

-Ya.

-No, mejor no. Tú sabes que soy casada.

Me levanté y me abrazó, ese beso me ponía caliente, me arrimó a un lado y con su miembro apretaba fuerte contra mi cosita, felizmente que tenía el bikini puesto, lo acomodó mientras yo me hacía la desentendida al no poner ninguna resistencia.

Una vez que estuvo en dirección a mi concha lo comenzó a mover como si me fuera a penetrar, en ese momento me quedé sin aire y solo sentía cómo su cabeza presionaba una y otra vez mi vagina por encima de la tela.

-Ahhhhh… ¿qué haces? … huy…ahhhh

Los suspiros se me escapaban, no podía contenerlos.

Solo miré al techo, lo sentía tan duro, solo la tela impedía que me penetrara aunque yo ya me sentía penetrada, rogaba para que el bikini desaparezca pero no me atrevía a sacarlo.

Fueron momentos de un orgasmo indescriptible, abrí más las piernas y él lo hacía más fuerte.

-Ya para…paaaaaarrrraaaaa…

Ya casi sin aire (aguantando la respiración), lo separé de mí un poco usando las palmas de mis manos.En esos instantes no sabía si bajarme el calzón o empujarlo lejos de mí y opté por lo segundo.

Salí a la puerta del baño y en efecto no había nadie, me arrepentí de no haber seguido pero seguía con las mismas ganas. Él estaba detrás de mí y nos miramos a los ojos.

-Te dije que no había nadie, ven…

-No le cuentes a nadie –Le dije.

Sin decir nada volví a donde estábamos, me senté en el inodoro y abrí las piernas, sin darme tiempo de pensar nada se metió entre mis piernas, yo sentía un calor insoportable y me quite el superior, mis pechos quedaron libres y él los tocaba. Comenzamos el mismo juego, metidita sin poder hasta que me separó la tela a un costado, cogió la cabeza de su pinga y la introdujo dentro de mí.

-Ay… ay… ay…

-Yo soy una mujer casada…saca eso… ahhh… ahhh…

-Hummm… ahhh…

-Por favor sácalo no seas malo…

Ni modo, mi cuerpo no me obedecía y en vez de empujarlo mis piernas se abrieron más y más, mis brazos lo apretaron fuerte.

-¿Ya?, sácalo, anda- Le decía mientras comenzaba a meterme la mitad, aumentaba la velocidad, entraba con facilidad por lo lubricada que estaba, qué delicia, les juro que lo disfrutaba muchísimo. Me acomodé y lo empujó todo, mi columna se enderezó por un segundo al sentir ese fierro invadirme hasta lo más profundo, y todo por estar de regalona, mi valla caía vencida una vez más y parecía que iba a ser por goleada.

Me la metía con ritmo, parecía que ya lo sabía hacer, mi cuerpo temblada y ni sabía donde estaba, el calzón estorbaba, así que cuando esa carne salió de casualidad de mi agujero me paré y él me lo bajó con rapidez, cayó al piso y me lo terminé de sacar, me senté y seguimos con lo mismo.

-Ay ya no por favor, vete…

-Déjame seguir…

Esta vez entraba todo entero y con mis manos me apoye en la pared, mientras él disfrutaba de mi zorra y yo de su pichula.

Era gruesa, me dolía, no sé si por la timidez o por lo gruesa que estaba

-¿Ya?, déjame…uy… ay… como duele… auuu… ay…

Sentía el máximo placer recorrer por todo mi cuerpo.

Cerré los ojos y me concentré en sentir su grueso pene entrar y salir de mi concha, era muy rico. Sus suspiros se convirtieron en jadeos como los míos

-Ayyyyy… auuu… -Sus embestidas eran ya completas, lo metía todo, sus pelos chocaban con mi clítoris y su piel lo presionaba….

-Ahhhh… ahhhh… ahhhh…-Que rico… me cachas… ahhhh…- Mientras botaba mis líquidos casi a chorros, terminando este primer round.

Perdí el sentido del tiempo y del lugar, me puse a gritar como loca. Extenuada, sentía cómo paraba de meterla y su miembro latía dentro de mí, mientras dejaba toda esa rica leche en mi útero.

