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Las fantasías eróticas
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Las fantasías eróticas

La imaginación es una de las características distintivas de los seres humanos y las fantasías (del latín phantasia = ficción, cuento, novela, pensamiento elevado e ingenioso) representan sus costados más fértiles. Es la facultad que tiene el ánimo de reproducir por medio de imágenes las cosas pasadas o lejanas, de representar las ideales en forma sensible o de idealizar las reales. Sus manifestaciones y contenidos son tan ilimitados como los resortes internos que se mueven para generarlos. Abarcan desde las que sirven para excitarse hasta las que tienen un uso terapéutico, permitiendo mantener activa la capacidad de asombro y comprender cuán infinito es el universo de la temática sexual.

Las fantasías eróticas básicamente son aquéllas cuyo contenido se centra en lo sexual, en lo demás no se diferencian de cualquier otro tipo de fantasía, como la que lleva a una mujer a soñar que es una bailarina clásica o a un varón con ser el goleador de su equipo, por sólo mencionar dos estereotipos. El mecanismo de producción es el mismo: se halla en un nivel intrapsíquico, desde donde se proyectan los pensamientos ilusorios, cargados con los contenidos de la memoria sensitiva -olores, gustos, sonidos, colores-. En muchos casos lo que se fantasea son emociones, hechos vividos concretamente en el pasado o invenciones absolutas del individuo.

La imaginación nos permite transportarnos, sin ningún costo adicional, a situaciones deseadas o prohibidas. Desde la niñez, las fantasías son el vehículo de nuestros más ocultos deseos, algunos inocentes y otros no tanto. Recurriendo a una explicación simple podría decirse que suplen determinados agujeros de la realidad: cuando aparece alguna dificultad para interpretarla, comprenderla, aceptarla o soportarla, irrumpe la ficción, se filtra el sueño. Como decía el escritor Ray Bradbury: “hay que inyectarse todos los días con fantasías para no morir de realidad”.

Si bien es cierto que el desconocimiento, la falta de respuestas o la represión son grandes generadores de fantasías, de ningún modo debe pensarse que todas son la consecuencia de una limitación o carencia afectiva y sexual. Muchas personas recurren a ellas como un factor de enriquecimiento de su vida amorosa.

Podríamos intentar tipificar algunas fantasías eróticas para facilitar su comprensión, a la vez que disminuir la angustia de muchas personas que se alarman cuando las tienen porque se sienten como perversos, anormales o enfermos; en lugar de aceptar que los sueños, utopías, delirios y vuelos imaginarios son universales:

·      Las que ayudan a excitarse: responden a un placer de tipo narcisístico pues quien las produce no persigue otra finalidad que regodearse imaginándolas.

·      Las que sirven para masturbarse: aquí entra en juego un otro. Se conciben situaciones, personas y lugares con el fin de lograr una excitación que será liberada a través del acto masturbatorio.

·      Las que suplen carencias: comunes a algun@s solter@s madur@s, viud@s y gerontes de ambos sexos.

·      Las que permiten realizar el coito o sirven como ingrediente: hay personas que no pueden tener actividad sexual si no encienden sus fantasías a través de material gráfico o audiovisual y otras aderezan el encuentro fantaseando determinadas situaciones, inclusive pensando en otra persona que no es su pareja.

·      Las compartidas con la pareja que procuran aumentar la pasión, pudiendo incluir juegos donde se interpretan escenas, lugares, personajes o roles diferentes.

·      Las fantasías sadomasoquistas y parafílicas en las que, en ciertos casos, aparece la necesidad de lastimar, de infligir castigos, o ser castigados, de violar o tener relaciones paidofílicas (con niños).

Un colega y amigo, Roberto Rosenzvaig, en su libro La pareja al desnudo, cita alguna de las fantasías más comunes, que algunos llevan a la práctica:

·      Las de poder, de gran potencia o dominio sexual.

·      Las de la mujer colocada en actitud de idolatría y deseo exclusivo del varón y sus atributos.

·      Las voyeuristas: imaginan mirar a una mujer que se desviste o se masturba o a una pareja haciendo el amor. Una variedad de esta última, muy prevalente entre los varones, es de querer ver a dos mujeres teniendo relaciones sexuales entre ellas.

·      Las fantasías exhibicionistas, del tipo que consiste en mostrar su cuerpo o los genitales o masturbarse delante de la mujer deseada.

·      Las “colectivas”, que representan el deseo de intercambio de parejas o de sexo grupal.

*Dr. Adrián Sapetti, médico psiquiatra, sexólogo.

Centro Médico Sexológico, Bs. As., Argentina

(5411) 4552-0389 / 4555-6865




La imaginación al poder

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Las fantasías eróticas (Parte II)

Si bien no puede hablarse de límites en lo que a capacidad imaginativa se refiere, podemos decir que si las fantasías impiden que un individuo se conecte con la realidad o perturban su conducta, como es el caso de los alienados o los psicópatas, ya responderían a distintos grados de alteración mental y entran en el dominio de la psicopatología.

Ciertas fantasías, sin llegar a ser lo anterior, pueden funcionar negativamente y son esos casos en los que muchos varones piensan que van a funcionar 10 puntos, que ellos podrán siempre y con toda mujer. No aceptan que factores de orden psicológico o físico puedan disminuir su potencia sexual, entonces la realidad con la cual se encuentran les hace vivir situaciones de angustia. También hay fantasías que alteran la vida sexual como las de castración, el temor obsesivo de embarazar, de contraer una enfermedad contagiosa o de lastimar a su pareja.

En algunas fantasías varía el contexto, el individuo imagina un lugar o situación determinada, por ejemplo que está en una playa del Caribe o en la plaza. Otras giran en torno a personas o personajes: en general tienen que ver con mujeres o varones inaccesibles como la pareja de los amigos, los compañeros de trabajo o una superstar.

