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Las mujeres de mi familia

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Las mujeres de mi familia

Vivía con mi madre y mis dos hermanas, en una casa solariega a las afueras de una ciudad del sur de mi país. Las tres mujeres han sido mías. Cada una por su lado han sido experiencias inolvidables, pero ellas no son las únicas mujeres de mi familia que me han regalado sus favores.

Todo empezó de manera casual y casi sin darme cuenta. Las cosas se fueron dando de manera tal que sin pretenderlo me fui involucrando con mis hermanas y mi madre, en una vorágine pasional que nos envolvió a todos casi al mismo tiempo. No hubo premeditación en el inicio de nuestras relaciones sino que estas fueron el producto de las circunstancias, el lugar, nuestro natural deseo sexual y el aislamiento en que pasábamos nuestros días veraniegos. A partir de entonces, las otras mujeres de la familia con las que tuve sexo fueron conquistadas por mí de una u otra forma, con mayor o menor participación de ellas, pero siempre era yo quien las conquistaba para satisfacer mis deseos. A diferencia de mi relación con mi madre y mis hermanas, en que las situaciones se plantearon de manera casi casual y la temperatura, la soledad, la curiosidad y el deseo sexual hizo el resto, con mis tías y primas me movió el afán de conquista, de probarme que era capaz de hacer mías al mayor número de mujeres de mi familia, que no había límites morales cuando el deseo de la carne está presente. Era como un juego, en que me divertía poniéndolas a prueba y viendo cómo las llevaba a cumplir mi objetivo y ellas se dejaban llevar. Con ellas me demostré que el condimento de la relación incestuosa era la llave maestra para que se me entregaran. No era lo mismo para ellas acostarse con un desconocido que con un sobrino o primo, según el caso. Había un componente adicional que siempre jugó a mi favor y era la confianza que despertaba en ellas el que fuéramos parientes, las posibilidades de poder estar a solas sin despertar sospechas y los muchos lugares apartados en nuestra casa o en la de ellas para tener sexo sin temor a ser sorprendidos.

Mis hermanas se llaman Natalie y Susana. En la época en que se iniciaron nuestras aventuras sexuales ellas tenían 18 y 17 años, respectivamente. Yo tenía 16 y estaba en pleno despertar sexual, en que todo lo que me rodeaba me hablaba de sexo y todo lo reducía a sexo, el motor que movía mi vida por ese entonces. Vivíamos en una casa de campo, alejados del pueblo, en que el jefe de hogar era nuestra madre, de 36 años por entonces, separada desde hacía dos años después de sufrir por casi dos décadas la violencia de un esposo para el cual ella siempre no pasó de ser una más de sus posesiones, que podía tomar cuando le diera la real gana, sin importar sus sentimientos. Y finalmente conoció una muchacha de la que se prendó y por ella abandonó a sus tres hijos y a su mujer, sin ninguna explicación.

Mi madre era una hermosa mujer, en la plenitud de su vida y que el maltrato sufrido en el matrimonio no había menguado su belleza. Aun cuando escondía su figura en trajes largos, oscuros y sin un asomo de coquetería, se podía apreciar que su cuerpo tenía que ser hermoso, al igual que su rostro. Era alta, de pelo castaño recogido, cutis de porcelana, ojos de un negro intenso y unos labios delgados en que siempre bailaba una sonrisa.

Natalie, la mayor de mis hermanas, tenía 18 años y estaba en la flor de su vida, habiéndose desarrollado completamente como mujer, mostrando unas formas generosas en que destacaban un busto generoso, unos muslos imponentes, unas piernas generosas y, en general, una figura apetecible. Era bellísima mi hermana y lo sigue siendo. En la época en que iniciamos nuestra aventura amorosa ella había terminado sus estudios y se preparaba para ir a la Universidad. Estaba pasando el último verano de niña sin preocupaciones ya que se le venían encima múltiples actividades y obligaciones universitarias que terminaron por alejarnos pasado un tiempo. Pero eso es otra historia.

Pero mi historia empieza con Susana, la menor, una mujer exquisita de 17 años que si bien no estaba tan dotada como su hermana mayor, había que darle el tiempo suficiente para que las formas que se insinuaban en ella adquirieran su plenitud. Por ahora sus senos delataban un futuro esplendor y sus piernas se habían desarrollado lo suficiente como para apreciar en ella unos muslos generosos. Con su rostro angelical, Susana atraía por su permanente alegría, como si las preocupaciones y penas no existieran en su vida. A decir verdad, fui yo el que le trajo las primeras preocupaciones, como fue vivir un amor clandestino y prohibido que nos envolvió en una vorágine pasional.

Era verano y el calor nos agobiaba al punto de que las tardes las pasábamos en nuestros dormitorios huyendo de la alta temperatura reinante en el patio. Esa tarde ni siquiera la piscina me atraía pues estaba en un estado de sopor que me tenía tumbado en mi cama, leyendo algo adormilado. En la posición que estaba me encontraba de frente a la puerta de mi dormitorio, que por descuido había dejado algo abierta, por lo que podía ver la pieza de mi hermana menor, Susana, la que estaba apoyada en una ventana mirando hacia el patio, ensimismada en sus pensamientos. La relativa oscuridad del dormitorio contrastaba con la luz que provenía de la ventana en la que mi hermanita se apoyaba, lo que producía un efecto de contraluz sobre su cuerpo que fue lo que atrajo mi vista y me hizo olvidar la lectura, dejando el libro de lado para mirarla con más atención.

Al parecer se había vestido para dormir la siesta, pues andaba con un camisón celeste y bajo el mismo solamente sus calzones. Su hermoso cuerpo se recortaba perfectamente al contraluz y se podía apreciar claramente la redondez de sus senos libres de toda prisión. Cada cierto rato ella cambiaba de postura, lo que me hacía deleitarme con sus muslos, pletóricos de vida y rematados en unos calzones que insinuaban un paquete de dimensiones generosas, donde se guardaba su juvenil sexo.

Mi reacción fue inmediata y una potente erección fue la señal del efecto que la silueta del cuerpo de mi hermana, con sus bellas y deseables formas había producido en mí, siempre ansioso por todo lo que fuera sexo, sin respetar si este involucraba a alguna de mis hermanas o a mi madre. Para mí todo giraba alrededor del sexo y mis sentidos estaban permanentemente alertas en busca de algún incentivo que me permitiera posteriormente desahogarme en el baño pensando en lo que recién había visto, ya fuera un asomo de los senos de mi madre bajo su escote, un muslo de mi hermana mayor que había alcanzado a vislumbrar a la pasada o, como ahora, en que la casualidad me permitía gozar de la visión de un hermoso cuerpo recortado contra la luz de esa tarde veraniega.

En lugar de ir al baño a masturbarme como lo hacía cada vez que podía deleitarme con algún espectáculo como el que ahora me estaba regalando mi hermanita menor, me puse a acariciar mi instrumento con suavidad mientras la contemplaba y masticaba las ideas que esa visión llevaba a mi mente. De la fantasía erótica acerca de mi madre o mis hermanas que tantas masturbaciones me habían brindado en la soledad del baño, ahora deseaba pasar a algo más concreto, algo mejor que mi pobre actividad onanista. Quería menos imaginación y más acción, y la acción estaba ahí, en la casa. Quería hacer mía una mujer, quería sentir cómo era penetrar una vagina, sentir cómo se hundía mi verga en la humedad de un sexo de mujer. Y las únicas mujeres que podría poseer estaban ahí, viviendo conmigo. A ellas quería poseer, a alguna de esas mujeres que me rodeaban. Y Susana estaba tan cerca, era tan deseable. Si, ella sería el objeto de mi primera conquista. Con ella satisfaría mis deseos reprimidos y en ella volcaría toda mi pasión.

Mi hermana desapareció de mi vista y no volvió a acercarse a la ventana, quitándome con ello la visión de su exquisito cuerpo, lo que me hizo continuar en mis actividades solitarias con solamente el recuerdo de tan bello espectáculo y con el recién nacido deseo de poseer a la menor de mis hermanas.

Los días continuaron interminablemente calurosos y tediosos, pero para mí había un aliciente: ver la manera de propiciar mis planes para con Susana, la que seguía en sus cosas sin saber que su hermano deseaba poseerla.

La casualidad, ya lo dije, jugó un papel principal en mi historia con mi madre y mis hermanas. Así como por casualidad nació mi deseo por mi hermana menor, también por casualidad empezó mi primera experiencia sexual. Pero no fue Susana la que me dio el regalo de mi despertar sexual sino Natalie, mi hermana mayor.

Hacía una semana que se había despertado mi deseo por Susana, la que no sospechaba de mi pasión por ella. Siempre atento a sus movimientos, buscaba poder captar algún pedazo de piel asomando bajo la tela del vestido o de la blusa mientras conversábamos o departíamos. Pero lo hacía con tal disimulo que no se daba cuenta de mis miradas furtivas.

En el patio de nuestra casa había unos matorrales cubiertos por varios árboles, lo que lo constituía un refugio perfecto. Desde niño usé un pasaje que construí entre las matas para vivir fantasías de piratas o de exploradores. Y en los veranos calurosos usaba ese refugio para dormitar o leer sin ser molestado. Era un lugar ideal para escaparse del mundo y ahí viví tardes hermosas de aventuras en la selva o en plena guerra buscando al enemigo para atacarlo con mi fusil de escoba.

Esa mañana me sentí atraído por mi refugio y decidí visitarlo para leer un libro que me tenía muy interesado y que deseaba leer con tranquilidad. Incluso, si se daba el caso, hasta podría pegar una pestañada. Hacía meses que no me metía en los vericuetos de los matorrales y tuve algunas dificultades para avanzar, tal vez porque el hueco entre las ramas se había hecho estrecho para mi cuerpo ahora juvenil. No obstante, avancé reptando y llegué al lugar que acostumbraba a usar para mis lecturas: una cavidad más grande que permitía recostarse y algunos movimientos. Para mi sorpresa el lugar estaba ocupado por Natalie, quien estaba leyendo entusiasmada una revista con una mano metida entre los pliegues de su falda. Estaba tan ensimismada en lo que hacía que no se percató del ruido que había producido yo en mi avance por el túnel del matorral. Solamente cuando estaba a su lado se dio cuenta de mi presencia y, confundida, sacó su mano de debajo de la falda e intentó guardar la revista. En todo caso, alcancé a ver sus piernas abiertas y parte de sus muslos blancos cuando ella sacó su mano. A pesar de mis años y mi escasa experiencia sexual, comprendí perfectamente las actividades en que estaba enfrascada mi hermana mayor y ello activó de inmediato mis sentidos.

"¿Qué haces aquí?"

"Vine a leer, igual que tú, parece"

Después de pensarlo un rato, agregué: "Parece que está buena tu lectura"

Natalie no respondió y se revolvió con cierta inquietud, sopesando mis palabras. Al parecer había quedado a medio camino en lo que pretendía y mi presencia, que en un principio la perturbara, ya no era un elemento preocupante, pues mis palabras le habían infundido tranquilidad, ya que denotaban comprensión y complicidad. Sus siguientes pensamientos empezaron a incluirme y llegó a la convicción de que yo podría ayudarle a dar un feliz término a su "lectura", considerando que siendo menor que ella sería fácilmente manejable para lograr su objetivo. Lo volvió a pensar unos segundos y terminó de convencerse que el lugar, el momento, las circunstancias y yo eramos adecuados para terminar en buena manera aquello que la lectura de la revista porno y su mano habían iniciado . Me miró intensamente y se decidió a actuar.

"Estaba leyendo una revista para mayores. ¿Has visto una de estas antes?"

Comprendí que mi hermana mayor algo pretendía y que ese algo tenía que ver con sexo, pero no sabía cómo debía actuar en una situación así. Era mi primera vez con una mujer y no tenía experiencia en situaciones como esta, así que preferí que fuera ella quien llevara la iniciativa.

"No, nunca"

"Mira, tiene fotos de cosas que hacen las personas adultas"

Me mostró la revista, en que habían parejas en diversas poses. Una mujer de espalda, con las piernas abiertas, penetrada por un hombre. La misma mujer, sentada sobre otro hombre. Los dos hombres penetrándola al mismo tiempo. Ella chupándole la verga a los dos. En fin, había páginas y páginas de parejas o tríos haciendo sexo, en todas las poses imaginables. Miraba las fotos asombrado, con la boca abierta y con una manifiesta protuberancia en mis entrepiernas, producto de la excitación.

Natalie comprendió perfectamente mi situación, lo que la alegró. Recogió sus piernas y quedó sentada frente a mi, mostrándome parte de sus piernas y muslos, con las manos empuñadas bajo su barbilla y mirándome divertida.

"¿No habías visto nunca antes fotos como estas?"

"No. Nunca"

"¿Qué te parecen?"

"¿Así es entre las personas mayores?"

"Sí. Y es exquisito"

"¿Lo has hecho tu?"

"No, per me han dicho que produce sensaciones ricas"

"Parece que sí, por la cara de la mujer en las fotos"

"Es que debe ser extraordinario sentir que una verga la penetre a una"

"¿Verga? ¿Lo que tenemos los hombres?"

"Si, como la que tienes tú, esa que tienes parada"

"Es que estas fotos me producen cosas, como verte a ti"

"¿Verme a mí? ¿Cómo es eso?"

"Verte las piernas, los muslos, me encanta y me hace sentir extraño"

"Y si abro más mis piernas, ¿se te para más la cosa?"

Uniendo la acción a la palabra, mi hermana separó sus piernas y expuso ante mí sus muslos y el final de ellos un calzón blanco que se notaba manchado por la excitación. Sabía que esto tenía que terminar en sexo, lo que aumentó mi calentura. La primera mujer en mi vida sería Natalie, mi hermana tres años mayor. No podía creerlo, toda una mujer para mí. Una hermosa y deseable mujer quería conquistarme y seducirme. Y yo me dejaría hacer por ella.

"Eres rica, hermanita. ¿Ves como me pones?"

"Pero veo solamente el bulto en tu pantalón. ¿Te lo saco?"

"Bueno"

Y mi hermana adelantó su mano a mi pantalón, el que abrió y sacó del mismo mi instrumento, completamente parado. Para lograrlo debió usar las dos manos, dadas las dimensiones que había adquirido mi verga.

"¿Todo esto es tuyo?"

"¿Por qué?"

"Porque se ve tan grande. No parece la verga de un muchacho"

"¿En serio?"

"Si, hermanito. Eres todo un hombre"

"Se siente rico cuando está en tus manos, Natalie"

"Ahora vas a sentir más rico, con estos masajes"

Mi hermanita pasaba su mano suavemente por el tronco de mi instrumento, arriba y abajo, lentamente, disfrutando la visión de mi herramienta completamente parada entre sus dedos, con las venas a punto de estallar. Pero ella no estaba para hacer acabar a su hermano menor sino para que este le diera satisfacción metiéndole su cosa en la vagina.

"Ahora vas a probar lo que viste en las fotos"

"¿Qué hago?"

"Yo me pongo de espaldas, abro las piernas y tú te pones entre ellas. Ven"

"¿Pongo mi cosa en tu cosita?"

"Bien, ahora empuja"

"Ricooooooooooooo, hermanita"

"Siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii, asiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii. Yaaaaaaaaaaaaa"

Y así nos iniciamos en el sexo ambos. Si, porque ella también lo hacía por vez primera, regalándome su virginidad en un charco de sangre que se escurrió finalmente junto con sus líquidos seminales y mi semen, en un orgasmo temprano y al unísono que nos dejó abrazados, yo sobre ella, disfrutando de la hermosa sensación de haber tenida nuestra primera eyaculación verdadera.

