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Fallece a los 83 años Paul Newman
El portavoz del actor estadounidense ha confirmado su muerte
MIGUEL MORA / ELPAÍS.com - Roma / Madrid - 27/09/2008
El actor estadounidense Paul Newman ha muerto a los 83 años de edad según ha confirmado su portavoz a la agencia Reuters. La noticia fue adelantada esta tarde por la fundación Dynamo Camp Limestre, fundada por el propio Newman.
Vincenzo Manes, presidente de la fundación Dynamo Camp Limestre, con sede en Pistoia (Italia) confirmaba esta tarde le muerte del mítico actor, director y productor estadounidense. "Esta mañana he recibido un correo electrónico desde América en el que me han dicho que Paul Newman ya no está con nosotros", ha dicho Manes. Según ha podido saber EL PAÍS, el correo electrónico procedía de una persona próxima al actor que trabaja para la fundación Hole in the Wall, también dedicada a los niños enfermos.
El pasado agosto, el actor, afectado por un cáncer de pulmón, pidió a su familia que le llevara a casa para morir. Newman había recibido varios tratamientos de quimioterapia en el Hospital de Nueva york y ha pasado sus últimos días con su mujer, Joanne Woodward, y sus hijas.Según fuentes cercanas a la familia, el actor ha pasado sus últmas semanas poniendo en orden sus cosas. El actor tenía tres hijas con Woodward, con la que contrajo matrimonio en 1958, y dos más de un matrimonio anterior con Jackie Witte.
Newman dejó el cine en 2007, apenas unos meses antes de que se hiciera pública su enfermedad, con más de 60 películas en su carrera que le valieron un Oscar Honorífico en 1985. Un año después, recibiría el Oscar al Mejor Actor por su interpretación en El color del dinero.
Detective, gángster, buscavidas, general, vaquero, jugador de billar o de hockey sobre hielo, diseñador de rascacielos, científico, intrépido capitán de barco, asaltador de trenes y bancos, Buffalo Bill o Billy el Niño, Paul Newman recorrió todos los papeles posibles en sus 56 películas. En ese medio centenar de largometrajes cortejó y besó a las mujeres más deseadas de Hollywood, desde Liz Taylor a Sofía Loren, Eva Marie Saint o Elke Sommer, y trabajó a las órdenes de directores como Michael Curtiz, Otto Preminger, Alfred Hitchcock, John Huston, Robert Altman, Martín Scorsese o los hermanos Coen.
Su carrera ha estado plagada de premios entre los que figuran un Oscar Honorífico en 1985, otro al mejor actor por El color el dinero en 1986 y el Premio Humanitario Jean Hersholt, también de la Academia de Hollywood, en 1993 además de haber sido candidato a la preciada estatuilla en múltiples ocasiones.
Asimismo, entre otros galardones obtuvo cuatro Globos de Oro Mejor actor de reparto de serie en 2006; Premio Cecil B. DeMille en 1984; Mejor director por Rachel, Rachel en 1969 y Globo de Oro a la nueva estrella del año en 1957 por El cáliz de plata).
Por otra parte, el actor ha sido también muy conocido por su desbordante afición por las carreras de automóviles. De hecho, Newman participó profesionalmente en algunas de ellas, al tiempo que montó diversos negocios relacionados con la cocina y la alimentción con los que, en ocasiones, destinó parte de los beneficios a obras solidarias.
PERFIL: PAUL NEWMAN
Ha muerto Eddie Felson
MIGUEL ÁNGEL PALOMO - Madrid - 27/09/2008
El bandolero Butch Cassidy, el detective Harper, el boxeador Rocky Graciano. Incluso el espía Michael Armstrong a las órdenes de Hitchcock... Paul Newman tuvo muchos rostros a lo largo de una carrera memorable. Ninguno como el de Eddie Felson. Altanero, ambicioso, tahúr, aferrado a un taco de billar, ahogado en humo, con sus ojos llameantes fijos en la figura de El Gordo de Minnesota, rival en el tapete. Sórdidas habitaciones acogían el desesperado aluvión de cariño que derramaba hacia la patética figura de Piper Laurie; dos seres abandonados que aliviaban su derrota con abrazos y miradas furtivas. Paul Newman fue Eddie Felson en el año 1961, en El buscavidas, un fragmento de vida hecho cine. Y lo fue de nuevo en 1986, en El color del dinero, tras 25 años de una existencia que todos los espectadores intuimos negra y desesperada.
Pero Felson sobrevivió. Y su mirada dejaba entrever menos derrota que fatiga. Hasta que escuchaba a sus espaldas el sonido fulgurante de un taco de billar empuñado por un jovenzuelo Tom Cruise. Entonces despertaba para desplegar su afán vampírico, su ansia de triunfo, con el fin de corromper a quien él mismo fue años atrás. Un actor ha de ser realmente selecto para lograr que un personaje miserable y arribista se convierta en entrañable. Ha de poseer la aniquiladora belleza de Paul Newman y combinarla con el talento interpretativo que permita mostrar grietas humanas.
