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En la piscina con mi tía En la piscina con mi tía (0.022 s)
En la piscina con mi tía
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2007-12-15 08:57:35

En la piscina con mi tía

Pienso que a todos los que nos gustan las maduras sin duda la que más nos atrae es nuestra madre. Creo no equivocarme, después de nuestra adorada madre suele venir alguna de nuestras hermosas titas… o todas, según sea el caso.

 

En mi caso, siempre me atrajo mucho mi madre. Y no me refiero a que me sentía celoso cuando mi padre la acariciaba o cuando se hacían cariños. No, me refiero a que desde los doce años más o menos tenía unas ganas tremendas de cogerla en la cama y hacerle de todo lo imaginable. No es que yo fuera un portento, sólo estaba muy caliente y veía todo tipo de revistas pornográficas que caían en mis manos e imaginaba haciéndoselo a ella.

 

Pero mis deseos no se hicieron realidad, al menos con mi madre. Mi primera vez fue con mi tía Ángela. Mi tía estaba casada, tenía un hijo, Eduardo y una hija, Raquel de veintidós años que ya estaba casada.

 

Era verano y yo tenía quince años. Estaba en el chalet que mis tíos tienen en el campo. Tienen piscina y lo tienen muy bien acondicionado para pasar las vacaciones. Pues en ese verano yo seguía con mi calentura y, al no estar mi madre allí, tenía que cambiar la figura de ella por la de mi tía para poder hacerme pajas. Cuando estábamos en la piscina la miraba, me fijaba en su culo y en todo su cuerpo, sobre todo en sus hermosas tetas.

 

Un día de aquellos mi tío se marchó a un viaje y mi primo estaría en un campamento por una semana. Así que los dos estábamos solos. Después de comer, yo estaba en el césped del jardín. Mi tía salió para tomar el sol y me preparé para ver su cuerpo. Solía utilizar bañadores de cuerpo completo, pero a mi imaginación le bastaba con ver su figura para imaginar su cuerpo. Traía un pareo puesto y después de preparar la tumbona se lo quitó para recostarse en ella.

 

Mi corazón se aceleró y mi pene creció de momento cuando la vi con aquel bikini que apenas le cubría su cuerpo. Me fijé en ella pues era un pequeño tanga que apenas tapaba su raja. En la parte superior dos pequeños triángulos cubrían sus pezones que se marcaban en la fina tela. Se notaba que ya era madura en su piel y la celulitis que mostraba, pero su figura y mi predilección por las maduras me pusieron bastante cardiaco.

 

Se metió en la ducha de la piscina y se dirigió a la tumbona para tomar el sol. Se puso boca arriba y sus pezones parecían que iban a romper la tela, por el frío del agua se le pusieron inmensos. Yo estaba más salido que nunca y permanecía boca abajo en el césped para que no se viera mi erección.

 

-Enrique, - me llamó – acércate, por favor.

 

Me levanté y la verdad es que no sabía como hacer para que no se notara mi prominente bañador. Me acercaba a ella y era evidente que era notorio mi crecimiento pues en su boca se dibujó una sonrisa y no levantaba su mirada más allá de mi cintura. Llegué hasta donde ella estaba.

 

-Cariño, úntame un poco de crema por la espalda. – me dijo mirándome a los ojos y se volvió.

 

Era impresionante verla allí tumbada. Su generoso culo estaba al aire pues el bikini era de tipo tanga y sólo un fino trozo de tela se metía entre los cachetes de su culo.

 

-Suéltame la parte de arriba para que me puedas extender bien la crema. – me dijo apartando el pelo de su cuello para que pudiera soltar los cordoncillos.

 

Eché dos o tres chorros de crema por su espalda y con mis manos empecé a extender la crema para que no quedara ninguna parte sin protección.

 

-Ya está. – le dije.

 

-Ahora los brazos. – me pidió.

 

Los tenía doblados hacia su cabeza y ésta descansaba sobre las manos. Empecé a untar crema sobre el brazo izquierdo y podía ver como parte de su teta sobresalía por el volumen que tenía. Aquella visión me puso más cardiaco.

 

-Qué bien das masajes. – su voz me sacó de la hipnosis que me había producido la visión de su pecho y sus ojos se clavaban en los míos.

 

-Gracias.

 

Cambié al otro brazo y ella giró la cabeza para seguir mirándome. Aunque no la miraba directamente a los ojos, podía sentir como su mirada se clavaba en mí. No dejó de observarme en todo el tiempo. Acabé y esperé para que me dieran nuevas órdenes, tocarla me estaba gustando y yo me haría una buena paja cuando acabase con mi tía.

 

-Si no te importa, dame por el culo.

 

No sé si la frase la dijo pensando en lo que decía, pero a mí me produjo una gran excitación pues sonó como si me pidiera que la enculara. Supuse que lo hizo queriendo pues tenía una hermosa sonrisa en su boca de hermosos labios. Al igual que antes esparcí crema por los generosos cachetes y con suavidad, y disfrutando del momento, puse mis manos y los acaricié.

 

-Qué bien lo haces. – me animaba – Esta noche me vas a dar un buen masaje. Todas las noches me echo crema para mantener la piel suave, ¿lo notas? – yo asentí con la cabeza – Y esta noche me la echarás tu a la vez que me das un masaje para relajarme… si no te importa.

 

-Para nada tita… - dije yo.

 

La verdad es que estaba apunto de correrme por la excitación de tocar el cuerpo de mi tía, pero aún faltaba lo peor. Acabé de untar, y sobar, a mi tía cuando de momento se volvió y se puso boca arriba con los pechos al aire.

 

-Acaba echándome crema por delante.

 

Mis ojos se clavaron en aquellas hermosas tetas que caían a ambos lados de su cuerpo, de volumen superior, como una talla ciento diez, y con unos pezones grandes, duros y erectos, que más bien era por la excitación producida por mis caricias que por el frío pasado al ducharse.

 

-Perdona, te incomoda verme así. – me dijo tapando sus pechos con un brazo, aunque sobresalían por todas parte, haciéndola más excitante.

 

-No… - respondí temblándome la voz por la excitación.

 

No dije nada más, cogí rápidamente el bote de crema y me acerqué a ella dispuesto a seguir. Soltó sus pechos que volvieron a derramarse a ambos lados de su cuerpo. Abrió un poco las piernas.

 

-Primero las piernas. – me indicó.

 

Me senté en el filo de la tumbona y volví a mi tarea. Tocaba sus muslos al esparcir la crema y mis ojos se fijaban en su entrepierna. La tela que la cubría era muy pequeña y supuse que tendría su raja como las mujeres que a veces aparecían en las revistas, sin ningún pelo pues no asomaba ninguno. Dobló la pierna para que pusiera crema por debajo del muslo y, como sin querer, dejó caer la otra separándolas. Ahora veía perfectamente como la pequeña tela cubría justo su raja y como se perdía entre sus carnes. Realmente estaba muy excitado e iba a reventar.

 

Tomé fuerzas y seguí después con la otra pierna. La visión de mi tía allí tumbada, prácticamente desnuda y tocar su piel me tenía a punto de correr. Acabé y me dispuse a levantarme por la necesidad inminente de masturbarme que tenía.

 

-Ahora el pecho. – me dijo.

 

-Todo… - dije preguntando.

 

-Sí, no me irás a dejar así ahora…

 

Cada frase que decía y cada movimiento que hacía era como una provocación, como si realmente quisiera que la amase allí mismo. Pero era mi tía… y si me equivocaba y hacía algo improcedente que la ofendiera y después mi tío se enfadaba y mi madre… total, intenté aguantar estoicamente. Acaricie su barriga al untar la crema y poco a poco subí para llegar a los pechos.

 

Ella estaba tumbada y permanecía con los ojos cerrados disfrutando de mis caricias. Con la misma crema que había en mis manos empecé a acariciar sus redondos pechos. Miraba sus pezones oscuros de amplia aureola y pude ver como al comenzar a acariciarla se ponían duros y crecían hasta tomar un tamaño que nunca imaginé, por lo menos tenían tres centímetros. Con ambas manos acariciaba cada pecho y no dejaba de mirar sus pezones. Ya no podía más.