Repuestos de la sensación que nos dejara nuestro primer acto sexual, me levanté un poco para mirarla a los ojos. Ella me miró también, con la satisfacción pintada en el rostro.

"¡Qué cosa más rica!"

"Si, ¿pero no te dolió? Te salió sangre"

"Si, pero la satisfacción fue más grande que el dolor"

"¿En serio?"

"Si, hermanito. Y la siguiente será mejor aún"

"¿Podemos hacerlo nuevamente?"

"Claro, pero ahora lo haremos durar más, para que sea más rico"

"¿Más rico aún?"

"Si, quiero que me hagas gozar mucho, hermanito"

"Ya la tengo parada otra vez"

"Déjame metérmela yo misma, ¿ya?"

"Uuuuuuy, ricoooooooo"

"Empuja, empuja, Ricardo"

"Toma, toma, toma, ricaaaaaaaaaaaaaa"

"Mássssssssss, másssssssssssssssssssssssssssss"

"Qué rico, mijita, qué ricooooooooo"

"Aghhhhhh, yaaaaaaaaa, yaaaaaaaaaaaa"

"Trágatela toda, hermanita, tomaaaaaaaaaa"

"Guauuuuuuuuuuuu, mijito, me llega al fondo, siiiiiiiiiiiiiiiii"

"Te la meto y te la saco. Te la meto y te la saco.

"Sigue así, asiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii"

"Ahora si, mijita, ahora siiiiiiiiiiiiiiiiiiiii"

"Yaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhh"

Ella acababa por tercera vez cuando lo hice. Y nuestro orgasmo fue de una intensidad increíble que nos dejó completamente agotados, unidos en un abrazo que sellaba el nuevo rumbo de nuestras relaciones. Al cabo de unos minutos ya estaba en condiciones volver a la carga, pero mi hermana se negó pues hacía mucho tiempo que estaba fuera de casa y nuestra madre podría estar buscándola. Con mucho pesar quedé con mi vega parada, en la mano, mientras mi hermana me daba un beso para retirarse.

Natalie se despidió, pero antes acordamos volver a reunirnos en el mismo lugar, esa misma tarde, cuando la el día refrescara, para continuar nuestra "lectura". Quedé solo en mi refugio, pensando en la afortunada casualidad que puso a mi hermana mayor en mi camino, regalándome su cuerpo en una experiencia exquisita e inolvidable, al punto que en lugar de masturbarme preferí guardar energías para esa tarde. No sabía en ese momento que la casualidad pondría a otro miembro de mi familia en mi camino, y no era mi hermanita Susana a quien tanto deseaba conquistar.



Un beso para todos...


Catlover

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2. La curiosidad de mi madre

La casualidad marcó mi iniciación sexual. Fue casualidad la que me puso en el camino de Ingrid, mi hermana mayor, la primera mujer que tuve. Y fue la casualidad, unida a nuestra calentura y un descuido lo que me permitió lograr los favores de mi madre.

Ya les comenté de mi familia, compuesta de tres mujeres: mi madre Natalia, mis hermanas Ingrid y Susana y yo. Mi madre tenía 38 años en esa época y mis hermanas 18 y 17 años, en tanto que yo había cumplido los 17 años. Todos vivíamos en las afueras de una ciudad al sur de mi país, una región campesina que vivía su esplendor en los meses de primavera y verano. El reverdecer de la primavera, que pinta de múltiples tonos de verde el campo, en el verano da paso a fuertes calores que llaman al ocio. Son esos calores los que aprovechamos para tomar nuestras vacaciones, abandonando por un par de meses el agobio de las tareas escolares, refugiándonos en nuestro sombreado hogar cubierto de árboles y plantas que llenan de frescor los días en la casa materna.

Era verano cuando inicié mi vida sexual en los brazos de mi hermana Ingrid, a la que sorprendí leyendo una revista con fotos pornográficas en la soledad de un escondite que creía que nadie más que yo conocía. Ella estaba absorta en sus actividades "privadas" cuando llegué al mismo lugar en busca de soledad y tranquilidad. Y fue la casualidad del encuentro, el estado de excitación de mi hermana, la tranquilidad del lugar y mi naturaleza excitable los elementos que se mezclaron para dar paso a nuestro incesto, que nos dejó completamente satisfechos y deseosos de continuar satisfaciendo nuestros apetitos sexuales recién salidos a la luz. Si, porque mi hermana, con sus 18 años, era virgen, al igual que yo. Quizás esa circunstancia fue la que marcaría más fuertemente nuestra relación futura, incluso actualmente.

El goce que ambos experimentamos esa mañana en la espesura del fondo del patio de nuestra casa hizo que acordáramos otro encuentro para ese mismo día, al caer la tarde. Los dos habíamos encontrado la novedad del sexo y nuestros cuerpos estaban maravillados con el descubrimiento y queríamos experimentarlo mucho más de lo que habíamos conocido. Mi excitación era tal que medio almorcé y me refugié en mi dormitorio esperando que esa tarde terminara pronto, ensimismado en el recuerdo de las partes íntimas de mi hermosa hermana y de la expresión de su rostro cuando tuvo sus orgasmos. Sin poder refrenar mi ímpetu, me masturbé un par de veces recordándola y pensando en lo que experimentaría en unas horas más con el cuerpo de mi hermana mayor. Y creo que ella estaba en un estado similar de excitación que yo.

Cuando llegó la hora me escabullí de la casa y me dirigí al sitio convenido, donde suponía me esperaría Ingrid para continuar con nuestra incestuosa relación. Pero al pasar por una pieza de herramientas que había en la mitad del patio, junto a una pared y pegada a un sauce, una mano me atrapó y me empujó contra las tablas del cuarto. Era Ingrid.

"¿Por qué no estás en el refugio?"

"Es que no aguanto los deseos de hacerlo contigo ahora, ya"

"¿Tan caliente estás?"

"Es que fue demasiado exquisito lo que me hiciste experimentar"

"¿En serio?"

"Si. Me estaría todo el día haciéndolo contigo, mijito"

"Yo también, mijita. Hoy me hice dos pajas a tu nombre"

"Y yo me hice tres pensando en tu cosita y en lo que me hiciste"

Mientras se desarrollaba este diálogo a media voz entre los dos, ella llevó su mano a mi pantalón, el que abrió y sacó a la luz mi verga, la que empezó a mover mientras abría sus piernas y con la otra mano subía su vestido y separaba su calzón. Quité su mano de mi herramienta y la llevé a su sexo, que estaba ansioso por ser penetrado. Se abrazó a mí y abrió lo más que pudo sus piernas para facilitar la penetración. Le hundí completamente mi trozo de carne, sin miramientos. Brutalmente.

"Uuuuuuuuuuuyyyyyyyyyyyyyy"

"Mijitaaaaaaa, ricaaaaaaaaaa"

"Ricooooooooooooooo. Dale, dale, mijito"

Me así de sus nalgas y logré que de esa manera la penetración fuera total. Ella abrazada a mi, con los pies alrededor mío y yo sosteniéndola en el aire tomado de sus nalgas, que subía y bajaba al compás de las metidas y sacadas de mi verga de su vagina.

Lo que ninguno se dio cuenta, dada la excitación que nos embargaba, es que estábamos siendo observados desde el segundo piso de la casa por nuestra madre, que había ido a la última pieza a buscar una ropa que deseaba lavar. Esa pieza era el único lugar desde nuestra casa que podía observarse el lugar en que estábamos mi hermana y yo. Y era una pieza que se usaba para guardar algunas cosas y no era visitada habitualmente por ninguno de nosotros. Tal vez ese hecho contribuyó en nuestro inconsciente para que nos descuidáramos.

El asunto es que nuestra madre había acudido a esa pieza y mientras buscaba la ropa que necesitaba, algo llamó su atención en el patio. Se acercó a la ventana y su sorpresa fue mayúscula cuando vio a su hija mayor apoyada en la pared de la pieza de las herramientas, con la falda levantada, los calzones corridos a un lado, mientras su hijo menor la ensartaba. Quedó helada, sin reaccionar. Paralizada frente a la ventana, vio como su hija se movía al compás de las metidas y sacadas de su hijo, que la tenía tomada de las nalgas que sus manos subían y bajaban con cada movimiento pelviano para facilitar la penetración.

El espectáculo que se le ofrecía la clavó en el lugar en que estaba, sin atinar a reaccionar. Oculta en la semi oscuridad de la pieza, atraída por el alto grado de erotismo del espectáculo de lo que estaban haciendo sus hijos, no podía dejar de mirar y no deseaba apartarse de ahí. Una fuerza irresistible la tenía pegada a ese lugar. No quería pensar en lo inmoral del acto de los jóvenes, lo que la ataba a ese espectáculo era la alta carga de sexo que había en lo que ambos estaban haciendo: su hija gozando como ella hacía muchos años no lo hacía y su hijo convertido en un hombre capaz de hacer gozar a una mujer. A una mujer como su hija. Tal como su hermano Mauricio lo hiciera con ella hacía ya varios años, en esa misma casa, cuando eran jóvenes ( Ver "Diario Intimo", capítulo 2)

El recuerdo de Mauricio haciéndola gozar tres veces seguidas en el granero, la primera vez, vino a su mente y sintió bullir nuevamente la sangre en su interior. Su hermano había sido el mejor amante que había tenido, el que conoció todos sus secretos y al cual le brindó todo su cuerpo, que él supo aprovechar dándole goces que ningún otro hombre le diera, incluyendo su marido. Por eso es que la relación entre los hermanos siguió incluso después de casada. A veces se preguntaba si Soledad sería hija de su hermano, pues nunca tuvo certeza de quién era el padre.

Al ver a su hija Ingrid gozando con la verga de su hermano no le pareció algo descabellado pues ella también había pasado por una experiencia similar con Mauricio, al que ahora recordaba con nostalgia y mucho deseo de tenerlo entre sus brazos nuevamente. Esos pensamientos le hicieron mirar con curiosidad lo que sucedía entre sus dos hijos y pronto se vio absorta mirando los movimientos de los amantes, prestando especial atención a las dimensiones de la herramienta de su hijo, que salía y entraba cada vez con más rapidez de la peluda vagina de Ingrid, la que disfrutaba con pasión los embates del muchacho.

Y poco a poco la idea de ser ella quien estuviera en lugar de su hija se fue metiendo en su cabeza casi inconscientemente, tal vez porque viera en ella a si misma y en su hijo a su hermano Mauricio. El suyo fue un tipo de incesto similar al que sus hijos estaban cometiendo en el patio ahora, por ello no le pareció escandaloso el verlos hacerlo, pero en su cabeza se fue anidando poco a poco la idea de ser ella quien estuviera en lugar de Ingrid y la idea solo fue un paso más en la cadena incestuosa que había iniciado con Mauricio. Antes fue su hermano, ahora podría ser su hijo.

"Mijitaaaaaaa, qué ricooooooo"

"Más, más, masssssssssssssssssss"

"¿Te gusta que te lo meta?"

"Si, mijito. Dale, dale"

"Aghhhhhhhhhh"

"Qué ricooooooo, mijitoooooooo"

"Uuuuuuuyyyyyyyyyyyyyyy. Yaaaaaaaaaaaaaaa"

"Mmmmmmmmmmmmh, siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii"

Sus voces le llegaban apagadas por el ruido del viento soplando entre las hojas de los árboles, por lo que apegó el rostro a la ventana para oír bien. No quería perderse detalle de lo que sucedía abajo.

"Estoy acabando, mijitaaaaaaaaaaaa"

"Y yooooooo, por segunda vez, siiiiiiiiiiiiiiiii"

"Toma, toma, mássssssssssssssss"

"Mételo, mételo, mijitoooooooo"

"Yaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa"

"Aghhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh"

Sintió deseos de llevar sus manos a su entrepiernas y acompañarlos en el goce, pero se detuvo y prefirió ver todo el espectáculo, sin perder detalle. Y el clímax llegó a los muchachos y ambos acabaron al unísono, en una explosión de quejidos y grititos que hablaban de lo bien que estaban pasándolo.

"Ahora vamos al escondite, mijita"

"Si, vamos, que tenemos mucho más que gozar"

"Quiero chuparte la cosita, hermanita"

"Y yo tu cosita, hermanito"

Y se fueron tomados de la mano al fondo del patio, donde se perdieron de vista entre las ramas del refugio donde satisfacían sus instintos sexuales recién descubierto.

¡Qué ganas de tener a su hermano Mauricio ahora, para que le sacara todo el deseo insatisfecho desde hace tantos meses! Recostada contra la pared, con los ojos cerrados y la frente sudorosa, pensaba en lo que había visto entre sus hijos y deseaba poder tener a su hermano para dar rienda suelta a su calentura. Mauricio era el único que podría darle gusto, pues en el pueblo no había ningún hombre que valiera la pena como para entregarle su cuerpo, ya que si se acostaba con alguno, pronto sería el comidillo de todos. Y ella que era constantemente asediada sabía que para el hombre que la obtuviera sería una especie de trofeo de guerra del cual se vanagloriaría el que obtuviera sus favores.

Su reputación era muy importante para ella, por eso no había ninguna posibilidad de acostarse con ningún hombre del pueblo. Su hermano era lo más seguro, pues nadie dudaría de él y no podrían pensar mal de las visitas que de tanto en tanto le hacía, en las cuales siempre encontraban un momento para estar a solas, "conversando de la familia".

Pero su hermano hacía meses que no la visitaba. Y ella estaba que no se soportaba de la calentura que le habían brindado sus hijos recién. Y no le gustaban las actividades solitarias. Ella prefería lo tangible, una verga entre sus piernas y un hombre encima de ella, estrujándole los senos y metiendo y sacando su barra de carne de su vagina. Eso era gozar de verdad y no buscar sustitutos con sus dedos, a solas y furtivamente.

A cada momento la idea de reemplazar a Mauricio con su hijo se le hacía más necesaria y llegó a la conclusión de que el único que podría hacerla gozar ahora era Ricardo, su muchacho de 16 años y que ostentaba una herramienta, según pudo apreciar, que podría darle todo el gusto que ella deseaba.

Estuvo una hora en la oscuridad de la pieza, pensando en los pasos a seguir para lograr su objetivo, hasta que finalmente decidió que lo mejor sería enfrentarlo cuando estuvieran a solas y enrostrarle su proceder con su hermana, para a continuación, cuando el pensara que se le vendrían las penas del infierno, seducirlo. Le parecía que sería una manera inteligente de alcanzar su objetivo.

Pero Natalia no sabía que en mi vida era la casualidad la que nos marcaba los pasos, por lo que nuestros planes siempre tomaban rumbos inesperados. Y fue lo que sucedió entre ella y yo, cuando yo creí que me estaba aprovechando de ella, a la que creía dormida, para terminar teniendo una noche de sexo increíble.

En tanto Ingrid y yo estábamos en nuestro refugio completamente desnudos, ella de espalda y con los pies levantados, apoyados en mi espalda, mientras que yo la tenía ensartada y chupaba con desesperación sus senos al compás de las metidas y sacadas. Mi hermanita gritaba desesperada por el gozo que le brindaba mi trozo de carne entre sus piernas, entrando y saliendo de su sexo hambriento de verga. No le importaba si alguien la escuchaba. Estaba enloquecida gozando como una loca.

