Login Registrarme Usuarios Usuarios Estadisticas Estadisticas Encuestas Encuestas Buscar Buscar Ayuda Ayuda

Sexonet Sexonet Relatos Eróticos Relatos Eróticos
Campo de Concentración para esclavas Campo de Concentración para esclavas (0.016 s)

Campo de Concentración para esclavas

FECHA El 05/07/10 a las 04:07:21 IP GUARDADA
Utilidades del Tema Puntuar Tema Utilidades del Usuario
Online sexonet
Administrador
Administrador




Mensajes:
Visitas:
Lecturas:
Fecha Reg.:
2381
669
943
El 15/12/07 a las 02:12:45

Campo de Concentración para esclavas

Capítulo Primero: El Autobus

Buenas tardes, con ustedes Shirley Archer para el canal siete. En los últimos tiempos hemos visto proliferar páginas web de todo tipo dedicadas al bondage y al sadomasoquismo. Los fans de este tipo de páginas se cuentan por millones por todo el mundo y el sado se ve cada vez como algo más natural. Sin embargo, hoy nos encontramos con que vuelve el debate moral y legal sobre este tipo de prácticas. ¿De qué estamos hablando?. Naturalmente me refiero al ya famoso "Campo de Esclavas", la última novedad en el mundo del sado.

Canal Siete va a realizar en exclusiva un documental sobre este polémico fenómeno y ha querido participar en él de primera mano. De hecho en este momento nos encontramos nada menos que en el autobús que conduce a su destino a 17 nuevas aspirantes a esclavas. 17 bellas jóvenes que por diferentes motivos han decidido vivir una experiencia sadomasoquista real y que la van a comenzar hoy mismo. Por razones obvias, no podemos revelar la dirección de nuestro destino, sólo podemos decir que los estudios de "Campo de Esclavas" están situados en una enorme propiedad de la América Profunda aislada del exterior. Se trata de una especie de campo de concentración rodeado de alambradas, perros y guardianes armados al que es muy difícil entrar pero, sobre todo, del que es imposible salir.

"Campo de Esclavas" es algo más que una página web al uso. Más bien deberíamos decir que es una mezcla de bdsm, porno, prostitución y reality. En las páginas típicas de internet, las esclavas suelen someterse a una sesión de sado que podrá ser más o menos dura, pero que raramente supera una o dos horas de tiempo. Al final de ese plazo se ponen otra vez su ropa y pueden volverse a su casa. En "Campo de Esclavas", en cambio, las sumisas deben permanecer prisioneras un mínimo de siete días y un máximo de tres meses. Una vez firmado el contrato ya no hay marcha atrás: las esclavas pueden ser sometidas a todo tipo de abusos sexuales, humillaciones y torturas las veinticuatro horas del día, sin posibilidad de escape y ¡atención! sin safeword de ningún tipo. ¿Es esto consensual?

Pero "Campo de Esclavas" es aún algo más, es también y sobre todo, un negocio millonario. Las sesiones sado se graban, se montan y las películas resultantes se venden en sex shops, por correo y cada vez más frecuentemente en la propia internet. El lugar también puede ser visitado previo pago por el público adulto que lo desee que además puede disfrutar de espectáculos en vivo. Es decir, nos encontramos ante un parque temático del BDSM. Además, en este caso las esclavas pueden ser usadas como prostitutas por todos aquellos clientes que lo deseen si pagan las altas tarifas que se les exigen.

Todo esto ha sido muy criticado por ciertas organizaciones morales y religiosas, pero el servicio más polémico de "Campo de Esclavas" es con mucho la "Subasta". La Subasta consiste en que una vez llega una nueva remesa de esclavas, los responsables del Campo realizan una selección entre éstas y escogen las más bellas y de mejor cuerpo para subastarlas en la red. Cualquiera puede pujar por pasar varias horas con alguna de estas bellezas en las mazmorras y cámaras de tortura preparadas al efecto. De hecho, se han llegado a pagar sumas astronómicas por el placer de someter a una de estas jóvenes a sádicas sesiones de tortura y violaciones: descargas eléctricas, agujas candentes y otros suplicios crueles son comunes en este mercado del dolor. Y lo más increíble es que las mujeres que se someten a este infierno de sufrimiento lo hacen voluntariamente y la mayor parte afirma haber disfrutado de la experiencia. Aparentemente, esto también es consensual, pero ¿deberían permitirlo las autoridades?. Sinceramente, yo creo que no.

Precisamente tenemos aquí a algunas de estas mujeres que ansían ser esclavas y que quizá sean subastadas en las próximas horas.

- Hola, ¿cómo te llamas?

- Sierra

- Hola Sierra, eres muy guapa,

- Gracias

- ¿Cuántos años tienes?

- Tengo 22.

- ¿Por cuanto tiempo vas a firmar el contrato de esclavitud?.

- Depende, no lo sé seguro, pero creo que pasaré un mes en el Campo.

- ¿Un mes?, ¿No te parece mucho?

- Es posible pero es que necesito mucha pasta.

- ¿Las esclavas cobráis por vuestros servicios?

- "Servicios". Tiene gracia que los llames así, supongo que te debemos parecer putas.

- Perdona, no he querido ofenderte, yo...

- No te preocupes, en cierto modo lo somos, además a mí me gusta sentirme como una puta, ya sabes, que te usen y eso sin pedir permiso. ¿Que si nos pagan?, por supuesto, todas las esclavas cobramos una comisión del veinte por ciento sobre los beneficios netos de los videos y otros servicios.

- Entonces ¿se puede ganar tanto como esclava?

- Tanto sufres, tanto cobras. En un mes se puede juntar mucha pasta sobre todo si haces muchos videos y más aún si te subastan.

- Ya veo, oye tú la rubia.

- Sara

- Hola Sara, ¿por qué vais todas vestidas igual?

- Querrás decir que por qué vamos desvestidas igual, yo no llamaría a esto ropa.

- Ja, ja, Sí quizá sea mejor decirlo así, el caso es que lleváis un atuendo un poco ridículo pero muy sexy, una minifalda muy corta y una camiseta de tirantes con el logo de "Campo de Esclavas". Supongo que la pueden ver, la camiseta es tan ajustada que no..vamos que no oculta nada.

- Lo de la ropa es a posta,.nos han dicho que en el campo estaremos todo el tiempo desnudas, pero antes de llegar quieren que ya nos sintamos desnudas en cierto modo

- Tengo entendido que antes de nada visitaréis el campo, ¿no?

- Efectivamente, nos darán una especie de paseo turístico para que veamos las instalaciones y nos hagamos una idea de cómo es vivir allí. Una vez terminada la visita se nos ofrecerá firmar el contrato por el tiempo que queramos. Siete días como mínimo para las que sólo quieren probar, hasta un mes para las que quieren tener una experiencia dura pero moderada, y hasta tres meses para vivir una experiencia extrema. Por supuesto la que se arrepienta puede echarse atrás e irse a su casa. Eso sí, nos han advertido que lo pensemos bien pues en cuanto firmas ya no hay vuelta atrás, ya sólo eres una puta esclava. Yo creo que por eso nos hacen llevar estas ropas, para que en cuanto firmemos desnudarnos fácil y rápido y que empiecen,..... ya sabes,... que empiecen inmediatamente a hacerme.... "cosas".... desde el primer momento.

-Te noto muy excitada Sara, ¿estás nerviosa?

- Un poco, pero sobre todo estoy impaciente y mojada de estar en manos de mis verdugos, llevo meses esperando esto y me masturbo todos los días imaginando lo que me van a hacer.

- ¿De verdad? ¿Tan cachonda te pone esto?

- Sí

- ¿Dices que has mojado las bragas?

- ¿Las bragas? ¡Pero si no llevamos nada debajo, míralo! (Sara se da la vuelta y levantando la minifalda le enseña el culo)

- (En un aparte) Esto último habrá que censurarlo, Peter. ¿De modo que vais con el culo al aire? ¿No es humillante?

- Qué remedio, nos obligan, como te digo, yo creo que es para que nos sintamos disponibles desde antes incluso de llegar, para que pensemos ya como esclavas.

- ¿Cuánto tiempo piensas estar en el campo?

- En principio quince días, pero si puedo soportarlo me reengancharé un mes....o tres.

- Lo que se dice una auténtica sumisa.

- Sí algo así

- Suerte Sara, Hola ¿tú también vienes por el dinero?

- Hola, soy Rebeca. No yo vengo por mi novio.

- ¿Por tu novio?

- Sí, quiero darle una sorpresa. Él siempre ha tenido la fantasía de que otros hombres me violan y me torturan en su presencia, así que ya ves, he decidido hacerla realidad.

- Debes querer mucho a tu novio, no todas estarían dispuestas a hacer un sacrificio así

- Bueno, si me dejas que te cuente un secreto no es tanto sacrificio, a mí también me pone cachonda esa fantasía.

- ¿No te da miedo todo esto? ¿Y si una vez firmado el contrato no puedes soportar el dolor y las humillaciones?

- Bueno en mi caso sólo serán siete días, el mínimo. Imagino que podré soportarlo y además me van a follar decenas de tipos de todas las maneras posibles, el que quiera y sin pedirme permiso, esa perspectiva me encanta, tengo que reconocer que yo también voy muy cachonda..

- Creo que entre todas me estáis poniendo cachonda a mí también, desde luego no sois mujeres normales. Eh, las del fondo, ¿hay alguna en el autobús que no vaya al campo por gusto?

- Yo, yo.

- Ven Peter, acerca la cámara.

- ¿Te Llamas?

- Angelica

- Angelica, has levantado la mano, ¿acaso vas en contra de tu voluntad?

- No, no es eso, pero tampoco me entusiasma la idea de ser esclava, cada minuto que nos acercamos a ese horrible lugar es , es... es como,..... es como si fuéramos al infierno.

- Vamos, no llores, pero no entiendo, ¿por qué te has subido al autobus si no querías ir?.

- Por dinero ¿por qué si no?. La otra opción era meterme puta, pero ya puestos, creo que esto será más rápido.

- De verdad que lo siento, ¿cuánto tiempo crees que tendrás que permanecer en el campo?

- No tengo más remedio que pasarme tres meses, debo muchísimo dinero y si no pago iré a la cárcel, supongo que esto será también como una larga condena..

- Te deseo mucha suerte Angélica de verdad.

- Bien, ¡y qué tenemos por aquí!, qué ojos y qué pelo tan bonito tienes.

- Muchas gracias, soy Marsha.

- Dios que guapa eres. ¿Te importa levantarte, Marsha?

- Chica, qué cuerpazo, pareces una modelo, qué piernas tan largas y bajo esa camiseta se te adivinan unos pechos grandes y tiesos, ¿son naturales?

- Sí

- Me das mucha envidia.

- Muchas gracias otra vez.

- Tenemos que decir a nuestro público que "Campo de Esclavas" no exige que sus sumisas sean modelos espectaculares, pueden ser mujeres normales de la calle entre los dieciocho y los cuarenta años, pero eso sí, deben tener buena apariencia y buen cuerpo: lo que vulgarmente denominamos tías buenas ¿Alguna habéis tenido que hacer dieta o ir al gimnasio para poder ser aceptadas?. ¿Tú?, tú también?.

- A mí la primera vez me rechazaron porque estaba un poco gorda y tuve que perder siete kilos en un gimnasio, pero al final ha merecido la pena y aquí estoy.

- A mí me parecéis todas preciosas y estáis en forma os admiro de verdad, ojalá tuviera yo tanto valor.... Espero no ofenderos al decir esto, pero creo que Marsha está un peldaño más arriba que las demás....me refiero al aspecto físico por supuesto, ¿eres consciente de ello Marsha?

- Sí, pero eso no me hace mejor esclava que ellas, el físico no lo es todo..

- Es posible, pero ¿eres consciente que ello te convierte en una firme candidata para la Subasta?.

- Sí, ya lo había pensado.

- Recordamos a nuestro público que la subasta consiste en que personas particulares pueden pujar para, bueno para...

- Dilo en alto, no te preocupes, el que quiera puede pujar para torturarme y violarme durante horas.

- Lo dices con toda tranquilidad.

- Es que eso es precisamente lo que yo quiero, que los tipos más sádicos del mundo tengan carta blanca para torturarme y violarme,.....bueno con algún límite.

- ¿Eres masoquista?

- Sí, se puede decir que soy una perra masoca.

- ¿Te has sometido ya a alguna sesión de tortura?.

- Sí, muchas veces, sobre todo con mi novio. Bueno, no es mi novio si no mi amo, y ya llevo desde que tenía dieciséis años sometida a él, pero él tiene sus límites y ahora yo quiero cosas más fuertes.

- ¿Qué quieres, exactamente?

- Ya te lo he dicho, quiero topar con los tipos más sádicos y obsesos que haya por ahí .

- ¿Durante cuánto tiempo piensas estar en el campo?

- ¿No lo adivinas?

- ¿El máximo?

- El máximo. Tres meses

- Viéndote ese cuerpazo no dudo que en ese tiempo encontrarás tus límites en manos de muchos sádicos y obsesos, seguramente harán cola para ponerte la mano encima.....y te forrarás aunque sea al veinte por ciento.

- Mmh, eso tampoco está mal.

- Hola, ¿y tú cómo te llamas?

- Yuka

- ¿Eres japonesa?

- Mis padres eran de Japón pero yo nací en América hace veintiun años.

- Tengo entendido que las modelos japonesas tenéis mucho éxito en el sado, ¿por qué crees que es así?

- Una vez un amigo mío me dijo que para los occidentales las asiáticas somos una extraña mezcla, algo así como niñas inocentes con cuerpo de mujeres ....aunque seamos bajitas y poca cosa.

- Serás bajita y delgada pero con esas tetas imagino que los tipos más salidos se pelearán para hacerte "cosquillas".

- Eso espero yo también, y quiero decir a la cámara que deseo que mis amos y los espectadores disfruten de mi tortura, eso me hará muy feliz.

- Qué cosas dices, creo que te falta un tornillo.

- Sí puede ser.

- ¿Tienes alguna fantasía?

- Sí, pero no me atrevo a decírtela.

- Vamos, este programa lo estarán viendo tus futuros amos, ¿no quieres decir a la cámara lo que deseas?

- Yo, yo, a mí me gustaría...quiero decir que quiero.... la cruz.

- ¿Quieres decir la crucifixión?

- Sí

- ¿Lo dices en serio? ¿de verdad que te gustaría que te crucificaran?. He oido que la crucifixión es uno de los castigos más frecuentes en el campo pero espero que no utilicen clavos.

- No, naturalmente. En mis fantasías sueño que me crucifican con clavos, pero en el campo utilizarán cuerdas o correas. De todos modos el suplicio de la crucifixión no es más soportable porque no se usen clavos, es un tipo de castigo muy severo y cruel.

- ¿De verdad?, ¿Lo has probado ya?

- No, aún no, pero sé todo lo que hay que saber, soy casi una experta. La gente está más familiarizada con la cruz alta por influencia de la religión, pero en el Campo se suelen utilizar también cruces bajas para que los verdugos se puedan ensañar cómodamente en la esclava crucificada con todo tipo de tormentos o se la follen. Los romanos la llamaban la crux hummilis, y espero que utilicen esa modalidad conmigo al menos una vez..

- Puff, qué trueno tienes. Parece que se te ha pasado la timidez. Señores de "Campo de Esclavas" ya han oído a Yuka, reserven una cruz baja para esta japonesita, pues tiene auténtica vocación.

- Muchas gracias.

- Bueno y aquí tenemos a la que parece la veterana del grupo, te llamas Elsa, ¿verdad?

- Sí

- ¿Cuántos años tienes?

- Casi cuarenta

- Pues no los aparentas, te mantienes en forma.

- Hago lo que puedo

- ¿Por qué estás aquí?

- Es mi modo de ganarme la vida, ya con veinte años empecé a hacer porno, pero en el porno normal sólo quieren jovencitas. Al de cinco años las tetas se me empezaron a caer y tenía el agujero del culo tan cedido que si me tiraba un pedo ni siquiera hacía ruido.

- Ja, ja, está bien eso del pedo.

- Como ves no tuve más remedio que buscar otra cosa.

- Entonces empezaste en el sado

- Sí, en el sado no hay que tener un cuerpo diez, lo que sí hay que tener es mucho aguante.

- ¿No te sientes en inferioridad de condiciones ante tanta jovencita?

- De ningún modo, yo ya he hecho de todo, puedes ver videos míos en Insex, en SocietySm, en Torture Galaxy, los verdugos más bestias y experimentados me han castigado cada centímetro de mi cuerpo y me han medido el culo muchas veces con una vara (Elsa se levanta y muestra su trasero a la cámara)

- Tápate, por favor, que no podemos sacar esto. Cortalo también Peter. Por cierto sí que tienes el culo prieto, retiro lo de antes.

- A mí ya me han hecho de todo mientras que la mayor parte de éstas llamará llorando a su mamá cuando les den un par de latigazos o les retuerzan los pezones con unos alicates.

- Supongo que te quedarás los tres meses en el campo, así podrás reunir unos dólares.

- Sí, supongo que sí.

- Bueno, y ahora nos vamos con la benjamina del grupo. ¿Cuántos años tienes cariño?

- Hoy mismo cumplo dieciocho.

- ¿Cómo?

- Felicíteme es mi cumpleaños

- Felicidades, ¿cómo....cómo te llamas?

- Sasha

- ¿Y saben tus padres lo que estás haciendo?

- No pero me da igual, el cerdo de mi padrastro me violó y me azotó por primera vez cuando tenía quince años y desde entonces no ha dejado de hacerlo hasta ayer. Por supuesto, mi madre lo sabía pero dejó que lo hiciera sin mover un dedo. Hoy mismo me he escapado de casa y como soy mayor de edad puedo hacer lo que quiera.

- ¿Qué buscas en "Campo de esclavas"?

- Durante años mi padrastro me ha convertido en una puta esclava, y aunque él no se lo figura,, me gusta serlo. Bueno, en el campo espero encontrar lo mismo que en mi casa, pero al menos que me paguen por ello. Además esto lo hago porque quiero.

- Eres delgada y tienes un cuerpo de niña, Sasha, no sé si te lo habrás planteado, pero es muy probable que tú también seas escogida para la subasta.

- ¿De verdad, tú crees?

- Sí pero me temo que con ese cuerpo y tu aspecto vas a atraer a todos los pederastas rijosos que tengan un poco de dinero, quizá te lo deberías pensar.

- Al contrario, mira me has dado una idea, les diré a los de la organización que me fotografíen con un par de coletitas y pediré una piruleta para chupar.

- No te entiendo

- Está bien claro, a mí no me gustan los tíos de mi edad, ni siquiera los de veinte. Lo que me gustan son los viejos verdes y salidos de más de cuarenta.

- Más o menos como tu padrastro

- Algo así.

  • Ya ven ustedes, Freud tenía razón.

Bueno parece que algo ha alterado a las chicas. Sí nos dicen que sólo faltan diez kilómetros, así que vamos a entrevistar a algunas más.

- Aquí tenemos a una chica de color y otra mulata si no me equivoco.

- Hola, yo soy Micaela

- Y yo BJ

- Micaela, tú también pareces muy joven.

- Tengo 19

- Tienes una sonrisa encantadora, ¿habías practicado ya el sado?

- No, ésta es la primera vez

- ¿Y tú?

- Yo sí que lo he hecho, con mi novia.

- ¿Eres lesbiana BJ?

- Sí

- Pero en el Campo la mayor parte de los amos son hombres. ¿No es eso un problema para ti?

- Bueno, en realidad soy bisexual, pero sobre todo soy una esclava, mis amas o amos pueden hacer conmigo lo que quieran su sexo es lo de menos.

- ¿Por eso te has afeitado la cabeza?

- Sí, para facilitar la labor del verdugo, ja, ja.

  • Perdonadme chicas pero parece que ya llegamos.

Esto es alucinante amigos: alambradas, torres de vigilancia, perros, lo dicho, parece un auténtico campo de concentración. El autobus ha parado y han abierto la puerta...... Ya estamos dentro y se nota que las chicas están cada vez más excitadas. Yo misma no puedo evitar sentir un escalofrío.

Bien, tengo que advertir a mis oyentes que no podremos grabar fuera del autobús aunque una servidora se unirá a la visita como una visitante más y después contaré a los espectadores lo que he visto y lo que he vivido.

El autobús se acerca ahora a un gran edificio y parece que para,... sí ha parado, lo siento pero nos dicen que tenemos que dejar de grabar.

Bien, queridos oyentes, ya ha llegado la hora de la verdad. ¿Se decidirán todas nuestras heroínas a firmar los contratos de esclavitud? ¿O alguna se echará atrás?.Desde "Campo de Esclavas", se despide Shirley Archer para Canal Siete.



Os esperamos en Sexonet

Compartir: digg Google Spurl Blink Meneame Furl Simpy Yahoo
Reportar a My-Forum



RESPUESTAS AL MENSAJE - Respuesta/-s
Mostrando del 0 al 9 de 12
Ir a la pag.: [1] 2
FECHA El 05/07/10 a las 04:07:58 IP GUARDADA Enviar Privado Añadir Amigo · Enviar Privado Enviar Privado · Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
Online sexonet
Administrador
Administrador



Mensajes:
Visitas:
Lecturas:
Fecha Reg.:
2381
669
943
El 15/12/07 a las 02:12:45

Capítulo Segundo La visita.

En cuanto el autobús se detuvo, las chicas empezaron a bajar de él y siguiendo órdenes de una mujer vestida de militar, se fueron situando aparte. Mientras tanto Shirley y Peter recibían indicaciones de reunirse con el público de la calle.

Dos guardianes con perros empujaban a las chicas hacia un lateral azuzando a los canes que ladraban fieramente a éstas y amenazaban con atacarlas. Las pobres chicas atemorizadas chillaron y se protegieron unas a otras formando un grupo compacto.

- Poneos inmediatamente en fila y en postura de sumisión esclavas , vamos, deprisa.

La mujer vestida de militar no dejaba de dar órdenes a gritos.

- Menudo montón de mierda que me han mandado, he dicho postura de sumisión zorras, las piernas abiertas y las manos en la nuca, venga que no tengo todo el día.

Las chicas obedecieron las órdenes y se pusieron en una fila, las piernas separadas, los brazos en alto y las manos en la nuca.

Ya más tranquila, la mujer que daba las órdenes les pasó revista paseando lentamente por delante de ellas. Al hacerlo las miraba con severidad y desprecio obligándolas a bajar la cabeza e intercalando insultos y burlas.

De cuando en cuando comprobaba el atuendo y la postura y les levantaba la falda para verles o palmearles el culo o les palpaba los pechos sin cortarse ni un pelo. La mujer no se apresuró ni lo más mínimo sino que inspeccionó detenidamente a las chicas aprovechando cualquier oportunidad para humillarlas.

- La vista al frente, esclava......no quiero ver ni un pelo en ese coño....mmmh, buenas tetas, los verdugos sabrán qué hacer con ellas Cuando estéis en mi presencia y hable con vosotras quiero veros en postura de sumisión, ¿entendido?

- Sí...sí

- No os oigo esclavas, ¿es que estáis sordas?.

.

- Sí señora.

- La que falte a esta regla será severamente castigada, ¿me habéis oído?

- SI SEÑORA

Las aspirantes a sumisas sumaban diecisiete y todas juntas parecían un grupo de cheerleaders con esas falditas ridículas. Shirley no había tenido tiempo de entrevistar a todas en el autobús, pero ahora tuvo la ocasión de fijarse en otras mujeres que hasta el momento no le habían llamado la atención.

La más llamativa sin duda era una rubia muy guapa y muy alta de anchas caderas y amplios pechos lechosos a la que la minifalda y la camiseta le quedaban ridículamente pequeñas. Luego supo que era Ingrid, una universitaria danesa de intercambio en EEUU y apostó consigo misma a que con esas mamas sería una firme candidata a la subasta. Ingrid tenía un bellísimo rostro con algunas pecas, ojos azules y llevaba su pelo rubio recogido en una larga trenza.

El ama vestida de militar también reparó en ella y cuando se paró delante, la miró fijamente y por primera vez tuvo un gesto humano, si se puede considerar así.

- ¿Y tú de dónde sales bomboncito?

Y diciendo esto le levantó lentamente la faldita con la punta de una fusta afirmando complacida al ver su coño depilado. Después le paseó la fusta por las tetas y las axilas haciéndole cosquillas.

- Vaya, pero que tenemos aquí, qué vaquita lechera. Ya veo que no había nada de tu talla, qué lástima.

Al lado de Ingrid estaba Star, una rubia de melenita y cara de niña traviesa con unos pechos redondos muy bonitos. Violet también destacaba, era una chica que no debía tener más de 19. Tenía cara de ingenua pero muy buen tipo y llevaba el pelo largo y teñido de intenso granate lo que le hacía muy llamativa. Shirley también reparó en Daisy, una latina pequeña y vivaracha que llevaba coletas y no paraba de mascar chicle. Por último estaba Kira, una punky con el cuerpo lleno de piercings y tatuajes.

Ese día no había mucho público, poco más de una decena de personas entre los que destacaba una mujer sola morena de veinticuatro o veinticinco años. Llevaba el pelo lacio y largo y era muy guapa con unos enormes ojos verdes. También había una pareja de novios pijos que no dejaban de besuquearse ni meterse mano. Asimismo había un matrimonio de veinticinco o treinta años los dos muy guapos y altos y bien vestidos. No pegaban mucho en aquel lugar, la verdad. También había un grupo de chicos jóvenes, gordos, fofos y bastante poco agraciados, dos turistas japoneses de cuarenta o más y un cincuentón solitario. Seguramente todos estos hombres acabarían la visita en el prostíbulo, se dijo Shirley para sí.

La guía ya había terminado de pasar revista a las esclavas y se volvió al público.

- Atención, escúchenme, la visita durará unas dos horas, no están permitidas las cámaras y les rogamos que apaguen los teléfonos móviles y que no se separen del grupo.

La guía, era en realidad "el ama Julia" uno de los verdugos más sádicos y eficientes del campo, se trataba de una rubia alta y muy atractiva. Hablaba con voz potente y autoritaria, como si ordenase a una tropa, con las palabras justas y el gesto duro e inexpresivo. Esta actitud hacía juego con su atuendo militar de camuflaje, las botas altas y la fusta con la que rasgaba el aire constantemente.

- Les advierto que lo que van a ver puede dañar su sensibilidad, si es así diganlo y podrán abandonar inmediatamente la visita. ¿Está claro?

- Sí, sí. La gente respondió un poco amedrentada.

- Antes que nada tengo que decir que "Campo de Esclavas" es una organización perfectamente sincronizada en la que cada lugar tiene una función y cada cosa tiene un cometido. En los trípticos que les hemos repartido hemos adjuntado un plano. Les sugiero que lo abran y en él podrán ver las diferentes partes del complejo, éstas son: la casa grande, el huerto, los establos, el hangar, los barracones, el prostíbulo y los estudios de rodaje.

- Los únicos edificios anteriores al campo son la casa grande y el hangar que han sido acondicionados para su nueva función pero el resto de las construcciones se han realizado ex-profeso. Síganme.

Esclavas y público formaron un solo grupo aunque se mantuvieron físicamente divididos. Todos siguieron mansamente a Julia mientras ésta no dejaba de hablar y dar datos.

- Como media solemos tener cien o ciento cincuenta esclavas alojadas aquí, de las que se ocupan unos treinta verdugos y guardianes. Estos últimos son casi todos hombres menos cinco mujeres entre las que me cuento yo misma. Salvo en las horas de sueño, las esclavas que no han sido "condenadas" deben estar ocupadas en algo: el prostíbulo, las grabaciones y los espectáculos en vivo, pero además las esclavas tienen que trabajar en el huerto y en los establos, en las cocinas, y deben limpiar y servir a sus amos. Esto no es un hotel.

- Perdón, interrumpió Shirley, ha dicho las esclavas "que no han sido condenadas", ¿a qué se refiere con eso de "esclavas condenadas"?.

- Usted es la periodista ¿verdad?. Julia le hablaba con dureza y desdén.

- Sí.

- No voy a contestarle por el momento, sabrán lo que es una "esclava condenada" al final de la visita. Desde luego será una agradable sorpresa para nuestras nuevas candidatas y además les servirá de advertencia... se lo aseguro. Julia no pudo evitar mirar a las chicas con sadismo.

El grupo siguió caminando hasta la "casa grande".

- Esto es lo que llamamos la casa grande, un antiguo hotel que hemos acondicionado para las oficinas de la organización, las viviendas de amos e invitados, etc. De todos modos, les diré que lo más interesante está en los sótanos.

- Los amos trabajan a turnos, pero en sus horas de descanso pueden disponer de las esclavas a su gusto y para su disfrute personal. Precisamente en los sótanos hemos instalado unas pocas celdas y cuatro cámaras de tortura para nuestras diversiones privadas, sin cámaras ni testigos.

- ¿Podemos verlas?, preguntó de repente el cincuentón.

- Por supuesto que no, como ya he dicho son privadas.... Sin embargo,,, esperen un momento....quizá tengamos suerte.... y diciendo esto abrió la puerta que daba a las mazmorras y sin entrar se puso a escuchar lo que ocurría dentro....

- Un momento, ¡guarden silencio!. Ahora.

Repentinamente se oyó una voz de mujer que gritaba desesperada.

- No no, por favor, eso no, NO. AAAAAAAAiiiiiiia!

El tremendo alarido puso a todos los pelos de punta.

Julia cerró la puerta sonriendo triunfante.

- Parece que los muchachos se están divirtiendo, llevan con esa chica desde esta mañana.

- ¿Qué, que le están haciendo?, preguntó uno de los chicos jóvenes.

- ¿Y qué se yo?, pero algo me dice que no le están haciendo cosquillas, ¿no crees vaquita?. Julia le hizo la pregunta a Ingrid. Por cierto, yo libro mañana y espero llevarme a alguna de vosotras ahí abajo para pasar un buen rato a solas.

Julia siguió mirando a Ingrid sonriendo con crueldad y lujuria y desnudándola con la mirada.

- ¿Qué me dices vaquita? ¿quieres acompañarme ahí abajo? Ingrid bajó la mirada entre avergonzada y halagada mientras dos gruesos pezones crecían mágicamente bajo la tela de su camiseta. Evidentemente Ingrid comprendió que había sido ya elegida por el ama Julia como su cerda particular lo cual le hizo estremecerse de placer. De hecho, el resto de la visita la hizo medio atontada, impaciente de que Julia se la llevara al sótano.

- Vamos al huerto dijo Julia satisfecha de la sumisa reacción de la nórdica y sin esperar su respuesta.

El huerto era una gran superficie de tierra de labor con filas de hortalizas y frutales de diversas clases en perfecto orden. Una veintena de esclavas se afanaba en ese momento llevando cubos, cavando, limpiando acequias y otras cosas. Todas trabajaban desnudas, amordazadas y encadenadas con grilletes en muñecas y tobillos. Los grilletes les obligaban a caminar penosamente y endurecían considerablemente su trabajo. Tal vez por eso precisamente les obligaban a llevarlos, pues no había ningún temor de que escaparan. Las esclavas estaban vigiladas en ese momento por cinco guardianes armados con varas.

- Aunque compramos parte de nuestra comida fuera, nos enorgullece decir que las esclavas producen una buena parte de lo que comemos. Puede que las raciones no sean muy abundantes pero la comida vegetariana es de calidad y les ayuda a estar sanas y atractivas.

A pesar de la visitas, las esclavas siguieron con lo suyo, pues estaban bien entrenadas, sin embargo, una se descuidó y levantó la mirada lo que le supuso ganarse dos varazos en el trasero.

- Eh tú sigue con el trabajo

- Ese es Diego, dijo Julia riendo, no se lo toméis a mal, pero es que no le gusta la gente que no se toma en serio su trabajo.

Tras el huerto vino lo de las cuadras, delante de las cuales había una explanada donde tres chicas estaban siendo adiestradas como ponys. Dos de ellas tiraban de un carro mientras otra trotaba dando vueltas y más vueltas alrededor de un entrenador que la mantenía cogida de la cintura con un lazo. El entrenador le hacía marcar el paso restallando el látigo como si fuera un caballo y a cada rato le propinaba un latigazo en las nalgas si veía que flaqueaba.

Las tres ponys estaban completamente enjaezadas con altos penachos de plumas, orejeras y amordazadas con un arnés y un bocado de metal forrado de cuero. El torso lo tenían adornado con finos correajes entrecruzados y les habían colocado cascabeles pinzados a los pezones que tintineaban al ritmo de las zancadas. Por supuesto tenían que correr con altos zapatos de tacón y el trasero lo tenían adornado con una larga cola de caballo clavada dentro del ano por medio de un consolador.

Las dos ponys del carro respiraban jadeantes en un baño de sudor, era evidente que acababan de echar una larga carrera y que ahora se estaban recuperando. El conductor había desaparecido seguramente unos segundos antes. Julia sugirió a los visitantes que se acercaran a las ponys tanto cuanto quisieran e incluso les invitó a que les acariciaran como si fueran dos yeguas.

- Las ponygirls son una élite, dijo Julia. Se necesita meses e incluso años para conseguir una pony decente.

Las dos esclavas eran altas y tenían unos cuerpos esculturales y atléticos, todo fibra y nada de grasa. Ambas se dejaron tocar por los visitantes mirando al infinito sin inmutarse y sintiendo cierto orgullo por las palabras de Julia.

Los japoneses acariciaron insistentemente las nalgas de una de las ponys oliendo extasiados su transpiración y tocando las marcas rojizas de los latigazos. Ante tanta belleza, los tíos estaban completamente empalmados y entonces a uno de ellos no se le ocurrió otra cosa que tirar de la cola para extraérsela del culo.

La esclava cerró los ojos y lanzó un tenue gemido, pero reaccionó e hizo fuerza con el ano para evitar que se lo extrajeran.

- Tire, tire sin miedo, dijo el entrenador, no conseguirá quitárselo, tiene ella más fuerza en el culo que usted en la mano.

El japonés se quedó alelado y ni siquiera lo intentó

- Las ponys saben que si pierden la cola durante la carrera les espera una tanda de latigazos extra, así que han desarrollado una enorme fuerza en el esfínter del ano, ¿verdad John?. Julia dijo esto con mucha intención y algo de burla.

- No os lo confesará, pero el vicio de John es sodomizar a sus ponys, él dice que es una gozada darles por el culo, que lo tienen fuerte y tieso. Yo naturalmente no puedo saberlo porque soy mujer.

Mientras Julia hablaba, John hizo como que no la escuchaba, sólo esbozó una ligera sonrisa e hizo que la chica que daba vueltas cambiara la carrera al paso levantando rítmica y elegantemente las rodillas como si fuera un caballo andaluz.

- Haganme caso, dijo de pronto sin mirar a los hombres del grupo, si quieren pasar un buen rato paguen un poco más en el prostíbulo y prueben el trasero de una de estas chicas. Nunca lo olvidarán.

Julia se marchó riéndose de John y tras comprobar que casi todos los tíos del grupo tenían una erección más que evidente dijo.

- ¡Hombres!, sólo piensan en romper culos, no saben hacer gozar a una mujer.

Ingrid la miró y sonrió con complicidad.

Por fin, el grupo entró en los establos donde había un pequeño grupo de esclavas trabajando.

- Bueno aquí tenemos los caballos y un poco más allí las vacas. Estos son para el atrezzo de las películas y aquéllas para tener un poco de leche fresca, de todos modos, de vez en cuando también hacemos un poco de zoofilia. Algunas esclavas son tan cerdas que son capaces de chuparle la polla a un caballo y beberse toda su leche sin inmutarse. ¿Por cierto, qué me decís vosotras? ¿os gusta hacer guarradas con bichos?. Seguro que sois de esas que entrenan al perro para que les lama el coño.

Las chicas no contestaron, muchas de ellas consideraban humillantes esas palabras

- ¿Qué os he dicho antes de la postura?.

Inmediatamente todas se pusieron en postura de sumisión.

- Menudas puercas, seguro que si os dejo a solas con un caballo os metéis su polla en la boca a los cinco minutos. Algunas de las esclavas bajaron la cabeza sin contestar. ¿Acaso no le habéis visto nunca la polla a un caballo niñas?. ¿Queréis ver a una tía haciéndole una mamada a un caballo?. Las chicas ya no sabían ni a dónde mirar.

La autoritaria mujer no era de las que se conformaba con las palabras.

- Eh, tú, Julia se dirigió a una esclava que estaba limpiando, deja eso y acércate. La esclava dejó en el suelo el rastrillo y se acercó al grupo poniendo la postura de sumisión. Inmediatamente Julia le desató la mordaza y le dio una orden tajante. Coge ese caballo y demuéstrales toda la leche que puede salir de su polla.

- Sí ama.

La esclava se fue sin chistar hasta el caballo y empezó a rebuscar bajo su vientre. En unos segundos tenía la polla cogida con las dos manos y se puso a masturbarle.

- Así no, idiota, utiliza también tu boca y trágate todo. Ah y ten cuidado, si se te cae una sola gota al suelo haré que te crucifiquen. La esclava miró consternada a todos los espectadores, pero obedeció, se puso en cuclillas y empezó a mamarle la polla al caballo. Éste no tardó en agitarse y dar resoplidos mientras el público y las aspirantes miraban alucinados sin dar crédito a sus ojos.

Tras cinco minutos de felación a la chica apenas le cabía ya la polla dentro de la boca. De pronto, la joven dejó de mamar, cerró los ojos y empezó a tragar el esperma caliente a bocanadas. Desesperada, la esclava deglutía con todas sus fuerzas pero no pudo evitar que parte del semen le cayera por las comisuras y se deslizara por su cara, por sus pechos y salpicaran varias gotas a los muslos.

Julia sonrió con sadismo.

- Me has desobedecido, ya sabes lo que eso significa.

- Un momento, dijo Shirley, el semen no ha caído aún al suelo.

Julia miró a Shirley con odio.

- Mmmh, la periodista tiene razón. Y dirigiéndose a las aspirantes de esclavas dijo, ¿alguna voluntaria que limpie con la lengua el semen del cuerpo de esa zorra?. Las chicas se miraron entre sí sin saber qué hacer.

- Vamos, si recogéis todo el semen la salvaréis del suplicio, sino, haré que la crucifiquen y que la torturen salvajemente durante horas. La esclava miró a las jóvenes implorante mientras notaba desesperada cómo las gotas de semen se deslizaban por su cuerpo hacia el suelo. Entonces Star y Sara reaccionaron y poniéndose en cuclillas empezaron a chupar ávidamente el semen del cuerpo de la esclava. Las dos jóvenes chuparon y chuparon la cara, el cuello y las tetas de la joven ávidamente y tragaron el esperma con la esperanza de salvarla de la cruz.

Sin embargo, no pudieron evitar que una gota cayera entre la paja del suelo. Julia sí la vio pero ladinamente no dijo nada, sino que optó por seguir con el juego. Más bien se fijó en la polla del caballo de la cual aún colgaba un goterón que también amenazaba con caer.

- Oye vaquita dijo dirigiéndose a Ingrid. Aún queda un poco de leche en la polla del caballo, ¿por qué no la chupas?

La chica danesa se sorprendió de la sugerencia, sin embargo, en su fuero interno ya consideraba a Julia su dueña y le contestó

- Sí ama

Entonces Ingrid se puso de cuclillas bajo el caballo de manera que la falda que ya le estaba pequeña dejó al aire buena parte de sus muslos poderosos, su culazo y su potorro rosa totalmente depilado. Julia se quedó extasiada ante semejante belleza, pero más aún cuando la joven se quitó espontáneamente la camiseta.

Un murmullo de admiración se levantó entre los asistentes cuando las mamas de Ingrid temblaron poderosas a la vista de todos al liberarse trabajosamente de la apretada camiseta. Nadie lo diría, pero a pesar de su tamaño no eran unas tetas fofas, sino unos pechos tiesos y compactos de pezones erizados sobre amplias aureolas rosadas. Ingrid miró pícaramente a Julia al depositar la camiseta en el suelo.

- No le importa ¿verdad?, es para que no se me manche de semen.

Inmediatamente Ingrid se puso a comerle la polla al caballo con mucho estilo y placer como si le estuviera haciendo una mamada a mister universo. La joven cerró los ojos y se permitió acariciar y juguetear con la lengua la polla del animal durante un rato mientras se pinzaba y retorcía los pezones con las uñas. Eso hizo que Julia perdiera el control y esta vez fue ella la que se mojó como una perra.

A pesar de que se la había limpiado del todo, Ingrid siguió chupando la polla al caballo y en un momento dado enjuagó los restos de humedad de ésta frotándola contra las anchas aureolas de sus dos pezones.

El tío lo ocultó como pudo, pero al ver aquello uno de los chicos feos se corrió dentro de sus calzoncillos sin siquiera tocarse.

Ingrid aún estuvo un rato frotando sus tetas contra el miembro del caballo, pues su textura peluda le hacía cosquillas y le parecía extrañamente agradable. Tras unos interminables minutos haciendo esto, se levantó, cogiendo su camiseta con una mano, abrió la boca para enseñar el semen blanco aún en su lengua y mirando pícaramente a Julia, le dijo.

- Está limpio ama.

Julia no se pudo reprimir y besó a Ingrid metiéndole la lengua bien adentro y compartiendo la leche con ella. La danesa aceptó el beso con gusto y placer y acto seguido se colocó en la postura de sumisión ofreciendo sus pezones a Julia para que se los chupara.

- Mmmmh, dijo, Julia, tras lamerlos larga y repetidamente con deleite, dicen que el semen de caballo es muy nutritivo.

Por su parte, Star y Sara se levantaron a su vez satisfechas mientras hacían desaparecer los últimos restos de semen dentro de su boca y se chupaban los dedos mirando a Julia. La esclava también se levantó con un gesto de agradecimiento.

Fue entonces cuando la cruel Julia hurgó entre la paja con la punta de su bota y manchó ésta con el goterón de semen que había caído.

- Te lo dije, esclava estúpida, ni una gota, ahora tendré que mandar que te castiguen.

Entonces sacó un walkie talkie de un bolsillo.

- Markus, ven al establo y recoge a 27..... Sí, crucifícala en el camino y no la bajes de la cruz hasta que pierda el conocimiento, además quiero para ella tortura de pechos, de ano y de vagina, ah y dale una buena tanda de latigazos...... No que no le pongan mordaza, quiero que las nuevas esclavas oigan cómo grita la muy puta.

Shirley comprendió en ese momento por qué las esclavas tenían un número marcado en la ingle con tinta indeleble. Cada esclava era identificada con un número. En ese momento 27 casi lloraba al saber lo que le esperaba , sin embargo, se tragó sus lágrimas y no protestó.

- Gracias ama, dijo arrodillándose y limpiando la última gota de semen de la bota de la cruel Julia.

Entonces saltó Angélica.

- ¿Cómo puedes ser tan cruel?, te ha obedecido en todo ¿por qué la castigas?

Julia clavó su mirada en Angélica sin poder creer tamaña osadía.

- ¿Cuánto tiempo pensabas pasar en la granja chochito? Le dijo fríamente

Angélica se dio cuenta tarde de su error y adoptó la postura de sumisión.

- Tres.... Tres meses.....ama

Julia la miró de arriba a abajo severamente

- Pues te aconsejo que hoy mismo te vuelvas a tu casa imbécil, pues de lo contrario yo me encargaré personalmente de que te parezcan tres años. Ea, ya hemos perdido mucho tiempo. Y tú 27 espera aquí a Markus y reza lo que sepas.

Julia condujo al grupo por el resto de los establos y les enseñó las ordeñadoras y la perrera.

- A veces en lugar de ordeñar una vaca le ponemos la ordeñadora mecánica a las esclavas, algunas dan leche y todo. Yo una vez la probé en mis pechos y la verdad es que da mucho gusto aunque a partir de un momento dado también hace daño.

Cuando se acercaron a las perreras, los perros montaron una escandalera monumental.

- Y aquí están nuestros "niños", no me digáis que no son preciosos. Están entrenados para guardar el campo y para cazar a las esclavas fugitivas. Un día hicimos una película con ellos. Cogimos a tres esclavas y les dejamos en el bosque sin cadenas, sólo con las manos atadas a la espalda y les dimos una ventaja de diez minutos. Las pobres imbéciles salieron corriendo como si tuvieran alguna posibilidad. Entonces soltamos a los perros que no tardaron ni cinco minutos en atraparlas. Pero lo más gracioso es que cuando llegaron los guardianes se encontraron a los perros follándose a las esclavas. Parecían tontos y estaban mejor entrenados de lo que pensábamos...... Julia miró a las esclavas. Por cierto, ¿habéis follado alguna vez con un perro, queridas?. Os advierto que ese es uno de los entretenimientos favoritos de los guardianes, tenedlo en cuenta cuando firméis el contrato.

Finalmente el grupo salió de los establos para ir a los barracones donde dormían las esclavas. En el camino vieron de lejos cómo dos verdugos le quitaban a 27 las cadenas y se la llevaban para crucificarla. 27 lloraba y pedía piedad pero no se resistía. Yuka, la chica japonesa miró a la joven desde lejos y entonces se acercó a Julia.

Automáticamente, la chica puso la postura de sumisión.

- Perdón señora

- Qué quieres

- Me da mucha pena lo que le van a hacer a la esclava, quisiera, quisiera, hacer algo....si fuera posible....

- Habla de una vez.

- Quiero decir que me gustaría acompañarla.....quisiera consolarla ya sabe,........cuando la crucifiquen.

Julia la miró sonriendo hipócritamente y le acarició el carrillo.

- Así que quieres ver la crucifixión como una vulgar mirona, ¿y si mando que a Markus que te crucifique a ti en su lugar?.

Yuka bajó la cabeza avergonzada rogando en su fuero interno que a Julia se le cruzara el cable y cumpliera su amenaza.