 

-Bueno tita, ya he terminado. – me levanté y corrí al interior de la casa.

 

Mi pene estaba más erecto de lo que nunca lo había visto y en mi bañador asomaba una mancha producida por los líquidos que intentaba lanzar y que mi mente no dejaba. Entré en el baño y me la saqué. Pensé en la imagen de mi tía en la tumbona. No necesitaba mucho para correrme y sentí como mi leche subía por mi pene para escapar. Entonces mi tía me abrazó por la espalda y me quitó la polla de la mano para acariciarme ella. Di un pequeño salto por el susto, pero al sentir su mano que me masturbaba me dejé llevar.

 

-Venga cariño… - me decía con una voz muy sensual – relájate y lanza su carga. – movía la mano con gran arte, como si sintiera mi pene y lo que necesitaba – Dale a tu tía que tanto te quiere tu tesoro.

 

Era una maravilla sentir la mano de ella que me acariciaba y me daba placer, mientras su voz resonaba en mis oídos pidiéndome de forma excitante que me corriera. Me tensé para empezar a lanzar mi esperma y ella se colocó en cuclillas delante de mí. Abrí los ojos y la vi allí, justo debajo de mi pene con el glande más hinchado de lo que nunca lo había visto, ella con la boca abierta y esperaba que le diera mi esperma.

 

Esa visión fue lo que provocó que lanzara un gran chorro que pasó por encima de su boca y cayó por su nariz, ojo y pelo. La dirigió al interior de su boca y el resto de mi semen salió encontrando su boca como recipiente. Cuando salió el último chorro, se la metió dentro de la boca y me la chupó para dejarla limpia, se tragó todo el semen que pudo. Me temblaban las piernas por el placer y tuve que sentarme en el inodoro para no caerme.

 

-Que buen sabor tienes. – me dijo y se levantó para limpiarse la cara y marcharse del baño. – Límpiate y vamos a nadar en la piscina.

 

Ella salió al jardín y yo tuve que recuperar fuerzas. Cuando salí, ella estaba nadando. Me llamó y me pidió que entrara en el agua. Me duché y me tiré al agua. Nadé un poco y sentía alivio ante la ingravidez que ofrecía el agua. Mi tía me había masturbado y realmente no sabía que hacer ahora. Nunca había tenido ninguna relación con mujer alguna y no sabía realmente que hacer, estaba confuso, pero muy, muy excitado. Nadé y llegué hasta donde ella estaba agarrada al filo de la piscina. Me colocó contra la pared y me rodeo con sus brazos por los hombros y por la cintura con las piernas.

 

-Te has convertido en todo un hombre, - me dijo mientras me abrazaba - ¿te ha gustado?

 

-Tita… - y me calló poniendo un dedo en mis labios.

 

-Hoy que estamos solos, llámame Ángela. – y acercó su boca y me besó levemente en los labios para ver mi reacción.

 

Yo temblaba de nuevo por la excitación y mi pene estaba otra vez listo para el ataque. Ella lo sabía pues estaba sentada encima de él y notó como creció por momentos.

 

-Veo que sí te ha gustado y además quieres más. – me dijo y su boca se comió la mía.

 

Sus manos acariciaban mi cabeza mientras su lengua se hundía en mi boca. Nunca había besado a una mujer, pero aquello me estaba gustando e imité lo que ella hacía. Metí mi lengua en su boca y jugábamos con ellas. Sus pezones se clavaban en mi pecho. Dejé de besarla y bajé a buscarlos. Ella se dejó caer un poco atrás para ofrecérmelos y me sentí en la gloria cuando mi lengua acarició aquel largo y duro pezón. Lo envolví con mis labios y chupé.

 

-¡Ah, que bien lo haces! – me decía - ¡Sigue cariño, dale placer a tu tita!

 

Cambié de teta cada vez que tenía ganas y ella se agitaba rozando su sexo contra mí.

 

-Tienes que darme algo… - se separó de mí y me hizo salir a toda prisa del agua. – Ven cariño…

 

Se sentó en la tumbona y abrió las piernas. Quitó los lazos que sujetaba su diminuto bikini y se lo quitó. Como sospeché antes tenía totalmente depilada su raja. Sus labios aparecían hechos un gurruño al haber estado aprisionados por su diminuta prisión. Entonces con sus manos los separó. Apareció ante mí una entrada rosada que estaba húmeda por el baño y sobre todo por la excitación del momento.

 

-Lámeme por toda mi raja… - me pidió con algo de desesperación.

 

Me incliné sobre ella y pasé torpemente mi lengua por toda su raja, de arriba abajo. Ella lanzó un pequeño gemido de placer al sentirme. Seguí lamiendo y por momentos sentía como sus flujos inundaban mi boca. Sentía el sabor de mi tía y no paraba de darle placer. Ella me acariciaba la cabeza y en poco tiempo empezó a gritar por el orgasmo que estaba sintiendo.

 

-No puedo más, dame tu polla…

 

Me apartó de su sexo, se puso de pie nerviosamente y me tumbó sobre una toalla. Se colocó sobre mí a la altura de mi pene que estaba duro y apuntando hacia ella. Se sentó, agarró mi pene y lo dirigió a la entrada de su coño. Sentí como mi pene, frío por el baño, entraba en el húmedo y caliente sexo de mi tía. Entró entero dentro de ella y empezó a moverse arriba y abajo para que la fuera penetrando. Nunca había sentido tal placer. Sentía como mi glande se abría paso dentro de mi tía.

 

Alargué las manos y empecé a acariciar sus hermosas tetas. Ella se inclinó hacia mí para que se las chupara. Acerqué mi boca a uno de sus oscuros pezones y empecé a chupar. Con una mano sujetaba la teta que tenía en la boca mientras la otra acariciaba el hermoso culo de ella.

 

-¡Qué placer más grande me das! – me decía sin dejar de moverse. - ¡Dame más!

 

Yo no sabía que decir, simplemente me dedicaba a lamer y a dejar que ella se metiera mi pene hasta el fondo. De repente se incorporó y empezó a moverse adelante y atrás sobre mi pene. Su cara mostraba ahora que estaba próximo un orgasmo. Agarró mis manos y la llevó a sus pechos para que la acariciara mientras ella se metía mi pene todo lo que podía.

 

-¡Ahora cariño! ¡Ya me llega! – decía con la voz entrecortada y más excitada que nunca. - ¡Ah! – un fuerte gemido y los movimientos convulsivos de su cadera indicaban que se estaba corriendo.

 

Yo no sabía exactamente que hacer en aquel momento, pero ella se despachaba sola, lo único que sabía era que ver a mi tía correrse sobre mí con mi polla en lo más profundo de ella me excitaba al punto que quería correrme yo también.

 

-Vamos cariño, suéltalo dentro de mí. – me miraba a la cara y sabía que estaba a punto de darle otra carga de semen. – Vamos, un poco más adentro y lléname toda de ti.

 

Me tensé y sentí como mi semen recorría mi pene desde los huevos y saltaba dentro de ella. Mi tía abrió los ojos y sintió otro nuevo orgasmo con el golpear de mi semen dentro de ella y su calidez. Se volvió agitar sobre mí convulsivamente y sentí como se corría con un gemido apagado.

 

Los dos estábamos extenuados por el placer y ella se tumbó sobre mí con mi pene dentro que poco a poco menguaba e iba saliendo. Me besaba en la boca como agradecimiento. Estábamos en la gloria, nuestros orgasmos habían sido extraordinarios. El mío por ser el primero en tener con una mujer y ella por la excitación que le producía hacerlo con un joven que además era su sobrino.

 

-¡Cariño ya estoy en casa!

 

Era la voz de mi tío que se acercaba por un lado de la casa. Ángela se levantó corriendo, cogió las dos partes del diminuto bikini y corrió al interior de la casa para ocultarse. Yo cogí mi bañador y me tiré en la piscina. Mi tío se acercaba a mí mientras yo me ponía el bañador en el agua. Cuando llegó a mí ya lo tenía colocado y estaba muy nervioso.