Acabó un par de veces y yo me aguantaba para seguir disfrutando de tan hermoso momento, por lo que saqué mi verga que aún estaba parada. Cuando vio que mi herramienta estaba fuera, se apoderó de ella y se la llevó a la boca, procediendo a hacerme una exquisita mamada, que me sorprendió por la maestría con la que lo hacía, considerando que era virgen cuando se me entregó, en la mañana.

"Ningún hombre me había culiado hasta ahora, hermanito, pero vergas he chupado muchas" dijo en un momento de descanso, cuando se percató de mi cara de asombro.

"Cuidado, que voy a acabar" le dije tomándola de la cabeza para apartarla, pero ella se aferró con firmeza al tronco que tenía en su boca y cuando le entregué mis jugos, estos inundaron su garganta y terminaron por caer de sus labios, mientras ella intentaba tragarlos.

"¡Qué manera de acabar, mijito!" exclamó cuando pudo hablar, tomándome la cara y dándome un beso con lengua que me traspasó parte de mi semen que había en su boca.

Recuperado de la acabada en la boca de mi hermanita, me puse entre sus piernas, las que abrí completamente y hundí mi cabeza para meter mi lengua en su concha, en busca del húmedo tunel de amor que goteaba aún restos de su acabada anterior.

"Mijitoooooooooooooooo"

Mi hermanita no pudo contenerse e inmediatamente acabó, pero no dejó de moverse en busca de otro clímax, el que decidí regalarle renovando mis chupadas entre sus labios vaginales, hasta que nuevamente me brindó sus jugos en señal de rendimiento.

Y volví a montarla, pero ahora a lo perrito. Ella en cuatro pies y yo metiéndole mi verga entre las piernas, por atrás, agarrado de sus senos. Era tan erótica la posición que ambos acabamos después de un par de movimientos.

"Toma, toma, tomaaaaaaaaa"

"Si, dale, más fuerte, yaaaaaaaaaaaaa"

"Eres rica, mijitaaaaaaaaa"

"Métela más, más, másssssssssssss"

"¿Te gusta mi pico?"

"Siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii"

"¿Quieres más?"

"Siiiiiiiiiii. Masssssssssssssss"

"¡Qué rica tu conchitaaaaaaaaaaaaaaa!"

"¿Te gusta, mijito!"

"Rica tu chuchita, mijitaaaaaaaaaaa"

"Y tu pico, mijitoooooooo"

"Caliente, caliente, mijitaaaaaaaaaaa"

"Si, caliente por tu pico, mijitoooooo"

"Caliente como perra caliente, mijitaaaaa"

"Siiiiiiiiiiiii. Tu perraaaaaaaaaaaaa"

"Perra caliente, caliente"

"Si. Soy tu perra caliente, mijitooooo"

"Perra, ¿te gusta culiar conmigo?"

"Aghhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh. Siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii"

"Ayyyyyyyyyyyyyyy, mijitaaaaaaaaaaaaaaaa"

"Uuuuuuy, uuuuuuuy, yaaaaaaaaaaaaaaaaaa"

"Mijitaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa"

Las palabras obscenas le encantaban a mi hermanita cuando era penetrada por su hermano, por ello el clímax fue apoteósico y explotó en un volcán de semen que nos dejó completamente agotados, sin fuerzas para seguir. Después de unos minutos logramos recuperar nuestra respiración normal y ya repuestos decidimos volver a la casa, después de prometer volver a vernos en el mismo lugar al día siguiente.

La idea era tener otra sesión de sexo tan increíble como la vivida recién; pero, ya les dije, la casualidad siempre presente en mi vida sexual cambió nuestros planes.



Un beso para todos...


Catlover

FECHA El 23/01/10 a las 06:01:53 IP GUARDADA Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
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3. Violador ¿o violado?

Ese día me levanté temprano y salí a cumplir unos encargos de mi madre. En el camino al pueblo encontré un amigo que me llevó en su vehículo, lo que me hizo ahorrar cerca de una hora de tiempo. Para mi fortuna, el trámite lo efectué con una rapidez poco usual, lo que contribuyó a que me desocupe mucho más temprano y así alcanzara el bus que me dejaba cerca de casa pero que pasaba solamente dos veces al día. El asunto es que volví a la casa con más de dos horas de adelanto a la que mi madre había calculado. Y fue ese cúmulo de casualidades, mi amigo y su vehículo, la rapidez del trámite y el bus de vuelta, lo que permitió que mis planes se vieran alterados. Y lo mismo sucedió con lo que mi madre había planificado.

Entré feliz a la casa pensando en la tarde que me esperaba en brazos de mi hermana Ingrid, en nuestro refugio de amor. Fue cuando subí al segundo piso, hacia mi dormitorio, cuando el silencio reinante me llamó la atención. No era habitual en una casa siempre llena del ruido de mis hermanas, mío y de mi madre. De pronto caí en la cuenta que mis hermanas esa mañana iban a visitar a sus primas para almorzar con ellas, por ello no estaban en casa a mi regreso. En principio había supuesto que ellas estarían de vuelta cuando yo regresara, pero el tiempo ganado en mi viaje al pueblo me permitió llegar antes que Ingrid y Susana.

Me acerqué al dormitorio de mi madre para darle cuenta del encargo que me había hecho y al abrir la puerta la encuentro acostada en la cama, con las faldas subidas, los senos al aire, las piernas abiertas y una mano perdida en la mata de pelo de su sexo, donde había introducido un dedo que en ese momento se movía frenéticamente, mientras daba grititos.

"Siiiiiiiii, Ricarditooooooooo, mijitoooooooooo"

Sus ojos cerrados y la intensidad de lo que estaba viviendo la habían transportado de la realidad y no se dio cuenta de que alguien había llegado y que ahora la puerta del dormitorio se había abierto para dar paso al objeto de sus deseos.

"Ricardooooooooooooo, mijitooooooooooooo. Ricoooooooooooo"

Repetía mientras su dedo entraba y salía de su sexo a una velocidad increíble y los movimientos de su cuerpo movían la cama que golpeaba las tablas del piso con cada salto.

El espectáculo de mi madre masturbándose era algo que nunca imaginé, por ello me paralizó cuando me encontré con la visión de sus senos al aire y sus piernas completamente abiertas, en pleno acto sexual solitario. Verla así me hizo el efecto inmediato de sacar la imagen materna de mi mente para reemplazarla por la de la mujer deseable, hermosa, joven aún, de hermosas formas, carnes turgentes y un deseo increíble de gozar. Su rostro así lo reflejaba, con su boca abierta por el deseo, su lengua moviéndose entre sus dientes, los ojos cerrados y la transpiración inundando su frente. Mi madre estaba llegando al clímax y los movimientos de su cuerpo ahora eran descontrolados.

"Ricardooooooooooooooooooooooo, mijitooooooooooooo"

¿Quién sería ese Ricardo que le provocaba tal estado de lujuria? Que yo supiera no había ningún Ricardo entre nuestras amistades. No sabía de ningún Ricardo en el pueblo. Tampoco mi madre nunca había mencionado ningún Ricardo que hubiera conocido en el pasado. Estaba confundido pues el único Ricardo que conocíamos era yo. Su hijo.

¿Sería posible que todo esto se debiera a mí? La posibilidad me dejó helado pues nunca me habría planteado una situación así, aunque yo la había visto muchas veces como una mujer deseable, a la que más de alguna noche dediqué una masturbación pensando en la posibilidad de tenerla para mí. Pero siempre que la imaginaba penetrándola nunca me planteé nada respecto a sus sentimientos. Era una fantasía mía en la que ella participaba como objeto de mi deseo, sin pensar en sus sentimientos. Y ahora resultaba que ella estaba ahí, metiendo su dedo en su vagina pronunciando mi nombre. Si, el nombre de su hijo, al que deseaba como hombre. Como macho. Mi madre me deseaba.

¿Y por qué no? A esa edad, ya lo dije anteriormente, todo giraba alrededor del sexo y en este caso, a fin de cuentas, no era extraño que mi madre pudiera estar caliente conmigo, ya que yo estaba en una edad en que podría darle satisfacción como hombre. Yo podría calmar su calentura y hacerla feliz, si ella deseaba. Ese pensamiento me excitó y mi verga empezó a aumentar de dimensiones y a formar un bulto en mi pantalón, mientras observaba con atención cada movimiento de mi madre sobre la cama.

"Aghhhhhhhhhhhh, Ricardooooooooooooooooooooooooo"

Con un espasmo final mi madre tuvo un orgasmo increíble que la dejó completamente abatida, con las piernas abiertas y su mano en su sexo. Fue en ese momento que se percató de mi presencia.

Cuando ella vio a su hijo parado en la puerta estaba terminando de acabar y le fue imposible parar el torrente de líquido seminal que fluía desde su interior. Intentó cubrirse las partes íntimas expuestas y con una mano cubrió su rostro, mientras su sexo seguía entregando la prueba del goce que invadió su cuerpo. En un rapto de pudor se dio vuelta dando la espalda a su hijo, como si de esa manera pudiera evadir la realidad. El llanto surgió desde el fondo de su pecho fuerte y convulsivamente. Era la vergüenza de haber sido sorprendida por su hijo en un acto tan íntimo, entregada totalmente al goce sexual. Y lo peor de todo es que ella había repetido su nombre innumerables veces mientras con su dedo buscaba el ansiado clímax, que al conjuro del nombre de su hijo se hizo mucho más intenso y salvaje, por el morbo que le brindaba el nombrarlo. Y el había visto todo eso y escuchado su nombre en labios de su madre mientras esta se masturbaba. La vergüenza de estos pensamientos aumentó la intensidad de sus lagrimas y su cuerpo se estremeció por el dolor de haberse mostrado tan vulgarmente ante su hijo. Una cosa era desearlo íntimamente, sin que el se diera cuenta, y otra muy distinta que el se enterara de ello, y de manera tan patética como el verla haciéndose una paja mientras decía su nombre para ayudarse a alcanzar el goce final.

Al cabo de unos minutos se calmó y su llanto se tornó quedo, casi silente, pero igualmente intenso. Los pensamientos bullían en su cabeza y no encontraba la manera de ordenarlos. Estaba el hecho de haber sido sorprendida por su hijo en plena masturbación, pero él debería comprender que ella era un ser humano con sus necesidades normales y que hacía tanto tiempo que no tenía un hombre cerca para satisfacerla. Tal vez podría explicarle la situación y quizás la entendiera, pero también ella había pronunciado el nombre de su hijo en varias oportunidades mientras metía y sacaba su dedo desde su vagina, lo que no podía explicar de otra manera que no fuera el hecho de que lo deseaba. ¿Cómo darle una explicación lógica a él? A menos que inventara un amante ficticio de nombre Ricardo, pero ella nunca salía de casa y sus hijos conocían todas sus amistades. Y evidentemente no podía admitir delante de su hijo que lo deseaba.

Ella deseaba a su hijo, desde que le viera haciéndole el amor a su hermana mayor. Le vio como un hombre que podría satisfacerla sexualmente. Tenía una herramienta que podría hacerlo y a ella le gustaría sentirla en su interior, como antes sintió la de su hermano Mauricio. Pero hasta ahora había sido una fantasía de la cual su hijo participaba solamente como ser irreal, sin relación con el verdadero Ricardo. Pero ahora él estaba ahí, en la puerta de su dormitorio, después de haber presenciado el bochornoso espectáculo de su madre masturbándose mientras pronunciaba su nombre. Y las lágrimas adquirieron nuevamente intensidad al recordar la expresión de su hijo mientras ella acababa. Ese pensamiento le producía una vergüenza que le era imposible controlar y su cuerpo convulsionado por el llanto se estremecía sobre la cama.

Sintió una mano en su hombro. La mano de su hijo que le decía "mami, por favor, no llores" La tranquilidad de sus palabras aminoró su llanto y al cabo de un momento sintió que dejaba de temblar, aunque sus lagrimas quedas denotaban que la crisis no había terminado. "No llores, por favor. Te comprendo" escuchó decir a su hijo y entendió que Ricardo entendía perfectamente su situación. O al menos la parte de su necesidad de mujer. Quiso aferrarse a esa idea y borró de su mente el hecho de que su hijo la había escuchado pronunciar su nombre al compás de sus metidas y sacadas de dedo en su vulva.

"¿Me comprendes?". "Llevas tanto tiempo sola, que es natural que sientas deseos" agregó mientras se recostaba a su lado, abrazándola amorosamente.

"Pero me viste haciendo cosas que no deberías ver"

"Pero te vi. Y punto"

"¿Crees que es bonito que mi hijo me viera haciendo esas cosas?"

"Fue casualidad"

"Eso es lo que me da vergüenza"

"Tranquila, mami, tranquila. Que el mundo no se va a acabar porque te vi"

"Siento tanta vergüenza"

"Pero fui yo quien te vio. Peor hubiera sido si te hubiera visto otro hombre, ¿o no?"

Efectivamente, Ricardo tenía razón. Ese pensamiento terminó de tranquilizarla y finalmente el llanto cesó para dar paso a una placidez que la hacía sentir muy a gusto rodeada por los brazos de su hijo. Sus palabras fueron las adecuadas para calmarla. Realmente su hijo era todo un hombre, que comprendía a una mujer como ella. Le hizo comprender que él comprendía su situación de mujer sola, insatisfecha sexualmente por tanto tiempo y que no tenía otra manera de tranquilizarse que recurrir a sus propios medios para no caer en los brazos de un hombre como esos que habían en el pueblo, que sólo pensaban en poseerla para después dejarla de lado y vanagloriarse de haber poseído a la mujer más inaccesible del pueblo en sus conversaciones de bar. Ricardo comprendía que ella no quería ser motivo de comidillo de la gente vulgar y prefería recurrir a sus propias manos antes de recibir a alguno de los hombres que había cerca. Ese pensamiento terminó de calmarla por completo y se arrellanó en la cama con una placidez que solamente podía sentir por la confianza y tranquilidad de las palabras de su hijo.

El se apegó a ella para transmitirle calor y sus brazos la rodearon completamente, a la altura de su estómago. Ella se dejó hacer embriagada por la paz y confianza que sus palabras le habían infundido y a la calma siguió una somnolencia producto de las suaves palabras de su hijo, su abrazo cariñoso y la serenidad que le invadió después de la tormenta vivida. Cerró los ojos y dejó que el sueño la venciera.

Ricardo, en tanto, no podía apartar de su mente la imagen de su madre en la cama, con las piernas abiertas y buscando satisfacción mientras lo nombraba, lo que le había producido una excitación inmediata, la que estaba lejos de haber superado. Es más, se acrecentó cuando ella se dio vuelta en la cama para darle la espalda y sus piernas mostraban la parte posterior, dejando a su vista la exquisita redondez de sus muslos. Ante esa visión era imposible estar impávido y su verga así lo demostraba, formando un bulto indisimulable que hablaba a las claras del grado de calentura que su madre le había despertado.