- ¿Y bien?

Yuka se quedó callada roja de vergüenza.

- Contesta, ¿quieres que te crucifiquen a ti?

- Si ese es tú deseo, ama.

Julia sonrió complacida.

- Desgraciadamente aún no puedo hacer eso porque no has firmado el contrato, y aún tienes que someterte al "rito de bienvenida", pero ya que lo pides así intentaré complacerte. Eh Markus, ven acá.

Markus era uno de los dos verdugos que se iban a llevar a 27 y al oír a Julia se acercó al grupo.

- ¿Qué pasa?.

- Mira esclava, este es Markus, un sádico y un obseso de la crucifixión, él es quien normalmente crucifica a las esclavas y las tortura en la cruz.

Yuka casi se meó encima al ver a ese gigantón gordo y malencarad acercarse a ella como si se la fuera a comer. Markus venía vestido con un vulgar mono azul de faena viejo y sucio.

- Qué linda japonesita, tenemos unas cuantas asiáticas aquí pero ninguna tan guapa.

- Dice que quiere ver cómo crucificas a 27, dijo Julia de repente

- ¿De verdad?. dijo Markus, repasando con la mirada los suaves muslos de Yuka bajo la minifalda

- Yuka afirmó con la cabeza aún más avergonzada de que ese tío asqueroso la estuviera desnudando con la mirada..

- En realidad creo que lo que quiere es que la crucifiques a ella en lugar de 27... o junto a 27, lo que tú prefieras.

Yuka miró a Julia molesta por haberse chivado pero no abandonó la postura de sumisión.

- Es una pena, pero hoy no puede ser, antes tienes que pasar por el "rito de bienvenida". Markus miraba a Yuka como un lobo hambriento, reprimiéndose a duras penas y con ganas de romper las reglas y crucificarla. No obstante algo se podrá hacer. ¡Ven aquí preciosa, no te escapes!.

Markus sorprendió a Yuka atrapándola de improviso y brutalmente. Para ello le hizo bajar los brazos y enganchó las dos muñecas de la chica a la espalda atenazándolas con una de sus manazas. El gigantón la tuvo así cogida con una llave y la estrechó con fuerza contra su cuerpo.

Yuka podía haber protestado, pero no lo hizo y ni siquiera forcejeó para que Markus la soltara.

- ¿Por cuánto tiempo vas a firmar el contrato de esclavitud preciosa? Mientras le decía esto Markus le bajaba un tirante de la camiseta y dejaba una de sus redondas tetas al aire.

- Por siete días dijo Yuka jadeando.

- Qué lastima, volvió a decir Markus mientras seguía desnudando a la pequeña japonesa y le sacaba sus dos tetas. Creo que debes pasar más tiempo entre nosotros. ¿Lo haras? Le dijo atrapando uno de los pezones con los dedos y retorciéndolo.

Yuka no dijo nada y aguantó el dolor en silencio.

- Vamos, pequeña, di que lo harás

Finalmente Yuka afirmó con la cabeza suspirando por las caricias y pellizcos del verdugo.

Esta vez Markus se lo dijo al oído mientras le volvía a retorcer uno de los pezones

- Mira puta, vamos a hacer una cosa, tú firmas por tres meses y yo me ocupo de que seas crucificada mañana mismo, ¿estás de acuerdo?.

A Yuka casi le dio un orgasmo allí mismo y tras dudar un momento, volvió a afirmar con la cabeza.

- Buena chica, te voy a dejar que vengas a ver cómo crucificamos y torturamos a 27. Fíjate bien porque eso mismo te lo haremos a ti mañana por la mañana.... muy temprano.

Markus no esperó respuesta sino que sacó una soga de un bolsillo de su mono y se dispuso a atar los brazos de la chica a su espalda. Ni siquiera le subió los tirantes de la camiseta sino que dejó a Yuka con el torso desnudo y las tetas al aire. El verdugo la ató con diligencia y un poco de brutalidad juntando bien los codos tras los omoplatos y luego las muñecas con la misma soga. Ya atada Markus la volteó violentamente, la abrazó y se puso a besarla. Mientras tanto le acariciaba obsesivamente los pechos y le levantaba la falda para sobarle el trasero ante la mirada atónita de los demás y la total sumisión de ella. Finalmente se la cargó al hombro y se la llevó como si no le pesara nada..

- Adiós a todos dijo Markus.

- Más bien hasta luego, añadió Julia, te recuerdo que tenemos que ir a buscar a tu nueva novia japonesa para el rito de bienvenida así que no te encariñes con ella.

Markus se limitó a enseñarle un dedo sin volverse.

Mientras les veía alejarse Julia no dejó de sonreir.

- ¿Veis?, eso es lo que yo llamo "amor a primera vista" y yo ya he hecho otra vez de celestina. Por cierto, os sorprenderá que Markus se haya tomado tantas confianzas con esa chica pues en realidad Yuka no ha firmado aún el contrato de esclavitud, y por tanto, técnicamente no es una esclava todavía. Sin embargo algo me dice que ella ya es su perrita ¿no os parece?.



Os esperamos en Sexonet
FECHA El 05/07/10 a las 04:07:45 IP GUARDADA Enviar Privado Añadir Amigo · Enviar Privado Enviar Privado · Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
Online sexonet
Administrador
Administrador



Mensajes:
Visitas:
Lecturas:
Fecha Reg.:
2381
669
943
El 15/12/07 a las 02:12:45

Capítulo 3 La "ducha" de las esclavas

La visita al campo continuaba y mientras el grupo se dirigía hacia los barracones de las esclavas Julia les siguió explicando.

- Como sabéis "Campo de Esclavas" tiene algo de parque temático, por tanto, es lógico que ofrezcamos a nuestros visitantes la posibilidad de participar activamente en algunos aspectos de la vida del campo. De hecho, a las chicas del grupo de visitantes os voy a ofrecer una pequeña experiencia como esclavas, voluntariamente, por supuesto.

- ¿De verdad?. Shirley vio su oportunidad de darle más morbo a su reportaje.

- Si, por ejemplo podemos dejar que un amo os ate desnudas o bien podéis experimentar gratuitamente "la ducha de la esclava". No tenéis que pagar ningún extra por esto pues va incluida en el precio de la entrada. Yo os recomiendo esto último.

- ¿Qué es eso de la ducha?, dijo la mujer morena del grupo, repentinamente interesada.

- Ahora mismo lo vais a ver, no os impacientéis.

Julia les llevó hasta los barracones, unos pabellones formados por un largo pasillo flanqueado por decenas de celdas donde dormían las esclavas. Todas las celdas eran iguales, se trataba de pequeños habitáculos con una estera en el suelo, un inodoro y un bidet.

Cada celda estaba aislada de las contiguas por una pared de ladrillo y comunicada con el pasillo por una reja. Por tanto las esclavas debían comer, dormir y hacer sus necesidades a la vista de los guardianes. En ese momento las celdas estaban vacías, aunque había algunas esclavas limpiando que se afanaban por dejarlo todo como los chorros del oro.

- Las esclavas duermen en celdas individuales sobre la esterilla, convenientemente amordazadas y con las manos atadas a la espalda. Saben que tienen prohibido masturbarse por voluntad propia y no queremos que hagan cochinadas aprovechando la noche. Cuando toca diana se abren las celdas y se les liberan las esposas para que hagan sus necesidades y se limpien bien sus vergüenzas. Además cada mañana están obligadas a hacerse un enema y a limpiarse bien la cloaca, esto no es una granja de cerdas. A los clientes no les gustan las esclavas sucias y aquí no está permitido el scat ni guarradas parecidas.

Repentinamente Julia se dirigió a las esclavas

- A vosotras os advierto desde ahora que si un cliente o un amo se queja de que tenéis el agujero del culo sucio haré que os pongan un enema con agua muy caliente. Debe ser muy doloroso porque las chicas que reciben este tipo de enemas gritan como animales. ¿Alguna pregunta?.

Nicole, la esposa del matrimonio joven, intervino.

- Estaba hablando con mi marido sobre esa especie de patíbulo que hay en el pasillo, ¿para qué se utiliza?.

- Efectivamente es eso, un patíbulo.

- ¿Es para las esclavas que se masturban sin permiso?

- Oh no, masturbarse sin permiso es una falta muy grave y conlleva una condena

- ¿Una condena?

- Sí, ya os he dicho que al final os explicaré eso.

- En realidad el patíbulo sirve para otra cosa, como podéis ver consta de un cepo de madera en forma de tau, sólidamente anclado en el suelo. Estos agujeros son para aprisionar la cabeza y los brazos de la víctima. Si se le aprisiona el cuello y los brazos con esto la esclava queda inmovilizada y con la retaguardia indefensa.... Sin embargo, mejor que explicarlo sería hacer una demostración real. ¿Alguna voluntaria?.

- Yo, yo, Sierra y Micaela levantaron la mano a la vez.

- Ven tú misma, negrita.

Julia levantó la madera superior del cepo y la hizo girar sobre una bisagra.

- Desnudate.

Maicaela se quitó la camiseta y después la falda sonriendo a los demás visiblemente excitada. Entonces colocó las manos en la nuca en postura de sumisión

- Mmmh, qué cuerpo tan bonito tienes negrita, me encanta ese culo respingón.

Julia no perdía ocasión de magrear y acariciar a las esclavas. así que Micaela también recibió sus atenciones.

- Ven, agáchate, pon tu cuello aquí y las muñecas en los agujeros pequeños. Micaela obedeció y entonces Julia cerró la parte superior del cepo dejándola inmovilizada.

- Como veis, esta esclava está indefensa y puedo darle de latigazos a placer: en el culo, en las piernas y en la espalda. Julia dijo esto mientras le acariciaba el trasero y los muslos. Además es ideal para follársela por el coño, por el culo y por la boca o por dos sitios a la vez.

De repente, Julia arrugó la nariz.

- Oye niña, esto parece un bebedero de patos, le dijo al pasar sus dedos por la raja del coño. No te estarás poniendo cachonda ¿verdad?. Bueno, bueno, pero que cerdas sois.

Julia se puso a rebuscar entre varias cosas que había en una caja.

- Esto se merece,... algo especial,... sí, esto servirá.

Entonces sacó una mordaza de goma en forma de polla sujeta por dos correas.

- Observad y aprended, esclavas.

Julia cogió la mordaza y pringándola un poco con los jugos vaginales de Micaela la penetró con ella suavemente.

- ¡Aaaaah!

- Tranquila cerdita, tranquila, ya va, dijo Julia dando vueltas y pringando bien la mordaza dentro del coño. Al sacarla, la polla de goma estaba pringada, cubierta de un viscoso líquido vaginal. Julia la puso en vertical para no derramarlo y se fue hasta la boca de Micaela.

- Abre la boca y cierra los ojos, preciosa, ya verás qué rico.

Micaela era nueva en el sado, pero le excitó tanto lo que le iban a hacer que abrió bien la boca para que ésta le encajara el falo-mordaza y le atara las correas al cuello. Algunos se rieron por las perversas ocurrencias del ama.

- ¿Te gusta cómo sabe?

- Mmmmh

Micaela afirmó con la cabeza saboreando los jugos de su propio coño.

- Bueno negrita, y ahora te vas a quedar aquí como una buena chica mientras los demás vamos a ver las duchas.

- Aún no nos ha dicho para qué se utiliza el cepo dijo Nicole, la esposa del matrimonio.

- A sí, se me olvidaba. "Campo de esclavas" es un lugar lleno de rituales y uno de ellos es éste. Los barracones de las esclavas deben ser vigilados por las noches por tres o cuatro guardianes. Como comprenderán se trata de un trabajo muy aburrido, así que a los guardias se les ha ocurrido una diversión a la que llaman "la lotería".

- ¿La lotería?.

- Sí, todas las noches cuando las esclavas se van a sus celdas, los del turno de guardia les mandan formar y sacan una bola a suertes. La esclava cuyo número coincida con la bola es llevada inmediatamente al cepo y pasa la noche atada a él como está Micaela ahora..

- ¿Y entonces?.

- Pues nada que los guardias se divierten con ella toda la noche y así pasan el rato, se la follan, le dan latigazos, le queman las tetas con un cigarrillo, lo que se les ocurra. Por cierto, esta mañana me han dicho que la lotería de esta noche estará reservada sólo a las nuevas. Es su manera de daros la bienvenida. Y palmeando el culo de Micaela, dijo ¿quién sabe negrita?, quizá tengas suerte esta noche, mientras tanto, vete haciéndote a la idea. Bien, y ahora vamos a las duchas.

El grupo se encaminó a las duchas dejando a la joven negra en el cepo con el culo en pompa y casi chorreando su propios flujos.

- Esto son las duchas y aquí les hacemos la toilette a las esclavas todas las mañanas.

- Pero, si no hay duchas, dijo Shirley.

Efectivamente, el lugar era un gran espacio iluminado con neones y con las paredes cubiertas de azulejos blancos. El suelo era de terrazo y estaba inclinado a tramos hacia unos sumideros de rejilla. Del techo pendían cadenas a tramos.

- Ya os he dicho que aquí practicamos la "ducha de la esclava" que no es como una ducha normal, a ver, las del público, ¿alguna se anima a tomar una ducha?. Las chicas del público se miraron entre sí, sin decidirse.

- Vamos, ¿no queréis sentiros como esclavas durante unos minutos?, será muy excitante, os lo prometo.

- Pero no entiendo, dijo la novia pija, ¿cómo se hace?

- Si queréis saberlo alguien tendrá que darse una ducha.......¿Nadie?

- Venga, yo. La mujer morena sorprendió a todos al presentarse voluntaria.

- Por fin, una valiente, ¿cómo te llamas?

- Karen.

- Muy bien, desnúdate y deja tu ropa en esa percha.

- ¿Desnuda?, ¿del todo?

- Supongo que no te ducharás vestida.

Era lógico, así que tras una breve vacilación, Karen se empezó a desnudar sin importarle demasiado que los hombres la miraran. Estaba tan caliente por lo que estaba viviendo esa tarde que accedió a lo de la ducha como arrastrada por un impulso irresistible. De este modo se desabotonó el vestido largo que llevaba, luego se soltó el sostén y finalmente se sacó las bragas. Nadie se había percatado de que Karen tenía un cuerpo tan bonito aparte de un rostro muy agradable, pero su cuerpo escultural resaltó aún más cuando Julia hizo que dos verdugos la colgaran de un gancho con los brazos en alto. Para ello le puso unas esposas con las manos por delante y colgó las esposas de una cadena situada sobre su cabeza. A pesar de su altura, Karen se vio obligada a ponerse de puntillas.

El estar así atada y desnuda delante de tanta gente Karen se calentó sin quererlo y se puso a fantasear con que ella también era una esclava

- ¿Por qué no empezais ya?, gritó haciendo eco en las paredes. Pero al ver que los hombres la miraban con deseo, le dio vergúenza y se dio la vuelta mostrando su trasero y espalda.

Marsha miraba a Karen con rabia pues no tenías nada que su cuerpo no tenía nada que envidiarle.

- ¿Has visto?, dijo uno de los chicos, que tía tan buena, está buenísima, ¿por qué no será ella una de las esclavas?, yo pagaría lo que fuera por follarla.

Inesperadamente eso molestó a Marsha. De este modo se acercó al chico y se quitó el uniforme delante de él.

Una vez desnuda, Marsha se puso bailar delante de él como si fuera una bailarina de strip tease, restregando el trasero contra su paquete. Finalmente le cogió de las manos y se las puso en sus propios pechos

Julia debería haberle reprendido, pero le dejó hacer.

- ¿Qué me dices ahora, pichafloja? ¿acaso no sabes reconocer a una tía buena?. Si quieres un cuerpazo aquí lo tienes, y si tienes huevos vente mañana con pasta y fóllame y no a esa calientapollas que quiere ser esclava pero que no se atreve. Repentinamente Marsha se quitó las manos de encima con violencia, Quita maricón, le dijo

Entonces puso las muñecas juntas y se las ofreció a Julia.

- Yo también quiero ducharme, ama.

- Como quieras.

En unos segundos las dos bellezas estaban maniatadas y colgadas por las muñecas de sendos ganchos. Marsha miraba desafiante a Karen.

Repentinamente volvieron a aparecer los dos guardianes.

- Dadles una ducha a estas dos, dijo Julia

Los hombres fueron entonces a buscar dos mangueras y entonces todo el mundo comprendió, incluidas las chicas atadas. Sin embargo, antes de que pudieran reaccionar dos chorros de agua helada a presión impactaron en su cuerpo haciéndolas cerrar los ojos y gritar como posesas.

- Ja, ja, ja, reía Julia divertida, ¿os gusta la ducha?

Las dos jóvenes se pusieron a gritar y empezaron a debatirse y dar vueltas sobre sí mismas intentando evitar inútilmente el impacto del agua sobre su cuerpo.

El manguerazo no duró mucho, pero cuando cortaron el agua Marsha y Karen rotaban sobre sí mismas, completamente empapadas y jadeando. De todos modos, que pararan las mangueras no significaba que se hubiera acabado la ducha, y los guardianes se acercaron a las chicas con pastillas de jabón de la ropa y cepillos de cerdas duras como alambres.

- Ahora las van a enjabonar, dijo Julia riendo, ya veréis cómo gritan.

Efectivamente, tras untarles bien de jabón y dejar su piel brillante, los verdugos se pusieron a cepillar su cuerpo con aquellos cepillos ásperos como lijas.

Había que oír a las dos gritar y suplicar. Los guardianes les limpiaron a conciencia frotando con fuerza las piernas, el culo, el vientre, la espalda y las tetas

- Basta, basta...BASTA, no puedo más basta, gritaba Marsha histérica. No aguanto más por favor.

Pero los verdugos no paraban con los cepillos y volvieron a repasarlas por todo su cuerpo..

Karen también gritaba llorando y pidiendo por favor que pararan

Finalmente cuando pararon, los guardianes dejaron los cepillos y volvieron a coger las mangueras para quitarles el jabón. Agua a presión, dolor, gritos y sollozos. El proceso se repitió durante un par de minutos más hasta que las mangueras pararon y el agua enjabonada se fue deslizando mansamente hacia el sumidero.

- Listas, dijo un guardia, y descolgándolas de los ganchos las cogieron de la cintura para evitar que se desplomaran agotadas. Entonces les quitaron las esposas y se marcharon de allí con sus artilugios.

Julia se acercó a las jóvenes con unas toallas.

- Vamos, vamos, no lloréis más, no ha sido para tanto. A las esclavas las duchamos todas las mañanas y aguantan, gritan un poco, pero no lloran tanto como vosotras.

Las dos llorosas jóvenes cogieron entonces las toallas para secarse, estaban temblando de dolor y con el pelo empapado.

Ya seca, Shirley ofreció a Marsha su camiseta y su faldita para que se volviera a cubrir. Asimismo, Julia ofreció sus ropas a Karen para que volviera a vestirse., pero para sorpresa de todos ella las rechazó.

- Señora dijo adoptando la postura de sumisión, ¿No tendría otro uniforme para mí?

Julia comprendió al momento y miró a Karen maravillada.

- ¿Tú también quieres firmar un contrato de esclavitud Karen?

Sí, ¿puede ser?.

Julia no le contestó, sino que volvió a llamar a los dos guardianes

- Esta visitante quiere entregarse como esclava y firmar un contrato de esclavitud, llevádsela al director e informadle.

- De acuerdo.

- ¿Por cuanto tiempo vas a firmar?

- Por el máximo, tres meses. Karen lo dijo sin pensar.

- Estaba segura, luego te veré en el rito de bienvenida. Y el grupo se marchó dejando a Karen con los guardianes.

Cuando desaparecieron por el corredor, Karen se quedó a solas con los dos hombres. Para variar éstos dos eran bastante guapos y atractivos y no tendrían más de 35 años.

Repentinamente Karen se empezó a calentar de estar desnuda y a solas delante de dos guapos desconocidos e intuitivamente volvió a adoptar la postura de sumisión.

- ¿Cómo os llamais?, se atrevió a decir.

- Yo soy Harry y éste Michael, aunque aquí le llamamos "el electricista", pero no porque le guste colocar bombillas ni nada parecido..

Los dos individuos se rieron y Karen no entendió de qué.

- No os entiendo, dijo ingenuamente.

- No te preocupes, le dijo el electricista mirándole las tetas, ya lo entenderás cuando te llegue la hora.

- De todos modos, tú nos llamarás "amo" o "señor" Y ahora te vamos a llevar a la casa grande, hay que ir a ver al director.

- ¿Me vais a llevar así?

- Si quieres, puedes cubrirte con algo, aún tienes derechos.

- No, no me habéis entendido, deseo que me tratéis como una esclava desde ahora mismo así que tengo que permanecer completamente desnuda, pero yo creía que además me íbais a atar las manos.

Los dos tíos se miraron.

- ¿De verdad que quieres ir atada y amordazada donde el director?

- Sí, Karen ya no tenía vergüenza de expresar sus deseos.

- ¿Delante de todo el mundo?

- Sí, por favor. Karen estaba cada vez más cachonda.

- Como quieras guapa.

El electricista entró en un cuartucho y en unos segundos sacó un aparatoso juego de grilletes y una ballgag.

A Karen le dio un repentino escalofrío al ver todo aquello, ella había pensado en unas simples esposas o una cuerda.

Sin más ceremonia, Harry se lo empezó a colocar todo encima, primero los dos grilletes en los tobillos. Estos estaban separados entre sí por una corta cadena que a su vez continuaba con una cadena más larga que conectaba con las esposas de las muñecas. Estas se las cerró con las manos por delante y de manera que ella tenía que mantenerlas pegadas una a la otra a la altura del ombligo. La cadena central era tan corta que Karen se vio obligada a ir encorvada en todo momento.

- Amordaza a esta puta para que no grite cuando le pellizque las tetas

El electricista cogió entonces la mordaza de goma y se la metió bien entre los dientes anudándola a la nuca con violencia.

- Mmmmh, Karen se quejó de tener que mantener esa bola tan gorda presionando sus mandíbulas.

- Tranquila preciosa, no te quejes aún que ahora viene lo mejor. Karen miró hacia abajo y vio cómo Harry le mostraba una pinza de cocodrilo que colgaba de la cadena central. Repentinamente la joven comprendió alarmada, pero ya era tarde. El verdugo fue muy cruel pues le cerró la pinza directamente en la base del clítoris. Karen lanzó un brutal alarido, y todo su joven cuerpo tembló de dolor durante unos interminables segundos, pero cuando sus ojos llenos de lágrimas volvieron a abrirse se dio cuenta de que el tipo tenía entre los dedos otras dos pinzas de cocodrilo conectadas a las esposas por cadenas muy cortas.

- Y éstas son para tus pezoncitos guapa.

- ¡MMMMMMhhhhh!.

Karen se retorció de dolor y apenas pudo mantenerse de pie cuando las pinzas le mordieron los dos pezones uno detrás de otro.

- Bueno ya estás atada como querías, perra, sólo un detalle más, y el guardián le puso un dogal al cuello y lo apretó un poco más de la cuenta.

- Y ahora andando.

Así maniatada, Karen tenía que andar totalmente encorvada dando ridículos pasitos cortos mientras las pinzas tiraban de sus partes más sensibles a cada movimiento.

- ¡Zaaas!.

Un fustazo cortó el airé y le impactó en el trasero.

- MMMMMhhh

Karen se volvió a doblar de dolor, la bella joven no podía creer aquello, se había entregado por las buenas a aquellos sádicos y sin embargo, pocos minutos desués ya la maltrataban sin piedad.

- Más deprisa, no tenemos todo el día.

La joven tuvo que hacer así todo el trayecto hasta la casa grande que distaba de allí casi un kilómetro, recibiendo frecuentes fustazos y oyendo las risas y chanzas de la gente con la que se cruzaban.

Karen lloró y babeó durante ese interminable paseo, pero poco a poco descubrió que aquello le excitaba. Todos los que se encontraron en el camino se interesaban por ella al ser nueva.

- ¿Os la lleváis a la casa nueva?, ¡qué suerte!. Mañana me la pido yo.

- Oye, electricista ¿no te parece que la masoca esta está muy buena?, dijo Harry tirando del dogal.

- Sí, ya me he dado cuenta.

- ¿Te parece que nos la llevemos mañana a la casa grande?.

- Sí, en cuanto se la llevemos al director me iré a reservar una sala de tortura.

- Coge la del potro medieval, vamos a estirar a esta tía unos centímetros.

- Sí, ja, ja, va demasiado encogida habría que estirarla un poco.

Y el tipo le volvió a dar otro fustazo con todas sus ganas.

Karen ahogó un grito e inmediatamente recordó el alarido de mujer que había salido de las mencionadas mazmorras de la casa grande e involuntariamente su entrepierna se fue humedeciendo.

Entretanto, el grupo de visitatantes había llegado otra vez al cepo donde habían dejado a Micaela.

- ¿Serán bastardos? dijo Julia cabreada. Eh vosotros, quitadle las manos de encima.

Micaela seguía en la misma postura en que le habían dejado, pero ahora tenía tres guardias alrededor de ella con los pantalones bajados meneandose la polla y sin parar de sobarla.

- Os he dicho que la dejéis. Julia se abalanzó sobre ellos blandiendo su fusta.

- Eh, eh, eh, tranquila marimacho que no le hacíamos nada sólo nos la pelábamos a su salud.

- A quien llamas marimacho, imbécil, sabéis que a ésta no le podéis hacer nada hasta mañana así que no la toquéis. Julia quitó el seguro del cepo y lo abrió para liberar a Micaela. Esta se incorporó entumecida y dolorida y se quitó la mordaza escupiendo al suelo parte de su contenido.

Los tíos la seguían mirando con deseo mientras se guardaban la polla, y Micaela recogió sus ropas para cubrirse aún atemorizada. Cuando el grupo ya se iba, los hombres se la quedaron mirando.

- Adios chicos, dijo Micaela, lo siento, pero os habéis quedado con las ganas.

Uno de ellos le contestó simulando una felación con una mano y moviendo la lengua contra el carrillo.

Micaela se olvidó por un momento de su condición de esclava y le enseño el dedo corazón proyectado hacia arriba.

- Ve con cuidado negrita dijo uno amenazante. Esta noche nos toca guardia, y puede que te toque a ti la lotería. Micaela les sacó la lengua y se levantó la falda enseñándoles su terso culo.

- Ja, ja, ja, se rieron ellos dándose palmadas.

- Felicidades negrita, le dijo Julia cuando salían, creo que esta noche vas a follar.

- ¿Hablaban en serio? De todos modos lo tienen que hacer a suertes, es improbable que me toque la "loteria".

- ¿A suertes? sacarán el número que les de la gana, ¿qué te crees?. Además te has atrevido a insultar a tus futuros amos. Si firmas ya sabes lo que te espera muchacha..

No hay duda de que Micaela se arrepintió de lo que había hecho, y se arrepentiría aún más esa noche, pero en ese momento un escalofrío de miedo y de placer le recorrió todo el cuerpo.

El grupo siguió la visita por el prostíbulo del campo. En ese momento no había casi clientes, así que sólo había dos esclavas trabajando, y las dos estaban en el gloryhole.

El gloryhole era un habitáculo que simulaba una sucia toilette de estación de metro con el piso lleno de meados. Contrastando con la pulcritud de las instalaciones, aquello olía a orines que echaba para atrás. A pesar de eso, las dos chicas se afanaban en chupar sendas pollas que asomaban por dos agujeros laterales; una blanca y otra negra. Las feladoras tenían las manos atadas a la espalda y se mantenían en cuclillas a duras penas, sobre todo para evitar posar las piernas y el trasero en el charco de orines.

- Qué asco, dijo la novia pija arrugando la nariz, vámonos de aquí, pero su novio se quedó extasiado mirando la escena.

- Oye Carla, le dijo su novio David. ¿Por que no te metes ahí dentro y te comes una de esas dos pollas?. Me daría mucho morbo.

- ¿Estás loco?, me da mucho asco y es humillante, métete tú y cómete las dos pollas si quieres.

Julia intervino cambiando de tema.

- No creáis que todo el prostíbulo es así, ese asqueroso retrete es una petición expresa de algunos clientes y por eso lo tenemos así de guarro, sin embargo, las habitaciones son limpias y confortables.

- ¿Se puede azotar a las esclavas en el prostíbulo?, preguntó el cincuentón solitario.

- En principio no. A las esclavas se les puede atar mientras te las follas pero nada más. Si quieres infligirle castigos físicos a una chica no te queda otro remedio que participar en la subasta.

- Qué. Le dijo Julia a Carla señalando el Gloryhole ¿No te decides?.

- Quita, quita, qué asco, me dan ganas de vomitar

Julia se llevó a la joven a un aparte y le habló entre susurros.

- ¿Quieres mucho a tu novio?

- Sí

- ¿Quieres que te sea fiel toda la vida, que te sea fiel y que te de placer todos los días?

- Por supuesto, mira ésta.

- Pues entra ahí dentro y haz una mamada. Te aseguro que a tu novio, esa escena no se le olvidará en la vida y te deseará para siempre como a ninguna otra mujer. Cuando follan con sus parejas, muchos hombres tienen fantasías imaginándoselas como putas o como esclavas.

Carla se quedó pensativa pero sólo necesitó unos segundos para comprender.

- O sea que aparte de sádica también eres sicóloga. No tendrás una pinza para la nariz, ¿verdad?.

Para sorpresa, de su novio, Carla se acercó a él y empezó a desnudarse.

- Ten toma mi vestido y mis braguitas que no quiero que se manchen de pis.

- ¿Lo vas a hacer?, preguntó David alucinado.

- Pues sí, yo también estoy cachonda de ver a tanta sumisa, y cruzando los brazos a la espalda le dijo a Julia.

- ¿Me atas?

Julia cogió una soga y le ató las manos a la espalda. Hecho esto, Carla entró en el gloryhole y sustituyó a una de las esclavas.

Le costó bastante vencer su asco y sus nauseas, pero finalmente se metió en el papel y se puso a hacer la mamada.

La polla era grande, con un glande gordo y brillante y una vena gruesa y azulada. La verdad es que estaba a punto de caramelo por la mamada que le había hecho la esclava y ya amenazaba con derramarse una gota de semen líquido desde la punta.

Carla pensó en lo que le había dicho Julia, así que no quiso acelerar la mamada y poniendo su lengua dura lamió la polla de la base a la punta lentamente sin dejar de mirar a su novio a los ojos. Al llegar a la punta recogió con la lengua la gota de semen y se puso a jugar con ella lascivamente y finalmente la dejó derramar de su lengua cayendo sobre un muslo. Entonces miró otra vez a su novio sonriendo, después miró la polla y repentinamente se la metió hasta dentro, hasta la garganta y ahí la mantuvo un buen rato con los ojos cerrados. Todos oyeron perfectamente un suspiro de hombre detrás de la pared..

A esas alturas, David estaba totalmente empalmado y Julia quiso que la fantasía fuera completa.

Bueno, podemos considerar que esto también está incluido en el precio. Oye tú.

Julia se dirigió a Daisy que se acercó y puso la postura de sumisión pero sin dejar de mascar su chicle..

Julia le puso la fusta delante

Pega aquí el chicle y hazle una mamada a este chico, que su novia está ocupada en este momento. Daisy obedeció, se agachó y sacando el pene de David se lo metió en la boca sin dudar

- ¿Que le ha dicho a Carla para que acceda?. Dijo David a Julia mientras se la felaban.

- Calla y disfruta.

Carla siguió con su propia felación despacio o rápido, cambiando el ritmo para que ese tío no se corriera demasiado pronto. Le jodió que otra tía se la estuviera comiendo a su novio pero entendió que formaba parte del sacrificio que ella estaba haciendo.

- ¡Qué olor tan asqueroso!, eso sí que no se lo podía quitar de la cabeza.

El caso es que la chica no se dio cuenta, perdió el equilibrio y dio con su trasero en el suelo en pleno charco de meaos.

La joven temblaba de grima.

- Dios, ¡pero qué asco!

Julia le gritó.

- Ya estás pringada del todo, no puedes estar más sucia así que acaba lo que has empezado puta.

Carla le miró, tenía razón, ya no podía sentirse más sucia. Entonces sin preocuparse más por mantenerse en cuclillas volvió a hacer la mamada, y esta vez no paró hasta que el tío se corrió en su boca. Entonces, pringada de semen, se afanó bien en limpiar la polla y se volvió para buscar a la otra esclava. Esta dejó momentaneamente su propia fellatio y ambas compartieron el semen besuqueándose como dos perras en celo. Tras un rato de hacer guarradas, la novia pija empujó a la esclava dándole a entender que también quería terminar de felar la segunda polla. Esta era negra y bastante larga. La chica se la metió en la boca y estuvo mamándola enérgicamente y sin descanso durante tres o cuatro minutos hasta que el tipo se corrió suspirando de gusto. Completamente desinhibida, la chica no dejó salir el esperma sino que se lo fue tragando a medida que le entraba en la boca. Cuando terminó, miró otra vez a su novio y saliendo del Gloryhole se dirigió hacia él.

Quita puta, le dijo a Daisy dándole un empujón con la cadera, esta polla es de mi propiedad. La chica se agachó y empezó a chupársela a su novio. Carla estaba como loca, veinte pollas que hubiera habido para ella, veinte pollas que se hubiera comido

- Así, cariño así decía David a punto de correrse.

La fellatio de Daisy había producido su efecto así que Carla no tardó en tener el esperma de su novio en la lengua. Esta vez no lo pudo retener dentro, pues David la agarró del pelo en el último momento y separó el rostro para regarle la cara de lefa.

- Aaaah, aaaah, el joven bramó de placer a cada disparo de su miembro hasta completar un total de cinco.

Tras recuperarse, su novia volvió a tragar el pene para limpiarlo bien, lo hizo con mucho cuidado y dedicación, a lametones largos y tragando todo el esperma. La amorosa escena finalizó y Carla se levantó mirando satisfecha a Julia y guiñandole un ojo a pesar de que tenía un goterón de semen viscoso en el párpado.

- Necesito una ducha, le dijo

- Por supuesto, en el mismo prostíbulo hay unas cuantas, y cuando hizo ademán de desatarle las manos ella le rehuyó.

- ¿Te duchas conmigo?, le dijo a su novio invitándole a follar.

- Por supuesto.

Sobra decir que los dos jóvenes no continuaron la visita al campo.

- ¡Qué tortolitos!, dijo Julia mientras se entretenía pringando el chicle que tenía pegado en la fusta con un charquito de semen.

- Por cierto, esclava.

Daisy se volvió de improviso

- Me parece una falta de educación mascar chicle delante de tus superiores, pero para que veas que no soy tan mala te lo devuelvo.

- No, no lo quiero.

- Te he dicho que te lo metas en la boca.

A Daisy no le quedó otro remedio, se lo metió en la boca y ahogó una arcada.

- ¿Está bueno puta?

Daisy mintió afirmando con la cabeza.

- Si veo que te lo sacas de la boca mandaré que te crucifiquen, ¿está claro?.

- Sí ama.

La visita al prostíbulo no duró mucho más al carecer de mayor interés.



Os esperamos en Sexonet
FECHA El 05/07/10 a las 04:07:35 IP GUARDADA Enviar Privado Añadir Amigo · Enviar Privado Enviar Privado · Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
Online sexonet
Administrador
Administrador



Mensajes:
Visitas:
Lecturas:
Fecha Reg.:
2381
669
943
El 15/12/07 a las 02:12:45

Capítulo 4 Los estudios de grabación

Tras dejar atrás el prostíbulo, Julia llevó el grupo hacia los estudios de grabación

- Bien, ahora vamos a ir a los estudios donde en este momento se están filmando tres películas distintas. Vuelvo a decir que ésta es la parte "fuerte" de la visita y como digo, es posible que alguien no pueda soportarlo así que si alguno quiere echarse atrás está aún a tiempo..... ¿Nadie? Muy bien síganme.

En el camino a los estudios, el grupo tuvo que recorrer buena parte del campo, de hecho, cuando se encaminaban hacia los estudios oyeron un lejano lamento de mujer. Julia lo reconoció perfectamente y consultó su reloj.

- Debe ser 27 que ya estará sufriendo sus primeros calambres. Lógico pues calculo que lleva casi una hora colgando de la cruz. Vamos hacia allá.

El grupo siguió andando guiado por los gritos y gemidos de 27, hasta que finalmente a lo lejos vieron la escabrosa escena. Una figura humana colgaba de una cruz de madera y no dejaba de debatirse. Los gritos desesperados y quejas de 27 siguieron y siguieron hasta que ella se dio cuenta de que tenía visita.

- Bajadme, por favor, bajadme de aquí, les dijo a los visitantes, no puedo más. Piedad, ama Julia, no volveré a hacerlo, por favor.

27 se estiraba y retorcía los miembros de su flexible anatomía intentando aliviar en vano sus sufrimientos. Para ese momento tenía agarrotados brazos y piernas y tenía intensos dolores en la espalda. Markus aún no la había flagelado, pero había colocado dos pinzas de cocodrilo en los labios de la vagina y los había enganchado por medio de unas gomas muy tensadas al dedo gordo del pie. Esto provocaba que cada vez que 27 se removía o agitaba se hería ella misma entre las piernas. Lógicamente la chica lloraba de dolor.

Como había previsto Yuka, 27 había sido crucificada en una crux hummilis. La cruz no mediría ni dos metros de alta y en ese momento 27 permanecía crucificada en la postura favorita de Markus, colgando de las muñecas con los brazos muy estirados en forma de "y" griega y las piernas dobladas como si estuviera en cuclillas. Era una postura muy estudiada que tendía a agolpar la sangre en las piernas y estiraba el torso de la esclava dificultando su respiración. Sin embargo, le permitía un cierto alivio si conseguía auparse sobre sus piernas. Sólo que teniendo como tenía los labia pinzados con aquellas odiosas pinzas de cocodrilo, cada vez que intentaba incorporarse, 27 veía las estrellas.

La joven apareció ante los visitantes muy nerviosa y respiraba a bocanadas cortas interrumpidas por lamentos del esfuerzo de estirar todo su cuerpo hacia los lados y cambiar de postura continuamente.

Delante de la cruz había una manta tirada en el suelo, en la que se disponían en desorden diversos instrumentos y cachivaches que Markus había traído para torturar a 27. Precisamente el verdugo había pedido a Yuka que le ayudara con el instrumental y ésta aceptó, de manera que tras limpiar, engrasar y ordenar diversos tipos de látigos sobre la manta, la pequeña nipona se estaba afanando en limpiar unas agujas hipodérmicas en alcohol y colocarlas en una caja al lado de una vela.

Ignorando el sufrimiento de 27, a la que de vez en cuando se atrevía a observar tímidamente, Yuka siguió ayudando metódicamente al verdugo sospechando que esos mismos instrumentos de martirio serían utilizados sobre su propio cuerpo al día siguiente.

- Hola ama, dijo levantando la cabeza cuando Julia y los demás se acercaron a ella. Entonces puso la postura de sumisión pero manteniéndose de rodillas.

- Sigue con lo que estabas haciendo. Bien, aquí tenéis a 27, no sé qué tiene la cruz que acentúa la belleza del cuerpo humano, pero viendo sus contorsiones ahora me parece que 27 tiene un cuerpo más bonito.

Al ver que Julia empezaba a hablar, Markus amordazó a la mujer de la cruz para que sus quejas no le molestaran en sus explicaciones .

- Gracias Markus. ¿Cuánto tiempo crees que aguantará la puta antes de desmayarse?.

- Hombre, no había pensado inyectarle ningún estimulante, pero la chica es fuerte y creo que durará al menos cuatro o cinco horas antes de perder completamente el sentido.

- Sólo lleva una hora y ya veis cómo sufre, o sea que podéis imaginar el suplicio que le espera. Supongo que eso os servirá como advertencia.

- ¿Podemos tocarla?, dijo uno de los chicos feos del grupo.

- Sí, por supuesto, pero nada de follártela. La puedes masturbar si quieres pero que no se corra sin mi permiso.

Los tres chicos se sonrieron entre sí y se acercaron a tocar a 27.

Entretanto Julia siguió con sus explicaciones.

- Como veis, 27 está sufriendo un tormento atroz porque ha desobedecido una orden, sin embargo, quiero que quede claro que en todo momento, cualquier amo o ama puede aplicar o mandar aplicar a una esclava el castigo que desee, por puro capricho o con razón justificada, eso es lo de menos.

Julia se acercó a la chica japonesa y le acarició la cabeza como si fuera una perrita.

- Así, por ejemplo, si firma el contrato de esclavitud, nuestra pequeña Yuka sufrirá mañana un tormento análogo y si conozco bien a Markus, mucho más duro y cruel que el que está experimentando 27.

Markus hizo como que no oía.

- Oh sí, con ayuda de un cóctel de estimulantes puedo prolongar la crucifixión de la chica japonesa diez o quince horas. Tiene un cuerpo pequeño y flexible y podrá auparse en la cruz con poco esfuerzo.

Yuka se volvió a excitar y avergonzar de que hablaran con tanta frialdad de su propio castigo y se refugió otra vez en la limpieza del instrumental de tortura.

Junto a las agujas hipodérmicas de tres centímetros también había pinwheels, pequeñas pesas con pinchos y consoladores para el coño y para el ano con superficie lijosa y abrasiva. En otra caja había un generador eléctrico y varios cables enrrollados junto a pinzas y dildos diversos así como una buena colección de pinzas: de la ropa, de cocodrilo, etc.

Yuka cogió una pinza de cocodrilo y disimuladamente se la cerró en la yema de un dedo. Le hizo tanto daño que se mordió la lengua para no gritar. ¡Y allí había como cincuenta pinzas de esas para ponérselas por todo el cuerpo!. Entonces cogió otra caja y abriéndola vio dentro otras agujas, esta vez de quince centímetros de largo. Las agujas eran muy puntiagudas y todas tenían mango de madera. Algunas estaban ennegrecidas y ensangrentadas a tramos. La joven asiática cogió una con la mano temblorosa y antes de meterla en alcohol oyó a Markus que decía.

- Limpia bien esas agujas, no quiero provocarte una infección en esos bonitos pechos.

Yuka comprendió por fin. Involuntariamente se llevó las manos a los pechos, y se mareó. Y sin que nadie se diera cuenta empezó a mearse de gusto y a tener un orgasmo que ella intentó disimular como pudo.

- Mh,...mmmhh, mmmhhh..

Los gritos de 27 le sacaron por fin de su ensimismamiento.

- Eh qué hacéis, esa puta se va a correr y no tiene permiso para ello.

Los chicos se vieron sorprendidos por la voz autoritaria de Markus y apartaron las manos de 27. Uno de ellos tenía los dedos de la mano manchados de flujo vaginal. Seguramente esos tres chicos fofos y freakys jamás habían tenido la oportunidad de acariciar a una mujer desnuda y desde luego nunca a una tan bella como 27, así que es normal que se entusiasmaran con su coño y de hecho casi le provocaron un orgasmo a base de tocarlo y acariciarlo.

- ¿Y tú, puerca?, ¿te ibas a correr sin permiso?, dijo Markus desenrrollando un látigo. A un gesto del verdugo, los chicos se apartaron unos metros, y un sonoro latigazo restalló sobre el cuerpo de 27.

- MMMMMMhhhhh.

El grito fue acompañado de un segundo latigazo y éste de un tercero.

- Así aprenderás

27 se retorcía ahora intentando evitar los golpes y su cuerpo realizaba una involuntaria danza en péndulo a uno y otro lado de la cruz.

Chass, chass, chass. Tres marcas rojas aparecieron sobre el vientre de 27, y luego otras tres a lo largo del muslo, otras tres en el trasero y tres más le cruzaron las dos tetas. El experimentado Markus era metódico dando latigazos.

- Noo, pod fav.....mmmhh,,, MMMMhhh. La esclava cerraba, los ojos derramando lágrimas y babas y cuando el dolor se lo permitía pedía piedad desesperada.

Todos los miembros del grupo se quedaron quietos, pero especialmente las chicas sintieron una profunda excitación, especialmente las que nunca habían visto una flagelación tan de cerca.

Yuka se levantó y se quedó muy quieta a pesar de que le entraron ganas de masturbarse para repetir su orgasmo.

Julia se acercó a ella.

- Mira cómo sufre ¿Aún deseas que ese cerdo de crucifique mañana?.

Yuka no le respondió

- A ti te hará eso y cosas peores. ¡Quince horas sufriendo en la cruz así!. Ni Jesucristo sufrió tanto como vas a sufrir tú mañana muchacha. ¿Lo has pensado bien?. Aún estás a tiempo de no firmar....

Yuka se quedó un rato mirándola y dudando y afirmó lentamente con la cabeza.

Julia la dejó por imposible

- Markus, estaríamos aquí horas disfrutando del espectáculo pero aún nos quedan muchas cosas que ver.

- Ven Yuka despídete de tu amo.

La joven nipona adoptó la postura de sumisión.

- Adiós amo, esperaré ansiosa a que vengas a buscarme.

Markus ni le contestó, sino que siguió entretenido con el látigo.

A medida que el grupo se alejó hacia los estudios el ruido del látigo y los lamentos de 27 fueron cada vez más tenues y lejanos

- Pobre muchacha, comentó Daisy, no se lo merece.

- Sí se lo merece, dijo de repente Nicole, la esposa del matrimonio, es sólo una esclava.

Las chicas que la oyeron se quedaron pegadas.

- Eres una hija de puta, dijo Star, ojalá te lo hicieran a ti.

Julia ignoró estas discusiones y siguió haciendo de guía.

- "Campo de esclavas" está preparado para llevar a cabo muchas grabaciones a la vez, sobre todo al aire libre, pero por razones obvias preferimos grabar en estudio. A este respecto hay tres platos en funcionamiento permanente.

