|
Hace tiempo que mi mente decidió ir por libre, no haciendo caso al cuerpo que dándole cabida la limitaba. Como pájaro volandón ávido del conocimiento exterior, subitamente pegó un vuelo para en cualquier rama posarse y contemplar la lontananza. A veces, siente la apremiante necesidad de abrazarse a los árboles como las costumbres celtas mandan. Otras se para ante el agua de un regato para contemplarse con detenimiento, ensimismada con los reflejos y con el colorido reinante.
Días hay, que le apetece volar zizagueante cual mariposa livando de flor en flor pero sin estacionarse en ninguna. Veces que la sorprendes a la sombra fresca de una encina en el estío, meditabunda en su sesteo, como los viejos tras sus sombreros de esparto.
Se la puede ver siguiendo el rastro musical lejano o saltando de frase en frase, de libro en libro y de autor en autor. A veces pelea ebria con los cantineros intentando olvidar viejos romances, para retomar su fervoroso caminar.
Ocasiones que como si fuera mula se comporta, terca y obtusa, sin encontrar salidas posibles. Otras veces, encerrarla sería como ponerle puertas al campo.
Habita sueños profundos cotidianamente, evadiéndose de realidades hostiles y a veces haciendo ovillos con las dos.
Veces en que fantasea ser lo que no es y morar en mundos nunca explorados.
Si la encuentran en algún lugar, ya fuera cercano o remoto tratarla con la amabilidad y la sensibilidad que su fragilidad requiere. Si así lo hacéis tal vez os corresponda con una sonrisa, o quizás os premie con su alocada imaginación.
|