Sus brazos la apretaron más fuerte y su cuerpo se apegó más aún, al punto de sentir que su miembro se apoya en las nalgas de su madre. Lo sucedido anteriormente y el hecho de estar ahora tan juntos, sintiendo la calidez de los muslos de ella, en los que se apoyaba su verga, le hizo perder la noción de la realidad y a partir de ese momento lo único en que podía pensar era en satisfacer su instinto sexual con ese cuerpo que tenía al lado. No le interesaba que fuera su madre la que deseaba poseer, ya que eso no era una barrera para alguien que vivía por y para el sexo, como todo joven a esa edad del despertar sexual. Por otra parte, siempre se había sentido atraído por ella y en más de alguna oportunidad le había brindado una paja después de espiarla para ver alguna parte de su cuerpo que pudiera quedar expuesto y así excitarse. Además, después de haber tenido sexo con Ingrid, su hermana, este no sería sino un paso más en la cadena incestuosa. Pero ni siquiera en eso quería pensar, ni podía hacerlo por lo demás ya que la sangre subió a su cabeza y un solo pensamiento copó completamente su mente: poseerla. No había lugar para ningún otro tipo de razonamientos. Sólo podía sentir que debía tener sexo ahora y ya, no importando ningún argumento moral que pudiera esgrimirse en contra. La tendría y punto. Ahora y ya.

Una de sus manos subió hasta alcanzar sus senos y empezó a acariciarlos con deleite, sintiendo la dureza de sus pezones, que habían quedado muy sensibles después de la experiencia anterior. No le extrañó sentir como sus pezones aumentaban de tamaño y se ponían duros bajo el roce de su mano, ya que su madre había quedado en estado de excitación después de su orgasmo onanista. Un leve movimiento del cuerpo de Natalie le indicó que aunque no era conciente de lo que sucedía, se sentía a gusto en las manos de su hijo.

La otra mano bajó lentamente hasta posarse sobre su muslo y desde ahí empezó a subir por debajo del vestido hasta alcanzar su calzón, sobre el cual se posó, con suavidad. Un suspiro quedo de su madre le indicó que la pobrecita no había quedado completamente satisfecha con su faena anterior y que le hacía falta algo más sólido, como lo que el podía brindarle. Eso le dio confianza pues supuso que las condiciones estaban dadas para que su faena tuviera un final feliz y adecuado a sus planes. Apretó sobre el bulto que formaba el sexo de ella bajo el calzón y movió su mano para darle un masaje completo a esa zona. Al cabo de un momento sintió que su madre tenía ligeros movimientos rotatorios, acompañando sus masajes. Y lo hacía como si estuviera soñando con lo que había hecho un rato antes o tal vez con un amante imaginario, que podría ser el mismo.

Envalentonado, sacó su verga y la puso entre sus nalgas, apretándose a ella para sentir su tibieza, sus redondeces y la dureza de esa carne aún joven. La posición de su madre se prestaba para darle un exquisito espectáculo y se detuvo a mirar sus nalgas y entre ambas, su herramienta completamente endurecida, dispuesta a penetrarlo todo en busca de sexo.

Retiró la mano del calzón de ella y empezó a bajárselo, poco a poco. Cuando lo logró, se dedicó con suavidad a ponerla de espalda y abrir sus piernas. Fue precisamente en el momento en que se ponía entre las piernas de ella, con su herramienta en ristre, cuando su madre despertó, para encontrarse de espalda en la cama, sus piernas completamente abiertas, sus senos al aire y a su hijo dispuesto a poseerla, con su verga amenazante cerca de su vulva.

Era evidente que su hijo quería violarla creyéndola dormida.

Pasado el momento de estupor, ella recuperó rápidamente sus sentidos y la cercanía del cuerpo de su hijo le reavivó el deseo por él. Un escalofrío le recorrió el cuerpo al pensar en la posibilidad de que se hicieran ciertos sus fantasías sexuales con Ricardo, las que nunca pensó que se hicieran realidad de esta manera. En sus pensamientos era ella quien manejaba las riendas de la situación, pero acaba de despertar a punto de ser penetrada por su hijo. Los pensamientos se agolparon en su mente y una idea empezó a tomar forma: si él pensaba violarla, pues bien, que así fuera. Se haría la violada y de esta manera el incesto sería menos inmoral de parte de ella. No era lo mismo que una madre sedujera a su hijo para obtener sexo con él a que el hijo violara a su madre en un rapto de deseo sexual tan propio a esa edad. Si, se dejaría violar por él, pero de manera que no le resultara evidente que ella participaba tanto como su hijo en esta copula incestuosa.

 

 

"¿Qué haces, Ricardo?"

Con los ojos bien abiertos por el asombro, le miró mientras una leve semi sonrisa de se insinuaba en sus labios, como invitándolo sin palabras a continuar. El quedó paralizado por la sorpresa de verse sorprendido totalmente. Se detuvo con la verga aún erecta frente a la vulva materna, sin atreverse a continuar.

"¿Qué pretendes?"

Volvió a preguntar y la semi sonrisa se hizo más insinuante.

"Quiero tenerte"

"Pero eso no puede ser. No"

Dijo ella sin convicción. El, acicateado por el deseo, apoyó su verga en la entrada del sexo que esperaba ansioso la violación.

"No, hijo, no. No, por favor"

Y mientras decía estas palabras, su pelvis inició un suave, casi imperceptible movimiento que hizo que sus labios vaginales rozaran la cabeza de la verga, mientras sus labios hacían evidente el gusto que la situación le estaba produciendo. La suavidad, el calor, la humedad de la piel del sexo de su madre hizo efecto inmediato en él y metió completamente su herramienta en la vagina de su madre.

"No, no, no"

Reclamaba ella, con el deseo reflejado en sus ojos y en sus labios, que se abrían como buscando aire, en tanto su vulva se adelantaba al ataque, permitiendo que la verga de él se internara completamente.

Después de un par de estocadas, el invasor se rindió al no poder resistir el peso de tanta carga erótica y Ricardo acabó en el interior de su madre y finalmente quedó completamente derrotado sobre el pecho materno, en tanto ella sentía la insatisfacción de que su plan se había cumplido a medias, ya que si bien fue "violada", el único que había alcanzado el orgasmo fue él, no dándole tiempo a disfrutarlo.

"¿Qué hiciste, Ricardo?"

Puso una mano sobre la cabeza de él, en señal de comprensión. Era casi como devolverle la mano por el consuelo que él le brindara anteriormente.

"Es que no pude aguantarme. Era tan grande el deseo"

"¿Por mí?"

"Si, por ti"

"Pero es que yo soy una vieja y no creo que pueda excitar a un joven"

"A mi sí"

"¿En serio?"

"¿No lo sentiste recién?"

"Si, tienes razón. Disculpa"

Mientras conversaban, ella reanudó sus movimientos pelvianos con tal suavidad que Ricardo no se percató. Solo sintió que su herramienta volvió a tomar sus dimensiones adecuadas para un segundo encuentro como si se mandara sola.

"¿Sientes lo excitado que estoy?"

"¿Otra vez?"

"Si. ¿Te gusta sentirlo?"

Ella prefirió callar para no ser tan evidente. Pero el movimiento de sus labios vaginales no se detuvo. Eran tan lentos y suaves que era muy difícil detectarlos, aunque su efecto en la herramienta del muchacho era evidente.

"Quiero volver a hacerlo"

"Pero no puede ser, hijo"

"Pero sientes cómo estoy. Por favor"

"No, por favor, no"

Sin dejar de mover su pelvis, ella seguía negándose, sabiendo que el deseo de su hijo le impediría todo razonamiento. Ella podría suplicarle que no lo hiciera pero sería igualmente violada por segunda vez. El poder su vulva era más fuerte que el de su negativa. El no estaba para dialogar. Lo único que haría, costare lo que costare, sería violarla nuevamente.

"No, no. No, hijo, no"

Su hijo reanudó sus movimientos de mete y saca, ahora con más calma que la vez anterior. Ella, en tanto, lo abrazó y apretó su cuerpo al de él, acompañándolo en sus movimientos mientras continuaba con su oposición a lo que sucedía entre ambos.

"No, hijito, noooooo"

"Rico, mami, ricooooo"

"Para, por favor, para mijitooooooooo"

"Eres rica. Siiiiiii"

"Nooooooooo, aghhhhhhhhhhhhhhhhh"

Le era muy difícil seguir la farsa y sus palabras se hacían cada vez más participativas, delatando el estado de excitación en que estaba. Se apretó más fuertemente a él, mientras sus piernas se apoyaban en la espalda del muchacho y sus movimientos habían dejado de lado todo recato, secundándolo en las metidas y sacadas.

"Nooooooooooooo. Nooooooooooo"

"Ricoooooooooo"

"Nooooooo, mijito lindoooooooooooooo"

"Guauuuuuuuuuuuuuuuuu. Mijitaaaaaaaaaaaaaaa"

"Nooooooooo, mijitooooooo. Noooooooooo"

"Ricaaaaaaaaaaa, ricaaaaaaaaa, mamiiiiiiii"

"Mijitoooooooooo. Yaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa "

Ella apretó sus piernas a la espalda de su hijo y se apoyó para poder cabalgarlo con mayor comodidad, entregándose a un frenético movimiento en busca del ansiado orgasmo, mientras que él seguía enfebrecido las metidas y sacadas de su herramienta de la vulva de su madre, sin percatarse de los movimientos de ella.

Y el clímax les llegó al unísono, haciendo estremecer la cama con los movimientos de sus cuerpos, poseídos por los estertores de sus fenomenales acabadas.

Sus cuerpos quedaron desparramados en la cama, cubiertos de sudor y completamente satisfechos por la emoción recién vivida. Ella, por lo bien que habían salido sus planes, ya que había logrado poseer a su hijo sin que éste se diera cuenta de que su madre había participado en el incesto con la misma intensidad que la de él y su hijo por haberse dado el gusto de tener el mejor polvo de su corta vida, usando el cuerpo de su madre para sus fines, aprovechando el estado de debilidad de ella después de sorprenderla masturbándose.

El sonido de la puerta abriéndose les alertó. Susana e Ingrid venían llegando.

Ricardo se levantó alarmado ante la posibilidad de que sus hermanas le sorprendieran en la cama de su madre, después de haberla violado, según él pensaba. Ella armaría un escándalo delante de sus hermanas, estaba seguro, exhibiendo las pruebas de su infamia y respecto de la cual no tenía excusa alguna. Y, para empeorar las cosas, estaba Ingrid, que si se enteraba de lo sucedido rompería con él, terminando la relación que habían iniciado recién el día anterior.

Salió disparado de la pieza de su madre, desnudo y con la ropa en los brazos, buscando que sus hermanas no sorprendieran en lo que estaban. No tuvo tiempo ni siquiera para mirar a su madre, a la que suponía desconsolada por lo que le había hecho. Sin siquiera mirarla ni decirle palabra alguna, salió a su pieza corriendo, tal era el terror que le producía ser sorprendido por sus hermanas haciéndole el amor a su madre..Se sintió ridículo con tan poco airosa salida y abatido por no haber tenido tiempo de pedir perdón a su madre por la violación que había perpetrado en ella, sin sospechar que más que victimario había sido una inocente victima.

Su madre, por su parte, quedó feliz en la cama, por lo bien que le habían salido sus planes: había obtenido la verga de su hijo, que la había hecho feliz en la cama, haciéndola gozar como no lo hacía desde hacía tanto tiempo. Y no sabía el muchacho que más que violador había sido violado. Su hija Ingrid tendría poco que sacarle a su hermano el día de hoy y suponía que pronto volvería a tener sexo con Ricardo, pero ahora sería sin restricciones de ningún tipo y ella se encargaría de demostrarle al muchacho lo mucho que gozaba con su verga para que en el próximo encuentro entre los dos ambos pudieran gozar completamente del incesto iniciado.

Contenta con los planes que estaba imaginando para llevarlos a cabo con su hijo, se fue a la ducha, mientras escuchaba los pasos de una de sus hijas subiendo la escala.

Susana entró en el dormitorio a saludar a su madre, pero esta estaba en el baño, bajo la ducha. Como la puerta estaba abierta, la saludó desde la puerta y Natalie le preguntó cómo le había ido donde sus primas, a lo que la hija respondió que bien. Iba a retirarse del dormitorio de su madre para dirigirse al suyo, cuando algo llamó la atención de Susana: sobre la cama de su madre había un slip varonil. Se acercó y vio las manchas sobre la frazada. Era evidente que se trataba de semen.

Su madre recién había tenido sexo. Y esos slip eran los de su hermano, el que ahora estaba en su propio dormitorio, con la puerta cerrada.

No le cabía duda de lo que había sucedido entre madre e hijo.



Un beso para todos...


Catlover

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4. Las hermanas se apoyan

Ingrid estaba en la cocina bebiendo un jugo cuando entró Susana, su hermana menor, que venía absolutamente alterada . Cerró la puerta tras ella y se apoyo contra está, cerrando los ojos y respirando profundo, como sopesando lo que tenía que decir. Y, finalmente, en lugar de hablar bajó la cabeza y ocultó su rostro con sus manos, abandonándose a un llanto descontrolado.

Sorprendida por esta reacción de su hermanita, Ingrid se acercó a ella y apoyó su cabeza en su pecho, preguntándole la causa de su conmoción, pero Susana no estaba en condiciones de hablar, sollozando entre espasmos que remecían todo su cuerpo. Decidió esperar a que su hermana se calmara para poder consultarle.

Al cabo de unos minutos Susana logró calmarse y cuando su hermana le preguntó por lo que le había pasado, la manifestó que no podía decirle nada ahí, que era mejor que fueran al dormitorio de Ingrid, que estaba en el primer piso. Algo confusa, esta aceptó y ambas se dirigieron, abrazadas, a su pieza.

Y ahí Ingrid, sentada en la cama junto a su hermana, a la que tenía tomada de los hombros, se enteró de la increíble noticia de que su madre había tenido sexo con Ricardo, su hermano, el hombre con el que ella había conocido las delicias del sexo y con el que planeaba esa misma tarde repetir la experiencia del día anterior.

No le conmovió tanto el hecho de que madre e hijo hubieran cometido incesto, pues ella misma ya lo había hecho con él, su hermano. Pero no perdía de vista que lo que su hermana le contaba podría alterar completamente sus planes, ya que podría dar paso a un escándalo que podría frustrar sus deseos de poder seguir obteniendo los favor de Ricardo. Y ella no estaba dispuesta a renunciar a las delicias que había conocido en los brazos de su hermano. Por ello es que concluyó que lo mejor era bajarle el nivel al asunto, aunque implicaba tener que aceptar un nuevo estado de cosas, en que ella no sería la única mujer de la casa que pudiera solazarse con su hermano. Ahora debería compartirlo con su madre, una mujer de experiencia. En cambio ella recién se estaba iniciando en las lídes del amor, aunque tenía a su favor la juventud, aunque su madre no era vieja.

Si lograba bajar la presión a Susana y evitar con ello el escándalo, debería resignarse a compartir a Ricardo, pero creía que su hermano estaba en condiciones de satisfacerlas a ambas, solo que ella debería ignorar lo que sucedía con su madre.

Con esos pensamientos en su cabeza, se dedicó a convencer a su hermana menor.

Le conversó largamente de la soledad de su madre, de la falta de hombre en su vida y del hecho de que, como ser humano, estaba sujeta a las debilidades del cuerpo que, en su caso, era comprensible pues se trataba de una mujer en la flor de su vida. Era su madre, pero también era mujer, una mujer aún joven, con necesidades propias de una mujer joven. Su cuerpo le pedía cosas que no podía satisfacer desde que quedó sola. Tenía solamente 36 años y ya llevaba dos sin pareja, sin alguien a su lado que pudiera satisfacer sus necesidades corporales, lo que la naturaleza le reclamaba.