- El primero que vamos a ver simula una especie de garaje o hangar medio oxidado en la línea de los escenarios que se utilizaban en Insex. Y de hecho, en él se graban peliculas tipo Insex. El sistema siempre es el mismo, uno o varios verdugos se encierran en el plató con una chica (más raramente con dos) y allí ponen un reloj de cocina para marcar una hora de tiempo. Durante ese tiempo la chica ni siquiera tiene que actuar sino solamente soportar lo mejor que pueda los castigos que se le apliquen.

- El espectáculo es en vivo vía internet y, de hecho, los clientes pueden participar en el mismo por una módica cantidad de dinero. Incluso pueden interactuar sugiriendo en un chat diversos tipos de castigos y ataduras para que se apliquen a la esclava sobre la marcha.

- Pero, mejor veamos cómo lo hacen.

El grupo entró en el estudio, pero no pudo acceder hasta el interior, pues en ese momento estaban grabando y tuvo que verlo todo tras un cristal insonorizado.

En ese momento una pelirroja alta estaba siendo salvajemente atormentada por un sólo tío de unos cincuenta años y lógicamente ella gritaba desesperada. No hay que decir que la esclava estaba maniatada y desnuda como había venido al mundo mientras el verdugo estaba totalmente vestido, todo de negro con pantalones oscuros y un jersey también negro de mangas largas y cuello alto.

El verdugo actuaba sobre la joven con tranquilidad y sin aspavientos administrando el dolor fría y científicamente, completamente insensible a los gritos de dolor de ella y a sus insistentes peticiones de piedad.

La tortura consistía en ese momento en una combinación de tormento de senos y canning. La joven era guapa pero su cuerpo no era ni mucho menos perfecto, era de caderas anchas y tenía unos pechos grandes y caídos, no eran unos pechos bonitos pero sí muy adecuados para "trabajar sobre ellos".

Ella tenía que permanecer de pie, "temblando" en equilibrio con la planta de los pies descansando sobre la cúspide curvada, casi puntiaguda, de varios conos de madera. Estaba atada de pies y manos, con los brazos en la espalda atados a la cintura y los tobillos juntos.

El verdugo había colocado unas cintas de cuero en la base de los pechos de la chica y los había apretado con una correa hasta que los pechos semejaban globos azulados y los pezones se proyectaban como dos pitones puntiagudos. Entonces unió las dos correas entre sí por una cadena y enganchó ésta a otra cadena que colgaba del techo.

El resto fue fácil, el verdugo tiró de la correa y la pelirroja quedó medio colgando de sus tetas con el torso curvado hacia atrás y las plantas de los pies descansando inestables sobre los conos.

Podemos imaginar el tormento de la chica dividida entre cargar el peso de su cuerpo en los pechos o en la planta de los pies. El verdugo la mantuvo en esa posición el tiempo suficiente para que ella se desesperara sin conseguir ningún alivio, llorando y quejándose continuamente.

Además, el verdugo añadió a esto otros refinados entretenimientos como pasar lentamente un afilado pinwheel una y otra vez por la tersa piel de los pechos y especialmente por las enormes aureolas de los pezones o por el centro de éstos. A medida que el pinwheel recorría la tersa piel azulada de sus pechos la joven gritaba y sollozaba como si el tío le estuviera desollando. El verdugo estuvo un buen rato entretenido con eso, tras eso dejó el pin y directamente se puso a clavarle decenas de chinchetas en las tetas. La víctima no dejaba de llorar y babear y le hubiera dejado sordo con sus gritos si no hubiera sido convenientemente amordazada.

Repentinamente alguien pidió en el foro de internet que la joven fuera caneada en el trasero y en las piernas y en eso estaban precisamente cuando llegaron las visitas.

Para canearla el verdugo utilizó una vara flexible de fresno que utilizaba con bastante fuerza y decisión. El hombre le aplicába un varazo cada cinco o seis segundos que era respondido por un lastimero alarido de la esclava. Los golpes hacían aparecer inmediatamente verdugones horizontales y paralelos en las nalgas y en la parte posterior de los muslos, pero cuando éstos quedaron llenos de rayas rojas y moradas, el verdugo siguió con los gemelos, los tobillos, el empeine de los pies y la parte anterior de los muslos.

Julia sonreía sádicamente y sentía envidia del verdugo y del placer que estaba experimentando por atormentar tan cruelmente a esa desdichada. No obstante en ese momento le reconfortó pensar que Ingrid tenía unos pechos aún más abultados y mucho más bonitos que Julia podría atormentar a placer al día siguiente. ¿El día siguiente?, no podía esperar tanto, tenía que pedir al director que le permitiera llevarse a Ingrid esa misma noche a la casa grande.

Esto lo pensó mirándola a los ojos y después a las tetas lo que hizo que la chica danesa se protegiera instintivamente los pechos cruzando los brazos por delante. Julia tenía la habilidad de transmitir lo que pensaba sólo con su mirada, e Ingrid no era ninguna ingenua o sea que al ver lo que ese bestia le estaba haciendo a la pelirroja, se hizo una idea de lo que le esperaba a ella misma en manos de un ama sádica como Julia.

De hecho, Julia también sorprendió a tres o cuatro chicas más que estaban haciendo lo mismo en ese momento y sin quererlo se protegían sus pechos cruzando delante los brazos. Otras más torcían el gesto o directamente apartaban la mirada de la tremenda escena de tortura que se estaba desarrollando delante de sus ojos.

No obstante Julia advirtió que alguna no tenía exactamente esa actitud, en concreto Marsha. Al contrario, la bella joven se estaba acariciando los pezones disimuladamente por encima de la camiseta.

- ¿A alguna de vosotras le pone cachonda esto?. Dijo de pronto

Marsha se sobrasaltó por la pregunta de Julia y dejó de acariciarse como una niña a la que le pillan comiendo golosinas.

- Postura de sumisión esclava, ¡ahora!.

Marsha obedeció y al realzar las tetas sus pezones la delataron, pues los tenía muy crecidos y excitados.

Julia se acercó a ella y lentamente le levantó la camiseta con una sonrisa cruel.

- Joder muchacha, tienes los pezones arrugados como pasas.

Julia le dijo eso acariciando los pezones de la joven con la punta de su fusta de cuero.

Marsha cerró los ojos y se estremeció entreabriendo los labios.

Ingrid la miró con odio y con envidia.

- Dime esclava , le dijo Julia bajando otra vez su camiseta. ¿Te cambiarías ahora mismo por esa tía de ahí dentro?

Marsha respondió desafiando y provocando a Julia...por si había suerte.

- Sí, creo que sí me cambiaría por ella, pero yo no gritaría tanto.

Esta afirmación la oyó Malasaña, un sádico verdugo hispano que esperaba su turno para la siguiente sesión y que intervino de improviso.

- ¿De modo que no gritarías? Ven aquí que quiero verte bien.

Marsha no pudo evitar que Malasaña le cogiera de la mano y la arrastrara al centro de la sala donde todos la pudieran admirar.

- Mirad qué maravilla tenemos aquí, chicos, nada menos que "Miss Cerda del Campo de Esclavas". ¿Puedes quitarte la ropa para que te veamos mejor?

Marsha miró a Julia como pidiendo permiso y ésta asintió. Sin más Marsha se quitó la camiseta y después se desabotonó la falda mirando a Malasaña con ojos desafiantes. Este ni se inmutó sino que cruzó brazos y piernas mirándola fríamente y calculando lo que podía hacer en una hora sobre ese cuerpo de modelo sin estropearlo demasiado.

Marsha se incomodó de que la mirara así y como no sabía muy bien dónde poner las manos se cubrió su entrepierna, aunque no por eso desobedeció la orden de darse la vuelta que le hizo Malasaña con un movimiento circular de su dedo.

- A ver qué te parece, Julia, dijo Malasaña sin dejar de examinar a Marsha. Te apuesto 500 pavos a que esta tía grita antes de diez minutos de empezar con ella.

- Te conozco muy bien, Malasaña, estará soltando alaridos al de dos minutos.

- Eres una cobarde, está bien, voy a rebajarlo, apuesto a que no aguanta cinco minutos sin gritar y me comprometo a no dejarle ni una sola marca visible en el cuerpo durante toda la sesión.

- No, no, déjalo es una apuesta perdida.

- Lo dicho, eres una cobarde.

- Yo acepto la apuesta.

Malasaña se quedó sorprendido al oír a Marsha.

- Me juego mi veinte por ciento de la sesión a que aguanto diez minutos sin gritar, ...¿eh tío bueno?. Y diciendo esto le puso una mano en el paquete y le dio un pico en los labios.

- ¿Cómo te atreves?

Malasaña reaccionó brutalmente cogiéndola de la melena y obligándola a agacharse tirando bien del pelo.

- Acepto la apuesta zorra, le dijo con rabia a pocos centímetros de su cara. Mañana mismo vendrás aquí y te estaré torturando durante una hora entera. Si aguantas diez minutos sin gritar te pagaré toda la paga que reciba por este servicio. Ahora ya puedes vestirte, ahí tienes tus ropas, le dijo tirándola al suelo.

Marsha no le contestó, y ni siquiera recogió sus ropas, sino que se acercó otra vez hacia Malasaña.

- ¿Puedo deciros algo mi amo?, dijo tras adoptar la postura de esclava.

- Ese tono me gusta más, ¿qué quieres?.

- Sólo quiero pedir perdón humildemente por lo de antes y para demostrarlo me gustaría besar y lamer sus botas.

- Está bien, te lo permito, pero no creas que por eso voy a ser más blando contigo.

Marsha se arrodilló y poniendo los brazos a la espalda se puso a lamer delicadamente las botas de Malasaña.

Éste la miró complacido y permitió que ella se demorara unos segundos lamiendo sus botas.

- Ya está bien, me las estás llenando de babas, le dijo él apartándola con el pie, y entonces salió de allí con una gran erección.

Marsha se vistió por fin feliz de encontrar un tío más sádico que su novio.

- Bueno, y después de esta tierna escena vamos a seguir la visita, dijo Julia resoplando su flequillo.

Mientras salían las rezagadas del grupo aún pudieron ver cómo el verdugo cogió a la pelirroja del plató y quitándole los pivotes de madera de los pies la dejó colgando en vilo de sus propias tetas. La joven gritó y gritó desesperada oscilando como un péndulo hasta que se desmayó.

Entonces Violet, la jovencita de pelo rojo se acercó a Julia.

- Señora, yo también quiero que me traigan aquí.

- ¿Mañana mismo?

- Sí, si es posible.

- ¿Te ha gustado lo que has visto?.

- Me he puesto muy cachonda señora.

- Pues mañana mismo podrás experimentarlo en tus propias carnes, Malasaña se ocupará también de ti

Violet sonrió agradecida.

- Gracias, señora.

Julia levantó la voz.

- En realidad todas las esclavas del campo terminan pasando tarde o temprano por este plató. Hay siete verdugos experimentados aparte de mí misma, y podemos hacer entre doce y quince películas de éstas por día, pues tienen muy buena salida en internet. Eso significa que cada esclava pasa por esta cámara de tortura una vez cada diez días aproximadamente. No obstante hay algunas esclavas muy bellas y masoquistas que gustan tanto al público y a los verdugos que se han convertido en "asiduas". Éstas pasan por estas experiencias una vez cada tres o cuatro días. De hecho, en esta sala contigua tenemos a las chicas que están esperando a que empiece su sesión.

El grupo entró y más de uno se quedó con la boca abierta al ver a cinco chicas colgando boca abajo del techo como si fueran murciélagos. Todas estaban maniatadas y amordazadas, y nadie parecía ocuparse de ellas.

Julia se acercó a una de ellas y le hizo oscilar como si fuera una res colgando en la carnicería.

- Aquí esperan su turno las siguientes esclavas una media de dos o tres horas así colgadas. Ya habréis comprobado que en este campo no tenemos piedad con las esclavas así que hemos puesto un altavoz para que puedan oír cómo gritan y lloran sus compañeras en el plató, aunque no puedan ver lo que les hacen. De hecho, estas desgraciadas ignoran hasta el último momento el tipo de tortura que van a sufrir.

Las mujeres colgadas intentaron decir algo pero sólo se escaparon murmullos incomprensibles de su boca a los que nadie hizo caso.

- No obstante tienen que estar guapas para la sesión, dijo Julia, así que antes tienen que pasar por maquillaje. Por aquí, por favor.

Las esclavas y el público pasaron entre las chicas colgadas sorteando sus cuerpos.

Julia entró en la sala de maquillaje donde en ese momento estaba la siguiente víctima a la que estaban peinando. Era una morena de piel muy blanca que curiosamente estaba vestida con una falda corta de cuadros y una camisa blanca atada con un nudo por delante.

Los demás se sorprendieron de ver a una esclava con ropa.

Julia explicó que a veces se contaba la ficción de que la esclava había sido raptada o había acudido por su propia voluntad al sórdido garaje. Eso permitía añadir algo de tensión sexual al guión, pues el verdugo se ocupaba entonces de ir desnudando poco a poco a la esclava cortando sus ropas con una tijera o una navaja y haciendo así anticipar al público el morbo de la sesión.

- ¡43 te toca, la otra ha perdido el sentido!, dijo una voz, y la chica se encaminó resignada a la sala de tortura.

Tras esto el grupo siguió visitando los estudios.

- Lo que habéis visto tiene mucho público y sacamos bastante de ello pero en el Campo nos enorgullecemos sobre todo de nuestras superproducciones, sobre todo las de temática histórica. Se trata de proyectos ambiciosos y de gran calidad en los que siempre vamos a más. Son menos rentables pero es una de las cosas que nos diferencian de los demás.

- Bueno, quizá ciertos proyectos sean un poco exagerados. Por ejemplo, Markus está obsesionado desde hace tiempo con filmar una película de hora y media basada en un cuento de Jacques Lapin titulado "La llegada". Se trata de una historia de la antigua Roma en la que hay que crucificar nada menos que a 150 esclavas, o sea, a todas las del campo. Es una locura y tendríamos que contratar a personal extra así que no podrá hacerse.... Bueno quizá se conforme con crucificar a cincuenta esclavas, se lo sugeriré así..... Sin embargo, también hay otros proyectos que de hecho, se están llevando a la práctica.

- Así, por ejemplo hemos sacado unas películas con formato de documental dramatizado sobre los métodos de tortura a lo largo de la Historia de la Humanidad. Creo que hoy están grabando uno dedicado a los "Suplicios Chinos". Vamos a verlo.

Al acceder a la sala contigua al estudio de grabación, los visitantes no pudieron evitar un murmullo de admiración y sorpresa, pues el decorado era espectacular y muy colorista. Este representaba un edificio chino medieval en forma de pagoda, delante del cual se encontraban más de veinte extras que hacían de soldados, pueblo, jueces, ayudantes y verdugos, todos vestidos con aparatosas ropas de época Evidentemente, entre éstos había extras y actores de rasgos chinescos, pero por supuesto no podían faltar las ocho esclavas chinas que había en ese momento en el Campo y que para contrastar con el resto estaban desnudas y maniatadas.

Lo que se escenificaba en ese momento era cómo los verdugos torturaban a cuatro de ellas para hacerles confesar algo, mientras las otras cuatro esperaban su turno llorando, arrodilladas en el suelo delante del juez con un cepo de madera cuadrado que aprisionaba su cabeza y brazos.

Cada una de las cuatro chicas que estaba siendo interrogada estaba siendo sometida a una tortura diferente. Una tenía todo su cuerpo colgando en vilo de su cuello sostenida por la mandíbula mediante dos listones de madera. De la cabeza y el cuello colgaba el resto de su cuerpo al que además habían colgado sacos de arena. Evidentemente, el estiramiento de las vértebras del cuello debía proporcionar unos dolores terribles a la mujer como revelaba su gesto crispado.

A unos pocos metros había otra chica que estaba siendo sumergida boca abajo en una cabina transparente llena de agua. Los espectadores observaron conteniendo el aliento cómo la joven permanecía con la cabeza bajo el agua más de dos minutos debatiéndose angustiada por respirar. Después la subían tosiendo y expulsando el agua, y rápidamente era otra vez sumergida.

Otra chica estaba siendo obligada a rotar como un cilindro sobre una cama llena de pequeños pinchos

Sin embargo, era la cuarta la que se estaba llevando la peor parte pues estaba sentada en una silla y le habían atado los dedos de las manos a las abrazaderas de la silla de manera que un verdugo le iba introduciendo bajo las uñas astillas de bambú.

- En este caso, dijo Julia, las torturas son reales aunque sea una película. Fijaos por ejemplo cómo la de las astillas tiene el rostro desencajado de dolor. Estas películas han sido muy elogiadas por su realismo, sin embargo, no siempre puede ser así. De hecho, en el guión de esta misma película pone que el juez condena a las ocho a morir mediante el "suplicio de los mil cortes".

- ¿Qué es eso?.

- Es un tipo de tortura refinada que han aplicado los chinos hasta el siglo XX y que en mi opinión sólo ha sido superada en crueldad por brutalidades tales como el Toro de Faralis, el desollamiento en vivo o por la inmersión de la víctima en un líquido hirviendo.

- Para el "suplicio de los mil cortes" se atará a las chicas a cruces en aspa. Entonces el verdugo cogerá una navaja muy afilada e irá cortando trozos pequeños de carne a la víctima hasta que esta muera. Como podéis imaginar, el proceso puede alargarse durante horas y es realmente atroz. Evidentemente, aquí no vamos a cortar a las chicas en trocitos, sino que recurriremos a efectos especiales, maquillaje y montaje.

- Sin embargo, no podemos esperar que la víctima actúe de manera convincente como si realmente le estuvieran aplicando el suplicio, por ello mientras se simulan los cortes hay que torturarla de verdad, ....pero de otra manera.

- ¿Y cómo se hace eso?, dijo Shirley con el corazón latiendo a todo trapo.

- No es tan difícil, se puede usar una fuente de calor que se pueda activar con una resistencia eléctrica o con descargas eléctricas aplicadas directamente, depende del tipo de reacciones que se quieran conseguir en la víctima. Lo único difícil es ocultar los dispositivos a la cámara. De hecho, lo más práctico es introducir a la víctima una resistencia o un dildo electrificado en la vagina o en el ano y disimular los cables. Cada vez que quieres que la esclava grite le aplicas una descarga eléctrica, y si quieres que se lamente continuamente, lo mejor es una resistencia e irla calentando poco a poco. El resultado es bestial. Bueno ¡que os voy a decir! ya tendréis ocasión de comprobarlo vosotras mismas cuando protagonicéis una de estas películas.

Ni que decir tiene que la escena de las torturas chinas dejó a las mujeres aterrorizadas y esta vez ninguna se presentó voluntaria para protagonizar semejantes, escenas. Tampoco hacía falta, pues en el tiempo que estuvieron en el campo todas sin excepción tuvieron que pasar por experiencias semejantes.

En el siguiente estudio se estaba grabando una película de estética medieval muy poco original. Lo típico en estos casos: una sórdida mazmorra y un enorme potro de tortura en el centro sobre el cual se encontraba atada la actriz que representaba a la víctima. Rodeándola había cuatro verdugos encapuchados y calzados con botas altas pero por lo demás completamente desnudos como ella.

Era evidente que los habían elegido por sus cuerpos fornidos y esculturales y por las enormes trancas que calzaban. Los tipos tenían unos torsos musculosos de amplios pectorales depilados que brillaban que daba gloria verlos, el vientre musculoso y el trasero respingón y musculoso. Esta vez las chicas del grupo empezaron a ponerse cachondas de verdad con tanto chulazo en pelotas.

- Supongo que esto os gusta más ¿verdad?, dijo Julia. Puedo oler desde aquí vuestros coños empapados. Alguna de nuestras esclavas ha tenido tanto éxito que ya se ha convertido en una auténtica pornstar del BDSM, dijo Julia. Este es el caso de Bobbi que es la chica que se encuentra sobre el potro. Bobbi se ha reenganchado cuatro veces, de manera que lleva ya cerca de un año en el campo. Sólo tres o cuatro chicas llevan tanto tiempo con nosotros y ninguna se ha hecho tan famosa.

Bobbi era una morena de melena rizada, era guapísima y tenía unos preciosos ojos castaños. En ese momento todo su cuerpo estaba estirado en el potro, tensionado al límite de brazos y piernas. Su delgado y flexible cuerpo brillaba bañado por la luz cambiante de las antorchas y flotaba en vilo a diez centímetros por encima de la tabla.

- Ese nivel de estiramiento es real, comentó Julia, no creáis que es fingido. En una ocasión a una chica le estiraron tanto en el potro de tortura que se pasaron y le desencajaron un hombro. Hubo que parar y tuvo que intervenir el médico para volver a encajárselo. Tras accidentes como éste solemos tener más cuidado, pero estoy segura que en este momento a Bobbi le han estirado tanto los músculos de su cuerpo que le cuesta incluso respirar.

Efectivamente el cuerpo de Bobbi estaba tan estirado que todos sus huesos y tendones se marcaban perfectamente a través de su piel brillante de sudor y marcada de latigazos y pequeñas quemaduras. Como había dicho Julia, Bobbi respiraba con mucha dificultad, angustiosamente, mientras dos verdugos resoplaban apretando aún más las ruedas del potro.

- Yo creo que lo que no le deja respirar es ese pedazo de polla que tiene metida en la boca, dijo el hombre cincuentón

Julia se sonrió.

- Sí eso tampoco ayuda.

Efectivamente, aparte de estirada al máximo, y con la cabeza doblada hacia atrás, Bobbi estaba siendo penetrada por dos pollas descomunales, por la boca y por el coño a la vez. Los dos verdugos bombeaban adentro y afuera, adentro y afuera sobre los dos extremos de su cuerpo, una y otra vez como si ella estuviera empalada en un enorme falo.

Esta vez todas las candidatas a esclavas sintieron una inmensa envidia de Bobbi y todas sin excepción desearon estar en manos de esos cuatro cachas que estaban dándole caña a una mujer sola. Las chicas hicieron serios esfuerzos por no masturbarse allí mismo.

En pocos segundos uno de los verdugos sacó la polla de la boca y regó con su semen la cara de Bobbi. Esta empezó a gemir sonoramente y de repente soltó un alarido cuando uno de los verdugos le atrapó un pezón con las tenazas y se puso a retorcerlo.

- Aaaaaaaggghh

- Habla de una vez, confiesa que intentaste envenenar al rey.

- No, no lo hice, ¿por que no me creeis?.

- Ayyyyyy no aaay, por favor, eso no

La chica volvió a gritar cuando le atenazaron el ombligo y se lo retorcieron hasta que salió una pequeña gota de sangre.

- ¿Veis que buena es?, dijo Julia, es capaz de recordar el diálogo y actuar incluso cuando la atormentan de esa manera.

- No, no, no eso no, piedad yo no he hecho nada.

Bobbi gritaba ahora al ver cómo un verdugo sacaba un hierro al rojo de un brasero. Y cuando el verdugo se lo acercó al costado gritó histéricamente.

- No, NO, NOOOO

El grito terminó en un largo y lastimero alarido en el cual todo el cuerpo de la joven tembló como si le estuvieran administrando una descarga eléctrica, al final de unos interminables segundos Bobbi enmudeció y su cabeza cayó muerta.

- Se ha desmayado, dijo un verdugo agarrándola del cabello mojado.

- Despertadla con agua fría, dijo otro, habrá que empezar otra vez..

Esta vez Shirley intervino.

- ¿Hierros al rojo vivo? ¿es que están ustedes locos?.

- Es un truco, periodista, aquí no quemamos a nadie con hierros candentes, a lo sumo utilizamos pequeños punzones o agujas con la punta incandescente. Sepa usted que los hierros sólo se utilizan en casos excepcionales.

Entretanto, en el estudio los verdugos estaban destensando el potro y a medida que lo hacían, el cuerpo de la joven se depositaba sobre la tabla.

- ¿Se, se ha desmayado de verdad?, se atrevió a preguntar Star.

- Seguramente, igual se han pasado un poco con la descarga.

Inmediatamente los verdugos lanzaron un balde de agua fría sobre la muchacha y Bobbi se despertó desorientada.

Uno de los verdugos esgrimía una pera vaginal.

- Habla de una vez si no quieres que usemos esto.

- Os he dicho que no he hecho nada, ¿es que nadie va a creerme?.

- Pues ya que no va a hablar al menos que su boca sirva para algo.

Otro verdugo le agarró del pelo y le metió su verga hasta la garganta.

- Bueno ya hemos visto bastante, dijo Julia, y ya se está haciendo muy tarde.

Los visitantes estaban terminando la visita y estaban más que impresionados por todo lo que habían visto. Shirley intentó sacar sus propias conclusiones pero estaba confusa. Por un lado las esclavas eran humilladas y tratadas brutalmente de forma constante y gratuita. Cuando las torturaban todas gritaban y lloraban, sin embargo ninguna excepto Angelica se arrepentía de nada. Algunas incluso como Yuka o Marsha habían pedido expresamente pasar por uno de esos horribles suplicios sin más tardanza.

La periodista no entendía nada, pero su curiosidad era mucha, así que tendría que profundizar más o el reportaje no valdría gran cosa.

Sumergida en estos pensamientos Shirley no se dio cuenta de a dónde le guiaban sus pasos. Por eso se llevó una sorpresa cuando de repente vio lo que tenía delante.

- Y aquí tenéis a las "esclavas condenadas" oyó decir a Julia.

Enfrente mismo se erguía lo que a primera vista parecía un horrendo patíbulo. Efectivamente se trataba de una plataforma situada a casi dos metros de altura sobre la que había varios postes y en tres de ellos había tres mujeres arrodilladas y encadenadas por el cuello y los brazos. Las tres tenían la espalda y el trasero horrendamente despellejados por el látigo signo de que habían sufrido una cruel flagelación. Estaban amordazadas y aparentemente resignadas a su suerte de modo que ni se inmutaron al ver a los visitantes.

- Os traigo aquí precisamente para que os sirva de advertencia, esclavas, dijo Julia. Estas tres han sido desobedientes y han incumplido gravemente las reglas del campo.

- ¿Qué han hecho exactamente?, preguntó Shirley horrorizada de ver las marcas del látigo en la espalda.

- Esas dos han intentado escapar del campo y esa otra ha sido sorprendida masturbándose, por eso están siendo castigadas y por eso lo seguirán siendo en los dos próximos días, el tribunal ya ha dictado sentencia.

- ¿Qué les va a ocurrir?

- Por lo pronto ha quedado anulado el contrato que firmaron, pero para resarcirnos de los daños que han causado, su estancia en el campo se prorrogará otros tres meses y esta vez sin cobrar nada. Además, dentro de dos días sufrirán un tormento especial a la vista de todas las esclavas del centro para que sirva como ejemplo.

Julia explicó en qué consistiría el castigo con todo lujo de detalles disfrutando del efecto que sus palabras producían en las candidatas a esclavas

- Primero se les torturará de varias maneras en público y después se les colocarán anillos de hierro en clítoris y pezones con agujas al rojo vivo y sin anestésico de ningún tipo. Por último serán marcadas con la palabra "esclava" en la parte superior del trasero con un hierro candente.

Muchas de las chicas se estremecieron de horror al oír esto pero ninguna dijo nada. Si alguna tenía dudas, lo de la condena tendría que convencerla para no firmar. Eso al menos pensaba Shirley. ¿O no era así?

-Muy bien, añadió Julia. Y si nadie tiene más preguntas doy por terminada la visita. Agradezco a los visitantes su presencia y les recomiendo que terminen su estancia en nuestro prostíbulo, también tienen la tienda donde pueden adquirir películas con un diez por ciento de descuento.

La gente agradeció a Julia y se fue marchando.

- Y vosotras, esclavas, seguidme, ha llegado el momento de firmar.



Os esperamos en Sexonet
FECHA El 05/07/10 a las 04:07:16 IP GUARDADA Enviar Privado Añadir Amigo · Enviar Privado Enviar Privado · Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
Online sexonet
Administrador
Administrador



Mensajes:
Visitas:
Lecturas:
Fecha Reg.:
2381
669
943
El 15/12/07 a las 02:12:45

Capítulo 5. La profesora

El Señor Bridges era el director del campo de esclavas y uno de los mayores accionistas de la empresa. De hecho, él era el iniciador de la idea y un auténtico pionero en la realización de películas de BDSM. Un lugar como "Campo de Esclavas" no se podía entender sin Geoffrey Bridges, pues él y sólo él había conseguido convencer a los inversionistas de la viabilidad del proyecto, él había seleccionado a la mayor parte del personal, y él dirigía el negocio con habilidad.

Para el señor Bridges, "Campo de Esclavas" era un negocio redondo, pero más que eso, era el marco y la excusa ideal para dar rienda suelta a su personalidad pervertida y sádica.

Es por eso que la entrevista que estaba realizando en su despacho en ese momento le resultara tan agradable, pues delante de él se encontraba sentada una bella profesora rubia de casi veinticinco años vestida de forma sexy y provocativa: un ligero vestido estampado de amplio escote y minifalda. De hecho, en ese momento ella se encontraba sentada en una butaca y como mantenía las piernas cruzadas, la falda del vestido se le había subido hasta la parte superior de los muslos mostrando con generosidad sus bellas piernas.

El director recorría con la mirada esas largas y bien depiladas piernas mientras ella no dejaba de hablar. La profesora hablaba y hablaba pero él era incapaz de retener lo que decía. Sus ojos pasaban de las piernas al rostro, a los ojos azules de la profesora, a su pelo rubio y lacio y a sus labios carnosos. Luego la mirada le llevaba a los pechos redondos y jugosos que parecían moverse con libertad bajo la tela del vestido signo de que ella no llevaba sostén.

Lo que daría por ponerle la mano encima pensaba Bridges.

- ".....es por ello que este campo me parece tan interesante".

Las palabras de la joven Sunset consiguieron finalmente sacarle de sus reflexiones.

- Perdón ¿decía?, no le estaba escuchando.

Sunset se molestó de tener que repetir. Era evidente que ese hombre no le hacía ningún caso.

- Le decía que estoy muy interesada en estudiar su campo, como ya le he dicho, estoy haciendo una tesis doctoral.

- ¿Sobre que?

- Trata de los procedimientos judiciales a lo largo de la historia. Estoy muy interesada en el uso de la tortura como procedimiento judicial y como técnica de interrogatorio de reos.

- ¿A sí?

- Sí, como usted sabrá, en el pasado la tortura era un medio habitual en los procesos judiciales para obtener una confesión inculpatoria . Hoy en día ya no se usa, o eso es al menos lo que nos quieren hacer creer. Pero se ha usado durante siglos y siempre se ha considerado como un medio seguro para descubrir la verdad. Yo defiendo que eso no es cierto y que las confesiones conseguidas bajo tortura no tienen ninguna validez.

- Perdóneme, señorita, no dudo que todo esto es muy interesante, pero no alcanzo a entender qué tiene que ver mi organización con esto.

Sunset cambió de postura volviendo a cruzar los muslos entre sí y haciendo temblar sus senos

- Mucho, si me permite decirlo. De hecho, he diseñado un experimento que podría apoyar mi tesis.

- ¿Un experimento? ¿En qué consiste?

El director no tenía ningún interés en el experimento, pero igual le dejó explicarlo sólo por el placer de seguir deleitándose con la vista de esa mujer.

- Precisamente su institutión es idónea para ello. El experimento consiste en elegir varias esclavas y darles una información anodina y carente de importancia: una combinación de números o unos nombres, eso es lo de menos.

- Continue

- Entonces se les advierte que no deben revelar ese tipo de información y que si lo hacen recibirán un brutal castigo.

- ¿Por ejemplo?

- Algo muy bestia, por ejemplo marcarlas con un hierro candente.

- ¡Señorita!, por favor

- No se haga de nuevas conmigo. Sé perfectamente que aplican ese tipo castigo en este campo.

- Sólo en casos muy excepcionales

- Pero lo hacen. Es algo terrible y hasta las mujeres más masoquistas se arrepienten de todo cuando tienen que afrontar una prueba tan terrible como ser quemada con un hierro al rojo. Venderían a sus madres con tal de librarse de eso.

- Puede que tenga razón y puede que no, pero ¿cómo conseguiría hacerles confesar?.

- Pues como se ha hecho siempre, mediante la tortura. Está comprobado que toda persona que sufre la tortura tiene un límite al sufrimiento y desesperación y si se insiste mucho llega un momento en el que hace o dice lo que sea sólo para que dejen de torturarla.

- ¿Incluso aunque las consecuencias de confesar sean mucho más dolorosas?

- Incluso así, la mente humana no es capaz de tanto y la carne es débil.

- Y si sabe todas esas cosas ¿por qué es necesario experimentarlas?

- Porque sí, la ciencia es así, la ciencia necesita pruebas y demostraciones, no se conforma con hipótesis.

- ¿Y cuantas esclavas necesitaría para su experimento?.

- No sé, cuarenta o cincuenta serían suficientes

El director arqueó las cejas sorprendido.

- ¿Me está diciendo que mandaría torturar a cuarenta o cincuenta esclavas y las haría marcar con hierros al rojo sólo para justificar su tesis doctoral?

- ¿Qué tiene de extraordinario?. Son masoquistas, ellas mismas han querido que las traten así y muchas lo hacen también por dinero. ¿Qué hay de malo con que contribuyan con su sufrimiento al avance de la ciencia?

El director la miró fijamente y con dureza.

- Señorita....

- Sunset.

- Señorita Sunset, tengo que decirle que no me interesa su experimento.

- ¿Por qué?, no lo entiendo, si van a martirizarlas igual, la razón es lo de menos.

- Es posible pero usted no me gusta.

- ¿A sí?. ¿No le gusto?, Sunset dejó deslizar uno de los tirantes de su vestido. Dígame, ¿qué opina de mí?

- Pues si quiere que sea sincero, creo que es usted aún más cruel y sádica que yo.

- No me refiero a eso, le pregunto qué opina de mi cuerpo.

Sunset deslizó su dedo índice dibujando las propias curvas de su cuerpo.

El director tragó saliva al comprobar cómo se le ajustaba el vestido a sus redondas formas.

- Pues permítame nuevamente ser sincero. Creo que está usted tan buena que desde que ha entrado en mi despacho estoy todo palote y me gustaría echarle un polvo.

- ¿De verdad?, ¿le gusto tanto?. La joven se levantó de la butaca y se fue abriendo la cremallera del vestido.

- ¿Qué cree que está haciendo, jovencita?.

- ¿Por qué no zanjamos esto aquí mismo señor director?. Sunset dijo eso mientras se quitaba el vestido con estilo y diligencia.

- Le he preguntado que qué está haciendo.

Sunset se quitó las braguitas quedándose totalmente desnuda delante del director y acercándose a él le dijo.

- No estoy haciendo nada, usted ha dicho que quiere pegarme un polvo y yo estoy de acuerdo. Total, el favor que le estoy pidiendo no le cuesta nada y estoy segura de que si soy buena con usted, terminará por concedérmelo.

- Yo no estaría tan seguro.

Sunset se arrodilló ante él y se puso a desabotonarle el pantalón.

- Vamos, señor director, es usted un hombre atractivo y me agrada mucho, si me deja hacer el experimento pasaré semanas o meses aquí y en las horas de descanso podremos relajarnos como lo estamos haciendo ahora, yo estaré encantada de hacerlo.

Mientras le decía esto, Sunset le hurgaba dentro de los calzoncillos y con delicadeza empezó a masajearle el miembro.

- ¿Qué me dice?. ¿se lo pensará?.

El señor Bridges se recostó en su butaca cerrando los ojos.

- Hazme una mamada mientras me lo pienso.

Sunset sonrió y sacando la polla al aire se acarició con ella los carrillos y la nariz.

- Mmmhh, ¡qué bonita la tiene!, ¡y qué limpia!, dijo Sunset al oler el miembro del pulcro director y percatarse que no olía nada a orina.

El director sintió en ese momento que algo muy suave y húmedo le acariciaba la polla. La chica empezó chupándole poco a poco y delicadamente y lo siguió haciendo durante unos minutos.

- Tengo ganas de meterme esto en la boca y chuparlo bien, dijo Sunset con el pene agarrado con la mano, pero antes quisiera preguntar si ya ha encontrado una solución para mí, señor director.

- Sí creo que sí.

- Mmmmmh, lo celebro.

Y al decir esto Sunset se metió la polla hasta dentro de la boca

Al señor Bridges le dio un escalofrío cuando su pene entró en la calida y húmeda caverna de la profesora.

- Así, preciosa, así, cómemela.

La joven rubia empezó a bajar y subir la cabeza lenta y cadenciosamente y el director se abandonó a esa lenta y progresiva excitación. Había que reconocer que la chica la mamaba de primera, con sus labios y su boca se la chupaba mientras sus suaves pechos le acariciaban la parte interior de los muslos. Sunset era profesora de muchas cosas pero sobre todo, era una maestra de la mamada.

El señor Bridges siguió disfrutando de la larga felación durante unos interminables diez minutos y finalmente, tras mucho insistir, Sunset notó que ya le venía , entonces, dejó de mamarla y empezó a masturbarla con un poco más de intensidad.

- Abre... la boca... preciosa , deja que me corra dentro.

Y Sunset siguió masturbándole y lamiendo la punta del glande con la lengua mientras mantenía la polla apuntando a su boca

- Aaaah, asíiii, asíiii, el director empezó a disparar su esperma al interior de la boca de Sunset, que cerró los ojos disfrutando de cómo los cálidos chorros de semen impactaban contra su campanilla.

El señor Bridges se alivió completamente tras varias descargas, mientras Sunset escupía el semen que ahora se deslizaba por su barbilla y caía sobre sus pechos sus muslos y a la alfombra del piso.

- ¿Le ha gustado?, le dijo ella mientras volvía a chuparla para limpiarla bien.

- Sí.

- Pues ya sabe, si quiere más sólo tiene que dejarme que pase aquí un tiempo le haré esto y otras cosas... todos los días.

Sunset hablaba sin dejar de acariciarle el miembro delicadamente, por experiencia sabía que a los hombres les gusta que sus amantes sigan jugando con su miembro tras eyacular.

- Mira creo que eso podrá arreglarse.

- ¿De verdad?, estaba segura.

Era evidente que Sunset estaba acostumbrada a conseguir ese tipo de cosas de rodillas. Sunset era una chupapollas profesional y una trepa de cuidado. Así había conseguido aprobar algunas asignaturas difíciles, así había conseguido la beca para su tesis doctoral y cuando esa mañana se había puesto ese vestido tan sexy ya tenía pensado cómo conseguir lo que quería del director en el probable caso de que él se negara.

El fallo de Sunset fue pensar que el Señor Bridges era un hombre temeroso de la ley como lo eran los profesores de universidad. Realmente la joven no sabía con quién se estaba jugando los cuartos.

- Si pequeña, le dijo acariciándole los senos, he pensado que claro que puedes quedarte aquí, y estaré encantado de gozar todos los días de tu cuerpo,.... sólo tienes que firmar el contrato de esclavitud.

- ¿¿¿Qué???, Sunset soltó el pene al momento.

- Pues eso, que lo mejor es que entres en el campo y seas una esclava más, preferiblemente durante tres meses.

Sunset apartó sus pechos de las manos de él y se los tapó con las suyas.

- ¿Está loco?, ni lo sueñe.

- No estoy loco, al contrario, es perfectamente lógico, si quieres experimentar el efecto de la tortura, lo mejor es que tú misma seas torturada.

A Sunset le asaltó un tremendo escalofrío de terror, se quedó sin habla y tragó saliva.

- Haremos contigo exactamente lo que sugieres, te torturaremos sin parar hasta conseguir algo de ti, entonces serás condenada y sufrirás un suplicio aún peor ¿qué te parece?.

La joven buscó sus ropas con los ojos y no las encontró

- Yo, yo, creo que me he equivocado,...quiero marcharme de aquí.

Repentinamente llamaron a la puerta y para alarma de Sunset el señor Bridges ordenó que pasaran. Eran Harry y el Electricista que traían a Karen cargada de cadenas.

- ¿Qué me traéis aquí?. Pasad, no os quedéis en la puerta.

A la vista de esa mujer, Sunset se quedó paralizada, Karen venía en un estado lastimoso, agotada por tener que andar encorvada más de un kilómetro y con lágrimas en los ojos. Tenía las nalgas marcadas por varios fustazos y las pinzas estiraban cruelmente sus pezones y clítoris de los que ya manaban pequeñas gotas de sangre.

Harry informó al director.

- Es una candidata a esclava, estaba entre el público de la visita y de repente decidió entregarse por las buenas.

- ¿Por qué la habéis atado tan cruelmente si aún no ha firmado el contrato de esclava?.

- Ella misma lo ha pedido.

- ¿Es cierto? Le preguntó el director a Karen.

Esta afirmó con la cabeza

- ¿Quieres que te desate?

Ella volvió a afirmar.

- Claro que sí, ¡pobrecita!, ¿que te han hecho esos bestias?, bromeó el señor Bridges.

El director empezó a desatar a Karen, entonces Sunset intervino.

- Devuelvanme mi ropa, quiero irme, le dijo al Electricista que había cogido el vestido del suelo.

- Espera un poco, ordenó el director tajante, aún no he terminado contigo.

La joven rubia se calló temerosa de provocar a ese hombre. El aparatoso bondage de Karen le había impresionado de veras y en ese momento estaba acojonada y con ganas de estar muy lejos de ese lugar. De este modo la joven profesora se quedó expectante, de rodillas juntando bien las piernas y tapándose de mala manera las tetas con las manos.

Harry y el Electricista no dejaban de mirarla dándose codazos y ella sintió una repentina desazón al ver la erección de ellos bajo la ropa y al notar cómo las gotas frías del esperma del director se deslizaban por su propia piel.

- Aaaaaaaiiiiiii

Repentinamente Karen lanzó un tremendo grito pues el Señor Bridges le había soltado una de las pinzas de los pezones. La joven se puso a gritar de dolor y a agitarse cuando se lo masajeó para que recuperara la circulación.

- Observa y aprende profesora. Cuando te cogen un pellizco con una de éstas te duele mucho pero cuando te la quitan entonces te duele mucho más. ¿Lo ves?

- AAAAAAHH.JJJdderrr

Karen lloró y maldijo al quitarle la otra pinza.

- Vamos, vamos, no llores, ya sólo te queda una.

- MMMMMnnno, mmmmno

- Sí pequeña, ahora le toca a la pinza de tu coñito, grita cuanto quieras, ésta te dolerá de veras.

Esta vez el alarido de Karen fue impresionante, el director la abrió la pinza que mordía su clítoris y la joven cayó al suelo retorciéndose de dolor.

Sunset sudaba aterrorizada por los gritos de la esclava.

Una vez sin pinzas, el director le quitó los grilletes a la muchacha y después la mordaza. Entonces Karen se abrazó a él y se puso a llorar amargamente en su hombro. Este la acogió entre sus brazos mientras le acariciaba la cabeza.

- Vamos, vamos, ya ha pasado todo. ¿Quieres irte a tu casa?, ella negó con la cabeza. Entonces ¿Quieres seguir siendo esclava? Karen dijo que sí sin separar la cara de su hombro

- Así me gusta, eres muy valiente. ¿Lo ves, profesora?, ella tiene más valor que tú, ¿por qué no firmas tú también el contrato?, le dijo a Sunset.

- De ningún modo, a mí no me harán eso, ¿me ha oído?. Quiero marcharme de aquí ahora mismo, ¿por qué no dejan que me vista?

- Tranquila, tranquila, profesora, ahora te marchas, pero no sé si te has visto, estás perdida de esperma. Vete antes al baño, allí te lavas, te vistes y luego te vas, ¿de acuerdo?.

- Está bien

- ¿Queréis acompañarla al sótano, les dijo a los dos guardianes. Ya sabéis a donde.

El director le guiñó el ojo al electricista sin que Sunset se diera cuenta y éste le respondió con una mueca de complicidad.

Sunset salió de la sala insistiendo en taparse el coño y las tetas con las manos

- Hasta nunca hijoputa, dijo enfadada al salir.

- Hasta dentro de un rato, contestó enigmáticamente el director cuando se cerró la puerta. Y volviéndose a Karen, le dijo.

- Ven aquí ojos bonitos, túmbate en la mesa que voy a mirar si la herida es grave.

Karen obedeció y se tumbó de espaldas abriendo instintivamente las piernas. El director se arrodilló ante su coño y separando los labios de la vagina vio que el clítoris estaba muy irritado y enrojecido.

- AAAAAAhhhh

Karen gritó de dolor al contacto con la lengua del director, pero éste la tranquilizó.

- Vamos pequeña, relájate, la saliva es buena para aliviar las heridas, y diciendo esto le volvió a lamer el sexo con delicadeza.

Ella se volvió a quejar, pero sus quejas y ayes fueron cada vez menores hasta que llegó el momento en que Karen cerró los ojos y se puso a suspirar de placer.

El señor Bridges no tenía muy claro si Karen suspiraba de placer o por el alivio que le suponía ese delicado tratamiento en su atormentado clítoris sin embargo siguió y siguió lamiendo insistentemente hasta que la joven tuvo un orgasmo. Lo bueno de las mujeres sumisas, se decía siempre Bridges, es que se dejan hacer de todo y dado que a él le despertaban sentimientos muy diferentes, ora sádicos, ora cariñosos, solía dar rienda suelta a unos y otros con las esclavas sin mayor problema.

Entretanto Harry y el electricista acompañaban a Sunset por la escalera. Todos los que se cruzaron con ellos le dijeron obscenidades y requiebros a la joven pues Sunset no era de las que pasan desapercibidas.

- ¿Dónde coño está el baño?, dijo ella enfadada, quiero quitarme de encima la leche de ese cabrón.

- Por aquí, le señaló uno de los verdugos abriendo la puerta de los sótanos.

Sunset entró confiada y entonces se dio cuenta de que pasaba algo raro. Delante encontró un pasillo con varias celdas a la izquierda y cuatro puertas a la derecha.