 

-¿Dónde está tu tía? – me preguntó.

 

-Creo que está dentro… - le dije haciendo un gran esfuerzo para que no notara mi nerviosismo.

 

Se marchó a la casa y allí encontró a mi tía que estaba duchándose, supongo que para quitar los restos de mi semen pues mi tío también era caliente y podía meterle mano en cualquier momento y notar su coño húmedo y lleno de semen de otro hombre.

 

Después de esta historia hubo momentos en que se venía de noche a mi cama y aunque yo dormía junto a su hijo, se sentaba a mi lado y me hacía unas maravillosas pajas a la vez que yo se las hacía a ella metiendo mi mano entre sus piernas. Nos excitaba el peligro de que su hijo o su marido nos pillara. La verdad es que me gustaba mucho pasar los veranos, y algún fin de semana, con mis tíos, pero sobre todo me gustaban las noches…




Un beso para todos...


Catlover

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Por fin el sueño de mi vida, mi madre

Ya habían pasado tres años desde que tuve mi primera experiencia con mi tía Ángela, siempre recordaré como lo hicimos en el jardín. Yo había cumplido ya los dieciocho años y aún seguía obsesionado con mi madre. Hoy en día, después de muchos años, no he conseguido saber el motivo de la excitación que me producía pensar en tener a mi madre en mi cama y poder amarla.

 

Desgraciadamente mis padres se habían separado un años antes, una desgracia que hacía que ella y yo pasáramos mucho tiempo solos, aumentando mi obsesión. Desde la separación, mi madre se encerró en su casa y apenas salía. Yo estaba en los últimos años del instituto y le pedía ayuda con los estudios. Ella es Diplomada en Enfermería y es bastante inteligente. Cuando no estaba trabajando en el hospital, estaba conmigo en casa.

 

En esos momentos juntos la sentía como mi novia. Casi todas las tardes las pasábamos juntos estudiando, nos sentábamos en una gran mesa que teníamos en una habitación que habilitamos como cuarto de estudios y allí yo estudiaba mis materias y ella hacía algunos papeles o cosas del trabajo. Pero cuando más disfrutaba es cuando me ayudaba. Se sentaba a mi lado y se ponía muy cerca para leer los libros o apuntes. Entonces sentía su perfume y sentía el calor de su cuerpo, sentía el roce de su cuerpo con el mío y a veces pasaba un brazo por detrás de ella y la rodeaba levemente, ella se acomodaba a mi abrazo y alguna vez apoyaba su cabeza en mi hombro y yo la besaba en la frente.

 

Durante algunos meses todo iba perfecto, mi madre me ayudaba y yo disfrutaba del amor platónico que tenía con ella. Un día estaba yo estudiando y ella se duchó. Cuando la oí acabar la avisé para que me ayudara con una cosa que no entendía, bueno, sí la entendía pero quería tenerla cerca de mí. Recuerdo cuando la vi entrar con una camiseta que le cubría hasta medio muslo. Sus pechos se marcaban en la tela y marcaba perfectamente sus pezones. Se sentó a mi lado y me inundó el aroma de las cremas que utilizaba para cuidar su piel. Se abrazó a mí y comenzó a hablarme. Yo estaba hipnotizado con su voz y la verdad es que no sé la razón por la que la primera vez que me miró a la cara le di un beso en los labios.

 

Mi madre quedó un poco paralizada por aquello y yo bajé mi mirada en señal de arrepentimiento. Se levantó y se marchó de allí. Continué en la habitación y pensaba en las consecuencias de mi acción. No estaba seguro si mi madre se había enfadado, pero lo más probable es que nunca más quisiera ayudarme y no disfrutaría de su compañía. Lamenté lo que había hecho, a fin de cuenta era mi madre y por mucho que me atrajera nunca podría amarla como mujer y no es que ella fuera mojigata, es que era mi madre. Sentí que mi amor había estallado en pedazos por mi acción.

 

-A comer Enrique. – me llamó la voz de mi madre que sonaba como siempre.

 

Entré en el comedor con algo de miedo sin saber en que actitud la encontraría. Parecía normal, al menos de momento se comportaba como siempre. Comimos y la verdad es que hablamos menos de lo normal, a fin de cuentas yo estaba avergonzado por lo que hice y ella prestaba más atención a un programa que veía todas las semanas. Cuando se acabó la cena, recogimos todo.

 

-Me voy a acostar… - le dije con un tono de vergüenza.

 

-No, - dijo ella – vente al salón y vemos la película que he traído.

 

Me agarró por la mano y me llevó hasta el salón. Me sentó en el sofá y preparó todo para ver la película.

 

-¿Quieres palomitas? – me preguntó y marchó a prepararlas.

 

Cinco minutos después regresaba con un buen bol de palomitas y se sentó junto a mí. Empezó la película y entre ella y yo estaban las palomitas. Me tranquilizó la actitud de mi madre y parecía que no estaba enfadada.

 

-Oye, a ti te cuesta menos trabajo coger las palomitas y comes más que yo, cambiemos de postura. – me dijo en tono divertido.

 

Yo estaba en un lado del sofá y ella apoyó su espalda contra mi pecho y mis brazos la rodearon, ella tenía las palomitas en la suyas y las piernas encima del sofá. Apoyó su cabeza contra mí y de nuevo volvía a sentir su perfume. Ya no sentía vergüenza por lo que hice, si no que estaba desconcertado. No sabía si mi madre quería actuar como si no pasara nada o si lo que quería era lo mismo que yo. Cómo fuera disfruté abrazándola y sintiéndola. Se acabaron las palomitas pero ninguno de los dos nos movimos para cambiar de postura, es más, creo que ninguno quería cambiar. Estábamos tapados con una manta pues hacía frío y sentía aún más la calidez de su cuerpo.

 

Creo que es la mejor película que he visto en mi vida y no por ella en sí, no, si no por tener a mi adorada madre todo el tiempo abrazada. Y no penséis que mi madre tenía un cuerpo de escándalo, era más bien normalita. Tenía el pelo castaño y rizado, sus ojos verdes y su cara era bonita. Respecto al cuerpo tenía un para de tetas bien puestas, más bien pequeñas, pero bien firme a su edad. Tenía en aquel tiempo cuarenta y dos años y no se conservaba mal. Tenía un poquito de barriguita que la hacía aún más apetecible y un redondo y gran culo que descansaba sobre dos fuertes piernas.

 

Cuando terminó sentí ganas de poner otra para no despegarme de ella, pero al día siguiente ella tenía que ir a su trabajo y a mí me esperaba el instituto. Tenía la esperanza de que al día siguiente volviera a disfrutar de su compañía. Así que ella se estiró sobre mí y sentí como su cuerpo se rozaba con el mío.

 

-Bueno, vámonos a la cama. – dijo ella.

 

Nos levantamos y apagamos todo, comprobamos que la casa quedaba en condiciones y después me dirigí a mi habitación para descansar, miré a mi madre que estaba en la puerta de su habitación y me dispuse a entrar en la mía.

 

-¿Por qué no duermes conmigo? Hoy hace frío. – escuché la voz de ella.

 

No dije nada, me volví y la seguí hasta su cama. Ella se metió, se tapó y me miraba.

 

-Voy a por un pijama… - le dije.

 

-No hace falta, con nuestros cuerpos calentaremos la cama. – dijo ella y empecé a excitarme – Mira… - y sin que viera su cuerpo se quitó la ropa que llevaba.

 

Aquello ya me hizo actuar de forma automática. Me quité la ropa que llevaba y me metí en la cama con los calzoncillos. Me acerqué a ella para abrazarla, mi pene bajo la tela quería ser liberado. Ella puso su mano en mi pecho.

