Mabeloca
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El 17/08/07 a las 11:08:54 |
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Cuando las Princesas se aburren (NC- 17)
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Cuando las princesas se aburren... (lemon XXX)
Parte I
La vida de una princesa no siempre era divertida, sobre todo si se vive en el polo norte y cuando su mayor obligación es la de mantener el orden y la paz, al mismo tiempo que se debe rezar todo el tiempo para evitar una catástrofe de dimensiones mundiales. Mientras las demás princesas europeas, visitaban las playas mas exclusivas, iban de compras a los mejores centros comerciales del mundo, y vivían una excitante vida llena de viajes, lujos y amantes, ella permanecía muy ocupada en asuntos políticos y sociales, a pesar de tener una muy corta edad.
Por eso a veces se permitía la posibilidad de fantasear, con todo lo que tenia lejos del alcance de su mano, y todo lo que se le había negado por tener tan grande responsabilidad. Ella era conciente de que por lo menos no era fea, pero nadie se fijaba en ella: tenia 7 hombres todo el día a su lado, y nadie era capaz de decirle lo bonita que estaba, lo bien que le quedaba su ropa, y no sabia si era por respeto o por que en realidad, no era atractiva para ninguno de ellos.
Aunque se empeñara en llamar su atención, ninguno de ellos reaccionaba, y el mas cercano de sus dioses, que entre otras cosas era el que a ella mas le interesaba, era tan indiferente con ella, que a menudo se preguntaba, si estaría interesado en alguien mas, si era gay, o si definitivamente entendía los limites que tenia su relación.
Una mañana, la princesa de Asgard se levantó empapada en sudor y en otros fluidos corporales. Se fue al baño a ducharse y mientras enjabonaba sus pechos, pensaba, soñaba despierta. Sus pezones se pusieron duros y con la esponja comenzó a enjabonarse el clítoris, lentamente, lentamente. Hasta que se le escapó un suspiro y allí en la cortina de agua, comenzó a masturbarse, pensando en sus 7 hombres, pensando en sus cuerpos bien formados, pensando que la penetraban lentamente al principio y subiendo poco a poco el ritmo de sus penetraciones. Se frotaba con fuerza, con rapidez, con avidez... se mordía el labio hasta hacerse daño, hasta llegar a un dulce y profundo orgasmo. Este día va a ser diferente, hoy voy a cambiar mi vida; se decía. Hoy voy a cambiar mi vida. Lo primero que ella hizo fue vestirse y decir adiós a su hermana Flere, y se fue al tomar su desayuno y a seguir con su rutina particular.
Todo seguía igual, todo. Nada había cambiado, solo esa masturbación en la mañana le había hecho cambiar un tanto la rutina. Todo era lo mismo. Entonces, Siegfried llegó hasta ella y le dio una noticia. Habían llegado los embajadores de Midgard y era urgente, que ella y sus dioses de Asgard planearan los protocolos y las estrategias para conseguir la alianza que finalmente acabaría con las tensiones entre los dos gobiernos, y que incluso traería beneficios económicos y sociales para Asgard.
Mientras bajaban, Hilda no dejaba de pensar en lo aburrida que era su vida, y en lo aun mas aburrida que seria esa reunión, y le volvieron a entrar unas terribles ganas de sentir placer; así que mientras Siegfried, hacía una tesis de todo lo que pasaría si algo llegara a fallar, en las terribles implicaciones para los asgardianos, e inclusive en el principio de una guerra entre los reinos, la princesa se elevo pensando en su más fiel y allegado guardián, y mientras el hablaba, ella veía sus labios con deseo e imaginaba que se movían así mismo, pero con la cabeza de él entre las piernas de ella, imaginaba su cuerpo fuerte y firme haciéndola temblar de placer mmm...! estaba tan ensimismada que no se había dado cuenta que estaba sudando, y que no disimulaba para nada su miraba lujuriosa hacia Siegfried, quien seguía inmerso en su conversación diplomática, hasta que de pronto levanto la mirada, y se encontró con la de una lujuriosa princesa quien también tenia unas pequeñas gotas de sudor empapándole la frente.
