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Hoy quiero contaros algo muy personal que poca gente sabe… en confianza y ahora que nadie nos oye, voy a relatar los hechos de cómo perdí mi virginidad.
Fue con una ex del montón, guapetona y un poco bajita, de labios carnosos y pelo largo… no diré más, tampoco quiero que se masturben.
En realidad era como todas… una mujer que quería ser especial y que deseaba tener una primera vez especial. Nos habíamos enrollado unas cuantas veces, más de las necesarias, metiéndonos mano a saco pero sin llegar a más. Sin embargo, después de un mes de conocernos, me desperté un sábado sabiendo que aquél pasaría a la historia como mi primera vez.
Cuando entré en su casa me llamó la atención que las luces estuvieran apagadas… Me llevó de la mano hasta su habitación donde la única iluminación era la tenue y titilante luz de un montón de velas colocadas por todas partes… olía intensamente a incienso de rosas y sonaba de fondo una música relajante. Me sentía como Indiana Jones en el Templo Maldito. Estaba claro que íbamos a follar… o a hacer un sacrificio.
Se había maquillado especialmente para mí. Estaba más guapa que nunca con sus labios rojo intenso y su abismal sombra de ojos powered by MaxFactor… vaya ojazos!! perfectamente perfilados y más verdes que los míos. Parecía una de esas modelos de la tele pero en formato botijo…
Tenía puesta la calefacción para que no pasáramos frío y un radiador junto a la cama, que estaba ligeramente abierta anticipando lo que no tardaría en llegar. Desde luego lo tenía todo previsto… y yo, incauto, había caído en su trampa.
Nos subimos a la cama entre caricias y besos pretendidamente salvajes… los dos estábamos muy nerviosos… nos temblaban las manos y las piernas. Incluso nos costaba hablar, no sabíamos qué decir… aunque tampoco hacía falta decir mucho.
Empezamos a quitarnos la ropa el uno al otro y a lanzarla por todas partes de la forma más sensual y caliente posible. Sus movimientos me ponían a 1000, notaba sus manos cálidas por todo mi cuerpo y la temperatura subía y subía sin parar. Estábamos tan cerca el uno del otro que la situación era indescriptible… ¡cuántas tórridas miradas, cuánto calor humano!…
¡¡JODER, CUÁNTO CALOR!! ¡Me estaba asando! …puede que fuese invierno en el exterior, pero teniendo un radiador al lado de la cama, las velas y a ella pegada a mí me sentía como si estuviera comiendo mazapanes en agosto. Seguro que se parecía a aquella asquerosa escena de Titanic con los cristales repletos de sudor condensado… porque en las pelis no lo cuentan, pero en el sexo se suda, se suda mucho… sin embargo a ella le daba igual, siempre había sido muy friolera, así que seguía y seguía moviéndose…. era nuestra primera vez, ya estábamos en harina y yo no quería estropearlo… aguanté como un machote y me callé.
Se subió sobre mí para controlar la situación, a ella le gustaba el rollo de la chica mala, preguntándome si me gustaba lo que hacía… y me encantaba, “sí, sí, sigue” le decía yo muerto de calor… que con el incienso parecía que los mazapanes me los estaba esnifando, me costaba respirar, estaba mareado y sabía que iba a perder el conocimiento de un momento a otro… pero ella pasaba de mí, estaba a lo suyo, cada vez más emocionada, y me decía:
• ¿Te gusta? ¿Te gusta?
y yo le contestaba que sí, pero mi mente se desvanecía… tuve que cerrar los ojos para concentrarme…
• ¿Te gusta? eh? ¿¡TE GUSTA!?El tono de sus palabras iba subiendo poco a poco hasta que, sin saber muy bien ni porqué ni cómo, me indicó amablemente y con mucha educación que le diese una palmada en el pompis: ¡¡Azótame, cabrón!!