 

-Enrique… - empezó a hablar y no sabía bien que decir – verás… Desde hace algunos meses estoy sintiendo algo extraño por ti. – hundió la mirada al avergonzarse – No sé que me pasa… hace un año que tu padre y yo no separamos y puede que sea que te veo como a él y por eso me confundo… no sé bien lo que me pasa…

 

-Mamá, no te preocupes. Hace varios años que me tienes loco… - y en ese momento levantó la cabeza con una mirada de extrañeza – No me mires así, estas muy buena y en este último año que hemos vivido solos me he ido enamorando de ti poco a poco. Antes sentía atracción física por ti y poco a poco te he ido queriendo cada vez más como mujer.

 

Mi madre quedó muda, no sabía que decir. Entonces alargué una de mis manos y acaricié su cara. Ella me besó la mano y después me abracé a ella para mirar sus ojos verdes de cerca. Nos acariciábamos y nos mirábamos simplemente, nada más. Durante un buen rato eso fue lo único que hicimos. Pasé uno de mis brazos por debajo de su cabeza y me incliné para besarla.

 

Mis labios encontraron los suyos y nos besábamos suavemente. Con la otra mano recorría su cuerpo. Ella me abrazó y nos acariciábamos. Bajé mi mano y acaricié sus pechos desnudos. Noté su firmeza y aquellos pezones duros que tiempo atrás me alimentaron. Dejé su boca y mordí su cuello a la vez que mi mano se posaba en sus caderas y noté que no tenía bragas. Tenía a mi madre como siempre soñé, en mis brazos, desnuda y dispuesta a tener sexo conmigo.

 

-Cariño, túmbate y déjame ver como has crecido… - dijo y me empujo para que me pusiera boca arriba. – Déjame ver…

 

Me retiró los calzoncillos y mi pene saltó. Ya me había desarrollado y la verdad es que mi pene era digno de ver. Mediría unos dieciocho centímetros y tenía un glande bastante gordo que les gustó bastante a las chicas con las que hice el amor alguna vez, además estaba totalmente recta y eso le atrajo a mi madre.

 

-Vaya cómo ha crecido mi niño. – dijo y con la mano la agarró y me bajó el pellejo para que saliera el glande – Qué cabeza más buena tiene.

 

Mi madre estaba totalmente lujuriosa, muy excitada por tener sexo pues hacía más de un año que no lo tenía y, además, le excitaba enormemente tenerlo con su hijo. Su excitación crecía por momentos.

 

-¡Dios, qué buena polla! – nunca la había escuchado hablar así y me excitó a mi también – Perdona cariño, pero estoy muy excitada y hablar así me encanta…

 

-A mí también me gusta que me digas esas cosas.

 

-Pues poséeme y hazme todo lo que se ocurra, necesito sentirme mujer… - hablaba sin dejar de acariciar mi pene.

 

-Dime lo que deseas y te lo daré. – le dije tocando uno de sus pechos.

 

-Necesito que me comas la almeja y yo me comeré tu hermoso pepino.

 

-Trae tu coño a mi boca. – le pedí.

 

Se giró sobre mí y, abriendo las piernas sobre mi cabeza, colocó su hermosa y peluda raja de forma que pudiera meter mi lengua en ella. Sentí como su boca se iba tragando mi polla, el calor de su saliva la mojaba toda. Sentí como su lengua recorría mi recta y erecta polla y como jugaba con mi glande.

 

Abrí su raja con mis dedos y levanté la cabeza para que mi lengua entrara en su raja. La escuché gemir cuando puse la punta sobre su clítoris y rápidamente llegó una inundación de flujos del interior de su vagina. Lamí la raja de arriba abajo mientras ella tragaba y jugaba con mi polla.

 

-No puedo más, necesito que me la metas. – decía entre gemidos de placer.

 

-Ordéname como quieres que te folle.

 

-Házmelo a cuatro, como la perra en celo que soy hoy para ti… - me dijo bajándose de mí y poniéndose de tal postura en el filo de la cama. – Ven aquí semental mío…

 

Era delicioso verla. Nunca imaginé que mi madre pudiera ser tan lujuriosa. Si antes me excitaba pensando en hacerle el amor, la realidad superaba a mis sueños más excitantes. Tenía apoyado el pecho sobre la cama y su espalda se curvaba para que su culo quedara en posición de que yo, desde atrás, atacara su coño y la penetrara. Me levanté y me coloqué detrás de ella. Podía ver su redondo culo y agarré los cachetes para separarlos. Allí tenía mi dos agujeros, los que siempre había deseado, abajo la entrada de su vagina que ella me ofrecía separando los labios y un poco más arriba el esfínter de su ano, prieto y oscuro. Me incliné y empecé a pasar mi lengua por su ano.

 

-¡Dios, como me gusta eso! – gritaba entre gemidos - ¡Dame más!

 

Yo separaba todo lo posible sus cachetes e intentaba meter mi lengua en su ano, empujándola contra su esfínter. Ella no dejaba de gemir y retorcerse.

 

-¡Dale más placer a tu puta madre! – estaba como fuera de sí - ¡Fóllame ya cabrón! ¡No me hagas sufrir!

 

Llegué a asustarme pues nunca imaginé a mi madre así. Dejé su culo y me puse de pie, agarré mi rígido mástil y lo dirigí a la entrada de su vagina que chorreaba gran cantidad de flujos. Pasé mi glande por su raja, parando para frotar bien su clítoris.

 

-¡Métela ya de una vez! – me ordenaba.

 

Empecé a empujar y mi glande separaba las paredes de su vagina a su paso a la vez que ella resoplaba por el placer. Poco a poco la metía hasta que entró toda y mis huevos golpearon su culo. Empecé a imprimir ritmo a mis penetraciones y ella no paraba de dar gemidos.

 

-¡Tienes a tu madre loca con esa polla! – me decía para excitarse y me excitaba también a mí – ¡Dale fuerte al coño caliente de tu madre!

 

Aceleré mis penetraciones y vi como agarró con fuerza las sábanas al sentir que un orgasmo la invadía. Aceleré todo lo posible y ella dejó de gritar, pero su cara mostraba el inmenso placer que estaba sintiendo.

 

-¡Aaaaaah, me corro! – soltó el grito liberando el placer que retenía su sexo y de nuestros genitales caía los abundantes flujos que salían de ella - ¡No pares de follarme, dame más! – me gritaba y yo aceleraba.

 

Mi madre se retorcía de placer y mi cadera golpeaba violenta y rápidamente contra su culo en embestidas que nos daban cada vez más placer. Mi polla aparecía blanca por el batir de los abundantes flujos.

 

-¡Para, me estoy mareando! – me dijo si muchas fuerzas - ¿Tú no te corres?

 

-No, tengo que darte más placer. – le contesté mientras aflojaba el ritmo de las penetraciones. – Ven, súbete sobre mí.

 

Me tumbé en medio de la cama boca arriba, mis huevos y parte de mi polla estaban blancos por los flujos. Mi madre se miró el coño y también lo tenía blanco. Cogió unas toallas húmedas y limpió nuestros genitales. Después abrió las piernas y se sentó encima de mi polla pero sin metérsela. La puso entre los labios de su raja y se movía para rozarla contra su clítoris.

 

-Me has dado mucho placer. – me dijo.

 

-Gracias, yo también he disfrutado mucho.

 

-Y cómo es que no te has corrido, aguantas mucho.

 

-Sí, normalmente me hago muchas pajas, hoy en concreto me he hecho dos, por eso aguanto más. – y sentía mucho placer con el roce de su coño.

 

-Ya has follado antes con otras mujeres, ¿verdad? – me dijo ella y yo no sabía bien que era lo que quería.

 

-Sí… ¿Te importa?

 

-Para nada, mejor, así sabes como dar placer a tu madre… y me estas volviendo loca. – y veía como su cara comenzaba a cambiar pues ya iba sintiendo placer con el roce en su clítoris – y ¿por qué no me cuentas como fue tu primera vez?

 

-Puede que te sorprenda… - le dije pues fue en la piscina con mi tía Ángela como ya conté.

 

-Dime, cómo lo hiciste… - hablaba y su voz reflejaba el placer.