- Se siente bien, princesa?
- Ahh? Pregunto una distraída Hilda aun sin salir de su fantasía
- Princesa, Usted esta transpirando!! ¿Se siente mal? ¿quiere que llame un doctor?
Entonces Hilda se dio cuenta, que era inevitable notar su calentura y se avergonzó por su propia sexualidad; así que sonrojándose dijo:
- Estoy bien Siegfried, lo que pasa es que no he dormido bien, por que ya presentía la tensión de hoy. Pero no es nada grave, ve a llamar a tus compañeros. Nos reuniremos una hora después de que todos hayan desayunado.
- Si se siente usted mal, no hay necesidad de que asista, princesa mía. Yo me haré cargo de todo.
- No Siegfried, estoy bien. No tienes por que preocuparte
- Hay algo que pueda hacer por ti, princesa??
De pronto Hilda recordó que tenia poder absoluto sobre aquel hombre, y le provoco lanzarse a sus brazos y despojarlo de toda su ropa, para observar su nívea piel, con sus cicatrices de macho que había adquirido en sus batallas y en sus entrenamientos... pero fue tan obvia su libidinosa mirada que Siegfried se sonrojo y no pudo volver a mirar a la princesa a la cara; y de nuevo la apenada (pero excitada) Hilda, le respondió con dulzura: - Llama a tus compañeros. Yo dirigiré la reunión.
Entonces Siegfried se levanto, aun con su cara sonrojada y asintiendo se retiro del lugar.
Una vez a fuera se encontró con Alberich de Megrez, con tan mala suerte que los había estado observando durante los últimos minutos de su conversación con Hilda, y pensaba aprovecharse de eso, como es típico en él. Siegfried solo salió y le pidió que se preparara para la reunión. A pesar de que entre estos dos compañeros de armas no había una buena relación, los dos eran concientes de los beneficios de un acuerdo entre Asgard y su reino vecino, o eso era lo que creía Siegfried. Megrez asintió, y mirándolo con sorna le dijo:
- Seguro que quieres una reunión con todos... por que según parece deberías estar a solas con Hilda, de seguro “llegarían”... a muchos acuerdos por supuesto.
Notando el tono de burla y de malicia de las palabras de Alberich, Siegfried replicó:
- Que dices Megrez! Deja de pensar idioteces y mas bien prepárate por que de ti dependerán las estrategias que nos lleven a una buena negociación.
- No te preocupes, Alpha... solo te recordaba que Hilda es una mujer sola, y que tiene sus necesidades... tu sabes de lo que hablo!
- No pareciera que fueras el mas inteligente sino el mas idiota, dijo Siegfried visiblemente enojado. No digas mas estupideces que lo que tiene Hilda es cansancio y tensión por lo que se avecina, e incluso podría estar enferma; así que no se te ocurra pensar en ella de esa manera, por que no te lo permito. Y ve a trabajar. RAPIDO!!
- Ok... solo era una sugerencia: el guerrero mas valiente de Asgard, y la princesa que él ha cuidado durante tantos años. Piénsalo bien Siegfried, es el perfecto cuento de hadas con final feliz, para ti y para Hilda. O si no te gustan los compromisos, solo te la coges y ya! ¡Felices por un muy buen rato!!
- LARGO DE ACA, IMPERTINENTE!!! Grito Siegfried exasperado, mientras amenazaba a Megrez con darle una buena paliza si no cerraba la boca.
Alberich se marcho riéndose, y pensando que si bien, Hilda no era la mujer de su vida, con mucho gusto le calmaría las necesidades propias de su supuesta enfermedad que era realmente una manifestación visible de su sexualidad femenina, y pensando que Siegfried tenia que ser un idiota de marca mayor si no era capaz de reconocer en los ojos de la princesa, la lascivia propia del deseo reprimido y de una vida aburrida, que clamaban por ser desfogados por el dios Alpha.
O es un idiota, o lo disimula muy bien.