- ¿Qué es esto?, preguntó alarmada al oír que Harry cerraba la puerta de fuera, ¿donde está el baño?.

- La segunda puerta a la derecha.

Entonces Sunset abrió la puerta y cuando encendió la luz se le heló la sangre en las venas. Los dos guardianes la habían conducido directamente a una de las cámaras de tortura del sótano.

El electricista tiró las ropas de Sunset a un contenedor del pasillo y entre los dos la obligaron a entrar agarrándole brutalmente de los brazos.

- ¿Qué pasa?, ¿Por qué hacéis esto?, ¿por qué tiras mis ropas?

El electricista cerró la puerta por dentro.

- No necesitas para nada tu ropa profesora, estás mejor así, desnudita.

- ¿Qué, qué queréis?.

Sunset reculó hacia atrás muerta de miedo y se refugió al otro lado de un enorme potro de tortura que había en el centro de la sala.

Sunset intentó valerse otra vez de sus acostumbradas tácticas.

- ¿Que..queréis follarme, verdad? No me importa, si queréis me folláis los dos y luego dejáis que me vaya ¿vale?. No os preocupéis no se lo diré a nadie.

- Ya habrá tiempo de follarte esclava.

- Sí de follarte y de hacerte otras cosas, dijo el Electricista.

- Pero esto es un secuestro, no tenéis, derecho, yo no he firmado nada, no soy una esclava.

- Bueno basta de chorradas, dijo uno de ellos blandiendo un látigo que cogió de una pared, ponte inmediatamente estas esposas o te doy con esto.

Harry le tiró las esposas por el suelo

- Vamos cógelas.

- Vale, pero no me hagáis nada, dijo ella agachándose a cogerlas.

- Póntelas en las muñecas con los brazos por delante.

Sunset empezó a llorar,

-¿Por que no queréis...snif...que os la chupe? No me atéis las manos, os lo pido por favor, seré buena.

- Ponte las esposas de una vez puta llorona.

Sunset se las cerró en las muñecas una detrás de otra sollozando, entonces Harry se fue hasta ella y cogiéndola de las esposas la arrastró hasta donde colgaba un gancho del techo. Enganchó el gancho a la cadena de las esposas y se fue hasta una manivela de la pared.

Sunset miraba todo esto sin reaccionar, paralizada de miedo. Repentinamente una fuerza poderosa le hizo subir los brazos hacia arriba a medida que Harry accionaba la manivela.

En unos segundos Sunset colgaba de sus brazos y apenas era capaz de tocar el suelo con las puntas de los dedos de los pies.

Con rapidez y decisión los dos verdugos le ataron los dedos pulgares de los pies a un anillo que había en el suelo, los tobillos juntos entre sí y las rodillas también con sendos cinturones de cuero.

- Por favor, tened, piedad decía ella mientras la inmovilizaban, no me hagáis daño por favor. Harry se incorporó sudoroso y cogió una ballgag.

- Callate ya y abre la boca.

- No no me amordaces, me callaré.

- Te he dicho que abras la boca.

- No me pongas la mordaza, no gritaré, de verdad.

Harto de tanta resistencia, Harry le agarró del pezón derecho y se lo retorció brutalmente

- AAAAAyyy

Aprovechando que Sunset abrio la boca, le encajó la ballgag y brutalmente se la ató a la nuca con unas correas.

- Así que no ibas a gritar

La joven miró aterrorizada a sus verdugos con lágrimas en los ojos.

Estos se apartaron un par de metros y la miraron a su vez. Allí delante estaba ella y la admiraron en toda su desnudez, estirada como estaba ante sus ojos.

Sunset era una rubia bellísima de piernas largas y bien torneadas, pero con curvas y con un trasero redondo y suave como un enorme melocotón. Sunset llevaba el coño depilado y una pequeña mata de pelo rubio coronaba el monte de venus. Su torso era delgado, la espalda larga, interminable, el vientre plano y por efecto del estiramiento sus costillas se marcaban perfectamente y se hinchaban y deshinchaban intensamente a cada respiración. Los pechos eran marmóreos blanquecinos, y parecían esculpidos por un hábil artista. Eran algo grandes para un torso tan delgado, pero por lo demás redondos y proporcionados. Sería por la excitación pero los rosados pezones de Sunset estaban en ese momento erizados y duros como piedras y las aureolas de los mismos ligeramente hinchadas.

El terror en cambio afeaba en ese momento su rostro.

Los dos hombres se sacaron el miembro y empezaron a masturbarse.

- Yo creo que si nos retrasamos un rato no pasará nada ¿verdad?, dijo Harry.

- Por supuesto que no, el director parecía muy ocupado con la morena.

- Sí, tiene buen gusto el muy cabrón, pero ésta tampoco está mal.

Ni corto ni perezoso, Harry se acercó a su prisionera con la polla fuera y ella le siguió con la mirada. Sunset estaba muy nerviosa y jadeaba inquieta por cualquier movimiento que hacían esos dos. La chica tenía que mantener el cuerpo totalmente estirado y ya le empezaban a doler los hombros y tobillos. A pesar de que hacía un gran esfuerzo era incapaz de controlar la baba que le caída ya de la boca sin ningún control.

Extrañamente, cuando Harry empezó a acariciarla, Sunset se tranquilizó.

- Mmmmm, qué piel más suave, y qué bien hueles. Harry olisqueó a la mujer y la acarició con la nariz. Además deslizó una mano lentamente por los muslos y el trasero mientras que la otra se fue inevitablemente al pecho izquierdo, primero lo sopesó y después lo acarició apreciando toda su consistencia y suavidad.. Después las manos continuaron su lento viaje por las redondeadas formas de la mujer.

Sunset suspiró cuando las caricias continuaron y sus suspiros se hicieron más intensos cuando Harry se interesó repetidamente por la suavidad aterciopelada de sus pezones. El hombre los cogió con sus dedos y tras comprobar su dureza, le acaricio delicadamente las aureolas con movimientos circulares de la yema de los pulgares.

- ¿Te gusta preciosa, te gusta lo que te hago?.

Sunset afirmó con los ojos cerrados y dejando escapar un largo hilo de baba. Entonces el verdugo pringó su dedo índice y corazón en la saliva de su mordaza y explorando delicadamente en la raja del coño le fue introduciendo los dedos poco a poco en busca de los "botones mágicos " de la chica.

Sunset gimió de placer a través de su mordaza y Harry sonrió complacido.

- Así, así, pequeña, córrete para mí y mientras seguía masturbándola Harry se puso a chuparle uno de los pezones, primero poniendo la lengua dura y moviéndola nerviosamente como un colibrí y luego metiéndose toda la punta de la teta como si fuera un niño mamando. Mientras tanto ya había metido tres dedos dentro de la vagina ya dilatada y dispuesta y creía haber encontrado una zona muy erógena en la parte anterior de su coño.

- Eh tú ayudame, ya verás cómo hacemos que esta tía buena tenga un orgasmo.

El electricista se acercó de mil amores y se ocupó de chupar la otra teta acariciándole el culo con la mano.

Sunset sentía todo su cuerpo temblar y vibrar de placer con sus tres zonas sensibles sabiamente estimuladas. Esa constante sensación de succión en las tetas era maravillosa, sobre todo en combinación con el experto masaje de su vagina.

Harry percibió que la chica no tardaría en correrse cuando su cavidad se inundó por completo de sus propios jugos y sonrió triunfante cuando los músculos interiores de la vagina empezaron a estremecerse contra sus dedos.

- Así preciosa así

Sunset tuvo un profundo orgasmo largo y dilatado agitándose y estremeciéndose medio mareada.

- Muy bien, muy bien, le dijo Harry palmeándole el trasero y tranquilizándola, pero ahora me quiero divertir yo.

Harry se volvió a recostar contra el potro y se masturbó lentamente repasando con la mirada el bello cuerpo de Sunset. Esta le miraba un poco avergonzada y aún excitada por el orgasmo.

- Oye electricista ¿por qué no hacemos que baile un poco?, dale unos latigazos anda.

Sunset miró alarmada a Harry sin dar crédito a sus palabras.

Al electricista no tuvo que decírselo dos veces, cogió de un estante un pequeño látigo de colas y empezó a darle en el culo con todas sus ganas.

- Mmmh, MMMmhh, MMMMMMHHHHH

Sunset se puso a gemir y chillar negando histérica con la cabeza y arqueando el cuerpo con la vana intención de evitar los latigazos.

- Así, así, eso es, dijo Harry mientras su miembro crecía y crecía turgente y duro.

Michel el electricista siguió con el castigo sobre el trasero, pero como Sunset rotaba sobre sí misma para evitar los golpes, el látigo le daba también en las caderas, los muslos, las ingles y la base del vientre. La pobre Sunset apretaba las piernas todo lo posible para que las puntas del látigo no le tocaran en los labia de su vagina ni le dieran en el clítoris.

Tras una buena tanda, el electricista que era un poco bestia le cogió de los pelillos del coño y la atrajo hacia sí arrancándole algunos.

- Vamos, preciosa, bésame.

Sunset lloraba y sollozaba desconsolada aparatando el rostro. Entonces el electricista cogió un pecho con su mano y se puso a darle tortazos en las tetas provocándole fuertes dolores.

- Zass, zass.

- Así, así, puta estúpida, baila para nosotros.

La ocurrencia del electricista no se la esperaba Harry que se puso a pelársela con más intensidad aún.

Aún le dio unas cuantas veces con la mano abierta, hasta que se las dejó enrojecidas. Entonces se alejó de ella un paso y se puso a darle de latigazos en los pechos y la espalda.

- Mmmmh, MMMHH

Sunset arqueaba su cuerpo de dolor cuando el látigo le golpeaba los dos pechos a la vez, dejando unas líneas rojizas.

- Dale, otra vez, en las tetas, así, decía Harry mientras notaba que le venía, y tras masturbarse enérgicamente terminó por correrse. Pero antes de eso se acercó a la chica y la regó el vientre y los muslos de semen.

Sunset tenía a esas alturas grandes manchas rojizas en pecho, trasero, espalda y alrededor de la entrepierna, y lloraba desconsolada.

- Muy bien preciosa, le dijo el electricista obligándola a mirarle a los ojos. Y dándole el látigo a Harry le dijo: tu turno.

Los dos guardianes siguieron "intimando" un buen rato con Sunset a base de golpes y latigazos, finalmente decidieron dejarla a solas.

- Bueno, lo hemos pasado bien, pero ahora te tenemos que dejar, supongo que dentro de poco vendrá el director en persona a torturarte, de todos modos, y para que no te aburras te ponemos la tele.

En realidad, los verdugos fueron muy crueles con Sunset, pues lo que le pusieron en el televisor no era otra cosa que una tremenda sesión de tortura que el electricista había aplicado a otra esclava en esa misma habitación unos días antes.

Sunset tuvo que permanecer en esa misma postura varias horas mientras veía esa horrible película y reconocía en las paredes los instrumentos de tortura que le aplicaban a la esclava del video. La pobre mujer se meó encima de miedo.



Os esperamos en Sexonet
FECHA El 05/07/10 a las 04:07:28 IP GUARDADA Enviar Privado Añadir Amigo · Enviar Privado Enviar Privado · Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
Online sexonet
Administrador
Administrador



Mensajes:
Visitas:
Lecturas:
Fecha Reg.:
2381
669
943
El 15/12/07 a las 02:12:45

Capítulo 6. Un matrimonio bien avenido.

Cuando Harry y el electricista volvieron al despacho del director a informarle sobre la profesora, hacía tiempo que Karen había firmado su contrato de esclava y otro guardián se la había llevado para el "rito de bienvenida". Sin embargo, el director no estaba sólo en esos momentos, sino en compañía de un granjero y sus dos díscolas sobrinas: Tyler y Shonta.

- No quiero, que no quiero, tío por favor.

Shonta gritaba con lágrimas en los ojos.

- Tú harás lo que se te mande o te moleré a palos.

- He dicho que no.

- Tu hermana ya ha firmado así que firma tú también. Malditas crías. No servís para nada, os pasáis todo el día haciendo el vago, y follando con vuestro camello para conseguir hierba. Aquí os enseñarán disciplina.

Repentinamente llamaron a la puerta y entró Harry.

- Perdón , señor director, la profesora está abajo esperándole como ordenó.

- Está bien, esperad fuera que dentro de un poco os tendréis que llevar a estas dos.

- Lo que usted mande.

Harry salió y Shonta siguió protestando.

- A mí no se me lleva nadie, ¿se entera?.

- Cállate y firma de una vez.

- No quiero, no quiero, yo quiero irme a casa.

- Eres una desvergonzada y una puta. Compréndalo, señor director. Mi difunta hermana me las dejó a mi cuidado, he intentado educarlas bien, pero como ve, se han convertido en un par de golfas.

- Y tú eres un cabrón, tío

- ¿Qué has dicho?

- Que eres un cabrón, cabrón.

Esta vez el granjero se cabreó de verdad, y cogió a Shonta bruscamente del brazo. Violentamente se sentó en el brazo de un sofá, la puso contra su regazo y brutalmente le bajó los pantaloncitos vaqueros hasta las pantorrillas.

- Golfa, más que golfa, yo te enseñaré, le gritaba mientras le daba de cachetazos en el culo.

- Aayy, ayy , ay

- Vas a firmar, ¿me has oído?

- Ay, ay, basta, basta

- ¿fVas a firmar?

- No, ay, déjame, me haces daño.

- No hasta que no firmes

Shonta siguió recibiendo fuertes cachetazos durante un rato hasta que las nalgas se le pusieron rojas y ella no dejaba de llorar a moco tendido.

- Basta, firmaré, firmaré, pero para.

El granjero dejó finalmente a Shonta en el suelo con el culo rojo y llena de lágrimas. Sin siquiera subirse los pantalones y acariciándose el trasero con una mano la joven se acercó a la mesa del director donde le esperaba su contrato de esclavitud.

Las hermanas casi no sabían leer, así que firmaron su contrato como podían haber firmado su sentencia de muerte, con la misma inconsciencia.

De este modo, Shonta firmó sin saberlo que a partir de ese momento y por el período de tres meses se entregaba a "Campo de Esclavas" casi sin límites. Asimismo consentía que cualquier amo o ama dispusiera de su cuerpo a su antojo para usarlo él o una tercera persona que su amo dispusiese. Lo único que les estaba prohibido a los verdugos era matar o mutilar a una esclava pero por lo demás, les estaba permitido prácticamente todo. Asimismo se especificaban las retribuciones económicas que la esclava recibiría: el veinte por ciento de todo lo que produjesen sus servicios, con la contrapartida de que las imágenes pasaban a ser propiedad de la empresa con todo lo que ello conllevaba.

El documento era largo, técnicamente farragoso y lleno de "letra pequeña". Si Shonta o su hermana hubieran podido leer ésta se hubieran dado cuenta de que también daban su consentimiento para que se les colocaran tatuajes, piercings y cualquier otro aditamento que sus amos desearan. También daban permiso para ser penetradas de todas las maneras posibles por personas, animales u objetos, o para recibir castigos y torturas entre las que se incluía una larga y tétrica lista: descargas eléctricas, latigazos, introducción de agujas, bondage severo, quemaduras con hierros candentes, y un largo etc.

En este caso, su tío el granjero no tuvo que firmar pues ambas eran mayores de edad y ni siquiera se molestó en enterarse de las condiciones.

- Muy bien , pues aquí se las dejo, dijo el granjero satisfecho , vendré a buscarlas dentro de tres meses a ver si han aprendido un poco de disciplina. Por cierto, le escribo aquí una cuenta del banco para que vaya ingresando el dinero a medida que lo vayan ganando.

- Descuide. Oiga, ¿por qué no se lleva sus ropas?, aquí no les harán ninguna falta.

- En realidad les he obligado a ponerse sus peores ropas pues ya las daba por perdidas: unos pantaloncitos vaqueros cortos y rotos y unas camisetas raídas, puede tirarlas a la basura.....pero bueno, ahora que lo dice, me las llevaré para trapos. Venga quitaos todo.

- Pero tío ¿delante de este tipo?

- Venga, no me diréis que tenéis remilgos, par de putas. Señor director son las dos zorras más guarras del instituto, las dos se han follado ya a todo el que lleva pantalones en el pueblo y ahora les da vergüenza enseñar el culo, vamos, fuera toda la ropa.

Tyler, que era un poco más obediente, se deshizo el nudo de la camiseta y se la entregó a su tío muerta de vergüenza, después se quitó los pantaloncitos trabajosamente desencajándoselos a tirones de sus caderas. Al ver que su hermana claudicaba, Shonta hizo lo mismo. Una vez desnudas, las dos chicas se protegieron el coño y las tetas, cruzando las piernas y poniendo las manos delante.

- Pufff, qué asco, estas ropas huelen a demonios, no creo que sirvan ni para trapos, dijo el granjero.

- La verdad es que sus sobrinas están fofas y son más bien vulgares, dijo el director con desprecio, no sé si sacaremos mucho de ellas.

- Pero son jóvenes y fuertes, serán buenas esclavas.

- Sí creo que algo se podrá hacer, pero primero habrá que entrenarlas.

- Haga usted lo que quiera con ellas. Yo me voy, y no se olvide del dinero.

- Descuide.

El granjero se marchó sin siquiera mirarlas, las había alquilado como quien arrienda dos mulas.

Por su parte, Geoffrey se quedó mirándolas mientras reflexionaba. Efectivamente el granjero tenía razón, algún partido se podría sacar de ellas. Tyler era la más joven, tenía cara de niña y no era fea, su cuerpo parecía un ánfora de caderas y muslos anchos pero tersos, vientre estrecho y pechos pequeños, sin embargo, fijándose bien, tenía el atractivo de una joven de campo. Shonta era parecida, algo mayor tenía los pechos más desarrollados aunque algo caídos, tenía un poco de tripa, pero no michelines y algo de celulitis en el trasero. Las dos llevaban un pelo que no les favorecía en absoluto.

- Vaya, vaya, vaya, dijo el director, parecéis dos cerdas que se han escapado de los establos, habrá que limpiaros bien.

- Vete a la mierda, viejo, le contestó Tyler.

- Vamos a ver, esclavas, o mejor dicho, cerdas,....sí, cerdas os va bien, .....desde ahora todo el mundo os llamará cerdas. Vais a aprender vuestra primera lección. Cuando no estéis atadas tendréis que adoptar la postura de sumisión: las piernas abiertas y las manos en la nuca: quiero que lo hagáis ahora.

- Mi hermana te ha dicho que te vayas a la mierda y yo te digo que te den por el culo, ¿te enteras?

- Dos cerdas salvajes, ¿eh?, muy bien habrá que domaros.

El director se asomó a la puerta e hizo llamar a varios guardianes. Rápidamente aparecieron cuatro hombres entre los que se encontraban Harry y el Electricista.

- Llevaos a estas al patio, primero les dais unos latigazos y luego las ducháis que apestan.

Los tipos cogieron a las esclavas a duras penas pues éstas se pusieron a luchar y patalear mezclando palabrotas con insultos, sin embargo, finalmente fueron dominadas y sacadas del despacho del director a rastras.

Aún se oían los gritos de esas dos cuando Nicole y David, el matrimonio que había realizado la visita junto a Julia, entró al despacho del director.

- ¿Se puede?

- Bueno estoy algo ocupado, pero, adelante. El señor Bridges no veía el momento de bajar a visitar a Sunset que aún le esperaba en la cámara de tortura.

- Siéntense

- En realidad no es necesario, el asunto que nos trae nos llevará poco tiempo, dijo Nicole.

- Ustedes dirán.

- Quisiera ingresar como esclava, dijo Nicole sin más preámbulos, ¿me aceptarían en el Campo?

Esta vez al director no le hizo falta verla desnuda. Nicole era una mujer muy atractiva, alta y delgada, rubia, de ojos azules y nariz respingona, apenas tenía pecho pero lucía un buen tipo. La joven iba vestida con pantalones vaqueros y una camiseta de manga corta.

- No creo que haya problema, puede firmar ahora mismo si así lo desea. ¿Por cuánto tiempo?

- Por tres meses.

- Excelente. Cuando inició todo aquello, el señor Bridges nunca se hubiera imaginado la cantidad de pibones que iban a caer en sus redes por su propia voluntad. El caso es que ya se estaba frotando las manos anticipando lo que le iba a hacer a esa mujer.

- Firmaré ahora mismo si usted quiere, dijo Nicole, pero antes hay una condición.

El director frunció el ceño.

- ¿Qué condición?

- Sólo me entregaré como esclava durante tres meses si aceptan que mi marido David entre como verdugo durante ese mismo período.

Eso sí que no se lo esperaba. Geoffrey Bridges que se quedó de una pieza ante la proposición.

- Sinceramente, no sé qué decirle señorita.

- Pues decídase, si le intereso ya sabe la condición, si no acepta, nos vamos y en paz.

- Espere, espere un momento.

Aceptar una esclava era algo más fácil y menos comprometido que coger un nuevo verdugo. Esto último, en cambio podía ser muy arriesgado. No obstante Geoffrey se fijo en él. David era un tipo tan atractivo como su mujer. Era joven y rubio, no debía tener más de 25 años y era guapo y de facciones suaves, sin embargo, con esa cara de niño bueno no tenía pinta de sádico. De todos modos, ¿qué se perdía con probar?

- ¿Y bien?, dijo ella, ¿acepta?

- Puede que sí, pero antes tendré que hacer una prueba.

El director se fue hasta su escritorio y sacó unos alicates de punta alargada y superficie interior dentada.

- Necesito que me demuestre que es capaz de torturar a su mujer, le dijo a David alargándole los alicates.

Este dudó un momento, Nicole y su marido se miraron a los ojos, y David afirmó decididamente con la cabeza.

- ¿Y usted?, le dijo a ella. Esta dispuesta a ser torturada por su propio marido en mi presencia?.

Nicole ni siquiera dudó.

- Sí, por supuesto.

- Muy bien, desnúdese de cintura para arriba, vamos a empezar por sus pechos.

Nicole se sacó la camiseta por la cabeza y después se desabrochó el sostén. Efectivamente sus pechos no eran gran cosa, eran pequeños y puntiagudos, pero no eran feos.

- ¿Así?, dijo ella y sin esperar ninguna orden puso sus manos sobre su cabeza mientras un escalofrío de placer hizo que se le pusiera la piel de gallina.

- Perfecto. Coja usted estos alicates y retuérzale los pezones, apriete bien y sin miedo hasta que su mujer llore de dolor o baje las manos.

David cogió los alicates y se acercó a Nicole, dudó un momento y entonces le cerró los alicates en el pezón izquierdo, pero no se decidió a apretar.

- Hazlo cariño, dijo Nicole de pronto, vamos hazlo, yo estoy preparada.

Entonces David apretó de tal manera que la porción del pezón que asomaba entre los dientes parecía una masa informe de carne.

La joven se mordió el labio para no gritar.

- Y ahora retuérzalo,... sin miedo,.... dijo Geoffrey.

A David se le fueron pasando los remilgos y se puso a retorcer el pezón apretando los dientes.

Mientras la torturaba su propio esposo, Nicole mantenía la mirada fija en el infinito aparentemente inmune al dolor, y siguió aguantando sin gritar durante unos minutos, pero de pronto una lágrima empezó a asomar de sus ojos.

David se lo retorció casi 180 grados sobre sí mismo, pero ella siguió aguantando.

- Ya es suficiente, dijo el director. Ahora el otro.

Al liberarlo, el pezón de Nicole ni siquiera volvió a su ser inmediatamente sino que quedó deformado y enrojecido por unos minutos con los dientes del alicate marcados sobre la piel.

- Veo que eres una chica valiente, le dijo el Director a Nicole al ver que soportaba el tormento en su otro pecho derramando lágrimas en silencio. Serás una buena esclava, añadió.

Ella ni le respondió sino que se concentró en seguir soportando el dolor.

- Bien, basta. Y ahora querida, voy a dejar que tu marido te torture en tu sexo. ¿Lo soportarás?

- Sí, dijo ella enjugándose las lágrimas con las manos.

Y nuevamente, sin que nadie se lo ordenara, Nicole se quitó los pantalones y el tanga y volvió a adoptar la postura de sumisión, esta vez abriendo bien las piernas.

- Será mejor que te tumbes en la mesa, le dijo el director palmeando la superficie con la mano.

La joven le hizo caso y se tumbó boca arriba sobre la mesa separando bien las piernas y agarrándoselas de los tobillos con las manos.

- Adelante, ahí tienes su coño, improvisa.

David vio entonces el coño depilado de su mujer, de color rosa claro y formado por un intrincado laberinto de pliegues. La joven tenía en ese momento los labia y el clítoris totalmente erizados mientras una gota blanquecina revelaba que por dentro estaba muy caliente y lubricada.

El señor Bridges se tuvo que reprimir para no penetrarla allí mismo.

Por su parte David fue directo al grano y descubriendo con los dedos el clítoris se lo agarró con las tenazas y empezó a tirar y a apretar con todas sus fuerzas.

- AAAAAAYYYYYYYY.

Esta vez Nicole se retorció de dolor poniendo sus ojos en blanco.

- Eh, para, bestia, para que se lo vas a arrancar.

David abrió los alicates mirando anonadado al director, mientras Nicole se llevaba las manos a la entrepierna y se encogía hecha un ovillo mientras se quejaba amargamente.

- Está claro que eres un animal, pero si quieres ser verdugo tienes que aprender a disfrutar de esto y a hacerle disfrutar a ella, tienes que ir poco a poco. Anda, hazle un cunnilingus a ver si le alivias, bruto.

Mientras su marido le chupaba la figa, el director cogió el teléfono para llamar a alguien y cuando colgó comprobó que Nicole estaba nuevamente relajada, con las piernas abiertas y la cara de su marido dentro de las piernas, aliviándole el clítoris a lametones.

El director no les quiso interrumpir, por eso la pregunta se la hizo a ella.

- Dime Nicole, ¿practicas la sodomía con David?

- ¿Quiere decir que si me la mete por detrás?, no, nunca lo ha hecho.

- Eso me ha parecido, que tenías el culo entero.

- Sí, ¿por qué?.

- Es que tengo que someteros a una última prueba.

David dejó de comerle el coño a su mujer.

- He mandado llamar a Lucas, es un hombre de color que se ocupa de cuidarnos el jardín.

Nicole y su marido le miraron sin comprender y el director le acarició el cabello a ella.

- Quiero que te dejes encular por ese hombre, pequeña, y quiero que lo hagas aquí delante de tu marido.

David le miró con enfado.

- Compréndelo, tu mujer tiene un culo precioso, lo tiene pequeño y prieto y cuando sea esclava todo el mundo querrá rompérselo y tú tendrás que aguantarte, además quiero ver tu reacción. También podéis iros a vuestra casa, nadie os obliga. ¿qué me dices?

Nicole le miró y afirmó con la cabeza decidida. David también accedió aunque no de muy buena gana.

- Así me gusta, pues no perdamos tiempo, Lucas vendrá de un momento a otro y hay que ir preparando el orificio, date la vuelta y pon el trasero en pompa. Y tú siéntate ahí y disfruta.

El director se fue hasta un armarito y sacó del mismo un pequeño kit de sodomizar: un frasco de vaselina, unas bolas chinas, un tapón anal y un gran falo de goma conectado por un tubo a una pera hinchable..

- Mastúrbate despacio, eso te ayudará a relajarte.

Nicole obedeció mientras el director inspeccionaba el ano de la mujer. Abrió sus tersas nalgas y ahí apareció el sumidero del culo totalmente cerrado y prieto.

- Mmmmh esto habrá que trabajarlo mucho, y separando bien los glúteos le empezó a lamer el culo con la punta de la lengua.

David empezó a masturbarse al oír el sensual suspiro de su mujer. La lengua del señor Bridges siguió con su trabajo sabia y delicadamente e incluso el hombre la puso dura para empezar a sodomizar con ella a Nicole. El esfínter de la chica se relajó tanto que apenas hizo oposición a la lengua y se abrió unos milímetros. Esto dio pie a que el director se pringara el dedo índice en el propio coño de ella y se lo metiera hasta la tercera falange.

Se notaba que no era la primera vez que hacía eso, pues el Señor Bridges trabajaba el pequeño culito de Nicole con gran habilidad y sabiduría. Primero un dedo dando vueltas y más vueltas, entrando y saliendo, luego dos, luego tres e incluso cuatro. Todo ello muy lubricado con los propios jugos vaginales que chorreaban de su entrepierna.

- ¿Cómo te sientes?

- Me están entrando ganas de hacer de vientre.

- Eso es normal, relájate todo lo que puedas así será más agradable.

Entonces el director se puso a pringar unas enormes bolas chinas con vaselina y se las fue introduciendo por el ano una a una .

David se sorprendió del grado de dilatación que podía alcanzar el esfínter de su mujer. Esta gemía de dolor...y de gusto.

- Aaaah, despacio, por favor.

- Vamos, has aguantado lo de los alicates, esto no es nada en comparación.

Las bolas chinas fueron entrando a trancas y barrancas, una tras otra y después hicieron el viaje de vuelta, hacia afuera.

- Creo, creo que me voy a correr, dijo ella entre suspiros y sin dejar de masturbarse.

- Córrete si quieres, eso ayudará.

Y sin esperar más el director le introdujo el último aditamento, un enorme tapón anal. Este entró fácil pues el ano ya estaba dilatado, sin embargo, Nicole empezó a gemir de dolor cuando el director se puso a accionar la pera y el tapón de goma empezó a crecer forzando el esfínter al extremo.

- Ooooooh

Nicole gimió de dolor pero al mismo tiempo se empezó a masturbar con más vigor, hasta que tuvo un orgasmo.

Justo en ese instante Lucas picó en la puerta y el director le hizo pasar.

Lucas era un hombre de color enorme que venía vestido con un buzo de faena.

¿Me llamaba, señor director?, dijo Lucas un tanto sorprendido de ver a aquella mujer blanca completamente desnuda con el culo en pompa y aquello negro tan ridículo colgando de su trasero.

- Sí, pasa Lucas, dime, ¿te gustaría encular a esta esclava?

- ¡Qué pregunta!, dijo Lucas admirando a la chica colocada en una posición tan grotesca.

- Pues desnúdate y enséñale tu polla, le va a encantar.

Sin dudar un momento Lucas se quitó el mono sonriendo y después se deshizo de la ropa interior. Inmediatamente dejó su cuerpo al aire, su torso fuerte y musculoso de amplios pectorales, sus brazos y piernas duros como rocas y sobre todo su enorme polla, un pene de más de quince centímetros de largo y grueso como una gran morcilla..

- ¿Te gusta? Le dijo el director a Nicole.

- Sí, dijo ésta muy excitada sin poder apartar la vista del glande brillante de Lucas

- ¿Aún quieres ver cómo Lucas le rompe el culo a tu mujer con semejante pene?

Nicole miró anhelante a su marido

- Por favor, hágalo, y dirigiéndose a Lucas le dijo, adelante tiene mi permiso.

- Muy bien, pequeña, juega con él mientras el dildo te termina de abrir el culo.

Nicole se incorporó y se acercó a aquel gigantón. La chica nunca había engañado a su marido y menos en su presencia, asi que aquello le daba mucho morbo. Además nunca había hecho el amor con un hombre negro y tenerlo tan de cerca, completamente desnudo la impresionó, llevó su manos adelante y apenas se atrevió a tocarle, sólo se limitó a pasar las uñas por sus pectorales lenta y suavemente mientras el rubor cubría su rostro.

Por su parte, él la fue rodeando con sus brazos como si fuera una niña y poniendo la manos en el trasero la atrajo hacia sí.

Lucas notó como repentinamente Nicole se volvía más traviesa y activa y empezaba a besar y lamer sus pectorales y pezones, mientras acariciaba con las dos manos su largo miembro. Así la joven empezó a masturbarle lentamente.

El director se acercó entonces a ella y poniendo las manos en los hombros le hizo entender que se arrodillara.

El pene de Lucas era un bloque contundente de carne broncínea. Nicole no había visto nunca nada parecido a eso y menos a escasos centímetros de su cara. Aquello olía raro pero no era desagradable Sin saber muy bien por qué, a la chica le entró la risa. Sin embargo, eso no le impidió cogerla fuertemente con una mano y empezar a lamer delicadamente el glande como si fuera una bola de helado recién servida. Asimismo, la joven no pudo evitar volver a masturbarse con la otra mano.

Apenas le cabía el glande en la boca así que la chica se puso a lamerlo y a besarlo con sus labios pringándose los mismos de semen líquido, pero cuando se lo intentó meter le dio una arcada y no pudo mamarlo.

- Lubrícalo bien con la lengua, esclava, te lo aconsejo.

Nicole se afanó en ello, pero aquello no era nada fácil, sin embargo, todos estos esfuerzos, juegos y manejos no impidieron que Lucas suspirara de gusto ante una mamona tan traviesa.

- Bueno, basta ya de chupa chups, ven aquí, esclava, y ponte a cuatro patas. Espontáneamente, Nicole se puso con el trasero mirando a Lucas. Este volvió a pensar que la chica estaba un poco ridícula con esa especie de cola de goma colgando.

Antes de encularla, el director se puso a extraerle el aditamento anal. Sólo lo deshinchó un poco, pero quiso sacarlo como si fuera una enorme bola china. Para ello fue tirando poco a poco mientras dejaba caer un goterón de vaselina.

- Aaaaah

Nicole gemía cerrando los ojos, pues la dilatación le dolía bastante. Era imposible que su culo pudiera abrirse aún más sin romperse, pensaba ella. Sin embargo sí que pudo, el tapón anal salió por fin y ella respiró aliviada mientras el agujero de su ano se cerraba lentamente.

A una seña del Señor Bridges Lucas se untó el miembro de vaselina mientras miraba extasiado cómo el culo de Nicole no sólo no se cerraba del todo sino que permanecía medio abierto y relajado.

Aunque no se lo pidieron, la chica colocó su cara pegada a la mesa y manteniendo el trasero alto se colocó las manos en las nalgas para separarlas todo lo posible.

Ante la invitación Lucas embistió, colocó la punta del pene en el sumidero y gracias a la vaselina lo fue introduciendo poco a poco.

Entonces David pudo ver cómo el rostro de su mujer pasaba del éxtasis al sufrimiento lentamente. Su esfínter volvió a tensarse y el enorme pene de Lucas fue entrando lentamente.

- Ayyy, AAAYYY, qué daño, decía ella sin moverse.

El gigantón la cogió entonces de las caderas y siguió apretando sin preocuparse de sus quejas.

- Ayyy, mi culo, me lo va romper Dios cómo duele.

- ¿Quieres que pare?, dijo el Director.

- No, aayyy, no....rómpemelo del todo, vamos, hasta dentro. AAAAAAHHHH.

Es posible que al pasar completamente, la cabeza del miembro de Lucas rasgara el esfínter de Nicole, pues la joven soltó un tremendo alarido de dolor, sin embargo, su marido no se inmutó sino que siguió masturbándose.

- Ayy, ayy, la muchacha se quejaba a cada embestida de ese enorme miembro que ya entraba casi hasta las pelotas y la empalaba profundamente, sin embargo, Nicole no dejó de masturbarse en ningún momento, y de hecho tuvo un segundo orgasmo sin que ningún hombre se percatara pues nadie tenía muy claro ya si sus gritos eran de dolor o de placer.

A pesar de ello, Lucas siguió sodomizándola un rato, no mucho, pues dado que el esfínter de la chica le atrapaba fuertemente el miembro todo aquello era muy efectivo. Así tras unos minutos de empujones y gritos, Lucas sacó su pene al aire y regó la espalda y el culo de Nicole con largos goterones de esperma blanco.

Nuevamente por propia iniciativa la chica se incorporó y se puso a chuparle el miembro en busca de restos de semen. Mientras tanto Nicole se llevó la mano al trasero para aliviarse ese fuego que le venía de atrás y que le quemaba como si hubiera expulsado por ahí chile picante.

- ¿No crees que tu mujer se está pasando de puta?, le dijo el director a David

- Sí, contestó éste sin dejar de masturbarse y viéndole hacer guarradas con aquella polla negra.

- ¿No crees que debe ser castigada?

- Sí

- ¿Prefieres hacerlo tú o que lo hagan otros?

Nicole se sacó la polla de la boca para decir.

- Cariño, otros, por favor,... quiero sufrir para ti.

David no la contradijo.

- Primero quiero ver cómo la torturan otros, después lo haré yo mismo.

- Está bien, ahora coge el contrato y llévate a tu mujer para que lo firme.

Nicole se despidió de Lucas dándole un besazo en los morros y agradeciéndole haberle desvirgado, después se fue hasta David pero éste le recibió con una bofetada que la tiró al suelo.

- Puta, más que puta

Nicole se llevó la mano al carrillo y le miró con lágrimas en los ojos `pero se levantó de la misma y se colocó en postura de sumisión delante de David.

Este la cogió violentamente de un brazo y se la llevó fuera.

- Vamos zorra, ya te ajustaré yo las cuentas.

El director y el jardinero se quedaron sólos

- Muchas gracias, Lucas.

- No hay por que darlas, señor director, usted manda y yo obedezco. Lucas se vistió y siguió con sus cosas.

Mientras todas estas cosas pasaban en el despacho del Señor Bridges, Peter recogió su cámara y encendió un cigarro mientras esperaba a Shirley.

Esta estaba a más de sesenta metros de distancia y discutía vivamente con Julia.

Peter no podía oír lo que decían, sólo estaba preocupado porque se les hiciera tarde y no pudieran llegar a tiempo a la redacción.

- Pero ¿qué diablos?

De pronto Peter vio que Shirley y Julia entraban en un edificio y le hizo señas señalando su reloj de pulsera. Ella le contestó haciéndole gestos de que esperara un momento.

El momento en cuestión duró más de media hora, Peter se cansó de esperar y se sentó en un escalón mirando al suelo y sin dejar de fumar mirando el reloj a cada rato.

- Eh Peter.

Instintivamente el cámara miró hacia arriba al oír la voz y abrió tanto la boca que el cigarro se le cayó al suelo.

- ¿Qué,....qué haces así vestida?

Shirley le dio una bolsa.

- Toma, aquí tienes mi ropa, llévala a la redacción y me la traes dentro de una semana..... Sólo he firmado para siete días.

- Pero...pero, ¿estás loca?, ¿dices que has firmado? ¿cómo esclava?.

Shirley dijo que sí con la cabeza mientras se levantaba la punta de su faldita con los dedos.

Peter no daba crédito a sus ojos y sin darse cuenta su polla empezó a crecer bajo sus pantalones. El hombre nunca había visto a su compañera tan "desnuda" y tan sexy. Esa minifalda y esa camiseta tan descocada dejaban al aire las bellas formas de la periodista: sus piernas eran firmes como dos columnas y sus muslos llenos y contundentes. Como Shirley solía vestir muy racatada Peter nunca se había percatado de sus redondos pechos que ahora se mostraban generosos canalillo incluído y estaban coronados por dos gruesos pezones que se marcaban perfectamente bajo la ligera tela de la camiseta. Es lógico pues la chica aún estaba excitada y nerviosa por lo que acababa de hacer.

- No tengo tiempo para explicártelo, pero tenía que hacerlo.

Shirley hablaba rápido y a trompicones. Era evidente que estaba nerviosa y excitada e incluso un poco caliente.

- Este tema del Campo de Esclavas me ha transtornado de verdad y tengo que saber más de él. No me han dado otra opción para seguir investigando así que he decidido entregarme como esclava durante una semana así podré experimentarlo en mí misma y quizá termine entendiendo a estas chicas..

Peter intentó decir algo, pero Shirley le cortó

- Ya, ya sé que estoy loca, de hecho aún no sé si he hecho bien, pero....aquí estoy, ya he firmado y ya no hay vuelta atrás.

- Eh esclava, ven acá, se oyó Julia a lo lejos que blandía su fusta.

- Adiós Peter, ya ves que tengo que irme, explícaselo al jefe.

Shirley besó a su cámara en la mejilla, se marchó corriendo y Peter cogió sus ropas aun impresionado.

Una vez en la redacción, Peter se puso a montar el reportaje y lo entregó para preparar el documental.

Esa noche y todas las siguientes el joven se masturbó repetida y compulsivamente pensando en Shirley e imaginándosela como esclava.



Os esperamos en Sexonet
FECHA El 05/07/10 a las 04:07:57 IP GUARDADA Enviar Privado Añadir Amigo · Enviar Privado Enviar Privado · Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
Online sexonet
Administrador
Administrador



Mensajes:
Visitas:
Lecturas:
Fecha Reg.:
2381
669
943
El 15/12/07 a las 02:12:45

Capítulo 7 El "Rito de Bienvenida"

Las esclavas recién llegadas al campo debían pasar por un "Rito de Bienvenida" inmediatamente después de firmar el contrato de esclavitud.

Dicho rito tenía una función práctica muy concreta, pero además era intencionadamente humillante para que las nuevas esclavas asimilaran su nueva condición lo antes posible.

Primeramente las candidatas a esclavas fueron llevadas a una amplia sala donde les esperaban los contratos que tenían que firmar.

Los documentos eran todos iguales. Sólo había que poner el nombre y otros datos personales, especificar el tiempo que iban a permanecer en el campo y firmar. Junto al contrato se adjuntaba un informe médico que certificaba que no tenían enfermedades de transmisión sexual y que las esclavas habían tenido que aportar previamente.

Se trataba, por tanto de un mero trámite. De hecho algunas lo hicieron rápidamente, sin dudar, pero a otras les costó mucho decidirse. Lo que habían visto en el campo había sido realmente duro y lógicamente ciertas candidatas aún tenían dudas. Estas jóvenes se debatían entre el miedo, la vergüenza y la intensa excitación sexual que todo aquello les producía.

Unas pocas chicas se hicieron de rogar más de la cuenta, además en ese momento no podían pensar con claridad y se sentían incómodas bajo la vigilancia de los guardianes que no dejaban de mirarlas impacientes por ponerles la mano encima. Alguna hacía ademán de firmar, pero en el último momento le faltaba el valor, entonces las chicas tachaban los contratos nerviosas, los rompían y cuando estaban a punto de rajarse, se arrepentían y pedían uno nuevo.

En el campo ya estaban acostumbrados a eso, así que dispusieron documentos de sobra.

Entre tanto Julia se paseaba inquieta dándose golpes con la fusta en la palma de su mano y deleitándose de ver tanta carne fresca junta. Ingrid la chica danesa había sido una de las primeras en firmar y ahora permanecía en postura de sumisión impaciente de que todo aquello comenzara.

En atención a sus dilatados servicios y en contra de las costumbres del lugar, el director le había permitido a Julia llevarse esa misma noche a la bella Ingrid a su cubil y encerrarse con ella un día entero en una mazmorra de la Casa Grande. Lógicamente el ama estaba ansiosa, impaciente y muy excitada.

De repente y sin previo aviso una de las candidatas se puso histérica, rompió el contrato y gritó que quería marcharse de allí, era Angélica, la chica que iría a la cárcel si no pagaba la deuda.

Julia y otros guardianes acudieron inmediatamente.

- Oye tú cálmate que vas a espantar a las otras ¿se puede saber qué te pasa?

- Déjeme, puta sádica, quiero marcharme de aquí ¿me oye?, todo esto es odioso, odioso.

- Te he dicho que te calmes, si no quieres firmar te puedes ir cuando quieras pero deja de gritar de una vez.

Angélica hizo caso y enmudeció, se enjugó una lágrima con el dorso de la mano y se dirigió decidida a la salida, pero entonces Julia la agarró del brazo.

- Espera un momento, devuelve el uniforme, pertenece al Campo.

- ¿Qué?

- Que te quites la ropa, imbécil.

- Pero, pero, no he traído nada más, me quedaré desnuda.

- Eso a mí no me importa, quítatelo, Julia le agarró de la camiseta y se la rasgó de un tirón. Y ahora la falda, vamos.

Angélica la miró con odio mientras se desabotonaba la falda y con un gesto de rabia se la tiró a la cara.

- Ahí tienes marimacho, hija de puta, que te aproveche.

Julia ni siquiera se inmutó.

- Echadla.

Dos guardianes la cogieron por los brazos y la llevaron hasta la puerta del campo. A empujones y amenazada por los perros, Angélica tuvo que salir fuera del campo, y como el autobús se había marchado se quedó en pelotas, en medio de la nada y a punto de anochecer.

Julia miró al resto de las chicas.

- ¿Alguna más?. ¿no?. Pues firmad de una vez, joder.

Realmente atemorizadas, todas las demás jóvenes menos Angelica firmaron rápidamente el documento.

El primer paso del rito de bienvenida consistía en pasar por la "sala de depilación", allí se comprobaba que las esclavas estaban completamente depiladas y si era necesario se les "apuraba" con pinzas hasta dejar su entrepierna, sobacos y otros lugares completamente limpios. A las chicas sólo se les permitía cierta mata de pelo en el pubis siempre muy discreta.

Asimismo un médico les hacía una revisión general y un examen ginecológico por si había alguna embarazada o con enfermedades. Por supuesto el embarazo no les libraba de la esclavitud, de hecho algunas chicas se quedaban embarazadas de los guardianes del campo, pero evidentemente eso exigía tomar ciertas medidas excepcionales y no era algo deseable para el negocio. Por eso el médico también recetaba el tipo de anticonceptivo más conveniente a cada caso.

Este examen era humillante, pues las esclavas debían desnudarse y doblar cuidadosamente su uniforme. La primera esclava ocupaba inmediatamente la silla ginecológica, pero las demás...........pero llegados a este punto dejemos que Shirley Archer, la periodista, nos lo cuente de primera mano a través del informe que ella misma escribió sobre su experiencia en el Campo

"Cuando entramos en aquella sala nos hicieron desnudarnos, doblar cuidadosamente nuestra ropa y dejarla ordenada sobre un largo banco. A Nicole que entró la primera, la hicieron sentarse directamente sobre un sillón ginecológico con los brazos sobre su cabeza y las piernas abiertas y levantadas sobre unas tobilleras. Dos médicos empezaron a hurgar directamente en su entrepierna y a juzgar por sus quejas lo hicieron bruscamente.