 

-Mi primera vez fue con tita Ángela en la piscina y con quince años. – se paró en seco.

 

-Será puta la tía, follarse a mi niño siendo un menor… - su cara se volvió totalmente sensual – tenías que habérmelo pedido a mí primero, yo te hubiera enseñado…

 

-Desde los doce años estoy loco por follarte y hoy se está haciendo realidad mi sueño. – le dije y me incorporé para besarla en los labios.

 

-Pues cuéntame como te follaste a la puta de Ángela… - hablaba y mientras se levantó para meterse mi polla en su coño.

 

-Pues resulta que estábamos en el chalet que tienen en el campo y nos quedamos solos… - seguí contándole.

 

Mi madre me escuchaba y me follaba a la vez, por momentos la sentía más excitada y mientras ella me cabalgaba yo acariciaba sus pechos y su culo.

 

-… entonces me tumbó en una toalla y, como tú y yo ahora, se metió mi polla y empezó a follarme… - le contaba la historia.

 

Mi polla no paraba de entrar y salir en su coño. Ella estaba cada vez más excitada y se metía en la historia que le contaba. Ella gimoteaba de gusto con mi historia. Podía sentir los redondos cachetes de su culo que acariciaba. Veía sus pechos con aquellos pezones erectos y oscuros. Se inclinó hacia mí y comencé a chuparle los pezones.

 

-¡Aaaaah, mámame cariño! – me decía y mi polla no paraba de penetrarla.

 

Seguí contando mi historia y se excitaba cada vez más, entonces, cuando creí que estaba apunto de correrse por los gemidos que daba y su hermosa cara mostraba el placer que sentía, la abracé contra mí y le hablé suave al oído acelerando mis penetraciones.

 

-… y entonces aceleré mis penetraciones para correrme dentro de ella… - su cara estaba descompuesta por el placer y a punto de correrse - …como ahora lo voy a hacer dentro de ti… - le dije esto penetrándola lo más rápido que podía y empezó a correrse – Espérame que voy contigo…

 

Le empuje la polla para que le entrara toda dentro y salió el primer chorro de semen. Los dos gemíamos y gruñíamos por el placer entre espasmos de placer. Nos relajamos y mi polla aún estaba dentro de ella, lanzando las últimas gotas de semen. Los dos, sudorosos por la pasión desatada descansábamos abrazados y nos besábamos suavemente. Cuando mi polla se puso flácida, salió y ella se tumbó a mi lado para que durmiéramos juntos y abrazados.

 

-Enrique, ¿es verdad la historia que me has contado?

 

-Sí… - le dije y no sabía cual sería su reacción.

 

-Pues tendré que hablar con tu tía un día para intercambiar experiencias…

 

No sabía bien que quiso decir con aquella última frase, pero las dos me la explicaron unas semanas después en aquella misma cama…




Un beso para todos...


Catlover

FECHA El 21/01/08 a las 09:01:53 IP GUARDADA Ver Perfil Ver Perfil # Enviar Privado Enviar Privado # Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados  
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2007-12-15 08:57:35


Primos y cuñadas son amantes

Cuando sonó el despertador para levantarnos en la primera mañana que despertaba junto a mi madre, me invadieron muchos y diferentes sentimientos. Por un lado adoraba sentir el calor de su cuerpo, su perfume. Acaricié la redondez de su culo y continué acariciando su cintura para abrazarla y pegarme a ella. Pero después me asaltó el pensamiento de si ella no se arrepentiría al despertar. Tal vez tuvo un calentamiento al no tener un hombre en su cama por mucho tiempo… tal vez una vez sosegada sus ansias de sexo pensaría que hacerlo con su hijo era algo malvado y no me amaría nunca más. No sabía que pensar.

 

-Cariño, hay que levantarse. – se volvió hacia mí y me besó en los labios.

 

-Sí mamá, pero sigue abrazada a mí cinco minutos más.

 

Permanecimos un poco abrazados y acariciándonos hasta que su cordura se impuso e hizo que nos levantáramos para ir cada uno a nuestras labores, no había duda, mi madre me amaba. En el instituto ya no me atraían las niñas bobas de mi edad. Yo tenía un amor de verdad en mi casa y aunque fuese furtivo, pues no estaría bien visto por nadie, era verdadero. Ya sus conversaciones y jugueteos adolescentes me aburrían. Mi visión de la vida había cambiado en sólo una noche. "El amor es poderoso" pensé mientras miraba como llovía desde la ventana de clase.

 

Habían pasado tres meses desde que comenzamos nuestra relación. El único problema que teníamos y que nos costaba controlar, era aparentar en la calle que éramos madre e hijo. En casa nos comportábamos como si fuésemos una especie de "matrimonio", nos hacíamos cariños, nos dábamos arrumacos, hacíamos el amor cuando nos venía en ganas, ya lo habíamos hecho en casi todos los lugares de la casa. Para excitarnos nos seguíamos llamando mamá e hijo. Un día hablando descubrimos que de esta manera nos excitábamos más.

 

Un día en que teníamos una reunión familiar en casa de mis tíos, allí en el campo, nos levantamos sobre la diez de la mañana, entre el desayuno y charlar se nos echó el tiempo encima. Para tardar menos tiempo decidimos ducharnos juntos, así que los dos nos desnudamos y nos metimos en la ducha. Era la primera ducha juntos y no sé si fue por eso o ver como mi madre se enjabonaba su mojado cuerpo, la cosa es que se me levantó el "ánimo".

 

-Hijo, ¿quieres hacerlo ahora? – me preguntó sin levantar la vista de mi erecta polla.

 

-Es que así mojada y tocándote me está poniendo caliente.

 

-Pues habrá que bajarte el calor.

 

Se puso de rodillas y comenzó a mamarme la polla. Yo acariciaba su mojado pelo y veía como sus hermosas tetas se movían al ritmo de la mamada. Mi aparato creció y cuando tuvo la dureza que a ella le gustaba, se levantó, apoyó sus manos en la pared y me ofreció su culo en pompa para que penetrara su húmedo coño.

 

Agarré mi polla con una mano y me acerqué a su culo, pasé mi glande por su raja hasta que noté su entrada. Empujé un poco hasta que le entró y entonces agarré sus caderas y la empecé a penetrar.

 

-Vamos, folla a tu mami… - me decía para que me excitara – métemela toda entera, mi niñito sabe muy bien cómo darme placer.

 

-Mamá, córrete… estoy muy caliente y no puedo más… - le decía y sentía que mi semen quería salir de mis huevos.

 

-Hazlo, yo no puedo, me cuesta pero lléname entera de tu semen. – me animaba.

 

No pude más, no sé si por mi juventud o que esa noche no follamos y ni siquiera me hice una paja, la verdad es que en dos envestidas más descargué en su interior. Después se volvió y me abrazó. Me besaba y yo me apoyaba en ella pues no tenía apenas fuerzas después de mi orgasmo. La tarde en el chalet de mis tíos fue normal. Pero no creáis que soy desagradecido, cuando volvimos del chalet de mis tíos, después de ducharnos y prepararnos para dormir, la esperé en la cama. Ella llegó directamente de la ducha y simplemente traía puesto unas bragas.

 

-No te pongas nada… - le dije mirándola de arriba abajo y ella entendió al momento lo que yo le pedía.

 

-¿No te ha bastado con lo de esta mañana?

 

-Tengo que devolverte el favor… - y vi como sus pezones se pusieron rápidamente de punta por la excitación.

 

Le destapé la cama para que se acostara a mi lado. Ella se tumbó y yo me eché encima para besar su boca. Ella me abrazó y me acariciaba. Pasé a mordisquear su cuello y poco a poco bajé para jugar con sus duros pezones a la vez que con ambas manos los apretaba y acariciaba. Continué bajando por su barriga. Cuando llegué a su hombrito comenzó a reírse pues le hacía cosquilla, así que me alejé de allí rápidamente en dirección a su coño. Cuando comencé a besar por encima de las bragas su coño las risas cesaron, entonces apretaba con mis labios sobre él como si quisiera morderlo, presionando fuerte. Noté como la tela comenzaba a mojarse, se estaba excitando con aquello y ahora empezaba a lanzar suspiros y pequeños gemidos.