Pensó en voz alta mientras se dirigía a su habitación a redactar las actas que le darían inicio a la reunión en contados minutos.
Siegfried siguió pensando en su princesa y en las palabras de Megrez. ¿tendría razón, su problemático compañero, o se trataba de otra de sus tantas tretas para fastidiarlo y dar inicio a una discusión??
Hilda era una mujer hermosa, de eso había duda, y definitivamente se sentía demasiado atraído hacia ella; pero de ninguna manera concebía la idea de él y ella desnudos y haciendo el amor... hasta esa mañana en la que Alberich lo mencionó. Entonces, por primera vez en su vida y desde el tiempo que conocía a Hilda, se dio la oportunidad de fantasear con ella, con la suavidad de su piel, con la firmeza de sus no tan pronunciadas pero desde luego hermosas formas de mujer. Sintió una enorme erección, pero no se avergonzó por ello, de hecho, lo disfrutaba y tuvo la enorme necesidad de tocarse. Pero en el instante, en el que se animo a masturbarse alguien toco, la puerta del estudio donde éste se encontraba.
- Siegfried, estas ahí?
- Si Hagen, dame un segundo ya te abro.
Y viendo interrumpida su fantasía, Siegfried de Dubhe, odió a Hagen por haber perturbado sus lujuriosos pensamientos, y llevarle mas aburrido trabajo, odió a Alberich, por hacerle creer que entre Hilda y él, la relación podría ser algo mas que la de un lacayo y su reina, odió a los embajadores de Midgard, que estarían por llegar en esos días, y eran los responsables de tanto alboroto, pero sobretodo, se odió a si mismo con toda el alma y sin compasión, por haber mancillado la imagen y el nombre de su soberana a quien debía obedecer y respaldar, en vez de estar imaginándose cosas sucias, que eran para su único provecho.
Con ese pensamiento de odio hacia si mismo, Siegfried abrió de mala manera la puerta que protegió por valiosos instantes la intimidad de los pensamientos del rubio asgardiano; y mirando a Hagen con disimulada ira, espetó:
- La reunión se hará en apenas una hora, sin retraso, espero que estés listo, y tengas lo que te pedí.
- Pero Siegfried, no me has pedido nada! Vine a traerte estos reportes de pequeñas querellas en la frontera con Midgard.
- Pues entonces analízalos, y di tu informe.
- ¡No puedo hacerlo en media hora!
- ¡Que lo hagas!!! Y no me vuelvas a interrumpir, que yo si estoy haciendo algo!!
Y cerrando la puerta de un golpe seco, que casi lastima la nariz de un sorprendido Hagen, Siegfried se juro que no volvería a tener esos pensamientos y se dispuso a leer de mala manera.
Parte II
La princesa nórdica subió a su habitación y se refrescó, se concentró en dirigir la dichosa reunión entre ella y sus 7 dioses, y mientras repasaba en voz baja lo que diría, y al mismo tiempo luchaba con las ganas de sexo que desde la mañana la sacudían, se dio cuenta que ya estaba retrasada y se apresuro a bajar a la sala principal, sabiendo que si algo salía mal, se excusaría y Siegfried se haría cargo de todo... menos de su enfermedad... Así que salió, y se dispuso a cumplir otra de sus aburridas tareas como princesa y gobernante de un reino nórdico. Las alianzas, la tregua, los beneficios, las, las, las... (que aburrido!!)
La mitad de sus dioses ya estaban allí, sentados en la mesa, así que también tomo asiento y también tomo la vocería de la reunión. Pero de repente se levantó y habló para ellos:
- Estimados dioses, dijo con seriedad, estimados dioses... ahora que estamos solos ustedes y yo, pasemos a cosas más importantes; pasemos al siguiente punto de la reunión. Y su calor hizo que se desabrochara un botón. El siguiente punto de la reunión que nos ha traido aquí. Se desabrochó el segundo botón. Algo que nos interesa más que todo lo anterior. ¡Click! Tercer botón y los dioses comenzaban a abrir los ojos cada vez más.
