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Everything  I own (Dócrates x Geist) Everything I own (Dócrates x Geist) (0.415 s)

Everything I own (Dócrates x Geist)

FECHA El 06/01/10 a las 02:01:10 IP GUARDADA
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Online Kaori Subaru
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El 16/07/07 a las 10:07:13
Everything I own (Dócrates x Geist)

Titulo: Everything I own Autor: Kaori Subaru Razón: Pues, hice este fic por dos cosas. 1° Porque Ire me metió el bichito de la parejita xDDD 2° Porque quería regalarle a ella un fic de estos dos, que tanto le gustan Dedicatoria: A Ire obviamente. Espero que te guste, aunque sea chiquito, poquito ;w; Esta locura que hice con tus adorados ^^UU Personajes: Principales: Dócrates & Geist Secundarios: Shaina Incidentales: Saga/Ares Pareja principal: Dócrates x Geist Tipo: Angst Clasificación: G Advertencias: None   Estado: Terminado Última Actualización: Enero 5 de 2010 Comentarios adicionales: No intentaba que saliera así, de echo quería otra cosa, pero por Dios! ¿Cuándo las cosas salen como una las desea? ¡Nunca! ¡jajaja! En fin, espero que mi primer intento no sea tan herrado xDD Resumen: ¿Lo dijiste? Te amo… No quiero vivir sin ti… Tú cambiaste mi vida ¿Lo dijiste?...



 
 

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RESPUESTAS AL MENSAJE - Respuesta/-s
FECHA El 06/01/10 a las 02:01:44 IP GUARDADA Enviar Privado Añadir Amigo · Enviar Privado Enviar Privado · Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
Online Kaori Subaru
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El 16/07/07 a las 10:07:13

 