 

-Cariño, nunca he dejado que me hicieran eso… - me dijo apoyando una mano en mi cabeza para que parara – siempre me ha parecido sucio y no creo que te guste…

 

-Mamá, no te preocupes por eso, hoy me has dejado follarte y me has dado placer aunque tu no lo sintieras, déjame que ahora yo te de placer aunque pueda parecer algo sucio. – noté como la mano empezó a acariciarme y seguí trabajando su sexo.

 

Mientras su mano me acariciaba, con una mano aparté las bragas a un lado y aparecieron los pelos de su coño. Pasé la lengua por ellos y se humedecieron, entonces con la otra mano los separé e intenté separar los labios a la vez sin éxito. Acerqué mi boca a su raja y con mi lengua jugué con sus labios para intentar separarlos. Poco a poco noté el sabor de sus flujos que me condujeron por el camino hasta su clítoris. Mis dedos auxiliaron a mi lengua separando las puertas que me impedían entrar en la antesala de la vagina de mi madre.

 

-¡Hijo, me vuelves loca! – dijo ella cuando mi lengua tocó la húmeda entrada de ella - ¡Sigue así que me voy a correr!

 

No tuve que lamerla mucho, ni siquiera tuve que meter mis dedos en ella para masturbarla, en menos de cinco minutos estaba lista.

 

-¡Aaaaaah, no puedo más! ¡Necesito que me la metas ya! – me gritó implorando que acabara de darle el orgasmo que necesitaba con mi polla.

 

Retiré mi boca de su raja y se quitó las bragas en menos de un segundo. Cuando la miré estaba totalmente abierta de piernas delante de mí, sus pechos tenían los pezones más duros que nunca y su coño estaba abierto pudiendo ver perfectamente su rosada entrada. Ella se retorcía pidiendo que la penetrara de una vez. Me coloqué entre sus piernas y sentí la mano de mi madre que guiaba mi pene hasta su mojada entrada.

 

-¡Métemela, por favor! – me pidió.

 

Empujé y ella se retorció al sentir como mi glande le iba entrando e inundando su interior con mi pene. Sus piernas me rodearon por la cintura y mi pene entró por completo en ella. Empecé a moverme y cada penetración que le daba me lo recompensaba con un gemido profundo de placer. Me tensé sobre ella y le empujaba con violencia. Cualquier cosa que le hiciera le producía un gran placer y ella me arañaba en la espalda y mordía en el cuello.

 

-¡Más rápido! ¡Más! – me gritaba como si estuviera poseída - ¡Folla a tu madre y haz que se corra! ¡Aaaaaah, más!

 

Entonces se retorció y entre movimientos convulsivos empezó a tener un gran orgasmo. Permanecimos abrazados y yo sentía como poco a poco se iba relajando. La seguía penetrando despacio para que le durase un poco más el placer.

 

-Ahora tú, mi niño. – dijo.

 

-Al igual que tú me dijiste esta mañana, no te preocupes.

 

-Entonces déjame que te monte, se qué te gusta mucho.

 

Me tumbé con mi polla dura y ella se montó sobre mí. Se la clavó hasta el fondo y no dejaba de moverse frotando nuestros sexos en un frenético movimiento. Sabía como hacerlo y no pude aguantar mucho. Me tensé bajo los movimientos de ella y sentí que me descargaba dentro de ella. Descansé con mi madre encima y al poco se acostó a mi lado y dormimos abrazados y enamorados.

 

Habían pasado unos meses más, era viernes por la tarde cuando aparecieron mi tía Ángeles y mi primo Eduardo en casa. Los dos venían nerviosos y él había llorado. Traían una maleta y entraron en casa. Ella no tenía más familia que nosotros en la ciudad pues el resto de su familia no eran de allí.

 

Nos sentamos en la salita y les dimos unas tilas para que se tranquilizaran. Entre sollozos y lamentaciones nos contaron que se habían peleado con su marido. Por lo visto él tenía una amante desde hacía bastante tiempo y hasta tenía un hijo. Cuando llegó al medio día les comunicó que se marchaba de casa y les abandonaba pues no soportaba más a mi tía. Mi primo en la discusión llegó a pegarle un puñetazo. Total que decidieron pasar la noche fuera de casa y el único lugar que se les ocurrió ir fue con nosotros.

 

No sabíamos cuanto tiempo estarían allí y egoístamente pensé que no podríamos tener nuestro amor incestuoso diario con la presencia de ellos, pero después pensé que los pobres estaban sufriendo y qué importaba si tenía que hacer el amor furtivamente con mi madre mientras durara la estancia de ellos.

 

Después de un buen rato y una vez que ellos se tranquilizaron algo más, decidimos que los dos dormirían en mi habitación en la que había dos camas pequeñas y yo dormiría con mi madre. Ángela insistía en que sería por poco tiempo, que buscarían otro piso y se marcharían para no molestarnos. Mi madre insistía que nada de eso, que aclararan primero la situación y después hicieran lo que creyeran conveniente. Yo me alegré pues dormiría todas las noches con mi madre y, aunque tuviéramos que hacer el amor silenciosamente, podríamos hacerlo cuando quisiéramos.

 

Pasó ya un mes en que estaban allí y mis tíos llegaron a un acuerdo de separación. Repartieron los bienes que habían ganado conjuntamente y después firmaron el acuerdo de separación. Después de aquel turbulento tiempo, mi tía y mi primo parecían ya más centrado en sus propias vidas.

 

Llegó un sábado por la tarde y mi tía decidió de por qué no salíamos de marcha los cuatro. Mi madre y yo pensamos que desde que teníamos nuestra relación nunca habíamos salido a las discotecas, así que aceptamos la propuesta. Sobre las diez de la noche los cuatro salíamos e íbamos primero a un restaurante. Decidimos ir con ropas elegantes, ellas con trajes de noche y nosotros con trajes de chaqueta.

 

Cuando entrábamos en el restaurante me fijé en nuestras maduras acompañantes. Si bien se apreciaba que eran ya maduras, tenían unos cuerpos excitantes con aquellas ropas y los maquillajes que se habían puesto, no en vano todas las mujeres que se iban a casar en mi familia le pedían a mi madre que ella las maquillara.

 

Cenamos y conversábamos de todo un poco, de sus trabajos, de nuestros estudios. Mi primo había conseguido un trabajo para el verano en una empresa como administrativo. Con lo que sacara ese verano pagaría el curso siguiente.

 

-¿Vamos a la discoteca? – preguntó mi tía.

 

Mi madre me hizo señales de que Ángela había bebido ya bastante y era recomendable volver a casa.

 

-Mejor volvamos a casa y allí tranquilamente bailamos y bebemos lo que queramos, ahí fuera están los controles de alcoholemia y es jugársela. ¿Quién está de acuerdo? – propuso mi madre.

 

Todos menos mi tía votamos por volver y así lo hicimos. Al llegar a casa, mi tía seguía con su marcha. Puso música y me sacó a bailar. Se pegaba a mí demasiado y veía como mi madre y mi primo tenían mala cara. Mi madre no soportaba que mi tía se mostrara tan cariñosa conmigo, sabía que con quince años me había follado y, aunque el hecho no le importara, no le gustaba como estaba mi tía. Mi primo supongo que no quería ver a su madre en ese estado.

 

-Ven mamá, deja ya a Enrique… - le dijo agarrándola por la mano.

 

-Déjame, o es que me vas a pegar como a tu padre… - le dijo con furia y sin pensar lo que decía.

 

Mi primo salió de la habitación y yo lo seguí para hablar con él. Mi madre se hizo cargo de tranquilizar a Ángela que empezaba a llorar cuando yo salía de la habitación. Mi primo salió a la calle y lo encontré sentado en un banco que había cerca de la puerta del bloque pensativo.

