Vergüenza por Napoleón Las más altas autoridades francesas brillan por su ausencia en los actos conmemorativos del bicentenario de la batalla de Austerlitz.
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Fotógrafo: Philippe Wojazer/ REUTERS Actos del bicentenario de la batalla de Austerlitz
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FERNANDO ITURRIBARRÍA. París | En contra de su añoranza enfermiza por las glorias del pasado, Francia se avergüenza de Napoleón. Las más altas autoridades del país brillan por su ausencia en el bicentenario de la batalla de Austerlitz. Sólo la ministra de Defensa, Michèle Alliot Marie, asistió este viernes discretamente en la República Checa a la conmemoración del mayor triunfo del genio militar napoleónico.
La única ceremonia francesa tuvo lugar en la plaza Vendôme de París, donde se alza una columna fundida con el bronce de 1.200 cañones capturados al enemigo en la batalla de los tres emperadores: Napoleón I contra la coalición del austriaco Francisco I y el zar ruso Alejandro I. El jefe del Estado Mayor de los Ejércitos presidió la celebración de la victoria que, el 2 de diciembre de 1805, precipitó la caída del Sacro Imperio Romano Germánico, clausurada con un espectáculo de luz y sonido.
El jefe del Estado, Jacques Chirac, se escudó en su participación en la cumbre África-Francia en Bamako (Mali). Más sorprendente fue la espantada del primer ministro, Dominique de Villepin, que gobierna rodeado de bustos de Napoleón en su despacho. Bonapartista confeso, en 2001 publicó un ensayo sobre el ocaso de la epopeya napoleónica titulado "Los cien días o el espíritu de sacrificio".
Pero son malos tiempos para las nostalgias imperiales cuando los rescoldos de la revuelta humean en los guetos étnicos. Defensores del orgullo negro recuerdan que Napoleón restableció en 1802 la esclavitud, abolida ocho años antes en el fragor revolucionario.
En una reciente obra, el escritor antillano Claude Ribbe no duda en comparar al emperador con Adolf Hitler por el "exterminio industrial" de las poblaciones de las colonias caribeñas. Los partidarios de lavar en la calle estos trapos sucios han convocado en París una manifestación "contra el revisionismo histórico y las conmemoraciones oficiales de Napoleón". Los escasos bonapartistas que osan alzar la voz lamentan, como el centrista André Santini, que el Gobierno conservador haya preferido "enviar portaaviones a Trafalgar para conmemorar nuestras derrotas". El historiador Emmanuel Le Roy Ladurie acusa al Estado de "arrojar a la basura dos siglos y medio del pasado francés". Y su colega Jacques Garnier clama: "No hay que avergonzarse de nuestro pasado".