- Bien, pasemos a esto. Y se abrió la blusa dejando ver sus pechos erectos. Pasemos a quien va a ser el primero en poderme como la puta que soy... Y se levantó la falda dejando ver que no llevaba bragas.
Se puso de rodillas en la mesa, con la falda levantada hasta la cintura y enseñándoles los pechos a los 7 hombres que tenía delante, cada cual con una erección todavía mayor. Entonces ella se sentó, abrió sus piernas y delante de ellos comenzó a masturbarse, haciendo que los hombres se pusieran cada vez muchísimo más calientes.
Entonces Hilda miró a su alrededor, los 7 hombres seguían sentados frente a ella, mientras ella les seguía explicando gráficos y más gráficos, nimiedades que molestaban a los dos gobiernos.
Su imaginación le jugaba malas pasadas, ¿por qué pensaba esas cosas?, ¿por qué no podía dejar de querer ser tratada como a una mujerzuela?
Después de mas o menos 45 minutos la reunión terminó por fin y ella se había calentado tanto que decidió irse a algún lugar a refrescarse, o quizás; sí, lo mejor era masturbarse de nuevo hasta no pensar más en el sexo por lo que quedara de día. Y allí se dirigió a una oficina que generalmente era usada para reuniones menores, y que no era frecuentada por sus dioses. Después de cerciorarse de que no había nadie allí, entró y se quitó las bragas sin quitarse la falda, se levantó ésta hasta la cintura y se sentó en el escritorio. Levantó las piernas hasta apoyarlas en las paredes y empezó a imaginarse que era follada sin descanso. Pero se había olvidado de echar el seguro y de repente la puerta se abrió. Se trataba de Alberich, quien también se sentía muy aburrido y allí guardaba los libros que leía cuando quería ir a descansar y cuando la vio en esa posición abrió los ojos como platos.
Ella se puso roja como un tomate, pero no podía dejar de tocarse el clítoris humedeciéndose más y más. Megrez no podía apartar la mirada de su vagina, abierta y esperando ser penetrada, entonces tomo su pene y sin darse cuenta había empezado a meneárselo, así que le preguntó, con tono cínico si ella quería su ayuda y ella respondió con un gemido provocado por su masturbación. El hombre no lo pensó más, y le metió su miembro de un golpe y empezó a follársela sin más, mientras le besaba los senos, le apretaba los muslos, y acariciaba con fuerza su vientre y caderas. Hilda gemía y gemía, le encantaba las sensaciones que Alberich provocaba en su cuerpo, y pensó que si bien no era Siegfried, este chico lo sabia hacer muy bien. Al cabo de un rato, Hilda se inclino para complacer a Alberich oralmente, para devolverle el “favor” cosa que él no lo podía terminar de creer, ya que su señora estaba semi-desnuda, con la ropa rasgada, arrodillada delante de él, y metiendo y sacando su miembro de la boca.
- Wow... en verdad estas muy necesitada, cierto princesita?
- Cállate, idiota! O... mejor, dime puta y trátame como si fuera una. Te lo ordeno de inmediato!
- De acuerdo... entonces sigue mamando y no pares hasta que tomes un buen sorbo de todo lo que tengo guardado para ti. Puta!
Y la princesa siguió en su labor, durante algunos minutos mas, hasta que fue empujada por Megrez, quien hábilmente la sentó encima suyo, y gritándole, le ordeno:
- Esta vez quiero terminar pronto... así que espero que hagas lo mejor que sabes hacer, como la puta que eres!
Desde luego que si, replico Hilda, mientras se sentaba encima del pelirrojo y con sus movimientos de cadera y de pecho le hacían sentir cualquier cantidad de hormigueos de placer, que él no imagino nunca que fuera posible con su princesa. Se besaban desaforadamente, se acariciaban sin dejar ni un centímetro de piel sin explorar, se tocaban como si sus cuerpos fueran a estallar, y después de un rato, Alberich terminó, habiendo provocado en ella gemidos y gemidos de placer. Después de correrse, la volvió a besar en la boca con pasión y se despidió hasta la próxima, ella se quedó allí con las piernas abiertas, la respiración entrecortada y sin embargo, siguió con su masturbación. El hombre miró hacia ella y se marchó, pensando que deseos tan incontrolables los de esta puta, y al mismo tiempo una de sus brillantes ideas emergió...