Susana se sentó en la cama, interesada en las palabras de su hermana. Tal vez el hecho de que por vez primera tenían una conversación tan adulta, o que el tema fuera su madre como una mujer con carencias, lo cierto es que escuchaba con creciente interés lo que su Ingrid le planteaba. Esta, por su parte, no dejó de advertir que su hermanita, al sentarse sobre la cama, había cruzado sus piernas y con ello su falda se había subido hasta mostrar medio muslo y, al final de estos, se alcanzaba a ver la blancura de unos panties. No supo explicarlo, pero sintió que su sangre se le subía a la cabeza con la visión de esas piernas tan cerca suyo.

Sus ojos no podían evitar echar miradas furtivas por dentro de los muslos de su hermanita menor. Y entre mirada y mirada sintió que debía continuar su explicación, pero acentuando el morbo de la misma, para que su hermana se interesara más aún. ¿La razón? No lo sabía, pero algo en su interior le impelía a continuar ese camino. Era algo muy dentro de su pecho, como una brasa que a cada instante quemaba más, la que la obligaba a sentirse atraída por las piernas de su hermanita, hasta que finalmente tuvo que rendirse a la evidencia de que deseaba a su hermana. Y continuó su explicación, pero con la intención de que sus palabras provocaran a Susana, ya que sentía que su atracción por ella necesitaba ser mitigada físicamente. Esto no significaba que se hubiera olvidado de Ricardo. No. Era que la cercanía de su hermana menor, la visión de sus piernas y el paquetito al final de las mismas, la intimidad que se había producido entre ambas, el secreto compartido, la certeza de un incesto entre su madre y su hermano, todo ello contribuía para que deseara a Susana y quisiera besarla por todas partes, tocarla y hacerla gozar y que la hiciera gozar. Habría sido de fierro si hubiera resistido tanta tentación. Y ella era de carne y no de fierro.

También se sentó, quedando frente a su hermanita y, al igual que ella, recogió sus piernas y deliberadamente lo hizo de manera de brindarle el espectáculo de sus propios muslos y su bikini con algunas manchas de la humedad que su sexo había empezado de entregar. No se le pasó desapercibido que Susana le miró sus partes íntimas sin asomo de disimulo. Es más, se quedó mirando casi descaradamente, lo que aumento la humedad en su parte baja por la emoción de sentir que atraía a su hermanita.

"Por otro lado, piensa que Ricardo es el único hombre decente en este pueblo"

"Bueno, es cierto"

"Entonces, no es difícil que ella hubiera sucumbido ante su juventud"

"Si, pero. . . "

"Pero nada. Cuando el cuerpo pide sexo no es posible quedar indiferente"

"¿Aunque sea su hijo?"

"Ricardo parece estar bien dotado para hacer gozar a una mujer como nuestra madre"

"Aun así … ."

"¿Y qué esperabas? ¿Qué buscara a alguien del pueblo?"

"Pero podría haberse aguantado"

"Ya te dije, el deseo sexual es demasiado fuerte. Es irresistible"

"Mmmmmm, si. Es cierto"

"Parece que sabes bien de lo que te hablo"

"Soy mujer, ¿no es cierto?"

"¿Y cómo lo haces tú cuando sientes calentura?"

"Lo que hacen todas, en la soledad del baño, a la rápida"

"Pero eso produce una satisfacción relativa. Light. Nada más"

"Pero, ¿qué más se puede hacer? Mas vale eso que nada"

"Y, bueno. . . buscar algo más potente"

"¿Con alguien del pueblo?.¡¡¡Nooooooooo!!!!!!!"

"No me refería a eso"

"¿Qué quieres decir?

"Si vas a masturbarte, debes hacerlo bien. No a la rápida en el baño"

A esas alturas, Ingrid había abierto descaradamente sus piernas frente a su hermanita, que le miraba el paquetito sin poder apartar la vista, sin darse cuenta que su hermana había puesto una de sus manos en su rodilla, la que apretaba con suavidad.

"Creo que lo que necesitas es que te enseñe a hacerlo"

"No entiendo"

"Mira, no se trata de meterse un dedo, moverlo y ya"

"Bueno, eso es lo que hago"

"No, pues. Es mucho más. Es necesario acabar en forma, completamente"

"Pero si así yo logro acabar"

"Claro, pero quedas satisfecha por un minuto. La cosa es que goces en plenitud"

"¿Para no volver a sentir deseos al cabo de unos instantes como me pasa a mí?

"Exacto. Poder gozar tanto que te olvides de ello por el resto del día al menos"

"¿Es posible"

Susana ya estaba en sus manos, lista para hacer lo que ella le pidiera. Había caído inocentemente en la trampa y se había dejado llevar como un corderillo hasta las redes que su lujuriosa hermana la había conducido. Ingrid, por su parte, estaba feliz de comprobar lo fácil que le había resultado manejar a su hermanita, tanto como cuando convenció a su hermano. Sentía que era una degenerada que, no contenta con tener sexo con su hermano menor, ahora se aprestaba a gozar de su hermana. Pero ese mismo sentimiento le hacía sentirse poderosa, ya que había logrado manejar a dos seres cercanos para la obtención de sus fines. Estaba descubriendo que sus encantos y el poder de convicción que tenía eran dos herramientas poderosas cuando las empleaba. Y ahora las estaba empleando a fondo con su inocente hermanita.

"Para lograrlos solo necesitas que te ayuden un poquito"

"¿Tu?"

"¿Quién otra?"

"Cierto. Pero, ¿cómo se hace?"

"Abre bien tus piernas, como las mías"

"¿Así?"

"Mmmmmmmmm. Siiiiiiiiii"

"¿Qué te pasa?"

"Es que se ve tan rica la manera como muestras tus cositas"

"Bueno, lo que tu muestras también me gusta"

"¿En serio te gusta verme la cosita?"

"Ssssssi"

"¿Te gusta o no te gusta?

"Si. Me gusta"

"Ahora haz lo mismo que hago yo, ¿ya?"

Ingrid llevó su mano al paquetito que ocultaba su bikini y empezó a acariciarlos suavemente, sin dejar de mirar a su hermana, que empezó a repetir sus movimientos en su paquetito que, aunque de menores dimensiones, se veía tan apetecible como el suyo. Al cabo de unos minutos, sin dejar de mirar a Susana, estiró las piernas y se bajó el bikini, dejando expuesto a la vista de su hermanita su vulva, con sus rojos y abultados labios humedecidos por el deseo, rodeados de hirsutos pelitos. Susana no daba crédito a lo que veía y la atracción del espectáculo del sexo de su hermana se le hizo irresistible, al punto de sentir que en su interior se empezaba a anidar un fuego que pugnaba por salir. Instintivamente imitó a Ingrid y quedó con su vagina al aire, en la que era posible apreciar sus labios sonrosados y abultados por la excitación, rodeados por unos pelitos más finos que los de su hermana.

Ingrid volvió a pasar su mano sobre su sexo y Susana la imitó, sin dejar de mirar a su hermana, devolviéndole las intensas miradas que esta le daba. Al cabo de un momento, y sin dejar de tocarse, Ingrid se acercó a su hermana, con claras intenciones de besarla. Susana no se resistió. Al contrario, esperaba ansiosa que se consumara el beso y abrió los labios para recibirla. Ingrid la besó y abrazó y su hermanita se dejó besar y abrazar. Nunca antes había sentido un placer tan grande como el que le brindaba su hermana con sus labios apasionados y sus senos pegados a los suyos. Cerró los ojos y se abandonó completamente a las sensaciones que su hermana le estaba brindando.

Una mano se posó en el muslo de Susana, cerca de su sexo. Ella no hizo nada para impedir lo que era evidente. La mano empezó a trepar, hasta alcanzar la mano sobre la vulva, la retiró y la puso en el sexo de su hermana, en tanto que la mano de ella quedaba a la entrada de su túnel de amor, donde empezó a efectuar movimientos oscilatorios suaves que fueron repetidos por Susana en la vulva de Ingrid.

Al cabo de un momento, Susana sintió que un dedo se metía en su interior, buscando algo, explorando las paredes interiores de sus labios vaginales. Ella hizo lo mismo en la vagina de su hermana, en tanto los besos se hacían descontrolados. Y fue así como tuvieron su primer orgasmo lésbico e incestuoso.

Los grititos de Susana eran ahogados por los besos de Ingrid, que, por su parte, se apretó a su hermana menor para transmitirle corporalmente el goce que experimentaba. Y fundidas en ese abrazo, con sus labios sellados por un beso apasionado, ambas hermanas se entregaron a experimentar la más bella de las sensaciones que el cuerpo puede brindar: el goce sexual y su entrega de líquido seminal como prueba de entrega de una a la otra.

Continuaron abrazadas por un largo rato, sin atreverse a mirar. Cuando lograron la calma necesaria, se separaron y fue Ingrid quien reanudó el diálogo.

"¿Te gustó?"

"¡Fue increíble!"

"Me hiciste gozar maravillosamente"

"Nunca había sentido algo parecido a esto"

"Y aún hay más que podrías experimentar, te lo aseguro"

"¿Tan rico como esto?"

"Más rico, mucho más rico, puedo asegurartelo"

"Uyyyyyyyyyy. ¿Cuándo será eso?"

"Dime tú cuando y donde"

"Esta noche voy a venir a verte"

"Bueno. Te esperaré"

"¿Me vas a enseñar más cosas?"

"Pierde cuidado, que vas a aprender muchs cosas ricas"

"Bueno. Entonces nos vemos esta noche, aquí mismo"

"Pero aún falta aclarar algo, ¿no crees?"

"¿Qué cosa?"

"¿Entiendes ahora a nuestra madre?"

"Si. Tienes razón. No me gustó lo que supe, pero la entiendo"

"Es que el sexo es lo máximo, ¿no crees?

"Si. Es cierto"

Un último beso selló la alianza lésbico-incestuosa entre ambas.

Ingrid estaba feliz con este nuevo giro en su vida sexual. Respecto de Ricardo, ya vería la manera en que sacaría provecho a su desliz. Por ahora, sus sentidos estaban ocupados con el cuerpo de su hermanita, a la que estaba dispuesta a hacer gozar tanto como esperaba que ella la hiciera gozar esa noche.

Respecto a su madre, aún no tomaba una decisión.



Un beso para todos...


Catlover

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5. Intrigas familiares

Mi madre estaba cómodamente sentada en un piso de la cocina tomando un café, sin mirarme, como tomando fuerzas para lo que vendría. Se había portado conmigo durante toda la cena con una frialdad gélida, lo que se explicaba por lo que había sucedido entre los dos a mediodía. Finalmente parecía que había llegado la hora de la verdad para mí y me tocaba enfrentar las consecuencias de lo que le había hecho. Suponía que ella estaría furiosa conmigo y que tomaría medidas extremas, acordes con la falta cometida, pero, a despecho e mis temores, se la veía con completo dominio de sus actos, como si nada alterara la placidez que su rostro transmitía. Claro que su actitud reposada podría ser la tranquilidad que precede a la tormenta. Era tal la soltura que tenía en ese momento que, sin darse cuenta, me estaba dando el espectáculo increíble de sus piernas expuestas hasta mostrar gran parte de sus muslos. Yo, en tanto, me debatía entre el temor a lo que me esperaba de parte de ella y el deseo de mirar por entre sus piernas para ver algo más de lo que escondían.

La violación de ese mediodía me había dejado con sentimientos encontrados, pues por una parte estaba el sentimiento de culpa por haber salido arrancando del lado de mi madre sin darle ni siquiera una explicación por lo que había hecho, sin alcanzar a pedirle perdón por mi falta. La había poseído y dejado de lado, sin decirle nada, y ella había quedado abandonada en la cama después de ser violada, sin siquiera una palabra de consuelo por tan detestable acción de mi parte. Me había comportado como un miserable ante ella, que la había usado como un objeto para olvidarla una vez satisfecho mi instinto animal. Y a lo anterior se agregaba el hecho de que se trataba de una violación. No era un simple acto de debilidad. Era mucho más que eso. Había abusado de mi madre aprovechándome de las circunstancias y usando mi fuerza para someterla a mis deseos. No le di ni siquiera la posibilidad de defenderse y cuando creí que iba a ser sorprendido por mis hermanas, huí como una rata, a esconderme a mi dormitorio de donde no salí en un par de horas, ocupándome por salvar mi pellejo sin importarme que mi madre fuera sorprendida con las pruebas de mi infamia, cargando toda la culpa que era solamente mía.

Esa tarde estuve encerrado y en un mar de dudas respecto de la actitud de mi madre. Cuando era la hora de cenar su voz en la puerta de mi pieza me llamó, sin que se notara nada anormal en su tono. Y cuando bajé a cenar, sentí que mi madre había optado por la indiferencia fría conmigo, comportándose natural pero sin siquiera dirigirme la mirada. A ratos me daba la impresión que mis hermanas estaban pendientes de todo lo que sucedía entre ella y yo, pero eran ideas mías, producto del estado paranoico en que había quedado, ya que parecía que no se habían percatado de que había violado a mi madre.

El asunto es que mi madre, una vez terminada la cena, se sentó en un banco alto y se tomó su café mientras nuestras hermanas iban a ver televisión a la pieza de Ingrid. Y ahí estabamos los dos solos; yo esperando el momento en que ella iniciara el fuego, pero giró en su asiento y quedó frente a mi, mostrando sus piernas generosas que ese mismo día habían sido mías, aunque fuera a la fuerza. Y se veían exquisitas, blancas y turgentes, pero inalcanzables. Es más, no debiera estar mirándolas, pero me era difícil apartar la vista de sus columnas perfectas.

¿Tienes conciencia de lo que hiciste hoy?

Su voz sonaba tranquila, sin asomo de enojo. La miré e intenté sostener la mirada pero sus piernas me atraían tanto que no pude resistir y bajé los ojos para posarlos entre sus muslos, al final de los cuales se vislumbraba la silueta oscura de su paquete.

¿Por qué no me miras?

No me atrevía a levantar la vista, avergonzado, sin atreverme a decir palabra, esperando la avalancha de recriminaciones, probablemente acompañadas de un mar de lagrimas por lo imperdonable de mi falta. Sabía que lo hecho por mí no tenía nombre ni disculpa y que sólo cabía esperar las consecuencias de mi calentura. Debía afrontar lo que viniera. Si había sido tan hombre para violar a mi madre debía serlo para enfrentar lo que vendría en represalia, aunque me daba perfecta cuenta que carecía del valor para ello.

"Mírame y dime, ¿crees que fue bonito lo que hiciste?"

Finalmente la miré. Pero la mirada de mi madre no reflejaba ni recriminación ni enojo. Sus ojos brillaban. Tal vez me equivocara, pero algo bailaba entre sus labios, muestra innegable de que no estaba molesta conmigo.

Me quedé mudo, sin saber cómo reaccionar. La visión de mi madre sentada frente a mi, con sus piernas algo abiertas y hablándome en voz queda me hizo recuperar la confianza y con ello la excitación por lo que estaba viendo.

Pero fueron sus palabras siguientes las que finalmente me trajeron la tranquilidad que tanto precisaba.

"¿Sabes?, no puedo reprochártelo"

"¿Por qué?"

"Porque ya eres un hombre".

"----------"

"Es que tu necesitabas una mujer y yo te provoqué sin quererlo"

"Pero . . ."

"No lo hice a propósito, cierto, pero necesitabas desahogarte con alguien"

"Pero te elegí a ti"

"Es que en ese momento no estaba Natalie para ayudarte, ¿o no?"

