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…::~::…Lacrimosa…::~::…
391 palabras
Los rayos golpeaban con furia el desnudo campo de la pradera. Radamanthys caminaba acelerado lado a lado de la habitación, el ambiente que se respiraba en la misma le sofocaba a cada instante al mismo tiempo que recuerdos de una vida pasada se agolpaban en sus sienes ya cansadas de perforadores pensamientos.
Un susurro espeluznante hacia que los vellos del cuello se le erizaran, se odiaba por sentir ese miedo irracional, el que siempre se jactaba de ser un hombre valiente en toda la extensión de la palabra.
En las sombras una masa etérea se mueve entre las paredes. Dichoso por que ve aquel que le amo, el como retorna después de siglos de no verle. Se relame los labios al recordad los impuros besos que se prodigaron en días pasados. Más le duele al mismo tiempo ver que un amor que los unió en épocas casi victorianas ahora le cause tanta pena y sufrimiento. Quisiera tomarle en sus brazos y decirle que nada malo pasara, que todo estará bien…que no esta mal amar al igual mientras el amor sea verdadero. Mas no puede, la barrera de la vida y la muerte les separa.
Radamanthys termina cayendo vencido en la silla de rica madera, encorvado sacude la cabeza por la cual resbalan gruesas gotas de un sudor frío. De pronto siente como unas manos rodean su cuerpo, mas no son firme y materiales. Son suaves como tierno algodón, gira la cabeza y se encuentra con una masa blancuzca que poco a poco va formando la silueta de un hombre. El terror es tanto que siente casi como si fuera a soltar el llanto. ¡Era el hombre de sus revueltos recuerdos!, aquel que le arrancaba la ropa en sueños, aquel que le prometía amor en sueños. Su fantasma amante le aprieta cada vez mas, mientras que Radamanthys siente una asfixia terrible que no le permite respirar, mas no hace nada por defenderse o escapar. No implora arcángeles celestiales para que vengan a su auxilio. Y mientras el aire se agota en sus pulmones comenzando a causar la muerte de su cuerpo, su mente se va iluminando a una promesa de amor que atravesaría el umbral entre la vida y la muerte. Sus ojos se iluminan, el sufrimiento termina. En el infinito una nueva vida espectral inicia…para los dos incorpóreos y eternos amantes.
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