Creo que si no hubiese estado al borde de la embolia se me habrían puesto los ojos como platos, pero no podía ni abrirlos… tenía puesto el piloto automático así que le dí una suave palmadita…
• ¡¡Más fuerte!! - me decía - ¡¡MÁS FUERTE!! ¡¡CABRÓN!!
Yo no reaccionaba, estaba jodidamente mal y ella no paraba de moverse, arriba y abajo, besándome el cuello… me gritaba al oído y seguía excitándose!!
• ASÍ QUE NO QUIERES PORTARTE BIEN, ¡¡AHORA VERÁS!!Me sujetó las manos a la altura de la cabeza y aumentó la fuerza de sus movimientos… me golpeaba con su ingle y ¡¡me hacía daño!!, me estaba obligando a follar!!, me sentía ultrajado, sucio… ¿porqué me tenía que pasar aquello?
• NO VOY A PARAR DE FOLLARTEEEEEEEE!!!
Mal momento para abrir los ojos.
Estaba tan metida en su papel que tenía la cara roja de tanto gritar y sudaba como una cerda. Prácticamente me escupía entre palabra y palabra… tenía el pelo tan despeinado que parecía que me estaba follando una escobilla del water. Aterrador.
Pero lo peor no era eso, sino que, entre calor y sudor, su maquillaje se deshacía y goteaba por su cara mezclándose con el pintalabios desfigurado por los besos.
• No voy a parar de follarteeeeee, NO VOY A PARAR!!!!!
Intentaba zafarme pero ella no me soltaba, yo no tenía fuerzas y estaba desorientado, ¡¡pensaba que iba a morir allí!!
¡¡Me estaba violando un payaso recién salido del infierno!!
Fue entonces cuando hice lo único que puede hacer un hombre en una situación como esa: Evadirme de la realidad.
Lo sé, no soy muy valiente. Quizá perdí el conocimiento durante unos segundos, un pequeño desmayo, puede que algo más… quizá mi cerebro puso en marcha un mecanismo de defensa para no acabar muerto o mal de la cabeza. No lo sé, apreté los ojos tanto como pude y empecé a imaginarme la escena como si aquél cuerpo inerte no fuese el mío.
Y allí estaba yo, con los ojos cerrados y la cabeza girada, inmóvil, inexpresivo… prácticamente muerto… mientras ella seguía violándome y lamiendo mi cara entre insultos.
Oía de fondo sus gritos y notaba el vaivén de la cama como si fuera el suave oleaje del mar. El incienso formaba nubes a mi alrededor y el olor me invadía para transportarme a lugares hermosos… yo mismo era el incienso… unido en armonía a todas las cosas para siempre.
Bueno… eso hasta que empezó a golpearme:
• David, David!!
Imaginen a Satán gritándome a cámara lenta:
• DAVIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIID!!!
y yo:
• ¡No, basta, no me hagas más daño!
• ¡DAVID, LA ROPA!!!!
• ¿qué dices?
La ropa… sí, señores… la ropa.
La ropa se consumía en llamas junto a unas velas y amenazaba con extender el fuego por cortinas y muebles. Buena parte del parqué ya estaba negro… y si no hubiera sido porque continuaba pegándome para que reaccionara, me habría quedado allí absorto con la boca abierta mirando el elemento purificador.
Me levanté de la cama desnudo y sudoroso, manchado de maquillaje, con el cuerpo lleno de arañazos y marcas de tortazos, mareado y quizá con lágrimas en los ojos… para apagar el incendio… porque fuera de la cama el hombre era yo y un hombre tiene que hacer lo que un hombre tiene que hacer.
Dicen que la primera vez nunca se olvida… y es verdad… yo necesitaría muchos años de terapia para hacerlo.
Aquél día perdí mi virginidad, una camiseta y dos calcetines… cambió mi forma de ver el mundo, dejé de tenerle miedo a la niña del exorcista y comprendí que el infierno existe. Desde entonces tengo ciertos gustos inamovibles… ¿trauma?¿fobia?
No me gustan las mujeres que se maquillan demasiado.
Un relato publicado en Mimetist

Un beso para todos...

Catlover
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