-¿Terminaste?

-Sí – Me dijo

-¡Pues no lo vuelvas a hacer!

Me limpié, me puse el bikini, mientras él me veía extasiado, contemplaba a la mujer desnuda que se acababa de tirar, salí de ahí, mi cuerpo estaba caliente, mis pezones erectos, quería seguir, pero no quería perder la decencia. Cuando vi que se acercaba a mi asiento me dieron ganas de abrir las piernas de nuevo, ahora estábamos afuera.

-¿Nadas? – Le dije.

-Sí. – Vi cómo su miembro estaba tieso otra vez, no habían pasado ni diez minutos.

Nadamos y nos quedamos en una esquina de la piscina, me calenté al recordar cómo le daban a la niña hace menos de una hora.

-¿Te gustó?

-No sé, ¿tú que crees?- La cosa se me hacía agua otra vez.

-Mucho, claro que sí.- Me dijo

-¿Lo harías en una piscina? – Le dije

Puse mi trasero en su entrepierna y comprendió todo.

Nadé hasta llegar al lugar donde minutos antes la niña recibía su "regalo". Como ya suponen él estaba detrás de mí, lo miré de frente y le di un beso, luego me puse de espaldas a él con el rostro en el final de la piscina, como si fuera a salir de ahí. Fue ahí cuando me punteó, sentí que estaba como hace rato, dejé que lo hiciera, dejé que me tocara mientras temblaba en el agua, no sé que va a ser de mí, pensaba.

Me sentía insegura por unos momentos al recordar que no debía hacerlo, pero quería, ¿Yo haciendo esto?, me preguntaba.

-¿Quieres cacharme aquí? –Le dije con voz entrecortada que mostraba mi nerviosismo

Su cara se tornó roja y luego de un par de segundos escuché: Sí.

Di media vuelta, ahora mi trasero y mi espalda chocaban con el final de la piscina, de frente lo tenía a él.

Le di un beso que correspondió de inmediato, se juntó mucho a mí y Le dije: Espera un momento, abrí las piernas todo lo que pude y yo misma separé la parte del calzón que cubría mi vagina a un lado para que su pene pudiera entrar.

Me incliné para recibirlo y ahí estaba él, con su miembro otra vez al ataque.

-¿Nadie esta viendo de lejos?

-No nadie –Me dijo.

-¿Entonces qué esperas?

-Nada, ahí voy- Me dijo.

Mis piernas enroscaban sus caderas, él puso sus manos en el concreto como abrazándome, de ahí tomó impulso, mis manos también estaban en el concreto del final de la piscina. La cabeza de su pene fue acomodada por mi mano en la entrada y….

-Ohhhh… que rico….así… así - Le decía

Estuvimos así un pequeño ratito, disfrutando de un rico polvo en la piscina, en verdad lo deseaba mucho.

-Espera- Le dije.

Baje mis manos al agua y llevando mis rodillas los más arriba que pude me saqué el bikini inferior que incomodaba nuestras pretensiones. Me lo saqué por debajo del agua, nadie se hubiera dado cuenta si hubiera habido gente. Lo puse en el bolsillo de su short y mirándolo a la cara le dije:

-Ahora sí, qué esperas… apúrate antes que venga alguien.

De inmediato comenzó a taladrar en mi concha, primero la cabecita, y de un empujón todo.

-Ahhhh… ahhhh…. Fíjate que no venga nadie…ahhhh… ahhhh…

-De vez en cuando subía la cabeza para asegurarse, cada vez que le preguntaba si veía algo, pero más era lo que se dedicaba a dármelo, que rico.

-Si no hay nadie que vea, cáchame más fuerte…- le dije al oído.

Comenzó a darme como en el baño, era estupendo sentir su pinga tan gruesa y dura friccionar mis paredes, era lo máximo.

-Vamos, todo, todo, no dejes nada fuera…ahhh…. ahhh… así, así mi amor…ahhh…!!!

-Ahhh… ahhh…

Su pinga entraba sin compasión en mi concha, levanté más las piernas. Cerré los ojos para dedicarme a sentirla toda enterita, entraba y salía rápidamente, no quería que pare nunca, me comencé a mover para que la penetración sea más profunda.