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    ¿Lo dijiste? Te amo…  No quiero vivir sin ti… Tú cambiaste mi vida ¿Lo dijiste?...     -¿No es muy tarde para estar fuera del recinto de las amazonas?—la augusta voz de Shaina vibró detrás de ella, haciendo que girara el rostro hacía su amiga.   Geist colocó nuevamente la  máscara de argento sobre su rostro.   -¿Alguna vez te has preguntado donde estarías de haber sido tu vida algo diametralmente opuesto a lo que ahora es?—la joven de cabellos oscuros se levantó del prado, sacudiéndose las motas de polvo que se habían adherido a la tela de su traje.   -No y no me interesa—la peliverde fue tajante con sus palabras, al tiempo que se giraba para volver a las cabañas en donde las aspirantes a amazonas se hallaban sumidas en un profundo e ininterrumpido letargo, otorgado piadosamente por el buen Morfeo.   Geist suspiró pesadamente, siguiendo forzosamente la figura estilizada de aquella mujer, su amiga, tragándose el deseo y contrayendo el corazón, para no delatarse ante ella, que tan bien la conocía.   ¿Y si fuera diferente?   Desde ese día ya nada parecía ser lo mismo, algo había perturbado su inquebrantable mundo, ese que no se estremecía ante nada, el que era indestructible, el que era casi perfecto para una persona como ella.   La noche… maldita y eterna noche.   Respiraciones imperturbables llenaban cada recóndito lugar de su cerebro. Distracción momentánea que pecaba de ser fugaz, y de nuevo él.   Ese rostro que no había podido olvidar. Esas facciones toscas y duras que se habían grabado con fuego en algún lugar inalcanzable, ese que no podía ser tocado por nadie más, sólo por ese hombre cuyo nombre era aún una incógnita.   Se giró una vez más, hundiendo el rostro ahora desprovisto de la máscara que siempre debía portar en el día y durante los entrenamientos. Sus ojos oscuros se clavaron en algún punto muerto del rústico techo, el cual devoró con avidez, intentando por todos los medios excluir aquel errático pensamiento de su cerebro, ese que pensara en lo que pensara siempre volvía  como una descarga de choques eléctricos que sabían bien en donde herir.   -»¦«- =========================== -»¦«-       Las pesadas gotas de sudor delinearon  a la perfección la densa musculatura morena. Aún era temprano, sin embargo era preferible que continuar holgazaneando en cama.   Aire.   Denso y refrescante, que secaba el sudor de la morena piel con cada latigazo de la cálida alborada griega.   Los pasos agigantados golpeteaban sin cesar en el trémulo abismo rocalloso de la abrupta pendiente. No se había alejado nunca tanto.   Continuó, escuchando a penas los sonidos de la nada, como si en aquel espacio no existiera nada, tan sólo él.   -Shhh no pasa nada…   Aquella voz rompió la ensoñación del momento de manera repentina.   -Por un momento creí que se trataba de una ninfa—su voz grave resonó fuertemente en aquel espacio de tranquilidad y ensoñación.   Ella se alteró, buscando con desesperación la careta plateada que se resbalaba de sus manos, empeñándose en dejar su rostro desnudo frente a aquel gigante que se acercaba sin titubear.   Por fin logró domarla, para colocarla sobre su rostro avergonzado. Afortunadamente el secreto de su verdadero ser quedó oculto para aquel hombre de descomunales proporciones. Se levantó rápidamente del prado tierno en donde había estado tendida.   Docrates se cruzó de brazos, antes de echarse a reír.   -Las amazonas son personas muy interesantes. Parecen fantasmas que van y vienen en un baile eterno que no está hecho para ellas.   Geist se paró en seco.   -¿Crees que somos débiles por el simple hecho de ser mujeres?—preguntó ella, mordiendo sus delicados labios para que la pregunta no fluyera, aún así la lengua desoyó el pedido de su dueña y la formuló con desprecio.   -No lo creo, lo son. Ustedes no deberían esforzarse tanto—una mueca burlona se cernió sobre sus labios carnosos y partidos, mientras colocaba sus grandes manos sobre la angosta cintura.   -Qué idiotez—la voz de la amazona timbró con furia detrás de la máscara de argento.   Sus pies pequeños dieron pasos agigantados hacía el extremo opuesto de donde el enorme y atractivo hombre se hallaba, sin embargo una mano potente la sujetó con fuerza, impidiendo su huída.   -En realidad… estaba bromeando—dijo él sonriendo apenas, aminalando un poco la rabia de la pequeña chica, cuyo cuerpo parecía tan frágil que si cerraba más la mano sobre aquel delicado brazo, temía romperlo.   -Aún creo que es una idiotez—el tono que le ofreció la voz detrás de la máscara ya no poseía la tintura furibunda de hacía unos instantes, más bien poseía cierto ápice de melancolía, melancolía que no pasó desapercibida para el enorme hombre.   -¿Pasas tan rápido del furor a la tristeza?—soltó el brazo delgado aunque firme, mirando al cielo y rodando los ojos—Es difícil comprenderte.   -No lo intentes entonces—añadió ella, cautiva su sonrisa por la careta que estaba obligada a llevar, agradeciendo secretamente a la diosa este hecho, pues de haber estado su rostro expuesto ante él, temía que el corazón la delatara y sus sentimientos la regalaran.     -»¦«- =========================== -»¦«-     -¡¡Levántate e intenta golpearme!!—la voz burlesca se desprendió de la garganta, emergiendo ronca y potente, mientras tentaba a su oponente a acercarse.   Este, tendido en el suelo, abrumado por la potencia en el golpe de Docrates, hecho polvo por sus puños y rogando a todo el panteón griego que la practica por fin terminara.   El cabello negro ondeó contra el viento, despeinándose y creando marañas que se aplacaban gracias a los hábiles dedos que impedían que se enredara más de la cuenta.   La amazona sonreía, mientras observaba como de costumbre a distancia el entrenamiento de Dócrates, oculta tras la enorme masa rocallosa que se formaba en el lugar donde el mentor y sus alumnos solían entrenar.   -¿Qué miras tanto Geist?—la voz de Shaina resonó detrás de ella.   -¿Yo?   La peliverde guardó silencio, mientras cruzada de brazos esperaba la respuesta a la pregunta que había formulado instantes antes. -Nada en absoluto ¿Qué podría tener de interesante ese mastodonte masacrando a esos pobres infelices?—añadió la chica de la larga cabellera con un temple tal, que por un segundo le sorprendió inmensamente su capacidad histriónica.   Shaina guardó silencio sin cambiar la posición en la que se hallaba, esperando la verdadera respuesta de los labios de Geist, quizás a otros podría engañar fácilmente, sin embargo no a ella, no a ella que la conoció cuando amabas eran unas chiquillas, no a ella que era su mejor amiga.   -Entonces—dijo la peliverde rompiendo el colosal silencio que entre ellas se había franqueado—No te importará que le muestre mi verdadero rostro a “ese mastodonte” ¿cierto?   El cuerpo de Geist se tensó completamente, estaba estupefacta por la “confesión” de Shaina.   -¿Por qué habría de importarme?—se encogió de hombros desviando la penetrante mirada, que incluso perforaba la metálica cobertura de sus ojos aceituna.   -Bueno, entonces en ese caso no importa si me acerco a él ¿cierto?—la voz dejó salir cierto dejo de ironía, mientras los pasos sonaban ligeramente contra el ardoroso suelo griego.   Geist guardó silencio.   -¿Por qué sigues fingiendo que no te interesa? Deja de hacerte la tonta que no te va para nada—el estilizado cuerpo de la amazona descansó levemente contra el áspero y ardiente trozo de alabastro, mientras su rostro apuntaba en dirección al gigante que sonreía triunfal, coronando su augusto y moreno rostro los crueles rayos del astro rey, que parecía un poco, sólo un poco más cerca de él de lo que había estado de cualquier otro mortal.   -Lo veía desde lejos, así era mejor ¿para qué arriesgarme a cambiar el ritmo? Fluía lento y parcamente, sin cambiar, sin perturbarse. El cambio es algo que aturde, no deseaba que lo hiciera nunca, era feliz en el mundo en donde él no sabía de mí, mirando a lo lejos y sin preocuparme de nada más. ¿Por qué tenía que ser encantador Shaina?   Debajo de la plateada máscara, densas lágrimas se arremolinaban, resbalando de la perfecta faz hasta perderse en su cuello largo e inmaculado.   -Que tonta eres—añadió la italiana, soltando una risita nerviosa que se vio opacada por el imperturbable metal de su careta de guerrera.   