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Bueno, os voy a contar una leyenda urbana que me contaron hace mucho tiempo, cuando yo era pequeña, y por la que acabé odiando a los chihuahuas, jajaja.
Resulta que una familia fue a México de vacaciones, y por las calles de uno de los pueblos se encontraron un perrito muy pequeño y delgado. Pensaron que era una raza extraña de chihuahua, y como la hija era pequeña, quiso quedarse con el perrito porque le daba pena. Así, escondiendo al can, consiguieron pasar la frontera y llevárselo a su casa.
El perro experimentó un cambio muy peculiar: de ser amable y cariñoso con ellos pasó a tener una actitud más agresiva, sobre todo con el gato de la familia. Pero claro, se suele decir que los perros y los gatos no se llevan bien.
Una tarde, todos los miembros de la familia salieron a dar un paseo, y dejaron solos al chihuahua y al gato, muy querido por ellos. No obstante, al volver, se encontraron con un espectáculo atroz: el gatito yacía desgarrado en el suelo, y en medio de un gran charco de sangre, estaba el chihuahua, mirándoles con ojos brillantes.
La familia se asustó tanto que llevaron al chihuahua al veterinario, por si tenía la rabia, y quedaron traumatizados al descubrir que en realidad, ese chihuahua tan mono era una rata gigante...
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