-No pares por favor… así… métemela así ayyy…

-Que bonita eres, ufff… que cosas dices…

-Ayyy… sigue… sigue…

-Que rica eres, sácate el sostén, quiero verte las tetas… ahhh…

-¿Qué?, no me pidas eeeeso, así sí nos podrían veeeer… ay… ¡que rico!, daaaame así…¡Dámelo así…!... uyyy…ahhh… ahhh… ayyyy… duele… que bien papito…ahhhh… uyyyy… así… no pares…

-Si quieres que no pare, quítate el sostén…

-Esta bien, todo lo que quieras pero no pares, no pares… ahhh… que rico…

Es obvio que accedí a quedarme completamente calata en la piscina, apenas vio mis pechos me lo empujó con más fuerza, fue sensacional. Al terminar, dejó su leche dentro de mí, yo feliz, de inmediato me cubrí los pechos, de su bolsillo saqué mi prenda inferior y otra vez nadé al otro lado de la piscina. Las nuevas sensaciones que estaba experimentando no las cambiaba por nada, a pesar de ser de buena educación confieso que me gustaba demasiado para dejar de hacerlo.

-Ya era tarde y era mejor salir de aquel lugar. Me acompañó hasta la puerta, creo que en esos minutos lo que habíamos hecho se reflejaba en mi cara, pasé sonriente por la salida, me vieron contenta.

"Había descubierto algo nuevo en mí, y estaba dispuesta a experimentarlo y a disfrutarlo, atrás quedaron los remordimientos", ese era mi razonamiento.

Al cruzar la salida él cargaba mi bolso, empezamos a conversar.

-¿A donde piensas ir?

-A casa.

Caminando llegamos a un parque, encontramos una banqueta y sin gente a nuestro alrededor le pregunté aquello que me había dejado desconcertada.

-¿Tu ya habías tenido relaciones sexuales?

-¿Y por qué quieres saberlo?

-Sé que ya las tuviste.

-Te cuento pero si tú me cuentas también.

-¿Es un trato?

-Es un trato.

Había llegado al punto que quería, sin más miramientos comencé la serie de preguntas que me había costado tiempo formular.

-¿Cuántas chicas has tenido?

-Dos, solamente dos.

-¿Y como se llaman?

-La primera se llama Katy, la actual Marcela.

-¿Y con cual lo hiciste por primera vez?

-Con ninguna, ninguna fue la primera.

-¿Y entonces cómo lo hiciste?

-Debes prometerme que jamás saldrá de tu boca lo que te cuente.

-Sí, por supuesto que lo prometo, eso ni lo dudes.

-Está bien.

-Ahora dime con quien fue.

Lo que van a leer a continuación es lo que él me contó y significa la ruptura de mi promesa de no contar nada. "Fue con mi tía Angela, ella hasta ahora me deja metérsela, fue muy rico casi como lo de hoy contigo", me dijo.

Lo que me dijo me dejó helada, era como hablar con Gabriel, y qué coincidencias tiene la vida que justo me lo cuenta a mí, hice lo posible por no mostrar mi cara de asombro.

-Cuéntame cómo fue.

-Mira, yo hace tiempo le tenía ganas, pero ella tenía un novio de años, a sus 24 era casi imposible pensar que tendría algo con ella.

Sentí morir cuando anunció a toda la familia que se casaba, fue uno de los peores días de mi vida, para qué contarlo. Pero siguiendo, ella estaba feliz y nadie se daba cuenta que yo estaba mal por eso, para serte sincero no quería que se case, quería que fuera para mí.

Pero si hay algo que he aprendido en la vida es que hay que tener paciencia, con eso se consiguen muchas cosas, me lo enseñó mi abuelo, sin imaginar para qué lo iba a utilizar en la vida. Un día mi tía llegó de compras, traía un lindo vestido color rojo, me parecía que iba a un baile, antes pasó por mi casa para dejar unos paquetes.

No sabía que yo le iba a dar el mejor "paquete". Me encantó cómo le quedó el vestido, resaltaba su figura fina, sus curvas, sus tetas y su trasero, se le veía tan rica, y su cara tan hermosa. Tú no tienes nada que envidiarle, pero mejor te sigo contando sobre esto.