Su compañera continuó sumida en aquel indisoluble mutismo, mirando fijamente hacía el campo de entrenamiento, en donde el absoluto ganador de cada una de las contiendas se revelaba ante sus ojos como un nuevo Hércules, cuya fuerza inmensurable abatía cada trozo de tierra estéril que bajo sus pies vibraba.       -»¦«- =========================== -»¦«-       Ella tembló ligeramente, rechazando con fuerza la mano que se posaba peligrosamente sobre su orgullo hecho plata.   -Quiero saber la razón—la potente voz del griego vibró con inusual ansiedad.   La joven ladeó el rostro. Los ojos de Docrates taladraban la mascara con ansiedad, buscando que ella cediera y se desprendiera de ella como en aquella ocasión cuando primero la vio.   -No es posible—la musical voz emergió, despedazándose contra el muro de infranqueable metal que la mantenía a salvo de sí misma y de sus propios deseos.   -Simplemente quiero saber por qué—el descomunal hombre insistió, alargando su poderosa mano hasta ella—¿Vas a seguir negándote?—la pregunta emanó de los ásperos pliegues de su garganta, directo al cerebro de Geist, esa parte inconciente de sí misma que no deseaba negarse por más tiempo a verse vulnerable ante él.   -Nada podrá volver a como estaba una vez que la retires—advirtió ella, al sentir sus dedos callosos y enormes sujetar con firmeza el trozo de metal que les impedía estar en igualdad de condiciones.   Él sonrió, sujetando la careta de argento con firmeza, encontrándose por vez primera con aquella ilusión que sus ojos habían apreciado fugazmente en aquella mañana en la alejada pradera del santuario.   Su rostro desnudo ante él…   Una sola opción, pues la otra jamás cruzó por su mente…   Sólo le restaba amarlo, tanto o más de lo que ya lo hacía en aquel momento.   Los gruesos falanges recorrieron la blanca dermis de la joven, rozándose las ásperas yemas contra su sedosidad, bajando gradualmente por el largo cuello hasta encontrar los suaves cabellos negros, cuya extensión parecía no tener fin.   -No era tan terrible—añadió Docrates alejando la mano de la bella criatura, extendiendo nuevamente la máscara que instantes antes él mismo había retirado.   El pecho bajó y subió con increíble asomo de vértigo.   ¿Para qué?   ¿Para qué la había hecho deshacerse de la máscara si sólo iba a decir eso? Si ni siquiera iba a intentar corresponder una sola de las miradas apasionadas que día a día le dedicaba.   ¿Para qué?   Amarlo, matarlo…   Ella lo amaba y él la había matado ¿Qué diferencia había entonces?   Se levantó precipitadamente del prado, haciendo caso omiso del montón de pétalos blancos que habían quedado prendidos a los cabellos oscuros, ondeando la cabellera negra como una bandera, una bandera que llevaba impresos los abatidos colores del desamor.   Sin embargo, antes de que ella pudiese dar más de tres pasos, él ya la había sujetado firmemente de la muñeca y acorralado contra su pecho enorme de bestia.   Una mueca retorcida curvó sus labios, esa expresión que él tenía cada vez que despedazaba a un adversario en la arena, esa misma que tenía cuando pisoteó las esperanzas de aquellos que soñaron ilusamente en poder vencerle.   Él era Dócrates… nadie le vencería.   Retiró nuevamente y de un solo movimiento la máscara, aventándola al descuido, haciendo que se estrellara contra el tronco de uno de los árboles de aquel Edén en miniatura en medio del fragante bosque de olivos, en medio de esa guerra interna entre el violento aroma a animal salvaje y la delicada fragancia del ambiente.   -Dócrates—consiguió pronunciar su nombre a duras penas, y al hacerlo se le contrajo el rostro, arruinando el engaño.   La sonrisa de él dejó ver la afilada e impecable hilera de dientes, mostrando ese gesto tan suyo, ese que ella tanto detestaba.   Pensaba que iba a enfadarse aún más al ver su expresión cínica y resentida, pero, en vez de eso, contemplarle le recordó la primera vez que le había visto. Su furia se debilitó y flaqueó conforme lo miraba. Había pasado tanto tiempo desde aquella ocasión que se repateaba que las cosas tuvieran que ser de ese modo.   -¿Por qué?—susurró Geist, intentando ocultar el sonido del nudo de su garganta—. ¿Cómo has podido hacerme esto?—las lágrimas furiosas nublaban la perfecta composición del gigante frente a ella.   -Elige entonces—la voz de él dejó se ser cálida y líquida. Se endureció en medio de los pliegues de su garganta.   