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Por norma general todos los niños tienden a hacer exactamente lo contrario de lo que le les dictan sus padres, por ello, desde tiempo inmemoriales, los sufridos progenitores se han valido de personajes lo suficientemente intimidatorios como para que sus hijos se estuviesen quietos. Personajes como el Hombre del Saco que, en algunos casos, fueron personas reales que pasaron a convertirse en arquetipos del mal gracias a sus siniestros crímenes. Hoy nos centraremos en un campesino llamado Juan Díaz de Garayo, más conocido como el Sacamantecas.
La figura del sacamantecas, un despiadado asesino que extrae la grasa de sus víctimas para luego venderla, se hizo muy popular en el siglo XIX español. La llegada del ferrocarril a la península ibérica, aunada a unas extrañas desapariciones de niños, llevaron incluso a hacer pensar a la asustadiza y supersticiosa población que la grasa utilizada para el mantenimiento de aquellos monstruos de metal era la de sus retoños.
Díaz de Garayo, el primer asesino en serie español, vivió en la provincia de Álava durante la segunda mitad del XIX y cometió entre 1870 y 1879 seis horribles crímenes todos ellos contra mujeres. Descrito como un ser amorfo y desproporcionado, con un enorme cráneo y una nariz aguileña, Garayo se convirtió en la pesadilla de toda una región tras sus primeros asesinatos. Nadie dormía tranquilo pensando en los ataques de un personaje que, según cuentan las crónicas, aparecía y desaparecía entre las sombras con una pasmosa facilidad.
La primera víctima, prostituta de profesión, murió asfixiada entre las garras del sacamantecas, posteriormente fue violada y destripada. La segunda, habiendo pasado más de un año, corrió peor suerte pues el desatado Garayo se cebó con ella antes de morir. La tercera desafortunada fue una inocente niña de trece años a la que condujo hasta un bosque para darla muerte y posteriormente violar su cadáver. La cuarta, otra ramera a la que clavó un punzón repetidas veces en el pecho para, posteriormente, hacerla correr la misma suerte que sus otras victimas. El quinto y el sexto asesinato llegarían casi de la mano, siendo los más brutales. Hasta el punto que, según dedujeron de la escena del crimen, el mismo sacamantecas huyó asqueado por lo que había hecho.
Un total de 6 asesinatos que, sin embargo, pudieron se más ya que se conservan numerosos testimonios de mujeres asaltadas que, por suerte, pudieron zafarse en el último instante.
Finalmente, solo un hecho insólito fue el que permitió dar fin a semejante carnicería. Garayo, se derrumbó ante una niña que, sin haberle visto jamás y horrorizada ante su aspecto, dijo de él que bien podría ser el sacamantecas. Cuando confesó sus crímenes, se mostró horrorizado ante todos ellos y alegó haber actuado a instancias del mismo Diablo, quien se le habría aparecido poco antes del primer crimen en su propio cuarto. Juan Díaz de Garayo fue declarado responsable de su actos y ajusticiado en el garrote vil, pero su siniestra sombra se alarga hasta nuestros días, cuando aún las madres siguen haciendo uso del Sacamantecas para asustar a sus hijos.
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