Resulta que mi madre no estaba y solo estaba yo en casa, por lo que me pidió que le deje entrar al cuarto de mi madre. No dije nada en contra, a pesar que a mi madre no le gustaba que nadie entre cuando ella no estaba. Dejó dos bolsas en la mesa de la sala y entró al cuarto con las demás.

-A tu mamá le va a encantar lo que le traje – Me dijo.

Cuando fui a curiosear qué había en las bolsas había una caja de vinos. Me gustó la idea y decidí que quería probar un poco. Como se demoraba mucho fui a decirle que iba a abrir una botella, sin imaginarme nada abrí la puerta y entré sin pedir permiso.

Frente al espejo estaba ella, tan bonita y rica, solo en calzón y sostén. Su cuerpo me volvió loco, al punto de no avergonzarme y quedarme a seguir observando.

Como excusa le iba a decir lo que ella siempre me decía: Uno nunca debe avergonzarse de su cuerpo, es lo más normal del mundo.

-Oh, pero me estoy probando los vestidos.

Nos vimos cara a cara, ella quiso hacer la escena lo más natural del mundo, yo quería que así fuera, avancé unos pasos, estaba tan caliente que se me empezó a endurecer en segundos, no lo podía disimular.

-Tía, quiero hablar contigo, es muy importante para mí.

-Pues hablamos, mañana es un buen día.

-No tía, yo ya no puedo esperar, tiene que ser ahora.

-Pero llámame Ángela, ya te lo he dicho.

-Noté que sí le incomodaba hablarme en ropa interior, ese calzoncito se le veía tan bien, y esos pechos, huy… quería tirarme encima de ella.

-Espérame un rato, salgo en unos minutos.

-Tía ya no puedo esperar más, digo Ángela.

-¿Tan urgente es? ¿En serio no puedes esperar?

Había en su rostro una expresión de preocupación. Creo que por eso fue que accedió a hablar conmigo en esas circunstancias.

-¿Quieres que hablemos ahora mismo?

-Sí, tú me dijiste que no importaba el momento ni el lugar, que si yo quería hablarte, pedirte algo, algún consejo no te ibas a negar.

-Claro que sí pero no me asustes.

-Entonces hablemos ya mismo.

-¿No te incomoda que hablemos así?-Me lo dijo porque no estaba vestida.

-No, para nada, tú siempre me has dicho que el cuerpo es lo más natural del mundo y que nunca uno debe avergonzarse del suyo.

-Por supuesto, tienes toda la razón- Noté que empezó a ponerse nerviosa, me gustaba.

-Entonces sentémonos, de una vez.

Solo había una silla en la recámara y yo sugerí sentarnos en la cama, ella aceptó.

-Bueno comienza.

-Bueno, mira me siento muy mal, veras, hay cosas de las que no puedo hablar con mis padres.

-¿Cómo cuales?

-Me siento muy mal porque no tengo con quien hablar de sexualidad, no se nada de sexo y en la escuela se burlan de mí. Eso es lo primero que quería hablar contigo.

"Quiero cacharte Ángela", pensaba, mientras la veía en calzón sentada en la cama, no pude elegir mejor momento para hablar de eso con ella. Era el lugar y el momento preciso, no podía haber otra ocasión así. Ella trató de tomar el tema con la mayor naturalidad del mundo.

-No sé lo que está pasando conmigo, veras, cuando me levanto por la mañana encuentro mi ropa húmeda y no sé por qué es eso.

-¿Y en la escuela no te han enseñado nada de eso?

-La verdad que no, y siempre he querido hablar de eso con alguien de mi entera confianza como tú.

-Pero no voy a resolver todas tus dudas hoy, tengo que salir y además ya viene tu mamá y si me encuentra así contigo se va a molestar, ella tiene otra forma de ver las cosas, una mente muy cerrada diría yo.

-Pero quiero que tú seas quien me enseñe hoy todo, no confío en nadie más que en ti. En la escuela se seguirían burlando de mí mis amigos si saben que no se nada. Los profesores no enseñan eso.

-Debe ser una muy mala escuela

-Sí es por eso quería hablar contigo.

-Sigue contándome, expláyate todo lo que quieras conmigo.