De nuevo en el salón principal, donde se había llevado a cabo la reunión, estaba Siegfried, recogiendo alguna información en una libreta donde resumía, lo que iba a decir a los embajadores cuando llegaran. Alberich entro apresuradamente y le dijo a Siegfried:
- Tenias razón acerca de la princesa. ¡Esta enferma y necesita ayuda!
- ¿cómo?... dime ¿dónde esta Hilda?
- En la oficina menor, la he encontrado desmayada
- Por Odín!! Voy inmediatamente, y tu, ¡llama a un doctor! ¡vamos de prisa!
Si, claro! Dijo Alberich con sarcasmo, al tiempo que observaba como Dubhe se alejaba con premura, dejándolo todo para después.
Alberich se burlo, del iluso de Siegfried, y por un instante llego a pensar que el idiota no le ayudaría a la princesa como ella lo requería, y que incluso podría estar pensando en llamar a un doctor!... Pero también se quedo pensando que Siegfried no se merecía, ese placer, y que si él lo había ayudado, era para probar hasta donde llegaban los limites de Siegfried y de su compromiso de total fidelidad y entrega, para con su señora.
Siegfried apresuró su paso y cuando entró, se encontró a Hilda que aún tenía semen cayendo de su interior y llevaba el ritmo lento de una masturbación, mientras gemía y susurraba cosas inaudibles.
La miro con los ojos desorbitados y lentamente se acerco hacia ella, quien hasta ahora, no se había percatado de su presencia. A pesar de que había entendido perfectamente la clase de ayuda a la que se refería Alberich, cuando le aviso acerca de Hilda, aun no salía de su asombro, y recordó como en la mañana ella lo miraba con deseo, mientras él solo la ignoraba, mas por respeto que por falta de ganas. Se dirigió a la puerta y le puso el seguro, mas otra llave de seguridad, y se quito la camisa.
Hilda se había parado y había terminado de quitarse la ropa, y sin palabras se besaron con una pasión que los dos habían ignorado, desde que se convirtieron en adultos. Siegfried se atrevió a ir mas allá, y sin importarle que Megrez, se hubiera acostado primero con ella, acaricio su piel, beso y mordió sus senos, se envolvió en su cabello, porque la sensación que todo esto le producía, era mucho mejor que la de estar reprimido, y la de sentirse atado a una responsabilidad que cada vez era mas pesada de sobrellevar por la atracción que le unía a él y a su princesa.
Hilda, por su parte, se dejo llevar, y a pesar de que había quedado bastante satisfecha por la labor de Megrez, no era él precisamente el protagonista de sus deseos, sino el rubio que ahora la besaba con frenesí, y a quien deseaba mas que a nadie. Entonces le miro a los ojos y con complicidad saco su enorme y duro miembro que desde hace tanto había querido acariciar, y se lo llevo a la boca, provocando en Siegfried, las mas intensas sensaciones, y todos los sentimientos imaginados. Él no lo podía creer, pero lo disfrutaba bastantemente, pero decidió parar, e hizo que Hilda se sentara en el suelo con las piernas abiertas, Dubhe se sentó, la tomó por la cadera y la penetró por fin con suavidad y lentamente, observando todo su cuerpo y su rostro que denotaba una gran felicidad e incluso alivio, porque ya no quería ser tratada como una puta, no quería ser un objeto sexual... quería ser amada, como cualquier otra mujer, y estaba segura del amor de Siegfried hacia ella, sabia que su fidelidad traspasaba varios limites y se sintió satisfecha por ello. Todo eso pensaba mientras estaba él dentro de ella, y al mismo tiempo que los dos se movían al compás de la pasión, dos pares de manos recorrían la piel del otro, sus labios se encontraban se separaban, y el éxtasis no daba mas espera. Hilda se sentía no estar, y Siegfried, ni hablar... sus cuerpos no soportaban mas tanta pasión y finalmente Hilda acabo, intensificando los movimientos de su cadera y acercando a Siegfried hacia sus pechos para que él los besara ya que a los dos les encantaba esa sensación. Minutos después, Siegfried terminó dentro del cuerpo de su amada y se acostó en el piso frío, con la cabeza de ella en su pecho, sin dejar de acariciar su cabello, hasta que el sueño los venció, y se quedaron dormidos uno sobre el otro, desnudos y sin vergüenza. Por primera vez eran libres y aunque no estaban seguros de repetir la experiencia, por lo menos les quedaría el regocijo de lo vivido, y a pesar de que no habían dicho ni una sola palabra la complicidad de sus miradas durante el encuentro íntimo, lo había corroborado todo.
