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Hola mi amor,
Hoy he salido a la calle, y tras tantos días de internamiento en casa, he respirado de nuevo el aire polvoriento y contaminado de esta ciudad de rascacielos, coches y estrés. No es que sea gran cosa, pero al menos es mejor que estar todo el día encerrada en casa.
Recuerdo el día en que vinimos a vivir aquí. Habías conseguido un puesto de trabajo que nos traería mucho dinero a casa, y con él, un poco más de felicidad. Aunque tu no estuviste seguro desde el primer momento de haber tomado bien aquella decisión de marcharnos del pueblo. Muy a menudo repetías aquellas palabras, aquella frase que aún resuena en mi cabeza cada vez que pienso en ti:
"Esta ciudad va a acabar con nuestras vidas".
¡Qué razón tenías, amor! Yo no te creí, hice oídos sordos ante tu terrible presagio, y me esforcé por darte y darme a mí misma esa vida con la que tanto habíamos soñado, y aquella que tanto nos merecíamos.
Y vinieron los niños, con la misma cara que su padre, con tu misma ternura y amor. Fuimos tan felices viéndolos crecer... Casi conseguimos vivir aquella vida con la que soñamos, ¿verdad?
Salvo por un detalle, habríamos vivido felices mucho más tiempo... Pero aquel detalle arruinó nuestros planes, nuestra felicidad y nuestras vidas.
Ahora me arrepiento de no haberte escuchado. Fue esta ciudad la que te mató: el estrés, las prisas, los coches, la desfachatez de la gente, el trabajo,... Todo ello terminó contigo, y yo no me daba cuenta cómo te estabas consumiendo, cómo te apagabas cada día más.
No me di cuenta hasta que la doctora me dijo que no vivirías más, que de esa no saldrías. No fui consciente hasta que te vi, ahí, dormido y descontento por tener que haberlo hecho tan pronto.
Pero hoy he salido a la calle, y he visto la luz. Me he dado cuenta de que nuestros hijos aún siguen creciendo, soy consciente de que ya han tenido suficiente con perder a su padre, y sé que tengo que luchar por ellos, y por mí. Es lo que tu hubieras querido.
Por eso, hoy te escribo esta carta. Para que sepas que no me he rendido, para que, allá donde estés, te sientas orgulloso de mi valentía y esfuerzo por seguir luchando.
Te escribo para decirte que hoy... Hoy estreno mi vida sin ti.
Te querré siempre.
Tu mujer, Claudia.
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