 

Hablé con él y después de un rato conseguí sacarle lo que le preocupaba. Eduardo siempre había sido un chico solitario. No tenía amigos, uno o dos compañeros de clase y no salía con ellos. Era más corpulento que yo y tenía un año más. Tras mucho hablar, cerca de una hora, me confesó que desde hacía muchos años estaba enamorado de su madre. La quería, pero su sentimiento iba más allá del que se tiene por una madre, sentía a menudo deseos de poseerla en la cama. Tras confesarme su secreto y hacerme jurar que nunca lo diría a nadie, volvimos a casa.

 

Mi madre nos recibió. Mi tía se había dormido entre sollozos. Eduardo se acostó en su cama y mi madre y yo nos dirigimos a la nuestra. Entramos en la habitación, yo detrás de ella y cerré la puerta.

 

-¿Por qué haces eso? No están los ánimos para jaleos. – me decía intentando que esa noche no la amase.

 

Me desplacé hasta donde estaba ella y la agarré por la cintura y ella puso sus brazos en los míos frenando mi avance. Clavé mi mirada en sus ojos y una lágrima cayó de mis ojos. La apreté contra mí.

 

-Te amo mamá… - le dije a la vez que le daba un profundo beso en los labios. Sus defensas se retiraron ante aquel beso y me abrazó.

 

Nos metimos en la cama y le conté lo que le pasaba a Eduardo. Los dos estábamos abrazados como amantes compartiendo nuestra pasión y decidimos que se debía hacer algo. Pensamos que en una oportunidad que tuviéramos, hablaríamos con mi tía y le contaríamos todo para ver si ella podía hacer algo. Me confesó que esa noche hablando con Ángela, le había contado todo lo nuestro y que aunque estaba un poco borracha, le aseguró que se alegraba de lo nuestro. Además esa noche le confesó lo que me había hecho cuando yo tenía quince años. Mi madre la tranquilizó diciéndole que ya lo sabía.

 

Pasarían dos días cuando apareció una oportunidad. Mi madre estaba de descanso, yo no tenía exámenes y mi tía había pedido el día para arreglar unos papeles. Cuando Ángela volvió de la calle, yo estaba estudiando y mi madre hacía cosas en la cocina. Vino a buscarme y nos sentamos en la salita para hablar con mi tía.

 

-Ángela, - dijo mi madre - ¿ves bien la relación que tenemos Enrique y yo?

 

-No me parece mal, si se queréis, ambos sois mayores y, aunque seáis madre e hijo, sois libres para elegir con quien se acostáis. Sólo espero que no decidáis tener niños, eso sería genéticamente catastrófico.

 

-No te preocupes, pero ¿tú serías capas de tener sexo con Eduardo?

 

-Bueno… Eduardo es un chico mono, está bien formado y físicamente está bien… - estaba algo confusa por las preguntas de su cuñada – lo que no sé es si me enamoraría de él…

 

-Verás tita, es que el pobre el problema que tiene es que te ama desde hace algunos años, por eso no sale con nadie, por eso le pegó a su padre cuando te trató malamente…

 

-De verdad, no lo sabía… - estaba más confundida aún.

 

-¿Quieres que te ayudemos a tenerlo? – le dijo mi madre.

 

-Dejadme pensar y ya os contestaré.

 

Ese día mi tía lo pasó entre pensamientos. Cuando llegó mi primo lo saludó con poco cariño y mi madre y yo pensábamos que habíamos metido la pata. Hasta el día siguiente después de que volviera de su trabajo no se decidió. Habló con mi madre a solas y le dijo que estaba dispuesta a amar a su hijo. Se había fijado en nuestra relación y esperaba tener lo mismo con su hijo.

 

Por la noche, estábamos los cuatro en el salón viendo la televisión después de comer y mi madre empezó a hablar.

 

-Ángela, Eduardo, tenemos algo que confesaros… - dijo como si su cuñada no supiera nada – es difícil de decir, pero como pasaréis tiempo viviendo con nosotros, hemos de decíroslo. Enrique y yo somos amantes…

 

Todos miramos a Eduardo para ver que cara ponía. Él no sabía que hacer y miró a la madre.

 

-A mí no me parece mal, - dijo y miró para su hijo buscando su apoyo en su discurso – si os queréis, por qué no vais a tener sexo. Sois adultos los dos. ¿Tú que opinas? – le lanzó la pregunta a Eduardo.

 

-Bueno… Verás… Eso es incesto y no está bien visto… - dudaba y no sabía que hacer.

 

-Pero si nadie los ve, qué importa, tú y yo somos dos personas recogidos por ellos y debemos agradecérselo con nuestra discreción. – continuaba la madre.

 

-Ya pero… pero… - y no sabía que decir, a fin de cuentas él estaba enamorado de su madre.

 

-Piénsalo, si tú te enamorases de mí, ¿te gustaría que te guardasen el secreto? – le dijo y él se puso colorado. Ángela decidió atacar. – La verdad cariño, desde hace algún tiempo estoy sintiendo cosas raras por ti…

 

Eduardo parecía estar en una nube, nos miraba a nosotros y veía a una madre y su hijo abrazados mostrándose amor, justo como a él le gustaría estar con su madre que además le acababa de confesar que sentía cosas por él. Estaba confuso pero pensó que era su oportunidad.

 

-La verdad… - empezó a hablar y hundió la mirada – la verdad es que hace tiempo que yo me siento enamorado de ti y a veces siento necesidad de amarte más allá de lo que se puede amar a una madre.

 

-Cariño, una vez te has peleado por defenderme, ¿querrías ser mi hombre? – le dijo ella acercándose para besarlo en la boca.

 

Eduardo titubeaba, pero una vez que los labios de su madre rozaron los suyos se fundieron en un gran beso. Mi madre y yo nos marchamos a la cocina y los dejamos solos para que pusieran las cosas claras. Como en veinte minutos aparecieron cogidos de la mano.

 

-Somos una pareja formal. – dijo mi tía. Eduardo tenía una gran sonrisa de gozo. – Si no os importa nos retiramos a nuestra habitación.

 

Se despidieron y se marcharon. Mi madre y yo hicimos lo propio y en diez minutos estábamos abrazados dándonos cariño y caricias. Entonces empezamos a escuchar como mi tía empezaba a gemir y a decirle cosas a su hijo. No había tardado mucho en coger confianza y ya estaban los dos follando. Los gemidos de mi tía y los gruñidos de él al follar nos calentaron y al poco estaba mi madre cabalgándome y haciendo que los dos nos corriéramos a la vez.

 

Al día siguiente era sábado. Primero nos levantamos mi madre y yo y mientras desayunábamos en la cocina, aparecieron los dos nuevos amantes. Sus caras irradiaban felicidad.

 

-Hemos de daros las gracias, gracias a ustedes hemos descubierto algo muy bonito. – nos dijo mi tía.

 

Después de desayunar decidimos dar un paseo por el parque. Caminábamos separados, por un lado las mujeres y por otro los hombres. Mi primo me comentaba lo agradecido que estaba por haber conseguido que su madre se fijara en él y accediera a amarlo. Yo ya sabía como follaba su madre, pero él me contó las sensaciones que había tenido al hacerlo con su madre, estuvo en la gloria.

 

Habían pasado ya varias semanas y habíamos decidido que los cuatro viviríamos bajo el mismo techo, a fin de cuentas entre todos podríamos ocultar mejor nuestras relaciones a los demás familiares. Casi todas las noches escuchábamos a mi tía gemir y los estridentes gruñidos y gemidos de Eduardo. Mi madre y yo también gemíamos fuerte, pero no tanto como ellos. Una mañana de sábado mientras desayunábamos mi madre le comentó lo fuerte que gemían a su cuñada.

 

-Es que cuando Edu me penetra veo el cielo… - dijo y besó en la boca a su hijo con un beso apasionado.

 

-Yo también gimo, pero no tanto… - respondió mi madre.

 

Entonces empezaron a discutir sobre si se debía gritar tan fuerte, tanto por los vecinos como por los que vivíamos con ellos.