Alargó su mano tosca, envolviendo la muñeca de ella, atrayéndola nuevamente contra su cuerpo fornido.   Por un segundo, ella vibró contra su cuerpo, que se relajó al sentir la calidez de ambas pieles rozándose.   Los labios de él resbalando cruelmente sobre la piel de ella, llegando hasta los labios trémulos, que rojos vibraban por el éxtasis del momento.   Notó su cuerpo de piedra contra cada curva del suyo.   Él gimió quedito sobre sus labios, ella aterrizó abruptamente contra la realidad, cayendo de bruces contra sus propios sentimientos y despedazándose brutalmente contra ellos.   Él era demasiado fuerte para darse cuenta de que las manos de Giest querían causarle daño, de que intentaba arrancarle el pelo desde la raíz. En vez de ira, creyó percibir pasión.   Con un jadeo salvaje, volvió su boca contra la de ella, con los dedos clavados frenéticamente en la piel de la angosta cintura de Geist.   El ramalazo de ira desequilibró su capacidad de autocontrol; su respuesta extática, inesperada, le sobrepasó por completo. Si sólo hubiera sido cuestión de orgullo habría sido capaz de resistirse, pero la profunda vulnerabilidad de su repentina alegría rompió su determinación, la desarmó. La mente se desconectó de su cuerpo y le devolvió el beso. Contra toda razón, los brillantes labios de la amazona se movieron con los  del gigante de un modo extraño, confuso, como jamás se habían movido antes. Los dedos de ella se afianzaron en su pelo, pero ahora para acercarlo aún más   Lo sentía por todas partes. La luz incisiva del sol había vuelto sus párpados rojos, y el calor iba bien con el calor. Había ardor por doquier. No podía ver ni sentir nada que no fuera Dócrates.   Demasiado… Demasiado para ser verdad.   El estallido de la realidad contra el crepúsculo lo iluminó todo, no de rojo fresa, ni mucho menos de rosa pastel.   No.   Se teñía de negro, envolviéndola más y más. Mucho más, conforme la furibunda lengua se enclavaba en su garganta y la enredaba contra la de ella.   Apartó de golpe el pecho poderoso de Dócrates.   -Debes de ser la persona más ególatra del mundo. Odio tener que hacer pedazos ese mundo de ilusiones en el que vives, ese en el que el sol órbita alrededor del sitio donde estás ¿Hasta cuando continuarás creyendo en eso?—los labios de la amazona se curvaron en una perfecta mueca de frivolidad y frialdad, dándole la espalda al gigante griego.   Apretó los puños hasta que los nudillos se volvieron blanquecinos. La caja torácica subía y bajaba con furor y la cólera pareció llegar al rostro en cuestión de segundos.         -»¦«- =========================== -»¦«-     -¿Para que vienes hasta acá? Sabes de sobra que se ha marchado—la voz de Shaina resonó como el eco de una campanilla de plata contra los sonidos de la noche.   -Costumbre quizás ¿No has escuchado que es más grande que el amor?   -¡Déjate ya de estupideces!   -Calla Shaina… Calla ya…   La italiana suspiró cansada.   -Como quieras—añadió clavando los pies fuertemente sobre el suelo antes de comenzar a alejarse.   -Si… yo también creo que debería ser así.   Los plateados rayos iluminaron su rostro, mientras la sonrisa inundaba nuevamente el rostro de la amazona.       -»¦«- =========================== -»¦«-     La sonrisa relampagueó, haciendo lucir el rostro salvaje más atractivo de lo que ya lo era.   Al fin… en casa.   El hueco en su corazón pareció contraerse aún con más fuerza, mientras sus pasos poderosos levantaban motas de polvo, cuyo hálito parecía bailar alegremente a su alrededor.   -¿Qué es lo que buscas?—preguntó Shaina intrigada, al ver a Heracles en los dominios de las amazonas—Es imprudente y lo sabes—añadió ella con desdén.   -Sabes de sobra lo que busco—la varonil voz emergió áspera y dura, con el mismo tinte de superioridad que la de ella.   -Pierdes tu tiempo—la respiración de ella se hizo torva a través de la plateada máscara.   -Eso no lo decides tú—avanzó un paso agigantado con sus enormes piernas, que a pesar de su extensión, no perdían la gracilidad de movimientos.   -Pierdes tu tiempo…—repitió ella una vez más, al tiempo que se levantaba de la roca en donde había estado sentada hasta entonces—Geist  fue desterrada del Santuario—la voz continuó siendo modulada con serenidad, a pesar de que la sangre dentro de su pecho ardía fieramente y parecía recorrer su cuerpo con mayor velocidad.   