Hay fantasías preparatorias, con las que se obsesionan esperando el primer encuentro sexual con una mujer y que sirven para calmar la angustia. Otras muy comunes son aquéllas en las cuales el varón imagina variantes con dos mujeres, orgías grupales, uso de objetos y ayudas sexuales que no se atrevería a emplear en la práctica, con cambios de roles (por ejemplo que la mujer lo penetra a él). Y, por supuesto, no pueden dejar de mencionarse las fantasías homosexuales en personas que las utilizan en sus encuentros heterosexuales o en sus actividades masturbatorias. Me estoy refiriendo a heterosexuales que se excitan con historias donde mantienen relaciones sexuales con otros varones o en las que otros poseen a sus mujeres. Esto no deberá parecer tan extraño ya que en muchos seres humanos pueden aparecer sueños o fantasías homoeróticas pero esto no quiere decir que sean gays. No por soñar con un juego amoroso con alguien del mismo sexo o porque un varón tenga rasgos afeminados o una mujer aspectos varoniles eso los define como homosexuales.

Si las fantasías se vuelven excluyentes y el individuo sólo se conecta con lo sexual a través de ellas habrá que estudiar el caso para saber dónde está el bloqueo que no deja pasar a la acción: puede tratarse de una limitación derivada del carácter o de una neurosis. Por otro lado hay personas que parecerían tener paralizados los mecanismos de la imaginación. En general se trata de personas con una vida sexual muy pobre. Dentro de este tipo se hallan los esquemáticos y los obsesivos que tienen todo estructurado y no pueden salirse de lo tipificado. Pero esto les ocurre en todos los órdenes, se trata de personas que no fantasean con nada: ni con ganarse la lotería, ni con ascender socialmente, ni con viajar.

Hubo una época donde se pensó que la apertura del campo de la conciencia y la exacerbación de la fantasía a través de algún alucinógeno podía ayudar al análisis de la producción del inconsciente. Concretamente se utilizaba el LSD, pero los ensayos que se hicieron terminaban con personas desestructuradas, con cuadros de angustia a quienes, muchas veces, hubo que medicar con sedantes para restablecerlas. Algo parecido le ocurrió a Freud con la cocaína cuando pensaba que podía ser un eficaz antidepresivo -en ese tiempo no existían los medicamentos para la depresión-, pero pronto se llegó a la conclusión de que sólo cumplía con este cometido de una manera fugaz. Lo mismo podemos decir de sustancias como el citado ácido lisérgico o el éxtasis.

En la niñez y en la adolescencia las fantasías son tan abarcativas que llegan a construir un mundo paralelo y tan vívidas que quienes las alimentan se morirían de vergüenza si supieran que algunos de sus ensueños pudieran traslucirse. Con el tiempo, la adultez y la inevitable seriedad, la posibilidad de disfrutarlas se va reprimiendo o adquiere el tono marginal de algo que se admite pero se reconoce como algo incorrecto, vivido con culpa.

Con respecto al tiempo de fantasías, podría decirse que en las primeras etapas de la vida se destacan las muy imaginativas -el niño y su prodigioso pensamiento mágico- y las prospectivas -el adolescente que proyecta lo que no conoce o nunca hizo y quiere hacer-; cuando se es adulto o anciano son más comunes las compensatorias o retrospectivas: se quiere lo que ya no se puede, lo que se perdió o no es fácil de alcanzar, por ejemplo hacer el amor con una jovencita. De todas maneras, sin lugar a dudas, el sexo se enriquece con las fantasías. Por supuesto debe tenerse una vida sexual lo suficientemente intensa e interesante como para que las fantasías funcionen como complemento o ingrediente, sin llegar nunca a sustituirla. A tal punto son importantes que suelen utilizarse terapéuticamente: amparadas en la propuesta de un juego, un rol, inclusive de una máscara o vestuario, las personas logran desbloquear o desinhibir ciertos canales de su inconsciente que eran la causa de alguna disfunción sexual. Aunque resulte una paradoja, es muy común ver a personas que, representando un personaje, logran ser ellas mismas.

También suelen ser un antídoto contra la rutina sexual. Lo que uno no puede imaginar difícilmente lo podrá llevar a cabo; desde una postura idealista podría decirse que los hechos primero se producen en nuestra mente para poder luego llevarlos a la realidad. Hay quienes deben recurrir a fotografías o películas donde se corporizan las fantasías no realizadas de muchos individuos. El empleo de estímulos externos como un film, revistas o libros resulta válido como activador de apetitos o fantasías (“¿qué se habrán hecho de aquellas aventuras que nos prometían los libros infantiles?”, decía Rimbaud) y suele modificar rutinas establecidas. Pero también pueden ejercer un efecto inhibitorio, por las dificultades que se producen al intentar imitar modelos basados en el rendimiento, donde muy poco interviene el respeto y la consideración por el otro.

Por último, volviendo a un tema anterior, es común que haya gente que se preocupa cuando fantasea con otra persona (o con un grupo) mientras mantiene relaciones con su pareja: si este recurso es siempre imprescindible para uno de los dos miembros puede ser que se agote y pierda su calidad estimulante y placentera. Por otra parte, puede estar alertando sobre algún deterioro en el vínculo que no ha sido detectado o encarado por la pareja, pero diré también que es una posibilidad dentro del vasto mosaico de las fantasías que puede contribuir, usándola como uno de los tantos recursos eróticos, a que esa pareja mantenga viva la llama del deseo a través de su existencia.

* Dr. Adrián Sapetti, médico psiquiatra, sexólogo.

  Centro Médico Sexológico, Bs. As., Argentina

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