A las demás nos colgaron por los brazos de unos ganchos que pendían del techo. Para ello me tuve que subir a una banqueta y subir los brazos. Ya colgada, alguien me desplazó como si fuera una res en un congelador gracias a unos rieles similares a los que vimos en el garaje.

Delante de mí estaba Kira, la chica punky que ahora mostraba todos los tatuajes y piercings que cubrían amplias zonas de su cuerpo. A pesar de eso dos verdugos se pusieron a trabajar sobre ella asegurándose de eliminar todos los pelos de la entrepierna con unas pinzas. Estuvieron un buen rato arrancando pelos y tras acabar con ella esos mismos hombres se ocuparon de mí mientras otro tipo le tatuaba a Kira un número en la ingle izquierda.

A partir del momento en que nos tatuaban, las esclavas seríamos conocidas en el campo por ese número y no por nuestro nombre. No obstante los guardianes acostumbraban ponernos motes ofensivos y degradantes a los que teníamos que responder si no queríamos ser castigadas. Mi número era el 63 pero era conocida en el campo como "Boca de oro". Esto último no era por ser presentadora de televisión, sino porque me debía dar mucho arte en las felaciones. Ya he perdido la cuenta de todas las veces que me follaron por la boca.

Al contrario de lo que pensaba, no me resultó desagradable que aquellos desconocidos me manosearan. Cuando un tipo te mete mano en el metro tienes que defenderte, tu dignidad te lo exige, pero allí colgada y en pelotas sólo era un trozo de carne y ya no quedaba dignidad que defender. Lo comprendí enseguida, por eso me relajé y disfruté de las caricias y de las punzadas de dolor al arrancarme pelillos de mis partes o cuando me hicieron el tatuaje. Yo no me había depilado a conciencia antes de llegar allá de modo que tras arrancarme unos cuantos pelos, los verdugos se impacientaron y decidieron que me afeitarían la entrepierna más tarde.

Tras esto pasé a la silla de ginecólogo, los médicos fueron bruscos y desconsiderados y me hicieron bastante daño, pero aguanté sin gritar.

Una vez pasado el examen, permitieron que me volviera a vestir con aquel ridículo uniforme y entré a otra sala donde me dieron un par de folios escritos.

En ellos había una especie de guión lleno de mentiras que tuve que leer y aprenderme a toda prisa. Asimismo había unas instrucciones según las cuales tenía que mostrar ante la cámara una actitud alegre y despreocupada. También tenía que confesar mi carácter de masoquista y transmitir a los espectadores mis fantasías (reales o inventadas) y mi ferviente deseo de experimentar brutales castigos o de ser usada sexualmente de las formas más aberrantes. Y todo ello debía decirlo sonriendo, feliz y contenta como si me hubiera tocado la lotería. Asimismo se me advertía que si no hacía caso a las instrucciones sería duramente castigada. Eso sí que me pareció humillante.

Tras media hora de espera y de leer y releer los papeles, me hicieron pasar a un estudio y sentarme en una silla iluminada por los focos. Entonces vino un tipo e inesperadamente me esposó las manos a la espalda.

Alguien dijo: "Acción" y entonces empezaron a interrogarme.

- ¿Cómo te llamas?

- Shirley

- ¿Cuántos años tienes?

- 27

- ¿Habías hecho alguna vez sado?

- No.

- ¿Lo has deseado alguna vez?

- Sí (mentí como me indicaban los papeles), desde hace años he querido participar como sumisa, pero nunca me había atrevido, hasta ahora.

- ¿Habías visto alguna vez una sesión de BDSM?

- Sí, soy muy aficionada a verlas en internet.

- ¿Te masturbas cuando ves uno de esos vídeos o fotos?

- Sí, constantemente a veces dos y tres veces seguidas.

- ¿Qué te excita exactamente de ver sado?

- Me gusta ponerme en el lugar de la esclava, me imagino a mí misma atada y desnuda completamente indefensa en manos de un sádico que pueda hacer conmigo lo que se le antoje. (decir esto delante de la cámara me ruborizó pero también me excitó).

- ¿Sabes Shirley?, no puedo esperar a verte esos pechos que se adivinan bajo tu ropa. ¿Puede alguien quitarle la camiseta?

Un tío se acercó a mí, abrió una navaja y de dos cortes me sajó los tirantes. Después la metió dentro de la camiseta y hábilmente me la rajó de abajo a arriba, entonces me la sacó de un tirón y me quedé con el torso desnudo.

No sé por qué pero eso me puso muy cachonda. En ese momento pensé en mi familia, en mis compañeros de trabajo, mis amigos y en las miles de personas que conocían mi rostro por la televisión. Tenía que haberme avergonzado de aparecer ante todos ellos desnuda y maniatada diciendo que era una puta y una sumisa y sin embargo no fue así. En realidad me excité por ser humillada de esa manera, mi cuerpo me traicionó, y a medida que me interrogaban se me puso piel de gallina, se me erizó el vello y los pezones.

- Qué tetas tan bonitas tienes, ¿son naturales?

- Sí, por supuesto

- A ver muévelas un poco

Tuve que obedecer.

- Sí, sí que parecen naturales a juzgar por cómo se mueven. ¿Las tienes sensibles?

- En general sí, pero depende de días. Hay veces que sólo con rozar los pezones con el sostén me pongo muy cachonda. (Eso sí que era verdad).

- Lo celebro. ¿Te imaginas lo que se siente cuando te torturan los pechos con unas pinzas de cocodrilo o perforándolos con agujas?

- No (un escalofrío recorrió todo mi ser)

- ¿Te pone cachonda pensarlo?

- ¿Pensar en qué?

- Que te torturan en los pechos

- Sí, mucho. (Eso también era verdad así que me ruboricé otra vez.)

El interrogatorio aún continuó un rato, me siguieron preguntando por mis presuntos deseos masoquistas y por mis costumbres sexuales. Y yo tuve que contestar a todo según el guión. Para cualquiera que oyera mi confesión, quedó claro que yo era una esclava sumisa ávida de ser usada y castigada, pero según confesaba mis perversiones las cosas dejaron ya de importarme y darme vergüenza. De hecho me di cuenta en aquel momento que algunas cosas que decía eran verdad y al confesarlas en alto se me quitaba un peso de encima. En la sala de depilación había dejado expuesto mi cuerpo y ahora estaba desnudando mi alma.

- Muy bien Shirley, levántate para que te veamos bien.

Con las manos esposadas a la espalda me costó un poco levantarme. Entonces me di cuenta de que la superficie de la silla estaba mojada y volví a ruborizarme.

Una vez de pie me pidieron que posara sonriendo ante la cámara, primero con la faldita puesta. Después me la tuve que quitar con las manos esposadas. Como no pude desabotonarla me la tuve que sacar a tirones lo cual me costó mucho. Debía estar muy ridícula haciendo eso, pues los que me interrogaban no dejaban de burlarse y hacer comentarios obscenos sobre mí.

Lo siguiente fue aún peor, primero la cámara recorrió mi cuerpo por delante y tuve que agacharme y ponerme en cuclillas para que sacara un primer plano de mi potorro abierto y húmedo.

- Eres un poco cerda, esclava, me dijeron, no sabes ni depilarte.

- Lo siento amo, contesté. Cualquier excusa hubiera supuesto recibir un castigo.

- Ahora date la vuelta, agáchate y ábrete las nalgas y los labios de la vagina.

No tuve más remedio que obedecer, me agaché y con las manos esposadas abrí mis nalgas todo lo que pude. De este modo ofrecí a la cámara un excelente primer plano de mis agujeros.

Aquellos tíos me dejaron inmóvil en esa postura un buen rato, y mientras tanto hicieron comentarios obscenos sobre mi ano y sobre una gota blanquecina que en ese momento se deslizaba por mi coño y que terminó por caer al suelo. En ese momento lo que más me preocupaba era si tenía el orificio del ano completamente limpio. Era una sensación horrible exponerme así. Y para colmo me siguieron preguntando.

- Dime Shirley ¿eres virgen?

- No

- ¿Y por el culo?

- Sí...sí (yo ya estaba completamente avergonzada).

- ¿De verdad que aún no te la han metido por el agujero pequeño?

- No, se lo juro.

- ¿Ah sí?. No sé, no me lo creo, me resulta raro que una puta de tu edad tenga aún el culo entero. Bueno, daré orden de que esta misma noche los verdugos de desvirguen el culo. Ahora date la vuelta.

Entonces me incorporé y todo el mundo pudo ver que estaba roja de vergüenza y congestionada por la postura. Además no podía quitarme de la cabeza eso de que me iban a sodomizar esa misma noche.

- Vaya, la presentadora de televisión se pone nerviosa ante la cámara, ja, ja. Bueno Shirley, ¿quieres decir algo a tu público antes de empezar tu vida como esclava?

Aquí contesté lo que el guión me decía lo hice con la mejor sonrisa que pude esbozar en el momento.

- Sólo quiero mandarles un beso y decirles que espero que el público de "Campo de Esclavas" disfrute de mi cuerpo, de mi placer y mi sufrimiento, yo seré feliz con ello.

- Muy bien, ahora despídete.

Les dije adiós con una sonrisa y guiñando el ojo.

- Corten. Ha salido bastante bien, no creo que haga falta repetir.

Una vez terminada la grabación me quitaron las esposas pero ya no me devolvieron mis ropas pues a partir de ese momento y durante toda mi estancia en el campo, tuve que permanecer en todo momento completamente desnuda.

Las esposas fueron sustituidas por correas de cuero: collar, muñequeras y tobilleras anilladas y dotadas de ganchos. Estos aditamentos eran muy prácticos, pues era una manera sencilla y rápida de atar a las esclavas, de colgarlas de una estructura, o de lo que se necesitara.

Alguien me indicó que saliera de allí y que esperara junto a las demás en un largo corredor. Siguiendo indicaciones de los guardianes, las esclavas nos pusimos en una larga fila en postura de sumisión y con los pies de puntillas. Si alguna posaba los talones en el suelo se ganaba un par de fustazos en las piernas.

Cuando yo llegué al corredor ya estaban allí Nicole y Kira y yo me situé junto a ellas en su misma posición, pero después, se fueron alineando el resto de las chicas a mi izquierda imitando entre sí la postura. Poco a poco fueron llegando Star, Marsha, Elsa, BJ, Daisy, Ingrid, Yuka, Karen, Micaela, Nicole, Sierra, Rebeca, Violet, Sara, Sasha y algunas otras. Me impresionó ver a todas las chicas desnudas, alineadas y en la misma postura mirando al frente sin pestañear como un ejército bien disciplinado. A los guardianes eso les debió parecer algo excitante a juzgar por cómo nos miraban.

De la nueva remesa allí sólo faltaba Angelica, las dos sobrinas del granjero que en ese momento estaban siendo azotadas y violadas en el patio por los verdugos y por último Sunset, la bella profesora que aún aguardaba al director en su mazmorra.

Durante los tres cuartos de hora que permanecimos en esa postura, el señor Bridges y Julia nos pasaron revista y mientras tanto decidieron qué harían con nosotras al día siguiente. Asimismo, se pusieron a escoger cuáles de nosotras serían subastadas.

- Esta es Yuka, susurró Julia al director, la próxima víctima de Markus.

- ¿Una crucifixión?, excelente, esta chica es muy guapa y tiene buenos pechos, estará preciosa en la cruz,.... la grabaremos en vídeo, se venderá muy bien.

El director dijo esto mientras acariciaba el cuerpo de la chica japonesa con una fusta, y ésta bajaba los ojos sumisamente.

- Y supongo que ésta es tu vaquita, ¿me equivoco?, le dijo el señor Bridges a Julia admirando a Ingrid en su plena desnudez con sus largas piernas abiertas y sus pechos erectos y desafiantes.

- Sí ésta es.

- Menuda jaca, siempre he dicho que tienes buen gusto, Julia, madre mía qué pechos.

El señor Bridges se empalmó ante aquella mujer y para enfado de Julia no pudo evitar tocarla, así le colocó la palma de la mano en el coño comprobando que la joven danesa estaba muy caliente. Casi no la tocó, se limitó a posar la punta de los dedos y si acaso acariciarla ligeramente.

Sin quitar la mano le preguntó.

- ¿Te gusta ser esclava, preciosa?

Ingrid cerró los ojos y afirmó lanzando un pequeño suspiro.

Entonces el señor Bridges le rozó suavemente el clítoris moviendo su dedo índice atrás y adelante..

En principio Ingrid se resistió a reaccionar a esa maravillosa caricia, sobre todo al ver de reojo la mirada iracunda de Julia. Sin embargo, el director también se dio cuenta y por eso mismo siguió insistiendo en masturbarla mientras excitaba sus pezones con la punta de su fusta.

La pobre Ingrid no pudo disimular más y empezó a gemir de placer.

- Tu vaquita está a punto de caramelo Julia ¿Quieres correrte preciosa?

La joven afirmó con la cabeza.

Eso fue suficiente, antes de que ella pudiera llegar, el señor Bridges dejó de masturbarla y sonriendo con crueldad se limpió los dedos en sus tetas y siguió inspeccionando a las chicas.

Luego me enteré de que Julia se acercó a Ingrid y le dijo con rabia al oído.

- Ésta me la vas a pagar zorra.

Geoffrey Bridges se entretuvo un buen rato inspeccionando al resto de las chicas y se sintió muy interesado en Sara o Daisy y probablemente, si no hubiera tenido a la profesora esperando abajo, se hubiera llevado a una o a las dos a sus habitaciones.

Sara era una chica rubia delgada y atlética, de pechos y trasero pequeños pero redondos y compactos. La joven era muy masoquista y le gustaba que la ataran y "jugaran" con ella al hacer el amor así que fue de las primeras en firmar. En principio sólo pensaba firmar por quince días, pero al ver la dureza con que se trataba a las esclavas firmó por el tiempo máximo de tres meses. Ante el director mantuvo la postura con vigor y le miró con deseo y cierto desafío, probablemente para provocarle. El señor Bridges no cayó sino que se limitó a pasarle los dedos por los labios y la nariz. Ella pudo aspirar aún el aroma del sexo de Ingrid, lo cual le puso aún más cachonda.

Daisy era una chica latina morena, de grandes ojos, delgada y de bonitas formas. Aparte de su rostro, lo más bello de su cuerpo eran sus suaves pechos tersos de adolescente que desafiaban a la gravedad. Julia se había enfadado mucho con esta chica esa misma tarde por mascar chicle en su presencia y por eso la obligó a meterselo en la boca pringado de esperma. Al comprobar que Daisy se había deshecho del asqueroso chicle, Julia la miró con dureza pero por el momento no le dijo nada.

Finalmente, el director llegó hasta donde estaba yo, se paró delante de mí y me miró fijamente con una sonrisa cruel que me hizo apartar la mirada y experimentar un pequeño escalofrío. Recuerdo que el corazón me latía muy deprisa.

- O sea que tú eres la periodista. Esto no va a ser como Brubaker, muchacha, aquí eres una prisionera más y me ocuparé personalmente que tu estancia entre nosotros sea inolvidable. Ya verás vas a escribir un gran artículo.

Huelga decir que entendí la indirecta perfectamente.

Una vez examinadas, el señor Bridges no tuvo problema para elegir a las chicas que iban a ser subastadas en la red. Según sus propias palabras Marsha y Karen fueron escogidas por sus bellos cuerpos de modelo, Ingrid para los amantes de las mamas generosas y Sasha, Violet y Micaela para los aficionados a las "lolitas". También se decidió incluir a Yuka por aquello de lo exótico.

Sin embargo, la estrella de la subasta era yo misma, ¿por qué?, yo no tenía un cuerpo espectacular como las otras, pero era una periodista y presentadora de televisión bastante conocida por el público y lógicamente recibí miles de pujas.

Cuando me enteré de que sería subastada en la red, un escalofrío de terror recorrió todo mi ser. Eso sí que no lo había tenido en cuenta. Mis fotos desnuda y maniatada serían reconocidas en internet por miles de personas que así tendrían la oportunidad pujar por el placer de violarme y torturarme. Saber eso era humillante y sin embargo, ahora es mi fantasía favorita cada vez que hago el amor o me masturbo..

Aparte de la subasta, el director decidió que la mayor parte de nosotras fuera destinada al garaje para grabar una sesión de bondage y tortura al día siguiente. Malasaña tuvo así la oportunidad de escoger a sus víctimas que serían Marsha, Violet, Kira y por sugerencia del director yo misma. También fueron destinadas al garaje Karen, Sierra, Star y Rebeca.

Se podía percibir la excitación en las muchachas que habían sido escogidas para tan dolorosa prueba. Al darse cuenta de lo que les esperaba, las jóvenes bajaban la cabeza y alguna empezó a transpirar más de la cuenta, incluso la pequeña Rebeca, la jovencita que quería satisfacer las fantasías de su novio, llegó a orinarse encima allí mismo al saber lo que le esperaba al día siguiente.

Yo también estaba aterrorizada por todo lo que me estaba pasando. Probablemente cuando di el paso de convertirme en esclava no contaba con todo aquello, quizá me engañé a mí misma y me hice la ilusión de que tendrían un trato especial conmigo, pero ahora ya era de verdad, en pocas horas sería torturada salvajemente por Malasaña. En ese momento quise viajar en el tiempo unas horas antes y rezaba fervientemente para despertarme de aquella pesadilla, pero ya nada ni nadie podía librarme de aquello.

Las otras chicas sufrieron suertes distintas, Elsa y BJ fueron destinadas al Gloryhole y el director dijo que Nicole, Sara y Sasha harían una película de unos indios que capturaban a unas mujeres blancas o algo así

Una vez repartidos los destinos el siguiente paso del rito de bienvenida era una especie de fiesta, en realidad se trataba de una orgía en la que las esclavas fuimos obligadas a follar con los guardianes, pero antes de eso todas pudimos ver cómo Julia se llevaba a Ingrid para su "luna de miel" particular.

Aparte de cruel, Julia era muy amante de los fetiches, por eso quiso que esa noche su novia estuviera "guapa" para ella. Primero le hizo ponerse unos altísimos zapatos de tacón afilado y después un correaje de finas cintas de cuero negro entrecruzadas entre sí que le cubrían todo el torso. Tras esto le ató las manos a la espalda y le ajustó un cinturón de cuero en los codos apretándolos bien y deformando la espalda entre los omoplatos. El pelo se lo mantuvo recogido en una larga trenza que le llegaba hasta la parte baja de la espalda. Tengo que decir que Ingrid estaba preciosa.

Hecho esto Julia se puso a maquillarla cuidadosamente y con cierto gusto: un poco de pote en la cara, sombra de ojos, rímel y por supuesto le pintó los labios con un rojo intenso que le favorecia mucho. Para contrastar con este color, escogió una ballgag verde pistacho y le amordazó con ella. Ingrid se dejaba hacer sin hacer el menor movimiento excitada por la fantasía de ser una muñeca en manos de su ama. Tras esto Julia utilizó el lápiz de labios para pintarle los pezones y los labios vaginales y por último escribió con él en las tetas: "Tortúrame" , en la teta derecha; "a mí también" en la teta izquierda.

Hechos estos preparativos, Julia esposó los dos tobillos de Ingrid entre sí con una corta cadena y le puso una correa de perro en el collar.

De esta guisa se la llevó a la cámara de tortura de la Casa Grande, pero antes quiso que su esclava desfilara delante de nosotras hasta cuatro veces.

Imagínense una mujer como Ingrid atada de esa manera. La joven no dejaba de dar traspiés y taconear ridículamente al andar. Sólo me pude fijar en cómo temblaba su culazo y cómo sus pechos "bailaban" como dos enormes flanes a cada paso.

Los verdugos reían con grandes carcajadas al ver aquello y felicitaban a Julia por cómo se lo iba a pasar con semejante ejemplar. Julia se limitó a mandarles a tomar por culo con su dedo enhiesto.

De lo que no pude darme cuenta es que mientras andaba y se exhibía delante de nosotras, Ingrid llegó a tener un orgasmo.

Tras este espectáculo fuimos por fin conducidas hacia los barracones, para ello nos ataron las manos a la espalda, nos pusieron en fila, ataron los collares entre sí con correas de un metro de largas y así formaron una larga recua de esclavas.

A pesar de que todas obedecíamos sumisamente, por el camino nos dieron de latigazos posiblemente porque estaban ansiosos y tenían prisa por follarnos.

Así salimos completamente desnudas y descalzas al aire frío de la noche y tuvimos que caminar varias centenas de metros heladas y tiritando, sin embargo, antes de eso pudimos ver cómo terminaban de castigar a las dos hermanitas, Tyler y Shonta.

Estas dos pagaron cara su osadía. Harry y el electricista fueron los encargados de conducirlas hasta el patio, pero el que tenía que castigarlas era Roberto, una mala bestia y un auténtico virtuoso del látigo. Roberto era un hombre tuerto alto y musculoso, lleno de tatuajes y completamente calvo como una bola de billar. Tenía bigote, llevaba un parche en el ojo tuerto y una cicatriz afeaba su carrillo izquierdo. El sádico verdugo llevaba en ese momento unas altas botas y un pantalón militar de camuflage. Por el contrario iba con el torso desnudo que brillaba de transpiración a pesar del frío de la noche. Eso de dar latigazos era un ejercicio físico muy intenso.

Las dos jovencitas habían sido atadas cabeza abajo a una estructura rectangular de varios postes con brazos y piernas abiertos hasta el extremo y formando dos grandes equis.

Roberto empezó por azotar salvajemente a Shonta con un látigo de cuero de metro y medio de largo. El verdugo no contó los latigazos, pero seguramente fueron más de veinte. El caso es que la joven después de chillar, llorar y maldecir al verdugo y a toda su familia, se desmayó y tuvo que ser despertada con un chorro de agua helada.

Mientras duchaban a su hermana con una manguera, Tyler, que se había orinado de miedo y cuya orina había manchado todo su cuerpo recibió primero un manguerazo y después una tanda de latigazos.

Tras azotar y aplicar a las dos "cerdas" la "ducha de la esclava", cepillos de púas incluídos, los verdugos les afeitaron la entrepierna y tras follarlas por la boca, se quedaron esperando al director sin desatarlas. Pero dado que éste tardaba en venir, terminaron por aburrirse, así que para entretenerse cuando se hizo completamente de noche decidieron iluminarse colocando a cada hermana una vela encendida ensartada en el coño. De este modo las gotas de cera ardiente les fueron cayendo sobre su propia entrepierna y se deslizaron por su cuerpo. Tras dejarlas un buen rato chillando y retorciéndose de dolor por las quemaduras de la cera, los verdugos cambiaron de tercio y se dedicaron a apagar la vela o quitar la cera seca a latigazos.

Las dos hermanas creían estar en el infierno cada vez que el látigo arañaba la sensible aureola de su entrepierna, la cara interna de los muslos, el culo y el bajo vientre. Las muchachas se retorcían impotentes y lanzaban alaridos de dolor, pidiendo piedad desesperadas. Su tío el granjero era un malnacido por condenarlas a semejante suplicio, pero lo que estaba claro es que después de aquello, a las hermanitas nunca más se les ocurriría desobedecer o insultar al director.

Precisamente, al llegar allí, este mismo dio por finalizado el tormento y ordenó que les quitaran las velas y eliminaran la cera seca con un último manguerazo. Finalmente las dos hermanas fueron desatadas y depositadas en el suelo empapadas, exhaustas y a todo llorar.

- ¿Y bien?

El señor Bridges se acercó a ellas y como impulsadas por un resorte las dos se levantaron y adoptaron la postura de sumisión.

¡Pobrecillas!, las jóvenes se tragaron sus lágrimas y su orgullo en ese momento y se sometieron completamente a ese hombre. Aún empapadas, tiritaban de frío y de miedo y sus jóvenes cuerpos estaban cubiertos de marcas de latigazos rojizas y azuladas.

- Veo que habéis aprendido la lección, ¿eh cerdas?,

Ellas afirmaron muy nerviosas.

- ¿Volveréis a desobedecer?.

Las chicas negaron aterrorizadas.

- Muy bien, así me gusta. Ahora iréis con las demás y mañana empezaréis a ser entrenadas como ponys, a ver si así os ponéis en forma.

- Bien, encargaos de ellas, yo tengo que irme....

El director esbozó una sonrisa cruel.

- ....tengo una cita con cierta profesora.

El director se marchó y nosotras fuimos conducidas por fin a los barracones. Cuando entramos allí, llamamos la atención de decenas de esclavas que en ese momento estaban "cenando" en sus celdas. Para cenar, a las esclavas se les ataba las manos a la espalda y tenían que lamer la comida de una escudilla que había en el suelo como si fueran perros.

La comida no era de mala calidad y era variada, pero constaba invariablemente de un puré o potaje viscoso para que ellas pudieran comerlo sin utilizar sus manos. Era obligatorio comérselo todo y a veces los verdugos gastaban la "agradable bromita" de eyacular su propio semen sobre las escudillas.

Nuestra presencia o más bien la de Micaela, también llamó la atención de los cuatro hombres a los que tocaba guardia esa noche.

- Hombre, negrita, tú por aquí, qué sorpresa.

Estoy segura que a Micaela le dio un tremendo escalofrío de miedo cuando reconoció a aquellos cuatro. Evidentemente eran los cuatro guardianes a los que ella había desafiado esa misma tarde.

Los guardianes ni siquiera pidieron permiso sino que sacaron a Micaela de la recua y se la llevaron hacia el cepo. Todo el joven cuerpo de Micaela se estremeció al ver el cepo de madera y los látigos y fustas que colgaban de una panoplia.

- Pero..., pero.., se atrevió a decir ...no es justo, aún no lo habéis echado a suertes.

Los verdugos se mofaron de ella.

- Es cierto, la esclava tiene razón, a ver saca un número.

- El 88

Micaela respiró pues su número era el 54

- Creo que coincide, ¿no?

- No estoy seguro, como tiene la piel tan oscura no se ve bien, pero estoy casi seguro que es el 88.

- Pero...no es cierto, mi número....

La joven se dio cuenta de que era inútil protestar y no terminó de hablar sino que bajó la cabeza resignándose a su suerte

Los verdugos sonrieron con lujuria y crueldad completamente entrampados. Los cuatro eran hombretones feos y vulgares de cuarenta o cincuenta tacos y ante ellos estaba esa preciosidad de 19 desnuda e indefensa.

Uno de los verdugos se puso detrás para desatarle las manos mientras otro se pegaba por delante y le acariciaba todo su cuerpo. El hombre intentó besarla en la boca pero ella apartó la cara asqueada.

Micaela era delgada y bajita, tenía unos pechitos pequeños y el trasero redondo y respingón, emparedada por esos gigantones casi parecía una niña. La joven nunca había hecho sado y apenas había tenido relaciones sexuales. Desde luego nunca con hombres blancos.

- ¿Qué, ....qué me vais a hacer?, dijo ingenuamente.

- ¿Tú que crees, le dijo uno agarrándole del cabello, atadla.

Entonces esos brutos la empujaron hacia el cepo y ella tuvo que agacharse y posar el cuello y los brazos en los agujeros de la madera. Los verdugos cerraron y aseguraron el cepo y obligándola a abrir las piernas ataron los tobillos a dos anillas del suelo.

Todo esto lo hicieron en presencia de las nuevas esclavas a las que obligaron a ver el edificante espectáculo.

Entonces uno de los guardianes cogió una pala de madera y con toda su mala leche le empezó a dar a Micaela en el trasero.

- AAAAyyyy

- Cuenta los golpes, esclava, vamos, dijo uno mientras se preparaba para penetrarla acariciándose el miembro.

- U....uno...AAAAAAyyyyy.

- Cuéntalo

- Dos, no por favor, AAAAyy, tres,.....CUUAAATROOO, basta más no.

A las demás nos obligaron a ver como le daban más de diez golpes en el trasero con la pala. Cuando por fin pararon, la pobre Micaela se puso a llorar desconsoladamente, entonces uno se acercó a su cara y la dio una bofetada.

- Cállate esclava, no quiero que me manches la polla con tus lágrimas.

Y efectivamente le agarró del pelo y le obligó a chupársela.

En ese mismo momento otro verdugo la empezó a penetrar por detrás de modo que la joven negrita enmudeció. Mientras la follaban por sus dos agujeros un tercer verdugo tuvo la ocurrencia de colocarle dos pinzas en los pezones y colgar de éstas dos pirámides de plomo que oscilaban como péndulos a cada empujón.

Recuerdo que tuve que apartar la mirada, pues mientras la violaban, Micaela me miró avergonzada y humillada de tener aquella polla en la boca.

Por fin permitieron que nos fuéramos de allí y dejáramos a la joven negrita a su suerte. A la mañana siguiente supe que se pasaron toda la noche violándola y azotándola, pero además Micaela fue condenada a ser crucificada al día siguiente,.... por su osadía.

Ahora creo que todo aquello era premeditado para que todas aprendiéramos que cualquier signo de rebeldía por mínimo que fuera sería castigado de forma cruel y desproporcionada.

Los guardianes nos obligaron a abandonar el corredor y nos llevaron hasta una sala algo más amplia. Allí había unas mesas corridas sobre las que había preparado un gran banquete con platos de comida y botellas de vino y otros licores. Evidentemente, aquello no era para nosotras, sino para nuestros guardianes. Nuestra misión consistía en amenizar su fiesta.

Al ver tanta carne fresca, aquellos hombres medio beodos lanzaron gritos de júbilo y se abalanzaron sobre nosotras como unos niños sobre sus regalos de navidad.

Cada uno escogió a la que pudo y se la llevó hacia su sitio.

A mí me atrapó un guardián que no conocía, probablemente no estaba mal pero en aquel momento ni me fijé. Me soltó de la recua por la correa y me obligó a meterme debajo de la mesa de rodillas. Entonces él se sentó y sacó su polla a pocos centímetros de mi cara. Era evidente lo que quería y un escalofrio recorrió mi cuerpo, sin embargo no me resistí, ¿qué otra cosa podía hacer que obedecer?. Sólo era una esclava. Aquella no era la primera vez que hacía una felación, pero sí de aquella manera tan humillante. El caso es que empecé a lamerle su miembro con cuidado y delicadeza y aunque me avergüence decirlo, tengo que confesar que me gustó hacerlo y que voluntariamente quise hacer gozar a aquel desconocido.

En pocos segundos Star y Karen estaban a mi derecha y a mi izquierda respectivamente haciendo lo mismo que yo. Era increíble, todos aquellos hombres completamente vestidos, conversando, comiendo y bebiendo y todas nosotras subiendo y bajando la cabeza lenta y sumisamente. Uno en alto nos advirtió que lo hiciéramos despacio pues si alguno se corría antes de tiempo todas seríamos castigadas.

Es curioso, pero durante la felación, y mientras aquellos hombres comían sentí hambre. De hecho, no había comido nada desde la mañana y aquellos individuos no parecían dispuestos a compartir su comida con nosotras.

Me equivoqué, pues al de un rato y al parecer como recompensa por mi habilidad como mamona, el individuo dejó caer a mi lado una aceituna.

Al principio no me atreví a interrumpir la mamada para cogerla, pero el hombre la acercó hacia mí con la punta de su bota y comprendí que quería que la comiera. Por fin agaché la cabeza hasta el suelo y me la comí agarrándola con mis dientes.

- Gracias amo, le dije, y sin esperar ninguna orden volví a chuparle la polla agradecida.

Así cené esa noche saboreando alternativamente la comida que me echaba al suelo y el miembro de mi verdugo.

Mientras se la chupaba a aquel hombre me dio por pensar en mi misma y en mi vida. Para una mujer de mi edad era muy difícil destacar en mi trabajo. La competitividad en la redacción siempre había sido feroz. Todo era luchar sin descanso contra los hombres que me rodeaban y siempre me negué a "chupar pollas" para ascender en mi trabajo.

La paradoja es que ahora tenía que chupar una polla para conseguir un mísero trozo de pan. De algún modo ya no tenía que luchar ni resistirme sino sólo entregarme a lo que quisieran hacer conmigo. Entonces me relajé completamente y comprendí que ser esclava también tenía cosas positivas.

Tras un buen rato trabajando el pene, mi amo se corrió en mi boca y me obligó a tragar todo. En principio me dio asco, pero cuando te acostumbras ya no te importa.

Segundos después tenía otra polla entre los labios y después otra y otra más. Los hombres se fueron emborrachando poco a poco y empezaron a follar con las chicas intercambiándoselas entre sí sin ningún recato.

A mí no me follaron allí, sino que tras hacer las cuatro felaciones me cercaron cuatro de aquellos hombres bastante bebidos y decidieron llevarme a otro lugar para "intimar" más conmigo.

- Vamos a llevarnos a ésta, dijo uno, el director me ha encargado personalmente que la depilemos la entrepierna como se debe.

Yo no me resistí, me pusieron una venda en los ojos y me llevaron lejos de allí. A medida que nos alejábamos el ruido de la "fiesta" cada vez se oía más lejos, me hicieron bajar escaleras y finalmente me introdujeron en una habitación. Una vez allí me desataron las manos, me obligaron a tumbarme sobre un colchón y ataron mis manos a unos barrotes por encima de mi cabeza. Entonces me cogieron de mis tobillos y me obligaron a doblar mi cuerpo hasta atarlos al cabecero de la cama. Suerte que soy bastante flexible, pero a pesar de eso la postura era bastante incómoda y dolorosa.

Al principio me sacudí y protesté, pero en un momento dado dejé de moverme cuando noté que alguien me tocó "ahí". Uno de esos cuatro empezó a acariciar la aureola de mi ano y no tardó mucho en introducirme un dedo por el agujero del culo. Un tremendo escalofrío recorrió todo mi ser. No sólo me iban a depilar sino que me iban a penetrar por detrás.

De hecho, tras afeitarme la entrepierna esos cuatro bestias me sodomizaron por turno. Aún no sé cuál de ellos me desvirgó."

Mientras todas estas cosas ocurrían en los barracones, el Señor Bridges se dirigió a las mazmorras de la Casa Grande. Ya allí se encontró con Julia que llevaba unas bebidas y algo de comida para ella y su esclava Ingrid. La cruel ama no tenía intención de abandonar a su presa ni un minuto. Al cruzarse las miradas Julia le miró fríamente y le saludó, entonces abrió la puerta de la cámara de tortura y el director pudo ver a la joven Danesa atada y estirada sobre una estructura de mecanotubos en forma de cruz de San Andrés.

- Que te diviertas, le dijo antes de que ella cerrara la puerta y corriera un pasador por dentro.

Hecho esto, el Señor Bridges entró en la otra cámara donde esperaba Sunset y donde se oían los gritos de una mujer en la televisión. El Director miró la pantalla, sonrió a la joven y apagó la televisión.

- Hola profesora, dijo, traigo tu contrato.

La pobre Sunset empezó a negar con la cabeza llorando de desesperación pues el director llevaba en la otra mano un pequeño transformador con cables y electrodos.



Os esperamos en Sexonet
FECHA El 05/07/10 a las 04:07:56 IP GUARDADA Enviar Privado Añadir Amigo · Enviar Privado Enviar Privado · Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
Online sexonet
Administrador
Administrador



Mensajes:
Visitas:
Lecturas:
Fecha Reg.:
2381
669
943
El 15/12/07 a las 02:12:45

Capítulo 8. Los Sótanos de la Casa Grande (I)

Tras exhibir a su nueva "muñeca tetona" por todo el Campo, Julia también quiso ponerse guapa. Recordemos que Ingrid iba maquillada y con altos zapatos de tacón, correaje de cuero, etc. Su ama no quería ser menos y por eso la condujo a sus propios aposentos. Una vez en su habitación Julia entró en el baño para cambiarse pero no quiso desnudarse delante de su esclava y le ordenó que permaneciera en el dormitorio y no se moviera de allí.

Desde donde estaba, Ingrid veía la sombra de Julia cambiándose y oía los ruidos de ropas y cremalleras dentro del baño. La joven danesa ardía en deseos de ver desnuda a su bella ama, pero no se atrevió a mirar más allá.

Por su parte, Julia tardó media hora en salir del cuarto de baño y cuando lo hizo a Ingrid se le puso el vello de punta. Su ama estaba bellísima, se había quitado su uniforme militar y lo había sustituido por un mono de látex negro que se ajustaba a las curvas de su cuerpo como un guante de goma. Asimismo calzaba unos zapatos de tacón similares a los de Ingrid y también se había maquillado pintando sus labios de un rojo intenso. El pelo lo llevaba ahora suelto, una melena rubia algo rizada que ella ahuecó con laca.

- ¿Te gusto?, le dijo bajando lentamente la cremallera que cerraba el mono de látex por delante.

La joven nórdica afirmó mientras seguía con deseo el viaje interminable de esa cremallera desde el cuello hacia el vientre de su ama. Ésta se la bajó casi hasta el ombligo demostrando que no llevaba nada debajo y dejando un amplio escote por el que asomaban las rosadas aureolas de sus pezones y amenazaban con salirse sus redondos pechos.

Al ama le entraron ganas de acariciar a su sumisa y empezar a hacer el amor allí mismo con ella, pero se reprimió, cada cosa a su tiempo.

Entonces volvió a cogerla de la correa y se la llevó a seguir paseando por todo el campo para que todos las vieran. De este modo, Julia se exhibió a sí misma y a su puta durante cerca de una hora para envidia de todos los guardianes del campo y de alguna que otra esclava también. Era cómico ver el contraste de la bella Julia moviendo su cuerpo con la agilidad de un felino y la torpeza de Ingrid, obligada a andar con pasos cortos por los tacones y las cadenas de los tobillos. Esta última no dejaba de jadear y babear con sus desproporcionadas tetas bamboleando a izquierda y derecha, pero al mismo tiempo no podía quitar los ojos del trasero de Julia la cual incluso exageraba el movimiento de sus caderas para poner aún más caliente a su esclava.

Con toda la intención, Julia llevó a su pequeño juguete a la orgía que estaban manteniendo los verdugos con las nuevas esclavas y cuando les vieron aparecer algunos de los guardianes se pusieron a silbar y gritar. De hecho, algunos que habían bebido más de la cuenta intentaron tocar a Ingrid e incluso a la propia Julia, sin embargo, ésta les auyentó a fustazos.

Tras chulearse así y dar envidia a todo el mundo, Julia se llevó por fin a su víctima a su guarida. Según bajaba las escaleras de los sótanos de la Casa Grande la joven Ingrid sentía perfectamente los latidos de su propio corazón. La chica estaba excitada pero también tenía miedo. De repente recordó los gritos de la mujer que horas antes había sufrido tormento en ese mismo lugar, y se hizo una idea de lo que le esperaba. Cuando por fin entró en la cámara de tortura, Ingrid se sorprendió de lo que vio allí, y en principio dudó y reculó, pero Julia la empujó para forzarla a entrar.

La cámara de tortura era una sala de cuatro por cinco metros iluminada con neones y forrada de azulejos blanquecinos que la insonorizaba y aislaba del exterior. El suelo era de terrazo y estaba inclinado hacia un sumidero de rejilla.

Del techo colgaban cadenas y grilletes y entre el mobiliario se encontraba un caballete de madera con un listón de sección triangular, un potro medieval, una silla con pinchos y protuberancias, y sobre todo, destacaba en el centro una cruz de San Andrés hecha con mecanotubos y con correas de cuero a tramos de unos quince centímetros. También había una cámara de video sobre un trípode.

Julia cerró la puerta, y dado que acto seguido se puso a accionar la cruz para ponerla vertical, Ingrid comprendió que empezaría por atarla a esta última.

Efectivamente Julia le desató manos y tobillos, le quitó el correaje y le indicó que estirara los brazos a lo largo de los mecanotubos. La esclava lo hizo sin protestar y entonces le ajustó las correas una a una apretándolas bien. Tras los brazos le puso una correa más ancha en la cintura y después empezó a atarle las piernas.

Mientras la ataban con todas aquellas correas de cuero Ingrid repasó con la vista los estantes donde se disponían los instrumentos de tortura en perfecto orden: látigos, fustas, palas, mordazas, capuchas, grilletes y esposas, consoladores con pinchos y protuberancias, instrumentos eléctricos, tenazas, alicates y un largo etc. La joven empezó a transpirar y su corazón seguía galopando, 24 horas eran tiempo suficiente para usar muchas de esas cosas sobre su cuerpo.

Una vez atada, Julia salió de la cámara de tortura en busca de víveres. Tenía 24 horas y quería aprovecharlas bien.

Una vez sola, la joven danesa cerró los ojos y se puso a recordar cómo demonios había ido a parar a aquel lugar. Allí en Dinamarca, ella era una buen estudiante, sí practicaba el sexo, pero siempre con su novio y de una manera más bien convencional, incluso aburrida. Siempre le habían dicho que los EEUU era un lugar fascinante en que cualquier cosa podía ocurrir, pero cuando pidió aquella beca para ir a estudiar a una universidad americana nunca se le hubiera pasado por la cabeza que una vez allí se iría metiendo poco a poco en el mundo del BDSM y que terminaría siendo la esclava de una bella diosa rubia.

Durante su estancia en América conoció a otras chicas aficionadas al sado que le hablaron del Campo de Esclavas. Al principio rechazó todo aquello con asco pero después fue venciendo sus miedos y prejuicios y por fin decidió ver uno de esos vídeos sadomasoquistas. Le excitó muchísimo y terminó enganchándose a ese tipo de porno. Tras días y días delante del ordenador viendo una y otra vez los videos del Campo, un buen día decidió solicitar entrar ella misma como esclava. Al principio lo hizo como un juego, sin ninguna intención de acudir al campo, así se hizo unas fotos en bikini y las envió a la web. Pero cuando recibió la contestación de que su solicitud había sido aceptada, un escalofrío de alivio y placer recorrió todo su cuerpo.

A partir de ese momento había vivido en una nube, como si no fuera la misma persona, sino una de esas chicas a las que veía en los videos y a las que tanto admiraba y envidiaba. Fueron días muy excitantes, la joven dejó de ir a clase esperando a que la llamaran a su casa. Allí se masturbaba casi de continuo viendo una y otra vez aquellos videos.

Tras unos días le llegó el paquete con el uniforme y las instrucciones. Debía acudir al día siguiente a una dirección donde le recogería un autobús. Antes debía depilarse el cuerpo y hacerse un enema y debía acudir a la cita sólo con el uniforme, ni ropa interior ni nada. Tenía que atreverse, ¿por qué no?.

Ingrid se puso el uniforme en su casa viendo que le quedaba demasiado pequeño. Estaba ridícula, pues la faldita dejaba al aire la parte baja de su trasero y la camiseta parecía estallar por efecto de sus dos grandes melones. ¡Y querían que saliese así a la calle! El caso es que eso le puso muy cachonda. La joven decidió obedecer las instrucciones y al día siguiente salió a la calle de esa guisa. El autobús le hizo esperar más de una hora así que hubo tiempo de que decenas de personas le vieran así en plena calle. Algunos la ignoraron, pero otros se metieron con ella diciéndole todo tipo de obscenidades. Tampoco faltaron los que la tildaban de puta y desvergonzada. Ante todo aquello, Ingrid se avergonzó, pero también se excitó. Enseguida comprendió que le gustaba exponerse ante los demás y sentirse como esclava.

Una vez en el Campo la realidad de lo que vio le sorprendió y excitó aún más. Las torturas eran reales y las humillaciones y abusos sexuales de las esclavas continuos. Ingrid ya se había resignado a ser usada por decenas de hombres, pero le encantó que Julia, esa bella mujer se hubiera fijado en ella y le halagaba sobremanera que la hubiera distinguido sobre las otras. Lo de comerle la polla al caballo fue otra cosa que le sorprendió hacer. En su vida real nunca se hubiera atrevido a hacer algo semejante ni loca, pero como digo, ahora Ingrid se sentía interpretando un papel, de hecho un agradable papel. En ese momento, atada a la cruz en espera de que comenzara su martirio volvió a reparar en los instrumentos de tortura, pero ya no sintió miedo, sólo le inquietaba no ser capaz de soportar el dolor y decepcionar a Julia.

Estaba en éstas cuando su ama apareció otra vez por la puerta con algo de comer y beber. También le pareció ver al director que le decía algo. Julia cerró la puerta violentamente y pasó el cerrojo por dentro insultando entre dientes al señor Bridges por las "confianzas" que se había tomado en la fila con su vaquita.

Sin embargo, una vez cerrada la puerta Julia cambió de actitud y se acercó a su prisionera mirándola con deseo.

¡Por fin! Creyó oírle Ingrid mientras se acercaba a ella misma. Julia acercó su nariz a su cuerpo aspirando su aroma pero sin tocarla al principio.

- ¡Vaquita, ahora eres sólo mía!. El ama dijo estas palabras con un susurro lleno de deseo apretando los dientes y recorriendo su cuerpo con la punta de sus diez uñas. Lo hizo lentamente lo cual provocó que Ingrid se estremeciera de placer.

Julia se apartó entonces de ella sin dejar de mirarla a los ojos ni sonreírle y volvió con una pluma de ave de unos diez centímetros de largo.

- Vamos a empezar con esto, le dijo mientras hacía rotar la pluma entre sus dedos

Así empezó a hacerle cosquillas en la cara a lo que Ingrid respondió apartando el rostro molesta. Entonces Julia deslizó la pluma por su cuello, lo hizo lenta y delicadamente: las clavículas, los hombros y después los sensibles sobacos y costados de la esclava una y otra vez, arriba y abajo, muy lentamente. Ingrid reprimió unas horribles ganas de reirse y esas cosquillas le pusieron cachonda de verdad.