 

-¿No te excitas cuando nos escuchas? – le dijo mi tía – A menudo os escuchamos gemir a ustedes después de que nosotros lo hagamos…

 

-Pues claro que nos excitamos… y follamos… - le comenté – Eduardo, ¿creo que debemos hacer una competición de gemidos? – le dije mirando a mi primo.

 

-¿Cómo lo haremos? – me contestó y las mujeres se miraban al ser ignoradas por nosotros.

 

-Si ellas están de acuerdo, podemos hacerlo en el salón, cada uno con su pareja para ver quién se corre antes y con que gemidos…

 

-¿Qué os parece? – les preguntó Eduardo a las dos.

 

-Así que queréis follar no sólo escuchando a los otros, si no además viéndolos… eso me volvería loca… - dijo mi tía y creo que en ese momento su coño se humedeció.

 

Todos miramos a mi madre esperando que se decidiera. Ella nos miró uno a uno y después habló.

 

-Qué voy a hacer, tendremos competición esta noche.

 

Después de aquello seguimos con nuestra vida normalmente incestuosa, pero estábamos algo más excitados de lo normal. Decidimos que después de cenar no reuniríamos en el salón y haríamos lo que fuera mientras tomábamos unas copas. Y así lo hicimos. Los cuatro estábamos sentados, cada pareja en un sofá más o menos uno en frente del otro. Cada pareja abrazada y besándose.

 

Nos mirábamos de reojo. Mi tía empezó, a fin de cuentas había follado con los dos así que empezó a acariciar el paquete de Eduardo y se arrodilló delante de él para sacarle su pene.

 

-¡Por dios Ángela! – dijo mi madre cuando mi tía se mostró ante nuestros ojos con la polla del hijo en la mano. – Eso te debe de partir…

 

-Todo lo contrario, me "llena" de placer… - dijo la otra con voz sensual y con doble sentido.

 

Mi madre no quitaba la mirada de los otros y yo me arrodillé delante de ella, subí su falda y abrí sus piernas. Le aparté las bragas para que su raja estuviera a mi disposición. Empecé a acariciar su entrada con mi lengua. Ella veía como su cuñada se esforzaba en mamar la enorme polla del hijo y como lo único que se podía meter era el glande al que le daba enormes chupadas. Yo sentía como Marta se excitaba cada vez más con lo que le hacía en su coño, pero sobre todo con la visión de la otra pareja.

 

Me hizo sentarme en el sillón y pude ver a mi tía que se había quitado toda la ropa de la parte superior de su cuerpo, estaba sin bragas, con la falda reliada en la cintura, a cuatro patas sobre el sofá y con la enorme polla del hijo dentro de la boca. Eduardo nos miraba y se fijaba en el coño de su tía.

 

Mi madre se quitó toda la ropa y me quitó los pantalones y calzoncillos. Se subió sobre mí para cabalgarme como normalmente me hacía y sus pechos quedaron a la altura de mi cara. Chupaba sus pezones tocando sus redondas tetas cuando sentí como mi polla entraba dentro de ella. Comenzó su cabalgada. Ella gimoteaba y me ofrecía sus pechos cogiéndolos con sus manos. Yo chupaba y sentí que mi madre se paraba y miraba hacia atrás. Levantó su culo y una mano agarró mi polla y la sacó de mi madre.

 

Sentí como la boca de Ángela empezaba a mamarme un poco para después devolverla al interior de mi madre que comenzaba a cabalgar de nuevo. Mi primo estaba junto a nosotros y empezó a besar a mi madre que no se resistió. A la vez que se movía para meterse mi polla, su lengua jugaba con la de su sobrino.

 

Entonces mi tía me auxilió, se puso a mi lado y comenzó a besarme. Pude sentir el sabor del coño de mi madre en su boca, sin duda al chuparme la polla había saboreado los flujos de la otra. Mi madre se volvió, sin sacarse mi polla, y me dio la espalda, continuó moviéndose mientras mi primo se colocó delante de ella y aprovechaba sus movimientos para poner su polla entre las tetas de mi madre y que lo masturbara. Mientras, mi tía se puso sobre el sofá y, abriendo las piernas, colocó su depilado coño en mi boca.

 

Saqué mi lengua y lamí su raja con más destreza que unos años antes. Sentí como mi boca se llenó de los flujos de ella y comenzaba a gimotear a coro con su cuñada. Entonces mi madre se sacó mi polla y se marchó al otro sofá de la mano de Eduardo. Observé a mi madre mientras Ángela se colocaba a cuatro patas para que la follara por detrás, me excitó mucho ver como abría sus piernas y la polla de él empezó a entrar en su coño, obligando a su vagina a dilatarse más de lo que nunca lo había hecho y arrancando unos gritos mezcla de placer y dolor. Pude ver como poco a poco mi primo la empezaba a penetrar forzándola a que entrara hasta el fondo.

 

-Ven aquí y dale placer a tu tía… - me dijo Ángela.

 

Agarré mi polla y la llevé al coño de mi tía. Le entró sin problemas, ya estaba mojada y además, si todos los días se metía aquel instrumento de mi primo, debía de estar muy ensanchada. Empecé a penetrarla y gemía. Las dos hacían un bonito coro, cada una con el hijo de la otra, con su propio sobrino.

 

Yo no dejaba de follar a mi tía, pero me preocupaba más en mirar a mi madre que cabalgaba desaforadamente sobre Eduardo sintiendo enormes placeres con el enorme pene. Entonces se levantó de él y se puso a cuatro patas en el sofá.

 

-Ven cariño y métemela... – dijo mirando hacia mí y mi primo se puso detrás para metérsela – no, tú no, mi amado hijo, ven a darle verdadero placer a mamá…

 

La saqué de mi tía sin preocuparme si estaba llegando o cómo se sentía, mi amada madre me había pedido que la penetrara y la amara y ella era la única dueña de mi amor y mi cuerpo. Me coloqué detrás y busqué su coño. La penetré y ella se incorporó para besarme. Mientras yo la penetraba agarrado a su cintura, ella forzaba su postura para ofrecerme su boca.

 

Mi tía todavía estaba a cuatro patas sobre el sillón cuando mi primo se colocó debajo y comenzó a chuparle el coño. Ella gemía y al momento se desplazó sobre él para sentarse sobre su pene. Se lo hundió de golpe en su interior y su gritos empezaron a llenar todo el piso, no tardó mucho en correrse ella y al momento él.

 

Yo seguía agarrado a las caderas de mi madre y sentía como mi polla entraba despacio en ella mientras me miraba con sus hermosos ojos volviendo su cabeza y mostrando el placer que sentía en su cara. Me paró y se colocó boca arriba abriendo las piernas para que volviera a su interior. La penetré de nuevo y ahora mi ritmo se aceleró, estábamos sintiendo mucho placer y no tardó mucho en tener el orgasmo buscado. Yo sentí que me llegaba el momento y aceleré para descargar todo mi semen en su interior.

 

-Marta, - dijo mi tía – Creo que ustedes tenéis más suerte que nosotros… lo de ustedes es verdadero amor.

 

Y así era. Mi tía había tenido relaciones con mi primo más por morbo que por el amor a su hijo, no como mi madre y yo que nos amábamos como mujer y hombre, aunque el hecho de ser madre e hijo era un motivo que aumentaba nuestra excitación. Eduardo quedó bastante apenado después de aquel día, su madre le mostró que no lo amaba, aunque siempre que él quisiera harían el amor.

 

Desde aquella noche, Ángela y Eduardo se fueron distanciando, ya no se les escuchaba follar todas las noches, cada vez pasaban más días entre sesión de sexo y al final Eduardo se busco una chica de su edad con la que con el tiempo se casó y Ángela se convirtió en "un putón", se mudó de allí y casi todas las noche había un hombre diferente en su cama.

 

Mi madre y yo mantenemos nuestra relación viva. Ya es muy mayor y no follamos, pero la sigo queriendo y no he tenido relación, ni sentimental ni sexual, con otras mujeres. Eso sí, aún ahora me deleita con alguna masturbación o mamada que hace con gran maestría…




Un beso para todos...


Catlover



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