Heracles nada dijo. Sonrió maliciosamente, mientras avanzaba. Si ella se interponía en su camino, tendría que quitarla de en medio.   -¿No me crees?—preguntó Ophiuchus, cruzándose de brazos y recargando su estilizado cuerpo contra la ardiente roca—La noche en la que te marchaste sucedió todo… no debí haberla dejado sola—murmuró casi intangiblemente.     -Cuando regresó no parecía la misma, sostenía entre sus brazos a un cervatillo muerto y estaba bañada en sangre, los ojos desorbitados y la mirada vacía. Esa no era Geist… O no lo creí entonces. Esa misma noche me enteré de lo sucedido, pero ya era tarde. Había matado a todos esos hombres y ante los ojos del Patriarca, ella era una asesina y traidora, así que la desterró.   Esta vez reaccionó. Cerró los ojos y luchó contra el sabor cálido en su lengua. Empujó y empujó contra el fuego que bajaba por su espalda en un esfuerzo por mantener el temple, mientras su cuerpo intentaba justo lo contrario.   Giró en vilo, mientras su pétrea mirada se clavaba en la cima del Santuario, enclavándose fieramente en la estatua de Athenea.   Debía hacerse escuchar.   Le temblaban las manos a pesar de los sobrehumanos esfuerzos. ¿Qué era lo que las hacía temblar? ¿La ira? ¿La agonía? No estaba seguro de contra qué estaba luchando ahora.   Había esperado todo ese tiempo para escuchar la respuesta a una pregunta que jamás fue hecha.   ¿Y todo para qué?   Ella estaba lejos, había despedazado una de las reglas más importantes, impuestas desde la era del mito; Proteger a esos ingratos, que sólo se valían de las fuerzas de ellos para vivir sus vidas miserables sin sufrimientos.   Los poderosos siempre mueren a causa de los débiles…   El aturdimiento se despedazó de pronto y el rostro de ella se dibujó claramente en su memoria.   Tenía que creer que Geist sobreviviría, pero eso requería confianza, una confianza que le ofuscaba sentir, confianza en su innata habilidad para mantenerse con vida.   -Quizás si tienes suerte el Patriarca te escuche—la voz de Shaina repiqueteó nuevamente, pero para él había sido un sonido lejano, que se confundía con cada uno de los elementos de la noche; como el canto del grillo o el arrullo de los árboles. No llegaba la musical voz de la amazona a su cerebro, concentrado únicamente en una cosa: ver a Geist de nuevo.   Si él no la ama como ella lo ama a él, entonces él no la merece…   El gigante volvió a girarse, buscando la respuesta en el filoso brillo de la máscara de la amazona.   -Yo la amo, más de lo que cualquiera podría imaginarse—murmuró con los ojos llenos de fuego.   Volvió a girarse, caminando en dirección hasta las agujas de piedra que se alzaban majestuosas sobre la tierra griega.   Shaina removió la máscara de su rostro, clavando los ojos en la ancha espalda de Heracles.  Sus labios se torcieron en una sonrisa y dejó salir una carcajada amarga.   Como un espejo de su interior.   Que amarga la visión de alguien que estaba despedazado.       -»¦«- =========================== -»¦«-     Observó cómo las rocas rodaban hacia el desfiladero y desaparecían de su vista bajo el borde del acantilado, pero allí las escuchaba batir contra más rocas de tamaño sugerentemente más grande.   Continuó el sinuoso camino a través de la espesura mortal de la noche. Nadie debía verlo, no al menos hasta que estuviera frente a su santidad; El Patriarca.   Los árboles se desdibujaron en un mar oscuro que fluía a su alrededor. Los músculos se contraían y distendían casi sin esfuerzo aparente.   Al fin el tercio de luna bañó el signo de aquel Templo. Aries, el primero. La figura milenaria se tornó fantasmal. Los marmóreos pliegues finamente tallados sobre el blanco alabastro daban la impresión de mero abandono, a pesar de ello, conservaba intacto su fría y espectral belleza.   Dio un paso dentro del oscuro palacio.   Su olor le quemó la nariz y disparó su instinto de romper y destruir. Tuvo que hacer gala de todo su temple para no intentar aplastar la mítica edificación, ese trozo de mármol que tanto se parecía al tinte cremoso que poseía la piel de ella.   