Satisfecha por el efecto de la pluma y por la sensual respuesta de su esclava, Julia le acarició los pechos, primero uno y luego otro, trazando curvas y contracurvas sobre los mismos y finalmente se puso a estimularle los pezones con la punta de la pluma repetida e insistentemente.

Ingrid cerró los ojos y se puso a suspirar de placer mientras sus pezones crecían al contacto con la pluma. No por eso dejó Julia de hacerle cosquillas haciendo girar la pluma con sus dedos y pasándola una y otra vez por las anchas aureolas de las tetas. Primero una y luego otra, alternativamente.

- ¡Qué sensibles tienes los pechos vaquita!, si sigo así un rato más te vas a correr sólo con esto.

- MMMmmmppphh!.

Ingrid afirmó con los ojos cerrados echando chorros de saliva desde su boca. Era verdad, nunca se hubiera imaginado que unas simples cosquillas pudieran ser tan eróticas.

Julia separó entonces la pluma y sopló levemente un pequeño plumón que se le había quedado pegado en el pecho.

- Aún, no, todavía no voy a dejar que te corras, preciosa.

Entonces Julia llevó la pluma hasta el vientre de la muchacha y se puso a hacerle cosquillas en los muslos una y otra vez, arriba y abajo, primero por delante, y después por la sensible cara interna de éstos. Ingrid se moría por lanzar una carcajada, pero le pareció muy vulgar y no lo hizo, no obstante su cuerpo se retorcía de gusto. Mirándola con picardía Julia alargó el juego de la pluma todo lo que pudo, jugando con Ingrid y acercándosela a los labios de la vagina pero sin llegar a tocarlos.

La esclava estuvo a punto de llegar al orgasmo un par de veces, pero su ama lo evitó a tiempo.

El caso es que Julia también se puso muy mala viendo "sufrir" a su esclava, de modo que se separó unos metros de ella y mirándola con deseo también ella empezó a desnudarse.

Primero deslizó lentamente la cremallera hacia abajo hasta llegar al vello púbico y entonces se abrió el mono liberando sus firmes pechos. Para Ingrid fue muy excitante ver cómo aquella fantástica mujer le mostraba poco a poco su cuerpo, primero su torso blanquecino y acto seguido se acariciaba y estrujaba sus propios pechos sin dejar de mirarla a los ojos.

- ¿Sabes vaquita?, hacía mucho que no tenía nada tan bonito como tú. Julia volvió a acercarse a ella semidesnuda y humedeció el dedo índice en el flujo vaginal de ella. Entonces se mojó sus propios pezones y se puso a acariciarlos y retorcerlos con los dedos. Julia ponía los ojos en blanco al oler el sexo de Ingrid sobre su propio cuerpo, era evidente que sentía un placer especial con su nueva esclava.

Ingrid la miraba ávidamente, con no menos deseo pero impotente pues hubiera deseado acariciarla y besarla, pero su ama se mantenía a distancia jugando con sus pechos y acariciándose la entrepierna por dentro del pantalón.

Por su parte, el ama no dejaba de jugar al ratón y al gato con su esclava, dedicándole ese sensual strip-tease. Estaba segura del poder que ejercía en Ingrid y quiso explotarlo hasta el final.

Finalmente y después de hacerse mucho de rogar, Julia decidió quitarse el mono del todo mostrándole su trasero mientras despegaba lentamente el pantalón de su piel. Sólo se dejó puestos los zapatos de tacón.

A Ingrid le pareció una de las mujeres más bellas que había visto nunca. No es que la danesa fuera lesbiana, bueno ni lo era ni dejaba de serlo. El caso es que el ama Julia tenía un cuerpo muy bello, flexible y disciplinado por horas y horas de ejercicio y autocontrol como rebelaban sus piernas y trasero fuertes y prietos. La mujer no tendría aún treinta años y no tenía nada de grasa, pues era todo fibra y nervio. A Ingrid le pareció incluso algo masculina, desde luego tenía un tipo de belleza muy diferente a la suya. Sin embargo, lo que más le sorprendió fue ver aquellas señales en su cuerpo. No eran muy claras pero se diría que Julia tenía marcas de latigazos en el culo, la espalda y las piernas.

El ama se acercó otra vez a ella, casi se podía oler su piel perfumada, y le rozó con uno de sus pechos accidentalmente, entonces volvió a meterle varios dedos en el coño y estuvo jugando un rato así.

- ¡Qué lástima!, le dijo entre gemidos de placer a pocos milímetros de su cara. Esta noche quería haber sido buena contigo, pero lo que has hecho con ese cerdo del director no te lo perdono.

Ingrid la miró con ojos de cordero degollado.

- Ahora tendré que hacerte pupa vaquita. ¿Te han torturado alguna vez en esas tetitas?.

Ingrid dijo que no con la cabeza, cada vez estaba más mojada y ya se le deslizaban gotas de líquido por la cara interna de los muslos.

Tras un rato hurgando, Julia sacó sus dedos mojados del coño de la muchacha y se los limpió en los pezones de ella. Una vez mojados se puso a soplarlos lo cual le produjo un agradable cosquilleo y finalmente se los chupó con deseo, primero el derecho y luego el izquierdo. Mientras saboreaba los jugos vaginales sobre sus propias tetas, Julia cogió éstas con las dos manos y se las estrujó con todas sus ganas. ¡Qué placer acariciar y lamer aquellos pechos grandes pero a la vez duros y consistentes!. Julia llevaba deseando hacer eso toda la tarde se había reprimido muchas horas y ahora lo hizo a placer. Lame que te lame, la mujer se deleitó chupando y acariciando esas mamas de ensueño una y otra vez incansablemente.

- Cómo me gustas vaquita, le decía entre lametones.

Los pezones de Ingrid crecían y se endurecían dentro de su boca mientras la bella danesa suspiraba de placer. Julia siguió un buen rato mamando como una niñita, pero de improviso le agarró un mordisco que casi le arranca un pezón.

Entonces Ingrid soltó un alarido de dolor mientras todo su cuerpo se tensaba y arqueaba.

Julia ni siquiera se disculpó por su apasionamiento sino que ignorando el gesto sorprendido de su esclava le dio otro mordisco atrapando una buena porción del pecho con sus mandíbulas, y después otro en el otro pecho y luego le agarró el otro pezón con los incisivos y se lo estiró hasta el límite amenazando con arrancarlo de cuajo.

La pobre Ingrid gritaba y se retorcía sobre la cruz de mecanotubos. Era como si su ama se hubiera vuelto loca de repente o se hubiera convertido en una fiera hambrienta. Julia le mordía con toda su mala leche fuera de sí y dejando las marcas de sus dientes por doquier. Primero en las tetas, tres o cuatro mordiscos en cada una, después en el vientre y más tarde poniéndose en cuclillas, en la cara interna de los muslos. Todo el mundo sabe lo sensible que es esta parte, así que no hace falta insistir en los gritos que pegaba Ingrid cada vez que Julia le mordía.

Jadeando y dejando escapar un hilo de baba, le dijo con sadismo.

- Y ahora vaquita, prepárate.

Ingrid miró cómo Julia decía esto a pocos centímetros de su sexo y se puso a negar y llorar histérica.

El ama miró complacida la reacción de su víctima y cuando estaba a punto de morderle el clítoris con sus mandíbulas le dio un enorme lametazo que le recorrió toda la raja. Ingrid abrió los ojos sorprendida y vio cómo Julia le abrió bien los labios de la vagina para hacerle acto seguido un vigoroso cunnilingus. El ama le chupó dentro del coño con la totalidad de su lengua una y otra vez, para pasar posterioremente a follarla con ella e introducirla bien dentro en su agujero. Ahora también estaba fuera de sí, pero esta vez comíendole el coño.

Ingrid se sentía ahora transportada al cielo y olvidó los mordiscos por un momento, ningún hombre le había hecho sentir eso nunca. Esa cruel mujer la había atado con brazos y piernas abiertos dejándola completamente indefensa y ahora hacía con ella lo que le venía en gana, brutalmente y sin remordimientos. Lógicamente Ingrid sentía que su orgasmo llegaba por momentos y ahora dejaba colgar su cabeza hacia atrás jadeando y gimiendo de placer.

Julia ya tenía media cara pringada de los flujos de la chica danesa cuando notó que ésta gemía más de la cuenta y se estremecía signo de que estaba experimentando un profundo orgasmo.

- Mmmmhh, vaquita, qué bien te corres, le dijo incorporándose y limpiándose la boca con el dorso de la mano. ¿Quieres darme un beso?

Ingrid afirmó mirándola con sus bellos ojos azules de los que se deslizaban algunas lágrimas.

Entonces Julia le desató la mordaza y se puso a morrearle. La lengua de Ingrid era suave y su ama le metió la suya bien adentro en un largo y húmedo beso. Mientras las lenguas de las dos se enredaban entre sí en un interminable juego de caricias, los pezones de las muchachas se rozaban mutuamente y Julia volvía a acariciarle la entrepierna con sus propios muslos.

La joven Ingrid quería que esa maravillosa sensación durara eternamente y siguió besando y besando a su ama. Sin embargo, repentinamente ésta separó sus labios en un momento dado y la rechazó. Ingrid intentó volver a besarla como una serpiente que lanza un mordisco, pero Julia respondió dándole una ostia en toda la cara.

- Toma puta, le dijo, ahora también quiero disfrutar yo.

Entonces Julia se puso a accionar un dispositivo eléctrico y con un zumbido la cruz de San Andrés se empezó a inclinar hacia atrás hasta que se puso completamente horizontal.

Julia cogió entonces una extraña máquina de follar con un enorme consolador negro y se la puso entre las piernas. Ingrid levantó la cabeza para ver aquello y deseó fervientemente que Julia la penetrara, pero ésta no lo hizo.

En su lugar, se puso un extraño capuchón negro de cuero que tapaba toda su cara hasta la boca, cogió un látigo de colas y colocándose a horcajadas sobre la cara de Ingrid le posó su coño justo encima de los labios.

Ingrid se sintió feliz de poder corresponder a su ama y lógicamente se puso a lamerle la entrepierna inmediatamente.

Como respuesta recibió un fuerte latigazo en su propio coño.

- AAaaahhh

- Aún no te he dado permiso para que me chupes el chumino, cerda ansiosa, todavía no te lo mereces. En su lugar quiero que me limpies el agujero del culo con la lengua.

Julia creyó oír un "sí ama" ahogado por su propia entrepierna y notó al momento cómo Ingrid la masturbaba con su propia cara y le acariciaba con la punta de la lengua la aureola del ano.

- Muy bien, perra no lo haces mal, sigue con mi culo un rato, así, así, muy bien, me haces cosquillas y eso me gusta. Ingrid obedeció sin rechistar y siguió comiéndole su culo durante un buen rato hasta que tras cinco minutos Julia pensó que ya se lo había ganado y le dejó ocuparse finalmente de su coño. Sintiéndose recompensada, Ingrid se lo lamía con gran cuidado y maestría , despacio, muy despacio. Quería que se corriera. Su ama disfrutó mucho de ese experto masaje y por unos minutos dejó lo del látigo.

- Eres una buena esclava, vaquita, se nota que te gusta esto, pero desgraciadamente para ti aún tienes mucho que aprender.

Julia dijo esto entre suspiros de placer, repentinamente levantó su entrepierna y agachándose acercó su cara a la de su esclava, y le habló acariciándole la mejilla.

- Una de las cosas más importantes en una esclava es el autocontrol. Escúchame bien, mientras me lo chupas te voy a dar unos latigazos y quiero que sigas con el cunnilingus como si nada. ¿Me has oído?

- Si ama

- Si me desobedeces te echaré cera ardiente por todo el cuerpo.

- Sí ama

Julia se volvió a incorporar y sin más le dio un latigazo en el vientre.

- Uaaaahhhh.

- He dicho que aguantes sin gritar, ¿acaso eres imbécil, esclava?

- Perdón ama, dame otro latigazo, esta vez no gritaré.

Las cintas del látigo golpearon esta vez en la entrepierna de Ingrid impactando en su muslo izquierdo, otro latigazo insistió en el mismo sitio y un tercero le acertó en sus dos pechos.

La joven aguantó como pudo, temblando de dolor pero en silencio.

- Así me gusta esclava veo que aprendes rápido.

- Gracias ama, contestó Ingrid con lágrimas en los ojos, déjame darte placer, por favor.

Julia se volvió a encaramar sobre la cara de Ingrid y sintió con placer la calidez y suavidad de la lengua de la muchacha jugueteando en su sexo.

El primer latigazo tardó en llegar, pues al principio, Julia se limitó a hacer bailar las puntas del látigo sobre los pezones de la muchacha haciéndole cosquillas. Esta no se inmutó y siguió con su delicado trabajo, pero evidentemente se puso muy cachonda pues los pezones se le erizaron y se le puso carne de gallina. Las tetas de Ingrid parecían ahora más grandes si cabe, por efecto de la gravedad aparecían caídas hacia los costados de su cuerpo aunque mantenian su forma y consistencia. Julia las miraba medio atontada mientras su entrepierna se excitaba lentamente por la mamada de la esclava. Entonces y sin avisar, le dio un latigazo en las tetas sin previo aviso.

La joven Ingrid no gritó pero todo su cuerpo se estremeció y Julia notó como ella alteraba el ritmo de su lengua. Había que reconocer que la muchacha nórdica tenía mucho aguante, pero había desobedecido y nada le libraría ahora de la cera caliente. Eso mismo pensó Julia complacida consigo misma, pero como había ocurrido antes en los establos, se cayó su decisión hasta que finalizara el juego.

Una vez dado el primer latigazo, Julia no dejó de azotarle en los pechos a su vaquita mientras esta se afanaba en darle placer como si nada pasara, al contrario, cada latigazo le debía doler mucho pues arañaba los sensibles pechos y se los dejaba enrojecidos e irritados. Estos temblaban con cada azote. A cada golpe las colas del látigo dejaban unas líneas rojizas que a cada segundo se ponían de un rojo más intenso. La pobre Ingrid aguantaba a duras penas y lloraba con todas sus ganas esperando que cada latigazo fuera el último, pero Julia no paraba, tenía el poder y le gustaba desesperar a sus víctimas.

Autocontrol, esa era la palabra mágica. Ahora el látigo se empezó a ensañar en la entrepierna de Ingrid, y cada vez le era más difícil mantener el tipo, los latigazos de Julia trataban de evitar un golpe de lleno sobre los genitales de ella, pero de vez en cuando las puntas le rozaban los labios de la vagina y la joven esclava sentía una tremenda necesidad de gritar, sin embargo siguió aguantando y chupando el coño a su ama con todo cuidado. Fue tras unos veinte o treinta azotes, Julia se terminó de cansar de ese juego y le dio cinco latigazos seguidos en medio del coño con toda la velocidad y fuerza que pudo.

Los tendones del cuello de Ingrid se tensaron y Julia sintió que la esclava temblaba entre sus piernas justo antes de lanzar un alarido desgarrador.

- ¡AAAAAAAAHHHHH!

Qué mujer tan cruel, Julia se sonrió y volvió a levantarse vigorosamente de la cara de la esclava como un jinete bajándose de un caballo. Nuevamente se puso de cuclillas y quiso hablarle a pocos centímetros de su rostro acariciándole las mejillas surcadas de lágrimas secas.

- Has desobedecido vaquita, ya sabes lo que significa eso.

- Lo, lo siento mi ama, contestó Ingrid sollozando.

- ¿Estas de acuerdo en que debo castigarte?

Ingrid tardó algo en contestar

- Si, afirmó.

- ¿Te han echado alguna vez cera caliente sobre la piel desnuda?

- No,....no.

- Muy bien, pues ahora mismo lo vas a probar, esta vez puedes gritar todo lo que quieras. De hecho no podrás evitar gritar como una cerda, lo que te voy a hacer no lo olvidarás mientras vivas.

Julia cogió varias velas rojas introducidas en recipientes de plástico y las acercó a la cruz donde descansaba Ingrid, entonces las encendió con una cerilla.

Mientras esperaba a que se licuara suficiente cantidad de cera, se colocó entre las piernas de Ingrid y le aproximó la máquina de follar introduciendo un consolador negro que tenía ésta dentro de la vagina. Julia accionó la máquina y una rueda empezó a mover un émbolo adelante y atrás.

Ingrid se volvió a tensar al ser follada por aquella máquina. El falo se le metía bien adentro a cada vuelta y salía mecánicamente. Aquello era mucho más brutal y menos agradable que ser follada por un hombre, pero a pesar de eso le hizo experimentar algún placer

A pesar de sentir una intensa excitación y de gemir con los ojos semicerrados, la bella Ingrid pudo ver cómo Julia cogía cuatro pequeños palos planos y flexibles y unas gomas. Inevitablemente la joven pensó en sus pezones. Muchas veces mientras se masturbaba viendo videos sado, Ingrid se aprisionaba sus propios pezones con ese sistema y se los retorcía con un leve movimiento de los dedos lo cual le hacía sentir un gran placer.

Cual fue su sorpresa cuando vio que las pinzas no eran para ella sino para la propia Julia. Esta se colocó dos maderitas aprisionando uno de sus propios pezones y los ató con dos gomas en los extremos. Segundos después hizo algo similar en su otro pecho.

Los guardianes del lugar y el director no sabían nada de esto, pero Julia se había introducido en el BDSM desde muy jovencita. La primera vez decidió entregarse a un vecino suyo, un señor mayor de sesenta años sádico y pervertido que la mantenía días y días desnuda y encadenada sometiéndola a dolorosos castigos y a todo tipo de aberraciones sexuales. Sólo tras cinco años de ser la esclava del viejo, decidió convertirse en ama, sin embargo aún solía practicar el autobondage e incluso ocasionalmente le gustaba someterse como esclava.

Ya con los dos pezones aprisionados Julia miró a Ingrid, cogió una vela y levantándose uno de su propios pechos dejó caer varias gotas de cera líquida sobre él.

- Auuuu, dijo, frunciendo el ceño, sí que quema esto, y eso que sólo se echó unas gotitas de nada. Probar la cera sobre una misma antes que sobre la esclava es un principio básico del BDSM, y Julia no era precisamente una novata en esos menesteres.

Una vez probada la temperatura sobre su propia piel, Julia se dispuso a torturar en serio a su esclava.

Así empezó echando gotitas pequeñas y espaciadas sobre uno de los brazos de Ingrid despacio, gota a gota, desde la muñeca hacia el sobaco.

- AaaaaaaaAAAAAHHH

La joven comenzó gimiendo quedamente pero el gemido terminó en un grito cuando las gotas ardientes cayeron sobre su sensible sobaco cada vez a menor altura.

Julia se sonrió y miró con complicidad a la sorprendida muchacha. Segundos después hizo algo análogo en el otro brazo, pero esta vez el reguero fue más continuo.

Esta vez Ingrid gritó algo más alto, y aún lo hizo más alto cuando Julia cogió otra vela y de improviso le echó un reguero de cera líquida por uno de sus muslos

- AAAAAHHH, AAAAAh, BAASta.

No era para menos, pues Julia se lo echó a escasa altura de la piel de modo que hubo tiempo incluso para que la cera líquida se deslizara unos centímetros por el muslo.

Ahora era de verdad, la joven danesa descubrió para su desgracia que ese dolor era insoportable, pero ya no había escapatoria.

Julia estaba muy complacida de las reacciones de la joven al dolor. Ingrid gritaba y temblaba como un flan durante los escasos segundos que duraba el calor de la cera y luego se quedaba esperando la siguiente jadeando y completamente aterrorizada.

Cuando la cruel Julia le regó la otra pierna desde el tobillo a la rodilla y desde ésta hasta el labio de la vagina Ingrid se sacudió sobre sus ataduras intentando liberarse y lanzando alaridos de dolor.

- UUUUAAAAAHHH, Por favor, más no, por favor. NOOOOOO

La joven lloraba y pedía piedad con todas sus fuerzas.

- Vamos vaquita, apenas he empezado y aún no te he tocado donde más duele. Vamos, cállate y ocúpate de mi coño como es tu obligación.

Julia volvió a cabalgar sobre la cara de Ingrid y como vio que ésta no dejaba de llorar le dijo.

- Venga, ¿a qué esperas?.

Nuevamente Ingrid se resignó y con lágrimas en los ojos volvió a hacerle el cunnilingus. Entre tanto la fuckingmachine no paraba ni un segundo de follarla.

Julia dejó esta vez que su esclava se concentrara en su trabajo y mientras cabalgaba sobre la lengua de Ingrid se empezó a retorcer los pezones a sí misma. La sádica Julia decidió hacer eso un buen rato mientras le comían el chumino hasta que casi llegó al orgasmo. Casi a punto de llegar, se llegó a retorcer los dos pezones más de 180 grados y cuando ya no pudo soportar más se los soltó de golpe.

Fue entonces cuando la mezcla de dolor y placer le produjo un intenso orgasmo y ella misma gimió en alto, mientras su entrepierna se estremecía sobre la cara de su esclava. De todos modos, y sintiendo los últimos espasmos de su orgasmo, cogió una vela y echó un chorro de cera líquida sobre el pecho derecho de Ingrid.....como premio.

Esta vez la joven danesa dio un alarido estremecedor que terminó en un largo sollozo.

Julia ni siquiera se inmutó por los gritos de dolor de su solícita esclava, una vez cumplido su trabajo juzgó que ya no necesitaba la boca de su cerda y la amordazó con una pequeña pera bucal de madera. Julia se la encajó bien entre los dientes y rotando una rueda se la abrió por dentro separándole bien las mandibulas.

- Así no te morderás la lengua vaquita.

Esas fueron las últimas palabras que Julia le dijo a Ingrid en las dos horas siguientes. De repente el ama se volvió como loca y se puso a torturarla esta vez sin descanso ni piedad.

Así Julia continuó con las velas, una tras otra en largos y abundantes regueros sobre el cuerpo indefenso de la esclava. Por suerte para Ingrid no era cera de abejas, pero tampoco de parafina, más bien era un tipo de cera barata, bastante vulgar que guardaba el calor lo suficiente para quemar la piel durante unos segundos. De hecho, las quemaduras eran superficiales, pero como Julia le echaba la cera líquida en grandes regueros a la muchacha le parecía que le echaban aceite hirviendo sobre la piel. Primero un pecho, después el otro, después el vientre, después el muslo, otra vez el vientre. Un reguero tras otro.

La pobre Ingrid gritaba con todas sus fuerzas y se retorcía de dolor haciendo temblar la cruz de mecanotubos. Una costra rojiza iba cubriendo lentamente el frontal de su cuerpo mientras Julia sustituía una vela por otra para dar tiempo a que la cera se licuara en grandes cantidades.

Cuando ya no quedaba ni un centímetro de piel al aire y su esclava empezaba a mostrar signo de agotamiento, Julia decidió quitarle la cera seca a latigazos.

Otra vez volvieron los gritos y lloros, su pobre esclava pedía piedad desesperada, pero Julia no paraba de dar latigazos, completamente insensible a su sufrimiento, siguió castigando a la joven sin descanso. La cera seca saltaba a cada azote desparramándose por el suelo, y las puntas del látigo arañaban una piel ya enrojecida con el previsible efecto. Los ruidos del látigo se confundían ahora con los gritos de la esclava y el zumbido de la maquina folladora que tampoco paraba.

Cuando tras diez minutos de latigazos volvió a aparecer la roja piel de Ingrid a la vista, Julia dejó el látigo, cogió otra vela y se dispuso a verter cera líquida por segunda vez. Cualquiera que sepa un poco sobre torturar con cera entenderá por qué los gritos de Ingrid fueron esta vez más fuertes y desesperados.

A pesar del ruido que se estaba produciendo en la habitación contigua, las cámaras de tortura estaban tan bien insonorizadas que el señor Bridges y Sunset no se percataron en ningún momento de lo que estaba ocurriendo a escasos metros de ellos.

La verdad es que tampoco les importaba mucho, pues ellos también estaban manteniendo una "agradable" sesión. En concreto, el director intentaba convencerle de que firmara el contrato de esclavitud con ayuda de un aparato eléctrico.



Os esperamos en Sexonet
FECHA El 05/07/10 a las 04:07:54 IP GUARDADA Enviar Privado Añadir Amigo · Enviar Privado Enviar Privado · Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
Online sexonet
Administrador
Administrador



Mensajes:
Visitas:
Lecturas:
Fecha Reg.:
2381
669
943
El 15/12/07 a las 02:12:45

Capítulo 9 Los sótanos de la Casa Grande II

Al principio, el señor Bridges ofreció a la joven Sunset librarse de la tortura si firmaba un contrato de esclavitud por tres meses, pero como era de prever, ésta se negó.

En realidad eso carecía de importancia, se dijo a sí mismo Geoffrey Bridges mientras desenredaba los cables de los electrodos y admiraba el bello cuerpo desnudo de la profesora colgando de sus brazos y completamente inmovilizada.

Para su desgracia Sunset sabía todo lo que hay que saber sobre el uso de la electricidad como técnica de interrogatorio. Llevaba años investigando para su tesis y la teoría la dominaba bien. Sin embargo, ahora iba a experimentarlo en la práctica.

- Parece que te has meado encima al ver el vídeo, ya me imagino por qué. Le dijo Bridges torciendo el gesto

Sunset protestó pero el ballgag impidió que se le entendiera nada.

- Qué asco, odio que las esclavas se hagan pis. Tan bonita que eres y lo mal que hueles.

Y mientras decía esto el director cogió una pequeña manguera y la accionó dirigiéndola contra ella.

Un chorro de agua a presión le dio a Sunset en toda la cara haciéndole gritar y escupir parte del agua.

El director se puso a reír mientras enchufaba a la esclava y la limpiaba con el agua. Sunset no dejó de gritar ni un momento ni de revolverse sobre sí misma, pero no por eso dejó de recibir el doloroso impacto del agua fría. Así estuvo un rato hasta que la mancha amarilla de orines desapareció por el sumidero. Tras un par de minutos más de limpiarla bien el director apagó la manguera y ella pudo por fin descansar completamente empapada.

El señor Bridges se fue entonces hasta ella y se puso a examinar las huellas de latigazos que con el agua se habían hecho aún más evidentes y que ahora adornaban su cuerpo. Al principio se conformó con mirar, pero sin poder contenerse por mucho tiempo, se puso a acariciarla.

Ante la mujer de sus deseos desnuda y maniatada, Geoffrey tenía la polla a reventar y no se pudo reprimir. Las manos del director se fueron directas al trasero de ella, y sus labios a su cara, pero ella le rechazó con violencia. El director estuvo a punto de abofetearla por eso, pero se limitó a darle unos cachetitos en el culo.

- Bueno preciosa ya que no quieres ser buena conmigo voy a decirte lo que va a pasar. Como te niegas a cooperar voy a tener que convencerte aplicándote descargas eléctricas. No sé cuánto podrás aguantar, pero cuando te rindas,..... porque tarde o temprano terminarás por rendirte,.... serás mía durante tres meses.

Sunset lloraba y negaba con la cabeza, mientras el sádico director le hablaba al oído.

- Sí, pequeña, puedo prometerte que serás la esclava de los tipos más sádicos y crueles de este jodido mundo. Además les voy a explicar lo que querías hacer a las otras esclavas sólo que.... ahora te lo vamos a hacer a ti. Sólo de pensarlo se me pone el miembro como una piedra.

Al decirle esto, el director siguió acariciándola y pasando sus dedos por las marcas del látigo, mientras ella rechazaba violentamente sus caricias con rabia y terror.

- Vamos no llores, ya sabías a qué venías.

Sunset le miró diciendo que no, y el director se apartó de ella.

- Claro que sí, ¿por qué si no querías ver cómo torturaban a todas esas chicas?. Esto del sado te atrae no lo niegues. Puede que no lo sepas, pero inconscientemente deseabas que pasara esto, he visto a muchas como tú.

La joven se quedó muy quieta sin dar crédito a lo que oía, mientras el director manipulaba algo que ella no podía ver.

Entonces el hombre colocó el transformador a pocos centímetros de sus pies y empezó a prepararlo todo.

- Todas las personas tienen un pezón más sensible que el otro, ¿lo sabías?, le dijo cambiando de tema y enseñándole como abría y cerraba una pinza metálica dentada.

Sunset se quedó mirándola fijamente al tiempo que sentía cómo se le aflojaban los esfínteres del cuerpo.

- ¿Cuál es el tuyo?, le preguntó acariciándole los pezones con las frías pinzas.

Sunset intentó entonces soltarse de sus ataduras con todas sus fuerzas y al ver que era inútil empezó a llorar de desesperación.

- ¿No me lo quieres decir?, no importa, ya lo averiguaré yo, dijo abriendo las pinzas.

Cuando los dientes metálicos de la pinza se clavaron sobre la sensible piel de su pezón izquierdo, la profesora soltó un lastimero grito de dolor, al tiempo que toda ella se retorcía y debatía inútilmente por soltarse.

- Hmmm, no está mal, pero las estadísticas dicen que en la mayor parte de los casos el más sensible es el derecho.

Dicho y hecho, el director cogió otra pinza y con ella "mordió" el pezón derecho de la mujer.

- MMMMMHHHH

El rostro de Sunset estaba crispado por un gesto de sufrimiento. Los alaridos de esa bella joven le sonaron a música celestial al sádico del director, de modo que mientras ella se retorcía de dolor, él se acarició su miembro con las puntas de los dedos.

- No estoy seguro pero yo creo que es el derecho. Bueno, da igual, y diciendo esto conectó el cable rojo a uno de los pernos.

Una vez pasado el tremendo dolor inicial, Sunset fue capaz de medio soportar la presión de esas pinzas en sus pechos e intentó pedir piedad a la desesperada.

- ¡MMMmmmmmh!

- MMMmmmmmh, se burló el director imitando el tono de los ruegos de la joven. Y mientras tanto, colocó el cable azul en la base de una varilla de cobre terminada en una bola.

- Vamos a empezar haciéndote cosquillas. El director, movió una rueda del generador eléctrico y levantó la varilla para que ella la viera.

- Veo que aún estás empapada, eso aumentará la sensación de las descargas.¿Por dónde empezamos?, ¿por tus tetas?, no eso sería demasiado fuerte para empezar, te desmayarías y no queremos eso, lo dejaremos para más adelante.

El director no tocó aún a su prisionera si no que se puso a jugar con ella. La varilla pasó cerca de los pechos, el vientre, la entrepierna sin tocarla. La joven Sunset intentaba apartar su cuerpo del temido contacto entre gritos histéricos de desaprobación, pero apenas podía moverse. Así estuvieron los dos unos segundos hasta que la varilla le tocó accidentalmente en una pierna y la profesora gritó tras una violenta convulsión.

- ¿Duele?, le dijo Bridges con una sonrisa cruel, y como ella no respondía le acarició el vientre con la varilla, provocando otra sacudida de su cuerpo y otro grito. El director volvió a sonreir y le tocó en el costado, así siguió torturando a la muchacha con pequeños toques de su varilla por todo el cuerpo, por las piernas, el vientre, los costados, y finalmente, por los pechos.

La `pobre Sunset sacudía todo su cuerpo entre lloros, protestas y convulsiones musculares, además la varilla le producía picazón y escozor allí donde le tocaba. Era un contacto odioso y muy desagradable. La joven estaba desesperada.

- Qué, ¿duele ahora?

Sunset afirmó con lágrimas en los ojos y pidiendo piedad.

- ¿Firmarás entonces?

La profesora le miró y dudó un momento, pero luego negó decididamente.

- Muy bien, subiremos la intensidad de las descargas.

El director movió la rueda y volvió a tocar a Sunset en el empeine del pie.

Ésta gritó aún con más intensidad que antes.

- Vaya, me he pasado, pero no importa.

Bridges volvió a tocarle los empeines y plantas de los pies, ahora dejaba el bastoncillo tres o cuatro segundos sobre la piel mojada, sin preocuparse de los gritos y convulsiones de Sunset. Poco a poco fue subiendo por las piernas, evitando las articulaciones. Los toques del bastoncillo duraban varios segundos durante los que la joven temblaba de dolor. Cuando Bridges le tocó los muslos cerca de la entrepierna, Sunset casi se quedó afónica de tanto gritar.

Sin embargo, el director juzgó que aún era prematuro torturar la entrepierna de la chica, y viendo que ya se le estaba secando la piel volvió a echarle un poco de agua por todo el torso.

La joven Sunset se arrepentía una y mil veces de haber ido a aquel horrible lugar. Pero, ¿por qué lo había hecho?. ¿Tenía acaso razón el director?. ¿Sería ella también una masoquista?. La realidad es que a ella siempre le había puesto muy cachonda ver cómo torturaban a otros hombres o mujeres. Sunset era una voyeur y por eso diseñó su experimento. Quería ver de cerca a decenas de mujeres atadas e indefensas en manos de sádicos pervertidos que las atormentaran sin ninguna piedad.

Ahora, en cambio, las tornas habían cambiado y era ella la víctima. El caso es que horas antes, mientras la ataban el electricista y su compañero llegó a excitarse y si no hubiera sido por su miedo le hubiera parecido incluso agradable. Si le dejaran poner a ella los límites podría participar como sumisa...

Pero eso que le estaba ocurriendo no lo podía controlar. Las descargas eléctricas eran brutales, a cada toque se le contraían todas la entrañas y la piel le quemaba. El director le pasaba ahora el dichoso bastoncillo por el vientre y los costados y la joven Sunset gritaba y se estremecía como una loca.

- Vamos, ¿por qué no dejas ya de sufrir, pequeña?, le decía Bridges sin dejar de torturarla.

- Si firmas ahora mismo dejaré de atormentarte y te llevaré a mi habitación. Esta noche podrás dormir en mi cama si lo deseas, nadie te molestará aunque seas una esclava..

Sunset le miraba con odio entre alaridos y protestas. Ese era el viejo truco, el verdugo prometía a su víctima que sería bueno con ella si obtenía lo que quería. La profesora sabía eso de memoria pero ahora en medio del suplicio tenía que reconocer que el ardid era efectivo. En ese momento daría lo que fuera por librarse de algo tan espantoso.

Sin embargo, ella negó nuevamente, eso también formaba parte del ritual

- Muy bien, no me dejas otra alternativa, dijo el director bajando la intensidad del generador, y acto seguido desenroscó el bastoncillo y colocó el cable en el perno que mordía el otro pezón de la chica.

Sunset tiritaba ahora de frío y a pesar de eso sudaba de miedo al ver los dos cables colgando de la punta de sus pechos. Dependiendo de la intensidad de la descarga aquello podía ser peligroso e incluso provocar un paro cardiaco, en todo caso sería extraordinariamente doloroso y ella lo sabía muy bien. Mientras el Director lo preparaba todo a ella le retumbaba el corazón en el pecho.

- Por última vez, le dijo el director con los dedos en la rueda, ¿vas a firmar?.

Ella le contestó que no babeando por su mordaza y llorando de desesperación. Repentinamente Geoffrey Bridges rotó el mando y mágicamente Sunset dejó de llorar mientras su cuerpo se ponía a temblar y los ojos se le ponían en blanco. Fueron sólo cinco segundos pero a ella le parecieron un siglo. Durante esos segundos sintió espasmos y dolores musculares y parecía como si los pechos se los estuvieran quemando con un soplete.

Tras unos momentos, una segunda descarga, más larga que la primera hizo que la chica se agitara sobre sí misma e incluso provocó que los pernos hicieran mal contacto con la piel lo cual provocó algunas chispas y leves quemaduras en los pezones.

Finalmente una tercera descarga hizo que tras 8 interminables segundos de puro dolor Sunset perdiera el sentido.

Por un momento el director se asustó, sin embargo, poniéndole los dedos en el cuello comprobó que la joven tenía un pulso normal aunque algo acelerado. La pobre muchacha colgaba inconsciente de sus cadenas con los ojos semiabiertos y echando baba por la boca, efectivamente el señor director comprobó que ella tenía leves quemaduras en los pezones y aprovechando su inconsciencia le quitó los cables de los pernos, sólo para conectarlos a una especie de dildo que él le introdujo a la chica por el agujero del ano.

Con un poco de cinta aislante, Bridges aseguró el dildo metálico y enchufando la manguera le volvió a proyectar agua a presión para despertarla.

Sunset volvió en sí confundida y desorientada. Ante él se apareció nuevamente la figura del director con el contrato en la mano y se dio cuenta de que aquello no era una pesadilla.

- Ya habrás visto que no voy a parar hasta que firmes. ¿Lo harás?.

La profesora volvió a decir que no y sacudió su pelo empapado. El director creyó ver entonces una mirada de desafío y se preguntó si su víctima no estaba aprendiendo a soportar el dolor.

- Bien, veo que eres más terca de lo que yo pensaba, le dijo él acercándose. Como recordarás hace unas horas te he explicado que cuando te sueltan una pinza de una parte de tu cuerpo es mucho más doloroso que cuando te la colocan.

- Una, dos ....y tres.

Bridges le abrió la tenaza que mordía el pezón izquierdo y Sunset pegó un salvaje grito de dolor que se convirtió en amargos sollozos, insultos y protestas cuando el verdugo se puso a masajear el pezón para que recuperara la circulación. El segundo perno fue aún peor, pues antes de abrírselo, el cruel director aprovechó para retorcerlo con sadismo. Después de arrancarle nuevas lágrimas y gritos, Sunset inclinó la cabeza agotada de tanta tortura y entonces, pudo ver sus pezones aún deformados con las huellas de los dientes aún marcadas y con huellas de quemaduras en los mismos. Cualquier contacto con sus sensibles pezones sería ahora una fuente segura de dolor. Asimismo, sus bellas tetas estaban ahora marcadas por verdugones rojizos y lo mismo le ocurría por el torso, el trasero y las piernas. Todo ello era una fuente continua de escozor. Pero ¿qué era eso que ahora llenaba su trasero?.

Bridges le levantó la cara sosteniendo su mentón con los dedos.

- Mírame, profesora, por si no te has percatado, te he introducido un dildo electrificado dentro del culo. Cuando deje pasar la corriente te va a parecer que estás en el infierno. ¿Quieres firmar?.

Sunset ya no podía soportar más, de manera que las lágrimas asomaron a sus ojos y afirmó con la cabeza.

- ¿Has dicho que sí?, dijo Bridges con el mando en la mano

Sunset volvió a afirmar ansiosa de que aquello acabara, e incomprensiblemente el director torció bruscamente la rueda y una dolorosa descarga eléctrica recorrió las entrañas de su víctima.

Durante tres o cuatro segundos más todo el cuerpo de la joven se arqueó y cimbreó colgando de sus cadenas, mientras ella volvía a poner los ojos en blanco y un chorro de orina volvía a manchar sus muslos.

- Eso para que vayas aprendiendo.....esclava.

Sunset le miraba anonadada, sin poder creerse la crueldad que acababa de cometer con ella. Ya estaba dispuesta a firmar. ¿Por qué entonces la trataba así?. La pobre Sunset no terminaba de entender las implicaciones de su nueva condición de esclava..

- Espero que no trates de engañarme, si te suelto es para que firmes, de lo contrario esta vez te introduciré el dildo en la vagina y no pararé hasta que te desmayes. ¿Lo has entendido?

Sunset volvió a afirmar, pero como no le pareció suficientemente convincente, el director le dio otra descarga en el trasero durante dos segundos más.

- ¿Has entendido?

Esta vez Sunset se desgañitó en decir que sí con gemidos y sollozos.

- Muy bien, dijo, el director, así me gusta que te empieces a comportar como una esclava.

Tras esto, el director le sacó el dildo del ano y accionando la manivela permitió que después de varias horas la joven profesora pudiera bajar por fin los brazos.

Sunset estaba agotada y le dolían todas las articulaciones así que cuando dejó de colgar de las cadenas, su cuerpo se fue depositando lentamente en el suelo sin fuerzas. Ya en el suelo el director la fue desatando e incluso le quitó la mordaza y las esposas.

Ya libre de sus ataduras Sunset se quedó hecha un ovillo en el piso toqueteándose las heridas con sus manos temblorosas.

De pronto vio ante sí el contrato y un bolígrafo que le ofrecía el Señor Bridges.

- Firma, le dijo.

Sunset, apenas leyó el encabezamiento y el período de estancia en el campo que el Director había rellenado poniendo el tiempo máximo: tres meses.

La joven dudó un instante, para estampar su firma pero fnalmente lo hizo. ¿Qué otra cosa podía hacer?. Y sin embargo, en cuanto lo hizo se sintió aliviada.

- Ahora de pie y las manos en la nuca.

Sunset le miró con ojos llorosos, pero obedeció. Lentamente se incorporó, abrió las piernas y puso sus manos en la nuca.

Ya sólo era una esclava más.

- Muy bien preciosa. ¿Sabes lo que es esto?, dijo él palmeando la tabla del potro.

Sunset tragó saliva antes de contestar.

- Es un potro de tortura medieval.

- Muy bien, veo que sabes mucho, profesora, ¿qué opinas de él?, ¿está bien hecho?.

- Creo...creo que sí. Sunset empezó a respirar agitadamente imaginándose lo que significaba ese interrogatorio.

- ¿Me puedes explicar para qué sirve?, dijo el director mientras preparaba el potro para la bella joven.

- Sirve para estirar el cuerpo del reo.

- ¿Y qué efectos tiene?

- Depende. Al principio puede provocar dolores en las extremidades y dificultades en la respiración, pero si se sigue apretando...... Los escalofríos recorrían todo su cuerpo al hablar.

- Continua.

-....si se sigue apretando se pueden dislocar los miembros, romper las articulaciones e incluso......

- Vamos, sigue.

- Por favor, tenga piedad de mí, haré todo lo que quiera pero no me torture con eso, se lo ruego.

- He dicho que sigas.

Sunset siguió hablando con lágrimas en los ojos.

- Si...aún se sigue apretando... se pueden llegar a desgarrar los tendones y los músculos.

- Debe ser una muerte lenta y horrible, ¿no crees?

- Tenga piedad, no lo soportaré.

- No temas princesa, en tu contrato dice que no puedo matarte ni mutilarte irreversiblemente, así que nos conformaremos con estirar tu cuerpo hasta el límite pero sin romperte nada.

- No obstante antes te voy a dar dos opciones. Ahí al lado hay una guardiana del campo ocupándose de una chica. Si tú quieres haré que coloquen a esa esclava en el potro y será torturada en tu lugar, pero con una condición.

- ¿Cuál?

- Que tendrás que ser tú misma quien la torture. Tú estirarás el potro hasta dislocarle los hombros y tú misma le aplicarás descargas eléctricas en su coño hasta que pierda el sentido. ¿Qué me contestas?

- No me pida eso, no podré hacerlo.

- ¿Ah no? Hace unas horas querías hacer eso y otras cosas peores a más de cuarenta esclavas del campo.

- Lo sé pero después de lo que me ha hecho, yo no puedo hacérselo a otras.

- ¿Prefieres sufrir tú en su lugar?

- Déjeme, por favor, me ha prometido que no me haría más daño.

- Contesta a la pregunta ¿Prefieres que te acostemos a ti en el potro?,.

- Sí, pero más electricidad no por favor.

- Vaya, después de todo igual has aprendido algo, no te preocupes, no habrá más descargas por hoy.

El director terminó de ultimar el ingenio y le ofreció la manguera y una esponja.

- Toma límpiate, otra vez hueles a meaos.

Sunset le obedeció aún sollozando.

Mientras tanto, el director llamó por teléfono a un guardián.

- Oye tú, ven a la casa grande y traete a seis o siete más, vamos a celebrar una fiesta con la profesora. .. Sí sí, ya ha firmado.

- Bueno, preciosa, mientras vienen los demás quiero que me la chupes, me ha gustado mucho cómo lo has hecho antes. Termina de limpiarte y ven aquí.

Sumisamente Sunset hizo lo que le ordenaban y entonces se acercó al director., se arrodilló y se puso a chuparle la polla mientras le masturbaba con una mano.

De buena gana se la hubiera mordido, odiaba a ese tipo por lo que le había hecho, pero creyó que era mejor obedecer así que siguió con la mamada sumisamente. El director la miraba triunfante, Sunset parecía un eccehomo con todo el cuerpo marcado por el látigo, sin embargo, desde su perspectiva estaba bellísima.

Cinco minutos tardaron los guardianes en llegar: Markus, Roberto, Harry, John, y tres más aparecieron por la puerta, entre ellos se encontraba también David el marido de Nicole. Todos se quedaron admirados al ver la felación. Era evidente que el director había conseguido por fin dominar a la profesora.

- Muy bien, dijo éste sacando su pene brillante y enhiesto de la boca de ella. Y ahora acuéstate aquí encima y estira los brazos por encima de tu cabeza.

- No me hagan daño..mucho no..

- Calla y obedece.

Sunset obedeció y se tumbó sobre la madera del potro, entonces estiró sus brazos por encima de su cabeza y sus verdugos se los ataron con diligencia. Con unas suaves correas de cuero enganchadas a una sola soga le ataron las muñecas, mientras los tobillos se los ajustaban a otras correas situadas en los laterales de los pies del ingenio. De esta manera Sunset tuvo que mantener en todo momento las piernas abiertas y los brazos juntos formando una Y invertida.

- Mirad qué cuerpo tan bonito tiene, dijo el director mientras se quitaba toda la ropa, ahora id estirándola despacio y con cuidado.

Ya desnudo, Roberto accionó una manivela donde se enrrollaba una gruesa soga y ésta empezó a tensarse al tiempo que los dientes de la manivela hacían un clic clic rítmico al pasar por un freno. La soga tiró a su vez de los brazos de Sunset y todo su cuerpo se empezó a estirar centímetro a centímetro. La joven respiraba agitadamente esperando que el dolor llegara a sus hombros. También era una experta en el potro.

Tras varias vueltas, el sonido metálico se hizo más lento y la manivela se puso más dura. La soga ya crujía por el estiramiento y los músculos y articulaciones de la joven se tensaron más de lo soportable.

- Aaaaahh.