Esta frase me dejó completamente mudo, envuelto en una palidez que denunciaba el estado de estupor en que mi madre me había dejado con sus palabras.

"Los ví cuando estaban haciéndolo, ayer"

"----------------"

"Ambos son jóvenes y no hay nadie más cerca que valga la pena"

"Eso mismo me dijo ella"

"¿Ves?"

"Lo de hoy no fue porque no estuviera Natalie"

Un resto de valor me dio las fuerzas para insinuarle a mi madre que era ella a quien deseaba y que mi calentura fue porque ella puede excitar a cualquier hombre, especialmente a mi.

"¿Por qué, entonces?"

"Porque eres irresistible"

"¿Por qué dices eso?"

"Me gustó verte haciéndote lo que te hacías"

"Cómo pudo gustarte ver a tu madre haciendo eso"

"Porque tenías una cara de deseo exquisita"

"¿Cómo puede ser exquisita una cara en ese estado?"

"Bueno, para mí la tuya era irresistible. Me excitó verte ahí masturbándote"

Y el bulto se me acentuó de manera evidente. Ella no reaccionó y una rápida mirada a mi entrepierna le demostró que lo que decía era cierto.

"Con las piernas abiertas y moviéndote como lo hacías"

"No sigas, por favor"

Pero yo estaba lanzado y nada me detendría.

"Una mujer como tu buscando el clímax es algo increíblemente excitante"

"---------------"

"No te imaginas como quedé de excitado por ti"

 

Me levanté, pero ella, con un dedo en su boca, me hizo detener y guardar silencio. Quedamos escuchando un rato si se escuchaba algún ruido de parte de nuestras hermanas. Pero sólo nos llegaba el murmullo de la televisión en el dormitorio de Ingrid, donde ambas estaban.

"Es mejor que te retires, pero esta conversación no ha terminado"

Se retiró, pero antes de abandonar la cocina, con la mano en la puerta, me miró con intensidad y me dijo "Seguiremos mañana, en la mañana, después que tus hermanas hayan ido al pueblo" Y cerró la puerta tras ella.

En tanto Ingrid con Susana habían subido el volumen de la televisión mientras se dedicaban a lo suyo. Ingrid, más experimentada, se paró frente a su hermana y la besó dulcemente, en tanto le desabrochaba la blusa, dejando al aire sus senos cubiertos por un pequeño sostén. Después fue el turno de su falda, que quedó botada en el suelo. Y ahí estaba su hermana menor, parada exhibiendo su hermoso cuerpo cubierto solamente por un sostén blanco y un bikini del mismo color. Se miraron con intensidad y Susana hizo lo mismo con Ingrid, dejándola parada al frente, cubierta solamente con un sostén amarillo y calzón del mismo color.

Al parece Susana no quería quedar atrás en este juego y se empeñaba en demostrarle a su hermana mayor que era una alumna muy aventajada y que lo que le faltaba en experiencia lo suplía con el deseo de ponerse rápidamente al día en las artes amatorias.

Se abrazaron y besaron tiernamente, mientras sus cuerpos caían sobre la cama. Ingrid le abrió las piernas a su hermana y puso su sexo sobre el de ella, moviéndolo con fuerza, para que sintiera su bulto sobre el de ella. Eso fue suficiente para que Susana se desparramara sobre la cama en un orgasmo que le sacó grititos apagados de placer, besando apasionadamente su hermana y abrazando su cuerpo como para fundirlo al de ella.

Ingrid bajó su rostro y lo puso sobre el paquete de Susana, que empezó a morder con suavidad, mientras esta se aferraba a su cabeza y movía su pelvis como queriendo tragarse la boca que le mordía su vulva. Y volvió a acabar, casi de inmediato, en medio de gritos que ahora el ruido de la televisión casi no podía ocultar. Su desesperación la hacía mover su cuerpo alocadamente mientras sus jugos fluían de su sexo, clara muestra del estado de excitación en que se encontraba.

Susana no alcanzó a recuperarse de su segundo orgasmo cuando sintió que su calzón le era quitado con suavidad, dejando su sexo completamente expuesto. Se acomodó esperando qué otra sorpresa le regalaría su hermana. Y esta no se hizo esperar, hundiendo nuevamente su boca entre sus piernas, apretando su vulva entre los labios y metiendo la lengua entre los labios vaginales de la muchacha. Esto era mucho más de lo que ella esperaba y no le fue posible contener el flujo de líquido seminal que explotó desde su vagina, entre grito de placer, por tercera vez. Su disposición al sexo era extrema y tenía mucha energía en el cuerpo como para reponerse rápidamente después de cada orgasmo y estar en condiciones para volver a gozar de las caricias de su hermana.

"Creo que ahora me toca a mí, ¿no crees?"

Ingrid se acomodó y Susana se apoderó de sus nalgas, hundiendo su cara entre sus muslos, metiendo su boca en la gruta de amor de su hermana mayor, explorando su interior con su inquieta lengua, en busca de proporcionarle el placer que ella le había brindado recién. Y tuvo éxito, ya que Ingrid levantó las piernas y las puso sobre los hombros de Susana y empezó a derramar sus líquidos en la boca de esta, mientras su cuerpo se estremecía de placer. Su hermanita recibía los jugos en su boquita y los tragaba con fruición, encantada de comprobar que ella también podía hacer feliz a otra mujer. Y siguió chupando y pasando su lengua en la gruta de Ingrid incluso después de que esta hubiera soltado todo el jugo que su cuerpo escondía. Solamente cuando comprobó que ya no había nada que sacar del sexo de su hermanita se tranquilizó y se hizo a un lado.

Ambas quedaron agotadas por el esfuerzo desplegado y solo después de algunos minutos de descanso lograron recuperarse. Se abrazaron y besaron. Y quedaron algunos instantes en silencio, disfrutando el momento de felicidad que se habían brindado mutuamente.

"Me hiciste completamente feliz, Ingrid"

"Y tu a mi. No creí que estuvieras tan dispuesta para esto"

"Es que eres muy hermosa y tu cuerpo calienta a cualquiera"

"No sabía la dinamita que se ocultaba en tu cuerpo de niña"

"Tu lengua es incomparable, hermanita"

"Y tú, hermanita, eres pura energía en la cama"

"¿Lo has hecho con algún hombre?"

Ingrid dudó antes de responder, sopesando las posibilidades de la respuesta que diera. Si bien Susana estaba encandilada con el placer lésbico, ella conocía también lo que un hombre podía hacerle sentir y no estaba dispuesta a renunciar a ello. Quería seguir disfrutando de ambos sexos, pues en ambos encontraba placer, de distinta naturaleza, claro, pero en los dos ella había alcanzado los límites del clímax sexual. Lo quería todo, quería experimentar esos vericuetos del placer que no conocía y que ahora la llenaban de placer. Incluso lo sucedido entre su hermano y su madre le causaba atracción.

"Si, pero es diferente"

"¿Mejor o peor?"

"No, hermanita, es diferente"

"¿Quieres decir que también puedo ser tan feliz con un hombre como contigo?"

"Mmmmmm, se puede decir que si"

"No entiendo bien"

"Hay casos en que las mujeres no quieren saber nada con los hombres. Es una opción. Pero también está el caso de una mujer que disfruta con un hombre o con una mujer. Incluso con ambos al mismo tiempo"

"Me parece poco probable"

"Yo ya tuve sexo con un hombre y fui feliz. Lo hice contigo y también fui feliz"

"¿Con cual gozaste más?"

"Contigo, amor, contigo"

"¿Por qué?"

"Porque contigo hubo entrega, en tanto que con el hombre fue pura pasión"

"Pero entre tu y yo también hay pasión. Pura pasión"

"La mujer siempre entrega algo más que su cuerpo. Se entrega ella misma"

"¿Y el hombre?"

"Solo busca saciar su deseo y no entrega nada de si mismo que no sea su semen"

"Te comprendo. Afortunadamente es así, pues una mujer no tiene un pene para meterlo en una, lo que podría hacer la diferencia, pero no tiene sentimientos para entregar"

"Tienes razón. Pero tarde o temprano vas a hacer el amor con un hombre y entonces podrás evaluar por ti misma las diferencias"

"No me asusta esa posibilidad. Creo que no tendría problemas para hacer el amor con un hombre o con una mujer"

"¿Y con ambos?"

"Mmmmmmmm, no lo había pensado. Bueno. . . . no sé"

"¿Ricardo?"

Ingrid se había acercado al rostro de Susana y con su boca abierta había besado a su hermanita, mientras pronunciaba el nombre su hermano. La conversación se había hecho cada vez más excitante y ella sentía que un calorcito la inundaba nuevamente. Y cuando pronuncio el nombre de su hermano amante, sintió que los fluidos estaban a las puertas de su gruta de amor. Es que la posibilidad de involucrar a su hermanita con su hermanito le excitó increíblemente. Imaginar a Susana con las piernas sobre los hombros de Ricardo y la herramienta de este penetrándola le causó un orgasmo involuntario que la hizo estremecer mientras besaba a su hermanita.

¿Qué pasa con Ricardo?"

"¿Te imaginas teniendo sexo con él?"

"¡Pero es mi hermano!"

"Si, pero yo soy tu hermana y ya lo hizo con nuestra madre, recuerda"

"Si, pero igualmente no me imagino con él"

"Pero, ¿y si se diera la posibilidad?"

"No sé. Realmente no sé"

"¿Confías en mí?"

"Sabes que sí"

"Yo podría hacer que probaras la cosa de Ricardo"

"No sé".

"Confía en mí"

"¿Tu lo has hecho con él?"

"Si. Es el único hombre con el que lo he hecho. Y estuvo exquisito. Valió la pena"

"¿En serio?"

"Sentir su trozo de carne en mi interior fue algo increíble. Créeme"

"Mmmmmmm"

"Y chuparle el pene es una experiencia única"

"Por la manera que te expresas parece ser algo interesante como para experimentarlo"

"Déjate llevar por mí y vas a tener sexo del bueno"

"Pero, ¿y nosotras?"

"No cambiaría nada entre tu y yo. Al contrario, seria mejor pues podríamos involucrarlo en lo nuestro"

"¿Crees tú?"

"Mira, no sigamos conversando. Déjame hacer y verás que después me lo agradecerás"

"Confío en ti, hermanita"

Sin poder resistir el morbo de la conversación, las hermanas se trenzaron en un 69 que les hizo acabar dos veces seguidas, debido a la calentura que las envolvía. La idea de estar con Ricardo las hacía delirar de deseo a ambas. A una porque volvería a disfrutar con la verga de su hermano menor y a la otra por la fantasía de poder gozar con el hombre que ya había poseído a su hermana amante.

Se despidieron con un largo y apasionado beso, sellando el pacto que Ingrid esperaba concretar ese fin de semana, cuando su madre saliera a visitar a su hermana y los tres hermanos quedaran solos en casa.

Susana fue a su pieza y pasó largo tiempo pensando en las palabras de su hermana. Encerraban una promesa de placer que ella ansiaba experimentar en las manos de su hermano ese fin de semana. Al día siguiente visitaría a sus primas y sabía que sus relaciones serían diferente ahora. Ya no era la inocente muchacha que no comprendía las caricias de Paulina en sus piernas ni las efusiones con que se brindaban cariño las primas a escondidas. Ahora comprendía lo que encerraban esos abrazos y besos. Y ella sentía que el día siguiente sería diferente para ella. Para las cuatro.



Un beso para todos...


Catlover

FECHA El 23/01/10 a las 06:01:47 IP GUARDADA Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
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6. Una madre cariñosa

Esa mañana despertó tarde, con la voz de su madre llamándolo desde el primer piso para que bajara a desayunar. Había tenido una noche agitada, sumido en pensamientos contradictorios que le mantuvieron en vela. Se desperezó y pasó al baño. Bajo la ducha recordó la conversación inconclusa con su madre la noche anterior. Y que esa mañana sus hermanas no estarían en casa. También recordó que esa mañana muy probablemente su madre sería suya.

La conversación entre ambos había sido muy inspiradora y creía haber vislumbrado una cierta complacencia de parte de su madre respecto de sus intenciones, las que quedaron en evidencia cuando ella miró el paquete que se le había formado entre las piernas cuando le expresó de la excitación que sintió cuando la vio masturbarse. No es que ella le hubiera insinuado algo, no, pero había algo en su aspecto, en su postura con las piernas algo abiertas, el tono de sus palabras y, finalmente, su dedo en la boca pidiéndole que callara, que le dejaron en un mar de confusión. No tenía certeza de nada, pero no podía descartar nada tampoco. Todo le parecía posible.

Creía que había llegado el momento de poner sus cartas sobre la mesa y expresarle abiertamente lo mucho que la deseaba e intentar poseerla. Después de lo sucedido en el dormitorio de ella creía que su madre podría estar molesta con él pero no podría ser indiferente a las sensaciones que su verga le había proporcionado. Por otra parte, su actitud para con ella no podría echar a perder más las cosas de lo que estaban. Nada perdía con ser evidente respecto de sus deseos. Ella era una mujer que se encontraba en una posición de debilidad por la falta de sexo y la imposibilidad de obtenerlo en otra parte que no fuera en sus brazos. Todo apuntaba a que si se manejaba bien podría obtener sus favores.

Terminó de ducharse, se vistió y bajó a desayunar, con la firme intención de que la erección que tenía en ese momento podría ser bajada por su madre.

Ella estaba radiante, enfundada en un vestido de seda que recortaba su figura bajo la tela, cuando se paraba a contraluz. Y su cuerpo se veía pletórico de vida, lleno de vitalidad. Incluso sus senos parados, con un par de pezones desafiantes empujando la seda la hacían ver más joven aún. Y qué decir de sus piernas, desnudas, que reflejaban unas carnes duras, turgentes, llamando a un macho para que las abriera y buscara el tesoro que escondían. Era un hermoso espectáculo el que se le ofrecía a la vista, por lo que el desayuno giró entre miradas indiscretas al cuerpo de su madre y el disfrute de la comida que ella le había preparado.

"¿Te gusta?"

Parada frene a él, con los brazos en jarra y la luz que se filtraba desde la ventana recortando las hermosas formas de su cuerpo, le preguntó con una sonrisa bailando en sus labios, segura de la doble intención de sus palabras.

"Exquisito"

Respondió él, captando las palabras de ella.

"¿Quieres más?"

"No me cansaría"

Ambos sabían que estaban jugando con fuego. Que sus palabras hablaban de sexo y no del desayuno. Que ella se estaba ofreciendo y él la estaba aceptando, en un juego que sabían sólo terminaría en la cama de ella.

"¿Quieres servirte?

El se levantó, con la evidencia de su excitación en su entrepierna.

"¿Por qué no te sirves tu misma?"

Ella bajó la cabeza confundida. Pasó a su lado y le sirvió café. Evidentemente, su madre no se había atrevido a seguir el juego. Comprendió que él había ganado el enfrentamiento verbal y eso le daba ventaja sobre ella. Ahora el camino le era más fácil.

Mientras él terminaba su desayuno, ella salió, escapando de él.

No alcanzó a terminar su café y salió tras ella, a la que encontró haciendo el aseo de su pieza. Ordenaba la ropa que él había usado el día anterior para llevarla a la lavadora cuando Ricardo se paró en la puerta, mirándola agachada ordenando, con sus muslos erectos, como ofreciéndose. Se acercó y tomándola de la cintura se apretó a ella.