Parte III
Habían pasado mas o menos tres horas después de la reunión, y un guardia de palacio tenia una razón urgente para el líder de los dioses, pero nadie sabia nada de él. Ni siquiera Hagen su fiel amigo, o Syd el segundo al mando. También era extraño que Hilda hubiese desaparecido. Pero nadie se alcanzo a imaginar lo que estaba pasando.
Solo Megrez sabia, pero había subido a su habitación, y aun no terminaba de asimilar que se hubiera cogido a la mujer mas poderosa de su reino, y que como si fuera poco, se imaginaba como después de eso, los deseos carnales de la diosa eran de nuevo saciados por otro hombre... o quizás Siegfried, no le hizo nada... como el idiota que es!!
Pero a buena hora bajo, ya que Hagen y Toll, buscaban a Siegfried por todo el palacio. Megrez hablo con el guardia, tomo la razón para Siegfried, y les dijo a Hagen y a Toll, que Siegfried había salido a la aldea.
No creo que haya salido sin su caballo, Megrez. Dime, que sabes del paradero de Siegfried? Pregunto Hagen de forma aguda y temiendo que el otro dios ocultaba algo.
Solo me dijo que estaba cansado y quería ir a la aldea. A lo mejor salió sin su caballo, porque quería caminar, eso es todo. Ya te dije lo que se del capitán!
Pues si es así, mañana le diremos. Todos debemos descansar, por que lo que nos espera será arduo y dispendioso, dijo Toll con su vozarrón y concluyendo la discusión.
A Alberich, no le atraía mucho ser voyeurista, pero no se aguantaba las ganas de ver como habían sucedido las cosas entre su líder y su princesa, así que cerciorándose de no ser seguido por nadie, se dirigió a la oficina menor, con mucha expectativa, e incluso dispuesto a calmar de nuevo las desaforadas ansias de pasión de Hilda. Se detuvo a la entrada, porque no estaba seguro de lo que iba a encontrar. Pero no le importo, y al ver que la puerta no se abría, golpeo dos veces y espero. Nadie abría, pero de seguro por lo menos Hilda seguía ahí. Así que de nuevo golpeo mas fuerte.
Dentro del lugar Siegfried se despertó por los insistentes golpes, y se asusto mucho, por que obviamente no quería ser encontrado allí, junto con su princesa, desnudo. Entonces, se incorporo lentamente teniendo cuidado de no despertar a la mujer que estaba encima suyo y con voz, firme pero también suave, pregunto: - ¿quién es?
- Alberich desde afuera sonrió, ya que su plan había resultado y con su tono de siempre le respondió.
- Soy tu cupido, he venido a ver, como le va a mi mas reciente pareja. Dijo sin ocultar la risa.
- Lo que en realidad eres es un idiota, engreído, estúpido y bribón... decía Siegfried cuidando de que su princesa no se despertara.
- Puedes decir lo que quieras, Dubhe; pero lo que sea que haya pasado en esa habitación en las anteriores horas me lo debes a mi, y a nadie mas, ni siquiera a ti mismo, oyes bien.