Sunset abrió la boca para quejarse pero mantuvo los ojos cerrados.

Al oír aquel quejido, al director se le puso la polla tiesa otra vez y acarició el cuerpo desnudo de la profesora.

- Aún se puede estirar más antes de que se le disloquen los brazos, sigue apretando pero despacio.

El freno pasó por otros dos clic más y Sunset volvió a gritar.

- AAAAHHH, mis brazos, dios, mis brazos.

- Una vuelta más

Clic

- AAAAAGGGGHHHHH

- Tranquila princesa, ¿es posible una vuelta más?

Roberto negó con la cabeza.

- Yo no me arriesgaría.

- Bien, ya no te haremos más daño. Ahora te vamos a follar, le dijo el director apartando el pelo de la frente.

Sunset afirmó con la cabeza e incluso sonrió agradecida.

Y diciendo esto el director y el resto de los verdugos acabaron de quitarse la ropa sin poder apartar sus ojos del cuerpo de la bella Sunset.

Esta abrió bien los ojos y al ver lo que iba a pasar su entrepierna se empezó a mojar involuntariamente. Ya desnudos Diego y Markus se ocuparon de sus pezones lamiéndolos delicadamente, mientras el director se colocaba entre sus piernas y la penetraba.

Sunset abrió la boca y volvió a cerrar los ojos, fue entonces cuando notó aquello en los labios. Era la polla de Roberto que con esa caricia pedia una mamada a la esclava. De hecho el verdugo torció su cabeza y la penetró hasta la garganta.

Con todos aquellos hombres sólo para ella, Sunset se sintió de repente en la gloria, no sólo por el placer del sexo sino por haber soportado todo aquel dolor. En esas horas la joven profesora había aprendido en carne propia lo suficiente para hacer diez tesis.

Por su parte, mientras penetraba aquel coño cálido y acogedor el director admiró el cuerpo de su nueva esclava que en las semanas siguientes gozaría una y otra vez. Así estirada en el potro y a punto de correrse Sunset era una visión idílica para Mr Bridges, una de esas visiones por las que merecía la pena haber creado el Campo..

Mientras todos aquellos verdugos follaban por turno con la profesora y ésta perdía la cuenta de los orgasmos que alcanzó, en la habitación contigua seguía la luna de miel entre Julia e Ingrid.

Después de la cera, Julia siguió ensañándose e su víctima. A Ingrid también le aplicó una picana eléctrica, y sólo después de tres o cuatro horas atada a la cruz de San Andrés, la joven danesa fue colocada a horcajadas sobre el caballete. Para ello, Julia le puso una cuerda corrediza al cuello que colgó del techo y que le dificultaba respirar con libertad. Ingrid era lo suficientemente alta para evitar el contacto del afilado listón de madera con su entrepierna, pero para ello tenía que mantenerse sobre la punta de los dedos de los pies. Las manos, por supuesto las tenía atadas a la espalda y Julia aprovechó su indefensión y desnudez para seguir atormentándola de diferentes maneras.

De este modo empezó pasándole un afilado pinwheel por todo el cuerpo que Ingrid soportó estoicamente, después siguió con una pequeña varita flexible de madera que Julia utilizaba de dos maneras. O bien le pinchaba con la punta o bien la agarraba de la base y curvándola con la otra mano la soltaba de golpe impactando sobre el cuerpo de la joven. A pesar de repartir los golpes por todo su cuerpo los pechos de Ingrid fueron el objetivo favorito de la "varita" de Julia que se ocupó de adornárselos con marcas rojizas radiales.

Al hacer todo esto Julia se tomaba su tiempo. Aunque a duras penas, la esclava aguantaba el tormento y eso le producía un gran placer

Tras mucho rato con la varita Julia le colocó unas resistencias en los pezones ajustándoselas con tornillos y conectó las mismas a dos cables de electrodo. Lo de la electricidad fue más severo. Julia era una torturadora metódica y no se cansaba de atormentar a su víctima hasta que esta perdía varias veces pie y su entrepierna chocaba dolorosamente con el caballete. Cada vez que Ingrid perdía pie, la joven veía las estrellas, su coño chocaba contra el listón provocando agudos dolores en el bajo vientre al tiempo que el lazo apretaba su cuello.

Tras más de veinte minutos de electricidad volvió el látigo, Julia colocó pacientemente varias pinzas de colgar la ropa a lo largo del vientre de Ingrid y en sus pechos y se las quitó a latigazos con un látigo de algo más de un metro. Julia manejaba con gran habilidad ese látigo haciéndolo bailar a derecha e izquierda, y arrancando una pinza de cuando en cuando.

Ante el castigo del látigo, la esclava aguantaba el tipo con una gran capacidad de autocontrol y sus pies permanecían erguidos a pesar de que los dedos le dolían horriblemente. La cara la tenía asimismo enrojecida por el déficit de oxígeno, y sin embargo Ingrid aguantaba temblando y con buena parte de su piel quemando como el fuego.

La sesión del caballete terminó cuando Julia esgrimió una vara flexible y se puso a darle a Ingrid en el empeine de los pies, en las pantorrillas, los muslos, el trasero, los costados, el vientre y las tetas, por ese orden. Julia daba los golpes espaciadamente dejando que la fusta silbase y restallase contra el formidable cuerpo de esa mujer. Por su parte, Ingrid aguantaba los gritos como le había ordenado su ama y se limitaba a apretar los dientes y temblar de dolor, sólo perdió pie un par de veces lo cual provocó la admiración de su ama.

Por fin, tras esa interminable sesión, Julia accedió a bajarla del caballete.

Una vez suelta, Ingrid trató de adoptar la postura de sumisión, pero estaba físicamente agotada y cayó al suelo.

Julia la miró satisfecha golpeando la palma de la mano con su vara. La joven nórdica tenía su cuerpo lleno de marcas. Su blanca piel hacía que las líneas rojas destacaran más aún y a pesar de su presencia de ánimo, la muchacha empezó a sollozar.

- Vamos, vamos, vaquita, has aguantado muy bien, eres una esclava de primera.

Ingrid la miró con lágrimas en los ojos.

- Lo siento mi ama y entonces le alargó los brazos. Julia se quitó la capucha, se agachó y las dos mujeres se fundieron en un abrazo. Ingrid que ya no podía más se echó a llorar en su hombro mientras su ama la acariciaba consolándola.

Así estuvieron ambas mujeres abrazadas un buen rato hasta que Julia se cansó.

- Arriba esclava.

Más tranquila, Ingrid se puso de pie. Entonces Julia le ofreció la misma vara de madera con la que la había estado golpeando unos momentos antes.

- Toma, le dijo, ahora quiero que me azotes tú.

- ¿Qué?, dijo Ingrid enjugándose las lágrimas con el dorso de la mano.

- He dicho que me azotes con esa vara, en el culo y en las piernas, ¡ahora!.

Y diciendo esto Julia colocó sus manos sobre el respaldo de la silla, agachó su torso y poniendo las piernas juntas y apoyándose en los zapatos de tacón proyectó su trasero hacia atrás.

- Vamos, ¿a qué esperar?

- Es que yo...no sé

.....no sé hacer esto. Ingrid miraba la vara en sus manos como si fuera un objeto extraño.

- Es muy fácil, coge fuertemente la vara y dame con todas tus ganas.

Ingrid se acercó a Julia y sin preparase ni nada le dio un débil varazo en el trasero.

- Más fuerte, azótame de verdad, esclava.

La vara zumbo y le volvió a dar en medio de los cachetes del culo.

- ¿Es que no sabes golpear más fuerte?.

Ingrid hacía esfuerzos por azotarla, pero todavía no se atrevía a hacerlo con toda su fuerza.

Un nuevo varazo le impactó en el culo, pero Julia apenas se inmutó.

- Vamos a ver esclava, o me obedeces o mandaré que te crucifiquen.

Esta vez Ingrid apretó los dientes y llevando la vara hacia atrás le dio con todas sus ganas.

Zaaas.

Julia tuvo que ahogar un grito.

- Eso está mejor, más fuerte, vamos.

Ahora Ingrid ya sabía cómo golpear así que le dio otro impacto y otro y otro. Poco a poco las marcas rojizas aparecieron en el trasero de Julia y ésta empezó a masturbarse sin cambiar de postura.

- Así, así, dame cerda, con toda tu fuerza, acuérdate de la cera.

Efectivamente, Ingrid se acordó de la cera y le dio con toda la mala leche que pudo, en el culo pero también en los muslos.

Ingrid descubrió que le gustaba golpear a Julia, aunque no tanto como someterse a ella.

- Te arrepentirás de esto puerca, decía Julia entre jadeos mientras se seguía masturbando, pero sus insultos no hacían más que cabrear más a Ingrid que cada vez le daba con más ganas.

Ahora Julia gritaba cada vez más alto mientras sentía cómo su trasero se volvía puro fuego.

- Vamos, hija de puta, más fuerte, dame esclava, DDDDAAMe, y Julia se empezó a correr entre gritos y chasquidos de la vara.

No por eso Ingrid dejó de golpearla, ahora lo hacía con toda su furia.

- Basta, dijo Julia tras haberse corrido.

Ingrid casi le desobedeció pero tuvo que abortar el último golpe.

- La vara en la boca y postura de sumisión esclava.

Julia dijo esto acariciándose el trasero herido con una mano.

Ingrid había olvidado por un momento su nueva condición, pero tras dudar un momento, obedeció inmediatamente, abrió las piernas y se puso la vara entre los dientes.

Julia le arrebató la vara de la boca.

- Me las pagarás vaquita, mañana te dejaré descansar, pero pasado mañana mandaré a Markus que seas crucificada. Y ahora agáchate y cúrame las heridas del culo con la lengua, me quema mucho.

- Sí ama.

Ingrid pasó más de media hora lamiendo los verdugones del trasero de Julia, y después de eso ésta le correspondió lamiéndole delicadamente las múltiples heridas y marcas que tenía por todo el cuerpo.

Tras más de una hora lamiéndose mutuamente como si fueran dos gatas, Julia echó un colchón en el suelo y las dos mujeres hicieron el amor.....pero esto último os lo dejo a vuestra imaginación.



Os esperamos en Sexonet
FECHA El 05/07/10 a las 04:07:55 IP GUARDADA Enviar Privado Añadir Amigo · Enviar Privado Enviar Privado · Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
Online sexonet
Administrador
Administrador



Mensajes:
Visitas:
Lecturas:
Fecha Reg.:
2381
669
943
El 15/12/07 a las 02:12:45

Capitulo 10- La "pasión" de Yuka

- ¿Cómo te llamas?

- Yuka

- ¿Cuántos años tienes?

- Veintiuno

- ¿Desde cuando has deseado que te crucifiquen?

- Desde que era niña

La joven japonesa respondía a la preguntas como una autómata, sin poder apartar la vista de unas gigantescas tijeras curvas y puntiagudas que en ese momento se calentaban sobre un brasero.

Como era costumbre durante los interrogatorios del Campo, ella respondía sentada en una silla y sólo llevaba encima la minifalda del uniforme que le habían permitido conservar por el momento.

Por contra la joven estaba desnuda de cintura para arriba e insistía en taparse sus abultados pechos con las manos, sobre todo porque en ese momento tenía los pezones completamente erizados y le daba vergüenza enseñarlos a la cámara.

Visiblemente incómoda, Yuka cruzó las piernas mostrando ampliamente sus muslos a los que la interrogaban.

Esa incomodidad provenía de su excitación, Yuka estaba muy caliente, pues aparte de las tijeras, a unos pocos metros en el suelo había una cruz de madera y a su lado estaba Markus vestido con su mono azul que blandía un martillo y afilaba cuatro largos clavos negros contra una piedra.

- Crei..crei, que no iban a utilizar clavos, dijo Yuka atemorizada.

- Creíste mal, dijo Markus sonriendo y comprobando con el pulgar la punta de una de esas espantosas picas. Y ahora ven aquí y acuéstate, tengo que crucificarte.

- ¿No hay otro remedio?

- Tú misma lo has querido, te he dicho que vengas aquí.

Yuka se acercó como una sonámbula a la cruz protegiéndose los pechos con los brazos. Volvió a mirar a Markus y después se volvió a sus interrogadores como pidiendo inútilmente una última ayuda. El corazón le latía fuerte en el pecho y las gotas de líquido vaginal se deslizaban por la cara interna de sus muslos la sangre se leagolpaba en las mejillas y la joven se moría de vergüenza.

- Vamos, lo estás deseando, le dijo una voz.

Finalmente, tras un momento de duda, ella misma se acostó encima del madero extendiendo sus brazos. La joven cerró los ojos y respiró profundamente esperando a que empezase el suplicio.

Éste no se hizo esperar, pues Markus colocó la punta de un clavo en la palma de la mano izquierda y levantó el martillo.

- No, en la mano, no, es en la muñeca, en la muñeca, dijo Yuka confundida.

Por toda respuesta, Markus dio un martillazo y el clavo le traspasó la mano y se clavó en la madera.

Yuka lanzó un grito de dolor. El clavo había dolido pero no tanto como ella se figuraba.

Tres martillazos más y el clavo entró hasta la cabeza. Yuka miró su mano atrapada por el clavo y con un reguerillo de sangre saliendo de la herida.

- Pero, pero, es en la muñeca...

Entonces Markus pasó por encima de ella sin hacerle ningún caso y poniéndole otro clavo en la otra mano se la clavó de forma análoga. La chica volvió a quejarse, pero la punzada del clavo apenas supuso una pequeña molestia, ella esperaba otra cosa, que le clavaran por las muñecas, algo mucho más salvaje y doloroso.

Una vez clavada de las dos manos, Markus se colocó tras la cúspide de la cruz y se puso a levantarla él solo. Al tiempo que el verdugo ponía vertical la cruz, la joven gritaba.

- Me voy a caer...las manos,....se rasgarán...no aguantarán.

Y sin embargo, aguantaron, la cruz estaba ya vertical y todo el cuerpo de Yuka colgaba de las dos manos. Unos regueros de sangre empezaron a deslizarse lentamente por los brazos de la chica. La muchacha no entendía cómo las manos aguantaban todo su peso.

Seguidamente Markus siguió con los pies, se agachó, torció la pierna derecha de la joven hasta colocar el talón bajo el trasero y le clavó el empeine del pie al madero con otro de esos largos clavos.

Esta vez el dolor fue más intenso y Yuka gritó y lloró torciendo el rostro, mientras le clavaban el pie a la cruz.

Markus sonrió con sadismo mientras se aprestaba a colocar el otro clavo. Así le forzó a poner el segundo pie simétricamente al primero obligando a Yuka a mantener las piernas flexionadas y separadas y dejando así su sexo abierto.

Ya clavada en la cruz de pies y manos, la joven vio cómo Markus se quitaba su mono de faena y bajo éste apareció un cuerpo fuerte y musculoso, un torso de anchos pectorales totalmente depilado y un vientre plano y tenso. De repente, Markus no le pareció tan feo y ella se puso cachonda pensando que él la iba a abrazar y besar, pero lo que más le hizo mojarse a Yuka fue ese enorme pene grueso y enhiesto como una estaca cuya punta brillaba amenazadora a pocos centímetros de su entrepierna.

Violentamente, Markus le arrancó la falda, entonces se pegó a ella y la besó en la boca. Yuka no sólo no rechazó el beso sino que se puso a besarse con él mientras el hombre le acariciaba las nalgas con toda libertad, la cintura y los dos pechos y terminaba pellizcando y retorciendo sus pezones.

De repente, Yuka sintió que algo vivo entraba por su sexo. Lo hizo lenta y delicadamente, invadiendo su vagina y llenándola por completo. Debía ser el pene de su verdugo, pero era enorme como el del caballo que había visto el día anterior, el falo penetraba profundamente en su interior y no parecía tener fin.

Invadida por aquel miembro, Yuka dejó de besar a Markus y se puso a gemir de placer y de dolor. El pene le quemaba y la empalaba profundamente hasta que llegó al cérvix y literalmente levantó el cuerpo de la joven. Entonces Markus empezó a follársela arriba y abajo hasta el punto de levantar todo su cuerpo a cada sacudida. El hombre folló y folló salvajemente. La joven estaba a punto de llegar al orgasmo a medida que el enorme pene la follaba, pero el que se corrió primero fue Markus. El semen del verdugo se disparó dentro de su sexo y se derramó por dentro chorro a chorro. Yuka gritaba de dolor con las entrañas escaldadas por aquel líquido ardiente y viscoso pero no consiguió llegar al orgasmo.

Una vez hubo eyaculado, su verdugo sacó el miembro, le sonrió y acariciando uno de sus pechos le dijo.

- ¿Estás preparada?

Yuka no sabía a qué se refería pero igualmente afirmó con la cabeza.

Entonces Markus se dirigió al brasero y sacó las dos enormes tenazas manejando cada una con una mano y abriéndolas como si fueran dos enormes tijeras. El verdugo sonrió con sadismo y Yuka le miró completamente despavorida.

Las puntas de las tenazas eran puntiagudas y en ese momento estaban al rojo vivo.

A medida que Markus se acercaba hacia ella Yuka se puso a balbucir.

- No, mis pechos no, mis pechos no, por favor.

Markus se colocó enfrente de la cruz riendo a carcajadas y acercó las dos tenazas abiertas a pocos centímetros de sus dos mamas blanquecinas. El verdugo había recuperado completamente la erección y antes de cerrarle las dos tenazas en los pechos la volvió a penetrar.

Yuka se puso a bramar de placer al ser nuevamente empalada y aunque cerró los ojos notaba perfectamente el calor intenso de los hierros a pocos milímetros de sus pezones. La muchacha se puso a gritar histérica.

- No, no, NOOOO AAGGGHH

Las tenazas se cerraron poco a poco hincándose en ambos pechos, pero increíblemente no hubo dolor, en su lugar, la joven sintió cómo un placentero fuego le recorría todo el cuerpo y ella bramó de gusto.

Justo en ese momento Yuka se despertó y lo primero que vio fue la cara de Markus que la miraba entre extrañado y divertido.

- Esta tía se ha corrido.

Los tres hombres rieron a carcajadas.

- Sí ha debido tener un sueño muy excitante, tiene el coño empapado.

Yuka les miró confundida y avergonzada. Aún no tenía claro qué había pasado. La joven estaba en su celda, encima de la esterilla, atada, amordazada y completamente desnuda. En ese momento Markus la tenía agarrada de los dos pezones con sus gruesos y ásperos dedos y no dejaba de juguetear con ellos.

Sus guardianes habían tenido el detalle de inmovilizarla con las muñecas atadas a la espalda y éstas a los tobillos en postura de hogtied. A pesar de la incómoda postura, la joven nipona estaba tan cansada que había conseguido dormir y al parecer incluso soñar.

Era evidente que Yuka se había corrido en su sueño o algo parecido pues efectivamente tenía la entrepierna completamente mojada y los guardianes le habían oído suspirar y gemir en sueños.

- ¿Sabes para qué hemos venido?, le preguntó Markus mientras le acariciaba los pechos con sus dedos. Acaba de amanecer y te prometí que vendríamos a buscarte muy pronto.

Yuka afirmó con la cabeza comprendiendo por fin.

- Ese es el madero de la cruz esclava, le señaló con la mano. Tendrás que llevarlo sobre tus hombros hasta el lugar de la crucifixión.

A la joven japonesa le dio un escalofrío al ver el madero que traía Roberto. Se trataba de un leño de algo más de metro y medio de largo de una madera basta y rugosa.

Markus le quitó la mordaza, y las abrazaderas y tobilleras de cuero. Mientras la desataba, el hombre siguió acariciando con ternura a su preciosa víctima. Yuka era una chica muy guapa, tenía unos ojos oscuros grandes y una cara aniñada, además era menuda, pequeña y delgada y su piel era suave como la seda.

A Markus le daba el morbo de que en ese momento estaba acariciando a una adolescente de quince años cuyo cuerpo palpitaba de deseo,... si no hubiera sido por esas dos grandes mamas. La japonesita tenía unos pechos desproporcionados con el resto de su cuerpo, grandes, redondos y algo caídos. De esos pechos carnosos que si les colocas un lapicero debajo no se cae. Además en ese momento estaban tan hinchados que se veían perfectamente las venas azuladas a través de la piel. A Markus esas tetas le parecían de mentira, además estaban coronadas por unas aureolas enormes y ligeramente hinchadas y unos pezones relativamente gruesos de color marrón, sin embargo no podía quitarles las manos de encima. Cuando se las acarició, el verdugo comprobó además que eran cálidas y muy suaves, y le agradó la sensación de que los pezones se pusieran duros al contacto con sus dedos. El hombre tenía una erección más que evidente y hubiera deseado lamerlas y acariciarlas con su propio pene y después follarse a la chica japonesa allí mismo.

Yuka aún no se había despertado del todo, pero esas caricias le parecieron muy agradables y ofreció sus pechos para que él se los acariciara a placer, también entreabrió su boca al hombre para que se la besara. A pesar de que tenía unos labios carnosos tras los cuales asomaba una pequeña y delicada lengua, el verdugo no le besó. Seguramente Markus se reservaba para follarla cuando Yuka ya estuviera crucificada.

- Vamos pequeña, le dijo de repente, arrodíllate y extiende tus brazos a lo largo del madero, se hace tarde.

- Sí amo, contestó ella.

Yuka se puso de rodillas, con el torso recto y entonces notó cómo Roberto y el electricista le colocaban el madero horizontalmente sobre los hombros. Entonces ella lo rodeó con sus brazos y Markus se puso a atarlos con una soga.

No tardó más de un par de minutos en los que Yuka permaneció excitada y nerviosa pero inmóvil mientras los otros dos verdugos le ayudaban a sostener el tablón en equilibrio.

Una vez atada la ayudaron a ponerse en pie y al soltar los hombres el madero Yuka tuvo el reflejo de encorvarse ligeramente, pues la madera pesaba más de lo que ella creía.

- Vamos, ponte derecha, no tengas miedo.

Yuka obedeció, incorporó la espalda y al mantener sus brazos subidos hacia atrás sus pechos se proyectaron hacia delante. La joven mantuvo la postura abriendo ligeramente las piernas y mirando a los ojos a sus guardianes.

A los tres verdugos se les puso la polla dura ante ese gesto. Probablemente lo que más les gustaba de la japonesa era su sumisión. A la bella Yuka le esperaba un suplicio espantoso y sin embargo aceptaba todo con sumisión e incluso con placer.

- ¿Ves esto?, le dijo de repente Markus enseñándole dos cascabeles enganchados a unos imperdibles.

Yuka abrió los ojos como platos al ver esos cascabeles mientras sentía un escalofrío en la punta de sus pechos y acto seguido bajó la mirada avergonzada.

- Mira esclava, me gustaría mucho ponerte estos imperdibles, pero sólo lo haré si tú me lo pides.

Yuka no respondió sino que por toda respuesta bajó la cara roja de vergüenza.

- ¿Te los pongo, sí o no?

Yuka dudó un momento mientras se le ponía carne de gallina en sus tetas y sus pezones se erizaban apareciendo unas arrugas en las aureolas. De pronto ella dijo que sí con la cabeza pero sin levantar la vista. Aunque Markus no lo sabía, Yuka era una auténtica masoquista y en cierto modo, estaba entrenada para soportar el dolor.

Sonriendo, Markus abrió uno de los imperdibles y cogiéndole el pezón con los dedos empezó a traspasárselo despacio con la aguja.

Mientras se lo clavaba, la joven miró para otro lado cerrando los ojos y frunciendo el ceño y aunque intentó aguantar apretando los dientes no pudo reprimir un tremendo grito. La punta del imperdible salió por el pezón y antes de cerrarlo Markus le colgó un cascabel.

- Parece que te ha dolido, dijo el verdugo al ver dos gruesas lágrimas asomando a los ojos de la japonesa. ¿Te pongo el otro?

- Sí, contestó Yuka resignada, y esta vez cerró los ojos y respiró profundamente.

Markus advirtió cómo ella crispaba otra vez el gesto al introducirle la aguja e incluso hacía el amago de apartar el pecho, pero nuevamente aguantó el dolor esta vez sin gritar. Eso sí, debía dolerle mucho pues los labios le temblaban y ella respiraba agitadamente mientras la aguja le traspasaba el pezón por su justo medio.

Una vez pasado el trance Yuka abrió los ojos y vio sus dos pezones traspasados por los imperdibles. La verdad es que la joven tenía una extraordinaria sensibilidad en sus pechos, sensibilidad que ella misma había acentuado desde hacía años de diferentes maneras, pero también se había entrenado en soportar ese tipo de cosas.

- Sí que tienes aguante chica, le dijo Markus levantando los cascabeles con los dedos índices y haciéndolos sonar. Lo necesitarás cuando estés en la cruz.

Yuka le miró no sin cierto orgullo por haber aguantado el dolor.

Acto seguido, Roberto la amordazó con un tosco trozo de madera metido en la boca que ella tuvo que morder con los dientes y se lo ataron a la nuca con una correa de cuero, por su parte, Markus enganchó un cinto de cuero al collar y el electricista le colocó unos grilletes en los tobillos. Como había ocurrido con Ingrid, la cadena que unía los grilletes era demasiado corta y Yuka tendría que andar a pasos cortos haciendo sonar los cascabeles.

Mientras preparaban a la joven, Markus se entretuvo en pintarle palabras por el cuerpo con un tizón: "puta", "fóllame" "azótame" y cosas por el estilo. Los tres hombres se reían de ella mientras la joven cada vez se avergonzaba más pero también se ponía más y más cachonda.

- Bueno, basta, estoy impaciente de ver a esta zorra en la cruz.

Markus restalló un gato, es decir, un látigo corto de colas de cuerda acabadas en pequeños nudos. Yuka debería transportar el madero durante más de un cuarto de hora mientras Roberto y Markus le azotaban en la espalda con dos gatos de colas. Mientras tanto el electricista tiraría de la soga y le obligaría a caminar.

De hecho el primer azote no si hizo esperar.

SSSzass

- Mmmmmh

- Camina esclava

Yuka tembló de rabia y dolor aguantando el escozor del latigazo pero dio el primer paso asegurándose de no caerse. La joven tenía que andar encorvada por el peso del madero.

Mientras caminaba entre las celdas de las esclavas, Yuka vio que muchas de éstas ya se habían despertado y miraban a la pequeña japonesa con terror y compasión las más y con envidia las menos.

La práctica totalidad de las esclavas del campo habían sufrido ya el suplicio de la cruz en manos del sádico de Markus y sabían lo que eso significaba. Como ya dijimos, la crucifixión era usada en el Campo como un tipo de castigo común para todo tipo de faltas incluso leves, pero a las esclavas les extraño que nada más llegar al campo Yuka hubiera hecho algo que mereciera ese horrible tormento.

Evidentemente desconocían que había sido la propia nipona la que lo había escogido voluntariamente.

Atada y amordazada y recibiendo un latigazo tras otro, Yuka caminaba observada por todas aquellas mujeres lo que le hizo sentirse especialmente incómoda. La joven nunca se había expuesto así desnuda delante de tanta gente y menos atada y amordazada de esa manera. De repente, Yuka comprendió que una vez crucificada estaría expuesta para todos los que pasaran delante de la cruz e incluso cualquiera podría tocarla o hacer lo que quisiera con su cuerpo. Eso le excitó mucho más y le dio ánimos para seguir aguantando.

- Vamos camina, dijo Michel el electricista tirando del dogal.

Los latigazos no paraban y ella se afanaba por mantener el paso con pasitos cortos, las tetas le temblaban por eso y los cascabeles tintineaban llamando la atención de todas la esclavas que aún no se habían despertado.

Nadie lo sabía, pero Yuka llevaba desde años soñando con una escena parecida. Desde la pubertad, la joven se masturbaba diariamente varias veces, incluso los días que tenía sexo o que se sometía a prácticas sadomasoquistas. Invariablemente la fantasía era la misma, ser crucificada y follada por varios hombres sádicos y crueles. Podemos imaginarnos, pues la excitación que la muchacha sentía en ese momento a pesar de los latigazos y la humillación.

Tras unos minutos el grupo salió del hangar al aire libre. Eran las siete de la mañana y hacía frío, pero Yuka tuvo que seguir adelante mortificada por aquellos odiosos latigazos. Ya fuera se les unió otro verdugo que llevaba una cámara y que iba a grabarlo todo.

- No mires a la cámara, le ordenó cuando ella le miró, haz como que no existo.

El lugar destinado a la crucifixión no estaba lejos sin embargo a la joven se le hizo largo, pues tenía que ir despacio, encorvada con el peso de la cruz, dañándose los pies con las piedrecillas del camino y con los gatos "acariciándola" y marcándole la piel a cada momento. En su particular via crucis, Yuka jadeaba y echaba babas por su mordaza esforzándose por mantener el ritmo que le imponían sus guardianes a tirones.

Mientras tanto, Markus y Roberto se deleitaban empalmados al ver su cuerpo desnudo y sudoroso sobre el que se empezaban a destacar las huellas de los latigazos y al que flagelaban por puro placer y capricho. Dado que los latigazos se los daban por detrás, a los diez minutos Yuka llevaba marcado su cuerpo desde las piernas hasta los hombros, pero sólo por la espalda y los costados, con sólo algunos azotes perdidos en los laterales de los pechos.

A esas horas de la mañana apenas había guardianes por el campo y tampoco se cruzaron con ninguna esclava, pero los que guardaban las puertas estaban más bien aburridos así que empezaron a silbar y a decir obscenidades al ver la escena y darse cuenta de que era una esclava nueva a la que iban a crucificar. Sus perros se pusieron también a ladrar histéricos ante el jaleo.

- Eh Markus, ¿por qué no te buscas a una de tu tamaño?.

- Traete aquí a esa preciosidad, tengo las pelotas llenas.

- Mirad qué tetas, se las voy a llenar de leche.

Yuka volvió a ruborizarse bajando el rostro al oír todas esas lindezas.

Markus les respondió de lejos.

- Si la queréis, tendréis que venir luego y follárosla en la cruz.

- Venga ya, sabes que no podemos movernos de aquí.

- Pues entonces ya sabéis, a cascárosla.

Los guardianes respondieron con más insultos y prometiendo a Yuka que irían a visitarla en cuanto estuvieran libres.

Yuka se volvió a ruborizar mientras se alejaban de la puerta, y ella y sus guardianes aún tuvieron que andar varias centenas de metros hasta que llegaron al "calvario" del campo, el lugar favorito de Markus. Este era un lugar despejado, rodeado de prados y con un bosque bastante frondoso al fondo, un lugar idílico que contrastaba con su siniestro uso.

Al llegar al sitio en cuestión, los guardianes permitieron que Yuka se arrodillara jadeando y respirando con dificultas. Llegar hasta allí azotada por los látigos había sido en sí mismo un doloroso tormento, pero eso no era nada comparado con lo que le esperaba.

Una vez que a Yuka le quitaron el madero y la mordaza ella esperó pacientemente de rodillas y con las piernas abiertas, el torso muy derecho y las manos en la nuca. La joven jadeaba intentando recuperar las fuerzas, y al de un rato bajó las manos y empezó a palparse las heridas con las manos. Mientras tanto observó detenidamente todo lo que tenía ante sus ojos.

A ambos lados del camino se situaban varios postes de madera verticales de hasta dos metros de alto. Aún más allá había otros postes que llegaban a una longitud de tres metros y más.

Todos los postes tenían un rebaje rectangular en la parte superior para colocar el travesaño horizontal de la cruz, e incluso alguno de los más altos estaba completo con el patíbulum en su sitio. También había un par de cruces en forma de tau. Todos los postes tenían un agujero ancho que los taladraba horizontalmente y que se situaba a un metro aproximadamente del listón horizontal.

Junto a los primeros postes había una pequeña caseta y una estructura de madera formada por un alto caballete en el que el travesaño horizontal se encontraba a más de tres metros del suelo. De él colgaban cadenas y grilletes. También había otros maderos horizontales a un metro y pico del suelo y otros postes verticales.

La joven se formó su propia hipótesis. Los postes con rebaje eran los palos verticales de las cruces, bajas y altas, mientras que la estructura junto a la caseta serviría probablemente para que las esclavas esperaran su turno atadas y seguramente para sufrir la flagelación que antecede a toda crucifixión.

Yuka estaba realmente impresionada, ¿para qué tantas cruces?, evidentemente para crucificar a más de veinte o treinta esclavas a la vez. Entonces pensó que el espectáculo de ver a tantas mujeres desnudas sufriendo en la cruz debía ser algo excitante y digno de verse, de pronto y casi sin querer se lamió los dedos de su mano y se puso a masturbarse. Empezó por frotarse el coño lentamente con una mano pero después se llevó uno de sus pechos a la boca y ella misma se puso a lamerse el pezón.

Los tres verdugos, que en ese momento estaban terminando de asegurar el patibulum de la cruz con una gruesa soga la miraron anonadados. La joven estaba inusualmente tranquila mientras se masturbaba con los ojos y la boca semicerrados. Normalmente las condenadas a la cruz a esas alturas estarían llorando o suplicando, pero Yuka no, nuevamente su sumisión y resignación eran increíbles.

- Me muero de ganas de follarme a esta tía dijo el Electricista con la polla a reventar.

- Yo también, contestó Markus. A la cruz con ella.

Dicho y hecho. Al oírlo ella misma dejó lo que tenía entre manos y se puso de pie sorprendida, los dos verdugos la cogieron de los brazos y la colocaron de espaldas a la cruz. Ni siquiera se los tuvieron que mantener en alto sino que ella levantó los brazos y puso las manos en los extremos del madero manteniéndolas así mientras la ataban.

Si Yuka medía 1,60 de alto el patíbulum se lo habían colocado a 1,80 de manera que ella sólo tuvo que subir los brazos y ponerse de puntillas. Rápidamente dos de los hombres le ataron las muñecas. Lo hicieron con sogas muy suaves forradas de algún material que ella no pudo identificar. Los nudos no le cortaban la circulación de las muñecas pero al mismo tiempo eran suficientes para sostener su cuerpo con firmeza. Es la consecuencia de hacer ese tipo de cosas todos los días, esos tipos eran unos expertos.

Así, no tardaron mucho en atarla de las muñecas y cuando terminaron se encargaron de sus piernas, primero una y luego otra. Markus que era el más hábil calculó cómo debían atarle estas últimas. Como en su sueño, a Yuka la crucificaron con las piernas dobladas sobre sí mismas pero no completamente abiertas, sino con los pies juntos, de manera que si ella quería podía juntar las rodillas entre sí y ocultar su sexo.

Cuando le levantaron la primera pierna Yuka se mantuvo malamente sobre los dedos del otro pie, pero al doblarle la segunda, a ella le dio la sensación de que se caía hacia adelante y se puso a gemir.

Por supuesto no ocurrió nada de eso, los nudos de los brazos se lo impidieron y entonces, la mujer sintió la desagradable sensación de que todo su cuerpo colgaba ahora de sus sensibles muñecas. Una enorme excitación recorrió todo su cuerpo al sentir por fin que ella había cumplido su sueño.

Eran las siete y media de la mañana y la joven ya estaba crucificada. Efectivamente y como era su deseo se trataba de una crux humilis, una cruz baja en la que el cuerpo de la víctima cuelga a escasos centímetros del suelo y los espectadores tienen los ojos a la misma altura que los suyos. Se trata de algo menos espectacular que crucificar a las esclavas a tres metros de altura, pero, por lo demás, el tormento es el mismo y además los verdugos pueden ensañarse cómodamente sobre el cuerpo desnudo e indefenso de la víctima.

En principio Markus se alejó unos metros para ver bien su obra. La postura forzada de los brazos en forma de V estiraba el delgado torso de Yuka sobre el que se marcaban perfectamente las costillas. Ahora sus pechos parecían aún más grandes, como dos suaves bolsas de piel blanquecina que colgaban trémulas a cada leve movimiento. Por contraste, de la cintura para abajo Yuka permanecía como si estuviera en cuclillas con el trasero colgando, las piernas juntas y las rodillas proyectadas hacia adelante.

Yuka miró a su verdugo sin saber qué decirle, pero al ver cómo le crecía la polla dentro del mono ella se ruborizó y bajó la cabeza. ¿Por qué no se la follaban ya?. Realmente ella lo estaba deseando y sentía que tenía el coño inundado en sus propios jugos.

Markus se hizo de rogar y siguió admirando el cuerpo de su víctima dando vueltas alrededor de ella. Para un obseso como Markus lo más bello del mundo era una mujer crucificada completamente desnuda. Por eso, se deleitaba mirándola y acariciándose su pene. Yuka tenía la parte trasera de su cuerpo marcada de leves latigazos que apenas destacaban en su piel. El castigo de ese tipo de gatos no era severo, pero igualmente había marcado a la muchacha desde la espalda a la parte posterior de las piernas desviándose algunos latigazos a los costados y los laterales de los pechos. El frontal, en cambio estaba limpio de marcas lo cual era habitual, pues al sádico verdugo le gustaba flagelar a algunas mujeres una vez crucificadas.

Tras dar una vuelta completa alrededor de Yuka, Markus se acercó hasta ella.

- Ya tienes lo que querías le dijo cogiéndola con las dos manos de la cintura. Ella abrió las piernas para acoger a Markus entre ellas impaciente de que la penetrara. ¿Eres felíz?, le preguntó.

- Sí

- Dentro de una hora te arrepentirás y me pedirás que te baje, pero no lo haré le dijo él jugueteando con los cascabeles.

Yuka no contestó, ya sabía eso perfectamente y lo esperaba.

Entonces Markus se puso a hacer pruebas con ella. La cogió de la cintura y se puso a levantarla en vilo. Yuka cooperó y no hizo fuerza con las piernas de manera que dejó que el verdugo le levantara hasta que éstas se pusieron derechas y juntas. La cabeza de la joven superó ampliamente la cúspide de la cruz y con los brazos estirados, esta vez hacia abajo se mantuvo vertical durante unos segundos. Después proyectó su cuerpo hacia adelante comprobando que no se caía. Guiado por las manos de Markus después lo arqueó dirigiendo el vientre hacia adelante, Yuka torció todo su cuerpo en una perfecta curva dejando que la cabeza colgara hacia atrás durante unos segundos y acto seguido volvió a la postura en cuclillas.

- Perfecto, dijo Markus comprobando las ataduras.

Esa manera de atarla a la cruz era intencionada. Yuka tendría una gran libertad de movimientos lo cual formaba parte de su tortura pues contribuiría a provocar su agotamiento paulatino.

Otra vez en la postura inicial Yuka miró fijamente a los ojos a Markus y se atrevió a susurrarle.

- Métemela, amo, fóllame, por favor.

Yuka hubiera deseado que, como había ocurrido en su sueño, Markus se desnudara delante de ella mostrando un torso apolíneo y un grueso pene. Pero el hombre ni siquiera se quitó el mono de faena. Y casi mejor pues era un tipo barrigón lleno de pelo y bastante denteroso. Lo que sí tenía Markus era un grueso pene con el que penetró a Yuka de una sola embestida aprovechando que ella estaba completamente mojada y lubricada.

- Aaaaah.

La joven cerró los ojos y gimió de placer al ser penetrada de una sola vez por aquel grueso falo, exactamente como en su sueño. Por su parte Markus empezó a follarla, primero despacio pero cada vez más rápido y más profundamente cogiéndola con las dos manos del trasero y apretando con todas sus ganas. Yuka tenía un coño suave y cálido que su verdugo disfrutó con placer y sin prisas. Ella mantuvo en todo momento sus piernas completamente abiertas signo de que aceptaba plenamente eso.

Ahora el verdugo sí que reclamo la delicada boquita de la japonesa y sus lenguas y labios se encontraron en un sensual baile de caricias húmedas. Yuka cerró los ojos y al principio imaginó que follaba con alguien más atractivo, pero después le dio igual. Sólo podía pensar en ese pollón enorme dentro de sus entrañas y que se la estaban follando en la cruz.

Markus cada vez la penetraba con más fuerza y violencia empujando el pequeño cuerpo de ella arriba y abajo, una y otra vez. Los pechos de Yuka brincaban sin control y el ruido de los cascabeles se confundía con los gemidos y jadeos de los dos.

Tras varios empujones más Markus empezó a jadear aún más fuerte y atrapando bien de las caderas a la joven eyaculó en el interior de su vagina. Markus se corrió con el pene penetrando bien profundo, aquello era cálido y húmedo así que dejó que su miembro acariciara las paredes de la vagina un buen rato después de correrse, mientras el hombre besaba y lamía el cuerpo de la chica.

Por su parte, la joven japonesa gemía de placer a puntito de caramelo.

Markus sonrió satisfecho y dedico un último y largo morreo con la muchacha.

- Quita, que la tengo a reventar, dijo Roberto apartando violentamente al otro verdugo.

Yuka volvio a bramar de placer al ser penetrada por ese segundo hombre. Roberto la tenía aún más grande y le entraba profundamente en su ya dilatada vagina. Por eso, tras varias embestidas fue Yuka la que se corrió. Ni siquiera separó los labios de los del verdugo sino que se puso a gritar casi sobre su cara, para terminar torciendo el rostro hacia el cielo y aullar de placer. De todos modos, Roberto no paró sino que apretando los dientes siguió follando a empujones más bien violentos. Yuka volvió a dar grititos con su voz de niña y enlazó un segundo orgasmo un par de minutos después.

Esos tres se la follaron un par de veces cada uno. En la orgía de la noche pasada la pequeña Yuka había pasado por las manos de varios hombres a los que se la tuvo que chupar y que se la follaron por delante y por detrás, pero no se había corrido tantas veces como se corrió en la cruz esa mañana. En sus fantasías jamás imaginó que alcanzaría ese grado de placer.

Cuando terminaron de follar eran aproximadamente las ocho y media y aunque hasta el momento ella no se había percatado, sus miembros empezaban a resentirse de la postura forzada.

Markus ya tenía previsto esto y sabía que tenía que hidratar e incluso alimentar a la esclava para que no se desmayara de sed o inanición.

Por ello sacó de la caseta un enorme biberón lleno de leche y un cóctel de estimulantes y con él le dio de beber. El "biberón" era otra de las simpáticas bromas del campo pues la tetina tenía forma de polla.

- Qué pena, dijo el electricista viéndola beber, me hubiera gustado que me la chupara a mí también con esa boquita de piñón.

Tras saciar su sed, los verdugos dejaron en paz a Yuka. Esta aún caliente por sus orgasmos y tras pocos minutos deseó que volvieran a follársela, sin embargo, ahora no tocaba disfrutar sino sufrir. De este modo la chica empezó a experimentar los primeros dolores, especialmente en los brazos. Estos estaban completamente estirados mientras su torso aspiraba y expiraba profundamente marcando exageradamente sus costillas. Sus piernas en cambio, iban adquiriendo un tono entre rojizo y azulado por la acumulación de la sangre.

Mientras tanto, los hombres abrieron la caseta y de ella sacaron una mesita plegable que dispusieron delante de la cruz a la vista de la japonesa. Allí encima colocaron en orden los instrumentos de tortura que ella misma había limpiado la tarde anterior.

La joven empezó a respirar agitada al ver el tremendo suplicio que le esperaba. Sobre la mesa colocaron varios tipos de látigos, varas y flagelos, pinwheels, y otros cepillos con pinchos, alicates, tenazas, pinzas dentadas, agujas, picanas eléctricas y un largo etcétera. Junto a la mesa, colocaron también un brasero redondo sobre el que colocaron carbones que encendieron con ayuda de unos papeles.

La bella joven veía todos estos preparativos como hipnotizada, aterrorizada y excitada. Su cuerpo estaba brillaba de transpiración.

No obstante aún no empezaron con ella, antes dejaron que Yuka se atormentara a ella misma intentando buscar una postura que aliviara el creciente agarrotamiento de sus miembros.

Tras más de una hora en la cruz, a la joven le dolían bastante los brazos, las muñecas y los hombros, por ello Yuka empezó a debatirse y a "bailar" hacia los lados, estirando uno y otro brazo alternativamente, para descansar el brazo contrario. Sin embargo, todos esos movimientos no hacían sino acentuar sus sufrimientos. En un momento dado, incluso respirar se le empezó a hacer fatigoso.

La joven japonesa sabía perfectamente cómo aliviar el sofoco, no tenía más que levantarse sobre sus piernas, pero dado que sus pies no se apoyaban en nada, eso sólo lo conseguiría haciendo una flexión con los brazos como la que hacen los atletas de anillas. Consiguientemente empezó a hacer fuerza con brazos y piernas. El pequeño peso de Yuka le ayudó en esa operación y no sin ciertos apuros, la joven consiguió incorporarse sobre sus piernas para respirar a pulmón libre durante algunos segundos.

Al verla, Markus se sonrió. Como había previsto, a Yuka no le costó excesivamente ponerse de pie, al menos la primera vez, sin embargo a medida que pasaran las horas, cada vez le costaría más y se le haría más penoso. De todos modos, verla debatirse en la cruz formaba parte del espectáculo.

La siguiente hora pasó lenta, muy lenta para la mujer crucificada. Sus miembros y músculos se fueron agarrotando por momentos, y ella intentaba evitarlo continuamente, moviendo su cuerpo sin parar, arqueándolo, doblándose, haciendo girar su columna....todo era inútil. Asimismo la joven tenía que incorporarse sobre sus piernas una vez cada tres o cuatro minutos y cada vez lo hacía más lenta y lastimosamente entre quejidos de dolor y sufrimiento. La cámara captaba cada minuto de esa agonía y el rostro dolorido y lloroso de la bella japonesa. El director Bridges tenía razón, ese vídeo tendría éxito.

Eran las 9,30 y ya había salido el sol. La pobre Yuka estaba desesperada y eso que sólo habían pasado dos horas. ¡Dos horas!, a ella le habían parecido un siglo, y sin embargo, aún le esperaban muchas horas más de sufrimiento. El carbón del brasero ya había dejado de arder y parecía apagado, pero las brasas estaban ahí aguardando a que alguien introdujera las temibles agujas. De todos modos, lo que Yuka vio en ese momento le heló la sangre en las venas.

