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A propósito de la Igualdad, lo siguiente lo escribió uno de nuestros partners de afuera de la Matrix.
Aquí pueden ver el original: http://nuevosestamentos.blogspot.com/2008_10_01_archive.html
Saludos.
"Para nadie es desconocido que existen ciertos grupos sociales que insisten en mostrarse como eternas víctimas, aunque entre ellos mismos y con los demás actúan con prepotencia y desparpajo. Por ejemplo a las mujeres, a los latinos, a los negros, etc. hay que perdonarles todo, porque se supone que al criticar sus actitudes negativas se está criticando su género o raza [a propósito, en mi país es normal decirle “negra” a la “girlfriend”>. Es decir, en este “Síndrome de la Clase Perdedora”, el perteneciente a una minoría étnica, o al género débil, o a una raza un tanto matizada, puede hacer lo que se le plazca, porque está defendido por las leyes o por la “sociedad”, sin notar que este mismo sujeto, al que se le ayuda o se le da la mano, en lugar de exteriorizar agradecimiento, se siente con el derecho de exigir más y más, al punto de tratar en forma prepotente a su interlocutor.
Hace unos años atrás, muchas veces, y mientras estaba en la ciudad de Munich, observé con asombro cómo personas, simplemente por su color de piel o por sus facciones latinas, les era a veces solicitado descender del Metro aún cuando estaba sentado o de pie en el vagón. Incluso una vez, una ciudadana peruana, que estudiaba en la LMU, fue detenida por aparentemente “insensibles policías” xenófobos. Sin embargo, con los meses me di cuenta que los alemanes estaban en todo su derecho, pues muchas de estas personas, becadas desde diferentes puntos del Mundo, robaban, acechaban o simplemente se “emborrachaban” en los márgenes del Río Isar, hasta perder el conocimiento, y algunas veces destruyendo parte del bello patrimonio de la ciudad; un Patrimonio que no es sólo de ellos, sino de todos los ciudadanos del Mundo con la suficiente inteligencia como para apreciar estas obras históricas. Como ejemplo, a poco más de 30 minutos al norte de esta ciudad está el hermoso Castillo de Haimbhausen, del cual un miembro de esta familia, sacerdote jesuita, llegaría a Chile haciéndose cargo de la Universidad Pencopolitana en la ciudad de La Concepción (hoy comuna de Penco, Concepción). Extrañamente, y aunque yo deseaba conversar de estos temas con los latinos profesionales o aquellos provenientes de otras latitudes, incluso americanos o ingleses (no WASPs), sus intereses eran mucho más superficiales, pero siempre se quejaban del racismo de los alemanes. Recuerdo una compañera de LMU, quien era afroamericana, de New York, cuyo padre le había cancelado un año de cursos en dicha universidad. Con todo desparpajo ella llegaba media hora tarde, entraba sin pedir permiso, y se ponía a comer y a ingerir comida y bebidas de McDonnalds, como certificando que ella era norteamericana y que no pensaba estudiar mientras las clases fueran en alemán. Como ella, a propósito comía con gran ruido, varias veces con mucha delicadeza el profesor le hizo ver que su actitud era incorrecta, y que comer en las aulas era una señal de falta de respeto hacia el resto de sus compañeros. Ella respondía que tenía el derecho de hacerlo, porque era norteamericana y Estados Unidos le había ganado la Guerra a Alemania, por lo tanto ella podía hacer lo que quisiera. Esto llevó a que se solicitara a seguridad hacerla salir, con toda diplomacia, pero ella luego argumentó que había discriminación hacia ella, y que los alemanes “nazis” la expulsaban por ser “negra”.
Muchas de estas actitudes observé en diversas partes del Mundo, en Miami, en Canadá, en España, etc. Irremediablemente, y aún cuando aquellos países intentaban integrar a los inmigrantes, no había caso. Estos últimos pretendían que los países huéspedes cambiaran según las costumbres de sus regiones de origen. Esto es lo que denomino “El Síndrome de la Clase Perdedora”, y funciona así:
“Soy sudaca, judío, o mujer, o afroamericano, o lo que sea. Mi grupo social en el pasado fue esclavo, prisionero, postergado, abusado, etc. Por lo tanto, hoy tengo derecho a vengarme y a fustigar al blanco o al ciudadano de las grandes potencias o al que es distinto de mi grupo social. Como se trató mal a mi etnia en el pasado, ahora trato mal a los demás [aunque probablemente ninguna de esas personas que hoy trato mal había nacido cuando mi etnia estaba sufriendo abusos> . Y si alguien me llama al orden, o critica mis actos reprobables, esa persona está actuando xenófobamente, misóginamente, nazistoidemente o discriminatoriamente, por lo cual ellos son los que están mal y no yo”.
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