"Ricardo, por favor"

Cuando ella se irguió, su trasero se apegó más a él y sus manos alcanzaron su estómago, atrayéndola. Su paquete se pegó las nalgas de ella.

"No. Otra vez no, por favor"

Pero el roce de sus nalgas sobre la verga de su hijo despertó sus instintos y sintió que un calor invadía su cuerpo, cerrando sus ojos mientras sus protestas continuaban.

"No sigas, no"

No había ningún intento por separarse de él, de su abrazo. Y Ricardo comprendió que nadie detendría este incesto, en el que estaba seguro que su madre participaría de manera activa, no como la vez anterior. Sería cosa de él hacerla participar.

"¿Sientes mi verga?"

"Por favor, no sigas"

"¿Sientes mi verga?"

"Si, pero para"

"No. Tu quieres que siga. Te gusta"

"No, no. Por favor"

"¿Te gusta?"

"Ricardo, por favor"

"¿Te gusta?"

Creyó que ya había hecho suficiente por salvar su prestigio y que ya era hora de disfrutar el momento. No había sido una mujer fácil entregándose a su hijo. Ella se había resistido hasta que finalmente él logra vencer todas sus barreras. Ni él ni nadie podría reprocharle nada ahora si ella terminaba por ceder su defensa a tanta tentación.

Una mujer sola, joven, sin sexo desde hace un par de años, es acosada por su hijo hasta que la naturaleza se impone y cede, entregándose al placer del incesto.

"Sssssssi"

"¿Ves? Ahora goza, siéntelo, ¿te gusta?"

"Si"

"¿Quieres sentirlo dentro?"

"Pero Ricardo"

"¿Quieres que te lo meta?"

"Ricardo"

"¿Te lo meto?"

"Hazlo"

Las defensas habían sido vencidas. El era el ganador y ella la vencida. Había sucumbido al ataque superior en fuerzas de su hijo.

Su vestido cayó y su cuerpo emergió lozano, vital, pletórico de deseo frente a su hijo que, con la boca abierta, disfrutaba del hermoso espectáculo de su madre desnuda. Rápidamente se desprendió de sus prendas y ambos quedaron en pie, abrazados, dispuestos a iniciar la cópula incestuosa que tanto anhelaban.

Se fundieron en un beso apasionado y así sus cuerpos se acomodaron en la cama, ella abriendo sus piernas para recibir al visitante en su túnel de amor, en tanto su hijo le abría los muslos donde acomodaría su pedazo de carne.

"Pídeme que te lo meta"

"Ricardo, no seas así"

"Pídelo"

Y su verga a la entrada de la vulva materna acariciaba los labios vaginales, en tanto ella esperaba ansiosa la penetración.

"Métela"

"¿Qué?"

"¡Méteme tu cosa, ya!"

El grito desesperado de la hembra en celo fue la señal para que dieran inicio al incesto, con una verga rampante que abrió los labios de la vagina de su madre y siguió invadiendo el túnel completamente, en tanto la boca de él se apoderaba de uno de sus senos que empezó a chupar desesperadamente.

Ella subió las piernas sobre la espalda de su hijo y empezó a galoparlo, deleitándose del placer de sentir salir y entrar su barra de carne desde sus entrañas. Con los ojos cerrados se entregó al placer completamente, sintiendo que las sensaciones que creía olvidadas podía volver a disfrutarlas, aunque fuera en brazos de Ricardo.

Tuvo una acabada increíble, que le permitió sentir en todo su esplendor el gusto de soltar sus flujos vaginales como una hembra completamente satisfecha por su macho. Y no había alcanzado a terminar su primer orgasmo cuando sintió que el deseo volvía a apoderarse de ella, a influjo de la verga de su hijo que no había dejado de entrar y salir. Era increíble sentir que se podía gozar de esa manera y continuar haciéndolo, sin parar.

Ni siquiera con su esposo, el padre de Ricardo, había gozado tanto y tan intensamente.

Cuando él sintió los flujos de su segundo orgasmo, sacó su verga y la acomodó de manera de que quedara en cuatro pies, en la posición conocida como "a lo perrito" y la montó empujándole su instrumento entre los glúteos, el que se fue a hundir completamente en su vagina, hasta que sus bolas chocaron contra las nalgas maternas.

Ella empezó un movimiento desesperado de atrás hacia delante, acomodándose a los de él de adelante hacia atrás, mientras los senos de ella eran tomados entre las manos de su hijo. Se sentía como una perra caliente buscando ser penetrada brutal y salvajemente por su macho, en este caso su propio hijo. El pensamiento de que la verga del muchacho estaba dentro de ella, su madre, aumentaba el morbo del momento y daba energías a su cuerpo, que se movía descontroladamente.

"Sigue, asíiiiiiiiiiiiiiiiiii"

"Toma, mijita, tomaaaaaaaaa"

"Más, másssssssssssss"

Y su hijo renovaba el golpeteo en el cuerpo de ella, acicateado por las palabras que la calentura le dictaba a su madre, que seguí moviéndose como poseida.

"Ayyyyyyyyyyyyy, qué ricoooooooooo"

"¿Té gustaaaaaaaaa?"

"Siiiiiiiii, mijitoooooooooo"

"Toma más pico, mijitaaaaaaaaaaaaa"

"Siiiiiiiiiiiiiii, mássssssssssssssss"

"Aghhhhhhhhhhhhhhhhhh"

"Yaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa"

Su madre acabó dos veces antes que su hijo llegara al clímax, soltándole el semen que salió de su vagina y corrió por los muslos de su madre como señal inequívoca de la intensidad de lo que habían disfrutado ambos. Y sus cuerpos quedaron tendidos en la cama, con el muchacho sobre ella y su verga aún hundida en su vulva.

Después de un rato, recuperaron la normalidad de sus respiraciones y se recostaron para dar inicio a las confidencias. Después de un momento se levantaron para almorzar.

Una vez satisfecho su apetito, fueron al dormitorio de ella a continuar lo iniciado en la cama del muchacho en la mañana. Se desnudaron y se acostaron como si se dispusieran a dormir. El se apegó a ella para transmitirle calor y sus brazos la rodearon completamente, a la altura de su estómago. Ella se dejó hacer .

"¿Puedo decirte algo?"

"Si, cariño"

"Te veías exquisita haciendo lo que hacías cuando te sorprendí, ayer"

Mientras le decía esas palabras, sus brazos la apretaron más fuerte y sintió su cuerpo apegarse más aún al suyo, al punto de sentir que en sus nalgas se insinuaba la dureza de su miembro, probablemente aún excitado por lo sucedido anteriormente. Ahora que ella había recuperado sus sentidos, la cercanía del cuerpo de su hijo le reavivó el deseo. Un escalofrío le recorrió el cuerpo. Se acurrucó y su cuerpo se apegó más a él, de manera que sus nalgas apretaron el bulto de su hijo que se insinuaba amenazante. Buscaba que su hijo recuperara el deseo que y volviera a adquirir las dimensiones que tenía en un principio.

"¿Por qué dices eso?"

"Porque tenías una cara de deseo exquisita"

"¿Cómo puede ser exquisita una cara de mujer deseosa?"

"Es que me excitó el verte ahí masturbándote"

"No te creo. No era un espectáculo bonito"

"Si, lo era. Con las piernas abiertas y moviéndote como lo hacías"

"¿Qué tiene de bonito eso?"

"Una mujer como tu buscando el clímax es algo increíblemente excitante"

"No te creo"

"Si. No te imaginas como quedé de excitado por ti"

Ahora el bulto golpeaba sus nalgas de manera evidente, en tanto uno de sus brazos había soltado el abrazo y subía hasta sus senos, en tanto el otro se insinuaba hacia la zona baja de su barriga. Su hijo no necesitaba demasiados estímulos para calentarse, por lo visto.

"¿Por mí?"

"Si, por ti"

"Pero es que yo soy una vieja y no creo que pueda excitar a un joven"

"A mi sí"

"¿En serio?"

"¿No lo sientes?"

"¿Eso que siento es tuyo?"

"Si. ¿Te gusta sentirlo?"

"Es exquisito"

"¿Quieres que volvamos a hacerlo?"

"Si, cariñito, pero antes quiero besarlo"

"¿En serio?"

Ivonne se acomodó y mientras Ricardo quedaba de espalda en la cama, ella se apoderó de la verga de su hijo, la que empezó a mamar como si fuera una mamadera. Había tanto tiempo que no llevaba una verga a su boca que el placer de sentir la de su hijo entre sus labios casi la hace tener otro orgasmo. Siempre gustó de mamar picos y el que ahora tenía en su boca era de dimensiones como pocas veces antes había visto. Su hijo era un hombre muy bien dotado.

Después de hacerle los honores hasta sentir que los estremecimientos de Ricardo delataban que estaba a punto de acabar, aumento la presión de las paredes de su boca y le pegó un apretón final que hizo que sus fuerzas le abandonaran y soltaran todo el semen acumulado, que saltó y la cubrió completamente.

Con el semen de su hijo cayendo de sus labios, tomó su verga entre sus manos y la masajeó en busca de una nueva erección. Sus deseos insatisfechos estos últimos años eran demasiados como para aplacarlos con lo que habían hecho hasta ahora. Ella precisaba de más acción. Y estaba dispuesta a lograrlo.

Cuando la verga de Ricardo estuvo nuevamente dispuesta, ella se puso en cuatro pies y le pidió que la montara nuevamente, como la vez anterior. El puso su instrumento a la entrada de la vulva de su madre, dispuesto a repetir la sensacional cópula de hacía unos instantes, pero ella tenía otros planes. Tomó su verga y la dirigió a la entrada de su culo.

"Métela. Quiero sentirla por ahí nuevamente"

El empujó y sintió cómo penetraba su trozo de carne en el interior del culo de su madre. Cuando sintió que la cabeza de su instrumento se había introducido, empujó con todas su fuerzas y el resto de su tronco se introdujo, obteniendo un grito de ella, mezcla de dolor y de satisfacción.

Ivonne estaba empalada por su hijo, que se solazaba viendo como su verga entraba y salía del culo de su madre. Tomado de sus nalgas, empujaba su instrumento y ella movía su cuerpo hacia atrás, como adelantándose a la penetración.

"¡Cómo me gusta ser enculada por ti, cariño!"

"¿Te gusta sentir mi verga en tu culo?"

"Es rica, amor. Sigueeeeeeeeeeeeee"

La inundó de semen y cayó sobre su cuerpo, agotado por el esfuerzo reciente. Sus cuerpos cubiertos de sudor se desparramaron sobre la cama intentando alcanzar normalidad después de tanta agitación. Sus respiraciones agitadas por efecto del reciente orgasmo era lo único que denotaba que esos cuerpos estaban vivos. Tal era el agotamiento que sentían.

Se durmieron por el resto de la tarde, hasta cuando sintieron llegar a las muchachas. El salió corriendo de la cama de su madre rumbo a su dormitorio, asustado por la posibilidad de ser sorprendido haciéndole el amor. Pero a diferencia de la vez anterior, ahora no sentía remordimientos ni sentimientos de culpa. Al contrario, iba feliz por el desempeño que ese día había tenido y lo complacida que había dejado a su madre



Un beso para todos...


Catlover

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7. Estrechando lazos

Ingrid y Susana se secreteaban mientras el bus las llevaba a la ciudad donde residían las primas donde su madre las había enviado a cumplir un encargo que les llevaría gran parte del día. Ambas sabían lo que escondía el pedido de su madre y estaban seguras que a esas alturas ya estaría acostada con Ricardo, probando las delicias del sexo incestuoso, el mismo que las hermanitas habían descubierto gracias a ellos mismos.

Susana sabía que su hermana también había tenido sexo con Ricardo, según se lo confesara la noche en que le propuso incluirla en un trío que ella aceptó, aunque no terminaba de agradarle la idea. Prefería seguir teniendo sexo con su hermana, eso la satisfacía más. Se sentía más plena besando el sexo de Ingrid que pensar en la posibilidad de besar el pene de su hermano. O recibirlo en su vagina.

Buscando un nuevo tema de conversación confidenció a su hermana que en más de una oportunidad había sorprendido a Paulina y Marta abrazadas, besándose y tocándose a escondidas y que estas habían intentado disimular cuando ella las vió, pero estaban muy confundidas y coloradas cuando les preguntó lo que hacían, dándole excusas torpes. Y en las últimas visitas Paulina había estado a solas con ella conversando en su pieza y en varias oportunidades había puesto su mano en su rodilla, insinuando caricias, que ella no había captado en ese entonces y que ahora entendía perfectamente.

Ingrid comprendió inmediatamente la situación y vio en ella la posibilidad de incorporar a sus primas a sus juegos sexuales. La sola idea de estar con Paulina y Marta le excitó al punto que sintió fluir algunas gotas de líquido seminal por su túnel de amor. Al parecer las primitas tenían más experiencia que ellas en estas lides, lo que les facilitaría el acercamiento.

Le planteó a Susana la idea y esta aceptó encantada, con mucho más entusiasmo que la noche en que le propusiera tener sexo con su hermano. En esa oportunidad había aceptado la propuesta en un ambiente de calentura en que la idea parecía agradable, pero ahora, con más frialdad, no le atraía tanto. Prefería los juegos con su prima Paulina que acostarse con su hermano. Incluso, le atraía más observar a las primas cuando a escondidas se abrazaban y acariciaban.

Susana no lo sabía aún, pero era una lesbiana activa. Lo suyo no era mera curiosidad como en el caso de Ingrid. A ella le gustaban las mujeres y la excitaba pensar en estar con un cuerpo femenino al lado. No le atraía la idea de ser poseída por un varón, aunque hasta ahora no se lo había planteado. Su hora de la verdad aún no había llegado. El momento de optar vendría pronto para ella, cuando su hermano intentara hacerla suya.

Idearon un plan de acción y se dedicaron el resto del viaje a ultimar los detalles.

Ya en casa de sus primas, después de los saludos de rigor y de cumplir el encargo de su madre, que en esos momentos suponían estaba gozando con la verga de su hermano, Ingrid fue al patio a conversar con Marta y Susana subió al dormitorio de Paulina, quien le propuso repasar unas materias escolares que tenía pendientes. Susana sabía bien que su prima era la primera alumna de su curso y muy responsable en sus deberes, por lo que la invitación no era más que una excusa para estar a solas.

Ivonne, la madre sus primas, salió a cumplir el encargo de su hermana, lo que le tomaría un par de horas. La casa quedó a disposición de las muchachas.

Susana se sentó en la cama de su prima, con las piernas recogidas y sus muslos quedaron expuestos debido a que la falda se le había subido "casualmente" algo más de lo debido. Su prima no quitaba los ojos de las piernas de Susana mientras acercaba torpemente un cuaderno para enseñarle lo que quería que le explicara. El cuaderno quedó cerca de la rodilla de Susana y mientras conversaban, buscando mayor comodidad para que su prima viera lo escrito, Paulina le puso el cuaderno sobre las rodillas. Asi estuvieron viendo la materia algunos minutos, en que Paulina al cambiar las páginas aprovechaba de pasar sus dedos por los muslos de su prima, la que gozaba con la situación, haciendo como que no se daba cuenta de sus intenciones.