-Veras, aquí en mis genitales, el pene se me pone duro muchas veces y no sé qué hacer, no sé que puedo hacer. ¿Qué es la masturbación?

El tono de su voz cambió notablemente. Siempre había resuelto mis preguntas y ahora, por fin la veía flaquear.

-Entonces te lo explico.

-Espera, primero quería pedirte un gran favor, yo sé que tú no me lo negaras, porque eres la persona en quien más confío, tú me pediste que así fuera, que nunca dudara en pedirte nada.

-Por supuesto que no te lo negaré solo pídelo…

Si quería verla desnuda, calatita como siempre había soñado, debía actuar ahora pensé.

Justo en ese momento sonó mi celular, era mi madre que me decía que iba a llegar muy tarde, como a las 5 de la mañana porque se iba a quedar con la familia de visita en casa de mi bisabuela.

-Bueno, el problema de tiempo queda resuelto de mi parte, podemos hablar aquí, solo quedas tú, ¿Te vas a ir y me vas a dejar solo en este momento tan importante para mí?

-Pero es con la familia de mi novio que debo reunirme, en una hora, debo salir a más tardar en 5 minutos.

-No es suficiente, en muy importante para mí y te quieres ir.

Se levantó de la cama para ponerse de pie, busco entre su bolso su celular y llamó a su novio, lo que siguió a continuación fue una discusión que duró unos minutos, ella le pedía que la comprendiera, que no podía ir, que la disculpara con la familia. Al levantarse de la cama sentí miedo que fuera a buscar su ropa y vestirse, pero lo que me gustó fue que me enseñó su trasero, que bien formado, como siempre lo soñé. Si no me la tiraba ya no me la tiraba nunca.

Colgó el teléfono, se acercó a mí, me tomó de la mano y me dijo: Gracias por hacerme recordar que soy tan importante para ti, me haces sentir también muy importante en tu vida.

-Me quedo, tenemos tiempo para conversar, para que aprendas todo acerca del sexo.

-Nos quedamos en la masturbación, ¿No es así?

-Sí, escuché que es buena, pero no sé nada más quisiera aprender.

-¿Aprender?, conmigo, ay que cosas dices, esta bien te explicaré.

Espera, antes que nada el gran favor que te iba a pedir era el siguiente:

Nunca he visto una mujer desnuda, es obvio que debo saber cómo es, lo que te pido Ángela es que me dejes ver tu cuerpo, quiero verte desnuda.

No puso disimular su expresión de asombro era inevitable darse cuenta que le afectaba en cierto grado lo que le pedía.

-Te recuerdo que ya has aceptado, y tú siempre cumples con tu palabra, pase lo que pase, siempre has demostrado tener palabra, te admiro Ángela.

Ahora sí que lo pensó, se notaba que lo dudó.

-Es muy importante para un chico saber cómo es el cuerpo de una chica.

-Ay, que cosa me estas pidiendo, no pued…

Antes que termine de negarse añadí algo más: "Tu palabra siempre ha sido para ti más valiosa que cualquier cosa, por eso confío en ti".

-Bueno, me voy a dejar de mojigaterías, me verás desnuda pero quiero que sepas que no debes tocar, además no debes contar a nadie de esto, no quiero que nadie se entere.

Ni corto ni perezoso dije que sí. Si antes se me hacía difícil disimular mi erección ahora era imposible, a estas alturas ella ya se había dado cuenta de ello.

-Cierra los ojos y los vas a abrir cuando te diga. ¿Okey?

-¿Puedo ver cuando te quedas desnuda?

-Ya, está bien.

Se paró frente a mí y se desabrochó el sostén, despacio se lo quitó, sus tetas eran grandes y redonditas. Sus pezones marroncitos estaban duritos, sospeché de inmediato que estaba excitada.

-Ahora lo de abajo.

-Espera, ya voy.

Seguidamente puso sus dos manos en las caderas y fue bajando su truza hasta llegar a los muslos me sentí en el cielo, mi pene estaba reventando.

Cayó al suelo y lo tomo con la mano izquierda.

-¿Te gusta lo que ves? Siempre se sincero ¿recuerdas?

-Sí me gusta mucho.