Las palabras se atoraron en su garganta, cuando el perfecto lienzo de su cuerpo se dibujó delante de él, la curvatura suave de sus formas de mujer y el tinte calmo de su rostro, contrastando con el apasionado color de sus ojos.  Se esfumaban delante de él una y otra vez, y una vez más al cruzar cada Templo.   El sendero al cruzar el final de Piscis fue el más difícil de recorrer.   Había pensado que no había nada peor que eso, nada más doloroso en todo el mundo.   Pero, si ella moría…   Los ojos se pusieron en blanco y el rostro se contrajo en un rictus de dolor, uno como que el que jamás en su vida se había posado sobre el rostro del humano hecho casi dios,  Dócrates.   Sus manos ásperas resbalaron sobre el frío trozo de mármol, mientras la figura de la flor de Lis se desdibujaba de aquel lugar, donde su esencia escapaba y su imagen se borraba, esparciéndose en todas direcciones, excepto en esa, en la que él se encontraba.   Los soldados parecieron ser de juguete, la sonrisa relampagueo con cinismo sobre los labios del gigante.   Si el silencio en su mente permanecía, nunca volvería atrás. Sería el primero en escoger esta forma frente a la otra. Quizá no tendría que volver a escuchar jamás si despedazaba lo suficiente. Esa sería la manera en la que escogería vivir de ahora en adelante.   La pesada puerta de bronce se abrió, dando paso a la figura del Patriarca, ese que él desconocía y cuyo brillo maligno parecía cubrirlo todo con su lúgubre hálito.       -»¦«- =========================== -»¦«-       -Ya veo...—la maligna máscara que cubría el rostro de la cabeza del Santuario brilló con extraño fulgor al ser iluminado por el fuego que brillaba con ardor dentro de la sala del Patriarca.   Permaneció hincado frente a él, sin moverse un milímetro.   -Está bien, si lo consigues, ella volverá al Santuario. Pero si fracasas, no oses volver o yo mismo te mataré y a ella en castigo.   Primero una y luego otra, ambas conciencias se desvanecieron silenciosamente. Sólo quedó la voz del maligno Patriarca.   El gigante salió del recinto patriarcal con una sola idea en la cabeza; Despedazar al que se opusiera y traer la armadura dorada de Sagitario de vuelta al refugio.   Luego podría decirle la verdad a ella.   Ella, cuya figura intentaba por todos los medios abandonarlo.   Clavó las rodillas sobre el alfombrado pasaje, taladrando con los ojos el sanguinolento color de la alfombra.   El dolor punzaba cruelmente,   -Quédate siempre conmigo, en cualquier forma, ¡vuélveme loco! Sólo no me dejes en este abismo donde no te pueda encontrar...   La respiración se hizo aguda, masacrando sus pulmones.   Ese día al despuntarse el alba, Dócrates salió del Santuario con la absoluta convicción de aquel que nunca ha sido derrotado.   Aunque estaba de lo más enfadado, se sintió lleno de autocomplacencia durante un buen rato. Ya no tenía que pensar siquiera en controlar su temperamento. Ahora era fácil, algo que le salía porque sí, con naturalidad. Ya no lo veía todo rojo ni sentía esa explosión de calor bajándole por la columna.   Podía despedazar cuanto quisiera y la recompensa sería magnánima.   Ella volvería hacerse carne y sangre y la tomaría nuevamente entre sus brazos enormes, arropándola con calidez.   Brillaría como la ninfa que solía ser, envuelta en medio de arrogantes pétalos de flores y la sonrisa eclipsaría nuevamente todo cuanto conocía.   Su rostro no derramaría más lágrimas y  su cuerpo no parecería estar hecho pedazos.   No… ya no más.   No veía ninguna razón para sentir miedo. No podía imaginar que quedara nada en el mundo que pudiera darle miedo, al menos, no físicamente. Esa era una de las ventajas de haberlo perdido todo.   Y lo recuperaría… la recuperaría a ella y con ella a su camino.   El cegador sol besó su rostro una vez más. Sólo una vez más…     Haz un plan… fija una meta. Esfuérzate. Pero de vez en cuando, mira a tu alrededor Asimílalo Porque esto es todo Todo podría desaparecer mañana.      
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FECHA El 06/01/10 a las 07:01:34 IP GUARDADA Enviar Privado Añadir Amigo · Enviar Privado Enviar Privado · Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
Online Mishito
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El 03/08/07 a las 01:08:19