Al cabo de un momento Susana levantó los brazos en gesto de cansancio y se estiró, echándose de espalda en la cama, con lo que su falda terminó de dejar al descubierto sus muslos y el bikini al final de estos. Fue un gesto casual pero absolutamente deliberado para poner en apuros a su prima, la que miraba con los ojos desmesuradamente abiertos, sin perder detalle de las intimidades de Susana. Estaba feliz con el efecto que sabía estaba produciendo en su prima.

Con voz nerviosa, Paulina le dijo:

"Parece que tienes una picadura, Susi"

"¿Dónde?"

"Ahí"

Puso un dedo al final de la parte interna de sus muslos, casi bordeando la zona vaginal. Susana comprendió que el ataque de su prima se venía con todo y se dejó hacer. Sabía perfectamente que no tenía nada en la piel, que la famosa picadura era la excusa que Paulina había inventado para intentar un acercamiento a sus zonas íntimas..

"Tienes razón. ¿Tienes alguna crema para ponerme?"

Paulina buscó nerviosamente una crema y se la llevó para ver el espectáculo de su prima poniéndose crema cerca de su sexo. Había comprendido inmediatamente que Susana quería seguirle el juego y estaba ansiosa por empezar.

"Pero no me veo bien. ¿Podrías ayudarme?"

Esto era mucho más de lo que ella esperaba y gustosa se prestó a la tarea de aliviar a su primita del dolor de la picadura inexistente. Paulina comprendió que Susana sabía su juego y se prestaba a jugarlo, dándole la posibilidad de darse el gusto de tocar sus carnes juveniles. Aunque ambas eran de la misma edad, Susana mostraba un aplomo que la tenía encantada por las posibilidades que le daba.

Empezó a pasar la crema con suavidad, acariciando sus muslos lentamente, sintiendo que su sangre hervía de excitación al sentir en la yema de sus dedos la fresca carne de su prima, que se dejaba acariciar mientras le daba intensas miradas de tanto en tanto. Sus manos se acercaron peligrosamente a la vagina de su prima, en que sobresalían los primeros pelitos, que tocó con delicadeza. Hasta que finalmente sus dedos pasaron por los labios vaginales de Susana, la que dio un suspiro y se estiró. Paulina comprendió que su prima estaba lista para ir más adelante.

Acercó su rostro a la zona "afectada" y sopló sobre el lugar en que había puesto la pomada, como para darle alivio, como si fuese una herida.

"¿Cómo te sientes?"

"Es exquisito"

Su mejilla se posó sobre el paquete de Susana mientras soplaba. La prima sintió el peso sobre su sexo y sintió que las fuerzas le faltaban. El morbo era demasiado y sintió que gotas de líquido seminal asomaban por la tela de su bikini, lo que no pasó desapercibido a Paulina, que sonrió complacida, apretando más su mejilla a los labios vaginales cada vez que las hinchaba para tomar aire que posteriormente soplaría sobre la zona de su prima que estaba "tratando".

"¿Quieres que siga?"

"Por favor"

Y Paulina levantó su rostro y posó su mano sobre el sexo de Susana, donde la dejó apretándole el paquete.

"¿Te gusta?"

"Sssssiiiiiiiiiiiii"

Pero este es un juego de a dos, en que es preciso que ambas participen, se involucren por igual, ya que no puede prosperar con un actor pasivo. Ambos debían participar activamente. Era el momento de que Susana se entregara.

"Sácate el bikini"

Y Susana, sin dudarlo, se bajó la prenda y quedó con su sexo completamente expuesto. Y para demostrarle a su prima que estaba en terreno seguro, agregó:

"Tu tambien"

Paulina se desprendió de su bikini, de su falda y de su blusa, quedando completamente desnuda.

"¿No crees que es mejor así?"

"Tienes razón. Ayúdame"

Y ambas primas quedaron completamente desnudas, se abrazaron y besaron con delicadeza, la que dio paso a la pasión desenfrenada. Trenzadas en un abrazo asfixiante, se tomaban los senos y sus sexos, recíprocamente. Eran como pulpos, moviendo sus manos con desesperación, intentando alcanzar todas las regiones escondidas de la otra. Finalmente Paulina le tomó la mano a su prima y la llevó a su vagina, donde le enseñó a masturbarla. Cuando la prima siguió por sí sola con el masaje en su túnel de amor, Paulina puso sus dedos a la entrada de la vulva de Susana, entregándose ambas a una masturbación mutua que las hizo acabar casi de inmediato. Siguieron acariciándose y lograron llegar al segundo orgasmo, más intenso incluso que el anterior.

"¿Te gustaría sentir algo exquisito?"

Preguntó Paulina mientras le abría las piernas y se ponía entre ellas.

"Por favor"

Pidió Susana, terminando de abrirle las piernas y abriendo los brazos para tomar la cabeza de su prima y atraerla. Esta no se hizo esperar y hundió su cabeza entre los muslos ansiosos de Susana.

Susana estaba acostada y Paulina sobre ella, con su cabeza entre las piernas de su prima, le brindó una mamada increíble, en que se notaba la experiencia que tenía en estos avatares. El clímax fue apoteósico y Susana derramó sus jugos en la cara de su prima, la que los recibió como si fuera un manjar.

Después fue el turno de Susana, que hizo durar su mamada para darle tiempo a Ingrid para que las "sorprendiera", como habían acordado.

Y así fue, en efecto.

Ingrid pidió a su prima Marta que la acompañara al baño para no interrumpir la interesante conversación que tenían, la que, por casualidad, estaba cargada de tintes eróticos, que habían puesto muy sensible a la muchacha, que aunque un año mayor que ella no parecía tener experiencia en lo sexual . Suponía que a estas alturas su hermanita habría seducido a su prima. Susana había propuesto que fuera ella quien se encargara de Paulina, ya que creía que esta la deseaba. Pero Ingrid se dio cuenta que era un entusiasmo algo desmedido el de su hermanita. Bueno, pensó, si ella así lo quiere, quién soy yo para interponerme. Y accedió encantada de haber encontrado en su hermanita una cómplice tan dispuesta a secundarla.

Habían acordado que Susana fuera bien expresiva durante su relación con Paulina, de manera que sus grititos se escucharan desde el pasillo. Y así fue, cuando iban entrando al baño, Ingrid detuvo a Marta y le hizo escuchar. Le pidió acercarse a la puerta del dormitorio de Paulina y escucharon con más nitidez los ruidos que provenían del interior. Efectivamente, los grititos de placer eran perfectamente audibles. Entreabrieron la puerta y las vieron.

Paulina con los pies abiertos, tenía a Susana entre sus muslos y ambas se movían desesperadamente al ritmo de la mamada que estaba recibiendo. Sus cuerpos desnudos estaban sudorosos por la agitación que les envolvía.

Ingrid le hizo un gesto de guardar silencio a Marta y ambas quedaron quietas en la puerta viendo como se agitaban los cuerpos de sus respectivas hermanas. Al cabo de un momento, Ingrid puso sus manos en la cintura de Marta, la que ni se percató de ello debido a la emoción que estaba experimentando por lo que veía. Su hermanita, con la que habían tenido algunos acercamientos excitantes, que se habían traducido en besitos y tocamientos en zonas íntimas, ahora estaba completamente entregada, recibiendo una mamada que al parecer estaba gozando de manera increíble. El espectáculo la conmovió al punto de sentirse sudorosa por la excitación que la invadía, por lo que no se percató de la presión de las manos de su prima en la cintura Pero no pudo dejar de darse cuenta cuando las manos bajaban y apretaban sus muslos. El morbo de lo que estaba viendo, unido a la presión de las manos de Ingrid la llevaron a un estado de éxtasis del que no quería salir. Se dejó llevar a la espera de lo que resultaría de todo esto.

Marta se revolvió inquieta y la miró. Ingrid la miró intensamente y llevó sus manos a la entrepierna de su prima. Esta no dijo nada, se dejó hacer apoyándose en el pecho de su prima, que sabía que la batalla era suya. La dio vuelta y levantando su mejilla la besó intensa y apasionadamente, beso que Marta le devolvió con igual intensidad.

Trenzadas en un abrazo fueron bajando hasta quedar sentadas en el suelo, junto a la puerta entreabierta. Ingrid la acostó y ahí mismo le abrió las piernas, sin sacarle la falda, y le hizo una mamada, sobre el bikini, que quedó manchado por la conjunción de la saliva de Ingrid y los jugos de Marta, la que se revolvía enloquecida por el placer.

Cuando volvieron en si, cuando recuperaron el aire, se vieron a si mismas unidas en un abrazo, completamente agotadas y vieron a Susana y Paulina paradas en la puerta, desnudas, mirando asombradas y divertidas el espectáculo que sus hermanas les daban desparramadas en el suelo.

"¿Por qué no pasan, mejor?"

La invitación era de Paulina. Y ambas aceptaron de inmediato, desprendiéndose de sus ropas para quedar a tono con sus hermanitas. Subieron a la cama y se miraron.

"Háganlo nuevamente, pero ahora en confianza"

Fue Susana la de la invitación, mientras abrazaba a Paulina y le regalaba un beso, para terminar abriéndole las piernas para que la mamara nuevamente. Ingrid se apoderó de Marta y la puso de espaldas, repitiendo la mamada que le había dado recién. Las dos parejas se dedicaron a una serie de mamadas que las llevó al éxtasis casi de inmediato, pues estaban excitadas viendo a sus hermanas haciendo lo mismo.

Casi sin parar, se recuperaron del orgasmo y reanudaron sus mamadas, buscando llegar a la segunda oportunidad de alcanzar la gloria.

"¿Quieres participar?"

Le dijo Susana al oído a Paulina, que comprendió sus intención y con los ojos vidriosos de deseo se puso de espaldas bajo las piernas de Ingrid, procediendo a mamarla. Esta se sorprendió en un principio, pero no dejo de chupar la vulva de Marta y se prestó gustosa a la exploración bucal de su caliente primita. El espectáculo era tan caliente que Susana no pudo aguantarse y se sentó sobre el rostro de Marta, la que, cuando vio a su primita caer sobre su rostro, hundió su boca en su sexo y empezó a brindarle una mamada increíble, mientras su propia vulva era explorada por Ingrid, que a su vez era mamada por Paulina.

Marta mamaba la vulva de Susana mientras Ingrid le mamaba la vagina a ella y era mamada por Paulina. Una mamada triple, en la que la única vulva no mamada era la de Paulina.

Como es lógico, no tardaron en rendirse las cuatro y sus cuerpos empezaron a agitarse alocadamente mientras sus vulvas despedían sus jugos como tributo orgásmico.

Después cambiaron de pareja y le tocó el turno a Marta recibir una mamada de parte de Susana y Paulina gozar con la vulva de Paulina. Cuando tuvieron otro orgasmo, Marta pidió a su hermana que lo hicieran juntas, a lo que esta accedió gustosa y se trenzaron en su primer acto lésbico en forma, mientras Susana e Ingrid se dedicaban a adorar sus respectivos sexos, en un 69 que muy pronto fue imitada por sus primas.

Cuando volvieron a acabar, quedaron completamente agotadas, pero felices, en una confusión de sexo y bocas.

Recuperada la calma, empezaron los comentarios y las confidencias.

Les parecía maravilloso que las cuatro hubieran encontrado un punto en común que podrían compartir sin problemas y que les daría tanta felicidad. Fue una broma de Paulina la que dio inicio a una serie de confesiones acerca de la vida sexual de la familia

"¿De donde salimos tan calientes y tan degeneradas?"

Una risa general fue la respuesta. Pero después de unos momentos de silencio, fue Marta la que hizo el comentario que cambiaría el curso de sus vidas.

"Yo creo saberlo"

Las tres restantes la miraron con curiosidad y Marta les confidenció de la vez en que sorprendió a su madre con su tío Mauricio en el dormitorio de ella, agitados y con evidentes muestras de haber tenido sexo. Sus explicaciones no la convencieron y aunque de esto hacía muchos años, ella nunca se olvidó.

Paulina recordó que cuando niña su tío Mauricio la había tocado y le había besado entre las piernas, pidiéndole que no dijera nada a su madre.

Ingrid había visto a su madre teniendo sexo con su tío Mauricio, escondida en un closet. Nunca dijo nada a nadie porque no le creerían.

Sus madres habían tenido sexo con su hermano, el único hermano. Ivonne y Sofía.

"¿Y la tía Natalie?"

Probablemente ella también había tenido sexo con el hermano, concluyeron. Si dos de tres lo habían hecho, no sería raro que la tercera también.

"¿Y la abuela?"

Ingrid y Susana sabían que si su hermano estaba teniendo sexo con su madre en esos mismos momentos, nada de raro tendría que el tío Mauricio, que había tenido a sus tres hermanas, también lo hiciera con la abuela. Si, ellas creían que había habido sexo entre ellos.

"¿Han pensado por qué nuestras madres están todas separadas?"

Esta vez fue Ingrid la que hizo la pregunta. Y todas quedaron en silencio, pues la única respuesta posible era que sus madres eran tan calientes que sus esposos no pudieron seguirles el ritmo. O las sorprendieron teniendo sexo con el hermano. No estaban seguras, pero lo único seguro era que las tres eran separadas y que la única visita que recibían cada cierto tiempo era la de su tío Mauricio.

"Debe ser especial el tío, me imagino"

Nuevamente Marta las dejó pensando. A ninguna les pareció exagerada la posibilidad de pensar en la verga del tío entre sus piernas, por lo morboso que ello era, aunque Susana y Paulina no se sintieran mayormente atraídas por tener sexo con un hombre.

"Ricardo está con la mamá en estos momentos"

Las palabras de Susana cayeron como una bomba. Durante un largo rato ninguna dijo nada, sopesando la gravedad de esta afirmación.

"Y también ha estado conmigo"

Agregó Ingrid, agregando una cuota de suspenso en el ambiente. El silencio se prolongó, como si nadie se atreviera a decir nada por temor a romper el hechizo.

"Y fue rico"

Agregó, rompiendo la gravedad existente en todos los pechos, lo que distendió el ambiente. Todas se miraron sonriendo y con cierta complicidad en los ojos. Le pidieron detalles y ella relató todos los pormenores de su encuentro filial. Lo hizo con tanto entusiasmo que Marta se sintió entusiasmada por la posibilidad de intimar con su primo. A Paulina le era indiferente, al igual que a Susana. Pero estas últimas serían precisamente las que probarían la verga de Ricardo, contra de su voluntad pero sin posibilidad de negarse a sus deseos.

Se vistieron y esperaron a que llegara la madre de Paulina y Marta .

Sonó el teléfono y respondió Paulina. Volvió donde estaba el resto de las muchachas y con voz grave les dijo:

"Era la tía Natalie El tio Mauricio falleció"

---------------------

Después del entierro del tío Mauricio se descubrió su Diario de Vida, en el que relata su experiencia con sus hermanas y su madre. Ese Diario era el mudo testigo de su largo peregrinaje por la decadencia humana, de donde fue rescatado finalmente pagando el rescate con su vida, como se relata en "El Secreto".

Desafortunadamente, su trágico final encontró a sus sobrinos embarcados en una suerte de espiral viciosa, de la serían rescatados finalmente por Ricardo, cuando conoció el verdadero amor, es que es más entrega que egoísmo, ese sentimiento que llama a ser el otro más que a esperar que el otro sea todo para uno. Ese amor, el que libera y que da fuerzas para lograr lo imposible. En este caso, ese imposible era la redención de toda la familia.

Pero esa es otra historia.

Autor: Salvador

Dirección: demadariaga@hotmail.com



Un beso para todos...


Catlover



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