No podía dejar de ver su cuerpazo, era un gran regalo para mí, creo que de otra forma me hubiera sido imposible conseguir esto.

-Dime con sinceridad qué es lo que esto te provoca. Puedes confiar en mí completamente, nadie se va a enterar.

-Bueno, esto es lo que siento, el pene se me ha puesto duro, duro como nunca antes.

-¿En serio?

-No sé que pasa, me duele.

-Te dije que fueras sincero. ¿Qué es lo que quieres hacer?

-Te diré la verdad, lo que pasa es que siento unas ganas inmensas de que vengas aquí.

-Te dije que no tocaras así que ya sabes.

Se acercó y se sentó a mi lado.

-Quieres ver mi "problema"- Le dije refiriéndome a mi pinga.

-Me dices que la tienes dura, muy dura.

-Así es Ángela, solo a ti te la podría enseñar.

-Mejor hablemos de lo primero que me dijiste.

-Ah, la masturbación, quiero saber qué es y cómo se practica.

-Te puedo decir qué es.

-En el caso de los hombres, primero.

-Bueno mira, veras, esteeee…

-Quiero saber…

-La masturbación es… es…

-No sabes.

-Claro que sí, lo que pasa es que me he dado cuenta que no lo se explicar muy bien.

Fue entonces que en un momento de atrevimiento me puse de rodillas sobre la cama y saqué mi duro pene, estaba casia a reventar, sentí un gran alivio.

-Pero que haces.

-Estás tan bonita que se me ha puesto así, quiero saber qué tengo que hacer para que se solucione.

-No hay solución, siempre va a pasar, es normal- me dijo sobreponiéndose a la impresión.

-¿Entonces no puedo hacer nada para bajarlo?

-Para bajarlo sí pero siempre va a pasar, siempre que tu cuerpo funcione bien.

-¿Entonces que puedo hacer para bajarlo?

-Le das unos masajes.

-Puedes hacerlo tú, por favor es que no sé.

-No, para empezar no pensé que la tenías tan desarrollada, es casi como la de un adulto, ahora comprendo por qué estas tan desesperado.

-Por favor hazlo, enséñame.

-Pero ya sabes que…

-Nadie se va a enterar.

Comenzó con algo de timidez, creo que antes de entrar a mi casa con su vestidito rojo jamás se hubiera imaginado lo que iba a hacer y menos desnuda. Me dijo que me echara, hice caso de inmediato, "no, mejor siéntate al borde de la cama", me dijo. Obedecí otra vez.

Era muy excitante ver su cuerpo, se puso en cuclillas en el piso al borde de la cama, me senté y me dijo:

Ahora vas a ver que sale un líquido blanco, eso se llama esperma.

-Es a lo que le dicen leche.

-Bueno, eso si lo has escuchado.

-¿Podrías hacerlo ya?

-Eso trato, espera.

Terminó de acomodarse y con las yemas de sus dedos tocó suavemente mi pene, como en mis mejores fantasías.

Comenzó y jalaba el pellejo que cubría mi falo de arriba hacia abajo, sentir su mano ahí era una experiencia nueva, lo disfrutaba mucho.

-Ohhh…

-¿Te gusta?

-Sí, muchísimo.

-Si me hubieras dicho que no, por mentiroso dejaba de hacerlo.

-Que bien.

Dejó de hacerlo por un momento. Creí que era el momento conveniente para insinuarle qué era la penetración.

-Tía, sabes qué es una fantasía

-Claro que sí- Me dijo mientras me corría la paja.

Quiero que me expliques algo, he tenido sueños y hasta me he imaginado cosas, quiero saber si son fantasías.

-Esta bien, mira debería estar ahora con mi novio, con mi nuevo vestido rojo, tomando champaña, pero estoy aquí, calatita agarrándote el pene, mi calzón está encima de la cama. Mira todo lo que hago por ti. Eres mi preferido, nunca te negaría nada. Se supone que una mujer no debería hacer esto, a no ser que esté grabando una película porno.

Se me ocurrió la brillante idea de grabar lo que estaba pasando, saqué mi celular pero no me atreví a usarlo.

-Entonces dime de una vez, que sucede con las fantasías.