OMG!!!!!!!!!!!!! ToT!!!! Ahora amo más a ese grandote!!!!!!!!!!!!! Pobrecitos! ToT no se les hace estar juntos T.T, che Santuario de infelicidá!

Pobre Geist. Yo sé que es eso de tratar de no verse vulnerable y luego, simplemente no se puede ir en contra de la corriente xD. Pero es que pobrecitoooooooos!! ToT

Está hermoso Kaori! HERMOSOOOOO! T-T!!! Torturante y bello. Quién diría que esos dos malvados tienen su corazoncito xD.

Muchas gracias Kaori!!! Te debo el tuyo de Rada y Saga que igual, ya cas está xD. Yo me quedé muy muy satisfecha con tu fic *W*, espero así te guste el que te ando haciendo :D y que no te decepcione :p

Muchas felicidades por éste año nuevo! Y MUCHAS GRACIAS POR TAN BELLO REGALITOOOOOOOOOOOOOOOOOO!! >w<



Buzón improvisado de Bud XD

FECHA El 08/01/10 a las 07:01:20 IP GUARDADA Enviar Privado Añadir Amigo · Enviar Privado Enviar Privado · Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
Online Kaori Subaru
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El 16/07/07 a las 10:07:13

Aich! Si T.T Quedó rete angustioso, pero prometo compensártelo con otro en donde echen pasión bien a gusto :D   ¡¡Jajaja!! Siii, eso de tratar no verse vulnerable al final no acaba funcionando como uno quisiera xDDD   Me alegra que te haya gustado, no estaba segura, ahora ya puedo respirar tranquila *-*   No es nada, lo hice con mucho, pero con MUCHO gusto, una porque era para ti y otra porque la parejita ha llegado directo a mi corazoncito T.T   Rada y Saga   *Se le iluminan los ojitos *ww*   Seguro que me gusta, desde ya que si, más si está hecho por tus manecesitas T^T xDDDDDDDD   Nos estamos viendo Ire   Beshu



 
 
FECHA El 14/05/10 a las 02:05:53 IP GUARDADA Enviar Privado Añadir Amigo · Enviar Privado Enviar Privado · Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
Online Luribel
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El 02/08/07 a las 02:08:00

OMG! Qué fic más bueno!! Me ha encantado!! Y mira que en la vida, pero en la vida, se me hubiese ocurrido un pairing semejante ... Pero es fantástico!! La historia, los personajes, la situación, los diálogos!! Este fic se va directo a mi lista de chosen ones!! Te quedo de lujo!!

Un saludo

Luri 


FECHA El 20/02/11 a las 11:02:37 IP GUARDADA Enviar Privado Añadir Amigo · Enviar Privado Enviar Privado · Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
Online Mishito
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El 03/08/07 a las 01:08:19

*lo vuelve a leer*

 

 TWT Cada vez lo amo maaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaas!!!



Buzón improvisado de Bud XD

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Mis demonios (pan x radha) song fict  
midori_tauro midori_tauro
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Amor a la fuerza  
analucy analucy
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