Delante de ella Roberto hacía zumbar un látigo de una sola cola y más de un metro y medio de longitud de izquierda a derecha. El verdugo lo manejaba con gran maestría y tras mirarla con sadismo, fue acercando la punta hacia el torso de la muchacha poco a poco, centímetro a centímetro. Yuka apretó su espalda contra el estipe.

La punta del látigo cortaba el aire produciendo un zumbido intenso y amenazador e incluso unos segundos antes de golpearla Yuka sintió la punta del látigo pasar rozando sus pechos. Con una habilidad consumada, Roberto le acertó en pleno cascabel y la muchacha sintió como si se le arrancara el imperdible de cuajo.

- Uaaaa

La joven levantó la cara y lanzó un alarido de dolor, pero otro rápido latigazo le alcanzó de lleno en el otro pecho y ella volvió a gritar. La joven miró desesperada a su torturador.

- Espera, dijo Markus. Le vas a desgarrar los pezones.

Entonces se fue hacia ella y le quitó los imperdibles que sostenían los cascabeles. Al acercarse a ella, Markus vio cómo Yuka lloraba, pero ella no le pidió piedad en ningún momento y cuando él se alejó apretó los dientes para soportar estoicamente la flagelación.

Roberto se ensañó en el cuerpo de Yuka y con su acostumbrada habilidad la flageló a conciencia. El látigo volvía a zumbar pesadamente de izquierda a derecha y viceversa, justo delante los pechos de la joven. Ella cerró los ojos temblando aún conmocionada por el dolor. Tras pasar cinco veces sin tocarla, la punta de látigo le arañó el pecho izquierdo haciendo que éste temblara y que Yuka gritara otra vez de dolor.

- Iaaaaa,

En su viaje de vuelta la punta del látigo le golpeó en el otro pecho, y en unos segundos el golpe vino del otro lado, y así una y otra vez, sin pausa y sin descanso dejando rayas rojas oblícuas en ambos senos. Roberto tomaba como objetivo los prominentes pechos de Yuka y el látigo acertaba con toda precisión en las tiernas carnes de los mismos.

La pobre Yuka, gritaba y aullaba de dolor con el rostro dirigido hacia el cielo y arrasado de lágrimas, y cuando ya no pudo soportar más ese castigo, empezó a incorporarse sobre sus piernas.

Roberto ni siquiera se molestó en variar la altura de sus golpes, sino que éstos ahora le alcanzaron el vientre dejándole unas bonitas líneas cruzando el estómago, las caderas y las costillas.

- Uaaaaa, AAAhhh

Yuka gritaba y lloraba como una posesa, con su voz aguda de niña, pero no pidió piedad.

En un momento dado, la joven consiguió ponerse de pie completamente estirando sus piernas y juntándolas entre sí, entonces los latigazos le castigaron sus preciosos muslos arañándolos horizontalmente y dejando las consabidas heridas.

Yuka aguantó unos minutos en pie recibiendo uno y cien latigazos a grito pelado, sin embargo, cuando se rindió volvió a la postura en cuclillas y a recibir los latigazos otra vez en sus tetas lo cual hacía que sus gritos fueran aún más lastimeros.

Roberto sonreía satisfecho, pues no era la primera vez que practicaba ese juego. Para un sádico como él era una gozada flagelar a una mujer desnuda que no se pudiera defender pero que pudiera escoger qué parte de su cuerpo recibía el castigo.

- Para ya, Roberto, le dijo Markus no menos excitado y blandiendo una caña flexible. Aún nos tiene que durar mucho.

- Es una masoca, ella misma lo está deseando dijo él jadeando y sin dejar de azotarla.

- Vale pero déjame usar esto si sigues azotándola se va a desmayar y así se acabará la diversión.

Roberto por fin le hizo caso de mala gana y jadeando sudoroso se acercó a la japonesa.

Ésta le miró llorosa desde la cruz, pero Roberto ni se fijó en su cara, pues sólo estaba interesado en las marcas que le había dejado por todo el cuerpo. Muchas esclavas del campo llevaban sobre su piel la "firma" de Roberto que normalmente tardaba varios días en desaparecer completamente.

Por cómo había resistido los latigazos era evidente que Yuka no era la primera vez que había sido flagelada, pero había llegado al campo con la piel libre de marcas y Roberto quiso ver el efecto que producían sus azotes sobre su piel clara de asiática.

No obstante eso no significaba que hubiera terminado el tormento de la joven nipona, sólo que se había cambiado de tercio, pues Markus se encaminó a ella haciendo vibrar una vara.

Roberto se apartó sonriendo y Yuka respiró profundamente cuando vio que Markus se situaba en un lado de la cruz y que acercaba la vara a sus pies.

El verdugo colocó la punta de la vara en el empeine de los dos pies y empezó a darle golpecitos. Al principio no dolían mucho, sólo eran una incómoda molestia pero Markus fue subiendo la velocidad e intensidad de los golpes paulatinamente. Yuka aguantó los gritos apretando el cuello y los labios y mirando desesperada a su verdugo. Tras el empeine de los pies, Markus se puso a golpearle en los gemelos y tras éstos siguió por los laterales de los muslos. Yuka siguió aguantando a duras penas estremeciéndose de dolor contra el madero de la cruz, sin embargo, en un momento dado, Markus decidió usar la caña de una manera más cruel.

- Enséñame bien ese culo esclava.

Yuka le miró y entendió lo que le decía, así que ladeó su trasero y lo colocó fuera del estipe de la cruz.

- ¿Estas preparada?, le dijo él colocándole la vara pegada al trasero..

Ella respondió que sí y cerró los ojos llorando, pues sabía qué significaba eso.

Zaaas

- AAAAAhhhh

Markus tenía tanta fuerza que el varazo impactó contra el culo de Yuka con un sonoro chasquido. La joven se movió y apretó el culo contra la madera en el vano intento de aliviar el dolor.

- No te muevas, saca bien ese culo, zorra.

Temblando, Yuka lo volvió a ofrecer a su torturador.

- Quiero que te quedes quieta y aguantes o si no será peor

- Sí.... amo dijo ella entre sollozos.

Zaass

- AAAAyyyy

Zaassss

- AAAAAy , por favor.

Los verdugos se miraron satisfechos, la chica por fin suplicaba.

Zaaas

- Uaaaah, basta, basta, por favor.

Pero Markus no paró y le dio seis varazos más en el culo.

- AAAAhh, AAYYY, piedad, por favor, parad AAAAhhh

Al de un rato, las marcas rojas se habían convertido en feos verdugones.

- Qué pena, se burló el electricista, con lo bonito que tenía el culo.

Yuka lloraba a moco tendido con el trasero en puro fuego.

Markus no se conformó con eso sino que siguió midiéndole los muslos a varazo limpio.

Yuka mantuvo en todo momento sus piernas juntas gritando como una loca a cada golpe. Markus golpeaba metódicamente, sin piedad y por el momento se conformó con darle en la parte externa de las piernas, pero tras un buen rato de castigo, le dijo.

- Ahora abre las piernas esclava.

Yuka le miró aterrorizada.

- Vamos, ¿a qué esperas?

Ella hizo el amago de negarse, pero Markus le respondió con un varazo en las costillas.

- Uaaaaa.

- He dicho que abras las piernas.

Yuka lo hizo poco a poco, dudando en abrirlas y negando con la cabeza.

- Ábrelas bien, hasta que se te despeguen los labios del coño, vamos. Más, más, así.

Delante de Markus, Yuka abrió sus piernas todo lo que pudo. Bajo una pequeña mata de pelo púbico, se veían perfectamente sus labios vaginales depilados entre los cuales se apreciaba el brillo de una mezcla de fluido vaginal y orín que se le había escapado a la joven por los latigazos.

Markus recorrió la cara interior de los muslos con la punta de la vara y se entretuvo un rato apartando los labios vaginales con la propia vara. A pesar de la tortura se diría que Yuka estaba muy excitada, pues tenía el clítoris tieso.

El primer varazo se lo dio en el muslo inmediatamente arrancando un alarido de dolor. Yuka cerró las piernas involuntariamente, pero Markus no se lo repitió sino que le hizo abrir la piernas golpeándola en los pechos y los sensibles costados de la chica.

La joven abría y cerraba las piernas recibiendo los varazos arriba o abajo de su cuerpo, o en los muslos o en los sobacos. Tras un buen rato golpeándola, la joven japonesa se puso a pedir piedad desesperada. Finalmente, Markus decidió parar y se acercó a ella acaricándole la cara.

- Pobrecilla, le dijo el muy hipócrita. Y ya no puedes hacer nada por evitarlo. Ahora mismo seguiremos con una picana, preciosa, grita todo lo que quieras.

Yuka se echó a llorar aún más fuerte, pues ya había probado la picana anteriormente.

El Electricista fue a por la picana eléctrica, pero también trajo un pequeño vibrador.

Dejó la picana en el suelo y le colocó el vibrador directamente bajo el clítoris. Repentinamente una sensación placentera hizo que Yuka se volviera a retorcer de placer. El Electricista estuvo masturbándola con aquel aparato un buen rato hasta que ella tuvo otro orgasmo. Entonces le tocó el turno a la picana. Más de un cuarto de hora de "toques" con la picana dejaron a Yuka agotada, de manera que tuvieron que darle otra dosis de estimulante con el biberón.

Los tres verdugos estuvieron otra hora más torturando y follando con la joven japonesa casi sin descanso. Tras esto le volvieron a dar de beber.

Eran más de las once de la mañana y ya iba para cuatro horas. A la joven crucificada le dolía cada centímetro de su cuerpo y le escocían los latigazos horriblemente, sin embargo, aún tenía fuerza suficiente para auparse sobre sus piernas de cuando en cuando. En ese momento Markus vio cómo la joven arqueaba todo su cuerpo en un vano intento por desentumecer sus agarrotados músculos, entonces se volvió a acercar a ella con dos cintas de cuero. Yuka abrió las piernas pensando que iba a volver a follársela y él volvió a acariciarla por todo el cuerpo.

A pesar de su lujuria la joven tenía el rostro crispado de dolor y desesperación pero cuando Markus le colocó una de esas cintas de cuero en la base de uno de sus pechos, Yuka comprendió que había llegado el temido momento de las agujas y que todo lo anterior sólo habían sido caricias comparado con el suplicio que iba a tener que soportar.



Os esperamos en Sexonet
FECHA El 05/07/10 a las 04:07:33 IP GUARDADA Enviar Privado Añadir Amigo · Enviar Privado Enviar Privado · Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
Online sexonet
Administrador
Administrador



Mensajes:
Visitas:
Lecturas:
Fecha Reg.:
2381
669
943
El 15/12/07 a las 02:12:45

Capítulo 11- La "pasión" de Yuka (2)

Eran las once de la mañana y la pobre Yuka llevaba ya cuatro horas crucificada soportando alternativamente brutales tormentos y profundos orgasmos.

Tras la dura flagelación y la picana eléctrica sus verdugos decidieron que había llegado ya el momento de torturarla en los pechos, por lo que Markus empezó colocándole sendas correas de cuero en cada uno. La primera se la ajustó bien a la base del pecho izquierdo, y con ayuda de una hebilla apretó hasta cortar parcialmente la circulación. Para cuando terminó con el segundo pecho el primero tenía ya un color amoratado y estaba hinchado y turgente.

Antes de empezar el tormento, Markus sacó del bolsillo una ballgag pues preveía que la muchacha gritaría desaforadamente e incluso que podría morderse la lengua durante la tortura.

A pesar de que sabía lo que le esperaba, Yuka abrió la boca temblando y Markus la amordazó tras darle un corto beso en los labios.

Cuando se volvió hacia ella con un pinwheel, los pechos de Yuka ya estaban de color azul brillante y los pezones se proyectaban hacia afuera como pitones puntiagudos. Markus fue pasando lentamente el pinwheel por los pechos de la muchacha mientras ésta se retorcía de dolor y placer. Los pinchos de la rueda se hincaban en la carne y dejaban a su paso unas marcas blanquecinas que desaparecían en pocos segundos. Al mismo tiempo, transido de lujuria, el verdugo se puso a lamer el pezón derecho de la chica aprovechando para rozarlo con sus incisivos.

El salvaje verdugo tenía la polla otra vez tiesa y eso que ya le dolía de todas las veces que había eyaculado esa mañana, pero es que esa pequeña japonesa le volvía loco. Mientras le lamía sus tiesos pezones y le pasaba el pinwheel por las ya castigadas tetas una y otra vez, el hombre se imaginaba cómo gritaría esa joven cuando le introdujera las agujas en sus pechos y eso le hizo volver a sacar su miembro y penetrarla con todas sus fuerzas.

Estaba en éstas jugando a placer con su pequeña víctima, cuando Markus oyó algo a su espalda. Eran Harry y David, el marido de Nicole, que traían a otras dos esclavas desnudas y maniatadas para que Markus las crucificara. Al verdugo se le dilataron las pupilas al reconocerlas. Se trataba de Daisy y Micaela, otras dos esclavas recién llegadas al Campo. Las dos jóvenes llegaban temblando pues ya habían visto la crucifixión de 27 el día anterior.

En este caso las dos mujeres no tuvieron que traer el patíbulum a cuestas y ni siquiera recibieron el castigo del látigo para llegar al calvario, por lo que llegaron enteras a su propio suplicio, sin embargo, cuando vieron el estado en el que estaba Yuka, las dos experimentaron un tremendo escalofrío de terror y torcieron el gesto muertas de miedo.

Es evidente que la imagen de la joven crucificada con el cuerpo cosido a latigazos les impresionó, pero no les aterrorizó menos ver la mesa llena del instrumental de tortura y las otras cruces a las que estaban destinadas.

- ¿Qué me traes aquí?, dijo Markus desentendiéndose de Yuka y acercándose a las jóvenes esclavas. El verdugo ni siquiera se guardó la polla sino que ávido de carne fresca, acarició con ella la cadera de Daisy mientras sus manos se iban directamente a su torso y su trasero.

- Nos han dicho que tienes que crucificarlas, dijo David.

Al oir eso Daisy empezó a sollozar bajando la cabeza.

- Piedad, por favor mi amo, dijo con lágrimas en los ojos.

- No habrá piedad, preciosa, ahora sólo eres una esclava y podemos hacer contigo lo que queramos, le dijo Markus sin dejar de acariciarla e imaginando cómo la iba a torturar.

- ¿Qué es lo que han hecho?, preguntó Roberto.

- La negrita se ha atrevido a rebelarse contra sus guardianes y esta otra ha hecho no se qué con un chicle. Lo ha ordenado Julia.

- ¿Un chicle?, le preguntó Markus extrañado mientras la palmeaba el trasero.

Daisy habló con lágrimas en los ojos.

- Le desobedecí, me dijo que me metiera en la boca un chicle asqueroso lleno de semen y cuando pensé que no me veía me lo saqué de la boca.

- Esa Julia sí que es una sádica, rió Markus. Un chicle. Bueno, la causa es lo de menos. Dentro de un rato te crucificaremos preciosidad, pero antes quiero que veas cómo torturo a la chica japonesa en los pechos. Markus dijo eso pellizcando con los dedos los delicados pechos de Daisy y calculando lo que podría hacer con ellos.

La joven latina puso un gesto de desesperación y volvió llorar como una niña.

Entonces Markus arrastró brutalmente a Daisy acercándola a Yuka. Las dos mujeres se miraron a los ojos, pero Daisy apartó la mirada con horror al ver de cerca las marcas del látigo y los pechos azulados de la japonesa.

- Observa bien lo que le hago a ella pues luego haré lo mismo contigo, le susurró echándole el aliento a pocos milímetros de su cara. Daisy volvió a sollozar.

- Piedad mi amo, haré lo que quieras, fóllame aquí mismo si quieres, pero no me hagas eso.

Markus se rio con ganas.

- Vamos, preparad la cruz para ésta la torturaré yo mismo.

- Espera un poco, antes se me ha ocurrido una cosa divertida, dijo el Electricista cogiendo a Daisy por los brazos y arrebatándosela a Markus. La acercó a pocos centímetros de la cara de Yuka y le dijo delante de ella.

- Antes de crucificarte vas a hacer que la japonesa se corra. El verdugo se señaló su boca con el dedo. Ya sabes, con tu boquita,.... ¿me has entendido?.

Daisy afirmó muy nerviosa mirando a su verdugo a los ojos como si obedecer la orden le pudiera servir para algo. Entonces el electricista la cogió del cabello y le obligó a que besara a Yuka y le chupara la boca tras quitarle su mordaza. Las dos esclavas tuvieron que besarse, lo hicieron con lengua y disfrutaron del beso mientras se rozaban sus pechos desnudos entre sí. Daisy sentía compasión de los sufrimientos de Yuka pero cuando la besó se dio cuenta de que ella estaba muerta de deseo y eso le excitó. Daisy habría querido ser tan valiente como Yuka, pero la pequeña mejicana tenía pánico al dolor.

- Así, así, pequeña, vamos, chúpale bien la lengua y ahora las tetas, venga.

El electricista dirigía la cara de Daisy cogiéndola por el cabello y animándola con fuertes cachetes en el culo. Por su parte, Daisy besaba y lamía las tetas de Yuka con toda la pasión y sensualidad que podía. Guiada por la férrea mano de su verdugo, Daisy siguió chupándola y dándole besos y más besos y finalmente se vio obligada a arrodillarse y a meter su rostro en la entrepierna de la muchacha crucificada.

El electricista la trataba brutalmente haciendo frotar su cara contra el coño de Yuka inundado de flujo vaginal y semen. Sólo cuando el hombre se lo permitió y le soltó del pelo, Daisy empezó a hacerle el cunnilingus. Entonces Yuka sintió el experto trabajo de la lengua y labios de su compañera y consiguientemente empezó a suspirar de gusto y respirar agitadamente.

- Así, sí ...así, suspiró ella retorciéndose de placer.

Daisy le chupó el coño lentamente pasando su lengua por dentro de los labios vaginales de arriba a abajo, poco a poco.

A Markus se le volvió a poner la polla tiesa al ver cómo la joven japonesa gozaba y su cuerpo se estremecía de placer, a David le pasó igual y como tenía a Micaela a mano le dio una bofetada en la cara y le ordenó

- De rodillas y chúpame la polla, sucia esclava.

David se había metido en su papel de mil amores. Nunca le había sido infiel a Nicole, pero ahora y gracias al sacrificio de ella, tenía la posibilidad de cumplir su sueño de ser un verdugo en "Campo de esclavas" y de tirarse a las mujeres más bellas y solícitas cuando y como quisiera. Fue su propia mujer la que se lo propuso cuando ella descubrió que su marido gozaba intensamente de esos vídeos. Una de dos o Nicole era una sumisa de cuidado o debía querer mucho a su marido. Probablemente era una combinación de ambas cosas, pensó David al tiempo que sentía en su polla las dulces caricias de la lengua de Micaela.

La negrita obedeció sin dudarlo y se puso a hacer la felación como buena sumisa. Al fin y al cabo, David era joven y guapo. La noche en el cepo había sido larga en manos de sus viejos y pervertidos guardianes que se pasaron toda la noche violándola y maltratándola. Pero cuando la noche terminó fue aún peor, pues sin dejarla casi descansar la llevaron a las duchas e inmediatamente llegó la orden de que se la llevaran para crucificarla. Al saber lo que le esperaba, la joven casi se meó encima pero igualmente obedeció y no protestó. Algo similar le pasó a Daisy, Julia había dejado orden de que también se la llevaran, antes de encerrarse en la casa grande con Ingrid, de modo que las dos esclavas coincidieron en su tremendo castigo.

- Ahhhh, aahhh, Dios, sí

De`pronto Yuka empezó a gritar cuando el orgasmo le llegó por las insistentes lamidas de Daisy. La joven japonesa se corrió otra vez respirando agitadamente y retorciendo su cabeza contra un brazo, mientras Daisy apretaba sus mandíbulas contra su entrepierna sin dejar de masturbarla.

El orgasmo de la joven duró unos interminables segundos en los que Daisy no dejó de lamerle delicadamente el clítoris.

- Así me gusta, zorra, le dijo el electricista arrastrándola de un brazo y separándola de la entrepierna de Yuka. Y ahora sigue con mi polla. El tío se sacó el pene delante de Daisy y ésta se lo metió inmediatamente en la boca.

Mientras las dos esclavas se la chupaban a sus verdugos arrodilladas y maniatadas, Markus siguió a lo suyo, volvió a amordazar a Yuka y cogió una caja de alfileres y unos alicates de la mesa. Con un gesto entre burlesco y cruel le enseñó los alicates a la japonesa girando la muñeca y abriéndolos bien para que ella pudiera ver los dientes.

Al ver el instrumento de tortura, Yuka apenas pudo aguantar las ganas de orinar pues los esfínteres se le aflojaron de miedo. Sin embargo no se resistió, suspiró profundamente, abrió las piernas y se dispuso a seguir soportando la tortura con el máximo de autocontrol que pudiera.

Nuevamente Markus la penetró sin más ceremonia y al mismo tiempo le cogió el pezón izquierdo con el alicate. Sádicamente, el verdugo se lo fue apretando poco a poco sin dejar de observarla a los ojos y después se lo retorció con saña, primero a la izquierda y luego a la derecha.

Yuka apretó los ojos y los labios y durante unos segundos permaneció muda mientras su rostro se deformaba y le temblaban labios y párpados, sin embargo el dolor se hizo tan insoportable que ella no tardó en gritar.

- Mmmmm, mmmmm, MMMMMhhhh.

Sonriendo con sadismo, Markus apretó aún más, cogió el alicate con las dos manos y casi le retorció la punta del pecho una vuelta completa sobre sí mismo.

Yuka gritaba cada vez más alto cerrando los ojos y mirando alternativamente a su verdugo implorante.

Mientras se lo retorcía, Markus empezó a follársela lentamente.

Así estuvo una par de minutos arrancando alaridos y lágrimas a su víctima. Para cuando soltó el pezón, éste estaba enrojecido, deformado y palpitaba casi a ojos vista.

- Ahora el otro, preciosa.

Esto fue demasiado incluso para una masoquista como Yuka, la joven negó llorando, pero la negación se convirtió en un lastimero grito cuando Markus se puso a retorcerle el otro pezón con el mismo sadismo.

Tras dejarle los dos pezones irritados y enrojecidos, Markus se metió el alicate en su bolsillo y sacó la caja de las agujas. Eran agujas normales poco mayor que alfileres, de unos cinco centímetros de largas. Entonces cogió una tras otra y empezó a clavárselas a la chica en los pechos formando círculos fuera de la aureola de los pezones.

Dado que la piel de éstos estaba turgente y estirada, las agujas entraban con total facilidad y a la primera, y el dolor que producían a la joven era relativo

Yuka se quejaba cada vez que le clavaban una de esas agujas a un centímetro de profundidad, sin embargo lo del alicate había sido mucho peor. De todos modos eso sólo era el principio.

- Trae una vela encendida le dijo Markus a Harry mientras se ponía un guante en la mano derecha.

Cuando el verdugo la tuvo en la mano, esperó a que se licuara un poco de cera y entonces echó un chorro de cera líquida sobre el muslo de la chica y colocó sobre el mismo la vela aguantándola hasta que la cera se secó. Inmediatamente colocó una aguja al fuego de la vela, dando vueltas y pasando la aguja una y otra vez por la llama hasta que el metal se puso de color rojo. Entonces el sádico torturador cogió el pecho izquierdo de Yuka con los dedos y se la clavó justo en el borde de la aureola del pezón. Lógicamente un hilillo de humo ascendió al contacto del metal con la piel y Yuka empezó a dar gritos como una condenada.

Las quejas de la joven fueron tan fuertes que las dos esclavas dejaron de chupar y la miraron sin dar crédito a lo que veían. Daisy se ganó una bofetada de El Electricista por distraerse.

- No te he dicho que dejes de hacerlo, sigue chupando estúpida.

Segundos después, Markus ya tenía otra aguja al rojo y se la clavó a un centímetro de la anterior. La pobre muchacha volvió a gritar y todo su cuerpo tembló y se agitó golpeándose contra la madera de la cruz. La sensación de la quemadura era momentánea como el contacto de un cigarro encendido, pero muy dolorosa, de modo que la mujer no podía controlar sus reacciones y se agitaba espasmódicamente.

- Así perra muévete, decía Markus apretando las mandíbulas, pues aún mantenía el pene dentro de Yuka y sus movimientos le producían un gran placer.

El sádico verdugo se pasó más de un cuarto de hora clavando esas pequeñas agujas candentes en las aureolas de los pezones de Yuka entre gritos desesperados y lágrimas. En algún momento, la aguja se desvió unos milímetros hacia el pezón y entonces Yuka gritaba aún más fuerte.

Cuando la joven japonesa tenía dos círculos concéntricos de agujas clavadas en cada pecho, Markus decidió pasar a algo peor.

- Bien, querida, hasta ahora has aguantado bien, le decía mientras calentaba una nueva aguja sobre la vela, pero veremos si soportas esto sin desmayarte.

Markus volvió a atrapar la punta del pezón izquierdo con el alicate y se lo estiró hacia afuera todo lo que pudo. Entonces con la mano izquierda le fue clavando la aguja por la base del pezón, lenta y sádicamente.

- MMMMMHHH, MMMMMMHH

La pobre Yuka dirigió su rostro hacia lo alto y puso los ojos en blanco mientras la aguja candente se clavaba despacio en una de las partes más sensibles e irritadas de su cuerpo. Toda ella lloraba y temblaba de dolor agitándose para liberarse de sus ataduras.

Los verdugos veían muy excitados la tortura de la bella japonesa y David ya no pudo más. Micaela llevaba un buen rato mamándole la polla y estaba tan excitado que apartó su cara sólo para dispararle sus estallidos de semen en plena cara.

Las otras dos esclavas estaban conmocionadas por tanta brutalidad. Micaela ni siquiera notó el viscoso líquido que le impactó en pleno rostro, sólo miraba a ese bestia de Markus metido entre las piernas de Yuka y ensañándose con ella que tenía el rostro enrojecido y los tendones del cuello tensos de tanto gritar. Daisy no se atrevió ni tan siquiera a interrumpir la mamada pero no dejaba de llorar y el corazón le palpitaba en el pecho pues no podía dejar de pensar en que ella misma sufriría ese bárbaro tormento en pocos minutos.

- MMMMMHHHH, Pod fav, MMMMMMHHH.

Otro grito lastimero siguió a la introducción de una nueva aguja en el otro pezón. Yuka sacudía el patíbulum con sus brazos y golpeaba con su cabeza en la madera gritando desaforadamente, pero el suplicio continuó sin pausa y sin piedad, Markus podía ser muy cruel y salvaje cuando se lo proponía.

Por su parte, Roberto también excitado, estaba ansioso de flagelar a las nuevas esclavas y cuando vio cómo David se corría en la cara de Micaela, le arrebató rápidamente a la joven sin siquiera limpiarle la cara. La arrastró hasta el caballete brutalmente y le soltó las manos que ella llevaba atadas a la espalda pero sólo para atárselas por delante y acto seguido la obligó a tumbarse en el suelo. Micaela se dejó hacer sin comprender. Diligentemente Roberto bajó una soga que colgaba del caballete y se la ató a los ganchos de las tobilleras.

- Eh vosotros, ayudadme a colgar a esta esclava.

Harry le dio un codazo a David que aún se estaba guardando la polla y recuperándose de su orgasmo, y los dos fueron al otro extremo de la soga y tiraron con todas sus fuerzas. El propio Roberto les ayudó y entre los tres ascendieron a Micaela por los pies, hasta que sus manos quedaron a más de un metro de altura. Entonces ataron la soga y la dejaron colgando cabeza abajo.

La joven se quedó sorprendida de la rapidez con la que la suspendieron en el aire y entonces vio cómo los hombres manipulaban una gran bola de hierro conectada a una cadena. Roberto se la ató a Micaela por las muñequeras mientras los otros la mantenían en vilo y cuando ya estaba segura la soltaron poco a poco.

- AAAyyyy

Micaela lanzó un grito cuando los más de diez kilos de la bola estiraron sus brazos y todo su cuerpo dejándolo estirado en una perfecta vertical.

- Reza lo que sepas, negrita, oyó la joven que le decía Roberto mientras cogía un largo látigo de una sola cola y se alejaba de ella.

Roberto lo enroscaba mientras miraba fijamente el cuerpo invertido de Micaela y calculaba cómo iba a administrarle el castigo. Desde que había visto desnuda a la joven negrita, Roberto había deseado ardientemente ponerle la mano encima. Seguramente le llamó la atención su redondo y respingón trasero de nalgas tersas y brillantes y quiso comprobar el sonido del látigo chasqueando contra él.

Para flagelar a Micaela, el verdugo escogió un largo "single tail", un látigo difícil de manejar que se enrosca sobre el cuerpo de la víctima y golpea con la punta con una fuerza de mil demonios. Flagelar con semejante instrumento es muy cruel pues puede llegar a despellejar la piel, por eso Roberto no lo usó con toda su fuerza.

No obstante el castigo fue suficiente para que Micaela se arrepintiera de haberse burlado de los guardias al segundo latigazo y de haberse metido a esclava al cuarto o quinto.

El látigo sesgó el aire y se enroscó en torno a las caderas de la chica arañando la ingle con la punta.

-UUUUaaaaa

El alarido de la negra le puso los pelos de punta a Daisy que estaba retrasando todo lo posible la mamada para retrasar también su propia crucifixión.

Roberto tiró del látigo arañando otra vez la piel de la joven que lanzó otro chillido de dolor.

Markus miró hacia atrás complacido de ver el cuerpo de Micaela colgando y oscilando mientras ella recibía otro latigazo y volvía a gritar como una loca. Sólo fue un momento pues estaba muy ocupado clavándole la cuarta aguja candente a través de los turgentes pezones de Yuka.

Los alaridos y lloros de las dos jóvenes una con mordaza y la otra no se confundían con el zumbido del látigo al cortar el aire y sus chasquidos al golpear el cuerpo de Micaela.

- BAASTAAA, más no...por favor..BAAASTAAAAGG

Micaela pedía piedad a gritos entre lloros y sollozos mientras los latigazos marcaban su trasero, vientre, caderas y piernas tras que el cuero se enroscara en torno a ellos. La mujer oscilaba lentamente como un péndulo y daba vueltas sobre sí misma. Hasta quince latigazos le dio Roberto hasta que los gritos de Micaela empezaron a decaer, signo de que la joven podía perder el conocimiento si seguía flagelándola.

Roberto se acercó sudoroso y satisfecho a ella y Micaela le recibió llorando a moco tendido. Sin más el tío se sacó la polla y le invitó a que se la comiera despacio y con cuidado si no quería volver a probar el látigo.

Mientras la joven le hacía la mamada aún con lágrimas en los ojos y restos de lefa en la cara, Roberto pudo ver con todo cuidado las heridas del látigo. La negra piel de Micaela que brillaba de transpiración estaba surcada ahora de finísimas líneas helicoidales. Roberto seguía con el dedo las mismas deleitándose aún de los gritos y convulsiones de la joven que se la habían puesto dura como una piedra y que ahora se afanaba en chuparle la polla con todo cuidado sólo para no sufrir otra vez el odioso castigo.

Esa chica le había gustado tanto que el sádico verdugo se juró a sí mismo que dejaría unos días para que la muchacha se recuperase pero después se la llevaría otro día a las mazmorras para flagelarla a solas y con más intimidad. Sólo ese pensamiento le hizo crecer aún más su miembro dentro de la boca de la esclava y el hombre terminó eyaculando dentro de ella.

Micaela sintió perfectamente cómo el pastoso semen de Roberto le invadía la boca mientras éste eyaculaba con bruscas sacudidas pero impedía que ella se lo sacara.

- Trágate todo, zorra, así, ...traga, qué gusto joder.

La pobre Micaela no pudo tragar todo el semen y las gotas que sobraron se le colaron por los labios y le cayeron por los agujeros de la nariz haciéndola toser.

Una vez que Roberto se calmó sacó el miembro de su boca y entonces le tocó su turno a Harry que la volvió a penetrar por la boca casi sin dejarla escupir.

Por su parte Daisy seguía con la felación sin ninguna prisa, pero entonces vio cómo Roberto se aprestaba a ayudar a David para colocar el patíbulo a una cruz que se encontraba enfrente de la de Yuka. Los verdugos la miraron haciendo un gesto con la lengua contra el carrillo como burlándose de ella.

- Vamos sigue, así, así, decía el Electricista progresando lentamente hacia el orgasmo con la cabeza de la esclava cogida por los pelos. Daisy se la chupaba sin prisa pero sin pausa desde los labios hasta la garganta moviendo la cabeza de atrás y adelante.

- MMMMMMHHH, MMMMHH

Markus acababa de clavarle otra aguja candente a la japonesa y ésta volvió a quejarse con todas sus fuerzas absolutamente desesperada. Seguramente si no la hubiera atiborrado a estimulantes se habría desmayado hacía rato. De todos modos, e inexplicablemente, a su verdugo le dio la sensación de que la joven volvía a tener otro orgasmo, pues sintió en su pene las convulsiones de su coño contra él.

- Esta esclava es increíble. Se ha vuelto a correr.

La pobre Yuka llevaba ya tres agujas clavadas en cada pezón. Markus era muy caprichoso y se las había clavado formando dos estrellas de seis cabezas de modo que sus pechos parecían dos puercoespines azulados. Los otros verdugos la miraron, Yuka estaba físicamente agotada, por eso Markus creyó que era mejor dejarla descansar por el momento.

De este modo apagó la vela que aún tenía sobre la pierna y le quitó la mordaza.

- Por favor, dijo ella suplicando, basta no puedo más.

Por toda respuesta, Markus cogió el biberón y le dio de beber y después le acarició la cara como si se compadeciera de sus sufrimientos

Que Yuka pudiera descansar no significaba que Markus quisiera hacerlo y eso significaba que había llegado el momento de crucificar a Daisy y empezar a jugar con ella. Los verdugos ya habían asegurado el madero horizontal de la cruz y se dirigieron hacia la joven sonriendo como diablos.

- ¿Tienes para mucho?, la cruz ya está lista, le preguntó Markus al Electricista que aún tenía su pene entre los labios de ella.

- No, le contestó sacándolo de su boca, lo primero es lo primero.

La pequeña Daisy, viendo lo que se le venía encima, se puso a llorar desconsoladamente pero eso no le libró de la cruz. Los verdugos la obligaron a levantarse y le quitaron tobilleras y muñequeras. La joven siguió llorando, pero no se resistió mientras la ataban pues era completamente inútil.

En unos minutos y con la ayuda de Markus, Daisy estaba crucificada a unos metros delante de Yuka y en la misma postura que ella. Los verdugos la miraron complacidos Daisy tenía un cuerpo muy bonito y proporcionado, y de la manera que la habían crucificado parecía aún más bello. Era evidente que al Electricista le gustaba Daisy pues nada más verla en la cruz con los brazos abiertos y estirados sobre su cabeza, se quitó toda la ropa para follar con ella desnudo. Michel también tenía un buen cuerpo así que en otras circunstancias, hacer el amor con él no hubiera sido ningún sacrificio para ella.

De todos modos, la joven estaba muy nerviosa, casi histérica y no dejaba de llorar, por lo que el verdugo tuvo un gesto humano. Le acarició amorosamente las piernas mientras le besaba en la cara.

- Vamos deja de llorar y abre las piernas, lo pasaremos bien.

- No...no dejes que me clave agujas, por favor, tengo los pechos muy sensibles, no lo resistiré.

- Venga cálmate, le decía acariciándole la mejilla, ya no se puede hacer nada, ahora relájate y disfruta, venga dame un beso.

Daisy se calmó un poco y le besó a Michael, primero un beso corto y luego otro, y finalmente un beso largo y húmedo. La joven cerró los ojos y consiguió abstraerse de la situación, dejándose lamer su propia lengua por la de ese hombre, de este modo dejó de ofrecer resistencia a que él le abriera las piernas y notó el torso desnudo de él acariciando con sus pectorales sus tiernas mamas. Inconscientemente, la chica abrió aún más las piernas cuando percibió la punta del pene de Michel acariciando los labios de la vagina.

Lentamente, el verdugo fue penetrándola. La pequeña mejicana estaba bastante húmeda por la excitación y no ofreció ninguna resistencia a que el pene entrara poco a poco en su coño.

- Ay,...ay, empezó a suspirar, a medida que el hombre se la follaba. El electricista tenía su polla ya muy sensible y notaba los dos pechos de Daisy cálidos y suaves como el terciopelo aprisionados contra su propio torso.

Los otros verdugos apenas miraron la escena haciendo chanzas entre ellos, y se pusieron a ajustar otro patíbulum a la cruz contigua a la de Daisy.

En pocos minutos prepararon el instrumento de tortura para la negrita y fueron a buscarla.

Micaela pasó delante de Daisy casi sin mirarla mientras ésta brincaba dando grititos a cada empujón del electricista. Cuando se paró delante de su propia cruz le fueron quitando las tobilleras y muñequeras y ella la miró de arriba abajo. De forma inesperada, la visión de la ruda madera le excitó, sobre todo porque aprovechando el agujero del estipe, Roberto le había colocado lo que un verdugo romano hubiera denominado un cornu. Se trataba de un largo falo de metal grueso y curvo con forma de pene, completamente forrado de cuero.

- Ven muchacha, le dijo Markus, y ayudándola la hizo colocarse a horcajadas con la entrepierna cabalgando sobre la curvatura del falo. Luego le hicieron levantar los brazos y le ataron las muñecas a los extremos del patíbulum. Micaela tenía que mantener los pies de puntillas, pues se encontraba cabalgando sobre el falo cuya punta se encontraba a pocos centímetros por delante de su pelvis.

Markus se llegó con un pequeño bote y derramó un motón de vaselina en la punta del falo. Luego se colocó otro poco en los dedos e introduciéndolos bajo la entrepierna de Micaela se los metió por el agujero del ano para lubricarlo bien.

Una vez hechos los preparativos, Roberto y Markus levantaron a la negrita con las piernas abiertas y dobladas y la fueron empalando poco a poco. En cuanto Micaela notó que el falo entraba por su agujero pequeño empezó a quejarse y gritar de dolor. Sin embargo, la lubricación tuvo su efecto y el falo entró profundamente en su recto, una vez hecho esto dejaron que se empalara ella sóla por su propio peso. Tras esto le ataron los tobillos algo más bajos que sus compañeras para que no pudiera desclavarse.

Evidentemente, cada vez que Micaela se moviera se sodomizaría a sí misma.

En ese momento Harry se acercó a ella y se puso a juguetear con los labios de su vagina y su clítoris. Micaela se corrió en cuestión segundos.

Los verdugos hicieron con las dos nuevas chicas lo mismo que habían hecho con Yuka horas antes. Primero se las follaron por turno y después empezó la tortura. Después de cepillársela cuatro veces Daisy había tenido dos orgasmos con sus verdugos, pero cuando vio cómo Markus y Roberto avivaban las brasas del brasero e introducían unas tenazas, su corazón empezó a palpitar otra vez enloquecido.

- Tú, el nuevo, enciende una vela y ven aquí, te voy a enseñar algo. Markus dijo esto a David colocándose junto a Daisy y acariciando su cuerpo desnudo.

La joven sudaba con el corazón enloquecido y respiraba agitadamente, pues sabía perfectamente lo que iba a pasar.

- Observa bien, se nota que esta chica es una esclava novata y lo que le voy a hacer no lo olvidará en la vida. Cada vez que haga el amor se acordará de esto te lo aseguro. Markus cogió tres agujas de cabeza redonda y se las enseñó a David.

- Mira, sólo le voy a clavar estas tres pero ya verás lo que pasa. Enciende la vela y calienta esta aguja hasta que se ponga roja.

- Por favor, no, por favor. Daisy balbucía derramando lágrimas a raudales y sin poder apartar la vista de la llama de la vela como si ésta la hipnotizara.

Entre tanto, Markus le pellizcó el pezón izquierdo para que se erizara y se pusiera duro.

Entonces el sádico verdugo cogió la aguja candente y atrapando la punta del pecho con los dedos se la clavó en la cúspide del pezón con la punta hacia dentro.

- No, no, no, nooOOOOOAAAGGG

La aguja penetró despacio más de tres centímetros en la carne del pecho y Daisy dio con la cabeza en la madera gritando a pleno pulmón.

David estaba superexcitado así que se puso a calentar la segunda aguja sin que Markus se lo dijera.

- Sádicos, hijosdeputa, ojalá os claven agujas en los cojones. Daisy se puso a insultarles cuando la aguja se enfrió, pero Markus se sonrió y no le hizo ningún caso.

- Ahora tú, le dijo a David cogiéndole la vela de las manos. Este imitó lo que había visto e ignorando los gritos de desesperación de la mejicana le fue clavando la aguja en el otro pezón también hacia dentro.

- UUUUUAAAAHH,

Daisy puso los ojos en blanco mientras gritaba con la cabeza dirigida al cielo y un abundante chorro de orina salió de su coño. La joven aún tembló durante unos segundos y luego se puso a llorar inconsolablemente.

- Por favor.... no lo soporto más por favor, más no.

- Aún queda una esclava, dijo Markus, ¿adivinas dónde?.

Daisy cayó un momento mirándole con lágrimas en los ojos y de repente un tremendo escalofrío recorrió todo su ser.

- No, no ahí no, ahí no, se lo suplico, ahí no.

Daisy siguió negando y llorando, pero no hizo fuerza cuando Markus se puso a separar sus piernas y empezó a rebuscar el clítoris de la joven con sus dedos.

Muy excitado y con la polla a reventar, David se puso a calentar la tercera vela.

- Vamos, vamos muchacha excítate para mí, le dijo Markus masturbándola, quiero ver cómo asoma la cabecita.

Aunque ella no quiso, los dedos del verdugo consiguieron que el clítoris de Daisy se excitara y engrosara. Entonces Markus cogió la aguja y se la clavó atravesándolo de parte a parte.

La pobre Daisy dio un tremendo grito y se desmayó.

Aún pasaron media hora más atormentando a las tres jóvenes, por supuesto Micaela no se libró de la tortura, Roberto y el electricista se ensañaron con ella y empezaron a pasarle unos cepillos de puas afiladas por la cara interior de sus muslos y los costados, después cogieron unas tenazas y se pusieron a cogerle pellizcos por todo el cuerpo y finalmente le introdujeron agujas candentes bajo las uñas de los dedos de los pies y en los pezones. La negrita también perdió la consciencia cuando no pudo más.

A eso de la una del mediodía empezaron a llegar las visitas. Como había ocurrido el día anterior, un grupo de unos quince visitantes estaba recorriendo el campo con un guía y éste les había traído hasta donde estaban las cruces. Esta vez no había candidatas a esclavas, todos los visitantes eran hombres, menos una mujer: Ellen.

Los verdugos, que en ese momento estaban relajados tomando unas cervezas en el suelo los vieron venir de lejos.

- ¿Quién es esa?, preguntó de repente David, menuda `pinta de puta.

Era cierto, Ellen no pasaba desapercibida, era una mujer de veintimuchos o quizá treinta e iba colgada del brazo de un viejales de más de sesenta. La mujer era de curvas generosas, anchas caderas y tetas potentes y caídas de esas que se derraman hacia los lados. Eso se veía a distancia pues la tía iba con gafas de sol, unos zapatos muy horteras de tacón alto y un vestido de licra negro que apenas le llegaba a la parte superior de los muslos y que dejaba los hombros y la parte de arriba de su torso desnudo. Lo llevaba tan ajustado que al andar se le movían sus pechos y los mofletes de su culo como si fueran grandes globos de agua.

- Tú lo has dicho es un puta, contestó Markus. Los demás se rieron. El que va con ella es Mister Lee, un amigo del director y además uno de los principales accionistas de este tinglado. Las malas lenguas dicen que la conoció en Rusia y allí se casó con ella.

- ¿Es su mujer?, menudo putón.

- Sí, parece ser que cuando la conoció ella se dedicaba a la prostitución y no por necesidad, `pues parece que su familia tenía pasta. Debió pedir una puta en el hotel y vino esa. El caso es que esa mujer es una asidua al "Campo de Esclavas". Su marido la trae aquí cada dos por tres.

- ¿Para qué?, dijo David.

- No lo sé, contestó Markus acariciándose la barbilla, pero creo adivinarlo. Esto lo dijo levantándose para aprestarse a recibir a las visitas y los demás verdugos les imitaron.

Cuando las tres esclavas crucificadas vieron venir a los visitantes cruzaron entre sí miradas de angustia.

- La crucifixión es uno de los castigos más habituales de Campo de Esclavas, dijo el guía como había hecho Julia el día anterior. Precisamente ahora están castigando a tres mujeres. Hola Markus y compañia.

El guía saludó a los verdugos mientras el resto del público se acercaba.

- Acérquense, acérquense sin miedo, les dijo Markus merece la pena verlo de cerca.

Los visitantes se quedaron anonadados viendo el morboso espectáculo. Ante ellos se encontraban aquellas tres preciosidades desnudas en medio de una tremenda agonía.

Yuka que ya llevaba más de cinco horas crucificada, era incapaz de levantar su cuerpo y colgaba de sus brazos completamente estirados. Su rostro desfigurado por el dolor era una manifestación brutal del sufrimiento que estaba soportando. La joven aún tenía las agujas clavadas en sus pechos, y para que pudiera respirar Markus le había colocado un sedile, bueno, en realidad una cuña de madera entre las piernas con el borde hacia arriba. Podemos imaginar el efecto de semejante objeto sobre la entrepierna de la joven japonesa.

Las otras dos esclavas aún se debatían en sus cruces para poder respirar o para distender sus m&uac