-Me he imaginado muchas veces que te arrodillas, saco mi pene y lo chupas. Dicen que se siente rico.

-Se puso roja, me miró, bajó la mirada.

-¿En serio eso piensas conmigo?

-Sí, y quiero que se haga realidad.

Por un momento creí que había dicho algo que malogró todo, ella calló por unos segundos, me miró, se quedó pensando.

-¿Me juras que nunca en tu vida le cuentas a nadie?

-Claro que sí, lo juro.

-Entonces tu fantasía se puede cumplir, quizá algún día si demuestras ser discreto.

-¿Entonces no lo vas a hacer ahora?

-No, ¿como crees que voy a hacerte eso?, eso se llama sexo oral, estaríamos teniendo sexo.

-¿No te gustaría?

-No depende de si me gusta o no, no puedo.

-Pero yo quiero saber qué es, qué se siente.

-Créeme que cuando lo pruebes te va a gustar.

-Lo puedo probar ahora- Mi pene estaba bien parado.

-Deja de decir eso, no me lo voy a meter a la boca.

-¿Entonces cómo voy a saber cómo es?

-Si quieres puedo seguir masturbándote. ¿Te gusta?

-Sí me gusta.

Así, calatita como estaba me hacía la paja. Yo lo disfrutaba mucho y ella me miraba.

-"Bueno, ahora ya sabes qué es la masturbación, tú mismo lo puedes hacer"- Me dijo.

-Quiero saber qué es el sexo de verdad. Quiero que tú me enseñes todo, quiero aprender todo contigo.-Le dije mientras la grababa con el celular.

-¿Qué cosa me pides? ¿Ay, no me hagas ruborizar?

-Quiero que sea contigo, la persona que más quiero, tú eres la única mujer que hace que se me ponga tan dura. De verdad quiero hacerlo ahora, es muy importante para mí, sé que tú no me lo negarás, por eso te lo pido, seré la persona más feliz del mundo desde esta noche y para siempre. Sé que comprenderás, tú siempre lo has hecho, serás mía, me entregarás todo y esto quedará entre nosotros, jamás nadie se enterará.

-¿De verdad es tan importante para ti?- Me dijo con una mirada atenta a cada palabra que salía de mi boca y a la expresión de mi rostro al decirlo.

Se quedó viéndome, como siempre que pasaba algo y me ayudaba, como en mis peores momentos. Al parecer mis palabras habían calado profundo en su corazón.

-Después de esta noche serás la mujer más importante en mi vida, no sabes cuanto deseo estar a tu lado esta noche, "quiero que sea inolvidable para ti y para mí, quiero que seas la primera".

-No sabes, es mucho lo que me pides, que lindas palabras dices…

-Eres la mujer más bella que he visto, todo tu cuerpo, tu rostro, eres la mejor mujer en todos los aspectos, y esto significa mucho para mí.

-Deja de decir eso, por favor…

-No me expliques nada, solo di que sí, solo ven conmigo y será nuestro secreto. Solo tienes que decir que sí, nada más.

Dejé de hablar y ella me miró, abrió la boca y demoró un poco para que al fin yo pudiera oír:

-Sí.

No hubo demora en juntar nuestros cuerpos, ella se paró y sentado a la cama la abracé con fuerza. Primera vez que sentía la tibieza de ese cuerpo desnudo pegado al mío, era tanto el calor que tenía que en unos segundos me despojé de todo. Quedé completamente desnudo a su lado.

-Esta bien, te voy a enseñar todo, sexo oral, besos, caricias, y ¿Qué más quieres?

-Sexo vaginal.

-No…

-Por favor…

-Esta bien, pero debes hacer lo que yo te diga ¿Ok?

-Okey.

Estaba otra vez abrazado a ella, esta vez me paré. Ella se paró también y me dijo que la esperara en la cama, yo solo hacía caso. Cuando salió del cuarto movía su culo como siempre, pero esta vez sin ropa me hacía explotar la verga. No desaproveché la oportunidad de hacerme una paja, saboreando por anticipado el sexo que me esperaba con ella.

Entró de nuevo al cuarto, yo miraba su calzoncito que estaba a un lado de la cama. Ahora su cuerpo estaría pegado al mío.