Un aireado Siegfried abrió la puerta, con solo algo de ropa encima, y al ver a Alberich, sintió de todo, y supo lo que había pasado. Lo miro de forma amenazante, como si quisiera matarlo, se acerco a él sin dejar de mirarlo, tanto así que el propio Megrez se sintió intimidado por la poderosa presencia de su líder a tan pocos pasos de su humanidad y pensando en la forma mas rápida para huir, fue atrapado por el capitán, pero no sintió dolor... de hecho se sintió confundido, cuando vio que los brazos de Siegfried no lo golpeaban con furia, sino lo estrechaban cálidamente. Siegfried estaba abrazando a Alberich, y este no salía de su asombro.
- A pesar de que eres todo lo anterior... Has hecho por mi, lo que nadie, ni siquiera yo, fui capaz de hacer. Dejar el temor por mis sentimientos hacia Hilda...
- Pero yo no quería que eso pasara... solo quería que te la follaras, ya que estaba bastante necesitada.
- ¡Cállate!!! Te largas de acá, y no le dices a nadie lo que paso, y ten por seguro que no voy a pasar por alto que hayas abusado de nuestra soberana.
- Pero, yo no abuse de nadie... ella fue la que me desnudo y la que me lo... ...
- ¡que te calles te digo!!! Dijo un ya no tan amable Siegfried.
- El tiene razón, amor... musito una suave voz femenina en el fondo del recinto.
Asombrados, los dioses vieron a su princesa despeinada, y solo cubriendo lo necesario con la capa larga que usaba durante los días asgardianos.
El no me hizo nada, solo lo que yo le pedí... e incluso mas, porque te trajo a mi lado.
- Pero mi princesa...
- Vete Alberich, después hablaremos tu y yo de esto, y te prometo que nadie tomara represalias en tu contra. Déjanos solos que Siegfried y yo tenemos que hablar.
- Desde luego princesa, solo espero que hablen con ropa, y sin manosearse.
- ALBERICH!!! LARGO DE AQUÍ!! Grito Siegfried exasperado por las insolencias del otro.
- Todos allá afuera los están buscando. Así que les aconsejo que dejen su “charla” para después, y atiendan los asuntos externos que son importantes!
- Déjanos solos... los dos veremos que hacemos, que les decimos a los demás y como actuamos, dijo Hilda acercándose al dios, para hacer que se fuera y cerrando la puerta tras él.
Entonces, de nuevo Hilda y Siegfried con poca ropa y en una habitación cerrada con llave se acercaron y se besaron.
- Princesa, yo no quiero que tu...
- Shhhhhhhhhhh calla, interrumpió Hilda. Lo que paso esta tarde, fue lo mas maravilloso que me ha pasado en años, y no quiero que te arrepientas o que te sientas mal por eso, así como tampoco quiero que Megrez sea castigado por lo que me hizo.
- Te amo... siempre te ame, y ahora no podré dejar de hacerlo
- Hablamos luego... Ve a hacer tus labores y te busco para conversar, esta bien?
- Desde luego princesa, no me atrevería nunca a cuestionarte o contradecirte.
- Entonces bésame... y no pienses en mas que en mi como mujer. Te lo ordeno Dubhe.
- Claro!!, no he pensado en nadie mas desde que te vi la primera vez.
De nuevo se besaron, e Hilda sintió de nuevo esas inmensas ganas de ser penetrada por ese fantástico hombre que segundos atrás le había declarado su amor incondicional. Pero esta vez lo dejo marchar, y abandono también la oficina dirigiéndose a su habitación donde se lavó y se vistió, terminando primero la masturbación comenzada hace varias horas, ya que todos aquellos orgasmos no le habían servido para calmar su sed como mujer, de hecho habían exacerbado mas su imaginación. De nuevo en la ducha y antes de dormir, mientras recordaba como sus dioses complacían sus fantasías, disfruto un buen rato a solas consigo misma, y esta vez con la satisfacción de que tendría siempre a alguno de esos dos hombres dispuestos a complacerla.
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