Entre tanto figurín que se dice actor, entre tanta estrella fabricada en serie, entre tanto guaperas sin estilo, podremos siempre idolatrar a totems como Paul Newman. Entre tantas horas lastimosamente perdidas en las salas oscuras, podremos decir que hemos disfrutado de El buscavidas y El color del dinero. El cine clásico. El de antes. Y diremos que hemos amado las vidas con las que Paul Newman nos propuso soñar. También como director: Rachel, Rachel, (1968) y El efecto de los rayos gamma sobre las margaritas (1972), entre otras, retratos clarividentes del rostro sombrío del sueño americano. No en vano su autor es el hombre al que Nixon incluyó en una lista negra por su condición de comprometido liberal.
Truffaut defendía que las películas son más importantes que la vida. Si eso es cierto, Paul Newman ha tenido mucho que ver en ello. En estos tiempos banales es obligatorio darle las gracias.
Miguel Ángel Palomo es crítico de cine El País
PERFIL: Paul Newman
La victoria de la derrota
GUILLERMO ALTARES 27/09/2008
Hay actores a los que recordaremos por sus personajes y hay actores a los que recordaremos por su persona, hay actores a los que echaremos de menos en la ficción y actores a los que echaremos de menos en la realidad. Paul Newman, una de las últimas leyendas de Hollywood que falleció el viernes a los 83 años, aunque la noticia se conoció hace unas horas, nos faltará en el cine y en los botes de salsa de tomate, en la vida pública estadounidense y en unas películas cada vez más descafeinadas. "Una botella de bourbon, sin vaso, sin hielo", exclamaba Eddie Felson en El Buscavidas (Robert Rossen, 1961) mientras se enfrentaba al Gordo de Minesota en una partida "con la que llevaba años soñando mientras estaba en la carretera". Felson fue uno de los muchos perdedores a los que Newman dio vida en la pantalla, tipos simpáticos y rotos, siempre dispuestos a tomar la decisión equivocada (¿acaso, al final, hay otra forma de acertar?) y, lo que es más importante, a conseguir que los espectadores le sigan hacia ninguna parte.
"No es tan duro como parece", dice Robert Redford en El golpe sobre el despiadado gangster al que pretenden desplumar. "Nosotros tampoco", replica Newman. "Si me diese el dinero que se gasta en que no le robemos, no le robaría", asegura otro de sus personajes más famosos, Butch Cassidy, en Dos hombres y un destino, el memorable western crepuscular de George Roy Hill en el que compartía también cartel con Redford. Fue candidato al Oscar en diez ocasiones y lo ganó en 1987 por El color del dinero, la continuación de El Buscavidas, dirigida por Martín Scorsese.
Recibió la estatuilla otras dos veces, pero ambas honoríficas: por el conjunto de su carrera y su trabajo solidario. Pero Newman era más grande que la Academia. Se formó en el Actor's Studio en una generación a la que también pertenecieron Marlon Brando y James Dean. Comenzó a trabajar en los años cincuenta y no paró hasta que el cáncer comenzó a ser más fuerte que su propia leyenda. Tiene muchas películas prescindibles (¿quién no las tendría después de haber rodado más de 60 filmes en medio siglo de carrera?), pero nos ha dejado un puñado de títulos y de personajes que permanecerán porque, sabemos, que al final siempre vence la derrota. Además de las citadas, será muy difícil que nos olvidemos de La gata sobre el tejado de zinc, El largo y cálido verano, El premio, Harper, investigador privado, Fort Apache, Ausencia de Malicia o Camino a la perdición.
Pero sólo por haber sido capaz de crear a Eddie Nelson en El buscavidas, por haber dado vida a ese impetuoso y autodestructivo jugador de billar, cuyo principal enemigo es él mismo, merece un lugar en nuestro imaginario colectivo, algo que sólo ocurre cuando el cine es tan auténtico como la realidad. Por eso, pero también nos acordaremos de él por sus infames salsas de tomate.
Newman declaró que una de las cosas de las que sentía más orgulloso en su vida (además de su matrimonio de 50 años con Joanne Wordward y de los coches de carreras) era que Nixon, el presidente del Watergate, le hubiese incluido en su lista por peligroso liberal. Donó cerca de 175 millones de dólares a todo tipo de causas solidarias con los beneficios que le producían sus salsas y tuvo el detalle de nunca callarse una opinión incómoda. Gracias.
Guillermo Altares es jefe de BABELIA, suplemento cultural de EL PAÍS.
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