-Hay que ver una película, mientras te explico como va a ser todo.

-Ya, está bien.

-Se puso su calzoncito, se vistió y me dijo que iríamos mejor a mi cuarto después de la película.

Vestidos, escogí la película más corta que había, nos sentamos en el sillón a verla. Se veía tan bonita que quería cacharla en el mismo sillón, pero no me atrevía a decirle por no echar a perder lo que de todas maneras me había prometido.

-Voy a freír canchita, vengo en unos minutos.

-La miré caminando a la cocina y observé su culo, también le quería dar por ahí, pero solo debía esperar.

Aproveché para hacerme otra paja mientras la esperaba. Cuando regresó y estuvimos viendo la película, la comencé a acariciar, me gustan sus piernas así que las acaricié sin que ella opusiera resistencia. Luego de un rato se seguía haciendo la que veía la película. Subí más mi mano, un poco temblorosa.

La besé y ella volteó hacia mí, correspondió a mí con sus labios. La abracé y apreté hacia mí. Ella me dijo: ¿Quieres aprender a besar?

A continuación me besó, eso me daba más ganas de hacérselo ya, aproveché para poner mis manos sobre sus tetas, ella lo permitió. Todo lo demás fue mío, la cintura sus nalgas, las piernas.

Sin medirme y con la verga casi reventando me abrí el cierre y la saqué, ella la miró.

Salió a la luz mi palo, grueso como era, tieso como nunca antes lo había llegado a estar

-Vamos hazlo.

-¿Quieres que te haga sexo oral?

-Quiero que me la chupes, como en mi sueño.

-Por favor, júrame que no dirás nada.

-No diré nada, lo juro.

Me miró con un poco de vergüenza a los ojos, bajó lentamente la mirada hacia mi pene.

Comenzó a agarrar mi falo, que rico se sentía que ella lo toque, empezó a pajearme. La película fue cosa olvidada y ella pasaba su lengua por mi pinga de arriba abajo, parecía que le gustaba hacerlo y lo hacía con naturalidad.

-¿Lo vas a chupar?

-No digas eso, espera- Me dijo levantado la cabeza.

Se acomodó bien y besó la cabecita, subiendo de arriba abajo los pliegos con su mano derecha.

-"Debería estar en el baile con mi novio y no chupándote la pinga", ¿Ves que eres importante para mí?

-Sí, lo veo- Le dije mientras suspiraba aliviado al saber que lo haría.

En muchas ocasiones había soñado con esa escena, ella con mi pinga en la boca, ella arrodillada chupándome la verga. Por fin se hacía realidad.

-Párate, así no puedo.

Enseguida me paré, mi pinga en dirección a su cara mostraba mis intenciones. Ella la cogió con más comodidad y después de lamerla comenzó a meterse la cabecita en la boca. Fueron momentos extraordinarios, por fin se la estaba metiendo en la boca.

Prosiguió chupándola delicadamente, primero la mitad, luego se la sacaba de la boca y

Volvía a jugar con la cabecita lamiéndola con todo mi palo, después se la metía a la boca y la chupaba, mi cuerpo estaba paralizado.

-Ohhh…ohhh…

Comenzó a meterse más de la mitad a la boca. Terminó por un momento.

-¿Te gusta?

-Sí, sigue…

-Continuó hasta que me hizo vaciar, que placer me hizo sentir su boca, su lengua y su mano. Me quité completamente la ropa de abajo, ¿Y ahora qué quieres?-Me dijo.

-Quiero todo, ahora.

-Dime ¿Quieres metérmela?

-Sí.

-¿Y quieres que sea aquí?

-Sí.

Su vestido quedó en su sitio, lo único que hizo fue sentarse y levantárselo hasta el ombligo, su calzón quedó en evidencia, se lo hizo a un lado y me dijo: "Ven".

Su zorra estaba esperándome, mi primera vez sería en mi sillón, abrió las piernas, la miré dirigi&eacut

Un beso para todos...


Catlover



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Fecha El 01/05/10 a las 12:05:10
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Mensaje Normal
Mensaje No Leido
Lo que no hice con mi novio, lo hice en la capital  
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Fecha El 01/04/10 a las 12:04:00
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